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EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO ACERCA DE ESTE CUENTO El cuento del travieso Perico en el huerto del tio Gregorio aparecié por prime- ra vez en una carta ilustrada que Beatrix Potter escribid a Noel Moore, el hijo pequefio de su primera institutriz, en 1893, Animada ante su éxito por haber logra- do publicar varias tarjetas de felicitacién, Beatrix recordé la carta unos siete afios mas tarde y la convirtié en un librito ilustrado, con dibujos en blanco y negro. Varios editores lo rechazaron, asi que Beatrix lo edité ella misma para regalarselo a sus familiares y amigos. Por aquella época Frederick Warne acept6 publicar el cuento si la autora le proporcionaba dibujos en color, y el libro aparecié finalmente en 1902 al precio de un chelin (cinco peniques). Fue un éxito inmediato y ha seguido siéndolo desde entonces. La historia de un paseo, con un héroe emprendedor, una emocionante persecucién y un final feliz, combinados con exquisitas ilustraciones, conforman este clasico infantil cuyo atractivo no tiene edad. ABIA una vez cuatro conejitos que se Ilamaban Pelusa, Pitusa, Colita de Algodon, y Perico. Vivian con su madre bajo las raices de un abeto muy grande. Una mafiana su madre les dijo: —Hiljitos, podéis ir a jugar al campo o a corretear por la vereda..., pero no vayais al huerto del tio Gregorio: ya sabéis la desgracia que le ocurrié alli a vuestro padre. jLa tia Gregoria lo hizo picadillo! —jHala! Iros a jugar pero no hagais travesuras. Yo voy a salir. 12 (0s EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO Entonces la sefiora Coneja cogié la cesta y el paraguas y se fue andando por el bosque a la panaderia. Alli compré una barra de pan moreno y cinco bollos. Pelusa, Pitusa y Colita de Algodén, que eran unas conejitas muy buenas, se fueron por el camino a coger zarzamoras. Pero Perico, que era un conejito muy travieso, se fue derecho al huerto del tio Gregorio y, estirandose mucho... jse colé por debajo de la verja! EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO 2. 13 Primero se comié unas lechugas, después unas judias verdes y por ultimo... jse zamp6 unos rabanitos! 14 EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO Después le dolia la tripa de tanto comer y se fue a buscar unas ramitas de perejil. Pero al dar la vuelta al invernadero... jse dio de narices con el tio Gregorio! El tio Gregorio estaba de rodillas plantando unas coles. Pero en cuanto vio a Perico se lanzé tras él con el rastrillo en alto, gritando: «jAl ladrén!» EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO ... 15 Perico estaba muerto de miedo. Corria por el huerto de aca para alla sin encontrar la verja por donde habia entrado. Perdié uno de los zapatos en un lecho de coles y el otro en un campo de patatas. Al encontrarse sin zapatos, comenz6 a correr a cuatro patas tan de prisa, tan de prisa que ya casi se habia escapado cuando... jlos botones de su chaqueta se engancharon en una red que cubria una mata de grosellas! Perico llevaba una chaqueta azul recién estrenada con grandes botones dorados. Perico se dio por vencido y comenzé a llorar. Pero unos gorriones muy simpaticos que volaban por alli, al oir los sollozos de Perico, se dirigieron a donde él estaba y le pidieron que hiciera un ultimo esfuerzo, Ya estaba el tio Gregorio encima de Perico, tratando de atraparle con una criba. Pero, en el ultimo instante, Perico consiguié escabullirse, dejando tras de si la chaqueta. Corriendo a mas no poder, se metié en la caseta de las herramientas y, de un salto, se escondié en la regadera. Habria sido un escondite perfecto si no fuera porque... estaba llena de agua. El tio Gregorio sabia que Perico se escondia en algun lugar de la caseta, asi es que fue levantando los tiestos uno por uno para ver si lo encontraba. De pronto, Perico estornudé —ja... a... achis!— y el tio Gregorio se le vino de nuevo encima. EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO ._; 17 Estaba a punto de pisarle cuando Perico, de un salto, se escapé por la ventana, tirando unos cuantos tiestos. La ventana era demasiado pequefia para el tio Gregorio y, ademas, estaba cansado © perseguir a Perico. Asi es que dio media vuelta y se volvié a su trabajo. Perico se senté a descansar. Estaba sin aliento, mojado, temblaba de miedo y no tenfa la menor idea del camino Después de un rato, ¢ comenzé a rondar por los alrededores, dando pequefios saltitos —plop, plop, plop— y mirando a ver qué veia. Por fin, encontré io una puerta 4, en la tapia que rodeaba al huerto, pero - estaba cerrada y no habia sitio para que un conejito tan gordo como él se escurriera por debajo. Pero vio un ratoncito que entraba y salia por debajo de la puerta, llevando guisantes y judias a su familia que vivia en el bosque. Perico le pregunté por el camino que conduce a la verja, pero el ratén, que en aquellos momentos se estaba comiendo un guisante, se atraganto Sdélo podia mover la cabeza de un lado para otro, y Perico se echo a llorar. 18 ¢. EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO Traté de encontrar un camino a través del huerto, pero cada vez estaba mas aturdido. Llegé al estanque donde el tio Gregorio Jlenaba sus regaderas. Habia allf una gata blanca que miraba fijamente a los peces de colores. Estaba sentada sin moverse pero, de vez, en cuando, la punta de la cola se le estremecia como si estuviera viva. Perico se marché sin dirigirle la palabra... jHabia oido cosas terribles de los gatos en boca de su primo, el conejito Benjamin! Volvié de nuevo a la caseta de herramientas, pero, de pronto, oyo el ruido del azad6n —zaca, zaca, zaca— al cavar en el campo. Perico se escondié bajo unos arbustos. Pero, al ver que no pasaba nada, decidié salir de su escondrijo y se subié a una carretilla para echar un vistazo. Lo primero que vio fue al tio Gregorio escardando cebollas. Estaba de espaldas a Perico y el conejito pudo ver que, mas alld, estaba... jla verja! EL CUENTO DE PERICO EL CONEJO TRAVIESO .. 19 Perico se bajé de la carretilla sin hacer ruido, y eché a correr por una senda medio oculta entre matas de grosella. El tio Gregorio le eché el ojo cuando Perico doblaba la esquina del huerto, pero era ya demasiado tarde. Perico se deslizo por debajo de la verja y llegé sano y salvo al bosque que habia al otro lado. El tio Gregorio cogié la chaqueta y los zapatitos de Perico e hizo con ellos un espantapajaros para asustar a los mirlos. Perico no paré de correr hasta que llegé a su casa, bajo las raices del gran abeto. Estaba tan cansado que se dejé caer en el suelo blando y arenoso de la madriguera y alli se quedé con los ojos cerrados. Su madre estaba cocinando y, al verlo llegar, se pregunté qué habia hecho con la ropa... jera la segunda chaqueta y el segundo par de zapatos que perdia en dos semanas! Lamento decir que Perico se sintié algo indispuesto aquella noche. Su madre lo acosté, le preparé una infusién de manzanilla amarga... iy se la hizo tomar al pobre Perico! «Una cucharada sopera antes de acostarse», tal como decia el médico. En cambio, sus hermanas Pelusa, Pitusa y Colita de Algodén cenaron tan ricamente: sopas de leche con FIN

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