Cuerpos monstruosos en el textil jalq’a
Cuerpos monstruosos en el textil jalq’a
CULTURA
Una mueca de la feminidad jalq’a
Los cuerpos monstruosos en el tacto
sublimado del textil
A grimace of jalq’a femininity
Monstrous bodies in the textile’s
sublimated tactility
1 Verónica Auza es socióloga, magíster en Filosofía y Ciencias Políticas. Correo electrónico: [email protected]. La Paz - Bolivia
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Lo femenino y sus muecas: lo imposible; bordeando con soltura y sin pro-
una monstruosidad celebratoria blema los márgenes simbólicos nos familiarizan
con este vértigo; es la destreza de sus manos la
El lenguaje textil en el mundo andino es un len- que nos transporta y reta a comprender el len-
guaje femenino y visual de larga data. En este guaje emotivo de travesías, peripecias y libertades
ensayo quiero discurrir por la grafía del textil incesantes, sinuosas y oblicuas a lo convencional.
jalq’a2 cuyas tejedoras crearon la figura y la forma Desmontar analíticamente lo imposible de la
del llamado ukhu pacha3 al poblarlo de manera corporalidad del textil jalq’a, es atrevernos a pen-
copiosa por seres inexistentes y extraordinarios sar lo imposible, jugando en el exceso que asocia
llamados khurus4 que, en palabras de Verónica impulsos y desata inquietudes para alcanzarlo e ir
Cereceda (1993), no pertenecen a especie alguna cambiando de rumbo. Considero que es posible
como pájaros con dientes y lenguas en forma de captar, sentir y pensar el sentido imposible, abis-
flecha o como cuadrúpedos con ocho alas. Son mal y escurridizo de la imaginación de las tejedo-
seres que pueden ser asumidos como portadores ras jalq’a; cada vez que encarnamos sus tejidos los
de cuerpos monstruosos, aquellos que pueblan de hacemos carne, por fuera de los ejercicios con-
manera desordenada este oscuro textil que, des- vencionales del entendimiento, para comprender
de el aqsu5 de las mujeres, nos dejan instalados, cómo es factible sacar continuamente de las casi-
cuando cubrimos, vestimos, rozamos y tocamos llas a toda unidad del mundo común y erosionar-
nuestra piel con ellos, en la belleza sublimada de lo indefinidamente, propiciando la imaginación
ese desconocido y mágico inframundo andino. femenina como impronta del vivir y del estar.
Se trata, entonces, de explicar que a la belle- Transmito que perseguir en secreto esos mun-
za de lo femenino se añade una monstruosidad dos imposibles de lo extraordinario y confuso
celebratoria de lo peligroso y lo fantástico, quizá me llamó a moverme con tacto textil para co-
una mueca del arte textil que las tejedoras jalq’a menzar a interpretar los sentidos íntimos y los
nos legan como una forma de subliminar, a tra- territorios imposibles de las creaciones fascinan-
vés del arte de las manos y del tacto, el estar en tes y peligrosas que logran las mujeres jalq’a cada
este mundo y en esta vida. que se inspiran y tejen la imagen fecunda del
Empecemos. La imaginación de las tejedoras ukhu pacha. Este tejer comulga con los mismos
jalq’a puede llegar a añadir una mueca femenina principios históricos de cuando el arte comenzó
no solo para representar el malestar de la cultura, a responder a la gran interrogante del valor de la
sino para enmendarla, ya que ellas dan sentido a existencia bajo el velo de la belleza (Nietzsche,
2 En Bolivia existen 20 comunidades jalq’a diseminadas entre la provincia Oropeza de Chuquisaca y Chayanta de Potosí; cuentan
con una diversidad ecológica que va desde los 2.500 a los 4.000 msnm. Las más cercanas a la ciudad de Sucre, son las comuni-
dades de Irupampa, Marawa, Carawiri y Potolo, que pese a la migración hacia los centros urbanos, mantienen todavía una vida
social comunitaria.
3 Voz quechua que significa “mundo de adentro o mundo de abajo”.
4 Khuru, según Verónica Cereceda (1993), es una palabra jalq’a que significa salvaje, no domesticado, indómito, es por ello que
designa a la variedad de seres o personajes extraordinarios que pueblan sus tejidos.
5 Aqsu es el vestido que las mujeres andinas usaban en épocas precolombinas. Esta prenda les envolvía todo el cuerpo, dejando
los brazos afuera. Ahora esta prenda, según Verónica Cereceda (1993 y 2007), se ha convertido en una especie de manto que
cubre la espalda de las mujeres, desde los hombros hasta las rodillas, y se ajusta a la cintura. Los aqsus evidencian sus diseños
en la parte del ruedo, a la altura de las rodillas, y generalmente presentan un espacio liso, sin diseño, llamado pampa. Cabe
mencionar que los actuales aqsus que tejen para la venta las tejedoras jalq’as, tienen una imperceptible pampa que se pierde ante
la amplia extensión del pallay de esta prenda.
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dominio complejo; el hilo del vellón en las ma- construcción de un estilo textil extraordinario
nos de las tejedoras se vuelve un hilo conductor que bordea de modos fascinantes y peligrosos al
de signos, vidas y huellas capaces de hacer del orden cultural. Convengamos entonces que las
tejido una función creativa, prolijamente satisfe- tejedoras jalq’a optan por este lenguaje visual
cha cada vez que las tejedoras logran plasmar en desordenado y saturado para crear su mensaje
sus aqsu ese soporte semiótico y esa construcción étnico, que está destinado a evocar la libertad
de significados más ligados y cercanos a la inti- ingobernable y mística de las profundidades.
midad femenina y toda su imaginería. Como vemos, este mensaje textil viene bajo el
Siendo así, podemos colegir que un cuerpo signo del caos y sus aspectos versátiles, de tal
sin metáforas y sin sublimación sería un cuerpo modo que no podemos dejar de sensibilizarnos,
sin piel. Algo similar, de manera más drástica, de inquietarnos ante las imágenes que nos ofre-
sucede a la corporalidad textil del lenguaje vi- cen. Todas ellas operan una memoria prolija y
sual de las tejedoras, ya que sus tejidos forjaron un sistema afectivo y de pensamiento capaz de
y forjan una “segunda piel” (Murra, 1975), cuya organizar las fuerzas de este mundo imposible, el
importancia trasciende el abrigo y eleva a la ves- del adentro. Cabe recalcar que la transcendencia
timenta hacia territorios estéticos de importan- de este signo textil oscuro y desordenado radica
cia política. Los tejidos, además de contener un en movilizar esta estructura de sentido en térmi-
cosmos en sus tramados, transmiten un lenguaje nos de “piel”, de ahí que según Verónica Cere-
cifrado de la cultura que no sólo se contenta en ceda (1993), las tejedoras jalq’a promuevan con
simbolizar el estar en el espacio y en el tiempo, empeño esta dificultad visual para que no ingre-
sino que sublima el complejo andamiaje de dis- semos “profanamente” a sus estructuras visuales
tinción y de diferencia de ese mundo cifrado y más bien lo hagamos detenida, reflexivamente.
como imposible en la cultura. Tejiendo de ese modo, las jalq’a se convier-
Es así que los tejidos jalq’a manifiestan una ten en únicas tejedoras que dan corporalidad al
emoción estética particularmente oscura y una inframundo y todos sus pliegues sobrenaturales.
sublimación del tacto particularmente ingo- Gracias a ellas el ukhu pacha se nos presenta de
bernable debido a la significativa libertad de su cuerpo entero, y gracias a sus dominios imagi-
trama. Estilo textil que tiene las siguientes ca- nativos figuramos este universo profundo del
racterísticas: un pallay6 particularmente extenso interior y de lo ingobernable de las honduras
y difícil de percibir, manifiesta un sentido fe- del mundo del “adentro”, que no es temible, que
menino resuelto, ya que sólo se teje así en los no es sórdido, al contrario, este mundo que nos
aqsu, que son las prendas femeninas por exce- viene de estas manos femeninas, es un mundo
lencia; a diferencia de otras tejedoras andinas, las que invita, seduce por ostentar hasta el exceso la
jalq’a inventan sus diseños a partir de sus “ca- libertad fecunda de lo ingobernable.
bezas”7, porque los khurus realmente no existen, Advirtamos que para el mundo andino esto
son imaginados. Estas características evocan la define la feminidad de la cultura jalq’a, pues
6 Pallay en idioma quechua designa al espacio que contiene los diseños en los textiles, nombrando además la técnica que dispone
simultáneamente de dos o más hebras para armar la urdiembre de diferentes colores, que se van escogiendo al pasar la trama y
obtener dibujos.
7 Esta afirmación ha sido reiterada en varias oportunidades por cada una de las tejedoras jalq’a que participaron en el estudio que
realicé el año 2007, como investigadora asociada de CLACSO, con las tejedoras jalq’a de cuatro comunidades en el norte de
Chuquisaca, con el apoyo de Verónica Cereceda.
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las personas chullpa están asociadas con la luna, hacer que trae siglos de una historia tejida por
con los mitos de origen, se dice de ellas que se niñas, jóvenes, madres y abuelas que se despla-
derritieron con el calor del sol y que habitan en zan, cada cual a su manera, por estas sendas de
los reinos sin luz del diablo. Esta suerte de pre- la cultura textil. Así ellas actualizan, marcan y
historia mitológica se encuentra constantemente remarcan la usanza de sus diseños. Las tejedo-
actualizada en la estructura textil jalq’a, así esta ras en el mundo andino, aunque cada vez tejan
edad anterior a la nuestra actúa como huella en menos, no han dejado de hacer de sus creaciones
la memoria visual de las tejedoras, haciendo que textiles tópicos de vida, ya que el tejer no cesa
se restaure todo este universo místico y podero- de transmitir múltiples procesos de sublimación,
so, manteniendo viva la fuerza atávica del men- haciendo de la vida y de la muerte, del estar y del
saje étnico prolijo y femenino. ser una condensación hecha carne, piel, cuerpo,
Sin duda, el estilo textil jalq’a es un estilo esa es la altura alcanzada por este “arte centrado
reiterativo en bordear lo domesticado. Las te- en el cuerpo” (Arnold, 2007:53). Sin duda, el
jedoras jalq’a se empeñan en tejer una confusa tejer crea una corporalidad, cuya materialidad
trama donde fondo y figura pierden sus fronte- transciende, para quienes lo portan y ostentan,
ras poblando la urdiembre de seres inexistentes de lo lanudo y lo cromático hacia una dimen-
con presencias monstruosas, con gestos salvajes sión emotiva, estética y política cada vez que de
y voracidades dignas del supay, tejido infernal, habitar estos parajes sobrenaturales se trata.
endemoniado por el cual proliferan hasta el vér- Podemos preguntarnos, ¿qué hace que estas
tigo y la libertad el caos y el desorden de la ima- tejedoras que habitan los 4.600 msnm y los
ginación de las mujeres que tejen el mundo con 2.500 msnm de la geografía jalq’a, se empeñen
la pasión ingobernable que las preside. en vestir y en tejer aqsus en colores oscuros, en
Es precisamente en la indeterminación del os- figuras confusas y en estilos destinados al ex-
curo y poblado aqsu jalq’a, que el adentro del ukhu traordinario poder del supay?, ¿será la función
pacha se nos hace cuerpo. Su textura emerge del semántica que llegan a cumplir los khurus en
relieve que se obtiene con el contraste de los colo- el imaginario jalq’a, cada vez que marcan la
res rojizos en sus fondos oscuros, ese adentro cuya confusión para mantener su reservada visibili-
espesura nos conmociona los sentidos, pues la fal- dad ganada a fuerza de años y de restricciones
ta de gravedad y la fluidez de los khurus nos llevan dominantes, o se tratará de esta contundencia
a una imagen que explosiona en tramas complejas imaginario que situada a medio camino entre lo
el poder de nuestra imaginación, pensamiento y natural y lo sobrenatural nos perfila un contex-
creación, poniendo y llevando la comprensión al to conmocionado por este mundo extraño pero
límite del desconcierto. Sus cuerpos son cuerpos sostenido por las mujeres? Es la imaginación de
que cobran vida en esta comunión solo posible en estas mujeres, su mueca de feminidad cifrada
movimiento, en ese desenfreno guiado y autori- en signos monstruosos y oscuros, que nos per-
zado por esa imagen textil reñida con lo recursivo mite advertir, llegar, alcanzar este mundo harto
de la mayoría de los diseños lineales del mundo escurridizo del “adentro”. El entrampe en este
andino y que no cesa de precipitarse hasta el ex- territorio extraño o marginal lo hacemos bajo el
ceso de la seductora intimidad monstruosa que la tacto sutil, suave, caliente de este lenguaje cor-
estimula a tejer y tejer sin restricciones. poral del textil, que no evade, sino centra sus
Son mujeres que llevan en sus manos una lar- visiones en lo caótico, erigiendo como axial lo
ga genealogía de destrezas visuales y creativas, un ingobernable para así construir su signo étnico,
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su semántica visual y su huella femenina, en la su incidencia femenina, no sólo en uno más de
representación cultural de sus tejidos. sus componentes, sino quizá en aquello que nos
Cada aqsu jalq’a hace de la libertad íntima conduce más allá de la cultura.
el centro del universo y de la monstruosidad la Hay un exceso de deseo por el cual estos
fuerza viva del cosmos, así sus tejedoras dotan a diversos khurus convergen en el cuerpo, en su
sus creaciones de sentido, demostrando cómo el tacto, es el deseo de lo imposible que de tan ima-
acto en potencia de la imaginación no tiene lí- ginado nos significa lo desbordante no frenado
mites. Por ellas todo lo desconocido cobra vida y por lo simbólico, donde los cuerpos son a la vez
late en su imaginario, ellas crean las espesuras del livianos como densos, contrarios pero acordes;
ukhu pacha y las pueden transformar con la mis- resumiendo, un compacto indisoluble donde
ma disposición vertiginosa con que instauran sus emerge el suelo desafiante que hace de lo posible
pensamientos, con que tejen los reinos proscritos y de lo imposible el anverso y el reverso de una
de la libertad femenina poblados de aves cuadrú- misma economía creativa. Pues sí, para las teje-
pedas, de leones con búhos en sus estómagos, de doras jalq’a lo imaginario no se reduce a ser la
llamas con lenguas viperinas, de murciélagos de imagen de algo, sino da cuerpo a su imaginación
ocho alas, de perros, vizcachas, sapos multiplica- radical, sosteniendo una creación sin límites que
dos por cientos, pequeños, oblicuos y desplaza- arraiga en la corporalidad textil la potencia de
dos por dentro como por fuera de los khurus; sin lo i(ni)maginable, entonces, podemos afirmar,
gravedad, sin horizonte, sin suelo estos seres nos como lo hace Castoriadis, que las significaciones
desafían con sus ojos y sus bocas en franca sacie- que llamamos imaginarias “no corresponden por
dad, colmando el principio de lo posible. referencia a elementos ‘racionales’ o ‘reales’ y no
Así, la actividad creativa de las tejedoras jalq’a quedan agotadas por referencia a dichos elemen-
regula sus comportamientos culturales, aunque tos, sino que están dados por creación” (Casto-
lo hace poniendo en trance la regulación social, riadis, 1998:68).
revelando en esta abundancia caótica, sin princi- Esta creación que nos eleva y nos permite to-
pio y sin fin, los procesos constantes de transfor- car una posible textura de libertad, y nos pone
mación femenina desde la sensibilidad que cada en el dilema hegeliano de los rasgos maravillosos
una de sus creaciones ostentan. El historiador como contradictorios, pues ciertamente la ima-
Bronislaw Baczko (1991) sostiene que lo ima- ginación “no es, como sugiere la etimología, la
ginario social es un esquema de interpretación facultad de formar imágenes de la realidad; es
del mundo, siendo así, la interpretación jalq’a la facultad de formar imágenes que sobrepasan
del mundo, de lo común, de lo extraño, pres- la realidad” (Bachelard, 1994:31); las tejedoras
cinde de los límites o de las limitaciones, osadía jalq’a dan prueba de estos pliegues más inaccesi-
femenina que nos transporta hacia esta sublima- bles de la significancia andina. Ahondando esta
ción donde los tactos son llamados a romper las idea, podemos concebir, como lo hace Gilbert
moderaciones y restricciones convencionales; se Durand, que la imaginación es potencia dinámi-
trata de tocar, palpar, ponerse en contacto, ro- ca que “deforma” las imágenes proporcionadas
zar, hacer estallar los sentidos y las sensaciones, por la percepción y reforma las sensaciones con-
cada vez que lo subterráneo, desde su delicadeza virtiéndose en el fundamento de la vida psíquica
y su fascinación, se hace habitable. Es así que la y cultural. Volvemos a esa especie de frontera
belleza de la monstruosidad penetra en la cul- entre la cultura y lo sobrenatural, de la cual las
tura textil al punto de tornarse, por la fuerza de tejedoras jalq’a se muestran oriundas, añadiendo
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creación monstruosa textil, hecha con manos y la vivencia que ellas tienen de lo imposible
y hecha piel, que nos sitúa con encantamiento del ukhu pacha. El estilo jalq’a del arte textil,
y de modos desafiantes nos invita a instalarnos parafraseando a Cereceda (1987), hace que la
en aquellas imágenes, texturas y espesuras de un emoción sensorial juegue un papel importante
lenguaje carnal próximo al supay y a todos los en la estructura profunda del sistema de signi-
seres indomesticados (im)posibles. Este mundo ficado, así esta cultura nos brinda y nos regala
textil nos llega de las manos femeninas jalq’a que esta huella emocionante y es precisamente ahí,
no tienen reparos en provocar las experiencias en esta emotividad inherente donde el cuerpo
y las emociones imaginativas, desde códigos re- textil nos eleva hacia lenguajes y signos que nos
beldes e insurrectos, pues las tejedoras jalq’a se permiten encontrar un modo de ampliar y po-
explayan en la monstruosidad y gracias a este tenciar los sentidos de pertenencia a un nosotros
gesto inquietante podemos llegar a alterar y con- cultural sin marginalizar lo extraño, lo extraor-
mocionar nuestros sentidos de comprensión y dinario, lo monstruoso, lo salvaje y lo imposible.
nuestros modos de pensar. Con ellas la monstruosidad no es exorbitante ni
De hecho esta “segunda piel” nos imprime desorbitada, sino es integradora de lo humano,
una nota de encanto y de fascinación, por la cual la monstruosidad animal que cada aqsu ostenta
nos rige un criterio sensible con ella. Los khurus se yergue como un destino que deja de renegar
no constituyen tan solo un zoo extraordinario y y de combatir tanta historia de extrañamiento.
enigmático, más bien esta condición de cripta Al recrear la extrañeza estas mujeres nos mues-
se revierte por la usanza de las mujeres y por la tran que lo femenino desborda la reducción pa-
llegada a nuevos espacios de comprensión cul- triarcal que asume a la feminidad y a las mujeres
tural. Gracias a la imaginación y creación de las como los abismos convulsos, paradójicos y con-
mujeres jalq’a lo asumido como inframundo, lo tradictorios; estas mujeres promueven con dul-
temido como subterráneo, lo interceptado como zura, delicadeza y desafío una monstruosidad na-
el “abajo” y lo controlado como el “adentro” ha cida de una imaginación radicalmente femenina,
dejado atrás sus estipulaciones negativas y res- de hecho, sus pallay supay son como las puertas
trictivas, brindándonos la posibilidad de rozar al infierno, a este infierno sin gravedad, reventa-
de maneras fluidas y plásticas lo íntimo de ese do de plenitud, extasiado en sus fecundidades,
mundo, facultándonos a desearlo, soñarlo, ves- ciertamente, la belleza que crean las manos de
tirnos con él y de vez en cuando visitarlo desde las tejedoras se acerca sin problemas a los límites
los alcances imposibles de la imaginación que mismos de lo imposible que rasga todo tipo de
no se resiste y procede a desplegarse hacia estos orden. Sí, el imaginario jalq’a es un imaginario
prolijos territorios. monstruoso y femenino, lo extraordinario de su
Imaginar es para las tejedoras un acto creativo grafía textil goza alimentando imaginariamente
sin precedentes y sin límites, así esta imaginación esta manera semántica de habitar y tejer el es-
textil es una expresión de su sensorialidad car- pacio por estas mujeres quechuas, pues las teje-
nal, los khurus para ellas no representan el halo doras jalq’a saben que sus tejidos oscuros son el
fantasmagórico de la cultura, al contrario, ha- símbolo étnico que establece su feminidad y su
cen y vivifican la corporalidad estética y política estar en el mundo bajo la supremacía de lo ingo-
de este signo étnico, en cada uno de estos seres bernable. ¿Tenemos aquí lo femenino indígena a
insistentemente indeterminados, fantásticos y rienda suelta? Ciertamente, es el sublime obrar
originales, creando la imagen de la comprensión de sus manos el que engrana hilo tras hilo esta
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