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Cuerpos monstruosos en el textil jalq’a

Los tejidos aportan a la historia un lenguaje visual, táctil, un lenguaje de piel. En este ensayo la autora reflexiona sobre la belleza sublimada que impone la oscuridad de los aqsu jalq’a, invita a detener la mirada y situarnos al interior ingobernable de los cuerpos monstruosos que los pueblan, y nos interna en la experiencia de la osadía textil que da forma y color al ukhu pacha, desde los fueros femeninos tan arriesgados como imaginativos de la cultura.

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Cuerpos monstruosos en el textil jalq’a

Los tejidos aportan a la historia un lenguaje visual, táctil, un lenguaje de piel. En este ensayo la autora reflexiona sobre la belleza sublimada que impone la oscuridad de los aqsu jalq’a, invita a detener la mirada y situarnos al interior ingobernable de los cuerpos monstruosos que los pueblan, y nos interna en la experiencia de la osadía textil que da forma y color al ukhu pacha, desde los fueros femeninos tan arriesgados como imaginativos de la cultura.

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SECCIÓN IV

CULTURA
Una mueca de la feminidad jalq’a
Los cuerpos monstruosos en el tacto
sublimado del textil
A grimace of jalq’a femininity
Monstrous bodies in the textile’s
sublimated tactility

Verónica Auza Aramayo1


Fecha de solicitud: abril de 2010
T’inkazos, número 28, 2010, pp. 131-142, ISSN 1990-7451 Fecha de recepción: mayo de 2010
Fecha de aceptación y versión final: junio de 2010

Los tejidos aportan a la historia un lenguaje visual, táctil, un lenguaje de piel.


En este ensayo la autora reflexiona sobre la belleza sublimada que impone la
oscuridad de los aqsu jalq’a, invita a detener la mirada y situarnos al interior
ingobernable de los cuerpos monstruosos que los pueblan, y nos interna en la
experiencia de la osadía textil que da forma y color al ukhu pacha, desde los
fueros femeninos tan arriesgados como imaginativos de la cultura.

Palabras clave: lenguaje textil / tejidos / textil jalq’a / mujeres andinas /


tejedoras jalq’as / cultura jalq’a / arte textil / aqsu jalq’a

Textiles contribute to history a visual, tactile language, a language of the skin. In


this essay the author reflects on the sublimated beauty that gives the jalq’a aqsu
its darkness, invites us to look closely and place ourselves inside the ungovernable
interior of the monstrous bodies that people these textiles, and allows us to
experience the audacity that gives shape and colour to the ukhu pacha, from the
feminine spaces that are as daring as they are imaginative of the culture.

Keywords: textile language / weavings / jalq’a textiles / andean women /


jalq’a women weavers / jalq’a culture / textile art / jalq’a aqsu

1 Verónica Auza es socióloga, magíster en Filosofía y Ciencias Políticas. Correo electrónico: [email protected]. La Paz - Bolivia

Los cuerpos monstruosos en el tacto sublimado del textil |131


Foto: Verónica Auza (2007)

Tejedora de la comunidad Potolo.

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Lo femenino y sus muecas: lo imposible; bordeando con soltura y sin pro-
una monstruosidad celebratoria blema los márgenes simbólicos nos familiarizan
con este vértigo; es la destreza de sus manos la
El lenguaje textil en el mundo andino es un len- que nos transporta y reta a comprender el len-
guaje femenino y visual de larga data. En este guaje emotivo de travesías, peripecias y libertades
ensayo quiero discurrir por la grafía del textil incesantes, sinuosas y oblicuas a lo convencional.
jalq’a2 cuyas tejedoras crearon la figura y la forma Desmontar analíticamente lo imposible de la
del llamado ukhu pacha3 al poblarlo de manera corporalidad del textil jalq’a, es atrevernos a pen-
copiosa por seres inexistentes y extraordinarios sar lo imposible, jugando en el exceso que asocia
llamados khurus4 que, en palabras de Verónica impulsos y desata inquietudes para alcanzarlo e ir
Cereceda (1993), no pertenecen a especie alguna cambiando de rumbo. Considero que es posible
como pájaros con dientes y lenguas en forma de captar, sentir y pensar el sentido imposible, abis-
flecha o como cuadrúpedos con ocho alas. Son mal y escurridizo de la imaginación de las tejedo-
seres que pueden ser asumidos como portadores ras jalq’a; cada vez que encarnamos sus tejidos los
de cuerpos monstruosos, aquellos que pueblan de hacemos carne, por fuera de los ejercicios con-
manera desordenada este oscuro textil que, des- vencionales del entendimiento, para comprender
de el aqsu5 de las mujeres, nos dejan instalados, cómo es factible sacar continuamente de las casi-
cuando cubrimos, vestimos, rozamos y tocamos llas a toda unidad del mundo común y erosionar-
nuestra piel con ellos, en la belleza sublimada de lo indefinidamente, propiciando la imaginación
ese desconocido y mágico inframundo andino. femenina como impronta del vivir y del estar.
Se trata, entonces, de explicar que a la belle- Transmito que perseguir en secreto esos mun-
za de lo femenino se añade una monstruosidad dos imposibles de lo extraordinario y confuso
celebratoria de lo peligroso y lo fantástico, quizá me llamó a moverme con tacto textil para co-
una mueca del arte textil que las tejedoras jalq’a menzar a interpretar los sentidos íntimos y los
nos legan como una forma de subliminar, a tra- territorios imposibles de las creaciones fascinan-
vés del arte de las manos y del tacto, el estar en tes y peligrosas que logran las mujeres jalq’a cada
este mundo y en esta vida. que se inspiran y tejen la imagen fecunda del
Empecemos. La imaginación de las tejedoras ukhu pacha. Este tejer comulga con los mismos
jalq’a puede llegar a añadir una mueca femenina principios históricos de cuando el arte comenzó
no solo para representar el malestar de la cultura, a responder a la gran interrogante del valor de la
sino para enmendarla, ya que ellas dan sentido a existencia bajo el velo de la belleza (Nietzsche,

2 En Bolivia existen 20 comunidades jalq’a diseminadas entre la provincia Oropeza de Chuquisaca y Chayanta de Potosí; cuentan
con una diversidad ecológica que va desde los 2.500 a los 4.000 msnm. Las más cercanas a la ciudad de Sucre, son las comuni-
dades de Irupampa, Marawa, Carawiri y Potolo, que pese a la migración hacia los centros urbanos, mantienen todavía una vida
social comunitaria.
3 Voz quechua que significa “mundo de adentro o mundo de abajo”.
4 Khuru, según Verónica Cereceda (1993), es una palabra jalq’a que significa salvaje, no domesticado, indómito, es por ello que
designa a la variedad de seres o personajes extraordinarios que pueblan sus tejidos.
5 Aqsu es el vestido que las mujeres andinas usaban en épocas precolombinas. Esta prenda les envolvía todo el cuerpo, dejando
los brazos afuera. Ahora esta prenda, según Verónica Cereceda (1993 y 2007), se ha convertido en una especie de manto que
cubre la espalda de las mujeres, desde los hombros hasta las rodillas, y se ajusta a la cintura. Los aqsus evidencian sus diseños
en la parte del ruedo, a la altura de las rodillas, y generalmente presentan un espacio liso, sin diseño, llamado pampa. Cabe
mencionar que los actuales aqsus que tejen para la venta las tejedoras jalq’as, tienen una imperceptible pampa que se pierde ante
la amplia extensión del pallay de esta prenda.

Los cuerpos monstruosos en el tacto sublimado del textil |133


1995), pues sí, el lenguaje visual del inframundo se hace asombrosa a lo preciso del mundo de
textil que nos brindan los tejidos tiene la facul- acá. Precisemos: el arte de las manos al tejer, es
tad de subvertir la vida, el orden de la historia y un arte que trae consigo la lana de los animales,
los aparatos de poder destinados desde la colonia los pastos, las lluvias, los andares, los astros, los
a rechazar, ignorar y omitir la emoción estética y colores y urdiembres tejidas con cientos de años
política de los tejidos; siendo así, la corporalidad de saberes visuales; estamos hablando de una
textil es un cúmulo de movimientos, emociones corporalidad que contiene este tamaño cosmos
y transformaciones, en y por los cuales, como en sus entrañas.
diría Nietzsche (1995) en otro contexto, “se nos Cada vez que la huella textil es sellada a través
fuese posible imaginar la disonancia hecha car- de los tiempos estamos hablando del conjunto
ne, para poder soportar la vida”. de prácticas como el trasquilar la piel de los ani-
Es así que vemos que en todo proceso ima- males venidos de largas jornadas de pastoreo,
ginativo, como el que despliegan las tejedoras como el de sostener el vínculo ancestral de las
jalq’a, subyace un secreto de ritmos obsesivos, el llamas, alpacas y ovejas con las alturas enverde-
del desentono constante que introduce el cuerpo, cidas por las lluvias, las vertientes, las aguas de
cuando se hace cuerpo en la historia. El textil re- arriba y las aguas de abajo; estamos hablando del
crea esta corporalidad desde ese bullicio no verbal acto concreto de torcer los hilos en diferentes di-
que porta el tacto sublimado, así los tejidos nos recciones y grosores y del teñir los hilos para lo-
aportan una expresividad carnal acorde con las grar la condescendiente cromática andina; toda
lisuras del cuerpo sensible (Kristeva, 1999), todo esta estructura del hacer nos llega de las manos
ello en el espacio irreductible de su lenguaje vi- de las mujeres que tejen y logran crear la mara-
sual, en el ser de deseo que impulsa el inframun- villa y lo asombroso del mundo en cada una de
do, en las aperturas ingobernables de la imagina- sus tramas textiles que visten, abrigan, cubren y
ción que llega con la impronta de mujeres que otorgan existencia y cultura a las personas, a los
saben lidiar con la belleza de lo asocial y salvaje animales, a los dioses, a los muertos y a los pro-
de un signo étnico obstinado en tejer el desorden ductos agrícolas en los Andes; así, desde antes de
oscuro y fecundo del mundo de adentro. la conquista, son estos mundos concertados los
Convengamos, entonces, que la imaginación que, más allá de la utilidad, contienen y trasmi-
de las tejedoras jalq’a no se reduce a una excen- ten la expresión y la dotación de sentido de piel
tricidad cultural ni responde a una mera ganan- del cosmos, de la cultura y de la vida.
cia artesanal, más bien se aviva cual habilidad
emotiva por una intimidad creativa y sin restric- Hilos, manos y huellas:
ción empeñada en dejar huellas en los profundos la imaginación femenina
procesos de significación que yacen en nuestra sin restricción
cultura y sus historias. Son ellas quienes desde la
infinidad de sus aperturas imaginativas nos lla- La imaginación femenina jalq’a es una imagina-
man a estar dispuestas y dispuestos a integrarnos ción desbordante, capaz de crear, inventar, dar
a esta experiencia exorbitante de los cuerpos en forma a lo imposible y traducir el bullicio subte-
cada aqsu tejido. Aquí, el principio de unidad rráneo del mundo sobrenatural, que se colma de
se quiebra, se agota y deja a los cuerpos empla- seres nada convencionales, seres oblicuos y que
zados en una emotiva perplejidad que viene del traspasan todo paradigma. Es allí, sobra decirlo,
fondo de todas las cosas, pues esta corporalidad donde emerge la corporalidad textil como un

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dominio complejo; el hilo del vellón en las ma- construcción de un estilo textil extraordinario
nos de las tejedoras se vuelve un hilo conductor que bordea de modos fascinantes y peligrosos al
de signos, vidas y huellas capaces de hacer del orden cultural. Convengamos entonces que las
tejido una función creativa, prolijamente satisfe- tejedoras jalq’a optan por este lenguaje visual
cha cada vez que las tejedoras logran plasmar en desordenado y saturado para crear su mensaje
sus aqsu ese soporte semiótico y esa construcción étnico, que está destinado a evocar la libertad
de significados más ligados y cercanos a la inti- ingobernable y mística de las profundidades.
midad femenina y toda su imaginería. Como vemos, este mensaje textil viene bajo el
Siendo así, podemos colegir que un cuerpo signo del caos y sus aspectos versátiles, de tal
sin metáforas y sin sublimación sería un cuerpo modo que no podemos dejar de sensibilizarnos,
sin piel. Algo similar, de manera más drástica, de inquietarnos ante las imágenes que nos ofre-
sucede a la corporalidad textil del lenguaje vi- cen. Todas ellas operan una memoria prolija y
sual de las tejedoras, ya que sus tejidos forjaron un sistema afectivo y de pensamiento capaz de
y forjan una “segunda piel” (Murra, 1975), cuya organizar las fuerzas de este mundo imposible, el
importancia trasciende el abrigo y eleva a la ves- del adentro. Cabe recalcar que la transcendencia
timenta hacia territorios estéticos de importan- de este signo textil oscuro y desordenado radica
cia política. Los tejidos, además de contener un en movilizar esta estructura de sentido en térmi-
cosmos en sus tramados, transmiten un lenguaje nos de “piel”, de ahí que según Verónica Cere-
cifrado de la cultura que no sólo se contenta en ceda (1993), las tejedoras jalq’a promuevan con
simbolizar el estar en el espacio y en el tiempo, empeño esta dificultad visual para que no ingre-
sino que sublima el complejo andamiaje de dis- semos “profanamente” a sus estructuras visuales
tinción y de diferencia de ese mundo cifrado y más bien lo hagamos detenida, reflexivamente.
como imposible en la cultura. Tejiendo de ese modo, las jalq’a se convier-
Es así que los tejidos jalq’a manifiestan una ten en únicas tejedoras que dan corporalidad al
emoción estética particularmente oscura y una inframundo y todos sus pliegues sobrenaturales.
sublimación del tacto particularmente ingo- Gracias a ellas el ukhu pacha se nos presenta de
bernable debido a la significativa libertad de su cuerpo entero, y gracias a sus dominios imagi-
trama. Estilo textil que tiene las siguientes ca- nativos figuramos este universo profundo del
racterísticas: un pallay6 particularmente extenso interior y de lo ingobernable de las honduras
y difícil de percibir, manifiesta un sentido fe- del mundo del “adentro”, que no es temible, que
menino resuelto, ya que sólo se teje así en los no es sórdido, al contrario, este mundo que nos
aqsu, que son las prendas femeninas por exce- viene de estas manos femeninas, es un mundo
lencia; a diferencia de otras tejedoras andinas, las que invita, seduce por ostentar hasta el exceso la
jalq’a inventan sus diseños a partir de sus “ca- libertad fecunda de lo ingobernable.
bezas”7, porque los khurus realmente no existen, Advirtamos que para el mundo andino esto
son imaginados. Estas características evocan la define la feminidad de la cultura jalq’a, pues

6 Pallay en idioma quechua designa al espacio que contiene los diseños en los textiles, nombrando además la técnica que dispone
simultáneamente de dos o más hebras para armar la urdiembre de diferentes colores, que se van escogiendo al pasar la trama y
obtener dibujos.
7 Esta afirmación ha sido reiterada en varias oportunidades por cada una de las tejedoras jalq’a que participaron en el estudio que
realicé el año 2007, como investigadora asociada de CLACSO, con las tejedoras jalq’a de cuatro comunidades en el norte de
Chuquisaca, con el apoyo de Verónica Cereceda.

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como dice Gabriel Martínez (2001) la cultura modo, este contenido endemoniado más que si-
jalq’a ha elegido la posición estructural femeni- tuarnos en el mal, el suplicio o el pecado, nos
na de la creación y del desorden para autodefi- sitúa en el poder extraordinario del “adentro”,
nirse, cultura en la cual sus tejedoras se juegan que controla la vida y muerte manifestando el
drásticamente para sostener este imaginario que poder y la libertad ambiguos de todas las fuerzas
genera una aventura de la mirada, llevándonos extraordinarias del universo, que por supuesto
a los distintos niveles narrativos de un fondo y nunca estarán controladas por lo humano. A
de varias figuras que exhiben límites confusos, partir de ello, las tejedoras jalq’a con sus muecas
en la medida que los khurus parecer flotar en la textiles nos vinculan visual y afectivamente con
trama, conteniendo a otros seres igualmente ex- estos principios de vida ligados irrefutablemente
cepcionales en su interior. Este desorden delibe- al despliegue de nuestro lado salvaje, concepción
radamente construido juega con los límites de la que nos permite compartir nuestra existencia
comprensión; sin duda, ellas quieren situarnos con la fuerza ingobernable del instinto, de la na-
en ese mundo de “adentro” y darnos a conocer turaleza y de la feminidad.
las dimensiones de su fecundo y poderoso estado Ahí no puedo dejar de mencionar la impor-
“salvaje”, como aquel lugar imposible para el co- tante carga mística que viene con este lenguaje
nocimiento humano, pero que, sin embargo, la textil, pues las tejedoras jalq’a crean una imagen
imaginación de las tejedoras es capaz de domar que da cuenta del campo emotivo que se siente
bajo su labor estética y su arte político de volver- y del cual nada se sabe, y eso es lo místico que
nos familiar lo inconcebible de lo sobrenatural. para Lacan (1981) incorpora lo controversial a la
Sigamos. Viendo los tejidos, no es casual que definición de lo femenino. Todo ello me preci-
desde la conquista la visión cristiana haya asimi- pita hacia aquellos cuerpos no verbales, carnales,
lado a estos tejidos a la dimensión infernal don- monstruosos, libres y endemoniados, cuyas di-
de reina el “diablo”, lo cual debe haber sin duda námicas interiores habitan lo ciclotímico de toda
alimentado las fuerzas imaginativas y fantásti- naturaleza indómita, así entiendo que el lengua-
cas de estas tejedoras que dicen que sus tejidos je textil jalq’a es una piel femenina explosiva. Por
son pallay supay o “tejidos del diablo”, por eso eso propongo comprenderlo como un lenguaje
también tejer es la forma que ellas tienen para que articula lo sagrado y lo femenino, en un afán
seducir a esta deidad; quizá esta imaginación que según Julia Kristeva (1999), desconfía de los
endemoniada es la que les faculta la osadía de poderes del verbo para replegarse en ese conti-
tejer y de plasmar este don donde lo genésico es nente abisal, en el espacio irreductible del ser del
y se hace una simbología desbordada por la cual deseo, en las aperturas de lo ingobernable y, tal
todo emerge como posible y en abundancia. como se advierte, en las realidades maravillosas
Sin duda, las actuales tejedoras jalq’a per- de las espesuras indómitas del “adentro” jalq’a.
filan cada vez más y mejor este mensaje étnico Siguiendo esta línea de argumentación, pien-
femenino, ampliando hasta el exceso el espacio so que el textil jalq’a vuelca y recrea un sentir
del pallay supay, haciéndolo más continuo, más ancestral de tono femenino, es por ello también
poblado, más caótico, aceptando abiertamente que las diferentes culturas que habitan la re-
que el mundo que están evocando es el mun- gión de Chuquisaca y Potosí, cuando ven estos
do donde reina una libertad endemoniada cuya tejidos, dicen que son chullpa puchu (Cerece-
traducción femenina es suprema en belleza y da, 2006) que significa “residuos” o “restos de
fecundidad para las comunidades jalq’a. De ese chullpas”. Sabemos que en el imaginario andino,

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las personas chullpa están asociadas con la luna, hacer que trae siglos de una historia tejida por
con los mitos de origen, se dice de ellas que se niñas, jóvenes, madres y abuelas que se despla-
derritieron con el calor del sol y que habitan en zan, cada cual a su manera, por estas sendas de
los reinos sin luz del diablo. Esta suerte de pre- la cultura textil. Así ellas actualizan, marcan y
historia mitológica se encuentra constantemente remarcan la usanza de sus diseños. Las tejedo-
actualizada en la estructura textil jalq’a, así esta ras en el mundo andino, aunque cada vez tejan
edad anterior a la nuestra actúa como huella en menos, no han dejado de hacer de sus creaciones
la memoria visual de las tejedoras, haciendo que textiles tópicos de vida, ya que el tejer no cesa
se restaure todo este universo místico y podero- de transmitir múltiples procesos de sublimación,
so, manteniendo viva la fuerza atávica del men- haciendo de la vida y de la muerte, del estar y del
saje étnico prolijo y femenino. ser una condensación hecha carne, piel, cuerpo,
Sin duda, el estilo textil jalq’a es un estilo esa es la altura alcanzada por este “arte centrado
reiterativo en bordear lo domesticado. Las te- en el cuerpo” (Arnold, 2007:53). Sin duda, el
jedoras jalq’a se empeñan en tejer una confusa tejer crea una corporalidad, cuya materialidad
trama donde fondo y figura pierden sus fronte- transciende, para quienes lo portan y ostentan,
ras poblando la urdiembre de seres inexistentes de lo lanudo y lo cromático hacia una dimen-
con presencias monstruosas, con gestos salvajes sión emotiva, estética y política cada vez que de
y voracidades dignas del supay, tejido infernal, habitar estos parajes sobrenaturales se trata.
endemoniado por el cual proliferan hasta el vér- Podemos preguntarnos, ¿qué hace que estas
tigo y la libertad el caos y el desorden de la ima- tejedoras que habitan los 4.600 msnm y los
ginación de las mujeres que tejen el mundo con 2.500 msnm de la geografía jalq’a, se empeñen
la pasión ingobernable que las preside. en vestir y en tejer aqsus en colores oscuros, en
Es precisamente en la indeterminación del os- figuras confusas y en estilos destinados al ex-
curo y poblado aqsu jalq’a, que el adentro del ukhu traordinario poder del supay?, ¿será la función
pacha se nos hace cuerpo. Su textura emerge del semántica que llegan a cumplir los khurus en
relieve que se obtiene con el contraste de los colo- el imaginario jalq’a, cada vez que marcan la
res rojizos en sus fondos oscuros, ese adentro cuya confusión para mantener su reservada visibili-
espesura nos conmociona los sentidos, pues la fal- dad ganada a fuerza de años y de restricciones
ta de gravedad y la fluidez de los khurus nos llevan dominantes, o se tratará de esta contundencia
a una imagen que explosiona en tramas complejas imaginario que situada a medio camino entre lo
el poder de nuestra imaginación, pensamiento y natural y lo sobrenatural nos perfila un contex-
creación, poniendo y llevando la comprensión al to conmocionado por este mundo extraño pero
límite del desconcierto. Sus cuerpos son cuerpos sostenido por las mujeres? Es la imaginación de
que cobran vida en esta comunión solo posible en estas mujeres, su mueca de feminidad cifrada
movimiento, en ese desenfreno guiado y autori- en signos monstruosos y oscuros, que nos per-
zado por esa imagen textil reñida con lo recursivo mite advertir, llegar, alcanzar este mundo harto
de la mayoría de los diseños lineales del mundo escurridizo del “adentro”. El entrampe en este
andino y que no cesa de precipitarse hasta el ex- territorio extraño o marginal lo hacemos bajo el
ceso de la seductora intimidad monstruosa que la tacto sutil, suave, caliente de este lenguaje cor-
estimula a tejer y tejer sin restricciones. poral del textil, que no evade, sino centra sus
Son mujeres que llevan en sus manos una lar- visiones en lo caótico, erigiendo como axial lo
ga genealogía de destrezas visuales y creativas, un ingobernable para así construir su signo étnico,

Los cuerpos monstruosos en el tacto sublimado del textil |137


Foto: Verónica Auza (2007)

Aqsu de Isabel Polo Mamani, de la comunidad Irupampa.

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su semántica visual y su huella femenina, en la su incidencia femenina, no sólo en uno más de
representación cultural de sus tejidos. sus componentes, sino quizá en aquello que nos
Cada aqsu jalq’a hace de la libertad íntima conduce más allá de la cultura.
el centro del universo y de la monstruosidad la Hay un exceso de deseo por el cual estos
fuerza viva del cosmos, así sus tejedoras dotan a diversos khurus convergen en el cuerpo, en su
sus creaciones de sentido, demostrando cómo el tacto, es el deseo de lo imposible que de tan ima-
acto en potencia de la imaginación no tiene lí- ginado nos significa lo desbordante no frenado
mites. Por ellas todo lo desconocido cobra vida y por lo simbólico, donde los cuerpos son a la vez
late en su imaginario, ellas crean las espesuras del livianos como densos, contrarios pero acordes;
ukhu pacha y las pueden transformar con la mis- resumiendo, un compacto indisoluble donde
ma disposición vertiginosa con que instauran sus emerge el suelo desafiante que hace de lo posible
pensamientos, con que tejen los reinos proscritos y de lo imposible el anverso y el reverso de una
de la libertad femenina poblados de aves cuadrú- misma economía creativa. Pues sí, para las teje-
pedas, de leones con búhos en sus estómagos, de doras jalq’a lo imaginario no se reduce a ser la
llamas con lenguas viperinas, de murciélagos de imagen de algo, sino da cuerpo a su imaginación
ocho alas, de perros, vizcachas, sapos multiplica- radical, sosteniendo una creación sin límites que
dos por cientos, pequeños, oblicuos y desplaza- arraiga en la corporalidad textil la potencia de
dos por dentro como por fuera de los khurus; sin lo i(ni)maginable, entonces, podemos afirmar,
gravedad, sin horizonte, sin suelo estos seres nos como lo hace Castoriadis, que las significaciones
desafían con sus ojos y sus bocas en franca sacie- que llamamos imaginarias “no corresponden por
dad, colmando el principio de lo posible. referencia a elementos ‘racionales’ o ‘reales’ y no
Así, la actividad creativa de las tejedoras jalq’a quedan agotadas por referencia a dichos elemen-
regula sus comportamientos culturales, aunque tos, sino que están dados por creación” (Casto-
lo hace poniendo en trance la regulación social, riadis, 1998:68).
revelando en esta abundancia caótica, sin princi- Esta creación que nos eleva y nos permite to-
pio y sin fin, los procesos constantes de transfor- car una posible textura de libertad, y nos pone
mación femenina desde la sensibilidad que cada en el dilema hegeliano de los rasgos maravillosos
una de sus creaciones ostentan. El historiador como contradictorios, pues ciertamente la ima-
Bronislaw Baczko (1991) sostiene que lo ima- ginación “no es, como sugiere la etimología, la
ginario social es un esquema de interpretación facultad de formar imágenes de la realidad; es
del mundo, siendo así, la interpretación jalq’a la facultad de formar imágenes que sobrepasan
del mundo, de lo común, de lo extraño, pres- la realidad” (Bachelard, 1994:31); las tejedoras
cinde de los límites o de las limitaciones, osadía jalq’a dan prueba de estos pliegues más inaccesi-
femenina que nos transporta hacia esta sublima- bles de la significancia andina. Ahondando esta
ción donde los tactos son llamados a romper las idea, podemos concebir, como lo hace Gilbert
moderaciones y restricciones convencionales; se Durand, que la imaginación es potencia dinámi-
trata de tocar, palpar, ponerse en contacto, ro- ca que “deforma” las imágenes proporcionadas
zar, hacer estallar los sentidos y las sensaciones, por la percepción y reforma las sensaciones con-
cada vez que lo subterráneo, desde su delicadeza virtiéndose en el fundamento de la vida psíquica
y su fascinación, se hace habitable. Es así que la y cultural. Volvemos a esa especie de frontera
belleza de la monstruosidad penetra en la cul- entre la cultura y lo sobrenatural, de la cual las
tura textil al punto de tornarse, por la fuerza de tejedoras jalq’a se muestran oriundas, añadiendo

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al sistema de interpretación del mundo, la crea- en las que corren memorias, significados y resis-
ción de su mundo propio, ampliando la idea de tencias de lenguajes no verbales y la fuerza in-
la creación a la satisfacción de lo agradable, su- dómita de lo ingobernable. Las imágenes brotan
perando en el signo étnico de su textil la rebelión de ellas, estallan, proliferan al margen de la es-
o la revuelta íntima de estos seres inexistentes critura y sin embargo dejan huellas, aquellas que
tan preñados de cuerpos. evocan un momento anterior y paradójicamente
Apasionante, la imagen textil jalq’a nos trae constituyente de la cultura. Las manos de las te-
a la superficie la estructura profunda de una do- jedoras, son manos que establecen la conexión
tación de sentido femenino, el modo que ellas de los saberes con los animales y sus vellones, de
tienen de crear y nombrar lo imposible de ese los colores de la química con la semántica de los
mundo de “abajo” de “adentro”, significacio- signos étnicos. Estas manos son manos que laten
nes femeninas que no alejan al afuera sino lo cada vez que los hilos se acomodan en la trama.
aproximan, lo hacen cálido, familiar y cercano, Sus manos son manos que desde niñas siguieron
rompiendo para siempre el vacío impenetrable a madres y a abuelas en sendos recorridos por
de lo inefable. Gracias a ellas podemos rozar los pastizales y fuentes de aguas; son estas manos,
bordes esquivos y desconocidos del ukhu pacha. dinámicos demiurgos, por las cuales podemos
En cada aqsu jalq’a todo se precipita a la pleni- comprender el descollar de estos tactos emotivos
tud del caos, inmerso en la urdiembre del telar, con lo fantástico del mundo y sus feminidades
como si toda la imaginación de lo imposible ten- endemoniadas, tactos y grafías que se trasmutan
dría que caber en él, así cada tejido nos llama a en creaciones que plasman franja tras franja el
una aventura por los lugares colmados donde los arte de esta corporalidad textil tan variada y exu-
seres monstruosos sostienen esta maravilla verti- berante que todavía se ostenta en y por ellas.
ginosa de libertad femenina.
La huella textil suelta sus hilos y nos sitúa en El despliegue de los khurus:
un plano sensible, perceptivo. Los tejidos ha- muecas que colman la plenitud
blan a los ojos, su belleza de manera simultánea
reduce incluso la confusión visual bajo su en- Siendo capaces de situarnos en lo oblicuo del
cantamiento, ya que como lo sostiene Cerece- desorden hecho cultura, las tejedoras jalq’a son
da (1987) las culturas andinas son maestras en protagonistas de esa escenificación textil de los
hablar con estos lenguajes visuales y sensibles, secretos del “mundo de adentro”, aquel que
siendo sus máximos discursos los tejidos, que suele escaparse o omitirse por la comprensión
tejen territorio, conflictos, divinidades, ciclos tradicional. Estamos ante una genialidad feme-
agrícolas, ilusiones e intimidades extraordina- nina que marca una a una, en cada creación, una
rias, desde lo no dicho, pero transmitido desde dinámica que nos salpica de aperturas exorbi-
una gramática plena de creatividad. tantes, inaugurando una constante disidencia de
De ese modo, los aqsu jalq’a son pensamien- aquellas visiones comunes del presente.
tos de mujer. Los hilos van y vienen, se engranan Es por ello, que más allá de la concepción
como en un baile de dedos. Las manos que los hegemónicamente masculina que tras los siglos
crean hacen fuerza a la par que se deslizan casi procura codificar la inventiva jalq’a en el cam-
imperceptibles entre el golpe y el tesar que dis- po de lo inaudito, desconcertante y peligroso
tribuyen los hilos, manos que al juego del tacto de las tramas oscuras de sus pallay supay, se tra-
siguen códigos visuales de larga data, son manos ta de seducciones femeninas empeñadas en la

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creación monstruosa textil, hecha con manos y la vivencia que ellas tienen de lo imposible
y hecha piel, que nos sitúa con encantamiento del ukhu pacha. El estilo jalq’a del arte textil,
y de modos desafiantes nos invita a instalarnos parafraseando a Cereceda (1987), hace que la
en aquellas imágenes, texturas y espesuras de un emoción sensorial juegue un papel importante
lenguaje carnal próximo al supay y a todos los en la estructura profunda del sistema de signi-
seres indomesticados (im)posibles. Este mundo ficado, así esta cultura nos brinda y nos regala
textil nos llega de las manos femeninas jalq’a que esta huella emocionante y es precisamente ahí,
no tienen reparos en provocar las experiencias en esta emotividad inherente donde el cuerpo
y las emociones imaginativas, desde códigos re- textil nos eleva hacia lenguajes y signos que nos
beldes e insurrectos, pues las tejedoras jalq’a se permiten encontrar un modo de ampliar y po-
explayan en la monstruosidad y gracias a este tenciar los sentidos de pertenencia a un nosotros
gesto inquietante podemos llegar a alterar y con- cultural sin marginalizar lo extraño, lo extraor-
mocionar nuestros sentidos de comprensión y dinario, lo monstruoso, lo salvaje y lo imposible.
nuestros modos de pensar. Con ellas la monstruosidad no es exorbitante ni
De hecho esta “segunda piel” nos imprime desorbitada, sino es integradora de lo humano,
una nota de encanto y de fascinación, por la cual la monstruosidad animal que cada aqsu ostenta
nos rige un criterio sensible con ella. Los khurus se yergue como un destino que deja de renegar
no constituyen tan solo un zoo extraordinario y y de combatir tanta historia de extrañamiento.
enigmático, más bien esta condición de cripta Al recrear la extrañeza estas mujeres nos mues-
se revierte por la usanza de las mujeres y por la tran que lo femenino desborda la reducción pa-
llegada a nuevos espacios de comprensión cul- triarcal que asume a la feminidad y a las mujeres
tural. Gracias a la imaginación y creación de las como los abismos convulsos, paradójicos y con-
mujeres jalq’a lo asumido como inframundo, lo tradictorios; estas mujeres promueven con dul-
temido como subterráneo, lo interceptado como zura, delicadeza y desafío una monstruosidad na-
el “abajo” y lo controlado como el “adentro” ha cida de una imaginación radicalmente femenina,
dejado atrás sus estipulaciones negativas y res- de hecho, sus pallay supay son como las puertas
trictivas, brindándonos la posibilidad de rozar al infierno, a este infierno sin gravedad, reventa-
de maneras fluidas y plásticas lo íntimo de ese do de plenitud, extasiado en sus fecundidades,
mundo, facultándonos a desearlo, soñarlo, ves- ciertamente, la belleza que crean las manos de
tirnos con él y de vez en cuando visitarlo desde las tejedoras se acerca sin problemas a los límites
los alcances imposibles de la imaginación que mismos de lo imposible que rasga todo tipo de
no se resiste y procede a desplegarse hacia estos orden. Sí, el imaginario jalq’a es un imaginario
prolijos territorios. monstruoso y femenino, lo extraordinario de su
Imaginar es para las tejedoras un acto creativo grafía textil goza alimentando imaginariamente
sin precedentes y sin límites, así esta imaginación esta manera semántica de habitar y tejer el es-
textil es una expresión de su sensorialidad car- pacio por estas mujeres quechuas, pues las teje-
nal, los khurus para ellas no representan el halo doras jalq’a saben que sus tejidos oscuros son el
fantasmagórico de la cultura, al contrario, ha- símbolo étnico que establece su feminidad y su
cen y vivifican la corporalidad estética y política estar en el mundo bajo la supremacía de lo ingo-
de este signo étnico, en cada uno de estos seres bernable. ¿Tenemos aquí lo femenino indígena a
insistentemente indeterminados, fantásticos y rienda suelta? Ciertamente, es el sublime obrar
originales, creando la imagen de la comprensión de sus manos el que engrana hilo tras hilo esta

Los cuerpos monstruosos en el tacto sublimado del textil |141


humanidad que piensa al cosmos y que goza de Castoriadis, Cornelius
sus honduras imaginando indiscriminadamente. 1998 Los dominios del hombre. Barcelona: Gedisa.
La presencia en fuga de estos seres monstruosos, Cereceda, Verónica
no satisface de cuerpos e imágenes, con tacto, 1987 “Aproximaciones a una estética andina: de la
belleza al tinku”. En: Bouysse-Casagne, Harris, Platt
arrastrándonos por sensibilidades exorbitantes, y Cereceda. Tres reflexiones sobre el pensamiento andino.
así la marginalidad que puede excluirlas en una La Paz: HISBOL.
suerte de feminidad exótica, endemoniada, fol- 1990 “A partir de los colores de un pája-
clórica, queda chica, inoperante, pues su borde o ro...”. En: Boletín del Museo Chileno de Arte
Precolombino. No 4. (Santiago de Chile).
margen es mayor y vence las convencionales ex- 2005 Los jalq’a: una cultura viva. Sucre: Ediciones
clusiones que desde hace siglos no pueden opacar ASUR.
la vigencia de tamaña inventiva. Cereceda, Verónica et al.
2006 (1993) Una diferencia, un sentido. Los diseños de
A modo de cierre: los textiles Tarabuco y J’alqa. 2da reimpresión. Sucre:
Ediciones ASUR.
un fluir de tacto
Derrida, Jacques
1971 De la gramatología. México: Siglo XXI Editores.
Con los ojos del cuerpo y miradas corporales es
preciso detenernos en el tacto sublime que nos Durand, Gilbert
brindan los aqsus jalq’a, mirarlos como si es- 1981 Las estructuras antropológicas de lo
imaginario. Introducción a la arquetipolo-
tuviéramos dentro de ellos, siendo parte de su gía general. Madrid: Taurus Ediciones, S.A.
caos, de la textura exorbitante de su grafía ple- 2000 Lo imaginario. Barcelona: Ediciones del Bronce.
tórica de monstruosidades; no es preciso enfren- Foucault, Michel
tarnos a su libertad, al contrario, es reconfortan- 2000 El pensamiento del afuera. 5ª edición. España:
te ser parte de ella. Uniendo lo sobrenatural con Pre-textos.
lo habitual, este análisis debe entenderse como Kristeva, Julia
el afán de unas manos inquietas y enamoradas 1999 El sentido y el sinsentido de la rebeldía. Chile:
Cuarto Propio.
buscando a tientas acariciar el indomable fondo
de la imaginación femenina jalq’a, tan poblada Lacan, Jacques
de seres, cuerpos y sentires extraordinarios, así 1981 Seminario 20. Aun. Argentina: Paidós.
como experiencias emotivas en libertad; esto es Martínez, Gabriel
seguir sin resistencia a este fluir de tacto que es 2001 “Saxra (Diablo)/Pachamama: Música, tejido,
calendario e identidad entre los Jalq’a”. En: Estudios
el textil y su endemoniado dominio femenino. Atacameños. No 21. San Pedro de Atacama: Universi-
dad Católica del Norte.
Bibliografía Murra, John
1975 Formaciones económicas y políticas del mundo
Arnold, Denise; Yapita, Juan de Dios y Espejo, Elvira
andino. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
2007 Hilos sueltos: los Andes desde el textil. La Paz:
Plural editores. Nietzsche, Friedrich
1995 El origen de la tragedia. México: Espasa-Calpe
Bachelard, Gaston
mexicana S.A.
1994 El agua y los sueños. Ensayo sobre la imaginación de
la materia. Madrid: Fondo de Cultura Económica.
Baczko, Bronislaw
1991 Los imaginarios sociales. Memorias y esperanzas
colectivas. Buenos Aires: Nueva Visión.

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