Sociedad de Gananciales: Normas y Presunciones
Sociedad de Gananciales: Normas y Presunciones
MEMENTO FAMILIA (CIVIL)
SECCIÓN 3
Sociedad de gananciales
(CC art.1344)
F. Disolución 1005
G. Liquidación 1060
Mediante la sociedad de gananciales se hacen comunes para los cónyuges las ganancias o beneficios
667
obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos, atribuidos por mitad al disolverse aquella.
En la sociedad de gananciales cada cónyuge no tiene una mitad sobre bienes concretos, sino una cuota
ideal equivalente a la mitad de los bienes que le corresponderán en su momento cuando se proceda a su
disolución y posterior liquidación.
Precisiones
Han sido numerosos los estudios doctrinales sobre la naturaleza jurídica de la sociedad de gananciales, y a
diferencia de la tradición romana de nuestra legislación sustantiva, que establece el sistema de comunidad de
bienes o proindiviso entre los comuneros, aquella participa de la naturaleza de la comunidad de Derecho
germánico en mano común, en la que cada cónyuge no tiene una mitad sobre bienes concretos, sino una cuota
ideal equivalente a la mitad de los bienes que le corresponderán en su momento cuando se proceda a su disolución
y posterior liquidación.
1 Presunción de ganancialidad
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1. Presunción de ganancialidad
(CC art.1361; RH art.94.1)
675 Se presumen gananciales los bienes existentes en el matrimonio mientras no se pruebe que pertenecen
privativamente al marido o la mujer.
Este principio consagra la vis atractiva de la sociedad de gananciales, según la cual todos los bienes del
matrimonio gozan de carácter ganancial. El propio precepto introduce el carácter de presunción iuris
tantum de la ganancialidad de los bienes, es decir, se admite la posibilidad de que por medio de prueba en
contrario, pueda acreditarse que determinados bienes no gozan de carácter ganancial, siendo una
excepción a la norma.
Así, los bienes inmuebles adquiridos a título oneroso por uno de los cónyuges sin expresar que adquiere
para la sociedad de gananciales, se inscriben a nombre del cónyuge adquirente con carácter
presuntamente ganancial , ello significa que si no se hace constar expresamente en el título de adquisición
que el importe de la misma tiene carácter privativo, se presume que el bien pertenece a la sociedad de
gananciales. Y el saldo de dinero existente en cuenta indistinta o conjunta se presume ganancial.
Sin embargo, al tratarse de una presunción iuris tantum, la misma puede desvirtuarse con una prueba en
contrario, que debe ser expresa y cumplida, sin que basten los meros indicios o conjeturas (TS 20-6-95,
EDJ 3609; 24-7-96, EDJ 5753; 29-9-97, EDJ 6858).
última actualización
Carácter ganancial de las aportaciones realizadas al plan de pensiones de uno de los cónyuges
(Actum 10/22, Octubre 2022)
Declara el TS que para desvirtuar la presunción de ganancialidad establecida en el CC art.1361 no basta una
prueba indiciaria, sino que es precisa una prueba expresa y cumplida, que incumbe a quien alega el carácter
privativo.
Recurrida la sentencia por el esposo ante la Audiencia Provincial, ésta estimó su recurso de
apelación, entendiendo que se trataba de un plan privativo de aquél, sin perjuicio de los
correspondientes reintegros por las aportaciones dinerarias gananciales que, en este caso, a
juicio de la AP, no procedían pues de la prueba documental aportada no se podía concluir que la
principal aportación al plan proviniera de dinero ganancial.
El TS estima el recurso, declarando que debe incluirse en el activo del inventario un crédito contra
el esposo por las aportaciones realizadas a su plan privativo de pensiones durante la vigencia del
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La prueba del carácter privativo del dinero incumbe a quien lo alegue cuando se trate de una
cuestión controvertida entre las partes. Por tanto, en este caso no es la esposa quien debe probar
que las aportaciones se hicieron con dinero ganancial, sino que es el esposo quien ha de probar
que no se hicieron con dinero ganancial.
1) El Tribunal Supremo ha revisado su doctrina sobre el carácter de los inmuebles adquiridos con fondos
privativos para la sociedad de gananciales, declarando lo siguiente (TS 27-5-19, EDJ 590632):
• Los bienes adquiridos conjuntamente por los esposos cuando consta en ambos la voluntad de atribuir carácter
ganancial a los mismos, son gananciales. Si se prueba el empleo de fondos privativos, quien los aporta tiene
derecho a su reintegro actualizado.
• Los bienes adquiridos por un cónyuge exclusivamente, declarando hacerlo para la sociedad de gananciales, no
obsta su carácter privativo si hay prueba de que el dinero empleado tiene dicho carácter.
2) Cuando exista falta de prueba de que los bienes en litigio son privativos, prevalece el carácter ganancial de los
mismos (TS 5-12-85; 10-11-86, EDJ 7119). Si se acredita que a la fecha de compra del bien y de forma simultánea,
un cónyuge había vendido otro bien de carácter privativo, cuyo precio entregó para el pago de aquel, cesa la
presunción de ganancialidad del bien adquirido constante la sociedad de gananciales, ya que no puede acreditarse
la compra del mismo, si no es con la entrega del capital privativo (TS 13-12-06).
3) En el supuesto de cuentas bancarias , la facultad que tiene cada titular indistinto para disponer con su sola
firma, en todo o en parte, de los fondos o valores depositados, no significa que ostente sobre dichos bienes
derecho dominical alguno, pues la facultad solidaria de operar sobre la cuenta es solo una modalidad de ejercicio
del derecho de crédito frente al banco, que no incide sobre la titularidad real de los bienes depositados, señalando
que la apariencia derivada de dicha titularidad indistinta supondría, cuando más, una simple presunción de
ganancialidad, viniendo determinada la propiedad del saldo por la originaria pertenencia de los fondos o dinero de
que se nutre dicha cuenta (TS 25-5-01, EDJ 7142; 29-5-00, EDJ 11386).
4) Si bien los saldos existentes en las cuentas corrientes de los esposos se presumen gananciales, ya estén a
nombre de uno solo de los cónyuges o cuando su titularidad es indistinta, no ocurre lo mismo cuando la titularidad
es exclusiva de un tercero, apareciendo uno de los cónyuges como autorizado. El hecho de autorizar a disponer de
una cuenta bancaria no significa por sí, salvo prueba suficiente, que se ostente condominio sobre el saldo que la
integra, pues la cotitularidad bancaria es más bien meramente operativa y el hecho de la misma no autoriza a la
atribución de la propiedad de las cantidades que obren en la cuenta y de las que se dispone en provecho propio.
Esto es, en el contrato de depósito, la relación jurídica se establece entre el depositante, dueño de la cosa
depositada y el depositario que la recibe, no modificándose la situación legal de aquel, en cuanto a lo depositado,
por la designación de persona o personas que la puedan retirar. El mero hecho de apertura de una cuenta
corriente bancaria, en forma indistinta, a nombre de dos o más personas, lo único que significa prima facie, es que
cualquiera de los titulares tendrá frente al banco depositario, facultades dispositivas del saldo que arroje la
cuenta, pero no determina por sí solo la existencia de un condominio que vendrá determinado únicamente por las
relaciones internas y, más concretamente, por la propiedad originaria de los fondos o numerario de que se nutre
dicha cuenta (AP Pontevedra 18-1-12, EDJ 5330).
5) Se establece una presunción iuris tantum de que los bienes matrimoniales son gananciales mientras no se
pruebe lo contrario por quien alegue que no lo son. Se trata de una presunción que admite prueba en contrario,
manteniendo el carácter ganancial de los bienes litigiosos, cuando existe falta de prueba de que sean privativos.
Corresponde, por tanto, la carga de la prueba a quien alega que el bien es privativo (LEC art.217; AP Barcelona
15-12-11, EDJ 318947).
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6) Esta presunción de ganancialidad presenta un indudable rigor, de forma que para desvirtuarla no basta la
prueba indiciaria, sino que es precisa una prueba expresa y cumplida, es decir, dicha presunción permite prueba
en contrario por aquel que afirme el carácter ganancial o no de los bienes de que se trata (TS 20-6-95, EDJ 3609;
24-2-00, EDJ 994; AP Jaén 19-3-10, EDJ 94006).
7) Las cuentas bancarias abiertas constante matrimonio son gananciales, entendiéndose como tal cualquier
ingreso que se realice en las mismas, con independencia de quién sea su titular. Ello de conformidad con CC
art.1347.1º y 2º en relación con la presunción establecida en CC art.1361 (AP Madrid 9-6-06, EDJ 351170; AP
Barcelona 4-5-06, EDJ 292488).
8) La presunción de ganancialidad se puede destruir con prueba fehaciente, por ello es privativo el saldo de la
cuenta que ingresa los depósitos a plazo fijo provenientes de fondos adquiridos con dinero depositado en una
cuenta del esposo antes de contraer matrimonio (AP Araba 2-10-06, EDJ 404413).
9) En el caso de confusión de fondos privativos en cuentas gananciales, sin que se haya hecho reserva expresa,
procede el reembolso del dinero privativo, salvo que se demuestre que su titular lo aplicó en beneficio exclusivo,
pues, a falta de prueba, que incumbe al otro cónyuge, se presume que se gastó en interés de la sociedad y, en tal
caso, procede el reembolso del dinero (TS 11-12-19, EDJ 755512).
última actualización
Carácter ganancial de las aportaciones realizadas al plan de pensiones de uno de los cónyuges
(Actum 10/22, Octubre 2022)
Declara el TS que para desvirtuar la presunción de ganancialidad establecida en el CC art.1361 no basta una
prueba indiciaria, sino que es precisa una prueba expresa y cumplida, que incumbe a quien alega el carácter
privativo.
Recurrida la sentencia por el esposo ante la Audiencia Provincial, ésta estimó su recurso de
apelación, entendiendo que se trataba de un plan privativo de aquél, sin perjuicio de los
correspondientes reintegros por las aportaciones dinerarias gananciales que, en este caso, a
juicio de la AP, no procedían pues de la prueba documental aportada no se podía concluir que la
principal aportación al plan proviniera de dinero ganancial.
El TS estima el recurso, declarando que debe incluirse en el activo del inventario un crédito contra
el esposo por las aportaciones realizadas a su plan privativo de pensiones durante la vigencia del
régimen económico de gananciales.
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la sentencia recurrida admite que, partiendo de la naturaleza privativa del plan, debería
reconocerse un crédito a favor de la sociedad por las aportaciones hechas con dinero ganancial
durante la vigencia del régimen económico. La razón por la que la AP rechaza en este caso el
reconocimiento del crédito es que no considera acreditada la aportación ganancial, razonamiento
contrario a la propia presunción de ganancialidad, según afirma el TS.
La prueba del carácter privativo del dinero incumbe a quien lo alegue cuando se trate de una
cuestión controvertida entre las partes. Por tanto, en este caso no es la esposa quien debe probar
que las aportaciones se hicieron con dinero ganancial, sino que es el esposo quien ha de probar
que no se hicieron con dinero ganancial.
680 Para probar entre cónyuges que determinados bienes son propios de uno de ellos, es bastante la
confesión del otro, pero tal confesión por sí sola no perjudica a los herederos forzosos del confesante, ni a
los acreedores.
Según ello, dicha confesión tiene plenos efectos en las discusiones que se puedan producir después entre
los cónyuges sobre la naturaleza ganancial o privativa de determinados bienes. De ahí que en muchas
escrituras de compra realizadas por uno solo de los cónyuges, comparezca el otro para manifestar que
dicho bien se adquiere con dinero privativo del comprador.
Sin embargo, tal manifestación, si fuera impugnada por los herederos o por los acreedores, no hace por sí
misma prueba del carácter privativo del bien, sino que necesariamente debería acreditarse con los medios
de prueba que así lo determinen.
Tras la evolución legislativa y jurisprudencial, hay sentencias que admiten la posibilidad de impugnación
de la confesión de privatividad, siempre sujeta a la práctica de una prueba «eficaz y contundente», que
acredite la falsedad o simulación del reconocimiento que se hizo a la fecha de la adquisición del bien.
682
Precisiones
1) Presentada en el Registro de la Propiedad una escritura de liquidación de sociedad de gananciales por la que
los cónyuges acuerdan adjudicar al esposo la única finca inventariada -inscrita con carácter ganancial -, porque,
según manifiestan, en el título de compra se expresó que se adquiría para su sociedad de gananciales, cuando en
realidad, el pago del precio de compra del terreno y el posterior reembolso de un préstamo hipotecario con el que
se financió la edificación se realizaron con dinero privativo lo cual acreditará donde proceda, se deniega la
inscripción porque la finca adjudicada se adquirió por el esposo por compra y para su sociedad de gananciales -que
no con carácter presuntivamente ganancial- y, posteriormente, se declara la obra nueva por ambos cónyuges y con
la manifestación de emplear para ello fondos de su sociedad de gananciales. Por todo ello, resulta el carácter
ganancial indubitado de la referida finca. Si se pretende rectificar el carácter de la adquisición como privativo del
esposo, se precisa la prueba objetiva del carácter privativo de la totalidad del precio invertido en la compra y en la
declaración de obra nueva. Y rectificados los títulos de adquisición y el Registro y siendo el bien privativo no cabría
incluirlo en la liquidación de gananciales por no tener tal carácter el bien. De ser ganancial el bien como resulta del
Registro se podrá inventariar y adjudicar en la liquidación de gananciales, pero llevando el cónyuge no
adjudicatario lo que le corresponda de su parte en común y en contraprestación por la adjudicación hecha en favor
del otro cónyuge (DGRN Resol 2-4-12).
2) Se plantea el problema de determinar el régimen jurídico aplicable a estos bienes confesadamente privativos ,
pues si no pueden ser tratados como privativos a todos los efectos, interpartes y frente a terceros, tampoco
pueden ser reputados inequívocamente como gananciales, de manera que los actos dispositivos realizados sobre
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ellos con sujeción al régimen de tales bienes sean definitivamente inatacables -es evidente la posibilidad de
impugnar esos actos si a posteriori se demuestra que los bienes eran realmente privativos del cónyuge del
confesante y este no prestó su consentimiento a la enajenación (CC art.1389). Debe advertirse, en este mismo
sentido, cómo el propio RH art.95.4, a la hora de fijar los términos de la inscripción de tales bienes, y a diferencia
del criterio seguido en otros casos -RH art.93.1 y 95.1-, se abstiene de exigir su calificación en el asiento como
privativos o gananciales, limitándose a ordenar que se inscriban a favor del cónyuge favorecido por la confesión,
con expresión de esta circunstancia, produciéndose una cierta indeterminación registral en lo relativo a la
titularidad de ese bien -aunque circunscrita al ámbito matrimonial y posibilitada por obvias consideraciones
prácticas- (DGRN Resol 4-10-10).
3) Es válida la confesión de privatividad realizada vigente el matrimonio en la misma escritura de compra de la
vivienda, siempre que cumpla los requisitos establecidos por la doctrina jurisprudencial:
- que el autor de la declaración sea uno de los cónyuges;
- que el confesante sea aquel a quien deba perjudicar la confesión;
- que el confesante tenga la capacidad de obrar y poder de disposición; y
- que la confesión se haya efectuado constante matrimonio.
Concurriendo estos requisitos, la confesión por parte de un cónyuge acerca de que los bienes comprados por el
otro constante matrimonio son privativos desvirtúa la presunción de ganancialidad del CC art.1361 (AP Málaga
24-6-10).
4) El Tribunal Supremo ha reconocido la posibilidad de impugnación por parte del cónyuge confesante de la
privatividad del bien. La confesión de privatividad es un medio de prueba cuya eficacia principal es desvirtuar la
presunción de que los bienes existentes en el matrimonio son gananciales, pero no se trata de un medio de prueba
absoluto. Se reconoce la posibilidad de que el confesante impugne su propia confesión, si bien, se exige prueba
«eficaz y contundente» de la simulación o falsedad del reconocimiento (TS 15-1-20, EDJ 504520).
684 Requisitos
Para su validez, la confesión debe reunir varios requisitos (DGRN Resol 8-10-14):
a) Que se trate de una declaración de conocimiento sobre hechos personales suyos del confesante.
b) Que sobre el bien, que se reconoce privativo del otro cónyuge, exista incertidumbre acerca de la
naturaleza, de forma que no opera este efecto si el bien tiene una naturaleza ganancial o privativa
claramente definida.
c) La confesión puede referirse al título de adquisición , al precio o contraprestación y, de manera
especial, es preciso que la confesión se realice durante la vigencia del matrimonio -y, por tanto, del
régimen económico de gananciales-, por lo que la confesión realizada por cualquiera de los que fueron
cónyuges una vez disuelto el matrimonio tendrá los efectos propios que le otorga la LEC -un efecto
limitado, ya que tendrá eficacia probatoria si no lo contradice el resultado de las demás pruebas-.
No se requiere una solemnidad especial distinta de que la declaración de confesión por ambos cónyuges
deba ser realizada en escritura pública, pero precisa la confesión o expresa ratificación del otro cónyuge.
Ante la impugnación de la confesión de privatividad por no ser realmente privativos los bienes objeto de la
misma, el Tribunal Supremo ha entendido que es válida la confesión por sí misma para otorgarle la
privatividad a un bien.
Así, por ejemplo, en el caso de la mujer compró una vivienda en el año 1988, reconociendo el marido el
carácter privativo del precio en la escritura pública, el tribunal se pronunció estableciendo que, aunque la
regla general es la presunción de ganancialidad, debiendo probar quien se oponga la privatividad de los
mismos, existen normas que permiten alterar esta regla, y la confesión se constituye como:
a.Prueba eficaz y bastante para que determinados bienes sean considerados, aun perteneciendo a la
comunidad o al cónyuge que lo hace, como propios del otro. No obstante, esta prueba no es absoluta y por
tanto cabe prueba en contrario.
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b.Valor probatorio entre las partes, preservando los intereses de los herederos forzosos y acreedores.
c.La confesión es una fuerte presunción legal, que se establece por encima de la regla común de la carga de
la prueba y que evita el tener que acudir a la prueba corriente de presunciones.
d.Esta fuerza que el legislador otorga a la confesión hace que incluso en situaciones como aquellas en las
que se produzca la falta de precio, o la precariedad o la desproporción el mismo, no afecten a la validez de
la declaración.
Solo si en esta declaración de voluntad existen circunstancias enervantes como error, dolo, engaño o
falta de capacidad, tal confesión se considera inválida por faltar el consentimiento válidamente expresado.
Esto se fundamenta en que los cónyuges , de mutuo acuerdo, pueden desplazar un bien ganancial al
patrimonio exclusivo de uno de ellos. Igualmente, queda permitido que, ante la compra por parte de los
cónyuges de un bien a un tercero, los mismos decidan, aun no probando la privatividad de la
contraprestación, que este ingrese directa y exclusivamente en el patrimonio de uno solo de ellos.
En definitiva, la confesión de privatividad solo tiene sentido cuando recae sobre bienes presuntamente
gananciales y no tendría efecto cuando exista incertidumbre sobre la pertenencia de un bien a una u otra
masa patrimonial; de modo que, si no hay constancia de que el bien es del confesante, su declaración no
cambia la naturaleza del bien que continuará siendo de su titular, pues la confesión no es un negocio
traslativo del dominio, sino un medio de prueba.
688
Precisiones
1) Por la crisis de convivencia o cualquier otra circunstancia, no queda el sujeto desvinculado de sus actos
propios, entendiéndose que se actúa contra la buena fe el que ejercita un derecho en contradicción con su
anterior conducta que hizo confiar al otro, vulnerando con dicha conducta las normas éticas que deben informar el
ejercicio del derecho las que, lejos de carecer de trascendencia, determinan que su ejercicio se torne inadmisible
(TS 21-9-87, EDJ 6475).
2) La confesión de privatividad no aparece configurada en nuestro ordenamiento como una declaración de
voluntad que fije frente a todos el carácter privativo del bien al que se refiere -sin perjuicio de su posible
impugnación si se efectúa en fraude o perjuicio de terceros o no se corresponde con la realidad-, sino como un
simple medio de prueba de esta circunstancia, que opera en la esfera interconyugal y que carece de virtualidad
para desvirtuar por sí sola la presunción de ganancialidad recogida en el CC art.1361. Aunque también es cierto
que esta presunción de ganancialidad tampoco es un título de atribución legal de esa cualidad a los bienes del
matrimonio en tanto no conste que pertenecen privativamente a uno u otro cónyuge -o a ambos pro indiviso-, sino
uno más de los medios de prueba (DGRN Resol 29-2-12).
3) Se reconoce valor probatorio entre los cónyuges a las manifestaciones que estos hagan para fijar que
determinados bienes son propios de uno de ellos, pero con la salvedad de que tales manifestaciones por sí solas no
perjudicarán a los herederos forzosos del confesante. Por tanto, el fallecimiento del confesante tiene como
consecuencia que la confesión no vincula a los legitimarios, salvo que estos la corroboren. En otro caso, los
legitimarios solo se verán afectados si además son herederos y solo en la parte de herencia que excediera del
importe de su legítima, si bien no bastaría con invocar su condición de herederos forzosos para impugnar el
carácter privativo que su padre y causante atribuyó a los bienes adquiridos por la demandada, sino que tendrían
que acreditar que con tal confesión se perjudican sus derechos legitimarios. Para ello, sería preciso practicar la
correspondiente partición hereditaria, con las correspondientes computaciones e imputaciones, al objeto de
determinar si la confesión realizada, perjudica efectivamente la legítima, debiéndose recordar que la reducción de
una donación inoficiosa no es un efecto producido ope legis, sino que se produce a virtud de la petición de quien
resulte legitimado por su cualidad de heredero forzoso y por el concurso del dato de hecho de la comprobada
inoficiosidad de la disposición (DGRN Resol 29-2-12).
4) No es suficiente la mera notificación del embargo al cónyuge del deudor para poder trabar el bien
confesadamente privativo en procedimiento seguido exclusivamente contra el confesante por deudas que
contrajo unilateralmente. Por el contrario, debe demandarse a ambos cónyuges, dirigiendo contra cada uno
pretensiones distintas. La aplicación del CC art.1373 no resulta apropiada. En efecto, esta norma permite el
embargo de bienes comunes por deudas contraídas solo por un cónyuge , pero no porque se presuponga la
afección de aquellos al pago de estas, sino a pesar de reconocer que en tal supuesto los bienes comunes no tienen
responsabilidad alguna por la deuda que se trata de hacer efectiva y con el único objetivo de compaginar el
derecho de los acreedores privativos de un cónyuge a agotar todas las vías posibles para el cobro de sus deudas,
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aunque para ello tengan que realizar el contenido económico que a su deudor corresponde en el patrimonio
común -esto es, imponer su disolución para poder proceder contra los bienes que puedan adjudicársele en la
liquidación-, con la posibilidad del otro cónyuge de asegurar la subsistencia del régimen económico del
matrimonio. Si ya es excepcional que por las deudas propias de un cónyuge se permita a su acreedor embargar
directamente bienes ajenos a su patrimonio privativo (CC art.1911), más lo será que por deudas totalmente ajenas
al patrimonio común se permita al acreedor de un cónyuge trabar bienes que los titulares de ese patrimonio
manifiestan públicamente que no forman parte de él y así lo consignan en el instrumento de publicidad de las
titularidades inmobiliarias, es decir, en el Registro de la Propiedad. Por otra parte, la solución prevista en el CC
art.1373 se manifiesta poco coherente con el supuesto ahora considerado, pues, frente a la alternativa que aquel
concede al cónyuge del deudor -optar por tolerar el embargo o imponer la sustitución de la traba con disolución
del régimen ganancial-, la disyuntiva que ahora se abre a dicho cónyuge es la de elegir entre la tercería de dominio
o pedir directamente la disolución del consorcio, pues, en tal caso, como la liquidación es competencia exclusiva
de los cónyuges -sin perjuicio de lo previsto en CC art.1083- y estos no incluirán en el activo del patrimonio común
el bien confesado, este quedará ya libre de la traba. En tal caso, si el acreedor quiere proceder contra él no tendrá
otras vías que demandar a ambos cónyuges para que se declare la ganancialidad del bien y de la deuda y se ejecute
aquel (CC art.1317), o demandar al cónyuge deudor en su carácter de tal, y a ambos para que se declare la
ganancialidad del bien y así poder proceder contra la parte de ese bien que corresponda al cónyuge deudor en la
adición a la liquidación que resultará pertinente (CC art.1079) (DGRN Resol 4-10-10).
5) Se desestima la impugnación de la confesión realizada por los legitimarios al no haber fijado siquiera por
aproximación cuál pudiera ser su legítima, pues ni siquiera han instado la liquidación de la sociedad de gananciales,
no acreditándose que la confesión realizada por el causante en aquella escritura haya perjudicado la legítima de
los actores, ni, en su caso, en qué medida (AP Asturias 30-9-08, EDJ 328140).
6) Aunque la finca conste inscrita en el Registro de la Propiedad con carácter ganancial, esta declaración solo es
oponible a terceros y no entre los cónyuges, pues prima la declaración de privacidad del dinero con el que se
adquirió la finca, efectuada por el cónyuge, que no ha sido destruida por prueba en contrario (AP Alicante 6-6-11,
EDJ 181944).
La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha venido siendo muy clara en el sentido de determinar que la
confesión de privatividad constituye un hecho sujeto a la apreciación de los tribunales que, en cada caso
concreto, pueden determinar el valor que deba darse a la confesión (LEC art.316.2 -anteriormente, CC
art.1239-).
En tal sentido distingue:
a) Validez de la confesión entre cónyuges: a la que atribuyen valor probatorio y cuya impugnación solo
puede efectuarse por simulación o falsedad, llevándose a cabo una inversión de la carga de la prueba,
correspondiendo en tal caso al cónyuge la demostración cumplida del hecho o circunstancias capaces de
invalidar la declaración que realizó en su día.
b) Validez de la confesión, frente a los acreedores o a los herederos forzosos, en cuyo caso se está al
criterio general de acreditar con otros medios de prueba la procedencia privativa del dinero.
3. Atribución de ganancialidad
(CC art.1355)
695 Los cónyuges pueden, de común acuerdo , atribuir la condición de gananciales a los bienes que adquieran
a título oneroso durante el matrimonio, cualquiera que sea la procedencia del precio o contraprestación y
la forma y plazos en que se satisfaga.
Esto produce en la práctica no pocos conflictos entre los cónyuges al entenderse que determinados bienes
privativos, que han sido empleados y gastados en el matrimonio, gozan de la atribución de ganancialidad
contenida en el mismo, no pudiendo al finalizar la sociedad y procederse a su liquidación, reclamar el
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importe privativo del bien o del dinero gastado en beneficio de la sociedad, es decir, en tal caso, no
procedería su restitución.
Para que puedan los cónyuges atribuir la condición de ganancial a un bien constante el matrimonio, su
adquisición ha de ser onerosa. Si por el contrario el bien se adquiere a título gratuito, o el dinero con el
que se adquiere el bien tiene tal carácter, es decir, se adquiere directamente con dinero de terceros, no
entra en juego la posibilidad de atribuir la condición de ganancial a dicho bien.
Precisiones
1) Al igual que la ley admite la atribución de privatividad de un bien adquirido a título oneroso constante
matrimonio, está permitida la opción contraria, atribuir la ganancialidad a un bien adquirido a título oneroso con
independencia de la procedencia de precio o contraprestación, debido a la libertad de contratación entre
cónyuges. Si en la escritura un cónyuge reconoce el carácter privativo de un bien, con independencia del pago
durante la vigencia del matrimonio, queda excluido el carácter comunitario (AP Madrid 17-12-04, EDJ 228629).
2) Los cónyuges pueden convenir que la adquisición de un bien vigente matrimonio, ingrese de manera directa y
erga omnes en el patrimonio personal de uno de ellos, a pesar de no haberse probado la privatividad de la
contraprestación (DGRN 25-11-90).
En el mismo sentido, los cónyuges, de común acuerdo, pueden atribuir el carácter ganancial a cualquier bien
adquirido a título oneroso durante el matrimonio, especialmente si el bien pudiera resultar, en otro caso privativo,
por la procedencia del dinero empleado para su adquisición, por lo que si dicha atribución ha sido voluntaria, el
carácter ganancial del bien lo va a ser de manera definitiva, siendo irrelevante cualquier demostración posterior
del carácter privativo del dinero empleado en su adquisición (AP Bizkaia 11-1-02, EDJ 126419; AP Madrid 14-9-
04, EDJ 189799).
3) El Tribunal Supremo estimó un recurso de casación por infracción procesal por serle denegada la prueba al
cónyuge que pretendía demostrar que el dinero empleado para la adquisición del bien, provenía de dinero donado
por sus padres y, por tanto, dicha adquisición no era onerosa, sino gratuita, y, en su consecuencia, no ha de
aplicarse la atribución de ganancialidad contenida en el CC art.1355 (TS 16-6-17, EDJ 106368).
4) El Tribunal Supremo ha revisado su doctrina sobre el carácter de los inmuebles adquiridos con fondos
privativos para la sociedad de gananciales, declarando lo siguiente (TS 27-5-19, EDJ 590632; 27-5-20, EDJ
570980):
• Los bienes adquiridos conjuntamente por los esposos, cuando consta en ambos la voluntad de atribuir carácter
ganancial a los mismos, son gananciales. Si se prueba el empleo de fondos privativos, quien los aporta tiene
derecho a su reintegro actualizado.
• Los bienes adquiridos por un cónyuge exclusivamente, declarando hacerlo para la sociedad de gananciales, no
obsta su carácter privativo, si hay prueba de que el dinero empleado tiene dicho carácter.
Precisiones
1) Adquirido el bien constante matrimonio y atribuida la naturaleza jurídica de ganancialidad libremente por
ambos cónyuges, no existe duda de que el bien goza de dicha condición, y ello con independencia de que a la fecha
de adquisición se haya empleado dinero privativo de uno de unos cónyuges. En este caso, no se discute la
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
ganancialidad del bien, pero existirá un derecho de reembolso a favor del cónyuge por el dinero privativo
empleado para su adquisición, debidamente actualizado. Y ello a pesar de que la doctrina ha mantenido una
discusión sobre supuestos similares al entender que podríamos encontrarnos frente a la atribución de
ganancialidad establecida en CC art.1355. Sin embargo, la doctrina mayoritaria se inclina por entender que la
donación no se presume y aunque el bien tenga carácter ganancial por habérselo atribuido expresamente ambos
cónyuges, se aplica lo dispuesto en CC art.1358 en cuanto dispone que, con independencia de la procedencia del
caudal, habrá de reembolsarse el valor satisfecho a costa del caudal común mediante el reintegro de su importe al
tiempo de su liquidación (AP Bizkaia 4-11-10, EDJ 356514).
2) El Tribunal Supremo ha sentado como doctrina que el derecho de reembolso procede, por aplicación del CC
art.1358, aunque no se hubiera hecho reserva alguna en el momento de la adquisición. Esta doctrina tiene en
cuenta que en nuestro ordenamiento la donación no se presume, por lo que el reembolso que prevé el CC
art.1358 para equilibrar los desplazamientos entre las masas patrimoniales procede siempre que no se excluya
expresamente. La atribución del carácter ganancial al bien no convierte en ganancial al dinero empleado para su
adquisición y genera un crédito por el valor satisfecho que es exigible en el momento de la liquidación si no se ha
hecho efectivo con anterioridad (CC art.1358 y 1398.3; TS pleno 27-5-19, EDJ 590632; 11-7-19, EDJ 646220; 6-
2-20, EDJ 507469; 6-2-20, EDJ 507519; 2-3-20, EDJ 512983).
3) Para que no se produzca el derecho de reembolso se precisaría que el cónyuge que aportó bienes privativos
para la adquisición de bienes gananciales, realizara una renuncia expresa a su posible reintegro futuro, pues
aunque no se haya hecho reserva alguna a la adquisición del bien, en ningún caso se presume la donación (AP
Madrid 30-1-20, EDJ 532732).
B. Administración y gestión
(CC art.1375)
700 En defecto de pacto en capitulaciones, la gestión y disposición de los bienes gananciales corresponde
conjuntamente a ambos cónyuges.
Si bien cabría entender, en tal sentido, que en acuerdo recogido dentro de las capitulaciones
matrimoniales pueda acordarse la administración de la sociedad por uno solo de los cónyuges, ello iría de
la nulidad de cualquier estipulación limitativa de la igualdad de derechos entre los cónyuges (nº 565)
aunque sí cabría el establecimiento de pactos sobre la administración y gestión de bienes concretos.
Es frecuente la utilización de poderes notariales entre cónyuges para la administración e incluso para
actos de disposición de bienes de la sociedad de gananciales, aunque dichos poderes suelen ser
recíprocos, lo que no es válido es limitar el derecho de administración de uno de los cónyuges.
El consentimiento de ambos cónyuges puede ser expreso o tácito, teniendo validez el prestado con
posterioridad a la realización del negocio jurídico que puede deducirse incluso de actuaciones de las que
se deduzca el conocimiento del acto y su no oposición expresa al mismo, lo que en algunos casos puede ser
equivalente a su consentimiento tácito.
Los actos de administración y disposición de los bienes o fondos comunes por uno solo de los cónyuges en
épocas de normal convivencia matrimonial, se presume que se realizan en beneficio de la familia y en las
atenciones y gastos de cargo de la sociedad de gananciales (CC art.1362). Ello implica que corresponderá
al otro cónyuge acreditar que el disponente actuó de mala fe y en su beneficio o lucro exclusivo o en
fraude de los derechos del consorte para que puedan aplicarse las consecuencias jurídicas previstas en el
CC art.1390 y 1391. Por el contrario, si el acto individual de administración o disposición de fondos o
caudales comunes por parte de un cónyuge es realizado tras producirse la crisis matrimonial , incluso
manteniéndose aún la convivencia, dada la proximidad del acto dispositivo con el momento de ruptura de
la comunidad de vida conyugal, al existir la fundada sospecha de que el cónyuge pueda anteponer en su
actuación el interés propio al de la familia, deberá probar que el acto de disposición realizado redundó en
interés o provecho de la familia para que no se presuma que se realizó en beneficio o lucro exclusivo del
cónyuge disponente. Entiende la doctrina que se produce la inversión de la presunción de ganancialidad,
debiendo ser el disponente a quien incumbe la carga probatoria, como consecuencia natural del deber de
información recíproca entre cónyuges (CC art.1383) y de la disponibilidad y facilidad probatoria que tiene
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
la parte disponente y le debe exigir el tribunal en aplicación de lo dispuesto en la LEC art.217.6 (AP
Madrid 27-4-12, EDJ 115657).
Los cónyuges tienen la obligación de informarse recíprocamente y periódicamente sobre la situación y
rendimientos de cualquier actividad económica. Su incumplimiento grave y reiterado faculta al otro
cónyuge para pedir la disolución de la sociedad de gananciales (CC art.1383 y 1393.4).
Cuando uno de los cónyuges ha realizado un acto en fraude de los derechos del otro cónyuge, además de
lo establecido para el supuesto de daños a la sociedad que se ha proceder a restituir el importe del daño
causado (nº 1092), si hubiera mala fe, el acto es rescindible. Si se ejercita la acción de rescisión, el acto
carece de validez, incluso frente a terceros (CC art.1391).
Formularios | 1
1. Escrito promoviendo expediente de jurisdicción voluntaria en solicitud de intervención judicial en caso de desacuerdo
en la administración y/o disposición de bienes gananciales (art. 90.1.c) LJV)
702
Precisiones
1) Se establece un principio de cogestión y codisposición de bienes gananciales (TS 14-11-00, EDJ 41062),
completado en el CC art.1384 para corregir las perniciosas consecuencias que pudieran derivarse del mismo (TS
14-2-05, EDJ 13288), al señalar que en defecto de pacto en capitulaciones, la gestión y disposición de los bienes
gananciales, se atribuye conjuntamente a los cónyuges, distinguiéndose a estos efectos entre actos de
administración (CC art.1376) y actos de disposición a título oneroso de cualquier bien de carácter ganancial (CC
art.1377), para los que se establecen determinadas cautelas y autorizaciones asimismo supletorias en defecto de
consentimiento siempre que estime fundada la petición o le lleven a la convicción de que estos actos sirven para
mejorar y conservar de una manera más eficaz el patrimonio familiar (TS 10-7-05, EDJ 139902).
2) La venta de un bien inmueble ganancial (disposición a título oneroso), por uno de los cónyuges sin el
consentimiento del otro no es nula de pleno derecho, sino simplemente anulable a instancia del cónyuge que no
concurrió a prestar el consentimiento o de sus herederos, no a instancia del que vendió ni de la persona que con él
contrató, por lo que si la acción de anulabilidad no se ejercita, el contrato es plenamente válido y vinculando para
los que lo concertaron. Todo ello aparte de que el consentimiento de uno de los cónyuges, cuando concurre el
expreso del otro, puede revestir forma tácita o presunta, tanto por su asentamiento como por su aquietamiento y
conformidad a la actividad dispositiva materializada por el otro. El consentimiento puede ser pues expreso o
tácito, anterior o posterior al negocio y también diferido de las circunstancias concurrentes, debiendo ponderarse
la pasividad de la esposa y su no oposición a la enajenación, conociendo la misma, así como la ausencia de fraude o
perjuicio; incluso el silencio puede ser, en estos casos, revelador de consentimiento (TS 2-7-03, EDJ 49251; 5-6-
09).
3) Respecto de la administración en situación de concurso, el Tribunal Supremo ha señalado que, declarado en
quiebra el esposo, la esposa carece de facultades de administración y disposición de los bienes gananciales, dado
que estos son parte de la masa activa de la quiebra, que se sustrae necesariamente a los poderes del esposo
quebrado y de su esposa, que pasan a los síndicos, pues, de otro modo, es decir, si la esposa, por no ser quebrada,
pudiera disponer o administrar bienes gananciales, se haría ilusoria la afectación de esos bienes a las deudas del
esposo quebrado (TS 6-1-08).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
La primera excepción se refiere a los actos de administración de bienes y disposición de dinero o de títulos
valores realizados por el cónyuge a cuyo nombre figuren o en cuyo poder se encuentren.
Se limita claramente esta excepción a la disposición de dinero y títulos valores que estén a nombre del
cónyuge, por lo que nunca podría disponerse de bienes inmuebles: venta, hipoteca o cualquier otro acto
que limite la propiedad del bien. La posibilidad, sin embargo, de que sí pueda disponerse de títulos valores
y dinero que figuren a nombre del cónyuge tiene su razón de ser para facilitar la fluidez del tráfico
mercantil.
En este sentido ser puede disponer de dinero en cuentas bancarias, depósitos, etc., con independencia de
que el cónyuge titular deba responder después frente a la sociedad de gananciales de la administración
del bien dispuesto.
Lo mismo cabe frente a la disposición de títulos valores: el cónyuge titular puede enajenar y gravar los
mismos, sin perjuicio de las responsabilidades que procedan frente a la sociedad.
Precisiones
1) Debe conformar el activo de la sociedad de gananciales el importe, debidamente actualizado a la fecha de
liquidación, obtenido por la venta de acciones propiedad de la misma, realizada por uno solo de los cónyuges (AP
Madrid 28-10-04).
2) Con el fin de facilitar el tráfico de títulos valores, se establece la validez de los actos de disposición de los
mismos realizados por el cónyuge a cuyo nombre figuren o en cuyo poder se encuentren. Por ello, habiendo sido
adquiridas las acciones durante el matrimonio, sin constar que lo fuesen a costa o en sustitución de bienes
privativos de uno de los cónyuges, ha de prevalecer su condición comunitaria, y su importe debe ser incluido en el
activo de la sociedad (AP Madrid, 5-10-01, EDJ 44506).
3) La renuncia al derecho de suscripción preferente de acciones, sea considerado como un acto de disposición o
como un acto de administración, no necesita el consentimiento del otro cónyuge porque expresamente lo autoriza
el CC art.1386, con independencia de que sea a título gratuito u oneroso. Otra cosa distinta es la responsabilidad
del cónyuge frente a la sociedad por el acto de administración o disposición ejecutado en perjuicio de ella o en
fraude de sus derechos (AP Murcia 19-10-04).
Este precepto permite disponer del rendimiento de los bienes privativos que son de naturaleza ganancial.
La razón igualmente es facilitar la administración de los bienes propios y las relaciones de los cónyuges
frente a terceros en la administración de los mismos. En tal sentido, el cónyuge titular puede emplear el
importe de las rentas de un inmueble de su propiedad en la adquisición de otros bienes o en las mejoras o
reparaciones de dichos bienes, que también son a cargo de la sociedad de gananciales. Cualquier otra
disposición genera derecho de reintegro a la sociedad.
El cónyuge titular también puede disponer del producto de sus bienes privativos, por ejemplo, la venta de
una cosecha, a fin de facilitar el normal funcionamiento de los negocios privativos, respetando siempre las
cautelas mencionadas anteriormente.
711
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Uno de los cónyuges puede disponer sin consentimiento del otro, pero con su conocimiento, del dinero
necesario para el ejercicio de su profesión o para la administración ordinaria de sus bienes.
Se llama anticipo , término nada acertado, ya que el anticipo daría derecho a devolución de lo tomado a
cuenta, y sin embargo si el numerario ganancial es para la administración de los bienes propios o para el
ejercicio de la profesión u oficio, no procede su devolución, ya que dichos gastos son de cargo de la
sociedad de gananciales. Para que pueda tomarse dinero a cuenta, lo que debería llamarse más
correctamente, provisión de fondos, entiende la jurisprudencia que dicha disposición no puede exceder de
lo necesario para la administración de los bienes privativos, y debe ser acorde a los usos y circunstancias
de la familia.
713 Gastos urgentes de carácter necesario
(CC art.1386)
Este precepto faculta al cónyuge para la realización de dichos gastos, aun cuando los mismos sean
extraordinarios.
Cuando el código habla de gastos necesarios, se está refiriendo a cargas del matrimonio, a fin de evitar
peligro en la persona o bienes de los cónyuges o hijos.
Parece que en principio se refiere a disposiciones de dinero para la realización de estos gastos, aunque
también a la posibilidad de obligar a la sociedad de gananciales para responder sobre créditos solicitados
por un cónyuge para la asunción del pago de los gastos que se produzcan en el sostenimiento de las cargas
de la familia.
Precisiones
1) Un préstamo solicitado por uno solo de los cónyuges para atender los gastos de la enfermedad grave de una
hija en el extranjero, revestía los caracteres de urgencia y necesidad, aunque fuera extraordinario, que autorizaba
su realización con el solo consentimiento de uno de los cónyuges (AP Valladolid 3-6-04).
2) La cantidad dispuesta por la esposa por importe de 21.050 euros que la misma justifica para atender al
mantenimiento de la vivienda y funcionamiento normal de la familia, no tiene carácter de gasto urgente y
necesario en función de los usos y circunstancias normales de la unidad familiar, por lo que para su disposición se
necesitaba el consentimiento de ambos cónyuges. Al no haberlo obtenido, dicha suma ha de incluirse en el activo
como derecho de crédito de la sociedad de gananciales frente a la esposa (AP Salamanca 31-1-19, EDJ 513603).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
- por un lado, la competencia corresponde al juzgado de primera instancia del lugar donde esté o haya
estado el último domicilio común;
- no es preceptiva la intervención abogado y procurador salvo que se ventilen intereses económicos
superiores a 6.000 euros;
- pueden establecerse cautelas o limitaciones al cónyuge a quien se le autorice a realizar el acto de
administración o disposición; y,
- por último, será preceptiva la intervención del Ministerio Fiscal cuando haya intereses de menores o
personas con discapacidad con medidas de apoyo para el ejercicio de su capacidad jurídica que puedan
verse afectados.
Formularios | 1
1. Escrito promoviendo expediente de jurisdicción voluntaria en solicitud de intervención judicial para la realización de
un acto de administración o de disposición onerosa sobre bien ganancial por hallarse el otro cónyuge impedido para
prestar su consentimi
Para que un menor de edad pueda gravar o enajenar bienes inmuebles, establecimientos mercantiles u
otros bienes de considerable valor, basta el consentimiento de ambos cónyuges, si uno de ellos es mayor
de edad.
En el supuesto de que ambos cónyuges sean menores de edad, se precisa el consentimiento de los
progenitores o defensor judicial de uno y otro.
Cada cónyuge puede disponer, sin consentimiento del otro de la mitad de los bienes gananciales, aunque
no puede concretarse sobre bienes concretos hasta que no se proceda a la liquidación de la sociedad de
gananciales y se atribuya a cada cónyuge los bienes que le puedan corresponder, teniendo en cuenta que
cada cónyuge no tiene una mitad indivisa de bienes determinados, sino una cuota ideal.
Si se realiza legado de un bien concreto, solo tiene validez si al producirse la liquidación de la sociedad de
gananciales tras la muerte del cónyuge testador, dicho bien se adjudica en su haber ganancial. En el
supuesto de que no sea así, el legatario tiene derecho al valor que tuviere el bien al tiempo de
fallecimiento.
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Si un cónyuge realiza una serie de actos a título oneroso, para los que se requiere la administración o
disposición conjunta, sin consentimiento del otro, dichos actos pueden ser anulados por el otro cónyuge o
sus herederos.
Se trata de actos anulables, no nulos de pleno Derecho, pues pueden ser confirmados de forma expresa o
tácita por el otro cónyuge.
La acción caduca a los 4 años (CC art.1301 redacc L 8/2021), transcurridos los cuales, si no se ha
ejercitado, la venta es plenamente válida y vinculante para ambos cónyuges y para los compradores.
Solo puede ejercitar la acción de anulabilidad el cónyuge que no prestó el consentimiento, no los
adquirentes, ni el cónyuge vendedor. El procedimiento para su sustanciación es el de juicio declarativo
que corresponda por la cuantía.
La sanción legal es menor al tratarse de actos que, de alguna manera, revierten un beneficio a la sociedad,
toda vez que la misma obtiene el producto de la venta o ve incrementado su patrimonio como
consecuencia de su administración onerosa.
Solo podrá el cónyuge realizar actos de disposición a título oneroso, si falta el consentimiento del otro
cónyuge, por estar imposibilitado para prestarlo, acudiendo a la correspondiente autorización judicial a
través del proceso previsto en L 15/2015 art.90.c redacc L 8/2021, sin que sea necesario que previamente
tenga la representación legal del mismo por estar en situación de discapacidad. Dicho supuesto solo
permite que se trate de un acto puntual o extraordinario. Cuando se trate de un impedimento de carácter
definitivo, debe instarse previamente el procedimiento correspondiente para la provisión de las medidas
de apoyo necesarias para el ejercicio de su capacidad jurídica. La autoridad judicial no puede suplir con
carácter general su voluntad (AP Bizkaia 12-12-19, EDJ 841324).
El consentimiento puede ser expreso o tácito, teniendo validez el prestado con posterioridad a la
realización del negocio jurídico, lo que puede deducirse, después de realizado el acto, al no manifestar una
oposición expresa al mismo. Esta actuación, en algunos casos, puede ser equivalente a su consentimiento
tácito (AP Salamanca 10-6-18, EDJ 562127).
729
Precisiones
1) Existe una consolidada doctrina jurisprudencial que en aras a la protección del tercero de buena fe que
contrata con uno de los cónyuges, viene entendiendo que el consentimiento puede ser expreso o tácito , anterior
o posterior al negocio jurídico, y puede ser deducido de las circunstancias que concurran en cada caso, debiendo
considerarse el silencio, la pasividad y la ausencia de fraude o perjuicio por el otro cónyuge, como indicios
reveladores del consentimiento matrimonial (TS 6-12-86; 22-12-93, EDJ 11807; 30-6-95, EDJ 24219; 21-11-00;
2-7-03, EDJ 49251; 15-7-03; 15-1-08).
Sin embargo, hay otras sentencias del mismo Tribunal que establecen que no es suficiente el simple conocimiento
y requieren la acreditación de un verdadero consentimiento de ambos cónyuges para la validez de los actos de
disposición a título oneroso sobre bienes gananciales, pues así lo exige el CC art.1377 (TS 28-3-98). Siguiendo esta
doctrina la jurisprudencia de las audiencias provinciales también han estimado la anulación del contrato cuando
de los hechos acaecidos no puede deducirse probado el consentimiento del otro cónyuge (AP Jaén 2-11-04; AP
Ciudad Real 25-4-07; AP Murcia 14-9-07).
2) Respecto al arrendamiento con opción de compra de bien ganancial por uno solo de los cónyuges, al tratarse
de un negocio que compromete el futuro de un bien inmueble propiedad de la sociedad de gananciales, nos
encontramos dentro del principio de la cogestión, establecida en el CC art.1375, y, por consiguiente, no basta para
la plena validez del contrato la actuación de uno solo de los cónyuges, sino que se precisa también el
consentimiento del otro. Por ello, el cónyuge que no lo prestó puede instar la acción de anulabilidad en el término
de 4 años. Tal acción se ejercitaría, no solo por la posibilidad de opción a la compra que se le permite al
arrendatario, sino también por dejar a su voluntad la posibilidad de alargar la duración del contrato más allá de los
límites razonable, lo que viene a ser igualmente una limitación al derecho de propiedad sobre el bien, para el que
se precisa el consentimiento de ambos cónyuges (TS 14-11-00, EDJ 41062).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
3) Si se trata de aval bancario prestado por uno solo de los cónyuges, se entiende que el matrimonio no limita la
capacidad jurídica que tienen los esposos para obligarse individualmente frente a terceros. Por ello, los contratos
realizados por uno de ellos, mediante los que se obligue a prestar una obligación dineraria, son válidos. Otra cosa
es que, cuando dichas obligaciones pretendan ejecutarse por el acreedor sobre bienes gananciales, tenga el otro
cónyuge la facultad de oponerse ejercitando la posibilidad que al efecto le ofrece el CC art.1373 (TS 30-9-99, EDJ
28213; 10-12-90, EDJ 11231).
4) En los arrendamientos sobre bienes gananciales tiene establecida la doctrina del Tribunal Supremo que tanto
el CC art.1377 cuando se refiere a actos de disposición a título oneroso, como el CC art.1384 en su alusión a actos
de administración, contemplan conceptos económicos, más que aspectos de pura técnica jurídica, por lo que han
de considerarse actos de disposición sobre bienes gananciales los que afectan gravemente, con carácter duradero
o extraordinario, al aprovechamiento de los mismos, de manera que el arrendamiento de larga duración realizado
por un cónyuge de edad avanzada hecho sobre bienes gananciales, ha de estimarse, a efectos del CC art.1322,
como acto de disposición, prescindiendo incluso de su íntima conexión con la opción de compra, de la que no se
puede desarticular (TS 7-3-96).
5) La constitución de una hipoteca constante la sociedad de gananciales sobre la vivienda donde se haya ubicado
el domicilio familiar, aun cuando el bien inmueble sea privativo de uno de los cónyuges, es un acto de disposición
para el que se requiere el consentimiento de ambos cónyuges, y si la entidad bancaria no cumplió tal requisito,
actúa con negligencia y es condenada a resarcir al otro cónyuge por los daños y perjuicios causados (TS 6-5-09).
Son nulos los actos de disposición o administración que realice un cónyuge sin el consentimiento del otro
a título gratuito. La liberalidad de un cónyuge de bienes de la sociedad de gananciales precisa en todo caso
el consentimiento del otro cónyuge, y la acción para su declaración no prescribe.
La razón de la diferencia entre este supuesto y los actos a título oneroso es la protección de terceros. Si el
tercero ha pagado un precio, el acto es anulable, pues le perjudica. Si no ha pagado, se supone que no le
perjudica y, por ello, la acción es nula de pleno derecho. Se excepcionan las liberalidades de uso. Son
regalos de costumbre, y si son válidas.
Precisiones
1) Para que la donación sea válida si no ha mediado el consentimiento del otro cónyuge, el bien ha de ser
propiedad privativa del donante, y para llegar a la conclusión de que el bien es de la propiedad privativa del
esposo, hay que acreditarlo mediante prueba, que ha de ser cumplida y satisfactoria, sin que basten los meros
indicios o las simples conjeturas (TS 20-6-95, EDJ 3609; 24-2-00, EDJ 994; 23-1-03, EDJ 598).
2) Las donaciones entre cónyuges de bienes inmuebles precisan de escritura pública (CC art.633) por lo que al no
haberse aprobado el convenio regulador donde se estableció, la donación carece de validez y el bien continúa
siendo propiedad de la sociedad de gananciales (AP Madrid 3-12-08).
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3. Legitimación procesal
(CC art.1385)
740 Ambos cónyuges por separado están legitimados para la defensa de los bienes y derechos comunes, por
acción o excepción. Esta legitimación puede ser para defensa en juicio o fuera de él.
744
Precisiones
1) A pesar del criterio mayoritario expuesto con respecto al contrato de arrendamiento , continúan existiendo
resoluciones que entienden que ambos cónyuges, incluso constante el matrimonio y la convivencia conyugal,
deben ser parte en el proceso de resolución del contrato de arrendamiento del domicilio familiar, invocando al
efecto la jurisprudencia del Tribunal Supremo que indica que con el litisconsorcio pasivo necesario se preserva el
principio de audiencia, se proscribe la indefensión y se respeta el principio de tutela judicial efectiva, máxime
cuando para disponer sobre la vivienda familiar se exige el consentimiento de ambos cónyuges -CC art.1320- (AP
Cuenca 10-11-97).
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2) Cuando se trata de acciones reales contradictorias, limitativas o bien tuitivas del dominio de los bienes de
naturaleza ganancial, deberá dirigirse la demanda contra ambos cónyuges, de tal manera que el ejercicio frente a
uno solo de ellos, con exclusión del otro, determina el surgimiento de la excepción de litisconsorcio pasivo
necesario. El litisconsorcio se convierte en necesario y obliga a completar adecuadamente la relación procesal,
cuando por no tener el demandado el poder jurídico reconocido por la ley que le habilita para ello, no se le puede
condenar a realizar actos o prestaciones fuera de su disponibilidad. Si bien el CC art.1385 autoriza a cualquiera de
los cónyuges a ejercitar la defensa de los bienes comunes, esta facultad no es de interpretación extensiva y
absoluta respecto a cada cónyuge individualizado, para soportar exclusivamente las consecuencias de una acción,
sobre todo cuando su resultado es negativo (TS 13-9-07; 11-4-03).
3) El hecho de que en un contrato de préstamo y reconocimiento de deuda , figuren los datos de la esposa como
parte también contratante no determina que exista litisconsorcio pasivo necesario, pues la misma no intervino en
el contrato pese a que, inicialmente, así hubiera estado previsto, siendo así que quienes resultan por él vinculados
son la parte actora y el esposo demandado. El hecho de que la deuda contraída por el cónyuge demandado pudiera
ser de carácter ganancial, no obsta a la correcta constitución de la relación jurídico-procesal, siendo reiterada la
doctrina jurisprudencial que establece que, en relación con el ejercicio de acciones personales derivadas de
contrato, cuando se postula la eficacia o ineficacia de una relación negocial basta dirigir la pretensión contra el
cónyuge que haya sido parte en el contrato, sin que sea preciso demandar, también, al otro cónyuge que no
intervino en el mismo (TS 26-11-96; 9-4-99; AP Bizkaia 5-12-08).
4) Debe hacerse distinción entre el ejercicio de acciones reales contradictorias o limitativas del dominio que
afecten a bienes gananciales, en cuyo caso han de ser demandados los dos cónyuges (TS 6-6-88; 22-7-91; 18-3-93;
23-2-94) de aquellas otras personales relativas al nacimiento, existencia, vicisitudes, extinción o nulidad de un
negocio jurídico o de cualquiera de las obligaciones que nazcan del mismo, en cuyo caso solo debe atenerse a las
personas que han intervenido en el negocio jurídico controvertido, con independencia de la influencia o efecto
indirecto o reflejo que el resultado del litigio produzca en la sociedad ganancial (TS 20-3-89; 18-12-89; 25-1-90;
24-10-90; 19-3-01; AP A Coruña 21-1-11).
5) No se estima el litisconsorcio pasivo necesario, pues no se precisaba demandar a la esposa, toda vez que lo que
se insta es una acción de responsabilidad contra el esposo derivada de un inadecuado cumplimiento de sus
obligaciones como administrador de una mercantil, ejercitando la acción de responsabilidad contra el mismo, por
lo que él es el único que debe ser demandado, no extendiéndose tal situación a la cónyuge del mismo, a quien de
acuerdo con el art.144 tan solo se le notifica el procedimiento y el embargo, a fin de poder ejercitar los derechos
que el precepto le concede, pero ello no la convierte en parte del litigio (AP Madrid 30-10-17, EDJ 306058).
C. Calificación de bienes
750 Para poder determinar, a la hora de proceder a su liquidación, cuáles son los bienes que componen la
sociedad de gananciales y elaborar correctamente el activo y el pasivo de la misma, es preciso analizar, en
primer lugar, qué bienes son privativos de cada cónyuge (nº 755 s.) y cuáles tienen el carácter de
gananciales (nº 830 s.).
Precisiones
El Tribunal Supremo ha revisado su doctrina sobre el carácter de los inmuebles adquiridos con fondos privativos
para la sociedad de gananciales, declarando lo siguiente (TS 27-5-19, EDJ 590632):
• Los bienes adquiridos conjuntamente por los esposos cuando consta en ambos la voluntad de atribuir carácter
ganancial a los mismos, son gananciales. Si se prueba el empleo de fondos privativos, quien los aporta tiene
derecho a su reintegro actualizado.
• Los bienes adquiridos por un cónyuge exclusivamente, declarando hacerlo para la sociedad de gananciales, no
obsta su carácter privativo si hay prueba de que el dinero empleado tiene dicho carácter.
755
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Se realiza una exhaustiva enumeración de distintos bienes que tienen naturaleza privativa, constante la
sociedad de gananciales . Sin embargo, no contiene todos los supuestos de bienes de dicho carácter,
existiendo otras calificaciones de bienes en otros preceptos del Código Civil que no se encuentran dentro
de los enumerados:
- bienes, animales y derechos que le pertenecieran al comenzar la sociedad;
- bienes adquiridos después por título gratuito;
- bienes adquiridos a costa o en sustitución de bienes privativos;
- bienes adquiridos por derecho de retracto perteneciente a uno solo de los cónyuges;
- bienes y derechos patrimoniales inherentes a la persona;
- derechos no transmisibles inter vivos;
- resarcimiento de daños inferidos a la persona de uno de los cónyuges;
- resarcimiento de daños causados a los bienes privativos;
- ropas y objetos de uso personal que no sean de extraordinario valor;
- instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio;
- derechos de crédito privativos;
- acciones participaciones suscritas con bienes privativos;
- bienes adquiridos por precio aplazado cuyo primer desembolso tuviera carácter privativo;
- bienes comprados a plazo por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad;
- edificaciones, plantaciones y mejoras sobre bienes privativos;
- incrementos patrimoniales incorporados a una explotación, establecimiento mercantil y otro género de
empresa de carácter privativo;
- donaciones por razón de matrimonio.
Formularios | 1
1. Documento privado por el que se efectúa la aportación de bien privativo de uno de los cónyuges a la sociedad legal
de gananciales
Estos son los bienes que ya se poseían al contraer matrimonio o antes de comenzar el régimen de
sociedad de gananciales, es decir, los adquiridos en estado de solteros o en régimen de separación de
bienes y que no se hayan donado a la sociedad.
Precisiones
Aunque el precepto no genera en sí mismo dificultad de interpretación alguna, en la práctica, sobre todo con la
adquisición de bienes inmuebles comprados en contrato privado antes de la sociedad de gananciales y
escriturados con posterioridad a la misma, surgen diferentes criterios de valoración de la prueba, en virtud de la
aplicación de la presunción de atribución de ganancialidad -CC art.1355- (AP Madrid 13-11-06). La mayoría de la
doctrina consolida la consideración del carácter privativo del inmueble, al constar que el mismo se adquirió y
pagó en su integridad por uno de los cónyuges antes de contraer matrimonio, entendiendo que el hecho de
otorgarse la escritura pública constante la sociedad de gananciales e incluso el hacerse constar en la misma el
carácter ganancial del bien, no desvirtúa que la adquisición se hizo antes de contraerse el matrimonio por uno de
los cónyuges (AP Cádiz 22-1-07; AP Ciudad Real 28-12-07). Tal interpretación se corresponde con la doctrina
establecida respecto de la titularidad formal de los bienes (la que consta en escritura pública) y la real. Una cosa
es la veracidad de lo declarado en escritura pública, y otra cosa es la veracidad de lo declarado que no está
amparado por la fe pública, siendo necesario investigar la procedencia de los fondos con los que se hizo efectiva la
compraventa para determinar la titularidad (TS 24-1-95; 12-11-97).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Se incluyen entre estos bienes las donaciones y los bienes dejados en testamento.
Las donaciones efectuadas a uno de los cónyuges, bien inter vivos o por testamento son privativas,
siempre y cuando se haya dispuesto así expresamente. De lo contrario, rige la presunción de ganancialidad
de las donaciones efectuadas al matrimonio, salvo disposición expresa del donante (CC art.1339; nº 650).
Precisiones
1) Los muebles y enseres comprados por los padres de uno de los cónyuges y llevados al domicilio familiar se
reputan donados a ambos cónyuges y por tanto tienen carácter ganancial, ya que no existe duda de que ambos
disfrutaron por igual los muebles durante el matrimonio (AP Cáceres 16-6-05).
2) En cuanto a la donación de dinero, si se acredita que se donó a uno solo de los cónyuges, el bien es privativo. En
este sentido se entendió que una donación hecha por un padre a su hija no puede interpretarse que haya de
entenderse hecha también a su esposo (TS 10-10-00, EDJ 37066). Téngase en cuenta lo que se expone sobre las
donaciones de los padres en nº 658.
3) El animus donandino se presume, por lo que, si los donantes lo reclaman, y constando acreditado que los padres
de uno hicieron transferencias a la cuenta bancaria de los dos cónyuges, procede incluir en el pasivo de la sociedad
una deuda por el valor de las mismas, que deberá ser devuelta por la sociedad de gananciales.
4) Por la venta de una finca rústica donada al esposo por sus padres, cuyo dinero fue ingresado en la cuenta
común, tiene este un derecho de crédito frente a la sociedad conyugal (AP León 1-12-16, EDJ 238183).
5) Se excluye del inventario el dinero donado por la madre de la esposa, aunque su ingreso se hiciera en la cuenta
común por no tener la hija una cuenta propia. La propia donante reconoce que su intención no fue donarlo a
ambos cónyuges y si el dinero se ha gastado en la atención de las cargas propias de la sociedad de gananciales,
habría un derecho de crédito de la esposa frente a esta (AP Asturias 9-3-20, EDJ 537626).
En este apartado se comprenden los bienes adquiridos por uno de los cónyuges con dinero obtenido por la
venta de un bien privativo, recogiendo el principio de subrogación real.
En este sentido, se considera privativo, por ejemplo, el mobiliario adquirido en el matrimonio para
sustituir al mobiliario de uno de los cónyuges que se haya deteriorado por su uso.
Precisiones
1) Para determinar la naturaleza privativa o ganancial de una indemnización percibida por renuncia a contrato
de arrendamiento por subrogación, en primer lugar, ha de establecerse el carácter del derecho dimanante de la
subrogación del contrato de arrendamiento en el que se ha establecido el domicilio familiar. Si uno de los cónyuges
se había subrogado en el contrato por razón del fallecimiento de sus progenitores, tal derecho, por imperativo
legal solo pertenecía a este, pues era el único que podía continuar ocupando la vivienda, por lo que tal derecho
sería de carácter privativo y, en consecuencia, privativa será la indemnización que perciba por la renuncia al
contrato de arrendamiento (TS 29-9-97, EDJ 6816).
2) Se atribuye carácter privativo del bien por aplicación del principio de subrogación real en un caso en el que el
marido tenía un vehículo antes de casarse y al ser vendido, el dinero se destinó a la adquisición de una moto -CC
art.1346.3º- (AP Sta. Cruz de Tenerife 30-3-02, EDJ 126386).
3) Se consideran privativos de la esposa y adquiridos con el dinero procedente de la venta de fincas heredadas
por la misma, los apartamentos comprados por el marido, que, por su parte, no ha acreditado la existencia de
dinero propio para su adquisición. Y ello en aplicación de lo previsto en el CC art.1343.3 (TS 24-1-08).
4) Se considera privativo el automóvil comprado por un cónyuge con el dinero obtenido por una indemnización
concedida por una incapacidad y secuelas, que según el CC art.1346.5 tiene naturaleza privativa (AP A Coruña 30-
9-11).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Esta figura, generalmente aplicable al retracto entre herederos, comuneros o colindantes (CC art.1067,
1522 y 1523), así como a los arrendamientos de vivienda o locales de negocio (LAU art.25 y 31), puede ser
ejercitada por uno de los cónyuges, por corresponderle el derecho al haberlo adquirido con anterioridad a
la sociedad de gananciales.
Es preciso destacar que, aunque la adquisición del derecho de retracto se haya hecho con fondos
comunes, no por ello, el derecho pierde su carácter privativo, sino que la sociedad será acreedora del
cónyuge propietario por el valor satisfecho (AP Asturias 21-2-05).
En este supuesto parece existir una contradicción entre bienes y derechos inherentes a la persona y el
carácter patrimonial de los mismos, ya que parecería que, si dichos bienes y derechos son inherentes a la
personalidad, no podrían tener carácter patrimonial. Sin embargo, la doctrina (Díez-Picazo y Gullón,
Lasarte) ha señalado que no se trata de derechos de la personalidad, sino del contenido patrimonial de los
mismos. Como tales bienes cabría entender:
1. Los derechos sobre la propiedad intelectual : si bien el derecho de autor en sí mismo no tiene carácter
patrimonial y pertenece al ámbito de los derechos inherentes a la persona, los rendimientos patrimoniales
de dicho derecho, tendrían carácter ganancial y no privativo por lo que habría que concluir que, en
definitiva, en el precepto sobraría el término patrimonial. El derecho de autor es transmisible y es de
carácter privativo, pudiendo decidir su titular sobre la edición de sus obras, sin embargo, una vez que ese
derecho genera ingresos económicos, estos serían gananciales (CC art.1347; nº 832). En definitiva, el
criterio sería atribuirles el carácter de privativos mientras no produzcan un beneficio económico, pero
considerando que pudieran llegar a producirlo y de ahí su carácter de derechos patrimoniales.
2. El derecho de alimentos: también tiene el carácter de derecho patrimonial inherente a la persona, el
derecho de alimentos, que es intransmisible (CC art.151).
Precisiones
1) Se entiende que los derechos de explotación musicales durante la vigencia de la sociedad de gananciales son
de este carácter, con independencia de que el derecho de autor de las obras musicales sean propiedad privativa
del cónyuge creador, que una vez disuelta la sociedad, percibirá en exclusiva lo devengado por su obra (AP
Alicante 13-2-06).
2) Los derechos de autor de los cuadros pintados por la esposa tienen carácter privativo, siendo gananciales los
rendimientos obtenidos por ellos durante la vigencia del régimen económico matrimonial (AP Málaga 17-1-06; AP
Pontevedra 28-5-19, EDJ 631122).
3) Dos cuadros pintados por la esposa, al ser creación original suya, constituyen bienes privativos y no se han de
incluir en el activo de la sociedad ganancial (AP Lugo 3-3-09, EDJ 46399).
4) No se consideran obra artística los muebles de cocina diseñados y fabricados por el esposo, por lo que se han
de incluir en el activo de la sociedad de gananciales (AP A Coruña 30-11-12, Rec 374/12).
Dentro del análisis de los mismos vuelve a suscitarse la discusión sobre su carácter patrimonial. Cabría
entender que están incluidos aquí:
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Formularios | 1
769
Precisiones
1) Por lo que se refiere a las pensiones de jubilación , es doctrina consolidada que las generadas después de la
disolución de la sociedad de gananciales son un bien de naturaleza privativa. No pierde este carácter por el hecho
de que la misma surja de la cotización a la Seguridad Social durante el tiempo legal, aunque esta cotización se
realiza con dinero ganancial. La pensión de jubilación corresponde exclusivamente al cónyuge que la generó con
su actividad laboral, y su nacimiento y su extinción dependen de vicisitudes estrictamente personales del mismo -
el hecho de su jubilación, en cuanto al primero, y el de su eventual fallecimiento, en cuanto al segundo- (TS 20-12-
04, EDJ 225026; 20-12-03, EDJ 186191; AP Madrid 12-12-11, EDJ 314676).
2) Las pensiones de jubilación percibidas constante la vigencia de la sociedad de gananciales se entienden
consumidas en atención a la familia y tiene carácter ganancial al ser ingresos equivalentes a los ingresos de trabajo
o salarios (AP Madrid 14-11-14, Rec 149/14).
3) Sobre la naturaleza jurídica de los planes de pensiones es indispensable considerar la doctrina del Tribunal
Supremo que analiza la diferencia existente entre estos y los salarios : La primera nota que distingue los planes de
pensiones de los salarios está en que, si bien se trata de una prestación económica a favor del trabajador, no
produce un incremento de su patrimonio, sino que pasan a formar parte de un fondo de pensiones gestionado por
un tercero, de tal manera que los partícipes no tienen ningún control sobre las cantidades integradas en dicho
fondo, destacando que solo pueden obtenerse los beneficios del plan si se cumplen los condicionantes previstos,
como es la jubilación del participe, invalidez, etc., y mientras estas contingencias no se produzcan no tienen
derecho a obtener cantidad alguna. Pero, además, sobre los planes de pensiones del Sistema Nacional de Empleo
no hechos aún efectivos en el momento de la disolución de la sociedad de gananciales, añade que, al ser el
promotor, quien efectúa la totalidad de las aportaciones, estas no tienen carácter de aportaciones salariales, por lo
que todo el plan y el dinero aportado, tienen naturaleza de bien privativo (TS 27-2-07, EDJ 13381; AP Madrid 14-
9-11; 30-9-14, EDJ 211160).
4) No pueden incluirse las partidas del plan de pensiones del esposo dentro del activo, por cuanto se trata de
aportaciones realizadas por dos empresas en las que ha trabajado, no habiéndose por tanto ingresado dinero de
carácter ganancial, pues, si bien se realizan a favor del trabajador, no producen un incremento de su patrimonio,
pasando a formar parte de un fondo de pensiones gestionado por un tercero. El cónyuge no tiene ningún control
sobre las cantidades integradas en dicho fondo (TS 3-7-19, EDJ 638990).
5) Con carácter general, los planes de pensiones tienen carácter privativo si su cobro se produce una vez disuelta
771
la sociedad de gananciales. Sin embargo, gozan de carácter ganancial y han de incluirse en el activo de la misma,
las aportaciones realizadas durante su vigencia, con la consiguiente revalorización del dinero aportado, que se
calculará a la fecha de la disolución. De conformidad con el RDLeg 1/2002 art.1, los planes de pensiones definen el
derecho de las personas a cuyo favor se constituyen a percibir rentas o capitales por jubilación, supervivencia,
viudedad, orfandad o invalidez. En definitiva, el fundamento de los mismos es el de proveer, mediante el actual
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ahorro o inversión, a la cobertura de las necesidades futuras de su beneficiario, en cualquiera de las coyunturas
antedichas, pudiendo establecerse ya en favor del propio partícipe del plan ya en pro de un tercero. Por ello, tal
partida patrimonial no tiene carácter ganancial, y sí privativo, de conformidad con lo prevenido en el CC
art.1346.5º y 1349. Por ello, ni el plan mismo, ni el valor de los derechos consolidados pueden ser incluidos en el
activo ganancial, todo ello sin perjuicio de los correspondientes reintegros por las aportaciones dinerarias
realizadas con dinero ganancial. Por ello, con independencia de la naturaleza privativa del plan de pensiones, las
aportaciones efectuadas durante la vigencia del matrimonio deben ser reintegradas al activo de la sociedad de
gananciales, siendo de aplicación lo previsto en el CC art.1397.3º, según el cual ha de incluirse en el activo de la
sociedad el importe actualizado de las cantidades pagadas por aquella que fueran de cargo solo de un cónyuge (AP
Madrid 29-1-10; AP A Coruña 11-11-19, EDJ 784236).
6) No se puede incluir en el activo el plan de pensiones al ser de aplicación la reiterada doctrina jurisprudencial
que considera que tanto los fondos de pensiones como los seguros de vida son privativos de su titular, al resultar
de aplicación el CC art.1346.5, que reputa privativos los bienes y derechos patrimoniales inherentes a la persona y
los no transmisibles inter vivos. La sociedad de gananciales será acreedora y gozará de un derecho de reembolso,
de las cantidades o aportaciones efectuadas, ya sea al seguro, ya sea al fondo, durante la vigencia de la misma,
conclusión que encuentra justificación en lo dispuesto en el CC art.1358 y 1397 (AP Valencia 5-9-11).
7) Los derechos consolidados del Plan de pensiones de empleados de Telefónica, aunque se reitera por la doctrina
jurisprudencial, que los planes de pensiones vinculados a una persona concreta, deben ser considerados de
carácter privativo del cónyuge titular, también lo es que las aportaciones efectuadas al plan de pensiones por la
empresa empleadora durante la vigencia de la sociedad de gananciales, habrán de incluirse en el activo de la
sociedad al haberse realizado en atención a ser empleado de la citada entidad, formando parte de la retribución
salarial y teniendo, por tanto, carácter ganancial de acuerdo con el CC art.1347.1 (AP Sevilla 18-1-11).
8) Al no existir prueba de que las aportaciones al plan de pensiones se hayan detraído de la nómina del esposo, y
siguiendo la jurisprudencia del Tribunal Supremo, se considera bien privativo del mismo, máxime cuando la
finalidad principal del contratante tenía la función de completar sus pensiones de jubilación (AP Valladolid 2-11-
16, EDJ 212548). Igual argumento se sigue cuando el plan de pensiones es de los denominados de empleo, cuyas
aportaciones se abonan exclusivamente por la empresa y no por el cónyuge (AP Granada 20-5-16, EDJ 126250).
9) La finalidad principal de los planes de pensiones es la completar otro tipo de prestaciones, como por ejemplo las
pensiones de jubilación, teniendo en consideración que corresponde al ámbito privativo y personal del cónyuge
que tiene derecho a dicha retribución o pensión, de manera que su nacimiento y su extinción dependen,
exclusivamente y de modo estricto, de vicisitudes personales del titular del plan de pensiones. Es un derecho
personal del trabajador y, por tanto, no le es de aplicación el CC art.1358 (AP Madrid 16-10-15, EDJ 210763).
10) Aunque no se discuta la naturaleza privativa del plan de pensiones, si los cónyuges, dentro de su libertad de
pactos, acordaron que el dinero percibido por el esposo se repartiera por partes iguales al producirse la
liquidación de la sociedad, ha de respetarse y el plan se incluirá en la partición de la sociedad de gananciales (TS 6-
6-19, EDJ 619768).
Las aportaciones realizadas, tanto por el cónyuge como por la empresa empleadora, siempre que, en este
último caso, sea computada como salario, han de reembolsarse a la sociedad de gananciales, aunque el
plan de pensiones no pierde por ello su carácter privativo.
Por ello, en el activo de la sociedad ha de incluirse un crédito a favor de la misma por el dinero ganancial
aportado al plan de pensiones del cónyuge titular.
Precisiones
1) Debe incluirse en el activo el derecho de la sociedad de gananciales a ser reembolsada por las aportaciones
hechas por un cónyuge durante la convivencia al plan de pensiones privativo del mismo. Se trata de un derecho de
crédito de la sociedad de gananciales que debe estar en su activo como establece el CC art.1397.3 (AP Barcelona
21-7-16, EDJ 166011; AP Zamora 13-12-19, EDJ 837795; AP Valencia 26-11-19, EDJ 825014).
2) No pueden incluirse en el activo de la sociedad de gananciales las aportaciones a los planes de pensiones
hechas por el empresario, pues los mismos tienen como finalidad complementar la pensión de jubilación, pero sí
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
han de incluirse las aportaciones hechas directamente por el cónyuge, que constituyen un derecho de reembolso
de la sociedad (AP Madrid 17-6-16, EDJ 139310).
3) Un plan mixto con aportaciones del trabajador y de la empresa sería un bien privativo del cónyuge titular y solo
las aportaciones realizadas por el trabajador de parte de su nómina forman un derecho de crédito a favor de la
comunidad ganancial. Pero sí ha de incluirse en el activo el importe actualizado de las aportaciones realizadas por
el trabajador al tiempo de la liquidación (AP Asturias 21-11-14, EDJ 266140).
4) Los planes de pensiones pueden ser de dos clases:
• Los del sistema de empleo, que se nutren exclusivamente de aportaciones del empresario y que, aunque se trata
de una prestación a favor del trabajador, no produce un incremento de su patrimonio, sino que está en un fondo
gestionado por un tercero sobre el que el cónyuge trabajador no tiene ningún control. Tienen naturaleza privativa
y, por tanto, no hay que incluir en forma alguna -ni el fondo ni el dinero aportado- en el inventario de la sociedad de
gananciales.
• Los sistemas de previsión complementarios, que aunque también se denominan «planes de pensiones», son
voluntarios y los concierta libremente el trabajador con la entidad aseguradora, para constituir un fondo de
ahorro e inversión que en su día complementarán la pensión de jubilación. Aunque estos planes son privativos,
sobre ellos existe un derecho de reembolso de la sociedad de gananciales que será acreedora por el dinero
aportado constante la existencia de la misma (AP La Rioja 23-4-19, EDJ 602644).
5) Debe incluirse en el activo de la sociedad de gananciales un derecho de crédito a favor de la misma y frente a la
esposa, por las cantidades aportadas desde la fecha de celebración del matrimonio hasta la de su disolución por
medio de la sentencia de divorcio, pero no la totalidad de las sumas aportadas a dicho plan (AP Alicante 13-11-19,
EDJ 831591; AP Madrid 24-7-19, EDJ 672795).
6) La cuestión es cómo hacer la valoración de las cantidades a incluir como derecho de crédito de la sociedad, ya
que existen distintas opiniones: una corriente entiende que se deben incluir exactamente las cuantías aportadas
actualizadas, y otra que lo que ha de incluirse es el valor actual al tiempo de la extinción o disolución del régimen a
efectos liquidativos de las participaciones del plan de pensiones -en su caso, con o sin reducción porcentual por las
peculiaridades y la edad del cónyuge titular-. Esta segunda solución es la que entiende más acertada una parte
importante de audiencias provinciales, así como autores como Rebolledo Varela. Debiendo considerarse que ha
de incluirse tanto el principal como sus intereses y las rentas y beneficios que este capital haya proporcionado (AP
A Coruña 11-11-19, EDJ 784236).
última actualización
Carácter ganancial de las aportaciones realizadas al plan de pensiones de uno de los cónyuges
(Actum 10/22, Octubre 2022)
Declara el TS que para desvirtuar la presunción de ganancialidad establecida en el CC art.1361 no basta una
prueba indiciaria, sino que es precisa una prueba expresa y cumplida, que incumbe a quien alega el carácter
privativo.
Recurrida la sentencia por el esposo ante la Audiencia Provincial, ésta estimó su recurso de
apelación, entendiendo que se trataba de un plan privativo de aquél, sin perjuicio de los
correspondientes reintegros por las aportaciones dinerarias gananciales que, en este caso, a
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
juicio de la AP, no procedían pues de la prueba documental aportada no se podía concluir que la
principal aportación al plan proviniera de dinero ganancial.
El TS estima el recurso, declarando que debe incluirse en el activo del inventario un crédito contra
el esposo por las aportaciones realizadas a su plan privativo de pensiones durante la vigencia del
régimen económico de gananciales.
La prueba del carácter privativo del dinero incumbe a quien lo alegue cuando se trate de una
cuestión controvertida entre las partes. Por tanto, en este caso no es la esposa quien debe probar
que las aportaciones se hicieron con dinero ganancial, sino que es el esposo quien ha de probar
que no se hicieron con dinero ganancial.
Se corresponde con cualquier indemnización que tenga por objeto la reparación de un daño causado en la
esfera privativa, por lo que también esta debe tener tal carácter. Entre tales indemnizaciones cabe
destacar las siguientes:
- por lesiones o daños;
- por despido.
Precisiones
El Tribunal Supremo incluyó en el pasivo de la sociedad de gananciales un crédito actualizado a favor de uno de los
cónyuges por el dinero privativo aportado en la adquisición de un inmueble ganancial sin efectuar reserva;
mientras que excluyó del inventario el saldo de la cuenta bancaria del matrimonio, al considerarlo procedente de
la indemnización privativa cobrada por el mismo cónyuge, habiendo sido los frutos de esta los que sufragaron las
cargas del matrimonio (TS 11-11-20, EDJ 715736).
última actualización
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El Tribunal Supremo recuerda su doctrina jurisprudencial que distingue, por un lado, entre el
derecho al trabajo, que es privativo y, por otro, el beneficio que se obtiene con el mismo que es
ganancial. Pero la finalidad de esta indemnización no es sustituir la pérdida de un derecho
privativo, como dice la sentencia recurrida, que permanece incólume tras el despido, sino una
compensación por el incumplimiento del contrato y por ello va a tener la misma consideración
que todas las demás ganancias derivadas del contrato, siempre que se hayan producido vigente la
sociedad de gananciales.
La fecha de la disolución del régimen económico es, por tanto, relevante a efectos de precisar si
el despido del que nace el derecho a la indemnización se produce durante la vigencia del régimen
de gananciales o cuando el régimen ya se ha extinguido.
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nombre de ambos cónyuges, fondos de inversión, valores, etc., sin atribución de cuotas, que haría
presumir que la voluntad del cónyuge fue atribuir carácter ganancial a un dinero originariamente
privativo, en aplicación de la presunción de ganancialidad -CC art.1355- (AP Burgos 12-6-03). Igualmente,
habiéndose ingresado el importe de la indemnización en una cuenta común, cabe presumir que efectuó un
acto de liberalidad que en el momento de la liquidación no da derecho de reembolso (AP Madrid 5-10-06).
Esta doctrina se ha ido matizando en el sentido de reconocer el derecho de reembolso al cónyuge que
percibió la indemnización por daños, aunque el dinero haya sido integrado durante años junto al dinero
ganancial, en aplicación de la doctrina del Tribunal Supremo que entiende que al haberse probado que el
dinero se confundió con el dinero ganancial y se dedicó al sostenimiento de las cargas y obligaciones de la
sociedad de gananciales, debe serle reintegrado al cónyuge con cargo al patrimonio común de acuerdo a lo
establecido en el CC art.1364 (TS 14-1-03, EDJ 143; AP Asturias 17-3-14, EDJ 40333).
Igualmente, se entienden dentro de las indemnizaciones por daños las percibidas por un cónyuge como
indemnización por el fallecimiento de sus padres o cualquier otro resarcimiento por el daño causado por
dicha pérdida, al considerar su carácter privativo en consonancia con lo preceptuado en CC art.1346.6.
Dicha indemnización, por la doctrina indicada en el párrafo anterior, no pierde el carácter privativo
porque el cónyuge haya ingresado el dinero en una cuenta común y destinado al pago de las cargas
familiares, sino que habrá de computarse al finalizar la sociedad, como un derecho de reintegro a costa del
caudal común en aplicación de lo dispuesto en el CC art.1364 (AP Ourense 31-7-14).
779
Precisiones
1) Del dinero retirado por el marido de las cuentas gananciales hay que descontar el importe percibido por un
accidente de tráfico, pues se trata de un resarcimiento de daños a su persona que tiene carácter privativo (AP A
Coruña 27-1-17, EDJ 21879).
2) Ha de incluirse en el pasivo de la sociedad de gananciales el importe del dinero percibido por un cónyuge en un
accidente de tráfico que se destinó al pago de la hipoteca de la vivienda familiar (AP Pontevedra 25-9-15, EDJ
181964; AP Asturias 5-6-15, EDJ 172678; AP Zamora 26-3-15, EDJ 53343).
3) El dinero percibido por el cónyuge como indemnización por un accidente de tráfico tiene carácter privativo,
aunque el accidente se produjera durante su actividad laboral, pues se considera un accidente común, según
doctrina del Tribunal Supremo (TS 14-1-03, EDJ 143). Es posible individualizar las cantidades que corresponden a
las secuelas físicas del accidente y distinguirlas de las percibidas en relación al resarcimiento por incapacidad para
el trabajo y gastos sanitarios y de otra índole ligada al accidente (AP A Coruña 29-6-12, EDJ 172473).
4) Ha de incluirse en el pasivo de la sociedad de gananciales el derecho de crédito de la esposa por el dinero
retenido por la entidad bancaria para el pago de la hipoteca familiar, proveniente de un seguro de vida percibido
al fallecimiento de su madre, al tratarse de un bien privativo de la misma generador de un derecho de reembolso
(AP Madrid 29-4-16, EDJ 101433).
5) Los gastos desembolsados como honorarios de abogado y procurador para obtener el reconocimiento del
derecho a la indemnización por daños que tiene carácter privativo, también tienen ese carácter, por tanto, del
dinero a reconocer a favor del cónyuge como derecho de reembolso habrá de descontarse el importe total
abonado por tales conceptos (TS 11-12-19, EDJ 755512).
Precisiones
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
1) Aunque la jurisprudencia del Tribunal Supremo (TS 29-5-01; 14-1-03) ha interpretado el contenido del CC
art.1346.6, considerando que toda indemnización que se fundamente en un resarcimiento de daños tiene acogida
en dicho precepto, siempre que se trate de reparar los perjuicios que se causaron, a su perceptor
fundamentalmente en su cuerpo, y ello hace que la reparación tenga naturaleza de bien propio y exclusivo de
quien la recibe, sin embargo, cuando la indemnización es de carácter económico o patrimonial basada en el
derecho al trabajo no tiene ese fundamento, y por ser una consecuencia económica y permanente de este alcanza
carácter ganancial, siempre que ingrese en el patrimonio conyugal durante la vigencia de la sociedad. Señala la
doctrina del Tribunal Supremo que existen dos elementos cuya concurrencia permite declarar que una
determinada prestación relacionada con los ingresos salariales, directos o indirectos, deba tener la naturaleza de
bien ganancial o, por el contrario, queda excluida de la sociedad y formará parte de los bienes privativos de quien
la percibió. Estos dos elementos son:
a) La fecha de percepción de estos emolumentos: si se adquirieron durante la sociedad de gananciales, tendrán
esta consideración, mientras que, si se adquieren con posterioridad a la fecha de la disolución, deben tener la
consideración de bienes privativos de quien los percibe.
b) Debe distinguirse entre el derecho a cobrar estas prestaciones que debe ser considerado como un
componente de los derechos de la personalidad y que, por esto mismo, no son bienes gananciales porque son
intransmisibles (TS 25-3-88; 22-12-99), mientras que los rendimientos de estos bienes devengados durante la
vigencia de la sociedad de gananciales, tendrán este carácter (TS 25-3-88; 18-6-08).
2) La doctrina anterior recoge el criterio del alto tribunal al analizar la naturaleza privativa o ganancial de un
seguro de invalidez contratado como complemento y consecuencia del contrato de trabajo, por ello tiene en él su
fundamento y queda excluida la indemnización de la esfera privativa del cónyuge perceptor. Basada en la
jurisprudencia anterior, alguna que otra Audiencia ha entendido que teniendo la indemnización inequívocamente
su origen en un accidente laboral y habiéndose percibido durante la vigencia de la sociedad de gananciales es
indudable que ostenta carácter ganancial (AP Ciudad Real 25-11-10).
3) No obstante, la jurisprudencia posterior y mayoritaria de las Audiencias Provinciales entiende de forma
pacífica que dicha indemnización es privativa , aplicando al efecto el mismo criterio que el Tribunal Supremo ha
establecido en relación con las indemnizaciones recibidas como consecuencia de accidentes de circulación, cuyo
fundamento es el mismo y, por tanto, perfectamente aplicable a las indemnizaciones percibidas por daños en
accidentes laborales, extrapolable al supuesto examinado (TS 14-1-03, EDJ 143). El objeto de la indemnización ,
con independencia de los conceptos que la integren, no es escindible ni discriminable, sino que todos se integran
en conjunto como indemnización debida por el accidente laboral que resarce un daño inferido a la persona, ya sea
por incapacidad transitoria, ya por incapacidad permanente (secuelas), de tal suerte que el importe íntegro de la
indemnización debe incluirse, como bien privativo, en el ámbito del CC art.1346.6 (AP Cáceres 16-6-17, EDJ
137062).
4) Se ha de incluir en el pasivo de la sociedad un crédito a favor del ex esposo, por el importe percibido por una
indemnización que percibió como consecuencia de un accidente laboral constante matrimonio, no concurriendo
error alguno en la valoración de la prueba pues ha quedado plenamente acreditado el importe y el origen de la
cantidad reclamada, así como que su destino fue una cuenta bancaria titularidad de ambos litigantes que se utilizó
para sufragar gastos familiares (AP Ávila 24-2-17, EDJ 32947).
5) Se debe afirmar el carácter privativo de la indemnización percibida por el esposo, puesto que la misma tiene su
origen en un accidente en el ejercicio de su actividad y su finalidad es sustituir un derecho personalísimo dañado,
cual es el de su integridad física y que tiene su encaje en lo previsto en el CC art.1346.6 (AP A Coruña 29-6-12,
EDJ 172473; AP Bizkaia 30-12-13, EDJ 294212).
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la indemnización tiene esta consideración, mientras que, si percibe con posterioridad a la fecha de la
disolución, debe tener la consideración de bien privativo de quien lo ha percibido (TS 26-6-07, EDJ
70141).
Se distingue entre el derecho a cobrar la indemnización , que debe ser considerado como un componente
de los derechos de la personalidad y que, por tanto, no es un bien ganancial al tratarse de un derecho
intransmisible (TS 25-3-88; 22-12-99, EDJ 39936), mientras que el rendimiento de estos derechos,
devengados durante la vigencia de la sociedad de gananciales, tiene carácter ganancial (TS 20-12-03, EDJ
186191).
En una sentencia posterior, el Tribunal Supremo ha matizado aún más esta doctrina, confirmando el
criterio sentado en la TS 26-6-07, EDJ 70141, aunque precisando que (Pérez Martín):
- por una parte, que lo determinante es que la indemnización se cause constante la sociedad de
gananciales, aunque se perciba con posterioridad (p.e. el despido se produce constante la sociedad de
gananciales, pero el cónyuge percibe la indemnización meses después de estar disuelta la misma por
sentencia de divorcio); y
- por otra, que ha de descontarse de la indemnización la parte proporcional que se corresponda con el
trabajo prestado por el cónyuge antes del inicio de la sociedad de gananciales, es decir, ha de tenerse en
cuenta en el cálculo de la concreta cantidad que tiene la naturaleza ganancial el porcentaje de la
indemnización que corresponde a los años trabajados durante el matrimonio, cantidad que se
determinará en ejecución de sentencia.
Por ello, a la vista de que la indemnización por despido se calcula sobre la base del número de años
trabajados, no deberían tener naturaleza ganancial las cantidades correspondientes a los años en que no
existía la sociedad de gananciales.
Esta regla estaría de acuerdo con las normas que establecieron la posibilidad de concurrencia de varios
cónyuges, en la pensión de viudedad cuando hubiesen existido divorcios sucesivos, de acuerdo con lo
establecido en su día en L 30/1981 disp.adic.10ª.1ª (TS 28-5-08, EDJ 103325).
Es precisamente esta última sentencia del Tribunal Supremo la que viene a zanjar cualquier discusión
hasta la fecha sobre la naturaleza ganancial o privativa de la indemnización por despido, pues, destacando
la diferencia que existe entre el derecho al trabajo, que vuelve a indicar que es privativo por tratarse de un
derecho inherente a la persona incluido en el CC art.1346.5 y el beneficio por él obtenido, que es un bien
ganancial incluido en el CC art.1347.1, va más allá al referirse a las dudas que se suscitan sobre ello,
explicando que con el despido, el derecho al trabajo permanece incólume, pues el trabajador despedido
continua en el mercado laboral y puede encontrar trabajo inmediatamente después, por ello, la
indemnización que percibe es solo una compensación por el incumplimiento del contrato, siendo una
consecuencia más de este, lo que conduce a que deba tener la misma consideración que todos los demás
ingresos que de él se derivan. Concluye diciendo que, con el despido, el derecho que permite el ejercicio
de la fuerza del trabajo no se ha lesionado en absoluto; lo único que ha quedado vulnerado, de alguna
manera, es la efectiva obtención de las ganancias originadas por la inversión de este capital humano, y
estas ganancias serían pertenecientes al matrimonio en virtud del CC art.1347.1 (TS 28-5-08, EDJ
103325).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
El Tribunal Supremo recuerda su doctrina jurisprudencial que distingue, por un lado, entre el
derecho al trabajo, que es privativo y, por otro, el beneficio que se obtiene con el mismo que es
ganancial. Pero la finalidad de esta indemnización no es sustituir la pérdida de un derecho
privativo, como dice la sentencia recurrida, que permanece incólume tras el despido, sino una
compensación por el incumplimiento del contrato y por ello va a tener la misma consideración
que todas las demás ganancias derivadas del contrato, siempre que se hayan producido vigente la
sociedad de gananciales.
La fecha de la disolución del régimen económico es, por tanto, relevante a efectos de precisar si
el despido del que nace el derecho a la indemnización se produce durante la vigencia del régimen
de gananciales o cuando el régimen ya se ha extinguido.
Son varias las interpretaciones doctrinales que, anteriormente, se han venido haciendo al respecto por las
distintas audiencias:
1) Si con la indemnización se pretende suplir el salario que se deja de percibir por causa del daño, la misma es
ganancial o privativa dependiendo del momento en que se devengue, si durante la vigencia de la sociedad de
gananciales, en cuyo caso sería ganancial, ya que este carácter tienen los ingresos de trabajo de los cónyuges, o
una vez disuelta la misma, que en tal supuesto vendría a suplir los salarios futuros que tendrán carácter privativo.
Este fue el criterio inicialmente mantenido por la jurisprudencia del Tribunal Supremo, y según el mismo, las
indemnizaciones percibidas durante la vigencia de la sociedad de gananciales tendrían carácter ganancial y las
percibidas una vez disuelta, serían privativas pues los salarios futuros que se percibirían serían ya pertenecientes
a la esfera privada (AP Madrid 15-5-95; TS 29-6-05; 18-6-08).
En el mismo sentido, basado en el argumento de que la indemnización por despido no se incardina en el CC
art.1346.5, para resarcir un derecho patrimonial inherente a la persona, sino en el CC art.1347.1, es decir, como
rendimiento del trabajo, entendiendo que la misma es consecuencia de la ruptura del contrato laboral, al
encontrarse tasada en función de los años trabajados y no permitir margen discrecional alguno para su
establecimiento (AP Madrid 4-9-01, EDJ 44555; AP Baleares 21-5-04; AP Valladolid 24-6-02; AP Cantabria 19-2-
07).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
2) Hasta la más reciente doctrina del Tribunal Supremo analizada, no existía, sin embargo, un criterio pacífico al
respecto, ya que han sido muchas las sentencias que han argumentado que el derecho al trabajo, al ser un derecho
protegido en la Const art.35, es un derecho fundamental de la persona y, por lo tanto, la indemnización obtenida
por el despido no tenía carácter salarial, sino que tendría el carácter de resarcimiento de un daño inferido a la
persona , y en consecuencia debería de ser considerada privativa , bien sea por indemnización por la lesión de un
derecho genuinamente particular (CC art.1346.5), o bien porque viene a resarcir un daño causado a los bienes
privativos (CC art.1346.6). Y así, se vino a distinguir entre lo que es el trabajo como bien o derecho de la persona, y
el beneficio o ganancia que produce, concluyendo que mientras que aquel es un derecho privativo, además de
inherente a la persona y no susceptible de transmisión inter vivos, este es ganancial. Por ello, cuando el derecho al
trabajo se pierde por el despido, la indemnización a percibir lo es en sustitución de aquel derecho genuinamente
particular y como tal, debe ingresar en la esfera de su patrimonio privativo. Y caso de producir rendimientos,
intereses o frutos, habrán de considerarse gananciales (TS 22-12-99, EDJ 39936; AP Asturias 22-12-99).
3) Con anterioridad a la TS 26-6-07, EDJ 70141, muchas audiencias provinciales entendieron que la
indemnización por despido tenía carácter privativo, con independencia del momento que se percibiese, tanto
durante como después de disuelta la sociedad de gananciales (AP Valladolid 17-3-05; AP Palencia 31-5-04), e
incluso muchas continúan manteniendo el mismo criterio, aun después de la citada resolución (AP Madrid 13-3-
08; 6-11-07; AP Málaga 11-10-07; AP Granada 20-7-07).
4) Al calcularse la indemnización por despido teniendo en cuenta el número de años trabajados por el cónyuge,
habrá de distinguirse la parte ganancial de la parte privativa de dicha suma, no teniendo naturaleza ganancial las
cantidades que correspondan a los años en que no existía la sociedad de gananciales, por haberse generado antes
de la constitución de la misma (TS 18-3-08; 28-5-08; AP Gipuzkoa 1-6-15, EDJ 147873; AP Málaga 28-6-16, EDJ
220719; AP Madrid 8-7-14, EDJ 163286). A pesar de esta clara doctrina del Tribunal Supremo, todavía algunas
audiencias provinciales han venido entendiendo que, si la indemnización por despido se percibe íntegramente
durante la sociedad de gananciales, habría que considerarla ganancial. Por ello, el Tribunal Supremo se ha visto en
la necesidad de estimar sendos recursos de casación por infracción de esta doctrina, volviendo a señalar que la
indemnización cobrada por despido debe ser considerada ganancial porque tiene su causa en un contrato de
trabajo desarrollado a lo largo de la vida del matrimonio, pero solo por los años trabajados durante la vigencia del
régimen de gananciales. En consecuencia, no tienen carácter ganancial las cantidades correspondientes a los años
en que no existía la sociedad de gananciales (TS 3-7-19, EDJ 639037).
5) El Tribunal Supremo mantiene dicha doctrina en todas las resoluciones posteriores, aunque en sentencia
reciente recuerda que, aunque las indemnizaciones por despido tuviesen naturaleza privativa en la parte que se
corresponde a los años indemnizados antes del matrimonio , serían gananciales si ambos cónyuges así lo
convienen, en aplicación del CC art.1323, teniendo también tal carácter si se invierten en adquisiciones conjuntas
en el ámbito del CC art.1355, supuesto este analizado en TS 25-5-05, EDJ 76738 (TS 5-10-16, EDJ 171347).
6) La indemnización por despido cobrada tras la separación de hecho es ganancial, pues tiene su causa en un
contrato de trabajo que ha venido desarrollándose durante toda la vida del matrimonio, con independencia de que
se descuente la parte que pudiera corresponderse con los años trabajados antes de la vigencia de este (AP Zamora
23-12-16, EDJ 255187; AP Madrid 20-5-16, EDJ 114785). Igual carácter ganancial tendrá la indemnización
cobrada tras el divorcio, pues el despido se produjo antes de la disolución del matrimonio (AP Pontevedra 27-10-
16, EDJ 200648; AP Madrid 13-3-15, EDJ 48172).
7) La indemnización por despido producido tras la separación de hecho que disuelve el régimen económico
matrimonial de sociedad de gananciales, tendrá un carácter mixto privativo-ganancial, debiendo realizarse un
prorrateo de las sumas percibidas en función de los años en los que estuvo vigente la sociedad de gananciales y el
tiempo transcurrido tras su disolución (AP Asturias 15-4-16, EDJ 69426; AP Madrid 15-12-15, EDJ 260345; 15-
7-14, EDJ 163306).
8) Las indemnizaciones por despido percibidas tras la sentencia de divorcio son privativas y no se incluyen en el
inventario de la sociedad de gananciales y ello en aplicación de la doctrina del Tribunal Supremo (TS 28-5-08, EDJ
103325; 18-6-08, EDJ 97453), entendiéndose incluso que tal criterio es de aplicación tras el auto de medidas
provisionales y sentencia de separación , pues por ministerio de lo dispuesto en LEC art.774.5º, así como en LEC
art.808, admitida la demanda de nulidad, separación o divorcio, o iniciado el proceso en el que se haya solicitado la
disolución del régimen económico matrimonial, cualquiera de los cónyuges -o, con efectos 23-3-2022, sus
herederos (LEC art.808 redacc LO 2/2022)- puede solicitar la formación de inventario y en aplicación de la
doctrina de TS 21-2-08, EDJ 31028 la ruptura irreversible de la convivencia excluye la integración en la sociedad
de gananciales de los bienes obtenidos por los cónyuges separados, tras la separación de hecho (AP Madrid 11-3-
14, EDJ 37563; AP Valencia 29-1-14, Rec 862/13; AP Araba 13-1-16, EDJ 27483; AP Asturias 3-11-14, EDJ
264673).
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El Tribunal Supremo recuerda su doctrina jurisprudencial que distingue, por un lado, entre el
derecho al trabajo, que es privativo y, por otro, el beneficio que se obtiene con el mismo que es
ganancial. Pero la finalidad de esta indemnización no es sustituir la pérdida de un derecho
privativo, como dice la sentencia recurrida, que permanece incólume tras el despido, sino una
compensación por el incumplimiento del contrato y por ello va a tener la misma consideración
que todas las demás ganancias derivadas del contrato, siempre que se hayan producido vigente la
sociedad de gananciales.
La fecha de la disolución del régimen económico es, por tanto, relevante a efectos de precisar si
el despido del que nace el derecho a la indemnización se produce durante la vigencia del régimen
de gananciales o cuando el régimen ya se ha extinguido.
• La primera utilidad que es la que cabe considerar salario, si se asigna en contraprestación del trabajo
realizado, es la constituida por la diferencia entre el precio de la acción en el mercado en el momento de la
adquisición y el precio de ejercicio del derecho pactado.
• La segunda utilidad, que se produce ya fuera del marco de la relación de trabajo, y que carece en
consecuencia de la condición de salario, es la obtenida por el trabajador mediante un posible posterior
negocio jurídico mercantil con un tercero, consistente en la venta de las acciones que adquirió al ejercitar
la opción (TS 25-5-15, EDJ 118063).
Si el derecho de opción sobre las acciones se ejercita con cargo a dinero privativo, por haberse adquirido
tras la disolución de la sociedad de gananciales, debe incluirse en el activo de la misma, la diferencia entre
el valor de mercado de dichas acciones y el precio, así como los impuestos satisfechos por esta operación
con dinero privativo. Por tanto, esta partida se debe cuantificar definitivamente al momento de liquidar la
sociedad legal de gananciales, una vez conocido el valor de mercado de las acciones, al momento de
liquidación, y el precio e impuestos satisfechos por el cónyuge por la referida operación de compra (AP
Madrid 20-12-06; 21-7-17, EDJ 194170).
789 Indemnizaciones por jubilación anticipada
Existen diferentes criterios interpretativos respecto de la naturaleza privativa o ganancial de las
indemnizaciones percibidas por un cónyuge por su jubilación anticipada:
1) Si la indemnización se percibe tras la disolución de la sociedad de gananciales no existe discusión en
considerarla como privativa, ya que dicha indemnización proviene de la pérdida del derecho al trabajo,
bien se entienda como compensación por un derecho patrimonial inherente a la persona, ya como un bien
adquirido en sustitución de otro genuinamente particular, cual sería el salario futuro (TS 22-12-99, EDJ
39936; 29-6-00, EDJ 15157; 20-1-03; AP Ciudad Real 23-10-01; AP Sta. Cruz de Tenerife 18-2-05; AP
Ciudad Real 12-12-07; AP Bizkaia 29-5-07).
Las pensiones por jubilación anticipada, como indemnización por extinción de la relación laboral en un
plan de bajas incentivadas, no retribuye un trabajo precedente ni constituye un complemento de los
sueldos percibidos, sino que proviene de la pérdida de dicho trabajo por jubilación anticipada, de manera
que la nueva situación laboral que ha obtenido un cónyuge después de la separación legal, solo a él
afectan, con la consiguiente repercusión, no comunitaria, de la indemnización por prejubilación, que posee
una clara proyección de futuro, y en este sentido, es ajena a los principios de la sociedad de gananciales
(TS 26-6-07, EDJ 70141).
2) Si la indemnización se percibe constante la sociedad de gananciales existe la discusión de si, siguiendo
el mismo criterio aplicable a las indemnizaciones por despido, introducido tras la TS 26-6-07, EDJ 70141
(nº 783), dicha indemnización tendría carácter ganancial. Aunque el derecho es un bien privativo, al ser un
componente de los derechos de la personalidad, los rendimientos devengados durante la vigencia de la
sociedad de gananciales, tendrán este carácter (Pérez Martín).
Ahora bien, la dificultad estribaría en si cabe determinar qué parte del dinero percibido debe tener
carácter ganancial, si se produce la disolución de la sociedad antes de la edad de jubilación a los 65 años,
baremo tomado en cuenta a la hora de calcularse el montante total de la cantidad abonada al trabajador
cuando se produjo su jubilación anticipada. Debe considerarse que, a diferencia de lo que sucede en las
indemnizaciones por despido, que se calculan en función de los años ya trabajados, la indemnización por
jubilación anticipada toma como baremo para su cálculo los años que restan al trabajador para alcanzar la
edad de jubilación obligatoria, por lo que en este supuesto, sí debe ser considerado el tiempo que resta
desde la disolución de la sociedad de gananciales hasta dicha jubilación.
791
Precisiones
1) Parece diferir del criterio expuesto la sentencia que, sin entrar en la discusión del carácter privativo o ganancial
de dicha indemnización, sostiene que si la esposa quiso destinar la indemnización privativa, percibida por su
jubilación anticipada, a la compra de un bien ganancial, sin hacer constar la privacidad del dinero, entiende que ha
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
realizado una donación a la sociedad de gananciales y no procede reconocer crédito alguno a su favor por tal
importe (AP Madrid 23-4-08).
2) En el Derecho foral de Aragón se considera integrante del consorcio la indemnización concedida a uno de los
cónyuges por despido o cese de actividad profesional, en este caso, jubilación anticipada (CDFA art.210.2.e). Ver
nº 1452.
3) Respecto de las pensiones por jubilación anticipada, o con mayor, propiedad, la indemnización por extinción de
la relación laboral en un plan de bajas incentivadas de la empresa en la que uno de los cónyuges prestaba sus
servicios se entiende que dicha prestación no retribuye un trabajo precedente ni constituye un complemento de
los sueldos percibidos, sino que proviene de la pérdida de dicho trabajo por jubilación anticipada, de manera que la
nueva situación laboral obtenida después de la separación legal, solo afectan a dicho cónyuge, con la consiguiente
repercusión, no comunitaria, de la indemnización por prejubilación, que posee una clara proyección de futuro, y en
este sentido, es ajena a los principios de la sociedad de gananciales (TS 22-12-99, EDJ 39936; AP Madrid 12-12-
11, EDJ 314676; AP Granada 18-4-08).
4) Siguiendo el criterio del Tribunal Supremo (TS 22-12-99, EDJ 39936), habiéndose percibido la indemnización
por jubilación anticipada con posterioridad a la disolución de la sociedad de gananciales , esta tiene carácter
privativo, pues no se retribuye un trabajo precedente, ni constituye un complemento de los sueldos percibidos,
sino que proviene de la pérdida de dicho trabajo, de manera que la nueva situación laboral que ha obtenido
después de la separación legal, solo afecta a su perceptor, teniendo la indemnización una clara proyección de
futuro, lo que la hace ajena a los principios de la sociedad de gananciales (AP Sevilla 27-6-14, EDJ 181866; AP
Asturias 20-2-14, EDJ 33647).
5) Van más allá algunas Audiencias, al entender que la indemnización por jubilación anticipada, considerándola
como una indemnización que sustituye el derecho al trabajo, es privativa en cualquier momento en que se
perciba, aplicando para el sostenimiento de dicho criterio la doctrina fijada en TS 26-6-07, EDJ 70141 (AP
Pontevedra 21-6-12, EDJ 153042).
795
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Precisiones
1) Al existir una innumerable casuística en las indemnizaciones que pueden percibirse por daños causados a los
cónyuges, continúan existiendo, incluso en este supuesto -más pacífico que otros-, algunas voces discordantes que
entienden que, atendiendo a lo dispuesto en la TS 25-3-88, tiene carácter ganancial la indemnización obtenida por
declaración de invalidez permanente absoluta, pues se concibe como rendimiento o producto, al menos
indirecto, del trabajo y con un carácter económico que no puede identificarse con el derecho personalísimo a
trabajar, ni con los bienes inherentes a su persona (AP Asturias 25-1-07).
2) En el mismo sentido, se entiende que la indemnización derivada de un contrato de seguro, cuyo objeto era
cubrir la contingencia de invalidez, tiene carácter ganancial, al menos si se percibe durante la vigencia de la
sociedad y sus cuotas se han pagado con dinero de la sociedad conyugal (AP Asturias 26-5-10, EDJ 130577).
3) Por el contrario, alguna resolución más reciente ha mantenido el carácter privativo de la indemnización por
invalidez permanente, en cuanto resarce la pérdida de la capacidad de trabajo, bien absolutamente personalísimo
que no se asemeja a las percepciones derivadas de la actividad laboral (AP Madrid 4-5-15, EDJ 91443).
4) Siguiendo dicho criterio y aplicando la doctrina jurisprudencial de que la indemnización por incapacidad
permanente, lo que resarce es el menoscabo físico que impide la capacidad para el trabajo, en tanto que constituye
un resarcimiento de un daño personal, la misma tiene carácter privativo según resulta del CC art.1346.6, que
reputa privativos el resarcimiento de los daños inferidos a la persona de uno de los cónyuges o a sus bienes
privativos (AP Bizkaia 22-3-17, EDJ 88403).
5) El Tribunal Supremo declara privativa la indemnización por incapacidad permanente absoluta en virtud de
póliza colectiva de seguro concertada por la empresa y cobrada en único pago durante el matrimonio . En
procedimiento de liquidación de gananciales, la controversia gira en torno a si debe formar parte del activo de la
sociedad la indemnización recibida por uno de los cónyuges en concepto de incapacidad permanente absoluta,
satisfecha en un único pago por la compañía aseguradora que tenía concertada una póliza de seguro colectivo con
la empresa en la que había trabajado dicho cónyuge. Defiende el indemnizado el carácter privativo de la misma,
pues ha sido abonada por un seguro como consecuencia de haber sido incapacitado para toda profesión, por lo
que se trataría de un bien inherente a la persona . Considera la otra parte que la indemnización es ganancial, pues
se percibe como beneficio social que concede la empresa a sus trabajadores. El Tribunal Supremo señala que, ante
un trabajador que presenta reducciones anatómicas o funcionales graves y previsiblemente definitivas que
disminuyen o anulan su capacidad laboral, la indemnización tiene una clara función de resarcimiento de daños
personales. Dispensa protección a quien ve mermada su capacidad laboral como consecuencia de una enfermedad
o un accidente y compensa la pérdida de sus facultades para seguir obteniendo recursos económicos. Estas
razones son idénticas, aunque se trate de una indemnización pagada por una aseguradora contratada por la
empresa para cubrir la contingencia (TS 14-12-17, EDJ 256453).
6) Cuando el seguro de invalidez concertado por uno de los cónyuges tiene como finalidad real la amortización de
una deuda ganancial en caso de insolvencia -amortización de préstamo hipotecario en caso de imposibilidad de
hacerle frente- el importe de la indemnización no puede incluirse en el pasivo de dicho cónyuge en la liquidación
de la sociedad de gananciales (TS 20-9-19, EDJ 698362).
concedidas a un cónyuge para la reconversión de sus fincas, pues no tienen como objeto ayudar a la
producción, sino a la mejora de la propiedad (AP Albacete 20-10-10).
Cuando fallece uno de los cónyuges , las ropas, el mobiliario y enseres que constituyan el ajuar de la
vivienda habitual común de los esposos, se adjudican al que sobreviva, sin computárselo en su haber. No
se entienden comprendidos en el ajuar las alhajas, objetos artísticos, históricos y otros de extraordinario
valor. Asimismo, en caso de disolución del régimen de gananciales, cada cónyuge tiene derecho a que se
incluyan con preferencia en su haber, hasta donde este alcance, los bienes de uso personal no incluidos en
la consideración de bienes privativos por ser de extraordinario valor. El valor normal o no de tales bienes
dependerá de los usos sociales y de las circunstancias económicas de la familia concreta.
En ambos supuestos, se está haciendo referencia a bienes de naturaleza ganancial, y que han sido
adquiridos con tal carácter, unos no computándose en el haber del cónyuge, cuando su consorte haya
fallecido y otros, que sí habrán de relacionarse en el inventario por tener extraordinario valor.
A la vista de lo anterior, los bienes de uso personal son los personales, adquiridos incluso con dinero
ganancial (CC art.1347.3) pues la compra de los mismos entra de ordinario en el conjunto del
mantenimiento de la familia de modo que su realización supone un acto debido de la comunidad frente a
los cónyuges, que pudiera incluso incluirse en el deber de alimentos de la sociedad frente a ambos, y que
no genera derecho de reembolso (AP Badajoz 18-2-03).
Precisiones
1) Según el valor de las joyas la jurisprudencia entiende en la mayoría de los casos que salvo que se acredite su
extraordinario valor y que su adquisición obedezca a fines de inversión, han de considerarse incluidas en el CC
art.1346.7, como bien privativo, considerando asimismo que las regaladas entre los esposos para uso de uno de
ellos, también deben gozar de carácter privativo. Lo mismo se entiende respecto de un abrigo de visón del que se
carece de factura (AP Sta. Cruz de Tenerife 24-5-02, EDJ 30753; AP Zaragoza 27-12-04, EDJ 229371; AP
Asturias 11-3-03, EDJ 263158).
2) No se han de incluir en el inventario las joyas por ser liberalidades efectuadas a favor de uno de los cónyuges
con cargo a los bienes gananciales, salvo que tengan extraordinario valor, lo que no sucede según los usos de la
familia en conexión con el importante patrimonio acumulado durante el matrimonio (AP Madrid 14-9-18, EDJ
655422).
Son privativos los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio, salvo cuando estos
sean parte integrante o pertenencias de un establecimiento o explotación de carácter común.
Así pues, los instrumentos necesarios para el ejercicio de la profesión u oficio son privativos, aun cuando
los mismos se hayan adquirido a costa de la sociedad de gananciales, si bien, la misma es acreedora frente
al cónyuge por el importe satisfecho para su adquisición.
En caso de liquidación de la sociedad de gananciales tiene derecho el cónyuge a que se le incluyan en su
haber la explotación agrícola, comercial o industrial que hubiera llevado con su trabajo y el local donde
hubiera venido ejerciendo su profesión. En este segundo supuesto, la explotación industrial es un bien
ganancial de carácter preferente a la hora de su adjudicación a un cónyuge.
Precisiones
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Los vehículos utilizados durante la actividad de taxista no son instrumentos de trabajo a los efectos aquí
indicados, siendo de aplicación lo previsto en el CC art.1347.3, que califica de bienes gananciales los adquiridos a
título oneroso a costa del caudal común, bien para la sociedad o para uno solo de los esposos (AP A Coruña 20-2-
20, EDJ 543820).
Los derechos de crédito privativos, aunque los plazos se cobren durante la vigencia de la sociedad de
gananciales, siguen siendo privativos. Si bien son privativas las cantidades correspondientes al capital ,
son gananciales los intereses percibidos.
Las nuevas acciones y otros títulos o participaciones sociales suscritos como consecuencia de la
titularidad de otros privativos, son también privativos.
También lo son las cantidades obtenidas por la enajenación del derecho a suscribir.
Si el dinero de la suscripción es ganancial, o se emitieran nuevas acciones con cargo a beneficios, se
reembolsa a la misma el valor satisfecho.
El carácter privativo de las nuevas acciones viene fundamentado en el principio de subrogación real (nº
761), aunque en realidad no existe sustitución de unos bienes, las antiguas acciones, por otras nuevas, sino
que estamos ante otras que se incorporan al patrimonio privativo del cónyuge en razón al derecho social
que le corresponde por ser titular de otras acciones. El Tribunal Supremo afirma que las nuevas acciones
suscritas como consecuencia de la titularidad de otras privativas, son privativas; igualmente, son
privativas las cantidades obtenidas por la enajenación del derecho a suscribir. Ahora bien, si para el pago
de la suscripción se utilizan fondos comunes o se emiten acciones con cargo a los beneficios la sociedad de
gananciales será acreedora del cónyuge propietario, por el importe del valor satisfecho (TS 24-3-03, EDJ
6532; AP Madrid 21-1-05, EDJ 6438; AP Málaga 3-5-05; AP Valencia 26-9-11; TS 29-11-06; 19-6-06).
Precisiones
1) Este precepto ha sido muy discutido por la doctrina civilista ya que contiene un principio que iría sobre la
norma general de atribuir carácter ganancial a los frutos de los bienes privativos , ya que cuando se suscriban
acciones con cargo a los beneficios de las acciones privativas, aquellas son también privativas, de acuerdo a dicho
precepto, y, sin embargo, los beneficios de las acciones son frutos y como tales, tienen carácter ganancial. Ello
llevaría a la argucia de que el cónyuge que posea un negocio privativo por medio de acciones, en vez de repartir
los beneficios, que serían gananciales, los emplee en la ampliación del negocio con la suscripción de nuevas
acciones, que seguirían siendo privativas. Únicamente vendría obligado a reembolsar el valor de las acciones, pero
no el plusvalor de las mismas.
2) Las participaciones adquiridas por un cónyuge en virtud de ampliación de capital de la empresa, se realiza en
virtud de la ampliación de capital y el derecho de suscripción de los accionistas, siendo de aplicación lo establecido
en CC art.1352 en el sentido de que las nuevas acciones u otros títulos o participaciones sociales suscritos como
consecuencia de la titularidad de otros privativos serán también privativos. Si para el pago de la suscripción se
utilizan fondos comunes o se emiten las acciones con cargo a los beneficios, ha de reembolsarse el valor
satisfecho (AP Cádiz 14-2-14, EDJ 39902).
3) El CC art.1352 acoge el principio de la subrogación real: Las acciones o títulos suscritos -efecto o bien
subrogado- como consecuencia de la titularidad de otros privativos -bien subrogante- aunque, en realidad, en la
ampliación de capital no existe sustitución de unos bienes, los antiguos, por otros, los nuevos, sino que estos se
incorporan al patrimonio del cónyuge respectivo en razón al derecho social que le corresponde por ser ya titular
de otras acciones (TS 24-3-03, Rec 2311/97).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
807 Bienes adquiridos por precio aplazado cuyo primer desembolso tuviera
carácter privativo
(CC art.1356)
Tienen carácter privativo los bienes adquiridos por precio aplazado cuyo primer desembolso tuviera
carácter privativo, aunque los siguientes plazos se satisfagan con dinero ganancial.
El precepto es claro y solo puede plantear problemas de prueba, ya que fundamentalmente se está
refiriendo a bienes que se adquieran con dinero privativo, constante la sociedad de gananciales.
Naturalmente entra en juego el derecho de reembolso.
809 Bienes comprados a plazos por uno de los cónyuges antes de comenzar
la sociedad
(CC art.1357)
Son privativos los bienes comprados a plazo por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad,
aunque la totalidad o parte del precio aplazado se satisfaga con dinero ganancial. En este supuesto
entraría por ejemplo un inmueble adquirido por uno de los cónyuges antes de contraer matrimonio,
aunque ni siquiera hubiera hecho un solo pago, y todo el dinero se hubiera desembolsado constante la
sociedad de gananciales, que como siempre tendría el derecho de reembolso sobre el importe actualizado
del dinero invertido (AP Málaga 22-9-05).
Se exceptúa del criterio establecido en el CC art.1357 la vivienda y ajuar familiares, a los que se aplica lo
dispuesto respecto a los bienes adquiridos mediante precio en parte ganancial y en parte privativo,
correspondiendo en proindiviso a la sociedad de gananciales y al cónyuge en proporción al valor de las
aportaciones respectivas (CC art.1354; nº 856).
Precisiones
Acreditado que se trata de la vivienda familiar, que parte del precio se ha abonado con dinero privativo del esposo
y parte con dinero ganancial, resulta clara que su consideración debe realizarse conforme a lo previsto en el CC
art.1357, que hace remisión a lo dispuesto en el CC art.1354: parte privativa del esposo, por lo que abonó con
anterioridad al matrimonio, y el resto ganancial, en los porcentajes que correspondan (AP Cádiz 22-1-07).
última actualización
Inventario de gananciales. Dinero aportado por uno de los cónyuges antes del matrimonio a la compra
de la vivienda familiar
(Actum 03/23, Marzo 2023)
Se analiza un supuesto de aportación de dinero por una de las cónyuges para la compra de la vivienda antes de
contraer matrimonio a efectos de la liquidación de la sociedad de gananciales.
El cónyuge que reclama la inclusión del crédito recurre en casación la cuantia determinada, que
considera significativamente menor a la aportada. Ello porque la sentencia recurrida presupone
una voluntad de donación con apoyo en un documento que no fue firmado por ambas partes. El
recurrente considera que no puede alcanzarse esta determinación por un simple borrador de
documento que no contó con la firma y aceptación de la supuesta donataria.
- El ingreso por la recurrente de dinero de su exclusiva propiedad en una cuenta de la que era
cotitular su expareja no da lugar a la copropiedad del dinero.
- la aplicación de ese dinero a la compra del piso común, cuando el resto del precio se pagó con un
préstamo que devolvieron ambos cónyuges, permite concluir que la recurrente efectuó una
mayor aportación en la adquisición, ya que no consta que su expareja realizara ninguna
aportación inicial.
Finalmente, por lo que se refiere a la cuantía que la parte recurrida adeuda a la recurrente,
advierte el TS que no se trata de una deuda de la sociedad de gananciales frente a un cónyuge,
supuesto en el que debe incluirse en el pasivo el importe actualizado de las cantidades pagadas
por el cónyuge (CC arts.1358 y 1398.3), sino que se trata de una deuda personal por el exceso de
lo que la recurrente puso antes de casarse para la compra del inmueble, esto es, para pagar la
parte que pertenece privativamente a ambas cónyuges.
De esta manera, dado que ambas son copropietarias de la parte privativa que resulte (CC
arts.1354 y 1357), la recurrente también debe financiar su adquisición, por lo que su crédito
contra su excónyuge solo puede serlo por la mitad del dinero que aportó. De lo contrario, el
resultado sería que la parte recurrida asumiría el 100% del pago de la parte privativa que ambas
comparten mientras que la recurrente, por el contrario, al recuperar todo lo que puso, no
asumiría nada para el pago de la parte privativa.
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
No existe un criterio unánime al respecto en la doctrina, pues mientras unas sentencias entienden que la
proporción debe calcularse teniendo en cuenta las cantidades netas pagadas durante la vigencia de la
sociedad de gananciales a la amortización del principal del préstamo, en relación con el neto del precio de
adquisición pagado (AP Araba 21-6-07), otras consideran que se debe tener en cuenta tanto el principal
del préstamo como los intereses (AP Madrid 1-6-01; AP Sevilla 17-9-07). Si se tiene en cuenta que en los
préstamos bancarios las cuotas comienzan incluyendo más cantidad de intereses que de capital, se
penalizaría injustificadamente al cónyuge que comenzó a abonar los vencimientos del préstamo antes de
contraer matrimonio y se favorecería a la sociedad de gananciales, puesto que el importe de los últimos
vencimientos corresponde mayoritariamente al capital (Pérez Martín).
815 De nuevo surge otra dificultad cuando en el momento de disolución de la sociedad de gananciales , no se
ha terminado de pagar el préstamo hipotecario, surgiendo la duda de qué carácter tendrá la cantidad
pendiente de abonar:
1. Un criterio sostiene que solo es ganancial la parte abonada durante la vigencia de la sociedad y, una vez
disuelta esta, la parte pendiente de abonar vuelve a ser privativa del cónyuge que adquirió la vivienda en
estado de soltero. Si el otro cónyuge continúa abonando cantidades tras la disolución, tendrá un derecho
de crédito contra el otro por el montante total pagado.
Así, se afirma que, si la vivienda se adquirió por el esposo antes de contraer matrimonio, los pagos
efectuados por el esposo tras la separación aumentan su parte privativa, quedando la parte ganancial
reducida a las aportaciones realizadas constante la sociedad (AP Almería 6-2-04; AP Ciudad Real 28-12-
07).
2. Otra doctrina mantiene que el proindiviso sobre la vivienda se determina al disolverse la sociedad de
gananciales, por lo que la cantidad pendiente de pago, tendrá la misma proporción.
En ese sentido, a partir de la fecha de la disolución de la sociedad de gananciales , los cónyuges están
obligados a amortizar el resto de los pagos aplazados en la proporción alícuota que les corresponde sobre
la vivienda en función de las aportaciones realizadas, es decir, la parte privativa será abonada
exclusivamente por el cónyuge que adquirió la misma en estado de soltero y la parte ganancial por mitad
entre ambos cónyuges (AP Madrid 25-4-05). El cálculo de las cuotas para la fijación del activo debió
hacerse sobre la totalidad del precio, atendiendo al porcentaje que a cada uno correspondía al tiempo de
la disolución. En cuanto al pasivo, la parte del préstamo no satisfecha debió distribuirse entre tales cuotas,
en las proporciones respectivas (TSJ Navarra 7-6-05).
817 En el caso de haber existido varias viviendas familiares , se plantea la discusión sobre si todas ellas
tendrían que ser sometidas a dicha excepción, o solo la originariamente adquirida en tal sentido, y si esta,
una vez que deje de ser domicilio familiar, seguiría estando sujeta a esta comunidad compartida:
a) El primero de los problemas se resuelve mediante de la siguiente forma: para que se anote el carácter
de vivienda familiar a todas las que vayan siendo adquiridas por el matrimonio, debe existir
consentimiento de ambos cónyuges, pues de lo contrario, el bien tiene el carácter con el que fue inscrito a
su adquisición (RH art.91).
b) En cuanto a la segunda cuestión, se entiende que la vivienda tendría siempre el carácter de familiar,
aunque deje de serlo con posterioridad, salvo naturalmente que consienta el otro cónyuge tal
descalificación.
El fundamento de la excepción (CC art.1357) no es otorgar una protección exclusiva a la vivienda familiar,
sino favorecer económicamente al patrimonio ganancial y, por ello, debe mantenerse la naturaleza común
de la parte ya adquirida constante la sociedad de gananciales, pues el hecho de que la vivienda deje de ser
domicilio familiar, no priva a la misma del valor económico que le corresponde, permaneciendo idéntico el
interés de la sociedad de gananciales de que la vivienda forme parte de su patrimonio (AP Valladolid 10-
10-05).
Precisiones
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Se plantea una cuestión de derecho transitorio, en relación a las viviendas que constituyan domicilio familiar y
que hayan sido adquiridas por uno solo de los cónyuges antes de contraer matrimonio, y con anterioridad a la
entrada en vigor de la L 11/1981, en la que no existía dicha excepción, pues el CC art.1396.1, en su redacción
anterior, les atribuía categóricamente carácter privativo. Al no preverse en dicha Ley disposiciones de carácter
transitorio, se ha de estar a lo dispuesto en el CC disp.trans.1ª de aplicación general, de acuerdo con la cual, se
rigen por la legislación anterior los derechos nacidos, según ella, de hechos realizados bajo su régimen, aunque la
nueva legislación los regule de otro modo, o no los reconozca.
Según ello, la vivienda familiar cuya compra o primer pago se haya realizado antes de contraer matrimonio y antes
de mayo de 1981 es privativa del cónyuge que la adquirió en estado de soltero o antes de comenzar el régimen de
sociedad de gananciales, existiendo un derecho de reembolso a favor de la sociedad de gananciales, por el importe
actualizado del dinero abonando constante la misma -CC art.1358 y 1397- (TS 4-10-99, EDJ 29512; 4-12-02; AP
Madrid 21-1-04; 10-11-05).
Son privativas las edificaciones, plantaciones y cualesquiera otras mejoras que se realicen en los bienes
privativos, sin perjuicio del reembolso del capital satisfecho por la sociedad de gananciales. No obstante,
la sociedad de gananciales es acreedora del aumento del valor que los bienes tengan como consecuencia
de la mejora, al tiempo de la disolución de la sociedad o de la enajenación del bien mejorado.
Naturalmente, si la edificación o mejora se hizo con dinero privativo, todo el bien tendrá tal carácter, pues
no se produce una presunción automática de que el dinero empleado siempre pertenezca a la sociedad de
gananciales, existiendo solo una presunción iuris tantum que admite prueba en contrario.
1. Mejoras . La primera cuestión a delimitar es la del concepto de mejora que se establece en dicho
precepto. Hay que distinguir el concepto de mejora de lo invertido en los gastos de conservación y
administración ordinaria de los bienes privativos, y en la explotación regular de los negocios o el
desempeño de la profesión, arte y oficio de cada cónyuge, que es de cargo de la sociedad de gananciales
(según establece el CC art.1362.3 y 4). Estos gastos no generan derecho de reembolso. Sí lo generaría la
inversión realizada con carácter extraordinario (CC art.501).
2. Obras de acondicionamiento de la vivienda privativa con dinero ganancial . En función del tipo de
obras realizadas, estas pueden considerarse como inversión en la conservación y administración ordinaria
de la vivienda privativa, que es a cargo de la sociedad de gananciales, sin derecho de reembolso. Así, se
considera como tal al dinero invertido por la sociedad para la sustitución del mobiliario y suelo de la
vivienda privativa, deteriorado por su uso (AP Asturias 14-10-05, EDJ 163923); igualmente en relación a
obras de adecuación técnica de la vivienda para mantener su valor (AP Araba 16-4-01).
3. Aumento de valor del bien como consecuencia de la mejora . Si como consecuencia de la mejora se
produjera un aumento de valor en el bien privativo, la sociedad de gananciales es acreedora del mismo. Tal
precepto lo que supone es la inclusión en el activo ganancial de un crédito contra el cónyuge por la
plusvalía del bien mejorado, no por el importe de la inversión realizada. La cuantificación de la plusvalía
obtenida debe llevarse a cabo a la hora de proceder a la liquidación del bien (AP Jaén 29-7-05, EDJ
162541).
821 4. Aumento de valor del bien como consecuencia de la actividad de cualquiera de los cónyuges . El
aumento de valor en un bien privativo como consecuencia de la actividad de un cónyuge, también genera
derecho de reembolso a la sociedad y así puede entenderse en supuestos en que uno de ellos realiza con
su trabajo construcciones y mejoras en bienes privativos, incluso aunque no se haya producido inversión
dineraria alguna por parte de la sociedad (construcción de edificaciones con materiales de derribo) (AP
Zaragoza 27-9-02, EDJ 126421). Otro criterio valora únicamente el importe de los materiales empleados
en la construcción, si fueron adquiridos con dinero ganancial, pero no el trabajo del cónyuge que realizó la
obra en sus bienes privativos (AP Asturias 11-1-07).
En el mismo sentido, si por el trabajo de uno de los cónyuges en una sociedad privativa del otro, se
acredita que ha existido un claro aumento de valor en el negocio, no solo por una mejor explotación del
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
mismo, sino también por una reducción de costes de personal, se entiende que ello integra el concepto de
mejora a que se refiere el CC art.1359.2. La cuantificación económica de dicha mejora corresponde a la
fase de liquidación, pero en la fase de inventario puede ya estimarse un porcentaje sobre el valor del
negocio, que se ha de cuantificar posteriormente (AP Albacete 7-10-15, EDJ 186185 -supuesto en que se
fijó el 15% el porcentaje en que el negocio había mejorado merced a la colaboración de cónyuge, y por ello,
reconoce en el pasivo de la sociedad de gananciales un crédito del 15% del aumento de valor
experimentado por dicho negocio desde la celebración del matrimonio hasta que se produjo el divorcio-).
5. Edificaciones . La edificación construida sobre terreno privativo es privativa. En consecuencia, el
cónyuge propietario del terreno privativo debe reembolsar a la sociedad el valor satisfecho para la
construcción.
En tal sentido, hay que tener en cuenta la doctrina que entiende que, en función de lo dispuesto en dicho
precepto, si es superior la revalorización que ha experimentado el bien como consecuencia de la
construcción en él de una edificación con dinero ganancial, que el dinero invertido en la misma, debe
procederse a abonar su valor y no aquel, por ser esta opción más ventajosa para la sociedad de
gananciales (AP Madrid 2-7-01, EDJ 98980).
También existen resoluciones que aplican la regla de la accesión invertida en aquellos supuestos en que el
valor de la construcción es muy superior al del terreno sobre el que se edificó, entendiendo en tal caso,
que la sociedad de gananciales podrá optar por solicitar el reembolso del valor invertido en la
construcción o en su caso, por abonar al cónyuge el valor del terreno -CC art.361- (AP Almería 2-3-00,
EDJ 11132; AP Valencia 14-5-02). Ello es de difícil aplicación en un supuesto contencioso, ya que para
poder ejercer dicha opción se precisa el acuerdo de ambos cónyuges, pues ambos conforman la sociedad
de gananciales.
823
Precisiones
1) Tiene carácter privativo el inmueble construido sobre un solar privativo de la esposa, ya que la obra se ejecutó
por una inmobiliaria a cambio del precio de otro solar que también pertenecía privativamente a la misma,
careciendo de valor la anotación registral de su carácter ganancial, pues el carácter ganancial de una vivienda, así
como de cualquier otro inmueble, no puede sin más venir determinado por el solo hecho de que se inscriba el
título para la sociedad conyugal, pues esta expresión es una práctica habitual en las inscripciones registrales, sin
que se pueda desconocer que el plano en el que se encuentra el registrador no es el mismo que se afronta por
jueces y tribunales (AP Madrid 24-2-05).
2) La vivienda construida sobre terreno privativo del esposo, adquirido en estado de soltero, tiene también
carácter privativo, aunque en la escritura de declaración de obra nueva se haya hecho constar que, sobre el solar
resultante de la agrupación practicada, se ha construido, a expensas de la sociedad de gananciales, una vivienda
unifamiliar -CC art.1359-. No obstante, la sociedad conyugal tiene derecho a ser reembolsada por las cantidades
gananciales invertidas en la construcción de la vivienda -CC art.1358- (AP Valencia 16-11-05).
3) Con carácter transitorio merece destacarse que el tenor del CC art.1359 fue introducido por la reforma
operada por la L 11/1981, que entró en vigor el 13-5-1981, mediante la cual se realizaron modificaciones en
materia de filiación, patria potestad y régimen económico del matrimonio, siendo el sistema vigente hasta tal
fecha el contrario, es decir, las mejoras hechas en bienes privativos tenían naturaleza ganancial . Según la doctrina
del Tribunal Supremo, el carácter ganancial o privativo de un bien adquirido constante matrimonio ha de
determinarse de acuerdo con la legislación vigente al tiempo en que ese bien entra en el patrimonio respectivo y
es desde ese momento que el bien ha de considerarse ganancial o privativo (TS 3-11-06). Por ello, hasta que se
realizó dicha reforma, debía aplicarse el entonces vigente CC art.1404 según el cual las expensas útiles, hechas en
los bienes peculiares de cualquiera de los cónyuges mediante anticipaciones de la sociedad o por la industria del
marido o de la mujer, eran gananciales. Lo eran también los edificios construidos durante el matrimonio en suelo
propio de uno de los cónyuges, abonándose el valor del suelo al cónyuge a quien perteneciese. Por tanto, si la
edificación o mejora se llevó a cabo antes de la reforma de 13-5-1981, al no tener esta carácter retroactivo, ha de
concluirse que las mismas serían gananciales (AP A Coruña 21-7-06, EDJ 113988). Igual consideración de bien
ganancial tendría un nuevo edificio construido durante la vigencia del antiguo CC art.1404, en terreno privativo,
que ha venido a sustituir otro antiguo también privativo, demolido previamente (AP A Coruña 11-5-07, EDJ
147010).
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4) El Tribunal Supremo ha revisado su doctrina sobre el carácter de los inmuebles adquiridos con fondos
privativos para la sociedad de gananciales, declarando lo siguiente (TS 27-5-19, EDJ 590632):
• Los bienes adquiridos conjuntamente por los esposos cuando consta en ambos la voluntad de atribuir carácter
ganancial a los mismos, son gananciales. Si se prueba el empleo de fondos privativos, quien los aporta tiene
derecho a su reintegro actualizado.
• Los bienes adquiridos por un cónyuge exclusivamente, declarando hacerlo para la sociedad de gananciales, no
obsta su carácter privativo si hay prueba de que el dinero empleado tiene dicho carácter.
5) En el régimen de separación de bienes, el cónyuge tiene derecho al reembolso de la mitad de las cantidades
empleadas para la amortización de las cuotas del préstamo destinado a la adquisición de los materiales para
levantar la vivienda privativa del otro cónyuge, que constituyó hasta el divorcio la vivienda familiar (TS 5-11-19,
EDJ 725589).
Si los incrementos patrimoniales incorporados a una explotación, establecimiento mercantil y otro género
de empresa de carácter privativo, se han hecho con dinero ganancial o con la actividad del cónyuge, son
privativos, pero dan igualmente derecho a la devolución sobre el aumento del valor como consecuencia
de la mejora.
Este precepto contempla el mismo supuesto previsto en el artículo anterior, pero referido a una
explotación o negocio privativo. Su eficacia consiste en la posibilidad de determinar si el incremento
patrimonial se ha debido a una inversión de carácter extraordinario o a la ordinaria de administración de
los bienes privativos, que son de cargo de la sociedad de gananciales y no generan derecho de devolución.
Precisiones
1) En el aumento de valor de un negocio privativo del marido desde la celebración del matrimonio hasta la
liquidación de la sociedad, ha contribuido de forma decisiva el trabajo de la esposa y por tal causa en aplicación de
lo establecido en el CC art.1359.2, en relación con el CC art.1360 debe cuantificarse este e incluirse como activo
de la sociedad de gananciales (TS 23-10-03, EDJ 139444).
2) El incremento de valor que las participaciones sociales de un cónyuge pudieran haber experimentado durante
el matrimonio tendría carácter ganancial. Son gastos gananciales los de administración ordinaria de los bienes
privativos y explotación regular de los negocios privativos y, en justa correspondencia, los productos, frutos,
rentas o intereses de tales bienes o negocios son gananciales (CC art.1362.3 y 4 y 1347). En definitiva, el mayor
valor, si lo hay, de las participaciones sociales privativas de un cónyuge en una sociedad es ganancial y como tal ha
de computarse en el activo del inventario (AP Toledo 23-2-17, EDJ 34910).
3) El trabajo desarrollado por el cónyuge no titular en el negocio privativo del otro durante los años de
matrimonio, sin duda redundó en una mejor explotación de dicho negocio y una reducción de costes de personal,
lo que integra el concepto de mejora del CC art.1359.2, pero la valoración económica de la misma corresponde a la
fase de liquidación, no a la de inventario que se limita a señalar el porcentaje, a cuantificar posteriormente.
Analizadas las circunstancias concurrentes se fija en un 15% la mejora del negocio merced a la colaboración del
apelante y, por ende, se reconoce la inclusión en el pasivo de la sociedad de gananciales de un crédito del 15% del
aumento de valor experimentado por dicho negocio desde la celebración del matrimonio hasta que se produjo el
divorcio (AP Albacete 7-10-15, EDJ 186185).
4) Siguiendo lo dispuesto en CC art.1359 y 1360 habría que distinguir dos supuestos:
a) Si la inversión de fondos comunes sirve a la sociedad de gananciales, no habría derecho de reembolso, pues si
los beneficios que se obtienen de una empresa privativa son bienes gananciales según el CC art.1347, ya habría
una compensación entre los gastos de la sociedad conyugal que sirven para mantener una explotación regular del
negocio y los beneficios que se reciben del mismo, que son bienes gananciales.
b) Si, por el contrario, la inversión de fondos comunes de la sociedad de gananciales es extraordinaria, es decir, va
más allá de lo que es una explotación regular de un negocio, la sociedad de gananciales tiene derecho de
reembolso si hay incremento patrimonial. En este caso, no se acredita ninguna inversión de fondos extraordinaria
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en el negocio privativo del esposo, por lo que los beneficios obtenidos son gananciales y ya hay una compensación
entre los gastos de la sociedad conyugal que sirven para mantener una explotación regular del negocio y los
beneficios que se reciben del mismo, que son bienes gananciales.
En el mismo sentido, y analizando el segundo de los supuestos previstos, es decir, cuando el incremento
patrimonial es debido a la actividad de cualquiera de los cónyuges, también aquí, como en el caso de la inversión
de fondos comunes, hay que distinguir: a) Si la actividad del cónyuge está limitada a la explotación regular del
negocio, se produzca o no un incremento patrimonial, no habrá lugar a un derecho de reembolso a favor de la
sociedad.
c) Si la actividad es extraordinaria para el desarrollo del establecimiento mercantil privativo, y como
consecuencia se ha producido un incremento patrimonial en el mismo, hay un derecho de reembolso a favor de la
sociedad de gananciales (AP Bizkaia 9-10-19, EDJ 814241).
Precisiones
1) En contra del criterio general antes mencionado y atendiendo al carácter de los bienes donados por razón de
matrimonio (mobiliario de cocina y aparatos electrodomésticos donados por los padres de la esposa ), entiende
que al ser bienes destinados, no al disfrute individual y aislado de uno solo de los futuros contrayentes, sino a su
incorporación, con el carácter de elementos estables, a la vivienda que los litigantes habían adquirido por partes
iguales y pro indiviso, dichos bienes habrían de seguir la misma suerte, es decir, serían pro indiviso de ambos
cónyuges (TS 28-9-04, EDJ 159554).
2) Las donaciones por razón de matrimonio son objeto de un estudio detallado en nº 650 s.
2. Bienes gananciales
(CC art.1347)
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- las ganancias obtenidas por el marido o la mujer en el juego o procedentes de otras causas que eximan de
la restitución;
- los bienes adquiridos mediante precio o contraprestación en parte ganancial y en parte privativo;
- los bienes que los cónyuges adquieran a título oneroso durante el matrimonio, cuando les atribuyan la
condición de gananciales;
- los bienes adquiridos por uno de los cónyuges, constante la sociedad por precio aplazado, si el primer
desembolso tuviera tal carácter;
- las edificaciones, plantaciones y cualesquiera otras mejoras que se realicen en los bienes gananciales;
- los bienes donados o dejados en testamento a los cónyuges sin especial designación de partes;
- los arrendamientos en régimen de sociedad de gananciales;
- los bienes adquiridos por los cónyuges tras la separación de hecho.
832 Bienes obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los
cónyuges
(CC art.1347.1)
Por trabajo de cualquiera de los cónyuges es preciso entender cualquier actividad que genere ingresos,
incluida la actividad creativa o intelectual.
Aunque el derecho de autor sea privativo, los ingresos que genere durante la vigencia de la sociedad de
gananciales, son gananciales.
En este apartado es preciso recordar las consideraciones hechas al analizar los bienes privativos en
cuanto a las indemnizaciones por despido (nº 783), pues aun cuando las rentas de trabajo sean
gananciales, dichas indemnizaciones podría entenderse que vienen a resarcir el daño causado a un
derecho patrimonial inherente a la persona y el mismo pertenece a la esfera privativa del cónyuge
lesionado, por lo que, dependiendo del momento de la percepción de la indemnización, esta sería
considerada ganancial o privativa, con las particularidades ya expuestas.
Precisiones
Se entiende que la capacidad de cada cónyuge y sus cualidades personales son inherentes a su personalidad, pero
sus consecuencias, es decir, los ingresos que generen, son gananciales (TS 20-11-00, EDJ 38860).
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Son gananciales:
- alquileres de bienes privativos;
- beneficios de las sociedades o establecimientos mercantiles privativos;
- pensiones percibidas durante la sociedad de gananciales, aunque el derecho sea privativo (nº 767);
- intereses de indemnizaciones privativas: despido, accidentes, etc.;
- intereses de fondos, cuentas, etc., de carácter privativo.
Téngase en cuenta que los gastos de administración y mantenimiento ordinario de los bienes privativos,
son de cargo de la sociedad de gananciales sin que genere derecho de reembolso.
838 Dividendos y fondos de reserva de acciones o participaciones privativas
No cabe duda que los dividendos cuyo reparto se haya acordado por la mercantil en la que participe con
carácter privativo uno de los cónyuges, tienen carácter de frutos y, por tanto, tienen naturaleza ganancial.
En este sentido, ya se había pronunciado el Tribunal Supremo proclamando que los beneficios de dicha
participación privativa tienen el carácter de frutos como resultado de una actividad productiva de una
organización mercantil y han de incluirse como parte del activo de la sociedad de gananciales.
Sin embargo, se ha discutido por la jurisprudencia de las audiencias provinciales si los beneficios
destinados a reservas de las sociedades en las que uno de los cónyuges tenga participación privativa,
constituyen o no un derecho de crédito de la sociedad de gananciales que ha de incluirse en el activo a la
fecha de su liquidación. Una cosa son los beneficios que han sido repartidos entre los socios y otra las
reservas que una mercantil en el ejercicio normal de sus actos de administración, decide constituir en su
contabilidad. En este sentido, parte de la jurisprudencia menor venía entendiendo que la sociedad de
gananciales tiene derecho a participar en el capital destinado a reservas, toda vez que estas están
constituidas por beneficios que no se han repartido entre los socios y, por ello, son frutos del patrimonio
común. Siendo una cuestión discutida, el Tribunal Supremo se ha pronunciado en sentencia de pleno para
proclamar que los beneficios destinados a reservas permanecen integrados en el patrimonio de la
sociedad, que tiene una personalidad jurídica propia y totalmente independiente de la de sus socios, por lo
que estos carecen de la capacidad de decidir individualmente sobre el destino de los beneficios obtenidos,
ostentando solo un derecho abstracto sobre su patrimonio, que solo se puede concretar cuando la junta
acuerde su distribución con el reparto de dividendos. Por tanto, los beneficios destinados a reservas no
han de incluirse en el activo de la sociedad de gananciales como un derecho de crédito frente al cónyuge
titular de las participaciones o acciones privativas (TS pleno 3-2-20, EDJ 505957).
Precisiones
1) Todo el rendimiento de los negocios privativos no es ganancial sino hasta la liquidación de los gastos de la
misma. Según la doctrina civilista, los frutos de un negocio no ingresan automáticamente en la sociedad de
gananciales, sino que es necesaria la previa liquidación de los gastos generados en su producción. Para ello, el CC
art.1381 y 1382 autoriza al cónyuge propietario privativo a disponer de los frutos y productos de sus bienes a
título de gestor autónomo de su propio patrimonio, el cual, una vez realizadas las operaciones necesarias a las que
es ajena la sociedad de gananciales, determina el rendimiento neto para la masa ganancial (AP Bizkaia 24-11-04).
2) Ostentan la consideración legal de ganancias los dividendos cuyo reparto se ha acordado, en tanto que
provienen de las acciones o participaciones sociales privativas de uno de los cónyuges (CC art.1347.2). Los
beneficios destinados a reservas permanecen integrados en el patrimonio de la sociedad, que cuenta con
personalidad jurídica propia e independiente de los socios y por tal razón el cónyuge titular de dichas
participaciones privativas solo tiene un derecho abstracto sobre un patrimonio ajeno, que incluso pudiera suceder
que nunca llegara a materializarse por acaecer perdidas posteriores que absorban dichas reservas o por ser
necesarias para la autofinanciación de la sociedad. Dichos fondos no adquieren la condición de bienes gananciales
y no han de incluirse en su activo (TS pleno 3-2-20, EDJ 505957).
3) Al aclarar que los dividendos destinados a reservas no tienen en general carácter ganancial, el Tribunal
Supremo también se ha pronunciado sobre el supuesto de que la decisión de destinar los beneficios a reservas
constituya un fraude para que dichos frutos no se integren en el haber ganancial. En efecto, existen numerosos
supuestos de sociedades familiares controladas por un cónyuge y su familia, e incluso por el mismo como socio
único en los que pudiera contemplarse que el titular de estas acciones privativas, actuando en fraude de ley,
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adoptara el acuerdo de destinar los beneficios a reservas, para hurtar a la sociedad de gananciales del derecho a
percibirlos. En tal supuesto, se podría invocar incluso lo previsto en CC art.1390 y 1391, entendiendo que podría
tratarse de un acto de administración llevado a cabo por uno de los cónyuges para obtener un beneficio o lucro
exclusivo, siendo por ello, deudor a la sociedad por el beneficio obtenido. En todo caso, el Tribunal ha proclamado
que, en los supuestos de fraude de ley, los beneficios no repartidos se podrán considerar gananciales y habrán de
incluirse en las operaciones liquidatorias de la sociedad conyugal (TS pleno 3-2-20, EDJ 505957).
Los bienes que se obtengan a título oneroso a costa del caudal común, bien se haga la adquisición para la
comunidad, bien para uno solo de los esposos, son gananciales.
Este supuesto recoge de nuevo el principio de subrogación real: si el dinero satisfecho tiene carácter
común, el bien adquirido a su costa goza del mismo carácter consorcial.
Este precepto, conjugándolo con la presunción de ganancialidad (nº 675), viene a dejar absolutamente
clara la ganancialidad de los bienes adquiridos por uno solo de los cónyuges, sin especificación de la
titularidad del bien. Sin embargo, dicha presunción admite prueba en contrario . Si el cónyuge que
adquiere a título oneroso constante la sociedad, acredita que el bien ha sido adquirido con su patrimonio
privativo , dicho bien tiene tal carácter, no suponiendo obstáculo para ello que en la escritura de
adquisición del mismo se hiciera constar que su compra se hizo para la sociedad de gananciales y figure
inscrito en el Registro de la propiedad como ganancial. Téngase en cuenta también en este sentido la
confesión de privatividad que puede realizar un cónyuge en relación a las adquisiciones que se realicen
por el otro constante la sociedad (nº 680).
Precisiones
No constituye un acto propio el hecho de haber declarado en escritura de adquisición que compran para su
sociedad de gananciales (TS 29-9-97, EDJ 6858; AP Sta. Cruz de Tenerife 27-5-00, EDJ 56972; AP Córdoba 27-6-
03, EDJ 72188).
Con otro criterio, se ha entendido que, constando probado que el esposo adquirió la vivienda antes de contraer
matrimonio y que la esposa no contribuyó con pago alguno, al haberse manifestado en la escritura pública,
otorgada constante matrimonio, que la adquisición se hace para la sociedad de gananciales, tiene este carácter,
pues la manifestación ante el notario es un acto inequívoco que vincula a quién la efectúa con la cobertura legal
del CC art.1323, que permite que los cónyuges puedan transmitirse por cualquier título bienes y derechos y
celebrar entre sí toda clase de contratos. No se entiende aquí aplicable la atribución de ganancialidad -CC
art.1355-, por estar previsto para bienes adquiridos constante matrimonio, pero sí la posibilidad de transmitirse
bienes entre los cónyuges (AP Sevilla 27-11-08).
Son gananciales los bienes adquiridos por derecho de retracto de carácter ganancial, aun cuando lo fueran
con fondos privativos , en cuyo caso la sociedad es deudora del cónyuge por el valor satisfecho.
Este precepto viene a ser la contrapartida del establecido respecto de los bienes privativos (nº 763),
aplicando de nuevo el principio de subrogación real. En este caso, el bien o derecho es ganancial, pero si
los fondos para su adquisición fueran privativos, existe un derecho de reembolso a favor del cónyuge que
los aportó.
Precisiones
Si las acciones de una mercantil, aunque fueran nominativas de uno solo de los cónyuges, son propiedad de la
sociedad de gananciales, el otro cónyuge en la liquidación puede adjudicárselas y la mercantil no puede hacer
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valer su derecho de retracto frente al mismo, pues no es un tercero en la propiedad de las acciones, y por ello, los
estatutos de aquella no pueden prohibir la adjudicación de las acciones al cónyuge no titular en la liquidación de
la sociedad de gananciales, pues ya le pertenecían, aunque sin concretar su titularidad (TS 4-7-88, EDJ 16946).
Las empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por uno cualquiera de los
cónyuges a expensas de los bienes comunes son gananciales.
Si a la formación de la empresa o establecimiento concurren capital privativo y capital común, se aplica lo
siguiente: los bienes adquiridos en parte por bienes gananciales y en parte privativos , corresponden
proindiviso a la sociedad de gananciales y al cónyuge en proporción Parece que el precepto se refiere solo
a las empresas de título individual , sea cual fuere su dimensión, ya que las que están constituidas en
sociedades, se componen de títulos valores: acciones, participaciones sociales, o aportaciones, que
exceden de la esfera patrimonial familiar, están incluidas en las regulaciones específicas de los mismos. Es
preciso resaltar que, aunque las acciones o participaciones sociales pertenezcan a la sociedad de
gananciales, el cónyuge que figure como titular de las mismas puede gestionarlas por sí mismo, ya que los
derechos políticos (el derecho a voto) sobre ellas, corresponden solo al socio titular y no a la sociedad (CC
art.1352 y 1384).
Cuando se haya formado una sociedad, la titularidad privativa o ganancial de las acciones o
participaciones se resuelve por aplicación de las reglas generales (CC art.1346 y 1347; TS 18-9-99, EDJ
25783), de cuya aplicación resulta que:
• Tendrán carácter privativo las acciones o participaciones que pertenecieran a uno de los cónyuges con
anterioridad a la sociedad de gananciales (CC art.1346.1) o que hayan sido adquiridas a costa de bienes
privativos, incluido por tanto el caso de una empresa privativa que se constituye como sociedad durante la
vigencia de la sociedad de gananciales (CC art.1346.3).
• Tendrán carácter ganancial las acciones o participaciones adquiridas a título oneroso a costa del caudal
común, tanto si la adquisición se hace para la comunidad como si se hace para uno solo de los esposos (CC
art.1347.3), con independencia de quién adquiera el carácter de socio. Además, cuando proceda, deberá
tenerse en cuenta lo dispuesto en el CC art.1352 -para las nuevas acciones, títulos o participaciones
sociales- y en el CC art.1384 por lo que se refiere a los actos de administración y disposición.
Desde esta perspectiva quedan fuera del CC art.1347.5 el mero ejercicio profesional y la prestación de
servicios que, aun iniciados durante la vigencia de la sociedad, no se organicen de modo semejante al de
los empresarios, porque si bien durante la vigencia de la sociedad sus rendimientos son comunes, por su
propia naturaleza no pueden serlo los meros servicios intelectuales o materiales de un profesional que se
prestan intuitu personae (TS 10-11-17, Rec 1155/15).
En el caso de empresas individuales, que es a las que se refiere el precepto, pueden plantearse problemas
específicos en supuestos como las farmacias, los estancos, las administraciones de loterías, etc.
846 Farmacias
En estos casos la titularidad formal nunca puede pertenecer a los dos cónyuges, pero sí el establecimiento
o empresa.
El problema que se plantea cuando la empresa es de titularidad de uno de los cónyuges, pero de
propiedad ganancial, es el de la gestión de la misma, ya que esta solo puede llevarla a cabo el titular y
teniendo que rendir cuentas a la sociedad (CC art.1384). Al cónyuge no titular solo le queda el derecho de
reembolso, la rescisión o la petición de disolución de la sociedad de gananciales.
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Precisiones
Muchas han sido ya las sentencias que en relación a las farmacias se han pronunciado en el sentido de
considerarlas propiedad de la sociedad de gananciales si las mismas se fundaron durante su vigencia y ello con
independencia de que sea uno de los cónyuges el que ostente el título de farmacéutico. Así el Tribunal Supremo ha
considerado que la base económica de la farmacia, compuesta por el local del negocio donde se asienta la misma,
las existencias, la clientela, el derecho de traspaso y demás elementos físicos-económicos que configuran los
elementos accesorios de la actividad negocial de la farmacia, constituyen un bien ganancial (TS 14-5-03, EDJ
17148).
Por el contrario, si la farmacia fue adquirida por uno de los cónyuges antes del comienzo de la sociedad de
gananciales, la misma será privativa de aquel, sin perjuicio de incluir en el activo de la sociedad como bien
ganancial, el valor de las existencias de la farmacia, así como el aumento del valor de negocio producido durante la
vigencia de la sociedad (TS 16-6-06, EDJ 89283; 30-1-04, EDJ 2108).
Formularios | 1
Precisiones
La licencia de taxi tiene un contenido económico propio y autónomo, que es transmisible inter vivos y por tanto
no inherente a la persona (AP Málaga 26-1-00; AP Asturias 6-10-04).
Precisiones
El hecho de que sea necesaria una concesión administrativa para el desempeño de la actividad -como es el caso de
los estancos-, no es un obstáculo para que el negocio tenga carácter ganancial. La titularidad que se atribuye a
quien figura al frente del establecimiento es meramente administrativa, acomodada a la normativa especial que
rige los estancos y, por tanto, se trata más bien de tipo formal impuesta por las exigencias de la Administración que
no excluye la civil, en este caso plural. Ahora bien, el carácter ganancial o no del citado negocio no depende de que
en el momento de su inicio exista ese régimen económico matrimonial, sino de que se adquiera a título oneroso y
con dinero o bienes de tal naturaleza, es decir, a expensas de los bienes comunes (TS 4-4-07, EDJ 21007; AP
Murcia 14-10-11, EDJ 250190).
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Precisiones
Con independencia de su denominación y de que, desde el inicio, la clínica se identificara con el nombre de uno de
los cónyuges, en los servicios que se prestan predomina el aspecto objetivo de la estructura y la organización
mediante la apertura al público de un establecimiento en el que hay varios sillones de dentista y en el que trabajan,
además del titular y del personal auxiliar, una ortodoncista y otros dos odontólogos. Así lo confirma el que la
clínica funcione incluso muchas mañanas mientras este trabaja en otro sitio, por lo que el modo en que se ejercita
la actividad profesional ha dado lugar a un entramado de instrumentos que determina la aplicación del CC
art.1347.5. Tampoco se opone a la calificación de la clínica como ganancial, que para desarrollar la actividad
profesional se requiera una formación, una capacidad profesional y una titulación. Tanto el título, académico o no,
como, en su caso, la cualificación profesional necesaria para el ejercicio de una actividad, conservan su carácter
personal, lo que es compatible con el carácter disponible y transmisible de la empresa, explotación o
establecimiento que se crean, susceptibles de ser bienes gananciales si concurren los requisitos legales de haber
sido fundados durante la vigencia de la sociedad de gananciales y a expensas de bienes comunes (TS 10-11-17,
Rec 1155/15).
Son gananciales las ganancias obtenidas por el marido o la mujer en el juego o procedentes de otras
causas que eximan de la restitución (premios de lotería, quinielas, concursos de televisión, etc. -TS 22-12-
00; AP Sevilla 14-5-07-), incluidas las procedentes de negocios ilícitos. El cónyuge que así las obtenga no
podrá oponer su procedencia, incluso sin consentimiento o conocimiento del otro, para atribuirse las
ganancias.
Lo perdido y pagado durante el matrimonio por alguno de los cónyuges en cualquier clase de juego no
disminuye su parte respectiva de los gananciales, siempre que el importe de aquella pérdida pudiere
considerarse moderada con arreglo al uso y circunstancias de la familia.
Sin embargo, lo perdido y no pagado por alguno de los cónyuges en los juegos en que la Ley concede
acción para reclamar lo que se gane, responden exclusivamente los bienes privativos del deudor. No se
está refiriendo, como en el caso de perdido y pagado, a toda clase de juegos, sino solo a aquellos en que la
ley concede acción para reclamar lo que se gane. En este sentido, no puede reclamarse lo que se gana en
un juego de suerte, envite o azar, pero el que pierde no puede repetir lo que haya pagado voluntariamente,
a no ser que hubiese mediado dolo o que fuera menor, o estuviera inhabilitado para administrar sus
bienes.
Precisiones
Se desestima la inclusión en el haber ganancial del dinero obtenido en el premio de lotería, ya que los cónyuges
otorgaron escritura de liquidación de su sociedad de gananciales 2 años después y no incluyeron dicho premio,
además de hacer constar la renuncia a cualquier reclamación, lesión o por aparecer otros bienes o deudas
distintos a los relacionados en la liquidación, siempre que el cónyuge estuviera al tanto del premio de lotería, lo
que se estima probado por la prueba indiciaria incluida en las actuaciones. No teniendo duda el Tribunal de que el
esposo conoció en su momento la existencia del premio de la bonoloto y que, conociéndolo, otorgó la escritura de
liquidación de gananciales en la que no se incluyó, da validez a la renuncia contenida en dicho documento y no
admite la inclusión del dinero en el activo de la sociedad (TS 3-4-18, EDJ 37350).
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Los bienes adquiridos mediante precio o contraprestación en parte ganancial y en parte privativo,
corresponden pro indiviso a la sociedad de gananciales y al cónyuge o cónyuges en proporción al valor de
las aportaciones respectivas.
Este precepto tiene especial valor con respecto a la vivienda familiar, pues es citado expresamente en la
regulación de los bienes adquiridos a plazos por uno de los cónyuges antes de comenzar la sociedad, como
excepción a la misma y aplicándose expresamente lo dispuesto en este artículo (CC art.1357; nº 811).
Son gananciales los bienes que los cónyuges adquieran a título oneroso durante el matrimonio, cualquier
que sea la procedencia del precio o contraprestación y la forma y plazos en que se satisfaga, siempre que
los cónyuges, de común acuerdo, les atribuyan la condición de gananciales.
Este precepto incrementa el juego de la autonomía de la voluntad de los cónyuges. Se plantea, sin
embargo, el problema de cuándo puede atribuírsele al bien dicha condición de ganancial: si en el momento
de su adquisición , como parece querer decir el texto del precepto, o puede también hacerse en fecha
posterior. En este sentido, entienden la doctrina científica que si el carácter privativo del bien, estaba
perfectamente delimitado, la atribución de ganancialidad, tiene carácter dispositivo, y, por tanto, a efectos
fiscales, se trataría de una transmisión.
Es factible atribuir el carácter ganancial de un bien privativo al momento de la liquidación y en muchas
ocasiones ello facilita la igualdad de lotes entre los cónyuges.
Son gananciales los bienes adquiridos por uno de los cónyuges, constante la sociedad por precio
aplazado, si el primer desembolso tuviera tal carácter, aunque los plazos restantes se satisfagan con
dinero privativo. El cónyuge tiene derecho de reembolso por el dinero invertido en el bien ganancial.
Son gananciales las edificaciones, plantaciones y cualesquiera otras mejoras que se realicen en los bienes
gananciales, sin perjuicio del reembolso del valor satisfecho, si se hizo con dinero privativo de uno de los
cónyuges (AP Pontevedra 5-2-07, EDJ 14680).
Si el suelo o el bien sobre el que se construyen las edificaciones son gananciales, la edificación tiene dicho
carácter.
Asimismo, la mejora realizada sobre un bien ganancial, queda en beneficio de la sociedad.
El cónyuge que aportó dinero privativo para realizar la mejora o edificación, es acreedor frente a la
sociedad de gananciales por el valor satisfecho, que se determinará a la liquidación de la sociedad, lo que
no entraña dificultad siempre que se acredite la procedencia privativa de la inversión (nº 1106).
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Igual que sucede con los incrementos patrimoniales producidos en los bienes privativos con dinero
ganancial, también se permite la valoración del incremento patrimonial habido sobre un bien ganancial
con dinero privativo de uno de los cónyuges, debiendo en tal caso computarse en el pasivo de la sociedad
un derecho de crédito frente al cónyuge acreedor.
El incremento patrimonial tendrá el carácter del bien al que se incorpora, y será ganancial, aunque el
dinero invertido en la mejora sea privativo de uno de los cónyuges, que como se ha dicho tendrá un
derecho de reembolso por el incremento de valor.
Los bienes donados o dejados en testamento a los cónyuges sin especial designación de partes, constante
la sociedad, se entienden gananciales, siempre que la liberalidad fuese aceptada por ambos y el donante o
testador no hubiese dispuesto lo contrario.
Dicho precepto supone una excepción a la regla general que es que los bienes adquiridos por uno de los
cónyuges a título gratuito durante la vigencia de la sociedad de gananciales, son privativos (CC
art.1346.2).
Precisiones
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Precisiones
Cuando durante el matrimonio, uno de los cónyuges había venido ostentando la titularidad física del negocio, la
jurisprudencia entiende que no prosperaría la resolución del contrato a la jubilación de su titular, pues este sigue
siendo titular del mismo, aunque el negocio se ejerza a nombre del otro cónyuge (AT Valladolid 18-5-87).
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Precisiones
1) Se ha declarado el carácter privativo de la vivienda adquirida por el esposo tras la separación de hecho y antes
de iniciarse el proceso de separación matrimonial (AP Madrid 9-9-04). Por otro lado, se ha declarado de carácter
ganancial la vivienda adquirida tras la separación de hecho, al abonarse las cuotas hipotecarias en una cuenta de
titularidad del matrimonio, y no acreditarse que tuvieran patrimonios completamente independientes,
aplicándose por tanto la presunción de ganancialidad (AP Málaga 17-5-06).
2) Se estima el recurso de casación por aplicar el tribunal de apelación erróneamente la doctrina de la sala al
entender que la separación de hecho, provocada por la orden de protección dictada por el juzgado de violencia
sobre la mujer, produce automáticamente la disolución de la sociedad de gananciales. Esto es contrario a la
doctrina de la sala, pues ha de realizarse un análisis de las circunstancias que concurren en cada caso y, en este
caso, los cónyuges reconocen haber otorgado el carácter ganancial a bienes adquiridos con posterioridad a dicha
fecha, dada la posibilidad establecida en el CC art.1355 de atribuir tal carácter de común acuerdo, por lo que se
acuerda que la fecha de disolución sea la de la sentencia de divorcio (TS 2-3-20, EDJ 523480).
D. Cargas y obligaciones
(CC art.1362 a 1374)
875 Las cargas y obligaciones de la sociedad de gananciales constituyen el pasivo de la misma, que debe ser
tenido en cuenta a la hora de su liquidación. Sin embargo, para facilitar esta, es preciso distinguir los
distintos conceptos contenidos: cargas y obligaciones, pues al momento de la liquidación de la sociedad,
tienen distinto tratamiento en el inventario del pasivo de la misma.
880 Las cargas de la sociedad de gananciales se corresponden con las deudas asumidas por los cónyuges en
sus relaciones entre sí, durante la vigencia de la misma, y son las siguientes:
a.Sostenimiento de la familia (nº 885).
b.Adquisición, tenencia y disfrute de los bienes comunes (nº 890 s.).
c.Administración ordinaria de los bienes privativos de cualquiera de los cónyuges (nº 910).
d.Ejecución regular de los negocios o desempeño de profesión, arte u oficio (nº 915 s.).
a. Sostenimiento de la familia
(CC art.1362.1)
885 En este apartado se incluye el sostenimiento de la familia, alimentación y educación de los hijos comunes y
atenciones de previsión acomodados a los usos y circunstancias de la familia.
No solo deben atenderse por la sociedad de gananciales los gastos de los hijos comunes , sino también los
de sostenimiento de los hijos de uno solo de los cónyuges , pero siempre y cuando convivan en el hogar
familiar. Dichos gastos no generan derecho de reembolso a favor de la sociedad, que se hace cargo de los
mismos a fondo perdido.
Cuando los hijos de uno solo de los cónyuges, no convivan en el hogar familiar, el sostenimiento de sus
gastos también es de cuenta de la sociedad de gananciales, pero genera un derecho de reembolso a favor
de la misma por el importe total satisfecho, que se abonará a su liquidación. De manera que, los alimentos
abonados por uno de los cónyuges a los hijos de una anterior unión, en virtud de resolución judicial o de
acuerdo entre los progenitores, se abonan con cargo a la sociedad de gananciales, incluso si se pagan con
los ingresos del cónyuge alimentante, que también tienen este carácter, por lo que una vez que se liquide
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la sociedad, el otro cónyuge puede exigir que se incluya en el activo un derecho de crédito contra el
obligado al pago, por el total satisfecho durante la vigencia de la sociedad.
Entre los gastos comprendidos en este precepto no solo se contienen los ordinarios de alimentos y
educación, sino que pueden comprenderse también los de viajes, vacaciones, enfermedades, etc., siempre,
como dice el mismo, acomodados a los usos y circunstancias de la familia, por lo que ha de atenderse al
nivel económico y social de la misma.
También se incluyen los desembolsos necesarios para la salvaguarda de la salud , presupuestos para
estudio u otros que prevean eventualidades de futuro, para poder hacer frente a ellos sin quebranto para
la familia: seguros médicos, seguros de estudios, etc.
890 En dicho apartado se incluyen todos los gastos que se generen por la gestión y administración de los
bienes gananciales, incluyendo también los gastos de adquisición.
894 Tratándose pues de una deuda de la sociedad de gananciales, si uno de los cónyuges abona con cargo a
sus bienes privativos, gastos de adquisición de bienes gananciales, tiene un derecho de reembolso frente
a la sociedad, siempre que acredite la procedencia privativa del dinero.
La problemática respecto del pago de hipoteca se suscita cuando después de producida la separación del
matrimonio, uno de ellos se hace cargo del pago, pretendiendo a la hora de relacionar el pasivo de la
sociedad que se incluya su deuda.
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La jurisprudencia ha venido distinguiendo si ese pago se ha producido, tras la separación de hecho de los
cónyuges o por auto de medidas provisionales y mientras se sustenta la tramitación del procedimiento de
nulidad, separación o divorcio, supuesto en el que se entiende por presunción iuris tantum que dicho
importe se ha abonado con dinero ganancial, al no haberse producido la disolución de la sociedad -por las
causas previstas en el CC art.1392 y 1393 (nº 1010 s.)-. Solo cuando se ha disuelto esta, prospera la
pretensión de incluir la cantidad abonada, como deuda de la sociedad frente al cónyuge acreedor (AP Sta.
Cruz de Tenerife 22-3-04; AP Ourense 24-11-03, EDJ 177173; AP Castellón 26-4-10; AP Las Palmas 21-
12-07; AP Bizkaia 3-6-08; AP La Rioja 28-3-07).
Precisiones
Debe distinguirse claramente que las cuotas hipotecarias no son cargas del matrimonio, sino cargas o deudas de
la sociedad de gananciales y que, por tanto, las que hayan sido abonadas por uno de los cónyuges, han de incluirse
en el pasivo de la sociedad (AP Burgos 26-4-02). Se incluyen en el pasivo de la sociedad de gananciales las cuotas
del préstamo hipotecario que pesa sobre la vivienda familiar abonadas por un cónyuge, pues el pago de las cuotas
del mismo, como contribución a las cargas del matrimonio, justificado en salvaguardar el interés de los menores
que habitan en la misma, no impide que se tengan en cuenta en el momento de la liquidación de la sociedad, según
preceptúa el CC art.1396 (AP Cádiz 16-9-03). Lo pagado por uno de los cónyuges desde que se disolvió la
sociedad de gananciales debe figurar en el pasivo (AP Sevilla 25-10-04; TS 21-10-14, EDJ 182542).
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El Tribunal Supremo, por el contrario, ha entendido que tanto la cuota ordinaria como la extraordinaria
de la comunidad de propietarios, deben ser abonados por el titular del bien y por lo tanto por la sociedad
de gananciales, pues entiende que la Ley de propiedad horizontal (L 49/1960 art.9.1.e), de una forma clara,
impone al propietario el pago de aquellos gastos, ya que considera que los desembolsos generados para el
mantenimiento de los bienes comunes, no susceptibles de individualización, repercuten por igual a todos
los comuneros, de manera que la no utilización de un elemento común no exime del pago de los gastos
generados en su mantenimiento (TS 1-6-06; 20-6-06, EDJ 89289; 18-6-08). Al tratarse de una única
cuestión controvertida, hay que estar al criterio de cada sala, entendiendo más acertado el criterio
anterior, que es el que sigue aplicándose por la mayoría de las audiencias provinciales.
Precisiones
1) La tasa de basura no es un impuesto, sino una tasa municipal, derivada del servicio que presta el ayuntamiento
a un determinado inmueble, por recogida de basura, por lo que, en definitiva, remunera un servicio derivado del
uso de la vivienda y, como tal, y por no ser carga matrimonial, ha de ser atendido por aquel de los litigantes que
ocupe la vivienda que lo genera (AP Málaga 22-4-09).
2) La tasa de recogida de basuras, prevista en LHL art.20.4 s. y 24.1, establece que son sujetos pasivos de las
tasas, en concepto de contribuyentes, las personas físicas que resulten beneficiadas o afectadas por los servicios o
actividades locales que presten o realicen las entidades locales, conforme a alguno de los supuestos previstos en la
LHL art.20.4. Debe ser el usuario de la vivienda quién ha de abonar la tasa de basura, pues tendrán dicha
consideración jurídica en las tasas establecidas por razón de servicios o actividades que beneficien o afecten a los
ocupantes de viviendas o locales, los propietarios de dichos inmuebles, quienes podrán repercutir en su caso, las
cuotas sobre los respectivos beneficiarios (AP A Coruña 10-1-07).
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906 Alquileres
El pago de las rentas de los bienes gananciales, deben hacerse con cargo a la sociedad, estándose a lo
manifestado si se abonan con dinero privativo (nº 868).
910 Los frutos y las rentas de los bienes privativos pertenecen a la sociedad de gananciales (CC art.1347.2),
por lo que es lógico que los gastos ordinarios que se generen para la administración de los mismos
también lo sean, tales como las cuotas de la comunidad de propietarios, los gastos de mantenimiento,
reparaciones necesarias por los deterioros de su uso, abono de cuotas de administración a profesionales,
por ejemplo en la gestión y cobro de las rentas en el caso de que se encuentren arrendados, etc.
Se excluyen los gastos extraordinarios o de mejora que dan derecho en su caso, a reintegro en la
liquidación de la sociedad o cuando se enajene el bien si ocurre antes.
915 Es decir, lo que se entiende normalmente por el normal ejercicio de los medios de subsistencia. En este
precepto se encuentran los gastos ordinarios que los cónyuges precisan realizar para poder explotar sus
negocios o llevar a cabo el ejercicio de su profesión.
Del mismo modo que las rentas y frutos del trabajo y de los negocios, sean gananciales o privativos,
pertenecen a la sociedad de gananciales, los gastos que se precisen para su desarrollo, también tienen que
ser abonados con cargo a la misma, sin que proceda derecho de reembolso a su liquidación.
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925 Las obligaciones de la sociedad de gananciales son las deudas adquiridas frente a terceros en el
desarrollo de las relaciones que por cualquier circunstancia se produzcan con los mismos, distinguiéndose
claramente por ello de las deudas adquiridas entre los cónyuges, que han sido estudiadas como cargas de
la sociedad. Así pues, son deudas de la sociedad las adquiridas por cualquiera de los cónyuges
indistintamente:
a) En el ejercicio de la potestad doméstica o de la gestión o disposición de gananciales.
b) En el ejercicio ordinario de la profesión, arte u oficio, o en la administración ordinaria de los bienes
propios.
930 Son deudas de la sociedad las adquiridas por cualquiera de los cónyuges en el ejercicio de la potestad
doméstica o la gestión o disposición de gananciales que, por ley o por capítulos, le corresponda. El carácter
general de esta disposición viene a proteger a los terceros de buena fe que contratan con cualquiera de
los cónyuges.
Respecto al ejercicio de la potestad doméstica, habría que señalar que cualquier deuda que asuma un
cónyuge para sostener los gastos de ordinarios de la familia, tales como alimentación, vestido, educación,
ocio, reparaciones ordinarias del hogar y los bienes, deben ser abonadas por la sociedad de gananciales.
Precisiones
1) Las entregas dinerarias en concepto de préstamo hechas en una cuenta de la sociedad de gananciales
permiten presumir que la beneficiaria del préstamo es la sociedad de gananciales al serlo el dinero incorporado a
su patrimonio por ese título (CC art.1361). Esta presunción se extiende hasta el momento de la disolución de la
sociedad, más allá por tanto de la fecha de cese de la convivencia. En este caso, esta presunción no ha sido
destruida por prueba en contrario. Ni siquiera respecto de las entregas que tuvieron lugar después del cese de la
convivencia se ha probado que las cantidades recibidas fuesen destinadas a la satisfacción de deudas o gastos
ajenos a la sociedad. El hecho de que se destine el dinero al pago de la cuota de autónomos del esposo,
relacionada en este caso con la actividad de la sociedad, no excluye el carácter ganancial del gasto, como tampoco
su destino al pago de un préstamo por la adquisición de un coche inicialmente ganancial, aunque después ese
vehículo se haya excluido por acuerdo de las partes del inventario de la sociedad (AP A Coruña 9-3-16, Rec
469/15).
2) La sociedad de gananciales no tiene personalidad jurídica, por lo que, en sentido estricto, no puede contraer
deudas . Son los cónyuges los que aparecen como deudores. Ahora bien, si la deuda se ha contraído para satisfacer
atenciones de la sociedad, habrán de utilizarse los bienes de esta para su pago y, en caso de que sea el patrimonio
de los cónyuges quien lo haga, tendrá un crédito contra el patrimonio ganancial. Teniendo en cuenta lo anterior, el
CC art.1362 considera que son gastos o deudas que deben correr a cargo de la sociedad de gananciales los
generados por el levantamiento de las cargas de la familia, la administración de bienes comunes y privativos, así
como el ejercicio de la profesión y oficio de cada cónyuge. Si se prueba que el dinero adeudado fue destinado a una
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cuenta de disposición común de ambos esposos para la satisfacción de los gastos familiares, entonces resulta
irrelevante si el endeudamiento se hizo con el consentimiento o la autorización del otro cónyuge, pues lo único
relevante es que el destino de las cantidades percibidas con aquellas operaciones de crédito, fueron a parar a
satisfacer gastos familiares, siendo de aplicación el CC art.1362 (TS 1-2-16, Rec 25/14).
932 Educación
El precepto obligaría a la sociedad al pago del coste del colegio o universidad privada, cursos de postgrado
o cursos en el extranjero, etc., que sean acordes con los usos de la familia.
Precisiones
Los gastos de las nietas y los pagos de la hipoteca realizados por los padres del esposo se entienden como una
donación al matrimonio y no como un préstamo, pues nunca se reclamó su pago por aquellos, y solo ahora, en el
momento de producirse la liquidación de la sociedad de gananciales reclaman el importe pagado. Tampoco consta
que los cónyuges hayan pagado, aunque sea una mínima parte de dichos gastos, por lo que no prospera la
pretensión de que el dinero abonado fue un préstamo al matrimonio y, por tanto, no ha de incluirse en el pasivo de
la sociedad (AP Madrid 3-3-16).
Precisiones
Un préstamo solicitado por uno solo de los cónyuges para atender los gastos de la enfermedad grave de una hija
en el extranjero, revestía los caracteres de urgencia y necesidad, aunque fuera extraordinario, que autorizaba su
realización con el solo consentimiento de uno de los cónyuges, tal y como dispone el CC art.1386, por lo que del
mismo responde la sociedad de gananciales (AP Valladolid 3-6-04).
Precisiones
No ha de incluirse en el activo de la sociedad de gananciales frente a la esposa el crédito solicitado por esta para la
implantación de prótesis mamaria, pues la discusión no está en si dicha operación era o no necesaria, ya que
muchos gastos de ocio y otros gastos familiares, tampoco lo son, sino que lo que se debe analizar es si hubo
consentimiento entre las partes para la realización de ese gasto y, por tanto, la intervención entra dentro de la
interpretación amplia del contenido del CC art.1362.1 como atenciones acomodadas a los usos y a las
circunstancias de la familia, entendiendo que hubo el razonable consenso en la intervención al amparo del CC
art.1363 (AP Valencia 14-11-16, EDJ 256899).
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940 También es responsable frente a terceros la sociedad de gananciales de las deudas que contraiga un
cónyuge en el ejercicio ordinario de su profesión y en los gastos de administración ordinaria de los bienes
propios.
Con ello, de nuevo se viene a proteger a los terceros de buena fe que contratan con cualquiera de los
cónyuges y que desconocen si los bienes que aparentemente poseen son propios o de la sociedad de
gananciales al no existir un registro en el que se inscriba una relación de los mismos y su naturaleza.
En cualquier caso, para ver hasta qué punto responde la sociedad de gananciales o en su caso, los bienes
privativos de los cónyuges, es preciso distinguir los distintos tipos de responsabilidad de la sociedad.
Formularios | 4
2. Carta dirigida a la propiedad de la vivienda notificando nueva titularidad del contrato de arrendamiento tras un
proceso de nulidad, separación o divorcio
3. Notificación al arrendador de la existencia de sentencia de divorcio (contrato celebrado antes del 9 de mayo de 1985)
4. Notificación por el cónyuge del arrendatario de continuar en el contrato de arrendamiento de vivienda en caso de
separación, nulidad o divorcio (LAU art.15)
a. Responsabilidad directa
950 La sociedad responde directamente de las deudas contraídas por un cónyuge en el ejercicio de la potestad
doméstica , en las condiciones que se han manifestado anteriormente (nº 930) y en el ejercicio ordinario
de la profesión, arte u oficio o en la administración ordinaria de bienes propios.
Si uno de los cónyuges fuera comerciante, se ha de estar a lo dispuesto en el Código de Comercio, que
establece que quedan obligados a las resultas del comercio los bienes propios del cónyuge que lo ejerza y
los adquiridos con esas resultas, que en cuanto ganancias del cónyuge comerciante, son gananciales.
Para que los demás bienes gananciales queden obligados es necesario el consentimiento de ambos
cónyuges. Sin embargo, se entiende otorgado el consentimiento del no comerciante con tan amplitud que
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en la práctica responden todos los bienes gananciales, pues según dichos preceptos, se entiende otorgado
el consentimiento:
1. Cuando se ejerza el comercio con conocimiento y sin oposición expresa del cónyuge que deba
prestarlo.
2. Cuando al contraer matrimonio se hallare uno de los cónyuges ejerciendo el comercio y lo continuare
sin la oposición del otro.
Es pues tan amplia la presunción de consentimiento del cónyuge no comerciante, que solo puede excluirse
si se ha hecho la oposición en escritura pública y la misma se ha inscrito en el Registro Mercantil.
Según lo anterior, responden pues los bienes propios del cónyuge comerciante y en todo caso, con las
salvedades que se han hecho, los bienes gananciales, pero nunca los bienes privativos del cónyuge no
comerciante, pues para ello, sí se exige el consentimiento expreso del otro cónyuge.
3. De las obligaciones contraídas conjuntamente, o por un cónyuge con el consentimiento del otro.
4. De las obligaciones extra contractuales de un cónyuge, cuando actúe en beneficio de la sociedad o en
la administración de los bienes, salvo cuando sean debidas a dolo o culpa grave del cónyuge deudor.
última actualización
Modificación del régimen legal de la afectación de los bienes gananciales al comercio ejercido por uno de los
cónyuges.
Hasta el 25-9-2022, quedaban afectos a las resultas del comercio ejercido por uno de los
cónyuges tanto los bienes propios del cónyuge comerciante -sus bienes privativos-, como los
adquiridos en el ejercicio del mismo -que tienen carácter ganancial (CC art.1347.1)-.
Para que los otros bienes gananciales , no procedentes del ejercicio del comercio por uno de los
cónyuges, quedasen afectos, era preciso que el cónyuge no comerciante prestase su
consentimiento (CCom art.6), si bien con un favorable régimen de presunciones de
consentimiento que, en la práctica, se traducía en que lo habitual era que todos los bienes
gananciales quedasen afectos al comercio ejercido por uno de los cónyuges, toda vez que se
consideraba prestado cuando, al contraer matrimonio, se hallara uno de los cónyuges ejerciendo
el comercio y lo continuara sin oposición del otro (CCom art.8), o cuando, una vez contraído
matrimonio, uno de los cónyuges empezaba a ejercer el comercio con conocimiento y sin
oposición expresa del otro (CCom art.7). Para que este tipo de bienes gananciales no quedasen
afectos, el cónyuge no comerciante debía hacer constar su oposición en escritura pública e
inscribirla en el Registro Mercantil (CCom art.11). Si el cónyuge comerciante -empresario
individual- no estaba inscrito, se confería legitimación al cónyuge no empresario para solicitar la
primera inscripción (RRM art.88.3), a fin de poder hacer constar, en su caso, las capitulaciones
matrimoniales, la oposición el ejercicio del comercio, el consentimiento o la revocación (RRM
art.87.6), y comunicar estos datos al Registrador Mercantil Central (RRM art. 386.7º).
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El consentimiento para obligar los bienes propios -privativos- del cónyuge no comerciante debía
ser expreso en cada caso (CCom art.9).
A partir del 26-9-2022 , este régimen de responsabilidad de los bienes gananciales se simplifica.
En todo caso, todos quedan afectos a las resultas del comercio ejercido por uno de los cónyuges,
sin que el cónyuge no comerciante pueda oponerse a ello (CC art.1365 redacc L 16/2022). En
consecuencia, del ejercicio del comercio por uno de los cónyuges responden sus bienes privativos
y todos los gananciales; no así los bienes privativos del cónyuge no empresario.
Quedan por ello sin efecto -aunque permanezcan en el texto reglamentario- las referencias al
CCom art.6 a 12 que se hacen en el RRM art.87.6, 88.3 y 386.7º.
Si los cónyuges desean que los bienes adquiridos por su actividad económica -sea de carácter
laboral o empresarial-, que tienen en principio naturaleza ganancial (CC art.1347.1), no queden
afectos a la actividad ejercida por el otro, han de pactar el régimen económico de separación de
bienes (CC art.1316). De este modo, los bienes adquiridos a consecuencia de la actividad de cada
uno de ellos tendrán carácter privativo y no responderán de las deudas generadas en la actividad
del otro.
1) Es innecesario demandar a la esposa por deudas contraídas por el marido en el ejercicio del comercio, sin
oposición de la misma, teniendo para ambos cónyuges dicho negocio naturaleza ganancial. Los bienes gananciales
están sujetos a la responsabilidad del ejercicio comercial por uno de los cónyuges, siempre que concurra
consentimiento del otro , que no tiene por qué ser expreso, bastando el tácito cuando la actividad comercial se
lleva a cabo con conocimiento y sin oposición expresa del cónyuge que debe prestarlo (TS 25-11-91, EDJ 11159;
7-3-01, EDJ 1690). En el mismo sentido, se distingue entre la responsabilidad de los bienes gananciales y la
obligación como cónyuge deudor del ejerciente de la actividad comercial, entendiendo que responden los bienes
propios del cónyuge comerciante y los adquiridos a resultas del comercio, pero también los bienes comunes, si
media el consentimiento del otro cónyuge, e incluso los propios de este, si consiente expresamente, con
independencia de que frente al acreedor, solo resulte deudor el cónyuge comerciante (TS 2-12-97, EDJ 9364).
2) Si la actuación de la que se deriva una responsabilidad extracontractual, ha resultado beneficiosa para la
sociedad de gananciales, es esta quién responde frente al acreedor, con independencia de las acciones que los
cónyuges tengan entre ellos para el reembolso de lo pagado que no debiera ir a cargo de la sociedad (TS 25-10-05,
EDJ 165836).
3) Es indudable que la deuda se genera como consecuencia de la actuación como administrador de una sociedad
de carácter conyugal y que ha sido en beneficio de esta, aunque no se haya obtenido beneficio material alguno, por
lo que, en aplicación de lo dispuesto en el CC art.1366, debe responder la sociedad de gananciales, salvo que
mediase culpa grave del cónyuge administrador, en cuyo caso respondería el mismo con sus bienes propios (AP
Madrid 16-12-15, EDJ 276738).
4) Se estima la excepción de litisconsorcio pasivo necesario cuando la deuda ha sido contraída por uno de los
cónyuges, pero afecta al patrimonio común, invocando el principio constitucional de que nadie puede ser
condenado sin ser oído (TS 15-12-17, EDJ 261550).
Del pago de la multa por cuotas tributarias dejadas de ingresar e intereses de demora, que había de
satisfacer un cónyuge en virtud de acta de liquidación levantada en inspección tributaria, no responden
los bienes gananciales porque puede considerarse generada a causa de una actitud dolosa o culposa del
cónyuge deudor, que por las razones que fueran, no pagó en su momento las deudas fiscales,
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Precisiones
1) Debe distinguirse, por un lado, entre lo que corresponde a principal e intereses de demora devengados por el
impago del IVA, que sí son deudas de la sociedad de gananciales y forman parte del pasivo de la misma, de lo que
son los importes que correspondan a multas por las infracciones tributarias cometidas, que, por su carácter
personal, no deben ser incluidas en el inventario (TS 19-2-92; AP Burgos 3-11-10).
2) Es procedente el embargo de bienes gananciales, cuando el acreedor no ha podido cobrar su deuda con cargo a
los bienes privativos del cónyuge deudor, pues tiene responsabilidad subsidiaria sobre las deudas tributarias de
una entidad jurídica de la que el mismo era administrador durante la vigencia del régimen de gananciales, sin
perjuicio del derecho que asiste al otro cónyuge de exigir que en la traba se sustituyan los bienes comunes por la
parte que ostenta el cónyuge deudor en la sociedad conyugal, lo que conllevará su disolución, en virtud de lo
dispuesto en el CC art.1373 (TEAC 14-10-03).
3) De las deudas tributarias contraídas antes de la firma de las capitulaciones matrimoniales en que se pactó un
régimen de separación de bienes, responden los bienes gananciales; por lo que afecta a los bienes adjudicados a la
esposa en esa liquidación de gananciales (TS 19-2-14, EDJ 21210).
Para que responda la sociedad de gananciales del pago de una indemnización por negligencia médica o
profesional, la obligación extracontractual contraída por un cónyuge debe ser consecuencia de su
actuación en beneficio de la sociedad conyugal o en el ámbito de la administración de sus bienes,
extendiéndose a las obligaciones surgidas en el ejercicio de la profesión por uno de los cónyuges. Por ello,
en el supuesto del pago de indemnizaciones por negligencia médica o profesional de uno de los cónyuges,
frente al tercero responde siempre el patrimonio ganancial a excepción de que fuesen debidas a dolo o
culpa grave del cónyuge, que ha de determinarse en el correspondiente procedimiento. Si existiese
condena penal por la actuación dolosa del cónyuge, es de aplicación la excepción contenida en el precepto
y en tal caso, no responde la sociedad de gananciales, sino el patrimonio del deudor.
Precisiones
Cabe incluir en el pasivo de la sociedad de gananciales la deuda por responsabilidad civil contraída por un cónyuge
en el ejercicio de su profesión, pues normalmente su actuación redunda en beneficio de la sociedad, por lo que es
justo que la indemnización a consecuencia del riesgo de la citada actividad sea a cargo de la sociedad de
gananciales en la que no medió dolo o culpa grave , pues el hecho fue calificado de falta de imprudencia leve (AP
Madrid 28-11-01). Por el contrario, tiene carácter privativo la indemnización que debió abonar el esposo al ser
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condenado por delito de imprudencia temeraria, por lo que el mismo es deudor a la sociedad del dinero abonado
por esta, que responde frente a terceros, pero no en las relaciones entre cónyuges (TS 31-3-04).
Responden los bienes gananciales de las obligaciones contraídas por un cónyuge en caso de separación
de hecho, para atender a los gastos de sostenimiento, previsión y educación de los hijos (nº 885).
De la redacción de este precepto parece deducirse que de las obligaciones contraídas por el otro no
responde la sociedad. Sin embargo, si se acredita que las obligaciones asumidas responden al mismo
interés de la familia, también responde la sociedad de gananciales.
Así pues, para conseguir que responda la sociedad de gananciales hay que acreditar que la deuda se
destinó a tal fin, pues de las deudas contraídas por los cónyuges en separación de hecho prolongada en el
tiempo responden los bienes propios de cada uno, siguiendo con ello el criterio establecido por el Tribunal
Supremo que entiende que en tal situación se excluye el fundamento mismo de la sociedad de gananciales
(TS 23-12-02).
Precisiones
b. Responsabilidad solidaria
(CC art.1369)
965 Responde solidariamente la sociedad de gananciales de la deuda contraída por uno solo de los cónyuges
que sean, además, deudas de la sociedad.
El precepto resulta impreciso y de su redacción parece desprenderse que tienen el mismo grado de
responsabilidad los bienes del cónyuge que ha contratado y, por tanto, generado la deuda, que los de la
sociedad.
En tal sentido, si uno de los cónyuges solicita un préstamo para el ejercicio ordinario de su profesión y ello
requiere la realización de obras o mejoras en bienes gananciales, cada uno de los cónyuges responderá
directamente frente al acreedor, aunque no hubiera sido directamente quien contrajo la deuda. La
sociedad de gananciales no tiene personalidad jurídica, por lo que la deuda, aunque para su pago
respondan los bienes de la sociedad, es responsabilidad directa de cada uno de los cónyuges de forma
solidaria.
Precisiones
Si el préstamo se empleó para la adaptación de un negocio propiedad de ambos cónyuges, los deudores son los
dos cónyuges y no solo el que solicitó el crédito. La sociedad de gananciales no tiene personalidad jurídica, por lo
que, en sentido estricto, no podría contraer deudas. El tribunal distingue entre «debito» y «responsabilidad»,
concluyendo que ambos son responsables patrimonialmente de la devolución del préstamo y ello de forma
solidaria, pues existe una comunidad jurídica de objetivos entre ambos y queda evidenciada la voluntad de los
contratantes de obligarse conjuntamente (TS 15-12-17, EDJ 261550).
c. Responsabilidad subsidiaria
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(CC art.1373)
970 De las deudas contraídas por uno solo de los cónyuges que no reúnan las condiciones anteriormente
desarrolladas, responde cada cónyuge con su patrimonio, y si el mismo fuera insuficiente, responden los
bienes gananciales.
Por deudas propias, pueden entenderse las contraídas por cualquiera de los cónyuges antes del inicio de
la sociedad de gananciales o las contraídas con posterioridad cuyo destino no sea la atención de sus cargas
(Diez Picazo y Gullón). Ciertamente el Código Civil ha reducido considerablemente el ámbito de las
deudas propias de cada cónyuge, entendiéndolo como un concepto negativo: las que no puedan
considerarse gananciales, pues incluso las contraídas en la administración de los patrimonios propios o en
el desempeño de la profesión u oficio, son deudas de la sociedad. Sin embargo, sí se refiere a algunos casos
concretos: las deudas de juego pendientes de pago (lo perdido y no pagado -CC art.1372-), los gastos de
alimentación y educación de los hijos no comunes que no residan en el hogar familiar (las pensiones
alimenticias -CC art.1361.1ª-).
La Ley de enjuiciamiento civil contempla de forma específica el proceso a seguir por los acreedores
cuando uno de los cónyuges ha impagado una deuda que presumiblemente tiene carácter privativo.
La demanda ha de dirigirse solo contra el cónyuge deudor, pues de dicha deuda no responde la sociedad
de gananciales, arriesgándose el acreedor, si demanda a ambos cónyuges, a ser estimada la excepción
procesal de falta de legitimación pasiva y a una consiguiente condena en costas.
El embargo de bienes que ha de designarse en la demanda (LEC art.549.1.3º), se hará sobre bienes
privativos del cónyuge deudor, pero si el acreedor entiende que con los mismos no se cubre el montante
de la deuda, puede designar bienes gananciales. En tal caso, ha de notificarse el embargo al cónyuge no
deudor (LEC art.541), que debe ser personal para garantizar el conocimiento de la traba y su posibilidad
de oponerse a la misma en el plazo de 10 días (TCo 78/2003; 28-4-03).
Las distintas actuaciones que puede seguir el cónyuge, según que de la deuda contraída por el otro deba
responder la sociedad de gananciales, a criterio del acreedor, o deba responder el deudor con sus bienes
propios, son las siguientes:
1. Deudas contraídas por un cónyuge, de las que deba responder la sociedad de gananciales: la demanda
se dirige solo contra el cónyuge deudor, aunque en la misma debe indicarse que por responder la sociedad
de gananciales, ha de notificarse al otro cónyuge, a quién se da traslado de la misma y del auto
despachando ejecución, a los efectos de que pueda oponerse, no solo a que respondan los bienes
gananciales, sino alegando cualquier otro motivo de oposición que considere procedente, todo ello en el
ejercicio de su derecho de defensa de los bienes comunes (CC art.1385). Si el cónyuge no deudor se opone
alegando que de la deuda no debe responder la sociedad de gananciales, debe el acreedor probar la
responsabilidad de la misma (LEC art.541.2).
2. Deudas contraídas por un cónyuge, de las que deba responder la sociedad de gananciales por falta o
insuficiencia de bienes privativos: para que en este supuesto los bienes gananciales respondan de las
deudas propias de un cónyuge, debe notificarse el embargo al otro cónyuge, que puede optar porque se
sustituya el embargo de bienes gananciales por los derechos que al deudor puedan corresponder a la
liquidación de la sociedad.
En definitiva, para que pueda producirse el embargo de bienes gananciales, se precisa:
- deuda privativa del cónyuge deudor;
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Precisiones
El plazo de 3 meses para optar de nuevo por el régimen de gananciales parece incompatible con lo dispuesto en el
CC art.1315 y 1325, sobre la libertad de pactos entre los cónyuges y su facultad para otorgar capitulaciones
matrimoniales en cualquier momento.
Formularios | 1
1. Escrito de oposición a la ejecución despachada y embargo trabado de bienes gananciales por deudas privativas,
estando ya disuelta la sociedad de gananciales
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bien embargado (TS 2-2-84, EDJ 6990; 4-9-86; 26-9-88, EDJ 16794; 12-6-90, EDJ 6231; 17-2-92, EDJ
1445; 30-3-95).
Algunas sentencias, sin embargo, han estimado la tercería de dominio, pero cuando se ha trabado el
embargo, no sobre bienes gananciales, sino sobre los privativos del cónyuge no deudor, cuando el otro
actuó con un poder excediéndose de las facultades concedidas (TS 27-11-03, EDJ 177018).
980 Por deudas derivadas de la adquisición a plazos de un bien ganancial por uno de los cónyuges sin el
consentimiento del otro responde siempre el bien adquirido. Para que entre en juego lo previsto en este
precepto, la adquisición del bien no puede ser ni para el uso ordinario, ni para cubrir las necesidades
domésticas, en cuyo caso, sí que el cónyuge podría obligar a la sociedad, aunque no mediara el
consentimiento del otro.
Frente al acreedor, responde en primer lugar el propio bien adquirido y solo si este fuera insuficiente,
establece la responsabilidad de otros bienes, según las reglas del Código Civil, que siguiendo lo
anteriormente desarrollado en cuanto a la responsabilidad de la sociedad y del cónyuge deudor, para el
pago de la deuda responden el resto de los bienes de la sociedad de gananciales, o en su caso, los bienes
privativos del deudor, si no hubiera mediado consentimiento tácito.
Precisiones
Entienden algunos autores que no extender la responsabilidad de la sociedad de gananciales al pago del bien,
supondría un enriquecimiento injusto de la misma, que se vería beneficiada de la inclusión de un nuevo bien en su
activo, pero que no pagaría el precio de su adquisición. Tal argumento solo sería aplicable en el supuesto de
enajenación del bien a un tercero e ingreso en la sociedad de gananciales del importe de su venta, ya que, si el bien
permanece en el patrimonio ganancial y no es suficiente para su pago, no se produce ningún enriquecimiento a la
sociedad, pues, en cualquier caso, abonaría con cargo al bien, la parte de deuda que con el mismo se abone.
985 Si son pérdidas que hayan sido pagadas con cargo a la sociedad de gananciales y su importe es moderado
en función del uso y costumbre de la familia, responde la sociedad sin derecho de reembolso del cónyuge
deudor.
Si la sociedad ya ha pagado las deudas por un importe no moderado, responde frente al acreedor, pero en
tal caso, existe un derecho de reintegro cuando se proceda a la liquidación de la sociedad.
Si se trata de deudas no pagadas, responde exclusivamente el patrimonio del cónyuge deudor y en ningún
caso la sociedad de gananciales.
Aquí de nuevo habría que estar a lo manifestado al hablar de la responsabilidad subsidiaria de la sociedad
de gananciales por deudas privativas de uno de los cónyuges: de las deudas propias responde el
patrimonio privativo, y si no es suficiente, la sociedad de gananciales (nº 970).
Precisiones
1) La presunción iuris tantum de ganancialidad de las deudas litigiosas contraídas constante el matrimonio,
conforme a lo dispuesto en el CC art.1361, ha de desvirtuarse con la correspondiente prueba, que debe ser
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cumplida y satisfactoria, sin que basten las simples conjeturas (TS 20-6-95); por lo que, de no probarse estas, al
tratarse de deudas procedentes de juegos de azar tienen carácter privativo (AP Málaga 24-10-05).
2) Según dispone el CC art.1371, lo perdido y pagado durante el matrimonio por alguno de los cónyuges en
cualquier clase de juego no disminuirá su parte respectiva de los gananciales, siempre que el importe de aquella
pérdida pudiera considerarse moderada con arreglo al uso y circunstancias de la familia , lo que, a sensu
contrario, si la pérdida no es moderada -cual el caso- generará aquella disminución. Conectando tal precepto con
lo señalado en el CC art.1373.1.ª cada cónyuge responde con su patrimonio personal de las deudas propias, fuerza
a llegar a la conclusión sentada en el CC art.1397.3.º, según el cual habrá de computarse en el activo -del inventario
a formar del activo y pasivo, en la liquidación tras la disolución de la sociedad conyugal- las cantidades pagadas por
la sociedad que fueran de cargo solo de un cónyuge (TSJ Aragón 25-11-98).
El cónyuge del deudor es calificado como persona especialmente relacionada con el concursado,
calificación que se hace extensiva no solo al que ostenta tal condición al momento de producirse el
concurso, sino también a quién haya sido cónyuge dentro de los 2 años anteriores a la declaración de
concurso, con independencia de que ya se encuentre separado, judicialmente o de hecho, o divorciado.
Los créditos que pudiera tener el cónyuge no deudor frente al cónyuge concursado, no van a formar parte
de la masa del concurso, sino que van a ser calificados como subordinados, lo que significa que se cobrarán
en último lugar, dejando a salvo los créditos alimenticios nacidos y vencidos antes de la declaración del
concurso.
Precisiones
La finalidad de este tratamiento negativo respecto al cónyuge del deudor es sancionar a aquellos acreedores que,
por su relación familiar o afectiva, pudieron y debieron conocer la situación de este, así como sancionar las
conductas que pudieran esconder simulación de créditos con personas del entorno, generadas con la finalidad de
salvaguardar el propio patrimonio (Santana Páez y Senent Martínez).
El concursado persona natural que se encuentre en estado de necesidad tendrá derecho a percibir
alimentos durante la tramitación del concurso, con cargo a la masa activa, siempre que en ella existan
bienes bastantes para atender sus necesidades y las de su cónyuge, pareja de hecho inscrita cuando se
aprecie la existencia de pactos expresos o tácitos o de hechos concluyentes de los que se derive la
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La calificación de persona especialmente relacionada con el concursado, puede provocar que se declaren
rescindidos aquellos actos de disposición realizados a favor del cónyuge del deudor, no solo los que
tengan carácter gratuito (a excepción de las liberalidades de uso), sino también los realizados a título
oneroso, si prospera la acción de reintegración, debiendo ser el cónyuge que invoque la validez del acto,
quien deba probar que el mismo no ha sido perjudicial para la masa activa del concurso.
Para que los bienes gananciales se integren en la masa activa del concurso, se debe dar la circunstancia de
que de las deudas del concursado responda también la sociedad de gananciales. Es decir, se estará a lo
que al efecto establece el CC art.1319, 1362, 1365, 1369 y 1373, por lo que previamente ha de
determinarse en qué casos responde el patrimonio ganancial de las deudas del concursado.
En ningún caso pueden integrarse en la masa activa los bienes propios del cónyuge no deudor. Dichos
bienes no responden de las deudas del concursado, salvo que el cónyuge sea comerciante y el otro haya
consentido expresamente la vinculación de sus bienes privativos (CCom art.9).
Los saldos acreedores existentes en cuentas bancarias del concursado, bien sean privativas o bien de
titularidad indistinta con el otro cónyuge, sí que forman parte de la masa activa, salvo que el no deudor
acredite que le pertenecen.
Precisiones
1) Cuando el comerciante ha ejercido el comercio con reiterado consentimiento tácito de su esposa, responden
no solo los bienes contraídos por aquel sino también, de forma solidaria, los bienes gananciales, aun cuando la
sociedad se haya disuelto por fallecimiento de uno de los cónyuges (TS 6-5-15, EDJ 80703).
2) El Tribunal Supremo ha declarado gananciales las deudas inventariadas en concurso de acreedores de uno de
los cónyuges . El juzgado de lo mercantil no hallaba prueba directa de que tales deudas hubieran sido generadas
para el sostenimiento de las cargas del matrimonio, como sostenía el cónyuge concursado. Sin embargo, la
Audiencia, aunque reconoce que no existe prueba directa, concluye que los créditos se contraían para el
sostenimiento de la familia en base a tres indicios: una cuenta común para los ingresos, la mala situación
económica familiar coincidente con cada uno de los créditos al tiempo de contraerse y las pequeñas cuantías de
los mismos, propias del consumo familiar. A juicio de la Sala, probado que el dinero adeudado fue destinado a una
cuenta de disposición común de ambos esposos para la satisfacción de los gastos familiares, resulta irrelevante si
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última actualización
Modificación del régimen legal de la afectación de los bienes gananciales al comercio ejercido por uno de los
cónyuges.
Hasta el 25-9-2022, quedaban afectos a las resultas del comercio ejercido por uno de los
cónyuges tanto los bienes propios del cónyuge comerciante -sus bienes privativos-, como los
adquiridos en el ejercicio del mismo -que tienen carácter ganancial (CC art.1347.1)-.
Para que los otros bienes gananciales , no procedentes del ejercicio del comercio por uno de los
cónyuges, quedasen afectos, era preciso que el cónyuge no comerciante prestase su
consentimiento (CCom art.6), si bien con un favorable régimen de presunciones de
consentimiento que, en la práctica, se traducía en que lo habitual era que todos los bienes
gananciales quedasen afectos al comercio ejercido por uno de los cónyuges, toda vez que se
consideraba prestado cuando, al contraer matrimonio, se hallara uno de los cónyuges ejerciendo
el comercio y lo continuara sin oposición del otro (CCom art.8), o cuando, una vez contraído
matrimonio, uno de los cónyuges empezaba a ejercer el comercio con conocimiento y sin
oposición expresa del otro (CCom art.7). Para que este tipo de bienes gananciales no quedasen
afectos, el cónyuge no comerciante debía hacer constar su oposición en escritura pública e
inscribirla en el Registro Mercantil (CCom art.11). Si el cónyuge comerciante -empresario
individual- no estaba inscrito, se confería legitimación al cónyuge no empresario para solicitar la
primera inscripción (RRM art.88.3), a fin de poder hacer constar, en su caso, las capitulaciones
matrimoniales, la oposición el ejercicio del comercio, el consentimiento o la revocación (RRM
art.87.6), y comunicar estos datos al Registrador Mercantil Central (RRM art. 386.7º).
El consentimiento para obligar los bienes propios -privativos- del cónyuge no comerciante debía
ser expreso en cada caso (CCom art.9).
A partir del 26-9-2022 , este régimen de responsabilidad de los bienes gananciales se simplifica.
En todo caso, todos quedan afectos a las resultas del comercio ejercido por uno de los cónyuges,
sin que el cónyuge no comerciante pueda oponerse a ello (CC art.1365 redacc L 16/2022). En
consecuencia, del ejercicio del comercio por uno de los cónyuges responden sus bienes privativos
y todos los gananciales; no así los bienes privativos del cónyuge no empresario.
Quedan por ello sin efecto -aunque permanezcan en el texto reglamentario- las referencias al
CCom art.6 a 12 que se hacen en el RRM art.87.6, 88.3 y 386.7º.
Si los cónyuges desean que los bienes adquiridos por su actividad económica -sea de carácter
laboral o empresarial-, que tienen en principio naturaleza ganancial (CC art.1347.1), no queden
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afectos a la actividad ejercida por el otro, han de pactar el régimen económico de separación de
bienes (CC art.1316). De este modo, los bienes adquiridos a consecuencia de la actividad de cada
uno de ellos tendrán carácter privativo y no responderán de las deudas generadas en la actividad
del otro.
El cónyuge del concursado , cuando en la masa activa se incluyan los bienes comunes porque deban
responder de las deudas de este, puede pedir del juez del concurso la disolución de la sociedad de
gananciales. Dicha situación provoca que la competencia para el proceso de liquidación sea también de
dicho juez, debiendo tramitarse en pieza separada, de acuerdo a los trámites previstos en LEC art.806 s.
(nº 1315).
Cuando no se solicita la disolución de la sociedad de gananciales, el concurso incide en el régimen de
administración del patrimonio ganancial, que se integra en la masa activa del concurso.
El cónyuge no deudor debe contar con la administración concursal para realizar actos de administración y
disposición sobre los bienes, al ser de aplicación lo dispuesto en RDLeg 1/2020 art.106 s., ya que, por la
declaración de concurso, se extinguen los apoderamientos que se hubieran otorgado los cónyuges (CC
art.1732.3). En caso de discrepancia se precisa de la intervención judicial, que corresponde a la
competencia exclusiva del juez del concurso por el cauce de la autorización judicial de RDLeg 1/2020
art.518, con audiencia del cónyuge del concursado (CC art.1376 y 1377).
En el supuesto de procederse a la liquidación de la sociedad de gananciales (nº 1060), el cónyuge del
concursado tiene derecho a que en su haber, hasta donde este alcance o, en su caso, abonando el exceso
en metálico, se incluya la vivienda habitual del matrimonio si tuviera carácter ganancial.
La valoración de la vivienda se debe realizar a precio de mercado (RDLeg 1/2020 art.201).
El ajuar de la vivienda habitual no se incluirá en la masa activa.
F. Disolución
1005 A continuación se analizan las causas de la disolución de la sociedad de gananciales. Tanto las
denominadas causas legales o de pleno derecho (nº 1010) como las que pueden alegarse a instancia de
parte ante los tribunales para que decidan sobre la misma o por la voluntad de uno de los cónyuges
provocada por las deudas del otro (nº 1025).
También se incluyen en este epígrafe las medidas cautelares que pueden adoptarse durante esta fase de
disolución, asimismo durante la liquidación, de la sociedad de gananciales (nº 1040).
Sin perjuicio de lo que posteriormente se dirá, se pueden sentar las siguientes reglas generales sobre la
extinción de la sociedad de gananciales (AP Murcia 14-10-11, EDJ 250190):
1º .- La separación de hecho no es en nuestro ordenamiento jurídico una causa legal de extinción formal
de la sociedad de gananciales. Ninguno de los cónyuges puede, en base a ella, dar por extinguida dicha
comunidad ni pedir su liquidación. Sí podrá plantear una demanda para que el tribunal declare extinguida
la comunidad ganancial cuando la separación de hecho haya dado lugar a una condena por abandono de
familia (CC art.1393.1º) o cuando haya transcurrido más de un año desde la ruptura o desde el abandono
(CC art.1393.3º).
2º .- Ello no obstante, la separación de hecho sí afecta al régimen ordinario de gestión de los bienes
gananciales, siendo posible que el cónyuge que de facto esté gestionando esos bienes, vea ampliadas sus
facultades de administración y disposición (CC art.1368 y 1388), teniendo o dando validez a algunos de
sus actos unilaterales.
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3º .- Ahora bien, en la actualidad, el proceso liquidatorio de la comunidad ganancial no solo puede
iniciarse por concurrir alguna de las causas legales que lo permiten (las de extinción previstas en CC
art.1392 a 1394 y 1373), sino también por la admisión a trámite de una demanda de divorcio, separación
o nulidad matrimonial o de una demanda que interese la disolución de ese régimen económico
matrimonial (LEC art.808 redacc LO 2/2022), pues a partir de ese momento puede pedirse por cualquiera
de los cónyuges -o sus herederos, con efecto 23-3-2022- la formación de inventario, que es la primera
fase del proceso liquidatorio.
4º .- El momento al que debe referirse el contenido del activo y pasivo de la sociedad ganancial será, en
principio, el de la extinción legal de la sociedad de gananciales. Pero, en los casos de separación de hecho
mutuamente consentida, seria, prolongada y demostrada por actos subsiguientes, sin llegar a ser una
nueva causa de extinción de la sociedad de gananciales, sí se producen algunos efectos similares a la
disolución de la sociedad ganancial, aunque solo en la relación interna entre los cónyuges, de tal manera
que desde esa definitiva o irreversible ruptura (TS 21-2-08, EDJ 31028), desaparecido el fundamento de
la comunidad que es la convivencia, no pueden vincularse las ganancias de las partes a esa comunidad,
surgiendo un nuevo régimen económico matrimonial cuyos efectos son los propios de la separación
absoluta de bienes.
5º .- En cuanto al momento exacto en que comienza a producir efectos la nueva situación, claramente
puede fijarse en el de admisión de la demanda matrimonial de nulidad, separación o divorcio o de la
demanda de declaración de extinción de la sociedad de gananciales, pero incluso puede llegar a ser el
anterior de la ruptura mutuamente consentida, cuando se haya puesto fin a la convivencia de manera
definitiva, seria y plena -no solo en el aspecto personal, sino también en el patrimonial-, aunque la
dificultad de prueba puede ser mayor en este supuesto, salvo, en todo caso, cuando sea expresamente
admitida por la otra parte (LEC art.281.3) o, a potestad del tribunal, cuando no sea cuestionada durante el
procedimiento (LEC art.405.2).
última actualización
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régimen económico del matrimonio. El esposo se opone, señalando que tiene carácter privativo,
pues cuando se produce el despido ya se ha extinguido el régimen de gananciales, porque ya
entonces era firme la decisión de la esposa, (copropietaria de la empresa que le despide), de
divorciarse.
El Tribunal Supremo recuerda su doctrina jurisprudencial que distingue, por un lado, entre el
derecho al trabajo, que es privativo y, por otro, el beneficio que se obtiene con el mismo que es
ganancial. Pero la finalidad de esta indemnización no es sustituir la pérdida de un derecho
privativo, como dice la sentencia recurrida, que permanece incólume tras el despido, sino una
compensación por el incumplimiento del contrato y por ello va a tener la misma consideración
que todas las demás ganancias derivadas del contrato, siempre que se hayan producido vigente la
sociedad de gananciales.
La fecha de la disolución del régimen económico es, por tanto, relevante a efectos de precisar si
el despido del que nace el derecho a la indemnización se produce durante la vigencia del régimen
de gananciales o cuando el régimen ya se ha extinguido.
El matrimonio puede disolverse por diferentes causas (ver también nº 5050 s.):
1) Muerte : tras la disolución de la sociedad por muerte de uno de los cónyuges, surge una copropiedad de
la masa postmatrimonial entre el cónyuge supérstite y los herederos del fallecido, la llamada comunidad
postganancial que se rige por las normas de la comunidad de bienes (CC art.392 y s.).
2) Declaración de fallecimiento : igualmente se establece una comunidad de bienes con el mismo
tratamiento anterior.
3) Divorcio : surge la copropiedad entre los cónyuges de la masa postganancial donde los mismos son
partícipes de una comunidad ordinaria, aunque como define la propia jurisprudencia del Tribunal
Supremo, ello no significa que le quede atribuido a cada cónyuge una mitad indivisa sobre los bienes que
integran la masa de bienes en liquidación, sino que ostentan una cuota abstracta sobre el totum ganancial,
igual que en la comunidad hereditaria, pero no una cuota concreta sobre cada uno de los bienes
integrantes del mismo, que subsistirá mientras perviva la comunidad postganancial y hasta que mediante
el correspondiente proceso liquidatorio, se materialice en una parte concreta sobre los bienes para cada
uno de los cónyuges (entre otras TS 21-11-87, EDJ 8574; 28-9-93, EDJ 8384; 14-3-94, EDJ 2286).
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siguientes posibilidades:
1) La fecha de la sentencia que acuerda la separación o divorcio en primera instancia. Tal criterio,
mantenido por algunas audiencias provinciales, sostiene que los efectos de la disolución de la sociedad
deben ir referidos a la fecha en que se dicta la sentencia de separación o divorcio, con independencia de
cuándo adquiere firmeza, máxime en el supuesto de que la sentencia dictada en segunda instancia
confirme la dictada por el juzgado (AP Madrid 21-1-04; 14-4-05).
2) La fecha de la sentencia definitiva dictada en grado de apelación.
La solución se establece normativamente a favor de la segunda posibilidad señalándose que los efectos de
la nulidad, separación o divorcio, se producen desde la firmeza de la sentencia (CC art.95.1), señalando
algunos autores que en el ínterin se produce la llamada suspensión de la sociedad de gananciales. Sin
embargo, no hay que olvidar que, en virtud de la LEC art.774.5, puede darse la circunstancia de que se
haya interpuesto recurso de apelación contra la sentencia que declare la nulidad, separación o divorcio,
pero que el mismo no afecte al pronunciamiento principal , y por consecuencia a la disolución del régimen
económico del matrimonio, sino a las medidas definitivas contenidas en la sentencia. En tal caso, la fecha
de la disolución de la sociedad de gananciales sería la de la primera posibilidad mencionada, esto es, la de
la sentencia de primera instancia, que se reputaría firme a los efectos de lo dispuesto en el CC art.95. La
declaración de firmeza del pronunciamiento sobre la nulidad, separación o divorcio corresponde al letrado
de la Administración de Justicia (LEC art.774.5; TS 17-3-10).
1016
Precisiones
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6) Para que la separación de hecho consentida por ambos cónyuges produzca la extinción del régimen
económico matrimonial de gananciales, debe ser expresamente declarado así por el juez que dictó la sentencia de
separación o divorcio, determinando expresamente que sus efectos se produjeron en el momento en que se inició
la separación de hecho libremente consentida (TS 28-5-19, EDJ 600225).
7) La separación de hecho debe ser efectiva, no considerándose que el traslado del esposo a otro país por
razones de trabajo que luego termina en ruptura, pueda admitirse para la disolución de la sociedad de
gananciales, cuando ni siquiera se alegó tal extremo en el proceso de divorcio (AP León 28-1-16, EDJ 5501).
8) Cuando los cónyuges tras su separación judicial, reanudan su convivencia y, finalmente, tras una nueva ruptura
se acuerda el divorcio del matrimonio, no puede entenderse que la reconciliación, incluso en el supuesto de que el
convenio de separación fuera declarado nulo, devuelve a los cónyuges de nuevo a la sociedad de gananciales. En
efecto, el convenio de separación pudo ser declarado nulo, pero no la separación judicial. Es esta la que produce,
por ministerio de lo dispuesto en CC art.95 y 1392.3, la disolución de la sociedad de gananciales. La sentencia
posterior que declaró la nulidad del convenio regulador reconoció que lo hacía, como no podía ser de otro modo,
«quedando subsistentes el resto de las cuestiones». Ello porque, lo que se impugnaba era el convenio como
negocio jurídico, pero no se podía impugnar por esa vía la sentencia de separación que había quedado firme. El
Tribunal Supremo llama la atención a la sala de apelación en el sentido de que la sentencia recurrida desconoce la
diferencia entre disolución y liquidación . La liquidación puede posponerse a un momento posterior, pues no es
contenido necesario del convenio regulador. E igualmente reprocha a la sentencia recurrida que tachando de rigor
literal la aplicación del CC art.1393.3 y con el deseo de adaptarlo a lo que considera que es exigencia de la realidad
social y la buena fe, la audiencia diga que, de la misma manera que se ha admitido jurisprudencialmente que la
separación de hecho larga y prolongada excluye el fundamento de la sociedad de gananciales, puede entenderse
que una convivencia prolongada es contraria al régimen de separación a pesar de la separación judicial. No
comparte el Tribunal Supremo dicho criterio, toda vez que entiende que la convivencia no implica la voluntad de
mantener los vínculos económicos en régimen de ganancialidad, pues tal interpretación presupone que la
convivencia es incompatible con cualquier régimen económico que no sea el de gananciales, lo que es contrario
tanto al sistema legal como a la experiencia real y práctica de los cónyuges que conviven sometidos a un régimen
de separación de bienes (TS 13-9-17, EDJ 184854).
9) El criterio asentado por el Tribunal Supremo es que la disolución de la sociedad de gananciales, siguiendo lo
dispuesto en CC art.1391.1, que dispone que concluirá de pleno Derecho cuando se disuelva el matrimonio, y el
CC art.95, que dice que la sentencia firme producirá, respecto de los bienes del matrimonio, la disolución del
régimen económico matrimonial, se produce cuando se dicte la primera sentencia -sea la de separación o la de
divorcio- que ponga fin al matrimonio (TS 27-9-19, EDJ 702187).
La sociedad de gananciales subsiste hasta la firmeza de la sentencia civil que declare la nulidad, o en su
caso, hasta que se dicte la resolución que reconozca efectos civiles a la nulidad eclesiástica.
En este supuesto se ha de distinguir si ha existido o no mala fe en alguno de los cónyuges o en ambos. La
mala fe, para que surta los efectos que se mencionan a continuación, debe ser expresamente declarada en
la sentencia que acuerde la nulidad del matrimonio:
1) Si hay mala fe por parte de ambos cónyuges: el matrimonio se tiene por no celebrado, no produciendo
efectos civiles para ninguno de ellos, por lo que cada uno ostenta la propiedad de lo que posea. Los bienes
adquiridos conjuntamente se rigen por las normas de la comunidad de bienes (CC art.392 s.).
2) Si se ha producido mala fe por uno solo de los cónyuges: el inocente puede optar o bien por liquidar los
bienes por las normas de liquidación de la sociedad de gananciales, o por las normas del régimen de
participación y el cónyuge de mala fe no tiene derecho a participar en las ganancias obtenidas por el otro.
Por el contrario, si ambos cónyuges han actuado de buena fe, se procede a liquidar la sociedad de
gananciales en la forma prevista en este capítulo (nº 1060).
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La separación judicial produce los mismos efectos que la sentencia que acuerde el divorcio de los
cónyuges, en relación a la disolución de la sociedad de gananciales. Planteándose también la polémica
descrita sobre la fecha de disolución de la sociedad de gananciales (nº 1014).
Los cónyuges pueden en cualquier momento realizar capitulaciones matrimoniales y modificar el régimen
económico de su matrimonio (nº 570 s.).
En el supuesto de que decidan acordar disolver su sociedad de gananciales sin establecer expresamente
un nuevo régimen, en cuyo caso se aplicará el de separación de bienes (CC art.1435.2º).
1025 Para que se disuelva la sociedad de gananciales por decisión judicial se precisa que uno de los cónyuges
inste el correspondiente procedimiento, alegando una de las causas siguientes:
1) Adopción de medidas de apoyo para el ejercicio de la capacidad jurídica, declaración de ausencia,
concurso de acreedores o condena por abandono de familia del otro cónyuge (nº 1027).
2) Actuación fraudulenta o que entrañe daño o peligro para los derechos del otro cónyuge en la sociedad
(nº 1029).
3) Separación de hecho de más de un año, bien por mutuo acuerdo o por abandono de hogar (nº 1031).
4) Incumplimiento grave y reiterado del deber de informar sobre la marcha y rendimientos de las
actividades profesionales (nº 1033).
5) A instancia de uno de los cónyuges cuando se pretendan embargar bienes gananciales como
consecuencia de las deudas privativas del otro cónyuge (nº 1035).
Formularios | 1
1. Demanda de juicio ordinario instada por un cónyuge solicitando la extinción de la sociedad de gananciales por la
incapacitación judicial del otro (CC art. 1393.1)
En estos casos se produce un supuesto de prejudicialidad, pues para que proceda la disolución de la
sociedad de gananciales se requiere que la existencia de las causas referidas haya sido declarada por
sentencia judicial previa. En el caso de abandono de familia, se precisa una resolución penal condenatoria.
El procedimiento a seguir es el siguiente: con la resolución judicial que declare la existencia de dichas
causas, se insta un procedimiento de jurisdicción voluntaria solicitando la disolución de la sociedad de
gananciales, ya que, al existir una declaración indubitada de la existencia de la causa que se invoca, no
surge contencioso entre las partes.
Cuando se incluyan bienes gananciales en la masa activa como consecuencia del concurso de acreedores
de uno de los cónyuges, el otro podrá pedir la disolución de la sociedad (nº 990).
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Precisiones
Con efectos 3-9-2021, y como consecuencia de la modificación del Código Civil por la L 8/2021, que reforma la
legislación civil y procesal con la finalidad de que las personas con discapacidad puedan ejercer su capacidad
jurídica en condiciones de igualdad en todos los aspectos de la vida, facilitándoles el apoyo necesario, se elimina la
figura de la prodigalidad, antes regulada en CC art.294 a 298.
Formularios | 1
1. Demanda de juicio ordinario instada por un cónyuge solicitando la extinción de la sociedad de gananciales por la
incapacitación judicial del otro (CC art. 1393.1)
1029 Fraude, daño o peligro para los derechos del otro cónyuge
(CC art.1393.2)
Se puede pedir la disolución de la sociedad de gananciales si un cónyuge por sí solo viene realizando actos
dispositivos o de gestión patrimonial que entrañen fraude, daño o peligro para los derechos del otro en
dicha sociedad.
Para que concurra esta causa la doctrina entiende que no basta un hecho aislado, sino que se requiere la
prueba de un conjunto de actuaciones reiteradas de este tipo para que proceda la disolución por esta
causa.
Ha de instarse un procedimiento declarativo, pues se trata de una cuestión nueva que precisa prueba del
daño o perjuicio alegado.
La separación de hecho por un período superior al año independientemente de que sea por mutuo
acuerdo o por abandono de hogar , puede poner fin a la sociedad de gananciales. De acuerdo con
numerosa jurisprudencia se entiende que dicha situación excluye el fundamento de la propia sociedad ,
que es la convivencia conyugal y la aportación a la misma de los ingresos de ambos cónyuges (TS 23-2-07,
EDJ 10519). La libre separación de hecho excluye el fundamento de la sociedad de gananciales, que es la
convivencia mantenida entre los cónyuges. Es la separación de hecho la que determina, por exclusión de
la convivencia conyugal , que los cónyuges pierdan sus derechos a reclamarse como gananciales, bienes
adquiridos por estos después del cese efectivo de la convivencia, siempre que ello obedezca a una
separación fáctica, no a una interrupción de la convivencia, seria, prolongada y demostrada por los actos
subsiguientes de formalización judicial de la separación y siempre que los bienes se hayan adquirido con
caudales propios o generados con su trabajo o industria a partir del cese de aquella convivencia (TS 27-1-
98, EDJ 16). En este sentido, no es determinante la duración de la separación de hecho, sino la efectiva e
inequívoca voluntad de romper la convivencia conyugal (TS 26-4-00, EDJ 6207).
Si existe previa separación de hecho, pero se mantiene una unión patrimonial, sin separación de cuentas,
ingresos de nóminas, etc., no se disuelve la sociedad de gananciales, pues existe una actividad económica
común (AP Pontevedra 22-1-07, EDJ 12002).
Para instar en tal caso la disolución de la sociedad de gananciales por causa de separación de hecho, se
debe acudir a un procedimiento declarativo, en el que se ha de discutir en su caso, la no afección a la
sociedad de los bienes adquiridos durante la misma.
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En efecto, los bienes adquiridos durante un periodo inequívoco de separación de hecho, se reputan
privativos del cónyuge titular, ya que el otro no contribuyó para su adquisición. Entender lo contrario sería
incurrir en abuso de derecho e iría contra la buena fe, al ejercer un derecho más allá de sus límites éticos
(TS 27-1-98, EDJ 16; 24-4-99, EDJ 7209; 11-10-99, EDJ 32569). El fundamento de la no atribución de
ganancialidad a los bienes adquiridos por los cónyuges en situación de separación de hecho, es que dicha
separación sea real y efectiva, prolongada y demostrada, existiendo en los cónyuges una voluntad
inequívoca de poner fin al régimen económico matrimonial, lo que no sucede cuando con posterioridad a
la separación, los cónyuges siguen teniendo actividades económicas conjuntas (TS 26-4-00, EDJ 6207).
Esta doctrina no puede aplicarse de un modo automático y absoluto, sino que requiere de un análisis de
las circunstancias de cada caso (TS 27-9-19, EDJ 702187).
Como se analiza en nº 1016, también podría declararse dicha disolución por causa de separación de hecho
en el proceso de separación o divorcio, pero para ello, debe haberse solicitado expresamente en la
demanda y haber sido objeto de contradicción en el pleito para que, finalmente, haya un pronunciamiento
expreso al respecto en la resolución que finalmente acuerde la separación o el divorcio. Si dicha
resolución omitiera tal pronunciamiento, habría que pedir subsanación o complemento de la misma y, en
todo caso, cabría posteriormente recurso de apelación para que la instancia superior se pronunciara sobre
la fecha de dicha disolución. Si no se dan tales requisitos, se ha de estar a la fecha de la sentencia firme
que decrete la separación o el divorcio, no considerándose como causa de disolución la separación de
hecho.
Precisiones
Esta causa de disolución está en relación con la previsión legal de la posibilidad de disolver la sociedad a
instancia del cónyuge cuando se produjera el embargo de bienes de la misma por deudas privativas del
otro cónyuge (CC art.1373). En tal caso se puede pedir dicha disolución y sustituir los bienes embargados
por los derechos que al deudor puedan corresponder cuando se proceda a la liquidación de la sociedad.
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1040 Mientras se sustancie el procedimiento para determinar la disolución de la sociedad de gananciales por
alguna de las causas previstas anteriormente (nº 1010 s.), el juez ha de adoptar, en el supuesto de que sea
solicitado por cualquiera de los cónyuges, una serie de medidas:
1) Formación de inventario (nº 1065). El cónyuge puede instar la formación de inventario a fin de
determinar los bienes que pertenecen a la sociedad y que habrán de estar sujetos a las medidas de
administración que también pueden instarse por los cónyuges.
2) Administración del caudal de la sociedad , pues se suspende la administración conjunta de la sociedad
de gananciales, precisando para cualquier acto la autorización judicial . Dependiendo de la causa que se
haya invocado para la disolución, el cónyuge puede o no continuar con la administración ordinaria para
defender los intereses de la familia, es decir, puede continuar atendiendo realizando los actos tendentes a
procurar el sostenimiento de la familia, la educación de los hijos, el pago de los préstamos de los bienes
comunes, etc.
3) Alimentos a los cónyuges de la masa común (CC art.1408). Se establece que de la masa común se han
de dar alimentos a los cónyuges, o en su caso, al sobreviviente e hijos mientras se haga la liquidación del
caudal inventariado y hasta que se le entregue su haber, rebajando de este la parte que exceda de la que
corresponde a razón de frutos y rentas.
Precisiones
1) Esta posibilidad de establecer alimentos mientras se sustancia el proceso de disolución y liquidación de la
sociedad de gananciales viene en muchos casos a paliar el abuso que uno de los cónyuges ejerce en la práctica si
ostenta la administración de determinados bienes gananciales, propiciando que se pueda llevar a cabo la
liquidación, incluso de mutuo acuerdo a fin de evitar la perpetuación en el tiempo de la obligación de alimentos por
parte del otro.
2) Los alimentos que habrán de establecerse no deben necesariamente tratarse de los que precisa la situación de
necesidad del alimentista (CC art.142 s.), sino que se establecen en proporción a las rentas y frutos que
produzcan los bienes gananciales. Así, un negocio familiar que produzca importantes frutos puede ser repartido
entre los cónyuges con cargo al establecimiento de una pensión de alimentos, con independencia de la rendición
de cuentas que, en su día, deba hacer el administrador del mismo.
4. Comunidad postganancial
1045 Una vez disuelta la sociedad de gananciales y hasta que se proceda a su liquidación, los bienes y deudas
que la integran ya no están sujetas a las normas de la comunidad ganancial, debiendo determinarse pues,
por qué normativa se regula la masa indivisa.
La jurisprudencia, sin aclarar exactamente la posición de los cónyuges en esta nueva situación jurídica,
manifiesta que su régimen ya no puede ser el de sociedad de gananciales, sino el de cualquier conjunto de
bienes en cotitularidad ordinaria, y en la que cada comunero ostenta una cuota abstracta sobre el totum
ganancial, pero no una cuota concreta sobre cada uno de los bienes integrantes del mismo, cuya cuota
abstracta subsistirá mientras exista la expresada comunidad postmatrimonial y hasta que mediante las
oportunas operaciones de liquidación, se concrete en una parte individualizada de bienes para cada uno
de los comuneros (TS 21-11-87, EDJ 8574; 8-10-90, EDJ 9099).
Al remitirse en todo lo no previsto por las normas sobre la sociedad de gananciales, a las normas de la
liquidación hereditaria (CC art.1410), parece que la llamada comunidad postganancial estaría llamada a
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regirse por los mismos preceptos. En tal sentido, la doctrina jurisprudencial ha entendido que, aunque sus
titulares son partícipes de una comunidad ordinaria, esta no reúne los requisitos de una auténtica
comunidad romana, sino que se trata de una comunidad de naturaleza especial , en la que cada miembro
es propietario de cada uno de los bienes que integran su patrimonio y que se rige, entre otras, por las
siguientes normas (TS 28-9-93, EDJ 8384):
1. La comunidad postganancial no se ve incrementada por las rentas del trabajo de los ex cónyuges ni por
las del capital de los bienes privativos, que ya serán privativas y solo ingresan en el patrimonio común, los
frutos y rentas de los bienes comunes.
2. El patrimonio de la comunidad postganancial continúa respondiendo de las deudas de la sociedad de
gananciales. Sin embargo, las que cada miembro contraiga con posterioridad, ya serán deudas propias,
aunque los acreedores podrán solicitar para su cobro, que se embarguen los derechos que al deudor
pudieran corresponderle cuando se liquide la sociedad.
En este sentido llama poderosamente la atención que no exista en el Código Civil un plazo para solicitar la
liquidación de la sociedad, pudiendo permanecerse en situación de indivisión y por tanto en comunidad
postganancial de forma indefinida.
3. Las deudas de la sociedad deben ser abonadas por mitad entre ambos cónyuges. Hasta que se proceda
a la liquidación de la sociedad de gananciales, ambos miembros deben continuar pagando las deudas
contraídas durante el matrimonio. Pueden darse dos supuestos:
• Obligación de pago recogida en la sentencia. Generalmente en la resolución judicial se establece de
forma expresa el pago de dichas deudas, por lo que si uno de ellos incumple tal obligación y es el otro
quién asume la totalidad del pago, puede, bien esperar a la liquidación de la sociedad y que dicha suma se
incluya en el pasivo de la misma, o bien instar la ejecución de la sentencia reclamando la mitad de lo
pagado.
• Sentencias que no recogen el pago de las deudas. En tal caso, si uno de los cónyuges asume de forma
voluntaria el pago de las deudas de la sociedad, cabría actuar en la misma forma contemplada
anteriormente, es decir, esperar a la liquidación de la sociedad e incluirla como pasivo de la misma a favor
del cónyuge. Al no recogerse en la resolución judicial la obligatoriedad del pago, no cabría acudir a la
ejecución de sentencia para reclamar la mitad de lo pagado al otro cónyuge. Tampoco cabría (según
opinión de parte de la jurisprudencia) una reclamación por vía ordinaria, pues no estando liquidada la
sociedad, no puede pretender un cónyuge que le sean resarcidos los pagos efectuados por deudas de la
sociedad (AP Jaén 11-4-02). Más acertado parece el criterio mantenido por otro sector jurisprudencial
que admite la posibilidad de que un cónyuge pueda reclamar al otro la mitad de lo pagado a través de un
proceso ordinario, entendiendo que la comunidad postganancial se parece más a una comunidad ordinaria
en la que ambos comuneros ostentan una cuota idéntica de derechos y obligaciones -CC art.393- (AP
Asturias 10-4-03; AP Córdoba 29-6-07).
Precisiones
Durante la comunidad postganancial, ambos partícipes deben abonar por mitad los gastos de la disuelta sociedad
de gananciales, por lo que, si uno de ellos ha procedido al pago íntegro de dichos gastos, puede reclamar al otro la
parte que le corresponda a través del correspondiente procedimiento de reclamación de cantidad en razón de la
cuantía. Según ello, respecto a la cuota hipotecaria que grave la vivienda familiar y aunque, según reiterada
doctrina jurisprudencial, se haya establecido que no puede entenderse jurídicamente como carga del matrimonio,
porque estamos en presencia de una obligación que los cónyuges tienen respecto de un tercero y no de unas
obligaciones entre cónyuges, ello no es obstáculo para que, si uno de ellos ha abonado el importe total de la cuota,
pueda subrogarse en la posición del acreedor y reclamar al otro su pago. Las cargas de la sociedad de gananciales,
en especial las derivadas de la adquisición de bienes, se han de regir por el régimen de la comunidad de bienes,
debiendo pues contribuir ambos cónyuges a su pago en la proporción que les corresponda (AP Ciudad Real 21-6-
18, EDJ 604066).
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Cada miembro, a pesar de tener un derecho de copropiedad sobre cada uno de los bienes de la
comunidad, no puede transmitirlos individualmente, solo puede transmitir su derecho abstracto de
copropiedad, pero no el bien concreto, derecho que se materializará una vez se liquide la sociedad, en los
bienes y deudas que le corresponda en la partición.
No existe en principio limitación alguna para dicha transmisión (CC art.399 sobre la posibilidad de
transmisión de la parte que corresponda a cada propietario en la comunidad de bienes; CC art.1532 sobre
la transmisión de créditos o derechos; CC art.1067, en la comunidad hereditaria), por lo que la posición
jurídica autónoma de cada partícipe frente a los demás le confiere un derecho transmisible, gravable e
hipotecable, si recae sobre un inmueble o derecho real enajenable, y susceptible de ser embargado (Rivera
Hernández). Por ello, la disposición del derecho podrá ser como transmisión inter vivos, tanto mediante
donación o por precio, como en testamento.
La transmisión podrá inscribirse de forma marginal en el Registro de la Propiedad donde consten los
bienes, aunque no se podrá llevar a cabo el cambio de titularidad del bien hasta tanto no se realice la
correspondiente partición y se adjudiquen a cada uno bienes concretos (DGRN Resol 13-11-26).
1049
Precisiones
1) Al estar disuelto el matrimonio por divorcio no puede solicitarse judicialmente la venta de un bien de la
comunidad postganancial por la vía de CC art.1375 y 1377. Para la venta de vivienda conyugal en régimen
postganancial no se contempla ninguna autorización supletoria a la del otro cónyuge (TS 10-7-05, EDJ 139902).
2) La existencia de otros bienes en el activo de la comunidad postganancial, o de créditos o cargas, que hagan
necesaria la previa liquidación de la sociedad de gananciales, impide la acción de división directa sobre uno de los
bienes integrantes de la misma, siempre que dicha acción se ejercite solo entre los propios interesados en la
liquidación de la sociedad de gananciales (AP Zamora 2-3-12).
3) En la comunidad postganancial no se permite, que cada uno de los cónyuges, por sí solo, pueda disponer
aisladamente de los bienes concretos de la misma, estando viciado de nulidad radical el acto dispositivo así
realizado (TS 9-5-07). Y, cuando no concurren en el contrato los requisitos del CC art.1261, es decir,
consentimiento, objeto y causa, nos encontramos en presencia de un supuesto de nulidad absoluta o de pleno
derecho, cuya declaración puede solicitarse incluso sin sujeción a plazo alguno. Se trata de una comunidad
ordinaria respecto de la cual no cabrá la alteración de la cosa común y, consiguientemente, la enajenación, sin
consentimiento de todos los condóminos (AP Madrid 24-11-11).
4) Si en un acto de disposición de un bien en la comunidad postganancial interviene uno solo de los ex cónyuges,
dicho acto no está viciado de nulidad per se, sino que lo realiza este en nombre propio, no pudiendo arrogarse la
representación del otro. El otro ex cónyuge puede o no prestar su consentimiento con posterioridad, de forma
expresa o tácita, pero sin este consentimiento, la disposición sobre los bienes no le vincula. Si la esposa prestó
tácitamente su consentimiento durante años a un acto de disposición como es el alquiler de un bien, cobrando la
renta durante años, no puede sostener después que la opción de compra incluida en el contrato de alquiler se trata
de un acto de disposición para el que no había prestado el consentimiento. El Tribunal Supremo otorga el mismo
carácter dispositivo al arrendamiento y a la transmisión del bien y entiende que la aceptación de la relación
contractual por el cobro de las rentas y sus manifestaciones en la litis le impide después oponerse a la acción de
opción de compra y, por tanto, dicha transmisión es válida (TS 17-9-19, EDJ 693848).
5) En cuanto a la validez y eficacia de un contrato de arrendamiento sobre una vivienda ganancial otorgado tras
la disolución de la sociedad de gananciales, sentado por el Tribunal Supremo que, para la transmisión de la
propiedad sobre un bien concreto de la comunidad postganancial, se precisa la intervención de todos los
partícipes, vuelve a insistir en que el contrato obligacional realizado por uno de ellos no da lugar a la nulidad y es
posible la eficacia de la transmisión si se produce la adjudicación del bien a los partícipes que lo otorgaron.
Además, califica al arrendamiento como un acto de administración , pero con la excepción de que por su duración
comprometa el aprovechamiento del bien, en cuyo caso entiende que se trata de un acto de disposición. Recuerda
que en sentencias anteriores se ha considerado acto de disposición los arrendamientos concertados por tiempo
superior a 6 años. Si el arrendamiento tratado como acto de disposición por la duración del mismo se otorga por la
viuda que ostenta el usufructo universal de los bienes, aun no habiéndose procedido aún a la liquidación de la
sociedad de gananciales, el Tribunal entiende que dicho usufructo le confiere el derecho a usar y disfrutar el bien y,
en tal caso, sería válido dicho contrato de arrendamiento, porque entraría dentro de las facultades del derecho de
usufructo (TS 17-1-18, EDJ 1515).
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6) El Tribunal Supremo ha definido de forma clara la naturaleza jurídica de la comunidad postganancial y ha
determinado el régimen jurídico de los rendimientos y deudas de la misma, indicando que desde la disolución de la
sociedad de gananciales hasta su liquidación, los partícipes tienen su cuota sobre todo el patrimonio , no siendo
de aplicación las reglas de la sociedad de gananciales y haciendo constar que dicha comunidad carece de
regulación en el Código Civil, pero indicando que se trata de una comunidad en la que los partícipes no tienen una
cuota sobre cada uno de los bienes , sino sobre la totalidad del patrimonio (TS 21-11-87, EDJ 8574; 8-10-90, EDJ
9100; 17-2-92, EDJ 1445; 23-12-92, EDJ 12809; 28-9-93, EDJ 8384; 23-12-93, EDJ 11831; 7-11-97, EDJ 7630;
14-2-05, EDJ 13288; 10-6-05, EDJ 103454). En estas sentencias se ha reiterado una doctrina general según la
cual:
• La comunidad indivisa no se ve aumentada con las rentas de trabajo ni con las de capital privativo, que serán en
todo caso privativas, con la excepción de los frutos de los bienes privativos que estuvieran pendientes en el
momento de la disolución, a los cuales habrá de aplicar analógicamente las normas referentes a la liquidación del
usufructo. Por supuesto, ingresan en el patrimonio común los frutos de los bienes comunes.
• El patrimonio de la comunidad indivisa sigue respondiendo de las obligaciones que pesaban sobre la sociedad,
pero las que contraiga con posterioridad cualquier titular recaen sobre su propio patrimonio. Los acreedores
pueden pedir el embargo de la cuota abstracta que su deudor tenga sobre el patrimonio común, que quedará
especificada en bienes concretos, al producirse la división y adjudicación, pero no antes.
La interpretación de que los frutos aumentan el patrimonio en liquidación cuenta con el respaldo doctrinal, que la
fundamenta en el tenor del CC art.1408, que menciona los frutos y rentas, así como en la interpretación del CC
art.1410 en relación con CC art.760, 1063 y 1533. De esta doctrina resulta que los rendimientos generados por
un establecimiento común gestionado por uno de los ex cónyuges son comunes hasta la liquidación, pero ello no
hace comunes los ingresos que procedan del propio trabajo del ex cónyuge. En consecuencia, los frutos o
rendimientos de la empresa o explotación generados por su actividad se integran en el patrimonio indiviso, pero
corresponde al productor una remuneración por su actuación. Calificado un bien como ganancial y calificados
también como gananciales sus rendimientos, debe reconocerse que las deudas derivadas de su gestión también
son comunes, de modo que lo que sucede en realidad es que, a efectos de la liquidación, los rendimientos deben
limitarse a los rendimientos netos, entendiendo por estos los obtenidos una vez deducidos los costes de
producción (TS 10-11-17, Rec 1155/15).
1051 Limitaciones
Si mediante la transmisión, el adquirente de un derecho abstracto de copropiedad sobre la masa de la
comunidad postganancial, viene a ocupar en todo la posición que en la misma tenía su titular originario, es
evidente que también debe regir para dicha transmisión, las limitaciones que en cualquier derecho de
propiedad en situación de indivisión se imponen a los comuneros:
1) En tal sentido, existirá el derecho de retracto entre comuneros, pudiendo uno de ellos, ejercitarlo y
obtener por el mismo precio, el derecho a la cuota abstracta que pertenecía al otro, lo que supone que el
adquirente deviene en propietario del todo, no siendo ya necesaria la partición de la masa común (CC
art.1522).
2) Sin embargo, si existían deudas de la sociedad de gananciales, y por lo tanto la comunidad
postganancial seguía siendo deudora frente el acreedor, la transmisión debe contar con su
consentimiento, pues los cónyuges siguen respondiendo de las deudas con sus bienes gananciales y
también con sus bienes propios. Por lo tanto, el cónyuge que haya transmitido su derecho, no elude su
responsabilidad frente al acreedor.
patrimonio privativo, pues ya no existe sociedad de gananciales. Sin embargo, si el dinero empleado para
la adquisición es propiedad de la sociedad, podría plantearse que el bien adquirido, por aplicación del
principio de subrogación real, sería también propiedad de aquella, pues viene a ocupar el lugar del dinero
que es de su titularidad. En tal sentido se ha considerado que debía incluirse en el haber de la extinta
sociedad de gananciales a efectos de su liquidación, un bien adquirido con los frutos de la explotación de
un negocio ganancial que administraba un cónyuge que había desoído el requerimiento del juzgado para
entregar la documentación que acreditaba los rendimientos del negocio (TS 27-10-05, EDJ 188343). Sin
embargo, Rivera Fernández sostiene que el principio de subrogación real opera constante la sociedad de
gananciales (CC art.1346.3º y 1347.3º) y que, disuelta esta, prevalece la titularidad formal,
considerándose en todo caso el bien como privativo del cónyuge adquirente, que deberá devolver, con sus
correspondientes intereses, el importe del dinero empleado. Con ello, se mantiene el valor económico del
patrimonio postganancial, evitando el perjuicio de terceros de buena fe.
Precisiones
Los inmuebles adquiridos por el marido tras la sentencia de separación tienen carácter privativo a pesar de que
la misma haya sido recurrida en primera instancia, pues el pronunciamiento que acuerda la disolución de la
sociedad de gananciales no fue recurrido y de acuerdo a lo dispuesto en el CC art.95, el mismo ha devenido firme
(TS 17-3-10).
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G. Liquidación
Para proceder a la liquidación de la sociedad de gananciales previamente disuelta en la forma señalada (nº
1060
1005), es preciso proceder en primer lugar a la formación del inventario de bienes y deudas (activo y
pasivo), que una vez confeccionado se reparte por mitad entre ambos cónyuges (nº 1130).
En este epígrafe también se recogen las fases de las que consta dicha liquidación (nº 1115).
Precisiones
1) Respecto de los procedimientos comunes para liquidar los regímenes económicos matrimoniales de
gananciales y participación , ver nº 1290 s. En cuanto a la liquidación del régimen de separación de bienes
siguiendo los diversos procedimientos ver nº 1225.
2) En todo lo no previsto sobre formación de inventario en la normativa relativa a la disolución de la sociedad de
gananciales, esto es, reglas sobre tasación y ventas de bienes, división del caudal, adjudicaciones a los partícipes y
demás que no se halle expresamente determinado en dicha normativa, se ha de observar lo establecido para la
partición y liquidación de la herencia (CC art.1410).
1. Formación de inventario
(CC art.1396)
1065 Para la formación de inventario de la sociedad hay que formar las partidas que componen el activo (nº
1070) y el pasivo (nº 1100) de la misma. El inventario es eficaz en cualquier forma que se otorgue, aunque
el documento que lo contenga debe reunir requisitos de fiabilidad.
Formularios | 1
1. Escrito de uno de los cónyuges o de sus herederos por el que se solicita la formación de inventario de bienes de la
sociedad conyugal
a. Activo
(CC art.1397)
Las partidas que ha de comprender el activo son las siguientes:
1070
1) Bienes gananciales existentes en el momento de la disolución (nº 1072).
2) Importe actualizado de los bienes enajenados por negocio ilegal o fraudulento que no hayan sido
recuperados (nº 1092).
3) Importe actualizado de cantidades pagadas por la sociedad a cargo de un único cónyuge y otros
créditos de los cónyuges contra la sociedad (nº 1094).
Deben ser incluidos en el inventario todos los bienes que estaban en el patrimonio de la sociedad en el
momento de acordarse su disolución, bien por separación, divorcio, nulidad, fallecimiento, nuevas
capitulaciones matrimoniales, o por cualquiera de las otras causas establecidas.
Este es el momento en el que se ha de verificar la naturaleza privativa o ganancial de los bienes existentes
en el patrimonio de los cónyuges (nº 750 s.).
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Para una correcta elaboración del inventario se debe realizar una completa descripción de los bienes
siguiendo la relación de partidas que se expone a continuación distinguiendo entre bienes inmuebles (nº
1074) y muebles (nº 1084).
No es necesario que el inventario de bienes contenga la valoración de los mismos, toda vez que no
siempre se producen en unidad de acto inventario y liquidación, siendo en esta última fase en la que debe
procederse a valorarlos. No obstante, se incluyen a continuación algunas indicaciones sobre el valor de
los inmuebles y de la atribución de uso de vivienda familiar (nº 1076).
1074 Bienes inmuebles
En primer lugar, se han de describir los datos de identificación de los bienes inmuebles y la participación
que en la propiedad ostenta la sociedad de gananciales, haciendo constar el título de adquisición, así como
los datos de inscripción registral, si los hubiera.
Si existiera un proindiviso entre uno de los cónyuges y la sociedad de gananciales en la forma prevista en
el CC art.1354 se ha de señalar la participación ganancial en el inventario, haciéndose constar igualmente
que el resto hasta completar le totalidad del bien, es de carácter privativo del cónyuge. En este supuesto
se ha de indicar el título de adquisición a fin de facilitar la inscripción final en el Registro de la Propiedad,
pues generalmente no consta inscrita la distinta participación en la que concurren las partes.
podría vulnerar la igualdad citada y produciría un perjuicio a una de las partes y un enriquecimiento
injusto para la otra (AP Asturias 31-3-03; AP Madrid 3-12-03, EDJ 238662; 20-4-04; 13-6-03, EDJ
66341; 7-2-03; AP Valencia 31-1-03).
• Si, por el contrario, la vivienda se adjudica a ambos cónyuges en proindiviso para su posterior venta en
pública subasta con intervención de licitadores extraños, el valor ya no es el de mercado o valor real de la
misma, sino el legalmente previsto en la legislación especial sobre viviendas de protección oficial. La razón
de ser de este criterio de valoración estriba en que las viviendas de protección pública están destinadas
para un uso social, cual es el proporcionar el acceso a una vivienda de aquellos con menor capacidad
económica, evitando que las mismas sean objeto de procesos especulativos, prohibiendo expresamente la
legislación especial en materia de viviendas de protección oficial la transmisión intervivos, en sucesivas
transmisiones por los propietarios, antes de transcurrido un periodo de tiempo desde la fecha de la
compra y siempre que previamente se haya satisfecho la totalidad del precio aplazado y reintegrado las
ayudas concedidas (AP Barcelona 17-1-07).
1080
Precisiones
1) Para proceder a la valoración en la liquidación de los gananciales, de las viviendas de protección oficial debe
partirse de un dato imprescindible, cual es la posibilidad de que en un plazo determinado dicha vivienda deje de
tener la condición de protegida y sea, por tanto, descalificada, para entrar en el mercado libre. De aquí que:
• La vivienda no descalificable deba ser valorada de acuerdo con el valor oficial.
• La vivienda descalificable deba ser valorada de acuerdo con un criterio ponderado, porque en el momento de la
disolución de la sociedad de gananciales, la vivienda no es de libre disposición, aunque debido a su naturaleza, lo
será en el tiempo establecido en el concreto plan, que ambos cónyuges conocen. Por tanto, en los casos de
vivienda descalificable ha de aplicarse el valor del mercado en el momento de la extinción del régimen, rebajado
en la proporción que resulte en relación al tiempo que falte para la extinción del régimen de protección (TS 4-4-08,
Rec 5167/00).
2) Si la vivienda no puede ser descalificada y en el contrato de adjudicación vienen claramente delimitadas las
condiciones de uso y de posible venta a terceros con las mismas limitaciones, limitando su adquisición a aquellos
compradores con unos ingresos familiares anuales inferiores al 25% del precio de venta, en el momento de
celebración del contrato, y condicionando el precio máximo de venta, y sometiendo dicha operación a visados
propios de su condición de vivienda de protección oficial, la valoración de la misma ha de ser la de precio tasado y
no la de libre mercado (AP Madrid 21-11-12, EDJ 291316).
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9-07, EDJ 186754; 4-12-02; AP Asturias 25-9-03; 10-2-04; AP Sta. Cruz de Tenerife 2-2-04; AP Bizkaia 8-
3-05).
Tampoco procede la inclusión del derecho de crédito a favor de la sociedad de gananciales por el tiempo
que uno de los cónyuges estuvo usando la vivienda familiar tras la disolución de la sociedad por cuanto
durante el periodo intermedio entre dicha disolución y la definitiva liquidación, surge una comunidad
postganancial sobre la masa patrimonial preexistente, sometida al régimen de la comunidad ordinaria o
por cuotas abstractas, en el que ambos comuneros, como cotitulares del haber ganancial indiviso, están
facultados para usar y servirse de las cosas comunes conforme a su destino, y sin perjudicar el interés
comunitario ni impedir al copartícipe utilizarla según su derecho (CC art.394) y, por tanto, cualquier bien
ganancial puede ser utilizado por cualquiera de ellos como cotitulares de su sociedad de gananciales o
patrimonio común como facultad inherente al derecho de copropiedad. A falta de alguna reglamentación
o de un requerimiento expreso, el condueño que ha hecho uso de la cosa común no tiene por qué limitar
este a su propia cuota en la cosa común, por lo que no incurre en responsabilidad o en enriquecimiento
injustificado frente al otro copropietario por ese uso que excede de su cuota (AP Gijón 20-10-16, EDJ
205514).
Si la vivienda hubiera de salir a subasta pública con la intervención de licitadores extraños, sí se debe
tener en cuenta la atribución del derecho de uso al cónyuge y a los hijos, pues es evidente la
minusvaloración que va a sufrir el inmueble si finalmente es adquirido por un tercero ajeno a la relación
matrimonial. Por ello, es en el momento de su valoración para su salida a subasta cuando se ha de
considerar dicha carga a fin de obtener el valor real de inmueble (TS 27-6-07).
1084 Bienes muebles
En esta partida se incluyen los siguientes bienes muebles:
1) Saldos bancarios, fondos de inversión o cualquier otro activo financiero perteneciente a la sociedad.
Debiendo distinguirse los dos siguientes supuestos:
• Si desde la disolución de la misma hasta su inclusión en el inventario se ha producido una modificación
de su importe por disposición de alguno de los cónyuges, ha de señalarse igualmente el saldo existente a
la fecha de disolución, con independencia de que, al adjudicar los bienes a cada cónyuge, se adjudique al
cónyuge lo ya dispuesto por él. Igualmente ha de incluirse en el activo, el dinero de las cuentas comunes
dispuesto por uno de los cónyuges. En fecha próxima a la separación si no acredita que lo hubiere utilizado
para atender a las cargas familiares (AP Albacete 26-5-06, EDJ 257098).
• Si ninguno ha dispuesto de saldos, se incluye en el inventario el importe actualizado a la fecha de su
formación.
2) Títulos valores, participaciones sociales, etc., con descripción asimismo del título de su adquisición.
Para obtener el valor de los mismos hay que estar a su cotización en bolsa al momento de la liquidación y,
si no cotizan en bolsa, ha de considerarse el valor nominal o el que resulte del último balance de la
sociedad. En el supuesto de desacuerdo, ha de estarse al valor que determine un perito auditor.
3) Mobiliario y ajuar existente en los inmuebles propiedad de la sociedad o en los inmuebles privativos.
Se puede llevar a cabo una descripción pormenorizada de los mismos, si ello va a ser objeto de discusión a
la hora de su adjudicación entre las partes. En caso contrario, basta con una descripción sucinta.
Para la valoración de los bienes, en el supuesto de tratarse de bienes de considerable valor, hay que
realizar una tasación pericial. A falta de tasación pericial, se ha acudido a la valoración de los bienes en
función del valor de la vivienda en la que se encuentran depositados. Así, se ha entendido que es acertado
valorarlos en el 3% del valor catastral de la vivienda (AP Madrid 11-7-03). Siguiendo por analogía los
criterios establecidos en el impuesto sobre sucesiones y donaciones, que valoran el ajuar hereditario en el
3% del valor del caudal relicto, en general se viene entendiendo que es más ajustado calcular dicho
porcentaje sobre el valor de mercado de la vivienda y no sobre el valor catastral (AP Burgos 11-7-03; AP
Madrid 23-5-03; AP Granada auto 6-10-03; AP Asturias 27-7-06).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Precisiones
También han de incluirse en el activo las devoluciones de IRPF correspondientes a los ejercicios anteriores a la
disolución de la sociedad de gananciales, pues se corresponden a las cantidades en exceso retenidas de los
rendimientos del trabajo o rendimiento del capital. Teniendo en cuenta que son bienes gananciales los obtenidos
por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges y los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los
bienes privativos como los gananciales (CC art.1347.1 y 2), no hay duda que la devolución de la renta tiene el
carácter de bien ganancial y aunque a la fecha de la disolución no se hubiera producido su pago por la Agencia
Tributaria, pues este se realiza en la anualidad siguiente a la que se devenga el impuesto, sí ha de incluirse como
bien en el activo de la sociedad al haberse devengado antes de su disolución (AP Pontevedra 8-9-16, EDJ 170500).
4) Vehículos propiedad de la sociedad, con indicación de su descripción y datos de matriculación a fin de
1086
facilitar su posterior cambio de titularidad en las entidades administrativas correspondientes.
En su valoración surge la discusión de si el valor de los vehículos ha de ser el que tenían al momento de la
disolución de la sociedad de gananciales o el resultante a la fecha de liquidación. Al contrario de lo que
sucede con los bienes inmuebles, que aumentan de valor con el paso de los años, los vehículos
normalmente se deprecian de forma considerable, dándose la circunstancia de que un vehículo adquirido
poco antes de la disolución de la sociedad y disfrutado en exclusiva por uno de los cónyuges, puede haber
perdido prácticamente su valor cuando se produce la liquidación, con el considerable perjuicio que ello
causa al otro cónyuge. Sin embargo, el Tribunal Supremo ha entendido que no se vulnera ningún precepto,
pues, hasta el momento de la liquidación, el patrimonio continúa siendo común y los incrementos de valor
o plusvalías que los bienes hayan experimentado, y también las disminuciones o minusvalías, son de riesgo
y ventaja de todos. Por ello no procede el reintegro a la sociedad de gananciales, por parte del cónyuge, de
la diferencia existente entre la valoración existente en el momento de la liquidación del vehículo
ganancial, por él utilizado en exclusiva, y el importe debidamente actualizado de la valoración que
correspondía al mismo vehículo al momento de la disolución de la sociedad, pues el CC art.1397 se refiere
al momento de la liquidación y no al momento de la disolución (TS 16-5-00; en el mismo sentido: AP
Madrid auto 9-7-02; AP Valencia 9-1-03; AP Madrid 7-2-03; 10-9-03; AP Guadalajara 29-4-06).
Supuesto distinto sería si el vehículo hubiera desaparecido a la fecha de la liquidación de la sociedad,
pues en tal caso, sí que habría que acudir al valor que el mismo tuviera a la fecha en que fue vendido, valor
que habría que actualizar anualmente de acuerdo con el IPC. El precio de venta del vehículo debe
incluirse por el principio de subrogación real, formando parte del activo de la sociedad (AP A Coruña 17-
4-08).
Por ello, no cabe duda de que, para los intereses del cónyuge que no ha utilizado el vehículo, es mucho más
beneficioso que el mismo haya sido vendido por el cónyuge que figura como titular, pues siempre será
mayor el valor obtenido, que habrá de inventariarse como un crédito de la sociedad frente al mismo, que el
del propio vehículo si se dejan pasar los años que van contribuyendo a su depreciación.
5) Embarcaciones, joyas, cuadros y cualquier otro bien mueble de extraordinario valor que haya de
adjudicarse.
6) Semovientes. Cabría en este apartado inventariar los animales -p.e. cabezas de ganado-, ahora bien, ha
de tenerse en cuenta que, con efectos 5-1-2022, dejan de tener la consideración de cosas para pasar a
tener la de seres vivos dotados de sensibilidad, de modo que, cualquier cuestión relacionada con su
destino estaría condicionada por la garantía de su bienestar. Al respecto, nos remitimos a lo expuesto en
nº 6845 s., con especial referencia al destino de los animales de compañía en las situaciones de crisis
matrimonial.
7) Rentas y frutos de los bienes comunes. En el activo del inventario han de incluirse los frutos y rentas
que han producido los bienes comunes desde la disolución de la sociedad. Tal es el caso de inmuebles de
titularidad ganancial que han permanecido arrendados tras la disolución de la sociedad. Las rentas
percibidas, han de traerse como una partida del activo.
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
Precisiones
La peculiaridad de que el negocio se trate de una empresa bajo la titularidad de una persona física, con la ausencia
de unas cuentas anuales propias de un empresario persona jurídica, así como el carácter intuitu personae de la
explotación y de los beneficios que de ella se derivan, llevan a analizar otras muchas circunstancias, como la
capacidad del negocio consorcial para generar recursos suficientes a la vista de signos externos de vida tales
como la compra de dos vehículos de gama media-alta, la existencia de una imposición a plazo fijo, etc. aunque
analizadas un cúmulo de circunstancias, llevan finalmente a la sala a estimar su valoración de forma prudencial en
la suma de 100.000 euros (AP Asturias 29-11-18, EDJ 690660).
Precisiones
Se estima la inclusión en el activo de la sociedad de gananciales de un derecho de crédito frente a los padres de la
esposa por las obras realizadas en una vivienda propiedad de estos y que fue utilizada para la convivencia del
matrimonio como poseedores de buena fe y cuyas obras fueron consentidas por sus titulares y produjeron un
aumento de valor en su propiedad (TS 6-11-19, EDJ 725520).
1092
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
En el activo también deben recogerse bienes que, en muchas ocasiones, son dispuestos por los cónyuges
sin el consentimiento del otro y que no están en el patrimonio de la sociedad a la hora de su liquidación.
Así, por ejemplo, es muy frecuente que uno de los cónyuges, que ha venido utilizando determinados
bienes que figuran a su solo nombre (automóviles u otros bienes muebles) los haya vendido de forma
unilateral, no participando al otro, ni de la decisión, ni del valor de la venta, ni por supuesto del importe
percibido.
En tales casos, hay que estar al valor del bien a la fecha en la que se produjo la enajenación. Si el cónyuge
que dispuso del mismo acredita el valor de venta, este no tiene carácter vinculante, toda vez que puede no
coincidir con el valor real del bien. En este supuesto debe procederse a su tasación en caso de discusión
entre ambos en la fase final de liquidación.
Es conveniente seguir un único criterio monetario de actualización de valores, haciéndose de forma
homogénea para todos los bienes que tengan la misma naturaleza.
Es difícil que pueda tratarse de bienes inmuebles, ya que para que la venta de los mismos tenga acceso al
Registro de la Propiedad, precisa de su otorgamiento en escritura pública ante notario y la concurrencia
del consentimiento de ambos cónyuges.
Si se tratara de supuestos fraudulentos de utilización de poderes que estuvieran derogados, habría que ir
al proceso declarativo correspondiente para determinar en primer lugar la validez o no de la disposición
realizada, o en su caso, pasar por relacionar en el inventario el importe actualizado del bien, como prevé el
precepto estudiado.
Precisiones
1) Si uno de los cónyuges hubiera dispuesto de dinero común en beneficio propio o hubiera detraído de las
cuentas gananciales importes que no pueda justificar que se han empleado en interés de la familia, será deudor de
la sociedad por el importe detraído debidamente actualizado, debiendo incluirse en el activo un derecho de
crédito de la sociedad frente al cónyuge deudor por aplicación de lo dispuesto en CC art.1390 y 1391 en relación
con CC art.1397.2 (AP Las Palmas 16-9-08, EDJ 337403; AP Salamanca 14-12-16, EDJ 239807).
2) Se ha de incluir en el activo el valor actualizado que tenían los bienes al ser enajenados por negocio ilegal y
fraudulento, entendiéndose por tanto que se ha de actualizar el valor de acuerdo al interés legal del dinero y con
efectos desde la fecha en la que se detrajo el dinero (TS 29-11-18, EDJ 649721).
En el activo deben también introducirse el importe actualizado de cantidades abonadas por la sociedad y
que eran a cargo de cada cónyuge, bien por tratarse de aportaciones a sus bienes privativos, bien por
consistir en otros derechos de reembolso. Estas cantidades también se denominan derechos de
reembolso de la sociedad.
Es importante destacar que en el activo, como se exige en la normativa aplicable, se ha de relacionar el
importe actualizado de los reembolsos, no la cantidad que en su día abonó la sociedad. El criterio seguido
para la actualización de los bienes no es unánime, pudiendo acudirse a la aplicación del IPC , criterio por el
que se inclinan la jurisprudencia mayoritaria (TS 6-6-06; AP Salamanca 8-3-00; AP Araba 22-9-05) o a la
del interés legal del dinero. Parte de la jurisprudencia entiende que no es correcto este último criterio,
toda vez que dicho sistema está previsto como liquidación de daños y perjuicios (CC art.1108) y no de
actualización (AP Murcia 12-3-03). Sin embargo, ello no ha obstado para que el Tribunal Supremo
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
b. Pasivo
(CC art.1398)
Precisiones
El Tribunal Supremo incluyó en el pasivo de la sociedad de gananciales un crédito actualizado a favor de uno de los
cónyuges por el dinero privativo aportado en la adquisición de un inmueble ganancial sin efectuar reserva;
mientras que excluyó del inventario el saldo de la cuenta bancaria del matrimonio, al considerarlo procedente de
la indemnización privativa cobrada por el mismo cónyuge, habiendo sido los frutos de esta los que sufragaron las
cargas del matrimonio (TS 11-11-20, EDJ 715736).
Precisiones
1) Es deuda de la sociedad y ha de incluirse en el pasivo el dinero correspondiente a las cuotas hipotecarias
pagadas por los padres de uno de los cónyuges e ingresado su importe en la cuenta común, ante la inexistencia de
saldo para su abono (AP Burgos 1-12-16, EDJ 236187).
2) Se excluyen del pasivo de la sociedad de gananciales los gastos de colegio del hijo común del matrimonio
correspondientes a los 4 meses transcurridos entre la quiebra conyugal y el auto de medidas provisionales,
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abonados por el cónyuge que quedó en compañía del hijo, y que el juzgado de primera instancia, en liquidación de
gananciales, había incluido en dicha partida. En tanto las partes no establezcan de mutuo acuerdo o no se fije
judicialmente la prestación alimenticia a cargo de los cónyuges, lo satisfecho por uno de ellos en concepto de
alimentos es un gasto propio de la sociedad de gananciales y, por tanto, no reclamable como crédito por quien lo
hubiera pagado. Salvo que la deuda haya sido pagada por terceros, realizado el pago por quien sus ingresos tienen
naturaleza ganancial, salvo prueba en contrario, se entiende que estos están destinados a satisfacer las cargas del
matrimonio y, por lo tanto, no es factible que se genere una deuda de la sociedad de gananciales proveniente de
sus propios ingresos (AP Burgos 22-3-16, EDJ 45376).
3) Se incluye en el pasivo el préstamo personal concedido por los padres de la recurrente al matrimonio para la
adquisición de un vehículo, aunque no se haya aportado documento o prueba similar. Ha de tenerse en cuenta que
es habitual que cuando los padres o un familiar realizan un préstamo este no se documente en una escritura
pública, por lo que ha de acudirse a la presunción judicial al amparo del CC art.386 y resolver del conjunto de
indicios, conforme a las reglas de la racionalidad y del criterio humano. En el presente caso, por el número de datos
indirectos, su conexión y coincidencia y las lacónicas manifestaciones en juicio del demandado se deduce que
efectivamente existió ese préstamo (AP Badajoz 27-10-15, EDJ 192798).
4) No se incluye en el pasivo una deuda frente a la madre de la esposa por un préstamo a la sociedad porque
entiende la sala que, al ser negada su existencia por el marido, primero ha de acreditarse la existencia de la deuda,
aclarando que no se trata de una acción declarativa de derechos ni de una reclamación de cantidad y que, en caso
de controversia sobre la titularidad de los bienes que afectan a persona ajena al matrimonio, se debe ventilar la
cuestión en un proceso ordinario y no en uno de liquidación de la sociedad de gananciales, quedando a salvo el
derecho del tercero de reclamar la deuda en un nuevo juicio (AP Cádiz 30-3-16, EDJ 61504).
Precisiones
El dinero privativo proveniente de indemnizaciones percibidas por accidentes por uno de los cónyuges y gastadas
en la sociedad de gananciales al haber sido ingresadas en las cuentas comunes, debe incluirse en el pasivo de la
sociedad -CC art.1398.2º- (AP Ourense 12-5-05, EDJ 93803; AP La Rioja 4-2-03, EDJ 263079).
última actualización
Inventario de gananciales. Dinero aportado por uno de los cónyuges antes del matrimonio a la compra
de la vivienda familiar
(Actum 03/23, Marzo 2023)
Se analiza un supuesto de aportación de dinero por una de las cónyuges para la compra de la vivienda antes de
contraer matrimonio a efectos de la liquidación de la sociedad de gananciales.
El cónyuge que reclama la inclusión del crédito recurre en casación la cuantia determinada, que
considera significativamente menor a la aportada. Ello porque la sentencia recurrida presupone
una voluntad de donación con apoyo en un documento que no fue firmado por ambas partes. El
recurrente considera que no puede alcanzarse esta determinación por un simple borrador de
documento que no contó con la firma y aceptación de la supuesta donataria.
- El ingreso por la recurrente de dinero de su exclusiva propiedad en una cuenta de la que era
cotitular su expareja no da lugar a la copropiedad del dinero.
- la aplicación de ese dinero a la compra del piso común, cuando el resto del precio se pagó con un
préstamo que devolvieron ambos cónyuges, permite concluir que la recurrente efectuó una
mayor aportación en la adquisición, ya que no consta que su expareja realizara ninguna
aportación inicial.
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Finalmente, por lo que se refiere a la cuantía que la parte recurrida adeuda a la recurrente,
advierte el TS que no se trata de una deuda de la sociedad de gananciales frente a un cónyuge,
supuesto en el que debe incluirse en el pasivo el importe actualizado de las cantidades pagadas
por el cónyuge (CC arts.1358 y 1398.3), sino que se trata de una deuda personal por el exceso de
lo que la recurrente puso antes de casarse para la compra del inmueble, esto es, para pagar la
parte que pertenece privativamente a ambas cónyuges.
De esta manera, dado que ambas son copropietarias de la parte privativa que resulte (CC
arts.1354 y 1357), la recurrente también debe financiar su adquisición, por lo que su crédito
contra su excónyuge solo puede serlo por la mitad del dinero que aportó. De lo contrario, el
resultado sería que la parte recurrida asumiría el 100% del pago de la parte privativa que ambas
comparten mientras que la recurrente, por el contrario, al recuperar todo lo que puso, no
asumiría nada para el pago de la parte privativa.
1) En el pasivo de la sociedad han de incluirse los gastos de IBI y extraordinarios de la comunidad de
propietarios de la vivienda generados desde la disolución de la sociedad y abonados por uno solo de los cónyuges.
Existe una deuda de la sociedad a su favor (TS 25-5-05, EDJ 76738; AP Pontevedra 8-9-16, EDJ 170500). Sin
embargo, en sentencia posterior, el Tribunal Supremo ha incluido también los gastos ordinarios de la comunidad
de propietarios. Así, distingue entre los gastos que se derivan del uso del inmueble y los gastos correspondientes
a la propiedad del inmueble. Respecto de los primeros, entre los que señala los suministros de luz, agua, gas,
teléfono, etc., indica que no cabe duda que han de ser asumidos por el cónyuge usuario. Sin embargo, en relación
con los gastos derivados de la propiedad, como son la comunidad de propietarios y el IBI, señala que
corresponden al propietario. Es preciso destacar que, en relación a los gastos de la comunidad, se remite a la
sentencia TS 25-5-05, EDJ 76738, que entiende que no es un gasto del usuario, sino del propietario del inmueble,
y ello porque la participación en tiempo y forma en los gastos comunes, en bien del funcionamiento de los
servicios generales, es una de las obligaciones del comunero, y los desembolsos derivados de la conservación de
los bienes y servicios comunes no susceptibles de individualización repercuten a todos los condóminos. Esta
doctrina ha sido posteriormente ratificada, por lo que, salvo que en la sentencia que establezca las medidas
definitivas se diga lo contrario, los gastos de la comunidad de propietarios, ordinarios y extraordinarios,
corresponden al propietario y a la sociedad de gananciales si la vivienda es de su propiedad y si fueron abonados
por uno solo de los cónyuges, se ha de incluir en el pasivo un derecho de crédito a su favor (TS 27-6-18, EDJ
512790).
2) El pago con dinero privativo de una cantidad para amortizar el préstamo hipotecario que gravaba el
inmueble ganancial genera a favor del cónyuge que lo realiza un crédito contra la sociedad de gananciales que, en
el momento de su liquidación, deberá integrar el pasivo de la misma. Presentado por el ex esposo solicitud de
formación de inventario de la sociedad de gananciales, el juzgado rechaza su pretensión de incluir en el pasivo,
como derecho de crédito a su favor, una cantidad que dice haber aportado para la adquisición de un bien
ganancial. Presentado recurso de apelación, la AP lo estima, al no existir base probatoria para considerar
producida una aportación a título de liberalidad del patrimonio propio para costear la adquisición del bien común.
Al contrario, ve verosímil que el demandante prefiriera liquidar así la enajenación para luego hacer valer su crédito
a través del proceso liquidatorio. La ex esposa interpone recurso de casación por conculcación de la doctrina
jurisprudencial sobre los propios actos y jurisprudencia contradictoria sobre la controversia, solicitando del
Tribunal Supremo que declare, como doctrina jurisprudencial, que cuando los bienes adquiridos a título oneroso,
pero con dinero privativo, se hacen gananciales al amparo del CC art.1355, no existe derecho de reembolso por el
dinero privativo aportado, al no hacer reserva expresa o condición alguna sobre ese derecho de reembolso, al
resultar evidente la voluntad del consorte de realizar a favor de la sociedad conyugal un desplazamiento
patrimonial. Para el Tribunal Supremo, el precepto invocado no resulta aplicable, pues trata la posibilidad de que
los cónyuges, de común acuerdo, atribuyan la condición de gananciales a los bienes que adquieren a título oneroso
durante el matrimonio, cualquiera que sea la procedencia del dinero con el que se paga. Resulta de aplicación el
CC art.1398.3, que establece que se integra en el pasivo de la sociedad de gananciales el importe actualizado de
las cantidades que, habiendo sido pagadas por uno solo de los cónyuges, fueran de cargo de la sociedad y, en
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general, las que constituyan créditos de los cónyuges contra la sociedad, por lo que se desestima el recurso (TS 13-
9-17, EDJ 184858).
3) Cuando el seguro de invalidez concertado por uno de los cónyuges tiene como finalidad real la amortización de
una deuda ganancial en caso de insolvencia -amortización de préstamo hipotecario en caso de imposibilidad de
hacerle frente- el importe de la indemnización no puede incluirse en el pasivo de dicho cónyuge en la liquidación
de la sociedad de gananciales (TS 20-9-19, EDJ 698362).
4) Como se dijo en nº 695, la atribución ganancial de bienes adquiridos con dinero privativo de uno de los
cónyuges, o con dinero en parte privativo y en parte ganancial, determina un derecho de reembolso a su favor
(CC art.1358), aunque no haya hecho reserva en el momento de la adquisición. Por tanto, se debe incluir en el
pasivo de la sociedad de gananciales el importe actualizado de las cantidades que, habiendo sido pagadas por uno
solo de los cónyuges, fueran de cargo de la sociedad y, en general, las que constituyan créditos de los cónyuges
contra la sociedad (CC art.1393.3; TS 11-7-19, EDJ 646220). Doctrina fijada en TS pleno 27-5-19, EDJ 590632; 6-
2-20, EDJ 507469.
5) Acreditado que la esposa ingresó en cuentas destinadas a gastos familiares dinero privativo recibido por
donación de sus padres, es doctrina jurisprudencial que la misma tiene un crédito contra la sociedad de
gananciales. Se cita por la sala sentencia anterior que declaró que la amplia autonomía negocial de los cónyuges no
implica que pueda presumirse el ánimo liberal de quien emplea dinero privativo para hacer frente a las cargas de la
familia. El régimen legal, por el contrario, refuerza que deben restituirse las sumas gastadas en interés de la
sociedad, salvo que se demuestre que su titular lo aplicó en beneficio exclusivo. A falta de prueba en contrario, se
presume que se gastó en interés de la sociedad (TS 11-12-19, EDJ 755512; 4-2-20, EDJ 505947).
6) No se considera un derecho de reembolso al cónyuge por el dinero abonado por una entidad aseguradora por
una indemnización por incapacidad permanente del esposo cobrada durante el matrimonio, pues la finalidad del
seguro contratado era amortizar una deuda de la sociedad de gananciales, es decir, su finalidad era cubrir el riesgo
de insolvencia del pago del préstamo hipotecario de la vivienda para el supuesto de que se produjera la invalidez
permanente absoluta del esposo. Por tanto, producida esta, con el importe de la indemnización se abonó la deuda,
que era la causa del seguro, y al ser la deuda ganancial, no existe derecho de reembolso por parte del esposo, pues
no se está ante una indemnización por incapacidad permanente absoluta que cubre la contingencia del daño
derivado de un pérdida de la capacidad laboral (CC art.1346.6), sino ante el pago efectuado como consecuencia de
un seguro concertado precisamente con la finalidad de amortizar una deuda de la sociedad de gananciales, es
decir, con la finalidad de cubrir el riesgo de insolvencia de pago del préstamo hipotecario que era una deuda
ganancial (TS 20-9-19, EDJ 698362).
7) Se considera que existe un derecho de reembolso a favor de la esposa por el importe actualizado del dinero
privativo gastado para la compra de dos inmuebles, aunque no se haya hecho reserva expresa en el título de
adquisición. Se indica que el reembolso está reconocido en la ley como medida para reequilibrar los patrimonios
para los supuestos de adquisición de bienes con fondos de distinto signo a la titularidad del bien y, en particular,
cuando, según dispone el CC art.1355 se aportan bienes privativos para la compra de bienes comunes (TS 2-3-20,
EDJ 512983).
2. Fases de la liquidación
Determinado el inventario de la sociedad de gananciales, se procede a su adjudicación entre los cónyuges,
1115
que se lleva a cabo observando las siguientes fases:
1. Pago de deudas de la sociedad (nº 1120).
2. Pago a los cónyuges de los reintegros y reembolsos (nº 1125).
3. División del haber partible (nº 1130).
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judicial, que se liquidan una vez adjudicado el haber partible a cada uno, sino de los alimentos que son de
cargo de la sociedad de gananciales (nº 885).
2) A continuación se ha de acometer el pago de las demás deudas . En el supuesto de que el caudal
restante no alcanzase para el pago se ha de observar lo dispuesto para la concurrencia y prelación de
créditos , aunque siempre en relación con lo dispuesto en la norma específica (CC art.1403). En esta
última disposición se establece que, pagadas las deudas y cargas de la sociedad, se han de abonar las
indemnizaciones y reintegros debidos a cada cónyuge, haciendo las compensaciones que correspondan
cuando el cónyuge sea deudor de la sociedad. Disposición de la que se desprende que antes de dividir la
sociedad hay que pagar las deudas de terceros, pues como tiene reiterado la jurisprudencia antes pagar
que partir (TS 13-6-86, EDJ 4070). Naturalmente, como se indica a continuación, se trata de las deudas
vencidas y exigibles, no de las que se vengan abonando en cuotas periódicas, que se adjudicarán entre los
cónyuges, asumiendo cada uno, el pago de las que les puedan corresponder (en contra, Díez Picazo).
1122 Forma de pago
Las deudas deben satisfacerse en metálico, pero si este fuera insuficiente, se pueden adjudicar bienes
gananciales, aunque si cualquier participe o acreedor los solicita se procede a su venta para pagar el
importe en metálico.
Si las deudas no están vencidas no hay que anticipar su pago a los acreedores, sino adjudicarlas entre los
cónyuges para su ulterior cumplimiento. De esta forma los acreedores no ven disminuidas sus garantías,
ya que los bienes adjudicados a los cónyuges siguen respondiendo de las mismas, aunque ya no estén en el
haber ganancial, sino en el patrimonio de cada uno de los consortes. En este caso el deudor responde con
los bienes propios y con los que le hayan sido adjudicados, siendo su responsabilidad ilimitada hasta el
pago de la deuda. Sin embargo, el cónyuge no deudor responde solo hasta donde alcancen los bienes que
le hayan sido adjudicados, siempre que se hubiere formado debidamente inventario judicial o extrajudicial
(CC art.1401). Si un cónyuge hubiera pagado mayor cantidad de la que le hubiera correspondido según el
pasivo adjudicado en la liquidación, podrá repercutir contra el otro (CC art.1401).
La acción de los acreedores contra los bienes gananciales permanece viva aun después de haber sido
adjudicados, tal y como ha reiterado la jurisprudencia interpretando dicha disposición (TS 17-7-97, EDJ
5150; 7-11-92, EDJ 10983; 13-6-86, EDJ 4070). La protección del acreedor es tal, que incluso el CC
art.1402 remite a las normas de la partición de la herencia para garantizar sus derechos (nº 1138). En el
mismo sentido, se atribuye a los acreedores el derecho a oponerse a la partición de los bienes hasta que
se les pague o afiance el importe de sus créditos (CC art.1082 y 1803), otorgándoles también el derecho
de instar la liquidación de la sociedad y la intervención en la partición para evitar que se haga fraude o
perjuicio de sus derechos (LEC art.782 s.).
Precisiones
Los créditos del activo y del pasivo de la sociedad de gananciales han de incrementarse con los intereses
calculados desde la fecha de disolución de la sociedad hasta el momento en que se confeccione el cuaderno
particional, y si este debe rehacerse, hasta la fecha de su modificación (TS 6-11-03, EDJ 146389).
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Precisiones
1) Deben aplicarse, en la medida de lo posible, las normas de la LEC art.786, para la práctica de las operaciones
divisorias, procurando evitar la indivisión , así como la excesiva división de las fincas (AP Alicante 24-4-09, EDJ
128656).
2) La partición ha de estar presidida por un criterio de equitativa ponderación y debe hacerse respetando la
posible igualdad determinada por las circunstancias de cada caso. Sin embargo, también se ha precisado que no se
trata de una igualdad matemática o absoluta, sino de una igualdad cualitativa, dado que la norma tiene un
carácter orientativo y está dotada de un grado de imperatividad solo relativo; y no puede aplicarse cuando la
infravaloración de los bienes se aplica en proporción semejante a todos los que integran el caudal relicto (TS 7-11-
06, EDJ 325624; 16-1-08, EDJ 1749; AP Alicante 24-4-09, EDJ 128656).
Los derechos de atribución preferente constituyen una excepción a la igualdad en la adjudicación de los
lotes que viene dispuesta en el Código Civil, facultando a un cónyuge, en función de las condiciones que se
verán, la potestad de elegir determinados bienes para que formen parte de su haber en la liquidación de la
sociedad de gananciales.
Cada cónyuge tiene derecho a que se incluyan con preferencia en su haber, hasta donde este alcance, los
siguientes bienes:
1) Los de uso personal de extraordinario valor. Son aquellos bienes no incluidos en el CC art.1346.7.
Según dicho precepto, los bienes de uso personal de los cónyuges tienen carácter privativo, a excepción de
los de considerable valor. Por lo tanto, los que se pueden incluir como derecho preferente de los cónyuges
son aquellos de uso personal que por tener extraordinario valor, en relación a los usos y costumbres de la
familia, no se consideran privativos, sino gananciales y por lo tanto deben ser inventariados en el activo y
adjudicados.
a. La primera cuestión que surge es la de determinar qué se entiende por bienes de uso personal. Según
Diez Picazo, son aquellos de uso no común o compartido, sino de utilización y disfrute personal y
exclusivo, dedicados a atenciones estrictamente personales: ropas de uso exclusivo (pieles), objetos de
carácter ornamental (joyas), equipos de música de uso exclusivo, máquinas de fotos, etc., que dependiendo
de su valor en relación con los usos de la familia, pueden ser considerados privativos, y no se incluirán en
el inventario, o gananciales, y podrán ser objeto de atribución preferente al cónyuge usuario.
Con anterioridad a la L 17/2021, se cuestionaba si los animales domésticos podían ser calificados de
bienes de uso personal. El CC art.335 no excluye dentro de la palabra muebles a los animales que, por el
contrario, reúnen los requisitos que para aquellos se regulaban en dicho precepto. Por tanto, se afirmaba
en alguna resolución que los animales domésticos inventariados dentro del apartado semovientes del
inventario, podrían calificarse, según el caso concreto de que se tratase, como de bienes de uso personal
de uno de los cónyuges, y ser objeto de atribución preferente (AP Cáceres 30-1-04).
b. En segundo lugar hay que atender al extraordinario valor de los bienes. Para ello, lo importante es
determinar qué se entiende por tal, debiendo considerarse en orden a la posición social del matrimonio o
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nivel económico de la familia. La posición económico-social del matrimonio de que se trate debe ser el
criterio para determinar qué se entiende por extraordinario valor de los bienes (Garrido de Palma,
Martínez Fernández, Sánchez González y Vélez Bueno), pues el propio Código Civil se refiere a esta
posición en diversos preceptos al regular el derecho de alimentos (CC art.146 y 147), estableciendo que la
cuantía será proporcional al caudal o medios de quién los da, y que se reducirán o aumentarán según el
aumento o disminución de la fortuna del alimentante. Según ello, hasta un yate de recreo, alhajas u
objetos artísticos, que son de extraordinario valor, si se acredita su uso y disfrute personal, pueden ser
incluidos dentro de la norma del CC art.1406.1º.
2) La explotación de los negocios que gestione efectivamente. Si ambos cónyuges vienen gestionando la
1134
explotación de negocios familiares, no puede considerarse derecho preferente de ninguno de ellos. Por
explotación de negocio se entiende la empresa, que no necesariamente ha de ser de carácter mercantil,
pues también puede ser de carácter civil. La norma pues no distingue, por lo que caben ambos
establecimientos dentro del concepto de explotación de negocios. La finalidad de este derecho de
atribución preferente es la preservar la empresa individual como unidad económica (TS 28-5-92).
3) El local donde hubiese venido ejerciendo su profesión u oficio (por ejemplo: el despacho profesional
de abogado, arquitectos, psicólogos, etc., o el local donde se desarrolle una actividad médica de uno de los
cónyuges, que sea de propiedad de la sociedad de gananciales). Para que pueda ejercerse este derecho, el
local debe constituir la sede permanente del ejercicio de la profesión u oficio, no generándose el mismo si
su utilización es meramente ocasional.
Precisiones
1) El Tribunal Supremo adjudicó en liquidación de gananciales un paquete minoritario de participaciones de una
empresa constituida para la explotación de un negocio familiar gestionado por uno de los cónyuges al cónyuge
gestor del negocio, con la obligación de pagar al otro el valor de la mitad del mismo, rehusando atribuirlo al
cónyuge ajeno al negocio y convertirlo en socio minoritario o acudir a una venta de las participaciones en un
pública subasta que resultaría ilusoria por su falta de atractivo para otros inversores (TS 28-7-20, EDJ 615014).
2) No se efectúa correcta interpretación del número tercero del CC art.1406. Este precepto contiene una efectiva
adjudicación preferencial a fin de satisfacer y proteger intereses personales-profesionales y preservar los
consecuentes económicos, que podían resultar gravemente afectados si, por consecuencia de la partición
ganancial, se priva a los cónyuges de continuar en el ejercicio de la actuación profesional desarrollada en el
espacio físico construido en que se venía practicando. Para que la atribución preferente opere, ha de referirse al
local donde se hubiera venido ejerciendo la profesión. El ejercicio del derecho de preferencia se excluye para
supuestos de ocupaciones accidentales o profesionales, aunque se pretenda por propio interés convertirlas en
definitivas y consolidarlas por medio de su atribución patrimonial (TS 30-12-98).
4) La vivienda donde tuviese la residencia habitual , aunque solo en el caso de muerte del otro cónyuge.
1136
Basándose en este supuesto, podría pretenderse extender el derecho de atribución preferente al cónyuge
al que en el proceso de nulidad, separación o divorcio, se le hubiese atribuido el uso de la vivienda que
constituyó el domicilio familiar. Muchos son los procedimientos que así lo han querido entender. Sin
embargo, la jurisprudencia viene manteniendo de forma unánime que el supuesto contemplado solo es
aplicable cuando la disolución del régimen de sociedad de gananciales se hubiera producido por causa de
muerte y no en los que la misma ha tenido lugar por nulidad, separación o divorcio, no siendo de aplicación
en tal caso lo dispuesto en el CC art.96, que exige la concurrencia de unas condiciones para atribuir el uso,
no la propiedad, de la vivienda conyugal cuando los cónyuges se separen o divorcien, teniendo en cuenta
de manera primordial el interés de los hijos, pero que no tienen interés en un proceso puramente
liquidatorio de la sociedad conyugal, pues en este se deben atribuir los bienes por un criterio meramente
económico, con las excepciones del CC art.1406. Por tanto, la regla del CC art.96 no afecta a la titularidad
del inmueble destinado a vivienda, sino a su uso (TS 9-5-07, EDJ 36064).
Ello no es obstáculo, sin embargo, para que en el proceso liquidatorio practicado por contador-partidor, se
considere adecuado incluir en el lote del cónyuge usuario de la vivienda familiar, la propiedad de esta,
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cuando la existencia de otros bienes así lo permite o incluso cuando se trate de un único bien, de carácter
indivisible, en cuyo caso, se puede adjudicar su titularidad al usuario, a condición de que abone al otro el
importe equivalente al valor de la mitad que le corresponda. Si el cónyuge adjudicatario no está conforme,
debe impugnar la partición y solicitar la venta en pública subasta (AP Asturias 20-4-07, EDJ 140795, que
confirma la adjudicación propuesta por el contador partidor que adjudica la vivienda al esposo ocupante
de la misma, con la obligación de abonar el exceso a la esposa, no siendo procedente la adjudicación en
proindiviso a ambos cónyuges, pues ello implicaría seguir en comunidad).
Respecto de los dos últimos supuestos, esto es, los relativos al local y/o vivienda , se reconoce al cónyuge
el derecho a que se le atribuyan en propiedad dichos bienes o a constituir sobre ellos un derecho de uso
o habitación. En el caso de que el valor de los bienes o derechos, supere su mitad en el haber ganancial,
debe abonar la diferencia en dinero, si pretende su adjudicación (CC art.1407).
Precisiones
1) No es de aplicación lo dispuesto en el CC art.1406, pues la preferencia para el cónyuge de la vivienda que
habita es en caso de muerte del otro cónyuge y no es este el supuesto (AP Málaga 11-5-07).
2) La adjudicación del uso del domicilio familiar a la esposa, de la que no se le puede privar mientras no se decida
especialmente, no es un plus de atribución a la hora de partir, sino un medio legal de dar satisfacción a la
necesidad de vivienda de quien merece mayor tutela y, en ningún caso, cabe hablar de derecho de usufructo (TS
23-1-98). Son diferentes el derecho de uso a la vivienda familiar en sede del CC art.96, párrafo primero, de la
adjudicación de la vivienda o derecho de uso en sede del CC art.1406.4.º y 1407 (TS 27-12-99; 16-12-95).
Los siguientes aspectos de la partición hereditaria se han de tener en cuenta al hacer la adjudicación del
caudal común:
1) Acción de rescisión por lesión (nº 1140).
2) Pago de deudas entre cónyuges (nº 1144).
Precisiones
1) La aplicación del principio de conservación de la partición permite al demandado optar, entre la rescisión total
de lo partido con la realización de una nueva partición, o por indemnizar el daño con el pago en metálico del
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importe de la lesión causada, decisión que en tal caso se realizará a elección del cónyuge demandado (CC
art.1077).
2) Es preciso distinguir la acción de rescisión por lesión en más de una cuarta parte, cuando se hayan
infravalorado los bienes , de la situación que se produce cuando en el inventario se haya producido la omisión de
determinados bienes , pues, en tal caso, lo procedente es la adición de la partición, debiendo en tal caso realizarse
un complemento de la misma, bien de mutuo acuerdo entre las partes o siguiendo, al efecto, el cauce previsto para
la liquidación del régimen económico matrimonial (LEC art.806 s.; nº 1315 s.).
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1. Demanda de juicio ordinario ejercitando acción de rescisión por lesión en liquidación de sociedad de gananciales
1142 La lesión ha de calcularse al momento de la adjudicación de los bienes (CC art.1074), por lo que el valor a
considerarse es el que estos tenían al otorgarse el cuaderno particional, bien en convenio regulador,
partición ante notario o procedimiento judicial contencioso.
El procedimiento a seguir para instar la acción de rescisión por lesión es el juicio ordinario , en el que
debe concretarse exactamente el importe de la lesión producida. No obstante, en algunos supuestos, los
tribunales han entendido que la determinación de la lesión puede cuantificarse en fase de ejecución de
sentencia si se ha solicitado que se practique prueba pericial para la tasación exacta de los bienes (AP
Murcia 8-10-07).
Al remitir el CC art.1410 a las normas hereditarias, se aplicará igualmente el plazo de caducidad de 4 años
que establece el CC art.1706 y, en consecuencia, este comenzará a contar desde que se practique la
liquidación, bien sea por aprobación judicial a través del decreto dictado por letrado de la Administración
de Justicia o por el otorgamiento de la escritura pública de partición.
Precisiones
1) En relación a las particiones de bienes realizadas en el convenio regulador de separación o divorcio existen dos
posturas jurisprudenciales:
• No se puede ejercer la acción de rescisión debido al carácter transaccional del convenio regulador, toda vez que
si se invoca una lesión en las adjudicaciones de los bienes, sería preciso revisar, a su vez, el resto de los acuerdos
económicos de dicho convenio, dada su consideración como negocio jurídico complejo en el que cada una de las
cláusulas tiene o puede tener por causa otra, no pudiendo interpretarse de forma aislada, pues el establecimiento
o no, por ejemplo, de una pensión compensatoria, podría estar íntimamente relacionado con el hecho de realizar
una valoración inferior o superior a la real de alguno de los bienes adjudicados a los cónyuges. Nos encontramos,
por tanto, ante un problema de interpretación del convenio (TS 6-3-03).
• Sí es posible ejercitar dicha acción, ya que el convenio regulador no es propiamente una transacción ni un
contrato oneroso, pues las partes no discuten sobre la titularidad de los bienes concretos, por lo que no hay
posibilidad legal de eximir la partición de su sujeción a rescisión por lesión -según CC art.1074- (TS 26-1-93; 10-
12-03).
2) La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha declarado que la doctrina que prohíbe ir contra los propios actos es
incompatible con el ejercicio de la acción de rescisión por lesión en la liquidación de la sociedad de gananciales,
manifestando que su ejercicio no cabe entenderlo vedado por la prohibición de ir contra los actos propios, porque
la rescisión por lesión es una excepción muy cualificada de carácter legal, que es incompatible con aquella doctrina
(TS 6-3-03; 17-5-04).
3) La fecha que ha de tenerse en cuenta para el cálculo del plazo de caducidad de la acción es la de la partición.
Según la doctrina la partición es un acto jurídico unilateral o plurilateral necesario e irrevocable, de naturaleza
declarativa, compuesto de un conjunto de operaciones verificadas sobre ciertas bases o supuesto de hecho y de
derecho y en el cual, después de determinar el activo y el pasivo, y de proceder en su caso a su avalúo y liquidación,
se fija el haber de cada partícipe, se dividen los bienes y se adjudica cada lote de bienes, provocando la
transformación de porciones abstractas de la sociedad ganancial, en titularidades concretas sobre bienes
determinados y entiende que la fecha del decreto que aprobó la liquidación de gananciales es el dies a quo para el
inicio del cómputo del plazo de caducidad para instar la acción de rescisión por lesión (AP Alicante 27-2-19, EDJ
570342).
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24/4/23, 11:04 Lefebvre Lefebvre - Bases de Datos
4) La nulidad fundada en error y dolo resulta inviable por caducidad, en tanto que cuando se presentó la
demanda ya había transcurrido el plazo de los 4 años (AP Madrid 29-6-15, EDJ 139973).
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1. Demanda de juicio ordinario ejercitando acción de rescisión por lesión en liquidación de sociedad de gananciales
Una vez realizada la liquidación de la sociedad de gananciales se pueden realizar las compensaciones
entre cónyuges que procedan si al momento de la misma uno resultare acreedor personal del otro. Este
supuesto se trata de una norma de liquidación, una vez hechas todas las deducciones y pagos de la
sociedad y se ha determinado el haber partible entre los cónyuges. Tienen una naturaleza diversa de las
deudas de la sociedad hacia un cónyuge o de las que tenga un cónyuge respecto de la sociedad que, como
se señaló (nº 1125), se posponían frente a las deudas de los terceros acreedores (CC art.1403).
Este si es el momento de abonarse las cantidades impagadas de alimentos derivados de incumplimientos
del pago de pensiones establecidas en las sentencias de nulidad, separación o divorcio.
En tal caso, el cónyuge acreedor puede pedir que, para el pago de las deudas, se le adjudiquen bienes
comunes, salvo que el deudor pague su importe en metálico.
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