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Principio Non Reformatio in Pejus

El Tribunal analiza un recurso de apelación contra una sentencia que declaró responsable a la Nación por los daños causados a varias personas. El Tribunal determina que no se puede aplicar de manera irrestricta el principio de no empeorar la situación del apelante, ya que no se acreditó el parentesco o condición de damnificado de algunas de las personas. Asimismo, señala que el juez de segunda instancia puede analizar aspectos como la falta de legitimación a pesar de no haber sido advertidos previamente.
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Principio Non Reformatio in Pejus

El Tribunal analiza un recurso de apelación contra una sentencia que declaró responsable a la Nación por los daños causados a varias personas. El Tribunal determina que no se puede aplicar de manera irrestricta el principio de no empeorar la situación del apelante, ya que no se acreditó el parentesco o condición de damnificado de algunas de las personas. Asimismo, señala que el juez de segunda instancia puede analizar aspectos como la falta de legitimación a pesar de no haber sido advertidos previamente.
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PRINCIPIO NON REFORMATIO IN PEJUS - No puede aplicarse en forma

irrestricta o absoluta / ACCION DE REPARACION DIRECTA - Reclamación de


perjuicios. Improcedencia por falta de acreditación de parentesco o de
condición de damnificado / PERJUICIOS MORALES - Improcedencia de
reconocimiento. Falta de acreditación de parentesco o de condición de
damnificado

No puede aplicarse de manera irrestricta el principio de la non reformatio in pejus


en el presente caso, puesto que no puede entenderse que la protección de los
intereses y derechos del apelante sea extensivo a quien no tiene derecho, ya que
en el presente caso, se evidencia una falta de legitimación en la causa por activa
del señor Manuel Salvador Aza y María Rosa Aza. (…). Aun en gracia de
discusión se tuvieran como terceros afectados o damnificados, se observa que en
el petitum de la demanda no fue alegada esta condición, ni tampoco fue
acreditada dentro del plenario, por lo que no es posible para esta Subsección
conceder perjuicios a quienes no tienen derechos (…), ni tampoco a quienes no
alegaron la calidad de damnificados, por lo que no puede entonces olvidarse que
el principio de congruencia de las sentencias es un mandato dirigido al juez.

PRINCIPIO NON REFORMATIO IN PEJUS - No es absoluto. Juez de segunda


instancia puede analizar fenómeno de falta de legitimación de las partes
procesales

Si bien el principio de la non reformatio in pejus es un derecho individual mediante


el cual la parte que resultó parcialmente vencida en el proceso, consistente en
que, si apela, no puede ser modificado lo que le fue favorable porque la
contraparte, al no recurrir, consintió en lo que se decidió en su contra, (…) de
acuerdo a la posición actual de la Sección Tercera, el juez puede analizar el
fenómeno de la caducidad, la falta de legitimación en la causa o la ineptitud
sustantiva de la demanda, aun en el evento en que no lo haya advertido el juez de
primera instancia o alguna de las partes de la Litis.

RECURSO DE APELACION - Principio non reformatio in pejus. Temas


sometidas al juez de segunda instancia / PRINCIPIO NON REFORMATIO IN
PEJUS - Recurso de apelación. Temas sometidas al juez de segunda
instancia

La posición actual de la Sala Plena de Sección Tercera, en relación con la regla


general, según la cual aquellos temas no propuestos en el recurso de alzada
estarían llamados a excluirse del conocimiento del juez ad quem, la misma debe
entenderse y admitirse junto con las excepciones que se derivan, por ejemplo, i)
de las normas o los principios previstos en la Constitución Política; ii) de los
compromisos vinculantes asumidos por el Estado a través de la celebración y
consiguiente ratificación de Tratados Internacionales relacionados con la
protección de los Derechos Humanos y la vigencia del Derecho Internacional
Humanitario, o iii) de las normas legales de carácter imperativo, dentro de las
cuales se encuentran, a título puramente ilustrativo, aquellos temas procesales
que, de configurarse, el juez de la causa debe decretar de manera oficiosa, no
obstante que no hubieren sido propuestos por la parte impugnante como
fundamento de su inconformidad para con la decisión censurada.

FUENTE FORMAL: CODIGO DE PROCEDMIENTO CIVIL - ARTICULO 357 /


CODIGO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO - ARTICULO 267 /
CONSTITUCION POLITICA - ARTICULO 31 / CODIGO CONTENCIOSO
ADMINISTRATIVO - ARTICULO 86
NOTA DE RELATORIA: Respecto al tema del principio de la non reformatio in
pejus ver fallo de 31 de enero de 2011, exp. 15800

LEGITIMACION EN LA CAUSA - Reconocimiento de perjuicios morales /


PERJUICIOS MORALES - Compañeros permanentes. Reglas para la
acreditación de la existencia de la unión marital de hecho

Según lo previsto en artículo 1 de la Ley 54 de 1990, se denominan compañeros


permanentes a quienes forman una unión marital de hecho, la cual se constituye a
partir de la prueba de la comunidad permanente y singular formada por aquellos
que no están casados.(…).Ahora bien, la prueba de la unión marital de hecho,
como lo disponía el texto inicial del artículo 4° de la Ley 54 de 1990, antes de la
modificación introducida por el artículo 2° de la Ley 979 de 2005, se efectúa por
los medios ordinarios de prueba, consagrados en el Código de Procedimiento
Civil, es decir por los contenidos en el artículo 175 ibídem. (…). De ese modo,
para acreditar la existencia de la unión marital de hecho debe probarse lo
siguiente: i) la unión, es decir, la cohabitación, ii) que la unión se efectuó entre dos
personas, iii) que no contrajeron matrimonio entre sí, iv) que entre quienes la
conforman exista una comunidad de vida permanente, y v) que dicha unión sea de
carácter singular, es decir monogámica.

FUENTE FORMAL: CODIGO DE PROCEDIMIENTO CIVIL - ARTICULO 175 /


LEY 54 DE 1990 - ARTICULO 1 / LEY 54 DE 1990 - ARTICULO 4 / LEY 979 DE
2005 - ARTICULO 2

DAÑO A LA SALUD - Perjuicios fisiológicos. Componente objetivo y


componente subjetivo o dinámico / DAÑO A LA SALUD - Calificación integral
de la invalidez, criterios y porcentajes. Aplicación del Decreto 917 de 1999

El daño a la salud se repara con base en dos componentes, uno objetivo y otro
subjetivo o dinámico, cuya valoración debe atender a los principios de reparación
integral y equidad (artículo 16 de la Ley 446 de 1998) e igualdad, y observar los
criterios técnicos actuariales, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 178
del Código Contencioso Administrativo, postulados estos cuya importancia resulta
de mayor relevancia cuando se trata de la indemnización de un perjuicio que, por
la naturaleza de éste, no puede ser restitutoria ni reparadora, sino simplemente
compensatoria. (…) Bajo este propósito, la Sala determinará el contenido del
elemento objetivo con base en la calificación integral de la invalidez, que debe
constar en el dictamen emitido por la Junta de Calificación, que a su vez tiene en
cuenta componentes funcionales, biológicos, psíquicos y sociales del ser humano,
entendidos en términos de las consecuencias de la enfermedad, el accidente o la
edad, y definidos por el Decreto 917 de 1999, esto es, bajo los conceptos de
deficiencia, discapacidad y minusvalía: (…) Definidos los criterios para calificar la
invalidez, el dictamen debe otorgar unos porcentajes a cada uno de los
componentes antes mencionados, cuya sumatoria equivale al 100% del total de la
pérdida de la capacidad laboral, porcentaje al que necesariamente debe responder
la indemnización que dentro del componente objetivo del daño a la salud se
reconozca, para cuyo efecto se considera que en los casos en que la disminución
de la capacidad laboral alcance el 100%, su valor indemnizatorio puede fijarse en
la suma equivalente a 300 salarios mínimos legales mensuales.(…) Es pertinente
precisar, que en los eventos que no repose en el material probatorio el dictamen
emanado por la Junta de Calificación, en el que se especifique los tres criterios de
clasificación de invalidez, el porcentaje que tal dictamen determine se imputará al
rubro de Deficiencia, es decir, 150 SMLMV, en forma proporcional. (…). Y por
último, el segundo componente, esto es, el elemento subjetivo del daño a la salud,
permitirá incrementar, con fundamento en el material probatorio, la sana crítica y
las reglas de la experiencia, el quantum determinado en el aspecto objetivo, de
manera que se atiendan las consecuencias particulares y específicas de cada
persona lesionada, en cuyo efecto se sugiere como límite para los casos de mayor
intensidad el equivalente a 100 SMLMV. (…). En conclusión, se estima oportuno
destacar que el daño a la salud, está compuesto de dos elementos, el primero de
ellos (objetivo) con una valoración de 75% como máximo reconocible, esto es,
hasta 300 salarios mínimos legales, de conformidad con lo señalado en párrafos
precedentes y el segundo (subjetivo o dinámico), correspondiente hasta el 25%, el
cual se reconocerá cuando las pruebas den lugar a ello, ascendiendo al monto de
100 salarios mínimos.

FUENTE FORMAL: DECRETO 917 DE 1999 / LEY 446 DE 1998 - ARTICULO 16


/ CODIGO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO - ARTICULO 178

NOTA DE RELATORIA: Esta decisión fue proferida por la Sub-Sección C con


aclaración de voto de la consejera Olga Mélida Valle de De la Hoz y con
salvamento de voto parcial del consejero Enrique Gil Botero. Respecto al tema del
elemento objetivo, ver sentencias de 11 de julio, exp. 28792, 36295 y 39548.
Referente al elemento subjetivo, ver fallo del 14 de septiembre de 2011, exp.
19031

CONSEJO DE ESTADO

SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

SECCION TERCERA

SUBSECCION C

Consejero ponente: JAIME ORLANDO SANTOFIMIO GAMBOA

Bogotá, D.C., veinticuatro (24) de julio de dos mil trece (2013).

Radicación número: 52001-23-31-000-1999-00782-01(27155)

Actor: GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ Y OTROS

Demandado: NACION - MINISTERIO DE DEFENSA - POLICIA NACIONAL

Referencia: ACCION DE REPARACION DIRECTA (APELACION SENTENCIA)

Decide la Subsección C el recurso de apelación interpuesto por la parte


demandante contra la sentencia proferida por el H. Tribunal Administrativo de
Nariño el 6 de febrero de 2004, mediante la cual se acogieron las súplicas de la
demanda, en los siguientes términos:

“(...) RESUELVE:
PRIMERO.- DECLARAR que la Nación Colombiana Ministerio de Defensa
Policía Nacional, es administrativamente responsable de los perjuicios
morales y materiales ocasionados a GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ,
MARÍA JUANA CERON, MANUEL SALVADOR AZA y MARÍA ROSA AZA,
por las lesiones de que fuera víctima GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ, en
hechos sucedidos el seis (6) de noviembre de mil novecientos noventa y
siete (1997) en el Centro de Asistencia Inmediata CAI del Barrio Potrerillo de
la Ciudad de Pasto.SEGUNDO.- Condenar a LA NACIÓN MINISTERIO DE
DEFENSA POLICÍA NACIONAL a pagar por concepto de perjuicios morales
subjetivos suma equivalente en moneda nacional de cien (100) Salarios
Mínimos Legales Mensuales SMLM para el lesionado y ahora extinto
GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ; cincuenta (50) SMLM para la compañera
permanente MARÍA JUANA CERON; la misma cantidad para su padre
MANUEL SALVADOR AZA; y, veinticinco (25) SMLM para su hermana
MARIA ROSA AZA.

El salario mínimo legal mensual será el vigente en la época de los hechos


demandados.

TERCERO.- Condenar a la NACIÓN MINISTERIO DE DEFENSA POLICÍA


NACIONAL a pagar por concepto de indemnización por el perjuicio
fisiológico, el equivalente a cinco (5) SMLM para los sucesores de
GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ.

CUARTO.- CONDENAR EN ABSTRACTO a LA NACIÓN MINISTERIO DE


DEFENSA POLICÍA NACIONAL a pagar al lesionado y ahora extinto
GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ únicamente, por concepto de perjuicios
materiales, lucro cesante y perjuicios patrimoniales directos o daño
emergente, la cantidad deducida en incidente posterior, conforme a las
pautas que se han señalado en la parte motiva de esta providencia y con
fundamento en las tablas de liquidación adoptadas por el H. Consejo de
Estado, actualizada de conformidad con la variación promedio del índice de
precios al consumidor.

QUINTO.- DENEGAR las demás súplicas de la demanda. (…)


(…)
Si este fallo no fuere apelado, se consultará con el H. Consejo de Estado.
(…)”. (Fls. 138 a 150 C. ppal)

I. ANTECEDENTES

1. Pretensiones de la demanda.

Guillermo Escobar López (Lesionado), María Juana Cerón (Compañera


Permanente), Manuel Salvador Aza (Padre) y María Rosa Aza (Hermana),
mayores de edad, actuando en nombre propio por intermedio de apoderado y en
ejercicio de la acción de reparación directa consagrada en el artículo 86 del
Código Contencioso Administrativo, mediante escrito presentado el día 29 de julio
de 1999, instauraron demanda contra la Nación - Ministerio de Defensa - Policía
Nacional, solicitando se hicieran las siguientes declaraciones y condenas: (Fls. 2 a
11 C.1)

“(...) PRIMERA.-
LA NACIÓN (MINISTERIO DE DEFENSA - POLICÍA NACIONAL), es
responsable civil y administrativamente de todos los perjuicios tanto morales
como materiales ocasionados a:

GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ,


MARIA JUANA CERON
MANUEL SALVADOR AZA
MARÍA ROSA AZA

de las condiciones civiles antes anotadas, con las graves lesiones corporales
de que fuera víctima el ciudadano GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ, en
hechos sucedidos el día 06 de noviembre de 1.997 en la ciudad de Pasto, y
protagonizados por miembros de la Policía Nacional, en una evidente falla
del servicio.

SEGUNDA.-
Condénase (sic) a LA NACIÓN (MINISTERIO DE DEFENSA - POLICÍA
NACIONAL) a pagar a:

GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ


MARIA JUANA CERON
MANUEL SALVADOR AZA
MARÍA ROSA AZA

por medio de su apoderado, todos los perjuicios tanto morales como


materiales que se les ocasionaron con las lesiones sufridas por el Señor
GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ, conforme a la siguiente liquidación o a la
que se demostrase en el proceso así:

a.- CINCUENTA MILLONES DE PESOS M/CTE ($50.000.000.oo), por


concepto de Lucro Cesante, correspondientes a las sumas que GUILLERMO
ESCOBAR LOPEZ dejó y dejará de producir en razón de sus graves
lesiones, en la actividad económica a que se dedicaba (jornalero), habida
cuenta de su edad al momento del insuceso (sic), y a la esperanza de vida
calculada conforme a las Tablas de Mortalidad aprobadas por la
Superintendencia Bancaria.

b.- Daños y perjuicios patrimoniales directos o Daño Emergente, por


concepto de Gastos de Hospitalización, gastos médicos, quirúrgicos,
medicamentos, Diligencias Judiciales, Honorarios de Abogado etc. que los
demandantes debieron atender como consecuencia de las lesiones que
GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ sufriera, los cuales estimo en la suma de
DIEZ MILLONES DE PESOS M/CTE (10.000.000.oo)

c.- El equivalente en moneda Nacional de 2.000 gramos de oro fino para


cada uno de los Demandantes, por concepto de perjuicios morales o
“Pretium Doloris”, consistentes en el profundo trauma psíquico que produce
el hecho de saberse (sic) víctima de un acto arbitrario nacido de la falta de
responsabilidad de la Administración, en aplicación del Art. 106 del Código
Penal, máxime cuando el hecho se sucede por actuaciones criminales e
irresponsables de miembros de la Policía Nacional, entidad que tiene el
deber constitucional de velar por la vida de todos los ciudadanos residentes
en Colombia, y con ellas se ha causado grave perjuicio.
d.- DAÑO FISIOLÓGICO que lo estimo en la suma de DIEZ MILLONES
($10.000.000.oo) de Pesos M/cte.

e.- Intereses aumentados con la variación promedio del índice de precios al


consumidor.

f.- Todas las condenas serán actualizadas de conformidad con la variación


promedio del índice de precios al consumidor.

TERCERA.-
LA NACIÓN (MINISTERIO DE DEFENSA - POLICÍA NACIONAL) dará
cumplimiento a la sentencia en los términos de los Arts 176, 177, 178 del
C.C.A. (…)”. (Fls. 2 a 4 C.1)

2. Hechos de la demanda.

Como fundamento de las pretensiones, los actores expusieron los hechos en los
siguientes términos: (Fls. 4 a 5 C.1)

“(...) 1.- El señor MANUEL SALVADOR ESCOBAR AZA y la señora ROSA


ADELIA LOPEZ contrajeron matrimonio por los ritos de la religión católica en
ceremonia celebrada (…) el día 8 de septiembre de 1956.
2.- Como furto de esa unión procrearon tres (3) hijos a saber:
MARIA ROSA ALEJANDRINA ESCOBAR LÓPEZ (…)
GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ (…)
LUIS ANTONIO ESCOBAR LÓPEZ (…)

(…)

5.- El día 06 de noviembre de 1.997 como todos los días, GUILLERMO


ESCOBAR LOPEZ madrugó al mercado a realizar sus labores cotidianas las
cuales desarrolló normalmente hasta las 3. 00 pm.
Posteriormente se dedicó en unión de algunos de sus amigos a ingerir licor
en una cantina ubicada cerca del lugar.

Cerca de las 5 de la tarde decidió retirarse a su casa a descansar, por lo cual


llamó al administrador del lugar para cancelarle la cuenta.
En ese momento se presentó una acalorada discusión entre los dos, puesto
que el dependiente del establecimiento aseguraba que el billete recibido de
GUILLERMO era de una denominación mas (sic) baja.

Al lugar entonces se hizo presente una patrulla de la POLICIA NACIONAL


compuesta por dos de los agentes del CAI de Potrerillo, los cuales sin que
mediara explicación procedieron a golpear violentamente a GUILLERMO no
solo dándole de patadas en toda su humanidad sino, utilizando sus ‘bastones
de mando’ para hacerle mas (sic) gravosa su situación.

6.- No contentos con tan reprochable actuación oficial, los policiales lo


condujeron al Permanente Central donde nuevamente lo hicieron objeto de
otra golpiza (sic), quedando en esta ocasión tirado a su suerte en el piso del
lugar.

Por la petición airada y sistemática de los demás retenidos que observaban


como (sic) GUILLERMO se revolcaba del dolor y temían por su vida, fue
conducido por sus guardianes de la Policía al Hospital Departamental de la
ciudad, donde fue ingresado por Urgencias, diagnosticándosele una delicada
Herida en el Hígado con Perforación del Yeyuno.

7.- Al día siguiente es intervenido quirúrgicamente por los Cirujanos del


Hospital, logrando salvarle la vida pero quedando allí recluido por varios días
hasta lograr una aceptable recuperación, siendo dado de alta pero
continuando aquejado de sus males aun (sic) en la actualidad, pues la
actividad física que antes desarrollaba y con la cual se ganaba el sustento,
no la ha podido volver a realizar, quedando su familia en grave situación
económica.

8.- Los anteriores hechos son constitutivos de falla presunta y probada (sic)
en el servicio, en razón del arma utilizada (bastón de mando) y por la
categoría de empleado público de los infractores, falla que compromete la
responsabilidad de LA NACIÓN, a cuyo nombre actuaban los agentes de la
Policía Nacional que golpearon a GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ (…)”. (Fls
4 a 5 C.1)

3. Actuación procesal en primera instancia.

Mediante auto proferido el día 11 de agosto de 1999 el Tribunal Administrativo de


Nariño admitió la demanda (Fls. 23 a 24 C.1), siendo notificadas las entidades
demandadas por conducto del Comandante del Departamento de Policía de
Nariño, el 16 de diciembre de 1999 (Fl. 30 C.1).
Vencido el término de fijación en lista para que las entidades contestaran la
demanda, las mismas guardaron silencio (Fl. 32 C.1). Pese a ello, visto a folios 34
a 38 del cuaderno 1 allegaron contestación de la demanda de manera
extemporánea, por lo que el a quo no la tuvo en cuenta (Fl. 42 C.1).

Vencido el término probatorio que inició mediante auto de fecha 6 de marzo de


2000 (Fl. 43 C.1), el apoderado de la parte demandante, mediante escritos de 5 de
diciembre de 2001 y 13 de junio de 2002, solicitó al fallador de instancia fijar fecha
y hora para la práctica de la audiencia de conciliación judicial (Fl. 95 y 99 C.1) y a
través de proveído de fecha 11 de diciembre de 2002, el Tribunal citó a las partes
para su celebración (Fl. 101 C.1). Llegado el día de la diligencia, la apoderada de
la entidad demandada manifestó no asistirle ánimo conciliatorio (Fls. 106 a 107
C.1).

Por último, el Tribunal mediante auto de 7 de mayo de 2003 corrió traslado a las
partes para alegar en conclusión, y al agente del Ministerio Público para que
rindiera el concepto de rigor (Fl. 118 C.1).

3.1. Alegatos de conclusión en primera instancia.

Mediante escrito presentado el día 26 de mayo de 2003, procedió la parte


demandante a alegar en conclusión, solicitando se acogerían las súplicas de la
demanda, en consideración a que los elementos axiológicos exigidos para la
prosperidad de la acción indemnizatoria se encontraban probados en el sub lite, a
saber, la falla del servicio, el daño cierto y determinado, y la relación de causalidad
entre éste y aquélla. A juicio del referido apoderado, el primer elemento se
encontraba probado con las declaraciones de los testigos llamados a juicio,
quienes relataron haber presenciado el momento en que Guillermo Escobar López
era agredido por los agentes de policía. En cuanto al segundo elemento, se logró
probar que el hecho de la fuerza pública causó las lesiones sufridas por la víctima,
consistentes en la perforación del yeyuno con herida en el hígado, las cuales
fueron probadas mediante los dictámenes rendidos por el Instituto de Medicina
Legal y Ciencias Forenses, y que a la postre, le ocasionarían la muerte. (Fls. 120 a
124 C.1)

Y finalmente, en cuanto a la relación de causalidad, afirmó la parte demandante


que, de no haberse presentado la actuación ilícita de las autoridades públicas, no
hubiese sobrevenido el daño en la integridad de Guillermo Escobar López.

Por su parte, la apoderada de la parte demandada, mediante escrito presentado el


día 26 de mayo de 2004 procedió a alegar en conclusión, afirmando que de las
pruebas arrimadas al plenario, no se logró acreditar que los causantes de las
lesiones a la integridad del señor Escobar López eran los agentes de policía que
acudieron al establecimiento público. Por el contrario, las investigaciones penal
militar y disciplinaria efectuadas a los referidos agentes, las cuales culminaron con
su absolución, indicaron que las lesiones sufridas por la víctima fueron causadas
por Jaime Orlando Benavides y no por los uniformados. De esta forma, no
existiendo relación de causalidad entre el actuar de la Fuerza Pública y las
lesiones sufridas por Guillermo Escobar, solicitó al A quo denegar las pretensiones
de la demanda. (Fls. 129 a 132 C.1)

El Ministerio Público guardó silencio.

4. La sentencia del Tribunal.

El Tribunal Administrativo de Nariño, mediante sentencia de 6 de febrero de 2004


accedió a las súplicas de la demanda. Para tomar esta decisión, el A quo tuvo en
cuenta las siguientes consideraciones: (Fls. 138 a 150 C. Ppal)

Luego de resaltar la incongruencia de la providencia del Tribunal Superior Militar,


en virtud de la cual se absolvió penalmente a los agentes de policía por las
lesiones personales causadas a Guillermo Escobar López, en atención a que
dicho Tribunal invirtió la situación consistente en que fue el aprehendido quien
agredió a los policías y, en aras de salvaguardar la seguridad ciudadana, los
implicados (policías) condujeron al lesionado a las instalaciones de la estación,
aunque en la decisión de la autoridad militar se haya expuesto “uso ilegítimo de la
fuerza”, refiriéndose a la actividad desplegada por los agentes.

Así mismo, tal situación se contradice con lo expuesto en el dictamen de medicina


legal que arrojó como resultado una incapacidad de 50 días producto de las
lesiones causadas el 6 de noviembre de 1997 al demandante. Por último, expuso
el a quo que la acción perpetrada por los uniformados rebasó los límites de sus
facultades, pues no hubo proporción entre lo estrictamente necesario para
defenderse en su honor e integridad y vencer la resistencia de la víctima al
cumplimiento de la orden policial, infringiendo así el Código Nacional de Policía en
sus artículos 29 y 30. (Fls. 140 y 141 C. ppal)

Afirmó además el Tribunal, que el empleo brutal e ilegítimo de la fuerza no fue


destinado al restablecimiento del orden público alterado, pues habiéndose
reducido a la víctima a un estado de indefensión tal, que requería ser llevado a
rastras al calabozo, era claro que no ofrecía peligro alguno para la perturbación
del mismo, de modo que mal podrían justificarse los golpes propinados a su
integridad en aquel lugar, de los cuales dan cuenta los testimonios rendidos en el
curso del proceso. (Fl. 141 C. ppal)
De otra parte, sostuvo el Tribunal que el acervo probatorio demostraba que el
perjuicio fue ocasionado en horas y en el lugar del servicio y con intervención de
agentes del Estado. El acto acusado era propio del servicio, pues no solo se
produjo en el lugar donde se prestó o debía prestarse, sino que también con
instrumentos suministrados para ello. (Fl. 142 C. ppal)

En cuanto a los elementos de la responsabilidad, para el fallador de instancia se


encontró acreditado la infracción a los deberes legales y constitucionales que
orientan la prestación del servicio, fundamentalmente con los testimonios que
dieron cuenta del empleo brutal y desmedido de la fuerza a una persona en estado
de indefensión manifiesta; el daño padecido, con dictámenes rendidos por el
Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, corroborado por la incapacidad
médica otorgada y el acta de defunción; y la relación de causalidad, la cual
aparece de bulto para el sentenciador, pues el uso indiscriminado de la fuerza le
generó a la víctima las lesiones que a la postre le ocasionarían su muerte.

En cuanto a los perjuicios solicitados, el a quo estimó que los demandantes


acreditaron el interés jurídico, además de las relaciones familiares dentro del
parentesco de consanguinidad y afinidad acreditado y con fundamento en la
jurisprudencia del Consejo de Estado se condenó en favor del lesionado a 100
smlmv: para el padre y compañera permanente del lesionado 50 smlmv para cada
uno y, para la hermana 25 smlmv.

Respecto de los perjuicios materiales (daño emergente y lucro cesante) consideró


el estos pudieron causarse y que si bien no existe dictamen que los concrete, se
efectuaría incidente de liquidación contemplado en el artículo 172 del C.C.A. (Fls.
143 y 144 C. ppal)

Por último, en cuanto al perjuicio fisiológico, consideró el Tribunal que la víctima


alcanzó a sufrir el perjuicio aun cuando éste haya fallecido tiempo después. Con
fundamento en lo anterior, dada la magnitud del perjuicio reconoció 5 smlmv en
favor del señor Guillermo Escobar López. (Fl. 145 C. ppal)

5. El recurso de apelación y actuación en segunda instancia.

Contra lo así decidido se alzó la parte demandante, mediante escrito presentado el


16 de febrero de 2004 (Fl. 152 C. ppal), el cual fue concedido por el Tribunal en
auto de 5 de marzo de 2004. (Fl. 155 C. ppal)

Esta Corporación mediante auto de 4 de junio de 2004 ordenó a la parte


recurrente sustentar el recurso (Fl. 160 C. ppal) y mediante escrito de 4 de junio
de 2004 la parte demandante allegó escrito de sustentación en los siguientes
términos: (Fls. 161 a 164 C. ppal)

1. Solicitó el aumento de los perjuicios morales concedidos al padre y a la


compañera permanente a cien salarios mínimos legales y, para la hermana de la
víctima, en cuantía de 50 salarios mínimos legales mensuales vigentes. Sostuvo el
recurrente que de conformidad con los criterios jurisprudenciales trazados por esta
Corporación, el monto máximo de reconocimiento de perjuicios morales asciende
a la suma equivalente de 100 salarios mínimos. A juicio del apoderado, no
existiendo una circunstancia especial entre el occiso y su grupo familiar que
permitiera concluir que hubo variación del afecto normal entre los familiares, y con
suficiente entidad para desconocer aquel tope indemnizatorio, se impone la
necesidad de modificar el fallo impugnado. Por el contrario, de las pruebas
arrimadas al plenario se desprende la gravedad de las lesiones sufridas, pues le
ocasionaron la muerte posterior a la víctima, de lo cual se puede colegir que la
afectación del grupo familiar fue en el grado máximo, y por tal razón, debe
condenarse por el monto mayor permitido. (Fls. 162 y 163 C. ppal)

2. Así mismo, solicitó el aumento de la condena reconocida por perjuicios


fisiológicos o daño a la vida de relación, en una cuantía de 100 smlmv, ya que,
según el recurrente “(…) Estando demostrada la presanidad (sic) del señor
ESCOBAR LÓPEZ, la gravedad de las lesiones que sufriera a manos de los
brutales policiales, el tratamiento quirúrgico de que fuera objeto como
consecuencia de las mismas y su posterior deceso, se evidencia entonces
incontrovertiblemente el perjuicio a la vida de relación (…) que debe ser resarcido
a los sucesores del extinto, lo cual impone una tasación que esté más acorde con
la intensidad del daño ocasionado, pues el valor de CINCO SMLMM en que el a –
quo tasó dicho perjuicio no se compadece con la realidad fáctica del insuceso
(…)”.

Esta Corporación mediante proveído de fecha 25 de junio de 2004 admitió la


referida impugnación (Fl. 166 C. ppal). Por último, a través del auto de fecha 16 de
julio de 2004, se corrió traslado a las partes para alegar en conclusión, y al agente
del Ministerio Público para que rindiera el concepto de rigor (Fl. 168 C. ppal).

5.1. Alegatos de conclusión en segunda instancia.

Mediante escrito presentado el día 4 de agosto de 2004 (Fls. 169 a 171 C. ppal),
procedió la entidad demandada a alegar en conclusión dentro de la oportunidad
legal, reiterando los argumentos expuestos en los alegatos de primera instancia y
adicionalmente sostuvo que la víctima tuvo gran incidencia en el resultado dañoso,
ya que de las pruebas se pudo acreditar que el extinto Guillermo Escobar estaba
alterando el orden público, y debido a su avanzado estado de alicoramiento, éste
opuso resistencia y además agredió física y verbalmente a los uniformados,
causándose con su actitud lesiones, que después se atribuyeron a la
administración. Por lo tanto, expuso que en el presente caso debía aplicarse el
artículo 2357 del C.C., esto es concurrencia de culpas.

La parte demandante y el Ministerio Público guardaron silencio.

Mediante escrito presentado el 21 de julio de 2005, el apoderado de los


demandantes solicitó celebración de audiencia de conciliación judicial (Fl. 186 C.
ppal). Por medio de auto proferido el día 12 de agosto de 2005, se citó a las partes
a fin de que se surtiera la diligencia solicitada. Dicha audiencia fue aplazada en
cinco oportunidades, hasta que en audiencia de 4 de mayo de 2006, las partes
acordaron la siguiente fórmula de arreglo:

“(…) 1. Que el Ministerio de Defensa - Policía Nacional pagará el 75% de los


perjuicios morales de la condena impuesta en primera instancia, los
materiales no, por cuanto no están liquidados y respecto a la compañera
permanente, señora JUANA CERÓN no se reconocerán por no estar
acreditada la unión de hecho. Perjuicios debidamente actualizados.

2. Los intereses se pagarán en los términos del artículo 177 del C.C.
Administrativo (…)”. (Fls. 208 a 209 C. ppal)

No obstante, esta Corporación, mediante auto de fecha 6 de julio de 2006,


improbó la conciliación efectuada por las partes, en consideración a que no se
encontró el material probatorio suficiente para concluir que el acuerdo se sujetaba
a la ley y no vulneraba el patrimonio público. (Fls. 215 a 223 C. ppal)

De conformidad con la facultad oficiosa otorgada por el artículo 43 de la ley 640 de


2001, esta Corporación nuevamente fijó fecha y hora para la práctica de una
nueva audiencia de conciliación judicial (Fl. 234 C. ppal). Sin embargo, el
apoderado de la entidad demandada manifestó no asistirle ánimo conciliatorio (Fl.
250 C. ppal).

II. CONSIDERACIONES

1. Competencia.

La Corporación es competente para conocer del asunto1, en razón del recurso de


apelación interpuesto por la parte demandante en proceso de doble instancia 2,
contra la sentencia del Tribunal Administrativo de Nariño de 6 de febrero de 2004,
mediante la cual se acogieron las súplicas de la demanda.

2. Caso en concreto

El presente asunto se contrae a resolver si le asiste la razón a la parte


demandante en aumentar los perjuicios morales en favor del padre, compañera
permanente y hermana del señor Guillermo Escobar López hoy fallecido y quien
alegó tener la calidad de lesionado dentro del sub judice, de conformidad con el
registro civil de defunción allegado al plenario3.

Así mismo, se solicita el aumento del valor de los perjuicios fisiológicos


reconocidos por el a quo, en atención a la gravedad de las lesiones padecidas por
el señor Guillermo Escoba López, hoy fallecido, por los hechos acaecidos el 6 de
noviembre de 1997.

Para resolver el asunto, es menester como primera medida realizar unas breves
reflexiones acerca del principio de la non reformatio in pejus como garantía del
recurso de apelación, sus límites y sus excepciones.

3. Principio de la non reformatio in pejus.

De acuerdo con lo preceptuado por el artículo 357 del C.P.C4., aplicable en sede
contencioso administrativo según se dispone en el artículo 267 del C. C. A., el
recurso de apelación se entiende interpuesto en lo que es desfavorable al


1
De conformidad con el artículo 129 del C.C.A, subrogado por el artículo 37 de la Ley 446 de 1998 y el 1°
del Acuerdo 55 de 2003.
2
El Decreto 597 de 1988 consagró que para que un proceso de reparación directa que inició en el año 1999
tuviere vocación de doble instancia, la pretensión mayor de la demanda debía superar la suma de
$18.850.000. En el sub lite se instauró la demanda el día 29 de julio de 1999, cuya pretensión mayor ascendió
a la suma de $50’000.000 por concepto de lucro cesante, razón por la cual es susceptible de ser tramitada en
segunda instancia.
3
Mediante escrito de 26 de septiembre de 2001 allegado por el apoderado de la parte demandante visto a
folios 91 a 92 del cuaderno 1, se anexó copia auténtica del registro civil de defunción del señor Guillermo
Escobar López, en el cual se consignó que la fecha de la muerte de produjo el 5 de septiembre de 2001. Así
mismo, con el certificado de defunción suscrito por el Hospital Departamental de Nariño, se pudo establecer
que el fallecimiento ocurrió en dicho centro asistencial hospitalario.
4
La apelación se entiende interpuesta en lo desfavorable al apelante y por lo tanto el superior no podrá
enmendar la providencia en la parte que no fue objeto del recurso, salvo que en razón de la reforma fuere
indispensable hacer modificaciones sobre puntos íntimamente relacionados con aquélla (…)”.
apelante y por esta razón el ad quem no puede hacer más gravosa su situación si
fue el único que se alzó contra la decisión5.

El principio de la non reformartio un pejus es un desarrollo de lo establecido en el


artículo 31 constitucional que ordena que “el superior no podrá agravar la pena
impuesta cuando el condenado sea apelante único.”

En atención a la posición actual de la Sección Tercera de esta Corporación 6 ,


mediante el recurso de apelación, se ejerce el derecho de impugnación contra la
decisión judicial y el juez de segunda instancia no puede empeorar, agravar o
desmejorar la situación que en relación con el litigio le hubiere sido definida al
apelante único mediante la sentencia de primera instancia.

Así mismo, se ha establecido que el marco fundamental de competencia para el


juez de segunda instancia “lo constituyen las referencias conceptuales y
argumentativas que se aducen y esgrimen en contra de la decisión que se hubiere
adoptado en primera instancia, por lo cual, en principio, los demás aspectos,
diversos a los planteados por el recurrente se excluyen del debate en la instancia
superior, toda vez que en el recurso de apelación operan tanto el principio de
congruencia7 de la sentencia como el principio dispositivo8, razón por la cual la
jurisprudencia nacional ha sostenido que “las pretensiones del recurrente y su
voluntad de interponer el recurso, condicionan la competencia del juez que conoce
del mismo. Lo que el procesado estime lesivo de sus derechos, constituye el
ámbito exclusivo sobre el cual debe resolver el ad quem: ‘tantum devolutum
quantum appellatum”9 10. (Subrayado por la Sala)

Por su parte, también se ha resaltado que dicha garantía no tiene un carácter


absoluto, por cuanto en su aplicación tiene dos limitantes, a saber:

i) La imposibilidad de reformar el fallo de primer grado en perjuicio del apelante


sólo tiene cabida cuando la impugnación respectiva sea formulada por un solo
interesado (apelante único), lo cual puede comprender diversas hipótesis fácticas
como aquella que corresponde a casos en los cuales, en estricto rigor, se trata de
varias apelaciones desde el punto de vista formal, pero interpuestas por personas
que aunque diferentes entre sí, en realidad comparten un mismo interés dentro del


5
Sentencia de 31 de enero de 2011, expediente: 15800.
6
Sentencia de Sala Plena de la Sección Tercera de 9 de febrero de 2012, expediente: 21060.
7
En relación con la aplicabilidad del principio de congruencia en lo que corresponde a la resolución del
recurso de apelación puede consultarse el pronunciamiento efectuado recientemente por la Sala, mediante
providencia fechada en abril 1 de 2009, dentro del expediente 32.800, con ponencia de la señora Magistrado
Ruth Stella Correa Palacio, en la cual se puntualizó: “De conformidad con el principio de congruencia, al
superior, cuando resuelve el recurso de apelación, sólo le es permitido emitir un pronunciamiento en relación
con los aspectos recurridos de la providencia del inferior, razón por la cual la potestad del juez en este caso
se encuentra limitada a confrontar lo decidido con lo impugnado en el respectivo recurso y en el evento en
que exceda las facultades que posee en virtud del mismo, se configurará la causal de nulidad prevista en el
numeral 2 del artículo 140 del Código de Procedimiento Civil, relativa a la falta de competencia funcional”.
8
Dicho principio ha sido definido por la doctrina como: “La facultad exclusiva del individuo de reclamar la
tutela jurídica del Estado para su derecho, y en la facultad concurrente del individuo con el órgano
jurisdiccional, de aportar elementos formativos del proceso y determinarlo a darle fin”. O como dice
COUTURE, es el principio procesal que asigna a las partes y no a los órganos de la jurisdicción la
iniciativa, el ejercicio y el poder de renunciar a los actos del proceso”.
“Son características de esta regla las siguientes: “(…). El campo de decisión del juez queda determinado
especial y esencialmente por las pretensiones del demandante debido a que el juez no puede decidir sobre
objeto diverso a lo en ellas contemplado” (negrillas adicionales). López Blanco, Hernán Fabio, Instituciones
de Derecho Procesal Civil Colombiano, Parte General, Tomo I, Dupré Editores, Bogotá, 2005, Pág. 106.
9
Al respecto, ver por ejemplo, sentencia de la Corte Constitucional C-583 de 1997.
10
Puede verse sentencia de 9 de junio de 2010, expediente: 17605 y 9 de febrero de 2012, expediente: 21060.
proceso o integran una misma parte dentro de la litis (demandada o demandante),
por lo cual materialmente han de tenerse como impugnaciones únicas.

ii) En aquellos casos relacionados con la apelación de los fallos inhibitorios de


primer grado, en los cuales el juez de la segunda instancia encuentre que hay
lugar a proferir una decisión de mérito, así deberá hacerlo “… aun cuando fuere
desfavorable al apelante” (artículo 357, inciso final, C. de P. C.)11.

Conviene precisar que con fundamento en la posición actual de la Sala Plena de


Sección Tercera, en relación con la regla general, según la cual aquellos temas no
propuestos en el recurso de alzada estarían llamados a excluirse del conocimiento
del juez ad quem, la misma debe entenderse y admitirse junto con las excepciones
que se derivan, por ejemplo, i) de las normas o los principios previstos en la
Constitución Política; ii) de los compromisos vinculantes asumidos por el Estado a
través de la celebración y consiguiente ratificación de Tratados Internacionales
relacionados con la protección de los Derechos Humanos y la vigencia del
Derecho Internacional Humanitario, o iii) de las normas legales de carácter
imperativo, dentro de las cuales se encuentran, a título puramente ilustrativo,
aquellos temas procesales que, de configurarse, el juez de la causa debe decretar
de manera oficiosa, no obstante que no hubieren sido propuestos por la parte
impugnante como fundamento de su inconformidad para con la decisión
censurada.

Y es así como la posición mayoritaria de la Sala concluyó que

“(…) la Sección Tercera del Consejo de Estado en múltiples decisiones ha


determinado la operancia del fenómeno jurídico procesal de la caducidad de
la acción ejercida, así como también ha encontrado acreditada la existencia
de la falta de legitimación en la causa –por activa o por pasiva– e incluso la
ineptitud sustantiva de la demanda, casos12 en los cuales ha denegado las

11
Al respecto consultar, por ejemplo, sentencias del Consejo de Estado, Sección Tercera, de 23 de abril del
2009, expediente: 17160 y de 20 de mayo de ese mismo año, expediente: 16.925.
12
En relación con la caducidad de la acción ejercida, la Sala ha sostenido: “Esta Sección del
Consejo de Estado ha señalado que el Juez está facultado para declarar de oficio la caducidad de la
acción cuando quiera que, de conformidad con las pruebas obrantes en el proceso, encuentre probados los
supuestos que la configuran; al respecto la Sala ha considerado:
‘La caducidad de la acción puede entenderse como la institución jurídico-procesal mediante la cual el
legislador, en consideración a la seguridad jurídica y el interés general, establece límites temporales para el
ejercicio de las acciones que materializan el derecho de acceso a la administración de justicia. Cuando opera
la caducidad se extingue el derecho de acción ‘de manera que si el actor deja transcurrir los plazos fijados
por la ley en forma objetiva, sin presentar la demanda, el mencionado derecho fenece inexorablemente, sin
que pueda alegarse excusa alguna para revivirlos. Dichos plazos constituyen entonces, una garantía para la
seguridad jurídica y el interés general. Y es que la caducidad representa el límite dentro del cual el
ciudadano debe reclamar del Estado determinado derecho; por ende, la actitud negligente de quien estuvo
legitimado en la causa no puede ser objeto de protección, pues es un hecho cierto que quien, dentro de las
oportunidades procesales fijadas por la ley ejerce sus derechos, no se verá expuesto a perderlos por la
ocurrencia del fenómeno indicado’. Por ser de orden público, la caducidad es indisponible, irrenunciable y el
juez, cuando encuentre probados los respectivos supuestos fácticos, puede declararla de oficio, aún en contra
de la voluntad de las partes. La caducidad opera por el sólo transcurso objetivo del tiempo, y su término
perentorio y preclusivo, por regla general, no se suspende, no se interrumpe y no se prorroga’”. [Sentencias
de 24 de abril de 2008, exp. 16.699. M.P. Myriam Guerrero de Escobar y de 30 de agosto de 2006, exp.
15.323, entre muchas otras].
Ahora, en punto a la legitimación en la causa de las partes, se ha sostenido: “Cabe recordar que constituye
una postura sólidamente decantada por la jurisprudencia de esta Sala aquella consistente en excluir la figura
de la falta de legitimación en la causa de las excepciones de fondo que puedan formularse dentro del
proceso, comoquiera que éstas, a diferencia de aquélla, enervan la pretensión procesal en su contenido, pues
tienen la potencialidad de extinguir, parcial o totalmente, la súplica elevada por el actor, en tanto que la
legitimación en la causa constituye una condición anterior y necesaria, entre otras, para dictar sentencia
de mérito favorable al demandante o al demandado”. (Se destaca). [Sentencia del 22 de noviembre de 2001,
pretensiones de la demanda o se ha inhibido de fallar, según el caso, con
independencia de si tales presupuestos o aspectos hubieren sido, o no,
advertidos por el juez de primera instancia o por alguno de los sujetos
procesales, incluido, claro está, aquel que hubiere impugnado la providencia
del juez a quo (…)”13.

Conviene precisar que si bien el principio de la non reformatio in pejus es un


derecho individual mediante el cual la parte que resultó parcialmente vencida en el
proceso, consistente en que, si apela, no puede ser modificado lo que le fue
favorable porque la contraparte, al no recurrir, consintió en lo que se decidió en su
contra14, el juez, de acuerdo a la posición actual de la Sección Tercera, el juez
puede analizar el fenómeno de la caducidad, la falta de legitimación en la causa o
la ineptitud sustantiva de la demanda, aun en el evento en que no lo haya
advertido el juez de primera instancia o alguna de las partes de la litis, por tal
motivo se debe observar si en el presente caso, los medios probatorios dan lugar
a reconocer un mayor quantum a la parte demandante respecto de los perjuicios
morales en favor del padre, la compañera permanente y la hermana del señor
Guillermo Escobar López, para esclarecer no solo la prueba del parentesco o
relación expuesta en la demanda, sino aquellas que evidencian las relaciones
familiares y maritales entre el hoy causante y quien alega la calidad de padre,
hermana y compañera permanente.

Se inicia el estudio con quienes alegan la calidad de padre y hermana del señor
Guillermo Escobar López, estos son, el señor Manuel Salvador Aza y María Rosa
Aza, para lo cual se allegaron los siguientes medios probatorios con los nombres
que a continuación se exponen:

Poder (Fls. 13 y Presentación Demanda Registro civil de


14 C.1) personal (Fl. 14 C. nacimiento
1)
Aparece el Aparece el nombre Aparece en las En el Registro civil
nombre de Manuel de Manuel Salvador pretensiones el de nacimiento del
Salvador Aza. Aza con cédula de nombre de Manuel lesionado
ciudadanía No. Salvador Aza y en (Guillermo Escobar
1.827.191 de el hecho No. 1 el López Fl. 16 C.1)
Cumbal. nombre de Manuel aparece como
Salvador Escobar padre el señor
Aza. Manuel Escobar
Aza.

En cuanto a la señora María Rosa Aza aparece la siguiente información:


Consejera Ponente. María Elena Giraldo Gómez, exp. 13.356., sentencia reiterada en muchas oportunidades
por la Sala].
Y frente al tema de la inepta demanda, se ha determinado:
“En consecuencia, la Sala encuentra demostrada la indebida escogencia de la acción, lo cual torna
improcedente un pronunciamiento de fondo comoquiera que la adecuada escogencia de la acción constituye
presupuesto de la sentencia de mérito, tal como lo ha sostenido esta Sección del Consejo de Estado: “Al
efecto cabe tener en cuenta que esta Corporación ha precisado que persisten algunos requisitos
indispensables para proferir una decisión de fondo, como lo es que la acción contencioso administrativa se
ejerza con sujeción a los requisitos que prevé la ley para su procedencia, sin perjuicio de que, como lo
explica la doctrina, el juez cumpla con la obligación ‘de declarar la razón por la cual no puede proveer’”.
[sentencias de 28 de abril de 2010, exp. 17.811 y de 27 de abril de 2011, exp. 19.392].
13
Sentencia de Sala Plena de la Sección Tercera del Consejo de Estado de 9 de febrero de 2012, expediente:
21060.
14
Sentencia de la Subsección C de 31 de enero de 2011, expediente: 15800.
Poder (Fls. 13 y Presentación Demanda Registro civil de
14 C.1) personal nacimiento
Aparece el Aparece el nombre Aparece en las Si se trata de María
nombre de María de María Rosa Aza pretensiones el Rosa Aza, no
Rosa Aza López con cédula No. nombre de María aparece registro
30.734.335 de Rosa Aza y en el civil de nacimiento.
Pasto hecho No. 2 el Pero obra dentro del
nombre de María proceso copia
Rosa Alejandrina auténtica del
Escobar López registro civil de
nacimiento de María
Rosa Alejandrina
Escobar López y
como Padre Manuel
Escobar (Fl. 18 C.1)

En la sentencia de primera instancia se consideró que existía interés jurídico de


estas dos personas y en atención a ello, se reconocieron perjuicios morales en
cuantía de 50 y 25 smlmv, respectivamente para el padre y hermana del señor
Guillermo Escobar López. Es importante determinar que con la presentación
personal, en este caso, efectuado ante notario, éste último podrá dar testimonio
escrito de que la firma puesta en un documento corresponde a la de la persona
que la haya registrado ante él, previa confrontación de las dos. También podrá dar
testimonio de que las firmas fueron puestas en su presencia, estableciendo la
identidad de los firmantes15.

Si lo anterior, es así, se tiene que el señor Manuel Salvador Aza figura ser la
persona que es de acuerdo con la presentación personal y respecto de su calidad
de padre que alega tener, no se compadece con la prueba que acredita el
parentesco con el lesionado, hoy fallecido Guillermo Escobar López, esto es, con
el certificado civil de nacimiento. Lo anterior tiene sustento en que dicho certificado
del hoy fallecido Guillermo Escobar López, aparece como padre Manuel Escobar
Aza, lo que evidentemente no se corresponde con el nombre puesto en la
demanda, en el poder y la presentación personal, esto es, Manuel Salvador Aza.

En igual sentido se observa que respecto de María Rosa Aza, en la presentación


personal aparece como tal y no obra certificado de nacimiento con este nombre.
Pese a ello, en gracia de discusión, si se tuviera como registro de nacimiento el de
María Rosa Alejandrina Escobar López, entonces quien alega la calidad de
hermana no coincide con el de presentación personal, el poder y demanda
instaurada.

En efecto, al no acreditarse el parentesco de las personas que alegan ser padre y


hermana respectivamente del señor Guillermo Escobar López, conviene precisar
el concepto de legitimación en la causa como la “calidad subjetiva reconocida a las
partes en relación con el interés sustancial que se discute en el proceso”16, de forma
tal que cuando una de las partes carece de dicha calidad o condición, el juez no
puede adoptar una decisión favorable a las pretensiones o a las excepciones de la
demanda, según se trate del demandante o del demandado17.

Lo anterior se ratifica en el precedente de la Sala, según el cual:


15
Artículo 73 del Decreto 960 de 1970. Por el cual se expide el Estatuto del Notariado.
16
Corte Constitucional, Sentencia C- 965 del 21 de octubre de 2003.
17
Sentencia de 25 de julio de 2011, expediente: 20146.
“(…) La legitimación en la causa -legitimatio ad causam- se refiere a la
posición sustancial que tiene uno de los sujetos en la situación fáctica o
relación jurídica de la que surge la controversia o litigio que se plantea en el
proceso y de la cual según la ley se desprenden o no derechos u
obligaciones o se les desconocen los primeros o se les exonera de las
segundas. Es decir, tener legitimación en la causa consiste en ser la persona
que, de conformidad con la ley sustancial, se encuentra autorizada para
intervenir en el proceso y formular o contradecir las pretensiones contenidas
en la demanda por ser sujeto activo o pasivo de la relación jurídica sustancial
debatida objeto de la decisión del juez, en el supuesto de que aquélla exista
(…)”18.

También se ha explicado en múltiples oportunidades19 que en los juicios ordinarios


existe legitimación en la causa de hecho y legitimación en la causa material, de
modo que, la primera20 se entabla con la relación procesal entre el demandante y
el demandado a través de las pretensiones, es decir, tal relación tiene origen en la
demanda y en su notificación personal al demandado; y por su parte, la
legitimación material, se refiere a la participación real en el hecho que origina la
presentación de la demanda, supone la conexión entre las partes y los hechos
constitutivos del litigio21.

De lo anterior se colige claramente que “todo legitimado de hecho no


necesariamente será legitimado material, pues sólo están legitimados materialmente
quienes participaron realmente en los hechos que le dieron origen a la formulación
de la demanda”22. En pronunciamiento de la Sección Tercera, se reiteró la anterior
posición en los siguientes términos:

“(…) Con lo anterior, puede suceder que un sujeto pueda estar legitimado en
la causa de hecho pero carecer de legitimación en la causa material, lo cual
ocurrirá cuando a pesar de ser parte dentro del proceso no guarde relación
alguna con los intereses inmiscuidos en el mismo, por no tener conexión con
los hechos que motivaron el litigio, evento éste en el cual las pretensiones
formuladas estarán llamadas a fracasar puesto que el demandante carecería
de un interés jurídico perjudicado y susceptible de ser resarcido o el
demandado no sería el llamado a reparar los perjuicios ocasionados a los
actores (…)”23.


18
Sentencia de 23 de abril de 2008, expediente: 16271.
19
Sentencia del 15 de junio de 2000, expediente: 10171; 20 de septiembre de 2001, expediente: 10973; 22 de
noviembre de 2001, expediente: 13356; 17 de junio de 2004, expediente: 14452; 28 de abril de 2005,
expediente: 4178; 27 de abril de 2006, expediente: 15352; 31 de octubre de 2007, expediente: 13503; 30 de
marzo de 2011, expediente: 33238; 8 de junio de 2011, expediente: 19573; 22 de junio de 2011, expediente:
16703.
20
La legitimación de hecho, originada en la simple alegación de esa calidad en la demanda, como lo prevé el
artículo 86 del C. C. A., al señalar “la persona interesada podrá”, siendo entonces ese interés mínimo,
suficiente para accionar y para proponerlo en la instancia procesal de inicio del juicio. Sección Tercera,
sentencia de 19 de agosto de 2011, expediente 19237.
21
Sentencia de 21 de septiembre de 2011, expediente: 20705.
22
Sentencia de 17 de junio de 2004, expediente: 14452.
23
A propósito de la falta de legitimación en la causa material por activa, la Sección ha sostenido que “… si la
falta recae en el demandante, el demandado tiene derecho a ser absuelto pero no porque él haya probado un
hecho nuevo que enerve el contenido material de las pretensiones sino porque quien lo atacó no es la persona
que frente a la ley tiene el interés sustantivo para hacerlo —no el procesal—”. Sentencia del 20 de
septiembre de 2001, expediente: 10973. En este sentido véase también la sentencia del 19 de agosto de 2011,
expediente: 19237.
Asimismo, la Sala ha manifestado que la falta de legitimación en la causa material
no es una excepción de fondo que se oponga a la prosperidad de las
pretensiones, no obstante, la falta de prueba del derecho para formular
determinadas pretensiones faculta al juez a absolver a la parte demandada, así:

“(…) si la falta recae en el demandante, el demandado tiene derecho a ser


absuelto pero no porque él haya probado un hecho nuevo que enerve el
contenido material de las pretensiones sino porque quien lo atacó no es la
persona que frente a la ley tiene el interés sustantivo para hacerlo -no el
procesal-; si la falta de legitimación en la causa es del demandado, de una
parte al demandante se le negarán las pretensiones no porque los hechos en
que se sustenten no le den el derecho sino porque a quien se los atribuyó no
es el sujeto que debe responder; por eso, de otra parte, el demandado debe
ser absuelto, situación que se logra con la denegación de las súplicas del
demandante”24.

En conclusión, los señores Manuel Salvador Aza y María Rosa Aza con el poder,
la presentación personal y la demanda, alegaron la calidad de padre y hermana
respectivamente del señor Guillermo Escobar López. Teniendo en cuenta que el
parentesco se acredita únicamente con el registro o certificado civil de nacimiento,
con fundamento en la normatividad establecida en el Decreto 1260 de 1970, no es
posible considerar que se tratan de las mismas personas, puesto que en la
demanda, en el poder y en la presentación personal, son diferentes a las
contempladas en los registros civiles de nacimiento.

Sobre la importancia del registro o certificado civil de nacimiento, el ordenamiento


civil colombiano establece que la prueba del estado civil, y de las situaciones que
emanen de él, está circunscrita a la copia auténtica del correspondiente folio o al
certificado que con base en él expidan25 los funcionarios encargados de llevar el
registro del estado civil y la oficina central26, es más, el mismo Estatuto previó que
ninguno de los hechos, actos y providencias relativos al estado civil y la capacidad
de las personas, sujetos a registro, hagan fe en proceso ni ante ninguna autoridad,
empleado a funcionario público, si no ha sido inscrito o registrado en la respectiva
oficina, conforme a lo dispuesto en la descrita normatividad27.

Por lo tanto, no puede aplicarse de manera irrestricta el principio de la non


reformatio in pejus en el presente caso, puesto que no puede entenderse que la
protección de los intereses y derechos del apelante sea extensivo a quien no tiene
derecho, ya que en el presente caso, se evidencia una falta de legitimación en la
causa por activa del señor Manuel Salvador Aza y María Rosa Aza.

24
Sentencia de 11 de noviembre de 2009, expediente: 18163. Puede verse también: sentencia de 2 de marzo
de 2000, expediente: 11945 y Sentencia de 22 de noviembre de 2001, expediente: 13356. Reiterada posición
en sentencia de Subsección C de 6 de marzo de 2013, expediente: 25584.
25
Artículo 105 Decreto 1260 de 1970. Los hechos y actos relacionados con el estado civil de las personas,
ocurridos con posteridad a la vigencia de la Ley 92 de 1938, se probarán con copia de la correspondiente
partida o folio, o con certificados expedidos con base en los mismos.
26
Artículo 110 ibídem. Los funcionarios encargados de llevar el registro del estado civil y la oficina central
podrán expedir copias y certificados de las actas y folios que reposen en sus archivos.
No se podrán expedir copias de certificados.
Los certificados contendrán, cuando menos, los datos esenciales de toda inscripción y los de aquella de cuya
prueba se trate.
Tanto las copias como los certificados se expedirán en papel competente y bajo la firma del funcionario que
los autoriza.
27
Artículo 106 ibídem. Ninguno de los hechos, actos o providencias relativos al estado civil y la capacidad de
las personas, sujetas a registro, hace fe en proceso ni ante ninguna autoridad, empleado o funcionario público,
si no ha sido inscrito y registrado en la respectiva oficina, conforme a lo dispuesto en la presente ordenación,
salvo en cuanto a los hechos para cuya demostración no se requiera legalmente la formalidad del registro.
Aun en gracia de discusión se tuvieran como terceros afectados o damnificados,
se observa que en el petitum de la demanda no fue alegada esta condición, ni
tampoco fue acreditada dentro del plenario, por lo que no es posible para esta
Subsección conceder perjuicios a quienes no tienen derechos (por usencia de
legitimación en la causa por activa debido a que alegaron ser padre y hermana de
la víctima), ni tampoco a quienes no alegaron la calidad de damnificados, por lo
que no puede entonces olvidarse que el principio de congruencia de las
sentencias es un mandato dirigido al juez que tiene una doble dimensión, pues no
sólo exige que entre la parte motiva y la parte resolutiva de la decisión judicial
exista completa armonía (congruencia interna); sino también, que la sentencia
resulte armónica, consonante y concordante con los hechos y las pretensiones
formuladas en la demanda y con aquello planteado en el escrito de oposición
(congruencia externa), a fin de que se garantice una coherencia entre lo pedido y
lo resuelto; pues de lo contrario, el juez incurriría en un fallo ultra petita, si concede
más allá de lo pedido; o infra o citra petita, si deja de pronunciarse sobre
cuestiones sujetas al proceso.

Con fundamento en lo anterior, esta Subsección procede modificar la sentencia de


primera instancia en el sentido de denegar las pretensiones de la demanda
respecto de los perjuicios morales reconocidos en favor de Manuel Salvador Aza y
María Rosa Aza al no encontrarse acreditado el parentesco que dicen tener con el
hoy causante Guillermo Escobar López, ni tampoco acreditaron la calidad de
damnificado no solo porque no fue solicitado en el escrito de demanda, sino
también porque no allegaron prueba sobre tal calidad.

Ahora bien, respecto de la señora María Juana Cerón, quien alega la calidad de
compañera permanente, el Tribunal de primera instancia condenó al pago de 50
smlmv en favor de ésta por concepto de perjuicios morales.

Según lo previsto en artículo 1 de la Ley 54 de 1990, se denominan compañeros


permanentes a quienes forman una unión marital de hecho, la cual se constituye a
partir de la prueba de la comunidad permanente y singular formada por aquellos
que no están casados28.

Ahora bien, la prueba de la unión marital de hecho, como lo disponía el texto inicial
del artículo 4° de la Ley 54 de 1990, antes de la modificación introducida por el
artículo 2° de la Ley 979 de 2005, se efectúa por los medios ordinarios de prueba,
consagrados en el Código de Procedimiento Civil, es decir por los contenidos en el
artículo 175 ibídem, a saber la declaración de parte, el juramento, el testimonio de
terceros, el dictamen pericial, la inspección judicial, los documentos, los indicios y
cualesquiera otros medios que sean útiles para la formación del convencimiento
del juez29.

De ese modo, para acreditar la existencia de la unión marital de hecho debe


probarse lo siguiente: i) la unión, es decir, la cohabitación, ii) que la unión se
efectuó entre dos personas, iii) que no contrajeron matrimonio entre sí, iv) que
entre quienes la conforman exista una comunidad de vida permanente, y v) que
dicha unión sea de carácter singular, es decir monogámica.


28
“Artículo 1o. A partir de la vigencia de la presente Ley y para todos los efectos civiles, se denomina Unión
Marital de Hecho, la formada entre un hombre y una mujer, que sin estar casados, hacen una comunidad de
vida permanente y singular. Igualmente, y para todos los efectos civiles, se denominan compañero y
compañera permanente, al hombre y la mujer que forman parte de la unión marital de hecho.”
29
Artículo 175 del Código de Procedimiento Civil.
Así las cosas, al no existir tarifa legal en relación con la prueba de la unión marital
de hecho, y por ende de la condición de compañero o compañera permanente, se
tiene como medios probatorios los siguientes:

Declaración de Buenaventura Gavilnes Urresti (Fl. 34 C.2)

“(…) Sí conozco al señor GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ, lo conoce hace


12 años, nos conocimos en una cancha de fútbol (…) relación de amistad, de
vista conozco a la esposa (…) no tengo una relación estrecha de amistad, he
mirado que GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ, se lleva bien con su esposa
sus hijos (…) una vez conversé con el papá que el hijo ya no podía
colaborarles, que ya no tenía de adonde que ya no podía trabajar, el (sic) era
cotero trabajaba en el Potrerillo, como el cargue es por toneladas
aproximadamente sale un diario de 30 mil pesos. El comentó que él ayudaba
a los familiares económicamente y mantenía a su mujer y a sus hijos.

Declaración de José Eduardo Pinchao (Fl. 35 y 36 C.2)

“(…) conozco al señor GUILLERMO ESCOBAR LOPEZ, aproximadamente


hace unos 10 años. Lo conocí en el mercado de Potrerillo, el (sic) trabajaba
como cotero, desde allí han sido amigos, conozco a la mujer MARÍA JUANA
CERÓN, los hijos son tres, viven con el papá (…) El mantiene buenas
relaciones con su familia y conozco que con lo que se ganaba en su trabajo
los ayudaba, el hogar estaba a cargo de GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ, él
sostenía a la mujer y a los hijos,

En atención a las anteriores declaraciones, se observa que la señora María Juana


Cerón convivía con el señor Guillermo Escobar López, aunque de los testimonios
no se puede derivar el grado de afectación de ésta por la muerte de su
compañero, la Sala confirmará la sentencia de primera instancia en este aspecto y
se mantendrá el valor de 50 smlmv concedidos por perjuicios morales en favor de
la compañera permanente.

Se advierte que para Subsección resulta inconcebible el error en que incurrió el


Tribunal de primera instancia en condenar en favor de quienes alegaban ser padre
y hermana del señor Guillermo Escobar López, por cuanto el juez está en la
obligación de analizar el contenido del proceso, las pruebas, las excepciones, o
situaciones donde se evidencie claramente como en el presente, una ausencia en
la legitimación en la causa por activa de quienes no tienen derechos en la
presente litis.

Otra de las inconformidades existentes por la parte recurrente consiste en que


debe aumentarse el valor de los perjuicios fisiológicos en cuantía de 100 smlmv ya
que, según el recurrente “(…) Estando demostrada la gravedad de las lesiones
que sufriera a manos de los brutales policiales, el tratamiento quirúrgico de que
fuera objeto como consecuencia de las mismas y su posterior deceso, se
evidencia entonces incontrovertiblemente el perjuicio a la vida de relación (…) que
debe ser resarcido a los sucesores del extinto, lo cual impone una tasación que
esté más acorde con la intensidad del daño ocasionado, pues el valor de CINCO
SMLMM en que el a –quo tasó dicho perjuicio no se compadece con la realidad
fáctica del insuceso (…)”.

Bajo los anteriores argumentos expuestos por la parte demandante, se observa


que respecto de los perjuicios fisiológicos reconocidos en favor del extinto
Guillermo Escobar López, estos deben encuadrarse siguiendo la jurisprudencia de
la Sala Plena de la Sección Tercera, dentro del daño a la salud30.

Desde esta perspectiva, se precisa que en el momento que se unificó la


divergencia de nombres que habían utilizado, en el de daño a la salud se dispuso
que:

“….el concepto de salud comprende diversas esferas de la persona, razón


por la que no sólo está circunscrito a la interna, sino que comprende
aspectos físicos y psíquicos, por lo que su evaluación será mucho más
sencilla puesto que ante lesiones iguales corresponderá una indemnización
idéntica31. Por lo tanto, no es posible desagregar o subdividir el daño a la
salud o perjuicio fisiológico en diversas expresiones corporales o relacionales
(v.gr. daño estético, daño sexual, daño relacional familiar, daño relacional
social), pues este tipo o clase de perjuicio es posible tasarlo o evaluarlo, de
forma más o menos objetiva, con base en el porcentaje de invalidez
decretado por el médico legista.

De allí que no sea procedente indemnizar de forma individual cada afectación


corporal o social que se deriva del daño a la salud, como lo hizo el tribunal de
primera instancia, sino que el daño a la salud se repara con base en dos
componentes: i) uno objetivo determinado con base en el porcentaje de
invalidez decretado y ii) uno subjetivo, que permitirá incrementar en una
determinada proporción el primer valor, de conformidad con las
consecuencias particulares y específicas de cada persona lesionada”32.

Conforme al precedente citado, el daño a la salud se repara con base en dos


componentes, uno objetivo y otro subjetivo o dinámico, cuya valoración debe
atender a los principios de reparación integral y equidad (artículo 16 de la Ley 446
de 1998) e igualdad, y observar los criterios técnicos actuariales33, de conformidad
con lo dispuesto en el artículo 178 del Código Contencioso Administrativo,
postulados estos cuya importancia resulta de mayor relevancia cuando se trata de
la indemnización de un perjuicio que, por la naturaleza de éste, no puede ser
restitutoria ni reparadora, sino simplemente compensatoria, eventos en los cuales
la jurisprudencia ha reconocido:

“En efecto, la suma establecida no se ajustará nunca al monto exacto del


perjuicio, pero buscará, de alguna manera, restablecer el equilibrio roto con
su ocurrencia. Se impone al juez, entonces, el ejercicio de una cierta
discrecionalidad, que, sin embargo, debe encontrarse suficientemente
razonada y fundada en las probanzas que, en el proceso, obren sobre la
existencia del perjuicio y su intensidad. No se trata, en efecto, de una
facultad arbitraria; por ello, en su desarrollo, debe buscarse también la

30
Sección Tercera, sentencias del 14 de septiembre de 2011, expedientes 19031 y 38222.
31
“Este estado de cosas no sólo deja la sensación de desorden, sino que también crea desigualdades entre
víctimas, cuyos intereses aparecen, en igual medida, dignos de protección; así pues, el problema de fondo es
el de establecer los límites, que deben ser “límites razonables”, determinados sí, en términos jurídicos.”
CORTÉS, Edgar Ob. Cit. Pág. 57.
32
Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección C, sentencia del 14 de septiembre de 2011, exp. 19031.
33
Al respecto el artículo 178 del código Contencioso Administrativo (Dec. 01 de 1984) estableció que “la
liquidación de las condenas que se resuelvan mediante sentencias de la jurisdicción en lo contencioso
administrativo deberá efectuarse en todos los casos, mediante sumas líquidas de moneda de curso legal en
Colombia y cualquier ajuste de dichas condenas sólo podrá determinarse tomando como base el índice de
precios al consumidor, o al por mayor”. En atención a lo cual la jurisprudencia de la Corporación ha fijado las
indemnizaciones por perjuicios inmateriales en salarios mínimos, por cuanto en Colombia el salario mínimo
legal mensual se fija atendiendo fundamentalmente la variación del índice de precios al consumidor.
garantía del principio de igualdad, lo que hace necesaria la comparación de
la situación debatida con otras ya decididas, con fundamento en el análisis
de los diferentes aspectos que determinan aquélla y éstas, dentro de los
cuales deberá tomarse en cuenta, por supuesto, el valor real de la
indemnización”34.

Bajo este propósito, la Sala determinará35 el contenido del elemento objetivo con
base en la calificación integral de la invalidez, que debe constar en el dictamen
emitido por la Junta de Calificación, que a su vez tiene en cuenta componentes
funcionales, biológicos, psíquicos y sociales del ser humano, entendidos en
términos de las consecuencias de la enfermedad, el accidente o la edad, y
definidos por el Decreto 917 de 1999, esto es, bajo los conceptos de deficiencia,
discapacidad y minusvalía:

“a) DEFICIENCIA: Se entiende por deficiencia, toda pérdida o anormalidad


de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica, que pueden
ser temporales o permanentes, entre las que se incluyen la existencia o
aparición de una anomalía, defecto o pérdida producida en un miembro,
órgano, tejido u otra estructura del cuerpo humano, así como también los
sistemas propios de la función mental. Representa la exteriorización de un
estado patológico y en principio refleja perturbaciones a nivel del órgano.

b) DISCAPACIDAD: Se entiende por Discapacidad toda restricción o


ausencia de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del
margen que se considera normal para un ser humano, producida por una
deficiencia, y se caracteriza por excesos o insuficiencias en el desempeño y
comportamiento en una actividad normal o rutinaria, los cuales pueden ser
temporales o permanentes, reversibles o irreversibles, y progresivos o
regresivos. Representa la objetivación de la deficiencia y por tanto, refleja
alteraciones al nivel de la persona.

c) MINUSVALÍA: Se entiende por Minusvalía toda situación desventajosa


para un individuo determinado, consecuencia de una deficiencia o una
discapacidad que lo limita o impide para el desempeño de un rol, que es
normal en su caso en función de la edad, sexo, factores sociales, culturales y
ocupacionales. Se caracteriza por la diferencia entre el rendimiento y las
expectativas del individuo mismo o del grupo al que pertenece. Representa la
socialización de la deficiencia y su discapacidad por cuanto refleja las
consecuencias culturales, sociales, económicas, ambientales y
ocupacionales, que para el individuo se derivan de la presencia de las
mismas y alteran su entorno”.

Definidos los criterios para calificar la invalidez, el dictamen debe otorgar unos
porcentajes a cada uno de los componentes antes mencionados, cuya sumatoria
equivale al 100% del total de la pérdida de la capacidad laboral, porcentaje al que
necesariamente debe responder la indemnización que dentro del componente
objetivo del daño a la salud se reconozca, para cuyo efecto se considera que en
los casos en que la disminución de la capacidad laboral alcance el 100%, su valor
indemnizatorio puede fijarse en la suma equivalente a 300 salarios mínimos
legales mensuales.

Ahora bien, considerando que el referente normativo adoptado, es decir, el


34
Consejo de Estado, sentencia de 6 de septiembre de 2001, expediente: 13.232 y 15.646 (acumulados).
35
Esta posición puede verse en sentencias de 11 de julio, expedientes: 28792, 36295 y 39548, entre otras.
Decreto 917 de 1999 distribuye el porcentaje de incapacidad en los diferentes
criterios de calificación de la invalidez, igualmente se propone distribuir la
correspondiente indemnización en la siguiente proporción:

CRITERIOS DE PORCENTAJE MONTO MAXIMO DE


CALIFICACIÓN DE LA MAXIMO DE SALARIOS MINIMOS
INVALIDEZ PERDIDA DE LEGALES ASIGNADO
CAPACIDAD POR LA CORPORACION
LABORAL
Deficiencia 50% 150 SMLMV
Discapacidad 20% 60 SMLMV
Minusvalía 30% 90 SMLMV
Total pérdida de la 100% 300 SMLMV
capacidad laboral

Es pertinente precisar, que en los eventos que no repose en el material probatorio


el dictamen emanado por la Junta de Calificación, en el que se especifique los tres
criterios de clasificación de invalidez, el porcentaje que tal dictamen determine se
imputará al rubro de Deficiencia, es decir, 150 SMLMV, en forma proporcional.

Y por último, el segundo componente, esto es, el elemento subjetivo del daño a la
salud, permitirá incrementar, con fundamento en el material probatorio, la sana
crítica y las reglas de la experiencia, el quantum determinado en el aspecto
objetivo, de manera que se atiendan las consecuencias particulares y específicas
de cada persona lesionada36, en cuyo efecto se sugiere como límite para los casos
de mayor intensidad el equivalente a 100 SMLMV.

En conclusión, se estima oportuno destacar que el daño a la salud, está


compuesto de dos elementos, el primero de ellos (objetivo) con una valoración de
75% como máximo reconocible, esto es, hasta 300 salarios mínimos legales, de
conformidad con lo señalado en párrafos precedentes y el segundo (subjetivo o
dinámico), correspondiente hasta el 25%, el cual se reconocerá cuando las
pruebas den lugar a ello, ascendiendo al monto de 100 salarios mínimos.

Conforme a lo anterior, la Sala dispone que deberá estudiarse la vertiente objetiva


y subjetiva del daño a la salud, en el caso concreto. En este orden de ideas se
tienen como medios probatorios los siguientes:

Copia auténtica del dictamen No. 4531-97 rendido por el Médico Forense 1034-0,
del Instituto de Medicina Legal con fecha 18 de noviembre de 1997, solicitado
mediante oficio No. 883 de noviembre 11 de 1997 por el Tribunal, en el cual se
conceptuó: (Fl. 18 C.2)

“(…) Examinado: GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ.


Edad: 39 años
Sin documento de identidad
Refiere que hace doce días fue golpeado por agentes de policía
Recibió atención médica en el Hospital Departamental de Nariño.
Examinado hoy a las 9:45 am en primer reconocimiento médico legal
presenta cicatriz de incisión quirúrgica, plana, ligeramente hipercrómica,

36
Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección C, sentencia del 14 de septiembre de 2011, expediente:
19031.
vertical, de 17 cm., en la línea media del abdomen, supra e infra umbilical,
realizada para practicar laparotomía (cirugía para abrir el abdomen).
A nivel umbilical presenta una zona de 2 cm de longitud en el mismo nivel de
la cicatriz quirúrgica, que está abierta, drenando material purulento.
Se revisa Historia Clínica No. 186832 del Hospital Departamental de Nariño,
que en sus partes pertinentes dice: ‘Nombre: Guillermo López. Fecha de
ingreso: noviembre 6 de 1997. Fecha de Egreso: Noviembre 12 de 1997.
Paciente traído por la policía a Urgencias en estado de embriaguez, no da
datos, no colabora, Diagnóstico: Embriaguez aguda. Perforación de yeyuno.
Herida de Hígado. Hemoperitoneo de 2.000 cc (sangre libre en cavidad
abdominal) se practicó drenaje del hemoperitoneo y sutura de la herida del
yeyuno (intestino delgado) y del hígado. Evoluciona satisfactoriamente
saliendo en mejor estado clínico’.

Con base en lo anterior se establece que las lesiones ameritan una


incapacidad médico legal definitiva de 50 (cincuenta) días. Para establecer
secuelas si las hubiere se requiere nuevo reconocimiento dentro de dos
meses.
Por las características clínicas de las lesiones descritas, no es posible
establecer el elemento causal (…)”.

Copia de la historia clínica, hoja Epicrisis que estableció lo siguiente:

Epicrisis: de fecha 6 de noviembre de 1997


Motivo de consulta: Dolor abdominal
Examen físico: Dolor epigastrio flaco y fosa I.
Diagnóstico de ingreso: Gastritis - alcoholismo
ABD agudo a estudio (…)
Tipo de cirugía: laparatomia
Hepatomafía
Rafia Yeyuno
Perforación yeyuno
Herida de hígado segmento 4 (Fl. 38 C.2)

Historia Clínica de Guillermo Escobar López (Fls. 37 a 43 C.3) registrada en el


Hospital Departamental de Nariño E.S.E., de la cual se destaca: 1. Que en la sala
de urgencias fue atendido el paciente a las 18 horas del día 6 de noviembre de
1997, presentando un estado actual de “dolor abdominal (ilegible) agudizado
acompañado de nauseas y vómito”, y se le diagnostica finalmente “1. Gastritis; 2.
Embriaguez aguda” (Fl. 38 C.3); 2. Que el paciente ingresa nuevamente al hospital
en la madrugada del día 7 de noviembre de 1997, diagnosticándosele “perforación
del yeyuno - Hx Hígado segmento 4” (Fl. 43 C.3); 3. Que posteriormente le
practicaron una “Laparotomía - Hepatomofia - (ilegible) yeyuno” (Fl. 36 C.3); 3.
Que el motivo de la consulta obedeció a un “dolor abdominal” (Fl. 37 C.3).

Dictamen No. 1901-98 rendido por el médico forense 1034-0 por oficio petitorio
No. 0606 de abril 28 de 1998, donde se lee: (Fls. 114 y 115 anexo 1)

“(…) Examinado: GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ


Edad: 40 años
Sin documento de identidad.

Refiere que hace 5 meses fue golpeado por agentes de la Policía, recibió
atención médica en el hospital Departamental de Nariño.
Examinado nuevamente hoy a las 2:30 p.m., en segundo reconocimiento
médico legal presenta cicatriz hipertrófica, hipercrómica, vertical de 17 cm, en
la línea media del abdomen, ostensible.
Cicatrización adecuada de la zona cruenta purulenta descrita en el dictamen
anterior 4531-97.
Con base en lo anterior, se establece que las lesiones ameritan una
incapacidad médico legal definitiva de cincuenta (50) días, dejando como
secuela una deformidad física de carácter permanente.

En relación al cuestionario propuesto en el folio 91, se responde lo siguiente:

A) La herida de 1.5 cm, en el yeyuno y la herida en el segmento cuatro del


hígado fue o no consecuencia de un trauma o golpe?
Los traumas cerrados de abdomen, que en algunas ocasiones producen
heridas viscerales como este caso, son producidos por traumas
contundentes.

B). Se sabe de autos que el lesionado estuvo bebiendo desde las 9:00 a.m.,
brandy y cerveza. Esta circunstancia pudo haber influido en la lesión del
yeyuno e hígado?
Es estado de embriaguez por si solo, no influye en la aparición de las heridas
del yeyuno e hígado, pues estos son consecuencia directa de la lesión
traumática sufrida por el lesionado. (…)”.

Con fundamento en los anteriores medios probatorios se puede observar que el


señor Guillermo Escobar López tuvo una incapacidad definitiva de cincuenta (50)
días, dejando como secuela una deformidad física de carácter permanente. Desde
la óptica del componente objetivo, no puede establecerse con exactitud el
porcentaje de incapacidad derivado de las lesiones padecidas en los hechos
acaecidos el 6 de noviembre de 1997.

Resta establecer si existe alguna prueba que permita valorar la ocurrencia de


específicas situaciones particulares que permitan incrementar el monto que
debería reconocerse por la pérdida de la capacidad.

Al respecto, la Sala pasa examinar los testimonios que obran dentro del
expediente, con el propósito de determinar si de éstos se pueden tener por
acreditado una concreta afectación de la vida relacional del lesionado.

Declaración de José Eduardo Pinchao (Fl. 35 y 36 C.2)

“(…) después del ultraje ya no pudo trabajar ya no lo volvimos a ver


trabajando no podía hacer fuerza, realmente ya no puede trabajar afectó a la
familia de el (sic), el ganaba 20-25 o a veces 10 mil pesos diarios yy otras
veces nada, lo que ganaba lo invertía al sostenimiento de su hogar y en
ayudar a su padre y hermana (…) PREGUNTA: Sabe Ud. si antes del
accidente GUILLERMO ESCOBAR practicaba algún deporte o desarrollaba
alguna actividad recreativa. CONTESTO. Sabíamos entrenar fútbol, nos
poníamos a jugar sapo, hasta que le sucedió el accidente, después ya no
podía realizar esas actividades, ya no podía (…)”.

Declaración de Buenaventura Gavilnes Urresti (Fl. 34 C.2)

(…) PREGUNTA: Luego del accidente sabe Ud si GUILLERMO ESCOBAR


pudo continuar jugando fútbol como antes lo hacía. CONTESTO: No pudo
seguir jugando fútbol por motivo de la operación el (sic) no puede ni alzar una
canasta del piso por eso se retiró de la profesión de cotero, esto lo puedo
asegurar porque yo trabajo en un carro de caballos (…)”.

Teniendo en cuenta que estas declaraciones se refiere al estado de salud y las


consecuencias que sus lesiones han generado, no se observa en éstas ni en
ningún otro medio probatorio que indique que existen situaciones particulares del
demandante que hagan la afectación sea más gravosa.

En este orden de ideas en el caso sub examine, se confirma la sentencia de


primera instancia y se mantiene la condena de cinco (5) salarios mínimos legales
mensuales vigentes por daño a la Salud.

Por otro lado, teniendo en cuenta que no se discutió lo referente al incidente de


liquidación de perjuicios materiales en la modalidad de daño emergente y lucro
cesante, la sentencia confirmará la decisión de primera instancia.

Por último, se pone de presente que estando el proceso ante el Tribunal


Administrativo de Nariño se pudo establecer con fundamento en la información
allegada por el apoderado de la parte actora, que el antes lesionado, Guillermo
Escobar López falleció el 5 de septiembre de 2001, de acuerdo con la copia
auténtica del registro civil e defunción el registro civil (Fl. 92 C.1)

A su turno, estando el proceso en segunda instancia ante esta Corporación


mediante escrito de 1° de abril de 2009 el señor William Guillermo Escobar
Guerrero puso en conocimiento de la muerte de su padre, indicó que era heredero
legítimo del señor Escobar López 37 y además revocó el poder conferido al
entonces apoderado de la parte actora. (Fls. 226 a 229 C. ppal)

Esta Corporación mediante de 5 de junio de 2009 tuvo en cuenta la revocatoria de


poder realizada por el señor William Escobar Guerrero (Fl. 230 C. ppal), y
mediante escrito de 19 de agosto de 2009 se le informó al apoderado de la
revocatoria de su mandato. (Fl. 231 C. ppal)

Desde ahora, se indica que respecto del concepto de sucesión procesal, la actual
posición del Consejo de Estado se asienta en reconocer la transmisibilidad del
perjuicio moral en los siguientes términos:

“De cara al ordenamiento jurídico colombiano y específicamente desde la


óptica del art. 90 de la Constitución Política es indudable que la
transmisibilidad del derecho a la reparación originado en daño moral
padecido por la víctima se impone, máxime si se tiene presente que, tanto el
ordenamiento jurídico privado ex-art. 2.341 Código Civil consagra como regla
general el resarcimiento de todo daño, y, en el ámbito penal, el daño moral
cuya resarcibilidad está consagrada expresamente ex-art. 103 Código Penal,
puede ser reclamado por “las personas naturales, o sus sucesores”38; de
otra parte, no existe como se observó, en el ordenamiento colombiano
precepto prohibitivo y resulta incompatible a la luz de las normas precitadas,
afirmar la intransmisibilidad de un derecho de naturaleza patrimonial que

37
De acuerdo con la copia auténtica del registro civil de nacimiento de William Guillermo Escobar Guerrero
aparece como padre de éste el señor Guillermo Escobar López (Fl. 229 C. ppal)
38
El art. 104 del Código Penal, brinda argumento adicional y contundente, incluso desde una perspectiva
puramente exegética para aceptar sin reserva alguna la transmisibilidad de la acción: “Las personas naturales,
o sus sucesores, y las jurídicas perjudicadas por el hecho punible tienen derecho a la acción indemnizatoria
correspondiente, la cual se ejercerá en la forma señalada por el Código de Procedimiento Penal”.
desde luego puede ser ejercido bien directamente por la víctima ora por los
continuadores de su personalidad, sucesores mortis causa, que en su
condición de herederos representan al de cujus, o dijérase más propiamente,
ocupan el lugar y la posición jurídica que ostentaba el causante frente a la
totalidad de los derechos y acciones de contenido patrimonial transmitidas
por virtud del fallecimiento.

Así las cosas, resulta oportuno distinguir, a la manera como lo ha hecho la


doctrina y en ocasiones esta Corporación, entre los diferentes
acontecimientos que pueden englobarse dentro del tema general de la
transmisibilidad de la acción a los herederos, específicamente entratándose
del perjuicio moral, señalando desde ahora que no se trata de la diferencia
de acciones y perjuicios cuando se invoca iure proprio el perjuicio personal
experimentado por la muerte de un ser querido, tema relativamente pacífico
en doctrina y jurisprudencia, si no de la hipótesis en que iure hereditario se
demanda con título de heredero, el perjuicio experimentado por el causante y
transmitido sucesoralmente, de naturaleza moral.

(…) De conformidad con la orientación doctrinal a que se ha hecho


referencia, se tiene que arribar a la conclusión que permite, acorde con los
principios que informan la transmisibilidad de los derechos patrimoniales, al
heredero ejercer las acciones que corresponderían a su causante. No
tratándose en el caso presente de una muerte instantánea39, si no muy por el
contrario, de una hipótesis en la cual la víctima directa experimentó durante
varios meses el perjuicio moral, a su muerte, dicho crédito indemnizatorio
formaba parte de su patrimonio herencial y por lo mismo sus herederos
habrían de recibirlo en iguales condiciones”40.

Cabe precisar que la calidad de sucesor procesal que le fue reconocido al hijo del
señor Guillermo Escobar López, encontró sustento en lo dispuesto en el artículo
6041 del C. de P.C., del cual se deduce que su presencia en el proceso consiste en
ejercer la defensa e intereses de la parte que murió, más no se tiene como titular
del derecho como tal.

4. Costas

De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 55 de la Ley 446 de 1998, sólo hay


lugar a la imposición de costas cuando alguna de las partes hubiere actuado

39
En dicha hipótesis, la cuestión indudablemente es más delicada, amén de la dificultad de acreditar si la
víctima pudo sobrevivir aunque sea un instante luego de haber recibido la lesión. “La cuestión es mucho más
delicada en lo que concierne al perjuicio que la víctima haya sufrido, no ya de sus lesiones antes de su muerte,
sino por su misma muerte. De ese perjuicio, la víctima no habría podido quejarse por sí misma, ya que el daño
se origina con su muerte. ¿Pueden sus herederos, demandando en su carácter de tales, pedir, pues,
reparación?” los Mazeaud están por la afirmativa. Cfr. Ob. Cit. pág. 540 y s.s.
40
Consejo de Estado. Sección Tercera. Sentencia del 10 de septiembre de 1998, expediente: 12009. Posición
reiterada en sentencias del 10 de marzo de 2005, expediente: 16346 y 26 de abril de 2006, expediente: 4908.
41
Dispone la norma que “(…) Fallecido un litigante o declarado ausente o en interdicción, el proceso
continuará con el cónyuge, el albacea con tenencia de bienes, los herederos, o el correspondiente curador.
Si en el curso del proceso sobrevienen la extinción de personas jurídicas o la fusión de una sociedad que
figure como parte, los sucesores en el derecho debatido podrán comparecer para que se les reconozca tal
carácter. En todo caso, la sentencia producirá efectos respecto de ellos aunque no concurran.
El adquirente a cualquier título de la cosa o del derecho litigioso, podrá intervenir como litisconsorte del
anterior titular. También podrá sustituirlo en el proceso, siempre que la parte contraria lo acepte
expresamente.
El auto que admite o rechace a un sucesor procesal es apelable.
Las controversias que se susciten con ocasión del ejercicio del derecho consagrado en el artículo 1971 del
Código Civil, se decidirán como incidentes (…)”.
temerariamente y como en este caso ninguna de aquellas actuó de esa forma, la
Sala se abstendrá de imponer condena alguna por este concepto, revocando así
lo decidido por el A Quo por este aspecto.

En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, en Sala de lo Contencioso


Administrativo, Sección Tercera, Subsección C administrando justicia en nombre
de la República y por autoridad de la ley,

RESUELVE

PRIMERO: MODIFICAR la sentencia que dictó el Tribunal Administrativo de


Nariño el 6 de febrero de 2004, la cual quedará así:

PRIMERO.- DECLARAR que la Nación Colombiana Ministerio de Defensa Policía


Nacional, es administrativamente responsable de los perjuicios morales y
materiales ocasionados a GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ y MARÍA JUANA
CERON, por las lesiones de que fuera víctima GUILLERMO ESCOBAR LÓPEZ,
en hechos sucedidos el seis (6) de noviembre de mil novecientos noventa y siete
(1997) en el Centro de Asistencia Inmediata CAI del Barrio Potrerillo de la Ciudad
de Pasto.
SEGUNDO.- Condenar a LA NACIÓN MINISTERIO DE DEFENSA POLICÍA
NACIONAL a pagar por concepto de perjuicios morales a la sucesión procesal de
Guillermo Escobar López suma equivalente en moneda nacional de cien (100)
Salarios Mínimos Legales Mensuales SMLM y cincuenta (50) SMLM para la
compañera permanente MARÍA JUANA CERON;

TERCERO.- Condenar a la NACIÓN MINISTERIO DE DEFENSA POLICÍA


NACIONAL a pagar por concepto de indemnización por el daño a la salud, el
equivalente a cinco (5) SMLM a la sucesión procesal de GUILLERMO ESCOBAR
LÓPEZ.

CUARTO.- CONDENAR EN ABSTRACTO a LA NACIÓN MINISTERIO DE


DEFENSA POLICÍA NACIONAL a pagar a la sucesión procesal de GUILLERMO
ESCOBAR LÓPEZ por concepto de perjuicios materiales, lucro cesante y
perjuicios patrimoniales directos o daño emergente, la cantidad deducida en
incidente posterior, conforme a las pautas que se han señalado en la parte motiva
de esta providencia y con fundamento en las tablas de liquidación adoptadas por
el H. Consejo de Estado, actualizada de conformidad con la variación promedio
del índice de precios al consumidor.

QUINTO.- DENEGAR las demás súplicas de la demanda. (…)

SEGUNDO: Sin condena en costas.

TERCERO: Dese cumplimiento a lo dispuesto en los artículos 176 y 177 del


Código Contencioso Administrativo, para lo cual se expedirá copia de la sentencia
de segunda instancia, conforme al artículo 115 del Código de Procedimiento Civil.

CUARTO: Devuélvase el expediente al Tribunal de origen una vez ejecutoriada la


presente sentencia.

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE


JAIME ORLANDO SANTOFIMIO GAMBOA
Presidente de la Sala

OLGA MÉLIDA VALLE DE DE LA HOZ ENRIQUE GIL BOTERO


Magistrada Magistrado
Aclaro voto Salvo parcialmente el voto

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