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Leyenda de Direjná, la Abuela Grillo

La abuela grillo Direjna vivía en lugares húmedos y controlaba el agua, pero un día causó inundaciones, por lo que sus nietos la echaron. La sequía resultante llevó a los nietos a buscar a Direjna, quien se había transformado completamente en grillo. Los nietos le rogaron que regresara para que trajera el agua, y desde entonces la abuela grillo envía la lluvia a sus nietos desde el Segundo Cielo.
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Leyenda de Direjná, la Abuela Grillo

La abuela grillo Direjna vivía en lugares húmedos y controlaba el agua, pero un día causó inundaciones, por lo que sus nietos la echaron. La sequía resultante llevó a los nietos a buscar a Direjna, quien se había transformado completamente en grillo. Los nietos le rogaron que regresara para que trajera el agua, y desde entonces la abuela grillo envía la lluvia a sus nietos desde el Segundo Cielo.
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En esos primeros tiempos, 

cuando todos estos seres vivían juntos, llamaban abuela al


grillo más grande, a Direjna, que también tenía partes del cuerpo humano. Esta señora
grillo habitaba en lugares húmedos. Los nietos llevaban una vida tranquila porque el
agua nunca se secaba. Cierta vez, la abuela grillo exageró con el agua, Llovía todos
los días, y las casas se inundaron.

La abuela escuchaba con paciencia, mientras los nietos se enojaban más aún porque
el agua aumentaba y aumentaba. Hasta que en el colmo de la furia le pidieron que se
fuera de la comunidad. La abuela grillo se puso muy triste, pero obedeció a sus nietos
y se fue. Mientras tanto, en la comunidad de los Ayoreo del cielo empezó a ponerse
rojo y los días tremendamente calurosos.

Algunos troncos conservaban agua de lluvia y todos se empujaban para tomar con
canutos las gotas que quedaban. Los nietos viendo que la tierra se moría de sequía.

Como la abuela siempre iba por los caminos del agua, decidieron seguir el rastro
donde la tierra estuviera fresca y húmeda. Sabían que Direjná estaba cerca, en algún
lugar tranquilo. Comentaban que quizá la abuela grillo había encontrado otra
gente, otra familia que la defendería y no la dejaría regresar con ellos porque la
querían de verdad. Las aves, que aún tenían algo de persona, se detuvieron para
identificar la cara de la abuela.

Estamos cansados de pedir lluvia y agua para nuestros cultivos, que cada vez están
más secos por los fuertes rayos del sol.

La comunidad nos envía para decirle que regrese pronto. Otras aves también hablaron
y con cariño le rogaron regresar. Entre tanto, la abuela gemía por el ardor de fuego
que emanaban las aves. Las garzas blancas y otras de cuello largo, después de
sumergirse comieron peces crudos y se transformaron totalmente en aves.

Cuando los nietos terminaron de bañarse prometieron no quejarse jamás por la


abundancia de agua y así emprendieron el viaje de regreso. Llegando al pueblo, todas
las aves que tenían todavía algo de humanas se transformaron totalmente en animales
y quedaron tal como las conocemos hoy.

Las que se encontraban junto a Direjná gritaron contentas

Entonces los nietos decidieron traer el agua que quedaba en sus vasijas y vaciarla
sobre la abuela grillo para que dejara de gemir. Cada año tendrían una buena cosecha
y por tanto alimentos para toda la comunidad. Pero estando en la comunidad la abuela
se sentía nuevamente agobiada por el calor. Sentía el ardor que los nietos y el pueblo
tenían por haber hecho fogatas para calentarse y por las cocinas que ardían en todas
las casas.

El lugar era extremadamente caluroso para Direjná, quien decidió emprender un viaje


más largo a los diferentes cielos.
Direjná vio cómo los primeros hombres que vivían en la oscuridad llamaron al
sol y cuando

La abuela grillo se sintió sofocada, ya no podía más. Lentamente se transformó aún


más en grillo y continuó sus andanzas. Las lluvias desataron sus largas cabelleras y
se exprimieron el agua para que la abuela grillo disfrutara. De pronto retumbaron los
truenos, que eran las palabras de la lluvia.

La abuela grillo estaba fascinada con el espectáculo, pero debía continuar su


camino. Direjná tenía que andar con cuidado para no ser aplastada. Al poco tiempo, el
agua proveniente del Segundo Cielo se regó por los bosques que sirvieron para que la
lluvia caiga suavemente sobre la tierra, junto con las gotas llegaron también a la tierra
ranas y mosquitos. Después de estas visitas, la abuela adquirió definitivamente la
figura de grillo, abandonando cualquier forma humana y decidió vivir en el Segundo
Cielo.

Desde allí podría enviar la lluvia a sus nietos, quienes podrán gozar del agua
prometida por la abuela. La lluvia llegará con esta historia de Direjná, la abuela grillo, y
solo será contada cuando necesitemos lluvia y agua, que es la vida misma.x

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