SANTIDAD Y GLORIA EN EL AT
Gloria
Este vocablo entró en el cast. a mediados del siglo XIII, del lat. gloria = gloria,
reputación, nombradía. Corresponde respectivamente al hebr. kabód y al gr. dóxa, deriv.
del vb. dokeín = pensar, parecer. Ya en el gr. clás. dóxa significaba opinión (lo que uno
piensa por sí mismo) o reputación (lo que otros piensan de él). En el NT, el gr. dóxa
ocurre 129 veces, y el deriv. doxádsein, 61. (1) En cuanto al hebr. kabód, procede del
vb. kabéd = ser pesado, en el sentido de «tener mucho peso» = riquezas (Gn. 31:1),
posición (Gn. 45:13), poder (Is. 8:7), etc., más bien que de «resultar pesado», aunque
también tiene este sentido a veces. Los LXX vertieron invariablemente el hebr. kabód
por dóxa, en atención al honor que este vocablo comporta, aun cuando kabód significa
también la manifestación que Yahweh hacía de sí mismo en las teofanías o en los
relámpagos de una tormenta. A veces, kabód es sinónimo de la persona misma, como en
Éx. 33:18, donde Moisés no se refiere a la nube luminosa que los conducía, sino al
rostro de Dios, como se ve por el v. 20, aunque Dios responde, en un principio (v. 19),
mostrando su bondad. En la visión de Isaías (Is. 6:1 ss.), el matiz predominante es el de
majestad. Pero aun allí, como en el resto del AT., la gloria que le compete a Dios como
causa eficiente y final de la creación tiene al ser humano como único beneficiario.
Yahweh asume el papel que le corresponde como único Salvador de su pueblo (no hay
otro que salve, sino sólo Él), pero lo es precisamente a favor de su pueblo. Esto nos dice
mucho del amor de Dios que es Amor (1 Jn. 4:8, 16). (2) En cuanto al gr. dóxa, el NT
registra, en general, el sentido de honor que los LXX le dieron ya en el AT. Es un
reconocimiento respetuoso en Lc. 14:10, prestado a un invitado humilde, así como el
temor reverente, expresado por las criaturas al Creador en el momento de honrarle
verbalmente, como en Ro. 11:36 y, en especial, en Ap. 14:7. Si se refiere al carácter de
Dios, puede designar su majestad (Ro. 1:23), su perfección. manifestada en su justicia
(Ro. 3:23), su santidad luminosa, que hará de la Jerusalén celestial un día perpetuo (Ap.
21:23). En Ef. 1:17, es llamado «el Padre de gloria» = «el Padre glorioso» (me parece lo
más probable en ese contexto). También se designa con el mismo nombre el poder de
Dios al levantar de los muertos a su Hijo (Ro. 6:4). Sólo en Lc. 2:9, designa la
manifestación luminosa, frecuente en el AT, de Yahweh. En este sentido, la dóxa, en el
NT, es transferida a su Hijo Jesucristo. Durante su estado de humillación, el único caso
es el de la Transfiguración, según las respectivas alusiones de Juan (Jn. 1:14) y Pedro (2
P. 1:17). Pero, en su estado de glorificación, tenemos, p. ej., Mt. 25:31; Lc. 24:26; Jn.
12:23; 17:5; Hch. 3:13; 9:3 ss.; Fil. 2:9-11; Col. 3:4; 1 Ti. 3:16; Tit. 2:13; He. 1:3; Stg.
2:1; 1 P. 1:21; Ap. 1:12 ss. Es muy significativo Stg. 2:1, donde el hermano del Señor se
refiere a Jesucristo como «el Señor de la gloria», donde parece aludir a la revelación de
Dios en el tabernáculo, teniendo en cuenta que la presencia de Yahweh en el
tabernáculo, en medio de su pueblo Israel, no sólo era una señal de la condescendencia
amorosa del Señor, sino también un constante recordatorio de la disposición de Dios a
señalar los pecados del pueblo y visitarlos en juicio. De este modo, los lectores de la
epístola eran advertidos contra la acepción de personas. Por su unión con el Cristo
glorificado, el cristiano puede gloriarse en la esperanza de la gloria de Dios (Ro. 5:2),
cuando el cuerpo de su humillación será transfigurado (gr. metasjematísei) según la
forma del cuerpo de la gloria de Cristo (Fil. 3:21). Que este cuerpo, sin perder su
identidad con el actual, será transformado para sernos un instrumento de muy superior
calidad que el actual, lo muestra Pablo en 1 Co. 15:43. Finalmente, Cristo, dentro del
cristiano, es la esperanza de la gloria (Col. 1:27).
Santidad
Este vocablo viene del lat. sanctus = santo, sagrado, inviolable; y éste, del vb.
sancire = hacer inviolable mediante un acto religioso, consagrar, sancionar. Como
objeto de la virtud de la religión*, lo santo es el valor más alto, específicamente distinto
de todos los demás y propio de lo divino (cf. Dios, 27), Dios, Santidad de). A causa de
su infinita trascendencia, tanto como de su infinita inmanencia, Dios es objeto de amor,
pero también de temor, más aún, de pavor, actuando sobre el sentimiento del hombre
como el mysterium tremendum et fascinosum = la fuerza misteriosa, sobrepotente, ante
la cual la criatura se asusta, pero también es arrebatada por esa fuerza. Además, esta
perfección divina (cf. Dios, 21), Dios, Perfecciones de) es comunicable, por lo que las
criaturas de Dios, como son personas, lugares, objetos, pueden ser santas, sagradas,
inviolables, por su unión con el Dios infinitamente santo. El cristiano es copartícipe de
la naturaleza divina (cf. 2 P. 1:4), para cuyo concepto cf. Regeneración, 3). Conviene
tener presente la terminología bíblica al respecto: (1) El hebr. del AT tiene tres vocablos
para expresar la santidad: (A) qadosh, de la raíz qad = cortar) e indica separación; (B)
tsadiq / tsedheq = justo, e indica respeto a los derechos ajenos; y (C) asher = recto, que
no se aparta de la norma, e indica determinación de marchar sin desviaciones; como
dato curioso, añadiré que es el mismo vocablo con que el hebr. designa al hombre
dichoso (cf. p. ej., Sal. 1:1). (2) El gr. del NT tiene cinco vocablos que expresan la idea
de santidad: (A) hágios, de hádsomai = venerar y corresponde al hebr. qadosh; (B)
hósios = santo moralmente, de rectitud incorruptible, sancionada; (C) díkaios = justo,
conocido por los hombres como tal, el que más se acerca al sentido del hebr. tsadiq; (D)
hierós (no aparece aplicado a personas) = sagrado, intocable, inviolable, de la misma
raíz que ierón = templo y de iereús = sacerdote (cf. Sacerdocio); y (E) hagnós = puro, es
decir, limpio de contaminación legal y de mancha moral (con esto se entienden mejor
textos como 2 Co. 7:11; 11:2; 1 Ti. 5:22; Tit. 2:5, 1 P. 3:2 y 1 Jn. 3:3). La santidad es
una exigencia de la vida cristiana, hasta el punto de que, sin ella, «nadie verá al Señor»
(He. 12:14). La Biblia trata de la santidad (a) de Dios (cf. Dios, [27], Dios, Santidad
de); (b) de Cristo en cuanto hombre, en virtud de la unión hipostática (cf. Cristo [20],
Cristo y la Unión hipostática), por lo cual era metafísicamente impecable (cf. Cristo,
[7], Cristo, Impecabilidad de); y (c) nuestra (cf. Hch. 9:13; Ro. 1:7; 16:15; 1 Co. 1:2,
etc.). Y eso, de dos maneras: 1ª, posicional, por la unión con Cristo (gr. hágioi, cf. los
textos que acabo de citar) y es fruto de la obra de Cristo; 2ª, experimental y progresiva
(gr. hósios, hosíos, hosiótes, en Lc. 1:75; Ef. 4:24; 1 Ts. 2:10; 1 Ti. 2:8; Tit. 1:8, y los
citados en (2), (E), y es efecto de la operación del E. Santo. En cuanto a díkaios = justo,
su sentido posicional o experimental depende de qué clase de dikaiosúne = justicia se
trata (cf. Justificación).
Referencias bibliográficas
Lacueva Francisco (2001) Diccionario Teológico Ilustrado. Editorial CLIE, Barcelona.
Gloria.
La palabra heb. traducida así, kabod, significa el peso y por lo tanto el valor de
algo, como cuando decimos que la palabra de alguien tiene peso. La gloria de Dios es el
valor de Dios, la presencia de Dios en la plenitud de sus atributos en algún lugar o por
todas partes (<021610>Éxodo 16:10; 29:43; 33:19— 34:8; <230603>Isaías 6:3). La
presencia moradora de Dios se definió más tarde como shekinah (morada interior). Las
referencias del NT a la gloria shekinah aparecen en <430114>Juan 1:14 y
<450904>Romanos 9:4. Se ve la gloria como algo tanto físico como espiritual, como se
aprecia en <420209>Lucas 2:9 (y la gloria del Señor los rodeó de resplandor) y
<431722>Juan 17:22, donde se refiere a la gloria del Padre que Jesús les dio a sus
discípulos. En cuanto a los santos, la gloria culmina en cambiar sus cuerpos en la
semejanza de su Señor glorificado (<500321>Filipenses 3:21).
Santidad
Por lo común es traducción de palabras derivadas de la raíz heb. qadash y la raíz
gr. hag-. El significado básico de qadash es separación o apartar. El gr. hag- es un
equivalente de qadash, y su historia es similar. Los términos santidad y santo no ocurren
en Génesis (pero ver <012816>Génesis 28:16, 17). Sin embargo, desde
<020305>Éxodo 3:5 en adelante el concepto de santidad es constantemente subrayado.
Dios es majestuoso en santidad (<021511>Éxodo 15:11); la santidad es lo que
caracteriza las acciones de Dios (<235210>Isaías 52:10), sus palabras y promesas
(<19A542>Salmo 105:42; <242309>Jeremías 23:9), su nombre (<032003>Levítico
20:3; <132916>1 Crónicas 29:16) y su Espíritu
(<195111>Salmo 51:11; <236310>Isaías 63:10, 11; ver ESPIRITU SANTO). Los
lugares son hechos santos por la presencia especial de Dios: su morada en el cielo
(<052615>Deuteronomio 26:15), su manifestación sobre la tierra (<020305>Éxodo 3:5;
<060515>Josué 5:15), el tabernáculo (<024009>Éxodo 40:9), el templo (<142905>2
Crónicas 29:5, 7), Jerusalén (<234802>Isaías 48:2) y Sion (<310117>Abdías 1:17).
Cualquier cosa apartada para usos sacros era santa: los altares y el mobiliario del
tabernáculo (<022937>Éxodo 29:37; 30:10, 29), sacrificios de animales
(<041817>Números 18:17), comida (<032122>Levítico 21:22), el diezmo
(<032730>Levítico 27:30), los primeros frutos (<031924>Levítico 19:24; 23:20), toda
cosa consagrada (<022838>Éxodo 28:38), el aceite de la santa unción y el incienso
(<023023>Éxodo 30:23-25, 34-38). Las personas conectadas con lugares y servicios
sagrados eran santas: los sacerdotes (<032101>Levítico 21:1-6) y sus vestiduras
(<022802>Éxodo 28:2, 4), Israel como nación (<240203>Jeremías 2:3), Israel
individualmente (<053303>Deuteronomio 33:3) y muchas cosas asociadas con Israel
(<131629>1 Crónicas 16:29). El tiempo dedicado a la adoración era santo
(<021216>Éxodo 12:16; 16:23; 20:8; <235813>Isaías 58:13). Lo que en
<230603>Isaías 6:3 fue una revelación personal para el profeta, en
<660408>Apocalipsis 4:8 se proclama a todos desde los cielos con poder y gloria. Dios
es santo y verdadero (<660610>Apocalipsis 6:10). En una de sus oraciones, Jesús se
dirigió a Dios de esta manera: Padre santo (<431711>Juan 17:11). Dios es santo y su
pueblo debe ser santo (<600115>1 Pedro 1:15, citando <031902>Levítico 19:2). Los
discípulos de Jesús deben orar para que el nombre de Dios sea tratado santamente
(<400609>Mateo 6:9; <421102>Lucas 11:2). La santidad de Jesucristo se subraya
específicamente (<410124>Marcos 1:24; <420135>Lucas 1:35; 4:34; <431036>Juan
10:36; <440314>Hechos 3:14; 4:27, 30; cf. <234201>Isaías 42:1-4 citado en
<401216>Mateo 12:16-21; <580211>Hebreos 2:11; <660307>Apocalipsis 3:7). En el
NT se desarrolla el concepto de la santidad de la iglesia. Al igual que en el AT,
Jerusalén es santa (<400405>Mateo 4:5; 27:53; <661102>Apocalipsis 11:2), también lo
es el templo (<402415>Mateo 24:15; <440613>Hechos 6:13) y el nuevo templo, la
iglesia colectiva (<490221>Efesios 2:21, 22) e individualmente (<460301>1 Corintios
3:16, 17). Esteban se refiere al monte Sinaí como tierra santa (<440733>Hechos 7:33),
y Pedro se refiere al monte de la Transfiguración como el monte santo (<610118>2
Pedro 1:18). Las Escrituras son sagradas (<450102>Romanos 1:2; <550315>2 Timoteo
3:15). La ley es santa (<450712>Romanos 7:12). Si los lugares terrenales, sacerdotes,
instrumentos de culto, sacrificios y servicios eran santos, mucho más lo son los
celestiales (<580805>Hebreos 8:5). La iglesia es una nación santa (<600209>1 Pedro
2:9). El argumento en <451111>Romanos 11:11-32 establece el
hecho de que la santidad de los cristianos gentiles estriba en que han brotado de la raíz
de Isaí (<451116>Romanos 11:16; 15:12). Cristo murió por la iglesia para santificarla
(<460102>1 Corintios 1:2; 6:11; <490526>Efesios 5:26). La iglesia como un todo, las
iglesias locales y los creyentes individuales son santos, llamados... santos
(<450107>Romanos 1:7; <460102>1 Corintios 1:2; <470101>2 Corintios 1:1;
<490101>Efesios 1:1; <500101>Filipenses 1:1; <510102>Colosenses 1:2; santos es una
traducción de hagioi). La vida del creyente debe ser un sacrificio vivo y santo
(<451201>Romanos 12:1), no sólo por medio de la muerte (<505017>Filipenses 2:17),
sino con la vida misma (<500121>Filipenses 1:21-26). La santidad se equipara con la
pureza (<400508>Mateo 5:8; 23:26; <540105>1 Timoteo 1:5; <550222>2 Timoteo
2:22; <560115>Tito 1:15; <590127>Santiago 1:27), una pureza que en
<441806>Hechos 18:6 y 20:26 es inocencia. El medio para la purificación es la verdad
de la Palabra de Dios (<431717>Juan 17:17). El beso santo en las iglesias primitivas,
era una marca del compañerismo santo (<461602>1 Corintios 16:20; <471301>2
Corintios 13:12; <520526>1 Tesalonicenses 5:26). La santidad es algo que sobresale en
Apocalipsis, desde <660307>Apocalipsis 3:7 hasta 22:11.
Referencia bibliográfica
Douglas J.D y Tenney, Merril (2003) Diccionario Bíblico Mundo Hispano. Editorial
Mundo Hispano, España.
Santidad
El término santidad ha sido largamente usado en la tradición teológica y espiritual y
sigue siendo actualmente una expresión frecuente para presentar el ideal cristiano 35.
a) Expresión bíblica
Son numerosos los textos de la Escritura que tratan la santidad; nos limitamos a
presentar un esquema muy escueto de los puntos más significativos: En el A.
Testamento aparece repetida esta afirmación: «Dios es santo» (Sal 98,3; Lev 11,44;
19,2; 20,26; 21,8; Is 40,25). En el N. Testamento contamos con estas afirmaciones: 1)
El Padre es llamado «santo» por Cristo (Jn 17,11). 2) Cristo es llamado «el Santo de
Dios» (Le 4,34) y es anunciado como «santo»: «el que ha de nacer será santo» (Le
1,35). 3) Al Espíritu se le llama «Santo» (Le 3,22; 10,21). 4) El nuevo Pueblo es
«santo» (1 Pe 2,9); las comunidades son «santas» (Rom 1,7; 15,25) y los miembros son
«santos» (Flp 1,1; Col 3,12). 5) El que «está en Cristo» está santificado y llamado a la
santificación: 1 Cor 1,30; 6,11;1Tes4,3;5,23.
b) Distintas acepciones del término «santidad»
Acabamos de ver cómo el mismo término santidad es aplicado a realidades muy
distintas, por lo que debemos preguntarnos por sus diversas acepciones. La santidad
aplicada a Dios. Podemos considerar la santidad de Dios el punto fontal para la
comprensión de la santidad aplicada a otros niveles. La santidad en Dios, en lugar de
entenderse como separación y lejanía —como su misma raíz lo apunta en relación con
lo profano—, incluye todo lo que posee en cuanto riqueza y vida, poder y bondad, hasta
hacer de Santo un sinónimo de Dios. Su nombre es Santo. «La santidad es su orden
propio de existencia, su misterio. Decir "Dios" es decir, equivalentemente, "santo"» 36.
" Cf. AA. W., Saint d'hier et sainteté d'aujourd'hia (París 1966); ANCILI I, E,
a c , LATOURELLE, R., «La sainteté dans latradition de l'Éghse Orthodoxe», en
Contacts 23 (1971) 119-190; OLAZARAN, J , a c , PROCKSCH, O., «Hagios», en
GLNTl, 234-310, Ruiz SALVADOR, F., o.c., 244-285, G THILS, Santidad cristiana
(Salamanca 1960). 36 CONGAR, Y. M., «La Iglesia es santa», en MySal IV/1, 473.
Santidad ontológica fundamental, propia de miembro del Pueblo de Dios. Es la
presencia activa de Dios que confiere al pueblo su santidad, es decir, lo que posee en
cuanto a riqueza, vida, poder y bondad. Es la santidad de la que participa la Iglesia, y en
ella las comunidades son santas y los miembros son santos. Esta santidad no se
identifica con la pureza legal o con la sola ausencia de falta moral.