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Anomia y Terapia: Búsqueda de Significado

Este documento describe la anomia y cómo se manifiesta en la terapia. Explica que la anomia es una falta de sentido o significado que va más allá de la depresión. También describe la logoterapia de Viktor Frankl, la cual se basa en que cada persona tiene significados únicos que deben descubrirse y completarse. Finalmente, explica que existen tres caminos para encontrar significado: realizando una acción, amando a otros, o cambiando la propia actitud ante situaciones desesperadas.
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Anomia y Terapia: Búsqueda de Significado

Este documento describe la anomia y cómo se manifiesta en la terapia. Explica que la anomia es una falta de sentido o significado que va más allá de la depresión. También describe la logoterapia de Viktor Frankl, la cual se basa en que cada persona tiene significados únicos que deben descubrirse y completarse. Finalmente, explica que existen tres caminos para encontrar significado: realizando una acción, amando a otros, o cambiando la propia actitud ante situaciones desesperadas.
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La Anomia y Algunas de sus Manifestaciones en la Terapia.

"Los hombres presumieron ser como Diós y perdieron el sentido de la vida, que consiste en llegar
a ser como Diós... M. Buber.

El sociólogo E. Durkheim (N. Abbagnano 1974) definió la anomia como la carencia de, o la
deficiencia de estructuras u organizaciones sociales. Su uso actual, se ha incluido en la psiquiatría
como un defecto del sentido moral (Hinsey and Cambell 1971), mientras que en su aplicación
común, y como la utilizaremos en este escrito, es básicamente una manifestación de un extremo de
carencia de sentido o significados, experimentados en una profunda apatía que sobrepasa a la
depresión. (Webster 1972). Frankl, definió este estado, como la enfermedad de nuestro siglo, y sin
embargo es un tema que evade la literatura psicológica, con excepción de algunos psicologos
existenciales, como Bugental, May, Fromm y Yalom. Para encontrar mayor información, y
especialmente esbozos de respuestas, a esta búsqueda de significado, tenemos que recurrir a la
filosofía, y en especial a los aspectos teológicos de la misma.

Para ubicarse en la magnitud del problema, Frankl elaboró y corroboró su hipótesis acerca de la
existencia de una correlación entre o que llamó la "triada neurótica" y la ausencia de significados.
Esta triada esta compuesta de los elementos de depresión, agresión y adicción que se presentan en
las personas. Su evaluación concluyó en que había una correlación inversa entre los puntajes de su
test PIL (Purpose in Life) (propósito o sentido de vida), y esta triada, es decir a mayores puntajes
de sentido de vida, menores índices de depresión, agresión y adicción (Crumbach, citado por
Frankl, 1987 Pág. 16, 70).

Todos, estamos concientes de este fenómeno que aparece continuamente en nuestra práctica
clínica, y para el cuál se cuentan con pocos recursos para su manejo en forma directa. A
continuación, entraremos en el campo de los significados y de algunas alternativas para su manejo
terapéutico.

Para Frankl, la fundamentación de su logoterapia, se basa en que: "toda realidad tiene significado
(logos) y la vida nunca cesa de tener significado para nadie; los significados son muy específicos y
cambian de persona a persona y para cada persona, de momento a momento; cada persona es única
y cada vida contiene una serie de demandas también únicas que tienen que ser descubiertas, y a las
cuales la persona tiene que responder; la respuesta a ellas, proporciona significados; la felicidad, el
bienestar, la paz y la auto-actualización, son solamente subproductos en la búsqueda de
significados". (Fabry 1980 Pág. 9).

En la logoterapia al referirse Frankl al sentido, lo hace en relación al sentido que subyace a la


situación concreta que afronta una persona concreta. Se trata de un sentido potencial, es decir, un
sentido que tiene que ser actualizado justamente por la persona en cuestión, que se siente invitada a
"escuchar" la llamada que parte de él. Además del sentido concreto, también se da un sentido
general, pero mientras más general, menos aprehensible será. (op. cita 1987 Pág. 71). En forma
semejante a Maslow (1954), Frankl diferencia los aspectos físicos o instintuales, de los
espirituales. Los actos instintuales surgen de una necesidad, o en términos de Maslow, una
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carencia o deficiencia. Las motivaciones para estos actos instintuales, pueden ser el placer, poder y
prestigio. La búsqueda es la auto-actualización. En los actos espirituales, la persona es el impulso,
toma las decisiones, las responsabilidades y acepta los compromisos. La motivación para estos
actos, es el significado. Se actúa por trascendencia, por algo o alguien más allá de la propia
persona. (Fabry op. cita Pág. 19), en términos de Kierkegard, "la puerta de la felicidad se abre
hacia afuera y al que intenta derribarla, se le cierra". (Frankl 1987 pág 12).

En la psicología contemporánea, uno de los primeros críticos de definir al hombre como destinado
a satisfacer instintos o necesidades, fue K. Goldstein, quién niega el principio del placer freudiano
como elemento motivador fundamental, excepto en los casos de individuos enfermos. En el estado
sano, el móvil es según él, la auto expresión y la autorrealización. (op. cita Pág.31), estando
dispuesto a posponer y aún a eliminar por completo aparentes satisfactores por metas posteriores
que son percibidas como más trascendentes.

Deikman (1979), plantea esta misma situación como sigue: "Nuestra cultura científica, tiene
bastante poco que decir acerca del significado (de la existencia), excepto para sugerir y asumir que
el ser humano le impone significado; y no que lo descubre. Que esta presuposición pueda ser
incorrecta y que sea generadora de patología, tiene que ser considerada como una posibilidad" Pág.
177). Esta postura está en plena coincidencia con Frankl que afirma que los significados están ahí,
y el hombre se siente impulsado y se auto propone como meta el descubrirlos y completarlos.

En el concepto psicodinámico la imagen del hombre y en especial, la realidad queda degradada a


la condición de un simple medio para un fin, el de satisfacer los instintos y la obtención del placer.
El principio de la realidad, no es más que una modificación al principio del placer, en el que se
pospone momentáneamente para obtenerlo ulteriormente. (Frankl 1987 Pág. 26)

No basta continua Frankl (1987 Pág. 30), con recetar a nuestros pacientes, en la línea de un sentido
existencial, la práctica de un hobby; el hecho de alguien sea el primer filatelista del país es
existencialmente irrelevante. Se trata de buscar el sentido personal y concreto de la vida, cuyo
cumplimento se exige y reclama a cada uno. Solo ese sentido posee una eficacia terapéutica. Se
trata, no de hacer lo que se puede, sino lo que se "debe", la autorrealización así como la auto
expresión, es funcional, en la medida que cumple un sentido. (Pág.35).

Frankl encuentra tres caminos o "pistas" como las llama para encontrar los significados que se nos
presentan. Estas son: a.-realizando una acción o creando una obra; b.-contactando con algo o
alguien hasta el fondo de su ser único y singular, lo cual significa amarlo. Esto quiere decir, que el
sentido puede encontrarse por la vía regia activa o contemplativa; y finalmente, c.-cuando somos
víctimas impotentes de una situación desesperada, que no podemos cambiar y en la que solo
podemos modificar nuestra propia actitud, cambiándonos a nosotros mismos, madurando,
creciendo, trascendiendo y dando así testimonio de la facultad más humana del hombre: la de
transmutar una tragedia personal en triunfo. (Pág.72). Esto puede ser expresado en palabras de
Yalom (1989), refiriéndose a uno de sus pacientes como sigue: "Marvin y yo, habíamos llegado a
un punto crucial, una coyuntura en donde la plena conciencia inevitablemente llega. Es el
momento cuando uno se enfrenta al abismo y decide como enfrentar los despiadados hechos de la
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vida: la muerte, el aislamiento, la falta de apoyo y la carencia de sentido. Desde luego no hay
soluciones. Uno solo tiene la opción de tomar ciertas actitudes: ser "resuelto", "comprometido", o
bravamente desafiante, o estoicamente aceptante o, abandonando la racionalidad y en asombro,
ante el misterio, poner la confianza en la providencia de lo Divino". (Pág. 260).

Los valores subyacentes a estos tres caminos, serían los creativos, los vivénciales y como un meta
valor, se encuentran los valores de actitudes. Estos últimos son los que matizan cualquier
experiencia haciendo que esta pueda o no tener un significado para la persona, o convertirse en
algo vació y sin sentido.

Fabry amplía esta concepción de Frankl, y nos propone cinco áreas de énfasis en la búsqueda de
significados: La primera es una situación donde descubrimos alguna verdad acerca de nosotros.
Esta puede ser experimentada espontáneamente o en un análisis, y nos lleva a entrar en contacto
con una parte "verdadera" de nuestra personalidad, algo que va más allá de nuestras máscaras y
roles. Puede suceder a través de lecturas, meditaciones contacto con personas con alto nivel de
desarrollo, en la contemplación de obras de arte, y en el verdadero encuentro con los otros. La
segunda, concierne áreas donde podemos ver opciones y tenemos que decidir por alguna. La
desesperación y frecuentemente la anomia viene cuando las personas perciben que no tienen
opciones. Es fundamental asumir que en cualquier situación tenemos opciones, aunque sea
solamente la de el "como" enfrentar esa situación. La tercera circunstancia, se da cuando los
significados se nos revelan al sentir nuestra individuación como seres únicos e irrepetibles, como
en las relaciones interpersonales y en la creación o acto creativo. Las dos últimas, y que considera
fundamentales, caen dentro del campo de las actitudes, son el asumir la responsabilidad de
nuestros actos y la trascendencia hacia los demás. En estas se rompe la característica de egoísmo y
de búsqueda directa de satisfacción, dándose la entrega hacia los otros. La responsabilidad
presupone una demanda de la vida en la cuál respondemos trascendiendo nuestro ego. En vez de
preguntarnos ¿quién soy? y ¿cuáles son mis metas?, estas preguntas se convierten en ¿quién
debiera yo ser? y ¿cuál es mi potencial? ¿como puedo no solo adaptarme a la realidad, sino
mejorarla?

Ser hombre, significa siempre decidir lo que se debe de hacer por si mismo y esto a su vez,
significa, asumir la responsabilidad, de lo que se es y de lo que se puede ser. Esto es expresado
bellamente por H. Miller (1963) como sigue:

"En Paris, alrededor del año 1934, yo morí. Quiero decir espiritualmente, tomé todo sobre mis
hombros. Decidí que yo era responsable. No culpaba a mis padres, a mi pasado, mi sociedad, mi
escuela, yo era el responsable. Que alivio ese día en París, cuando tuve la visión de como eran las
cosas. Realmente me vi a mí mismo por primera vez y dije no puedo culpar a nadie. De ahora en
adelante yo tomo la responsabilidad. En vez de ser una carga, me quité todo. No más culpas, no
más arrepentimientos, nadie a quién culpar nadie culpa a nadie. Tienes que aceptarte a ti mismo.
Ahí estas por lo que eres. No hay seres perfectos. Una vez que aceptas esa idea, te liberas de
mucho."

Tan pronto como cuestionamos que una actividad o nuestras vidas en general puedan o no tener un
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sentido, nos enfrentamos al cuestionamiento existencial que nos mantiene en nuestra condición
humana y confrontamos al posible vació que representa la percepción de la ausencia de este.

A veces concientemente y a veces no, la mayoría de las personas entramos en el dilema existencial
de cuestionar no solo los significados concretos de nuestras acciones, sino en un aspecto más
amplio, el significado de la existencia como tal.

Este cuestionamiento, es precisamente una característica esencialmente humana y dependiendo de


la clase de respuestas o inclusive de los caminos que elegimos para responderlas o buscar las
respuestas, dependerá en gran medida la forma de relacionarnos con el mundo, la calidad de vida y
de experiencias a las que nos veamos sometidos. Jung, por ejemplo escribió que la falta de sentido
de vida en las personas, era equivalente a la enfermedad y una etiología crucial en las neurosis.
Una neurosis nos dice, deberá de ser comprendida finalmente, como un alma sufriente que no ha
encontrado su significado. (Yalom 1980 Pág. 421).

Este punto de vista es compartido por Frankl, que equipara la falta de sentido de vida con una
neurosis existencial, así como por B. Wolman, quién define la neurosis existencial en
prácticamente los mismos términos, como "La incapacidad de encontrar significado a la vida, sin
esperanza, ... sin encontrar metas o directrices, esa sensación de que aunque los individuos puedan
perspirar en su trabajo, no tienen nada a lo que aspiren . (1975 Pág. 150). Frankl, hizo énfasis en
las diferencias en la calidad de vida, así como de la resistencia e inclusive la capacidad de sobre
vivencia en personas internadas en un campo de concentración, entre las que consideraban que
tenían algo por que vivir, contra las que pensaban que no tenían nada por que vivir. La "realidad",
en apariencia era la misma, pero algunas personas conservaban su calidad humana, mientras otros
la perdían. (1987 Pág. 36).

S. Maddi (1970), propone un modelo de la personalidad, en la que aparecen fundamentalmente dos


aspectos, el núcleo y las personalidades periféricas. El núcleo, sería en este modelo, la serie de
características que son inherentes al ser humano y que compartimos con todos los demás seres
humanos. Incluye no solo los aspectos biológicos y genéticos, sino esta tendencia continúa hacia su
desarrollo, que aunque pueda estar obstaculizada por las personalidades periféricas, siempre
persiste y aparece en cuanto se dan las condiciones adecuadas. En esto hay plena coincidencia con
C. Rogers, quién nos dice: "El organismo, tiene una tendencia y direccionalidad básica, la de
actualizar, mantener y desarrollar al organismo. (1951 Pág. 487).

Para Rogers, el desarrollo de la personalidad, esta basada en esta tendencia central que explica
todas las conductas humanas. Es una expresión positiva subyacente a todas las manifestaciones y
conductas del ser humano, incluyendo aquellas que parecen contradecir esta tendencia hacia su
desarrollo. Las expresiones negativas o neuróticas, son distorsiones de esta tendencia actualizante,
surgiendo de un estado de incongruencia. (1973 Pág. 221), y el reestablecimiento de la tendencia
actualizante consiste en proveer al individuo de las condiciones necesarias para invertir este
proceso. (1957).

Para Maddi, las personalidades periféricas y por tanto las incongruencias, son siempre aprendidas
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y pueden distorsionar en apariencia esta tendencia al desarrollo. La congruencia sería en este


modelo, el desarrollo ideal de las personalidades periféricas, en armonía con el núcleo del ser. (op.
cita Pág. 139).

Las necesidades que tienen que ver con el desarrollo de las personalidades periféricas, las divide en
biológicas, sociales y psicológicas. Aunque las primeras dos son fundamentales para la
supervivencia, las necesidades psicológicas proveen de los elementos relacionados con los
significados y en ellas nos adentraremos un poco más, haciendo a un lado las otras dos. Las
necesidades psicológicas, proporcionan los aspectos de gusto y sutileza en el ámbito biológico, y el
componente del amor y la intimidad en el aspecto social, estando por ende calificando siempre a
las dos primeras.

Las necesidades psicológicas, pueden agruparse por conveniencia en tres áreas; simbolización,
imaginación y juicio.

La simbolización es la acción de la mente mediante la cuál las experiencias específicas son


categorizadas en cosas o eventos. Es el equivalente a la representación de la realidad en categorías
metafóricas, incluyendo toda la representación verbal de la misma. (Freidberg 1989). La
imaginación, forma parte de este proceso en la secuenciación de las ideas que pueden parecerse a
la realidad, pero que no son parte de ella. A veces la imaginación es una preparación para la
actuación, aunque algunos individuos pueden llegar a pretender sustituir una por otra y en vez de
"vivir" la vida, la recrean en su imaginación evitando los riesgos que conlleva toda acción y
participación. La facultad mental del juicio, involucra una evaluación ya sea moral o preferencial.
Una de las funciones, es la de verificar o comparar la imaginación con las experiencia.

Dependiendo de la forma en que la persona aprenda a manejar estas tres actividades psicológicas y
de la ansiedad asociada con cualquiera de ellas, será la forma en que perciba los significados de su
experiencia. Los rangos abarcan desde una simbolización limitada, hasta una que al ser
acrecentada le permite a la persona una mayor cantidad de experiencias. En la misma forma,
influyen los juicios en relación a estas experiencias y a la imaginación asociada con ellos. Este
conjunto de variables, nos darán desde personalidades con poca capacidad de vivenciar y por tanto
llenas de miedos y limitaciones que eventualmente desembocan en estados de depresión y de
anomia, hasta personalidades con una capacidad perceptual sumamente desarrollada y que
encadenan su imaginación y juicio en armonía con las necesidades de su núcleo. Estas últimas
evidentemente, encuentran una gran riqueza de experiencias y por tanto de significados en ellas.

Los casos extremos presentados, forman parte de un continuo que va desde lo que llama Maddi
estados mórbidos o patológicos, hasta la persona plenamente desarrollada. La mayoría de las
personas, caen en un estado intermedio al que llama pre mórbido, en el que se presentan un cierto
grado de incongruencias y que dependiendo de las circunstancias o estímulos externos,
generadores de tensión o stress, las personas oscilan entre la salud y la enfermedad. La
personalidad totalmente congruente, no sería afectada por los factores externos y prácticamente
inmune a las enfermedades.

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Cada estado de la persona, puede ser definido por sus características conductuales, afectivas y
cognoscitivas. El estado de anomia que es el que nos interesa por el momento, esta caracterizado
por una aplanamiento afectivo muy diferente al de la depresión en cuanto a que parece haber
sobrepasado los aspectos de tristeza y coraje reprimidos de este último. Muestra solo una
mecanicidad tanto afectiva como conductual. Aunque en este estado pueden presentarse etapas de
depresión, es más representativa la apatía, la indiferencia y el aburrimiento. Pueden llevar una vida
en apariencia "normal", que es sentida solo como vacía y completamente carente de sentido.
Cognoscitivamente esta manifestación de vació se presenta como una inhabilidad crónica de creer
en la verdad, en la importancia, en la utilidad o valor de las actividades que se hacen o se pueden
imaginar.

Estas personas, viven la vida convencidas de que nada tiene sentido o significado, y no son dadas a
la duda, ya que esta como la depresión sería una manifestación de tendencia a la salud.

Es en este extremo donde la definición de Durkheim de anomia, describe con precisión a algunas
personas, que desafortunadamente en sus diversos grados es cada vez más prevaleciente en nuestra
cultura.

Algunas variaciones de estos extremos, que son detalladas por Frankl (1967), y por Maddi (1970),
nos ayudan a comprender y detectar esta situación en sus varios grados.

1.- Una actitud efímera hacia la vida. Viviendo provisionalmente, de día a día, sin tomar en cuenta
el presente ni el pasado. Este síndrome, esta claramente presentado por el Maestro Zen P. Kapleau
(1967 Pág. 10), en la diferencia entre el "beat" Zen, que pretende vivir el presente, en la forma
antes descrita, contra lo que él llama, el verdadero Zen, en el que el presente es la intersección
entre el pasado infinito con el futuro igualmente infinito. Estos son vivídos con la conciencia de
ello, lo cual a su vez, implica una responsabilidad de vivir plenamente como si fuera el último día
de la existencia, contrario al pensamiento de que no vale la pena vivirlo, porque quizás el mañana
no llegue.

2.- Una actitud fatalista ante la vida. La persona se considera un juguete manejado por las
circunstancias externas o inclusive internas, pero siempre fuera de su control. Maddi llama a estos
individuos, nihilistas, cuya única meta consiste en desacreditar los significados o las tendencias de
búsqueda de estos. El nihilista, encuentra un cierto placer en la destrucción. Todos los significados
son criticados para mostrar su potencial negativo, sin mostrar ninguna alternativa. El amor es
egoísmo, el altruismo es búsqueda de eliminación de culpas, etc. Esta postura, tiene bastantes
adeptos, e inclusive dio lugar a una corriente en el arte. A veces, llega a un extremo de evitar que
la persona caiga en la anomia, aunque frecuentemente se oscila entre estos dos estados,
dependiendo de factores externos.

3.- En el extremo opuesto, y con un sentimiento parecido, se encuentra el fanatismo y la afiliación


a las causas en una búsqueda de liberarse de la anomia. El contenido de las causas puede ser
variado, pero mientras más dramático y más en boga, mejor. Estas personas frecuentemente niegan
sus sentimientos, y justifican enérgicamente su afiliación a las causas y sin embargo pronto se
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desilusionan, y cambian con facilidad de una a otra. Como polaridad, es interesante notar que el
nihilismo, contra el que se enfrentan estas personas, puede convertirse en una causa y así pasar de
un extremo a otro con suma facilidad. Clínicamente estas personas se presentan como con
dificultad de encontrar su centro, pero son mucho más tratables que los nihilistas y que las
personas en franca anomia que usualmente no llegan a consulta.

4.- Un punto entre estos dos extremos y que se presenta como una defensa en contra de la anomia,
es el conformismo. Estas personas, desean ser lo más inconspicuas posibles, niegan su propia
personalidad. En apariencia, son personas dóciles y fácilmente tratables, pero cuando algo
confronta su fachada, se llega a un profundo resentimiento y sensación de desvaloración (o sobre
valoración enmascarada), y pueden caer en cualquiera de las categorías antes descritas, e inclusive
en la anomia por una "decepción" de la persona o causa a la que seguían.

A estos cuatro puntos, consideremos es importante agregar una variante común, en nuestra cultura
que es:

5.- El "tener" como meta o sentido de vida. E. Fromm (1976) expresó clara y ampliamente este
tema como la antítesis del ser, o sea, la distorsión de una búsqueda de significados hacia una
búsqueda de posesiones. En nuestra cultura, no es fácil escapar a esta tendencia que equipara las
posesiones con los significados, y que permea hasta lo más profundo de nuestro lenguaje y por lo
tanto de nuestro inconciente. Fromm, citando a Du Marais (Pág.17), nos hace notar que hemos
transpolado la posesión de elementos externos a aspectos del ser, y así hablamos de "tener"
pensamientos, dolores, sentimientos, etc., en vez de "serlos". El pensamiento oriental como indica
Fromm, valora aspectos muy diferentes, e inclusive el conocimiento se da más por una
transformación de la persona, que por la acumulación de conocimientos. (Freidberg 1989). En la
clínica, encontramos frecuentes casos de situaciones depresivas o de plena anomia, cuando la
persona que ha puesto su sentido de vida en el poseer, llega a darse cuenta de que ha escogido una
puerta falsa para la búsqueda de su felicidad.

Es importante, recalcar, y esto es central en nuestra tesis y de hecho es lo que fundamenta al


humanismo y a la posibilidad de cambio y desarrollo de las personas, que tanto la anomia como
sus variaciones: la depresión, el nihilismo, el fanatismo, conformismo y la búsqueda del tener, se
refieren a elementos de las personalidades periféricas o superficiales. El núcleo o esencia de la
persona siempre permanece intacto. Esto es cierto aunque a veces esta esencia parezca tan oculta o
"protegida" por estas personalidades periféricas que nos sea prácticamente imposible detectarla.

C. Rogers, (1957) presenta como hipótesis lo que el llama las condiciones necesarias y suficientes
para el cambio, que son corroboradas experimentalmente por Truax y Mitchel (1971). Estas son
ciertas características del terapeuta, que generan un clima de confianza, aceptaron y congruencia,
en el que el paciente puede entrar en un proceso de auto exploración y revaloración conducente al
cambio, siendo el paciente el que toma la iniciativa y dirección del tratamiento. Aunque Rogers
describe estas características en detalle, es evidente que la pura descripción no es suficiente para
que el aprendiz de terapeuta las repita, ya que van más allá de la descripción a convertirse en una
vivencia de tal manera confrontadora y que puede llegar a sacudir a este Ser esencial adormecido.
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Gendlin (1970), a su vez, y basado en estos principios, transforma las actitudes propuestas por
Rogers en una técnica de enfoque sumamente directiva, que lleva a contactar profundamente partes
de las personalidades reprimidas que impiden el acceso a este núcleo o esencia. La diferencia entre
ambos modelos, es enorme y sin embargo, ambos parten de una misma teoría logrando resultados
positivos. Por otra parte, Frankl (1967 Pág. 45), nos dice que estos contactos no son suficientes y
que la autorrealización como meta es una devaluación del propio ser y de su mundo, si no llevan a
la persona a un plano de trascendencia. Al mismo tiempo que A. Ellis (1990), nos dice que las
condiciones propuestas por Rogers, pueden no ser "Necesarias ni Suficientes", en el sentido de que
puede haber una multitud de otras experiencias que generen este contacto con las fuerzas de
desarrollo de la persona, incluyendo desde las lecturas hasta las conversiones religiosas.

Nuestra tarea como terapeutas, será entonces, el encontrar como entrar en contacto con esta esencia
o ser esencial que existe en toda persona por neurótica o enferma que se encuentre y permitir que
surja y se desarrolle a su máximo potencial, logrando a su vez que encuentre su camino de
trascendencia.

Es indudable que todas estas técnicas y filosofías psicológicas, tienen un cierto grado de éxitos, lo
cual nos plantea algunas paradojas, ya que unas se contradicen con otras y nos han llevado a
técnicas tan diversas como el psicoanálisis, el análisis de carácter, las terapias corporales, las
terapias cognoscitivas racionales, hasta el humanismo y las terapias existenciales incluyendo a la
logoterapia entre ellas.

Nuestra postulado en este trabajo, que no pretende ir más allá de inquietar al lector acerca de estos
temas, que han sido objeto de estudio, reflexión e investigaciones sumamente serias, es de que uno
de elementos fundamentales que entra en juego en cualquier modalidad terapéutica, es la calidad
de contacto que se establece entre los seres esenciales del terapeuta y el paciente.

Si la gama de posibilidades de entrar en contacto con las fuerzas de desarrollo de la persona, son
tan amplias, es evidente que la limitación a entrar en contacto con ellas será auto impuesta por
parte del terapeuta y dependerá de elementos de su propio desarrollo más que de las técnicas, es
decir del grado de contacto que el terapeuta tenga con su propio núcleo o esencia. Este tema fue
más ampliamente presentado por el autor en (1990).

Las culturas y tradiciones orientales, han hecho énfasis en esto, desde hace muchos años, con la
utilización de recursos como la contemplación y la meditación, así como los Koans o problemas
sin resolución racional y las historias o cuentos de enseñanza. Todos estos recursos tienden a llegar
directamente a esta esencia, traspasando las resistencias de nuestro hemisferio cerebral racional.
Cuando la persona trata de "comprender" estas técnicas, se queda en la superficie y pierde una gran
parte de su efecto. Por otra parte si se permite abandonarse a su efecto, estas operan a varios
niveles dependiendo del grado de desarrollo de la persona. Esto sin embargo, no es tan diferente de
la utilización de metáforas, Freidberg (1989), o simplemente del cuestionamiento de la verdadera
"intención" detrás de las técnicas, que penetra a un nivel que podemos llamar "más allá" de la
propia técnica.
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Incluso, una de las técnicas mas criticadas en la psicoterapia, como es el "consejo", en ocasiones
funciona, y consideramos que cuando funciona, es más por esta intención percibida por la persona
que por el efecto del propio consejo. (Lafarga 1982).

Además de estas técnicas de utilización directa con el paciente, es importante notar que lo que
Rogers llama el "clima" generado por las condiciones necesarias, puede ser complementado por la
utilización de elementos que incluyen la ambientación física del lugar (Fuller 1972, Kapleau
1967), la utilización de métodos tan poco ortodoxos como la "oración" descrita por Dossey (1989)
para ayuda en pacientes internados en una unidad de cuidados intensivos con resultados
sorprendentes y corroborados por investigaciones sumamente ortodoxas.
Es evidente, que aunque nuestra comunicación primaria con los pacientes sea del tipo verbal, al
mismo tiempo estamos comunicando a muchos más niveles que no solo transmiten la congruencia
o incongruencia de esta comunicación verbal como lo indica Watzlawick 1967), sino que además
transmitimos toda una serie de valores, incluyendo nuestro propio sentido de vida y de búsqueda.

Si aceptamos que esta "información" está siendo continuamente transmitida, nos daremos cuenta
que tan importante es nuestro propio desarrollo y contacto con este núcleo o ser esencial, no solo
durante la entrevista con el paciente, sino fuera de las sesiones. Si el efecto de la oración, es tan
potente como lo describe Dossey, y le quitamos los elementos esotéricos a esta oración, el pensar
acerca de nuestro pacientes o el hablar de ellos en supervisión o con colegas buscando alternativas
para ellos, podría tener un efecto semejante. Alguna variación de esto es observado frecuentemente
en familias observadas en cámara de Gessel, en las que los impactos son mucho más intensos que
en la consulta privada. Usualmente esto se atribuye a que el terapeuta al estar siendo observado,
esta más atento y alerta, aunque se podría plantear como hipótesis, la del efecto de las diversas
"mentes" operando con su intención de ayuda sobre la familia.

Estas cuestiones, obviamente quedan sin respuesta cierta, y hacen falta más investigaciones como
la de Dossey para poder plantearlas en forma aceptable para la comunidad científica. Sin embargo,
consideramos que el interés y reflexión por parte del terapeuta en ellas, tienen un efecto positivo y
de impulso al desarrollo en los pacientes, aunque solo sea por la "transmisión inconciente" que se
da de los temas de interés y actualización del terapeuta sobre los pacientes. Esto es ejemplificado,
cuando el terapeuta tiene un vivo interés por la interpretación o manejo de los sueños, encuentra
que los pacientes recuerdan, o cuando menos reportan con mucho mayor frecuencia los sueños que
cuando el terapeuta por su formación o interés, no hace énfasis en ellos (Freidberg 1975). M.
Erickson, observaba en forma semejante, que los pacientes hacían las tareas por mas bizarras que
parecieran, porque él "esperaba que las hicieran" (O'Hanlon 1991). En esta misma forma, cuando
el desarrollo del terapeuta y su contacto con los elementos de su núcleo o esencia forman parte de
su interés, estos temas, empiezan a aparecer en el discurso y pensamiento de los pacientes.

Para finalizar, citamos una cuento de la tradición Sufi, que nos deja reflexionando sobre estos
temas.

Los Sirvientes y la Casa.


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En una época, hubo un hombre sabio y bondadoso, que era dueño de una gran casa. Durante el
curso de su vida, a menudo debió de alejarse de ella por largos períodos. Cuando hacía esto, dejaba
la casa a cargo de sus sirvientes.
Una de las características de estas personas era la de ser muy olvidadizos. Olvidaban, de cuando en
cuando, la razón por la cual estaba en la casa; de modo que realizaban sus tareas en forma
mecánica. Otras veces, pensaban que deberían hacer las cosas de un modo diferente al prescrito en
las obligaciones que les habían asignado. Esto se debía a que habían olvidado sus funciones.
Una vez, cuando el amo se alejó por mucho tiempo, surgió una nueva generación de sirvientes,
quienes pensaron que estaban en una situación paradójica. Por ejemplo, a veces quisieron vender la
casa, pero no pudieron hallar compradores, porque no sabían como realizar la venta. En otras
oportunidades llegaron personas con intención de comprar la casa, pidiendo ver el título de
propiedad, pero como nada sabían de títulos, los sirvientes pensaron que eran locos, y de ninguna
manera compradores genuinos.
La paradoja también se manifestaba en el hecho de que llegaban suministros para la casa, continua
y "misteriosamente" y esto no se ajustaba ala suposición de que los ocupantes eran los responsables
de toda la casa.
Instrucciones sobre el funcionamiento de la casa habían sido dejadas en los aposentos del amo,
para refrescarles la memoria. Pero después de la primera generación, los aposentos habían llegado
a ser tan sacrosantos que a nadie se le permitió la entrada, considerándolos con el tiempo un
misterio impenetrable. Algunos, incluso, sostuvieron que no existía tal aposento, aunque podían
ver sus puertas. Sin embargo, otra era la explicación que daban a la existencia de esas puertas: una
parte de la decoración de las paredes.
Tal era la condición de los sirvientes, que ni tomaron posesión de la casa ni se mantuvieron fieles a
su cometido original. (Shah 1967 Pág. 227).

Anatolio Freidberg.

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