0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas3 páginas

Monologos La Mujer Puerca Parte 1

Blanche habla sobre su pasado y la muerte de su familia. Describe cómo su esposo se suicidó después de que ella descubriera que era homosexual. Esto la dejó en la ruina. Más tarde, su familia murió de enfermedades uno tras otro, dejándola sin dinero. Perdió su casa familiar, Belle Rêve, debido a los costos médicos. Culpa a Stella por no estar allí para ayudarla durante esos tiempos difíciles.

Cargado por

Se Ma Mel
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas3 páginas

Monologos La Mujer Puerca Parte 1

Blanche habla sobre su pasado y la muerte de su familia. Describe cómo su esposo se suicidó después de que ella descubriera que era homosexual. Esto la dejó en la ruina. Más tarde, su familia murió de enfermedades uno tras otro, dejándola sin dinero. Perdió su casa familiar, Belle Rêve, debido a los costos médicos. Culpa a Stella por no estar allí para ayudarla durante esos tiempos difíciles.

Cargado por

Se Ma Mel
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Monologo 1

BLANCHE: -Era un niño, nada más que un niño, cuando yo era una muchachita aún. A los

dieciséis años, descubrí... el amor: de golpe y en forma muy completa, demasiado completa.

Fue como si a una le mostraran bajo una luz cegadora algo que siempre había estado en la

penumbra; así descubrí el mundo. Pero fui desdichada. Me desilusioné. En aquel niño había

algo distinto, una nerviosidad, una suavidad, una ternura que no parecían las de un hombre,

aunque distaba de parecer afeminado... Y, con todo... aquello estaba allí. Acudió a mí en

busca de ayuda. Yo no lo sabía. ¡No supe nada hasta después de casarnos, cuando nos fugamos y
volvimos y sólo adiviné que yo no había logrado satisfacerlo en cierta forma

inimaginable y no podía darle la ayuda que él necesitaba, pero de la cual no podía hablar!

Temblaba aferrándose a mí... ¡Pero yo no lo sacaba, resbalaba y caía allí con él! Yo no lo

sabía. No sabía nada, salvo que lo amaba insoportablemente, pero sin poder ayudarle ni

ayudarme a mí misma. Luego, lo descubrí. En la peor de las formas imaginables. Entrando

repentinamente en una habitación, que creía vacía... y que no lo estaba, porque había allí dos

personas... el niño con quien me había casado y un hombre mayor que él, su amigo desde

hacía años... (Blanche se interrumpe, se levanta, va a primer término.) Más tarde, fingimos

que no se había descubierto nada. Sí, todos fuimos en automóvil al casino de Moon Lake,

muy ebrios y riendo sin cesar. ¡Bailamos «La Varsoviana»! (Se oyen unos compases de «La

Varsoviana», que luego se extinguen.) Repentinamente, en plena danza, el niño con quien me

había casado se zafó de mis brazos y salió corriendo del casino. Unos pocos instantes más...

¡y sonó un tiro! Salí a toda prisa, todos salimos... ¡y rodeamos aquella cosa horrible que

estaba al borde del lago! No pude acercarme, había demasiada gente. Entonces, alguien me

cogió el brazo. «¡No se acerque más! ¡No querrá verlo!» ¿Ver? ¿Ver qué? Entonces, oí voces

que decían: «¡Allan! ¡Allan! ¡El hijo de los Grey!». ¡Se había metido un revólver en la boca y

había disparado, volándose... la tapa de los sesos! (Desfallece, se cubre el rostro.) Fue porque,
en la pista de baile... no pudiendo contenerme, yo le había dicho de improviso: «¡Lo sé! ¡Lo

he visto! ¡Me das asco!». (Vuelve a oírse «La Varsoviana.») Y entonces, el reflector que

iluminaba el mundo se apagó y nunca hubo para mí desde aquel día una luz más intensa que

la de esta vela de cocina...

Monologo 2º

BLANCHE (enfrentándola): -¡Yo, yo, yo recibí los golpes sobre mi rostro y mi cuerpo! ¡Todas

esas muertes! ¡La larga procesión hasta el cementerio! ¡Papá! ¡Y mamá! ¡Y el terrible

espectáculo de Margaret! ¡Estaba tan hinchada que no pudieron acostarla en un féretro! ¡Hubo

que quemarla como si fuese basura! Tú apenas volviste a tiempo para los funerales. Y los

funerales son hermosos comparados con las muertes. Son silenciosos, pero las muertes no

siempre lo son. A veces su respiración es ronca, a veces tartajosa, a veces le gritan a uno: ¡No

me dejen ir! Hasta los viejos suelen decir: ¡No me dejen ir! ¡Como si uno pudiera detenerlos!

Los funerales son silenciosos, con flores hermosas. Y..., ¡oh, en qué suntuosas cajas se los

llevan! No habiendo estado junto a la cama cuando gritaban: ¡No me dejen ir!, no podrías

sospechar esa lucha por respirar y ese sangrar. Pero yo lo vi. ¡Yo lo vi, lo vi! ¡Y ahora me

dices con los ojos, descaradamente, que yo tuve la culpa de que se perdiera Belle Rêve!

(Stella va hacia el centro, Blanche la sigue, la aferra.) ¿Cómo diablos crees que pagamos por

toda esa enfermedad y esa muerte? (Blanche está junto al hombro de Stella.) ¡La muerte es

cara, señorita Stella! ¡E inmediatamente después de Margaret, murió la vieja prima Jessie!

¡Ay, el Ceñudo Segador había sentado sus reales sobre nuestra escalinata!... Stella ¡Belle

Rêve fue su cuartel general! ¡Por eso se me escurrió de entre los dedos, querida! ¿Cuál de

ellos nos dejó una fortuna? ¿Cuál de ellos nos dejó siquiera un centavo de seguro? Sólo la

pobre Jessie..., cien dólares para pagar su ataúd. ¡Eso fue todo, Stella! ¡Y yo, con mi triste

sueldo de la escuela! (Stella amaga un paso hacia la izquierda.) Sí, acúsame. ¡Sigue pensando
que yo dejé perderse Belle Rêve! ¡Que yo la dejé perder! ¿Dónde estabas tú? ¡En la cama con

tu polaco!

También podría gustarte