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Desire

Este documento describe un encuentro sexual entre los personajes Kishibe Rohan y Kujo Jotaro de la serie JoJo's Bizarre Adventure. Rohan recibe la visita inesperada de Jotaro y lo lleva a su habitación. Comparten caricias y besos íntimos, preparándose para tener relaciones sexuales. Es la primera vez que se besan en la boca durante sus encuentros. El documento contiene detalles explícitos de la actividad sexual entre los personajes.

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Este documento describe un encuentro sexual entre los personajes Kishibe Rohan y Kujo Jotaro de la serie JoJo's Bizarre Adventure. Rohan recibe la visita inesperada de Jotaro y lo lleva a su habitación. Comparten caricias y besos íntimos, preparándose para tener relaciones sexuales. Es la primera vez que se besan en la boca durante sus encuentros. El documento contiene detalles explícitos de la actividad sexual entre los personajes.

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Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]

Rating: Mature
Archive Warning: No Archive Warnings Apply
Category: M/M
Fandom: ジョジョの奇妙な冒険 | JoJo no Kimyou na Bouken | JoJo's Bizarre
Adventure
Relationship: Kishibe Rohan/Kujo Jotaro
Character: Kujo Jotaro, Kishibe Rohan
Additional Tags: Anal Sex, Anal Fingering, Gay Sex, Plot What Plot/Porn Without Plot,
Infidelity
Language: Español
Collections: Porno que obliga a Dios a cerrar los ojos
Stats: Published: 2020-06-25 Words: 2,355 Chapters: 1/1

Desire
by Valdemirt

Summary

No querían explicaciones, no las necesitaban. Todo fue producto del placer, el deseo y un
fortuito desliz.

Notes

See the end of the work for notes

Como todo hombre adinerado y renuente a dejar que otras personas se ocupasen de sus asuntos,
Rohan fue a lavar los platos apenas terminó de cenar. Tenía esa semana de descanso, por lo que no
había razón para salir disparado al estudio; disfrutaría del pueblo con una cámara en mano en
busca de material para futuras referencias, o eso pretendía, hasta que sonó el timbre. No tuvo más
remedio que suspirar con fastidio y quitarse los guantes antes de atender al inoportuno visitante.

Si se trataba de Josuke ni siquiera abriría; no obstante, al asomar un ojo por la mirilla de la puerta
encontró a Jotaro. Eso sí era extraño. ¿Traería un nuevo caso para resolver?

Desde hacía algunos años, tenían ese tipo de relación. Todo empezó cuando un usuario de Stand se
negó a escupir información pese a la tortura física y psicológica. ¿Qué mejor habilidad que la de
Heaven’s Door para resolver ese dilema y evitar perder más tiempo?

Abrió lo suficiente para dejar ver su cuerpo.

—Supe que tienes la semana libre —habló Jotaro a modo de saludo.

—Debería decir que me sorprende que estés al tanto, pero no es el caso —la Fundación
Speedwagon era un estuche de monerías en cuanto a obtener información personal se trataba.

Por el tono de su voz, Jotaro no podía discernir si el excéntrico mangaka se hallaba molesto o
intentaba ser sarcástico.

—¿De qué se trata esta vez? —preguntó, al tiempo en que se hacía a un lado para dejar que el otro
entrara a su hogar.

El viento y las nubes elevadas no daban pie para un diálogo a la intemperie, de no ser así, quizá no
se hubiese movido.

—Nada alarmante —respondió con el tono grave y neutral que le caracterizaba.

—Entonces… —al cerrar la puerta y antes de poder agregar algo más, sus palabras fueron
interrumpidas al advertir como unos poderosos brazos lo tomaban por la espalda, enrollándose en
su cintura y pegando su cuerpo al ajeno.

Jotaro depositó los labios sobre el pálido cuello que se encontraba a su alcance y ordenó a una
mano recorrer desde la parte baja del abdomen contrario hasta el centro del pecho, por debajo del
crop top; todo con una sugerente y lenta caricia.

Rohan cerró los ojos y echó el rostro hacia un costado con el propósito de darle más libertad. En
otras circunstancias, tener un dedo encima le bastaría para intentar apuñalar a la persona que
pertenecía; sin embargo, las razones que orillaron a ambos el mantener ese tipo de relación eran un
tanto peculiares.

—¿Debería sentirme halagado por saber que viajaste desde California sólo para esto? —cuestionó
con una latente mordacidad—. ¿O sólo estás de paso?

La respuesta de Jotaro fue una especie de gruñido sin incordio, acompañado de una mordida a la
parte superior de la oreja ajena.

Rohan suspiró.

—Vamos arriba.

Al no tener por dónde tomarlo, como una corbata, y con la certeza de que el otro le seguiría, se
dirigió hacia su habitación. Una vez allí, reparó en las intenciones de Jotaro por lanzarlo a la cama,
así que apresuró sus pasos a la puerta contigua.

—Debo prepararme —inquirió ante una mirada expectante—. No te esperaba.

Jotaro estuvo a punto de argumentar al respecto, aunque el mangaka fue más hábil con las palabras.

—Es cierto que no tienes que llamar ni avisarme acerca de los lugares que pisarás en la Tierra —
hizo una pausa y levantó el dedo índice para dar mayor énfasis a lo que diría a continuación—,
pero tenemos que dejar bien en claro que no soy tu puta, ni de nadie.

Acto seguido se encerró en el cuarto de baño. Jotaro abrió un poco los ojos en sorpresa. Era un
hecho que no le afectaba la lengua insolente y mordaz de su acompañante, sino las ocasiones
repentinas en las que lo escuchaba.

Justo como Rohan había dicho, ellos tampoco tenían ese tipo de relación. Mucho menos lo veía
como una herramienta sexual o laboral. La decisión de visitarlo era para aclarar ese asunto; no
obstante, pareciera que lo que empieza en una cama, se arregla en una cama.
Años atrás, después de resolver un caso controversial, salieron a celebrar con un par de tragos. El
ameno ambiente se transformó en una competencia de resistencia, la cual, en algún punto elevó su
temperatura. Esa noche libraron todo el estrés y la tensión acumulados durante varios días de una
forma más que efectiva. Al hallarse en una situación socialmente similar, el desliz de aquella noche
se tornó frugal y carente de alcohol. No se catalogaban como amantes, aunque su condición
excedía los límites establecidos para un simple compañero de trabajo.

Jotaro extrajo de su gabardina un paquete de condones y varios sobres de lubricante, los cuales
arrojó a la cama. Se retiró dicha prenda junto con el chaleco y los zapatos. Rohan hizo acto de
aparición vistiendo su fina bata Versace y se acercó con movimientos dignos de una pasarela para
sacarle los pantalones. No hubo objeción.

«Adiós a este extraño alien que devora tu cabeza» dijo para sus adentros antes de tomar la gorra y
lanzarla hacia donde se encontraba el resto de la ropa. Si no hacía eso, estaba seguro de que Jotaro
tendría sexo con esa cosa puesta.

Con las yemas de los dedos sostuvo el borde de la playera y la deslizó hacia arriba para que Jotaro
se despojase de ésta. Sus pupilas se dilataron mientras que sus ojos esmeraldas parecieron adquirir
nuevos matices al admirar semejante cuerpo.

Con la lujuria digna de un demonio dejó que el tacto se deleitara con los sólidos tríceps contrarios,
continuó hacia los hombros y soltó un suspiro complacido al delinear cada músculo de la espalda
de Jotaro. Recargó el rostro en el firme pecho que tenía delante; se deshizo de su bata y con un
sensual contoneo frotó su cuerpo contra el de la única persona que lo había tomado en la vida.

En un movimiento rápido, quizá un tanto brusco y desesperado, Jotaro atrapó a Rohan del torso y
lo arrojó a la cama, quedando encima y entre las piernas de éste.

—Ya te divertiste suficiente —susurró con voz ronca cerca de su oído, antes de comenzar a marcar
aquella piel con fieros besos y mordidas.

Era molesto que intentasen manosearlo. No obstante, Rohan sabía hacerlo muy bien. Sus caricias
eran sutiles, deseosas, ardientes; equivalente a decir a un escultor que puede hacer suyo El David
de Miguel Ángel.

—Aún no es tu turno —agregó Rohan, intentando resistirse.

Al momento de ver una pequeña sonrisa maliciosa dibujarse en las facciones opuestas, un
escalofrío de excitación y peligro hizo temblar las piernas de Rohan. Jotaro tomó un sobre de
lubricante con una mano, utilizó los dientes para abrirlo y vertió el contenido en la palma que tenía
libre. Al tener los dedos humedecidos, frotó un par entre las nalgas de Rohan con el propósito de
estimular el ano sin invadirlo aún. Era consciente de la cantidad de terminaciones nerviosas que
había en ese lugar y si deseaba ver a ese extravagante mangaka desfallecer de placer, debía jugar
bien sus cartas.

En el momento menos esperado se hundió dentro de sus paredes y descubrió que no estaban tan
apretadas como recordaba.

—Te divertiste allá adentro, por lo que veo.

—¿Y tú? —pese al violento sonrojo que no logró evitar ante el comentario, dirigió uno de sus pies
hacia la entrepierna de su compañero y dio un masaje con suavidad sobre la tela. No podía
permanecer sumiso y callado. Carecía de estilo y resultaba humillante.
Jotaro le tomó por el tobillo y estiró su pierna para morder sin saña la pantorrilla. En el momento
que su pene se endureciera por completo, no dudaría en follarse al otro aún si no estuviese
preparado del todo, por lo que debía detenerlo.

En cuanto introdujo un tercer dedo, notó cómo Rohan cerró un ojo. ¿Acaso fue muy repentino? Iba
a preguntar, mas un gesto de mano le hizo entender que todo estaba bien.

En lo personal, a Rohan no le disgustaba ser preparado, prefería hacerlo por sí mismo, aunque…
¡Mierda! Sabía lo que terminaría dentro de su cuerpo y Jotaro era el único capaz de brindar una
dilatación apropiada por gracias al grosor de sus dedos.

Apenas percibió que estaba listo, Jotaro retiró la mano y se deshizo de sus interiores. Destapó el
empaque un condón y lo deslizó por la extensión de su falo antes de esparcir otro sobre de
lubricante.

Rohan se colocó boca abajo en el proceso. Era como solían hacerlo, sin embargo, esa noche sería
diferente. Jotaro giró a su acompañante, invirtiendo su posición y separándole las piernas en el
acto. Antes de poder soltar cualquier réplica, los ojos de Rohan se abrieron al tener a Jotaro justo
encima, degustando sus labios y arrebatando su aliento.

Era la primera vez que se besaban, en la boca, cuando menos. A causa de una sensación febril y
electrizante, Rohan se dejó llevar; logró relajarse con el roce de una lengua sabor yerbabuena y
remanentes de cigarro.

El tenue chapoteo originado por la saliva y las ocasionales separaciones, hicieron que rodeara con
ambos brazos el cuello opuesto, inclusive enredó una mano en los cortos y oscuros cabellos que
cubrían su nuca.

Ahogó un gemido contra su boca apenas sintió la penetración. Jotaro intentó calmarlo al acariciar
sus muslos, deslizó una mano hacia la entrepierna ajena, buscando masajear su pene para hacer que
se rindiera al placer.

—Sabes que pasará pronto —agregó mientras marcaba la piel que cubría sus clavículas.

—¡Pudiste avisar! —mordió su labio inferior para desviar la incomodidad hacia otra parte.

Al tener una sola pareja sexual con quien mantenía pocas relaciones, un encuentro así era
semejante a experimentar su primera vez de nuevo; sin embargo, todo resultaba menos doloroso de
lo que parecía si lo comparaba con aquella ocasión.

—Esa… Maldita cosa…

Jotaro era una bestia enorme en cualquier aspecto, o esa era una de las descripciones que Rohan le
otorgaba; al menos era considerado al moverse despacio y con cuidado.

Un ronco gruñido, casi animal, escapó de la garganta de Jotaro. Podía percibir las contracciones
involuntarias que apretaban su verga, sumado a estar en un sitio caliente y estrecho, era la
combinación perfecta para mandar al carajo su autocontrol. Habían pasado meses desde la última
vez que se acostó con Rohan. Hablando de él, su pecho no hacía más que subir y bajar
descontrolado.

No obstante, al ser bastante normal en ellos, apenas Rohan se sintió capaz de recibir a Jotaro como
era debido, le indicó que podía follárselo como le apeteciera. Rudo, cubiertos en sudor y apenas
conscientes de ser personas; esa era la manera en la que ambos se entendían.
Jotaro lucía varonil en demasía, exudaba testosterona. Tenía pelo en pecho, brazos y piernas, sin
mencionar esa línea que empezaba bajo el ombligo y se prolongaba hacia el vello púbico. A Rohan
le parecía demasiado sexy, al menos en ese hombre. Él, por otra parte, disfrutaba no tener ni un
solo pelo fuera de lugar. Siempre depilado y manteniendo la tez tan blanca y tersa como le fuera
posible. Es decir, era magnífico, lo menos que podía hacer era permanecer como tal.

En su vida imaginó protagonizar una escena como la que acontecía. No creyó toparse con nadie
que cumpliera sus exigencias, o fue así hasta que conoció a Jotaro, quien los excedió. Fuerte,
apuesto, valiente, callado, inteligente. ¿Qué más podía pedir? Tal vez que no estuviera casado...

De un momento a otro no pudo más. Coger con Jotaro siempre lo empujaba más allá de sus límites.
Era el cielo cuando entraba y el infierno al salir casi por completo. Tanto así, que poco podía
pensar o siquiera responder a sus besos.

Jotaro supo el momento exacto en el que Rohan se dejó venir y era la primera vez que sus sentidos
se ahogaban en una sesión de sexo; lograba divisar una expresión soberbia y placentera a la vez,
uñas encajándose sobre la piel de sus omóplatos, una voz llamándolo por su nombre, una fina
colonia inundando sus fosas nasales, la viscosidad del semen salpicado bajo su abdomen; era
demasiado.

Rohan no era particularmente escandaloso, pero sí le brindaba unas reacciones magníficas. Le


hacía respirar fuego en el aire, sentir lava en las venas; estaba ebrio sin una sola gota de alcohol.

Las últimas embestidas contaban con una carga de éxtasis descomunal. Tuvo un orgasmo fiero, lo
cual hizo que apretara demasiado las manos que se hallaban bajo las propias. Un quejido agudo fue
lo que lo devolvió a la realidad. Aflojó su agarre y Rohan se lo sacó de encima con una patada sin
intención de lastimarlo.

—¡¿Qué te ocurre?! —comenzó a sobarse los dedos—. ¡Más cuidado! ¡Vivo de esto!

Aún jadeante, al igual que su compañero, se tumbó por un lado de la cama. Retiró el preservativo,
le hizo un nudo y Rohan se lo quitó para arrojarlo al cesto de basura.

—Nunca lo hacemos así —dijo una vez que se regularizó su respiración—. ¿Acaso estamos
celebrando algo?

Jotaro no sabía si contarlo o no, dado que no era motivo de fiesta. Al final se encogió de hombros.

—Me divorcié.

—Y eso fue… ¿Algo bueno? —nunca lo había escuchado quejarse o estar inconforme al respecto,
así que le extrañó.

—Fue lo mejor —de ese modo su familia no tendría que lidiar con su frecuente ausencia, aunque
estaría pendiente ante cualquier cosa que ocurriese.

Por el lado de Rohan, eso era todo lo que necesitaba escuchar. No hurgaría más en asuntos que no
eran de su incumbencia.

Jotaro invocó a Star Platinum para que le pasara su gabardina. Apenas Rohan divisó al bolsillo que
dirigía la mano, arrebató la prenda en el aire par arrojarla sobre la silla aledaña.

—No puedes fumar dentro de mi casa.

Jotaro suspiró con resignación. Esa sería una larga noche, o quizá no tanto, pues cayó rendido al
cabo de unos minutos y Rohan tuvo que volverlo un poco sonámbulo con Heaven’s Door para que
metiera su cuerpo bajo las sábanas. Era demasiado pesado como para moverlo sin ayuda.

End Notes

Bueno, esta es una de mis ships culposas. Quería escribir algo de ellos pero salió puro
porno, hahaha.

Ay, la verdad, aunque tengo facilidad para escribir a Rohan, al juntarlo con Jotaro como
que me sacaron de balance. Espero que esto haya quedado aceptable. ;v; De lo contrario soy
ojos y oídos a sus sugerencias. ¡Por favor! ¡Me ayudarían muchísimo!

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