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Invierno Mortal para los Lobos

Este cuento describe un invierno extremadamente frío en las montañas francesas que provocó grandes dificultades para los animales de la zona. Tres lobos decidieron emigrar hacia el suroeste en busca de comida, pero fueron perseguidos por los granjeros locales que habían puesto precio a sus cabezas. Dos de los lobos fueron asesinados, mientras que el tercero logró escapar gravemente herido hasta la cima de una montaña, donde finalmente murió solo bajo la luz de la luna roja.

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Invierno Mortal para los Lobos

Este cuento describe un invierno extremadamente frío en las montañas francesas que provocó grandes dificultades para los animales de la zona. Tres lobos decidieron emigrar hacia el suroeste en busca de comida, pero fueron perseguidos por los granjeros locales que habían puesto precio a sus cabezas. Dos de los lobos fueron asesinados, mientras que el tercero logró escapar gravemente herido hasta la cima de una montaña, donde finalmente murió solo bajo la luz de la luna roja.

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El lobo

Hermann Hesse

Nunca antes las montañas francesas habían sufrido un invierno tan frío y largo. Hacía semanas que el aire
se mantenía claro, áspero y helado. Durante el día, los grandes campos de nieve, color blanco mate, yacían
inclinados e interminables bajo el cielo estridentemente azul; de noche los atravesaba la luna, pequeña y
clara, una luna helada, furibunda, con un brillo amarillento cuya luz fuerte se volvía azul y sorda sobre
la nieve, y que parecía la escarcha en persona. Los seres humanos evitaban todos los caminos y, sobre
todo, las alturas; apáticos y maldiciendo, permanecían en las cabañas, cuyas ventanas rojas, de noche,
aparecían empañadas y turbias junto a la luz azul de la luna, y se apagaban pronto. Fue un tiempo difícil para
los animales de la zona. Los más pequeños murieron congelados en grandes cantidades; también los
pájaros sucumbieron a la helada, y sus cadáveres enjutos se convirtieron en botín de águilas y lobos. Pero
aun estos sufrían terriblemente de frío y de hambre. Solo unas pocas familias de lobos vivían allí, y la
necesidad las empujó hacia una unión más fuerte. Durante el día salían solos. Aquí y allá, uno de ellos
cruzaba la nieve, flaco, hambriento y vigilante, silencioso y temeroso como un fantasma. Su sombra
delgada se deslizaba a su lado sobre la superficie nevada. Levantaba el hocico puntiagudo en el viento y de
vez en cuando emitía un llanto seco, tortuoso. Pero de noche salían todos juntos y rodeaban los pueblos
con aullidos roncos. Allí estaban a buen resguardo el ganado y las aves, y detrás de los postigos se apoyaban
las escopetas.
En escasas ocasiones les tocaba una presa menor, por ejemplo un perro, y ya habían sido muertos dos
lobos de la manada.
La helada persistía. Muchas veces los lobos se echaban juntos, en silencio y pensativos, calentándose
uno contra el otro, y escuchaban acongojados el vacío mortal que los rodeaba, hasta que uno, martirizado
por los maltratos espantosos del hambre, pegaba de pronto un salto con un alarido terrorífico. Entonces
todos los demás dirigían sus hocicos hacia él, temblaban, y rompían al unísono en un aullido terrible,
amenazador y quejumbroso.
Por fin la parte más chica de la manada decidió partir. Abandonaron sus madrigueras al despuntar el
alba, se reunieron y olisquearon excitados y temerosos el aire helado. Luego partieron al trote, rápido y
con un ritmo parejo. Los que quedaban atrás los miraron con ojos muy abiertos y vidriosos, los siguieron
una docena de pasos, se detuvieron indecisos y desorientados, y regresaron lentamente a sus cuevas
vacías.
Los emigrantes se separaron al mediodía. Tres de ellos se dirigieron hacia el oeste, a los montes del Jura
suizo; los otros siguieron hacia el sur. Los tres primeros eran animales hermosos, fuertes, pero
terriblemente flacos. El estómago de color claro, combado hacia dentro, era delgado como una correa; en
el pecho se destacaban tristemente las costillas; las bocas estaban secas y los ojos abiertos y desesperados.
De tres en tres se internaron lejos en los montes; al segundo día cazaron un carnero, al tercero, un perro
y un potrillo, y fueron perseguidos en todas partes por los campesinos furiosos. En la zona, rica en pueblos
y ciudades, se diseminó el miedo y el temor ante los invasores desacostumbrados. La gente armó los
trineos del correo; nadie iba de un pueblo a otro sin su arma. En esa zona desconocida, tras tan buen botín,
los tres animales se sentían a la vez temerosos y a gusto; se volvieron más arriesgados de lo que jamás
habían sido en casa, y asaltaron el corral de una granja a plena luz del día. Mugidos de vacas, crujido de
listones de madera que se partían, sonido de cascos y una respiración caliente, jadeante, llenaron el
ambiente angosto y cálido. Pero esta vez interfirieron los humanos. Habían puesto un precio a la cabeza
de los lobos, lo que duplicó el coraje de los granjeros. Mataron a dos de ellos: a uno le perforó el cuello una
bala de escopeta, el otro fue muerto con un hacha. El tercero escapó y corrió hasta que se desplomó sobre
la nieve, casi muerto. Era el más joven y hermoso de los lobos, un animal orgulloso con formas armónicas
y una fuerza imponente. Durante un rato largo quedó echado, jadeando. Delante de sus ojos se
arremolinaban círculos rojos y sanguinolentos, y de vez en cuando emitía un quejido silbante, doloroso.
Un hachazo le había dado en el lomo. Pero se recuperó y pudo volver a levantarse. Solo entonces vio cuán
lejos había corrido. En ningún lado podían verse personas o casas. Delante de él se encontraba una
montaña imponente, nevada. Era el Chasseral. Decidió rodearlo. Atormentado por la sed, comió pequeños
pedazos de la corteza congelada y dura que cubría la nieve.
Más allá de la montaña se topó de inmediato con un pueblo. Estaba anocheciendo. Esperó en un tupido
bosque de pinos. Luego rodeó con cuidado los cercos de los jardines, persiguiendo el olor de los establos
tibios. No había nadie en la calle. Arisco y anhelante, espió por entre las casas. Entonces sonó un disparo.
Levantó la cabeza hacia lo alto y se dispuso a correr, cuando ya estalló el segundo tiro. Le habían dado. El
costado de su abdomen blancuzco estaba manchado de sangre, que caía a goterones. A pesar de todo, logró
escapar con unos grandes saltos y alcanzar el bosque más alejado de la montaña. Allí esperó un instante,
atento, y oyó voces y pasos provenientes de varios lados. Temeroso, miró hacia la montaña. Era escarpada,
boscosa y difícil de trepar. Pero no tenía opción. Con respiración agitada escaló la pared empinada
mientras que abajo, a lo largo de la montaña, avanzaba una confusión de insultos, órdenes y luces de
linternas. El lobo herido trepó temblando a través del bosque de pinos, casi a oscuras, mientras la sangre
marrón corría despacio por su costado.
El frío había cedido. Al oeste, el cielo estabas brumoso y parecía prometer nieve.
Por fin el animal, agotado, alcanzó la cima. Ahora se encontraba sobre un gran campo de nieve,
levemente inclinado, cerca de Mont Crosin, muy por encima del pueblo del que había escapado. No sentía
hambre, pero sí un dolor turbio y punzante en las heridas. Un ladrido seco y enfermo nació de su hocico
entregado; su corazón latía pesado y dolorido, y el lobo sentía que la mano de la muerte lo presionaba
como una carga indescriptiblemente pesada. Un pino aislado, de ramas anchas, lo atrajo; allí se sentó y
clavó sus ojos perdidos en la noche gris de nieve. Pasó media hora. Una luz roja y apagada cayó sobre la
nieve, extraña y blanda. El lobo se levantó con un quejido y dirigió su cabeza hermosa hacia la luz. Era la
luna, que se levantaba por el sudoeste, gigantesca y color rojo sangre, y subía lentamente por el cielo
cubierto. Hacía muchas semanas que no se la había visto tan roja y grande. El ojo del animal moribundo se
aferraba con tristeza al astro opaco, y en la noche volvió a oírse un estertor débil, doloroso y ronco.
Un poco más tarde surgieron luces y pasos. Campesinos con abrigos gruesos, cazadores y muchachos
jóvenes con gorros de piel y botas toscas avanzaban por la nieve. Se oyeron gritos de alegría. Habían
descubierto al lobo moribundo, le dispararon dos tiros y ambos fallaron. Entonces vieron que el animal ya
estaba a punto de fallecer y se le echaron encima con palos y garrotes. Él ya no los sintió.
Lo arrastraron hacia abajo, a Sankt Immer, con los miembros quebrados. Reían, alardeaban, se
alegraban por el aguardiente y el café que bebían, cantaban, maldecían. Ninguno vio la belleza del bosque
nevado, ni el brillo de la alta meseta, ni la luna roja que colgaba sobre el Chasseral y cuya luz débil se
reflejaba en los cañones de las escopetas, en los cristales de nieve y en los ojos quebrados del lobo muerto.

ACTIVIDADES DE COMPRENSIÓN LECTORA:

1. ¿Por qué es importante la descripción del ambiente en este cuento? Explica tu respuesta.
2. ¿Por qué fue un tiempo difícil para los animales de la zona?
3. ¿Quiénes eran los enemigos de los lobos? ¿Por qué?
4. ¿Qué hicieron los tres lobos al volverse más arriesgados?
5. ¿Por qué habían puesto precio a las cabezas de los lobos? Al saber esto, ¿cuál fue la reacción de los
granjeros?
6. Qué sentimiento experimentas al leer este fragmento: "No sentía hambre, pero sí un dolor turbio y
punzante en las heridas. Un ladrido seco y enfermo nació de su hocico entregado; su corazón latía pesado
y dolorido, y el lobo sentía que la mano de la muerte lo presionaba como una carga indescriptiblemente
pesada". Explica tu respuesta.
7. Qué infieres de este fragmento que es la parte final del cuento: "Ninguno vio la belleza del bosque nevado,
ni el brillo de la alta meseta, ni la luna roja que colgaba sobre el Chasseral y cuya luz débil se reflejaba en los
cañones de las escopetas, en los cristales de nieve y en los ojos quebrados del lobo muerto". Justifica tu
respuesta.
8. Después de leer este cuento, ¿con qué palabra o frase lo relacionas? ¿Por qué? Argumenta tu respuesta.
9. Enjuicia: Los lobos de este cuento, ¿son animales malvados? ¿Por qué? Justifica tu respuesta.
10. ¿Cuál crees que haya sido la intención del autor al escribir este cuento? Explica tu respuesta.
11. ¿En qué se parecen y diferencian los lobos de los humanos en este cuento? Justifica tu respuesta.

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