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Alfaqui Vademecum

Este documento presenta un diálogo entre un discípulo y un maestro sobre la doctrina del espiritismo. En la primera oración, el maestro explica que Eloí es el nombre universal que representa la suma omnipotencia, sabiduría y amor del creador del universo. En la segunda oración, el maestro señala que Dios fue el primer nombre dado a los hombres en mundos de expiación, pero que Eloí es el nombre más completo. En la tercera oración, el maestro concluye que el nombre de Dios ya no

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Alfaqui Vademecum

Este documento presenta un diálogo entre un discípulo y un maestro sobre la doctrina del espiritismo. En la primera oración, el maestro explica que Eloí es el nombre universal que representa la suma omnipotencia, sabiduría y amor del creador del universo. En la segunda oración, el maestro señala que Dios fue el primer nombre dado a los hombres en mundos de expiación, pero que Eloí es el nombre más completo. En la tercera oración, el maestro concluye que el nombre de Dios ya no

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JOAQUIN TRINCADO

ALFAQUI VADEMECUM
“EL MAESTRO VA CONMIGO”

PRONTUARIO

Del Credo Espiritismo, Eterna


Verdad de Eloí. Diálogo entre
Discípulo y Maestro, sobre el
“Conócete a tí Mismo” y el
“Código de Amor Universal”
base los dos, de toda la obra
de la “Escuela Magnético-Espiritual
de la Comuna Universal”.

Este pomo de esencias, jamás se agotará.

Respondiendo al Amor, por pedido Universal de los que nos siguen, me


esforzé en encerrar toda la verdad de la vida, en este Compendio. Buenos
Aires, Junio de 1924. Joaquín Trincado.

Primera Edición Buenos Aires, Junio de 1924

PROCLAMA

El Universo Solidarizado. El mundo todo comunizado. La Ley es una: La


sustancia una. Uno es el principio: Uno es el fin. Todo es Magnetismo
Universal.

EMBLEMA Siempre más allá.

Programa perpetuo de estudios: LA VIDA Eterna y continuada.

AXIOMA En él estaba la Vida y la Vida es la luz de los hombres.


MANDATOS “Conócete a tí mismo” “Ama a tu hermano”
1
PREFACIO

Estudiando el hombre o leyendo las doctrinas en su explicación, retiene en


su archivo la esencia del estudio o lectura.

Pero obligarle al niño o al hombre a aprender de memoria, todos los


volúmenes que la sabiduría necesita escribir para explicarse a las
inteligencias, es un trabajo sin provecho y perjudicial, por lo costoso y
pesado.

Mas es de necesidad que el hombre lo sepa todo y lo sabe, por la doctrina;


pero no puede retener las palabras, ni conviene; porque el hombre debe
tener su modo propio de explicarse, dentro de las leyes que estudia, pues
así precisamente, se enriquecen los idiomas y se activa el pensamiento, y
al fin, la exégesis, será la misma.

No es pues conveniente atar tan corto al niño ni al hombre obligándolo a


repetir las palabras mismas de un estudio; lo que sí es necesario que el
concepto sea el que en verdad y justicia corresponde a la doctrina, a la
ciencia que se estudia y para eso, de la doctrina se hace un compendio en
el que en unas líneas se resume la doctrina de un capítulo, como en las
ciencias se resumen todas ellas por una ley, unas letras o unos números
que cuando sabemos su significado, por esos números o letras
convencionales, desarrollamos toda la teoría de la ley o la ciencia.

Los maestros mismos, teniendo delante un texto que explican a los


discípulos, no lo hacen todos con las mismas palabras; pero sí lo hacen con
el mismo resultado, porque en tocando los fundamentos de la ley, todos
se sujetan al mismo principio y las palabras habrán sido diferentes con el
mismo significado. El obligar al discípulo a que por rigurosa obligación,
aprenda de memoria, letra a letra, toda una obra, es como si vosotros al
recoger el trigo en el campo, cargáis con los haces enteros; en tanto que
otros, tienen sobre el terreno una máquina trilladora y extraen el grano en
poco bulto y están mucho más descansados; todos habéis hecho el mismo
trabajo para segar, por lo que ya sólo os interesa el grano; pues la paja, no
os pagará en su valor, el trabajo demasiado que os costó.

2
Preparar bien sí las inteligencias de los niños con la amplia explicación del
texto y la lectura como instrucción y darles compendiado todo el estudio;
la ley, los números, la esencia de la doctrina, que es el grano. Esto, les es
fácil aprenderlo con descanso.

El compendio es provechoso, por la facilidad de retenerlo en la memoria,


como sentencias de toda la sabiduría que tenemos en nuestro archivo y es
un índice del mayor valor; porque tan pronto recordamos una sentencia,
tras ella aparece, como ligada que le está, toda la filosofía o la ciencia que
compendia; y una vez que el hombre ha estudiado o leído con atención
una obra, en los epígrafes de cada capítulo, recuerda todo el contenido y
sabiduría que encierra.

¿A qué pues, sacrificar salud y hacer esfuerzos muchas veces inútiles en


los niños y los hombres, en hacerles aprender libros enteros que son
agradabilísimos a la lectura y la conferencia, pero desagradables y cansos
hasta el hastío, cuando hay obligación mal entendida de aprenderlos de
memoria?

Debo advertir aquí, lo que dije sobre esta facultad de “la memoria” en el
“Conócete a tí mismo” y es que la mucha memoria es a causa de que hay
vacíos en el alma y caben todos esos tratados largos; es señal cierta de
que aquello, el individuo que lo puede grabar en su memoria, nunca lo
supo; a éste, no necesitáis obligarlo; él se ve inclinado a aprenderlo y lo
aprende con facilidad y sin cansancio a la simple lectura y lo recitará al pie
de la letra; pero hará como el loro, repetir lo que se le ha enseñado; mas
no agregará nada nuevo, nada suyo en aquella existencia; pero en otra, ya
aquello, no cabe en su memoria, porque ya está en su conciencia; y no
dirá las mismas palabras del libro, pero dirá la esencia y dará sus
conceptos, porque ya está arraigado en él y habrá sacado consecuencias
en estado libre de espíritu; entonces lo sabe: cuando lo aprendió de
memoria, no lo sabía: estaba vacío de esos conocimientos; por eso los
pudo aprender.

Pero entretanto que ese de buena memoria os puede hacer un discurso


galano, encontraréis cien que no pueden aprender de memoria las letras,

3
pero recogen la esencia y dan seguras soluciones y en un párrafo
contundente dirá más que el hombre de memoria en muchos capítulos y
aun en un proverbio encerrará toda una ciencia, como está encerrada en
unos números, o en unas letras, cuyo significado sabemos.

Sirva esta advertencia para su norma a todos los maestros encargados de


la instrucción de las juventudes de la comuna y acostúmbrense a encerrar
en una máxima, cada materia de estudio que ellos deben explicar al niño y
al hombre, y que aprovechen en la lectura y ejercicios prácticos, así en las
ciencias, como en los oficios, cuyas bases las tenéis en el “Código” que
debéis cumplir, más los reglamentos que los consejos darán, propuestos
por los maestros encargados de la enseñanza; pues mi consejo es este:
adquirir más práctica que teoría y preferir lo útil a lo agradable.

Paso a prontuar los principales axiomas de la nueva doctrina; pero sabed,


que todo lo que hasta hoy existió de doctrinas, leyes y mandamientos,
hasta la misma ley de Moisés, quedan derogadas, porque acabaron su
cometido en el día del juicio; desde hoy, no hay más dioses; sólo hay Eloí;
no hay más naciones, ni razas, ni clases, ni divisiones; sólo hay hermanos y
comuna: y no hay más universo pequeño, circuído a este pequeño mundo,
es el universo infinito; y no hay más religiones, cismas, ni creencias, ni
credos, que el espiritismo universal solidarizado, que es luz, potencia,
sabiduría y amor en la sola unidad santa y divina Eloí: al que llegamos por
su ministro espíritu maestro, que para la tierra, en el séptimo día es El
Espíritu de Verdad, al que en todo y para toda obra llamaréis, para llamar
a Eloí .

Una sola advertencia más os haré, y es que el nombre de espiritismo, no lo


pronunciéis con ligereza, ni por cualquier cosa, sino con el respeto que
merece todo el universo infinito, que en ese omnipotente nombre se
representa; pero al pronunciar ¡Eloí!... jamás lo hagáis sin llevar vuestra
mirada y pensamiento arriba y con la fruición del amor en el corazón y
dulzura en las palabras y sea sólo para llamar y pedir y dar gracias a
nuestro progenitor.

El Maestro Juez.

4
PARTE I

CAPÍTULO I

ELOÍ

1. DISCIPULO.-¿Quién es Eloí?

MAESTRO.- Eloí es el axioma universal nombre en el que, todo el universo


evoca la suma omnipotencia, la suma sabiduría y el sumo amor; es el
creador universal del cosmos, cuyo pensamiento eterno es la creación que
vibra en el éter que todo lo envuelve, como alma eterna; es el progenitor
de los espíritus, que son su voluntad para la acción de la vida
demostrativa, eterna y continuada. El es la ley única de amor, de la que
nacen todas las demás leyes que el espíritu ejecuta fatalmente, sin que
nada ni nadie pueda esquivarlas, y todo reconoce a él, como único santo,
único sabio y único divino y como el autor único del universo.

2. D.- ¿Dios no significa lo mismo?

M.- Dios no es nombre que cuadra universalmente al incomprendido


infinito, en todos sus atributos, sumos y únicos. Dios, es el primer nombre
que se les da a los hombres en los mundos de expiación; y es sólo el
primer escalón para llegar al nombre de Eloí, pasando por los grados de
sabiduría necesaria a su conocimiento; y los hombres, durante los 6 días
de trabajo y equívocos, no pueden concebir la grandeza de Eloí; por lo
que, primeramente, se le da el nombre de Dios; más tarde se le dió el de
Jehová, porque los hombres hicieron muchos dioses y con el de Jehová se
anulaban; luego según avanzaba el conocimiento y la razón, se le dió el
nombre de Padre, porque ya significa veneración, respeto y amor; y al
llegar el juicio y firmar la solidaridad con el universo, éste descubrió y nos
dió el nombre universal de Eloí.

3 D.- ¿Según esto no es propio el nombre de Dios para Eloí y no


representa la suma santidad?

5
M.- Así es efectivamente; y porque Dios, Jehová y otros nombres, no
encuadran plenamente al creador, se derogaron todas las leyes, doctrinas
y credos, que eran sólo pequeñas partes de la verdad eterna y se da hoy
sólo el nombre de Eloí, con sólo la bandera comunal y el común credo
espiritismo; bandera y credo únicos en todo el universo infinito, con cuyo
nombre de Eloí, le reconoce todo ser que vive en la ley de su padre; y este
nombre de Eloí, sólo lo pueden ostentar y pronunciar los mundos que ya
sufrieron la justicia y sus hombres y espíritus fueron justificados y
reconocidos por mayores de edad.

4 D.- ¿Eloí es el legislador y renueva las leyes según el progreso de los


mundos o de los hombres?

M.- Eloí, no es el legislador; él es la ley; no puede renovarla, ni para un


hombre, ni para un mundo; es siempre la misma ley de amor inmutable y
no se puede comprender, ni considerar el amor, como ley, fuera del amor,
porque el amor y Eloí, es indivisible; por lo que, no es legislador, ni
eternamente renovó su ley.

5 D.- ¿Pues cómo me ha dicho el maestro que hoy se renueva la ley en el


mundo?

M.- También he dicho, que se le dieron al hombre varios nombres, cada


vez en ascensión; lo que indica que quien se renueva es el hombre,
progresando cada vez más; pero cuando se llega, como ahora, a la
mayoría, se les da ya la verdad desnuda, en la que estudiando
eternamente, concebirán mejor cada vez, pero comprenderla, saberla,
jamás; eso es sólo atributo de Eloí.

6 D.- ¿Y cómo siendo omnipotente y omnímodo no puede renovar la ley?


¿No es esto no ser omnipotente?

M.- Esta es precisamente la suma sabiduría; existir en la eternidad, sin


principio ni fin; sin variar su plan y por consiguiente su ley, sujetándolo
todo a su designio de la eterna creación; renovándose el infinito en todo
momento, siempre en ascensión hacia la perfección eternamente ideal,
siempre con la misma ley, desde el mundo embrionario hasta el centro

6
vibratorio; y si variara su ley para cualquier acto, entonces, ni sería el
sumo sabio, ni el sumo poderoso, porque demostraría equivocación y
ésta, sólo es de los hombres; por lo que decimos, que renovamos la ley,
para la buena comprensión de la mente humana; pero el espíritu sabe,
que lo que se renueva, no es la ley, sino el hombre, que progresa.

7 D.- ¿De modo que la omnipotencia omnímoda de Eloí, se basa en la


eterna invariabilidad?

M.- Así es; y hasta el espíritu su hijo es invariable, aunque progresando,


parece variar; pero lo que hace es progresar; lo que no es variar.

8 D.- ¿Cuál es el modo de concebir la mayor grandeza de Eloí?

M.- El modo de conocer la mayor grandeza de nuestro progenitor es


“conocerse a sí mismo”, y de este conocimiento, sumar la grandeza de
todos los seres y cosas del universo y entonces se percibe (lo que cada uno
es capaz de comprender) a Eloí, sabiendo que, entre toda la creación
eterna e infinita, no alcanza a su grandeza, omnipotencia, sabiduría y
amor, que es su atributo.

9 D.- ¿Eloí castiga y perdona a sus hijos?

M.- Eloí, no castiga ni perdona a ninguno de sus hijos; primero, porque no


podemos ofenderlo; pues pensar que lo ofendemos, es rebajarlo a nuestra
condición (cosa imposible); y el castigo impondría mengua a la entera
libertad que nos dió y sería negar su atributo de amor, con el que domina
el universo: segundo, porque estableció sus leyes, que han de cumplirse
en libertad y voluntad y se cumplen fatalmente; y tercero, porque
perdonar, no es justicia y está mandado pagarse mutuamente las deudas,
“hasta el último cornado” y esto es amor, entre los hombres, únicos que
son capaces de ofender y recibir ofensa.

10 D.- ¿Y entonces, por qué el sufrimiento de los hombres y quién lo da?

M.- Tenemos la conciencia, por único juez; y esta sufre o goza por el bien
o el mal que hacemos; y cuando ésta despierta a la luz de Eloí, ve
claramente el daño causado a un semejante y sabe, que en aquel estado,

7
se encuentra fuera de la ley única de amor y se avergüenza de llamar a su
padre, que le mandó únicamente amar: de aquí los sufrimientos, hasta
que paga las deudas, en buena ley, a quién dañó y entonces adquiere el
perdón de su misma conciencia, y se pone en armonía con su ofendido;
entonces goza y puede llamar a Eloí su padre, por lo demás, no hay gracia
de perdón entre el creador y su criatura, ni premio, ni castigo, más que los
que nosotros mismos nos proporcionamos.

11 D.- Pero, ¿cómo comprendemos entonces las postrimerías de muerte,


juicio, infierno y gloria, que hasta hoy nos han horripilado?

M.- Ya he dicho, que en el juicio de mayoría, se renuevan todas las leyes,


doctrinas y credos; pero añado aquí, que esas cuatro postrimerías, son sin
fundamento y fuera de la ley de amor, e hijas solamente de las religiones
que pasaron; mas la muerte no existe, ni para la materia, el juicio, sólo hay
uno; el de mayoría, en cada mundo; porque, el de cada uno, se lo hace él
mismo en su conciencia; el infierno y la gloria, es el sufrimiento o goce de
la conciencia, que será igual al bien o al mal que uno ocasione a sus
hermanos.

12 D.- Sin embargo, han sido desalojados y expulsados, muchos de los que
en la tierra estaban. ¿Esto no es un castigo de Eloí?...

M.- No sólo no es un castigo, sino el extremo de la ley de amor; porque


son llevados a los mundos de su afinidad, con sus iguales, según su
voluntad, porque se avergüenzan de su desnudez y niebla, entre los que
se han vestido de virtud y luz de sabiduría, por el amor, teniendo los
mismos medios y ley; y si sufrieron vergüenza en el juicio, no era la culpa
de la ley, que no sólo no quiere ni puede castigarlos; sino que hace como
el buen padre, que aconseja al hijo díscolo y rebelde, que reune a toda la
familia para hablarles a todos de su amor y que oigan sus enseñanzas y les
pone delante, los beneficios y los perjuicios que obtendrán obrando de
uno o de otro modo y lo hace para que aun los que se marchen del hogar
en voluntad, sepan toda la verdad de la ley; y... que volverán, quieran o
no, a la casa paterna; no importa el tiempo que tarden; tienen libertad
para hacerlo cuando quieran; pero la ley, es inexorable; y sin ser culpa de

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la ley, el rebelde, en espíritu o cuando hombre, sufrirá los remordimientos
o las satisfacciones de su conciencia y siempre la ley es la misma; pero por
el estado de la conciencia, unos sufren, en tanto que otros gozan.

13 D.- ¿De modo que Eloí nada impone al hombre?

M.- Sí, un solo mandato, en el que resume toda su ley y en el que se


refunden todas las leyes habidas y que haber puedan en todo el universo,
cuyo mandato es: “ama a tu hermano”.

14 D.- ¿Y qué adoración debemos, dónde y en qué forma a Eloí?

M.- La adoración a Eloí, nada a él lo engrandece; es a nosotros que nos


engrandece, porque, por ella llegamos hasta él y nos podemos contar
como sus hijos cumplidores en su ley, por la que lo concebimos mejor para
rendirle justo homenaje y reconocimiento; pero la adoración, no puede
ser (y así es pedido por la ley) más que en la verdad del espíritu; sin
fórmulas, ni rituales y con la misma confianza que al padre le contamos
nuestras cuitas, nuestros adelantos, nuestros amores y todos nuestros
secretos; sólo que, aún es más fácil conversar con Eloí, que con nuestros
padres en el hogar, porque éstos necesitan palabras y Eloí sólo necesita el
pensamiento; este es el modo y forma; que en cuanto a donde; en la luz, a
la vista del universo; con este ritual; sea nuestro templo el universo, para
adorar a Eloí en el altar de nuestros corazones y tener por único sacerdote
nuestra conciencia y por imagen de Eloí el amor puro y desinteresado.

15 D.- Por fin, maestro ¿Cómo y dónde concebiré a Eloí?

M.- Discípulo amado: “conócete a tí mismo” y así concebirás a Eloí. En ese


conocimiento lo verás... Sí, lo verás sentado en tu conciencia, en tu
hermano, en las plantas y en todo el universo; y cuanto más te conozcas a
tí mismo, más grande verás a Eloí, porque en Eloí, ni tú su hijo tienes
límite en la eternidad, que siempre es vida.

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CAPÍTULO II

LA VIDA

16 D.- ¿Qué es la vida?

M.- La vida es Eloí, como causa; el Espíritu como ejecutor y voluntad de la


acción de la vida, que es el Eter impalpable, su esencia, porque es la
vibración constante del pensamiento de Eloí que todo lo llena, sin dejar
lugar al vacío, que no existe; y por lo tanto tampoco existe la nada.

17 D.- Pero si consideramos el espacio y en él no vemos nada, ¿no parece


que existe en él la nada?

M.- Justamente, ahí que los ojos humanos no ven cosa palpable, es el gran
taller del espíritu, donde modela los cuerpos y las formas para la
demostración de la vida; y es que el espíritu, en él vive en su verdadero
estado de vida ejecutiva y vé los materiales que en ese éter, eterno
pensamiento de Eloí, para la formación de los cuerpos están depositados;
y de ese éter, el espíritu, hace los mundos y los cuerpos de los hombres
para demostrar la vida y por lo tanto, eso que los ojos del cuerpo ven
vacío, está completamente lleno de la vida universal, que el espíritu sólo
puede demostrar.

18 D.- ¿Pero la vida no la recibimos los hombres y las cosas de Eloí?

M.- Justamente, por sólo Eloí todo tiene vida y vida eterna; pero si esa
vida sólo fuera en estado etéreo ¿de qué aprovecharía? Y por añadidura,
no existirías tú para sostener este precioso diálogo, en el deseo que tienes
como hombre, de comprender la vida; y por esto Eloí exige del espíritu,
que demuestre la vida en cuerpos y formas, eternamente renovadas; y así,

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el espíritu, que es la voluntad de Eloí, convierte el éter, pensamiento de
Eloí, en formas tangibles, hasta su cuerpo, en el que se encierra para crear
eternamente formas y mundos, cada vez más bellos y en ellos, como
espíritu y como hombre, goza de su acción de ser voluntad tangible del
gran Eloí, para lo cual, se completan éter y espíritu, que son pensamiento
y voluntad de Eloí: resultando así el ser de las cosas por la acción del
espíritu, nacidas del deseo de ser que es su pensamiento. Ese
pensamiento de Eloí, es el éter del que todo procede y en el todo se funde
para renovarse eternamente, demostrando cada vez más vida, cuantas
más formas y más bellas ejecuta la voluntad espíritu por el que está
demostrada la vida, en las ideas primero; y luego en los mundos con los
tres reinos y por todos en el hombre, corona de la creación y la vida
demostrada. Por esto sentó Shet, refiriéndose al espíritu: “En él estaba la
vida, y la vida es la Luz de los hombres”.

19 D.- ¿Dónde radica la vida?

M.- Para el universo todo o sea la vida universal sin formas, en Eloí, desde
cuyo centro vibra eternamente; para la vida demostrativa de las formas,
en el espíritu, porque él es el único creador de las formas: y el espíritu dá
la vida demostrativa a los mundos y al hombre: por lo que, decir que la
vida radica en la sangre, en el corazón u otro centro, no dice nada para la
sabiduría porque, las sensaciones, las sentís en todo el cuerpo hasta en el
cabello. Pero en realidad y verdad eterna, la vida radica en Eloí sólo,
porque es el único creador. Todo lo demás, hasta el espíritu es criatura,
aunque sea su hijo consubstancial.

20 D.- ¿La vida es eterna y continuada?

M.- Sólo siendo así, puede ser deseable la vida y explicable el sacrificio que
se impone el espíritu al encarnarse en un alma embrionaria y en cuerpos
imperfectos, hasta que logra descubrirse a su alma y cuerpos; y si no fuera
continuada, tampoco podría ser vida; pues el tiempo de una interrupción
sería muerte; y precisamente, después de cada encarnación, es cuando el
espíritu organiza el archivo de su alma con más clarividencia que
encerrado en el cuerpo y entonces hace balance de sus valores y se

11
dispone a otra excursión; a otra prueba, cada vez mayor y más
provechosa; y así, no sufre interrupción la vida demostrativa.

21 D.- Se dice que la vida verdadera es la vida racional. ¿De quién es la


razón y por lo tanto la verdadera vida?

M.- La razón de la vida, la razón de las formas y los mundos, es facultad de


demostrarla, sólo del espíritu; y él solo puede y sabe discernir, que es lo
que llamamos razón. Por lo tanto, la vida racional y verdadera por la que
se demuestra a la evidencia matemática, es del espíritu; y como éste se
encierra en el alma y por ésta se adhiere a un cuerpo, que él mismo se
prepara como instrumento para demostrar la vida, la vida racional porque
es completa de materia y espíritu, es del hombre solamente, en cada
mundo; y por sus facultades omnipotentes en todo el universo, es del
espíritu, en verdad de verdad.

22 D.- Pero la vida natural que vemos en los tres reinos de la naturaleza,
¿es vida diferente y por lo tanto hay dos vidas?...

M.- La vida solo una es, en todo el universo; pero los seres y reinos no
racionales sólo tienen la vida natural emanada del principio de la vida
éter, y es el magnetismo remanente que cada molécula ingiere en su
eterno baño en el éter vivificante; pero cada molécula no la puede
demostrar, porque es necesario para la demostración, un movimiento de
impulsión y otro de repulsión, con una alma que le sirva de fuerza central,
que equilibre las dos fuerzas. Esto, lo demostraréis en todo movimiento
mecánico aún a la simple vista y con poco raciocinio; pero la causa actora,
siempre es la fuerza central o alma, que sirve de ligazón a todas las
moléculas de los cuerpos minerales, vegetales, animales o mundos; pero
todos son regidos y organizados por el espíritu, único facultado para
demostrar la vida en sus diferentes grados; por lo que, no hay dos vidas,
sino una sola vida.

23 D.- ¿Y, cómo se dice dos vidas, dos reinos o dos mundos?

M.- La causa es tan sencilla, como racional. Se dice dos vidas, porque la
materia, o los cuerpos, tienen la ley natural del trabajo y del goce, sin

12
responsabilidad. El espíritu tiene la vida relativa, o de la razón, por lo que
es responsable de todas las cosas de la vida y de la armonía de la vida; y
en tanto no domina a las vidas naturales incluyéndolas en su alma por el
dominio de los instintos, parece (sin un análisis justo) que la vida de la
materia, sea diferente a la vida del espíritu; y no es más que la diferencia
de grado. Cuando el espíritu ha logrado dominar los instintos de la materia
y los une a su conciencia, decimos racionalmente que unimos las dos
vidas, los dos reinos y los dos mundos el material y el espiritual.

24 D.- Por lo que observo, ¿la vida del alma es sólo vida material?

M.- Así es; y no difiere el alma humana del alma animal, pues es la misma;
con la diferencia de grado en pureza de esencias, lo que la hace más
sensible que es la facultad de las almas. Pero esto, lo contestaré, cuando
el discípulo me preguntará en su correspondiente capítulo lo “que es el
alma”; porque aquí le basta saber que el alma sólo tiene vida natural; y
aun agregaré que además de tener el alma sólo vida natural, esta vida es
temporaria.

25 D.- ¿Cómo?... ¿El alma humana es temporaria?...

M.- No se espante el discípulo. Entienda que dije temporaria y no


temporal. Sí, el alma humana es temporaria como individualidad, pues
necesita que su espíritu la cree para vestirse de ella; y entonces, la
individualiza del alma universal, amasada con el alma animal en que ha
vivido ab eterno, como todas las cosas, en el común del éter, que es vida;
pero no es individual hasta que forma entidad con el espíritu que la toma,
para darse forma de hombre, cuando va a empezar su vida de creador.
Desde entonces, el alma individualizada, vive ya para toda la eternidad, en
irrompible maridaje con el espíritu y dando vida a muchos cuerpos
temporalmente y exprimiendo así todas las esencias de un mundo, que el
espíritu archiva en aquella alma, que cada vez embellece y purifica más
y,... esa alma brillará más que un sol y que muchos soles, cuanto más
habrá trabajado. Lo que no podría hacer si no hubiera tenido el feliz día de
su nacimiento como individualidad.

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26 D.- Cierto, maestro, que temblé de espanto, ante la palabra
“temporaria” para el alma. Pero el cuerpo que es el instrumento con que
el espíritu obra la creación, ¿no tiene más pago que el goce breve de una
existencia y esto contando que esa existencia no sea muy amarga? ¿No
será esto injusticia?

M.- Discípulo amado; agradezco tu pregunta; ya te he dicho, que ni la


materia muere; y que el espíritu extrae toda la esencia de un mundo, por
los cuerpos que se crea, a los que se adhiere por su alma. Esto, ya dice que
toda materia llega adipada por el alma, hasta el progenitor Eloí, cuando el
espíritu, rico por su trabajo, puede volver a la casa de su procedencia.
Pero has provocado un secreto con tu pregunta, que aún en la tierra no se
ha dicho, pues bien, ni aun los cuerpos del hombre mueren, ni se pierden
aunque los veas podrirse y quemarse; y cada espíritu y en cada mundo
acaba la vida de ese mundo, con el mismo cuerpo que la empezó; mas
téngase presente, el valor real de un cuerpo, no es el peso de su materia,
sino las esencias de la materia; y esas, las lleva el espíritu, con toda la
estructura, fluidificada. Esas esencias, son las que el espíritu emplea como
materiales adecuados para la fabricación de un nuevo cuerpo, cada vez
más bello y perfecto (excepción del sexo) porque esto corresponde a la ley
de justicia de la procreación, en la más rigurosa compensación; pero su
primer cuerpo en un mundo, será también el último, aunque no se le
parezca en nada ya, por la belleza alcanzada.

27 D.- Mucho me ha satisfecho. Pero, ¿no son responsables el cuerpo y el


alma de lo que hagan sufrir al espíritu?

M.- No, porque ni el alma ni el cuerpo tienen la facultad de darse forma, ni


de transformarse, sino de vivir la vida natural; y como el espíritu es la
voluntad creadora, el sólo es responsable de todo, porque la razón es
suya; y por esto, la vida demostrativa, será más o menos armónica, según
el progreso que del trabajo recopile el espíritu, para lo que le dió sabiduría
y potencia, su progenitor, al que sólo Eloí pide, en su ley, responsabilidad,
no para él, sino para la ley común y armónica de toda la familia universal,
a la que se le adeuda cuanto se dejare de hacer, porque ello faltará en el
trabajo; y la ley es inexorable y no oye ni alabanzas ni lamentos, porque
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ella no ve más que los platillos de la balanza, en la que el del bien ha de
estar pleno y el del mal vacío; esto, cada espíritu lo ve él solo quiera y no.
Por lo tanto el sólo es el responsable, porque sólo él es, la voluntad que es
ser; y la materia o vida natural es el pensamiento que sólo es deseo de ser.

28 D.- ¿De modo que recopilando aún más diremos que la vida llamada
racional es del espíritu?

M.- Así justamente es.

CAPÍTULO III

EL ESPÍRITU

29 D.- ¿Qué es el espíritu?

M.- El espíritu es la vida demostrativa y demostrada de toda la creación,


porque él es la acción única ejecutora, del creador único Eloí; es su
voluntad, porque es su mandatario único para demostrar la vida orgánica
y la inorgánica; es la esencia del éter, generador de todas las formas en su
alma eterna e infinita; el espíritu es por mandato, el creador de todo lo
palpable y sin él no existiría, como él no existiría sin Eloí; y es en fin, el
regidor del universo, por la unidad solidaria; y después del gran Eloí su
padre, es el mayor en la creación.

30 D.- ¿De dónde procede el espíritu?

M.- El espíritu, como todo el universo, procede del padre universal; pero
él vive, ab y coeterno; es decir, que antes de ser individual el espíritu
humano (llamémoslo así) vivía en el gran Eloí, como el hombre vive en su
padre según la materia, antes de ser engendrado; así, el espíritu, no tiene
metamórfosis en su creación, aunque sufre la ley metafísica en su vida
individual, para su mayor progreso; pero en cuanto a su procedencia, nace
directamente de Eloí; esa es su procedencia y a ella ha de volver, no ha
fundirse otra vez en el padre, sino como individualidad numérica y hecho
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un maestro de la creación para poder llamarse, en los mundos y ante los
hombres, hijo de Eloí, honrando a su padre, por la potencia, sabiduría y
amor.

31 D.- ¿Cuál es entonces su naturaleza y puede tener dos naturalezas ?

M.- En verdad de verdad, sólo hay una naturaleza; la divina; de donde


todo procede. Pero hay grados de progreso y cargos en la creación y,
metafísicamente, para mejor comprensión, podemos admitir para el
espíritu, dos naturalezas; la divina, por su procedencia; y la humana,
conquistada por su esfuerzo y retenida en su alma, para toda la eternidad;
mas hablando del espíritu, su naturaleza es la de Eloí, porque de él sólo
procede y es consubstancial, ab-eterno y coeterno con él y en él.

32 D.- ¿Y cómo siendo de tal naturaleza es tan tarde conocido por el


hombre en quien se encierra y a quien dignifica?

M.- Por eso mismo: sabe el espíritu su naturaleza y procedencia y lleva


impresa la ley de su progenitor, que sólo es amor, y con esa arma ha de
dominar toda la naturaleza. Si el espíritu se mostrara desde el principio en
que toma materia, haría tan gran desarmonía, que sería un desequilibrio;
y él no puede, por la ley que lleva impresa, desarmonizar, puesto que
viene a poner armonía; para eso (en su potencia y sabiduría) se envuelve
en un alma rudimentaria, que lo opaquiza armónicamente con el progreso
de la materia y desde aquella cáscara va venciendo todos los instintos de
su envoltura, acrisolándolos a su ser que es luz y consiente que el hombre
conozca a su alma olvidando el espíritu que todo lo rige, hasta que al fin
de trabajo y luchas, su alma se ha purificado y tiene dominados los
innumerables instintos de que se compone y forman una conciencia y
sentimiento, capaces de soportar la presencia del espíritu, su director.
Este ejemplo, lo trae de Eloí, porque el espíritu sabe, porque ha visto, que
Eloí en su amor, se manifiesta a los hombres con diversos nombres de
Dios, Jehová y Padre, antes de que el hombre haya descubierto su
trinidad, en cuyo momento puede descubrir al universal Eloí y esto es
sabiduría y amor; por esto es el espíritu tan tarde conocido y admitido por
el mismo hombre en quien está el espíritu encerrado y es el mismo Eloí,

16
puesto que el espíritu es su hijo consubstancial y es su voluntad única
creadora.

33 D.- Esto si que es maravilloso, maestro. Pero dígame. ¿También se


sujeta el espíritu a las leyes humanas?

M.- Al espíritu, no le sujetan más leyes que las divinas y no elude ninguna,
sino que todas las cumple fatalmente, porque tampoco puede esquivarlas;
y cuando el espíritu ha de cumplir una ley de justicia, que la ley de afinidad
le presenta, no tiene en cuenta para nada, ni las leyes naturales, ni las
humanas; pero trabaja constantemente sobre las leyes naturales, que
rigen a su alma y cuerpo, porque éstas aunque secundarias, no son nunca
opuestas a las leyes divinas, sino que son un resultado o efecto de las
leyes de afinidad y justicia, que administran y rigen toda la naturaleza. Aún
más: el espíritu inspira las leyes humanas que han de regir el progreso
humano. Pero como los instintos del cuerpo y del alma, son el goce de la
materia y estas dos entidades no tienen raciocinio, hasta que el espíritu ha
dominado los instintos animales y sujetado a la ley de justicia, difícilmente
es oída la inspiración del espíritu y prevalece la ley de la materia, la que es
burlada y desconocida por él, cuando esas leyes se oponen enteramente a
las leyes divinas, sobre todo en la procreación; y si transige muchas veces,
es a causa de la sabiduría, porque sabe el espíritu, que los instintos, en el
hombre, no se dominan por la prohibición, sino por hartura del goce de
sus derechos naturales. Esto es el amor extremo, por el que es natural que
el espíritu sufra, por el sufrimiento de su alma, por lo demás, al espíritu,
sólo lo domina la ley divina y sólo a ella se somete.

34 D.- Puesto que el padre dió la entera libertad al espíritu y así y todo la
ley le somete ¿dónde la ley toma el poder dominador?

M.- En la mayoría del universo en la que está solidarizado en virtud de la


armonía; y como está unida toda esa omnipotencia de los espíritus del
universo infinito; y solamente se apoya en la ley única y máxima de amor,
que Eloí imprime en todos los espíritus a sus hijos, esa mayoría, ejerce su
potencia dominadora, por la ley de afinidad, la que le pone a cada
individuo todas las cosas en el punto de su cumplimiento y la ley de

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justicia se encarga de ejecutar el acto, porque, cada individuo, recibe
sobre sí toda esa omnipotencia humano-espiritual de todo el universo. Así,
obrará en el tiempo, quiera y no, la justicia, porque nadie hará lo que a
cada uno le fué encomendado sino él mismo y la falta se ve siempre,
acusando al moroso o negligente. Esta acusación constante al moroso, tan
pronto hace conciencia, cumple para no verse fuera de la solidaridad, en
la que, todos individualmente, son omnipotentes, porque cuentan
siempre con la potencia sumada de la universalidad que existe como
contrato social infinito, reconocido por Eloí, que es la ley.

35 D.-¿Y cuáles son las obras que al espíritu le son encomendadas?

M.- Toda la creación de formas y cuerpos, por las que ha de llegar en cada
mundo a la suma perfección de que es capaz allí; pero concretando, el
espíritu forma los mundos y les rige y hace en ellos toda la creación y
hasta los mismos cuerpos animales y humanos con los que extrae la
esencia pura de toda la materia, hasta que en él no hay nada asimilable a
su alma. Entonces los disgrega, para que la ley de afinidad lleve cada
partícula de aquellas escorias, a mundos en formación (que siempre los
hay eternamente) y para habitar esa familia que acaba en un mundo, se
crea otro que empieza en progreso donde termina el que disgregaron; por
lo que decimos, vida eterna y continuada y que, el espíritu es creador y es
dicho en verdadera propiedad.

36 D.- Me encuentro extasiado; y aun más maravillado que de la


naturaleza del espíritu, de la potencia de la solidaridad que tal fuerza da a
la ley para el cumplimiento de las cosas de la creación; pero pregunto:
¿Esa omnipotencia del espíritu, no es sólo de Eloí y no se amengua al
creador universal? ¿O que diferencia real hay, entre la omnipotencia del
espíritu y la de Eloí?

M.- “Conócete a tí mismo” y verás muy claro, que no sólo no hay mengua,
aunque tampoco se acrece la omnipotencia de Eloí; pero entre todas las
potencias del espíritu unidas por la solidaridad, no llegan a la
omnipotencia de Eloí, porque él creó la única substancia de la que todo
procede, cosa que la unidad espiritual no puede crear porque ese es el

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secreto, para siempre, entre los hombres y los espíritus. Y aunque
fuéramos capaces de la creación de materia o substancia prima, ¿dónde
podríamos depositarla si el universo está lleno? La omnipotencia del
creador por esa substancia única que llena el universo, es porque él crea al
espíritu su hijo para la continuidad de la creación eterna, en mundos,
cosas y hombres; y el espíritu es omnipotente en la creación de los
mundos y no es omnímodo porque está sujeto a leyes; en tanto que Eloí
creó el universo y lo sostiene omnímodamente, no habiendo nada sobre él
y todo le rinde homenaje; de ahí la diferencia de la omnipotencia del
espíritu por la ley y la del creador Eloí, que es la ley, resumiendo esta
verdad en estas sencillas palabras. El espíritu es omnipotente, pero no
omnímodo; y el creador Eloí es la omnipotencia omnímoda.

37 D.- ¿De modo que el fin que tiene el espíritu en su obra, es la


continuidad de la creación?

M.- Sí, ese es el mandato que tiene y lo hace bajo la ley de amor,
persiguiendo siempre el progreso, la mayor belleza y su enriquecimiento
en potencia y conciencia; y tanto más progresa, cuanto más conoce de la
creación, por su práctica en la metamorfosis de las cosas y se agranda a sí
mismo, por el volumen de su alma y pureza; pero sobre todo, por el mayor
grado de amor.

38 D.- El amor parece un egoísmo entre los hombres; y sin embargo toda
la nueva que se nos da hoy, es una ley de amor y se nos manda tener
amor común y vida común y vemos que es bueno. ¿Cómo no ha sido antes
acatado este mandamiento tan justo?

M.- Volveré a repetir: ¿puede la cambronera dar higos, o el olivo dar uvas?
¿Cómo quieres, discípulo amado, que los hombres dieran amor si para sí
mismos no lo tenían? Es preciso primero saturarse a sí mismo, llenarse de
los sentimientos de amor, para que trascienda fuera de sí y lo comunique
a los demás: y en tanto tú no estás lleno de amor, en vano te esforzarás en
amar a todos, puramente; a lo sumo, amarás a tus afines, o a los que te
ayuden: así, tienes razón de decir que el amor es egoísta y es justicia que
así sea porque antes es necesario saturarnos, hartarnos de aquello que

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debemos dar, en lo que se refiere al espíritu: porque, en lo que se refiere
a la materia, mientras los hombres en su mayoría no están saturados de
amor puro que engendra la idea de la vida comunal impuesta por la ley de
amor para todo el universo, todas las cosas naturales, se encuentran
legisladas por leyes humanas, que son de imposición y por lo tanto
injustas; pero todo está parangonado con el progreso general de la
mayoría y será en vano pedir uvas al olivo.

39 D.- ¿Entonces quiere decir que la comuna sólo puede ser en los
mundos cuando la mayoría del cómputo numérico, hombres y espíritus
están saturados de amor y esto indica que la comuna es la perfección de
las humanidades?

M.- Justamente, sólo cuando el amor reina (y reina todo sólo por la
mayoría) cabe la comuna en las humanidades y por esto no llega en
ningún mundo, antes del juicio final. Es sí, la perfección relativa no sólo en
las familias humanas de los mundos, sino en todo el universo porque es la
imposición de la ley por verdadera justicia y justicia quiere decir que todos
tienen equitativamente los mismos derechos y obligaciones en el trabajo y
el usufructo, y se llega, real y verdaderamente, hasta el amor común; pero
esto es de los últimos siglos, en los mundos regenerados como la tierra, y
entonces se indica el límite de la perfección de su humanidad; y en ese
punto de perfección, empezarán en otra morada más arriba. Mas mientras
la madre tenga a su hijo más amor que a otro hombre que no nació de
ella, es decir, mientras fuera capaz la madre de privar a otro ser, de algo,
para dárselo a su hijo; y el hijo y el padre y el hermano y en todos los
demás de una ciudad y en todo el mundo no vean a sus hermanos en
verdad de verdad, no puede estar la comuna verdadera, aunque esté
implantada y en todo su apogeo de justicia y bienestar material, porque
para eso necesita leyes y códigos para regirse: la comuna, no necesita
códigos de letras, sino un gran archivo de sabiduría y amor en las
conciencias. Esa es la perfección comunal de cada mundo, a la que
llegaremos, empezando en la comuna forzada por la ley de justicia; y es
natural que empecemos por las cosas materiales, hasta saturarnos de

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ellas, porque sin empezar por ahí no llegaríamos al común amor puro
porque, sin nacer, no se puede ser hombre.

40 D.- ¿De dónde le viene la potencia al espíritu individual?

M.- De su progreso, medido por su sabiduría y pesado por su amor.

41 D.- ¿Pero puede obrar el espíritu individualmente y qué cosas?

M.- Con mi laconismo de la respuesta anterior quise provocar esta nueva


pregunta del más grande interés y nadie se espante. Jamás puede el
espíritu individualmente obrar nada, ni aun las más insignificantes cosas;
porque además de no haber cosa pequeña en la creación, en toda
substancia, se encuentra el espíritu universal, como alma, hasta en el
electrón y por esto, ha de topar el espíritu individual, en todas las cosas,
con el espíritu universal, en el que están latentes todas las leyes de la
creación divinas y naturales. Por lo tanto, en toda acción, mayor o menor,
buena o mala, vibra el éter en su luz y el espíritu maestro es advertido del
acto, e instantáneamente aparecen en el lugar de la acción, testigos de
vista espirituales, ya afines ya de justicia, y estorban la acción o le ayudan
al actor, según sea el caso de justicia, sin coartar la libertad; pero de todos
modos, dentro y fuera de la justicia, ningún espíritu puede obrar nada
solo, porque no está en la ley; esto, en lo concerniente con la primera
substancia, éter; que tratándose de cuerpos ya hechos, que se renuevan o
se opera en ellos y entonces, ya es necesario que haya más de dos; el
ejecutante y el ejecutado, más los guías de ambos por lo menos; pero en
general, los mismos guías llaman a los afines suyos y de sus guiados y así,
se reúnen para todos los actos (hasta para el pensamiento), sea la acción
mala o buena, lo menos una asamblea de nueve o diez espíritus.

42 D.-¿Pero no se dice que la obra de uno, no la puede hacer otro?

M.- Efectivamente. ¿Y acaso ser testigos de la acción y aún ayudar a la


acción, es ser actor? Lo que hay es que, por ley, se encuentran siempre
presentes para ayudar o ser testigos, los afines, que aun sin querer,
estamos siempre presentes y los guías, rara vez nos abandonan estando
de espíritus libres y aun encarnados (los espíritus elevados) por su

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potencia por que les estorba poco su cuerpo para estar cerca y vigilar a
sus guiados.

43 D.- ¿Y de dónde le proviene esa potencia al espíritu?

M.- Ya está contestado antes. Primero, de su sabiduría que es fuerza


invencible; y segundo de la solidaridad y unidad de todos los espíritus que
viven en la ley de amor, lo que llamamos y es espiritismo.

44 D.- ¿Cuál es la patria del espíritu?

M.- La patria del espíritu, es todo el universo; pero sólo puede vivir
(hablando nuestro lenguaje) en los planos a que su progreso alcanza y no
porque tenga barreras que les impidan penetrar en todo el universo; sino
porque su potencia no le permite llegar más que lo que el progreso habido
en su potencia marca; de ahí adelante, necesita la mano de un mayor que
le supla su impotencia. Muchas veces, se conceden viajes de estudio por
otras regiones, para el adelanto de una humanidad y así es que, aunque la
patria del espíritu es todo el universo, en realidad, se circunscribe al radio
de su progreso; pero se agranda en cada instante, según se progresa. Esta
es su vida eternamente.

45 D.- Por fin, ¿cuál es el día más grande y más feliz del espíritu?

M.- El espíritu tiene tres grandes días felices: el de su nacimiento diremos,


como individualidad, para empezar su trabajo; el de su justificación o
juicio final en los mundos de expiación y el de la vuelta y presentación a su
progenitor, para salir autorizado maestro de un mundo, desde donde
ascenderá gradualmente como maestro, de mundo en mundo y de
sistema en sistema y de nebulosa en nebulosa, a ser maestro de un plano
y espíritu de verdad, ya que, desde que es misionero que es cuando puede
llegar hasta los consejos del maestro, se llama y puede firmarse espíritu en
verdad; pero en realidad, el día más feliz es el de su iniciación cuando
empieza su carrera, o vida individual por su nacimiento. El día más terrible
(aunque sea en su bien) es el de su justificación en el juicio final; y el día
más grande es el de su graduación en la presencia de su progenitor y lo es,
porque se ve atomizado como el impalpable éter; por lo que, sobre ser el

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día más grande, es a la vez el más terrible por esa anatomía, en la que se
ve casi al no ser en aquel momento solemne, que lo comprende el
espíritu, pero no lo pueden describir los conceptos de todos los hombres.

46 D.- Permítame el maestro aún una nueva pregunta; pues después de


ver tanta grandeza en el espíritu y hasta su omnipotencia, me dice que en
la presencia del padre, al ser auscultado, se ve casi al no ser. ¿Cómo puede
ser esto, siendo así que el espíritu es el creador de todo lo tangible del
universo infinito, y entonces en qué consiste su grandeza y qué la origina?

M.- ¡Muy bien, discípulo amado! ¿Has querido resumir en una sola
contestación todas las grandes y eternas verdades de este capítulo? Pues
oye. ¿Has notado que dije “se ve casi al no ser”? ¿Y te parece poco el casi?
Pues ese “casi” encierra este gran axioma: “El espíritu después de su
individualización (es decir, después del feliz día de su nacimiento como
individualidad numérica), en toda la eternidad, NO PUEDE SER QUE NO
SEA”. Será casi nonada, pero ES. Y como Eloí es la incomprensible
grandeza, la infinita grandeza, la indescifrable grandeza, esa nonada que el
espíritu representa ante él es tener comparación con la infinita grandeza;
y esa comparación, infinitesimal, nonada, casi no ser, pero que es, ¡es tan
grande en sí!... Como queda dicho del espíritu: es indescriptible para el
hombre y sólo comprensible al espíritu. Y para darte una idea del valor de
ese casi, de esa nonada, te diré que ese casi no ser, puede ser el sol que
alumbra a todo un plano. ¿Es bastante? ¿Es grande? ¿Y que es un plano
comparado con todo el universo? Lo que es todo el universo comparado
con el Creador. Pero entre el valor del universo y el del Creador está ese
casi no ser, esa nonada, QUE NO PUEDE SER QUE NO SEA: el espíritu.
¿Qué le da su potencia? La sabiduría solidarizada ¿qué le da la sabiduría y
la omnipotencia? El amor; y mayor será su sabiduría y su omnipotencia
cuanto mayor sea su amor. Resume, pues, amado discípulo, toda la
grandeza del espíritu, sabiendo que entre la grandeza del universo y la del
Creador está el espíritu.

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CAPITULO IV

LAS LEYES DEL UNIVERSO O DIVINAS

47 D.- ¿Cuántas son las leyes del universo o divinas?

M.- Sólo hay una ley divina, y ésta es la de amor; pero esta da nacimiento
a muchas otras leyes secundarias, y sobre todo a las fatales de afinidad y
justicia, que son, para bien entenderlas, el administrador y cajero
contador del gran propietario de la ley de amor, Eloí, cuya propiedad es
todo el universo.

48 D.- ¿Cuál es la función de la ley de amor?

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M.- El régimen único de todo el universo, por el que hace imperar la
armonía desde el mayor de los mundos al más pequeño y desde el mayor
maestro hasta el menor de los espíritus, sin excluir ni aun a los
malversadores y detractores de la ley; pues si de su tutela excluyera al ser
más malo y rebelde que haya habido, dejaría de ser ley de amor y no
existiría ni el universo, ni su creador; por esto es que es mayor quien más
ama, y por esto también no podemos llegar jamás a igualar al autor de la
ley de amor, ni entre todos los seres del universo, porque él ama por igual
absolutamente desde el mayor maestro al más rebelde de los espíritus; y
sólo así es el amor puro.

49 D.- La ley de afinidad, ¿qué funciones opera?

M.- Como la ley de amor impera, la de afinidad gobierna y administra; y es


su función eterna reunir todos los elementos necesarios y en cada punto,
para que se produzca un hecho en la creación; sin ella nada sucede ni
nada se crea, y es ley fatal que doblega, quieran o no, a todos los seres,
porque les pondrá un millón, cien mil millones de veces y eternamente si
fuera necesario, los hechos a realizar por un ser, y no otro lo realizará; y
mientras no sea realizado aquel hecho, se verá la falta en el mundo donde
hay esa acefalía, porque falta en el catálogo de la creación, lo que origina
un desequilibrio que sólo por un juicio universal se sentencia. En suma, la
ley de afinidad es el administrador y lleva como ejecutor la ley de justicia,
que sin forzar obliga a tener voluntad por la influencia del amor.

50 D.- ¿La ley de justicia deja de cumplirse por la acefalía de un ser?

M.- No. La ley se cumple siempre. Lo que hay es que la acefalía de un


individuo origina el desequilibrio en la familia de un mundo; pero la ley de
justicia lleva su registro y, en cuanto tiene mayoría de cumplidores, llama
a juicio de liquidación y hace la justa separación, para poner armonía
entre los cumplidores y los acéfalos. Entonces la de afinidad prepara los
objetos que deben producir los hechos que por culpa de los
malversadores no están en el catálogo de la creación: si resulta que
aquellos hechos no están conformes al progreso de aquel mundo,
entonces tales acéfalos son llevados a cumplirlos en un mundo que esté

25
en igual grado, porque no pueden desarmonizar unos hechos de otros, en
todo el universo. Esto no es castigo, puesto que se les da punto adecuado
a sus tendencias, y sí (como se ve) es amor, en su más alto grado.

51 D.- ¿En que funciones las leyes de afinidad y justicia tienen mayor
trabajo en los mundos?

M.- En la procreación y la compensación: dos leyes fatalísimas e


ineludibles de todo ser, pero, a causa de las pasiones y del libre albedrío
de los hombres, que por la pasión lo convierten en libertinaje, hay siempre
reclamaciones a la ley de afinidad y justicia, de los que deben reencarnar y
de los damnificados en los bienes materiales; porque así como es de
necesidad la reencarnación y sólo puede efectuarse por la procreación,
también en el disfrute de lo material todos, en el tiempo, tienen que
consumir el mismo caudal; mientras no se ha cumplido esto, hay
reclamaciones de los damnificados, y por esto las leyes de afinidad y
justicia tienen en estos dos puntos su mayor ocupación en los mundos,
hasta que llegan al juicio final y se establece la comuna, por la que se
quitan todas las causas del desequilibrio y todos los individuos disfrutan
en equidad del trabajo y del usufructo, no teniendo peligro de injusticia,
porque en todos está grabado ya el amor desinteresado.

52 D.- Las leyes humanas, ¿cuándo son equitativas?

M.- Siempre que no establecen diferencias para ningún habitante del


mundo, en lo material, moral y espiritual; porque entonces
necesariamente la justicia resplandece en todo y el amor reina sin
imponerlo, porque está en fruición de los seres.

53 D.- Pero si no hay dos grados de progreso iguales, ¿cómo puede


establecerse una ley única y que sea justa?

M.- El amor todo lo iguala, y en la conciencia de los seres está la equidad


de la justicia. La ley no pide dos al que solo uno sólo puede dar; y tampoco
puede tomar dos el que sólo uno necesita en su progreso, aunque quiera
tomarlos, porque el equilibrio establecido por la mayoría no deja lugar ni
al despilfarro ni a la escasez: todo está libre y señalado en su uso; la ley

26
que está en la conciencia de los comunistas, ni pide más que lo que puede
uno dar en franca y bien entendida libertad, ni la justicia (que también
esta latente en las conciencias) les permite a los individuos usurpar, ni
despilfarrar, que es no dar lo que uno puede: uno, diez o cien, o consumir
lo que no necesitan, cosa que no puede suceder, porque en la comuna no
hay nada superfluo ni inconveniente, y todos tienen la ley del trabajo por
norma y el amor por ley.

54 D.- ¿De modo que el espíritu no puede eludir las leyes divinas
eternamente?

M.- En el tiempo todas las cumple, fatalmente; y cuanto más tarda (por
indolencia, acefalía o malicia), más sufrimientos se agrega
voluntariamente; pero es deudor a la comunidad del retraso que ocasiona
y del sufrimiento que da a los conscientes cumplidores.

55 D.- Resumiendo, maestro: ¿Cuál es el fin de las leyes divinas?

M.- Trazar y conservar la armonía ascendente en toda la creación; por lo


que, la misma ley está en el mundo embrionario y en el mayor en
progreso. Pero donde se acentúan en toda su fuerza y rigor las leyes en los
mundos de expiación, por que es donde el espíritu debe descubrir su
trinidad y su procedencia y liquidar sus cuentas, para entrar en el
concierto de los mundos ya redimidos, y tiene que conocerse a sí mismo
en verdad de verdad, sin velos ni nieblas, en sus tres entidades del cuerpo,
alma y espíritu, dar a cada uno lo que es suyo, y conocer el nombre real
del Creador, bajo la palabra universal: Eloí.

SEGUNDA PARTE

CAPITULO V

LA CREACION Y SU FIN

56 D.- Si la creación es eterna, ¿qué fin primordial tiene?

M.- El fin primordial de la eterna creación es el progreso infinito e


indefinido; como éste pertenece sólo y exclusivamente al espíritu, que es
incorpóreo, y en ese estado no puede obrar cosas materiales, para lo cual
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necesita cuerpos que le sirvan de instrumentos, y los cuerpos no pueden
por su ley servir en el espacio o éter impalpable, de aquí la necesidad del
espíritu de crear mundos que sirvan de sostén a los cuerpos con que ha de
obrar las maravillas de la creación. Por lo que, materializando el concepto,
diremos que el fin primordial de la creación es la creación del hombre, que
representa toda la maravilla de la eterna creación; es la del hombre una
figura que el Padre se complace en contemplar, porque por la sabiduría
comunicada por él al espíritu, su hijo consubstancial, encierra en verdad
de verdad todo el universo, microscópicamente, en cada cuerpo; y hasta
él, si quisiera mostrarse visible y tangible, tomaría la forma del hombre,
porque el espíritu su hijo ha interpretado a satisfacción de su padre la
imagen que le imprimió en su inteligencia. Por esto es el primordial fin de
la creación de los mundos la producción del cuerpo humano, como vestido
e instrumento del espíritu, su creador secundario; el creador primario es
Eloí, en la substancia única, que es el éter, eterno taller del espíritu.

57 D.- ¿Cómo se crea un mundo?

M.- Los mundos los crea el espíritu y los sujeta por ley a su órbita, con
arreglo a la vida que ha de desarrollar. Mas el germen de un mundo tiene
su iniciación en un centro planetario, que para la tierra es el sol. Este
desprende de si la fuerza, o germen telúrico, a la que se van agregando
átomo sobre átomo, molécula sobre molécula, por la afinidad y atracción
magnética; durante un tiempo, hasta que en el éter se carga aquel cuerpo
de la vida necesaria para su desarrollo y creación de todas las especies que
debe producir, va vagando por los espacios, pendiente de su centro, el sol,
y sin rumbo al parecer. Pero tan pronto como se ha cargado de toda la
vida necesaria, el espíritu maestro de esa naturaleza lo sujeta a su órbita y
a la revolución diaria. Ya es un mundo, como unidad.

58 D.- ¿Cuando el mundo es sujetado a su órbita ya es sólido?

M.- No, ni aun siquiera es gaseoso: es luz, fuego vivo, y largos millones de
siglos ha sido visto por otros mundos como vemos nosotros un cometa;
esto suele ser, en general, esos mensajeros celestes que a veces vemos y
que han dado sustos a los hombres de la tierra, pensando en el fin del

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mundo; pero de estos cometas también los hay que son familias de
espíritus que van en visita de triunfo, porque acabaron su misión en un
mundo y van a otro que ya se formó para ellos, llevando entre todos el
valor del mundo, computando su peso y valor en luz y sabiduría.

59 D.- Una vez sujetado el mundo a su órbita, ¿cómo se viste de


vegetación?

M.- Al quedar el mundo ígneo sujeto a su marcha, que se va regularizando,


como se le forma la atmósfera por su propio calor y en su órbita
encuentra, por la gravedad, mucha resistencia, esa atmósfera no deja salir
fuera de ella las emanaciones del calor de la masa ígnea; se va enfriando y
sigue creciendo la parte gaseosa, y por la marcha constante por su órbita,
que es fría, el gas se licúa; este líquido, por su contacto y revoluciones
entre átomos, alcanza su primera molécula sólida, y luego otras y otras,
hasta formar la capa total que envuelve toda la masa ígnea; es entonces
llegado el momento de aparecer la primera vegetación, iniciada en las
algas, que se crearon en las aguas procedentes de los gases, cuyas algas
formaron los primeros minerales, donde se acumulaban todos los
gérmenes de vida vegetal y animal; va creciendo el enfriamiento exterior,
por el mayor espesor que cada vez adquiere la corteza, y en esa operación
se emplean millones de espíritus naturales y elementales, dirigidos y
organizados por dos maestros: uno que cuida de la naturaleza del mundo
y el otro de su atmósfera, que van agregando siempre a la corteza y
alimentando la vegetación.

60 D.- ¿Cómo aparecen las especies animales?

M.- Cuando apareció la primera brizna de hierba, ésta ya dió, al pudrirse


en su raíz, la lombriz primera, con la que se engendraba ya el alma animal.
Apareció entonces la grama, que solidificaba aun más, y en ésta, y en
virtud de que ya estaba engendrada el alma animal, se formó una especie
de gran babosa, acrecentando el alma animal; así, en cada planta salía una
especie y cada una, tomando su parte de alma, aparecía en los troncos,
hasta llegar a los grandes animales; pero todos aparecieron en un
diminuto huevecillo, cada uno en su especie.

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61 D.- ¿Y fué espontánea la aparición de las especies?

M.- Ya he dicho que sólo el espíritu tiene la facultad y potestad de la


demostración de la vida en formas; y así los cuerpos de los animales todos
fueron elaborados en su embrión por el espíritu, que luego ya se
desarrollaría por la ley de la vida; en ese desarrollo el espíritu, en su
sabiduría, preparaba el alma, que sería el alma humana cuando todas las
especies animales hubieran purificado la suya al grado que requería la
creación del hombre, que sería cuando todos los instintos animales
estuvieran en la plenitud de su vida, por lo que el espíritu maestro del
mundo creó una especie por cada instinto que hoy podéis conocer en el
hombre.

62 D.- Y como aparecían entonces en los huevos que los troncos de los
árboles engendraron, ¿no podían hoy aparecer igualmente?

M.- La ley no hace dos veces un cosa en los mundos; así, no es de ley que
suceda, ni sucede, si no que, por el progreso, una vez que aparecen las
especies, se reproducen de sí mismas por su ley, ya por el huevo, ya por la
concepción en sus órganos generatrices, porque el espíritu maestro extrae
de la tierra toda la substancia de cada especie y la deposita en el embrión:
la tierra no lo da más que una vez, porque no lo tiene en sí; una vez que
dió el germen ya no le quedan si no los elementos de alimentación, para la
subsistencia de lo que creó.

63 D.- Siendo así que aparecieron en esa forma los seres, ¿no sería mejor
que así fuera, pues no sufrirían las madres la preñez ni los peligros del
nacimiento y del parto?

M.- No, por muchas razones; porque, además de lo que he dicho, que el
espíritu extrajo toda la substancia creatriz de cada especie, esa primera
aparición es muy costosa y tarda. El ser, para su desarrollo necesita un
número de grados de calor, y en el seno de la madre los recibe en mucho
menos tiempo que los recibió en la tierra o en el tronco del árbol; y
porque por la preñez, los peligros del parto y el amamantar al hijo crea
afinidad mayor en la especie humana, cariño en los animales y amor en los
hombres, y une a todos en familia; además de que, si hay sufrimientos
30
para la procreación, son pagados de antemano con el amor de la unión y
el goce sublime de los sexos; goce impreso por el espíritu, en su ley, a la
materia, para excitarla al acto de la concepción; acto que no esquivan ni el
macho ni la hembra, ni el hombre ni la mujer, aun sabiendo los
sufrimientos que les impondrá el ser padres; es la ley, que es fatal, lo que
nos lleva al cumplimiento del caso primordial para que se crean los
mundos: la procreación, que es la continuidad del progreso y la vida
demostrada. Y raciocinando: ¿serías tú, amado discípulo, más gustoso en
saltar en las breñas, recién nacido, que estar arrullado con tanto amor,
pegadito a los pechos de tu adorada madre, en tanto que tu padre se mira
alegre en tus ojillos y se arroba en los de tu madre, de cuyas entrañas
saliste para ser el lazo de los dos? Admira, profundiza aquí, que esto
encierra toda la sabiduría y el todo del amor.

64 D.- Y ya el hombre, ¿cómo apareció?

M.- ¡Calma, discípulo amado! Yo también estoy conmovido; vayamos


despacio en este grande trago; hay antes una pregunta muy trascendental
y te invito a buscarla.

65 D.- Es cierto. Su última razón hizo vibrar todo mi ser; temblé ante la
idea de que pudiera haberme visto entre las piedras a mi nacimiento y he
previsto a nuestros progenitores. La emoción no me abandona ante la
perspectiva y comprendo que algo grande debió ocurrir para aparecer el
hombre a la faz de la tierra... ¿Qué fué; ello, pues?

M.- Ya ves si había cosa interesante. ¡La concepción del primer hombre,
que no fué uno, sino muchos millones a la vez, y machos y hembras!... Oye
atento y trasládate con el pensamiento a cincuenta y cinco millones de
siglos atrás. ¿Ves la tierra, toda cubierta de vegetación abrupta? ¿Ves todo
el reino animal exuberante, que hay animales que parecen montañas?
¿Ves cada brizna de yerba, cada planta y cada arbusto, cada bestia y cada
animal, que tienen una partícula de nuestro ser? ¿Qué ves más? No ves
ningún satélite. Un sol nada más, que baña la tierra en el día y al irse la
deja sumida en las tinieblas. ¿Querrías tu vivir así? ¿No te gusta vagar a la
luz plateada de la luna, testigo de tus miradas a tu amada compañera?

31
Pues si entonces hubieses existido, no habrías tenido eso. No había esa
luna, que escucha tus coloquios de amor. La noble madre tierra no quiere
recibir a su hijo el hombre en tanta pobreza; se dispone a su parto y a la
concepción del que será corona de su progreso, y aún llama a sus tres
reinos, mineral, vegetal y animal, y les manda sacrificarse todos para crear
al rey de la misma creación. Ya todas las cosas en su punto, el maestro que
dirigió hasta entonces todas las creaciones e hizo brotar la brizna y creó
los animales, dotándolos de un alma, del alma universal, hace el supremo
esfuerzo; y desde el interior de la tierra, donde estaba depositado aquel
germen telúrico que salió del sol sesenta y ocho millones de siglos antes
se hinchó y rompió la tierra, mandando un pedazo de ella a colocarse en el
punto de gravedad de la ley, para que alumbrara en las noches. Al mismo
tiempo sucumben los reinos vegetal y animal y son enterrados en la tierra
donde salieron y las aguas todo lo cubren. Queda el silencio absoluto otra
vez en la tierra, pero concebido el hombre, que aparecerá diez millones de
siglos después.

66 D.- Todo esto es digno del gran Creador. ¿Por qué no lo ha sabido el
hombre hasta hoy?

M.- No te rebeles, hombre; tú mismo no has dejado que se te dijera; sólo


se te pudo decir simbólicamente, por Adán y Eva, el arca de Noé y su
diluvio, hasta hoy que el espiritismo se asienta como credo único y te lo
aclara el que te dió aquellos símbolos.

67 D.- Deploro mi ceguera y bendigo esta hora y con ella a Eloí, por la
unidad espiritismo. ¿Me dirá ahora el maestro que han hecho la tierra y el
espíritu en ella durante esos diez millones de siglos?

M.- Todas las especies de los tres reinos se fundieron en una sola masa.
De nuevo brotaron todas las especies por la misma ley que al principio,
pero más rápidamente, porque ya había semillas y substancias; pero todas
las especies perdieron en rusticidad y fiereza y ganaron en finura, belleza y
frutos. Más el espíritu exprimió las esencias de los cuerpos y la quinta
esencia de las almas, y de ellas aparece un nuevo árbol que antes no
existió. La familia espiritual que había de tomar la tierra, para llevarla al

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progreso y perfección, que había ascendido de un mundo primitivo,
descansaba entretanto que aprendía la vida de trabajo; y estando las
cosas en su punto por la ley de afinidad, los más adelantados espíritus de
la familia se encierran en los troncos de los nuevos arboles: los quinos, y
allí, auxiliados por el maestro y otros como guías por la ley de amor, de la
savia del quino forman su feto, encerrado en un huevo de color verde y
tela holgada y flexible y allí pasa su gestación, adquiriendo una magnitud
de cuatro a cinco centímetros. En esas bolsitas estaba encerrado el
embrión del hombre esbelto y hermoso de hoy. Cuando ya la vida era
hecha en lo animal, se encerró el espíritu en cada bolsita para formar el
sexo y llegó el gran día de aparecer, cayendo los quinos podridos por su
base y quedando al descubierto los hombrecillos, que la luz y calor del sol
reanimó. ¡Supremo instante, en que toda la creación fija sus ojos sobre el
área de la tierra, y saluda en el nombre de Eloí a los hombrecillos, recién
nacidos, por la ley eterna, como nacen la primera vez en todos los
mundos!...

68 D.- Cierto que no hay nada más grande en la creación que la aparición
del hombre, tan humilde cuanto digna de la sabiduría eterna. Pero ¿quién
le auxilió en el primer momento?

M.- Nada descuida la ley; estaba el gorrión preparado y, al ver los saltitos
de aquellas bolsitas, e incitado su instinto, dirigido por el maestro espíritu
de la naturaleza, rasgó la envoltura y el hombrecillo estiró sus miembros.
Del mismo animalito recibió calor y alimentos, aunque el ambiente le era
suficiente a su primer desarrollo; y como allí había poca materia, no era
muy obstaculizado el espíritu para vencer la resistencia, y además estaban
el espíritu maestro y los guías y protectores para su auxilio; así, por la
inteligencia, se albergaron en los troncos y cuevas, donde no fueron
ofendidos y se desarrollaron muy pronto, alcanzando una estatura de
unos cincuenta centímetros esta primera generación madre, y se juntaron
machos y hembras y procrearon otra generación mayor, hasta llegar al
máximo desarrollo de la materia, que empezaría a descender en su cuerpo
cuando ya habría dominado al reino animal. Entonces cambiaría la
robustez por belleza, para llegar a la que hoy tenemos en que reina el

33
espíritu, después de cuarenta y cinco millones de siglos, en que otra vez se
renueva la tierra y aparece otra nueva luna, como triunfo del espíritu. Esta
verdad confirmará todo lo anterior, irrebatiblemente.

69 D.- ¿Y después de tanta maravilla han de desaparecer los mundos?

M.- ¿Y estarías tu conforme en pararte donde estás en el progreso,


sabiendo que más allá hay más progreso y dicha, puesto que empezarás
donde aquí terminas? ¿Y por qué tu mismo no evitas que se rompa el lazo
de vida que te une a tu cuerpo decrépito, después que hiciste el trabajo de
una existencia? Pues lo mismo son los mundos: no teniendo más que dar,
se disgregan para ir cada partícula a enriquecerse de nuevo y formar parte
de mundos mayores y más adelantados. Ese es el proceso del eterno
progreso.

70 D.- ¿Y la esencia del mundo quién la lleva?

M.- El espíritu, que la exprimió por el trabajo de su inteligencia y se lleva el


valor real, en luz y sabiduría, en sus almas; y así como el espíritu todo lo
archiva y nada olvida, aquel mundo y todos los mundos viven también en
esencia, eternamente, llegando así espiritualizados hasta la casa del
padre. Ya veis cómo tiene su premio hasta la más rústica materia y se
confirma la magnanimidad del autor del universo; y es premio al espíritu
(que es voluntad del Creador), porque le presenta en formas de vida el
pensamiento vibrante en el éter, que es el material que el espíritu
encuentra para la realización de la creación eterna.

71 D.- Ahora si veo el terrible trabajo del espíritu. Mas, ¿por qué ha de
sufrir, siendo inteligencia y potencia?

M.- Porque sabe que viene a dar vida positiva a todo, a cambiar la vida
natural en vida real y verdadera, y no puede, por la ley, destruir nada, ni el
más insignificante instinto, sino que cada uno tiene que hacer una ley de
conciencia y con todos los instintos la razón de la ley de la vida. Ese es su
rico archivo de creador, que acrecienta cada existencia y cada etapa en
cada mundo, y así irá eternamente por el infinito, siempre estudiando y

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siempre aprendiendo; y también desciende a mundos menores a enseñar,
como el fué enseñado por otros mayores.

72.- ¿De modo que, según veo, la satisfacción y goce del espíritu es sólo su
sabiduría?

M. - Sólo ésa es la fuerza invencible; y mientras no es sabio en vencer la


resistencia de los instintos, sufre; no es que no sea sabio cuando empieza
su vida creadora o individual, sino que es sabio inocente y sencillo, y es
atacada esa sencillez por los instintos brutales animales, que todos
quieren su satisfacción a la vez, de donde se origina el antagonismo, que
hace las pasiones. Pero, poco a poco, va el espíritu adquiriendo
experiencia (que es lo que no tiene, aunque sea sabio, cuando empieza), y
con esa experiencia descubre todos los secretos del instinto y de la pasión,
que al fin domina para su satisfacción, con lo que enriquece su botín, su
archivo.

73 D.- Y bien: siendo el espíritu sencillo, ¿cuál es la causa de que triunfe de


las bárbaras pasiones de la materia?

M.- La causa es su naturaleza divina, que es amor, como su progenitor


Eloí, el que le da el ejemplo de tomarse todo el tiempo que necesite para
su evolución, pero bajo el mandato de no ocasionar daño porque le
ordenó: “AMA A TU HERMANO”. Para su ayuda estableció las leyes de
afinidad y justicia, que imperan por la solidaridad y tienden al dominio de
la materia sin restringirle sus derechos, sino organizándole el usufructo de
sus derechos naturales, por un orden correlativo. Ese es el gran trabajo de
la sabiduría del espíritu, y es lucha terrible hasta que todos los instintos
son satisfechos por la hartura; y aunque haya instintos que le cuesten
siglos y siglos dominarlos, el espíritu no cede ni retrocede; él tiene todos
los medios, hasta el de cortar la vida de un cuerpo en el que pudo
equivocarse, o en el que el ambiente no le deja, porque, como le fué
mandado vencer, le fué dado todo lo que necesita para triunfar; así, la
causa de que siempre triunfe es su naturaleza y consubstanciabilidad con
Eloí.

74 D.- ¿Y cuándo se da cuenta el hombre de esto?


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M.- Cuando descubre su trinidad; porque entonces se encuentra el
espíritu, el alma y el cuerpo, cada uno en su función, y a conciencia todos
cumplen en amor, porque en amor fueron tratados y amor ven en todo el
universo que los saluda por su triunfo, porque en verdad, para el alma y
para el cuerpo, su acatamiento al espíritu es un triunfo, pues entran a
participar de la vida del espíritu y disfrutan entonces verdaderamente de
sus derechos de la vida natural, que antes tomaban y no gozaban, por
inconscientes.

CAPITULO VI

LOS SERES SOBRE LA TIERRA

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75 D.- Me interesa saber ahora las funciones de los seres sobre la tierra,
especialmente del hombre; y ahora que ya me ha dicho su aparición tan
maravillosa y sabia cuanto humilde, ¿cómo forma su cuerpo,
materialmente, puesto que la función espiritual ya la vimos?

M.- No es menos interesante esta materia que lo referente a la


espiritualidad; pero no he de encerrar todo ese proceso en esta respuesta,
sino en términos generales en todo el capítulo: de un modo definitivo lo
diré en otro capítulo en que trataremos sólo del hombre; por lo que te
digo que le es mucho más fácil formar el feto en la matriz de la madre que
en el corazón de un árbol; pero en el árbol, como en las entrañas de la
madre, el espíritu forma su cuerpo con los materiales que le pertenecen,
según la misión o trabajo que habrá de desempeñar, y cuyos trabajos
tendrá que exponer antes en un juicio y la ley le prepara todas las cosas en
su punto.

76 D.- ¿De modo que antes de reencarnar el espíritu sufre un juicio?

M.- Es un juicio, desde que tiene que exponer al consejo de justicia los
fines que se propone, las probabilidades con que cuenta, las afinidades
que viene a crear o a afianzar, o las deudas que ha de pagar y el progreso
que trae, que es para lo que es obligatoria la reencarnación; también tiene
que decir el sexo en que habrá de aparecer y hasta la belleza que ha de
alcanzar; y el consejo le autoriza o le corrige conforme sea en justicia, y
entonces la ley de afinidad y la de justicia empiezan su obra preparatoria;
pero él mismo tiene que depositar su microhombre en el que será su
padre material y estará presente en el acto de su concepción.

77D.- Me resigno a saberlo en su lugar y pregunto: ¿También la belleza


consiste y se la da a su cuerpo la sabiduría del espíritu?

M.- Nada más justo que el espíritu se prepare todas las armas necesarias
para triunfar en la lucha; y la belleza no es una pequeña arma, sino una de
las mayores, sobre todo en la mujer, en el tiempo en que no ha tenido
libertad de elección, ni derechos sociales siquiera y por la belleza tenía
que doblegar al hombre libertino y bruto, bajo las leyes egoístas, hechas
todas a su favor y egoísmo, hasta que hoy se igualan los derechos de los
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dos sexos y se ama a la mujer por su belleza de alma y como madre rige
como el hombre los destinos de la comuna. Por lo que, si uno es feo, suya
es la culpa, aunque responda a casos de justicia.

78 D.- Luego los defectos físicos, la salud y las enfermedades son también
obra del espíritu y responden a la justicia?

M.- En todos los casos son obra del espíritu, salvo que, como ocurre
muchas veces, sean causados por un espíritu enemigo que los inocula; es
triste ver la obcecación con que lo hacen esos aberrados, aun en estos
días, después del juicio: pero ya se acaba esto con la llegada de la luz
“Electro magno”, porque ya los espíritus detractores (si alguno queda) en
la transición no pueden salir a la luz como lo hacían hasta ahora,
desdoblándose, y tienen que encerrarse en su inmundo cuerpo, hasta su
desencarnación, momento en que pasarán al mundo que les corresponda,
como pasaron los espíritus que había en el espacio y que no tenían raíz en
la tierra. Mas hay muchas enfermedades que el espíritu trae para
expiación, y éstas no hay medicina que las cure; pero en todo caso las
enfermedades son un buen depurativo del alma en los seis días de error y
en la comuna desaparecen, pasadas algunas generaciones.

79 D.- Pero el cuerpo humano, si encierra en sí todas las esencias de los


tres reinos de la naturaleza de un mundo, ¿no debería encontrar remedio
a todas las enfermedades?

M.- Y para todas tiene el hombre remedio en la naturaleza; pero como no


es sabio hasta muy tarde, porque una vez que se prejuició el prejuicio
gravita sobre él, no ha podido ver a su primero, el espíritu, que está
encerrado en él para dominarlo, y tampoco ha querido saber (aunque se
le ha dicho) que estaba compuesto el hombre de todas esas esencias,
hasta el punto de que ha creído ver descender al hombre del vientre de un
animal; luego ha achacado a la ley haber cometido la injusticia de relegar
ese animal al hombre, su supuesto hijo y esta injusticia no la puede
cometer el espíritu; por lo que el animal nació animal y el hombre nació
siendo hombre, encerrando en sí todas las esencias de los animales, sus
virtudes, defectos e instintos; el cuerpo del hombre, pues, encierra en sí

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todos los tres reinos de un mundo. El espíritu es en sí la esencia de todo, y
suya es la razón por la que el hombre es hombre y domina a los tres
reinos; para ello tiene esa arma provechosa de las enfermedades y anula
los efectos de la medicina unas veces por aberración y otras por justicia.
Los hombres, por el espiritismo, han podido saber a que atenerse; pero no
lo quisieron recibir los hombres de las ciencias, para no verse desmentidos
en sus equívocos.

80 D.- Ha dicho el maestro que al hombre se le ha dicho que encerraba en


sí todas las esencias, virtudes, defectos e instintos de los tres reinos.
¿Cuándo y como?

M.- Cuando el hombre debió empezar su ascensión del valle a la montaña,


cuando se le escribió el símbolo del arca de Noé; pero no ha querido
comprenderlo ni estudiarlo, porque hubiera descubierto todo el error
científico, religioso y social; pero llegamos hoy y se os dice: El arca de Noé
es cada cuerpo del hombre y en él están en realidad de verdad todas las
especies de un mundo en su cuerpo y alma, y el gran Noé es el espíritu,
que cuando puede descubrirse a su alma y su cuerpo es porque ha subido
la gran pendiente que representan las pasiones, que formaban el diluvio
en la conciencia, y al dominarlas varó el arca en la montaña del amor y
pudo soltar todas las especies que encerraba, porque ya no tiene que
temer las olas de las pasiones, puesto que reina ya la paz imperturbable.
Ya ves cómo se le había dicho y no lo comprendió.

81 D.- Según esto deduzco que, aunque existan colores, éstos no indican
inferioridad, desde que todas las especies forman parte del cuerpo y alma
del hombre. Pero, ¿y las razas?

M.- Los colores, las razas, los dan el clima, el terreno y sobre todo el bajo
grado de progreso general de los mundos que van ascendiendo; pero todo
eso no indica inferioridad, siendo más bien una armonía y un estímulo;
sabed que, en los siglos, todos fuimos blancos, negros y cobrizos, y el
espíritu era el mismo; teníamos que consumir de todo (la ley es
inexorable) para ir fundiendo todos los caracteres en un solo carácter;
pero también sabía la ley que llegaría, en su tiempo, una nueva raza

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mucho más perfecta, unificada y fuerte, que las dominaría todas,
fundiéndolas en la suya; por lo demás, no hay nada que observar en esas
razas, como no sea un poco de retraso en la belleza externa, pues en sus
organismos y en el espíritu son los mismos de las razas que al parecer
están más adelantadas, por lo bellas.

82 D.- ¿El hombre apareció a la vez en todo el mundo hoy conocido?

M.- Distingamos aquí un algo importante. Los hombres aparecieron a la


vez (o en el mismo tiempo) en todas las partes habitables del mundo. Pero
esto no quiere decir que fueran los continentes que hoy conocemos,
porque unos desaparecieron y aparecieron otros; pero los que
aparecieron más tarde que el hombre, como los que aparecen hoy, son
poblados por inmigraciones, porque de la tierra no pueden salir otras
bolsitas como las que vimos para aparecer por primera vez los hombres; y
estos cataclismos, precisamente, son para mejorar la tierra y los hombres
y los opera el espíritu por ley y justicia.

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CAPÍTULO VII

EL HOMBRE

83 D.- ¿Qué es el hombre?

M.- El hombre es el ser racional de los mundos y sobre él no hay más que
el Creador; pero invito al discípulo a subdividir la pregunta en muchas,
para hacer una anatomía descriptiva del ser más grande de la creación.

84 D.- ¿Qué es el cuerpo del hombre?

M.- Es la verdadera arca de Noé, por cuanto está formado de las esencias
de cuarto grado de las materias de los tres reinos con vida natural animal;
es el instrumento de que se sirve el espíritu para su obra de la
demostración de la vida; y es el filtro de la materia, para su purificación,
que pasa al alma; más sin esta no existiría, porque se disgregarían sus
moléculas y serían insensibles.

85 D.- ¿Qué es, pues, el alma?

M.- Hemos llegado al punto que te prometí antes. El alma humana no es


más que el alma animal sino en ser un grado más pura en su esencia
material y esto la hace más sensible; pero, como aquélla, no razona,
aunque tenga sentimientos, porque la razón es del espíritu. Aquí
consideramos el alma sola, sin el espíritu; y como te digo que es esencia
de la esencia animal, debo explicarte como se hace la primera alma
animal, base del alma humana; es así: Sabes que el alma universal es el
éter, que todo lo baña y vivifica con vida natural; pues bien: también el
éter tiene sus grados de pureza, y del grado más puro que envuelve la
tierra el espíritu lo metamorfosea con las esencias de las primeras plantas,
después de haber pasado por los minerales, de esta unión de fuerzas,
ambas negativas en verdad, por su contacto con la materia tosca y
resistente; pero al fin es alma universal o éter rarificado; tiene su parte
positiva, porque de continuo la toma y supera en vitalidad y sensibilidad al

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alma de las plantas, que viste formar unas masas pegajosas, lombriz o
babosa; aquello ya es producto filtrado desde el mineral a la planta, y allí
está el alma universal sirviendo de impulsión; la masa aquélla se contrae y
es con la repulsión que se establece la primera vida animal ya hoy alma
animada, que ya no morirá eternamente. Ahora ya aparecerán nuevas
especies y tomaran de aquella alma, que aquéllos mismos animalejos
seguirán elaborando y otros tomando, hasta que vivan todas las especies y
todas la agrandan y la purifican incesantemente, hasta que la medida del
espíritu dice: ya puede formarse el alma del hombre, que es cuando todas
las especies han desarrollado sus instintos. En aquel momento sucede el
terrible cataclismo que te describí, y queda otra vez en silencio la tierra,
apareciendo las especies que fueran antes las más finas. El espíritu
maestro separó del alma animal, que estaba fundida en una sola, la quinta
esencia, y así también la quinta esencia de las moléculas de los cuerpos,
que comparada con el alma, es cuarta esencia. Allí están todos los
gérmenes de los instintos de sensibilidad y memoria animal, llegando al
precioso momento del nacimiento del hombre. Desciende entonces la
familia espiritual, para encargarse y tomar la tierra; toma cada uno la
parte de alma que le corresponde y la parte de materia también
correspondiente, y el espíritu se envuelve en aquella alma y por ella se
adhiere a la materia, quedando engendrados los primeros hombres en el
tronco del quino que le sirve de matriz en su larga gestación. Así se forma
el alma humana, que llegará, en el tiempo, hasta la casa de Eloí, sirviendo
de vestido al espíritu que la dignifica y por ella toda materia vuelve al
centro en donde se inició a la vida natural, y entonces, por la unión del
espíritu, está espiritualizada. ¿Quién podrá ver en aquella alma que
alumbra como un sol y como muchos soles aquella lombriz o babosa que
vimos bajo la raíz de la grama? ¡Qué de evoluciones y metamorfosis
infinitas y continuadas! ¡Qué tremendo trabajo el de la naturaleza y que
sabiduría la del espíritu, en esa elaboración de alta alquimia!... Sólo siendo
el espíritu omnipotente y consubstancial de Eloí puede hacer esto, que
ningún otro ser que no sea el hombre puede ejecutarlo. Bendigamos a Eloí
en su sabiduría y amor paterno.

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86 D.- Así, no me extraña que no haya podido la humanidad, hasta hoy,
desentrañar estas grandezas; confieso forzoso que la razón no alcanza
cuando el hombre es sólo dúo; y aunque me ha dicho ya la procedencia
del espíritu para hacerse hombre completo, vuelvo a preguntar aquí: ¿El
espíritu ha adquirido otra naturaleza?

M.- Sí, realmente. Cuando fué lanzado a la vida individual sólo tenía la
naturaleza divina de su progenitor Eloí; pero en estas luchas ha adquirido
la naturaleza humana; la naturaleza de creador de formas y cuerpos para
la demostración de la vida, y dobló su sabiduría; pues tenía la sabiduría
innata por su naturaleza y consubstancial de su padre, y por la experiencia
ha adquirido la sabiduría de la razón, que, si es material por su origen,
cuando logra el espíritu, por su esfuerzo, colocarse en su lugar como
primera entidad de su trinidad, esta razón que nació de la experiencia, en
la sabiduría, forma el mejor blasón del espíritu, que lo coloca por corona
de la conciencia, formando el entendimiento y todos los sentidos, y si bien
llamamos a éstos corporales, en realidad la materia, sin el alma, no tiene
sentidos, sino instintos que aun no son sentidos: sentido significa
sentimiento y esto es del alma, por su sensibilidad; pero son sentidos
materiales irracionales, como en todas las especies observáis, del hombre
abajo, y en el hombre también son así hasta que razona. Y como la razón
es del espíritu porque pertenece al discernimiento, que sólo puede
iniciarlo la sabiduría, propiedad del espíritu, cuanto mas crece el
discernimiento más crece la razón. Así sigue su proceso, hasta que,
dominados los instintos, se descubre el espíritu y se convierte la razón en
naturaleza espiritual, que es la segunda naturaleza del espíritu y a la que
llamamos razón humana; por lo que hasta el cuerpo del hombre llega a las
sensaciones espirituales, por el descubrimiento de su trinidad, porque
entonces el espíritu, a conciencia de su razón, se eleva por las regiones
etéreas o siderales (como las han llamado los hombres), pero adonde el
espíritu se eleva es a la comunidad de los espíritus libres en el espacio, o a
mundos a los que su progreso alcanza, y así sirvió dos vidas, dos reinos y
dos mundos, teniendo por esto el espíritu ahora, realmente, dos
naturalezas.

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87 D.- ¿Así es, maestro, que sólo por el espíritu el hombre es hombre?

M.- Y sin él sólo sería un animal distinguido, pero que llevaría todas las
desventajas sobre los animales por su menor fuerza bruta y delicadeza, y
sería más desgraciado que todos; y aun lo es por muchos siglos, hasta que
muchos descubren la razón y auxilian a los otros, hasta que todos llegan a
razonar; entonces los primeros se hacen trinos y empieza el progreso y el
tiempo de la resurrección, tan mal entendida.

88 D.- Por lo tanto, el descubrimiento de la trinidad, ¿es la resurrección


tan mistificada y desnaturalizada? M.- Sólo el descubrimiento de la
trinidad significa el descubrimiento de la verdadera resurrección; porque
hasta ese momento el espíritu estaba dirigiendo toda su obra, pero no era
conocido, ni se le concedía vida ni acción, siendo sólo potestad suya la
vida continuada.

89 D.- ¿Esto nos confirma que el hombre no lo es hasta que descubre su


trinidad?

M.- Así es realmente; antes era sólo el aspirante a hombre, el niño que se
desarrolla bajo la dirección de su padre y del preceptor; y aun no lo es
hasta que la experiencia y los años lo hacen apto para dirigir él a otros
hombres, en lo moral y material.

90 D.- El mal y el bien: ¿dónde principia y por qué causas?

M.- Como ya conoces las tres entidades del hombre, seré breve. Sabes que
el cuerpo y alma del hombre es la verdadera arca de Noé, que se dió como
símbolo; el espíritu tiene que organizar los instintos, para que cada uno
sea satisfecho, en justicia, en sus derechos naturales; y como tenemos
dentro de nosotros mismos todas las especies naturales y éstas, por su ley,
piden la satisfacción, lo mismo que cuando son sólo animales, tienen que
ser satisfechas. Pero hasta que el espíritu logra dominar algunos para
hacer conciencia, que es una fuerza convictiva, y sumada la de varios
instintos que han de imponerse a otros instintos como ejemplo de que
aquellos están sometidos y toman en ley de sabiduría lo que es de su ley,
hasta el momento, digo, en que esa fuerza sumada de instintos

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dominados puede imponerse, es el alma y el cuerpo humano un enjambre
de abejas sin reina, donde sólo existen la confusión y el desorden y nacen
bandos antagónicos. Aquí empieza el mal y por esto es el antagonismo la
causa y el principio de las pasiones, que se eleva a concupiscencia si el
espíritu esta dominado por la materia; miles de veces sucede así por un
equívoco en elegir padres, sexo, posición y ambiente, y ahí el espíritu se
enceguece y busca su satisfacción en la materia, que no puede dársela
porque no está en su ley; hasta que el sufrimiento, la inflexibilidad de las
leyes de afinidad y justicia y los avisos amorosos de sus guías logran abrirle
los ojos, y entonces se convierte en héroe y reconoce su equívoco,
enderezando su camino con mayor razón y con la experiencia que le dan
los sufrimientos, convirtiendo el mal en bien; por lo que, realmente, el mal
no existe, porque no está en la ley divina, sino en la ignorancia que del mal
tiene el espíritu y en las leyes que el hombre hace para vivir en sociedad,
que es el primer grado de progreso a que llegan las humanidades.

91 D.- ¿Por lo que antecede se diría que el progreso es lo que hace sufrir?

M.- Justamente es así; pero también el niño tiene que sufrir si ha de llegar
a ser hombre y tiene que encerrarse en las entrañas de su madre, llorar al
nacer, sufrir las consecuencias de su impotencia en la infancia, su
inexperiencia en la adultez y el aprendizaje de su oficio o carrera, porque
solo así puede llegar a ser hombre. Lo mismo es el progreso. El nos hace
sufrir primero, para llegar por él a la civilización, cuando todos están en
camino de progreso.

92 D.- ¿Cuándo el hombre puede llamarse civilizado?

M.- Cuando se conoce a sí mismo. Porque conociéndose a sí mismo


conoce a sus hermanos; conoce la creación, las leyes divinas, su
procedencia, su progenitor; sabe de donde viene, por qué está en un
mundo y a donde va. Aquí comprende que el universo es común todo a
todos y sólo la sabiduría es propiedad del individuo, por lo que sabrá amar
a su hermano.

93 D.- Acabamos de comprender que sólo en la vida comunal se puede ser


civilizado. ¿Puedo afirmarlo en mi conciencia?
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M.- Esa es la verdad eterna; afírmalo. Pero sabe que, aunque no se haya
llegado a la comuna, hay hombres civilizados en sí mismos, que son
misioneros que van preparando el ambiente para llegar al régimen
comunal, que es el fin perseguido en la ley de amor para todo el universo;
mas esos hombres civilizados son mártires de su deber, en sus
sentimientos y muchas veces hasta en sus cuerpos, en la propagación de
la idea redentora, y no son reconocidos porque la mayoría es incivilizada,
no ama. Y tal es la opresión de los incivilizados en la materia, que la
naturaleza, por ley y justicia, tiene que hacer manifestaciones para borrar
de una sola vez toda la injusticia del error caduco, hijo de la
concupiscencia que nació del antagonismo; por lo demás, el mundo no es
civilizado realmente hasta que por su progreso material, moral y espiritual
entra en el régimen comunal, que es cuando hay mayoría de civilizados,
porque la ley eterna es inflexible y sólo obra en virtud de la mayoría, que,
felizmente para la tierra, pudo justificarse en el juicio final por lo que se te
pueden descubrir estos secretos y estas verdades, porque Eloí lo garantiza
renovando la tierra y dándonos la luz por credencial y pago del trabajo de
seis tremendos días, que el hombre pasó en la tierra.

94 D.- Se ha dicho que las potencias del alma son memoria,


entendimiento y voluntad. ¿Es así?

M.- Punto arduo es éste, aun en estos días; pero está la verdad en su
reinado y hay que juzgar y sentenciar. ¿Recuerdas, discípulo amado, el
triste desenlace de las tres grandes virtudes teologales? Fué funesto para
sus sostenedores; en las tres potencias no sucederá lo mismo en su
esencia y ser, pero sí en su propiedad. Distribuyamos, y digo primero que
deberíamos decir y diré: memoria, voluntad y entendimiento, porque
éste es su orden genealógico científico, moral y jurídico. La memoria es
propiedad del alma desde que es individualizada; pero significa vacío y
tiene un corto período de vida para cada cosa, pues en cuanto una cosa se
comprende en lo material pasa a la conciencia como reminiscencia o
índice, habiendo luego que acudir por la razón, al registro en el archivo de
la conciencia; y sólo la inteligencia puede recomponerlo en esencia,
simplificando todo un poema, una historia, una ciencia, en una ley, en un

46
número o en una moraleja. Por lo que la memoria es una facultad
realmente de la materia y es a causa del vacío o de la ignorancia del alma,
que, si puede retener una cosa, es porque hay un lugar vacío del alma. Por
esto se borra de la memoria una cosa, en su materialidad y se comprende
bajo una sola palabra, ley o número; y es sin embargo entonces cuando se
sabe la cosa; cuando por ese número, ley o palabra el entendimiento la
desarrolla; pero entonces ya, aunque está en el alma, ésta se convirtió en
archivo del espíritu y lo llamamos conciencia; pero es nuestra misma alma,
sometida a su creador espíritu. El hombre no debe preciarse de tener una
gran memoria, sino un gran talento, un entendimiento perspicaz porque
esto emana de la inteligencia y esto no es facultad del alma, sino del
espíritu. La memoria tampoco radica en el cerebro; éste no es más que un
centro de vibración para el alma, única que tiene memoria, y tendrá tanta
más memoria cuanta menos sabiduría hay en su archivo, que es la
conciencia de las cosas; y conciencia quiere decir posesión, fruición. Por lo
que acabaré diciendo que la memoria es facultad del alma y que el alma
es materia, lo que indica ignorancia; que posee la facultad de la memoria,
porque el alma es formada (como ya sabes) del alma universal, y ésta es la
placa infinita preparada por el Creador, por lo cual está dotada de la
necesaria sensibilidad para retener y transmitir eternamente los hechos y
sonidos de todo el universo. Esto lo ha comprobado la ciencia, que sabe ya
hasta cuánto corren la luz y el sonido. Pero hasta las figuras, te digo yo,
quedan impresas y eternamente se ven en el éter. Por esto tiene esa
facultad el alma animal y humana, como lo comprobaréis siempre, por las
leyes del magnetismo y remanencia. La voluntad ya no es facultad, ni
propiedad del alma ni del cuerpo; éstos no tienen más que instintos, por
los que obran los seres irracionales y los hombres inconscientes, que son
llevados a las cosas por el mandato de otros; esto es imposición del
consciente al inconsciente, y así no es voluntad. Pero, fijándonos
estrictamente en los seres de cuerpo y alma, vemos que todo lo hacen por
un instinto y sin raciocinio, sin entender lo que hacen, y esto no es
voluntad. Por lo que voluntad no es potencia del alma, sino un derivado
del entendimiento, que nos muestra la necesidad de obrar. Eso es
voluntad, que tendrá mayor o menor valor según la razón de voluntad,

47
según que obremos por convicción o forzados por imposición de las
circunstancias, o según que nos neguemos a la imposición o al deber por
discernimiento o por indolencia. Todo esto no es, no puede ser del alma
(que aunque sea buena es materia), sino del entendimiento, de la
inteligencia y de la razón, y éstos atributos sólo son del espíritu. Del alma
son los instintos, que pasan a ser voluntad cuando entran dominados a
formar la conciencia y el sentimiento; esto sólo pertenece al espíritu; y así
no es del alma, aunque radica en el alma humana, la que lo es por el
espíritu, el cual, para mayor razón concluyente, sabéis que es la voluntad
del Creador, en tanto que el alma es el pensamiento del Creador. El
pensamiento es el deseo del ser, en tanto que la voluntad es el ser, y éste
es el espíritu por su inteligencia. El entendimiento es la comprensión de
las cosas, la concepción de las cosas, el discernimiento de las cosas. Esto
es sólo de la inteligencia, de la razón, y esto es sólo del espíritu. Entonces
el entendimiento no es del alma animal ni del alma humana. Lo que hubo
es que el hombre, cuando encontró esas potencias, no conocía el espíritu,
porque no se conocía a sí mismo; sólo había visto el alma y a ella adjudicó
lo que es del espíritu. Pero no hay impiedad, aunque haya impropiedad en
la adjudicación, porque el espíritu quería que fuese reconocida el alma su
esposa, en la que se encierra. Cuando sería conocida, el hombre se haría
trino, descubriéndose el esposo, y sería el día de la verdad. El cuerpo vería
que no puede prescindir del alma y que, siendo ésta sólo el vestido en que
se envuelve su director, el espíritu, propietario de la razón, tampoco el
alma podría conservar su primacía ni prescindir ni rechazar al espíritu, su
primero, ni al cuerpo, su inferior. Así, el alma vence a su cuerpo y se rinde
al espíritu, y los dos se elevan en potencias y facultades hasta él.

95 D.- Cada vez aumenta mi sed y es justo que sea así ante las maravillas
descubiertas. ¿Qué me dirá de los cinco sentidos?

M.- No me interesa poco esto. Pero ¿quién ha dicho que el hombre sólo
tiene cinco sentidos? Tiene cinco, cinco mil y cinco millones y todos
cuantos instintos venció y se rinden por su sensibilidad y pureza. Hay
quien siente el roce de un pensamiento y quien apenas siente un latigazo;

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eso va con el desarrollo de las facultades y cada uno siente tanto más
cuanto más se eleva.

96 D.- ¿Y cuántas facultades tiene el hombre?

M.- También esto es incontestable categóricamente; pero es de interés


seccionar esto en dos grupos grandes: facultades materiales y facultades
espirituales, y aun llegar al tercer grupo de facultades medianímicas, en
que llegan a convertirse las facultades todas.

97 D.- ¿Cuáles son, pues, las facultades materiales?

M.- Por facultades materiales han de entenderse todas las que al cuerpo
se refieren, y son representadas en los sentidos así de placer como de
dolor, pero no pueden nunca ser separadas del alma, porque por ésta se
sienten. Mas tiene facultad el cuerpo y el alma de aprovecharlo todo, de
usufructuar todo lo que en el mundo hay, creado por la naturaleza y por el
espíritu, porque todo es para el cuerpo humano y en su ley natural nada le
es prohibido; pero tiene por regularizador su alma, resistencia intermedia
que es entre el cuerpo y el espíritu; y cuando ésta puede regularizar las
facultades del cuerpo, ya camina hacia la armonía y domina fácilmente
todas las fuerzas y facultades naturales, porque entre el cuerpo y el alma
están todas las facultades del reino animal; pero no pueden llegar al
dominio o posesión de esas facultades sino por la emanación inteligente
que el cuerpo recibe, por el alma, del espíritu que en ella está envuelto;
por lo que, si el cuerpo obrara sólo con su alma, sólo serían facultades
animales, y ya en el hombre no cabe esto, ni aun en el estado
embrionario.

98 D.- ¿Cuál es la facultad mayor del cuerpo?

M.- La reproducción, que le es ineludible, por la unión de sexos; pero ni


ésta puede ser sin el espíritu, ni aun en los animales, porque en estos obra
el espíritu universal hasta que hay hombres en la tierra; luego el espíritu
humano, para el progreso de las especies, en unión siempre del espíritu
universal y los espíritus naturales, que imprimen al alma animal instintos

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sentimentales, que no pueden llegar al amor porque no hay razón; pero
desarrollar el cariño es propio y facultad de la materia, por la afinidad.

99 D.- Puesto que la reproducción es la mayor facultad de los cuerpos


animales y no se opera sino por la dirección del espíritu, ¿hay alguna
diferencia de ley en la procreación del hombre?

M.- Sólo el progreso que hay del animal al hombre, si prescindimos del
espíritu; porque la ley es sólo una y se produce por los mismos medios.

100 D.- Pero he visto las grandes manifestaciones de la naturaleza para la


aparición del hombre; y por lo mismo que allí la ley fué la misma, con sólo
(como dice) la diferencia de progreso, preveo que algo grande debe
acaecer en la concepción del hombre. ¿Puede descubrírmelo ya el
maestro?

M.- Ya lo inicié antes, amado discípulo; pero concretaré y te voy a


satisfacer. Te dije que para la reencarnación cada espíritu sufre un juicio
de los maestros del consejo en su plano (que para la tierra están en Sión),
y es autorizado o negado, según esté en la justicia. ¿Te parece ya poco
trascendental esto? Porque ya representa que la ley se cuida
delicadamente de cada hombre, de su destino y funciones intermedias;
pero no es por el cuerpo ni el alma, sino por el espíritu; porque en este,
por su naturaleza divina, es justo que las leyes divinas intervengan y lo
hacen con la mayor solemnidad, cual corresponde a la dignidad del
hombre. Pues bien; tan pronto obtiene la autorización para reencarnar,
elige sus padres en afinidad y justicia, y en su potencia de espíritu deposita
la esencia del ser en uno de los microhombres que su futuro padre lleva
en el cerebelo. Imprime el deseo en él y hace vibrar los sentimientos de
amor en su madre, posándose en ella y aun dejándose percibir. Llegado el
momento supremo, une a sus padres y tiene en su ayuda a sus
protectores y los de sus padres, que presencian el acto de la concepción y
él mismo hace descender el microhombre y lo conduce hasta la matriz de
su madre, donde lo incuba y lo cría hasta su alumbramiento, momento en
que se encarna por su alma al alma que tomó el feto de parte de cada uno
de sus padres. El espíritu que reencarna ha tomado otra parte de alma del

50
alma universal, cargada de las partes esenciales de la materia que ha de
asimilar a su alma, del carácter, cualidades y aptitudes que ha de tener en
aquella existencia y queda entonces como aletargado, porque se anubla y
se reduce a la impotencia de la debilidad del infante, en la que se ha de
amoldar, conforme a la lucha que viene a sostener, y de esto son los
padres los encargados.

101 D.- Cierto que estas funciones tan grandes y matemáticas requieren
potencia, sabiduría y sacrificio, que sólo el espíritu en libertad puede
concebir y obrar. Pero, ¿cómo pueden cumplir los padres, cuando ignoran
todas esas funciones y misión?

M.- Por el amor que el infante despierta en ellos, con sus gracias e
inocencias, y porque la ley de afinidad y justicia esta latente, más que
nunca, entre las familias, durante la infancia, y los guías y protectores
inspiran de continuo en los padres y se demuestran en el infante por sus
miradas, gracias y lloros, incitando al espíritu del infante a sus
demostraciones, con las que pide compañía, alimento y ayuda en sus
enfermedades. Las madres por su percepción, lo sienten pronto, porque
su ternura les anuncia la necesidad del infante, y generalmente aciertan
ellas más que el médico lo que sufre el niño. Tal es la sensibilidad de
algunas madres que, estando lejos de su cría, sienten en sus pechos, por
una vibración, que su hijo llora, como lo podéis comprobar muchas veces.
Pero esto ya pertenece a facultades medianímicas bien marcadas, aunque
todas las cosas que el hombre ejecuta son facultades medianímicas, por
más que no se hayan estudiado como tales. Por lo tanto, decir facultades
del cuerpo es impropio, y aún del alma también; pero es necesario, para la
comprensión, hasta que se es trino; entonces ya todo se puede
comprender y probar por el estudio psíquico, que quiere decir unidad
consciente de fuerzas materiales y espirituales, lo que llamamos
mediumnidades y, por esto, facultades medianímicas.

102 D.- Estoy comprendiendo que no hay ninguna manifestación en la vida


que no sea medianímica. ¿No es esto salirnos del hombre? M.- ¿No has
visto, amado discípulo, que el hombre es tres? ¿No has visto también que
jamás puede obrar un espíritu solo? Pues si el hombre es materia y
51
espíritu a la vez, y está, quiera o no, vibrando en el éter, alma universal
que enlaza todos los seres del universo infinito, por más que todo sea
medianímico hasta la concepción de los seres, no es salirse del hombre,
porque el espíritu necesita los cuerpos para obrar y mostrarse, y nunca el
hombre es más hombre que cuando tiene conciencia de que es médium,
porque médium significa intermediario, y el hombre es materia y es
intermediario de la naturaleza y del espíritu, como el espíritu es
intermediario entre la naturaleza y el Creador; ya ves cómo no debes
temblar al asegurar que todas las facultades del hombre son
medianímicas, porque efectivamente lo son, ya sea de un mismo espíritu
solo (cosa no imposible, pero si difícil), ya sea por inspiración y posesión
de otro espíritu.

103 D.- ¿Y cuántas clases de facultades medianímicas hay?

M.- Son innumerables. Sólo pueden contarse por los actos diferentes que
el hombre ejecuta. Pero no enumeraré ninguna, porque en la ley de
mediumnidades, en el código, se dicen las más principales, que han sido
objeto de estudios en tiempo de tinieblas. Mas sabe que siempre obramos
medianímicamente y que por los resultados de tus obras conocerás la
procedencia; porque, conociéndote a ti mismo, por fuerza sabrás quién te
sopla y de qué lado viene el viento.

52
TERCERA PARTE

CAPÍTULO VIII

GRADOS DE PROGRESO

104 D.- ¿Cómo entenderemos y apreciaremos el progreso de las


humanidades?

M.- El hombre progresa en todo instante, aunque lo consideremos en su


estado embrionario; pero no se manifiesta el grado de progreso adquirido
hasta que la mayoría de los hombres están en ese mismo grado, porque
entonces lo hace ley, aunque sea por costumbre, y esa costumbre pasa en
tradición, hasta que otro grado absorbe al anterior. Así ascendió el
hombre desde la bolsita que apareció en el quino hasta la familia,
primero; luego a la tribu, donde ya unificó ideas y costumbres y donde por
esa unidad surge en el hombre la idea de adoración; pasa de la tribu a la
ciudad, donde se legisla y nacen las comarcas o naciones; luego los reinos
e imperios, donde las necesidades les obligan a progresar en común,
empezando las ideas de la mutualidad, hasta llegar a un fin en el que el
hombre se ve estrecho entre barreras y religiones y quiere romper los

53
valladares, lo que no consigue hasta que da personalidad al espíritu. Es
ahora cuando la humanidad se encuentra entre dos luces, en el
crepúsculo, entre la noche y el día, en que vislumbra el sol de la verdad del
espiritismo, por el cual empieza a comprender su error; pero entonces
también el error, el prejuicio de una larga vida de millones de siglos bajo
yugos que entonces ve que le coartaron su libertad y le obligaron a ser
ignorante y falto de sentimientos, y entre el error y la verdad se entabla
una lucha titánica, la que se acaba con un acto de justicia y se dan por
terminadas todas las doctrinas, credos, religiones y dioses y empieza el
séptimo día, bajo el solo credo espiritismo y con un solo nombre universal:
Eloí.

105 D.- Los días: ¿cómo se dividen y qué pertenece a cada uno?

M.- Para la inteligencia del hombre únicamente se les da una división por
etapas o epopeyas; pero en el capítulo “La creación” habéis visto las
funciones ejecutadas en sus épocas. Pero la tierra, como todos los
mundos, tiene siete días, mucho más largos que los de la humanidad, y
unos y otros son muy irregulares; pero los de la humanidad de la tierra
son: 1º, desde la aparición del hombre hasta la fundación de las ciudades;
2º, de éstas hasta que recibió maestros misioneros en Adán y Eva, con 27
misioneros más; 3º, de Adán a Noé; 4º, de Noé a Moisés; 5º, de Moisés a
Jesús; 6º, de Jesús al Anticristo o juicio final, y 7º, de ahí hasta el final del
progreso, en que, no teniendo la tierra más que dar, marchará la familia
espiritual y ella se disgregará.

106 D.- ¿Cuáles son los primeros progresos que mostró la humanidad?

M.- La familia, por el sentimiento y la necesidad. Pero ésta le trajo en su


ignorancia y por el sentimiento la adoración de la materia, que se elevó a
religión en su otro grado de progreso al formar la tribu, cuya religión se
impuso cuando el tercer grado de progreso surgió formando la ciudad, y
se irguió aún más, hasta divinizarse bajo cualquier nombre de Dios,
forjado por el sacerdote, llegando al dogma oneroso en la fundación de
los reinos y naciones.

107 D.- ¿Qué bienes han traído las religiones?


54
M.- Sólo uno: el sufrimiento del hombre; pero no porque sea un bien de la
religión, sino porque la sabiduría del espíritu sabe sacar bien del mal; por
lo demás, todas las religiones fueron la rémora del progreso material y
espiritual.

108 D.- ¿De modo que no son necesarias las religiones para el progreso de
los mundos? M.- Ya he dicho que son la rémora del progreso; pero esto no
quiere decir que no sean necesarias, pues necesarios en los mundos son
hasta el crimen y las guerras; porque los instintos originan el antagonismo
y éste las pasiones. En ese antagonismo (único pecado original de todos
los mundos) nacen las tendencias religiosas, políticas y sociales, y
necesarias son todas esas calamidades. Pero el que sean necesarias no
quiere decir que sean buenas, salvo para que el espíritu ejecute su
potencia y su sabiduría, sacando bien del mal. Por lo demás, no son
necesarias para nada en los mundos, y por esto no existen religiones, ni
religión, más que en los mundos de expiación; no las hay en los mundos
regenerados desde el juicio final, ni en los mundos de luz y progreso que
pasaron de ser expiatorios y viven sólo el credo espiritismo y el régimen
único de la comuna, con el solo nombre Eloí universal, que no es un Dios,
ni la comuna política, ni el espiritismo religión.

109 D.- ¿Qué son, pues, las religiones?

M.- Idolatría, negación del Creador; lo comprobaréis por sus hechos y


virtudes.

110 D.- ¿Y sus milagros y virtudes en qué quedan?

M.- ¿No viste en que quedaron las tres grandes virtudes de “fe, esperanza
y caridad”, que hoy puedes llamar ceguera, desesperación y baldón? Los
milagros no existen: los hechos que la religión dogmatiza milagros se
registran todos los días; y si se repiten es porque son hechos naturales,
producidos por causas naturales; los operan los médiums, según el
desarrollo de sus facultades, pero jamás fuera de la ley, que es cuando
serían milagros, según el entender de las religiones. Mas nos importa muy
poco de todo eso que pasó y a la tierra no volverá, y sólo sacaremos el

55
provecho de poder apreciar mejor los beneficios de la comuna ante las
páginas negras y rojas que nos han dejado las religiones.

111 D.- Desearía calificar los seis días o epopeyas de la humanidad por su
progreso, porque comprendo que la labor habrá sido diferente.

M.- Cierto es que la labor es diferente (aunque sólo tenga un fin), como
todo en la tierra es diferente y el fin sólo es el progreso; pero en cuanto a
los días de la humanidad hay que calificarlos así: 1º. Infancia, en la que
sólo se puede esperar hacerse hombre. 2º. Adultez, de la que sólo
travesuras y desaciertos hemos de recoger. 3º. De aprendizaje y
desarrollo, en que los maestros fueron los 29 misioneros. 4º. Roturación
del terreno y clasificación para la siembra con provecho, desde Noé, por
Abraham y Jacob, hasta Moisés. 5º. La siembra de todas las semillas,
desde Moisés hasta Jesús y Juan. 6º. El cultivo, la escarda y la siega,
recogiendo en el juicio de mayoría los frutos y llevándolos a los depósitos
del Padre. 7º. El descanso y el cobro del trabajo en la comuna, bajo el
árbol de la verdad eterna, el espiritismo, coronado por Eloí.

112 D.- En concreto, ¿qué es el espiritismo?

M.- Ya lo dije antes: es luz, fuerza, potencia, sabiduría y amor. Es luz,


porque el espíritu es luz. Es fuerza, porque la toma de la vida universal,
que es la fuerza única mecánica que origina las evoluciones metafísicas
para producir los hechos y cuerpos físicos. Es potencia, porque el espíritu
es consubstancial del omnipotente Eloí. Es sabiduría, por esa misma causa.
Es amor, porque sólo tiene esa ley por su progenitor. Decimos espiritismo
porque es el nombre plural de espíritu y porque es una entidad social
universal, formada por la solidaridad de justicia y afinidad, y sobre todo
por la fraternidad legítima que existe entre todos los espíritus del
universo, de luz y de tinieblas, como hijos directos del mismo padre Eloí. Si
la causa es el nombre y el nombre es espíritu, no se puede llamar la
entidad social o fraterna más que espiritismo. Todo otro nombre es
amalgama.

113 D.- Así que, siendo el espíritu la causa de la creación, el espiritismo lo


abarca todo?
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M.- El espíritu es la mecánica universal, que origina la metafísica, que ha
de producir los efectos físicos; por lo que, en lo material, es la mecánica, la
metafísica y la física, de cuya trinidad salen las artes, las ciencias y el
progreso todo. Por lo tanto, todo se encierra en el espiritismo y por él
todo se estudia, sin dejar vacío, cuando los hombres son conscientes de su
trinidad; porque por las facultades trabajamos al unísono los espíritus y
los hombres y no existen entonces ni misterios ni secretos, hasta llegar a
Eloí, al que no podemos penetrar en sólo una cosa, que es la causa de la
vida, que a él solo pertenece.

114 D.- ¿Y cómo hay ciencias que se oponen?

M.- No hay ninguna ciencia que se oponga; aunque sus hombres nieguen
el espiritismo, sólo hacen un papel tan ridículo como lo harían en negar
que ellos viven estando hablando contigo; su negativa no tiene valor más
que en cuanto a ellos los retrata de imbéciles, porque niegan la evidencia
y sus mismas funciones, que operan espiritualmente en el mismo acto en
que quieren negar el espíritu y el espiritismo.

115 D.- ¿Y no es lo mismo espiritualismo?

M.- Esa es la amalgama de las religiones y de la supremacía, ideada para


desvirtuar al espiritismo. El espiritualismo admite todas las religiones con
sus errores. El espiritismo es la verdad únicamente, por lo que condena
todos los errores. Por lo tanto, el espiritualismo es la antítesis del
espiritismo. En aquel sólo pueden militar los que aceptan las religiones,
que todas son un error y una idolatría; y así el espiritualismo es la antítesis
del espiritismo. En aquel (repito para afirmar) sólo pueden militar los que
aceptan las religiones; éstas, todas y cada una, son un error y una
idolatría; por lo que el espiritualismo es la apoteosis de todos los errores y
de todas las idolatrías, hechas en un ramillete de todas las flores
venenosas y de anestesia. Pero MURIO AL NACER, como le sucede al ser
que encarna en una madre con todas las enfermedades de los vicios, que
al parir mueren el hijo y la madre. Yo le digo al espiritualismo hijo de todos
los errores científicos y religiosos, y a las religiones y sus dogmas, con
todas las sociedades que lo engendraron: PAZ EN LA TUMBA!...

57
CAPITULO IX

CONOCIMIENTOS DE CAUSAS Y EFECTOS

116 D.- Los hechos físicos, considerados en general, ¿son causa o efecto?

M.- Todos los hechos de los hombres son efecto de su causa


correspondiente; y aun los hechos de la naturaleza realizados en sabiduría
son efecto de causa mayor, aunque los veamos obrar como causa. Pero
mientras el hombre no llega a la sabiduría considera (y no hay mal en ello)
los hechos de la naturaleza como causa, por la razón que dije antes que el
espíritu no se muestra hasta que no se ha reconocido al alma, porque es
sabiduría y justicia no poner la cúpula del edificio sin haber levantado los
muros y columnas que la han de sostener.

117 D.- Así, pues, el crimen en general, ¿de qué es efecto?


58
M.- El crimen, como todo hecho contra la ley divina, no tiene mas causa
que el antagonismo de los instintos. Y aunque veáis en la historia hechos
muy diversos, estudiándolos hasta su raíz llegaréis al antagonismo, que en
todos los casos será la causa de los efectos.

118 D.- Pero en el infanticidio, por ejemplo, ¿cómo podemos ver


antagonismo, siendo incapaz el infante de ofender?

M.- ¿Has olvidado, amado discípulo, que el cuerpo es sólo un instrumento,


una herramienta que el espíritu se prepara para su trabajo? ¿No sabes que
te he dicho que ni el cuerpo ni aun el alma son responsables de los hechos
que el hombre ejecuta? Pues estas consideraciones te llevarán a encontrar
que la causa de esos hechos es el espíritu, que es causa única de todo lo
que a la vida demostrativa se refiere. Pero como el espíritu, por sí solo y
sin materia propia o tomada de un afín, no puede obrar ni obra solo
nunca, porque al instante vibra en el éter y acuden sus afines, no sólo
encontraréis aquí el antagonismo de los espíritus aberrados que se pegan
a la materia. sino que encontraréis también, latente, el antagonismo de
los instintos de su alma y cuerpo, que originaron la pasión que doblegó al
espíritu, por ofuscación e indolencia; momento en el cual la pasión se
convierte en concupiscencia y el espíritu hace que su cuerpo y alma se
endurezcan y cometan la cobarde hazaña del infanticidio, no por ir en
contra del cuerpecito del infante, sino que el hecho es contra el espíritu
que ocupa aquel cuerpo indefenso, para privarle así de que haga la obra
que venía a ejecutar. Ya ves aquí que la causa del hecho es el
antagonismo, que está más atrás, en el antagonismo de los instintos, que
aun no han sido sometidos a la conciencia.

119 D.- Bello ejemplo para servir de jalón seguro en todos los hechos y
conocer la causa que origina los efectos. Pero en el caso de oponerse a la
procreación por tantos medios, ¿dónde está la causa?

M.- La causa única siempre será el antagonismo, porque él sólo es la causa


de todo mal. Pero aquí encontraréis muchas causas secundarias,
originadas todas por la concupiscencia, que originó leyes sociales
inmorales y sobre todo la subyugación de la mujer y el desequilibrio por

59
las clases en que dividieron la sociedad por las leyes absurdas de la
propiedad, por las que se acapara el sudor de los trabajadores por los que
no trabajan ni producen, obrando como vampiros, que a fin de chupar
causan la muerte de los sentimientos, a la vez que aniquilan los cuerpos
por el encarecimiento de las cosas necesarias a la vida. Mas todo esto lo
tienes explicado en toda la nueva doctrina y en la comuna desaparece,
porque desaparece la propiedad individual, que es causa del desequilibrio.

120 D.- No existiendo la propiedad, ¿puede existir el robo?

M.- Sólo el amor (porque el amor es desinterés) puede evitar el robo. Por
lo que, aun no existiendo la propiedad, puede existir el robo; porque si
uno es sabio y el producto de la sabiduría no lo entrega a la comunidad; si
el que es obrero oculta sus aptitudes por indolencia, no hay duda que
usurpa beneficios que no da, pudiendo. Esto es robo y, por lo demás, roba
material o espiritualmente todo el que no produce y da mal ejemplo; pero
la causa, digo, es la falta de amor, en primer término, aunque su raíz la
encontrarás lo mismo en el antagonismo, origen único del mal.

121 D.- ¿Cómo juzgaremos los hechos?

M.- Por ti mismo. Sabiendo que no puedes querer para otro lo que para ti
no querrías.

122 D.- ¿Y de qué medios nos valdremos para corregir al delincuente o


defectuoso?

M.- De los que se vale la naturaleza: con el ejemplo, con el trabajo;


llevando como baluarte el amor, para así tolerar al menor en sus
debilidades. Porque sabed que solo por la hartura se dominan los instintos
y sin satisfacerlos jamás los dominaréis; si le priváis de sus derechos,
despertaréis forzosamente el antagonismo; con la tolerancia y el buen
ejemplo los instintos serán satisfechos y pasarán a formar conciencia. El
secreto de todo este capítulo está en saber medir las distancias, para no
equivocar el paso y caer. Por lo tanto, AMAOS COMO HERMANOS, y la
corrección no será necesaria. Y por fin, no olvides, discípulo amado, que
en la familia de Eloí nadie es desheredado; habrá cambio de moradas,

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buscando cada uno su nivel, su armonía, sus afectos; pero el cambiarlo de
morada no es desheredarlo, sino amarlo extremadamente, puesto que se
le pone con sus iguales, donde sus defectos no escandalizarán ni lo
avergonzarán. Eso es medir las distancias.

PARTE CUARTA

CONOCIMIENTOS DE REGIMEN

CAPITULO X

EL HOMBRE ANTE LA LEY

123 D.- Ya que me dijo el maestro que el espíritu no puede eludir la ley
divina, ¿quiere decir esto que está impresa en el hombre? M.- Puesto que
el hombre sólo lo es por el espíritu, y es hombre (que haga honor a ese
nombre) sólo cuando es trino y sin embargo de tantas caídas siempre se

61
rehabilita, ello es porque lleva impresa en su ser la ley de amor, que es la
ley divina.

124 D.- La sociedad humana, en tanto que no tiene en fruición el amor y la


equidad, ¿por qué leyes debe regirse?

M.- Por las leyes de mayoría siempre, aunque sea estando solo en la
fruición de la equidad; porque la equidad aun no significa justicia absoluta,
ya que, cuando ésta llega, el amor está en su más alto grado posible en
cada mundo y entonces la ley está en todos y no se necesita dictarla.

125.- ¿Cuándo la ley es realmente de mayoría?

M.- Cuando es hecha en verdadero plebiscito, estando como constitución


la ley de amor y la verdadera libertad.

126.- ¿Y el plebiscito quién lo compone?

M.- Todos los seres en uso de razón, es decir, desde que están en posesión
de los conocimientos comunales; y son cómputo hombres, mujeres y los
espíritus libres, porque también para ellos se legisla, y toman parte en
verdadera justicia; pues ellos serán los hombres de la generación
siguiente.

127 D.- Dictada la ley de mayoría, ¿son los de la minoría obligados a


cumplirla?

M.- ¿Y dónde estaría entonces la autoridad de la mayoría, sino en el


acatamiento y cumplimiento de la ley? Lo que hay es que la mayoría, en la
comuna, no busca supremacías ni un bien particular, y no hay luchas de
ignorantes aberrados, sino que triunfa la mayor sabiduría y en ésta están
inequívocamente los mayores. Además, no son leyes de opresión, sino
que en ellas se busca mayor progreso, descanso, libertad y acrecentar el
amor, porque la comuna es el yugo suave del Creador.

128 D.- Pero, como es natural, la minoría debe sufrir un algo en el


cumplimiento de una ley que no está en su fruición. ¿No se comete
extorsión o injusticia al imponerle la ley?

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M.- ¿Cuándo la justicia puede ser injusticia? ¿No hacéis la ley en plebiscito
y bajo un código de amor y libertad? No, no hay extorsión, ni la ley comete
injusticia; la ley es un acicate para los que aun están atrasados, y es justo
que les obligue a adelantar, hasta poder igualarse a la mayoría, y al fin se
llega así a la unidad. Mas puede haber responsabilidades al hacer cumplir
la ley, porque es posible que los más atrasados no estén en la capacidad
suficiente para poder cumplir la ley, y aquí del maestro para medir las
distancias y poner a cada uno en el punto que le corresponde. Por lo
demás, todos están obligados no sólo a respetar, sino a cumplir la ley.

129 D.- ¿Qué causas han de ocurrir al establecimiento de una nueva ley
comunal?

M.- El mayor progreso; el ser insuficiente la ley que regía hasta entonces,
siempre buscando el mejoramiento; el mayor progreso con el menor
esfuerzo, y esto sólo puede ser hecho por la mayor sabiduría.

130 D.- ¿En todos los continentes puede ser la misma ley?

M.- Sí, en cuanto a ley fundamental del código de amor, porque esta ley es
única, y desde el mundo embrionario hasta el centro de las vibraciones
ella sola impera, sin excepción. Ahora, en cuanto a las leyes de
administración y régimen social, no puede ser la misma absolutamente
más que en su fondo, pero variará sin que lo podáis evitar como varía el
ser étnico para la ley natural: y es que el esquimal no está en las mismas
necesidades ni puede ser lo que el hombre del meridiano: por lo que cada
región se dicta su régimen distributivo y social, conforme a sus
necesidades.

131 D.- ¿Cuál es el carácter universal de las leyes de régimen parciales de


cada región?

M.- El reconocimiento del “Código universal”, al que se han de ajustar


todas las leyes internas de las regiones y ciudades; cuyas leyes no pueden
tener ni una letra de desconocimiento del código, ni una palabra que
desconozca la plena libertad de todo hombre, ni un artículo impuesto o
sugerido por otra región; sino que el esquimal, lo mismo que el del

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meridiano, deben hacer sus leyes como si no existieran más que ellos y su
región fuera todo el mundo. Lo que quiere decir que en todas partes llega
el hombre a su ciudad y a su casa, porque en todas partes encuentra las
mismas obligaciones, los mismos derechos y los mismos beneficios,
porque en todas partes son sus hermanos y en todas partes no hay más
que el reinado del espíritu regido por el amor.

132 D.- Cuando hay un plebiscito en una ciudad y en ellas se encuentran


hermanos de otras ciudades, ¿pueden tomar parte?

M.- No sólo pueden, si no que son obligados a ello y nadie puede


prohibirles tal deber, porque toda ley que hace extraños a los hombres no
es ley civilizada; y como las leyes son el reflejo de la sociedad, ciudad o
región que tal ley tuviera declararía que no es civilizada. Aun al contrario,
exige el código agasajar y anteponer el viajero hermano, porque lo habrá
llevado a vuestro hogar una razón elevada, como la de visitar afinidades,
estudiar vuestro progreso o llevaros más que el vuestro; y en todo caso el
hombre estudia en los viajes. Pero de todos modos y por todo sabéis por
el código que el mundo todo es sólo una casa y una familia, y que cada
ciudad es un hogar de esa familia.

133 D.- ¿Cuál es la ley más inexorable en la comuna?

M.- La ley del trabajo. Y cada uno en su oficio, ocupación, arte o ciencia ha
de ver sólo su deber, porque sólo el trabajo es la regeneración y la base
del progreso, y por tanto, de la civilización.

134 D.- ¿Por trabajo debe entenderse toda ocupación y siempre está
obligado el hombre a él?

M.- En la comuna no puede haber trabajo inútil; todo trabajo u ocupación


es productivo, y el hombre no debe de carecer de nada, ni aun del asueto
y las regalías; porque todo lo de la naturaleza le pertenece y en ella no hay
nada superfluo, ni aun en los juegos y danzas. En cuanto al tiempo,
primero es el estudio y hacerse apto para el aprendizaje; luego trabajar
durante su fuerza y a los sesenta años descansar y dedicarse al consejo de
las juventudes; pero esto lo tenéis en el código especificado y es de la

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incumbencia de los maestros, con sus consejos, que precisamente serán
los ancianos sus consejeros.

135 D.- Por fin, maestro, ¿qué haremos de todas las leyes seculares que
rigieron a la humanidad?

M.- ¿Qué hacéis con un edificio que no sirve? Lo demoléis y aprovecháis


los fragmentos sanos, como ripios de la nueva obra que vaís a levantar. He
ahí lo que haréis. Pero ante todo sabéis que se os da una ley nueva; y si se
os da es porque se han derogado todas las anteriores; y la última
derogada es la de Moisés, porque ésta fué la de la siembra y hoy estamos
en la recolección del fruto del trabajo y la ley no puede ser la misma para
niños que para hombres, ni para segadores y sembradores. Aprovechad,
pues, muy bien los ripios, porque ellos son como reliquias del pasado, que
ayudaron a que se pudiera levantar el nuevo edificio, que ya es el
definitivo, hasta que dejemos esta morada por otra mejor, que el espíritu
prepara con agrado de nuestro Padre Eloí.

CAPÍTULO XI

DEFINICIONES MAXIMAS

136 D.- Deseo conocer lo que hay sobre la trinidad del Creador y demás
trinidades; pues en las doctrinas derogadas y relegadas existe, sobre todo,

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una trinidad, compuesta de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo,
pero no puedo explicármela racionalmente. ¿Qué hay de verdad?

M.- El amado discípulo no se va por las hojas, ni aprovecha el ripio menor.


Oye y entiende bien, pues éste es el artículo capital. Ese principio no esta
falto de fundamento, está errado en la comprensión, pero es un absurdo
en el dogma. Los hombres dijeron “Dios”, y dioses se levantaron tantos
como hombres; se les trajo a Jehová pero se convirtió en Dios de los
ejércitos, y se consintió en ello porque era más racional que los dioses que
pedían lascivia y concupiscencia de la carne; más llegó un momento en
que también debía cesar Jehová y las guerras y Dios y Jehová fueron
substituidos por el “Padre”, que ya está dentro de la razón, del
sentimiento y del amor y no debían ya existir ni Dios ni Jehová, sino Padre.
Este nombre fué traído por Juan y Jesús, dos de los 29 misioneros que
vinimos con Adán y Eva inclusive; pero como éstos venían a sembrar las
últimas semillas de libertad y amor, debieron atacar al poder civil, que
mantenían los ejércitos, y a las religiones, que hacían dioses hasta de los
libertinos y rameras; y aunque los dos fueron sacrificados, cumplieron su
deber cumplimentando la verdadera ley de Moisés (no la que tenían los
sacerdotes, que no era la que Moisés dió). En aquélla se anunciaba al Hijo
de Dios y al espíritu creador, y Jesús se llamó Hijo de Dios, significado en el
Padre, y sostuvo la venida del Espíritu Santo. Esta es la etimología de esa
trinidad que no entiendes, porque el dogma la desfiguró, como lo
desfiguró todo, hasta al Anticristo, a quien tanto temen, y éste no sería
más que el que traería la definitiva redención con el juicio final, el credo
espiritismo y la ley de amor, en el nombre universal ELOI, que substituye y
anula todo lo de todos los nombres de dioses e ídolos. Eloí es único y no
trino, como entidades, pues aunque lo acompañemos de sus dos criaturas,
espíritu y vida, éstas no son santas ni omnímodas, porque sólo Eloí es
santo y omnímodo. Todo lo demás aunque sea el espíritu, es criatura.
Como Jesús dijo ser hijo de Dios y anunció la venida del espíritu creador,
unos siglos más tarde nació la religión católica, de triste memoria, e hizo
un credo irracional, poniendo su base en esa trinidad de Dios Padre, Dios
Hijo y Dios Espíritu Santo; y añadió que eran tres personas distintas y un
solo Dios verdadero. Es decir que hizo la Trinidad, y en su explicación, que
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tendría que ser ilógica, se salió, como se dice, por la tangente, o como rata
por tirante; y aunque dijera que sólo es “un Dios verdadero”, era ya fuera
de lugar, porque Dios y los dioses habían sido abolidos por Jehová, como
éste lo fué por el Padre. Por lo que no queda nada de esa gran majestad
trinitaria, y hoy sólo es Eloí, que ya Abraham lo pronunció en su “Hellí”
hebreo, y Jesús también, colgado de la infamante cruz. Si no hubiera sido
una religión la que hiciera esa trinidad, habría visto que sólo el Creador es
santo, y no hubiera hecho santo ni al espíritu su hijo ni a otros ídolos; pero
le habría faltado un tercero para hacer la trinidad racional y así dividió una
entidad en dos, porque dijo: hijo y espíritu santo. El único hijo que ella
quiso sostener le costó el cisma griego y armenio y otros, que no
encontraron razón física ni metafísica para aceptar la unigenitura, porque
la razón dice que el espíritu procede del Creador y cada hombre tiene su
espíritu, y es lógico que todos sean sus hijos y lo son. Por lo tanto, no es
uno solo el unigénito, porque somos todos y es plurigenitura. Tenemos ya
ahora creador, o Eloí y espiritismo, porque son todos los espíritus sus hijos
y serán dos entidades. ¿Podemos, lógicamente, hacer el trino? Podemos
hacerlo, honrando en ello al único Eloí con un segundo efecto, por el que
se muestra creador secundario el espíritu su hijo; y este gran efecto es la
vida demostrada, por la que únicamente se puede concebir el espíritu; por
éste a su progenitor Eloí, del que son el espíritu y la vida dos brazos dignos
del cuerpo Padre. Lo que no ha podido ver ni hacer religión alguna. Solo
ha podido verlo el espiritismo, y a demostrarlo vino el temido Anticristo,
que hace y expone la gran trinidad compuesta de Eloí, espíritu y vida, que
significa creador, universo y creación. ¿Está satisfecho el discípulo?

137 D.- Satisfecho, y bendigo al Padre por tanta luz.

M.- Pues yo bendigo al discípulo, adoro a Eloí y le digo: ¡Eloí... senté tu


trinidad y mi espíritu está satisfecho de cumplir tu mandato!... ¡Discípulo
amado! Demos gracias al maestro de los maestros, espíritu de verdad, que
inspira a tu maestro; sigamos.

138 D.- Ya todos los caminos están abiertos, maestro. Pero hay que
andarlos con el jalón luminoso plantado en esa trinidad del único santo, y

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no interrumpir el orden de marcha aun a trueque de repetir las cosas; así,
hágame la trinidad del hombre.

M.- Ya la sabes. Espíritu, alma y cuerpo; pero debes saber también que
estamos en el mismo orden de la trinidad anterior; es decir, que
ascendiendo sería: cuerpo, alma y espíritu, y responde a la sabiduría,
porque no se pude encontrar la causa sino estudiando los efectos. Por
esto encontramos al hombre en la materialidad de su cuerpo (que obra
maravillas físicas y hasta su propia belleza), pero si este cuerpo no tuviera
el alma, que le hace sentir las sensaciones gratas o ingratas al cuerpo, no
tendría alicientes ni goces, porque no experimentaría las luchas que le
interesan, aunque la lucha es vida; pero el alma (aunque sea esencia) no
deja de ser materia del mismo origen que su instrumento cuerpo, y, como
lo demuestra el reino animal, nada embellecería de la naturaleza; mas el
alma aun en su primera vida humana, rústica y embrionaria, ya presiente
algo que no pueden presentir los animales, y es el espíritu, modelador y
modulador de las formas y demostrador de la vida, de los movimientos, de
los sentimientos, del carácter, de la nobleza y de todas las cualidades
sobreanimales, porque para el espíritu (y así para el hombre) todo es
natural, por que todo esta en su ley; y lo que hace (aunque sean
maravillas) son cosas naturales y no milagros, que no existen; pero estas
maravillas, que han llamado fenómenos, el espíritu las concibe, las
engendra en su conciencia y las ejecuta el cuerpo, su digno instrumento,
sintiendo el efecto el cuerpo y el espíritu, por la sensibilidad del alma su
intermediaria, resistencia equilibradora. He aquí, pues, una digna y
segunda trinidad, respondiendo a la gran primera trinidad de Eloí, que se
complace en las obras de su hijo y lo reconoce en el hombre como
espíritu, alma y cuerpo; pero no olvides que sólo juzga y sólo manda a su
hijo directo y consubstancial: el espíritu.

139 D.- Digna trinidad la que forma el espíritu, primer efecto de Eloí,
siendo la segunda entidad la máxima trinidad. ¿Cuál es la trinidad de la
vida, tercera entidad de la trinidad de Eloí?

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M.- Energía, movimiento y luz, que significa mecánica, metafísica y física;
lo que da, necesariamente, principio a la vida y su demostración, que ya
tienes explicado en la creación.

140 D.- ¿En las leyes hay trinidad?

M.- Sí, y es de necesidad que la haya, desde que el hombre es tres


entidades con diferentes derechos, aunque se basen en la misma ley de
amor; y así sabes que hay ley divina, ley natural y ley humana, y como en
todo, empezando por la ley humana, ya sea de propio instinto o dictada
para elevarnos a las naturales, que las encontramos en todas las cosas y
de ellas ascendemos a las leyes divinas, cuando ya somos trinos
conscientes y comprendemos las leyes divinas, naturales y humanas.

141 D.- La ley madre o de amor ¿con qué hace trinidad?

M.- Con las leyes fatales de afinidad y justicia.

142 D.- Y la civilización, ¿con qué forma trinidad?

M.- Ninguna cabeza puede tenerse sin pies; para llegar a la civilización es
necesario pasar por la ilustración, y a ésta se sube por la educación.

143 D.- ¿Con qué forma su trinidad la sabiduría?

M.- Con sus dos efectos: arte y ciencia; pero como estos dos forman el
progreso general, que llamamos civilización, tendremos para la gran causa
sabiduría, civilización y progreso; trinidad de la que nacen todas las
demás, mecánica, metafísica y física, que están reguladas por las
matemáticas. Pero encontraréis siempre todas estas trinidades por esta
gran trinidad que nos demuestra la vida progreso, civilización y sabiduría,
porque (te repito por última vez) no se puede llegar a la causa más que
por los efectos, y progreso y civilización son efecto de la sabiduría.

144 D.- Me acaba de decir el maestro que las matemáticas regulan todo el
progreso, puesto que sujetan a la trinidad madre del progreso: mecánica,
metafísica y física. ¿Es que las matemáticas son una verdad real?

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M.- ¡Ay..., amado discípulo!... Has tocado el punto más delicado que existe
del espíritu abajo!... Si del espíritu te contesté sin distingos, no debo
hacerlo así de las matemáticas. Son ellas justamente la demostración
palmaria de la verdad eterna, hasta del espíritu. Mas esto es del tiempo
venidero, porque es de pertenencia de la matemática racional, llamada
pura, hoy abstracta para la misma ciencia matemática, hija de la
geometría, y ésta es sólo del espacio infinito. Mas no te dejaré vacío y aun
dejaré abierto el camino para los geómetras que llegan y para algunos de
los que hay hoy, y digo: 1º. Que las matemáticas que hoy conoces son la
ciencia exacta físicamente por excelencia, en cuanto dicen que cuatro
hombres son cuatro hombres, o cuatro columnas, o cuatro vigas, etc., y no
se les puede desmentir; por lo que todas las ciencias se someten a su
inflexibilidad. 2º. Que esa misma verdad física en número no es la verdad
metafísica, porque cuatro hombres son infinitos cuatro en su constitución,
lo mismo que sean columnas, vigas, etc., porque son tantos unos como
corpúsculos los componen u otra unidad aun más infinitesimal que el
corpúsculo. 3º. Que son las matemáticas producto de la razón que ideó, y
que así son y serán eternamente idealismo inacabable como el universo,
pero siempre jamás serán dominadas las matemáticas positivas por las
matemáticas puras (o de la razón), como el espíritu domina al universo y
Eloí al espíritu. 4º. Que se prueba esto con que las matemáticas, por la
geometría, han tomado sus elementos del espacio, del tiempo y del éter,
porque no hay otra masa, y estos tres elementos alimentan las
matemáticas por la inacabable fórmula C.G.S. (centímetro, gramo,
segundo), y están en relación con cada mundo: pero es sólo facultad del
sabio espíritu comprenderlo, porque esa trinidad representa al Creador en
su incomprensibilidad; por lo que las matemáticas, en toda su grandeza,
son sólo condicionales en cuanto son positivas; pero las reales
matemáticas son las racionales, que dan cada día campo a la
experimentación, y lo darán eternamente y siempre por el ideal de la
razón; pero en cada mundo, al final, el último número será el último
átomo de la esencia que puede extraerle el espíritu para su archivo. Esta
es la matemática pura y real, porque es racional y es un idealismo.

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145 D.- Después del desenlace de la pregunta anterior, poco me queda
para completar mi plan de examen; y aun las que voy a hacer son sólo
para concretar. Dígame: ¿por qué es lo último el ejercicio de la justicia,
siendo así que sin ella no puede existir el equilibrio?

M.- La raíz de ese mal es la raíz de todos los antagonismos; pero en este
caso de la justicia hay una causa abstracta en el nombre, que son los
dioses, la multitud de dioses creados por la concupiscencia, pues cada
religión impuso uno; que aunque hayan dicho (sarcásticamente) que todos
eran un mismo ideal, en las prácticas, en los dogmas, en los gatuperios,
que cada una ha puesto en juego para hacer a su Dios mayor que al de la
otra, dieron lugar a todas las injusticias congregadas, dogmas y artículos
absurdos de fe ciega. Pero lo que no puede descubrir ninguna religión es
que su Dios es Dios de ciegos y él es rey de los ciegos; por lo que jamás vió
ninguna ni jamás verá las injusticias de la división de las razas, de las clases
y de las riquezas comunes del suelo, porque en esas divisiones estaba su
reinado. Por eso caen todos los dioses de su trono en cuanto se inicia la
humanidad en la unidad de un credo, en el reconocimiento del Creador
único, al que no pueden resistir las divisiones porque el universo es uno e
indivisible, como Eloí. Cuando éste es reconocido por la razón, por la luz
del espíritu dominador de todo el universo; cuando el hombre trino ve
que el espíritu es el Creador secundario, entra en su razón
convictivamente, porque se conoce a si mismo, conoce que toda división
es injusticia y que sólo la unidad de la comuna puede hacer justicia, y
convencido la proclama, bajo el credo universal espiritismo, adorando sólo
y universalmente a Eloí.

146 D.- ¿Y por qué es temida la comuna, siendo tan justa?

M.- Por lo dicho en la pregunta anterior. Porque acaba con las


desigualdades de los dioses y sus creadores los sacerdotes y feudos de
ellos; porque derroca la supremacía y la autocracia; porque acaban los
nombres y colores de sangre; y sobre todo porque reconoce como ley el
trabajo y éste es un coco muy terrible para los parásitos; y porque la
comuna rompe todas las cadenas y en ella canta el hombre el himno de
libertad, la libertad santa del pensamiento, con la que el hombre entra en
71
las matemáticas puras y sondea la metafísica, descubriendo su origen
grande en Eloí por lo que no puede ser esclavo. Ante este descubrimiento,
los dioses y sus corifeos ven descubierta su falsedad y su crimen de lesa
humanidad y se ven avergonzados, porque temen que les sea aplicada la
pena del talión; porque, como no saben amar, tampoco saben lo que es
amor, ni de hermanos ni de Eloí. No han querido reconocer la nobleza que
da el trabajo al trabajador, ni que sólo en el trabajo no se profanan las
leyes divinas y que sólo en el trabajo se unen los pensamientos y en esa
unidad se llama al Padre y se le adora en el universo, y por esto tampoco
han visto la regeneración del mundo, porque no entraron en el taller y
sólo hicieron vida en los salones, engolfados en la impudicia, y esto acabó,
porque el mundo ya es regenerado y sólo adora, por su razón, a Eloí, y por
convicción y amor, nacido en el trabajo, ama el hombre en el hombre a su
hermano, y hasta en su hermano y en sí mismo y en todas las cosas, y por
lo tanto en el universo, ve y adora sólo a Eloí.

147 D.- ¡Ha triunfado el hombre!, maestro. Empecé mi diálogo viéndome


vil gusano; no soy más que lo que era físicamente, pero no me conocía.
Mas me miro y no me admiro: quiero llorar y el llanto no acude a mí; para
mí mismo sólo alegrías me rodean, y es que, metafísicamente y en verdad,
me veo sobre el universo, vivo en formas y en medio del espíritu universal,
siendo uno de tantos átomos...; pero es que en esa pequeñez está la
alegría que me circunda, porque, átomo y todo, soy grande en la
consubstanciabilidad de Eloí, y en vez de gusano vil soy el universo vivo
que está en mi ser y desaparece la materialidad del arca de Noé,
convirtiéndose en el más preciado cofre de la sabiduría de Eloí, siendo
obra del espíritu. Mas aun hay un gran símbolo, el de Adán y Eva, que
deseo ver sintetizado, pues comprendo que, después de aclarada la gran
trinidad que deshizo la otra irracional, es de justicia saber por qué el
símbolo de Adán y Eva.

M.- Todo está aclarado en la nueva obra, y primero que todo el símbolo de
Adán y Eva; en tu pregunta veo más una justificación del porqué del
símbolo que el símbolo mismo, pero no tiene explicación diferente del
arca de Noé, y digo que el símbolo fué hecho por Moisés, encerrando en él

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toda la obra de la creación, cual podía decírseles a los hombres de
entonces. Mas no lo dió como artículo de fe, ni todo el génesis aquél es
mas que el índice de la historia del mundo y de las humanidades de la
tierra; y fué así porque entonces ya se anulaban todas las leyes dadas
siglos atrás, porque se daba la ley del Sinaí, y dejaba en aquel génesis el
índice de lo que había que hacer cuando los hombres se vieran en su
realidad, como tu te ves siendo el cofre de la sabiduría representado en el
arca de Noé, y viste como en tu cuerpo están todas las especies de los tres
reinos de la naturaleza y, por el espíritu, todo el universo. Decir que Adán
y Eva fueron los primeros hombres de la tierra era decir: aquí empieza el
hombre regenerado. Mas observa que anotan que Caín, desterrado del
paraíso y andando errante, encontró mujer con quién tuvo hijos, y no
podía ser si Adán y Eva fueran los primeros hombres, mayormente cuando
sólo habían tenido (a estar al Génesis) a Caín y Abel, y éste fué muerto por
Caín; y aunque vivieran Abel y Caín como hombres, no podían concebir y
parir hijos. Observa más y veras que, después que Moisés anota a muerte
de Abel por Caín, asegura que “Adán conoció a Eva y tuvo un hijo, Seth”; y
éste es el primer hijo que tuvieron Adán y Eva en la tierra y fué el
legislador, como lo puedes observar, pues dice que “en él empezaron los
hombres a llamarse de Jehová”. Ya ves, discípulo amado, que desde el
primer momento, desde la primera generación de los misioneros, fueron
anulados los dioses, y por eso Moisés empieza su génesis riguroso en el
capítulo quinto, y de ahí arranca la historia de la regeneración; pues los
cuatro capítulos primeros solo son como el índice de una larguísima
historia no escrita y que ya caducaba. Adán y Eva son los primeros
hombres del mundo en su raza regeneradora; y efectivamente, en ellos
nacía la humanidad que podía llamarse formada por hombres. Esto es lo
que significa ese hecho real, y no símbolo, y lo significó bien, en cuanto
Caín, en hebraico, quiere decir maldad, y Abel virtud o bondad. La virtud
es sacrificio, como maldad es venganza; y también está dicho allí, en el
llamado que hace Lamech a sus mujeres, diciéndoles y jurándoles que
“Caín sería vengado siete veces”; pero Lamech juró vengarlo setenta veces
siete; es decir, que declaraba la raza primitiva la guerra sin cuartel a la raza
naciente y redentora de Adán y Eva. Y tanto han cumplido los primitivos

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su juramento, que aun hoy, después del juicio final, en que la raza
adámica cubre la tierra y es suya la inmensa mayoría en el suelo y la
totalidad de los que están en espíritu, aun lucha el juez y su tribunal con
los dioses que condenó cuando Seth evocó a Jehová, pero ahora es el
último segundo de la lucha, porque Eloí marcó el punto en su cuadrante y
la luz ilumina las tinieblas de Caín.

148 D.- Satisfecho, maestro, y por último le suplico que toda esta
grandeza y sabiduría me la dé encerrada en un canto que recuerde al
hombre en todo su ser y evoque al padre Eloí.

M.- Por el amor, discípulo amado, evocare a la sabiduría. Oye:

Es el hombre el universo,
Y su espíritu la luz;
Conociéndote a ti mismo,
Verás el espiritismo,
Que es sapiencia, amor y luz
Y credo del universo.

Si elevas tu pensamiento
Al centro del creador,
Traspasando esa substancia,
Veras que eres consubstancia,
Y que eres el creador
De los mundos y los cuerpos.

Mas al llegar a Eloí...


¡Qué pequeño te verás!...
Nonada... casi... serás...
Pero eres su hijo al fin...
Y... ¡Padre MIO!... dirás…
Llegué a mi casa... te oí...
¡Oh, Padre! bendíceme...
Y este cántico oirás:

Entra en el goce de tu Padre, hijo amado,


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Que a ruda batalla yo te mandé.
Por mi fuerza todo lo has dominado,
Ya a mi banquete ven, siéntate,
Y sea mi luz tu luz y tu alimento.

Mas ve otra vez y cruza el firmamento,


Recogiendo los corderos extraviados,
Pues yo te confirmo experto maestro.

149 D.- ¿Y otra vez iré a la lucha?

M.- Irás otra vez y escucha Que te dijo: “eres maestro” Y al maestro se le
exige...

150 D.- ¿Sacrificio? No me aflige. M.- Pues Eloí te bendice Y te bendice.

El Maestro.
Joaquín Trincado.

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