ICONOS
Teológia sobre su veneración
Por el Obispo Alejandro Mileant +
El fundamento teológico
en la veneración de los iconos
La Iglesia Ortodoxa tiene un tesoro invaluable, no solo en el ámbito de
los oficios y las obras de los Santos Padres, sino también en el ámbito del arte
eclesiástico. Como se sabe, la veneración de los santos iconos es muy importante
en la Iglesia Ortodoxa, ya que el icono es algo mucho más grande que una simple
imagen. No es simplemente un adorno del templo o una ilustración de las
Sagradas Escrituras, sino que tiene una correspondencia total con Ellas, es un
objeto que entra orgánicamente en la vida de los oficios divinos. Con ello se
explica el significado que la Iglesia da al icono, es decir, no a cualquier
representación en general, sino al icono canónico, es decir, aquella imagen
específica que Ella misma ha elaborado en el transcurso de su historia en la lucha
contra el paganismo y las herejías; aquella imagen por la cual, en el período
iconoclasta, pagó con la sangre de sus mártires y confesores de la fe.
'Icono' es una palabra griega que significa 'imagen, representación.' En el
icono la Iglesia no ve sólo un aspecto cualquiera de la enseñanza cristiana de la
fe, sino la expresión del Cristianismo en su totalidad, la Ortodoxia como tal. Por
ello, es imposible comprender o explicar el arte eclesiástico fuera de la Iglesia y
Su vida. El icono, como imagen sagrada, es una de las manifestaciones de la
Tradición de la Iglesia. La veneración de los iconos del Salvador, la Madre de
Dios, los ángeles y los santos es un dogma de la fe cristiana que fue formulado
por el VII Concilio Ecuménico - un dogma que emana de la confesión
fundamental de la Iglesia: la Encarnación del Hijo de Dios. El icono de nuestro
Señor es el testimonio de Su Encarnación verdadera, no ilusoria. El significado
dogmático del icono fue claramente formulado durante el período iconoclasta.
Al defender los iconos, la Iglesia Ortodoxa no defendía su aspecto
didáctico o estético, sino el mismo fundamento de la fe cristiana: el dogma de la
Encarnación, ya que el icono del Salvador es al mismo tiempo testimonio de Su
Encarnación y nuestra confesión de Jesucristo como Dios. "Yo vi la imagen
humana de Dios y fue salva mi alma," dice San Juan Damasceno. En otras
palabras, el icono del Salvador es, por un lado, testimonio de la plenitud y
realidad de Su Encarnación, la representación de la Persona Divina del Verbo
Encarnado, una naturaleza nueva transfigurada; y por otro lado, testimonio de la
realidad de nuestro conocimiento de Jesucristo como Dios, es decir, el testimonio
de la Revelación Divina recibida de Dios mismo.
En esencia, la Iglesia Ortodoxa ve en la Encarnación del Hijo de Dios el
fundamento para la veneración de los iconos.