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Historia e Historiografía

Este documento describe dos enfoques para el estudio de la historia y la historiografía: la historia intelectual y la historia social. La historia intelectual se centra en las ideas y los grandes pensadores, mientras que la historia social analiza los cambios sociales y las estructuras a largo plazo. También discute las diferencias entre la historiografía clásica y positivista, y cómo la Escuela de los Annales promovió un enfoque multidisciplinario de la historia social.

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Historia e Historiografía

Este documento describe dos enfoques para el estudio de la historia y la historiografía: la historia intelectual y la historia social. La historia intelectual se centra en las ideas y los grandes pensadores, mientras que la historia social analiza los cambios sociales y las estructuras a largo plazo. También discute las diferencias entre la historiografía clásica y positivista, y cómo la Escuela de los Annales promovió un enfoque multidisciplinario de la historia social.

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Historiografía

e historia de la psicología

Patricia Altamirano

El estudio de cualquier problema psicológico o corriente


teórica puede hacerse desde dos perspectivas: un estudio
diacrónico, a través del tiempo, o un estudio sincrónico,
abordándolo en una determinada época. Los estudios
diacrónicos nos permiten analizar cómo han ido evolucionando
las ideas científicas sobre un problema a lo largo de la historia,
por ejemplo, el estudio del concepto conciencia o de los distintas
psicologías clínicas o formas de curación desde el pasado hasta
la actualidad.
Los estudios sincrónicos nos permiten analizar un
problema en una época histórica (durante la ilustración o en la
actualidad) desde diversas perspectivas y teorías. Por ejemplo, el
estudio actual del impacto de la neurociencia en la definición y
tratamiento de la esquizofrenia, los cambios sociales vinculados
a los grupos o instituciones.

7
Los estudios históricos se encuentran dentro de este
último abordaje.

La historia es una disciplina vinculada a otras


ciencias sociales y naturales, como la arqueología, geología,
paleontología, antropología, política, filosofía y otras. El estudio
de la historia difícilmente puede ser completamente objetivo,
ya que se encuentra teñido por criterios y métodos y también
ceñido al contexto sociohistórico Del estudio de estos métodos
y prácticas se ocupa la historiografía. La historiología, por otra
parte, se dedica a estudiar por qué y cómo ciertos hechos y
tendencias históricas ocurren en un momento y lugar dados.

Actualidad de los debates historiográficos


La historiografía es disciplina que se consagra al estudio
investigación y análisis de los hechos históricos. El modo de
registrarlos, sus métodos, sus formas, sus objetos de estudio y
sus intereses han variado en cada época y territorio. El relato
histórico está constituido como producción subjetiva que
toma y deja ciertos elementos de acuerdo a su interés; los
hechos históricos, por su parte, constituyen las evidencias sobre
las cuales se puede construir o reconstruir lo pasado, a través
de métodos

La reflexión sobre la Historia es irrescindible del estudio


de los modos concretos en que los historiadores han realizado
su práctica. Las relaciones entre práctica histórica y reflexión
historiográfica, por un lado, y la “teoría de la Historia”, por el
otro, son el centro del problema de la historiografía.

La historigrafía está en sinergia con las otras ciencias


sociales y aunque la práctica del historiador tiene sus reglas, sus
estrategias, sus lenguajes y las cuestiones más generales acerca
de las posibilidades de conocer ese pasado, los problemas de la
relación sujeto-objeto, de la “cientificidad”, la “legalidad” y la

8
“verdad” en la Historia así como aquellas en torno al sentido, la
situación y la temporalidad no dejan de ser temas acerca de los
cuales el historiador debe reflexionar.

El enfoque historiográfico indica cuáles prácticas y


resultados deben ser situados en su contexto temporal y espacial
de producción, vale decir en los climas culturales e intelectuales
que orientan las preguntas, en las modas profesionales que
dan preeminencia a ciertas temáticas, en ciertas estrategias
de investigación y en el surco de tradiciones intelectuales
específicas que posibilitan y justifican la realización concreta
de estas prácticas y resultados. La historiografía nos permite
indagar en las hipótesis, en la forma de argumentación, en las
técnicas concretas de trabajo, en el uso y la manipulación de las
fuentes, en sus claves interpretativas dentro del contexto de una
época específica y de una determinada tradición historiográfica.

El estudio de la Historia psicología ha mostrado diversas


tendencias tanto en su metodología (desde estudios empíricos a
estudios críticos), como en el objeto de su estudio (los grandes
hombres, las sociedades, las estructuras de pensamiento, etc.).

Dentro de estas diversas tendencias, se evidencia el carácter


circular de los debates teóricos. Las corrientes más importantes
se tensan sobre dos miradas divergentes. La Historia
intelectual y la Historia social. El conflicto entre ambas
define territorios que a veces son vistos como excluyentes.

A fines del siglo XIX, la mayoría de los historiadores


realizaban un tipo de Historia que, fundamentalmente,
respondía al modelo definido por Ranke, el cual estaba basado
en el análisis crítico de las fuentes -documentos principalmente-,
era de carácter narrativo, su contenido era político y de un
componente idealista. Este modelo entendía a las ideas como
el centro del estudio de la Historia, la cual estaba presente
en las epopeyas de los grandes hombres, en las instituciones

9
que los sostenían y en la evidencia que dejaban a su paso. Era
una Historia narrativa orientada al comportamiento político
de los grandes hombres donde toda acción se vincula a ideas
trascendentes y a líneas de explicación relacionadas con grandes
ideas que, en última instancia, gobernaban el devenir del hecho
histórico.
Frente a este tipo de Historia clásica de corte tradicional
y centrada en las ideas, surgió un nuevo modelo, la Historia
“positivista”. Este modelo basado en las evidencias, propuso
nuevos métodos de indagación, fundamentados en fuentes sobre
las cuales había previamente ejercido una crítica devastadora
para probar su autenticidad. La Historia positivista es empírica
analítica y pretende abarcar el comportamiento humano en
toda su extensión

Estas nuevas tendencias articulaba el ideal de la Historia


como ciencia o como prerrogativas de utilización del método
científico. Los historiadores positivistas (Monod, Seignobos)
estaban esperanzados en encontrar afirmaciones generales
que pudieran predecir hechos históricos y empíricamente
comprobables.

La controversia entre Historia social versus Historia


Intelectual hunde fundamenta sus diferencias entre el
historicismo clásico y la historiografía positivista.

Historia intelectuales
El movimiento historiográfico que desde hace algunas
décadas crece con renovado interés es el denominado Historia
Intelectual, cuya definición implica desplazamiento sistemático
y bastante prometedor de la noción tradicional de Historia..
Sus exponentes más importantes son: Reinhard Koselleck,
Quentin Skiner, Francois Sirinelli, François Foucault, M.
Abensour, Charles Zarka, Carlos Altamirano, JA Pocock,
Richard Rorty, Dominique La Capra . Estos autores no

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siempre realizan el mismo trayecto metodológico ni trabajan
desde los mismos axiomas, por lo que entre las nociones de
historia intelectual, historia de los conceptos, historia de
la historiografía, enfoque contextual, reflexión lingüística,
interioridad y exterioridad de los textos, se mantienen los
conceptos de la semántica histórica, campo semántico, actos
de lenguaje, oferta, formación discursiva, redes, generaciones,
corpus textual. Se incluyen entre sus cambios y convergencias de
las diversas corrientes del movimiento grandes textos filosóficos,
históricos, políticos, escritos de publicistas, manifiestos
políticos y culturales, periódicos y revistas, correspondencias,
biografías y autobiografías, incluso las historias mínimas. La
atención está centrada en papel de los intercambios culturales,
la intertextualidad, la dimensión comparativa en la historia
conceptual y las numerosas relaciones entre prácticas no
lingüísticas: el gesto, la imagen, el hipertexto
En este intercambio de enlace entre la teoría y la realidad,
el pensamiento y el texto, el texto y el contexto, la multiplicidad
de significados y la movilidad de los significados, la naturaleza
histórica de las obras y su inestabilidad, las reglas metodológicas
y los procesos de investigación, entre otras relaciones, se cruzan
y trascienden las fronteras disciplinarias y mejora la búsqueda
irreductibilidad de la historicidad.

Estos autores dan importancia al manejo de los marcos


teóricos metodológicos en el campo de los estudios del
pensamiento, la cultura y las prácticas intelectuales

Historia social
Esta denominación de Historia social constituye
la concepción de la Historia que toma en cuenta
predominantemente los fenómenos sociales como parte de la
elaboración del relato histórico. Reconoce que los cambios
sociales son progresivos, escalonados y a veces se ven frente
a transformaciones importantes a partir de efectos que no

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fueron visibles. Interpela la Historia tradicional de los grandes
hombres, sus ideas trascendentales y el pasado monopolizado
por líderes políticos, lo que siempre generó la invisibilización
de los pueblos y sociedades. Esta Historia social se consolida
con la Escuela francesa de Annales.

La Historia social es el producto de cambios de


mentalidades, de formas de entender el mundo. Implica
un ámbito d estudio multidisciplinario. La Historia debe
propiciar la pluralidad y el diálogo entre las ciencia sociales o
del hombre. La Historia social nace en reacción a la Historia
apolítica positivista. Uno de sus principales exponentes,
Braudel, detestaba un puro enfoque económico-social, el cual
sirvió de explicación de aquellas estructuras sociales de larga
duración en tanto fuerzas causales de la Historia.

Fustel de Coulanges consideraba que la Historia era “la


sociología misma” y la Escuela de los Annales indicaba que
la Historia es, por definición, social, sin política. Como una
historia de las relaciones sociales; la historia de la estructura
social; la historia de la vida diaria; la historia de la vida privada;
la historia de las solidaridades sociales y los conflictos sociales.
La Historia social implica el estudio de grupos sociales, sus
interrelaciones y sus funciones en las estructuras y procesos
económicos y culturales, la historia de las clases sociales, la
historia de los grupos sociales vistos como unidades distintas
y mutuamente dependientes. Estudia también los fenómenos
sociales y en vinculación con las disciplinas sociales
Se vinculó la Historia social a historiadores marxistas que
dieron predominancia a la influencia de las condiciones sociales,
económicas y políticas. Esta Historia logró la ampliación de los
tiempos históricos analizados y una transformación del sujeto
histórico: se pasó de un protagonismo de los grandes personajes
o de los Estados como los hacedores de Historia a las masas
sociales. También generaron innovaciones metodológicas tales
como: la aplicación de métodos estadísticos de cuantificación

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de datos para la observación y el análisis histórico a la par
de la prerrogativa de ciencias que la Historia detentaba en el
materialismo histórico y la utilización de métodos hipotético-
deductivos para la explicación de los procesos históricos.

Historia de la psicologia
Metafísica y los orígenes de la psicología moderna
¿Por qué las cuestiones acerca de los orígenes sociales
de la psicología moderna resultan fundamentales para la
discusión sobre qué es la psicología en la actualidad? ¿Cuándo
nace la psicología como disciplina científica y como profesión
reconocida? ¿Cuándo surge la reflexión sobre el alma, la
conciencia, las formas de acción de las personas y la voluntad
de los individuos?
Antes del “nacimiento formal” de la psicología, tal como
la describen los manuales de historia, era la metafísica1 la que
abordaba los principales interrogantes que hoy podemos
vincular a aquella. Si bien no eran exactamente las mismas
preguntas, los fenómenos a los que hacían referencias eran los
mismos que motivan hoy los debates psicológicos tanto en la
ciencia como en la profesión.
La metafísica es una rama de la filosofía que
estudia la naturaleza, estructura, componentes y principios
fundamentales de la realidad. Una afirmación es metafísica
cuando enuncia algo relevante sobre un asunto («cuando emite
un juicio sintético sobre un asunto») que por principio escapa
a toda posibilidad de ser experimentado sensiblemente por el
ser humano.
La metafísica aborda problemas centrales de la filosofía.
Se pregunta por los fundamentos últimos del mundo y lo
existente, la estructura de la realidad, el sentido y finalidad
1
La palabra «metafísica» deriva del griego que significa «más allá de la
naturaleza o más allá de lo material o físico»

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de todo ser. Su objetivo es lograr una comprensión teórica
del mundo, los principios últimos, la verdad más profunda
de las cosas. Trabaja sobre objetos teóricos como: ser, nada,
existencia, esencia, mundo, espacio, tiempo, mente, Dios,
libertad, cambio, causalidad y finalidad, alma.

La metafísica se encuentra vinculada a los inicios de la


psicología porque, tal como indicaría Danziger, los objetos de
estudios o los aspectos de la realidad que aborda son inaccesibles
a la investigación científica, en el sentido que lo planteaba
Immanuel Kant. Desde la perspectiva de Kant, los problemas
más importantes de la metafísica eran las afirmaciones o juicios
universales (que se referían a problemas universales), la estructura
categorial de esos juicios que era posible formular y las
coordenadas de tiempo y espacio como principales orientadores
universales para el conocimiento del mundo y el ser. Por ello,
durante la primacía de la filosofía kantiana predominaba la idea
que la psicología no podía ser parte de la ciencia.
Tradicionalmente la metafísica se divide en dos ramas,
general y especial. La metafísica general (metaphysica
generalis) pregunta por las categorías más generales del ser y por
eso también es llamada filosofía fundamental. Se ocupa de qué
son las cosas, las propiedades y los procesos según su esencia y
qué relación establecen entre sí. Al ocuparse de lo que hay, se
conoce como ontología. La metafísica especial (metaphysica
specialis) se divide en teología natural, filosófica o racional (estudia
a Dios a través de métodos racionales sin recurrir al misticismo
o a la fe); psicología racional, también llamada filosofía del
hombre, psicología metafísica o psicología filosófica (se ocupa del
alma o mente del hombre); y cosmología racional que investiga
la estructuración del mundo material, como un sistema natural
de sustancias físicas.
La metafísica puede proceder de distintas maneras. De
un modo especulativo, parte de un principio supremo, a
partir del cual va interpretando la totalidad de la realidad. Un
principio de tipo especulativo podría ser la idea de Dios, el ser,

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la mónada, el espíritu universal o la voluntad. De un modo
inductivo, intenta ver de manera unificada los resultados de
todas las ciencias particulares, configura una imagen metafísica
del mundo. De un modo reduccionista (ni especulativa-
deductiva ni empírico-inductiva), en tanto mero constructo
especulativo a base de presupuestos de los cuales los seres
humanos siempre han tenido que partir para poder llegar a
conocer y actuar.
Como apreciamos, dentro de la psicología racional
(parte de la metafísica especial) se encontraban las reflexiones
sobre la psicología filosófica o el estudio de esas categorías
desde las cuales se podía especular en torno al hombre.
Lo anterior significa que las ideas psicológicas habían
tenido existencia mucho antes del siglo presente. Estas fueron
producidas e intercambiadas ampliamente entre hombres de
la medicina, economistas, políticos, historiadores, artistas, y no
solamente dentro de la metafísica, pero es aquí donde el saber
de la época las ubicaba.
Entonces, para poder reexaminar los orígenes de la
psicología moderna el punto de partida es diferenciarla de la
metafísica superando la visión contemporánea que la ciñe a
esta. Para ello necesitamos plantearnos, como problema a ser
explicado, ¿cómo llegó a constituirse esta nueva comunidad?
Y al mismo tiempo, tal como lo plantean Ben-David y Collins
(1966), hacerlo desde una perspectiva sociológica alternativa a
la positivista.

Historia, Historiografía y aproximación


positivista en sus distintas vertientes

La historia es el registro escrito de lo que se conoce sobre


las vidas y sociedades humanas del pasado y la forma en que
los historiadores han intentado estudiarlas. Por consiguiente,
llamamos historiografía al arte de escribir la historia. Quizá
la historia sea la disciplina más complicada de definir ya que,
al intentar develar los hechos y formular un relato que sea

15
inteligible y coherente, implica el uso de muchas disciplinas
auxiliares. El objetivo de todos los historiadores ha consistido en
recopilar, registrar e intentar analizar todos los hechos del pasado
del hombre y, en ocasiones, descubrir nuevos acontecimientos.
Por consiguiente, la historia es inseparable del historiador.
Salvo que el historiador sea testigo, los hechos históricos son
conocidos a través de fuentes intermedias. Fuentes que pueden
ser los testimonios de los testigos de los acontecimientos, relatos
escritos, archivos y otras que proporcionan las pruebas con que
el historiador descifra tales hechos.

Pero el objetivo de la historia no se cumple relatando


los acontecimientos. El proceso de interpretación histórica
afecta todos los aspectos de la investigación. Se trata de un
proceso que se inicia con la selección del tema que se pretende
estudiar. En este sentido, los acontecimientos constituyen los
cimientos, pero la elección de los mismos es un juicio previo
que manifiesta la importancia de la cuestión. Elegir el objeto de
estudio sugiere una hipótesis o modelo teórico provisional que
guía la investigación y ayuda al historiador a valorar y clasificar
los testimonios disponibles para presentar un relato detallado
y coherente del elemento analizado. Por eso, el historiador
debe respetar los hechos, evitar la ignorancia y los errores
cuanto sea posible y aportar una interpretación convincente e
intelectualmente satisfactoria.

El problema radica en que no hay una sola forma de hacer


historia, como tampoco hay una sola forma de hacer psicología.
Estas formas de hacer actividades científicas están siempre en
ámbitos de debates y de incógnitas que, a pesar del esfuerzo
por los grupos de intereses en valorar más unas posiciones que
otras, son parte del crecimiento del saber y, en ciertas ocasiones,
del estancamiento de sectores del saber. Saber y poder están
asociados y deben ser ubicados en un contexto social y en una
construcción histórica.

16
Los debates sobre a qué debemos llamar historia, cómo
se debe registrar, cómo se construye y, sobre todo, qué datos
tomamos en cuenta y cuáles no y sobre quién pesa la potestad del
saber, todo ello está marcado y discutido en la historiografía.
La historiografía es una disciplina que se dedica a estudiar y
a analizar cómo se ha dado, a lo largo del tiempo, el registro
de hechos históricos por el hombre teniendo en cuenta los
métodos, las formas, los objetos de estudio, autores, fuentes y
los intereses que han variado en cada época y espacio.

Si bien la historia de la historiografía fue pasando


por diversos períodos, un momento cumbre de la discusión
sobre cómo hacer historia lo constituyó la fuerte posición del
positivismo.

El positivismo es un sistema filosófico basado en la


experiencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos
naturales. El término fue utilizado por primera vez por el
sociólogo francés Augusto Comte, creador de la historiografía
contemporánea y exponente máximo de la corriente positivista
de la historia en el siglo XIX. Gracias al positivismo de Comte,
la historia alcanzó su identidad como disciplina académica
independiente, dotada de su propio método y análisis, pero
también imprimiéndole un carácter particular con implicancias
en la forma de acceso al conocimiento.
El positivismo consiste en admitir como científicamente
válidos solo aquellos conocimientos que proceden
directamente de la observación y la experiencia. El hecho
o los fenómenos percibidos objetivamente son la única
realidad científica, mientras que la experiencia y la inducción
son los métodos exclusivos de la ciencia. En este sentido,
cualquier disciplina que aspire a ciencia debe aplicar el método
de estudio propio de las ciencias físico-naturales, despreciando
la creación de teorías a partir de principios que no procedan de
la experimentación. Apela al recurso de la lógica matemática
como estructura del discurso científico, priorizando la

17
búsqueda de leyes universales de la naturaleza para su dominio
tecnológico. Los fenómenos deben ser explicados causalmente
por medio de leyes generales y universales y la razón se
convierte en instrumento, en un medio para otros fines (razón
instrumental). En metodología histórica positivista priman
las pruebas documentadas, subvalorando las interpretaciones
generales. Como consecuencia, los trabajos de esta naturaleza
suelen tener acumulación documental y escasa síntesis
interpretativa.
De esta manera, la historia, la psicología y la sociología
serían un conocimiento libre de todas las relaciones con la
filosofía basado en datos empíricos en igual medida que las
ciencias naturales, proponiendo la investigación empírica
para la comprensión de los fenómenos sociales, psíquicos e
históricos.
Desde esta perspectiva, la mirada positivista viene a
oponerse a la fase caracterizada por explicaciones mágicas de
los fenómenos naturales, en la que se utilizaban categorías
antropológicas o del sentido común para comprender el mundo
y la utilización de una tecnología esotérica para intervenir sobre
él. Pero si bien se opone a la metafísica o filosofía priorizando
explicaciones racionales y buscando sistemáticamente el porqué
de las cosas, se aparta de los hechos echando mano a entidades
abstractas y términos metafísicos para sus explicaciones.
Las posiciones positivistas tienen una importancia
central en el impulso de las ciencias en el siglo XIX,
posibilitando nuevas formas de hacer ciencia, establecer
nuevas problemáticas y evidenciar avances destacables en el
conocimiento. En la actualidad esta corriente suma la mirada
teórica y en algunos casos abandona la estricta adscripción a
todos sus postulados extremos.

Dice Hempel (1995) que en la historia, como en


cualquier otra ciencia empírica, explicar un fenómeno consiste
en subsumirlo bajo leyes generales empíricas. Las leyes de las
cuales habla no sirven de mucho en la historia, ya que no

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permite deducciones generales. El afán de los positivistas en
hacer de la historia una “ciencia exacta” es imposible porque
el objeto de estudio es el ser humano, cuya conducta, a
diferencia de la de los animales, tiene un grado de racionalidad
y es irrepetible. Así vistos, los hechos históricos solo pueden
abordarse una vez que han sucedido y el historiador sólo puede
interpretar su necesidad a posteriori, pues todas la hipótesis
que barajase sobre lo que hubiese podido conocer si se hubiese
actuado de otra manera constituyen, en el mejor de los casos,
meras especulaciones.

La motivación del positivismo era hacer de la historia


una ciencia exacta basada en la máxima objetividad, rigurosidad
de los hechos, dotándola de un método científico de iguales
características de las ciencias naturales. Pero, ¿cómo podrían
considerar los positivistas que la historia sea una ciencia?
Mediante la observación a través de la experiencia de los hechos
históricos y una acumulación de datos comprobados en forma
crítica a través de un vasto conocimiento de los documentos.

Los hechos estaban en los documentos y solo se necesitaba


criticar a la fuente de manera objetiva, tratando de minimizar
el análisis subjetivo del autor proveyéndoles de marcos teóricos
consistentes que le permitieran ordenar la evidencia empírica
con sus miradas teóricas. El carácter científico positivista
descansaba en el convencimiento de que con ese procedimiento
el historiador podía depurar los acontecimientos de su carga
emocional para evaluarlos correctamente, limando asperezas y
eliminando las pasiones; él no debía preocuparse de establecer
leyes ni relaciones causales, pues esa tarea le estaba encomendada
a la sociología.

Las fuentes escritas que utilizaban los positivistas


estaban en documentos oficiales procedentes de los gobiernos
y conservados en archivos. Había que mantener una cierta
distancia entre el sujeto-objeto para que la interpretación no

19
sea desvirtuada por la subjetividad del historiador. Esto es, que
cualquier injerencia de tipo teórico o filosófico interpretativo
o valorativo suponía falsear el carácter exacto que debía
poseer la historia. Negarse a teorizar sobre la historia era una
actitud propia de los historiadores positivistas, discípulos de
Ranke (considerado comúnmente como el padre de la historia
científica), devenida en una constante general durante varios
siglos en los que las reflexiones sobre la evolución histórica, la
historia universal y la sociedad se hacían fundamentalmente
desde el campo de la filosofía o de la política, pero no desde la
historia propiamente.

Endefinitiva,la historiapara Rankeeraunasistematización


exhaustiva de los documentos históricos que el historiador solo
debía ordenar en su intento de reconstruir el pasado. Gracias a
eso, y al tener en consideración las circunstancias históricas del
escritor, se progresó de forma sustancial en la crítica de las fuentes
que se convirtieron en clave para evaluar los documentos. En
este sentido se rescata el aporte que hicieron los positivistas
a la historia combinando la objetividad del historiador (al
menos como ideal) con la aguda observación de que todos los
historiadores son producto de su tiempo y entorno y que, por
lo tanto, sus relatos son necesariamente subjetivos. Se auguraba
así la ruptura de la conexión de la historiografía clásica con el
arte literario de carácter intuitivo, y se la alineaba a la moderna
investigación científica.

El positivismo fue muy importante para la reflexión de


todas las formas de hacer ciencia. Antes de la mirada positivista,
la historia surgía como un quehacer más de las reflexiones
filosóficas o de las necesidades políticas, un quehacer del cual
surgirá una rama especifica de la filosofía: la filosofía de la
historia. La historia servía a la política para entronizar todos
los datos requeridos para la construcción de un cierto poder.
Además, se la utilizaba para cimentar las identidades regionales,
nacionales y étnicas. Con el positivismo la historia pasa a

20
ser conceptuada como la ocurrencia de hechos pasados que
podemos ordenar para nuestra comprensión, pues está asentada
en los documentos y solo hay que analizar esos hechos.

El positivismo pretendió de la historia un cierto éxito


predictivo, es decir, que pudiera predecir mediante la teoría
en cuestión. Al parecer, dadas sus características positivistas,
Hempel ( filósofo empirista lógico y epistemólogo) creyó saber
que para lograr un buen estudio histórico se necesitaba una
teoría “exacta”. Pero, y si esa teoría no fuera exacta, la historia
¿dejaría de ser científica?

Ha habido mucha controversia de si la historia es o no


científica. Unos plantean que es imposible en la esfera de las
ciencias sociales establecer leyes científicas, otros defienden la
unicidad de la ciencia señalando la semejanza fundamental
de la materia de investigación, tanto en el caso de las ciencias
naturales como en las sociales. Esta es la postura de Topolsky
(historiador polaco) y viene a ser corroborada por la creciente
interdisciplinariedad entre las distintas ramas de las ciencias.
Esta indica que no es posible establecer divisiones claras entre
ellas porque la unidad de la ciencia puede afirmarse por la
propia unidad del objeto de estudio en cuestión.

La historia de la psicología:
otra versión cuasi positivista
Para Alberto Rosa Rivero la historia de la psicología es:
Una metadisciplina, una forma de saber reglado que
sigue unas normas que son las que suministran las garantías
de fiabilidad y validez de sus interpretaciones. Un saber
disciplinado y empíricamente fundado.
Una disciplina particular: su sustancia es el tiempo, el
devenir, el cambio.
El historiador se halla ante el imperativo metodológico
de guardar una actitud historicista, es decir, un intento de

21
estudiar el pasado en los términos contemporáneos al presente
de aquel pasado que se evoca.
La historia es una disciplina empírica pues trabaja con
datos objetivos, es decir, evidencias que son a) empíricas: los
restos del pasado (documentos y monumentos) que alcanzan
nuestro presente y b) conceptuales: causas del cambio (describe
y explica).
La investigación histórica se centra en una región
particular del espacio estudiado por la disciplina (un
acontecimiento, un periodo histórico, etc.). Es en este sentido
en el que se habla de historia regional, como la descripción y
explicación de una región del pasado.
El producto final de la historia suele tener una forma
narrativa. Con frecuencia los productos finales del trabajo del
historiador aparecen con la forma de un relato que describe y
explica lo sucedido en un momento pasado. Esta característica
hace que haya autores que defiendan que el contenido de la
historia no esté constituido solamente por los eventos que se
relatan sino también por la forma en que esos eventos se
presentan y explican además de incluir, de forma inevitable,
implicaciones ideológicas y morales.
La multiplicidad de sentidos atribuibles al término
“historia”: función material, eficiente, formal, final. Pero para
que el texto sea considerado como perteneciente a la práctica
historiográfica disciplinada, debe ser no sólo verosímil
(compatible con la evidencia conceptual de que se dispone
sobre la causalidad física y de las acciones individuales y grupales
humanas), sino también tener validez empírica; es decir, los
acontecimientos y las causas evocadas deben de apoyarse sobre
la evidencia documental o monumental disponible. Solo así
puede hablarse de una historia científicamente válida, con
pretensiones de verdad.

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¿Cuál es el objeto de estudio de la
Historia de la Psicología?
Desde la perspectiva de Rosa Rivero, la HPsi tiene por
objetivo describir y explicar la psicología, los cambios del
pasado y producir elaboraciones teóricas sobre el propio devenir
de su objeto de estudio. Esto es, estudia los modos en los que
se hace, se construye y se aplica el conocimiento psicológico.

Atendiendo al cambio y transformaciones de la psicología


como forma de saber científico, el objeto de estudio de la
HPsi es lo que los psicólogos han dicho, escrito y elaborado
sobre constructos intelectuales que hoy entendemos como
vinculados a la psicología.

Si la HPsi teoriza sobre lo que los psicólogos han


dicho, escrito y elaborado sobre determinados constructos
intelectuales, ¿qué criterios usamos para delimitar el objeto
de estudio?

Rosa Rivero enumera:


Primero, considerar que no es lo que ha hecho cualquier
psicólogo sino los personajes eminentes y significativos para
el desarrollo de la psicología en su condición de tal. Psicólogos
que son considerados como tales por parte de quienes hoy son
reconocidos como expertos en psicología en el momento en
que tratamos de efectuar esta delimitación.

Segundo, que esos constructos intelectuales conforman


el objeto de la psicología con saber científico particular: son el
alma, mente, conciencia, conducta, acción (el comportamiento
o la personalidad humana), entre otros.

Tercero, lo que se ha hecho, dicho, escrito y elaborado


sobre esos objetos toma su materialidad en la forma de textos;
los procedimientos para construir esos textos; los métodos
utilizados para generar las experiencias que estuvieron en el
23
origen de la redacción que ahora nos llega; las instituciones
en cuyo seno se llevaron a cabo las acciones que finalmente
culminaron en esos textos.

El objeto de estudio de la HPsi se define en este contexto


como:
Textos, personajes e instituciones que generaron
discursos sobre lo psicológico, así como las acciones que
dieron lugar a ellos.
• Discursos que han sido generados, recibidos, usados
o desechados en diversos momentos temporales
• Acciones de sujetos humanos, incluidos en entornos
sociales e históricos concretos

Entonces, si el objetivo de la historia de la psicología es


describir y explicar los cambios y las transformaciones que
se han producido a lo largo del tiempo sobre este campo de
estudio en particular, se trata ahora de adoptar una perspectiva
de análisis que resulte adecuada.

Sociología de la ciencia poSitiviSta y SuS detractoreS


Tal como describimos más arriba, el positivismo tuvo un
impacto importante en la forma de entender la formación de
las ciencias y en particular de las ciencias sociales. Historia,
economía, política, sociología, psicología, antropología, entre
otros, vivieron una serie de cambios importantes y constituyeron
discursos propios que luego fueron profundamente debatidos.
¿Cómo se dio el proceso posterior desde la reconstrucción
de la sociología de la ciencia positivista a los autores que
rechazaron esta forma de ver los hechos del pasado? En
particular nos interesan los hechos del pasado vinculados a la
historia de nuestra disciplina, la psicología.
Danziger es uno de los principales detractores en la
historia de la psicología positivista. Sus textos comienzan
debatiendo con esa mirada histórica, proponiendo un

24
diagnóstico crítico y una mirada política sobre los historiadores
que escriben historia desde esa perspectiva.
Desde su mirada, la historia contenida en los manuales de
psicología está distorsionada. Su único objetivo es orientar a los
estudiantes y futuros psicólogos en el convencimiento de que
existe en el pasado una razón para acompañar en el presente
distintas corrientes psicológicas. De esta manera, se han
creado mitos acerca de la psicología, su origen e historia con
la única finalidad de imponer una forma de verla, valorando
positivamente unos saberes y negativamente otros.
Desde la perspectiva crítica de Danziger, la sociología
de la ciencia positivista presenta muchas características que
merecen ser examinadas. Dice que es acrítica con una naturaleza
profundamente ahistórica de sus categorías explicativas;
que contempla una noción de progreso acumulativo, donde
distingue la ciencia de la pre-ciencia; que sostiene que el
progreso puede ser medido por el número de publicaciones de
investigación. Aplicada a la historia de la psicología, es ésta
manera de pensar la que induce a la conclusión tradicional de que
la psicología moderna comenzó en Alemania y posteriormente
trasladó su centro a los Estados Unidos.
Es cierto que las normas que rigen la actividad científica
han sido siempre las mismas, y siempre han existido como ideas.
En este punto llegamos a advertir una dificultad fundamental
que proviene del intento de combinar el enfoque positivista
de la “evidencia” con una teoría individualista del cambio
histórico. Esta última atribuye una importancia primordial a las
intenciones individuales, mientras que el primero devalúa los
informes “subjetivos” directos de dichas intenciones, las cuales,
por eso mismo, deben ser inferidas de datos “objetivos”. ¿Sobre
qué criterio de relevancia son seleccionados dichos datos,
entre la riqueza potencialmente ilimitada de la información
histórica? Claramente, el criterio de relevancia es provisto por
la necesidad de reconstruir la situación elegida, confrontada al
individuo histórico. En este punto la supuesta objetividad del
procedimiento deviene aparente: la perspectiva del sociólogo

25
es meramente sustituida por aquella de la figura histórica en
cuestión.

Danziger y la sociología del conocimiento

La disputa entre el positivismo y la sociología


del conocimiento
Como hemos visto, existen marcadas diferencias entre
ambas perspectivas pero la más significativa es, tal vez, la
consideración del contexto social. Mientras la sociología
positivista de la ciencia se aleja de examinar el contexto social
del surgimiento de los contenidos, objetos y métodos de la
psicología, la sociologíadelconocimiento reconoce el contexto
social como determinante la naturaleza de la nueva disciplina.
Asimismo, la primera no se inquieta con disputas sobre los
cambios que han desarrollado los conceptos o las significaciones
que se le otorga a los dispositivos de las prácticas científicas, ya
que sus mediciones de la actividad están estrictamente limitadas
a lo externo como el número de publicaciones y el uso de
rótulos (por ejemplo, experimentación). Para la sociología del
conocimiento, en cambio, el problema es el contexto social del
contenido actual de las ideas científicas; aquellas mediciones
son triviales.
En la determinación de la historia de las disciplinas
científicas, la naturaleza de la motivación también es
considerada relevante. En este punto se visualiza otra diferencia
entre ambas perspectivas. Para Ben-David y Collins la
emergencia de una nueva identidad profesional (hoy conocida
como psicología moderna) no responde a aspectos societales
sino que tiene origen en las aspiraciones de carrera de ciertos
individuos claves. Los factores sociales no serían relevantes ni
mucho menos determinantes del status relativo de los diversos
campos.
La experimentación es un dispositivo que se incluyó
para que la psicología fuera una ciencia. El experimento es

26
una práctica científica en el cual se provoca algún fenómeno
para observar e interpretar su resultado para comprobar luego
el grado de validez de una hipótesis. Esta definición tan
breve y clara no ha sido la misma a través de los tiempos. Las
reconstrucciones históricas sobre el término experimentación
son diversas y profundamente vinculadas a la posición que
el autor tenga con la validez que ese método confiere a las
conclusiones.
Este punto es muy importante dado que es un concepto que
para algunas epistemologías e historias de la ciencia psicológica
es el puntal de la creación de la disciplina psicológica; en la
actualidad se comporta de manera distinta y tiene significados
distintos. La experimentación como dispositivo de medición
ha cambiado y extremado sus formas metodológicas y técnicas
para hacerlo más confiable y seguro.
¿Eran idénticas las prácticas de experimentación en el
laboratorio de Wundt o al inicio de la psicología? La respuesta
es no.
La disputa al respecto del lugar de la experimentación
en las ciencias no solo existe en las ciencias sociales, humanas
sino también en la física y la química que tradicionalmente
fueron adjudicadas dentro del grupo de las llamadas ciencias
experimentales porque su materia de estudio y los problemas
que plantean pueden someterse a experimentación.
Básicamente, la experimentación consiste en reproducir
en laboratorio el fenómeno estudiado. Pero las formas de
entender este concepto, su metodología e implicancia en el
descubrimiento científico han cambiado a lo largo del tiempo.
En psicología, tanto la concepción de la naturaleza de la
experimentación como las perspectivas acerca del rol que debía
serle asignada, han variado marcando profundas diferencias a
lo largo del tiempo.
Para algunos, la psicología experimental representaba
la totalidad de la ciencia psicológica, mientras que para otros
era solo una pequeña parte. En el inicio de la psicología como
ciencia, el experimento psicológico paradigmático estaba

27
basado en las introspecciones de un puñado de observadores
sofisticados y altamente entrenados. En la actualidad, las
condiciones en que se desarrolla un experimento deben estar
planeadas y controladas. Cuando éstas cambian, el fenómeno
debe controlarse con el fin de lograr una interpretación confiable
de los resultados de las mediciones. La observación es parte del
experimento y está sujeta a las condiciones controladas por el
investigador.

la diSputa por el objeto de eStudio de la pSicología


La psicología proporciona, o debería proporcionar,
los principios fundamentales sobre los cuales la sociología,
la historia, la antropología, la lingüística y otras ciencias que
tratan con el pensamiento y la acción humana deberían estar
basadas.
Los hechos y leyes de la psicología deberían proveer la
base general para la interpretación y explicación de los grandes
eventos estudiados por la historia, las actividades complejas de
la sociedad civilizada, los motivos que controlan las acciones
del trabajo y el capital. Teóricamente, la historia, la sociología,
la economía, la lingüística y las otras humanidades o ciencias
de los asuntos humanos, son todas variedades de la psicología.
Tal declaración implica que los problemas económicos,
sociales o históricos son problemas básicamente psicológicos,
o deberían ser tratados como tales. Desde esta perspectiva fue
creada, por primera vez, la imagen de una ciencia general de la
conducta, cuyas leyes habrían de ser tan abstractas y ahistóricas
como las leyes de la física.
Poco tiempo después, el objetivo de la nueva ciencia vino
a ser anunciado a través de un slogan, que aún se hallaba en
sus libros de textos introductorios: la predicción y control de
la conducta. Este objetivo es totalmente discordante con los
objetivos que Wundt tenía en mente para la psicología: sus
fines no estaban relacionados ni con la predicción, ni con el
control, ni con la conducta. Tampoco los sucesores alemanes de

28
Wundt desarrollaron jamás tales objetivos para su disciplina. Si
lo hubieran hecho, sus oportunidades de lograr el respeto del
establishment académico hubieran sido aún más escasas. Por lo
tanto, la gran diferencia entre las posiciones institucionales
de la psicología alemana y americana tuvo su contrapartida
en la divergencia absoluta de propósitos.
Esto no debería sorprender porque, al desarrollar sus
objetivos, una disciplina define su rol en términos de la división
general del trabajo, entre otras. Por lo tanto, los objetivos definen
su posición relativa respecto de otras disciplinas. Constituyen
una declaración de su interés intelectual, el último criterio a
través del cual métodos, conceptos y evidencias son juzgados.
Lo que mantiene juntos a los practicantes de un campo es
su interés intelectual común y el hecho de que, básicamente,
todos tienen los mismos propósitos. Este propósito define
tanto el dominio dentro del cual los practicantes han de
trabajar como los modos en los cuales ellos proponen actuar
en dicho dominio. Tal dominio es una construcción intelectual
de los practicantes de la disciplina, no es algo dado desde el
exterior. En efecto, el desarrollo de un interés intelectual
implica no solo la formulación de un programa de trabajo sino
también la distinción conceptual de la materia sobre el cual
habrá de ejecutarse dicho trabajo. De esa manera, la categoría
conducta, tal como es usada por la psicología moderna, viene a
ser una construcción intelectual que identifica cierto dominio
y el material potencial para legitimar el trabajo psicológico.
En este marco, la sociología del conocimiento reconoce
los intereses personales como reflejos de intereses de grupos que
provienen del contexto de otros intereses, del de los conflictos
sociales. Sean o no conscientes de ello, los individuos actúan en el
interior de un tejido de tales relaciones que se extienden desde la
sociedad entera hasta sus ambientes profesionales inmediatos. En
consecuencia, es apropiado para la psicología del conocimiento
trazar los intereses intelectuales de los individuos hasta aquellos
intereses sociales más amplios que caracterizan a las sociedades
en las distintas fases de su historia.

29
La propuesta de reflexión histórica:
• Marca claramente un recorrido anclado en la
necesidad de revisar la psicología incluyendo
los factores sociales, las instituciones que la hacen
posible y, finalmente, la profesión como práctica y
tecnología central frente a las demandas sociales.
• Critica la mirada de los autores de los manuales
que construyen de manera intencionada formas
estereotipadas de la historia sosteniendo, por lo
tanto, la vigencia de mitos que apoyan ciertas versiones
de lo que debe ser la psicología. Mitos que legitiman
ciertas demandas sociales hacia la disciplina y que
son los que promueven la formación de los futuros
psicólogos en el convencimiento del “deber ser”. Se
obtiene, de este modo, un poderoso elemento que
dice qué es lo que los psicólogos deben hacer en la
práctica y qué deben estudiar para encontrarse dentro
de un ámbito legitimado.
• Pone en cuestión la tensión entre intereses
individualeseinteresesintelectuales. Eneste sentido,
para explicar la conformación de una comunidad de
psicólogos, propone una lectura histórica anclada
en los conceptos de intereses sociales e intelectuales
como ejes articuladores de la disciplina y sus saberes,
objetos y métodos en el contexto donde nace gracias
a las demandas sociales.
• Dado que el concepto de interés permite avanzar sobre
las categorías de historia externa e historia interna
de la ciencia, realiza una dura crítica a posiciones
positivistas como la de Ben David y Collins. Destaca
así factores extradisciplinarios determinantes de los
intereses intelectuales y sociales para aplicándolos a la
historia de la psicología.

30
la política renueva la pSicología
Benjamin Harris
Las narraciones históricas no son neutrales. Esta es
la primera observación que nos marcan los historiadores
críticos. No son neutrales porque los historiadores seleccionan
cuáles eventos van a relatar y cómo los van a interpretar.
Por ello, podemos decir que son elecciones subjetivas, porque
deciden qué es significativo y qué no lo es, condicionando
fuertemente la forma en que las personas conciben la historia
presente y pasada. Esto sucede en las escuelas. Para enseñar
la historia en las escuelas, se seleccionan algunos contenidos
e interpretaciones y se dejan de lado u omiten otros. De este
modo, se fortalecen creencias sobre valores, mitos y políticas
públicas en la sociedad.

De igual modo, expone Harris, las tradicionales historias


de la psicología juegan un rol similar al fortalecer el status quo.
Al exponerla como una disciplina estrictamente científica,
ignoran el rol de los factores ideológicos y políticos en su
evolución y privilegian las visiones que avanzan de modo lineal
para ayudar a la sociedad desarrollando investigaciones “libres”
de esa valoración. Usando ejemplos de casos ilustrativos,
Harris demuestra cómo las dinámicas de poder influyen en la
evolución de una disciplina.

A lo largo del libro, Harris señala contribuciones de


pensadores críticos que las historias recientes tipifican, lo que
él denomina la Nueva Historia de la Psicología. Así, por ejemplo,
existen historias tradicionales que desestiman las experiencias de
las mujeres frente a las cuales se erigen los aportes de feministas
críticos. En esta línea de pensamiento, advierte que no se trata
de acusar a individuos específicos, a psicólogos particulares por
las injusticias de la psicología (aún cuando sus trabajos más
influyentes merezcan críticas), sino que la injusticia surge más
bien de fuerzas sociales más poderosas. El conocimiento y la

31
investigación, según Harris, están inspirados por el contexto
social y los intereses políticos.

En lo que a estudiante de grado se refiere, también hay


diferencias. Para la mayoría, los cursos de “Historia y Sistemas”
sirven para fortalecer el paradigma dominante en psicología.
Para los estudiantes críticos, en cambio, la exposición a las
visiones de las primeras generaciones tiene el potencial de
subvertir la ideología del consenso que prima.

Cuando la historia de la psicología se divorcia de los


eventos nacionales y mundiales, se convierte en una historia
que sirve al status quo. Lo hace ciñéndose a discusiones
intelectuales en el interior de grupos de élite como, por ejemplo,
profesores universitarios. Sus descubrimientos son presentados
como productos de inspiración individual, motivados por una
búsqueda del conocimiento independiente del tiempo.
Pero a pesar de que Harris reconoce la influencia del
contexto, tiene una mirada más optimista sobre las fuerzas que
pueden impactar sobre él de manera inversa. La práctica de los
psicólogos no solo tienen a los sectores de máximo poder siendo
capaces de cristalizar demandas de cara a sus propios intereses,
sino que los sectores contestatarios también intervienen en
las dinámicas de poder y pueden influir en la evolución de
una disciplina. Lo que hace Harris es otorgar visibilidad a las
historias que leen las experiencias de influencia de psicólogos
reformadores radicales y sociales en psicología. Esas historias de
movimientos contra la hegemonía de la ciencia estandarizada
que los libros de texto oscurecen. A hacerlo, advierte, se les
niega a los estudiantes el conocimiento de las luchas que se han
producido entre radicales y reaccionarios por el control sobre la
profesión y sobre la autoridad cultural general.

En síntesis, Harris nos indica la existencia de historiadores


tradicionalistas, revisionistas, contra revisionistas y que es
necesario una historia crítica. Acepta distintas versiones de la

32
misma. Rescata los textos de Danziger, en el sentido que proveen
de una forma distinta de encarar la historia, destrozando varios
mitos y avanzando sobre la importancia de la construcción
social en las historias tradicionales y empíricas.

una hiStoria crítica de la pSicología


nikolas rose
La construcción de lo psicológico
La construcción de lo psicológico, de lo que se va a llamar
“fenómenos de lo humano”, aquello que nos caracteriza como
las capacidades, los procesos , las etapas de la vida, el odio y
el amor, el género, etc., son argumentos que se desplegaron a
través de la historia de la disciplina psicológica. Si bien otros
desarrollaron la noción de construcción de lo psicológico, Rose
se distancia de posiciones anteriores planteando que el propio
objeto de la psicología es histórico” y se transforma según la
cultura; que los lenguajes están influidos por los cambios
históricos; que solo la reflexión histórica permitirá visibilizar
los poderes que existen tras de la historia de manual; y que,
dada la complejidad del objeto teórico de la psicología, la
reflexión sobre tales construcciones debe hacerse desde la
“deconstrucción” de lo dado.
Rose advierte que estas posiciones nacen a la luz de
la discusión con interlocutores clásicos (el empirismo y el
positivismo) y, por lo tanto, de la negación de esas posiciones.
Este se configura como motivo de dificultad para una indagación
crítica de las producciones psicológicas en su conjunto, porque
se fundamenta en el mismo espacio que pretende criticar. De
ello se desprende que pueda parecer poco fructífero buscar
“deconstruir” los objetos teóricos o indicar cuáles fueron los
mecanismos y dinámicas de poder de los cuales dependen sus
status de verdad.

33
Diferenciándose, Rose va a tomar a un Gastón Bachelard
que indica que de lo que se trata no es de la construcción situada
o de la deconstrucción, sino más bien de que “toda verdad nueva
nace a pesar de la evidencia; toda experiencia nueva se adquiere
a pesar de la experiencia inmediata”. La ciencia se construye
contra la evidencia de los datos dados y gracias a una operación
teórica sobre los fenómenos, que permite el surgimiento de una
verdad científica. Para Bachelard, se construye ciencia cada vez
que hay una ruptura con el conocimiento dado a través de la
experiencia inmediata. Tampoco es una racionalización de
esta. Y va mas allá proponiendo que la ciencia necesita una
constante vigilancia epistemológica para evitar ser atrapada por
las categorías inmediatas de lo empírico.
Esta posición no pretende tan solo deconstruir o, en
su defecto, indicar que todo objeto teórico construido por la
psicología se encuentra en coordenadas históricas, políticas,
sociales y culturales. De hecho, Rose cree que es así, pero
que esto nos permite solo llegar a criticar al positivismo y no
construir ciencia sin caer en el relativismo. Es decir, también
la ciencia que construirán los psicólogos críticos sería histórica,
cultural y se encontraría en las coordenadas de relativizar sus
avances y construcciones teóricas o tecnológicas.
La posición de Bachelard, tomada por Rose, descree que
la ciencia sea solo un relato de las experiencias de los científicos,
un discurso con ciertas reglas que permite describir la realidad
y, a partir de una retórica particular, construir un “discurso
científico”.
Al igual que en el resto de las ciencias, el objeto de
conocimiento de la psicología adquiere existencia gracias a
una compleja red de elementos cuyo origen es otro circuito.
Con el entramado de esos elementos, se construye luego un
determinado sistema de explicación y juicio. Por lo tanto,
no se trata de una simple y mera cuestión de elaboración de
sistemas de significación, sino más bien de circunscribir tales
elementos en un circuito de actividad, técnica y artefactos. De
este modo, Rose apoya la postura desde la cual la psicología es

34
“un conjunto de artes y destrezas que implica la vinculación de
pensamientos, afectos, fuerzas, artefactos y técnicas que ejercitan
un orden, producen lo humano y lo psicológico, y permiten pensar
psicológicamente como un modo de existencia que debe abordarse
de una manera específica”.
Rose destaca el lenguaje como constitutivo del
conocimiento. Es decir, como algo que hace la realidad
pensable y maleable mediante un ordenamiento específico
y el establecimiento de relaciones entre los elementos. En
este sentido, él habla de ensamblamientos que vinculan
pensamiento y acción. Ubica así a la psicología como una
tecnología que permite determinar la conducta dentro de
dispositivos institucionales -la justicia, la educación, el sistema
productivo, la familia, etc., e influir en la forma de actuar de
los sujetos. Y para entender la historicidad de los objetos
teóricos de la psicología, propone mirar lo que los psicólogos
hacen, cómo se organizan dentro de estas instituciones sociales,
qué prácticas realizan, cómo sus prácticas suponen actitudes
y acciones sobre los sujetos, cómo intervienen en los seres
humanos. En estos lugares de ensamblamiento, los psicólogos
trabajan y generan, a partir de allí, discursos sobre que son estas
entidades psicológicas.

La batalla por lo verdadero


Otro término que desarrolla Rose es el de regímenes de
verdad. Este explica la forma en que un saber adquiere status
de científico y es valorado por una cierta comunidad.
Las batallas acerca de la verdad no son abstractas sino
que se encarnan en formas materiales, afirma Rose. Esto es, en
estatutos, resultados, descubrimientos, evidencias, argumentos,
las experiencias de laboratorio, y profesionales que ejercen la
disciplina. Tal es el caso de la relación entre la psicología y
el psicoanálisis que se estableció en diferentes territorios
nacionales. Citando a Foucault y Latour, afirma que son
muchos los elementos que se despliegan como recursos en un

35
intento por ganar aliados y lograr que algo ingrese en el campo
de lo verdadero. Se establecería así una batalla acerca de la
verdad, un acto de violencia que entraña un proceso social de
exclusión en el que algunos argumentos, evidencias, teorías y
convicciones son empujados hacia los márgenes.
Para comprender la “construcción de lo psicológico” se
requiere, en consecuencia, realizar una investigación acerca de
las maneras en que se formaron las redes que operaban dentro
de cierto régimen de verdad. Pero advierte que este proceso
dista de ser un juego de suma cero en los que lo que pierde una
parte, lo gana la otra. No se trata de una batalla de poder o un
ejercicio de dominación por parte de unos actores –individuales
o colectivos- sobre otros, tal como los simplifican Callon y
Latour. En este sentido y para Rose, las formas de verdad en
psicología fueron establecidas por estadística y experimentación
en términos de herramientas y métodos. La predominancia
de estas formas de construir la verdad que compartía con
otras disciplinas científicas, delimitaron el propio espacio de
pensamiento, descartando y desvalorizando otras formas de
saber psicológico.
La estadística fue una forma de pensar la psicología y
un programa de generación de verdad. Compartida con otras
ciencias sociales, permitió otorgar veracidad, cientificidad y ser
convincente. Mientras que la experimentación fue necesaria fue
comomedio para disciplinarse, para reunir a los diferentes grupos
de profesionales, editores de revistas científicas, organismos de
financiación, colegas universitarios y autoridades universitarias
a fin de formar las alianzas necesarias para forzar el ingreso de la
disciplina en el aparato de la verdad. Reubicadas en un entorno
técnico en lugar del filosófico, Danzinger (1990) afirma que
puede comprenderse mejor el debate acerca de la relación entre
las “ciencias” psicológicas y las “ciencias naturales”
Durante el transcurso del siglo XX, la psicología pasó a
ser tomada como un conjunto de técnicas y dispositivos creados
para gobernar la conducta. Su poder devino de su capacidad
para organizar, racionalizar y simplificar temas adjudicados

36
al terreno de lo individual y la diferencia humana, y hacerlo
extensible y maleable por autoridades sociales.

Tanto los aparatos de bienestar, de seguridad y de


reglamentación laboral a nivel “macro” como los lugares de
trabajo, la familia, la escuela, el ejército, la sala de un tribunal,
la cárcel o el hospital a nivel “micro”, comenzaron a tomar un
tinte psicológico. Las normas, los valores, las imágenes, las
técnicas y los términos psicológicos comenzaron a formar parte
de los programas, y surgieron proyectos institucionales de cura,
reforma, castigo, administración, pedagogía, etcétera.
Construida una visión acerca del estado de salud y
enfermedad, incorporaron objetivos incluyendo los conceptos
de normalidad, adaptación, realización y esquemas para
regular la conducta humana. Médicos, sacerdotes, filántropos,
arquitectos y maestros comenzaron a utilizar las técnicas y
dispositivos creados para tal fin. De este modo, el ejercicio
de las formas modernas de poder político quedó vinculado
intrínsecamente a un conocimiento de la subjetividad humana.
Las estrategias, los programas, las técnicas y los dispositivos así
como las reflexiones sobre la administración de la conducta se
psicologizaron cada vez más.
A continuación, Rose expone el tema de la historia, la
sociología y la antropología de la subjetividad, citando a autores
como Norbert Elias (1978) y Harré (1983), entre otros. Afirma
que la subjetividad ha sido abordada de muchas maneras
diferentes y que autores como Elias trataron de relacionar
estructuras políticas y sociales cambiantes y códigos de conducta
personal cambiantes con cambios producidos en la organización
psicológica interna concreta de los sujetos. Otros, como Harré,
procuraron evitar el atribuir cualquier tipo de vida interior a los
seres humanos, tratando las prácticas lingüísticas y representacionales
simplemente como repertorios de relatos que proporcionan los recursos
por medio de los cuales los sujetos dan sentido a sus propias acciones
y a las de los demás. Por su parte, Rose aborda el tema ubicándolo
en otro campo. Desde su perspectiva, los discursos, las técnicas

37
y las normas cambiantes que intentaron actuar sobre los detalles
de la conducta, el comportamiento y la subjetividad humanas
(no sólo los modales sino también los deseos y los valores) se
ubicarían en el campo de la ética.
De este modo, el repertorio “ético” de los individuos se vio
enriquecido con fragmentos y componentes de las disciplinas
“psi”. Los individuos fueron incorporando al lenguaje y a su
conducta tales términos y comenzaron a expresar, a través
de ellos, algo sobre sí mismos. Utilizando las palabras de
Foucault, se transformó en la manera de hacer inteligible y
practicable el ser y la existencia, con pensamientos, pasiones,
aspiraciones, desafecciones, límites y modalidades particulares
de expresarlos, identificarlos, codificarlos y responder a ellos.
En este contexto, la psicología generó, en primer lugar,
una serie de nuevas autoridades sociales y, en segundo lugar,
una serie de objetos y problemas nuevos sobre los que se pudiera
ejercer legítimamente la autoridad social. Así, los psicólogos
clínicos, educacionales e industriales, los psicoterapeutas y los
consejeros, cuyo campo de operación pasó a ser la conducción
de la conducta, la administración de la subjetividad, alegaban
tener poder y estatus social por poseer verdades y dominar
técnicas psicológicas. Tal legitimidad se funda en creencias
sobre el conocimiento, la objetividad y la cientificidad. En este
sentido destaca, tomando a Castel (1991), que es notable el
surgimiento de ideas de normalidad como producto mismo
de la administración tutelada por expertos, y de riesgo como
peligro in potentia que habría de ser diagnosticado por los
expertos y administrado profilácticamente en nombre de la
seguridad social.
Rose indica que los sistemas de autoridad, basados en las
instituciones de control de la sociedad, tomaron de la psicología
un “fundamento ético” que les dio las creencias psicológicas.
Ejercer la autoridad se vuelve ética en la medida en que se la
ejerce desde postulados de “conocimiento”. La psicología
permite cambiar los consabidos supuestos de la instituciones
que ejercen autoridad (ordenar, decretar, reglamentar, intimar,

38
prescribir, mandar) a que sean ellos mismos los que dispongan
, ordenen, decidan y resuelvan para con sus propias conductas
y así establecer practicas de “salud”.

La terapia, señala Rose, puede ser una forma de introyectar


la autoridad y una forma de actuar sobre las acciones de los otros.
Desde esta perspectiva, la psicología es más importante por lo
que hace que por lo que es. Es decir, que la psicología alteró la
manera en la que es posible pensar acerca de las personas, las
leyes y los valores que gobiernan las acciones y la conducta de
los demás y, de hecho, las de nosotros mismos. Aún más, la
psicología revistió de una mayor credibilidad a algunas formas
de pensar acerca de las personas debido a que aparentemente se
funda en el conocimiento positivo.
La meta de una historia crítica de la psicología sería hacer
visibles las relaciones profundamente ambiguas entre la ética
de la subjetividad, las verdades de la psicología y el ejercicio del
poder. Una historia crítica de este tipo abriría un espacio en el
que podríamos volver a pensar los vínculos constitutivos entre
la psicología (como forma de conocimiento, tipo de pericia y
terreno de la ética) y los dilemas del gobierno de la subjetividad
que enfrentan hoy las democracias liberales.

39
Referencias
Ben-David y Collins, K: “Social factors in the origin of a new science: the case of
psychology”, American Sociological Review, 1966. 31. pp. 451-465.
Burke, Peter.: Formas de hacer historia. Madrid, España. Editorial Alianza, 2001.
Carr, E.H.: ¿Qué es la Historia? Barcelona, España. Editorial Planeta- de Agostini,
1993.
Danziger, K. (1990): Historical roots of the psychological laboratory. In:
Constructing the Subject. Historical Origins of Psychological Research (pp. 17-
33). Los orígenes sociales de la psicología moderna. Cambridge: Cambridge
University Press. Traducción: Ana María Talak. Cátedra: Psicología I, Facultad
de Psicología, Universidad Nacional de La Plata, 2010.
Danziger, K. (1998) “Hacia un marco conceptual para una historización crítica de
la psicología”, York University, Toronto, Canadá. Traducción El seminario.
Grez, Sergio y Salazar, Gabriel: Manifiesto de historiadores. Santiago de Chile.
Editorial LOM, 1999.
-Harris, Ben (1997): ”Repolitizando la historia de la psicología”, en
Repoliticizing the History of Psychology, In D. Fox & I. Prilleltensky (Eds.).
Critical Psychology. An Introduction (pp. 21-35). London: Sage
Publications.Traducción: Flavia Arrigoni (UNSL)
Hempel, Carl: La explicación científica: Estudios sobre la filosofía de la ciencia.
Barcelona, España. Editorial Paidós, 1979.
Marrou, Henri-Ireéne: El conocimiento histórico. Barcelona, España.
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Rose, Nikolas (2002): “El gobierno del alma” La formación de yo privado.
El seminario.
Rose, Nikolas (1996): Inventing our Selves, Cambridge University Press, 1996.
Capítulo 2., “historia critica de la psicología.” Traducción de Sandra DE
Lucas, y María del Carmen Marchesi. UBA, Escuela de Lenguas.
Topolsky, Jerzy: Metodología de la Historia. Madrid, España. Editorial Cátedra,
1985.

40

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