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Introducción a la Balística Forense

Este documento presenta una introducción a la balística forense. Define la balística como la parte de la mecánica que estudia el alcance y dirección de los proyectiles. Explica que la balística forense se divide en tres ramas: balística interior, que estudia los fenómenos dentro del arma; balística exterior, que estudia la trayectoria del proyectil; y balística de efectos, que estudia los efectos del proyectil en el blanco. También clasifica las armas en armas blancas, de fue

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Introducción a la Balística Forense

Este documento presenta una introducción a la balística forense. Define la balística como la parte de la mecánica que estudia el alcance y dirección de los proyectiles. Explica que la balística forense se divide en tres ramas: balística interior, que estudia los fenómenos dentro del arma; balística exterior, que estudia la trayectoria del proyectil; y balística de efectos, que estudia los efectos del proyectil en el blanco. También clasifica las armas en armas blancas, de fue

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SEMANA I

CONTENIDO:
Definición de Balística. Balística general y particular. Ramas que la componen.
Conceptos de arma y armas de fuego. Clasificación de las mismas. Historia de la
balística evolución de las armas, pólvoras y munición

1. BALISTICA: CONCEPTOS GENERALES, FISICO Y FORENSE.


El Diccionario Enciclopédico de la Lengua Castellana - Ed. Codex S.A. - Buenos Aires -
1974, define el término “Balística” como “(F.) - Parte de la mecánica que estudia el
alcance y dirección de los proyectiles”; por otra parte, el Diccionario Ilustrado de Ramón
García-Pelayo y Gross - Ed. Larousse - Buenos Aires 1988, define este mismo término
como “(Mil.) - Arte de calcular el alcance y dirección de los proyectiles”
De lo expuesto se desprende que con el término “Balística” se reconoce a la parte de las
ciencias físicas, específicamente la mecánica o dinámica de los cuerpos, que trata sobre
los fenómenos que afectan el movimiento de los proyectiles en el espacio y que por lo
tanto determinan su dirección y alcance; respondiendo a este concepto también los textos,
tratados y reglamentos de balística militar.
El concepto que el término “Balística” comprende desde el punto de vista forense, es decir
de la aplicación de las leyes, principios, técnicas y procedimientos de las ciencias a la
resolución de problemas judiciales, es mucho más amplio, respondiendo, tal como lo
define Don ROBERTO ALBARRACIN en su Manual de Criminalística (Ed. Policial -
Buenos Aires - 1971), “BALISTICA: Es la ciencia y arte que estudia integralmente
las armas de fuego, el alcance y dirección de los proyectiles que disparan y los efectos
que producen”, concepto al que adherimos los especialistas de nuestro medio.

2. CLASIFICACION DE LA BALISTICA FORENSE:


Conforme el concepto expresado en el punto precedente, la Balística Forense, es decir
aplicada a la resolución de problemas judiciales, se clasifica en TRES (3) partes, conforme
al siguiente detalle:

a. BALISTICA INTERIOR:
Es la parte de la Balística que se ocupa del estudio de la totalidad de los fenómenos que
se producen en el arma a partir del momento que el percutor golpea el fulminante del
cartucho y alcanza hasta el momento mismo en que el proyectil abandona la boca de fuego
del cañón. Esta parte de la Balística se ocupa también de todo lo relativo a las armas de
fuego, su estructura, mecanismos, funcionamiento, carga y disparo de la misma.

b. BALISTICA EXTERIOR:
A esta parte de la Balística le corresponde el estudio de la trayectoria del proyectil, desde
el momento en que abandona la boca del cañón del arma hasta su arribo al blanco, y de
los fenómenos que lo afectan en concordancia con las particularidades de cada caso, tales
como la gravedad, la resistencia del aire, la influencia de la dirección e intensidad de los
vientos y particularmente los obstáculos que se le interpongan y que en definitiva son
productores de los rebotes que modifican la trayectoria original.

c. BALISTICA DE EFECTOS:
Tal como su nombre lo indica, esta parte de la Balística estudia los efectos producidos por
el proyectil en el blanco alcanzado, particularmente las características propias del Orificio
de Entrada (OE) causado por el proyectil y de la zona inmediata que lo rodea,
características éstas que permitirán establecer importantes elementos los que avalarán
conclusiones relativas a problemas tan complejos como la determinación de la distancia
de disparo.

3. ARMAS: CONCEPTO Y CLASIFICACION:


Si bien los distintos diccionarios consultados definen el término “Arma” como todo
instrumento destinado a atacar o defenderse, este es desde el punto de aplicación forense
solo un concepto parcial, ya que no solo los instrumentos fabricados con la finalidad
expresada deben considerarse armas pues pueden ser utilizados eventualmente con este
fin innumerables objetos que cumplan con dicha condición. Por la razón expresada,
conceptuaremos el término “Arma” como “todo aquello que potencie la fuerza
humana”, ya que tanto puede ser utilizado en acciones ofensivas y/o defensivas
elementos especialmente diseñados para ese fin como otros destinados a usos distintos,
pudiendo llegar a considerarse como arma, según las circunstancias particulares del
hecho, incluso hasta una técnica especial de lucha, combate o defensa, tal como el
puñetazo de un boxeador o la aplicación de las artes marciales.
Expresado nuestro concepto al respecto del término “Arma”, procederemos a
continuación a efectuar una rápida clasificación de las mismas conforme sus
características de uso y diseño:

a. Por su concepción de diseño:


1) Armas propias: Son las que han sido especialmente diseñadas para ofender
(atacar) o defenderse.
2) Armas impropias o de circunstancias: Este grupo está constituido por todos
aquellos elementos que eventual o circunstancialmente puedan llegar a utilizarse
como arma, tal como un martillo de carpintero, un cuchillo de cocina, un
destornillador, etc.

b. Clasificación de las armas propias:


1) Armas blancas: Las que a su vez se subclasifican en:
a) Cortantes: Las que presentan aguzado (afilado) uno o ambos laterales, tales
como el cuchillo.
b) Punzante: Las que presentan aguzado el extremo distal, tal como el florete o
la flecha. Este tipo de arma puede ser arrojada (disparada) por un implemento
especial (arco o ballesta) o con la fuerza de mano y brazo (lanza), o bien haber
sido diseñada para utilizar exclusivamente con la mano (Florete).
c) Punzo-cortante: Son las que presentan aguzado su extremo distal y uno o
ambos laterales, tal como el puñal o el facón.
d) Contundente: Son las que provocan las lesiones por la energía con que
golpean, tal como la maza, las boleadoras o proyectiles diversos arrojados con
hondas.
e) Corto-contundentes: Son las que actúan por aplicación combinada del golpe y
el filo. A esta Subclasificación corresponden el hacha y el sable de caballería.

2) Armas de fuego: Son las que utilizan la presión generada por los gases producto
de la deflagración de la pólvora, para impulsar uno o varios proyectiles. Se
subclasifican en:

a) Por la forma de transporte:


• Portátiles: Las que para su transporte y uso es suficiente el empleo de una
sola persona (Fusil, escopeta, revólver,)
• No Portátiles: Son aquellas que para su desplazamiento o utilización se
hace necesario el auxilio de otra persona o un medio mecánico o animal
(mortero, cañón, ametralladora)

b) Por su forma de empleo:


• De puño: Son las que fueron diseñadas para ser utilizadas con una sola
mano (revólver, pistola, pistolón de caza).
• De hombro: Son las que para su utilización se requiere el empleo de ambas
manos y/o el apoyo en otra parte del cuerpo del tirador, generalmente el
hombro (fusil, escopeta, pistola-ametralladora).

c) Por el sistema de disparo:


• De tiro a tiro: Son aquellas que solo pueden efectuar un solo disparo por
vez, siendo necesario la apertura del arma y extracción manual de la vaina
servida para reemplazarla por un nuevo cartucho, su característica
principal es que no poseen almacén cargador, tal como la escopeta común
de caza.
• De repetición: Corresponde a aquellas que, poseyendo almacén cargador
que les permite contener determinada cantidad de cartuchos disponibles
dentro del arma, la operación de carga, disparo, descarga de la vaina y
nueva carga del cartucho debe operarse en forma manual a través de
sistemas tales como el de cerrojo (fusil “Maúser”), corredera (escopeta de
repetición tipo “Ithaca”) o palanca (rifle “Winchester”).
• Semiautomáticas: Son aquellas en que la operación de carga disparo,
descarga de la vaina y carga del nuevo cartucho se efectúa en forma
mecánica, correspondiendo a cada accionamiento del tirador sobre la cola
del disparador un disparo, tal el caso de las pistolas tipo sistema Browning
(Colt 11,25 mm, Browning 9 mm, etc.).
• Automáticas: Son aquellas que, manteniendo presionada la cola del
disparador producen una sucesión de disparos, tales como las
pistolasametralladoras y los fusiles automáticos. Generalmente este tipo de
armas posee un selector de tiro que permite al usuario elegir el modo de
operación entre dos opciones: semiautomático y automático.

d) Por la forma de carga: Se subclasifican en:


• De avancarga: Armas primitivas que eran cargadas por la boca de fuego,
atracadas mediante golpes de baqueta. En la actualidad solo tienen interés
como piezas de colección, aún cuando en ciertos lugares del mundo, como
España, ha comenzado a popularizarse el uso de réplicas de estas armas
creándose incluso clubes especiales para su práctica. Responden a esta
subdivisión el mosquete, el trabuco y las clásicas pistolas de duelo.
• De retrocarga: Son aquellas que se cargan por la recámara ubicada en la
parte media trasera del arma y que responden a la totalidad de las armas de
moderno diseño.

e) Por el tipo de cañón: Las que a su vez se subdividen en:


• De cañón de ánima lisa: Carece de estriado y en la actualidad se utiliza
únicamente en las escopetas, diseñadas para el disparo de proyectiles
múltiples (perdigones).
• De cañón de ánima rayada o estriada: En este caso el interior del cañón del
arma (ánima) presenta un rayado particular en bajorrelieve, de forma
helicoidal, llamado “estriado” y que le suministra a los proyectiles por
ellos expulsados un movimiento rotacional sobre su propio eje que le
brinda estabilidad direccional a la trayectoria del mismo.
BREVE HISTORIA SOBRE EL ORIGEN DE LAS ARMAS DE FUEGO
El estudio de los orígenes y evolución de las armas de fuego se halla aún muy lejos de los
niveles de profundidad y plenitud que merece. Las razones de la frecuente infidelidad
iconográfica y la incertidumbre al fechar con exactitud los objetos supervivientes, están
ligadas al hecho de que casi siempre la historia de las armas ha sido menospreciada en el
contexto de la historia militar.
La casi totalidad de las últimas investigaciones, perfectamente recogidas y sintonizadas
por Howard L. Blackmore (1965), permiten suponer que las mezclas pirotécnicas
conteniendo salitre, carbón y azufre eran conocidas en china desde el siglo XI, y que
fueron empleadas como explosivos de escasa potencia. Noticias de dos siglos más
adelante revelan cómo algunas de estas mezclas fueron utilizadas como propelentes en
“armas” rudimentarias de bambú, que lanzaban diversos proyectiles. La pólvora y el
conocimiento de su empleo, sea como explosivo o propulsivo, probablemente alcanzó
Europa a través de los científicos árabes a finales del siglo XII o principios del XIII.
Desde un punto de vista morfológico, las armas portátiles al uso están clasificadas por
Blackmore en tres categorías:
1. De bronce fundido o hierro forjado, fijadas al extremo de mango de madera por medio
de un anillo de hierro.
2. De bronce o hierro con una mortaja en la culata para insertar un asidero de madera.
3. De hierro, con la culata perfilada hacia atrás en un largo mango terminado en voluta o
anillo.
Estas armas se cargaban introduciendo por la boca la pólvora de impulsión, un taco y el
proyectil (o proyectiles). No es posible obtener información fidedigna sobre el método de
ignición: el empleo de la brasa o del hierro enrojecido introducido en el fogón no parece
inverosímil. Pero parece más probable el uso de varilla con un trozo de mecha encendida
asegurada a uno de sus extremos. Las armas portátiles podían manejarse de dos maneras
distintas: una, similar al uso de la bazuca, con la cureña apoyada sobre el hombro derecho
y la mano izquierda sosteniendo el arma, mientras la derecha permanece libre y dispuesta
para acercar en el momento oportuno la brasa al fogón. Con el segundo sistema, la mano
izquierda sigue soportando el arma, pero la cureña se oprime bajo la axila derecha. Es
fácil suponer que con ninguno de estos sistemas era posible fijar la mira, cosa por otra
parte de escasa utilidad dada la limitada precisión de aquellas armas.
Definiciones de cureña:
1. Armazón compuesta de dos gualderas fuertemente unidas por medio de teleras y
pasadores, colocadas sobre ruedas o sobre correderas, y en la cual se monta el cañón de
artillería.
2. En las fábricas de fusiles, pieza de nogal en basto, trazada para hacer la caja de un fusil.
3. Palo de la ballesta.

La evolución de las armas de fuego portátiles, desde su origen hasta la mitad del siglo
XIX, está íntimamente ligada al desarrollo de su mecanismo de ignición. De hecho, con
algunas raras excepciones, el sistema de avancarga permanece en uso general hasta
mediados del siglo XIX, cuando se inventa el cartucho de latón. Solamente éste, que se
expande con la deflagración, permite la realización segura y funcional de armas de
retrocarga.
La llave de mecha
Mientras que el tirador debía sujetar el arma con una sola mano y usar la otra para acercar
en el momento del disparo el fuego al fogón (Oído de las armas de fuego, y especialmente
de los cañones, obuses, morteros, etc.), la eficacia del cañón portátil permanecería a
niveles bajísimos. El primer progreso decisivo, probablemente surgido en los albores del
siglo XV, fue la realización de un ingenio sencillísimo, el “serpentín”, que finalmente
permite el empleo de ambas manos para dirigir el arma. Se trataba, al principio, de un
brazo de hierro en forma de S empernado por su centro al lado derecho de la caja. En su
extremidad superior, provista de quijadas, se fijaba un trozo de mecha (cuerda empapada
en una solución saturada de nitrato potásico y cuidadosamente secada). Tirando del otro
extremo con el índice, mientras el aductor del pulgar dirigía y mantenía el arma, se
provocaba la rotación de la pieza. De este modo la mecha se ponía en contacto con la
pólvora contenida en el fogón. Por exigencias prácticas – probablemente hacia fines del
siglo XV -, el fogón ocupa una posición lateral, y nace la “cazoleta”, un receptáculo en
forma de cuchara soldado al cañón y provisto de tapa.

Otro sistema utilizado fue el de “pestillo”, “palanca” o “serpentín”: la sierpe – que ya


opera siempre hacia atrás – estaba articulada a través de una excéntrica a una palanca
empernada en los 2/3 de su longitud. El perno de la sierpe y el de la palanca se fijaban en
un soporte metálico de forma rectangular y espesor adecuado, la platina, sobre la que
también se afianzaba un resorte que, actuando oportunamente sobre la palanca, mantenía
la sierpe en posición armada. En la extremidad opuesta de la palanca actuaba el
disparador, que al ser oprimido por el dedo vencía la débil resistencia del resorte,
abatiendo la sierpe sobre la cazoleta. Según los expertos de la época, el favor de que
disfrutó durante dos centurias estaba plenamente justificado por su simplicidad, la
robustez de su mecanismo y su bajo costo.
La llave de rueda
El arma larga de mecha, en su sencillez y resistencia, gozó de gran prestigio en el campo
militar. Económica, de fácil mantenimiento y reparación, era sin embargo de uso lento y
difícil. Cuando lo permitió la evolución tecnológica en el sector siderúrgico, entró en
juego el eslabón, un utensilio de hierro acerado y de perfil adecuado para frotar la pirita
o el sílex. Las chispas desprendidas se dirigían hacia un trozo de yesca, sustancia
extremadamente combustible, obtenida de un hongo (Fomes fomentario) hervido en una
solución saturada de nitrato potásico y luego secado en tiras. Con este sistema se
encendería fácilmente el fuego, pero solamente a fines de siglo XV e inicios del XVI
alguien logro utilizarlo para prender el cebo de pólvora de un arma. El artificio empleado
recuerda el principio mecánico usado aún en la mayoría de los encendedores: un trozo de
pirita sólidamente encajado entres fauces de un tornillo de apriete, el pie de gato, puesto
en contacto con el perímetro estriado de una rueda. Haciendo girar esta rueda sobre sí
misma, el roce entre metal y pirita provocará una lluvia de chispas que encenderá la
pólvora. Existe, sin embargo, una diferencia fundamental entre la llave de rueda y el
encendedor moderno: en la primera, las chispas son fragmentos de acero incandescentes
de la rueda, en el segundo se trata de trozos de la piedra, una aleación a base de hierro que
arde por efecto de la rueda.

El pedernal
Como resulta fácil comprender, el mecanismo de rueda es complejo, costoso y bastante
frágil, cualidades todas que obstaculizaron su general aplicación. En el campo militar
siguieron reinando las armas de mecha, mientras que la rueda se reservaba para la
caballería y escogidas tropas de élite. La principal característica del arma de rueda, otorgar
una siempre dispuesta e inmediata ignición, representaba evidentemente una ventaja
demasiado grande para ser menospreciada. Y así en toda Europa se trabajó intensamente
en la concepción de un sistema de ignición mecánico más sencillo y barato. El
advenimiento del mecanismo de encendido de pedernal, nacido con el nombre genérico
de llave de sílex, es aún objeto de discusiones.
Los sistemas de percusión

Los compuestos capaces de detonar al choque eran bien conocidos desde comienzos del
siglo XVII cuando Johann Tholde describió la preparación y propiedades del fulminato
de oro. Hasta iniciarse el siglo XIX, los fulminatos se relegaron al papel de peligrosas
curiosidades químicas. El primero que pensó en utilizar los fulminantes como cebo o
medio de ignición fue un eclesiástico escocés, el reverendo Alexander John Forsyth
(1768-1843). El más conocido de sus sistemas (1807) es el llamado hoy, por su forma
característica, de “frasquito de perfume”. Otro artífico que obtuvo una difusión bastante
notable fue el de ignición de “tubo”, ideado probablemente por el inglés Joseph Manton.
Luego de este sistema de fuego acaece con el decisivo invento de la cápsula metálica y la
“chimenea”. Esta última es un pequeño cilindro perforado y roscado en una extremidad,
que se atornilla sobre el oído y sirve de soporte a la cápsula, destinada a conducir la
llamarada hasta la carga de la recámara. La cápsula, una copita de metal blando,
conteniendo en su interior el fulminato, se introducía sobre la chimenea, y al explotar
provocaba la deflagración de la pólvora negra contenida en el cañón. La invención de la
cápsula, atribuida al angloamericano Joshua Shaw, señaló la desaparición del pedernal y
fue la base de los sucesivos e importantísimos perfeccionamientos en los sistemas de
ignición.

"Frasquito de Perfume"
La llave de percusión y la utilización de los fulminatos, marcaron una nueva era, que daría
el breve resultado del desarrollo de las armas de repetición….

HISTORIA DE LA CARTUCHERIA
Existen fundados motivos para creer que el cartucho apareció por primera vez en España,
donde lo empleo la artillería en la segunda mitad del siglo XVI, dándole el nombre de
cachucho, probablemente a causa de llamarse así cada uno de los huecos que en la aljaba
servían para contener las flechas.
Ya Bernardino de Mendoza nos dice: "Los artilleros, hacen cachuchos ó sacos para cargar
más fácilmente y apresurar las rociadas..." (Teoría y practica de la guerra, Amberes,
1595).
No obstante, etimológicamente hablando, y debido al material del cual se encontraban
constituidos, es acertado pensar que la palabra cartucho, proviene de la palabra charta
(carta o papel en italiano), por lo cual se denominó cartoccio o cartucho en español.
Esta innovación pronto pasaría a las armas ligeras, siendo, al parecer, las tropas de
infantería suecas del rey Gustavo Adolfo las que hacia 1630 introducen el cartucho de
papel para cargar sus fusiles.
Este cartucho solo contenía la pólvora, lo que obligaba al tirador a realizar la carga en
varios tiempos (introducir el cartucho de pólvora, el proyectil, cebar la cazoleta,...) y, por
lo tanto, la capacidad de abrir fuego resultaba sumamente lenta. Había que introducir
modificaciones en el cartucho que facilitaran mas la carga del arma, y en principio la
cuestión fue solucionada con envolver el proyectil juntamente con la carga de pólvora.
Pero esto no aceleró mucho la cuestión, dado que a causa del rayado del anima del cañón
había que forzar la bala esférica con la baqueta, teniendo en ocasiones que llegar a
golpearla con mazo, función que reducía mucho la velocidad de fuego. Esto se solucionó
en parte con la aportación de un francés, el capitán Claudio Minie, quien diseñó una bala
cilíndrico ojival con base hueca donde se introducía una pieza tronco cónica de madera
que al ser empujada por la fuerza de los gases, que produce la combustión de la pólvora,
se introducía en la base hueca de la bala haciéndola aumentar de calibre y ajustar al ánima
para tomar perfectamente las estrías. Posteriormente los ingleses perfeccionan la bala
Minie logrando suprimir la necesidad de la cuña tronco cónica de madera.
El empleo de esta bala facilitó la carga y posibilitó una cadencia de tiro de dos o tres
disparos por minuto, pero no era suficiente, había que seguir cebando la llave. El cartucho
tenia que seguir evolucionando hasta que se le añadiera el pistón o cebo para tener los tres
componentes que permitieran realizar la carga de una sola vez.
En 1799, Edward C. Howard, dio el primer paso al descubrir las pólvoras fulminantes,
que podían hacer explosión o prenderse al ser golpeadas. Innovación a la que no se la
encontró aplicación hasta que en 1807, el sacerdote escocés Alexander Forsyth inventa la
llave de percusión donde utiliza la propiedad de las pólvoras fulminantes de inflamarse al
choque. Posteriormente cuando se ve que la idea funciona, una serie de armeros
comienzan a perfeccionar la idea hasta que armero ingles Egess, inventa el pistón.
Solo faltaba ya que alguien encontrara la manera de unir el pistón al cartucho, y diseñara
un sistema de retrocarga que evite el tener que cargar el arma por la boca de fuego. Y
como las cosas complicadas siempre hay alguien que las hace fáciles, en 1836 gracias a
Juan Nicolás DREYSE, ven la luz dos grandes inventos que revolucionaran el sistema de
carga en las armas de fuego: el fusil de aguja y el cartucho combustible
El cartucho Dreyse, esencialmente consiste en una envoltura de papel que contiene ya los
tres elementos básicos: pólvora, bala y cebo fulminante. Pero con un orden de colocación
muy peculiar. El fulminante va situado delante de la carga de pólvora, en el fondo de un
taco de madera, sobre el que se asienta una bala de plomo de forma ovoidea; de manera
que al disparar la aguja debe atravesar todo el espacio ocupado por la pólvora para incidir
en el pistón.
Exceptuando Prusia la mayoría de las naciones consideraron el fusil de aguja y el cartucho
Dreyse, un verdadero disparate, pero la realidad se impondría, y nunca mejor dicho, "por
las armas".
El 3 de julio de 1866, en la batalla de Sadowa, los prusianos, mandados por Guillermo I,
y los austríacos, a las órdenes de Bernedek, se enfrentaron durante ocho horas. La
superioridad del armamento prusiano (el fusil de aguja) fue la causa de las cuantiosas
pérdidas experimentadas por los austríacos (60.000 hombres). Esta batalla, y las
escaramuzas que la precedieron, pusieron de manifiesto de una manera ejemplar las
ventajas que tenían el fusil y la munición desarrollada por Dreyse sobre todos los demás
que estaban en uso en el resto de las naciones europeas.
A pesar de la incredulidad de algunos militares que propugnaron la idea de que al
combatiente no se le podía dar tanta facilidad de abrir fuego, pues se derrocharía la
munición en los primeros momentos del enfrentamiento, la realidad les demostró su
necedad. Una nueva era se abría para las armas de fuego y la avancarga tenían sus días
contados.
Sin demora, todas las naciones de Europa, comenzaron a cambiar el sistema de carga de
sus armas aceptando las ideas postuladas por Dreyse. Se inicia una corriente de progreso
para mejorar el sistema, y en esta ocasión será Francia la que coge el relevo.
Con la intención de disminuir la longitud de la aguja, pronto se variaría la colocación del
pistón; aparece el cartucho Chassepot que lleva la cápsula iniciadora en el centro de un
disco de cartón, que constituye el culote del cartucho; la envoltura es de papel parafinado
recubierto con muselina de seda.
En este cartucho ya podemos ver una gran semejanza con los actuales, claro está, a
excepción de la vaina.
Los cartuchos de papel tenían sus inconvenientes. La falta de resistencia y no resguardar
de la humedad a la pólvora que contenían; además de la acumulación de sarro que
producen en la recámara, reduciendo el tamaño de la misma e impidiendo introducir un
nuevo cartucho sin antes limpiarla, eran los nuevos problemas a solucionar.
En 1836 Casimiro Lefaucheux, basándose en estudios del maestro armero Paulí, idea un
nuevo cartucho que solucionará en gran parte los inconvenientes anteriores. Entra en
escena el "cartucho de espiga", con un diseño diametralmente opuesto a los anteriores y
técnicamente muy avanzado para su época. Estaba formado por un vaina de cartón
reforzada con un culote metálico, donde se situaba una aguja percutora exterior que
incidía en un pistón situado en el interior del cartucho. La vaina de cartón dilataba en el
momento del disparo, ajustándose a las paredes de la recámara e impidiendo el escape de
los gases por la misma en el momento del disparo. Dado que la combustión se producía
en el interior del cartucho, no se formaba sarro en la recámara, evitando tener que
limpiarla a menudo.
Parecía estar todo resuelto, pero en la práctica no fue así. Este sistema de espiga no dio
buenos resultados debido a que el cartucho tenía un gran inconveniente en el peligro que
supone la posibilidad de una ignición accidental al golpearse la aguja. En 1846, con la
finalidad de evitar la humedad, se modifica el cartucho reformando la vaina que pasa a
ser enteramente metálica. Militarmente no tuvo mucho éxito, y aunque subsistió en armas
de caza pronto sería sustituido por un nuevo tipo de cartuchos.

El cartucho metálico moderno


Con objeto de utilizar en carabinas y pistolas de tiro de salón, Flobert desarrolla en 1845,
un nuevo cartucho de vaina totalmente metálica (cobre) y escasa potencia. Como este
cartucho no contiene carga de pólvora, siendo el fulminante el único elemento que
interviene como iniciador y carga de proyección, podemos decir, que lo que hizo Flobert
fue darle nueva forma a una cápsula fulminante, aumentándola de tamaño, alargándola y
encajándole una pequeña bala esférica de 6 mm en la boca del cartucho.
Lo más importante de este cartucho radica en el sistema anular de percusión que serviría
de base a los modernos cartuchos de percusión anular.
El nuevo sistema consiste en un pliegue hueco, situado en la periferia del culote de la
vaina, que además de hacer las veces de tope del cartucho con la recamara, sirve para
alojar la sustancia fulminante. El impacto del percutor del arma sobre este pliegue provoca
la ignición del cartucho.
Este cartucho seria perfeccionado hacia 1857 por Horace Smith y Daniel Wesson. Estos
dos armeros de Springfield (EE.UU) lanzan al mercado su revólver modelo Nº 1 el "Frist
Issue Revólver", recalibrado para un nuevo cartucho, el .22 Short (.22 Corto).
Considerado como el primer cartucho moderno, el .22 Corto, fue desarrollado a partir del
cartucho Flobert. Básicamente lo que hicieron los avezados armeros, fue añadir al
cartucho una pequeña carga de pólvora negra, que le proporcionó más potencia, y cambiar
la forma del proyectil, dándole forma ojival.
INSPECCION OCULAR BALISTICA
CONTENIDO:

Balística de Campo y de Laboratorio. Inspección ocular Balística. Detección de Elementos y


remisión de los mismos. Equipamiento utilizado en el Laboratorio Balístico.

Como bien pudimos ver en la Unidad 1, la Balística Forense es aquella rama de la Balística
destinada a la resolución de problemas judiciales. Es por ello que en la práctica, podemos
dividir a la Balística Forense, acorde al lugar donde la aplicamos, como Balística de
Campo y Balística de Laboratorio.

Podemos definir a la balística de campo como todas aquellas operaciones de observación,


inspección, búsqueda y detección de improntas y elementos balísticos que se realizan
integralmente en el lugar de hecho. Comprende también la correcta preservación, rotulado
y remisión de elementos al laboratorio balístico para su posterior estudio pormenorizado.

En cuanto a la balística de Laboratorio, esta comprende a la totalidad de operaciones


técnico-balísticas que se efectúan en el laboratorio de los elementos generalmente
secuestrados en el lugar de los hechos, en pos de responder los puntos periciales
ordenados.

Inspección ocular balística

Para poder definir la inspección ocular balística, es necesario definir en primer lugar, que
es la inspección ocular.
Inspección ocular: Tarea que consiste en constituirse personalmente en el lugar del hecho
y efectuar un amplio relevamiento del mismo, con el objeto de verificar la situación real
de las cosas o personas o elementos en general, registrando esto a través de todos los
medios técnicos posibles, preservando los indicios para su posterior análisis. Es, en
definitiva, un proceso metódico, sistemático y lógico que consiste en la observación
integral del lugar del hecho o escena del crimen.

Por tal motivo, la inspección ocular balística podría definirse como el proceso metódico,
sistemático y lógico que consiste en la observación integral del lugar del hecho con el
fin de detectar improntas producidas por el accionar de proyectiles disparados por armas
de fuego, como así también armas, proyectiles, vainas servidas, cartuchos y cualquier
otro tipo de indicio balística.

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