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Un grupo de expertos (pueden ser alumnos) sostienen puntos de vista divergentes o


contradictorios sobre un mismo tema el cual exponen ante el grupo en forma sucesiva.

Principales usos:

Útil para dar a conocer a un grupo de alumnos los puntos de vista divergentes o contradictorios
sobre un determinado tema o cuestión. La mesa redonda ha sido difundida ampliamente por la
televisión, donde, por ejemplo, políticos de diversos partidos exponen sus puntos de vista
contradictorios acerca de un hecho o medida de gobierno.

Ventajas:

• La confrontación de enfoques y puntos de vista permitirá al grupo obtener una información


variada y ecuánime sobre el asunto que se trate, evitándose así los enfoques parciales,
unilaterales o tendenciosos, posibles en unipersonal.

• Propicia la capacidad de los alumnos para seleccionar y manejar la información.

• Desarrolla la expresión oral de los alumnos y su capacidad para argumentar sus puntos de vista.

Desventajas:

• No participan de igual manera todos los alumnos, por lo que es necesario apoyar el curso con
otras técnicas didácticas.

Cómo se aplica:

Una vez decidido el tema o cuestión que desea tratarse en la mesa redonda, el organizador (puede
ser el profesor) debe seleccionar a los expositores (pueden ser de 3 a 6 personas) de los distintos
puntos de vista, deben ser hábiles para exponer y defender sus posiciones con argumentos
sólidos. Se hará una reunión previa con los alumnos con el objeto de coordinar el desarrollo,
establecer el orden de exposición, tiempo, temas y subtemas por considerar, etc.

Los miembros de la mesa redonda deben estar ubicados en un sitio donde puedan ser vistos por
todos. Generalmente el coordinador (debe ser un alumno) se sienta en el centro, detrás de una
mesa amplia, y los expositores a su derecha e izquierda formando los respectivos "grupos" de
opinión.

1. El coordinador abre la sesión con palabras iniciales, mencionando el tema por tratarse, explica
el procedimiento que debe seguirse, hace la presentación de los expositores agradeciéndoles su
cooperación, comunica al grupo que podrán hacer preguntas al final, y ofrece la palabra al primer
expositor.

2. Cada expositor hará uso de la palabra durante 10 minutos aproximadamente. El coordinador


cederá la palabra a los integrantes de la mesa redonda en forma sucesiva, y de manera que se
alternen los puntos de vista opuestos o divergentes. Si un orador se excede en el uso de la palabra
el coordinador se lo hace notar prudentemente.
3. Una vez finalizadas las exposiciones, el coordinador hace un breve resumen de las ideas
principales de cada uno de ellos, y destaca las diferencias más notorias que se hayan planteado.
Para ello habrá tomado notas durante las exposiciones.

4. Con el objeto de que cada expositor pueda aclarar, ampliar, especificar o concretar sus
argumentos y rebatir los opuestos, el coordinador los invita a hablar nuevamente durante dos
minutos cada uno. En esta etapa los expositores pueden dialogar si lo desean defendiendo sus
puntos de vista.

5. Minutos antes de expirar el plazo previsto, el coordinador da por terminada la discusión y


expone las conclusiones haciendo un resumen final que sintetice los puntos de coincidencia que
pudieran permitir un acercamiento entre los diversos enfoques, y las diferencias que quedan en
pie después de la discusión.

6. El coordinador invita al auditorio a hacer preguntas a los miembros de la mesa sobre las ideas
expuestas. Estas preguntas tendrán sólo carácter ilustrativo, y no se establecerá discusión entre al
auditorio y la mesa. Las personas del auditorio tendrán derecho a una sola intervención.

Sugerencias:

• El coordinador debe ser imparcial y objetivo en sus intervenciones, resúmenes y conclusiones.


Tendrá que utilizar sus capacidades de agilidad mental y de síntesis, y será muy prudente en el
tiempo que tome para su participación.

• El coordinador desalentará las intenciones polémicas de algún integrante del grupo. Insistirá en
aclarar que las preguntas del público no deben convertirse a su vez en "exposiciones" sobre el
tema, y que una vez contestadas no deben llevar a la discusión.

• Es conveniente que la mesa redonda no exceda los 50 minutos para dar oportunidad a las
intervenciones del coordinador y a que el público formule preguntas.

• En grupos de alumnos muy jóvenes o inexpertos los expositores podrán trabajar y hacer sus
presentaciones en parejas.
Periodismo

El periodismo es la disciplina y también la profesión centrada en las labores de difusión de


información a través de los medios de comunicación masiva. Implica la obtención, tratamiento,
interpretación, redacción y difusión de informaciones consideradas relevantes, importantes o
pertinentes para una audiencia.

Su propósito central es brindar información, o sea, hacer llegar a los ciudadanos un relato de los
hechos confiable, veraz y oportuno. Para lograr su cometido emplea recursos auditivos, visuales,
escritos o audiovisuales.

También brinda la oportunidad de reflexionar u opinar sobre ciertos temas, de modo que el
público pueda hacer valer sus derechos en la sociedad. En ese sentido, el manejo que el
periodismo da a la información implica siempre una importante dosis de responsabilidad.

La independencia del periodismo de los poderes fácticos de una sociedad (el Estado, los partidos
políticos, las clases económicas, etc.) es a menudo considerado como una garantía de la salud de
una democracia, ya que puede informar a la población de los asuntos que no convengan a los
poderosos. Por eso se lo llama el “cuarto poder” (político).

En tanto disciplina, el periodismo es una de las carreras de más proyección y mayor demanda en el
mundo contemporáneo. A menudo se la ubica dentro de las Ciencias de la comunicación o bien de
la sociología misma. Se considera que forma parte de la Comunicación social.

Historia del periodismo

La historia del periodismo nace en 1440 con la invención de la imprenta en Europa. Esta obra de
Johannes Gutemberg permitió que se difundieran numerosas obras como la Biblia, y con ella se
alfabetizara a la mayoría de la población.

Desde entonces se publicaron muchos dibujos, panfletos y carteles, especialmente tras la


invención posterior de la litografía. Casi doscientos años después, en el siglo XVII apareció el
primer periódico de la historia: el Mercurius Gallobelgicus. Se editó en Colonia, Alemania, en 1596.

Se trató de un diario escrito totalmente en latín, compilado por el refugiado católico neerlandés
Michael ab Isselt, bajo el seudónimo D. M. Jansonius. A su muerte, muchas versiones de su
periódico surgieron en manos de terceros: el Mercurii Gallobelgici succenturiati e Gotthard
Arthusius, o Annalium Mercurio Gallobelgico succenturiatorum de Gaspar Ens.

Desde entonces, los diarios se convirtieron paulatinamente en el medio preferido de la gente para
informarse, junto a las revistas, que tenían perfiles más delimitados.

Durante el siglo XVIII, con la Revolución Industrial, se vivió una verdadera explosión de medios de
comunicación semejantes. Estos medios continuaron creciendo en importancia y en difusión, a
medida que se instauraba una sociedad industrial, más veloz y de mayor consumo.

En los siglos XIX y XX, nuevas tecnologías revolucionaron el campo de las comunicaciones, como la
radio, la televisión y muy posteriormente el Internet. Estos nuevos inventos permitieron la
profesionalización del oficio periodístico y su consumo masivo y diverso, empleando tecnologías
audiovisuales, escritas, animadas y de todo tipo.
De ese modo, se suele clasificar la historia del periodismo en tres etapas: el período artesanal
(1609-1789), el período moderno (1789-1875) y el período contemporáneo (1875-actualidad).

Tipos de periodismo

Los textos periodísticos se suelen clasificar en tres géneros, de acuerdo con su intención de cara al
lector. Dichos géneros son:

Informativos. Textos o emisiones con el cometido de impartir correctamente información de


interés, usualmente noticiosa o actual, como la noticia o el reportaje.

De opinión. Textos o emisiones en que se interpreta, reflexiona o se propone una forma de


entender la realidad u otro texto, de acuerdo con el criterio del autor, como las editoriales y los
artículos de opinión.

Híbridos. Textos o emisiones en los que se combina el rigor informativo con la opinión y lo
subjetivo, como la entrevista y la crónica.

Por otro lado, el ejercicio del periodismo puede clasificarse de acuerdo con el tipo de herramientas
que se emplean para llevar a cabo la comunicación:

Escrito. Aquel que usa la palabra para comunicarse con los lectores, como en los periódicos y las
revistas.

Gráfico. Aquél que emplea solamente imágenes: fotografías, ilustraciones, como los
fotorreportajes.

Radiofónico. Aquél que emplea la voz humana a través de ondas electromagnéticas como vehículo
de comunicación, obviamente como en los programas de radio.

Audiovisual. Aquel nacido con la televisión y el cine, incorporando al audio las imágenes en
movimiento heredadas del cine, como en los noticieros televisivos.

Digital. La vertiente nacida con el Internet emplea todas las herramientas de los tipos anteriores, a
lo que se añade el hipervínculo y la recepción participativa, como en los portales de noticias y en
ciertos perfiles de redes sociales.

Características del periodismo

El periodismo, a grandes rasgos, se caracteriza por lo siguiente:

Emplea profesionalmente los medios de comunicación masiva (escritos, audiovisuales o digitales)


para alcanzar a una audiencia, a la cual provee de información de distinta naturaleza.

Generalmente se adhiere a un código de ética que propone objetividad, imparcialidad y veracidad


en la información suministrada.

Emplea “fuentes”, o sea, informantes de mayor o menor confianza, que proveen de manera
confidencial la información.

Se ampara en la libertad de prensa, o sea, en el permiso del Estado para desarrollar una línea
editorial con plenas libertades.
La formación en periodismo suele consistir en un conjunto diverso de saberes (“un océano de
información de un centímetro de profundidad”), y un conocimiento técnico especializado para el
manejo de las herramientas comunicativas.

Importancia del periodismo

El periodismo es fundamental para la convivencia de las fuerzas democráticas de un país, ya que


sirve de vigilante de los actores políticos, económicos y sociales que hacen vida en la sociedad,
asegurando que la opinión pública se entere de lo que le convendría saber.

Una sociedad desprovista de periodismo carece de medios para informarse respecto a sí misma,
para pensar sus dilemas y para oír la voz de sus intelectuales. El periodismo es, así, un lugar de
encuentro de la sociedad consigo misma.

Periodismo y política

La relación que hay entre el periodismo y la política es el mismo que hay entre la opinión pública y
el gobierno en una sociedad. Así, el periodismo permite a la sociedad cuestionar a las autoridades
y exigir respuesta a los asuntos que sean de interés.

De hecho, si los periodistas no se rigen por su estricto código ético y profesional, pueden terminar
haciendo de actores políticos, o sea, de formadores de opiniones parcializadas, escondiendo en
lugar de revelar, mintiendo en lugar de ser veraces, y desinformando en lugar de brindar datos
confiables.

Un periodismo sometido al poder político mediante la censura, no cumple con su rol y termina
convirtiéndose en un instrumento de propaganda.

Periodismo literario

El periodismo literario busca romper con la estructura estricta y clásica del periodismo apostando
por las historias personales, los detalles y la mezcla de estilos.

El origen del periodismo literario o new journalist se remonta a la década de los 60 en Estados
Unidos. Su principal impulsor fue Tom Wolfe, quien apostó por transformar los escuetos,
superficiales y breves textos periodísticos de la época, en crónicas llenas de detalles, con historias
reales ficcionadas y en la que el papel del redactor era fundamental al aportar su punto de vista de
unos hechos que había vivido en primera persona. Desde entonces, el periodismo literario ha
evolucionado para adaptarse a los nuevos formatos y medios —marcados por la irrupción de
Internet— y, sobre todo, para poder conectar y despertar el interés del lector. Hay quienes
consideran que el nuevo periodismo quedó enterrado con el cambio de siglo, otros, que está más
vigente que nunca.

El nuevo periodismo busca romper con la estructura estricta y clásica del periodismo marcada por
las 5 Ws —qué (what), quién (who), cuándo (when), dónde (where) y por qué (why); en algunos
casos se añade cómo (how)— y la pirámide invertida. No se centra únicamente en la noticia, sino
que profundiza en ella, la analiza desde varios puntos de vista, busca sus matices, los detalles, las
microhistorias… Entre sus características más destacables figuran:
Dar voz a los protagonistas

Una cuestión fundamental. Las historias se cuentan desde la visión de los protagonistas para saber
sus razones, circunstancias y/o problemas. Esto provoca que muchas veces parezca que el
periodista ha desaparecido del texto, ya que cede la voz a los protagonistas. Para ello se
reproducen textualmente sus palabras, aunque eso suponga utilizar jergas, modismos o, incluso,
palabras malsonantes. A veces se opta por crear un personaje ficticio como prototipo de los reales
para preservar la identidad de los involucrados.

Contar una historia individual para ir a lo colectivo

Para conseguir captar la atención del lector y, sobre todo, a sus emociones, siempre es más fácil si
se va de lo particular a lo colectivo, si las historias se personalizan y se les ponen nombres y
apellidos. Por ejemplo, si se produce un terremoto en Chile en el que mueren 200 personas y
provoca dos millones de damnificados y 50 desaparecidos, una forma de conectar con el lector y
que se identifique con esa desgracia es contar la historia de alguno de los niños que se ha quedado
sin familia o de una madre que lleva días buscando a sus hijos sin éxito.

Papel del narrador

Su punto de vista siempre queda latente. Contar las historias requiere de un trabajo previo de
documentación en el que las preguntas clásicas del periodismo son sustituidas —o
complementadas— por presenciar los hechos, saber cómo viven sus protagonistas, en qué
circunstancias, cómo es lo que “nadie ve”… Por ejemplo, para hacer un reportaje sobre un
concierto de un grupo de rock, en vez de limitarse a ir el día de la actuación, viajar con los músicos,
estar en el camerino, hablar con sus familias, etc. “Salir a la calle” se convierte en imprescindible
frente al periodismo de oficina y llamadas por teléfono.

Descripción minuciosa

Los pequeños detalles marcan la diferencia contando los hechos como si fuesen relatos e
incluyendo descripciones de cuestiones que, aparentemente, no tienen importancia. Puede ser la
descripción de la vestimenta, de la forma de mover las manos, de cómo el responsable de una
empresa se dirige a sus trabajadores, del tipo de mobiliario de un ayuntamiento, etc. De este
modo, lo cotidiano se convierte también en un hecho noticioso.

Fusión de estilos literarios

La forma en la que se cuentan las historias es muy característica y marca la diferencia frente al
periodismo convencional. Los estilos y recursos literarios se entremezclan, incluyendo diálogos,
monólogos, descripciones de los protagonistas, etc. en una suerte de hibridación literaria. La
dimensión estética cobra un papel fundamental.

Realidad y ficción se fusionan

Esto sucede, especialmente, en los casos de novelas que parten de un hecho real —como el
descrito en A sangre fría, de Truman Capote—, pero que se relata de forma ficcionada. Sin
embargo, en el caso de las crónicas y reportajes periodísticos, los datos y la realidad no deben
manipularse.
Ejemplos de periodismo literario

¿Periodismo en la literatura o literatura en el periodismo? La fusión de estos dos géneros puede


aplicarse tanto en un ámbito como en otro, es decir, existen novelas cuya base es el periodismo y
crónicas, reportajes o entrevistas que echan mano de los recursos literarios. Por eso, es habitual
que periodistas que optaron por este tipo de género escribiesen también novelas, y viceversa.

Dentro de las novelas imprescindibles del nuevo periodismo destacan:

A sangre fría, de Truman Capote (1966): partiendo de unos hechos reales, el asesinato de toda una
familia en Texas, el escritor construye una historia en la que se entremezclan rasgos del
periodismo —la documentación del caso, las declaraciones de testigos, los artículos publicados en
la prensa…— con la ficción.

Crónica de una muerte anunciada, de García Márquez (1981): una obra con un planteamiento muy
novedoso, ya que desde el inicio se sabe que el protagonista va a morir. Parte de un hecho real
fusionando la crónica periodística con la ficción y la novela policial.

La canción del verdugo, de Norman Mailer (1979): relata la historia de un condenado a muerte por
asesinar a dos personas en Utah que le sirvió al autor para ganar el premio Pulitzer en 1980. Para
escribirla Mailer realizó cientos de entrevistas a los testigos del caso real.

¿Qué pasa en la actualidad?

Los medios digitales —incluidas las redes sociales— han supuesto la transformación de la
concepción clásica del periodismo. Hoy en día, al uso generalizado de Internet y sus nuevos
formatos hay que sumarle la inmediatez y la participación del usuario en la generación de
información. La delgada línea entre periodismo y literatura se hace más patente.

Por eso, para algunos, el periodismo literario está más vivo que nunca en los artículos de blogs,
reportajes de revistas especializadas, entrevistas en profundidad de los suplementos dominicales
o, incluso, en los podcasts. Frente a ello, hay quien considera que este nuevo periodismo nada
tiene que ver con el del siglo pasado, ya que en él muchas veces falta el elemento fundamental:
invertir tiempo en investigar. En todo caso, la formación adecuada, como el Máster en Escritura
Creativa online de UNIR, es fundamental para escribir correctamente y de forma creativa.

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