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Legislación Actual en Materia Agraria en Guatemala

Este documento presenta un resumen de la legislación agraria vigente en Guatemala. Explica que la legislación actual está determinada principalmente por la legislación civil y administrativa debido a la inexistencia de órganos y procesos jurisdiccionales especializados en materia agraria. A continuación, enumera 18 leyes y decretos que conforman la legislación agraria vigente en el país, incluyendo la Constitución Política, el Código Civil, la Ley de Transformación Agraria y varias leyes sobre tierras y desarrollo rural.

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Legislación Actual en Materia Agraria en Guatemala

Este documento presenta un resumen de la legislación agraria vigente en Guatemala. Explica que la legislación actual está determinada principalmente por la legislación civil y administrativa debido a la inexistencia de órganos y procesos jurisdiccionales especializados en materia agraria. A continuación, enumera 18 leyes y decretos que conforman la legislación agraria vigente en el país, incluyendo la Constitución Política, el Código Civil, la Ley de Transformación Agraria y varias leyes sobre tierras y desarrollo rural.

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UNIVERSIDAD REGIONAL DE GUATEMALA

Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales


(Abogado y Notario)
5to Semestre
Sección Única
Jornada Nocturna
Derecho Agrario
Catedrático: Luis Alberto Gómez Medina

Clase 2 (17 de abril de 2023)

SUMARIO
1. Legislación actual en materia agraria en Guatemala
[Link]ón Política de la República de Guatemala
1.2. Código Civil Decreto-Ley 106
1.3. Ley de Transformación Agraria
1.4. Ley del Establecimiento de zonas de desarrollo
lllllllllllllllllagrario
1.5. Ley de Fondo de Tierras y su Reglamento. Decreto
lllllllllllllllll24-99 y Acuerdo Gubernativo 199-2000
1.6. Ley de Expropiación Decreto 529
1.7. Ley forestal
1.8. Ley de titulación supletoria
1.9. Ley del Registro de Información Catastral. Decreto
lllllllllllllllll41-2005
1.10. Reglamento de Regularización de la Tenencia de
Tierra. Acuerdo Gubernativo 386-2001
1.11. Ley Reguladora del Procedimiento de Localización y
Desmembración de Derechos sobre Inmuebles
Proindivisos. Decreto-Ley 82-84
1.12. Ley Reguladora de las Áreas de Reservas
Territoriales del Estado de Guatemala. Decreto 126-
97
1.13. Ley de Parcelamientos Urbanos. Decreto 1,427
1.14. Ley de Rectificación de Área. Decreto-Ley 125-83
1.15. Ley de Trabajos de Agrimensura. Decreto 1,786
1.16. Ley de Empresas Campesinas Asociativas, Decreto-
Ley 67-84
1.17. Ley de desarrollo social
1.18. lDecreto 60-70 del Congreso de la República
2. lInexistencia de una ley sustantiva y adjetiva en materia
agraria.
2.1. Primera etapa de la legislación agraria
2.2. Segunda etapa de la legislación agraria
2.3. Tercera etapa de la legislación agraria
2.4. Cuarta etapa de la legislación agraria
2.5. Quinta etapa de la legislación agraria
2.6. Sexta etapa de la legislación agraria
2.7. Séptima etapa de la legislación agraria

1. Legislación Actual en Materia


Agraria en Guatemala

La legislación vigente está conformada y determinada en primer


término por la legislación civil, y en segundo lugar, por la legislación
administrativa. Precisamente la inexistencia de órganos y procesos
jurisdiccionales especializados en esta materia y además, la
utilización exclusiva de la vía administrativa para la resolución de
problemas agrarios, refleja la limitada autonomía en el ámbito
nacional del Derecho Agrario y del Derecho Ambiental.

Hay que tomar en consideración que dentro de las Leyes Agrarias


vigentes están las siguientes:

1.1. Constitución Política de la República


de Guatemala
Como ley fundamental regula en algunos de sus artículos lo
relacionado a la propiedad y al agro, concretamente:

“Artículo 39. Propiedad Privada. Se garantiza la propiedad privada


como un derecho inherente a la persona humana. Toda persona
puede disponer libremente de sus bienes de acuerdo a la ley.

Es el Estado el que garantiza el derecho y deberá crear las


condiciones que faciliten al propietario el uso y disfrute de manera
que se alcancen el progreso individual y el desarrollo nacional en
beneficio de todos los guatemaltecos”.

La Corte estima ahora, a la luz de un caso que obliga a la


interpretación del artículo 21, que éste protege derechos reales o
formas de control legítimo sobre bienes incorporados en el amplio
marco del patrimonio de la persona. No es posible desconocer --por
el contrario, es necesario reconocer-- la heterogénea integración de
ese patrimonio individual, que no sólo se compone con el derecho
real de propiedad sobre bienes legalmente susceptibles de ella y
titulados en consecuencia, sino también por los que alguna vez se
denominó “desprendimientos de la propiedad” --uso, usufructo,
habitación-- y por otras manifestaciones de la tenencia legítima que
la ley común protege de manera semejante a la propiedad”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Tibi Vs.


Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 7 de septiembre de 2004. Serie C No. 114.
Párr. 83.

“Con respecto al derecho de propiedad, contenido en el artículo 21


de la Convención, este Tribunal ha entendido en su jurisprudencia
que la propiedad es un concepto amplio que abarca, entre otros, el
uso y goce de bienes, definidos como “cosas materiales apropiables”,
así como todo derecho que pueda formar parte del patrimonio de una
persona. Dicho concepto comprende todos los muebles e inmuebles,
los elementos corporales e incorporales y cualquier otro objeto
inmaterial susceptible de valor. Adicionalmente, la Corte ha
considerado protegidos a los derechos adquiridos, entendidos como
derechos que se han incorporado al patrimonio de las personas”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Andrade


Salmón Vs. Bolivia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de
1 de diciembre de 2016. Serie C No. 330. Párr. 110.

“Este Tribunal ha desarrollado en su jurisprudencia un concepto


amplio de propiedad que abarca el uso y goce de los bienes,
definidos como cosas materiales apropiables, así como todo derecho
que pueda formar parte del patrimonio de una persona. Asimismo, la
Corte ha protegido a través del artículo 21 de la Convención los
derechos adquiridos, entendidos como derechos que se han
incorporado al patrimonio de las personas [...] Asimismo, tal como lo
hizo en el caso Muelle Flores Vs. Perú, la Corte resalta y coincide con
lo señalado por el dictamen pericial de Christian Courtis en relación
con que “[l]os beneficios que se derivan de la seguridad social,
incluido el derecho a una pensión de vejez, forman parte del derecho
de propiedad y por tanto deben estar protegidos contra la
interferencia arbitraria del Estado. El derecho a la propiedad puede
cubrir aún las expectativas legítimas del titular del derecho, en
particular cuando haya efectuado aportes en un sistema contributivo.
Con muchísima más razón, cubre los derechos adquiridos una vez
perfeccionadas las condiciones para obtener un beneficio tal como la
pensión de vejez, más aún cuando ese derecho ha sido reconocido
a través de una sentencia judicial. Complementariamente, entre el
abanico de intereses protegidos por el derecho a la propiedad, los
beneficios de la seguridad social adquieren particular importancia por
su ya mencionado carácter alimentario y sustitutivo del salario” [...]”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Asociación


Nacional de Cesantes y Jubilados de la Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (ANCEJUB- SUNAT) Vs.
Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 21 de noviembre de 2019. Serie C. No. 394. Párrs.
192-193.

Limitaciones al derecho a la propiedad

“[...] es la solidaridad lo que respalda [...] el interés porque el uso y


disfrute de la propiedad privada alcance no sólo el progreso
individual, sino el desarrollo nacional en beneficio de todos los
guatemaltecos (artículo 39) [...].”

Corte de Constitucionalidad. Expedientes acumulados 1079-


2011, 2858-2011, 2859-2011, 2860- 2011, 2861-2011 y 2863-2011.
Fecha de sentencia: 12/11/2013.

“Este derecho se garantiza en el artículo 39 de la Constitución [...],


como inherente a la persona humana. Sin embargo, no es propio de
la vida en sociedad el ejercicio absoluto de este derecho. Tal
afirmación encuentra también asidero en el principio que la misma
Constitución recoge en el artículo 44, de que el interés social
prevalece sobre el particular. Ello en armonía con el principio del
dominio eminente del Estado sobre su territorio, según el cual éste
puede ejercer su actividad como ente soberano, para el logro de sus
fines, con la amplitud que le permite la Ley fundamental del país.”
Corte de Constitucionalidad. Expediente 97-86. Fecha de
sentencia: 25/02/1987.

“Ahora bien, cuando la propiedad comunal indígena y la propiedad


privada particular entran en contradicciones reales o aparentes, la
propia Convención Americana y la jurisprudencia del Tribunal
proveen las pautas para definir las restricciones admisibles al goce y
ejercicio de estos derechos, a saber: a) deben estar establecidas por
ley; b) deben ser necesarias; c) deben ser proporcionales, y d) deben
hacerse con el fin de lograr un objetivo legítimo en una sociedad
democrática [...] siempre que estén en conflicto los intereses
territoriales particulares o estatales y los intereses territoriales de los
miembros de las comunidades indígenas, prevalezcan los últimos por
sobre los primeros. Cuando los Estados se vean imposibilitados, por
razones concretas y justificadas, de adoptar medidas para devolver
el territorio tradicional y los recursos comunales de las poblaciones
indígenas, la compensación que se otorgue debe tener como
orientación principal el significado que tiene la tierra para éstas [...]”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Comunidad


Indígena Yakye Axa Vs, Paraguay. Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 17 de junio de 2005. Serie C No. 125. Párr.
125.

“No obstante, la protección del derecho a la propiedad conforme el


artículo 21 de la Convención no es absoluta y, por lo tanto, no permite
una interpretación así de estricta. [...] En este sentido, el artículo 21
de la Convención establece que “la ley podrá subordinar [el] uso y
goce de los [bienes] a los intereses de la sociedad”. Por ello, la Corte
ha sostenido en otras ocasiones que, de conformidad con el artículo
21 de la Convención, el Estado podrá restringir el uso y goce del
derecho a la propiedad siempre que las restricciones: a) hayan sido
previamente establecidas por ley; b) sean necesarias; c)
proporcionales y d) que tengan e fin de lograr un objetivo legítimo en
una sociedad democrática [...]”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso del Pueblo


Saramaka Vs. Surinam. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de noviembre de 2007.
Serie C No. 172. Párr. 127.

“[...] El primer párrafo de dicho artículo se refiere al derecho a la


propiedad privada, y señala como atributos de la propiedad el uso y
goce del bien e incluye una limitación a dichos atributos de la
propiedad en razón del interés social. A su vez, el segundo inciso se
refiere a la expropiación de bienes y los requisitos para que tal actuar
del Estado pueda considerarse justificado. Al respecto, esta Corte ha
establecido que no debe limitarse a examinar únicamente si se
produjo una desposesión o una expropiación formal, sino que debe
además comprobar, más allá de la apariencia, cuál fue la situación
real detrás de la situación denunciada”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Andrade


Salmón Vs. Bolivia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de
1 de diciembre de 2016. Serie C No. 330. Párr. 111.

“[...] Resulta necesario reiterar que el derecho a la propiedad no es


absoluto y, en ese sentido, puede ser objeto de restricciones y
limitaciones, siempre y cuando éstas se realicen por la vía legal
adecuada y de conformidad con los parámetros establecidos en
dicho artículo 21. En casos similares al presente, el Tribunal ha
declarado la violación del derecho a la propiedad por la afectación
patrimonial causada por el incumplimiento de sentencias que
pretendían proteger el derecho a una pensión, el cual había sido
adquirido por las víctimas, de conformidad con la normativa interna”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Asociación


Nacional de Cesantes y Jubilados de la Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (ANCEJUB- SUNAT) Vs.
Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 21 de noviembre de 2019. Serie C. No. 394. Párr.
192.

Garantías del derecho


“[...] la Constitución [...], garantiza la propiedad privada como un
derecho inherente al ser humano estableciendo que toda persona
puede disponer libremente de ella de acuerdo a la ley, siendo en
consecuencia, un deber del Estado proteger el ejercicio de ese
derecho, por lo que el amparo se convierte en un mecanismo idóneo
para denunciar la vulneración al derecho de propiedad
constitucionalmente garantizado [...].”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 3161-2014. Fecha de


sentencia: 09/09/2014.
“[...] Al respecto, es necesario indicar que este Tribunal, en reiterados
precedentes jurisprudenciales, ha expresado que es factible acudir
directamente a la justicia constitucional a denunciar violación al
derecho de propiedad, ocasionada por inscripciones registrales que
aducen originadas anomalías o ilegalidades, sin necesidad de agotar
previamente los procedimientos ordinarios o mediar resoluciones
dictadas en los mismos. [...] Del estudio sistematizado del acervo
jurisprudencial emanado de esta Corte en casos en los que se ha
denunciado directamente mediante amparo violación al derecho de
propiedad por parte del Registro General de la Propiedad, se
desprenden tres alternativas de decisión: A. Otorgamiento de la
protección constitucional con efectos definitivos o plenos. Se ordena
la cancelación de las inscripciones viciadas y al restablecimiento total
del ejercicio de los derechos transgredidos, cuando los medios de
convicción aportados por las partes al proceso constitucional han
permitido concluir, en forma irrefutable, que el o los instrumentos
públicos que originaron las inscripciones registrales. B Otorgamiento
de la protección constitucional con efectos temporales o parciales. La
sentencia es estimativa pero la tutela dispuesta se reduce a preservar
el derecho del postulante a fin de que pueda acudir a la vía
jurisdiccional ordinaria a dilucidar su pretensión, asegurándole que el
bien inmueble del que se trate no sufrirá alteraciones registrales en
el plazo que para ese efecto se señale; esto, cuando los medios
probatorios aportados por las partes generan duda razonable sobre
la validez del o de los instrumentos públicos que originaron las
inscripciones registrales objetadas, pero no con la contundencia
necesaria para estimar procedente disponer su anulación. C.
Denegatorio de la Protección constitucional. Se declara llanamente
la improcedencia de la petición de amparo, debido a la inexistencia o
insuficiencia de elementos de convicción que, como mínimo hagan
surgir duda razonable sobre la validez del o los instrumentos públicos
que originaron las inscripciones registrales objetadas [...]”.

Corte de Constitucionalidad. Expediente 3288-2018. Fecha de


Sentencia 18/06/2019.

“Según se aprecia del análisis de los criterios mencionados, son los


elementos comunes que han determinado la aplicación de cualquiera
de las citadas modalidades de otorgamiento de protección
constitucional: el primero, que el interesado haya realizado aporte
probatorio significativo que permite demostrar las anomalías que se
aducen en el proceso, de manera que el juzgador concluya que el
acto cuestionado por la vía constitucional provocó el despojo
indebido de determinado bien y el segundo, que en el intelecto del
juzgador surja la duda absoluta o razonable de que las falsedades
aducidas pudieron haber ocurrido”.
Corte de Constitucionalidad. Expediente 2633-2019. Fecha de
Sentencia: 09/07/2020.

“[...]el Estado debe asegurar la propiedad efectiva de los pueblos


indígenas y, por tanto, debe: a.- deslindar las tierras indígenas de
otras y otorgar título colectivo de las tierras a las comunidades; b.-
”abstenerse de realizar actos que puedan llevar a que los agentes del
propio Estado, o terceros que actúen con su aquiescencia o su
tolerancia, afecten la existencia, el valor, el uso o el goce de su
territorio”, y c.- a su vez, garantizar el derecho de los pueblos
indígenas de controlar y usar efectivamente su territorio y recursos
naturales, así como de ser propietarios de su territorio sin ningún tipo
de interferencia externa de terceros [...] la Corte ha indicado que las
comunidades indígenas tienen derecho al otorgamiento de un “título
de propiedad formal, u otra forma similar de reconocimiento estatal,
que otorgue seguridad jurídica a la tenencia indígena de la tierra
frente a la acción de terceros o de los agentes del propio Estado”. En
este marco, deben reconocerse las formas y modalidades diversas y
específicas de control, propiedad, uso y goce de los territorios por
parte de las comunidades, sin interferencia de terceros [...]”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso


Comunidades Indígenas de la Asociación Lhaka Monhat
(Nuestra Tierra) Vs. Argentina. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 6 de febrero de 2020. Serie C No. 400. Párr. 98 y 115.

“Artículo 40. Expropiación. En casos concretos, la propiedad


privada podrá ser expropiada por razones de utilidad colectiva,
beneficio social o interés público debidamente comprobadas. La
expropiación deberá sujetarse a los procedimientos señalados por la
ley, y el bien afectado se justipreciará por expertos tomando como
base su valor actual....”

El texto constitucional sin incluir literalmente la función social de la


propiedad, obliga al Estado a crear las condiciones para el desarrollo
de las personas individuales pero en conjunto, en función del
desarrollo nacional en beneficio de todos los guatemaltecos afecta
las finalidades establecidas en la constitución.

Este artículo se relaciona con la regularización en el sentido de que


resolviendo la conflictividad y generando certeza jurídica, se logra
cierto grado de igualdad para alcanzar el desarrollo nacional que
beneficie a todos o a la mayoría de guatemaltecos.

Este artículo debe entenderse como la parte de la función social de


la propiedad además como un límite entre el beneficio individual y
benéfico colectivo. En este sentido, la expropiación es una figura con
una doble connotación en el ámbito de la doctrina juridica y la
legislación nacional.

Expropiación forzosa

“[...] el derecho a la propiedad privada; el cual, sin embargo, no es


absoluto, pues está limitado por causas de conveniencia social; y por
este motivo, se admite la posibilidad de la expropiación forzosa, que
en nuestro sistema es regida por ciertos principios generales tales
como: i) la causa de expropiación, ii) la indemnización y iii) la
legalidad. Tal como se analizó anteriormente, la causa expropiandi
consiste en aquella declaración del órgano competente para
establecer la conveniencia social, que en el artículo 40 de la
Constitución se especifica como “razones de utilidad colectiva,
beneficio social o interés público debidamente comprobadas”. Esta
última condición supone que el marco de discrecionalidad legislativa
para hacer la declaración deberá estar sometida a la razonabilidad
del fin para el que se necesita la apropiación pública del bien
expropiado. Se hace necesario analizar la disposición en cuanto a
que delega en el Ejecutivo la potestad de calificar los bienes que es
necesario expropiar. [...] que el mencionado precepto se refiere no a
una facultad de apropiación incondicional sino a la declaración de
expropiabilidad que por causas razonables de “utilidad y necesidad
públicas” deba proceder, llenándose los trámites y condiciones de la
llamada “garantía expropiatoria”; entre ellos, el debido proceso legal,
el justiprecio y la indemnización previa y en moneda de curso legal,
salvo convenio compensatorio entre las partes, como lo establece el
artículo 40 de la Constitución. [...] que contiene la garantía
expropiatoria, no regula lo relativo a las ocupaciones temporales de
la propiedad realizadas con fines civiles, necesarias para la
realización de obras estatales; sino que únicamente se refiere a las
que se efectúen en casos de guerra, calamidad pública o grave
perturbación de la paz.”

Corte de Constitucionalidad. Expedientes acumulados 254-90 y


284-90. Fecha de sentencia: 27/06/1991.

“[...] si bien el fin de la expropiación ha sido legítimo, el Estado no ha


respetado los requisitos previstos en la Convención Americana al no
cumplir con los plazos procesales contemplados en la normativa
nacional y establecidos como formalidades necesarias en su derecho
interno, vulnerando el principio de legalidad, por lo que el
procedimiento expropiatorio ha resultado arbitrario”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso del Pueblo


Saramaka Vs. Surinam. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de noviembre de 2007.
Serie C No. 172. Párr. 127.

“[...] a fin de que el Estado pueda satisfacer legítimamente un interés


social y encontrar un justo equilibrio con el interés del particular, debe
utilizar los medios proporcionales a fin de vulnerar en la menor
medida el derecho a la propiedad de la persona objeto de la
restricción. En este sentido, el Tribunal considera que en el marco de
una privación al derecho a la propiedad privada, en específico en el
caso de una expropiación, dicha restricción demanda el cumplimiento
y fiel ejercicio de requerimientos o exigencias que ya se encuentran
consagradas en el artículo 21.2 de la Convención [...] A este respecto,
la Corte ha considerado que no es necesario que toda causa de
privación o restricción al derecho a la propiedad esté señalada en la
ley, sino que es preciso que esa ley y su aplicación respeten el
contenido esencial del derecho a la propiedad privada. Este derecho
supone que toda limitación a éste deba ser excepcional. De la
excepcionalidad se deriva que toda medida de restricción debe ser
necesaria para la consecución de un objetivo legítimo en una
sociedad democrática, de conformidad con el propósito y fin de la
Convención Americana”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Salvador


Chiriboga Vs. Ecuador. Excepción Preliminar y Fondo. Sentencia
de 6 de mayo de 2008. Serie C No. 230. Párr. 127.
Obligación legislativa de definir los términos “utilidad
colectiva, beneficio social o interés público

“Nuestro ordenamiento jurídico no hace una enumeración casuística


de lo que significa “utilidad colectiva, beneficio social o interés
público”, la Ley de Expropiación se limita a establecer en su artículo
lo que “Se entiende por “utilidad o necesidad públicas o interés
social”, para los efectos de esta ley, todo lo que tienda a satisfacer
una necesidad colectiva”. Sin embargo, como no queda a criterio de
la autoridad expropiante esa interpretación, se encomienda tal
función al Organismo que le es propio legislar por mandato
constitucional y que se integra con los representantes del pueblo, al
cual corresponde, siguiendo el proceso de formación y sanción de la
ley, emitir la declaración de que en un caso concreto procede
expropiar por las razones indicadas, creando así el marco legal
necesario para el desarrollo de la subsiguiente actividad
administrativa [...] los presupuestos de la expropiación son: por un
lado, una situación de necesidad pública, esto es, que su satisfacción
corresponde al Estado, o bien, el desarrollo de una obra de utilidad
colectiva, beneficio social o interés público; y por otro lado, uno o
varios bienes de propiedad privada, adecuados al fin que se busca,
cuyo dominio debe trasladarse al Estado para la satisfacción de
aquélla necesidad o la realización de esta obra.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 97-86. Fecha de


sentencia: 25/02/1987.

“Las razones de utilidad pública e interés social a que se refiere la


Convención comprenden todos aquellos bienes que por el uso a que
serán destinados, permitan el mejor desarrollo de una sociedad
democrática. Para tal efecto, los Estados deberán emplear todos los
medios a su alcance para afectar en menor medida otros derechos,
y por tanto asumir las obligaciones que esto conlleve de acuerdo a la
Convención”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Salvador


Chiriboga Vs. Ecuador. Excepción Preliminar y Fondo. Sentencia
de 06 de mayo de 2008. Serie C No. 179. Párr. 73.
Pago de una indemnización adecuada

El artículo 21.2 de la Convención Americana expresamente señala


como requisito para poder llevar a cabo una privación de la propiedad
el pago de una justa indemnización”.

“Al respecto, el Tribunal estima que en casos de expropiación el pago


de una indemnización constituye un principio general del derecho
internacional, el cual deriva de la necesidad de buscar un equilibrio
entre el interés general y el del propietario. Dicho principio ha sido
recogido en la Convención Americana en su artículo 21, al referirse
al pago de una “justa indemnización”. Esta Corte considera que para
alcanzar el pago de una justa indemnización ésta debe ser adecuada,
pronta y efectiva”.

“La Corte estima que, en casos de expropiación, para que la justa


indemnización sea adecuada se debe tomar como referencia el valor
comercial del bien objeto de la expropiación anterior a la declaratoria
de utilidad pública de éste, y atendiendo el justo equilibrio entre el
interés general y el interés particular a que se ha hecho referencia en
la presente Sentencia”.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Salvador


Chiriboga Vs. Ecuador. Excepción Preliminar y Fondo. Sentencia
de 06 de mayo de 2008. Serie C No. 179. Párrs. 95, 96 y 98.

“Artículo 67. Protección a las tierras y las cooperativas agrícolas


indígenas. Las tierras de las cooperativas, comunidades indígenas
o cualquiera otra forma de tenencia comunal o colectiva de propiedad
agraria gozarán de protección especial del Estado, de asistencia
crediticia y técnica preferencial, que garanticen su posesión y
desarrollo, a fin de asegurar a todos los habitantes una mejor calidad
de vida.

Propiedad comunal indígena

“[...] esta Corte puede afirmar que la obligación de los gobiernos de


respetar la importancia especial que para las culturas reviste su
relación con las tierras o territorios [contenida en el Convenio 169 de
la OIT], así como el hecho de reconocer a los pueblos interesados el
derecho de propiedad y posesión de las tierras que tradicionalmente
ocupan, se encuentra concurrente con los preceptos de los artículos
66, 67 y 68 de la Constitución. Además, los procedimientos a utilizar
para decidir las reivindicaciones de tierras formuladas por los pueblos
interesados, deberán instituirse conforme al artículo 14 inciso 3 del
Convenio, o sea adecuados al marco del sistema jurídico nacional
[...] Se ha cuestionado que el Convenio en su artículo 13 establezca
que el término ‘territorio’ debe incluirse dentro del término ‘tierras’,
porque el primero puede tener una acepción más amplia. A ese
respecto, cabe considerar que el mismo artículo 13 dispone que el
concepto ‘territorio’, cubre la totalidad del hábitat de las regiones que
los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna otra manera y no
debe dársele otra acepción. Además, dicho concepto es aplicable a
los artículo 15 y 16 del Convenio, que se refieren, el primero, a la
protección de los recursos naturales existentes en sus tierras y, el
segundo, a las disposiciones contenidas en los casos de traslados de
las tierras que ocupan. En cuanto a la participación en los beneficios
derivados de la explotación de los recursos naturales pertenecientes
al Estado, ello tendrá efecto ‘siempre que sea posible.’ Las
disposiciones contenidas en los artículos anteriormente
mencionados, que integran la Parte II del Convenio no contradicen la
Constitución.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 199-95. Fecha de


sentencia: 18/05/1995.

“[...] el Reglamento impugnado [Reglamento Específico para


Reconocimiento y Declaración de Tierras Comunales] regula las
condiciones que debe tener un terreno o predio para ser declarado
como tierra comunal, estableciendo que son necesarias la posesión,
la pertenencia histórica y la administración especial; condiciones que
deben concurrir obligatoriamente para que proceda la declaración de
tierra comunal a favor de una comunidad indígena. Las condiciones
aludidas, están vinculadas con el mandato otorgado al Registro de
Información Catastral en el artículo 65 de la Ley del Registro
mencionado [...] y el Convenio 169 [...], circunstancias que se
produjeron, y que se pueden constatar al analizar el texto de la norma
impugnada.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 4334-2009. Fecha de


sentencia: 01/06/2010.
“[...] la especial protección que la Carta Magna dedica al derecho de
propiedad comunal de los pueblos indígenas [...], en congruencia con
el significativo papel que juega la tierra en su cosmovisión. Esto
último ha sido reconocido a nivel internacional, en la jurisprudencia
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos [...] puntualizando
además que el argumento de que las tierras en disputa estén siendo
debidamente explotadas no basta para vedar esa posibilidad, habida
cuenta de que bajo el mismo ‘... subyace la idea de que los indígenas
no pueden, bajo ninguna circunstancia, reclamar sus tierras
tradicionales cuando éstas se encuentren explotadas y en plena
productividad, mirándose la cuestión indígena exclusivamente a
través de la productividad de la tierra y del régimen agrario, lo que
resulta insuficiente a las peculiaridades propias de dichos pueblos’
[...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 1101-2010. Fecha de


sentencia: 04/05/2011.

“[...] la especial forma de propiedad y control de la tierra de los


pueblos indígenas [...] hace necesaria la creación de normas jurídicas
específicas de reconocimiento y protección de la propiedad comunal,
que atienda al carácter sui generis de esta particulares modalidades
de propiedad colectiva que ejercen estos pueblos, sin dejar de
garantizar las pautas indígenas de uso y ocupación del territorio, de
conformidad con los estándares internacionales en materia de
derechos humanos y en especial de los pueblos indígenas y tribales.
[...] Debido a las características de la propiedad comunal indígena,
en la creación de la preceptiva que debe regular este derecho, es
necesario atender a las prácticas tradicionales de uso de la tierra y el
sistema consuetudinario de tenencia de la tierra que estos pueblos
han establecido según el concepto de territorio que les es reconocido
tanto en la Constitución Política de la República como en normas
internacionales.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 4670-2017. Fecha de


sentencia: 8/10/2019.

“Mediante una interpretación evolutiva de los instrumentos


internacionales de protección de derechos humanos, tomando en
cuenta las normas de interpretación aplicables y, de conformidad con
el artículo 29.b de la Convención - que prohíbe una interpretación
restrictiva de los derechos - , esta Corte considera que el artículo 21
de la Convención protege el derecho a la propiedad en un sentido
que comprende, entre otros, los derechos de los miembros de las
comunidades indígenas en el marco de la propiedad comunal [...].
[...] es menester hacer algunas precisiones respecto del concepto de
propiedad en las comunidades indígenas. Entre los indígenas existe
una tradición comunitaria sobre una forma comunal de la propiedad
colectiva de la tierra, en el sentido de que la pertenencia de ésta no
se centra en un individuo sino en el grupo y su comunidad. Los
indígenas por el hecho de su propia existencia tienen derecho a vivir
libremente en sus propios territorios; la estrecha relación que los
indígenas mantienen con la tierra debe de ser reconocida y
comprendida como la base fundamental de sus culturas, su vida
espiritual, su integridad y su supervivencia económica. Para las
comunidades indígenas la relación con la tierra no es meramente una
cuestión de posesión y producción sino un elemento material y
espiritual del que deben gozar plenamente, inclusive para preservar
su legado cultural y transmitirlo a las generaciones futuras.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso de la


Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua. Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2001.
Serie C No. 79. Párrs. 148 y 149.

1. Relación entre derechos territoriales indígenas y otros


derechos

“Ahora bien, cuando la propiedad comunal indígena y la propiedad


privada particular entran en contradicciones reales o aparentes, la
propia Convención Americana y la jurisprudencia del Tribunal
proveen las pautas para definir las restricciones admisibles al goce y
ejercicio de estos derechos, a saber: a) deben estar establecidas por
ley; b) deben ser necesarias; c) deben ser proporcionales, y d) deben
hacerse con el fin de lograr un objetivo legítimo en una sociedad
democrática.”

“Al aplicar estos estándares a los conflictos que se presentan entre


la propiedad privada y los reclamos de reivindicación de propiedad
ancestral de los miembros de comunidades indígenas, los Estados
deben valorar caso por caso las restricciones que resultarían del
reconocimiento de un derecho por sobre el otro. Así, por ejemplo, los
Estados deben tener en cuenta que los derechos territoriales
indígenas abarcan un concepto más amplio y diferente que está
relacionado con el derecho colectivo a la supervivencia como pueblo
organizado, con el control de su hábitat como una condición
necesaria para la reproducción de su cultura, para su propio
desarrollo y para llevar a cabo sus planes de vida. La propiedad sobre
la tierra garantiza que los miembros de las comunidades indígenas
conserven su patrimonio cultural. Al desconocerse el derecho
ancestral de los miembros de las comunidades indígenas sobre sus
territorios, se podría estar afectando otros derechos básicos, como el
derecho a la identidad cultural y la supervivencia misma de las
comunidades indígenas y sus miembros.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Comunidad


Indígena Yakye Axa Vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 17 de junio de 2005. Serie C No. 125. Párrs.
144, 146 y 147.

“Adicionalmente, respecto de las restricciones sobre el derecho de


los miembros de los pueblos indígenas y tribales, en especial al uso
y goce de las tierras y los recursos naturales que han poseído
tradicionalmente, un factor crucial a considerar es también si la
restricción implica una denegación de las tradiciones y costumbres
de un modo que ponga en peligro la propia subsistencia del grupo y
de sus integrantes. [...]”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso del Pueblo


Saramaka Vs. Surinam. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de noviembre de 2007.
Serie C No. 172. Párr. 128.

“Esta Corte ya ha señalado que la relación especial de los pueblos


indígenas con sus territorios ancestrales no estriba solamente en que
constituyen su principal medio de subsistencia, sino un elemento
integrante de su cosmovisión, religiosidad y, por ende, de su
identidad o integridad cultural, el cual es un derecho fundamental y
de naturaleza colectiva de las comunidades indígenas, que debe ser
respetado en una sociedad multicultural, pluralista y democrática,
como la de Guatemala.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Masacres de


Río Negro Vs. Guatemala. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 4 de septiembre de 2012.
Serie C No. 250. Párr. 160.
2. Formas de relación entre los pueblos indígenas y sus
tierras

“El segundo punto de análisis se refiere a si el derecho de


recuperación de tierras tradicionales permanece indefinidamente en
el tiempo. Para dilucidar este asunto, la Corte toma en cuenta que la
base espiritual y material de la identidad de los pueblos indígenas se
sustenta principalmente en su relación única con sus tierras
tradicionales. Mientras esa relación exista, el derecho a la
reivindicación permanecerá vigente, caso contrario, se extinguirá.
Dicha relación puede expresarse de distintas maneras, según el
pueblo indígena del que se trate y las circunstancias concretas en
que se encuentre, y puede incluir el uso o presencia tradicional, ya
sea a través de lazos espirituales o ceremoniales; asentamientos o
cultivos esporádicos; caza, pesca o recolección estacional o nómada;
uso de recursos naturales ligados a sus costumbres; y cualquier otro
elemento característico de su cultura.

Debe considerarse, además, que la relación con la tierra debe ser


posible. Por ejemplo, en casos como el presente, que la relación con
la tierra se manifiesta inter alia en las actividades tradicionales de
caza, pesca y recolección, si los indígenas realizan pocas o ninguna
de esas actividades tradicionales dentro de las tierras que han
perdido, porque se han visto impedidos de hacerlo por causas ajenas
a su voluntad que impliquen un obstáculo real de mantener dicha
relación, como violencias o amenazas en su contra, se entenderá que
el derecho a la recuperación persiste hasta que tales impedimentos
desaparezcan.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Comunidad


Indígena Sawhoyamaxa Vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 29 de marzo de 2006. Serie C No. 146.
Párrs. 131 y 132.

3. Protección de recursos naturales en territorios indígenas

[...] debido a la conexión intrínseca que los integrantes de los


pueblos indígenas y tribales tienen con su territorio, es necesaria la
protección del derecho a la propiedad sobre éste, de conformidad con
el artículo 21 de la Convención, para garantizar su supervivencia. De
este modo, el derecho a usar y gozar del territorio carecería de
sentido en el contexto de los miembros de los pueblos indígenas y
tribales si dicho derecho no estuviera conectado con los recursos
naturales que se encuentran dentro del territorio. Por ello, el reclamo
por la titularidad de las tierras de los integrantes de los pueblos
indígenas y tribales deriva de la necesidad de garantizar la seguridad
y la permanencia del control y uso de los recursos naturales por su
parte, lo que a su vez, mantiene ese estilo de vida. Esta conexión
entre el territorio y los recursos naturales necesarios para su
supervivencia física y cultural, es exactamente lo que se precisa
proteger conforme al artículo 21 de la Convención a fin de garantizar
a los miembros de los pueblos indígenas y tribales el uso y goce de
su propiedad. De este análisis, se entiende que los recursos
naturales que se encuentran en los territorios de los pueblos
indígenas y tribales que están protegidos en los términos del artículo
21 son aquellos recursos naturales que han usado tradicionalmente
y que son necesarios para la propia supervivencia, desarrollo y
continuidad del estilo de vida de dicho pueblo.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso del Pueblo


Saramaka Vs. Surinam. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de noviembre de 2007.
Serie C No. 172. Párr. 122.

4. Obligaciones del Estado con relación al derecho de


propiedad de los pueblos indígenas

“En el caso del Estado de Guatemala, en mil novecientos noventa y


nueve se creó el Fondo de Tierras, como ‘institución de naturaleza
pública, participativa y de servicio, instituida para facilitar el acceso a
la tierra y generar condiciones para el desarrollo rural integral y
sostenible, a través de proyectos productivos, agropecuarios,
forestales e hidrobiológicos’[...] aduciéndose por su medio se daba
sentido práctico a los Acuerdos sobre Identidad y Derechos de los
Pueblos Indígenas y de Aspectos Socioeconómicos y Situación
Agraria [...] Empero, a la presente fecha, no han sido regulados, en
esa ley ni en cualesquiera otra normativa legal, procedimientos,
supuestos o criterios de calificación para tramitar y resolver
administrativa y/o judicialmente solicitudes de reivindicación de
posesión, uso o propiedad, por concepto de derechos ancestrales,
formuladas por comunidades indígenas respecto de bienes
inmuebles que se encuentren inscritos registralmente como
propiedad privada de otros particulares. Asimismo, el Congreso de la
República no ha atendido el mandato constituyente plasmado en el
Artículo 70 de la Ley Fundamental [...] De cualquier manera, las
omisiones relacionadas, o la inexistencia de fuero especializado
sobre la materia en el Organismo Judicial, no pueden ser
interpretadas en el sentido de vedar la posibilidad de que demandas
como la que ocupa esta exposición sean sustanciadas y dilucidadas
ante los tribunales ordinarios del país. [...] Asimismo, son los
procedimientos tramitados ante los órganos jurisdiccionales el
escenario propicio, en tiempo y modo, para que sean desplegadas la
argumentación y la actividad probatoria necesarias –verbigracia,
peritajes culturales, estudios históricos, dictámenes catastrales, etc.–
a fin de que las partes con intereses contrapuestos respalden o
desvanezcan sus respectivas proposiciones de hecho y de Derecho,
con el grado de detenimiento y profundidad que requiere la temática
agraria. Entender que esa posibilidad está vedada equivaldría a
hacer nugatorio para los pueblos indígenas el acceso a la justicia
protegido en los Artículos 29 constitucional [...] y 12 del Convenio 169
de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos
Indígenas y Tribales en Países Independientes. Esto, cabe aclarar,
sin perjuicio de que, en casos de características distintas al que
motiva este análisis, puedan resultar pertinentes gestiones de orden
administrativo, de acuerdo con lo dispuesto en el Artículo 45 de la
Ley del Fondo de Tierras.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 121-2014. Fecha de


sentencia: 21/03/2017.

“El derecho consuetudinario de los pueblos indígenas debe ser


tenido especialmente en cuenta, para los efectos de que se trata.
Como producto de la costumbre, la posesión de la tierra debería
bastar para que las comunidades indígenas que carezcan de un título
real sobre la propiedad de la tierra obtengan el reconocimiento oficial
de dicha propiedad y el consiguiente registro.

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso de la


Comunidad Mayagna (Sumo) Awas Tingni Vs. Nicaragua. Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2001.
Serie C No. 79. Párr. 151.

“[...] el Tribunal recuerda su jurisprudencia respecto a la propiedad


comunitaria de las tierras indígenas, según la cual se indica inter alia
que: 1) la posesión tradicional de los indígenas sobre sus tierras tiene
efectos equivalentes al título de pleno dominio que otorga el Estado;
2) la posesión tradicional otorga a los indígenas el derecho a exigir el
reconocimiento oficial de propiedad y su registro; 3) los miembros de
los pueblos indígenas que por causas ajenas a su voluntad han salido
o perdido la posesión de sus tierras tradicionales mantienen el
derecho de propiedad sobre las mismas, aún a falta de título legal,
salvo cuando las tierras hayan sido legítimamente trasladadas a
terceros de buena fe; 4) el Estado debe delimitar, demarcar y otorgar
título colectivo de las tierras a los miembros de las comunidades
indígenas; 5) los miembros de los pueblos indígenas que
involuntariamente han perdido la posesión de sus tierras, y éstas han
sido trasladadas legítimamente a terceros de buena fe, tienen el
derecho de recuperarlas o a obtener otras tierras de igual extensión
y calidad; 6) el Estado debe garantizar la propiedad efectiva de los
pueblos indígenas y abstenerse de realizar actos que puedan llevar
a que los agentes del propio Estado, o terceros que actúen con su
aquiescencia o su tolerancia, afecten la existencia, el valor, el uso o
el goce de su territorio; 7) el Estado debe garantizar el derecho de los
pueblos indígenas de controlar efectivamente y ser propietarios de su
territorio sin ningún tipo de interferencia externa de terceros, y 8) el
Estado debe garantizar el derecho de los pueblos indígenas al control
y uso de su territorio y recursos naturales. Con respecto a lo
señalado, la Corte ha sostenido que no se trata de un privilegio para
usar la tierra, el cual puede ser despojado por el Estado u opacado
por derechos a la propiedad de terceros, sino de un derecho de los
integrantes de pueblos indígenas y tribales para obtener la titulación
de su territorio a fin de garantizar el uso y goce permanente de dicha
tierra.”

“[...] los pueblos indígenas y tribales tienen derecho a que existan


mecanismos administrativos efectivos y expeditos para proteger,
garantizar y promover sus derechos sobre los territorios indígenas, a
través de los cuales se puedan llevar a cabo los procesos de
reconocimiento, titulación, demarcación y delimitación de su
propiedad territorial. Los procedimientos en mención deben cumplir
las reglas del debido proceso legal consagradas en los artículos 8 y
25 de la Convención Americana.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Pueblo


Indígena Xucuru y sus miembros Vs. Brasil. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 5 de
febrero de 2018. Serie C No. 346. Párrs. 117 y 130.

“[...] la Corte reitera la obligación del Estado de garantizar el uso y


goce efectivo del derecho a la propiedad indígena o tribal, para lo
cual pueden adoptarse diversas medidas, entre ellas el saneamiento.
En este sentido, para efectos del presente caso, el Tribunal entiende
que el saneamiento consiste en un proceso que deriva en la
obligación del Estado de remover cualquier tipo de interferencia
sobre el territorio en cuestión. En particular, se realizará a través de
la posesión plena del legítimo propietario y, de ser procedente y
según lo acordado, mediante el pago de mejoras y la reubicación de
los terceros ocupantes, a fin de que la Comunidad de Punta Piedra
pueda hacer uso y goce pacífico y efectivo de su dominio pleno de la
propiedad colectiva.” Corte Interamericana de Derechos
Humanos. Caso Comunidad Garífuna de Punta Piedra y sus
miembros Vs. Honduras. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 8 de octubre de 2015. Serie
C No. 304. Párr. 181.

5. Amparo como vía para cuestionar inscripciones registrales


anómalas en perjuicio de propiedad comunal indígena

“[...] esta Corte aprecia que, tal como lo afirmó el Tribunal a quo, no
existen documentos en los que se sustente la inscripción del dominio
de la finca antes relacionada a favor de la Municipalidad de
Chuarrancho, pues con base en las fotocopias de la certificación que
remitió la autoridad cuestionada, esta Corte no encuentra que los
vecinos de Chuarrancho hayan otorgado -mediante el instrumento
público respectivo- el dominio de la referida finca a favor de la
Municipalidad de Chuarrancho, con lo cual se advierte que con la
operación registral objetada, la autoridad reprochada incumplió con
lo dispuesto en el artículo 1125 del Código Civil, el que, obliga al
Registro General de la Propiedad a inscribir únicamente aquellos
actos que se apoyan en algún título en el que se autoriza el traslado
del dominio de un bien, situación que no se produjo en el caso
concreto, pues sin fundamento alguno se inscribió el dominio de la
ya citada finca a favor de aquella Municipalidad [...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 628-2013. Fecha de


sentencia: 24/06/2014.

“[...] Desde los precedentes más tempranos de su abundante


jurisprudencia sobre el particular, esta Corte ha asentado que es
factible acudir directamente a la justicia constitucional a denunciar la
violación del derecho de propiedad ocasionada por inscripciones
registrales originadas en anomalías e ilegalidades, precisando que,
en todo caso, son los subsiguientes adquirentes de buena fe –de
haberlos– los que estarían llamados a reclamar en la jurisdicción
ordinaria la responsabilidad de quien corresponda [...] Las tesis
jurisprudenciales anteriormente citadas son aplicables a la situación
bajo juzgamiento en el presente caso, habida cuenta que, como se
explicó en el apartado considerativo precedente, las solicitantes
señalan como violado su derecho de propiedad privada en intrínseca
conexión con el concepto de propiedad ancestral y comunal de tierras
comunales indígenas al que se alude en los artículos 66 y 67 de la
Constitución Política de la República. Se concurre, por ende, con la
Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la consideración de
la propiedad como derecho fundamental que debe ser comprendido
y protegido en un sentido amplio y tutelar, que abarca tanto la
connotación típicamente civilista, como la concepción tradicional y
comunitaria propia de los pueblos indígenas.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 5955-2014. Fecha de


sentencia: 25/11/2015. Ӷ Garantías o salvaguardas en caso de
restricciones al derecho a la propiedad.

“[...] quedó descrito que la legislación guatemalteca prevé una lista


de los Instrumentos de Evaluación Ambiental que corresponde
presentar a los interesados dependiendo del tipo de proyecto cuya
autorización estatal persigan obtener. Según puede advertirse del
análisis del articulado del Reglamento citado [Reglamento de
Evaluación, Control y Seguimiento Ambiental, Acuerdo Gubernativo
431-2007, vigente a ese momento] [...], el Estudio de Impacto
Ambiental es el más profundo y completo de los instrumentos que
prevé la legislación nacional para medir la incidencia que los
proyectos, obras, industrias o actividades puedan tener en el
ambiente en el que vayan a ser ejecutados. Esas características –de
completitud y profundidad– se encuentran intrínsecamente
vinculadas al hecho de ser este el instrumento exigible en el caso de
proyectos cuyo impacto potencial sea considerado mayor o grave.”
“[...] ni el pago de estas cantidades dinerarias ni las solas donaciones
de artículos o la ejecución de proyectos aislados, no puede, de forma
alguna, ser tomada como referente exacto de cumplimiento de las
obligaciones que atañen a las entidades ejecutoras de proyectos de
explotación de recursos naturales, en áreas en las cuales se
encuentran radicados pueblos indígenas. Esta Corte comparte la
afirmación realizada por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos en cuanto a que es incorrecto que los Estados confundan
las obras que de buena voluntad realizan las entidades en el marco
de sus políticas de responsabilidad social empresarial con la garantía
que prevé el Artículo 15.2 del Convenio 169 [...] Este punto de vista
es conteste con la afirmación efectuada también por el ex Relator de
la Organización de Naciones Unidas Sobre Derechos De Los
Pueblos Indígenas, James Anaya: [...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 4785-2017. Fecha de


sentencia: 03/09/2018.

“[...] De la normativa citada pueden extraerse varias conclusiones


relevantes para la resolución del presente caso: 1. Cuando se
pretenda implementar cualesquiera proyectos, obras, industrias o
actividades que puedan producir detrimento al ambiente y a recursos
naturales o culturales, previamente debe realizarse el instrumento de
evaluación ambiental que corresponda según la categoría de
aquellos [...] 2. La aprobación del Estudio de Evaluación de Impacto
Ambiental corresponde al Ministerio de Ambiente y Recursos
Naturales. Durante la tramitación de la solicitud de una licencia de
extracción minera, el interesado debe comparecer ante el Ministerio
de Energía y Minas a aportar ese instrumento ambiental debidamente
aprobado, acto que debe realizar antes de que esta última autoridad
dicte la medida administrativa que decida lo relativo el derecho
minero solicitado. [...] Según la Guía de Términos de Referencia para
la Elaboración del Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental
(exigible para el caso del proyecto al que se alude en el presente
fallo) el Estudio de Evaluación debía contener, entre otros extremos,
[...]. 4. Las licencias de explotación minera confieren a su titular la
facultad de explotar yacimientos dentro de un área máxima de veinte
kilómetros cuadrados [...]. Concatenadas las dos últimas nociones
extraídas de la normativa analizada, puede afirmarse que, en virtud
que la licencia de extracción minera conlleva autorización para
efectuar actividades dentro de un polígono determinado,
indefectiblemente, el Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental,
debe ser realizado sobre la totalidad del área en la que se propone
ejecutar el proyecto u obra [...]. En caso de establecer que es factible
la ejecución del proyecto, con base en lo que conste en el citado
Estudio y según el propio análisis que debe efectuar la Cartera
ministerial, antes de emitir la resolución final, esa dependencia
estatal podrá asumir las siguientes actitudes: a) en el caso de los
territorios en los que no se prevea afectación de pueblos indígenas,
deberá decidir si otorga o no la licencia solicitada, en caso de acceder
a conferirla, debe establecer las obligaciones que el Estado impondrá
al interesado, a efecto de que se cumpla con mitigar y prevenir el
impacto que el proyecto u obra ocasionará al medio ambiente. En la
licencia debe fijar, con claridad, los derechos que esa autorización
incorpora para su titular y las obligaciones que le conlleva y b) en el
caso de que el proyecto se pretenda implementar en territorio en el
cual sí sea previsible la afectación de pueblos indígenas, el Ministerio
debe agotar con ellos el proceso de consulta que prevé el Convenio
169.”

“Esta Corte, en anteriores oportunidades, ha considerado también


que los Estudios de Evaluación de Impacto Ambiental poseen
especial importancia en la realización del proceso de consulta a los
pueblos indígenas, esto en atención a que, por un lado, es en tales
instrumentos ambientales en los que se establece el área de
influencia del proyecto propuesto, sus alcances y los posibles riesgos
que conlleva su implementación. Se ha afirmado también que una
vez determinada el área de influencia, las autoridades respectivas
están en condiciones de establecer si en esa circunscripción habitan
pueblos indígenas que pudieran verse afectados por la ejecución del
proyecto u obra [...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 697-2019. Fecha de


sentencia: 18/06/2020.

“[...] de conformidad con el artículo 1.1 de la Convención, a fin de


garantizar que las restricciones impuestas a los Saramakas respecto
del derecho a la propiedad por la emisión de concesiones dentro de
su territorio no impliquen una denegación de su subsistencia como
pueblo tribal, el Estado debe cumplir con las siguientes tres
garantías: primero, el Estado debe asegurar la participación efectiva
de los miembros del pueblo Saramaka, de conformidad con sus
costumbres y tradiciones, en relación con todo plan de desarrollo,
inversión, exploración o extracción (en adelante “plan de desarrollo o
inversión”) que se lleve a cabo dentro del territorio Saramaka.
Segundo, el Estado debe garantizar que los miembros del pueblo
Saramaka se beneficien razonablemente del plan que se lleve a cabo
dentro de su territorio. Tercero, el Estado debe garantizar que no se
emitirá ninguna concesión dentro del territorio Saramaka a menos y
hasta que entidades independientes y técnicamente capaces, bajo la
supervisión del Estado, realicen un estudio previo de impacto social
y ambiental. Mediante estas salvaguardas se intenta preservar,
proteger y garantizar la relación especial que los miembros del
pueblo Saramaka tienen con su territorio, la cual a su vez, garantiza
su subsistencia como pueblo tribal.”
Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso del Pueblo
Saramaka Vs. Surinam. Excepciones Preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 28 de noviembre de 2007.
Serie C No. 172. Párr. 129.

6. Derecho de consulta en medidas que puedan afectar


territorios indígenas

“Esta Corte ha apuntado en oportunidades anteriores [...] que el


soporte normativo de la consulta a los pueblos indígenas acerca de
medidas estatales susceptibles de causarles afectación reside en
una serie de instrumentos internacionales de los cuales el Estado de
Guatemala [...]. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha
hecho notar que la consulta regulada en el Convenio 169 sobre
Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del
Trabajo se ha consolidado como principio general del Derecho
Internacional, habida cuenta que muchos países miembros de la
Organización de los Estados Americanos, a través de reformas en su
normatividad interna y de los pronunciamientos emanados de sus
más altas cortes de justicia, han respaldado su protección [...]. Así
concebida, la prerrogativa en referencia conlleva para el Estado, con
relación a las acciones gubernamentales que podrían afectarles
directamente, la obligación de implementar e institucionalizar
procedimientos mediante los cuales, se genere de buena fe, en forma
sistemática y acorde a sus tradiciones ancestrales, una dinámica de
información, participación y diálogo con sus legítimos representantes,
con el propósito de concertar acuerdos sobre las medidas que se
proyecta realizar [...]. El reconocimiento de la consulta prevista en el
Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre
Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, como parte
del catálogo de derechos fundamentales protegidos en el control de
convencionalidad, demanda del Estado de Guatemala, en general, la
realización de cualesquiera modificaciones estructurales que sean
necesarias, en sus instituciones y legislación interna, para darle
eficaz cabida en el contexto nacional; así lo han expresado este
mismo Tribunal [...] y la Corte Interamericana de Derechos Humanos
[...], es importante esclarecer si en el decurso de los procedimientos
administrativos por los que se tramitaron esas autorizaciones, se
produjo alguna diligencia a la que sea dable atribuir el carácter de
consulta válidamente efectuada. Para ese cometido es necesario, en
primer lugar, recapitular, en síntesis, los elementos definitorios de la
consulta, de acuerdo a lo preceptuado en el Convenio 169 de la
Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y
Tribales en Países Independientes, y el desarrollo interpretativo que
sobre su normativa han efectuado la Corte Interamericana de
Derechos Humanos [...]; la Comisión de Expertos en Aplicación de
Convenios y Recomendaciones de la Organización Internacional del
Trabajo [...] y el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas [...]: A. Carácter previo a la
medida gubernativa. B. Comprende un verdadero diálogo en el que
privan la buena fe, la comunicación constante, la transparencia, el
entendimiento y el respeto mutuos; no se agota con la sola
información. C. Orientada al objetivo de arribar a acuerdos, con el
consenso como vía para la toma de decisiones; no se trata de que
una parte se imponga a la otra. D. Se concreta mediante
procedimientos culturalmente apropiados, en los que se respetan las
costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas y tribales,
especialmente en cuanto a sus instituciones representativas. Esos
estándares de derecho internacional ya han quedado reflejados en la
jurisprudencia de este Tribunal sobre la materia.”

“En el contexto nacional, actualmente se carece de un cuerpo


normativo específico que viabilice el derecho a la consulta y, pese a
que en la resolución de varios casos, esta Corte ha asentado vasta
jurisprudencia en la que se exhorta superar aquella ausencia, [...] aún
persisten gran cantidad de denuncias en la jurisdicción constitucional
vinculadas con la violación del derecho de mérito. [...] Toda situación
debe ser resuelta y, para ello, debe integrarse la normativa vigente,
para así superar la ausencia de un procedimiento de consulta a
pueblos indígenas en Guatemala, estableciéndose por medio del fallo
los lineamientos que deberán desarrollarse –en concordancia con los
estándares internacionales– aplicables no solo para el caso objeto de
examen, sino para todo conflicto que a futuro se suscite vinculado a
ese tópico, mientras no exista una legislación específica respecto del
tema [...] Para tales efectos, el Estado de Guatemala, por medio del
Ministerio citado, deberá tener en cuenta los siguientes criterios: 1.
La consulta debe ser previa [...] 2. La consulta debe ser informada
[...] 3. La consulta de buena fe [...] Ahora, es oportuno referir que esta
Corte, en otras sentencias en donde abordó la misma temática
analizada en el presente asunto, propuso algunas pautas básicas a
seguir, a modo de marco referencial, para que el procedimiento por
el que se materializara la consulta se llevara a cabo en concordancia
con los estándares internacionales sobre la materia, por lo que a
continuación se reiteran tales pautas: [...]”
Corte de Constitucionalidad. Expedientes acumulados 90-2017,
91-2017 y 92-2017. Fecha de sentencia: 26/05/2017.

“[...] se ha sostenido que para que proceda la consulta es necesario


que concurran dos circunstancias: la primera, que las acciones o
decisiones del poder público encuadren en el concepto genérico de
medidas administrativas o legislativas; y la segunda, que pueda
razonablemente preverse que la decisión afectará en forma directa a
los pueblos indígenas. Sobre este último punto, es pertinente resaltar
que existe vasta jurisprudencia de este Tribunal en cuanto a que la
afectación directa se determina en función de la incidencia que esas
medidas puedan tener en sus condiciones de vida –sea de índole
social, económica, espiritual, ambiental, sanitaria, alimentaria, etc–.
A esto obedece que los Estados estén obligados a asumir todas las
medidas necesarias, a fin de que no se cause menoscabo en la
identidad cultural y subsistencia digna de los pueblos indígenas.”

“Esta Corte [...] ha afirmado que para decidir la viabilidad de toda


actividad de desarrollo programada por los gobiernos en áreas en las
cuales se encuentren asentados pueblos indígenas, debe
considerarse el resultado de estudios acerca de la incidencia que en
aquellos ámbitos pueda generar la medida, debiéndose distinguir y
proteger la singular significación que entraña para dichos pueblos el
vínculo con la tierra, en virtud de lo cual, debe respetarse la
importancia especial que para las culturas y valores espirituales de
tales pueblos reviste su relación con la tierra o territorios que ocupan
o utilizan de alguna otra manera, y en particular la connotación
colectiva de esa relación [...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 4785-2017. Fecha de


sentencia: 03/09/2018.

“[...] el Estado debe garantizar el derecho de consulta y participación


en todas las fases de planeación e implementación de un proyecto o
medida que pueda afectar el territorio de una Comunidad indígena o
tribal, u otros derechos esenciales para su supervivencia como
pueblo. Lo anterior debe realizarse desde las primeras etapas de la
elaboración o planificación del proyecto o la medida propuesta, a fin
de que los pueblos indígenas puedan verdaderamente participar e
influir en el proceso de adopción de decisiones, de conformidad con
los estándares internacionales pertinentes. En esta línea, el Estado
debe asegurar que los derechos de los pueblos indígenas y tribales
no sean obviados en cualquier otra actividad o acuerdo que haga con
terceros, o en el marco de decisiones del poder público que
afectarían sus derechos e intereses. Por ello, en su caso,
corresponde también al Estado llevar a cabo tareas de fiscalización
y de control y desplegar, cuando sea pertinente, formas de tutela
efectiva de ese derecho por medio de los órganos judiciales
correspondientes. En cuanto a sus características, la Corte ha
establecido que la consulta debe ser realizada con carácter previo,
de buena fe, con la finalidad de llegar a un acuerdo, adecuada,
accesible e informada.” Corte Interamericana de Derechos
Humanos. Caso Comunidad Garífuna Triunfo de la Cruz y sus
miembros Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 8 de octubre de 2015. Serie C No. 305. Párr. 160.

“La Corte ha establecido que para garantizar la participación efectiva


de los integrantes de un pueblo o comunidad indígena en los planes
de desarrollo o inversión dentro de su territorio, el Estado tiene el
deber de consultar, activamente y de manera informada, con dicha
comunidad, según sus costumbres y tradiciones, en el marco de una
comunicación constante entre las partes. Además, las consultas
deben realizarse de buena fe, a través de procedimientos
culturalmente adecuados y deben tener como fin llegar a un acuerdo.
Asimismo, se debe consultar con el pueblo o la comunidad, de
conformidad con sus propias tradiciones, en las primeras etapas del
plan de desarrollo o inversión y no únicamente cuando surja la
necesidad de obtener la aprobación de la comunidad, si éste fuera el
caso. Asimismo, el Estado debe asegurarse que los miembros del
pueblo o de la comunidad tengan conocimiento de los posibles
beneficios y riesgos, para que puedan evaluar si aceptan el plan de
desarrollo o inversión propuesto. Por último, la consulta debe tener
en cuenta los métodos tradicionales del pueblo o comunidad para la
toma de decisiones. El incumplimiento de esta obligación, o la
realización de la consulta sin observar sus características esenciales,
comprometen la responsabilidad internacional de los Estados.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Pueblo


Indígena Kichwa de Sarayaku Vs. Ecuador. Fondo y
Reparaciones. Sentencia de 27 de junio de 2012. Serie C No. 245.
Párr. 177.

7. Territorios indígenas, áreas protegidas y medio ambiente

“El Convenio 169 confiere particular protección al derecho al medio


ambiente sano que asiste a los pueblos indígenas, extremo que
puede denotarse del contenido de varios de sus preceptos, que
aseguran el resguardo de ese derecho. De la misma manera, el
citado instrumento internacional establece los mecanismos idóneos
para que los Estados cumplan con su obligación de permitir que los
pueblos interesados participen en el diseño de mecanismos de
protección del medio ambiente que les rodea. La protección
específica que ese instrumento internacional confiere al derecho a un
ambiente sano de los pueblos originarios atiende a la relación
especial que estos poseen con la tierra, derivado de su cosmovisión
[...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 4785-2017. Fecha de


sentencia: 03/09/2018.

“La Corte considera relevante hacer referencia a la necesidad de


compatibilizar la protección de las áreas protegidas con el adecuado
uso y goce de los territorios tradicionales de los pueblos indígenas.
En este sentido, la Corte estima que un área protegida, consiste no
solamente en la dimensión biológica, sino también en la sociocultural
y que, por tanto, incorpora un enfoque interdisciplinario y
participativo. En este sentido, los pueblos indígenas, por lo general,
pueden desempeñar un rol relevante en la conservación de la
naturaleza, dado que ciertos usos tradicionales conllevan prácticas
de sustentabilidad y se consideran fundamentales para la eficacia de
las estrategias de conservación. Por ello, el respeto de los derechos
de los pueblos indígenas, puede redundar positivamente en la
conservación del medioambiente. Así, el derecho de los pueblos
indígenas y las normas internacionales de medio ambiente deben
comprenderse como derechos complementarios y no excluyentes.

En vista de lo anterior, la Corte reitera que, en principio, existe una


compatibilidad entre las áreas naturales protegidas y el derecho de
los pueblos indígenas y tribales en la protección de los recursos
naturales sobre sus territorios, destacando que los pueblos indígenas
y tribales, por su interrelación con la naturaleza y formas de vida,
pueden contribuir de manera relevante en dicha conservación. En
este sentido, los criterios de a) participación efectiva, b) acceso y uso
de sus territorios tradicionales y c) de recibir beneficios de la
conservación — todos ellos, siempre y cuando sean compatibles con
la protección y utilización sostenible— [...], resultan elementos
fundamentales para alcanzar dicha compatibilidad, la cual debe ser
evaluada por el Estado. En consecuencia, es necesario que el Estado
cuente con mecanismos adecuados para la implementación de tales
criterios como parte de la garantía de los pueblos indígenas y tribales
a su vida digna e identidad cultural, en relación con la protección de
los recursos naturales que se encuentren en sus territorios
tradicionales.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Pueblos


Kaliña y Locono Vs. Surinam. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 25 de noviembre de 2015. Serie C No. 309. Párrs.
180 y 181.

8. Propiedad ancestral

“El régimen constitucional, empero, también contempla, tanto a nivel


nacional como internacional, previsiones que impiden que el
beneficio de unos pueda producir perjuicios, algunos incluso
irreversibles, al hábitat natural y cultural de individuos o
comunidades. Tal es el caso de los artículos 58, 66, 67 y 97
Constitucionales y el Convenio 169 [...] Para el caso, es necesario
conciliar el aprovechamiento racional de los recursos naturales no
renovables con el respeto a derechos sustanciales de cualquier
persona y conglomerado social, en especial cuando se trata de
miembros de grupos marginados de los procesos de decisión del
poder público. Lo que se requiere es que, por una parte, se
identifiquen y, como consecuencia, se observen y atiendan
adecuadamente los intereses legítimos de los afectados o
potencialmente afectados; y que, por la otra, se prevengan reparos
injustificados a proyectos solventes de desarrollo para la Nación.
Para estimar a una comunidad representativa de pueblos indígenas
susceptible de afectación directa por la realización de algún proyecto,
operación o actividad, no es indispensable que el lugar en el que se
planee instalar la infraestructura o la maquinaria requeridos para el
efecto, se halle precisamente dentro de linderos de propiedad
formalmente reconocida a la comunidad en referencia, porque el
objeto de protección de la consulta no se circunscribe, ni se refiere
principalmente, a la esfera patrimonial –en la connotación civilista de
la expresión–, sino aglutina elementos de naturaleza heterogénea
enraizados en la cosmovisión propia de los pueblos indígenas y en el
fenómeno de marginación que han padecido, respecto a los procesos
de decisión del poder público y del acceso a servicios básicos aun
cuando se registren algunos avances en el orden político y social–.
En definitiva, de lo antes relacionado se colige que resultará
procedente la consulta a pueblos indígenas cuando se prevean
disposiciones de poder público, sean legislativas o administrativas,
susceptibles de afectarles directamente, en el entendido de que esto
último se determina en función de la incidencia que esas medidas
puedan llegar a tener en sus condiciones de vida –sea de índole
social, económica, espiritual, ambiental, sanitaria, alimentaria, etc.–,
a fin de prevenir que se produzca de modo y con intensidad tales que
conlleven detrimento de su identidad cultural y su subsistencia digna
[...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 3753-2014. Fecha de


sentencia: 12/01/2016.

9. Derecho de consulta

“Esta Corte ha apuntado en oportunidades anteriores [...] que el


soporte normativo de la consulta a los pueblos indígenas acerca de
medidas estatales susceptibles de causarles afectación reside en
una serie de instrumentos internacionales de los cuales el Estado de
Guatemala [...]. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha
hecho notar que la consulta regulada en el Convenio 169 sobre
Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del
Trabajo se ha consolidado como principio general del Derecho
Internacional, habida cuenta que muchos países miembros de la
Organización de los Estados Americanos, a través de reformas en su
normatividad interna y de los pronunciamientos emanados de sus
más altas cortes de justicia, han respaldado su protección [...]. Así
concebida, la prerrogativa en referencia conlleva para el Estado, con
relación a las acciones gubernamentales que podrían afectarles
directamente, la obligación de implementar e institucionalizar
procedimientos mediante los cuales, se genere de buena fe, en forma
sistemática y acorde a sus tradiciones ancestrales, una dinámica de
información, participación y diálogo con sus legítimos representantes,
con el propósito de concertar acuerdos sobre las medidas que se
proyecta realizar [...]. El reconocimiento de la consulta prevista en el
Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre
Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, como parte
del catálogo de derechos fundamentales protegidos en el control de
convencionalidad, demanda del Estado de Guatemala, en general, la
realización de cualesquiera modificaciones estructurales que sean
necesarias, en sus instituciones y legislación interna, para darle
eficaz cabida en el contexto nacional; así lo han expresado este
mismo Tribunal [...] y la Corte Interamericana de Derechos Humanos
[...], es importante esclarecer si en el decurso de los procedimientos
administrativos por los que se tramitaron esas autorizaciones, se
produjo alguna diligencia a la que sea dable atribuir el carácter de
consulta válidamente efectuada. Para ese cometido es necesario, en
primer lugar, recapitular, en síntesis, los elementos definitorios de la
consulta, de acuerdo a lo preceptuado en el Convenio 169 de la
Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y
Tribales en Países Independientes, y el desarrollo interpretativo que
sobre su normativa han efectuado la Corte Interamericana de
Derechos Humanos [...]; la Comisión de Expertos en Aplicación de
Convenios y Recomendaciones de la Organización Internacional del
Trabajo [...] y el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas [...]: A. Carácter previo a la
medida gubernativa. B. Comprende un verdadero diálogo en el que
privan la buena fe, la comunicación constante, la transparencia, el
entendimiento y el respeto mutuos; no se agota con la sola
información. C. Orientada al objetivo de arribar a acuerdos, con el
consenso como vía para la toma de decisiones; no se trata de que
una parte se imponga a la otra. D. Se concreta mediante
procedimientos culturalmente apropiados, en los que se respetan las
costumbres y tradiciones de los pueblos indígenas y tribales,
especialmente en cuanto a sus instituciones representativas. Esos
estándares de derecho internacional ya han quedado reflejados en la
jurisprudencia de este Tribunal sobre la materia.”

Corte de Constitucionalidad. Expedientes acumulados 90-2017,


91-2017 y 92-2017. Fecha de sentencia: 26/05/2017.

“[...] cuando las leyes tuvieren un objeto concreto y específico


relacionado con los pueblos indígenas y tribales, protegidos por el
Convenio 169 [...], sería viable que la función legislativa tuviera apoyo
en las adecuadas consultas que le permitan emitir una legislación
acorde con las garantías a los derechos y libertades de las indicadas
poblaciones, en armonía con los intereses de la Nación guatemalteca
[...] Por otra parte, cuando alguno de estos poblados resintiera
afectación por la aplicación de la ley, siempre tendrá a su alcance
exigir que, en su propia comunidad, se proceda a realizar las
consultas reconocidas por el citado Convenio 169, como expresión
de su voluntad para que el Estado tome las disposiciones necesarias
que protejan sus intereses y para que compartan de manera efectiva
sus beneficios.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 1008-2012. Fecha de


sentencia: 28/02/2013.
10. Relación de los pueblos indígenas con su territorio

“[...] la especial protección que la Carta Magna dedica al derecho de


propiedad comunal de los pueblos indígenas [...], en congruencia con
el significativo papel que juega la tierra en su cosmovisión. Esto
último ha sido reconocido a nivel internacional, en la jurisprudencia
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos [...] puntualizando
además que el argumento de que las tierras en disputa estén siendo
debidamente explotadas no basta para vedar esa posibilidad, habida
cuenta de que bajo el mismo ‘... subyace la idea de que los indígenas
no pueden, bajo ninguna circunstancia, reclamar sus tierras
tradicionales cuando éstas se encuentren explotadas y en plena
productividad, mirándose la cuestión indígena exclusivamente a
través de la productividad de la tierra y del régimen agrario, lo que
resulta insuficiente a las peculiaridades propias de dichos pueblos
[...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 1101-2010. Fecha de


sentencia: 04/05/2011.

11. Relación entre territorios indígenas y protección del


medio ambiente

La Corte considera relevante hacer referencia a la necesidad de


compatibilizar la protección de las áreas protegidas con el adecuado
uso y goce de los territorios tradicionales de los pueblos indígenas.
En este sentido, la Corte estima que un área protegida, consiste no
solamente en la dimensión biológica, sino también en la sociocultural
y que, por tanto, incorpora un enfoque interdisciplinario y
participativo. En este sentido, los pueblos indígenas, por lo general,
pueden desempeñar un rol relevante en la conservación de la
naturaleza, dado que ciertos usos tradicionales conllevan prácticas
de sustentabilidad y se consideran fundamentales para la eficacia de
las estrategias de conservación. Por ello, el respeto de los derechos
de los pueblos indígenas, puede redundar positivamente en la
conservación del medioambiente. Así, el derecho de los pueblos
indígenas y las normas internacionales de medio ambiente deben
comprenderse como derechos complementarios y no excluyentes.
En vista de lo anterior, la Corte reitera que, en principio, existe una
compatibilidad entre las áreas naturales protegidas y el derecho de
los pueblos indígenas y tribales en la protección de los recursos
naturales sobre sus territorios, destacando que los pueblos indígenas
y tribales, por su interrelación con la naturaleza y formas de vida,
pueden contribuir de manera relevante en dicha conservación. En
este sentido, los criterios de a) participación efectiva, b) acceso y uso
de sus territorios tradicionales y c) de recibir beneficios de la
conservación — todos ellos, siempre y cuando sean compatibles con
la protección y utilización sostenible— [...], resultan elementos
fundamentales para alcanzar dicha compatibilidad, la cual debe ser
evaluada por el Estado. En consecuencia, es necesario que el Estado
cuente con mecanismos adecuados para la implementación de tales
criterios como parte de la garantía de los pueblos indígenas y tribales
a su vida digna e identidad cultural, en relación con la protección de
los recursos naturales que se encuentren en sus territorios
tradicionales.”

Corte Interamericana de Derechos Humanos. Caso Pueblos


Kaliña y Locono Vs. Surinam. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 25 de noviembre de 2015. Serie C No. 309. Párrs.
180 y 181.

“Artículo 68. Tierras para comunidades indígenas. Mediante


programas especiales y legislación adecuada, el Estado proveerá de
tierras estatales a las comunidades indígenas que las necesitan para
su desarrollo”.

Por otra parte, el artículo 68 al establecer que el Estado proveerá de


tierras a las comunidades indígenas que las necesitan se convierten
en la practica en algo que aun no se ha alcanzado, dado que las
políticas agrarias de los últimos gobiernos no han sido lo
suficientemente eficientes y el problema de falta de tierras y
otorgamiento a quienes la necesitan, continua.

“Artículo 118. Principios del régimen económico y social. El


régimen económico y social de la República de Guatemala se funda
en principios de justicia social.

Es obligación del Estado orientar la economía nacional para lograr la


utilización de los recursos naturales y el potencial humano, para
incrementar la riqueza y tratar de lograr el pleno empleo y la
equitativa distribución del ingreso nacional....”

Principios de justicia social del régimen económico y


social
“[...] esa actividad debe tender a lograr la utilización de los recursos
naturales y el potencial humano para incrementar la riqueza y lograr
el pleno empleo y la equitativa distribución del ingreso nacional,
complementando ello, si es necesario, con la iniciativa y la actividad
privada para el logro de sus fines. La justicia a que se refiere esta
norma es aquélla que invoca la necesidad de una actividad bien
definida, como lo es, la utilización de recursos naturales y recurso
humano, con dos fines esenciales: riqueza y pleno empleo. Son estos
dos conceptos el contenido de justicia social a que se refiere el
artículo 118 de la Constitución, es decir, su referencia o la garantía
que provee no es hacia la actividad financiera del Estado por medio
de los tributos, sino aquella referida a la explotación del propio
recurso estatal, o bien, de inversiones (empréstitos) y la incursión del
Estado a la iniciativa privada. La justicia, es pues, a tenor de esta
norma, aquélla que tiene como fin el logro del pleno empleo y tiende
a la equitativa distribución del ingreso nacional, que no es lo mismo
a equitativa distribución de obligación de contribuir al ingreso
nacional –justicia tributaria- [...]”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 1095-2001. Fecha de


sentencia: 30/10/2001.

“Estas disposiciones de política económica conciernen a las estrictas


competencias del poder público, el que tiene encomendado discernir,
de acuerdo con las tendencias legislativas y en interpretación de la
opinión pública y de los agentes económicos, las medidas que
tiendan a incentivar el flujo de capitales y la retención de los mismos
dentro del sistema nacional, en lugar de buscar otros mercados más
atractivos. Asimismo el de calcular que por efectos de la competencia
la tasa promedio ponderado de intereses pasivos como activos tienda
a encontrar el nivel apropiado a las condiciones económicas del
país.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 230-96. Fecha de


sentencia: 31/07/1996.

Complemento a la iniciativa y actividad privada

“Analizado el artículo 118 de la Constitución [...], se aprecia que éste


se refiere a la actividad financiera general del Estado, es decir,
aquella actividad que tanto la doctrina de los juristas como la
experiencia de las distintas ramas de las ciencias que se dedican a
cuestiones económicas, ha sostenido que consiste en la actividad
que despliega todo ente, incluyendo al Estado, para agenciarse de
fondos. El citado artículo 118 prevé precisamente, que esa actividad
debe tender a lograr la utilización de los recursos naturales y el
potencial humano para incrementar la riqueza y lograr el pleno
empleo y la equitativa distribución del ingreso nacional,
complementando ello, si es necesario, con la iniciativa y la actividad
privada para el logro de sus fines. La justicia a que se refiere esta
norma es aquélla que invoca la necesidad de una actividad bien
definida, como lo es, la utilización de recursos naturales y recurso
humano, con dos fines esenciales: riqueza y pleno empleo. Son estos
dos conceptos el contenido de justicia social a que se refiere el
artículo 118 de la Constitución, es decir, su referencia o la garantía
que provee no es hacia la actividad financiera del Estado por medio
de los tributos, sino aquella referida a la explotación del propio
recurso estatal, o bien, de inversiones (empréstitos) y la incursión del
Estado a la iniciativa privada.”

Corte de Constitucionalidad. Expediente 1095-2001. Fecha de


sentencia: 03/10/2001.

“Artículo 119. Obligación del Estado. Obligaciones fundamentales


del Estado: a) promover el desarrollo económico de la nación,
estimulando la iniciativa en actividades agrícolas, pecuniarias,
industriales, turísticas y de otra naturaleza;

a) Adoptar las medidas que sean necesarias para la conservación,


desarrollo y aprovechamiento de los recursos naturales en forma
eficiente......”

Obligaciones fundamentales del Estado

“El artículo 119 forma parte del ‘régimen económico y social’ que la
Constitución establece dentro del capítulo de los ‘derechos sociales’.
Enumera dicho artículo las ‘obligaciones fundamentales del Estado’
en materia económico-social. Se ha considerado que en materia
financiera la Constitución contiene normas de tres órdenes: las
relacionadas con las garantías de los derechos de los contribuyentes,
las que se refieren a la competencia de los diferentes órganos del
Estado y las que establecen las formas de actuación del Congreso y
del Gobierno. El artículo 119 no contiene sino normas programáticas,
que no establecen derechos de los gobernados.”
Corte de Constitucionalidad. Expediente 186-95. Fecha de
sentencia: 28/09/1995.

Promoción del desarrollo económico y potestad fiscal

“En lo que se refiere al inciso a) del artículo 119, debe tomarse en


consideración que es cuestión de política gubernamental determinar
cómo se estimula la iniciativa en actividades agrícolas, y que esto no
impide establecer impuestos, ya que con ello el Congreso
únicamente ejerce su potestad de decretarlos, conforme a lo que
considera las necesidades del Estado, por lo que es este el objetivo
de la imposición de una tributación y para considerar que esta
actividad va contra el desarrollo económico de la Nación, sería
necesario demostrar que éste y no el fiscal, es el verdadero objetivo
de la carga impuesta al contribuyente, pues de otra manera se podría
debilitar peligrosamente esa potestad fiscal, base de la subsistencia
económica del Estado.

“Corte de Constitucionalidad. Expediente 300-87. Fecha de


sentencia: 05/02/1988”.

En los artículos anteriores se hace mención de una de las


obligaciones principales del Estado que es velar por el desarrollo
económico y social de las personas individuales y es por ello que el
Estado debe promover leyes que permitan el desarrollo de la
población y así mismo el cuidado de los recursos naturales.

1.2. Código Civil, Decreto-Ley 106


El Código regula dentro de sus normativas, diversas figuras que
encajan dentro del Derecho Agrario, pudiendo mencionar las
siguientes:

Derecho de Propiedad: “El cual es un derecho real de disposición y


goce que consiste en el poder directo e inmediato que tiene una
persona sobre la cosa, así mismo tiene la capacidad de disponer de
ellas, sin más limitaciones que las que imponga la ley”.
Posesión: “Es poseedor el que ejerce sobre un bien todas o algunas
de las facultades inherentes al dominio.” La posesión da la
presunción de propietario al que la tiene.

Uso: El uso es un derecho real de mero goce que da derecho de


servirse de cosa ajena o de aprovecharse de los frutos de ella, en
cuanto basten para las necesidades del usuario y las de su familia.

Usucapión: Modo de adquirir la propiedad por el transcurso del


tiempo.

Copropiedad: Es una modalidad de adquirir la propiedad, en virtud


de la cual un mismo bien pertenece en su totalidad a dos o más
propietarios, en el cual cada quien es dueño de una parte alícuota no
identificable físicamente y todos son dueños de todo. El Código civil
en su artículo 485 expresa que “Hay copropiedad cuando un bien o
un derecho pertenece pro proindiviso a varias personas”.

Servidumbre: El código civil en su artículo 75267 expresa que“... es


el gravamen impuesto sobre un predio para el uso de otro predio de
distinto dueño o para utilidad pública o comunal.”

Arrendamiento: Consiste en el acuerdo de voluntades en virtud de


la cual una persona denominado arrendante, se obliga a entregar a
la otra persona denominada arrendatario, una cosa ya sea mueble o
inmueble, para que la goce y use atendiendo a su naturaleza, a
cambio del pago de una renta.

Prenda agraria: Consiste en el acuerdo de voluntades en virtud de


la cual una persona denominada deudor prendario, grava uno o más
bienes muebles para garantizar el cumplimiento de una obligación,
ante la otra parte denominada acreedor prendario, quien lo acepta
expresamente.

Sucesión hereditaria: Es una parte del derecho civil que regula lo


relativo al conjunto de obligaciones, derechos y bienes de una
persona, para después de su muerte.

Además de las mencionadas figuras, nuestra legislación regula más


las que son esenciales y de suma importancia para el derecho
agrario, ya que de estas figuras se derivan infinidad de conflictos o
situaciones que afectan al derecho agrario.
1.3. Ley de transformación agraria
Creada mediante el Decreto Legislativo número 1551, aprobada por
el Congreso de la República, el once de octubre de 1962 y publicada
el 3 de noviembre del mismo año durante el gobierno del General
Miguel Idígoras Fuentes. Esta ley deroga al Estatuto Agrario del
gobierno de Carlos Castillo Armas, en ella se establecen como
causas de su creación en la parte considerativa “ Que el Estatuto
Agrario no ha rendido los resultados deseados de los cambios
sociales y económicos del agro......” Que la evaluación de los tiempos
modernos exige la creación de más propietarios de tierras, con el
objeto que él prospere en los órdenes económicos, sanidad
ambiental, previsión social....”

Esta ley ha sido reformada por los Decretos 27-80 y 54-92 ambos del
Congreso de la República, asimismo el Decreto 122-97 Ley del
Impuesto Único Sobre Inmuebles, derogo el régimen de tierras
ociosas contenida en los artículos 12 al 39 y, la Ley del Fondo de
Tierras, Decreto 24-99, derogo los artículos 1, del 3 al 6, del 83 al 92
y del 118.

Con base en lo anterior, es fácil advertir que la principal ley en materia


propiamente agraria del país ha sido constantemente reformada, lo
que evidencia que es una ley rebasada en muchos aspectos por la
realidad agraria, y por otro lado con la derogatoria de los artículos
que constituía el Instituto Nacional de Transformación Agraria, por
parte del Dto. 24-99, Ley del Fondo de Tierras, no existe ninguna
institución responsable en forma especializada y exclusiva que se
encargue de la política agraria de una menara integral, porque no
obstante que el Dto. 114-97 otorga al Ministerio Agricultura,
Ganadería y Alimentación funciones en esta materia, el mismo ha
sido poco eficaz en su implementación.

La política agraria y el derecho agrario desarrollados a partir del Dto.


1551 y 38-7 y sus reformas han resultado en un verdadero fracaso
para la resolución de la problemática agraria, el desarrollo agrario
sostenible en general.

“Después de casi 30 años, que casi coinciden con la duración del


enfrentamiento armado interno en Guatemala, los resultados de esta
política agraria y de la constitución de ese derecho agrario desde la
visión del Estado, cuando mucho, han resultado en un extraordinario
valladar para el desarrollo económico, político y social de nuestro
país.

1.4. Ley del Establecimiento de zonas de


desarrollo agrario
Creada por el Decreto Legislativo número 60-70, aprobada por el
Congreso de la República el 20 de agosto de 1970, por el organismo
Ejecutivo el 7 de septiembre y publicado en el Diario oficial el 16 de
septiembre de ese mismo año. En si es un decreto que contiene
únicamente tres considerandos y ocho artículos. Esta ley declara de
interés público y de urgencia nacional el establecimiento de zonas de
desarrollo agrario, estableciendo claramente las áreas territoriales de
las mismas y encargando al Instituto Nacional de Transformación
Agraria el cumplimiento de la misma.

En la cual ordena la inscripción de los terrenos baldíos en esa área a


favor de la nación, prohíbe la titulación supletoria y la denuncia e
inscripción de excesos, obliga a las fincas de propiedad particular
enclavadas en la zona, a quedar afectas a la Ley de Transformación
Agraria en lo que a las tierras ociosas y zonas de desarrollo se refiere.

Esta ley ha sido parcialmente reformada partir de las reformas


realizadas a la ley de Transformación Agraria, especialmente en lo
que se refiere a tierras ociosas y el artículo 40 de Transformación
Agraria, especialmente en lo que se refiere a tierras ociosas y el
artículo 40 reforma por derogatoria lamentablemente contenidas en
el Dto. 122-97, el cual posteriormente también fue derogado.

No obstante lo anterior, sigue vigente la figura jurídico agraria, y las


áreas geográficas a que se refiere esta ley, siguen afectas al sistema
de zonas de desarrollo agrario. Pero insistimos nuevamente en el
vacío institucional que dejó el Instituto Nacional de Transformación
Agraria, lo que dificulta hacer operativas las normas agrarias de este
Decreto.
1.5. Ley de Fondo de Tierras y su
Reglamento. Decreto 24-99 y
Acuerdo Gubernativo 199-2000
Contenida en el Decreto número 24-99 creada por el Congreso de la
República con fecha 13 de mayo de 1999 en el Diario Oficial el 16 de
junio de ese mismo año, durante el gobierno de Álvaro Arzú.

Esta ley está conformada por cinco títulos y estos en capítulos, de los
cuales haremos un breve análisis de los aspectos que consideramos
más importantes, así, iniciamos con el artículo 3, donde se encuentra
establecido los objetivos de la ley, y que dentro de los seis objetivos
que se mencionan consideraremos los siguientes: “a) Definir y
ejecutar la política pública relacionada con el acceso a la tierra....c)
facilitar el acceso a la tierra en propiedad a campesinos y campesinas
en forma individual u organizada a través de mecanismos financieros
adecuados”.

El título II regula en los artículos 7 y 8 todo lo relacionado con el


régimen económico del Fondo de Tierras, estableciendo los recursos
financieros y lo referente a bienes inmuebles y otros recursos
disponibles.

El título III del artículo 9 al 19 regula lo relacionado a la Organización


del Fondo de Tierras contenida en cinco capítulos así: capítulo I,
estructura organizativa; capítulo II, consejo directivo; capítulo III,
gerencia general; capítulo IV, asesoría y capítulo V, calidades y
régimen de personal.

El título IV regula lo relativo a las operaciones del Fondo de Tierra y


cabe mencionar el artículo 21 que establece los criterios de
elegibilidad para ser beneficiario de sus programas, y que en
resumen son : a) Campesinos, y campesinas sin tierra; b)
campesinos y campesinas con tierras insuficientes y c) campesinos
y campesinas en situación de pobreza.

Importante resulta también lo regulado por el artículo 25 en el cual se


establece que uno de los mecanismos de financiamiento será por
medio de fideicomiso constituido en las instituciones financieras
autorizadas.
En el título V, capítulo II, artículo 42, regula algo que aparte de ser
novedoso, tiene relevancia tanto jurídica como social, ya que en él se
da la regularización de procesos de adjudicación de tierras del
Estado, estableciendo en el citado artículo: “artículo 42
Regularización: la regularización es el proceso de análisis, revisión y
actualización de los expedientes en los que consta la adjudicación y
tenencia de tierras entregadas o en proceso de entregarse por parte
del Estado para determinar el cumplimiento de los Decretos números
1551, 60-70, 38-71 todos del Congreso de la República y sus
reformas”.

Se deduce entonces que el fin del proceso de regularización es hasta


cierto punto ordenar y legalizar lo que concierne a entrega de tierras
otorgadas en el pasado y por ende, ordenar también lo que se hizo
en forma anómala, dentro de esto podríamos mencionar mayor
cantidad de tierras otorgadas o bien tierras dadas a personas no
necesitadas de ellas.

Es importante mencionar que la entrada en vigencia de esta ley


desaparece al Instituto Nacional de Transformación Agraria como
ente autónomo y pasa a formar parte del Ministerio de Agricultura,
Ganadería y Alimentación, así también la derogatoria, según el
artículo 58 de los Decretos 38-71 y 42-72 del Congreso de la
República y los artículos 1, del 3 al 6, del 83 al 92 y 118 del Decreto
1551 del Congreso de la República.

En cuanto al reglamento de la Ley del Fondo de Tierras, contenida


en el Acuerdo Gubernativo número 199-2000, consideramos como
algo importante de mencionar lo establecido en el artículo 25, en el
cual se regula las formas de acceso a la tierra siendo éstas: a)
adjudicación: b) otorgamiento de créditos para compra de tierras, y;
c) otorgamiento de créditos para arrendamiento de tierras con o sin
opción de compra.

El fondo de tierras dará en forma gratuita para los beneficiarios,


asistencia técnica, asesoría jurídica, apoyo para los estudios de
prevención y la formulación de proyectos productivos integrales.”

Con esto se estaría cumpliendo una gran labor social y económica


ya que es necesario este tipo de apoyo para los campesinos que
laboran la tierra y no la posean.
La puesta en vigencia de esta ley se considera un acontecimiento
histórico de gran trascendencia debido a que en materia agraria es el
primer resultado concreto de los Acuerdos de Paz encaminado a la
búsqueda de soluciones de fondo a la problemática estructural de la
tenencia de la tierra.

El accionar de esta institución se considera como el primer paso en


el marco de una política agraria integral y de un plan de desarrollo
rural sostenible. Es decir el Estado debe completar las acciones que
permitan transformar la realidad social, agraria y económica en el
campo; solo el Fondo de Tierras no es suficiente para lograr dicho
objetivo.

En el marco de regularización, el Decreto 24-99, también es pionero


pues establece todo un programa de regularización de las tierras
entregadas y en proceso de entregar por parte del Estado para
determinar el cumplimiento de los Decretos números 1551, 60-70 y
38-71 todos del Congreso de la República y sus consecuencias
respectivas reformas. Esta ley constituye un avance de enormes
consecuencias en las acciones por resolver la problemática y la
conflictividad relacionada con la tenencia de la tierra en el país.

Lo único concreto y de aplicabilidad coercible que existe en el sistema


jurídico nacional en materia de regularización en el título V, capítulos
I, y II artículos del 39 al 45 de la citada Ley del Fondo de Tierras.

No obstante la trascendencia que tiene para el país en materia de


regularización la normativa ya descrita, consideramos que
encaminadas a la puesta en vigencia de una Ley general de
regularización, resulta inapropiado mantener dentro de la Ley de
Fondo de Tierras dicho marco de regularización, debido a las
siguientes razones:

a) Contribuye a la poca sistematicidad de la legislación en esta


materia;
b) Distrae al Fondo de Tierras de su función esencial como la de
facilitar el acceso de la tierra a los campesinos que la necesitan para
su desarrollo y brindarles las condiciones y el apoyo básico para que
los proyectos sean exitosos.
c) La disponibilidad de recursos que el Estado transfiere al Fondo de
Tierras y que los organismos de cooperación están dispuestos a
aportar, es absolutamente menor para las acciones de regularización
encargadas a la institución.
d) Desde el punto de la técnica jurídica es recomendable que todos
los ámbitos y aspectos de la regularización se contempla en lo
posible en un solo cuerpo normativo, que en este caso sería una ley
de regularización. Todo ello independientemente de que las figuras
sustantivas agraria; deben contemplarse en una futura ley.

El proceso de regularización en Guatemala, cuenta ya con una


normativa jurídica vigente que permite actuar para poner orden a la
problemática de la tenencia de la tierra derivada de los programas
agrarios desarrollados por el Estado a partir de 1962; sin embargo
esta normativa es perfectible, puede ampliarse y profundizarse en la
medida en que haya voluntad política para hacerlo.

1.6. Ley de Expropiación Decreto 529


Aunque no es una ley que regule actividades agrarias en sí,
consideramos necesario incluir en el presente trabajo, los artículos
que de alguna manera se relacionan, es decir como una ley conexa,
ya que en determinado momento pueda tener aplicación en el sentido
que dentro de bienes expropiados están los bienes inmuebles, es
decir, tierras ociosas que puedan ser objeto de expropiación, siempre
y cuando sean para la utilidad o necesidad pública o interés social, y
al hablar de la necesidad tenemos y debemos pensar en la necesidad
de tierras de grandes mayorías de los campesinos que no las tienen
y a quienes les serían de mucha utilidad.

La ley de Expropiación se encuentra en el Decreto legislativo número


529 y fue creada por el Congreso de la República el 9 de julio de 1948
durante el gobierno de Juan José Arévalo, publicada en el Diario
Oficial el 9 de septiembre de 1948, y ha sido reformado por los
Decretos números; 1793, 277, 14-79. Y 9-98 todos del Congreso de
la República.

Consta de 10 títulos, el título V dividido en tres capítulos y 49 artículos


dentro de los cuales los que se relacionan con el presente trabajo
podemos mencionar:

“Artículo 1. se entiende por utilidad o necesidad pública o interés


social, para los efectos de esta ley, todo lo que tienda a satisfacer
una necesidad colectiva, bien sea de orden material o espiritual”.
La relación satisface una necesidad colectiva.

“Artículo 4. Pueden instar la expropiación:

a) El Estado en los siguientes casos; I, II, III. Cuando sea medio


indispensable de que los bienes se encuentran en el dominio
privado, de personas naturales o jurídicas, puede ser adquirido
por la generalidad de los habitantes para satisfacer sus
necesidades o para llevar a cabo planes de mejoramiento
social o económico”.

La relación satisfacción de necesidades, en este caso, necesidad de


tierras con el fin de mejoramiento socio-económico.
“Artículo 5. Por causas de necesidad o utilidad públicas o interés
social, pueden ser objeto de expropiación toda clase de bienes, estén
o no en el comercio”

La relación: toda clase de bienes, incluyendo por supuesto los


inmuebles.

A manera de comentario, es necesario mencionar que


expropiaciones propiamente de tierras ociosas no se han llevado a
acabo durante los últimos gobiernos debido a que las políticas
agrarias de estos no las han contemplado, además de que los
terratenientes se ven amparados por el artículo 39 de la Constitución
Política de la República, en el que les garantiza el derecho a la
propiedad privada.

Esta ley desarrolla las normas constitucionales contenidas en el


artículo 40 de la Constitución Política de la República. Define qué
debe entenderse por utilidad o necesidad pública o interés social,
estableciendo que es “ todo lo que tienda a satisfacer una necesidad
colectiva, bien sea de orden material o espiritual”. Esto significa que
se incluye la materia agraria en el sentido de que la necesidad de
contar con tierra para los indígenas y campesinos que la necesitan
para su desarrollo, es una “necesidad colectiva” de “orden material”
que debe ser satisfecha.

En Guatemala a partir de 1954 la expropiación de tierras para fines


agrarios se constituye en un tabú político e ideológico imposible de
superar, por lo que desde esa fecha no hay un solo caso de
expropiación en el marco de una política agraria que persigue la
justicia social en el campo.

La expropiación se desarrolla por medio de un procedimiento


administrativo en dos fases: la legislativa, en donde el Congreso de
la República hace la declaración de utilidad y necesidad pública o
interés social; y la fase administrativa propiamente substancial ante
las gobernaciones departamentales. Es evidente que la fase
legislativa es altamente política y por lo mismo compleja, que puede
constituirse en un obstáculo insalvable para la expropiación.

1.7. Ley Forestal


Se encuentra en el Decreto Legislativo número 101-96 de fecha 31
de octubre de 1996, publicada en el Diario Oficial el 4 de diciembre
de 1996, Consta de diez títulos, se dividen en capítulos y 117
artículos.

La importancia de esta ley radica en que regula la reforestación y


conservación de los bosques y ordena que se propicie el desarrollo
forestal y su manejo sostenible, declara todas las acciones de
urgencia nacional y de interés social. Crea como órgano encargado
de aplicar la ley al Instituto Nacional de Bosques, con caracteres de
entidad estatal, autónoma, descentralizada, con personalidad
jurídica, patrimonio propio e independencia administrativa; es el
órgano de dirección y autoridad competente del sector público
agrícola, en materia forestal.

Para efectos de la aplicación de la política forestal diseñada en esta


ley, juega un papel fundamental la información que genera la
institución catastral. Mientras que para el caso de la regularización,
la situación de los bosques se relaciona a través de aquellos
ubicados en tierras adjudicadas por los programas agrarios del
Estado, los que están ubicados en áreas de reservas de la nación y
los que pertenecen a las comunidades indígenas y presentan algún
grado de inseguridad jurídica, también se relaciona con aquellos
bosques ubicados en tierras que deben ser objeto de regularización
por medio de las figuras de titulación supletoria, usucapión y
expropiación.

La figura jurídica a utilizar para los presupuestos planteados en el


párrafo anterior es el interés social, y en esa medida establecer quien
o quienes ya sean particulares o el Estado, podrían adquirir la
titularidad de las tierras en que se ubican los bosques objeto de
protección de esta ley.

1.8. Ley de titulación supletoria


Esta ley está contenida en el Decreto Legislativo número 49-79, de
fecha 26 de julio de 1979, publicada en el Diario Oficial el 21 de
agosto de 1979, reformada por el Decreto Legislativo número 128-
85.

La relación que se da con la legislación agraria es que se trata sobre


bienes inmuebles, en aquellos casos en que una o más personas
únicamente tengan derechos posesorios sobre un bien inmueble, es
decir, sobre la tenencia de la tierra, regulando en estos casos al
tramite a seguir para que dichas personas puedan obtener el titulo de
propiedad e inscribirlo en el Registro de la Propiedad.

En el tercer Considerando de esta ley se lee: “La usucapión ha sido


reconocida por la legislación del país y actualmente esta
comprendida dentro del Código Civil, como medio de obtener la
propiedad y pleno dominio de los bienes por el transcurso del tiempo,
y siendo sus resultados beneficiosos para el legítimo poseedor que
ha obtenido el registro de inmuebles mediante la titulación supletoria,
es conveniente para la seguridad jurídica de la tenencia de la tierra,
darle forma a un nuevo ordenamiento legal que haga operante esta
prescripción”.

La usucapión de acuerdo con Osorio es: “Modo de adquirir el dominio


de una cosa por haber pasado el tiempo que las leyes señalan para
que pueda reclamarse su anterior dueño.

Para que se dé la usucapión es necesario que se den ciertas


condiciones de legitimidad, continuidad, publicidad, buena fe del
poseedor, además del factor tiempo, como lo establece el artículo 1
de esta ley : “El poseedor de bienes inmuebles que carezca de título
inscribible en el Registro General de la Propiedad, podrá solicitar su
titulación supletoria ante un juez de primera instancia del ramo civil.
El interesado deberá probar la posesión legítima, continúa pacífica,
pública, de buena fe y a nombre propio, durante un periodo no menor
de diez años, pudiendo agregar la de sus antecesores, siempre que
reúna los mismos requisitos.

La ley establece excepciones o prohibiciones a la titulación supletoria


y menciona a los bienes inmuebles mayores de una caballería
(45.125 Ha.); bienes situados en la Franja Transversal del Norte;
inmuebles situados dentro de las reservas del Estado y los excesos
de propiedades rústicas. (artículo 3).

Estas prohibiciones son importantes ya que creemos que de esta


manera se evita que personas sin derecho alguno sobre estos
inmuebles traten se hacer titulaciones falsas.

Un aspecto importante es el que establece que solo los guatemaltecos


pueden obtener titulación supletoria de inmuebles y si fueren personas
jurídicas, la integración de estas deben ser mayoritarias o totalmente por
guatemaltecos. (artículo 2).

Con esta ley entonces, quedan reguladas aquellas situaciones, y que son
muchas, en las cuales todas las personas, pueden gozar después del
tramite correspondiente de derecho de propiedad y no de derechos
posesorios, es decir, tiene la oportunidad de regular legalmente sus bienes
inmuebles.
Existe también el Decreto Ley número 141-85, de fecha 18 de diciembre
de 1985, publicado en el Diario Oficial el 23 de diciembre de ese mismo
año, el cual regula la titulación supletoria para el Estado y sus entidades
descentralizadas o autónomas. Esta ley se crea como una ley especial
como su nombre lo indica para bienes que adquiere el Estado y que carece
de título inscribible en el Registro General de la Propiedad.

1.9. Ley del Registro de Información


Catastral. Decreto 41-2005
La presente ley de conformidad con lo que regula, tiene como objetivo
principal establecer, mantener y actualizar el catastro nacional, definir
políticas, estrategias y planes de trabajo en materia catastral, coadyuvar
en los estudios necesarios para la definición de los problemas nacionales
relativos a la propiedad y tenencia de la tierra y en las propuestas jurídicas
de su solución.

Dentro de su normativa establece promover y divulgar el proceso catastral


en coordinación con las municipalidades, las autoridades comunitarias y
las organizaciones de la sociedad civil, así como la institución de los
Juzgados Agrarios que coadyuvará a la seguridad jurídica en materia
agraria.

1.10. Reglamento de Regularización de


la Tenencia de Tierra. Acuerdo
Gubernativo 386-2001
Esta Ley tiene como objetivo definir los procedimientos generales y
específicos del proceso de regularización que establece la Ley de Fondo
de tierras, para garantizar el ejercicio del derecho a la propiedad.

Así mismo se crean condiciones que faciliten el uso y disfrute de los


bienes, así como el patrimonio familiar que goza de protección especial
del Estado, por lo que debe promoverse la certeza jurídica sobre el uso,
tenencia y propiedad de la tierra de campesinos y campesinas.

1.11. Ley Reguladora del Procedimiento


de Localización y Desmembración
de Derechos sobre Inmuebles
Proindivisos. Decreto-Ley 82-84
La presente Ley tiene como objetivo regular la división de la cosa común
de una forma dinámica con un procedimiento que permita la localización y
desmembración de las fracciones de los interesados, cuando por lo
numeroso de los condueños, se dificulte su participación en juicio, para
cuya finalidad se hace necesario dictar la disposición legal que así lo
determine.

1.12. Ley Reguladora de las Áreas de


Reservas Territoriales del Estado de
Guatemala. Decreto 126-97
Esta Ley tiene por objeto regular las reservas territoriales de dominio del
Estado, sobre las áreas terrestres a lo largo de los océanos, en las orillas
de los lagos, en las riberas de los ríos navegables y de las fuentes y
manantiales donde nazcan las aguas que surtan a las poblaciones, y el
uso de las mismas. Esta ley tiene por objeto entre otros velar por la
soberanía del territorio guatemalteco.

1.13. Ley de Parcelamientos Urbanos.


Decreto 1,427
Esta ley normaliza las operaciones que comprendan parcelamientos y
venta de parcelas, derivadas del fraccionamiento de fincas urbanas y
suburbanas, a fin de establecer y garantizar los requisitos legales a que
deben ajustarse los negocios provenientes de tales operaciones.

1.14. Ley de Rectificación de Área.


Decreto-Ley 125-83
Esta ley tiene por objeto verificar y normar la situación de los propietarios
de bienes inmuebles urbanos inscritos en el Registro General de la
Propiedad, cuya área física sea menor al área que aparece inscrita, podrá
solicitar ante Notario la rectificación del área, conforme el procedimiento
que establece la ley antes indicada.

1.15. Ley de Trabajos de


Agrimensura. Decreto 1,786
Esta ley regula que solamente los Ingenieros podrán practicar trabajos de
agrimensura, su funcionamiento y su forma de operar. Estas personas son
las encargadas de delimitar superficies, a medir áreas y rectificar los
límites existentes.

1.16. Ley de Empresas Campesinas


Asociativas, Decreto- Ley 67-84
Esta Ley regula la Empresa Campesina Asociativa (ECAS), la cual es
formada por campesinos beneficiarios del proceso de transformación
agraria, constituidos en una colectividad, bajo una gestión común para
explotar directa y personalmente la tierra, en forma eficiente y racional,
aportando su trabajo industria, servicios u otros bienes, con el fin de
mejorar los sistemas de producción en el campo, satisfacer sus propias
necesidades, comercializar, transformar o industrializar sus productos y
distribuir en forma proporcional sus aportes, las utilidades o pérdidas que
resulten en cada ejercicio contable.

1.17. Ley de Desarrollo Social.


Decreto 42-2001
Esta Ley tiene por objeto, implementar normas que permitan efectuar los
procedimientos legales y de políticas para llevar a cabo la promoción,
planificación, coordinación, ejecución, seguimiento y evaluaciones de las
acciones gubernativas y del Estado, encaminadas al desarrollo de la
persona humana en los aspectos social, económico, cultural y familiar.

[Link] 60-70 del Congreso de la


República
Mediante el cual se declaró de interés público y de urgencia nacional,
estableciéndose Zonas de Desarrollo Agrario el área que se denominó
Franja Transversal del Norte. Dicho Decreto prohíbe además la titulación
supletoria en la totalidad de los departamentos de Petén e Izabal.

Por designación legal, al Fondo de Tierras le corresponde aplicar y hacer


que se cumplan los Decretos arriba mencionados. Para el cumplimiento
de sus fines, el Fondo de Tierras, tiene la libre disponibilidad sobre las
fincas rústicas con vocación agropecuaria, forestal e hidrobiológicas
inscritas en el Registro de la Propiedad a favor del Estado. Se exceptúan
las áreas declaradas como protegidas y las de reserva nacional, dichas
áreas son administradas por otros entes del Estado.

[Link] de una ley sustantiva y


adjetiva en materia agraria.
El derecho agrario tiene una clasificación básica, al igual que otras ramas
del derecho, la misma consiste en dividirlo en dos grandes ramas: derecho
sustantivo o material y el derecho adjetivo o procesal. En Guatemala ha
habido poco desarrollo en ambas ramas tal como lo analizaremos por las
diferentes etapas por las que ha atravesado la legislación agraria en
nuestro país.
2.1. Primera Etapa de la legislación agraria.

Primordialmente se puede considerar como parte de la legislación agraria


los documentos que le dan legalidad al “descubrimiento” y la conquista de
territorios en el continente que ahora conocemos como América, siendo
los siguientes: las capitulaciones, el requerimiento (justo titulo) las bulas
de Alejandro VI, el Tratado de Tordesillas, la Ley XX del título XXVII de la
tercería Partida y las cédulas reales.

Una capitulación es el contrato que se efectúa entre la corona española y


una empresa particular o personas individuales para efectuar los
descubrimientos de nuevas tierras y/o conquistas. La primera capitulación
fue llamada de Santa Fe, entre Cristóbal Colon y los Reyes Católicos para
efectuar los viajes a América.

El requerimiento es el documento redactado por Juan López Palacios


Rubios por medio del cual se requería a los indios que aceptaren la fe
cristiana y reconocieran la autoridad del papa y del monarca español; si no
lo hacían podrían ser atacados con toda justificación. Este documento se
leían en latín o castellano o ante poblaciones vacíos, muchas veces desde
los barcos en que viajaban los descubridores y conquistadores.

Reales cédulas o cédulas reales, son disposiciones por escrito, emitidas


por la Corona Española o por el real y supremo Consejo de Indias y
mediante ellas se otorga tierras a los conquistadores. Son de fundamental
importancia para entender la historia agraria del país.

2.2. Segunda etapa de la legislación agraria.

Esta segunda etapa está constituida principalmente por las constituciones


o cartas fundamentales que rigen al Estado de Guatemala desde la
independencia (1821) hasta la reforma liberal de 1871, a manera de
enumeración podemos citar los siguientes cuerpos normativos. Acta de
Independencia (1821) Constitución de la República Federal de Centro
América (1824). Acta de Constitución de la República de Guatemala
(1883). Declaración de los Derechos del Estado y sus Habitantes (Ley de
Garantías) (1839) y disposiciones administrativas de gobierno. Es
importante señalar, que la legislación del régimen colonial y el sistema
económico establecido siguió la realidad agraria casi hasta la reforma
liberal.

2.3. Tercera etapa de la legislación agraria.


Esta tercera etapa está configurada por la legislación liberal que se rige
desde 1871 hasta 1944. Destacando como instrumento jurídico relevantes
los siguientes:
a) La Constitución Política de 1879 y sus reformas en 1855, 1877, 1897,
1903, 1921, 1927, 1935 y 1941. todas están conformadas dictadas en
función de los intereses del gobernante de turno y los sectores liberales
que representaba (cafetaleros, ganaderos, bananeros).
b) El Código Civil (1877) y la creación del Registro de la Propiedad
Inmueble;
c) Decretos números; 109, (1873), 126 (1874), 187 (1877), 22 (1873), 170
(1877)
218 (1878), 224 (1878), 177 (1877), 222 ( Ley d e Vagancia)
d) Decretos y acuerdos relativos a tierras indígenas, entre los que se
destacan: Decreto Legislativo del 5/12/1835, Acuerdo Gubernativo del
3/12/1879, Acuerdo Gubernativo del 21/8/1910, Decreto Legislativo del
23/5/1934.

Los elementos comunes de toda la legislación agraria liberal se


resumen de la manera siguiente: El apoyo a los cafetaleros,
ganaderos y bananeros facilitándole créditos, tierras, infraestructura
vial y fuerza de trabajo forzado; el despojo de las tierras comunales,
el trabajo forzado de los indígenas y ladinos pobres y garantías de la
propiedad para los latifundistas.

2.4. Cuarta etapa de la legislación agraria.

Esta etapa esta configurada en primer término por los Decreto


emitidos por la Junta Revolucionaria de Gobierno (1944- 1945) y en
segundo lugar, en una etapa de mayor desarrollo por la Constitución
Política de 1945, por la Ley de Arrendamiento Forzoso, el Código de
trabajo, Decreto 529, Ley de Expropiación y el Decreto 900 Ley de
Reforma Agraria.

2.5. Quinta parte de la legislación agraria.


Esta etapa constituye por la legislación, emitida por los gobiernos
liberacionistas de 1954 a 1962 en donde se destacan la Constitución
de 1956, el Estatuto Agrario (Dto. 31, 26/7/1854) y el siguiente
Estatuto Agrario (Dto. 559).
2.6. Sexta etapa de la legislación agraria.

Esta etapa está conformada por la legislación surgida a partir de la


necesidad de apalear la problemática agraria, política y social y el
auge de los movimientos revolucionarios de los años 60, en el marco
de la denominación “alianza para el progreso”. Mucha de esta
legislación está vigente en la actualidad. Esta etapa la ubicamos
históricamente a partir de 1962 y culmina en diciembre de 1996. Las
principales leyes agrarias o relacionadas, emitidas en ese periodo
son las siguientes:

Decreto 1551, Ley de Transformación Agraria (1962) Decreto


106, Código Civil (1963)
Constitución Política de la República (1965) (abrogada);
Decreto 1653, Ley que regula la Entrega de Fincas Nacionales
(1966)
Decreto 60-70, Ley de Zonas de Desarrollo Agrario (1970);
Decretos 38-71 y 42-78, Ley sobre el Uso, Tenencia y Adjudicación
de
Tierras de Peten. (1971- 1978) (abrogado)
Decreto 49-79, Ley de Titulación Supletoria (1979)
Decreto 27-80, Reformas a la ley de Transformación Agraria
(1980);
Decreto 11-80, Ley de reservas Territoriales del Estado (1980);
Decreto 54-92, Reformas a la Ley de Transformación Agraria,
(1992);
Acuerdo Gubernativo 752-92, Fondo Nacional de Tierras, (1992).

Los elementos comunes generales de esta legislación es que se


garantiza la propiedad privada, mientras que el proceso de
transformación agraria solo se refiere a las tierras estatales o se
abordan los aspectos laborales relacionados con la tierra.

2.7. Séptima etapa de la legislación agraria.


La última etapa de la legislación agraria guatemalteca, se ubica
desde que se vislumbra la firma de los acuerdos de paz a la fecha,
es decir de la firma de los acuerdos de Oslo de (1990) y de Querétaro
(1992). En 1994 se inicio el proceso de firma de los Acuerdos
Sustantivos que fueron creando las condiciones para dar fin a más
de 36 años de enfrentamiento armado, hasta que en diciembre de
1996 se firmó el acuerdo de paz firme y duradera, durante el gobierno
del Presidente Álvaro Arzú.

La legislación agraria de la etapa de la paz consta de dos momentos,


el primero que se refiere a las leyes puestas en vigencia por el
gobierno en cumplimiento unilateral de los acuerdos de paz, y el
segundo que se refiere a las leyes promulgadas en el marco de las
negociaciones bilaterales Estado- Sociedad civil, movimiento
indígena y campesino para darle cumplimiento a los acuerdos de paz,
la legislación emitida ha sido la siguiente:

Decreto 9-96, Convenio 169 sobre los pueblos indígenas y tribales


de países independientes (1989/1996)
Decreto 126-97 Ley reguladora de las Áreas de Reservas
Territoriales del Estado de Guatemala. (1997);
Decreto 114-97, Ley del organismo Ejecutivo (1997).
Acuerdo Gubernativo 307-97, comisión para el Desarrollo y
Fortalecimiento
de la Propiedad de la tierra (PROTIERRA) (1997).
Acuerdo Gubernativo 452-97, Dependencia Presidencial de
Asistencia Legal
y Resolución de Conflictos, sobre la Tierra (CONTIERRA) (1997).
Legislación de cumplimiento bilateral de los acuerdos de paz:
Acuerdo Gubernativo 515-97, Comisión Paritaria sobre Derechos
Relativos a la tierra de los pueblos indígenas. (1997).
Decreto 24-99, Ley de Fondo de Tierras , (1999),
Acuerdo Gubernativo que se crea la comisión técnica para el
resarcimiento de la población desarraigada. (1997).

En Guatemala tal y como se lee en la breve historia de la legislación


desarrollada supra, la legislación agraria, es casuística, dispersa,
asistemática, y puesta en vigencia en función de los sectores
dominantes. No ha habido un ejercicio ético, científico y sistemático
para legislar en esta materia.

La legislación vigente está conformada y determinada en primer


término por la legislación civil y en segundo lugar, por la legislación
administrativa. Precisamente la inexistencia de una ley sustantiva y
adjetiva en materia agraria y la creación de una jurisdicción
especializada en esta materia y demás, la utilización exclusiva de la
vía administrativa para la resolución de problemas agrarios refleja la
limitada autonomía en el ámbito nacional del derecho agrario.
La emisión de una ley sustantiva y adjetiva en materia agraria y la
creación de una entidad rectora de la política agraria y el desarrollo
agrario en el país, son una necesidad urgente, dado que se ha
iniciado el proceso de promulgación de leyes y creación de
instituciones sobre la materia agraria en aspectos específicos, pero
hace falta la globalidad.

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