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Eduardo Conesa, El Impacto de La Economia en La Politica

Este documento analiza la relación entre el crecimiento económico y la gobernabilidad política en Argentina desde 1890 hasta 2011. Divide este período en 7 etapas y examina cómo los cambios en el PIB per cápita afectaron los resultados electorales en cada una. Argumenta que un crecimiento económico sostenido es fundamental para el éxito político y que las fórmulas jurídicas por sí solas no garantizan la gobernabilidad si no van acompañadas de buenas políticas que impulsen el crecimiento.

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Eduardo Conesa, El Impacto de La Economia en La Politica

Este documento analiza la relación entre el crecimiento económico y la gobernabilidad política en Argentina desde 1890 hasta 2011. Divide este período en 7 etapas y examina cómo los cambios en el PIB per cápita afectaron los resultados electorales en cada una. Argumenta que un crecimiento económico sostenido es fundamental para el éxito político y que las fórmulas jurídicas por sí solas no garantizan la gobernabilidad si no van acompañadas de buenas políticas que impulsen el crecimiento.

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CAPITULO 60

EL IMPACTO DE LA MACROECONOMIA EN LA POLITICA

“Es la economía, estúpido”

Slogan utilizado por el candidato a Presidente de los


Estados Unidos Bill Clinton en la campaña que culminara
en las elecciones de noviembre de 1992 para derrotar al
incumbente que buscaba su reelección, el Presidente
George Bush senior

¿Qué juicio podemos hacer de la ecuación.? Si uno mira a la


ecuación final estimada para el período 1916-1992 vemos que
hace un notable trabajo en explicar los votos para presidente.

Ray C. Fair, Journal of Economic Perspectives, Volume 10,


number 3, Summer 1996, Pag. 89-102

SUMARIO: Introducción. El período de 1890 hasta 1930: la primera guerra mundial y la depresión
internacional de 1930. Desde 1930 hasta1943: el error del fraude electoral. Desde 1943 hasta 1955: la
personalidad dominante del general Perón. Desde 1955 hasta 1976: La errónea proscripción del
Justicialismo y el contexto internacional. Desde 1976 a 1983: el contexto internacional y la guerra
fría. Desde 1983 hasta el 2001: el contexto internacional y el derrumbe del comunismo. Desde 2002
hasta el 2011: siempre el contexto internacional. El crecimiento sostenido como base del éxito
político. Remisión y preguntas

Introducción
En este capítulo sostenemos la tesis de que la gobernabilidad de un país depende en parte
de la buena marcha de la economía. Es decir, del crecimiento económico sostenido, el que
conlleva un aumento también sostenido en el consumo de la ciudadanía. Con ello
ponemos en duda el argumento de que con cambios en la Constitución dirigidos al
establecimiento de un régimen, ya sea parlamentario, o Presidencialista, con o sin
reelección indefinida, se mejorará la gobernabilidad. Aunque ciertamente debe admitirse
que todo régimen parlamentario requiere como condición sine qua non, del apoyo de un
sistema de “civil service” profesional y meritocrático a la inglesa, a la alemana, a la
francesa o japonesa. Y ésta es sin duda una ventaja del régimen parlamentario en lo que
hace a la gobernabilidad, si es que se lo adopta. Es claro que un régimen parlamentario
donde el primer ministro y todos sus colegas ministros del gabinete son diputados, es
decir son probablemente políticos profesionales carentes de especialización, no puede
funcionar sin el apoyo de un servicio civil estable, competente y especializado. Se
desprende también de nuestro argumento que hacer descansar la gobernabilidad
solamente en formulas jurídicas es un planteo banal. La clave es hacer crecer la economía
y en tal caso, el régimen jurídico que logre una larga sucesión de políticas económicas de
Estado conducentes al crecimiento y al logro de un mejor nivel de vida popular, será el
mejor. Para el mantenimiento de esas políticas de Estado conducentes al crecimiento son
esenciales dos condiciones básicas: primera, contar con una economía competitiva
exportadora y abierta en el contexto internacional, y segunda, contar con un servicio civil
competente y estable, sea dentro de un régimen presidencialista o parlamentario. Esa
misma burocracia competente, para su propia supervivencia, será luego la principal
2

interesada en la vigencia de un régimen democrático de alternancia política fundada en


instituciones a la inglesa o la norteamericana, las que desde el siglo XVIII han logrado
siempre la mayor admiración entre los cultores de la ciencia política.

El argumento que para la Argentina sostenemos en este ensayo ha sido validado


econométricamente en los Estados Unidos en el artículo de Ray Fair citado en el
encabezamiento. Así por ejemplo, el demócrata Franklin Delano Roosevelt ganó las
elecciones estadounidenses de noviembre de 1932 porque el PBI per cápita del gran país
del norte cayó en un 31% durante la presidencia del republicano Hebert Hoover, quien en
ese mismo año de 1932 buscaba su reelección. En noviembre de 1980, James Carter perdió
su reelección a manos de Ronald Reagan porque la economía registraba una inflación
inédita del 10% anual, insoportable en aquel país. En noviembre de 1992 George Bush
padre perdió su reelección a manos de William Jefferson Clinton por la semi-recesión que
vivía el país y porque su contrincante desde el llano, Clinton, se aprovechó del eslogan “Es
la economía estúpido”, citado en el encabezamiento. En Alemania el canciller Adolfo Hitler
pudo, lamentablemente, asumir poderes dictatoriales porque el PBI per cápita creció un
48.5% entre 1932 y 1938. En fin, los ejemplos internacionales podrían multiplicarse, pero
nuestro objetivo es analizar la cuestión en la Argentina.-

Para desarrollar nuestro argumento dividimos la historia del crecimiento del PBI per
cápita argentino y sus consecuencias políticas en siete periodos, el primero 1890-1930, el
segundo 1930-1943, el tercero 1943-1955, el cuarto 1955-1976, el quinto 1976-1983, el sexto
1983-2001, y el séptimo 2001-2011. En todos los casos debe tenerse presente el contexto
internacional, sin el cual ni la evolución de nuestra economía, ni la de la nuestra política,
resultan inteligibles. Debe tenerse presente también que una mera caída del PBI per capita
en un año de ninguna manera basta para tumbar a un gobierno. Además del ya citado
contexto internacional, influyen la legitimidad de origen, la legitimidad de ejercicio y si
hubo un pronunciamiento negativo de las urnas en ese año

El período de 1890 hasta 1930. La primera guerra mundial y la depresión internacional


de 1930
En 1890 el PBI per capita argentino cayó en un 11%1. La caída se produjo en el contexto de
un éxito económico de largo plazo extraordinario por cuanto el PBI per capita se
multiplicó por más de dos en términos reales desde 1860 hasta 1889. El golpe militar de
ese año estuvo encabezado por el senador Leandro Alem quien exigía mas transparencia
en los procesos electorales. El levantamiento militar concomitante con la crisis económica
de 1890 determinó la renuncia del Presidente Miguel Juárez Celman, responsable de una
conducción financiera desenfrenada, de déficit fiscales, de emisión monetaria y deuda
externa excesivas. Asumió el Vicepresidente Carlos Pellegrini, un verdadero piloto de
tormentas, gran estadista y economista, quien enderezó nuevamente la nave del Estado, a
punto de naufragar.

El PBI per capita argentino continuó creciendo y en 1913 era un 58% superior al de 1890.
A ello hay que sumar el crecimiento de la población que pasó de 3,5 millones de habitantes
en 1890 a 7,6 millones en 1913, es decir que registró un aumento de 119%.. Sin embargo,
en 1914 estalló la primera guerra mundial y en 1916 el PBI per cápita se desplomó
cayendo en un descomunal 30% en relación al de 1913, nada menos. La caída de la

1
Las cifras del PBI per cápita usadas en este Capítulo fueron tomadas de Angus Maddison Op. Cit.
en Nota al pie numero 2 del Capítulo 1 de este libro
3

economía se debió a la caída de la inversión, que a la sazón era predominantemente


británica, país en guerra, y determinó un pesimismo generalizado en la población, la que
en las elecciones de 1916 juzgó conveniente la alternancia y votó por la oposición
capitaneada por Hipólito Yrigoyen. Según relata Felix Luna, en la convención nacional de
la Unión Cívica Radical de 1916 Yrigoyen propuso la abstención revolucionaria y el
camino tradicional del golpe de Estado, ya ensayado en 1890, 1893 y 1905 por el
radicalismo. Pero Marcelo Torcuato de Alvear lo convenció de la conveniencia de
presentarse a elecciones. La pregunta que surge entonces es ¿El radicalismo ganó las
elecciones presidenciales de 1916 porque fueron estas fueron limpias y organizadas sobre
la base del padrón militar, como ordenaba la ley Sáenz Peña de 1912, o porque la
economía estaba en recesión? No lo sabemos. Pero a la luz de la experiencia argentina
posterior y la de los demás países del orbe, particularmente la de Estados Unidos, la UCR
habría ganado porque la economía estaba en mala forma, y en consecuencia, el pueblo
votó por el cambio. Y así fue que el saliente Presidente Victorino de la Plaza entregó
elegantemente el poder al Presidente electo, Hipólito Yrigoyen en una fiesta ejemplar de
ejercicio democrático, única en la historia argentina.

Transcurrirían luego 14 años de gobiernos radicales hasta 1930 en los cuales la vieja
política económica de los gobiernos anteriores del Partido Autonomista Nacional
permaneció sin cambios. Pero al terminar la primera guerra mundial en 1918 la economía
argentina reanudó su ya tradicional crecimiento espectacular de 1860 hasta 1913. Se
mantuvo la apertura de la economía y la orientación agro-exportadora. Yrigoyen decía
que su programa económico era el de la Constitución Nacional de 1853. En el año 1928 a
los 78 años de edad, el viejo líder radical se presentó a la reelección después de un
período, y triunfó, debiendo ejercer la presidencia hasta 1934, ya anciano.

Pero en 1930 el PBI per cápita argentino cayó en un 7% con motivo de la crisis mundial de
ese año. Los precios de nuestras exportaciones cayeron en un 70%. La recesión hizo
mermar los ingresos fiscales. El gobierno se atrasó en 6 meses en los pagos de sueldos a
maestros y militares. En las elecciones de diputados nacionales de marzo de 1939, el
oficialismo sufrió una derrota catastrófica. El ministro de guerra de Yrigoyen, el
competente general Luis Dellepiane, propuso al Presidente la detención del general José
Félix Uriburu, pues éste estaba conspirando para derrocar al gobierno. Sin embargo,
Yrigoyen no aceptó la propuesta porque Uriburu había sido revolucionario radical en 1890
y en 1905. Además el Presidente rechazó también la propuesta de Dellepiane de cambiar
el gabinete para enfrentar la catastrófica crisis económica en ciernes. Ante el rechazo de
sus propuestas, el ministro renunció. Fue entonces que el Director del Colegio Militar,
coronel Francisco Reynolds, también un revolucionario radical de 1905, puso dicha unidad
a las ordenes del General Uriburu, quien el 6 de septiembre de 1930 avanzó en una
columna hasta ocupar la Casa Rosada prácticamente sin resistencia alguna. Su ayudante
era el capitán Juan Domingo Perón.

Desde 1930 hasta1943. El error del fraude electoral


El nuevo Gobierno colocó un empréstito en la Caja de Conversión, pagó los sueldos y fue
prolífico en medidas para combatir la depresión económica. El subsecretario de Hacienda
era nada menos que el joven y brillante economista Raúl Prebisch. En las elecciones de
1932 salió electo el General Agustín Pedro Justo, también revolucionario radical de 1905,
ex ministro de guerra del Presidente Alvear y además graduado de ingeniero civil en la
Facultad de Ingeniería de la UBA. La administración Justo se destacó por la gran cantidad
de obras públicas que llevó a cabo como caminos y edificios públicos por doquier. Aplicó
4

políticas keynesianas antes de que Keynes diera a luz su teoría macroeconómica en 1936.
Mantuvo el tipo de cambio real devaluado para salvaguardar la actividad económica
interna, particularmente al agro. Promovió la industria por la vía de la sustitución de
importaciones. El desempleo en la Argentina era uno de los mas bajos del mundo, pese a
la terrible depresión mundial de aquel decenio que azotaba con rigor sin igual a la
economía norteamericana y a la del imperio británico. La comparación del PBI per capita
argentino con el del resto del mundo nos colocaba entre los 8 países más ricos del orbe.
Pero Justo cometió el grave error de permitir el fraude en las elecciones de presidenciales
de 1938 para imponer la formula Ortiz-Castillo sobre la radical de Alvear-Mosca. La falta
de legitimidad del gobierno subsiguiente por el vicio electoral antedicho, posibilitó el
golpe de Estado del 4 de junio de 1943.

Desde 1943 hasta 1955. La personalidad dominante del general Perón


En 1943 el PBI per cápita cayó en un 2%. La flojedad de la economía y la falta de
legitimidad de origen del gobierno del Dr. Ramón S. Castillo, permitan explicar el
levantamiento militar del 4 de junio de ese año que derrocó al gobierno. El coronel Perón
inspirador y numen del núcleo de oficiales del ejército que encabezó el golpe, tenía la
mejor información sobre lo que pasaba en el país: se la suministraba la embajada alemana.
El golpe de estado del 4 de junio de 1943 no se entiende si no es dentro del contexto de la
segunda guerra mundial. Y fue así que el coronel Perón fue preparando hábilmente las
piezas del ajedrez político. En diciembre de 1945 hizo dictar el decreto 33.302 por el cual
se instituyó el aguinaldo y el 23 de febrero de 1946 gracias a ese decreto pudo ganar las
elecciones presidenciales. Además desde 1943 hasta 1946 la economía había crecido en un
11%. Es evidente que la economía y el consumo en auge determinaron en gran medida el
triunfo peronista en las urnas. El slogan nacionalista Braden o Perón hizo el resto. Pero
luego los aumentos constantes de salarios desconectados del aumento de la productividad
provocaron inflación en los precios internos los que determinaron la baja del tipo de
cambio real planchado y finalmente la crisis de balanza de pagos de 1949 con fuerte caída
del PBI per capita. Este no creció desde 1948 hasta 1954, mientras el resto del mundo se
expandía velozmente. La presión de la caldera económica y el conflicto con la Iglesia
Católica determinaron la emergencia de varias asonadas militares hasta que en 1955, los
generales Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu derrocaron, menos por la ayuda
de las armas y más con la ayuda de la suerte, al general Perón. Este, como señalamos
antes, había perdido la legitimidad de ejercicio del poder por la flojedad de la economía,
la excesiva prolongación de su gobierno, la corrupción y el conflicto con la Iglesia. Se
cumplió una vez más un clásico de la política: El poder corrompe y el poder absoluto
corrompe absolutamente.

Desde 1955 hasta 1976. La errónea proscripción del Justicialismo. El contexto


internacional
El gobierno surgido de la revolución de 1955 llamó a elecciones el 23 de febrero de 1958
con el Justicialismo proscripto. Esta proscripción fue un grave error pues el partido
prohibido canalizó sus votos al Dr. Arturo Frondizi quien luego fue cuestionado en su
legitimidad de origen por haber pactado con el justicialismo, a pesar de haber obtenido
cerca de la mitad de los votos populares. El pacto Perón-Frondizi, determinado en
realidad por la previa proscripción del peronismo, fue cuestionado por la Unión Cívica
Radical del Pueblo, llamando a la puerta de los cuarteles desde 1958 en adelante hasta que
finalmente en marzo de 1962, el Presidente constitucional fue derrocado con la excusa de
un traspié electoral en la provincia de Buenos Aires, pero en el fondo por su presunta
ilegitimidad de origen. Además porque el PBI per capita cayó un 3.2% en 1962.
5

Nuevamente la economía tomó su parte en los hechos políticos del país y su


gobernabilidad.

En 1963 se realizaron nuevamente elecciones presidenciales. Esta vez se intentó subsanar


el error de la proscripción del Justicialismo permitiendo la participación de una fórmula
apoyada por Perón y encabezada por el conservador popular Dr. Vicente Solano Lima y el
radical frondicista Dr. Carlos Silvestre Begnis. Infortunadamente, las tremendas presiones
políticas sobre el comandante en jefe del ejercito legalista, el General Ongania, por parte
de sectores anti-peronistas extremistas llamados entonces “gorilas”, determinaron que con
tres días de anticipación al acto electoral, se retirasen las boletas para votar al Frejuli,
(Frente Justicialista de Liberación). Este partido que sufrió así una segunda e injustificada
proscripción. Peor que la primera de 1958, pues la de 1963 fue impuesta por sorpresa 3
días antes de las elecciones. Indirectamente, al prohibir al peronismo se perjudicó a su
natural adversario, el candidato presidencial General Pedro Eugenio Aramburu. Fue así
que triunfó por casualidad un tercer candidato, el Dr. Arturo Humberto Illia, de la Unión
Cívica Radical del Pueblo, con el 22% de los votos. Claramente Illia tenía aun en 1963
menos legitimidad de origen que el mismo Frondizi en 1958, quien había alcanzado cerca
del 50%. No obstante, en 1964 y 1965 la economía registró un repunte extraordinario que
fortaleció al gobierno radical. Sin embargo, el principal sostén de Illia era el propio
General Ongania, quien, por su visión ecléctica ante del terrible enfrentamiento de
peronismo versus anti-peronismo, gozaba de prestigio entre sus camaradas, e incluso ante
la opinión pública. Al provocar la renuncia al cargo de Comandante en Jefe del Ejercito de
este General, Illia se cavó su propia fosa. Fue derrocado el 28 de junio de 1966 por un
incruento golpe militar. La economía también hizo su parte: ese año se frenó
abruptamente el crecimiento y se registró una caída del PBI per capita del 1%.

El General Ongania asumió la presidencia en carácter de mediador entre las dos facciones
irreconciliables en que se dividía la sociedad argentina. Inauguró un período de 4 años de
aparente orden y progreso que se denominó “Pax Ongania”. Pero esa paz fue perturbada
por una asonada pseudo popular en la provincia de Córdoba que estaba organizada por
agitadores profesionales entrenados en Cuba. En efecto, el contexto internacional cobró en
esa época una importancia crucial. Tenía lugar en 1969 un punto álgido de la guerra fría
entre Estados Unidos y la Unión Soviética . Ongania estaba claramente alineado con el
Pentagono. Por otra parte Estados Unidos estaba perdiendo la guerra de Vietnam y
muchos en estas tierras buscaban alinearse con el socialismo extremo a quien sindicaban
como claro triunfador en la gran confrontación final entre los dos grandes sistemas: el
capitalismo por una parte, y el comunismo por la otra. Mientras tanto, las dos facciones
hasta ese momento irreconciliables en que se dividía la sociedad argentina, peronistas
contra gorilas, básicamente Partido Justicialista contra UCR respectivamente, llegaron a un
acuerdo. Sus divergencias solo servían para justificar el gobierno del tercero ecléctico que
era el propio Ongania. Periodistas conocidos como Mariano Grondona, Bernardo
Neustadt y Jacobo Timerman viajaron a Madrid, para conversar con Perón y volvieron
convencidos que el viejo general se había convertido en un gran demócrata y que había
que llamar a elecciones sin proscripciones y poniendo así fin a la mediación ecléctica de
Ongania. El Dr. Ricardo Balbín líder de la fracción más “gorila” del anti-peronismo se
reconcilió con Perón. El general Aramburu mismo se habría entrevistado con Perón en sus
múltiples viajes a Europa para visitar a su hija casada con un diplomático argentino
acreditado en la embajada en París. De todo esto surgió el plan del General Lanusse,
Comandante en Jefe del Ejercito de destituir a Ongania y colocar en su lugar al ahora
conciliatorio Aramburu, para que negocie la salida electoral desde una posición de fuerza
6

con el propio Perón : de General a General. El plan no tuvo en cuenta la confrontación


internacional de la guerra fría. En efecto, el plan llegó a oídos del entonces pequeño
grupúsculo de jóvenes llamado “Montoneros”, alineado con Cuba, la Unión Soviética y la
“patria socialista”, quienes secuestraron al general Aramburu en su propia casa
disfrazándose de oficiales del ejército que venían supuestamente de parte de Lanusse para
llevarlo al Comando en Jefe del Ejercito y desde allí a a la Casa Rosada, como nuevo
Presidente de facto. En lugar de dirigirlo a la asunción del cargo de Presidente, los
montoneros lo llevaron a la muerte. Con este brutal y resonante asesinato, los montoneros
frustraron el Plan Lanusse, pues lo privaron de una personalidad relevante que pudiera
negociar con Perón de igual a igual. Fue así que Lanusse no pudo negociar y tuvo que
entregar sin reservas el poder político al delegado designado por Perón, el dentista Dr.
Héctor J. Cámpora en las elecciones de marzo de 1973. Sorprendentemente, Cámpora se
asoció al Movimiento Montonero a pesar de haber sido siempre un peronista de extracción
conservadora. Esto disgustó a Perón quien inmediatamente lo hizo renunciar. Hubo
entonces nuevas elecciones donde se impuso cómodamente Perón con el 60% de los votos.
Mientras tanto la economía crecía con estabilidad de precios y pleno empleo. Además
Perón ordenó “aniquilar” a los grupos pro Unión Sovietica y pro Cuba que eran el
Movimiento Montonero y al Ejercito Revolucionario del Pueblo. Pero la salud del líder
quebrantada le jugó una mala pasada y falleció en julio de 1974. Asumió su esposa, Isabel
Perón, quien no tenía idoneidad para el cargo. La economía se complicó en 1975. La
inflación mensual de marzo de 1976 llegó al 50%. El PBI per capita cayó el 3.8% en 1976.
La economía en crisis y la falta de legitimidad de ejercicio de la Presidente Isabel
determinaron el golpe de estado del 24 de marzo de 1976.

Desde 1976 a 1983. El contexto internacional y la guerra fría


De hecho, todas las dictaduras latinoamericanas tales como las de Brasil, Chile, Paraguay,
Uruguay y Argentina contaron, al comienzo de los sesentas y setentas, con el apoyo
estadounidense. Eran los tiempos de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión
Soviética. La guerra debía ser fría solamente pues Estados Unidos contaba con 15000
ojivas nucleares montadas sobre cohetes balísticos intercontinentales capaces de destruir
completamente a la Unión Soviética y quizá a la humanidad entera. Pero los soviéticos
contaban a su vez con 12000 ojivas capaces de destruir a los Estados Unidos y también a
todo vestigio de vida en el planeta. Ante la imposibilidad de utilizar el arsenal atómico, la
estrategia soviética era promover guerrillas revolucionarias en Asia, Africa y America
Latina para rodear a Europa Occidental y Estados Unidos para finalmente provocar la
rendición y el colapso del sistema capitalista en todo planeta, el que quedaría bajo la
hegemonía soviética. La estrategia estadounidense, por otra parte, consistía en defenderse
del avance soviético mediante el apoyo de las fuerzas armadas regulares de los países en
desarrollo. Es público y notorio que Estados Unidos estuvo claramente detrás del
derrocamiento por golpes militares de los presidentes Joao Goulart de Brasil y el Dr.
Salvador Allende de Chile, dadas las tendencias pro-soviéticas y pro-cubanas de ambos.
Es claro que para que la estrategia estadounidense tuviera éxito, las dictaduras
latinoamericanas clave debían tener éxito en promover el desarrollo económico, pues de
esta manera podrían contar con el apoyo popular necesario para sostenerse. Así ocurrió
en los casos de Corea del Sur, Taiwan, Persia y otros países del Asia.

Como era previsible las fuerzas armadas argentinas cumplieron al pie de la letra la orden
del general Perón de “aniquilar” a Montoneros y Erpianos. Pero fallaron en lo económico.
Cuando se produjo el golpe militar argentino de 1976, se descontaba que el gobierno
militar iba a tener un éxito extraordinario en lo económico, como Brasil o Corea del Sur,
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países que en esos tiempos que crecían al 9% anual. Para sorpresa de los observadores
imparciales, el gobierno argentino se embarcó en una política del altas tasas de interés y
sobrevaluación cambiaria que generaron una gran deuda externa y un crecimiento
económico nulo. Peor aun, el PBI per cápita desde 1976 a 1983, cayó en un 4.1%.

En el interín, el triunfo del Presidente demócrata James Earl Carter en las elecciones
presidenciales de los Estados Unidos en noviembre de 1976, motivado por la inflación y el
estancamiento de ese país bajo la presidencia del republicano Gerald Ford, trajo un
replanteo y una revisión completa en la estrategia estadounidense contra la Unión
Soviética. En efecto, Carter, un ex oficial de la marina de guerra norteamericana durante
la segunda guerra mundial y luego granjero productor de maníes en el Estado de Georgia,
escuchó los planteos del Dr. Zbigniev Brezinski, un profesor de ciencia política de la
Universidad de Columbia, en NuevaYork. Este académico era hijo de un conde polaco,
embajador en Canadá antes de la segunda guerra mundial. Además estaba casado con la
hija de Eduardo Benes, un ex Presidente de Checoeslovaquia, también con anterioridad a
la segunda guerra. Por sus relaciones familiares, Brezinski tenia un profundo
conocimiento de la situación política detrás de la cortina de hierro. Sabía que los pueblos
bajo la férula soviética estaban tiranizados por estados comunistas que practicaban el
terror como método de dominación. Cualquier expresión de descontento era aplastada sin
piedad por los tanques soviéticos, o por la KGB. Los desaparecidos sumaban millones. Y
Brezinski conocía como nadie de las ansias de democracia, libertad y derechos humanos
de esos pueblos. Sobre estas premisas fue capaz de convencer a Carter de que la estrategia
de Estados Unidos debía descansar en levantar la bandera de los derechos humanos ante
los pueblos detrás de la cortina de hierro para alentar la rebelión masiva de todos ellos
contra las dictaduras represoras comunistas de Europa oriental y de la misma Unión
Soviética. Esta estrategia sin embargo presentaba un inconveniente: Estados Unidos
apoyaba dictaduras de derecha en Asia, Africa y America Latina y no tendría verdadera
autoridad moral para pontificar sobre derechos humanos. Pero Brezinski explicó a Carter
que el conflicto de Estados Unidos con la Unión Soviética era como un partido de ajedrez:
para derribar al Rey adversario había que sacrificar peones. Tal era el papel de algunos
dictadores militares amigos de Estados Unidos.

El departamento de Estado en consecuencia envió mensajes a los dictadores amigos de


Estados Unidos en el sentido de que en la lucha contra la guerrilla pro-comunista debían
respetarse estrictamente los derechos humanos: de lo contrario Estados Unidos les
retiraría su apoyo. Sendos mensajes llegaron a Videla de Argentina, Geisel de Brasil,
Pinochet de Chile, el Sha del Irán, etc. etc. Incidentalmente, debe anotarse que la devoción
norteamericana por los derechos humanos aparece como mas bien instrumental y
pragmática, porque es bien sabido que cuando se trata de defender los intereses vitales de
los Estados Unidos, el Attorney General dictaminó que el Presidente puede autorizar la
tortura. Y la circunstancia de que el país no haya adherido al tratado que crea el Tribunal
Penal Internacional, parece ratificar esta observación.

Mientras tanto, el sorprendente fracaso económico del gobierno militar argentino generó
la repulsa popular en 1981 y1982. Para volver a ganar el apoyo popular, el General
Galtieri se embarcó en la riesgosa guerra de Malvinas contra Inglaterra, que antagonizó
contra nuestro país también a los Estados Unidos. En esos tiempos el gran país del norte
estaba presidido por el republicano Ronald Reagan ante el fracaso del demócrata Carter en
frenar la inflación de aquel país. Al comienzo Galtieri pudo llenar la Plaza de Mayo de
bote a vote como en los mejores tiempos de Perón. Pero ante la derrota final frente a la
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fuerzas del atlántico norte, el gobierno tuvo que llamar a elecciones de apuro debido a la
ingobernabilidad que traía el descrédito popular. En las elecciones de 1983 se impuso el
candidato mas anti-militar, el Dr. Raúl Alfonsín quien enjuició a las Juntas, no por la
desastrosa derrota de Malvinas o la mala gestión económica, sino en realidad por los
excesos en su guerra y victoria sobre al terrorismo pro-soviético. Mirado desde la
perspectiva de la alta política internacional y la política económica, los juicios contra las
Juntas y contra miles de oficiales de las fuerzas armadas argentinas que observamos hoy
día serían un castigo y una venganza demorada por haber perdido una guerra contra las
grandes potencias, o no haber sabido promover el desarrollo de la economía: si se hubiese
ganado en Malvinas, o si la economía hubiese crecido al 8% anual desde 1976 hasta 1983,
los juicios no habrían tenido lugar.

Desde 1983 hasta el 2001. El contexto internacional y el derrumbe del comunismo


Como dijimos antes, el triunfo electoral del candidato más anti-militar en 1983, el Dr. Raúl
Alfonsín, puede explicarse por el mal estado de la economía con una caída del 4.1% en el
PBI per cápita desde 1976 hasta 1983 y por la derrota militar de Malvinas. Y su vez el Dr.
Alfonsín fracasó en el manejo de la economía: durante su gestión el PBI per cápita cayó en
un 20% y en 1989 la inflación llegó al 4982%. El desastre económico radical determinó el
triunfo en las elecciones del 14 de mayo de 1989 del opositor Dr. Carlos Menem. Además,
en ese año el PBI por capita cayó en un 8.3%. También se produjo por ese entonces el
estrepitoso derrumbe del sistema soviético con la caída del muro de Berlín. Después de 44
años de competencia entre el sistema económico capitalista y el comunista, los ciudadanos
de último este bloque tenían niveles de vida que no llegaban ni a la cuarta parte del que
alcanzaron los principales países capitalistas de Europa Occidental, Norte America,
Australia y Japón. Ni podían ejercer los mas elementales derechos humanos. Los
desaparecidos del bloque soviético sumaron millones. Ni tampoco podían alcanzar el
vertiginoso ritmo de crecimiento de los países llamados “tigres del Asia” como Corea del
Sur, Malasia, Singapur y muchos otros sometidos a la esfera de influencia del capitalismo.

La caída del sistema soviético produjo una euforia injustificada en muchos observadores
superficiales acerca de las bondades del sistema capitalista. Se cayó así en la exageración
de una versión del capitalismo antidiluviana y decimonónica de patrón oro, o patrón
dólar. Ese fue el caso del mismo presidente Menem y sus ministros, particularmente el Dr.
Domingo Cavallo quienes lanzaron además un programa de privatizaciones irresticto,
bajo la gran recomendación de Milton Friedman a los países pobres para hacerse ricos:
privatizar, privatizar y privatizar. Dolarizar y privatizar eran las principales recetas vigentes
en esos tiempos para alcanzar el desarrollo económico. El régimen de la convertibilidad
con privatizaciones tuvo un éxito espectacular inicial en frenar la inflación, la cual llegó a
ser casi del cero por ciento. Por momentos el Presidente Menem se cubrió de gloria con su
victoria anti-inflacionaria y ello le permitió reformar la Constitución en 1994 para forzar su
reelección. Pero el tipo de cambio fijo y sobrevaluado de patrón dólar unido a déficits
fiscales financiados con deuda externa determinaron un gran desempleo y un enorme
endeudamiento externo. Advertido con anterioridad, ya en 1999, del próximo estallido de
la bomba de tiempo económica creada por él mismo con la ayuda técnica de su ministro
Domingo Cavallo, y ante la caída del PBI per capita del 4% de 1999, Menem transfirió el
gobierno al partido opositor, la UCR encabezada en este caso por el Dr. Fernando de la
Rúa. Este no advirtió que recibía una bomba empaquetada en el uno a uno de la
convertibilidad. El PBI per capita cayó un 18% entre 1999 y el 2001. La desocupación y
sub-ocupación sumadas llegaron al 40% de la fuerza de trabajo. La cesación de pagos
internacional del país y la imposibilidad de devolver los depósitos bancarios en dólares
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alentados por el mismo sistema de la convertibilidad motivaron un fuerte rechazo hacia el


Presidente de La Rua, quien tuvo que renunciar ante la amenaza de un juicio político por
mal desempeño el 20 de diciembre de 2001.

Desde 2002 hasta el 2011. El contexto internacional


A comienzos del 2002 asumió como presidente designado por el Congreso el Dr. Eduardo
Duhalde, quien tras algunos tropiezos iniciales, logró estabilizar y encausar la economía
sobre la base de dos pilares: primero sobre un tipo de cambio competitivo que generaba
un considerable superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y segundo sobre
un considerable superávit fiscal que servía para comprar con recursos genuinos el
excedente de emisión monetaria que generaba el superávit externo. Así fue que la
economía creció al 9% en el 2003, año en que se realizaron elecciones presidenciales, y
donde el oficialismo representado por el Dr. Néstor Kirchner logró imponerse a duras
penas cabalgando sobre el éxito económico de Duhalde y su ministro de economía, el Dr.
Roberto Lavagna. Durante varios años Kirchner mantuvo vigentes los dos pilares
heredados y la economía respondió con un crecimiento promedio del 8% anual que,
tomando como punto de partida la debacle del 2001, representó un crecimiento
acumulado del 50% hacia el 2007. Gracias a ese crecimiento, también ayudado por el alto
precio de la soja y otras materias primas de exportación en los mercados internacionales, el
Presidente Kirchner pudo imponer a su esposa, Cristina Fernández, como Presidente en
las elecciones presidenciales de 2007. En el 2009, sin embargo, el PBI per cápita argentino
cayó en un 5%, sin duda como consecuencia de la crisis económica internacional de ese
año, y el kirchnerismo perdió las elecciones de medio término de diputados nacionales.
En los años 2010 y 2011 el crecimiento económico pudo reanudarse y gracias a esa
reanudación, la Presidente Cristina Fernández fue capaz de obtener su reelección con el
54% de los votos. Lamentablemente hacia fines del 2011 los dos pilares genuinos del
crecimiento, el superávit externo y el superávit fiscal se han esfumado. La manía de
conceder aumentos de salarios nominales por encima del crecimiento de la productividad
manteniendo el tipo de cambio nominal casi fijo o semi-fijo, ha erosionado el tipo de
cambio real arruinando la competitividad de la economía. Y por otra parte la manía del
clientelismo de los nombramientos de favor en el Estado y el subsidio a las tarifas de
servicios públicos han generado un creciente déficit fiscal. No se sabe a ciencia cierta si el
gobierno de la Presidenta Cristina Fernández es consciente del derrumbe de estos pilares
del crecimiento y de que solo le queda el precio alto de la soja como sostén. O si por el
contrario, cree que el crecimiento se produjo meramente sobre la magia de la personalidad
constructora de poder político de su marido fallecido, o por la del modelo de matriz
económica diversificada con inclusión social y por sus propias e indiscutibles condiciones de
gran oradora y de su histrionismo reconocido. En estos últimos casos, la economía le
puede traer sorpresas desagradables desde el punto de vista electoral, según enseña la
experiencia histórica que hemos registrado a lo largo de este ensayo.

El crecimiento sostenido como base del éxito político. Remisión y preguntas


La incidencia que el éxito de la economía tiene en las elecciones y en la historia política de
los países es una comprobación universal. No es una característica de la historia
económica y política argentina solamente. En el encabezamiento citamos un estudio
econométrico para los Estados Unidos que efectúa esta comprobación estadística para el
gran país del norte. Reiteramos también que una mera caída del PBI per capita en un año
de ninguna manera basta para tumbar a un gobierno. Además del ya citado contexto
internacional influyen la legitimidad de origen, la legitimidad de ejercicio y si hubo un
pronunciamiento negativo de las urnas en ese año. La gran pregunta que surge de nuestro
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análisis es ¿Cuáles son las políticas y estrategias económicas que llevan a un crecimiento
sostenido? La respuesta la damos en el capítulo anterior 59 titulado “El Modelo en Serio.
Los Secretos del Desarrollo” y a lo largo de todas las páginas de este libro. Además, una
pregunta y observación adicional se impone: si la inmensa mayoría de los políticos en
nuestro país son abogados, ¿No correspondería acaso profundizar considerablemente los
estudios de macroeconomía en las Facultades de Derecho del país, siguiendo el modelo de
prestigiosos juristas que fueron también los grandes economistas de su tiempo, como
Dalmacio Vélez Sarsfield, Juan Bautista Alberdi, o Carlos Pellegrini, para citar solamente
tres?

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