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Cambios Fisiológicos en la Vejez

Este documento describe los cambios fisiológicos y anatómicos relacionados con el envejecimiento y cómo afectan la funcionalidad de las personas mayores. Explica cómo se mide la funcionalidad y los factores que deben considerarse para evaluar a los adultos mayores, como las enfermedades crónicas, los cambios físicos y cognitivos, y la necesidad de un enfoque interdisciplinario. También detalla los principales cambios físicos relacionados con el envejecimiento en la piel, sentidos, sistema cardiovascular y mú
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Cambios Fisiológicos en la Vejez

Este documento describe los cambios fisiológicos y anatómicos relacionados con el envejecimiento y cómo afectan la funcionalidad de las personas mayores. Explica cómo se mide la funcionalidad y los factores que deben considerarse para evaluar a los adultos mayores, como las enfermedades crónicas, los cambios físicos y cognitivos, y la necesidad de un enfoque interdisciplinario. También detalla los principales cambios físicos relacionados con el envejecimiento en la piel, sentidos, sistema cardiovascular y mú
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Cambios fisiológicos y anatómicos en el envejecimiento.

1. ¿Qué es la funcionalidad en el anciano?


Es la capacidad del sujeto para realizar actividades de la vida diaria: al ejecutar las acciones que
componen nuestro quehacer diario de manera autónoma y en la forma deseada a nivel
individual y social. El deterioro funcional es predictor de mala evolución clínica y de
mortalidad en pacientes mayores, independientemente de su diagnóstico. (Maria Trigas-Ferrin,
2011). La funcionalidad en el adulto mayor debe considerarse como un eje principal en los
programas de fortalecimiento al envejecimiento activo; ante el incremento de este grupo
poblacional, las enfermedades como factor que limita la capacidad física, mental y social
requieren acciones de control que disminuyan la dependencia que contribuye a un deterioro
mayor.

2. ¿Cómo se mide la funcionalidad en el adulto mayor?


Mediante observación directa con escalas de valoración. Las más utilizadas son Índice de Katz
(IK), Índice de Barthel (IB) y la Escala Funcional de la Cruz Roja (EFCR). Las actividades
instrumentales de la vida diaria (AIVD) miden aquellas funciones que permiten que una
persona pueda ser independiente dentro de la comunidad en cuanto a la capacidad para hacer
compras, comida, limpieza doméstica, manejo de las finanzas, etc., se encargan de la valoración
de actividades que permiten la relación con el entorno. (Maria Trigas-Ferrin, 2011).

La escala de valoración de la autonomía funcional (EVA) mide la autonomía funcional para el


autocuidado del adulto mayor. Proporciona una evaluación semi-cuantitativa en escala ordinal
de las incapacidades y se hace en 12 aspectos diferentes que se consideran necesidades
funcionales básicas y se agrupan bajo 8 ítems:

1. Nutrición (alimentación, hidratación).


2. Cumplimiento (uso de medicamentos).
3. Sintomatología (síntomas).
4. Actividad-descanso (tareas domésticas, desplazamiento, deambulación, descanso,
sueño).
5. Higiene (aseo-higiene).
6. Eliminación (eliminación intestinal, eliminación vesical).
7. Ocio-tiempo libre (ocupación del tiempo libre).
8. Uso de recursos (uso de los recursos).

Cada necesidad funcional tiene 4 niveles de intervención:

0. Autonomía completa.
1. Estímulo/supervisión.
2. Ayuda.
3. Dependencia total/suplencia.

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3. ¿Cómo influyen los cambios físicos en la forma en la que el adulto mayor se desarrolla
en su entorno?
Los ancianos presentan problemas de salud diferentes y a veces más complejos que el resto
de la población, como múltiples enfermedades que requieren polimedicación para su manejo,
por lo que hay mayor probabilidad en la prescripción de un fármaco de alto riesgo. El
diagnóstico puede ser complicado, lo que genera demoras, inadvertencia o generación de
diagnósticos equivocados. La detección temprana de los problemas permite la intervención
precoz que puede evitar el deterioro y mejorar la calidad de vida, esto permite las
intervenciones pequeñas y de bajo costo como los cambios en el estilo de vida. Algunos
adultos mayores, particularmente los débiles y los que tienen enfermedades crónicas, son
evaluados mejor usando un abordaje geriátrico completo, que incluye un examen de la
función y la calidad de vida así como la evaluación de los cambios físicos presentes, esto es
mejor efectuado si se realiza por un equipo interdisciplinario.

El abordaje al anciano durante la entrevista suele requerir más tiempo, en parte porque tienen
características que interfieren sobre la evaluación. Deben considerarse los siguientes
elementos:

 Deficiencias sensitivas: si el paciente usa prótesis dentales, lentes o audífonos en


condiciones normales, debe usarlos para facilitar la comunicación durante la entrevista.

 Subinforme de los síntomas: los pacientes ancianos pueden no informar síntomas que


consideran parte de su envejecimiento normal como disnea, deficiencias auditivas o
visuales, problemas de memoria, incontinencia, trastornos de la marcha, estreñimiento,
mareos, caídas. Ningún síntoma debe atribuirse al envejecimiento normal salvo que se
realice una evaluación minuciosa y se excluyan otras posibles causas.

 Manifestaciones no habituales de un trastorno: Búsqueda intencionada de síntomas


inespecíficos en la enfermedad, relacionados con cansancio, confusión, pérdida de peso.

 Deterioro funcional como única manifestación: Las enfermedades pueden


manifestarse sólo con deterioro funcional. Por ello, en conveniente indagar sobre los
cambios en las actividades: la duración del deterioro funcional proporciona información
útil sobre el impacto en las actividades diarias y el nivel de independencia. Identificar
cuando se comienza a experimentar disminución o dificultades para realizar
las actividades básicas de la vida cotidiana (ABVC) o bien las actividades

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instrumentales de la vida cotidiana (AIVC) ayuda a restablecer la función o a prevenir
un deterioro adicional.

 Pérdida parcial de memoria: Se manifiesta en la dificultad para recordar antecedentes


de enfermedades, hospitalizaciones, operaciones y consumo de fármacos, es
conveniente corroborar u obtener estos datos de otras fuentes como miembros de la
familia, registro de salud ambulatoria o historia clínica.

 Miedo: los ancianos pueden mostrarse reticentes a informar síntomas porque temen la


hospitalización, que pueden asociar con la muerte.

 Trastornos y problemas relacionados con la edad: la depresión es frecuente en


adultos mayores vulnerables y enfermos, las pérdidas acumulativas asociadas con la
vejez y las molestias ocasionadas por la enfermedad pueden determinar que los ancianos
sean menos aptos para proporcionar información relacionada con la salud. Los pacientes
con afectación cognitiva pueden hallar dificultades para describir sus problemas, lo que
impediría la evaluación médica.

En relación al deterioro físico presente, en el abordaje al adulto mayor es necesario


considerar las medidas destinadas a:

Prevenir accidentes. Los cambios físicos y cognitivos de las personas mayores aumentan los
riesgos. Los lugares ordenados permiten que las personas mayores se desplacen mucho mejor
por el espacio físico y ayudan a evitar accidentes.

Aumentar la calidad de vida de las personas. La intimidad, comodidad o tranquilidad son


factores que influyen de manera positiva en el estado emocional de las personas mayores.

Optimizar el aprovechamiento de las habilidades funcionales de la persona. Un entorno


adaptado ayuda a ejercitar algunas habilidades funcionales de las personas que presentan
deterioro cognitivo.

Evitar comportamientos problemáticos. Un entorno conocido o familiar permite que la


persona no se sienta desorientada, confusa o preocupada.

Un ambiente agradable favorece la autonomía de la persona mayor y, en consecuencia, ejerce


una menor demanda hacia el cuidador. Además, propicia el bienestar físico y psicológico de la
persona. (INAPAM, 2020)

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4. ¿Cómo repercuten los cambios físicos en la vejez en la funcionalidad del adulto
mayor?
La disminución de la reserva homeostática es una de las mayores características del
envejecimiento. De acuerdo con el punto de vista biológico los cambios se engloban desde tres
perspectivas: molecular, celular y sistémica, las cuales pueden traducirse en pérdida celular,
declinación fisiológica y pérdida de la vida.

Cada órgano o sistema envejece de manera particular y heterogénea. En resumen, los


principales cambios físicos del envejecimiento son:

Piel y anexos:

En la piel se observa disminución de su grosor y elasticidad que contribuye a dar un aspecto


arrugado y flácido a la piel de la cara, el cuello y los brazos. El cabello de los ancianos es gris o
blanco debido a una reducción del número de melanocitos funcionales y a la sustitución del
pelo pigmentado por otro no pigmentado. El número de papilas gustativas de la lengua
disminuye, lo que da lugar a hipogeusia o pérdida de la capacidad de degustar que se observa
después de los 70 años. También disminuye la función salival, lo que puede dar lugar a una
excesiva sequedad de la mucosa bucal. En la visión se observa disminución de la agudeza
visual que produce disminución de la capacidad para leer y discriminar los colores y atrofia de
las glándulas lagrimales lo que produce ojos secos. El envejecimiento produce pérdida gradual
de la audición bilateral que aparece frecuentemente entre los 50 y los 60 años.

Sistema cardiovascular:

En cuanto a los cambios específicos en el sistema cardiovascular, resalta la hipertrofia


miocárdica, un aumento del tamaño de las células musculares del miocardio y también las
válvulas cardíacas que se hacen rígidas debido a fibrosis y calcificación. La función de los
riñones en una persona de 85 años es tan sólo de aproximadamente el 50% de la de una persona
de 30 años. Cambios en la vida sexual relacionados con menor irrigación de órganos sexuales,
lo que repercute en lubricación, erección y tiempo de respuesta sexual.

Sistema músculo esquelético:

En el sistema musculoesquelético se ha observado que en el anciano el hueso se endurece, se


debilita y se hace más quebradizo. La pérdida de estatura media es de 1 a 2 cm cada dos
décadas, este cambio es debido a diversos procesos que producen el acortamiento de la
columna vertebral. Cuando el anciano entra en la década de los 80 y 90 años, se observa una
disminución más rápida en la altura vertebral debido al hundimiento osteoporótico de las
vértebras, el resultado es un acortamiento del tronco.

A los 75 años, la mayoría de las personas pierden la mitad de la masa muscular esquelética que
tenían a los 30 años, este proceso se conoce como sarcopenia. La fuerza muscular disminuye

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lentamente, aunque a partir de los 50 años de edad se aprecia a menudo una disminución de la
resistencia física. El cartílago hialino que recubre las articulaciones se erosiona y desgarra con
la edad avanzada, lo que permite que los huesos entren en contacto entre sí, esto da lugar a
malestar y retardo en el movimiento de la articulación.

Sistema endócrino:

Dos problemas endocrinológicos de máxima importancia para el cuidado de la población


anciana son la Diabetes Mellitus y la Enfermedad Tiroidea. La Enfermedad Tiroidea es
frecuente, muchas veces sin diagnóstico y puede tratarse fácilmente en personas de todas las
edades. Su diagnóstico precoz evita la incapacidad y pérdida de función innecesarias.

La Diabetes Mellitus es una enfermedad crónica que se caracteriza por unos niveles de
glucemia elevados debidos a alteraciones de la producción, la acción, o ambas de la insulina.
La regulación de los niveles de glucemia puede minimizar las complicaciones vasculares y
neurológicas que se producen con frecuencia.

Sistema nervioso central:

En cuanto al sistema nervioso central se ha observado que el peso cerebral disminuye, pero esta
disminución parece selectiva, hay una mayor pérdida cortical y subcortical, el flujo sanguíneo
cerebral declina entre 15 y 20%, de manera proporcional. Se aprecia mayor pérdida en la
corteza, cerebelo e hipocampo. A nivel histológico se ve una disminución de interconexiones
dendríticas, con un aumento de la glía, deterioro en el número de dendritas totales y aparición
de lesiones neurofibrilares. A nivel bioquímico se aprecia una disminución en la producción de
neurotransmisores, lo cual se traduce clínicamente en una disminución en la capacidad de
memorización y menor atención y concentración, sin embargo los requerimientos cognitivos de
la vida independiente se mantienen intactos en ausencia de enfermedad.

Todos estos cambios repercuten en la adaptación al entorno, la disminución de la funcionalidad


e independencia, lo que lleva a una baja autoestima y con ello problemas de depresión al sentir
que han perdido su papel y estatus en la familia y utilidad dentro de la comunidad.

5. ¿Qué consecuencias sociales tienen los cambios anatómicos y funcionales del adulto
mayor en su entorno social?
Conforme las personas envejecen, tienden a pasar menos tiempo con otros. Si la persona es
jubilada o laboralmente inactiva, se tendrá menor contactos social que quienes continúan
trabajando. Para algunos adultos mayores, las enfermedades hacen más difícil salir y ver a otras
personas. Los estudios también muestran que los ancianos con frecuencia pasan por alto
oportunidades para aumentar el contacto social y es más probable que, a diferencia de los
adultos más jóvenes, se sientan satisfechos con redes sociales más pequeñas.

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El contacto social que los ancianos mantienen es importante para su bienestar. A pesar de que
el tamaño de la red social y la frecuencia de los contactos se reducen, la calidad del apoyo
social evidentemente no lo hace. Gran parte de la vida de los ancianos está enriquecida por la
presencia de amistades de mucho tiempo y miembros de la familia, las relaciones personales
continúan siendo relevantes, quizás incluso más que antes.

Las relaciones con los miembros de la familia continúan siendo importantes a una edad muy
avanzada. Entre estas relaciones se encuentran los lazos con la familia en la que uno crece (con
padres, hermanos y hermanas) y con las nuevas familias que los hijos construyen cuando son
mayores. El lazo entre los hijos en la adultez media y sus padres ancianos es fuerte, se nutre de
los vínculos más tempranos y continúa a lo largo del resto de sus vidas. El equilibrio de la
ayuda mutua que fluye entre los padres y sus hijos adultos tiende a cambiar conforme los
padres envejecen, cuando los hijos proporcionan una mayor cantidad de apoyo.

Si los ancianos enferman o son frágiles, sus hijos pueden enfrentarse con el manejo de la vida
de sus padres. Es probable que lo ancianos se depriman si necesitan ayuda de sus hijos, la
posibilidad de ser dependiente puede resultar desmoralizadora porque en lo general, el adulto
mayor en su rol de padre no desea ser una carga o agotar los recursos de sus hijos. Aunque los
padres también pueden deprimirse si temen que sus hijos no los cuidarán.

De acuerdo a Havighurst (Citado por Izquierdo, 2006), la tarea general en la vejez será la
adaptación a un cuerpo que se deteriora, y las pérdidas, por ejemplo, de la pareja que deben
compensarse con mejores contactos sociales con los propios hijos y otros familiares o amigos.
Otra adaptación esencial, se refiere a la jubilación y su consecuente descenso de recursos
económicos. Los procesos que pueden iniciarse para alcanzar éxito en estas tareas pueden ser la
ampliación de las actividades de ocio o el ajuste de las disposiciones financieras. Todo ello
debe acompañarse de una gran flexibilidad en los cambios de roles a desempeñar. Esto se
consigue, con frecuencia, potenciando los roles familiares, por ejemplo, el rol de abuelos.

Peck (Citado por Izquierdo, 2006), propone cuatro problemas o conflictos presentes en esta
etapa y abordados como retos propios de la vejez:

1. Aprecio de la sabiduría frente al aprecio de la fuerza física. A medida que empiezan a


deteriorarse la resistencia y la salud, las personas deben canalizar gran parte de su
energía de las actividades físicas hacia las mentales.
2. Socialización frente a sexualización en las relaciones humanas. Es otro ajuste impuesto
por las restricciones sociales y por los cambios biológicos. Los cambios físicos pueden
obligar a redefinir las relaciones con miembros de ambos sexos, a dar prioridad a la
camaradería sobre la intimidad sexual o la competitividad.
3. Flexibilidad emotiva frente a empobrecimiento emotivo. La flexibilidad emotiva es el
origen de varios ajustes que se hacen en la madurez, cuando las familias se separan,
cuando los amigos se marchan y los antiguos intereses dejan de ser el centro de la vida.
4. Flexibilidad frente a rigidez mental. El individuo debe luchar contra la tendencia a
obstinarse en sus hábitos o a desconfiar demasiado de las nuevas ideas. La rigidez

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mental es la tendencia a dejarse dominar por las experiencias y los juicios anteriores, a
decidir, por ejemplo, que "Toda mi vida he rechazado la política, de modo que no veo
por qué deba cambiar de opinión ahora"

De igual manera, nos fija tres tareas principales para el envejecimiento:

1) Transcendencia corporal frente a preocupación por el cuerpo. Teniendo en cuenta el


más que previsible riesgo de enfermar a esta edad y la disminución del rendimiento
físico, es obligado "transcender" los problemas físico-corporales, es decir, centrar las
metas vitales en el rendimiento mental y espiritual, y en las relaciones sociales.
2) Diferenciación del ego frente a preocupación por el trabajo. Al llegar la jubilación y
abandono del puesto de trabajo, la persona mayor debe valorarse a sí misma, a través de
actividades independientes de su anterior vida laboral y de las características positivas
adquiridas en su personalidad.
3) Transcendencia del ego frente a preocupación por el ego. El temor a la propia muerte
debe verse sobreseído por las aportaciones personales a cualquier nivel: aportaciones
por medio de los hijos y del legado material o cultural para las futuras generaciones.

El problema fundamental que se encara en la vejez es el de la generatividad frente al


estancamiento (Erickson, Citado por Izquierdo, 2006).

Respecto a la generatividad, se afirma que operamos dentro del dominio procreativo,


consistente en dar y en responder a las necesidades de la siguiente generación. El dominio
productivo enfocado en integrar el trabajo a la vida familiar y cuidar a la siguiente generación,
y el dominio creativo que busca hacer aportaciones a la sociedad en gran escala.

La alternativa a estos tres dominios es el estancamiento, aislamiento y tedio. En algunos


ancianos, no hay la percepción positiva por ayudar a la siguiente generación y tienen
sentimientos recurrentes de llevar una vida insatisfactoria. Por ello, personalmente creen que
alcanzan pocos logros o rebajan los que han obtenido. En la última etapa de la vida, con la
octava crisis de integridad del yo frente a desesperación, la contradicción se expresa entre el
deseo de envejecer satisfactoriamente y la ansiedad que producen los pensamientos de pérdida
de autonomía y muerte.

Durante este período se analizan los estadios anteriores, metas, objetivos fijados, alcanzados y
no logrados, etc. El individuo entra así en un proceso filosófico orientado hacia la
espiritualidad, las relaciones sociales y la búsqueda de la satisfacción y la sabiduría, que, de
acuerdo a Erikson, muy pocos individuos llegan a experimentar del todo.

6. ¿Cómo cambia la nutrición en la vejez?


El adulto mayor tiende a comer menos que el adulto. Sin embargo, debe continuar
consumiendo una alimentación equilibrada y variada, ya que se disminuye el consumo de
nutrientes como proteína, tiamina, vitamina C, calcio, hierro y folatos, entre otros, lo que puede

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conducir a deficiencias; ya sea de forma manifiesta u oculta. La alimentación en el adulto
mayor debe cubrir sus necesidades nutricionales para evitar deficiencias, mantener el adecuado
peso corporal, retardar la ocurrencia o progresión de enfermedades relacionadas con nutrición y
evitar la ingesta excesiva de algunos nutrientes.

Las necesidades de energía disminuyen en relación a la etapa adulta alrededor de un 20% y son
variables dependiendo de la actividad física que realicen; unos se hacen cada vez más
sedentarios tendiendo a padecer de sobrepeso o enfermedades crónicas y otros mantienen una
actividad física adecuada y practican ejercicio. La ingesta energética debe ser acorde al gasto
energético.

El desgaste del organismo que se produce con el paso del tiempo implica que en la vejez sea
frecuente la aparición de ciertos cambios fisiológicos que, junto a algunos factores
psicosociales, pueden condicionar de forma negativa el acto de nutrirse. Los cambios
fisiológicos que más afectan son los siguientes:

 Disminución gradual de la cantidad y calidad de las secreciones digestivas (debida al


declive de la función secretora de algunas de las glándulas implicadas en la digestión
 Atrofia la mucosa intestinal, conduce a una peor
 Estreñimiento, motivado principalmente por la disminución de la motilidad intestinal,
ejercicio físico, cantidad insuficiente de fibra
 Por un lado, los ancianos perciben aromas y sabores de forma diferente porque sus
papilas gustativas cambian.
 La pérdida de piezas dentales y producción disminuida de saliva

Recomendaciones nutricionales para las personas mayores: La dieta en la tercera edad debe
ser variada, equilibrada, completa y suficiente. Es recomendable que la comida sea agradable al
paladar y que se distribuya en 5 o 6 tomas durante todo el día, fundamentalmente en quienes
muestran inapetencia. El requerimiento energético para varones mayores de 60 años se
encuentra alrededor de las 2.400 kcal y en mujeres de 2.000 kcal.

Hidratos de carbono: Cereales, legumbres, hortalizas y verduras.

Proteínas: Se aconseja que las proteínas de la dieta sean de alto valor biológico para asegurar
el aporte de todos los aminoácidos esenciales (carnes y pescados, huevos y lácteos) y de origen
vegetal (legumbres y frutos secos).

Grasas: Se recomienda limitar la ingesta de ácidos grasos saturados (y trans) y aumentar la de


los ácidos grasos insaturados, sobre todo, la de los poliinsaturados de la familia omega-3, para
evitar posibles déficits.

Vitaminas: Las personas de edad avanzada son más vulnerables a presentar deficiencias
vitamínicas, bien por la ingesta insuficiente a través de la dieta, por la disminución de los

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depósitos corporales o por el hecho de que los cambios funcionales que acontecen en el sistema
digestivo limitan su absorción. Además, la administración de ciertos fármacos, el consumo de
bebidas alcohólicas y el tabaco puede incrementar el déficit de algunas vitaminas. Las carencias
vitamínicas más frecuentes que se han observado en este colectivo son la de vitamina C, las del
grupo B y la vitamina D. Aunque los requerimientos de vitaminas son iguales que en la
población adulta, puede ser necesario un incremento de vitamina D, vitamina B 12, B6 y ácido
fólico.

Minerales: Respecto a los minerales, las recomendaciones son también semejantes a las de la
población adulta, aunque hay que prestar especial atención a algunos macronutrientes como el
calcio, el hierro y el zinc porque su déficit es muy frecuente en este grupo de población.

Hidratación: fundamental en todas las edades, pero en la tercera edad se producen algunos


cambios fisiológicos que conducen a que exista un mayor riesgo de deshidratación.

Fibra: El papel de la fibra es fundamental para ayudar a contrarrestar esta situación. (Luengo,
Noviembre 2014)

7. ¿Cómo repercuten los cambios físicos en la nutrición del adulto mayor?


Los efectos no modificables del envejecimiento pueden ser menos graves, y en muchas
personas puede lograrse una vejez más fuerte y saludable. En la actualidad, las personas  > 65
años se encuentran en mejores condiciones de salud que sus ancestros y conservan este estado
durante más tiempo. El envejecimiento se produce por una serie de cambios morfológicos,
fisiológicos y psicológicos, así como cambios de situación y actitudes. Una buena nutrición
para el adulto mayor implica dirigir la atención hacia las necesidades específicas de cada
individuo. Sin embargo, el estado de salud y desgaste físico en general, condiciona su estado
nutricio.

Los cambios que más influyen en un deterioro en la nutrición del adulto mayor se enfocan en el
sistema digestivo. En primera instancia disminuye el olfato por atrofia de los receptores
olfatorio y el gusto, existe una menor potencia masticadora, presencia de atrofia de las pailas
gustativas, pérdida de piezas dentarias, boca seca con dificultad para la masticación, formación
del bolo y deglución. Hay una pérdida del tono del esfínter esofágico superior, retraso en la
relajación tras la deglución e incremento en la presión de contracción faríngea. A nivel gástrico
se presenta una alteración del medio ácido, aumenta el tiempo de vaciamiento para líquidos. En
el intestino delgado se presenta una disminución de la absorción de calcio, disminuye la
concentración de receptores para vitamina D; la motilidad gastrointestinal presenta un retraso
del tránsito intestinal, lo que da pie a presentar estreñimiento. En los siguientes párrafos , se
enlistan y describen de manera general los cambios fisiológicos que influyen en el estado
nutricional: 

Boca (salud oral): Disminuyen el olfato y el gusto. Disminución del flujo de saliva que origina
sequedad en la boca. La caries dental y enfermedad de las encías concluyen en pérdida de los
dientes y uso de prótesis dentales, lo que disminuye la eficiencia de la masticación.

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Función Gastrointestinal: Disminución de lactasa, originando intolerancia a la leche.
Disminución del jugo gástrico, provocando menor absorción de nutrimentos. Estreñimiento por
consumo insuficiente de energía, líquidos y fibra así como por la falta de ejercicio o
inactividad. En el esófago se presenta menor tono del esfínter esofágico superior. Además
retraso de la relajación tras deglución e incrementos en la presión de contracción faríngea. El
estómago puede no presentar atrofia gástrica fisiológica con secreción gástrica normal, pero
puede haber alteración del medio ácido. También aumenta el tiempo de vaciamiento para
líquidos, no para sólidos. El Intestino delgado tiene cambios relacionados con la disminución
en absorción de calcio y concentración de receptores para Vitamina D. En cuanto a la motilidad
gastrointestinal, hay retraso del tránsito intestinal.

Funciones metabólicas: Aumento de los niveles normales de glucosa en sangre, cambios en la


composición corporal como disminución de la estatura, de la masa corporal, la densidad ósea,
aumento y redistribución de la masa corporal.

Función Renal: Menor capacidad de respuesta a cambios en el estado de hidratación,


Disminución de la capacidad para manejar los productos de deshecho de las proteínas y
electrolitos. Disminución en la capacidad de concentración urinaria. Requiere mayor cantidad
de agua para evitar uremia.

Función cardiovascular: Disminuye la elasticidad de venas y arterias provocando mayor


riesgo de hipertensión arterial. Elevación de la concentración de colesterol en la sangre como
factor de riesgo para el desarrollo de ateroesclerosis.

Función Respiratoria: Disminución de la capacidad respiratoria, con limitación de actividades


con disminución del gasto calórico.

Función neurológica y Sistema Nervioso: Relación de déficit de vitaminas con


manifestaciones neurológicas. Se presentan estados de confusión que obedecen a múltiples
causas, entre ellas, la disminución de precursores de los neurotransmisores cerebrales que se
relacionan con la dieta y obtención de aminoácidos.

Órganos Sensoriales: En estas edades se presenta deterioro de la visión y la audición. También


hay atrofia de receptores olfatorios e interferencia de relaciones sociales durante la ingesta.

Capacidad inmunitaria: Disminuye con la edad, resultando en menor capacidad para combatir
las infecciones, provocando un aumento de sus necesidades nutricionales.

Los cambios psicológicos que influyen el estado nutricional se relacionan más con los patrones
de conducta y hábitos alimentarios, las situaciones que pueden alterar estas costumbres
incluyen la enfermedad, viudez, hospitalización larga, hábitos alimentarios rígidos, desinterés,
enfermedad del cónyuge o cuidador, alejamiento de la familia, pérdida del poder adquisitivo,
incapacidad física, entre otros. (Astoviza, 2009).

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8. ¿Qué factores influyen para provocar la malnutrición en el adulto mayor?
En la etapa del envejecimiento nos encontramos con un declive de las funciones del organismo
en el cual se presentan deficiencias funcionales las cueles son el producto de cambios
biológicos, psicológicos y sociales los cuales siempre estarán condicionados por aspectos
genéticos, estilos de vida y factores ambientales. Todos estos cambios que el adulto mayor
enfrenta, pueden verse alterados por los patrones de alimentación y el estado nutricional; todo
habito nutricional inadecuado se convertirá en un factor de riesgo para la morbilidad y
mortalidad; con lo que se verán una mayor susceptibilidad a padecer infecciones y
enfermedades crónicas propias del envejecimiento.

Los cambios que se presentan en la alimentación y estado nutricional del adulto mayor (Bolet-
Suárez 2009) son los siguientes:

• Factores físicos: problemas de masticación, salivación y deglución, discapacidad y


minusvalía, deterioro sensorial, hipofunción digestiva.
• Factores fisiológicos: disminución del metabolismo basal, trastornos del metabolismo
de hidratos de carbono (absorción rápida), cambios en la composición corporal,
interacciones fármacos-nutrientes, menor actividad física, soledad, depresión,
aislamiento y anorexia.
• Factores psicosociales: pobreza, limitación de recursos, hábitos alimentarios
inadecuados

Entonces, los factores de riesgo de malnutrición en el anciano son la edad avanzada, presencia
de Pluripatología y Polifarmacia, el aislamiento social agregado al deseo de morir, dependencia
o vulnerabilidad económica, diversos grados de discapacidad física, presencia de déficit
relacionados con anatomía e integridad de la cavidad oral, tabaquismo y alcoholismo o reciente
hospitalización. Los factores antes mencionados influyen en el estado nutricional del adulto
mayor y lo hacen en mayor grado si se tiene la presencia de enfermedades múltiples;
asociándose con enfermedades infecciosas, problemas circulatorios y con el sistema digestivo.
Se debe considerar el control de los factores de riesgo, para optimizar la alimentación de los
ancianos.

Los cambios psicológicos que influyen en el estado nutricional también incluyen la


enfermedad, viudez, hospitalización larga, hábitos alimentarios rígidos, desinterés, enfermedad
del cónyuge o cuidador, distanciamiento de la familia, pérdida del poder adquisitivo, etc.

Muchos de los fármacos empleados, con frecuencia pueden interferir con la digestión,
absorción, uso o excreción de nutrientes esenciales. Los fármacos pueden también tener ciertos
efectos sobre el apetito, el gusto y el olfato. La elección adecuada de fármacos, el ajuste
correcto de la dosis y la educación exhaustiva del paciente y su familia u otro personal
encargado de su cuidado pueden mejorar con frecuencia el estado clínico del paciente. (Barrera
2007).

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La disminución del apetito es uno de los síntomas más frecuentes de depresión. Este puede
deberse a una menor actividad, mayor aislamiento y uso del alimento como arma (negativa a
alimentarse como deseo subconsciente de muerte). Se ha documentado en la depresión una
alteración de los niveles de algunos neurotransmisores como la noradrenalina, y este fenómeno
puede afectar al apetito. Los pacientes con demencia pueden no verse interesados por el
alimento, con frecuencia no recuerdan si han comido ya, y pueden no reconocer la necesidad de
alimentarse.

En la siguiente tabla, se resumen otras alteraciones que pueden influir en el estado nutricional
del adulto mayor.

Alteraciones que pueden influir en el estado nutricional del adulto mayor


Variedad limitada de alimentos debido a falta de Desconocimiento de la necesidad de recibir una
recursos económicos. dieta correcta.
Aislamiento social, que reduce el interés en la Invalidez física que limita la capacidad de
alimentación. locomoción y actividad física.
La mala absorción resultado de una variedad de Cambios en el olfato y gusto, que disminuyen la
problemas gastrointestinales y que compromete capacidad para apreciar distintos sabores,
la asimilación de nutrientes. originando disminución del apetito.
Alteración de las funciones mentales que limitan El alcoholismo que afecta el estado nutricional
la selección de alimentos e integrar una dieta cuando sustituye una parte importante de la dieta.
correcta.
Problemas dentales y de deglución que interfieren en el consumo de alimentos duros y fibrosos,
ricos en fibra, vitaminas y minerales.
Fuente: Barrera, INCAP/OMS

9. ¿Cuáles son los beneficios de la actividad física en la vejez?


El ejercicio aeróbico puede prevenir o revertir parcialmente la disminución de la capacidad
máxima de ejercitarse (consumo de oxígeno por unidad de tiempo o Vo 2máx), la fuerza
muscular y la tolerancia a la glucosa en ancianos sanos pero sedentarios.

Sólo alrededor del 10% de los ancianos practica actividad física en forma regular
durante > 30 minutos 5 veces a la semana (recomendación habitual). Entre el 35 y el 45%
practica una mínima cantidad de ejercicio. Los ancianos tienden a ser menos activos que
otros grupos etarios por numerosas razones, las más comunes son las enfermedades que
limitan su actividad física.

El ejercicio se refiere por lo general al movimiento que genera un gasto aeróbico y el


aumento de la frecuencia cardíaca y para muchas personas es una actividad importante con
muchos resultados positivos. Sin embargo, la actividad física sencilla (p. ej., caminar,
jardinería) tiene muchos de los mismos beneficios para las personas mayores, especialmente
aquellos> 70; por lo tanto, la actividad física, sin gasto aeróbico o cardio-aceleración, es
recomendable, incluso para aquellos con limitaciones de movilidad. Los beneficios de la

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actividad física en los ancianos son numerosos y superan los posibles riesgos como caídas,
desgarro de ligamentos, distensiones musculares, etc. Los beneficios son los siguientes:

 Reducción de las tasas de mortalidad, incluyendo fumadores y obesos

 Preservación de la fuerza de los músculos esqueléticos, la capacidad aeróbica y la


densidad ósea, lo que contribuye a la mayor movilidad y la independencia

 Reducción del riesgo de obesidad

 Prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares, mejora resultados de


rehabilitación después de un infarto de miocardio, diabetes, osteoporosis, cáncer de
colon y enfermedades psiquiátricas en especial, trastornos del estado de ánimo

 Prevención de caídas y lesiones relacionadas con ellas a través del aumento de la


fuerza muscular, el equilibrio, la coordinación, la función de las articulaciones y la
resistencia

 Aumento de la capacidad funcional

 Oportunidad para la interacción social

 Mayor sensación de bienestar

 Mejora en la calidad del sueño

Esta disminución en la fuerza y la potencia muscular, junto con otros factores como el
envejecimiento del sistema nervioso somatosensorial y motor, tiene implicaciones funcionales
como la disminución en la velocidad al caminar, aumento del riesgo de caídas, y reducción de
la capacidad para llevar a cabo las actividades de la vida diaria (AVD); contribuyendo de
manera importante en la pérdida de independencia y reducción en la calidad de vida de las
personas.

La actividad física es una de las pocas intervenciones que pueden restablecer la capacidad
fisiológica perdida. La inactividad física constante contribuye a la pérdida de la independencia
y a una reducción en la calidad de vida, además de ser un importante factor de riesgo para
muchas condiciones y problemas crónicos de salud ya descritos con antelación. (Landinez
Parra, 2012).

10. ¿Existe la sexualidad en los adultos mayores?


Los cambios en la sexualidad del adulto mayor, en especial en la mujer, están muy vinculados a
la influencia del entorno psicosocial, es decir, de la sociedad, la familia y la cultura. Entre estos

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factores culturales, que afectan tanto a hombres como a mujeres, el primero es la visión
negativa de la persona mayor que tiene interés sexual.

Los modelos afectivos que se difunden a través de los medios de comunicación social, las
campañas publicitarias, las películas, etc., en los cuales sólo las personas jóvenes disfrutan del
sexo, contribuye al deterioro de la sexualidad en el adulto mayor; el mensaje final que se
entrega es que a las personas mayores no les corresponde tener sexo ni disfrutar de la
sexualidad.

La religiosidad propia de las personas mayores también resulta un obstáculo en este sentido. El
anciano siente que va a morir pronto y que debe seguir el camino de la salvación del alma, que
es, según la cultura judeo-cristiana, aquél en que se soporta el sufrimiento y se elimina el
pecado y toda fuente de placer, entre las cuales está, por supuesto, el disfrute sexual.

La sexualidad en la vejez existe, pero es una condición que requiere cambios y adaptaciones
para lograr una óptima salud sexual. Algunas características comunes en la respuesta sexual
pueden obedecer a cambios biológicos; como la necesidad de mayor intensidad y variabilidad
de estímulos para desencadenar una respuesta sexual, disminución de lubricación vaginal o de
la turgencia de la erección, cambios en los cambios orgásmica, etc. Es fundamental considerar
que estos cambios no significan un deterioro en el deseo sexual, si no variaciones en la
respuesta que no impiden una vivencia satisfactoria de la sexualidad. (Acevedo Ayala, 2019).

11. ¿Cómo cambia la sexualidad en la vejez?


Con el envejecimiento se producen cambios en la respuesta y rendimiento sexual, aunque es
importante mencionar que se presenta respuesta y actividad sexual en el anciano. Tanto en
hombres como en mujeres, el cambio principal relacionado con la edad es el tiempo; es
necesario más tiempo para conseguir una excitación sexual, más tiempo para completar las
relaciones y más tiempo hasta una nueva excitación sexual.

En el adulto mayor, la sexualidad se modifica a causa de cambios físicos que se producen en su


cuerpo: en piel y mucosas; en el sistema vascular y circulatorio; a nivel neurológico y
hormonal; cambios en la percepción del frío y del calor y cambios en los ritmos horarios.

Los cambios en piel y mucosas son menores en el hombre que en la mujer, quien ante cualquier
lesión o condición que afecte a su tejido mucoso presenta problemas; la vagina en la mujer
joven es un conducto que se distiende fácilmente, pero conforme pasan los años se va
volviendo liso y menos extensible. El principal problema que afecta a los hombres está en la
línea vascular que dificulta la erección por déficit en el llenado de los grandes vasos peneanos.

Los cambios neurológicos alteran la sensibilidad de distintas zonas del cuerpo, de modo que
donde antes las caricias provocaban placer, ahora pueden provocar dolor o a la inversa. Gran
parte de esto se debe a los cambios hormonales, que son objetivamente más notorios en la
mujer después de la menopausia. Las hormonas regulan el funcionamiento del cuerpo e

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influyen mucho en la actividad sexual y labilidad emocional, de modo que los cambios en este
aspecto pueden afectar en forma significativa la disposición de la mujer a un encuentro sexual.

El comportamiento sexual en la vejez depende de muchos factores: salud en general,


disponibilidad de un compañero(a) sano(a), personalidad, actitudes hacia y de los otros, nivel
de educación, nivel social, creencias sexuales, actitud sexual previa, intereses y prácticas
previas, grado de satisfacción con la vida, etc. La sexualidad en el anciano debe considerarse en
una forma amplia e integral, incluyendo en ella tanto componentes físicos como emocionales.

Por ello, se acepta como normal en el anciano ciertas modificaciones en el patrón sexual
considerado como estándar si se relaciona con el adulto joven; estas serían: disminución del
número de coitos y el aumento proporcional de otras actividades sexuales como las
aproximaciones físicas, caricias, ratos de intimidad emocional, de complicidad, relaciones de
compañía o masturbaciones. La prevalencia de la masturbación se explica, en muchos casos,
por la existencia de una pareja incapacitada y por la frecuencia de viudez en edades avanzadas.
Esto, unido al rechazo social que existe hacia el establecimiento de una nueva pareja, serían
factores que propiciarían la satisfacción sexual mediante la masturbación. (Llanes Betancourt,
2013).

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Common questions

Con tecnología de IA

Con la edad, se produce una disminución en la capacidad para degustar y digerir debido a cambios en papilas gustativas y secreciones digestivas, junto a la pérdida de piezas dentales. Estas alteraciones pueden provocar deficiencias en nutrientes esenciales. Es crucial asegurar una dieta equilibrada y suficiente, repartida en varias tomas al día, que cuente con alimentos blandos y variaciones culinarias para estimular el apetito en personas con menor interés por la comida .

La disminución de la reserva funcional y cambios en varios sistemas, como el músculo esquelético y cardiovascular, afectan la funcionalidad al reducir la fuerza, la movilidad, y la respuesta a estímulos. Este deterioro puede complicar actividades diarias, aumentar la fragilidad, y exigir ajustes del entorno para mantener la independencia del adulto mayor .

Factores como la intimidad, comodidad y tranquilidad influyen positivamente en el bienestar emocional de las personas mayores. Un entorno adaptado puede ayudar a optimizar habilidades funcionales al ofrecer un espacio familiar y conocido, reduciendo así desorientación y ansiedad. Además, un ambiente agradable fomenta la autonomía, disminuyendo la carga sobre el cuidador y promoviendo el bienestar físico y psicológico del anciano .

Los cambios fisiológicos que afectan la sexualidad en la vejez incluyen la necesidad de más tiempo para la excitación y una respuesta menos vigorosa, debido a alteraciones hormonales y neurológicas. La adaptación a estos cambios implica aceptar nuevas formas de intimidad, como caricias y momentos de compañía, y entender que una vivencia satisfactoria de la sexualidad es posible aún con estas modificaciones .

Las creencias culturales que asocian la sexualidad exclusivamente con la juventud pueden llevar a la estigmatización y desaprobación social de la sexualidad en la vejez, promoviendo sentimientos de vergüenza y rechazo. Estas creencias limitan la expresión sexual y la satisfacción en los adultos mayores, aunque la sexualidad sigue siendo una parte importante de la vida desde un enfoque más emocional que físico .

Los cambios neurológicos pueden alterar la percepción de caricias y aumentar o disminuir la sensibilidad, afectando tanto la percepción del placer como del dolor. En relaciones íntimas, una comunicación abierta sobre estos cambios puede redefinir cómo las parejas perciben y expresan afecto, adaptando interacciones para mantener una conexión íntima satisfactoria .

Las barreras para la práctica de ejercicio incluyen condiciones médicas crónicas, resistencia al cambio de hábitos, y un entorno físico inadecuado. Para superarlas, es útil integrar rutinas de bajo impacto que se adapten a las capacidades físicas del anciano, promover programas de ejercicio comunitario que fomenten relaciones sociales, y ajustar el ambiente para facilitar un espacio seguro para el ejercicio regular .

El estancamiento emocional en la vejez, caracterizado por aislamiento y tedio, puede llevar a percepciones de una vida insatisfactoria. Para mitigar estos sentimientos, se aconsejan actividades que fomenten la interacción social, como contribuir creativamente al entorno social y mantener vínculos significativos. Además, el reconocimiento y reevaluación de logros pasados pueden ayudar en la octava etapa de Erikson, al tiempo que se busca un sentido de satisfacción y sabiduría .

La salud física afecta directamente la actividad sexual en los ancianos, con condiciones como problemas vasculares y disminución de lubricación que pueden complicar la actividad sexual. Sin embargo, mantener la actividad física y cuidar de la salud general puede mejorar el rendimiento sexual y la percepción del deseo, adaptándose a los cambios corporales de la manera más satisfactoria posible .

Factores como depresión, aislamiento social y la viudez frecuentemente afectan la alimentación de los ancianos. Adenciales emocionales y cambios en el gusto disminuyen el apetito. Se recomienda anclar el acto de comer a experiencias placenteras, a través de comidas socialmente compartidas y adaptadas según las capacidades del anciano, así como educación nutricional para cuidadores .

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