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Rivalidad y Genio en "Amadeus"

La película Amadeus narra la rivalidad entre los compositores Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri en la Viena del siglo XVIII. Salieri siente envidia hacia el talento natural de Mozart y jura arruinar su carrera luego de que Dios le niega el mismo don a él. A lo largo de la película, Salieri socava sutilmente el éxito de Mozart mediante intrigas y sabotajes.

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Rivalidad y Genio en "Amadeus"

La película Amadeus narra la rivalidad entre los compositores Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri en la Viena del siglo XVIII. Salieri siente envidia hacia el talento natural de Mozart y jura arruinar su carrera luego de que Dios le niega el mismo don a él. A lo largo de la película, Salieri socava sutilmente el éxito de Mozart mediante intrigas y sabotajes.

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Amadeus es una película estadounidense de 1984, dirigida por Miloš Forman y escrita

por Peter Shaffer, basada en su propia obra de teatro. Vagamente inspirada en la


vida de los compositores Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart, narra la
rivalidad entre ambos hombres, alimentada por la envidia de Salieri hacia Mozart.
La película recibió cuarenta premios, entre ellos: ocho Premios Óscar, cuatro
BAFTA, cuatro Globos de Oro y un Premio del Sindicato de Directores. En 1998, el
American Film Institute situó Amadeus en el puesto N.º 53 en su lista de las 100
películas más representativas del cine estadounidense.

Argumento
Una noche de 1823, los sirvientes del compositor Antonio Salieri descubren que su
anciano patrón ha intentado cortarse el cuello, tras confesar a gritos haber
asesinado a Wolfgang Amadeus Mozart. Salieri es ingresado a un sanatorio y es
visitado por un sacerdote que desea confesarlo y ofrecerle el perdón de Dios, a
cuyos ojos “todos los hombres son iguales”. Al escuchar esto, Salieri confiesa que
desde su infancia sintió admiración por Mozart, un niño prodigio que interpretaba
para reyes, emperadores e incluso el Papa.

El joven Salieri ofrece a Dios su castidad, su industria y humildad, a cambio de


que Dios le conceda ser un gran compositor, cuya música sea amada y recordada para
siempre. Poco después, el padre de Salieri, que se oponía al llamado musical de su
hijo, se asfixia con un trozo de comida y el joven Salieri considera esto como una
señal de que Dios ha aceptado su ofrenda. Salieri sigue su vocación, llega a
convertirse en el compositor de la corte del Emperador José II de Austria, así como
uno de los músicos más ricos y respetados de Viena. Salieri es feliz y se mantiene
fiel a su voto con Dios.

En 1781, recuerda Salieri, asiste a una velada donde espera conocer a Mozart en
casa de su patrón, y se horroriza al descubrir que su ídolo es un joven obsceno,
burlón y con una risa estridente, hasta el punto de esperar que el talento musical
de Mozart sea un accidente y no obra de Dios.

Por su parte, el Emperador decide encargar a Mozart una ópera para el Teatro
Nacional, y Salieri compone una marcha de bienvenida para recibirlo. Mozart entabla
una tensa relación con los músicos italianos: el conde Orsini-Rosenberg y el
maestro de capilla Bonno; pero encuentra favor con los alemanes: el barón Van
Swieten, el chambelán y el propio Emperador, quien ordena que el idioma de la ópera
sea alemán (para disgusto de los italianos). Mozart interpreta, de memoria, la
marcha de bienvenida que Salieri compuso para él, y la “mejora” hasta convertirla
en el tema de Non piu adrai. Salieri se siente humillado.

La ópera de Mozart, El rapto en el serrallo, se estrena con gran éxito, y el


Emperador invita a Mozart a quedarse en Viena. Sin embargo, hay dos momentos
incómodos, cuando el Emperador se queja de que la ópera tiene “demasiadas notas”, y
cuando la arrendadora de Mozart revela que su hija, la joven Constanze Weber, es la
prometida del compositor, noticia que genera el resentimiento de la soprano
Caterina Cavalieri, de quien Salieri está enamorado. Salieri comprende que Mozart y
Cavalieri tuvieron un amorío, y reza a Dios para que Mozart regrese a su natal
Salzburgo, pero contrario a los deseos de su padre, Mozart se casa con Constanze y
se establece en Viena.

El Emperador desea asignar a Mozart como tutor musical de su sobrina, pero ante la
sugerencia de Salieri decide someter el puesto a elección de un comité de
compositores. Mozart se rehúsa a poner su trabajo en manos de sus colegas
italianos, y Constanze, sin decirle a su esposo, visita a Salieri para pedir que le
asignen el puesto; para demostrar la aptitud de Mozart, Constanze presenta a
Salieri una selección de partituras originales. Al descubrir que, al tratarse de
originales, son los primeros y únicos borradores que Mozart ha escrito, la envidia
de Salieri crece, pero también su admiración, ya que la música fue escrita como si
Mozart la tuviera lista en su mente, con tal perfección que una sola nota faltante
haría que toda la estructura se cayera.

Salieri responde a Constanze que está abierto a dar el trabajo a Mozart, con la
condición de que ella regrese sola esa misma noche, alegando que “algunos servicios
requieren servicios a cambio”. Esa noche, Salieri se postra de rodillas, suplicando
a Dios que entre en él y le permita escribir una sola pieza de música
verdaderamente inspirada, pero antes de que pueda terminar su oración, el criado de
Salieri le anuncia que Constanze ha vuelto. Constanze está dispuesta a pagar el
precio establecido por Salieri, pero cuando empieza a desvestirse, Salieri llama a
su criado y le ordena que le muestre la salida. Constanze regresa a su casa, herida
y humillada.

Esa noche, Salieri se declara enemigo de Dios por haber elegido como su instrumento
a un muchacho obsceno e infantil, mientras que a él sólo le permite reconocer dicha
encarnación. Salieri quema su crucifijo como símbolo de la renuncia a su fe, y jura
que hará todo lo posible para arruinar a Mozart y, de esa manera, vengarse de Dios.

Mozart, desempleado, recibe la visita de su padre Leopold, preocupado por el


matrimonio de su hijo, el desorden de su casa y los rumores de que vive en deudas,
algo que Mozart descarta como una mentira; para colmo, Leopold descubre que
Constanze está embarazada. Para celebrar la llegada de su padre, Mozart lleva a
Constanze y a Leopold a una fiesta de disfraces, a la que también asiste Salieri,
enmascarado. Leopold, con un disfraz negro con máscara y sombrero tricornio, le
pide a su hijo que regrese con él a Salzburgo, pero Mozart ignora su pedido y
continúa festejando, aceptando el reto de tocar una melodía en clavicémbalo, al
estilo de diferentes compositores, como Johann Sebastian Bach, Gluck y Händel (a
quienes desestima) y Antonio Salieri, algo que Mozart cumple de manera burlona,
haciendo de Salieri un hazmerreír. Sin que Mozart lo sepa, fue el propio Salieri
quien propuso su nombre, y aunque considera que la risa de Mozart es la risa de
Dios, está convencido de que él reirá de último.

Las tensiones entre Leopold y Constanze empeoran cada vez más, llegando al límite
cuando reciben la visita de Lorl, una joven criada que ofrece sus servicios de
limpieza, asegurando que serán pagados por un admirador anónimo de Mozart. Leopold
no está de acuerdo en dejarla entrar, pero tras una riña con Constanze, para quien
la decisión no le corresponde a él, Leopold decide irse. Resulta ser que Lorl ha
sido enviada por Salieri como una espía, y gracias al acceso que ella le permite,
descubre que Mozart está trabajando en una nueva ópera: Las bodas de Fígaro, cuyo
tema ha sido prohibido por el Emperador, debido a sus implicaciones políticas. Sin
embargo, tras una audiencia donde el Emperador y sus músicos (excepto Salieri)
cuestionan su elección de tema, Mozart logra convencer al Emperador de que su ópera
es sólo una comedia y más aún música como nunca se ha escuchado antes.

El Emperador autoriza los ensayos, Salieri y sus colegas italianos planean un nuevo
ataque contra Mozart, denunciando el ballet que se da en el Tercer Acto, debido a
que el Emperador también ha prohibido el ballet. El conde Orsini-Rosenberg arranca
las páginas de la partitura y Mozart, desesperado, acude a Salieri para rogarle que
hable con el Emperador y lo convenza de permitir el ballet, a lo que Salieri
accede. Por supuesto, nunca lo cumple, pero durante un ensayo, el Emperador en
persona asiste para ver, y al disgustarse de lo extraño que se ve el baile sin
música, solicita que reinstauren el ballet. Mozart cree que fue gracias a la
intervención de Salieri.

La ópera se estrena, y aunque Salieri reconoce su grandeza, se alegra de que sólo


tuviera nueve funciones antes de cerrar. Mozart le confía su frustración a Salieri,
incapaz de entender cómo pudo haber fracasado si, en su opinión es la mejor ópera
escrita hasta el momento. Salieri considera que la música de Mozart exige demasiada
atención a la poca concentración del Emperador, y lo invita a su propia ópera,
Axur, rey de Ormuz, que el Emperador aclama como la mejor ópera escrita hasta el
momento.

Mozart recibe la noticia de que su padre ha muerto, y sumergido en la tristeza y la


culpa, compone Don Giovanni, simbolizando en la figura del Comendador a Leopold,
exigiendo al protagonista que se arrepienta antes de que sea demasiado tarde.
Salieri, partido en dos por su amor a la música de Mozart y su odio al propio
Mozart, reconoce que utilizó su influencia para que la ópera fracasara y, sin
embargo, asistió a cada una de sus representaciones. Más aún, al ver que la
influencia de Leopold sigue siendo poderosa sobre su hijo, Salieri descubre una
manera de destruir a Mozart y vencer a Dios.

Para 1791, Mozart ha caído en el alcoholismo y su salud comienza a empeorar. Una


noche, recibe la visita de Salieri, disfrazado con el mismo traje negro que Leopold
utilizó en el pasado, y queda pasmado de horror. Sin revelar su identidad, Salieri
ofrece a Mozart una gran suma de dinero, a cambio de la composición de una misa de
réquiem “para un hombre que la merecía y no la tuvo”. El plan de Salieri consiste
en obligar a Mozart a componer el réquiem para luego asesinarlo e interpretar el
réquiem en su funeral haciéndolo pasar como obra suya.

Al mismo tiempo, el cantante y amigo de Mozart, Emanuel Schikaneder, convence a


Mozart de componer La flauta mágica, algo que Constanze no ve con buenos ojos, ya
que la remuneración es dudosa. Mozart trabaja en ambas obras, bajo presión de
Schikaneder (que se asombra al saber que Mozart está escribiendo un réquiem) y de
Salieri (que se asombra al saber que está escribiendo una ópera). Harta del
alcoholismo y libertinaje de su esposo y motivada por su madre, Constanze se va de
la casa, llevándose a su hijo pequeño, poco antes de que Mozart estrene La flauta
mágica, que recibe una gran acogida por parte del público.

Sin embargo, cerca del final, Mozart colapsa de agotamiento, y Salieri lo lleva a
su casa. Una vez allí, Mozart agradece a Salieri por ser el único de sus colegas en
asistir, y Salieri por fin le revela: “En verdad eres el compositor más grandioso
que conozco”. Schikaneder llega poco después para dar a Mozart su parte de las
ganancias, y aunque se retira, se muestra intranquilo de que Salieri esté ahí.
Salieri dice a Mozart que el dinero vino de parte del hombre que encargó el réquiem
y que éste accederá a pagarle el doble si lo tiene listo para el día siguiente.
Mozart reconoce que es imposible, pero Salieri se ofrece para ayudarlo y Mozart
accede.

Mientras que Constanze, arrepentida, se prepara para volver, Mozart y Salieri


trabajan juntos en la composición del réquiem, con Mozart dictando y Salieri
copiando. Trabajan toda la noche completando el Confutatis, y al amanecer, Mozart,
débil y enfermo, pide perdón a Salieri, avergonzado por creer que su colega no se
interesaba en él o en su trabajo. Salieri no sabe qué responder. Poco después,
Constanze y su hijo llegan a casa, donde Constanze logra reconciliarse con Mozart,
ahora débil e incapaz de hablar. Sin embargo, de inmediato Constanze se sorprende y
disgusta al ver a Salieri en su casa y le pide que se vaya, lamentando no tener
ningún criado que le muestre la salida. Salieri argumenta que está ahí con el
permiso de Mozart, y al ver el réquiem, Constanze toma las partituras y las guarda
bajo llave en un estante, quedando así fuera del alcance de Salieri, y cuando ella
se vuelve a su esposo para preguntar su opinión, Constanze y Salieri descubren,
sobresaltados, que Mozart ha muerto.

Mozart es velado por su familia y pocos colegas (Salieri siendo uno de ellos) y es
llevado a un cementerio, donde es sepultado en una fosa común.

De vuelta en 1823, el sacerdote está horrorizado, tras haber pasado la noche entera
escuchando la confesión de Salieri. El viejo Salieri acusa a Dios de haber
preferido matar a Mozart, su propio amado, antes que darle a él, Salieri, tan
siquiera la más pequeña parte de su gloria; además de eso, Salieri considera que
Dios le ha permitido sobrevivir a Mozart por treinta y dos años para ver cómo, con
el paso del tiempo, su música va cayendo en el olvido mientras que la música de
Mozart sigue siendo amada y recordada.

Un asistente del sanatorio entra al cuarto para llevar a Salieri a darse un baño y
desayunar, y antes de que lo retiren, Salieri consuela al sacerdote, diciendo que
hablará por él y por todas las mediocridades del mundo, ya que él es su campeón y
santo patrono. Salieri, llevado a través del pasillo, se dirige a los demás
pacientes, absolviéndolos de su mediocridad.

Al cruzar las manos sobre el pecho y cerrar los ojos, Salieri escucha la risa
estridente de Mozart.

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