Pueblos Indígenas del Chaco Salteño
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Andrew Leake
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La Deforestación del Chaco Salteño 2004 – 2015 Tropical dry forest deforestation in NW Argentina 2004-2015 View project
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Salta - Argentina
2008
Leake, Andrés
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño: población, economía y
tierras / Andrés Leake ; coordinado por Andrés Leake. - 1a ed. - Salta : Fundación Asociana: Ins-
tituto Nacional de Asuntos Indígenas, Universidad Nacional de Salta, 2008.
174 p. : il. ; 27x18 cm.
ISBN 978-987-24283-1-0
© Fundación ASOCIANA
E-mail: asociana@[Link]
Tel: 00 54 387 4310095
La presente publicación se ajusta a la cartografía oficial establecida por el PEN, a través del IGM, ley
Nº 22.963, y fue aprobada por Expte. GG08 1949/5 de octubre de 2008.
Se permite la reproducción parcial del contenido de este libro siempre y cuando se cite la fuente.
1 INTRODUCCION ....................................................................................................................... 1
1.1 La información existente .............................................................................................. 3
1.2 Ante la falta de información ........................................................................................ 7
1.3 Fines de la obra ............................................................................................................ 9
vii
5.3 Patrón regional ........................................................................................................... 71
5.4 División de actividades por género .......................................................................... 73
5.5 Consideraciones finales ............................................................................................ 76
viii
LISTADO DE MAPAS, GRÁFICOS Y CUADROS
Mapas
Gráficos
Gráfico 4.1 Pirámide poblacional de la población indígena del Chaco Salteño .................. 38
Gráfico 4.2 Distribución porcentual de la población indígena, por municipio ...................... 42
Gráfico 4.3 Correlación entre número de comunidades y personerías jurídicas ................ 59
Gráfico 5.1 Patrón de actividades económicas: zona Pilcomayo ......................................... 64
Gráfico 5.2 Patrón de actividades económicas: zona Tartagal ............................................. 66
Gráfico 5.3 Patrón de actividades económicas: zona Embarcación ..................................... 68
Gráfico 5.4 Patrón de actividades económicas: zona Morillo ................................................ 69
Gráfico 5.5 Patrón de actividades económicas: zona Rivadavia Banda Sur ....................... 70
Gráfico 5.6 Patrón de actividades económicas: zona Anta/Metán ....................................... 71
Gráfico 5.7 Patrones de actividades económicas: departamentos Rivadavia y San
Martín ....................................................................................................................... 77
Gráfico 6.1 Promedio regional de distancias de recorrido, por actividad ............................. 82
Gráfico 6.2 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: Misión Ebenezer
(Dpto. Anta) ............................................................................................................. 84
Gráfico 6.3 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: Santa Victoria Este ........ 85
Gráfico 6.4 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: RBN ................................. 95
Gráfico 6.5 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: RBS .................................. 97
Gráfico 6.6 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: Tartagal ......................... 100
Gráfico 6.7 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: Embarcación ................. 103
Gráfico 6.8 Comunidades de la Ruta 81: comparación con el patrón regional ................. 103
Gráfico 6.9 Comparación de las comunidades de las Rutas 53 y 81 ................................. 104
Gráfico 6.10 Comparación de comunidades del pueblo de Embarcación con el
patrón regional ...................................................................................................... 105
ix
Gráfico 7.1 Comunidades indígenas con/sin título de tierra ................................................ 118
Gráfico 7.2 Población indígena con/sin título de tierra ......................................................... 118
Cuadros
x
AGRADECIMIENTOS
Este libro resume los principales resultados de un proyecto llamado “Base de Datos
de los Pueblos Indígenas del Chaco Salteño”, nacido allá por el año 1997 de las frus-
traciones encontradas por comunidades y organizaciones indígenas al momento de
requerir información sobre la situación de su gente.
Luego el proyecto fue tomando forma en base a una serie de diálogos entre la
Fundación ASOCIANA y la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de
Salta. En diferentes momentos también participaron otras organizaciones, como ser:
Tepeyac, FUNDAPAZ y la Asociación de Comunidades Aborígenes del Río Pilcoma-
yo, Lhaka Honhat. También participaron varias personas y líderes en las diferentes
zonas donde se realizaron las encuestas. Entre otros, destacamos la especial co-
laboración de las siguientes personas en lo que se refiere al diseño y ejecución del
proyecto: Héctor Rodríguez y Catalina Buliubasich (Universidad Nacional de Salta),
Cristóbal Wallis y Claudia Lungu (ASOCIANA), y Daniel Slutzky (INAI).
El trabajo de campo fue realizado por Claudia Lungu y Ana Mattarollo (ASOCIA-
NA), con la colaboración de los siguientes estudiantes de la carrera de Antropología
de la Universidad Nacional de Salta: Florencia Muñiz Zabaleta, Guadalupe Moya-
no Dip, Alejandro Blas Mate, José Antonio Santillán, Emilio Daniel Lombardo, María
Eugenia Suárez, Silvana Julieta Barbosa, Enzo Federico Viveros, Javier Baspineiro,
Matías Rangeón, María Luján Bravo, Claudia Silvana Farfán, Luz Pastrana y Paulo
Sanguinetti.
La coordinación de la toma de datos en la zona de Pilcomayo fue apoyada por
Francisco Pérez y el equipo de Lhaka Honhat. En Morillo se recibió el aporte de Te-
peyac, a través de Silvia Bertea y Gerardo Juárez. Elfi Jockers brindó un aporte simi-
lar en la zona de Rivadavia Banda Sur. Matías Rangeón tuvo la responsabilidad de
realizar una gira final de revisión y actualización de datos, lo cual permitió incorporar
información de la zona de Pichanal.
Ana Mattarollo y José Luis Pérez ingresaron la información de campo a la Base
de Datos. Enrique López (ASOCIANA) estructuró la Base de Datos con el programa
Access, y fue responsable de su mantenimiento y actualización durante todo el pro-
yecto.
Virginia Albeza (Universidad Nacional de Salta) contribuyó al análisis cuantitativo
de los datos, aportando comentarios críticos que influyeron significativamente en el
producto final que aquí presentamos. John Palmer se ocupó de revisar los borradores
iníciales de la obra y brindó un aporte esencial a la revisión final del contenido.
Cabe destacar que la tarea no hubiera sido posible sin el aporte técnico y financie-
ro del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI). En ese sentido, dicho organis-
mo ha jugado un rol protagónico en la concreción de esta iniciativa.
La Sociedad Misionera Sudamericana (South American Mission Society) brindó un
xi
aporte significativo al proyecto como auspiciante de las actividades del Coordinador,
Dr. Andrés Leake. Pan Para el Mundo brindó apoyo para cubrir los salarios de los
técnicos de ASOCIANA. La administración financiera del proyecto estuvo a cargo de
María de Ecónomo (ASOCIANA).
xii
PRESENTACION
El INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) presenta esta obra, titulada Los
Pueblos Indígenas Cazadores-Recolectores del Chaco Salteño. El libro surge de un
proyecto auspiciado por este Instituto, llamado Base de Datos de los Pueblos Indíge-
nas Cazadores-Recolectores del Chaco Salteño. El libro, así como la base de datos,
están destinados a sistematizar el conocimiento de la realidad de los pueblos indí-
genas del Chaco Salteño con el propósito de ir perfeccionando nuestras acciones a
favor de sus comunidades. El trabajo ha sido posible mediante el esfuerzo conjunto
del INAI, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, ASOCIANA
(Fundación de Acompañamiento Social de la Iglesia Anglicana del Norte Argentino) y
la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta.
El Chaco Salteño abarca una amplia zona del noroeste argentino, y constituye el
territorio tradicional de diversos pueblos originarios que hoy viven allí en condiciones
de marginalidad extrema, tanto en lo referido a sus condiciones materiales de vida
como a la posibilidad de mantener y desarrollar su propia identidad cultural. Sin em-
bargo, el conocimiento de la realidad indígena en todos sus aspectos, requisito básico
para el desarrollo de una política adecuada a la misma, es todavía parcial, limitado a
reflejar aspectos cuantitativos generales. En ese sentido, hemos avanzado a nivel na-
cional con la “Encuesta Complementaria de los Pueblos Indígenas” realizada conjun-
tamente con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y que por primera
vez incluye un relevamiento de la población indígena del país.
El trabajo que aquí se presenta profundiza el conocimiento de la realidad indígena
del Chaco Salteño en lo que hace a aspectos significativos como población, distribu-
ción geográfica, actividades económicas, tierras utilizadas con fines de subsistencia,
y tenencia –con o sin títulos comunitarios– de la tierra. Partiendo de la Base de Da-
tos que contiene la información recopilada en el terreno, se realiza un análisis de los
mencionados aspectos interrelacionados, dando origen a los tres ejes temáticos del
libro, que son: “Población”, “Economía” y “Tierras”.
Desde el comienzo, la investigación involucró la activa participación de las comu-
nidades indígenas en las distintas etapas del trabajo, tanto en el análisis de los obje-
tivos, el diseño de la metodología, el relevamiento y la revisión de la información. En
total, son aproximadamente 200 comunidades las que contribuyeron a la confección
de la Base de Datos.
La presente publicación representa un ejemplo de la investigación-acción, en el
sentido que analiza una realidad socioeconómica desde una perspectiva que per-
mite mejorar el accionar del sector público, en este caso con relación a los primeros
pueblos. En efecto, del conjunto de la información relevada, la correspondiente al uso
de la tierra y de los recursos naturales constituye una base importantísima del funda-
mento de los reclamos por tierra comunitaria que presentan estas comunidades. El
xiii
trabajo de Diagnóstico Territorial que está comenzando a desarrollar el INAI a fin de
sistematizar los reclamos indígenas de tierra, conforme a lo dispuesto por la Ley de
Emergencia de las Comunidades Indígenas, encuentra en este estudio un anteceden-
te importante tanto en sus aspectos metodológicos como instrumentales. Es nuestra
intención que este tipo de trabajo sea replicado en otras realidades que involucran a
los Primeros Pueblos de nuestro país.
xiv
1 INTRODUCCION
Este libro presenta información sobre la situación actual de la población indígena que
vive en la región chaqueña del noreste de la provincia de Salta, Argentina. Su enfo-
que específico son las comunidades wichí, chorote, nivaclé (o chulupí) y qom (toba)
que se sitúan en los departamentos de San Martín, Rivadavia, Anta y Metán.1
Los datos presentados fueron generados por miembros de las mismas comuni-
dades. El hecho es significativo, porque refleja una realidad que con frecuencia pa-
sa desapercibida por la sociedad no indígena. Nos referimos al hecho de que en su
ámbito local los indígenas manejan una enorme y compleja gama de conocimientos
sobre su propio mundo natural y social. Lo que se pretende a través de este trabajo
es reunir y sistematizar una mínima parte de esos conocimientos indígenas –a saber,
aquéllos referidos a su población, sus actividades económicas, su uso de la tierra y
de los recursos naturales, como así también su tenencia de la tierra– a los efectos
de construir desde el ambiente local un panorama regional de dichas facetas de su
realidad.
Ahora bien, ¿cuántos indígenas viven en el Chaco Salteño? ¿Dónde viven? ¿Cómo
y de qué viven? ¿De qué tierras disponen? Al tratar de responder a estas preguntas
aparentemente simples con datos precisos y actualizados, comenzamos a acercar-
nos al por qué de este libro. El hecho es que la poca información que existe sobre la
población indígena del Chaco Salteño tiende a encontrarse en fuentes a las que muy
pocas personas tienen acceso. Forma parte de publicaciones científicas y antropo-
lógicas o se plasma en informes derivados de censos, como los que periódicamente
realiza el programa de Atención Primaria de Salud (APS). Si consideramos que la
mayoría de las comunidades indígenas no tienen acceso siquiera a un periódico, mu-
cho menos van a poder acceder a información académica o aquélla administrada por
el Estado.
Hay otras fuentes de información, como ser las organizaciones de base y las or-
ganizaciones de apoyo. Estas suelen tener datos sobre las comunidades con las que
están vinculadas –datos de ubicación y de población, por ejemplo– pero la informa-
ción no alcanza para completar un diagnóstico regional.
Muchas comunidades indígenas, tanto en Salta como en Sudamérica, se sienten
perjudicadas por la falta de acceso a la información referida a ellas. Desde su óptica,
son muchos los estudios y pocos los resultados. Tal como lo dijo últimamente un lí-
der indígena de la Amazonía Peruana, durante una conversación que mantuvo con el
1
El estudio no abarca a las comunidades guaraní-hablantes porque, a más de sus diferencias culturales con res-
pecto a los pueblos cazadores-recolectores del Chaco, habitan por lo general en la franja pedemontana que limita
al oeste la región chaqueña a que se refiere este trabajo.
1
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Coordinador del presente libro: “Nos están matando con diagnósticos”. La expresión
manifiesta la frustración de sentirse el objeto de estudios que aparentemente no brin-
dan mayores beneficios para los afectados.
Nos debería llamar fuertemente la atención el hecho de que los indígenas se den
con que, al momento de buscar información sobre sí mismos, les resulta difícil conse-
guir los datos que requieren. No quedan exentas de esta situación las comunidades
indígenas del Chaco Salteño.
No es nuestra intención estudiar el por qué del vacío informativo existente, pero
es importante reflexionar sobre las graves consecuencias que acarrea para la vida
de las comunidades. El hecho de no contar con información documental actualizada
sobre su propia situación les quita la posibilidad de comunicar esa realidad hacia la
sociedad en la cual se encuentran hoy insertas.
Tomemos un ejemplo. En el año 2002, los miembros de la comunidad wichí de
Carboncito se sorprendieron cuando llegó a sus tierras un camión cargado de una to-
padora. Una vez descargada, la máquina procedió a abrir una picada a través del lote
perteneciente a la comunidad. Luego de las averiguaciones del caso, la comunidad
se enteró de que la picada tenía como fin la apertura de un canal de riego que llevaría
agua del río Bermejo a una finca privada cerca de Dragones.
Efectivamente, el canal, cuyas dimensiones previstas eran considerables, iba a
dividir en dos las tierras de la comunidad. La obra podría traer beneficios pero, por
otro lado, significaría un obstáculo formidable para el libre movimiento de la gente.
A su vez, los terraplenes afectarían el drenaje de las aguas de lluvia, posiblemente
provocando inundaciones locales. Pero, más allá del impacto socioambiental que iba
a tener, la pregunta es: ¿cómo pudo una empresa particular tomarse la libertad de
aparecer en tierras indígenas, sin ninguna consulta, para iniciar una obra de esta
magnitud?
La respuesta del representante de la empresa fue realmente sorprendente: “No
sabíamos de la existencia de la comunidad”. Es decir que decía desconocer a una co-
munidad que había gestionado el reconocimiento de su personería jurídica y ya tenía
las tierras tituladas a su nombre. Una comunidad, además, que está conectada a la
red de luz y que cuenta con un amplio camino de acceso y un servicio de transporte
público.
Dicho sea de paso que la comunidad, por decisión propia, rechazó la iniciativa,
pero el ejemplo nos brinda una doble lección. Por un lado, vemos que existe una ig-
norancia por parte de la sociedad en general con respecto a la presencia y ubicación
de las comunidades indígenas. Si una comunidad grande como lo es Carboncito “no
existe” a los ojos de una empresa que está trabajando en el terreno, ¿cuánto menos
visibles resultarán, para quienes no llegan a visitar la región, todas aquellas comuni-
dades más pequeñas y dispersas en el Chaco Salteño? Consideremos por un mo-
mento lo que los niños aprenden en las escuelas primarias. Si bien habrá excepcio-
nes, en general se les enseña sobre los indígenas desde una perspectiva histórica, y
no contemporánea. ¿Hemos visto acaso a algún maestro pedir a nuestros hijos que
elaboren un mapa de la ubicación actual de las comunidades indígenas?
Por otro lado, el ejemplo de lo sucedido en Carboncito nos revela otro problema que
afrontan las comunidades. El contratista encargado de realizar la obra del canal no su-
po apreciar el hecho de que los miembros de la comunidad hacen uso permanente no
sólo de las tierras que tienen tituladas a su nombre, sino también de extensas áreas
2
Introducción
2
El problema no sólo existe en Argentina, también surge cuando queremos saber cuántos indígenas viven en Amé-
rica Latina. Para mayor detalle, ver Barié 2003, capítulo 1 (“Hacer y deshacer personas con cifras – la polémica de
las estadísticas”).
3
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Fuentes: Martínez Sarasola 1992: 493; Barié 2003; Hernández 1992; Wallis 1994;
INDEC 2004.
(1) Magrassi estima que la cifra máxima de la población podría sumar 430.690.
(2) Barié indica que 800.000 es una cifra mínima, y que la población indígena en Argen-
tina posiblemente llega hasta 2.000.000.
3
El estudio realizado por Barié presenta un panorama detallado de los derechos constitucionales de los indígenas
en Argentina y para toda América Latina.
4
Introducción
Cuadro 1.2 Estimaciones demográficas nacionales para los Chorote, Chulupí, Toba y Wichí
5
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Cid (2004) analiza los resultados del Censo 2001 en lo que se refiere a la pobla-
ción indígena de la provincia de Salta. El Cuadro 1.4 presenta los resultados gene-
rados por Cid para los departamentos donde se ubican las comunidades estudiadas
en este libro. Tal como se observa, el porcentaje de los hogares en que uno o más
miembros se reconocen como indígenas, según el Censo 2001, llega al 11,8%.
En base a los resultados del Censo 2001, el INDEC realizó en el año 2004 la En-
cuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI). Aquel censo arrojó una cifra
total para la población indígena del país, pero la presentación de los resultados ado-
lece de una limitante significativa, pues los mismos no han sido desagregados por
provincia. Eso impide, entre otros, una comparación de los datos con los del Censo
Provincial de 1984, como así también con los que se presentan en este estudio. Nue-
6
Introducción
vamente nos encontramos frente a una fuente de información oficial que tiene poca
aplicabilidad práctica en la vida de las comunidades, puesto que no brinda datos de
pertinencia local.
El Cuadro 1.5 demuestra la manera en que el INDEC, en su página web, presenta
los datos de la ECPI referidos a los pueblos indígenas contemplados en este libro.4
Vemos que indica los totales de los Chorote, Chulupí, Toba y Wichí que habitan en
Argentina, y en qué provincias están principalmente ubicadas, pero no permite deter-
minar cuántos viven en Salta (y mucho menos los que viven en los distintos departa-
mentos y municipios). Con respecto a los Toba, ni siquiera reconoce que habitan en la
provincia de Salta.
El Estado reconoce una serie de derechos que asisten a los pueblos indígenas. El
4
Para la página web del INDEC, ver la Bibliografía.
7
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
8
Introducción
9
2 MARCO ECOLOGICO-SOCIAL
La estrecha relación que existe entre los Pueblos Indígenas del Chaco Salteño y su
ambiente natural requiere la inclusión en este trabajo de una descripción, por breve
que sea, de la estructura y las características naturales del paisaje chaqueño. Como
lo señala Bartolomé (2000: 67), con respecto al ámbito del Chaco Paraguayo:
El Chaco Salteño forma parte del Gran Chaco, la segunda ecorregión sudamericana
6
Para mayores detalles remitimos el lector interesado a las obras citadas en la Bibliografía al final del libro.
10
Marco ecológico-social
En los cauces abandonados quedan madrejones, que son depresiones donde se acu-
mula agua durante la época de lluvias o como resultado de inundaciones provocadas
por el desborde de los ríos. Así, el relieve plano de este “paisaje aluvional” consiste en
un terreno que, en forma casi imperceptible, se ondula entre lomitas y hondonadas: o
sea, por un lado, albardones formados de sedimentos fluviales y, por el otro, cañadas,
madrejones, aguadas y esteros por donde escurren las aguas (Ramella y Spichiger
1989; Arenas 2003). Las ondulaciones varían en su intensidad, con diferencias de al-
tura que –fuera de los cauces de los ríos– varían entre 1 y 4 metros, pero se repiten
en toda la región como la impronta que deja en la faz de la tierra la interrelación entre
el agua, el suelo y la cobertura vegetal. Incluso los interfluvios cuentan con su propia
red de drenaje para recolectar las lluvias estacionales, de manera que allí también se
repiten, en menor escala, los mismos procesos.
La cobertura vegetal del Chaco Salteño está influenciada por una serie de facto-
7
Ecorregión: “Un área extensa de tierra o agua que contiene un conjunto geográficamente distintivo de comuni-
dades naturales que comparten la gran mayoría de sus especies y dinámicas ecológicas, comparten condiciones
medioambientales similares e interactúan ecológicamante de manera determinante para su subsistencia a largo
plazo” ([Link]
8
Dirección de Bosques 2004: 26; Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable 2005: 10. Arenas (2003: 27-32)
detalla la fauna y flora del bosque chaqueño.
11
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
12
Marco ecológico-social
res, tanto climáticos como geológicos, como las temperaturas, las lluvias, la altitud
del terreno y la composición del suelo. Con temperaturas que durante la primavera y
el verano (septiembre/febrero) superan los 48°C, la región se distingue como el “polo
calorífico” de Sudamérica. De hecho, las temperaturas más altas del continente fue-
ron registradas en el departamento Rivadavia (van Dam 2002: 24). Las lluvias –con-
traparte inseparable del calor– obedecen a un régimen monzónico que acompaña los
meses del verano y, en menor grado, del otoño (octubre/marzo). El relativo exceso de
agua que caracteriza la época de lluvias se contrapone al déficit de agua que se re-
gistra durante el resto del año. Desde el período de transición entre las estaciones de
otoño e invierno (abril/mayo) hasta la transición estacional primavera/verano (agosto/
septiembre), rige un período de sequía.
La distribución variable del agua es una limitante determinante para el desarrollo
de la vegetación. En el Chaco Salteño, las precipitaciones medias anuales –cálculo
basado casi por completo en los seis meses de la época de lluvias– decrecen de oes-
te a este, o sea desde la zona pedemontana (750 mm) hacia la zona chaqueña (500
mm). Dicho gradiente pluviométrico se ve reflejado en la formación de dos tipos de
cobertura forestal diferenciados, conocidos como la Selva de Transición y el bosque
del Chaco Semiárido.9
Hacia el oeste del Chaco Salteño el bosque colinda con la selva pedemontana de
las Yungas ubicada entre los 400 y 700 metros sobre el nivel del mar (ver Brown y
Malizia 2004). La zona de transición entre el Chaco y las Yungas constituye un eco-
tono, es decir que reúne elementos de ambos ecosistemas. Denominada la Selva de
Transición, ocupa una franja de unos 40 km de ancho sobre el límite occidental del
Chaco Salteño. La Selva de Transición es más alta que el bosque de la zona más
seca, y se tipifica por la presencia de especies pedemontanas (por ejemplo, el palo
amarillo, palo blanco, cebil colorado, lapacho rosado, urundel y pacará).
El distrito semiárido del Chaco Salteño se subdivide en cuatro zonas: “Sector orien-
tal de la cuenca del Itiyuro”, “Oeste de la cuenca inferior del río Pilcomayo”, “Interfluvio
Bermejo-Pilcomayo” y “Oeste de la cuenca inferior del río Bermejo”. El tipo de vegeta-
ción dominante es un bosque cuyas especies están “adaptadas […] a las importantes
fluctuaciones de disponibilidad hídrica y a las variaciones térmicas” y que pierden sus
hojas en el invierno: en otras palabras, un bosque xerófilo caducifolio.10
Como veremos más adelante, el Chaco Salteño está actualmente sujeto a un in-
tenso proceso de deforestación. Si bien el proceso está motivado por una variedad
de factores, no debe desconsiderarse la connotación peyorativa que tiene el término
monte que suele ser aplicado al bosque chaqueño. Como observa van Dam (2002:
28):
9
El Chaco Semiárido constituye una de las tres subregiones del Chaco Seco, que son el Chaco Serrano, Chaco
Semiárido y Chaco Arido. Abarca el este salteño, el oeste de las provincias de Formosa y Chaco, Santiago del Es-
tero y el noreste de Córdoba (Torrella y Adámoli 2005).
10
Dirección de Bosques 2004: 26; Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable 2005: 16. Para una descripción
de la vegetación de las cuatro zonas del Chaco Salteño semiárido, ver Secretaría de Ambiente y Desarrollo Susten-
table 2005: 16-18; Dirección de Bosques 2004: 27. Según van Dam (2002: 23, citando a Morello y Adámoli 1968),
están identificadas en el Chaco Argentino “116 grandes unidades de vegetación y ambiente”.
13
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Mientras que existe un conocimiento científico general sobre la fauna del Gran
Chaco, poco se sabe acerca de su ecología funcional, o sea su interacción con el
ambiente (Bucher 1980; Saravia Toledo 1989). La mayoría de las veces los textos
11
Arenas (2003) da cuenta del uso alimentario que hacen los Wichí y Toba de los recursos naturales del Chaco
Formoseño.
12
Cf. Scarpa y Arenas 2004.
14
Marco ecológico-social
se limitan a dar los nombres de las principales especies, con muy poca información
recabada en el terreno.
Para los indígenas del Chaco Salteño, la vida silvestre siempre representó un re-
curso primordial. Es una fuente no sólo de alimentos y sustancias curativas sino tam-
bién de materias primas, tales como cueros, huesos y plumas, que siguen siendo
utilizadas para la elaboración de utensilios y artesanía. Entre los mamíferos grandes
(de más de 10 kilos de peso), los pecaríes, la corzuela, el anta, el puma y el oso hor-
miguero figuran entre las especies más apreciadas. También hacen uso de especies
de porte menor, entre las cuales figuran los armadillos, los conejos y la vizcacha. En-
tre las diferentes especies de reptiles características del Chaco, se cazan la iguana
y el ampalagua. Entre las aves, la especie más apreciada es el suri, por su carne,
sus huevos y su plumaje. Para las comunidades ribereñas, el pescado siempre fue
la fuente más importante de carne, sobre todo durante la época seca. Entre las es-
pecies más importantes están el sábalo, la boga, el surubí y el dorado. Otra fuente
de alimentación principal son las mieles, recurso disponible mayormente durante la
época de lluvias. Al respecto, es elocuente el siguiente comentario:
Durante años, el monte chaqueño ha sido, y sigue siéndolo, el hábitat de una gran
diversidad de especies de abejas y avispas. Para la ciencia occidental, muchas de
estas especies, identificadas en el monte chaqueño, todavía no han sido estudiadas
en profundidad y menos aun han sido reveladas sus posibilidades productivas. Sin
embargo, para el pueblo wichí, milenario del Gran Chaco, el conocimiento sobre la
diversidad de especies de abejas y avispas forma parte de su acervo cultural. Desde
los antiguos hasta la actualidad, la recolección de miel para su uso como alimento y
como producto medicinal es una de las actividades principales de los wichí en la que
participan tanto hombres como mujeres. A partir de esta práctica, fueron construyen-
do conocimientos específicos sobre cada una de las especies: cómo identificarlas en
el monte, cómo sacar la miel, los pichones y el polen, cómo consumirla, cuáles son
las propiedades de cada una de ellas, y cuáles son los cuidados que hay que tener.
Ese conocimiento se transmite oralmente, desde hace años, de abuelos a nietos y de
padres a hijos, y forma parte de las enseñanzas que todo individuo debe tener cuando
entra en la juventud. [APCD sin fecha]
13
Ver también Chebez 1994: 287.
15
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Los pueblos indígenas que son objeto del presente estudio descienden de los prime-
ros pobladores del Chaco Salteño. Hay una confluencia de siete etnias, de distinto
origen, que pertenecen a tres familias lingüísticas (ver el Cuadro 2.2). Nuestro estudio
enfoca a los pueblos pertenecientes a las familias lingüísticas Mataguayo y Guaycurú,
considerados por la etnología como “chaquenses típicos”. Se caracterizan por una
adaptación cultural a las condiciones ecológicas que permite concluir que tienen una
profunda antigüedad de radicación. En el ámbito que nos ocupa, predominan demo-
gráficamente los Wichí.
De los guaraní-hablantes, existen en las provincias de Salta y Jujuy aproximada-
mente 21.000 Chiriguanos y 1.400 Chané, quienes habitan los valles pedemontanos
de la precordillera. Ambos son pueblos agricultores de origen amazónico, con la di-
ferencia de que los Chané provienen supuestamente de la rama sureña de la familia
lingüística arawak. Cuando recién ingresaron a las tierras que actualmente ocupan,
los Chiriguanos sometieron a los Chané, a tal punto que actualmente se los toma a
ambos como una sola comunidad cultural. Sin embargo, se diferencian cultural y lin-
güísticamente y mantienen una conciencia marcada de sus identidades distintas.
Cuadro 2.2 Pueblos Indígenas del Chaco Salteño
14
Para un cronograma de los eventos más significativos del proceso de la colonización del Chaco Salteño durante
la época colonial, ver Palmer 2005: 14-27. Para los eventos de la era republicana, tal y como incidieron en la vida
social y económica de los indígenas del oeste del Chaco Formoseño, ver Arenas 2003: 85-150.
16
Marco ecológico-social
[…] una de las principales repercusiones de la ganaderización del chaco será sus
consecuencias en las condiciones de vida de la población indígena, que ve cómo con
15
Villar 2006: 207. Ver también Bossert 2006; Adámoli et al. 2004a: 7.
16
Califano 1978; Hirsch 2006.
17
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
la degradación de los bosques y los pastizales, con la contaminación del agua, con
la reducción de sus territorios, etc., las condiciones de su reproducción se ven ame-
nazadas. Se trata de dos sistemas de producción, caza, pesca y recolección por un
lado, ganadería, por otro lado, absolutamente irreconciliables. Ello marcará el perma-
nente conflicto entre aborígenes y criollos que caracteriza a la zona.
La ocupación criolla del Chaco Salteño está vinculada a dos iniciativas de coloniza-
ción: Colonia Rivadavia (hoy cabecera del departamento del mismo nombre) y Colo-
nia Buenaventura (actualmente Lote Fiscal 55). La primera –establecida en 1862 por
decreto de la Provincia de Salta– consolidó una ocupación criolla que se venía dando
desde unos años atrás. Fue motivada por el interés en abrir una comunicación fluvial
con el estuario del río de la Plata mediante el curso del río Bermejo. La Colonia se
emplazó en contigüidad a la desembocadura del río Dorado sobre el Bermejo, en un
paraje denominado Esquina Grande. La Provincia, obviando la aplicación de la ley de
1863 que prohibía la concesión de tierras públicas a través de las conocidas “mer-
cedes de tierras”, haría uso de esa forma de concesión en favor de los criollos de la
Colonia hasta unos cinco años con posterioridad a la ley (Jaime 1999). Recién a partir
de 1869 se incrementan las operaciones de compra-venta.
La población criolla de Rivadavia se caracterizaba –como hasta el presente en
gran parte del Chaco Salteño– por ser ganaderos que vivían principalmente del pas-
toreo de vacunos y, secundariamente, de ganado menor. Hacia el último tercio del
siglo XIX, habíase ya producido en la Colonia, como consecuencia del libre pastoreo,
un notable deterioro del ambiente natural, generándose en consecuencia impiadosos
antagonismos entre los mismos criollos por el uso de la tierra (Astrada 1906).
Aun así, las cuatro últimas décadas del siglo XIX vieron la ampliación de la juris-
dicción provincial al interior del Chaco por la zona del Bermejo (en 1866 se creó el
departamento de Rivadavia, ampliando los límites originales de la Colonia). También
se logró el crecimiento de la producción ganadera, pero en desmedro de la población
preexistente indígena y en desmedro también del equilibrio ecológico.
18
Marco ecológico-social
Las primeras relaciones laborales que se hayan entablado entre los indígenas y los
colonos datan de la época colonial. Los Wichí de lo que hoy se conoce como el Cha-
co Salteño pedemontano trabajaban en haciendas azucareras de la zona desde la
primera mitad del siglo XVIII. Para comienzos de la era republicana, la cosecha de
azúcar involucraba una mano de obra local de entre 700 y 800 Wichí, cifra que para
fines del mismo siglo XIX llegaba a miles. Hasta la mecanización de los ingenios en
la década de 1960, los indígenas del Chaco (tanto salteño como formoseño) aban-
donaban sus comunidades hasta por nueve meses del año (marzo-noviembre) para
cortar, sembrar, desmalezar y cosechar las plantaciones de caña (Palmer 2005: 27,
28 n. 33).
19
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
17
Desde mediados del siglo XIX se había establecido en el Chaco Argentino la industria del tanino, que también
generó una enorme demanda de madera de quebracho colorado, pero no afectó directamente al Chaco Salteño
(cf. van Dam 2002: 47).
20
Marco ecológico-social
21
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
• En 1986 los desmontes –visibles como cuadritos grises– llegaron a cubrir una
superficie de un poco más de 100 mil hectáreas (Mapa 2.2A).
• Durante los próximos diez años, hasta 1996 (Mapa 2.2B), se desmontaron unas
55 mil hectáreas adicionales, equivalentes a una tasa anual de 5.500 Has.
• Entre 1996 y febrero 2006 se observa que aumentó rápidamente la superficie
desmontada (Mapa 2.2C). En esos diez años desaparecieron 142 mil hectáreas
de bosque nativo, lo equivalente a más de 14.000 Has. por año.
• Entre 2006 y septiembre 2008 fueron desmontadas aproximadamente 95.217
Has. adicionales (Mapa 2.2D), llevando el total de superficie desmontada a
394.847 Has. y el promedio anual a más de 47.500 Has.
La vegetación que vemos hoy en el Chaco Salteño ha sufrido una serie de cambios
ocasionados directa o indirectamente por el impacto del mundo no indígena. Más de
cien años de explotación ganadera y maderera descontrolada, agravada por la pros-
pección petrolera y, últimamente, la deforestación indiscriminada, hacen que un pai-
22
Marco ecológico-social
18
Ver [Link]. Adámoli et al. 2004a; Adámoli et al. 2004b; Boletta et al. 2007; Dirección de Bosques 2004; Secretaría
de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable 2005.
19
De acuerdo a lo establecido en el Preámbulo al Convenio sobre la Diversidad Biológica, al que la Argentina se
adhiere por Ley 24.375: “Cuando exista una amenaza de reducción o pérdida sustancial de la diversidad biológica
no debe alegarse la falta de pruebas científicas inequívocas como razón para aplazar las medidas encaminadas a
evitar o reducir al mínimo esa amenaza”. Ver también art. 3, inc. “d”, de la Ley Nacional de Presupuestos Mínimos
de Protección Ambiental de los Bosques Nativos (Ley 26.331); art. 4, inc. 1, de la Ley provincial de Medio Ambiente
(Ley 7.070).
23
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
(medidos en términos de NBI). Según los autores, el hecho se debe a que la renta
asociada al cultivo de la soja “tiene una apropiación fundamentalmente privada, muy
concentrada, y en muchos casos con destinos a otras regiones”.20
De la misma manera, un informe oficial concluye que “el solo incremento en el
volumen de producción de alimentos no soluciona los problemas de la pobreza y en
especial del hambre” (Adámoli et al. 2004b: 98). Al contrario, constituye “uno más en-
tre los elementos del modelo instalado de concentración de renta y exclusión social”
(ibid.). El mismo informe aduce (p. 95) que: “En la década del 90 la Argentina duplicó
el volumen de sus cosechas de granos, al mismo tiempo en que aumentaron –con
una intensidad que no registra precedentes– la miseria, la indigencia y el hambre”.
Remarca las “duras realidades” de una caída del trabajo rural y migraciones a los
“cinturones de pobreza” (ibid., pp. 93, 100).21 El costo social ha sido evaluado en los
siguientes términos:
En resumidas cuentas, la situación del Chaco Argentino –de la cual el Chaco Sal-
teño no está exento– evidencia lo que la Secretaría de Ambiente de la Nación (2005:
32) identifica como “una tendencia preocupante vinculada con las áreas boscosas
nativas, provocada principalmente por […] el afán de lucro a corto plazo, que despre-
cia las consecuencias sociales y ambientales que la pérdida de bosques ocasiona”.
La observación cobra particular relevancia cuando nos referimos a comunidades in-
dígenas cuyas estrategias de vida están íntimamente ligadas al uso de la tierra y los
recursos forestales disponibles.
Al respecto, hay que remarcar que la interacción indígena con el medio ambiente
no se reduce a cuestiones utilitarias de subsistencia y supervivencia económica, sino
que implica una relación que la Corte Interamericana de Derechos Humanos define
como “simbiótica” y “omnicomprensiva” (Gialdino 2006: 5, 27 n. 67). De acuerdo a la
jurisprudencia de la misma Corte: “Para las comunidades indígenas la relación con la
tierra no es meramente una cuestión de posesión y producción”, sino que debe ser
reconocida y comprendida como “la base fundamental de sus culturas, su vida espi-
ritual, su integridad”. Entendidos así, sus territorios y recursos constituyen, además
de su principal medio de subsistencia, “un elemento integrante de su cosmovisión,
religiosidad y, por ende, de su identidad cultural”. En otras palabras, son elementos
constitutivos de su “forma […] particular de ser, ver y actuar en el mundo”, de mane-
ra que desvincular a las comunidades indígenas de la relación que mantienen con la
tierra acarrea el “riesgo cierto de una pérdida étnica y cultural irreparable” (Gialdino
2006: 5). En otras palabras, está en riesgo no sólo la diversidad cultural sino también
la vida de los pueblos indígenas del Chaco Salteño.
20
Los autores estudiaron 96 departamentos en las provincias de Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Salta, San-
ta Fe y Corrientes. La sigla NBI corresponde a la medida empleada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos
(INDEC) para determinar el porcentaje de la población con Necesidades Básicas Insatisfechas.
21
Según el análisis que hace van Dam de la industria sojera, la misma genera un puesto permanente cada 500
hectáreas, mientras “los requerimientos de mano de obra han disminuido de 2,5 jornales por hectárea a 0,5 jornales
por hectárea” (2002: 88-89).
24
3 LA BASE DE DATOS
Este libro presenta los resultados de nuestro análisis de lo que llamamos la Base de
Datos de los Pueblos Indígenas del Chaco Salteño. Como paso previo a la presenta-
ción, conviene hacer una breve reseña de lo que es aquella iniciativa que dio origen
al presente trabajo.
La Base de Datos reúne un conjunto de datos sobre distintos aspectos de las co-
munidades indígenas del Chaco Salteño. El material que presentamos constituye tan
sólo una selección de los puntos más relevantes de la encuesta realizada. Son puntos
relevantes en el marco de la lucha actual de las comunidades indígenas por mante-
ner su identidad como pueblos originarios y, ante el avance del frente agroindustrial,
proteger las tierras y los recursos naturales que forman la base de sus respectivas
economías y cosmovisiones.
La Base de Datos nació como proyecto a partir de las frustraciones sentidas por
los líderes de organizaciones indígenas, y por las ONGs que colaboran con ellos,
ante el vacío informativo que ya fue comentado en la Introducción. Desde el inicio, el
proyecto se ajustó a una serie de principios que sirvieron de guía tanto en el diseño
como en la ejecución del mismo:
3.1 Metodología
Los temas sobre los cuales se recopilaron datos fueron debatidos en un proceso
que involucró a organizaciones indígenas, ASOCIANA y la Facultad de Humanida-
des de la Universidad Nacional de Salta (UNSa). El proceso duró más de un año,
durante el cual se trabajó con sucesivas listas, hasta llegar a la definitiva que es la
siguiente:
25
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
El trabajo de campo fue coordinado por ASOCIANA, y las encuestas fueron rea-
lizadas por equipos conformados por personal de ASOCIANA, estudiantes de la Fa-
cultad de Humanidades de la UNSa, y líderes indígenas. Se puso énfasis en la parti-
22
Sobre los conceptos y principios de la investigación participativa, ver Rietbergen-McCracken y Narayan 1998:
125; Oakley y Marsden 1987.
26
Base de Datos
Nota: Las zonas de encuesta se distinguen por sus nombres y por los sombreados en escala de gris. Los departa-
mentos se delimitan con líneas de puntos, y están identificados con las siguientes siglas: (A) Anta; (M) Metán; (R)
Rivadavia; (SM) San Martín. La ubicación de las cabeceras municipales se indica con los nombres de los respec-
tivos municipios.
27
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Todo lo anterior hace referencia a problemas logísticos. Además, surgieron otros retos
que tuvieron que ver con la parte técnica de la estructuración de la Base de Datos.
La información fue recabada a través de entrevistas estructuradas que se realiza-
ron con cada uno de los hogares de las comunidades encuestadas. El relevamiento
involucró meses de trabajo de campo en cada zona, durante los cuales los encuesta-
dores y los asistentes indígenas visitaron los hogares de cada comunidad, realizando
una minuciosa entrevista con los miembros de cada núcleo familiar. En general, la
encuesta comenzó con una reunión comunitaria a la que fueron invitados todos los
miembros de la comunidad en cuestión. Allí se presentó el proyecto, su propósito y la
metodología de trabajo.
Previo a las visitas a los hogares, se les pidió a los líderes que indiquen por medio de
un croquis los hogares a ser incluidos en la encuesta. Si bien a veces ese trabajo se
concretó con un grupo más reducido de personas delegadas, el ejercicio tuvo la fina-
lidad de permitir que los líderes asuman el control del relevamiento. Copias digitales
de los croquis realizados están almacenadas en la Base de Datos, pero a modo de
ejemplo incluimos el que fuera confeccionado por los miembros de la Comunidad de
Misión Chaqueña (Mapa 3.2).
El instrumento para la encuesta consistía de 4 formularios independientes, llama-
dos Campo A, Campo B1, Campo B2 y Campo B3 (ver Anexo 1). El formulario CAM-
PO A estuvo destinado a generar un perfil de cada comunidad. Tiene 11 secciones,
con un total de 35 preguntas y/o campos referidos, entre otros, al nombre de la comu-
nidad, su ubicación, su pertenencia étnica, su historia, el liderazgo y la organización,
la infraestructura, las fuentes de agua y las tierras tituladas, reclamadas y usadas.
Los formularios CAMPO B1, B2 y B3 fueron aplicados en el ámbito del hogar. El B1
28
Mapa 3.2 Croquis de Misión Chaqueña
29
Base de Datos
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
fue diseñado para el censo de población. En cada hogar, la entrevista fue realizada
con el jefe o jefa de familia, a quien se le pidió los datos de cada miembro de su hogar.
Los datos fueron copiados de los documentos de identidad de quienes disponían de
documentación ([Link]. DNI o cédula de identidad). Caso contrario, se tomaron datos
verbales, ya sea del mismo individuo o por medio de otro miembro de la familia. Se
registró el nombre y apellido de cada miembro del hogar, su número y tipo de docu-
mento, sexo, fecha de nacimiento, parentesco en relación con el jefe o jefa de familia,
y lugar de nacimiento y crianza.
Asimismo, la encuesta enfatizó la cuestión de la identidad étnica. Se preguntó a
cada jefe de familia acerca del pueblo indígena con que se identifican él/ella y el resto
de los miembros de su núcleo familiar, asegurando así el autorreconocimiento étnico.
Puesto que la cuestión de la identidad indígena tiene que ver también con el criterio
del idioma, la encuesta indagó sobre el idioma de mayor uso cotidiano de cada per-
sona, como así también otro(s) idioma(s) hablado(s) por la misma.
Cabe mencionar que, previo a la entrevista, los encuestadores informaron a las
personas que no era obligatorio dar la información ni tampoco mostrar los documen-
tos de identidad si por algún motivo no querían hacerlo. A su vez, al momento de la
devolución, representantes de las comunidades labraron actas que dan constancia
de sus deseos con respecto al ulterior manejo de la información. Un aspecto crítico en
ese sentido es el anonimato de los encuestados, motivo por el cual sus datos perso-
nales (nombre, apellido, documento) no están publicados en este libro. Copias de las
actas firmadas por los representantes comunitarios se incluyen en el Anexo 2.
El formulario B2 identifica los vínculos que cada hogar mantiene con otras comuni-
dades o localidades. En la mayoría de los casos los vínculos con personas que viven
en otros lugares derivan de relaciones de parentesco y, en menor grado, de activida-
des económicas (ver el Capítulo 4).
El formulario B3 recopila información sobre la diversidad de actividades económi-
cas realizadas por el conjunto de los miembros de cada hogar, indicando si las reali-
zan mujeres, hombres o ambos sexos (ver el Capítulo 5).
El diseño de los formularios tuvo en cuenta la necesidad de minimizar el tiempo
destinado a su llenado, particularmente para los que fueron aplicados en el ámbito
del hogar (CAMPOS B1, B2 y B3). Dentro de lo práctico y posible se priorizó la for-
mulación de preguntas cerradas (con respuestas de SI o NO), para las cuales sólo se
requería una tilde.
Borradores de los formularios fueron probados en una breve experiencia piloto que
se realizó en tres comunidades, en el mes de octubre de 1999. Eso permitió compro-
bar la practicidad del diseño del formulario, como así también conocer los tiempos
de aplicación. En base a esa experiencia previa se realizaron los ajustes finales a la
metodología y a los mismos formularios.
30
Base de Datos
Además de los datos numéricos y de texto, la Base de Datos cuenta también con in-
formación gráfica consistente en los antes mencionados croquis comunitarios y otros
croquis territoriales. En cada comunidad encuestada se pidió que un grupo de los
miembros dibujara sobre una cartulina un croquis esquemático que indique los sitios
que recurren en busca de los diferentes recursos naturales que constituyen la base
de su economía familiar.
Los croquis territoriales complementan la encuesta realizada a través del formula-
rio CAMPO A con respecto al uso de la tierra. En el formulario se consignaron datos
sobre la dirección y distancia de los recorridos que los miembros de cada comunidad
emprenden para sus fines de subsistencia. Fueron seleccionadas nueve actividades
–caza, pesca, recolección de frutos, recolección de miel, corte de leña, producción
de carbón, elaboración de artesanías, carpintería y construcción de viviendas– en
base a los siguientes criterios:
31
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Los primeros borradores de los censos ingresados al programa Excel fueron impre-
sos y devueltos a cada comunidad para su revisión. Las correcciones se reingresaron
23
Para la ubicación de la comunidad de Pacará, ver el Mapa 4.3.
32
Base de Datos
al archivo Excel. A la vez, con los datos ingresados a la Base (en Access), se ela-
boraron carpetas que resumían la información sobre cada comunidad. Las carpetas
fueron devueltas a las comunidades en el contexto de reuniones que se realizaron en
cada una de las seis zonas de encuesta.
En cada reunión se hizo una presentación de los datos generales de la zona, em-
pleándose a esos efectos una proyección con PowerPoint de los diferentes aspectos
del trabajo y una selección de los resultados. Cada comunidad, a través de un líder
o delegado, recibió su respectiva carpeta, la que contenía, entre otros, el perfil de la
comunidad, un censo completo y su situación con respecto a tierras, infraestructura
y estado de organización. Al final de cada reunión se planteó a los participantes la
cuestión de la autoría de los datos y su posterior administración. En cada caso, los
líderes elaboraron un acta en la que manifestaron su decisión al respecto. Como ya
lo mencionamos, presentamos copias de las actas en el Anexo 2.
Debido al lapso transcurrido desde el inicio de la encuesta, consideramos oportu-
na la realización de una última gira de visitas, hacia fines del año 2006, a las diferen-
tes zonas a fin de revisar y actualizar los siguientes aspectos de la Base de Datos:
• Listado de comunidades
• Tierras tituladas
• Tierras reclamadas
• Personería jurídica.
33
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
34
4 POBLACION INDIGENA
A nivel regional, las comunidades indígenas del Chaco Salteño registran, según infor-
mación relevada en la Base de Datos entre los años 2000 y 2003, una población de
20.269 personas. El Cuadro 4.1 indica la distribución por departamento.
Cabe mencionar, por un lado, que el total registrado incluye a una pequeña propor-
ción de criollos y personas guaraní-hablantes integradas en familias indígenas, cifra
35
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
que consideramos más adelante en este capítulo. Por otro lado, el total registrado no
incluye aquellas comunidades indígenas que no llegaron a ser censadas antes del
cierre del relevamiento. En algunos casos, contamos con estimaciones de población
que hicieron los líderes de esas comunidades, y esas estimaciones están incluidas
en los cuadros en que presentamos los resultados zonales (ver más adelante). Algu-
nas de las omisiones son significativas, y corresponde mencionar aquí tres casos en
particular:
24
John Palmer, comunicación personal.
36
Población indígena
Las zonas con mayor diversidad étnica son las de Tartagal (8 etnias), Embarcación
(7 etnias) y Pilcomayo (7 etnias). La zona de encuesta con menor diversidad étnica
es la de Rivadavia Banda Sur, donde todos los que se identificaron como indígenas
pertenecen a la etnia wichí.
El Cuadro 4.2 incluye también una serie de categorías mixtas que corresponden a
personas entrevistadas que indicaron tener padres de diferente identidad étnica. No
entramos en detalle sobre el tema, pero incluimos la información a fin de ilustrar la
composición interétnica de algunas familias.
(*) El INDEC (2004) registra para la población salteña de la etnia chorote un total de 2.147 personas (ver el Cuadro
1.5). Esa cifra supera en más del 40% el resultado arrojado por la Base de Datos. La diferencia es llamativa, más
aun si se tiene en cuenta que el total nacional para la misma etnia también supera –en más del 100%– todas las
estimaciones anteriores, las cuales se habían mantenido relativamente estables desde el año 1974 (Cuadro 1.2).
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Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
38
Población indígena
La población indígena total estimada (23.225 personas) tiene una distribución hete-
rogénea, concentrándose en ciertas áreas más que en otras. Considerando prime-
ramente la distribución por zonas de encuesta, el Mapa 4.1 demuestra que la mayor
parte se ubica en el norte del Chaco Salteño. Las zonas del Pilcomayo, Embarcación
y Tartagal comprenden el 73% de la población. Esta concentración es aun más nota-
ble si tenemos en cuenta que más de la cuarta parte (28,1%) de la población indíge-
na estimada vive en la zona del Pilcomayo. Hacia el sur la concentración disminuye,
distribuyéndose entre las zonas de Morillo (10,8%), Rivadavia Banda Sur (7,6%) y
Anta/Metán (4,8%).
Para el análisis de la distribución de la población indígena a nivel departamental,
la misma se concentra principalmente en Rivadavia (46,5%) y San Martín (45%). El
resto se distribuye en Orán (3,7%), Anta (3,5%) y Metán (1,3%). Esta distribución por-
centual es muy similar a la distribución porcentual calculada en el Censo Indígena de
1984, aunque, como señalamos en el Cuadro 4.5, las cifras de la población en sí son
muy dispares.
El Cuadro 4.6 presenta los totales de personas indígenas para los 17 municipios
cubiertos por este estudio, con el agregado de las estimaciones adicionales. Basado
en esas cifras, el Gráfico 4.2 revela que hay una alta concentración en pocos mu-
nicipios. Vemos que más de la mitad de la población indígena (52%) habita en dos
municipios, Santa Victoria Este y Embarcación, y que el primero cuenta con más de
la cuarta parte (29,1%) del total para toda la región.
El Cuadro 4.6 muestra también la población indígena como un porcentaje de la
población total por municipio (según datos del INDEC 2001). Los resultados indican
que la población indígena de Santa Victoria Este –a diferencia de todas las demás–
constituye la mayoría (65,9%) de la población total del municipio. En otros cuatro mu-
nicipios –Ballivián, Embarcación, Rivadavia Banda Norte, Rivadavia Banda Sur– la
población indígena constituye más de la quinta parte.
En su conjunto, la población indígena del Chaco Salteño representa el 9% del total
de la población de la región.
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Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Mapa 4.1 Población indígena del Chaco Salteño, por zona de encuesta
Nota: Las cifras en negrita indican la población indígena registrada en cada zona de encuesta, incluyendo a guaraní-
hablantes y criollos que conviven con miembros de las comunidades encuestadas. Las cifras entre paréntesis indican
los totales estimados cuando se incluyen las comunidades no registradas.
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Población indígena
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En la zona del Pilcomayo (Municipio de Santa Victoria Este, Dpto. Rivadavia) han sido
identificadas un total de 52 comunidades, incluyendo grupos de familias dispersos en
áreas semiurbanas y aquellos ubicados en lugares de residencia temporaria. De ese
total, 46 comunidades fueron identificadas durante las encuestas, con una población
total de 6.517 personas. Las restantes (Algarrobal, Arenales, Las Vertientes II, Los
Tambores, Tuscal y Orquizo) entraron en existencia luego del relevamiento.
Observamos en el Cuadro 4.7A la existencia de cuatro comunidades cuya pobla-
ción supera 500 personas: a saber, Alto de la Sierra, La Puntana, Misión La Paz y
Santa María. También se observa una concentración de la población indígena en las
cercanías del centro administrativo de Santa Victoria Este, sumando un total de 712
personas entre las comunidades de Cañaveral, Ebenezer, Barrio Roberto Romero y
familias dispersas en el ámbito urbano.
Las demás cifras indican que más de la mitad de la población (52%) se distribuye
en comunidades más pequeñas, con un promedio de aproximadamente 90 personas
(18 familias). Al menos 15 de las comunidades tienen menos de 60 personas, refle-
jando un patrón característico de los pueblos indígenas del Gran Chaco (Leake 1998:
53).
Por otro lado, el Mapa 4.2 revela una notable concentración de comunidades so-
bre la margen del río Pilcomayo. La población de las mismas comprende el 65% del
42
Población indígena
total registrado para la zona, proporción que se eleva si incluimos a las comunidades
aledañas al pueblo de Santa Victoria Este.
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Mapa 4.4 Ubicación de comunidades: zona Embarcación
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Mapa 4.7 Ubicación de comunidades: zona Anta/Metán
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El 31% restante de la población indígena de la zona registrada –la que está ubica-
da fuera de los centros urbanos– también evidencia la influencia misionera, ya que
más del 90% del mismo vive en comunidades fundadas en tierras asignadas por los
Anglicanos (Misión Chaqueña, Carboncito y San Ignacio). El otro 10% se distribuye
en tres comunidades –Emboscada, Pozo Hondo y Media Luna– ubicadas en tierras
que no dependen ni de un centro urbano ni de una misión.
En la zona de Rivadavia Banda Sur, la Base de Datos registra una población indíge-
na de 1.775 personas distribuidas en 21 comunidades y barrios. Los subtotales para
cada asentamiento se presentan en el Cuadro 4.11.
El Mapa 4.6 muestra la distribución geográfica de las comunidades. Se aprecia
la presencia de tres aglutinaciones nucleadas alrededor de los pueblos de La Unión,
Rivadavia y el paraje Santa Rosa, todos ubicados sobre la Ruta 13. Es interesante
observar que aproximadamente la mitad de la población (902 personas) se concen-
tra en comunidades y barrios asociados a La Unión y Santa Rosa. La otra mitad
(873 personas) se distribuye en comunidades y barrios asociados con el pueblo de
Rivadavia.
Con respecto a la proporción de las comunidades ubicadas cerca de un centro ur-
bano relativa a las del bosque o del río, encontramos una marcada diferencia a nivel
de las dos mitades mencionadas. En el caso de la población indígena asociada a La
Unión y Santa Rosa, casi el 93% es urbana y los otros viven en una sola comunidad,
Misión La Purísima, situada cerca del río. En cambio, en la mitad correspondiente
al pueblo de Rivadavia, el 56% de la población vive en o cerca del pueblo, y el 44%
restante se distribuye en 7 comunidades ubicadas en el interfluvio entre el Bermejo y
el Teuquito (El Chañaral, El Cocal, San Felipe, La Esperanza, Aguas Muertas y Lote
30, El Zapallar, El Algarrobal).
56
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Con respecto a la ocupación ancestral del río Dorado por parte de los Wichí, ver Palmer 2005: 17, 20, 28.
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La IGPJ registra también cuatro comunidades indígenas en el Municipio de Tartagal – Nueva Esperanza, Pueblo
Nuevo, 12 de Octubre, Vitiche – que hasta la fecha de la elaboración del presente trabajo no hemos podido identi-
ficar y que, por lo tanto, no están incluidas en nuestro análisis.
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Ver al respecto Braunstein 1983, Alvarsson 1988, Palmer 2005, Barúa 2007.
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Población indígena
político, formando parte de complejas redes sociales a través del espacio y del tiem-
po. Los datos hasta ahora analizados indican que dichas redes sociales, que tras-
cienden los límites municipales, departamentales, provinciales e internacionales, dan
la pauta de que en realidad los indígenas relevados en la Base de Datos conforman
parte de pueblos étnicos cuya amplia distribución va más allá del área que abarca
este estudio.
61
5 ACTIVIDADES ECONOMICAS
Para sostenerse durante milenios de los recursos que brinda la naturaleza, los pue-
blos indígenas del Chaco han desarrollado conocimientos y técnicas especializados,
demostrando en el proceso una adaptación ecológica de alta sofisticación. La econo-
mía tradicional de las comunidades indígenas del Chaco Salteño –conocida antropo-
lógicamente como una economía “cazadora-recolectora”– se caracteriza por el apro-
vechamiento de la diversidad de recursos naturales, tanto del bosque como de los
ríos, según la época. Su complejidad es descripta por Arenas (2003: 181-96), quien
detalla el ciclo anual de los Wichí y Toba de la zona del Pilcomayo formoseño.
Hoy en día, como consecuencia del contexto histórico intercultural en que las co-
munidades están inmersas, su panorama económico tiene un perfil muy distinto. Este
capítulo analiza, aunque sea esquemáticamente, la economía indígena en el ámbi-
to regional actual del Chaco Salteño. A esos efectos se basa en el trabajo de Ellen
(1994), quien define el modo de subsistencia de una población indígena en términos
de la diversidad de actividades realizadas por la misma.
5.1 Metodología
62
Actividades económicas
en el tiempo y esfuerzo que deben ser invertidos para conseguir el recurso, a expen-
sas de la realización de otras actividades de subsistencia. Además, tiene cierto valor
comercial, en el sentido de que, sobre todo al interior del Chaco Salteño, la recolec-
ción de leña constituye una changa típica que los indígenas hacen para sus vecinos
criollos.
Si bien la artesanía tiene actualmente una función principalmente comercial, deri-
va de técnicas tradicionales (uso del chaguar en el caso de la artesanía femenina, y
de la madera en el caso de la masculina). Además, la artesanía femenina reproduce
–con algunas innovaciones introducidas con fines de márketing– los artefactos que
las mujeres tradicionalmente fabrican.
Cuadro 5.1 Actividades de subsistencia indígena
Otras tres actividades encuestadas que dependen del uso de la madera, pero que
incluimos entre las actividades no tradicionales, son la carpintería y la producción de
carbón y postes. Forma parte del mismo grupo la venta de madera en rollo, pero no
fue incluida en la encuesta por una serie de motivos. En primer lugar, al momento de
elaborar el cuestionario, la tala de árboles no se consideraba una actividad importan-
te. En segundo lugar, es una actividad que trae aparejadas cuestiones de legalidad,
por el sistema de guías (permisos) de que depende. Además, suele ser motivo de
conflicto entre familias, que sean de la misma comunidad o de comunidades distintas.
Por lo tanto, no preguntamos sobre el corte y la venta de madera en rollo para no abu-
sar de la confianza de las personas encuestadas. Cabe mencionar, sin embargo, que
durante los últimos cinco años la actividad tuvo en todo el Chaco Salteño un notable
incremento (Horne y Morillo-Horne 2004).
Con relación a la miel, diferenciamos entre la recolección de miel silvestre del
bosque y la apicultura (producción de miel con colmenas) para determinar la relativa
importancia que tiene la nueva técnica productiva en la economía familiar. Cabe men-
cionar que, en cuanto se trata de la abeja “extranjera”, la miel en sí muchas veces se
destina en ambos casos, tanto la silvestre como la cultivada, a la venta.29
La cría de animales domésticos la dividimos en tres categorías –gallinas, cabras
y vacas– pero aclaramos que, al referirnos a “gallinas”, aludimos a las aves de co-
rral en general (incluso pavos, patos y gallinas de guinea); asimismo, la categoría
de “cabras” debe entenderse en un sentido que abarca el ganado menor en general
(incluso cerdos y ovejas). La división tripartita se debe, primero, a que la posesión de
29
Sobre la recolección de miel silvestre entre los Wichí del Bermejo formoseño, ver APCD (sin fecha).
63
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
ganado menor por parte de una familia marca una clara diferenciación con respecto
a las familias que sólo poseen aves de corral. Ello es así porque el ganado menor
representa un capital, mientras las gallinas suelen servir para el autoconsumo. En
cuanto a las vacas, la cría de ganado mayor es una actividad tan poco habitual entre
los indígenas del Chaco Salteño que corresponde identificarla por separado.
No fueron incluidos en el estudio los planes sociales otorgados por los Estados na-
cional y provincial –como ser el Plan Trabajar y el Plan Jefes y Jefas de Hogar– por-
que, si bien representan actualmente una importante fuente de ingresos, al momento
en que se diseñó la encuesta recién comenzaban a implementarse. Es más, la infor-
mación puede ser recabada con mayor precisión desde las fuentes estatales.
A continuación vemos las conclusiones que surgen del análisis de los datos recopi-
lados en cada una de las seis zonas. Incorporamos una serie de gráficos que com-
paran los resultados zonales con el patrón regional, calculado como el promedio del
conjunto de las seis zonas. Para los datos numéricos en sí, remitimos al lector al
Anexo 4, donde se detalla la incidencia estadística de cada actividad a nivel zonal.
64
Actividades económicas
(53%), a pesar de que la zona tiene un régimen de lluvias inferior al de otras zonas
–las de Tartagal, Embarcación y Anta/Metán– donde esta actividad registra tasas de
incidencia notablemente más bajas.
A la par de las actividades tradicionales, posibilitadas por la relativa integridad del
ecosistema local (ver el Capítulo 6), es interesante notar que la zona del Pilcomayo
cuenta con la mayor proporción de hogares que crían gallinas (72%). El resultado de-
muestra que la cría de gallinas no es una actividad alternativa practicada mayormente
por comunidades que viven en zonas deforestadas donde tienen menos posibilidades
de realizar actividades tradicionales.
Si tenemos en cuenta que la zona del Pilcomayo también registra el porcentaje
más alto de hogares que crían cabras (38%) –posición compartida con la zona de Mo-
rillo– empezamos a ver que, donde menos se ha turbado la relación de los indígenas
con la tierra, más disfrutan ellos de libertad en cuanto a sus opciones económicas.
Las cifras registradas para la venta de carbón y postes apuntan a la misma con-
clusión. La producción de carbón es una actividad más difundida en la zona del Pil-
comayo (44%) que en cualquier otra zona de la región. Con respecto a la producción
de postes, el Pilcomayo ocupa el segundo lugar en cuanto al porcentaje de hogares
indígenas que participan de dicha actividad. En parte, el dato refleja la continuidad
de una actividad impulsada por una demanda externa que se viene dando desde la
década de 1960 (y que se mantiene en la zona por la disponibilidad sostenida de
quebracho colorado y palo santo). Al mismo tiempo refleja el impacto local que ejerce
la expansión agroindustrial promovida en otras zonas. Habida cuenta de que los pos-
tes están destinados principalmente al cerramiento de los desmontes realizados por
empresas de tipo sojero –por ejemplo, en el departamento vecino de San Martín– es
evidente que, ante el agotamiento de recursos madereros en otras zonas, la demanda
está recayendo sobre los indígenas de la zona del Pilcomayo.
La changa, al igual que la carpintería y las pensiones, son los únicos medios de
subsistencia cuya incidencia en la zona del Pilcomayo está por debajo del promedio
regional.
En base a este breve análisis, vemos que la economía de las comunidades indíge-
nas de la zona del Pilcomayo mantiene su estrecha relación con la tierra y los recur-
sos del bosque y del río. El promedio de dependencia de esos recursos supera nota-
blemente los resultados generales que se registran en el resto del Chaco Salteño.
65
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
la changa y la artesanía. En el Gráfico 5.2 vemos que el 73% de los hogares hace
trabajos de artesanía, lo cual supera levemente el promedio regional (71%). Se trata
mayormente de artesanía femenina, la que tiene en la zona una difusión cuatro veces
mayor que la masculina. Como ya lo hemos dicho, la artesanía femenina depende
principalmente del chaguar, planta de muy limitada distribución en la zona. Crece úni-
camente en el extremo este, donde la Selva de Transición limita con el Chaco seco.
Ultimamente los desmontes están avanzando sobre dicha área de chaguarales, limi-
tando aun más la disponibilidad del recurso en la zona. Las familias indígenas que vi-
ven en los barrios periféricos del pueblo de Tartagal sortean la falta local de recursos,
consiguiendo la materia prima por medio de la compra o por trueque con parientes
que habitan en la zona del Pilcomayo.
66
Actividades económicas
nales menos la agricultura (31%), pero incluso ésta registra un promedio de participa-
ción inferior al regional.
Un patrón parecido se presenta en relación con las actividades no tradicionales.
Salvo en los casos de la carpintería, la venta de postes y carbón, y la cría de gallinas,
la incidencia de actividades no tradicionales en las comunidades indígenas de la zona
es inferior a todas (o casi todas) las otras zonas. En cuanto a las cuatro excepciones
mencionadas, la cría de gallinas y la venta de postes cuentan con un nivel de partici-
pación inferior al promedio regional. La venta de carbón es una actividad practicada
por un porcentaje de hogares similar al promedio regional. Unicamente la carpinte-
ría ocupa un lugar destacado. Tiene mayor incidencia en la zona de Tartagal que en
cualquier otra, afectando al tercio (34%) de los hogares indígenas. Aquel tercio, cabe
resaltar, representa hogares pertenecientes a comunidades (peri)urbanas, por ser la
carpintería una actividad que existe como corolario de la fuerte presencia de aserra-
deros en los pueblos de la zona.
67
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
En la zona de Morillo, las comunidades indígenas habitan un medio que hasta ahora
no fue alcanzado por desmontes masivos. En su mayoría están situadas sobre la Ru-
ta 81, a unos 50 kilómetros al norte del río Bermejo. Tienen acceso a una diversidad
de ambientes, tanto del río como del bosque, particularmente en la zona del abanico
fluvial del Bermejo.
Los datos estadísticos proporcionados por la encuesta económica zonal (Anexo
4, Cuadro 4) dan resultados que indican que la economía indígena en la zona se fun-
da actualmente en una diversidad de actividades que apuntan tanto al autoconsumo
como a la generación de ingresos por medio de la venta de productos forestales y
mano de obra. Tal y como lo indica el Gráfico 5.4, las actividades tradicionales siguen
manteniendo su importancia, a tal punto que el porcentaje de los hogares que se
ocupan con la recolección de frutos (95%), la cosecha de miel (76%), la caza (76%),
la agricultura (45%) y la artesanía (86%) supera el promedio regional. Unicamente la
pesca (48%) está por debajo del promedio (51%).
68
Actividades económicas
Por otro lado, se observa que el porcentaje de hogares involucrados en las acti-
vidades de la changa (87%), la producción de postes (44%), la carpintería (31%) y la
cría de gallinas (63%) y de cabras (38%) también supera el promedio regional. Incluso
la cría de vacas (2%) –si bien no es numéricamente importante– tiene mayor difusión
en esta zona que en cualquier otra (menos Rivadavia Banda Sur, donde su difusión
es proporcionalmente igual).
A su vez, se registra en la zona de Morillo el segundo porcentaje más alto de ho-
gares que reciben pensiones (21%), después de Anta/Metán. El dato indica que la
economía local también está activamente ligada a programas de asistencia social
brindados por el Estado, por lo menos en cuanto al rubro “pensiones”. Asimismo indi-
ca, a la inversa, que la cobertura social estatal se ha instalado en la zona con cierto
empeño.
El contraste que ya fue señalado entre las zonas del Pilcomayo y de Tartagal se
repite, en forma análoga, en la disyuntiva que aparece cuando comparamos las eco-
nomías indígenas que operan en las zonas de Morillo y Embarcación. Tanto en Em-
barcación como en Tartagal, las comunidades viven en un entorno dominado por des-
montes y urbanización, mientras las comunidades de Morillo y del Pilcomayo habitan
un entorno menos transformado en lo social y lo ambiental. Los correlativos econó-
micos se manifiestan en un grado de erosión –mayor y menor, respectivamente– en
cuanto a la diversidad de opciones que tienen los hogares indígenas con respecto a
sus medios de subsistencia.
Al igual que sus pares en Rivadavia Banda Norte (zonas de Morillo y del Pilcoma-
yo), las comunidades indígenas de Rivadavia Banda Sur no se ven afectadas por
desmontes masivos. El contexto ecológico se ve reflejado en los resultados de la
encuesta económica zonal (Anexo 4, Cuadro 5), los cuales indican que en forma
similar a lo observado en Rivadavia Banda Norte, la mayoría de los hogares indíge-
nas realizan actividades tradicionales de subsistencia. Tal y como se desprende del
69
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Gráfico 5.5, todas aquellas actividades son practicadas por más del 70% de los ho-
gares, porcentaje que sobrepasa ampliamente los respectivos promedios regionales.
La recolección de frutos es tan generalizada (95%) como en las otras dos zonas del
departamento, y la proporción de hogares que practican la caza (78%) es la más al-
ta registrada en toda la región. La pesca cuenta con la segunda cifra más alta (74%)
después de la zona del Pilcomayo. La recolección de miel también es una actividad
importante para la gran mayoría de los hogares (80%). La única excepción es la agri-
cultura, actividad realizada por el 28% de los hogares indígenas de la zona, porcen-
taje inferior al promedio regional.
70
Actividades económicas
Las tres fuentes de ingresos cuya incidencia no está por debajo del promedio re-
gional son: el empleo fijo (6%), las pensiones (27%) y la changa (96%). El empleo fijo
está a la par del promedio regional, y la changa y las pensiones lo superan. En fin,
estas dos últimas actividades no sólo superan el promedio regional sino que registran
en esta zona las cifras más altas de toda la región.
Los gráficos que venimos viendo en este capítulo cotejan los resultados zonales con
los promedios que alcanzan, a nivel regional, las actividades contempladas en la en-
cuesta económica. El Anexo 4, Cuadro 7, presenta los porcentajes de los hogares
que se dedican a cada actividad, permitiendo así una evaluación comparativa de las
diferencias que se detectan en cuanto a la incidencia de las distintas actividades en
cada economía indígena zonal.
71
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
El patrón regional expresa el porcentaje del total de los 3.337 hogares indígenas
encuestados que, en orden descendiente, practican cada una de las distintas activi-
dades estudiadas. Lo que surge a la vista es que, en la gran mayoría de los hogares
(80%), uno o más de los miembros está involucrado en la actividad de la changa. Des-
pués de la recolección de leña, esta actividad es la más difundida entre los hogares
indígenas del Chaco Salteño. Aun así, es preciso aclarar que, si bien la changa es una
actividad emprendida por la gran mayoría de los hogares indígenas de toda la región,
se da una variación notable entre los dos extremos: la zona de Anta/Metán (96%) y la
del Pilcomayo (62%).
Después de la changa, observamos que las actividades más practicadas son: la
recolección de frutos (77%), la artesanía (71%), la cosecha de miel silvestre (63%),
la cría de gallinas (61%), la caza (60%) y la pesca (51%). Con la excepción de la cría
de gallinas, son todas actividades tradicionales, algunas de las cuales –como en el
caso de la artesanía, la pesca y la cosecha de miel silvestre– tienen hoy un enfoque
comercial. Es decir que, además del autoconsumo, se practican con fines de venta.
La agricultura es practicada por aproximadamente un tercio de los hogares entre-
vistados (35%). En parte, el resultado refleja el hecho de que tradicionalmente es una
actividad minoritaria, en el sentido de que los principales agricultores son los ancia-
nos, y no todos los ancianos acostumbran ser agricultores.31 Por otro lado, se nota
una variación zonal significativa. Las zonas que abarcan el interior del Chaco Salteño
registran un porcentaje más alto de hogares que se dedican a la agricultura que las
zonas ubicadas en las proximidades de los principales centros urbanos asentados
sobre el borde occidental de la región. Así, por ejemplo, las cifras registradas en las
zonas del Pilcomayo (53%) y de Morillo (45%) superan ampliamente las que corres-
ponden a las zonas de Tartagal (31%), Anta/Metán (29%) y Embarcación (24%). La
excepción sería la zona de Rivadavia Banda Sur, donde, a pesar de que las comu-
nidades vivan en condiciones parecidas a las del Pilcomayo y Morillo, registran un
porcentaje bajo de hogares –el segundo más bajo de la región– que se dedican a la
agricultura (28%).
El patrón regional evidencia también que las actividades no tradicionales son prac-
ticadas por menos del tercio del total de los hogares. Con respecto a las tres activi-
dades destinadas a la generación de ingresos por medio de la venta de productos
forestales –carbón (31%), postes (28%) y carpintería (24%)– se registran valores su-
periores al promedio regional en las siguientes zonas: Pilcomayo (carbón y postes);
Tartagal y Embarcación (carbón y carpintería); Morillo (postes y carpintería); Rivada-
via Banda Sur (carbón).
La cría de cabras está limitada al 25% del total de los hogares encuestados, de los
cuales la mayoría pertenece a comunidades del departamento Rivadavia (zonas del
Pilcomayo, Morillo y Rivadavia Banda Sur). La desproporción obedece a que en las
otras zonas (Tartagal, Embarcación, Anta/Metán), donde hay importantes concentra-
ciones (peri)urbanas de la población indígena, la actividad está limitada por dos moti-
vos: por un lado, la falta de espacio y, por el otro, el hecho de que se basa en el libre
pastoreo de los animales, los cuales ramonean en el bosque que haya alrededor de
las comunidades. Una situación parecida se observa con la cría de gallinas.
Son muy pocos los hogares que perciben un ingreso estable por medio de una
31
John Palmer, comunicación personal.
72
Actividades económicas
pensión (12%) o a través de algún empleo fijo (6%). También se observa una partici-
pación mínima en las actividades productivas relacionadas con la apicultura (1%) y la
cría de vacas (1%). El marcado desinterés de los indígenas con respecto a la ganade-
ría mayor es notable si se tiene en cuenta la importancia que reviste para la población
rural criolla.
Los resultados ponen en evidencia que las actividades económicas de los indí-
genas están muy condicionadas por su acceso al bosque y a los recursos naturales.
Como ya lo anticipamos, un indicador importante en este sentido es el alto porcentaje
(95%) que hace uso de leña como fuente energética. De las otras siete actividades
practicadas por más del 50% de los hogares, cuatro se basan en la apropiación di-
recta de productos que brinda la naturaleza (recolección de frutos, cosecha de miel
silvestre, caza y pesca). De las tres restantes, la producción de artesanía depende
del bosque para las materias primas; y, como hemos visto, la cría de gallinas también
está vinculada al acceso que tengan las comunidades a tierras aptas y suficientes.
Solamente la changa podría ser vista como una actividad que no depende necesa-
riamente del acceso que los indígenas puedan tener a la tierra, sino más bien de la
demanda laboral ejercida por patrones no indígenas.
Las cifras registradas reflejan los cambios que están afectando el paisaje natu-
ral del Chaco Salteño. Mientras la recolección de frutos, por ejemplo, es de suma
importancia en zonas forestadas, cae muy por debajo del promedio regional (77%)
en zonas afectadas por desmontes, como en Anta/Metán (56%) y Tartagal (44%). Lo
mismo ocurre con la caza, cuyo decrecimiento es un indicador contundente de la des-
aparición de la fauna silvestre por la pérdida de su hábitat.
73
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
74
Actividades económicas
encuestados en los que dichas actividades inciden en su economía familiar, aun in-
cluyendo a los hogares en que son actividades compartidas por hombres y mujeres.
La producción de carbón registra un porcentaje ligeramente más alto en lo que se
refiere a la participación femenina (2,6%), siempre y cuando estén comprendidos en
el cálculo los hogares que la registran como una actividad compartida por hombres
y mujeres.
Cabras: Con respecto a la cría de ganado menor, las mujeres indígenas del Chaco
Salteño son cinco veces más activas que los hombres (diferencia significativa). De la
cifra excluimos el 21,5% de los hogares indígenas que manifiestan incluir esta activi-
dad en su economía y para los cuales la cría de ganado menor es una actividad tanto
masculina como femenina.
Pensiones: En términos generales, son mayoritariamente las mujeres quienes reci-
ben pensiones, en una relación aproximada de cuatro pensionadas mujeres a cada
tres pensionados varones (sin contar los pocos hogares en que hay beneficiarios de
ambos sexos). Unicamente en la zona de Tartagal se invierten las proporciones, ya
que allí es casi el doble la cantidad de hombres pensionados en relación con las mu-
jeres que han accedido a este sistema de previsión social estatal.
Empleo fijo: El empleo fijo es significativamente más frecuente entre los hombres que
las mujeres. Del 6% de hogares que reportaron tener un miembro o más de la familia
con empleo fijo (6%), el 86% corresponde a hombres.
Vacas: Son muy pocos los hogares indígenas que tienen vacas y, entre ellos, los re-
sultados son erráticos. En términos generales, se observa que es una actividad a que
se dedican tanto los hombres (41%) como las mujeres (36,5%), y que para el 22,5%
restante es una actividad realizada conjuntamente por ambos sexos. A nivel zonal,
en cambio, se dan resultados que desmienten el promedio regional. En la zona del
Pilcomayo, cuatro de los cinco hogares registrados como criadores de vacas (80%)
la tienen como una actividad femenina. En las otras tres zonas donde se crían vacas
(Embarcación, Morillo, Rivadavia Banda Sur), la responsabilidad recae principalmen-
te sobre los hombres. Debemos recordar que en total se trata de tan sólo 23 hogares
–aproximadamente el 1% de todos los hogares encuestados– y que, por lo tanto, los
resultados producidos no son estadísticamente significativos.
Apicultura: Como en el caso de la recolección de miel silvestre, la apicultura es una
actividad principalmente masculina, con la diferencia de que cuenta con una partici-
pación femenina porcentual mayor. En la zona de Rivadavia Banda Sur dicha partici-
pación llega a tal punto que la apicultura manifiesta ser una actividad exclusivamente
femenina. Cabe calificar los resultados con la salvedad de que la cantidad de hogares
indígenas del Chaco Salteño que incorporan la apicultura en su economía familiar
apenas supera el 1% del total.
En síntesis, los resultados de la encuesta indican que en general las mujeres se
dedican más que los hombres a la recolección de frutos, la artesanía y la cría de ga-
llinas y cabras. Los hombres están más activos en relación con la recolección de miel
silvestre, la pesca, la caza, la agricultura, la changa y las actividades vinculadas con
recursos madereros (postes, carbón y carpintería). Tanto las mujeres como los hom-
bres se ocupan del aprovechamiento de recursos madereros, en pie de igualdad, en
75
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
cuanto se trata de la recolección de leña. El Cuadro 5.2 indica las principales tenden-
cias que surgen del análisis anterior, sin pretender que la distribución por género de
las actividades representadas sea categórica.
76
Gráfico 5.7 Patrones de actividades económicas: departamentos Rivadavia y San Martín
77
Actividades económicas
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
78
6 USO DE LA TIERRA
79
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Del Mapa 6.1 (p. 87) vemos a grandes rasgos la distribución geográfica de las tierras
ocupadas y utilizadas por las comunidades indígenas del Chaco Salteño. Los estre-
llazos visibilizan, en forma esquemática, lo que en realidad no es fácilmente visible: a
saber, el uso indígena de la tierra. Como ya sabemos, las técnicas productivas indí-
genas tradicionales dejan pocas “huellas” sobre el paisaje (ver el Capítulo 1). Vistas
desde arriba, a vuelo de pájaro, es casi imposible distinguir las tierras ocupadas por
una comunidad, más allá de su sitio de residencia y de uso cotidiano. Las actividades
cazadoras-recolectoras, y de cultivo estacional, no dejan mayores rastros, y los que
dejan –por ejemplo, el agujero cortado en el tronco de un árbol para extraer un pa-
nal de miel de abejas– tienden a ser rápidamente tapados por la misma naturaleza.
Al respecto, Braunstein et al. (2002: 85) observan que “la ocupación [indígena] no es
siempre evidente porque la producción no incluye una modificación sistemática de la
naturaleza como en nuestra cultura”. Los mismos autores resaltan “la sutileza con que
aparecen los signos de la posesión, los sitios de asentamiento periódico, las agua-
das, los pozos, los territorios de caza, las zonas de recolección o de pesca, los casi
imperceptibles cementerios” (ibid.).
El uso de la tierra por parte de las comunidades indígenas obedece a un patrón
que se muestra orgánicamente asociado con la estructura del paisaje, y con el estado
ecológico del mismo. Las cuencas de los ríos son componentes arteriales del paisaje
y constituyen ejes sobre los que se articula el sistema territorial indígena. Efectiva-
mente, si tomamos en conjunto los estrellazos que aparecen en el Mapa 6.1, distin-
guimos tres grandes extensiones de tierras que son las asociadas a las agrupaciones
de comunidades asentadas en las cuencas del Pilcomayo, del Bermejo/Teuquito y de
los ríos Itiyuro y Tartagal.
El Mapa 6.1 indica también que las rutas constituyen otro eje articulatorio. En la zo-
na de Tartagal, varios estrellazos emanan de comunidades ubicadas sobre (o cerca
de) las Rutas Nacionales 34 y 86. En las zonas de Embarcación y Morillo, lo mismo
ocurre con respecto a la Ruta Nacional 81. En la zona de Rivadavia Banda Sur, se
plantea una situación parecida en torno a la Ruta Provincial 13.
Los asentamientos ruteros tienen que ver, en muchos casos (no todos), con el fenó-
meno de la supuesta “urbanización” de las comunidades indígenas del Chaco Salte-
ño. Al respecto, cabe hacer dos observaciones. Primero, la Base de Datos demuestra
que no conviene interpretar la presencia rutera y/o periurbana de una comunidad en
términos de su adaptación a la economía de mercado, porque dicha adaptación afec-
ta a las comunidades del bosque tanto como a las puebleñas. Segundo, el hecho de
ubicarse en un ámbito rutero y/o periurbano no produce una ruptura terminante con
80
Uso de la tierra
respecto a su economía propia. Tal y como lo evidencian los estrellazos que irradian
de las comunidades asentadas sobre los ejes viales, las tierras que aquéllas utilizan
se extienden igualmente al interior de los bosques y al borde de los ríos y cañadas.
Es decir que las comunidades indígenas efectúan un aprovechamiento simultáneo de
ambos medios, tanto el criollo como el nativo.
Otra característica que los estrellazos ponen de manifiesto es el alto grado de su-
perposición que se da entre las tierras utilizadas por comunidades vecinas. El uso
compartido y no excluyente de la tierra es un aspecto distintivo del sistema territorial
indígena en toda la región. El Mapa 6.1 revela con claridad que al interior de las men-
cionadas tres agrupaciones de comunidades, o grupos territoriales, están compartidos
los intersticios entre los respectivos territorios comunitarios. Por ese motivo resulta im-
posible estudiar en aislamiento las tierras aprovechadas por una comunidad sin tener
en cuenta su inserción en un patrón de aprovechamiento territorial más amplio.
Cabe dejar sentado que el mapa no refleja la totalidad de la situación, puesto que,
como veremos en los análisis zonales, hay un número importante de comunidades
para las cuales faltan datos. También hay que enfatizar que los estrellazos no deben
confundirse con delimitaciones territoriales. Si bien dan una idea aproximada de la
ubicación y extensión de los territorios comunitarios, no se prestan a estimaciones de
las superficies de los mismos.32
Aunque fuesen completos, los estrellazos no terminarían de dar cuenta del espa-
cio requerido para garantizar la viabilidad de un territorio indígena. Ello es así por-
que la integridad ecológica del territorio está inseparablemente vinculada al contexto
más amplio del entorno en que está inserto. La ecología local se ve impactada por
los cambios ambientales que se produzcan a su alrededor a nivel regional. En ese
sentido, la viabilidad del territorio queda condicionada por su vinculación directa o
indirecta con otras áreas que le permitan mantener su integridad ecológica. Sin esas
conexiones el territorio indígena no puede evitar de transformarse en una “isla” donde
el uso sustentable de los recursos se torna inviable porque los mismos no pueden
reproducirse.
Efectivamente, el Mapa 6.1 revela que los tres grupos territoriales están separados
por grandes áreas intermedias donde no aparecen estrellazos. Más allá del hecho de
que la metodología del relevamiento no haya llegado a cubrir todos los espacios utili-
zados por las comunidades, es factible postular que áreas no aprovechadas cumplen
la función de una fuente, en el sentido de mantener la estabilidad de las poblaciones
de especies silvestres en los territorios indígenas. De tal manera constituyen eslabo-
nes indispensables para la conformación de corredores ecológicos que sostienen la
viabilidad ecológica de los territorios indígenas.
El Gráfico 6.1 resume los promedios regionales de las distancias que los miembros
de las comunidades recorren en función de sus actividades económicas. Para cada
actividad está indicado entre paréntesis el número de los vectores en base a los cua-
les está calculado el promedio de distancia.33 El gráfico pone en evidencia una clara
gradación entre las actividades que se realizan cerca de la comunidad y las más leja-
nas. Las que se llevan a cabo en las cercanías del sitio de residencia están asociadas
32
Para las estimaciones de las superficies abarcadas por los territorios tradicionales de los Pueblos Indígenas del
Chaco Salteño, ver ASOCIANA et al. 2008.
33
Con respecto a la metodología empleada para la confección de los vectores y la estimación de las distancias
recorridas, ver el Capítulo 3.1.3.
81
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
82
Uso de la tierra
34
Según las fuentes históricas, aproximadamente 4.000 Wichí vivían en 1774 en el área comprendida por los ríos
San Francisco, Dorado y Del Valle (Palmer 2005: 20). Cabe agregar que no tenemos ningún registro de la pervi-
vencia de comunidades wichí en dichas tierras. Lo mismo se puede decir de la margen sur del Bermejo –desde la
desembocadura del San Francisco hasta la del Dorado– donde en 1780 se constató una fuerte presencia wichí. En
ese tramo el navegante padre Francisco Morillo entró en contacto con 17 grupos wichí, de ambas márgenes del río,
con una población total estimada de 3.300 personas (ibid. 23).
83
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Gráfico 6.2 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: Misión Ebenezer (Dpto. Anta)
84
Uso de la tierra
de la tierra por parte de las comunidades indígenas del municipio de Santa Victoria
Este (SVE). A pesar de que no contamos con vectores para todas las comunidades,
sobre todo en el sector sudoeste, se observa que el conjunto de las comunidades ha-
ce uso de un solo territorio compartido.
Los estrellazos ponen de manifiesto también el hecho de que las tierras aprove-
chadas por las comunidades de la zona exceden los límites municipales. Hacia el sur,
el territorio indígena comprende parte del municipio vecino de Rivadavia Banda Nor-
te; al oeste penetra en el departamento San Martín; al este traspasa el límite con la
provincia de Formosa; y al norte los vectores alcanzan los países vecinos de Bolivia
y Paraguay.36 Es decir que constituye una parte integral de un territorio indígena más
amplio a nivel interprovincial e internacional.37 Corresponde dejar en claro, entonces,
que su economía de subsistencia depende del aprovechamiento de recursos que es-
tán distribuidos en un área que no se circunscribe a los límites del área del presente
estudio.
En el Gráfico 6.3 presentamos los promedios de las distancias a que se desplazan
los miembros de las comunidades indígenas del municipio de SVE, comparándolos
a la vez con los promedios regionales. Las distancias máximas y mínimas en base a
las cuales calculamos los promedios se consignan en el Anexo 5, Cuadro 2, con la
indicación también del número de vectores trazados para cada actividad.
Gráfico 6.3 Promedio de distancias de recorrido, por actividad: Santa Victoria Este
25
20,0
19,2
20 17,6
16,5 16,7
Promedio (km.)
14,1
15
16,1
15,4 Regi n
13,2 13,5 SVE
10 8,5
11,3
5,7
8,9
3,8
5 6,8
5,3
2,9
0
7)
5)
9)
4)
)
3)
1)
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2)
62
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36
Si bien el río Pilcomayo, por sus crecidas estivales, constituye en ciertas épocas un límite físico que impide el
uso permanente de las tierras de la margen norte, el sistema territorial transfluvial responde a la distribución de-
mográfica de la población indígena preexistente, que data de la época previa al establecimiento de las fronteras
internacionales.
37
Ver p. ej. Palmer 2005, mapa frente a la pág. 18.
85
Mapa 3.3 Tierras usadas por la comunidad de Pacará
86
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Uso de la tierra
87
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
88
Uso de la tierra
89
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Mapa 6.4 Uso y ocupación indígena de la tierra: zona Rivadavia Banda Sur
90
Uso de la tierra
91
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
92
Uso de la tierra
93
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
se realiza a una distancia inferior al promedio regional, lo cual es un reflejo del he-
cho de que muchas de las comunidades de la zona están ubicadas sobre o cerca
del Pilcomayo. Las distancias recorridas para la recolección de leña y producción de
carbón registran promedios similares a los regionales. En cambio, para las demás
actividades las distancias de recorrido dan promedios superiores a los regionales. De
hecho, las comunidades de la zona registran los promedios más altos con respecto
a las distancias recorridas para la caza (19,8 km), la recolección de miel (19,2 km),
la obtención de materiales para la construcción de la vivienda (16,5 km) y el uso de
madera (14,1 km).
A primera vista los resultados van en contra de lo que se esperaría con respecto a
un ambiente relativamente favorable en el sentido de que, aunque degradado, no ha
sido afectado en forma directa por el avance de la frontera agroindustrial. Un breve
análisis de la situación nos da unas pistas para explicar la aparente anomalía.
De entrada, hay que tener en cuenta que la zona se ubica en el abanico fluvial de
la cuenca del río Pilcomayo, lo cual afecta en forma significativa la distribución de
los diferentes tipos de cobertura vegetal (ver el Capítulo 2). La distribución hetero-
génea de la vegetación significa que ciertas comunidades deben recorrer distancias
mayores que otras en busca de los mismos recursos naturales. Por ejemplo, para la
recolección de chaguar –planta que crece únicamente en ciertas áreas alejadas del
río– las comunidades ribereñas recorren distancias relativamente grandes hacia el
interior. De hecho, la zona registra el segundo promedio más alto (17,6 km) de todo
el Chaco Salteño para la obtención de dicho recurso artesanal. Es bastante común,
incluso, que para llevar a cabo actividades de caza y de recolección –principalmente
de miel y de chaguar– algunos miembros de las comunidades permanezcan por tem-
poradas en campamentos hechos en medio del bosque.
Por otro lado, y como ya vimos en el capítulo anterior, la zona del Pilcomayo cuen-
ta con la mayor proporción de hogares que realizan actividades tradicionales. Ello
de por sí implica que las distancias de recorrido aumentarán según la demanda de
recursos imperante. Además existe el agravante de que los recursos naturales dispo-
nibles están sujetos a una fuerte presión en virtud de la presencia en la zona de una
población criolla de unas 3.500 personas que desde hace cien años se dedica prin-
cipalmente al uso extensivo de la tierra para el libre pastoreo del ganado mayor. La
economía criolla no sólo compite con la indígena en cuanto al acceso a casi todos los
recursos contemplados en nuestra encuesta –por ejemplo, frutos silvestres (algarro-
ba, mistol, chañar) y, crucialmente, el agua– sino que también impacta negativamente
sobre el ambiente (ver el Capítulo 2). Tales factores obligan a los indígenas a despla-
zarse a lugares más distantes para conseguir los recursos naturales que necesitan.
Municipio de Rivadavia Banda Norte. El Mapa 6.3 (p. 89) muestra la distribución geo-
gráfica de las tierras ocupadas por las comunidades indígenas del municipio de Ri-
vadavia Banda Norte (zona Morillo). Abarcan un extenso territorio concentrado parti-
cularmente entre la Ruta 81 y el río Bermejo. Es aparente la relación que existe entre
las áreas de uso y ocupación y el abanico de viejos cauces del río, hoy cañadas en-
tremezcladas con una diversidad de ambientes. Dichas tierras coinciden con el terri-
torio tradicional de varias comunidades que, a pesar de su desplazamiento hacia los
poblados ferroviarios, mantienen un vínculo permanente con sus lugares de origen
cerca del río.
Cabe mencionar que nuestros datos para la zona no cuentan con información
94
Uso de la tierra
acerca de las tierras utilizadas por las comunidades ubicadas a ambos lados del lími-
te con el municipio de Embarcación. Tampoco están comprendidas las comunidades
ubicadas al norte de Morillo y al sudoeste de Los Blancos. Es probable que los datos
faltantes pongan en evidencia un territorio indígena que excede los límites del muni-
cipio. De hecho, hacia el este de la zona las comunidades hacen uso de tierras que
forman parte de la provincia de Formosa.
De modo similar a la situación en SVE, un alto porcentaje de la población indígena
de la zona realiza actividades tradicionales (Capítulo 5). Sin embargo, los resultados
presentan un patrón notablemente diferente a lo observado en la zona del Pilcoma-
yo. En primer lugar, tal y como se observa en el Gráfico 6.4, las distancias recorridas
para la caza y la obtención de materias artesanales (principalmente chaguar) dan
promedios por debajo de los regionales.
95
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
96
Uso de la tierra
En cambio, hay mayor paridad entre el patrón zonal y el regional en cuanto a las
distancias recorridas por los hombres en sus actividades de caza, pesca y recolec-
ción de miel. El promedio de distancia recorrida para la pesca (17,1 km) es, después
de Rivadavia Banda Norte, el segundo más alto de las cuatro zonas donde se realiza
la actividad. El hecho se debe directamente a la distancia que separa el río Bermejo
de las comunidades de La Unión, Santa Rosa y, en menor medida, Rivadavia. En
cambio, los promedios de recorrido para la caza (13,8 km) y recolección de miel (13,1
km) son inferiores al promedio regional. Sin embargo, cabe aclarar al respecto que el
registro de las distancias máximas indica que hay comunidades que hacen uso de si-
tios relativamente más distantes, de 20 km y de 30 km (Anexo 5, Cuadro 4). Conviene
traer a colación, además, la observación realizada –hace ya 15 años– por Pontussi
et al. (1993: 30): “Para realizar las actividades de recolección recorren grandes dis-
tancias, 50 o más Km., ausentándose del hogar por días o hasta semanas”. Aun así,
el promedio de las distancias máximas de recorrido (24 km) sigue siendo menor que
aquél registrado en RBN (28 km), y aproximadamente la mitad del de SVE (46 km).
Las distancias más cortas de recorrido en este municipio son el producto de varios
factores. La estructura ecológica del interfluvio de los ríos Bermejo y Teuquito se ca-
racteriza por reunir una diversidad de ambientes naturales. En esta área hidrológica-
mente delimitada se encuentran concentrados distintos tipos de cobertura vegetal, lo
cual significa que las comunidades tienen (al menos en teoría) un acceso más inme-
diato a los recursos naturales de que dependen sus actividades económicas.41
Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que el grado de acceso que tienen las
comunidades indígenas a los recursos naturales está comprometido por su situación
con respecto a la tenencia de la tierra. En RBS, el acceso legal está muy restringido
por la propiedad privada, y son muy pocos los espacios a los que las comunidades
puedan acceder libremente (ver el Capítulo 7).
41
Según Pontussi et al. (1993: 19): “El antiguo cauce del Bermejo conocido como Teuquito define un ‘área meso-
potámica’ entre los dos cursos de agua, en la que se distinguen diferentes unidades fisonómico-florísticas”. Con
respecto a las “unidades fisonómico-florísticas” existentes en el interfluvio, ver ibid. pp. 19-21 y el mapa 4 de los
mismos autores.
97
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Por otro lado, la presencia de ganaderos criollos en las tierras fiscales del munici-
pio ejerce una presión sobre los recursos naturales que impacta directamente sobre
el uso de la tierra por parte de las comunidades indígenas. En este caso, como he-
mos visto con respecto a los otros dos municipios del departamento, el impacto se
manifiesta en un aumento de las distancias de recorrido a que está sujeta la econo-
mía familiar indígena. Así, por ejemplo, se nota que en los alrededores de La Unión
–donde hay un mayor nivel de competencia entre criollos e indígenas por los recur-
sos– las distancias recorridas por las comunidades son en general mayores que las
de las comunidades cercanas al pueblo de Rivadavia.
98
Uso de la tierra
cias variadas que se distribuyen en forma radial hacia los cuatro puntos cardinales.
En cambio, los estrellazos de las comunidades (peri)urbanas están compuestos de
una mayoría de vectores relativamente cortos y cuya dirección está condicionada, al
oeste, por la topografía de las serranías y, al este, por la matriz de desmontes. En el
caso de las comunidades periféricas de la conurbación de Tartagal, se ve claramen-
te que las mismas no hacen uso de las tierras sitas al oeste de la Ruta 34, dando la
impresión de que el casco urbano constituye una suerte de barrera que les limita o
impide el acceso a aquellas tierras.42 Su patrón de uso consiste fundamentalmente en
aprovechar los remanentes de bosque que les quedan hacia el este y, en menor gra-
do, al norte. Algunos vectores, como veremos más adelante, llaman poderosamente
la atención por las grandes distancias que cubren.
Para ilustrar la diferencia entre los patrones de uso de la tierra correspondientes a
las comunidades forestales, por un lado, y las (peri)urbanas, por el otro, presentamos
por separado los promedios de distancia de recorrido registrados en el municipio de
Tartagal (Gráfico 6.6). Los resultados arrojados por las comunidades de la cuenca del
río Itiyuro evidencian un patrón que tiene cierto paralelismo con los valores regiona-
les (Gráfico 6.6A). Las distancias recorridas en función de las actividades masculinas
son típicas, con un promedio levemente superior con respecto a la caza y levemente
inferior con respecto a la recolección de miel silvestre.43 En cuanto al aprovechamien-
to de recursos vegetales –tanto por parte de las mujeres (leña y frutos silvestres) co-
mo de los hombres (carbón y madera)– los promedios de distancia recorrida están
notablemente por debajo de los valores regionales, reflejando el hábitat forestal en
que las comunidades se desenvuelven.
La única excepción concierne la recolección de materias artesanales, identifica-
das por las comunidades en cuestión con el chaguar, exclusivamente. Al respecto
se detecta el valor más elevado de toda la región (19,4 km). El hecho se debe lisa y
llanamente al contexto ecológico, ya que se trata de un ambiente donde el chaguar
tiene una distribución limitada. De hecho, y como hemos visto en la zona del Pilcoma-
yo, el chaguar artesanal (chutsaj y äletsaj) –a diferencia de la variedad únicamente
comestible (wi’ye), mucho más repartida– crece solamente en suelos más bien secos
y alejados de los cursos de agua. En la zona de la cuenca del Itiyuro –ambiente ca-
racterizado como Selva de Transición (Capítulo 2)– su única área de distribución se
encuentra río abajo, justamente donde las aguas pierden su correntía estacional y la
Selva de Transición se transforma en bosque se miárido chaqueño. Efectivamente,
si desglosamos los datos provenientes de las comunidades del curso medio del río
Itiyuro (Pacará, Tonono, Paraíso, Monteveo, Arenales) y los comparamos con los de
las comunidades del curso inferior (Traslado, Zopota), descubrimos una divergencia
sintomática. Para las primeras, el promedio de distancia recorrida para la recolección
de la planta sube a 29 km; para las segundas, baja a 2,3 km (el menor de toda la re-
gión).
42
Habitantes del lugar, tanto indígenas como criollos, recuerdan que hace aproximadamente 50 años había comu-
nidades indígenas asentadas en medio de lo que actualmente es el casco urbano. El crecimiento del pueblo, más
la construcción de la Ruta 34, causó que las comunidades fuesen desplazadas hacia el este de la ruta. En la ac-
tualidad, el proceso de desplazamiento hacia las afueras orientales del pueblo sigue afectando a las comunidades
periurbanas.
43
Si bien hay algunos hogares que reportaron pescar, la actividad no fue identificada en los croquis de uso de la
tierra, razón por la cual no aparece en el gráfico.
99
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
100
Uso de la tierra
un grado mucho mayor (+5 km); y la recolección de miel lo recorta, con un margen
menor pero igualmente marcado (-2,5 km). La distancia mayor que se necesita para
la caza es comprensible, dada la ubicación urbana de las comunidades en cuestión.
En cambio, la distancia menor requerida para la recolección de miel es una incógnita
que se explica en términos de que, para los del pueblo, es una actividad practicada
en forma incidental en los remanentes de bosque cercanos. De hecho, en la Base de
Datos sólo se registran para las comunidades del pueblo cinco vectores referidos a la
actividad, contra 26 aportados por las comunidades del Itiyuro. Al ser una actividad
de mayor incidencia en el ámbito forestal, es comprensible que la realización de la
actividad implique recorridos relativamente más largos.
Con respecto al aprovechamiento de recursos vegetales, por otro lado, encontra-
mos un patrón errático y de extremos. Algunas actividades registran valores más o
menos normales, tales como la provisión de madera (0 km de diferencia con respecto
al promedio regional), la producción de carbón (+1,1 km) y la recolección de materias
artesanales (-1,3 km). En cambio, las otras actividades vinculadas con recursos ve-
getales marcan puntos extremos. Así se dan en las comunidades (peri)urbanas de
Tartagal los promedios de distancia de recorrido más altos de la región en torno a la
recolección de leña (5,7 km) y de frutos silvestres (14,4 km). Al mismo tiempo, la obten-
ción de materiales de construcción arroja el resultado más bajo para dicha actividad
(5,7 km).
Para interpretar esta serie tan despareja de cifras, es preciso tener en cuenta el
aspecto bidimensional de la vida económica de las comunidades (peri)urbanas, liga-
da a la vez a los ambientes urbano y forestal. El ambiente urbano es más inmedia-
to pero menos propicio. A lo sumo, algunos hogares indígenas cercanos consiguen
comprar retazos de madera en los aserraderos para suplir sus necesidades de leña,
de madera para carpintería y de tablas para la construcción de sus viviendas.44 Para
lo faltante, deben recurrir a los remanentes del bosque nativo que se ubican, princi-
palmente, en el territorio de las comunidades forestales de la cuenca del Itiyuro. Así
surgen los promedios extremos de que está afectada la recolección de leña y de fru-
tos silvestres, este último recurso asequible únicamente en el bosque nativo.
Conviene comentar asimismo la aparente anomalía consistente en el hecho de
que, para obtener los materiales con que elaboran sus artesanías, las comunidades
asentadas en la zona urbana de Tartagal recorren una distancia menor, de promedio,
que sus vecinos forestales. En realidad, la anomalía es inexistente, porque se trata de
actividades artesanales distintas. Para las comunidades (peri)urbanas, las materias
primas más rebuscadas son las semillas de árboles del lugar –con las que las mu-
jeres confeccionan collares, yicas y cortinas– y la afata, una madera local utilizada
por los hombres para fabricar muebles de mimbre. Para conseguir dichos recursos,
el promedio de las distancias recorridas es de 6,2 km, con lo cual se está por deba-
jo de lo registrado para la artesanía en todas las otras zonas de la región del Chaco
Salteño.
No es que el uso del chaguar se abandone en el pueblo. Justamente, la recolec-
ción de la planta –representada por un vector de 46 km– establece la distancia máxi-
ma que alcanza allí la provisión de materias artesanales y que hace que el promedio
se aproxime al valor regional (ver Anexo 5, Cuadro 5). Lo que ocurre es que operan
44
Los aserraderos les revenden a los indígenas los retazos de la madera que les compran en forma de rollos y
despuntes.
101
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
otras prácticas. El chaguar se consigue en el pueblo por medio del trueque, efectua-
do en especie cuando se trata de un intercambio indígena, y en efectivo en el caso
de comerciantes criollos. Otra medida consiste en que algunos hogares indígenas
(peri)urbanos se trasladan durante cierto tiempo a las comunidades de sus parientes
forestales, desde donde acceden a los recursos requeridos (sean el chaguar, la miel,
los frutos silvestres o los productos de la caza y la pesca). Dichos desplazamientos
acarrean viajes de más de 90 kilómetros.45
Las comunidades que avecinan con el pueblo de Ballivián presentan un caso parti-
cular porque, al estar rodeadas de desmontes, no tienen acceso a recursos naturales
locales. Al este, los miembros de dichas comunidades atraviesan campos deforesta-
dos para acceder a los bosques del Chaco ubicados a distancias de hasta 50 km. A
su vez, su área de uso abarca la zona serrana, al oeste de la Ruta 34. Sus desplaza-
mientos se realizan por medio de bicicletas, camionetas comunitarias e incluso trans-
porte público para transitar por la Ruta Nacional 34, la que sirve como vía de acceso
a sitios forestales ubicados al norte y al sur de las comunidades. De dicha ruta hasta
las áreas aprovechadas hay una distancia de entre 15 y 20 kilómetros, lo que coincide
con los promedios de recorrido regionales.
Municipio de Embarcación. Históricamente, el municipio de Embarcación constituye
el tramo superior del territorio de los Wichí de la banda norte del río Bermejo. Aguas
abajo, el territorio sigue, sin solución de continuidad, por el municipio vecino de RBN y
por los departamentos colindantes de la provincia de Formosa. Tal y como se deduce
del Mapa 6.6 (p. 92), la ocupación ancestral indígena se plasma en la realidad actual,
ya que las comunidades siguen haciendo uso de un territorio continuo que se extien-
de desde la Ruta 34, al oeste, hasta el límite municipal oriental, donde las tierras que
utilizan se entrecruzan con aquéllas ocupadas por las comunidades del vecino muni-
cipio de RBN (Mapa 6.3).
Comparando los mapas de las zonas de Embarcación y RBN, se ve que en ambos
casos los patrones de uso de la tierra por parte de las comunidades son similares. Se
nota, por ejemplo, el mismo despliegue del territorio indígena sobre la margen norte
de la cuenca del Bermejo, entre el río y la Ruta 81. Hasta los estrellazos descriptos
por las comunidades son similares en cuanto a las direcciones y distancias de los
vectores. También hay coincidencia en el sentido de que en ninguna de las dos zonas
las comunidades manifiestan hacer uso de las tierras de la banda sur del Bermejo.
Desde otro ángulo, y haciendo eco a lo detectado en relación con la zona de Tar-
tagal, vemos que al este del pueblo de Embarcación el uso indígena de la tierra está
severamente obstruido por los desmontes agroindustriales. Las comunidades asen-
tadas en dicho ámbito urbano hacen recorridos más cortos que las más alejadas de
los campos de cultivos. En algunos casos, las familias indígenas recurren a la misma
medida compensatoria tomada por las comunidades de la zona de Tartagal, la de
trasladarse a sitios relativamente lejanos para hacer uso de los remanentes de bos-
que que se encuentran al norte y al este del pueblo. Al mismo tiempo, algunas comu-
nidades aledañas al pueblo hacen uso de las sierras ubicadas al oeste de la Ruta 34,
las cuales por su relieve accidentado no están afectadas por desmontes.
Tomadas en su conjunto, las comunidades del municipio de Embarcación registran
45
Los vectores en cuestión están incluidos en el Mapa 6.5, pero no forman parte de nuestro análisis cuantitativo de
distancias de recorrido debido a que representan traslados a sitios desde donde se realizan los recorridos.
102
Uso de la tierra
103
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Comparadas con los resultados arrojados por las comunidades de la Ruta 53, ve-
mos que las distancias transitadas por las comunidades de la Ruta 81 son en general
mayores (Gráfico 6.9). Para la caza y la recolección de miel, al igual que la pesca, los
promedios de distancia son casi el doble.
Gráfico 6.9 Comparación de las comunidades de las Rutas 53 y 81
Nota: Los promedios de distancia están calculados en base a los siguientes números de
vectores:
Aquí estamos frente a un fenómeno que se debe no sólo a factores externos –co-
mo ser la deforestación y la progresiva paralización de las actividades indígenas tra-
dicionales– sino también a un patrón de uso propio de las comunidades de la Ruta
53. Entre las mismas se incluyen cuatro –Salim, La Esperanza, Carboncito y Misión
Chaqueña– que se distinguen por dedicarse a la producción y venta de artesanía de
madera autóctona. El énfasis que ponen sobre aquella actividad explica en parte por
qué hacen uso de superficies menores de tierras. Por un lado, la materia prima (que
incluye el palo santo) se obtiene en lugares relativamente cercanos a las comunida-
des. Por el otro, la venta de los productos genera un ingreso financiero periódico que
permite satisfacer las necesidades básicas por medio de la compra de mercadería en
negocios locales. Es decir, hay menor necesidad de buscar los alimentos que brinda
el medio ambiente. Es significativo que, para las actividades de la caza y la recolec-
ción de miel, las comunidades de la Ruta 53 generaron un promedio de 10,5 vectores,
mientras las de la Ruta 81 generaron más del doble (26 vectores, como promedio).
Con respecto a los recursos madereros, se repite el mismo patrón. Entre las co-
munidades de la Ruta 53 los promedios para la recolección de leña y de madera para
carpintería, como también la producción de carbón, son menores que entre las comu-
104
Uso de la tierra
Gráfico 6.10 Comparación de comunidades del pueblo de Embarcación con el patrón regional
46
La obtención de recursos madereros para la construcción de viviendas y para la producción de carbón no está
registrada entre las comunidades indígenas del pueblo de Embarcación.
105
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Los datos presentados en este capítulo dan un panorama general de los actuales
patrones de uso de la tierra entre las comunidades indígenas del Chaco Salteño. No
pretenden ser una descripción exhaustiva de la situación, sino un primer paso hacia
el entendimiento de un sistema territorial que merece y que debe ser estudiado en
mayor detalle.
Aun así, los resultados son lo suficientemente robustos como para permitir algunas
observaciones generales sobre la realidad relevada. Podemos constatar que, a pesar
del cercenamiento de sus territorios, las comunidades indígenas del Chaco Salteño
mantienen vigentes muchos aspectos de su sistema tradicional de uso. Vemos, por
ejemplo, que: 1) la mayoría de las comunidades sigue haciendo uso de múltiples
sitios dispersos sobre superficies extensas; 2) el territorio de una comunidad tiene
una relación estrecha con la estructura del paisaje y la distribución de los recursos
naturales, conformando un espacio de nichos ecológicos múltiples cuyos parámetros
cambian a través del tiempo; y 3) las tierras utilizadas por diferentes comunidades se
superponen.
A su vez, los pueblos indígenas demuestran un alto grado de resiliencia –no sin
un costo en lo atinente a su salud y bienestar cultural– ante la degradación del am-
biente por la ganadería, la privatización y el alambrado de las tierras que impide tanto
el movimiento residencial como el acceso a los recursos, y la progresiva eliminación
del bosque nativo en función de la expansión de la agroindustria. Desde 1986 hubo
en la región una aceleración sin precedentes de la tasa de deforestación, proceso
que tiene un impacto devastador sobre el uso indígena de la tierra. En cuestión de
días, sitios usados durante siglos se borran de la faz de la tierra. En su lugar quedan
océanos de soja u otros monocultivos que no tienen ningún valor para la economía
de subsistencia de las comunidades. Al contrario, todo indica que las conducen a una
situación de mayor pobreza y vulnerabilidad.
A nivel regional, los resultados demuestran que los territorios indígenas son en
general más extensos en el sector este del Chaco Salteño, lo que en parte interpre-
tamos en términos de que la distribución intermitente de los recursos en aquella zona
más árida implica recorridos más largos que en las zonas más húmedas del oeste de
la región.
Sobre ese telón de fondo, los resultados revelan que, en la medida que nos tras-
ladamos de oeste a este, también varía el proceso de desarticulación del sistema
106
Uso de la tierra
territorial indígena. A los fines del análisis, dividimos la región en tres franjas que co-
rren en sentido norte-sur. La franja occidental abarca el área delimitada por la Ruta
Nacional 34 y una línea imaginaria que corre al este de la ruta, y en forma paralela a
la misma, a una distancia variable de entre 20 y 30 kilómetros. La franja central ocupa
las tierras delimitadas por la antedicha línea imaginaria y otra que coincide aproxima-
damente con el límite occidental del departamento Rivadavia. La franja oriental coin-
cide con el departamento Rivadavia (ver Mapa 6.7 en la página 93).
Históricamente, las selvas de transición de la franja occidental habrán permitido
que los hogares indígenas tengan un acceso relativamente inmediato a los recursos
naturales que forman parte de su economía tradicional. Actualmente, y como conse-
cuencia de la urbanización y deforestación desplegadas sobre el eje de la Ruta 34, a
las comunidades indígenas que habitan en esta franja les quedan dos posibilidades:
recurrir a los aislados remanentes de bosque situados en las proximidades de sus
asentamientos o trasladarse temporariamente a los sitios forestales ubicados a lo le-
jos hacia el este. Tomando como grupo de referencia a las comunidades (peri)urbanas
de Tartagal y Embarcación, el promedio de distancia que los miembros de las mismas
recorren, calculado en base a un total de 89 vectores, es de 9,4 km.
En la franja central, las comunidades registran un promedio de recorrido ligera-
mente menor, pues por lo general tienen mejor acceso a los bosques. Tomando co-
mo grupo de referencia a las comunidades forestales de Tartagal y Embarcación, sus
miembros recorren como promedio una distancia de 9,1 km, calculado en base a un
total de 322 vectores. Cabe aclarar que esta franja central coincide con la zona don-
de, a lo largo de la última década, se registra una de las mayores tasas de defores-
tación del Chaco Salteño (y del país). De continuarse el fenómeno, las comunidades
se verán obligadas a extender sus distancias de recorrido para aprovechar los pocos
remanentes de bosque que perduren en el paisaje atomizado.
La incipiente deforestación de la franja oriental viene a espaldas de una larga his-
toria de empobrecimiento ecológico suscitado por la ganadería y la explotación ma-
derera (ver el Capítulo 2). A pesar de ello, las comunidades indígenas mantienen su
relación ancestral con el medio ambiente, pero la degradación ambiental les obliga a
extender sus distancias de recorrido para buscar los recursos requeridos. Calculado
en base a un total de 1.029 vectores, el promedio de distancia recorrida por las comu-
nidades de esta franja (SVE, RBN y RBS) es de 12,2 km.
A modo de conclusión, traemos a colación una pregunta que, desde el ámbito no
indígena, se les hace a menudo a los indígenas: “¿Por qué necesitan ustedes tanta
tierra si no la hacen producir? ¿Quieren comerla?” En gran medida la pregunta ya
fue contestada por los resultados presentados en estas páginas. Sin embargo, para
quienes duden de la objetividad de los datos expuestos, conviene citar un estudio
según el cual se estima que, a nivel mundial, las culturas cazadoras-recolectoras ha-
cen uso de superficies que, de acuerdo a las condiciones locales, van desde las 250
hectáreas por persona en zonas favorables, como ser las pluvioselvas, hasta 14.000
hectáreas en zonas muy desfavorables, como el Ártico (Clark and Haswell 1971, cita-
do en Ellen 1982: 168). Aun suponiendo que el Chaco Salteño fuera una zona favo-
rable, la cifra citada establece que una familia con cuatro miembros que la sostienen
por medio de actividades tradicionales de subsistencia requiere, como mínimo, un
territorio de 1.000 hectáreas. El cálculo coincide con estimaciones mínimas referidas
al uso de la tierra entre los pueblos indígenas del Chaco semiárido paraguayo (Stahl
107
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
1993). Transpuestas al ámbito del Chaco Salteño, dichas estimaciones nos llevan a
entender que una comunidad medianamente grande de 25 familias necesita un área
de 25.000 hectáreas. La estimación, por hipotética que sea, sugiere que los resulta-
dos presentados en este capítulo, conjugados con los datos poblacionales expuestos
en el Capítulo 4, subestiman las dimensiones de un territorio indígena en el Chaco
Salteño antes que exagerarlas.
Por último, cabe recalcar que el derecho a la propiedad y posesión de sus terri-
torios tradicionales es un derecho indígena consagrado constitucionalmente. En la
medida en que va de la mano con el respeto a la identidad étnica y cultural de los
pueblos indígenas, también garantizado constitucionalmente, no hay manera (que no
sea violatoria del derecho) de cuestionar la legitimidad del uso de la tierra en que se
funda el sistema territorial tradicional de los pueblos indígenas del Chaco Salteño. En
el capítulo siguiente, analizamos el grado en que su derecho a la propiedad y pose-
sión de la tierra se encuentra implementado en la práctica.
108
7 TENENCIA DE LA TIERRA
109
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
plimentados son: la adjudicación de las tierras por vía legislativa, judicial y/o admi-
nistrativa, la escrituración de la adjudicación por medio de un escribano público y la
inscripción del título en el registro catastral del Estado.
En la Provincia de Salta, el organismo responsable del registro catastral es la Di-
rección General de Inmuebles. Toda la información referida a un inmueble determina-
do consta en una cédula parcelaria, la que identifica el número de catastro (o de ma-
trícula), la superficie, los límites del inmueble y la titularidad del mismo. Normalmente
la cédula parcelaria remite a un plano, confeccionado por un agrimensor, que grafica
los límites de la propiedad.
Para entender el grado en que las comunidades indígenas han logrado regularizar
la tenencia de sus territorios tradicionales y de las tierras que necesitan para vivir,
este capítulo responde a la siguiente serie de preguntas:
Previo a entrar en los detalles, es preciso hacer dos observaciones. Primero, y como
venimos manifestando desde el inicio, la información presentada no es exhaustiva.
Siendo un primer intento de recopilar información de esta índole a escala regional,
reconocemos que habrá necesidad de actualizar algunos datos y, a su vez, agregar
información que no estuvo disponible al momento de escribir estas líneas.
Segundo, el hecho de que una comunidad tenga un título de tierra no es indicativo
de que tiene la seguridad de tenencia sobre todas las tierras que ocupa y utiliza para
sus fines de subsistencia, sin hablar de su territorio tradicional como espacio cultural.
Al contrario, y como se apreciará a través de las siguientes páginas, el proceso de re-
gularización de la tenencia de tierras indígenas en el Chaco Salteño obedece, hasta
la fecha, a un modelo que tiende al progresivo acorralamiento de las comunidades en
parcelas relativamente pequeñas, aisladas y, con frecuencia, ubicadas a distancias
considerables de su lugar de residencia y de uso cotidiano.
Nuestro análisis se nutre de la Base de Datos tanto como de información reco-
pilada de organizaciones no gubernamentales y del Estado, como ser la Dirección
General de Inmuebles de la Provincia de Salta. Hemos complementado las encues-
tas comunitarias con fuentes adicionales, primero porque con frecuencia los datos
recabados a través de las encuestas no hacen referencia a documentación escrita.
Por ello se consideró prudente hacer una revisión de los títulos inscriptos a nombre
de comunidades indígenas en la Dirección General de Inmuebles de Salta a fin de
corroborar y completar los detalles del catastro.
Segundo, la investigación complementaria permitió agregar datos sobre las comu-
nidades que recibieron títulos después del cierre de las encuestas. De esa manera el
presente capítulo actualiza la Base de Datos en lo que se refiere a la situación de las
comunidades indígenas con respecto a la tenencia de la tierra.
110
Tenencia de la tierra
111
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
47
La cédula parcelaria nombra 19 comunidades, pero una de ellas –“Comunidad Aborigen Misión Kilómetro 18”– es
inexistente (John Palmer, comunicación personal).
48
Tampoco es titular del Lote Fiscal 4 la comunidad de Pozo Nuevo, ubicada a pocos metros del límite norte del
Lote.
112
Tenencia de la tierra
Gran parte del territorio tradicional y actual de las comunidades indígenas del munici-
pio de Santa Victoria Este (zona del Pilcomayo) se ubica dentro de los límites de los
Lotes Fiscales 55 y 14. En 1991 las comunidades formaron una organización repre-
sentativa, Lhaka Honhat (‘Nuestra Tierra’) para reclamar formalmente la titularidad
de su territorio colectivo. El reclamo tiene una larga historia e involucra ya no sólo al
Estado provincial sino también a la Nación y a la Comisión Interamericana de Dere-
chos Humanos.50 Uno de los principios fundamentales del reclamo territorial liderado
por Lhaka Honhat es que las tierras sean tituladas en forma colectiva, mediante un
49
Expte. 119-13.659/07 (Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de Salta), fs. 103. Últimamente
se tuvo conocimiento de la existencia de una quinta comunidad, la cual no está incluida en los cálculos que tienen
que ver con el número de comunidades.
50
Para un detallado relato de la historia del reclamo territorial de Lhaka Honhat, ver Carrasco y Zimerman 2006.
113
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
solo título que se haga extensivo a todas las comunidades (modelo que después fue
aplicado por el Estado provincial al mencionado caso de Lote Fiscal 4 del municipio
de Tartagal).
En 1999 la Provincia hizo entrega de cinco parcelas a familias indígenas que op-
taron en ese momento por no alinearse con el reclamo colectivo. Los títulos corres-
ponden a cinco lotes que fueron adjudicados, por un lado, a dos comunidades –La
Merced Nueva (295 Has.) y Bella Vista (1.682 Has.)– y, por el otro, a tres grupos de
personas que se constituyeron en personas jurídicas que no son representativas de
las respectivas comunidades en las que residen: Molathati 3 (1.003 Has.), Nueva
Esperanza (47,8 Has.) y Madre Esperanza (781 Has.). La medida fue impugnada por
Lhaka Honhat y, en el mes de mayo de 2007, el máximo tribunal de Salta la dejó sin
efecto en virtud de una acción de amparo interpuesta. Inicialmente el mismo tribunal
había rechazado el amparo pero revisó su fallo a requerimiento de la Corte Suprema
de Justicia de la Nación.
Por haber sido judicialmente impugnados, no incluimos los cinco títulos en el análi-
sis cuantitativo de superficies regularizadas. Pero conviene mencionar algunos de los
motivos técnicos que fundamentaron la oposición de Lhaka Honhat:
114
Tenencia de la tierra
se entienda como fracciones comunicadas por caminos”.51 A los pocos días, el Acta
Acuerdo fue aprobado por Decreto.52 Falta, pues, llevar a la práctica las manifiestas
intenciones del gobierno en cuanto a la formalización definitiva de la tenencia consue-
tudinaria de la tierra a favor de las 53 comunidades indígenas del municipio de Santa
Victoria Este.
Tierras tituladas. En lo que se refiere a tierras tituladas, Rivadavia Banda Norte (zona
de Morillo) presenta un panorama notablemente distinto al resto de la región. Seis
comunidades, con una población que asciende a 1.134 personas, son titulares de una
superficie total de 25.432,5 Has., lo cual equivale a un promedio de 112 Has./familia,
el más alto de todos los municipios de la región. En su conjunto, las tierras de que
disponen las seis comunidades representan más de la mitad (57%) del total de las
tierras indígenas tituladas en el Chaco Salteño. Una de las comunidades, Kayip, con
una población de 103 personas, es titular de 9.393 Has., la mayor extensión de tierras
tituladas a nombre de una comunidad indígena en el área de estudio.
Tierras asignadas. En la zona se registra un total de 6.204 Has. asignadas a comu-
nidades indígenas. De ese total, está actualmente en trámite la titulación de 3.000
Has. a nombre de las comunidades de Misión La Cortada y Palo Blanco. Otras 3.000
Has. están asignadas a las comunidades de Chañar 1 y Chañar 2. Además, algunas
comunidades del pueblo de Morillo –como ser La Represa, Barrio Primavera y Nech’e
Honhat– disponen de pequeños lotes (manzanas) que les han sido asignados por la
municipalidad.
Comunidades sin tierras regularizadas. Si bien algunas de las comunidades indíge-
nas del municipio han logrado una respuesta a sus reclamos territoriales, la situación
dista mucho de estar resuelta. Es importante resaltar que el porcentaje de la pobla-
ción indígena que dispone de un título de propiedad comunitaria no supera el 45%
del total estimado para el municipio. De las demás, y por sólo mencionar las comu-
nidades que carecen de toda seguridad de tenencia, las de Carpintero, La Pantalla,
El Talar y La Fortuna están actualmente ubicadas en tierras privadas, sin ningún
reconocimiento de sus derechos territoriales consuetudinarios.
51
Acta Acuerdo firmada el 17/10/07 por representantes de Lhaka Honhat, de la Organización de Familias Criollas y
del Poder Ejecutivo de la Provincia de Salta. Ver también el diario “El Tribuno” del 18/10/07.
52
Decreto N° 2786/07 del 23/10/2007 (Expediente N° 01-90.093/07, Secretaría General de la Gobernación), publi-
cado en el Boletín Oficial de Salta N° 17735 el día 30 de octubre de 2007.
115
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
su colaboración para la canalización del río, las reservas del Lote Fiscal 30 y del Lote
Fiscal 26, nunca llegaron a efectivizarse, manteniéndose fiscales en los dos últimos
casos (que incluyen La Purísima) o pasando a manos blancas.53
Según los datos disponibles, hay un total de 44.168 Has. tituladas a nombre de la
población indígena contemplada en este estudio (Cuadro 7.1).55 Dichas tierras co-
rresponden al 0,6% de la superficie total de los departamentos donde habita esa
53
Pontussi et al. 1993: 11. Ver también ibid. 27-28.
54
Decreto 483/04 del 25/02/2004 (Expediente 01-83125/03, Secretaría General de la Gobernación).
55
El total estimado no incluye las 3.808,8 Has. que estuvieron tituladas a comunidades y familias indígenas en el
municipio de Santa Victoria Este.
116
Tenencia de la tierra
población: San Martín, Rivadavia, Anta y Metán (7.013.200 Has.). Recordemos que
la población indígena estimada constituye el 9% de la población total de aquellos de-
partamentos (ver Cuadro 4.6). No está incluido en el cálculo el departamento Orán.
Cuadro 7.1 Población indígena con títulos de tierra
Nota: En el municipio de Mosconi, Misión El Cruce (población: 378) comparte el título indiviso de las
13.413 Has. de la Mat. 17.452 (ex Fiscal 4), las cuales están computadas en la cifra de hectáreas
tituladas a nombre de comunidades indígenas del municipio de Tartagal.
117
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Nos referimos en esta sección a tierras que han sido asignadas, pero aún no titu-
ladas, para comunidades indígenas. Estas son tierras actualmente en manos del
Estado o entidades privadas y que están en vías de ser tituladas a nombre de co-
munidades. Al momento de realizarse el presente estudio y según los datos dispo-
nibles, estimamos que dentro del contexto del Chaco Salteño han sido asignadas
a distintas comunidades indígenas unas 417.670 Has. Esta cifra se compone prin-
cipalmente de las 400.000 Has. asignadas en octubre 2007 por el gobierno de la
provincia de Salta a las comunidades indígenas ubicadas en los Lotes Fiscales 14
y 55.
La población de las comunidades con tierras asignadas es de aproximadamente
10.231 personas. De ese total, 6.517 personas (64%) corresponden a la zona del Pil-
comayo, quienes, en caso de ser adjudicadas las 400.000 Has. asignadas, se verían
beneficiadas a razón de un promedio de 307 Has./familia. La superficie restante de
tierras asignadas afecta a una población de 3.714 personas, lo cual corresponde a 24
Has. por familia.
118
Tenencia de la tierra
56
Cifra estimada en base a información obtenida sobre los reclamos territoriales de 107 comunidades.
119
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Hay dos aspectos que determinan el perfil de un reclamo. En primer lugar, los
reclamos coordinados entre varias comunidades tienden a repercutir más que los
individuales. En segundo lugar, los reclamos judicializados cobran mayor relevancia.
En términos generales, un reclamo extrajudicial –presentado, por ejemplo, a través
de una nota dirigida a un diputado local– tiende a pasar desapercibido y cae rápida-
mente en el olvido.
Sistematizar la información disponible y generar la faltante ayudará a que las co-
munidades puedan coordinar sus acciones en pro de sus derechos territoriales. Tam-
bién es importante que el Estado y las organizaciones no gubernamentales tengan
disponible esta información con el fin de entender con mayor claridad la situación, y
de ese modo definir estrategias más eficaces para apoyar el proceso de regularizar
la tenencia indígena de la tierra en el Chaco Salteño.
120
ANEXOS
Anexo 1
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Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
124
Anexo 1
125
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
Guía
Id. identificación numérica de cada miembro del hogar encuestado
S sexo de la persona identificada
P Pueblo Indígena con el que cada persona se autoidentifica
I principal idioma hablado por cada persona
OI otros idiomas hablados por cada persona
126
Anexo 1
127
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
128
Anexo 2 Actas de devolución de los datos a las comunidades
a) Zona Anta/Metán
129
Anexo 2
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
b) Zona Morillo
130
c) Zona Pilcomayo
131
Anexo 2
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
132
e) Zona Tartagal
133
Anexo 2
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
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Anexo 3
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Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
136
Anexo 3
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Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
138
Anexo 4
El presente Anexo consiste en una serie de cuadros que presentan los resultados de
la parte de la Base de Datos referida a la encuesta económica. Los seis primeros cua-
dros dan el detalle, por zona, del número de hogares cuyos miembros, desglosados
por género, se dedican a las distintas actividades estudiadas. Las siglas utilizadas
son las siguientes: N = número total de hogares encuestados; F = mujer; M = hombre;
FM = ambos sexos. El último es un cuadro comparativo que da cuenta de la relativa
importancia que tienen las distintas actividades en cada zona.
Cabe aclarar que: 1) no computamos los datos provenientes de algunos hogares,
debido a que los formularios no fueron correctamente completados; 2) los resultados
no incluyen datos de comunidades que no fueron encuestadas.
139
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
140
Anexo 4
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Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
142
Anexo 5
143
Los pueblos indígenas cazadores-recolectores del Chaco Salteño
144
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STAHL, W. 1993
“Los indígenas del Chaco Paraguayo y sus tierras”, Asociación de Servicios de Coope-
ración Indígena Mennonita (ASCIM), Filadelfia (Paraguay), manuscrito inédito
150
Bibliografía
151
INDICE
Para facilitar el uso del Indice, conviene explicitar los criterios en base a los cuales está ar-
mado. Por un lado, están incluidos todos los nombres personales, étnicos, institucionales,
geográficos y de lugar que aparecen en el texto del libro, con las siguientes excepciones:
• No están incluidos los nombres de autores que forman parte de referencias bibliográfi-
cas.
• Tampoco están incluidos nombres personales, étnicos, institucionales, etc., que están
referenciados en los mapas, gráficos y cuadros. Por ese motivo, no están indexadas
todas las comunidades indígenas del Chaco Salteño –las cuales están detalladas en
los mapas y cuadros correspondientes– sino solamente aquéllas mencionadas en el
cuerpo del texto (véase la entrada “comunidades indígenas”).
• Por su frecuencia, puntos de referencia omnipresentes (como, por ejemplo, “Chaco
Salteño”) hacen innecesaria la enumeración de todas sus ocurrencias en el texto.
• No están incluidos en el Indice los nombres personales, étnicos, etc., que aparecen en
los cuadros, gráficos y mapas.
Por otro lado, el Indice referencia los conceptos claves vinculados con los ejes temáticos
del libro (véase, por ejemplo, “agroindustria”, “bosque chaqueño/nativo”, “deforestación”, “sub-
sistencia indígena”). A los efectos de mayor concisión, el Indice no cataloga por separado las
distintas actividades productivas indígenas de que se trata en el libro. El/la lector/a que se
interesa por dichas cuestiones puntuales encontrará los datos respectivos si consulta el rubro
“economía indígena” dependiente de las entradas referidas a las distintas zonas de estudio
(véase, por ejemplo, “Pilcomayo, zona: economía indígena”).
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Indice
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Indice
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Indice
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