PODER JUDICIAL DE LA NACION
En Buenos Aires, a los 18 días del mes de noviembre de dos mil ocho, se
reúnen los Señores Jueces de Cámara en la Sala de Acuerdos, con asistencia
de la Sra. Secretaria de Cámara, para entender en los autos caratulados
“GLOBAL FOOT SPORTS S.A. C/ RODRÍGUEZ CLEMENTE JUAN
S/ ORDINARIO” (Expte. N° 091480, Registro de Cámara N°
073581/2003), originarios del Juzgado del Fuero Nro. 3, Secretaría Nro. 6,
en los cuales, como consecuencia del sorteo practicado de acuerdo con lo
establecido en el art. 268 C.P.C.C., resultó que debían votar en el siguiente
orden: Doctora María Elsa Uzal, Doctor Alfredo Arturo Kölliker Frers y
Doctora Isabel Míguez.
A la cuestión propuesta la Dra. María Elsa Uzal dijo:
I. Los hechos del caso.
1) En fs. 31/36 se presentó Mario Pizzolo en carácter de
presidente de Global Foot Sports S.A. y promovió demanda de daños y
perjuicios por monto indeterminado contra Clemente Juan Rodríguez.
En oportunidad de alegar cuantificó su reclamo en la suma de
$413.750, con más intereses y con más una suma prevista en concepto de
cláusula penal, cuya fijación dejó al arbitrio judicial, más allá de la suma que
se habría pactado en la cláusula contractual que invocó (véase fs. 291 ultimo
párrafo y fs. 34 ap. IV, pto. 4).
Relató que las partes celebraron un contrato de mandato, por el
cual se convino que la actora representaría al demandado en su actividad
futbolística.
Explicó que el vencimiento del contrato debía operarse el
19.12.2005 y que el demandado se encontraba facultado para suscribirlo por
encontrarse emancipado por sus padres.
Señaló que Rodríguez le otorgó a su parte mandato especial,
exclusivo y a título oneroso para que en su nombre y representación ejecute,
con facultades amplias y suficientes, los actos jurídicos enunciados en el
instrumento. A continuación detalló el contenido de determinadas cláusulas
que especificó y a las que cabe remitirse en razón de brevedad.
Siguió diciendo que su mandante logró que el Club Atlético Los
Andes fichara y formara deportivamente al futbolista para que luego, el Club
Atlético Boca Juniors adquiriera sus derechos federativos.
Agregó que en este último Club, Rodríguez logró sus mayores
éxitos deportivos (campeón argentino, campeón de la Copa Libertadores de
América en dos oportunidades, campeón intercontinental y subcampeón
intercontinental). Sostuvo que ello le permitió progresar económica y
deportivamente, aumentando sustancialmente su patrimonio y su proyección
a la fama internacional en su profesión. Indicó que el demandado forma parte
del plantel de la selección nacional.
Manifestó que la relación entre las partes se desarrolló en forma
cordial hasta que mediante carta documento de fecha 5/8/2002 Rodríguez
rescindió el contrato de representación, argumentando incumplimientos.
Seguidamente describió el intercambio epistolar producido entre las partes.
Alegó que habida cuenta de la irrevocabilidad del contrato
suscripto, su mandante tiene derecho a percibir los emolumentos que le
correspondan sobre todas y cada una de las sumas de dinero involucradas en
todos y cada uno de los contratos suscriptos o a suscribir por el demandado
en ejercicio de su actividad futbolística profesional hasta el día del
vencimiento del acuerdo, independientemente de la fecha en que las sumas
de dinero hubiesen sido percibidas por el accionado.
Indicó que, conforme a lo pactado, su parte tiene derecho a
percibir: a) el 20% de lo que le corresponda percibir al jugador por
transferencias de sus derechos federativos y sobre primas o premio anual
extraordinario por la suscripción de contratos laborales o de prestación de
sus servicios profesionales futbolísticos con clubes; y b) el 40% de lo que le
corresponda percibir al futbolista por honorarios o contraprestaciones por
publicidad y/o explotación de su imagen personal.
Manifestó que luego de que se suscribiera el contrato, el
demandado jamás le abonó ni un solo peso a su mandante y reclamó los
siguientes rubros, mas dejó aclarado que la suma total debía surgir de la
prueba a producirse:
a) porcentaje sobre los derechos de transferencia, a favor del
demandado, como consecuencia de la cesión de sus derechos federativos
futbolísticos efectuada entre el Club Atlético Los Andes (U$S6.000) y el
Club Atlético Boca Juniors.
b) porcentaje sobre la Prima o Premio Anual Extraordinario
abonado al demandado por Boca Juniors por la temporada 2001/2002 (U$S
6.000).
c) porcentaje sobre la Prima o Premio Anual Extraordinario
abonado al demandado por Boca Juniors por la temporada 2002/2003 (aclaró
que desconoce el monto) y sobre las sumas a percibir en ese concepto por las
temporadas 2003/2004, 2004/2005 y 2005/2006.
d) una suma cuya fijación dejó al arbitrio judicial en concepto
de indemnización por rescisión contractual, conforme lo pactado en la
cláusula penal (cláusula sexta).
e) porcentaje sobre los contratos de publicidad y/o explotación
de imagen personal (aclaró que desconoce su número y sumas involucradas).
2) En fs. 50/60 vta. se presentó Clemente Juan Rodríguez y
contestó demanda, solicitando su rechazo, con costas.
Efectuó una negativa de los hechos invocados por su contraria,
mas reconoció haber suscripto el contrato de marras con fecha 19/12/2000 y
haberlo rescindido con fecha 31/7/2003 (léase 31/7/2002).
En primer lugar, se explayó acerca del marco normativo
que consideró aplicable al caso y sostuvo que la cuestión debe regirse por la
ley 20.160 que consagra el “Estatuto del Jugador de Fútbol Profesional”, el
CCT 430/75, el Estatuto de la Asociación de Fútbol Argentino (A.F.A.) y sus
reglamentaciones y el Estatuto de la Federación Internacional de Fútbol
Asociado (F.I.F.A.) y sus reglamentaciones. Manifestó que a estas normas
deben ajustarse quienes pretendan actuar como “agentes” o “intermediarios”
de jugadores, ya que han quedado incorporadas al derecho interno desde que
la A.F.A. se incorporó como miembro integrante de la F.I.F.A.
Señaló que la ley 20.160 dispone la nulidad de todo contrato
que no se ajuste a las disposiciones de la misma y a las reglamentaciones
deportivas nacionales e internacionales y que el art. 89, inc. a) del Estatuto
de la A.F.A. establece que, de acuerdo al art. 17 del Reglamento de la
F.I.F.A., “la utilización de los servicios de agentes o intermediarios para la
transferencia de jugadores está estrictamente prohibida”, disponiendo en el
apartado g) la nulidad absoluta de toda situación contractual que existiera, ya
sea por parte de los jugadores, o de los clubes, directa o indirectamente
afiliados a AFA que estuviera en contra de ello.
Indicó que, posteriormente, a partir de la creación de los
“Reglamentos sobre los Agentes de Jugadores” de fechas 11/12/95 y
10/12/2000 se autorizó la actividad de dichos agentes o intermediarios, bajo
ciertas condiciones específicas y afirmó que, atento la fecha de celebración
del contrato, el último reglamento es el que debe regir la cuestión.
Seguidamente, refiriéndose a sus disposiciones, detalló los requisitos que
debe cumplir una persona para poder desempeñarse como “agente de
jugadores” y las diferentes prohibiciones y excepciones existentes para el
ejercicio de tal actividad.
En ese marco y alegando que la actora no cumplió con los
requisitos ineludibles para su ejercicio, concluyó en que el contrato es nulo
de nulidad absoluta. Destacó que aquélla no es agente de jugadores con
licencia de A.F.A., que el contrato no respeta, ni el plazo máximo, ni las
estipulaciones contractuales obligatorias, que se estableció una remuneración
al agente que contrariaría las disposiciones reglamentarias, que la actora no
contrató póliza de seguros de responsabilidad civil, que el instrumento no fue
hecho por cuadriplicado y, que no se remitió un ejemplar a la A.F.A. para su
registración.
Agregó que a partir de la normativa aplicable, que establece que
una persona jurídica no puede solicitar u obtener una licencia para actuar
como agente de jugadores, en el caso se vería configurada una verdadera
incapacidad de derecho por parte de la actora, dada su condición de persona
de existencia ideal.
Sostuvo que resulta evidente que no puede obligarse a su
persona a mantener la vigencia de un contrato cuya celebración se
encontraba prohibida y que, en base al mismo, pretenda la actora el
cumplimiento de prestaciones que no se encuentra legitimada para reclamar
y que fueron las circunstancias que acarrean la nulidad del contrato y las que
lo llevaron a rescindirlo.
Luego, dio su versión de los hechos:
Relató que a mediados del año 1999, cuando se encontraba
jugando como amateur en el Club Atlético Los Andes, la actora se contactó
con él a fin de ofrecerle sus servicios como representante y que, ya en esa
época, las autoridades del club le hicieron saber de manera informal que el
Club Atlético Boca Juniors estaba interesado en su persona para incorporarlo
como jugador profesional para que jugase en la reserva de ese club.
Agregó que la actora estaba vinculada con el Club Los Andes,
por lo que sabía del aparente interés de Boca Juniors, razón por la cual ésta
comenzó una insistente persecución a fin de que la contratara como
representante o agente suyo y así agilizar el ingreso al club mencionado.
Siguió diciendo que la actora convenció a sus padres para que lo
emanciparan y que la inexperiencia de su parte, su condición humilde, su
escasa edad, el desconocimiento de cómo se manejaban las cosas en el
ámbito del fútbol profesional y las fabulosas promesas de la actora, referidas
a que llegaría muy lejos en su profesión y que ganaría grandes sumas de
dinero gracias a su actuación, permitieron que se celebrase la contratación
con fecha 19/12/2000 y que la actora confeccionase a su arbitrio las
cláusulas del contrato.
Manifestó que la accionante conocía perfectamente que jamás
podía representarlo y destacó que el Club Atlético Boca Juniors adquirió sus
derechos federativos y económicos al Club Los Andes sin intermediación
alguna y con anterioridad (31/7/2000) a la fecha de celebración del contrato
de marras (19/12/2000).
Explicó que, con posterioridad supo que la actora carecía de
facultades para actuar ante los clubes y asociaciones y para desarrollar la
actividad de representante o agente de jugadores, lo que, sumado a que
aquélla no le prestaba ningún servicio y que se negaba a rescindir el contrato,
motivó su decisión de rescindirlo unilateralmente.
II. La sentencia apelada.
En la sentencia de fs. 317/37 el a quo declaró nulo de nulidad
absoluta el contrato de marras y rechazó la demanda, con costas a la actora
vencida.
El sentenciante, ante la incomparecencia de la actora a la
audiencia de absolución de posiciones convocada en autos, la tuvo por
confesa de manera ficta a tenor del pliego acompañado por el demandado y,
en consecuencia, consideró reconocidos y ciertos los extremos que surgían
de las posiciones allí contenidas, a las que cabe remitirse en razón de
brevedad (véase fs. 327/29).
Seguidamente, puntualizó que la confesión ficta de la actora
establecía a priori el encuadre jurídico acerca de la validez o no, del contrato
de marras y que para comprobar si dicha convención resultaba nula de
nulidad absoluta era menester analizar la restante prueba producida y
adelantó que la misma no resultó suficiente para desvirtuar la defensa
ensayada por el demandado.
El magistrado juzgó que la actora no obró con sujeción a las
directivas de la ley 20160 y normas concordantes y complementarias de
aplicación en el ámbito nacional e internacional, ya sea la reglamentación
emanada de la A.F.A. como la de la F.I.F.A.
A continuación detalló los vicios que presentaba el acuerdo de
marras en contraposición con la normativa citada: a) que el término de
duración se pactó por cinco años; b) que no se acreditó su registración en la
A.F.A. y que de haberse registrado, no se hubiera aceptado por no ajustarse a
las disposiciones del Estatuto de Jugadores de Fútbol Profesional ni a las
reglamentaciones deportivas nacionales e internacionales; c) que aún en el
supuesto de registración por error, la norma lo considera nulo a todos su
efectos y; d) que no se cumplía con la cantidad de ejemplares que prescribe
la legislación.
En este marco, el a quo concluyó en que no habiendo la actora
dado cumplimiento a las previsiones de la ley 20.160, aún cuando se
considerase que la normativa emanada de la F.I.F.A. del 10.12.00 le fuera
inoponible, el acuerdo del 19.12.00 adolecía de los vicios señalados que lo
tornaban nulo de nulidad absoluta y por ende inejecutable y destacó que
resultaba inadmisible que la reclamante, dado su objeto social, no conociera
el marco regulatorio que detalló en la sentencia y que fuera invocado por el
demandado.
Contra el pronunciamiento de primera instancia se alzó la parte
actora, quien fundó su recurso mediante el memorial obrante en fs. 347/56.
En fs. 358/69vta. el demandado contestó el traslado pertinente.
III. Los agravios.
1) La actora se agravia del encuadre jurídico realizado por el a
quo, que considera erróneo.
Señala que el sentenciante se equivoca al considerar que se
incurrió en una violación de la ley 20.160 y del CCT 430/75. Fundamenta su
posición en que dicha normativa no regula la actividad de representantes de
futbolistas, sino que, por el contrario, establece el marco legal que debe regir
las relaciones entre éstos y las instituciones deportivas. Con base en ello,
manifiesta que cuando el juez de grado declara la nulidad del contrato de
marras, sustenta su decisión en una norma que no tiene relación ni
vinculación alguna con la materia de la litis.
Agrega que en el presente proceso se ha ventilado la validez
jurídica de un contrato de representación que vincula a una persona jurídica
con un futbolista y que ese convenio de representación no interfiere ni
provoca efectos jurídicos en relación al contrato de trabajo del futbolista.
Manifiesta que se acreditó en autos que el demandado mantuvo
una relación de naturaleza deportiva laboral con el Club Atlético Boca
Juniors y que de ningún modo el contrato de marras afectó esa relación.
Alega que resulta contrario a derecho que se decretara la nulidad
de un contrato de representación, de naturaleza evidentemente comercial,
sustentando tal decisión en la aplicación de una normativa de carácter laboral
que no ha sido afectada.
De otro lado sostiene que el nuevo reglamento de F.I.F.A. entró
en vigencia recién el 1 de abril de 2002, por lo que en ocasión de celebrarse
el contrato de representación, con fecha 19/12/2000, el mismo no afectaba la
eficacia jurídica de ese contrato, habida cuenta de la inexistencia de
normativa alguna que provocara su nulidad o que impusiera las condiciones
de validez invocadas por el demandado y en las que el sentenciante se basó
para decretar la nulidad.
A todo evento, agrega que la celebración de un contrato de
representación y el cumplimiento de la prestación a cargo de la persona
jurídica representante que carece de licencia, impone el pago de la
retribución acordada por aplicación de los principios generales que rigen la
contratación privada en nuestro ordenamiento positivo, que debe primar por
sobre disposiciones reglamentarias internacionales. Invoca analógicamente la
figura del corredor de comercio y cita el art. 1209 del Código Civil.
2) Asimismo, se queja de que el a quo omitiera analizar la
conducta del demandado durante el transcurso de la vinculación jurídica que
uniera a las partes y en oportunidad de su extinción.
Alega que el demandado celebró un contrato y encomendó a la
actora el ejercicio de su representación deportiva, generando así la
adquisición de un derecho y la expectativa concreta a la retribución de la
función encomendada, reconociendo implícitamente su aptitud legal para la
celebración del acto.
Agrega que luego Rodríguez, en contradicción con sus propios
actos, decidió rescindir el contrato alegando incumplimientos que no probó y
que, posteriormente y recién en este proceso, invoca la invalidez del contrato
sustentando su pretensión en una reglamentación que no era de aplicación a
la hora de celebrarse.
3) Por último, objeta que el a quo considerara que la prueba
producida resultaba insuficiente para acreditar los hechos alegados por su
parte.
Sostiene que más allá de la confesión ficta en la que incurriera,
se demostró que su parte desplegó actividad tendiente a propender al
desarrollo de la carrera deportiva y profesional del demandado.
Se explaya sobre la prueba informativa y documental allegada
en autos y concluye en que quedó demostrado que el demandado reconoció
la participación de los representantes de la actora, Sres. Minniti y Zembrino
y las actividades por ellos realizadas en relación a su carrera deportiva y
profesional.
IV. La solución propuesta.
1) En el sub lite no se encuentra controvertido que con fecha
19/12/2000 las partes celebraron el “contrato de representación” que fue
allegado en autos (fs. 7/8) y que con fecha 31/07/2002 el demandado
rescindió unilateralmente la relación contractual.
Sentado ello y vistos los agravios traídos por la recurrente, le
corresponde a esta Alzada determinar si resultó acertada la decisión del a
quo de decretar la nulidad del contrato celebrado entre las partes, o si por el
contrario, -como sostiene la actora- el magistrado basó su decisión en una
normativa inaplicable en la especie y que, por ende, el convenio resultaría
plenamente válido y jurídicamente eficaz. En su caso, habrá de determinarse
si le asiste derecho a la sociedad actora para percibir las sumas que reclama
al demandado por su rescisión unilateral del contrato antes de su
vencimiento.
2) La actora sostiene que el a quo decretó la nulidad del contrato
de marras con base en una normativa que considera inaplicable al caso.
Argumenta que la ley 20160 (Estatuto del Futbolista) y la Convención
Colectiva de Trabajo N° 430/75 no regulan la actividad de representantes de
futbolistas, sino que, por el contrario, establecen el marco legal que debe
regir las relaciones entre éstos y las instituciones deportivas. Por ende,
concluye en que el contrato celebrado entre las partes resulta válido y eficaz.
Recuérdase que el a quo advirtió que la actora no obró con
sujeción a las directivas de la ley 20160 y a las concordantes y
complementarias de aplicación en el ámbito nacional e internacional, sea la
reglamentación emanada de la A.F.A. como de la F.I.F.A. Con base en ello,
el magistrado juzgó que al no haber la actora dado cumplimiento a las
previsiones de la ley 20160 –aún cuando se considerara que la normativa
emanada de la F.I.F.A del 10.10.2000 le fuera inoponible- el contrato
allegado en autos adolecía de diferentes vicios que lo tornaban nulo de
nulidad absoluta y por ende, inejecutable.
3) El contrato y su marco normativo
En el marco descripto, cabe recordar que las partes, en sus
obligaciones negociales en materia contractual, se rigen en todo aquello que
es materia disponible, prioritariamente, tanto en el orden interno como en el
orden internacional, por las reglas fijadas de común acuerdo en ejercicio del
juego de su autonomía de la voluntad, ya conflictual -facultad de
determinación del derecho aplicable-, ya material -mediante disposiciones
prescriptivas de las directas soluciones de fondo que serán aplicables a su
contrato-; ello, por aplicación del principio de la autonomía de la voluntad de
las partes que se sustenta, en el derecho privado interno, en el artículo 1197
del Cód. Civil y que es de plena aplicación, también, en las relaciones
contractuales con proyecciones multinacionales (véase la fundamentación de
su procedencia en: Boggiano, Antonio "Curso de Derecho Internacional
Privado. Derecho de las Relaciones Privadas Internacionales" y en Uzal,
Maria Elsa, "Algunas reflexiones sobre la autonomía de la voluntad en la
contratación internacional con particular referencia al Mercosur", ED T.
179 pag. 1184).
En el sub lite, en la cláusula tercera del “Contrato de
Representación” acompañado en autos –fs. 7/8- se pactó que los
representantes debían ajustarse a las prescripciones de la ley 20.160, que
rige la actividad en el país de los jugadores de fútbol, cumpliéndola en su
fondo y en su forma, como así también que debían respetar y hacer respetar
el convenio colectivo de trabajo Nº 430/75 que rige dicha actividad. De ello
se sigue que las partes han hecho uso de su autonomía de voluntad en sentido
material y han integrado a su marco normativo las disposiciones de la ley
20.160 y demás instrumentos legales referidos, en cuanto a las condiciones
aplicables al cumplimiento de la relación que los vinculaba, esto es, a su
contrato de representación. Las cuestiones involucradas se rigen pues,
inicialmente, por lo convenido por las partes en ejercicio de su autonomía
material de voluntad que comprende, tanto las cláusulas de fondo
expresamente previstas, como las condiciones y normas jurídicas que la
integran por remisión, aún en blanco y subsidiariamente por el derecho
interno.
Si bien es cierto que la ley 20160 que contiene el Estatuto del
Jugador de Fútbol Profesional se refiere, fundamentalmente, a las relaciones
entre los jugadores y las entidades deportivas, no es menos cierto que en el
sub lite, esas reglas y las exigencias de fondo y normativas que ellas traen
consigo y que esa vinculación presupone, en este caso concreto, han sido
expresamente asumidas por el representante y deben ser observadas por éste
en el cumplimiento de su cometido.
Así las cosas, la ley 20.160 establece que no se registrará
contrato alguno que no se ajuste a las disposiciones de ese Estatuto y a las
reglamentaciones deportivas nacionales e internacionales, compatibles con
ese Estatuto y que el contrato que, no obstante, fuere registrado por error,
será considerado nulo a todos los efectos (art. 4°). En consecuencia, debe
determinarse si de esa referencia que sujeta todo el contrato que nos ocupa a
las disposiciones del Estatuto y a las reglamentaciones nacionales e
internacionales puede extraerse que la relación misma entre el jugador y su
representante debe ajustarse a determinados standards, internacionalmente
exigidos, como presupuesto de su correcto desempeño y si, por esta vía, es
afectada por normas materiales de aplicación inmediata, de fuente interna o
internacional, que puedan desplazar la autonomía que los llevó a formalizar
el mismo contrato con esas condiciones.
No se desconoce que la ley 20.160 rige las relaciones jurídicas
que vinculan a futbolistas profesionales y entidades deportivas (art. 1) y no,
las relaciones jurídicas que vinculan a los primeros con sus representantes o
agentes, mas la expresa sujeción a sus disposiciones, voluntariamente
asumidas, determina que el representante deba ajustar su cometido y su
desempeño a las condiciones que esas normas presuponen y/o exigen, ya que
pasan a integrar el marco jurídico obligatorio para las partes, aplicable en la
especie.
4) De otro lado, puede leerse en el contrato de marras que en la
cláusula primera se plasmó que “el Sr. Clemente Juan Rodríguez confiere a
los representantes la representación exclusiva para que lo represente y
asesore en todas las entidades del país afiliadas a ligas de fútbol regionales,
asociaciones de fútbol argentino y/o cualquier liga y/o federación del
extranjero afiliadas a la Federación Internacional de Fútbol Asociado
(F.I.F.A.), con el objeto de tratar y negociar las incorporaciones ante
cualquier club de fútbol, su desafectación, su pase definitivo o a préstamo a
otra institución, concertando las condiciones económicas de todas esas
circunstancias y, en general, realizar cuantos más actos, gestiones y trámites
sean convenientes a los intereses deportivos y económicos del mismo
incluyendo convenir con empresas o personas físicas, todas aquéllas
contrataciones que estén relacionadas con la actividad del jugador
concluyendo negociaciones e instrumentos contractuales correspondientes”
.
Ello así, se advierte que del objeto principal del contrato
resultaba que la actora ejerciese, por sí, la representación de Rodríguez ante
las asociaciones de fútbol argentino y/o cualquier liga y/o federación del
extranjero afiliadas a la Federación Internacional de Fútbol Asociado
(F.I.F.A.), con el objetivo de tratar y negociar las incorporaciones ante
cualquier club de fútbol, su desafectación y/o su pase definitivo o a préstamo
a otra institución, lo cual supone revestir las condiciones de aptitud y
formales exigidas para ello.
5) El status de los representantes ante la F.I.F.A. y la A.F.A. y
el contrato que nos ocupa.
En este marco fáctico, no pueden desconocerse las disposiciones
reglamentarias, ya sean nacionales o internacionales, dictadas por la F.I.F.A.
y/o por la A.F.A. –ésta última asociada a la primera-, regulatorias de la
actividad de los representantes o agentes de futbolistas profesionales, toda
vez que para satisfacer efectivamente el objeto principal del contrato, la
actora debía cumplir con los requisitos necesarios para el ejercicio de tal
actividad por ante estas asociaciones, de lo contrario, el objeto principal del
contrato deviene insatisfecho de conformidad a las modalidades de
aplicación y exigibles, de acuerdo a lo pactado.
A nivel internacional, en el Estatuto de la F.I.F.A., versión del
año 2000, -vigente desde el 5 de noviembre de ese año-, en su “Reglamento
de Aplicación de los Estatutos”, parte integrante de ese documento, en el art.
17, también disponía la prohibición de la utilización de agentes u otros
intermediarios para la transferencia de jugadores y, a su vez, establecía que
el Comité Ejecutivo, podía dictar una reglamentación obligatoria que
autorizase la actividad de los agentes de jugadores bajo ciertas condiciones
específicas y, en esa inteligencia, el Comité Ejecutivo de la F.I.F.A. dictó el
referido “Reglamento relativo a la actividad de los agentes de jugadores”
(versión del 11 de diciembre de 1995) para gobernar la actividad de los
agentes de jugadores que se ocuparan de las transferencias de jugadores de
una asociación nacional a otra, disponiendo asimismo que los principios
estipulados en los capítulos I, III, IV y V eran igualmente obligatorios en el
ámbito nacional (Preámbulo) de los países parte. Allí se estableció que quien
pretendía ejercer tal actividad debía obtener una licencia otorgada por la
F.I.F.A. (para todo tipo de transferencias) o por su asociación nacional (sólo
para transferencias domésticas), así como la prohibición de que los jugadores
recurriesen a los servicios de agentes que no poseyeran una licencia (conf.
arts. 1, 16 y 18). Asimismo, se estipuló que sólo podrían obtener tal licencia
las personas físicas y que no se admitirían las candidaturas de compañías o
de asociaciones (art.2).
Señálase pues, que asiste razón a la actora en cuanto a que, a la
fecha de suscripción del contrato que nos ocupa (19/12/2000), no regía el
“Reglamento sobre los agentes de jugadores” dictado por la F.I.F.A. el 10 de
diciembre del año 2000, puesto que como surge de su art. 28, este
instrumento entró en vigor el 1 de marzo de 2001, es decir, con posterioridad
a la suscripción del contrato de representación, aunque su contenido ya fuera
conocido. Sin embargo, a esa fecha (19/12/2000) regía un primer
“Reglamento Relativo a la Actividad de los Agentes de Jugadores” (de la
F.I.F.A) referido supra, que fuera dictado el 11 de diciembre de 1995 para
entrar en vigencia el 1 de enero de 1996 (art. 24) y que prohibía que los
jugadores recurriesen a los servicios de agentes de jugadores que no
poseyeran una licencia otorgada por la F.I.F.A., salvo que se tratase de un
pariente cercano del jugador o si el agente se encontrase inscripto en la orden
de abogados del país donde tiene su domicilio (art. 1). A su vez, se reitera,
este reglamento disponía que solo las personas físicas fueran quienes podían
obtener la licencia respectiva, no así, las compañías o asociaciones (art. 2).
Cabe destacar que en el ámbito de la Asociación del Fútbol
Argentino (A.F.A.), en ese entonces, aún no se había dictado una
reglamentación al respecto, mas en su Estatuto se disponía en su art. 2° que
“la AFA tiene por objeto fomentar el fútbol y asociar en su seno a las
entidades que en la República Argentina lo practiquen, a efectos de
coordinar la acción de todas ellas en pro de su difusión y de su ejercitación
disciplinada, ajustándose a las disposiciones de la FIFA de cuyos Estatutos y
Reglamentos se ha tomado su estructura como ejemplo, a los efectos de
dotar a la AFA de amplia funcionabilidad en su manejo toda vez que ello
implica(ba) estar a tono con la era dinámica y práctica de nuestros días” y
en el art. 89 de ese estatuto, en el inciso a) se disponía que “de acuerdo al
art. 17 del Reglamento de la FIFA, la utilización de los servicios de agentes
o de intermediarios para la transferencia de jugadores está(ba)
estrictamente prohibida” .
Conclúyese pues, en que a fin de satisfacer el objeto principal
del contrato de representación suscripto por las partes, el representante debía
observar la normativa emanada de la ley 20.160 (cláusula tercera del
contrato) y la reglamentación emanada de la FIFA y adoptada por la AFA
formando, ésta también, parte del plexo normativo regente de la relación
existente entre las partes.
En este sentido, en el fallo “Interplayers S.A. v. Sosa, Roberto
C.” (CNCiv., Sala “A”, del 6/12/2002) en caso con circunstancias fácticas
parecidas al presente, se sostuvo que el Estatuto de la F.I.F.A y sus
reglamentaciones han quedado incorporados al derecho interno desde que la
A.F.A. pasó a ser miembro integrante de esa Federación, asumiendo el
compromiso de someterse a los reglamentos y decisiones internacionales, del
mismo modo en que esas reglamentaciones de la entidad internacional, al
igual que el propio estatuto y reglamentos de la A.F.A. y la mentada
convención colectiva de trabajo constituyen, todos ellos, ley en sentido
material.
En este marco, la ley 20.160 para la registración de un contrato
entre jugador y club exige el ajuste del mismo a las reglamentaciones
nacionales e internacionales y surge de las referencias normativas efectuadas
supra que las normas nacionales por entonces vigentes, en especial, el
Estatuto de la A.F.A. -vigente desde marzo de 1999- remitían a la
observancia de las disposiciones de la F.I.F.A y que en el art. 89 inc. a) de
ese Estatuto se disponía, se reitera, que de acuerdo al art. 17 del Reglamento
de aplicación de los Estatutos de la F.I.F.A., la utilización de los servicios de
agentes o de intermediarios para la transferencia de jugadores está, en
principio, estrictamente prohibida, salvo las excepciones expresamente
contempladas (vgr. art. 1 in fine del “Reglamento Relativo a la Actividad de
los Agentes de Jugadores” de la F.I.F.A.).
Ello debe entenderse así, aunque por entonces no hubiera un
reglamento de agentes de jugadores en el ámbito de la A.F.A.
Así las cosas, no habiéndose desvirtuado que en el
cumplimiento del contrato de marras no se observaron los parámetros legales
establecidos en la normativa aplicable, las condiciones del mismo
condenaban a la nulidad a los contratos que, como derivación de él pudieran
celebrarse, por lo menos, en lo tocante a la incorporación o transferencia del
jugador a cualquiera de los clubes integrantes de asociaciones de fútbol
nacionales, a su vez, asociadas a la Federación Internacional de Fútbol
Asociado (F.I.F.A.), formalizados por intermedio de la accionante, lo cual
era el objeto principal del contrato que nos ocupa, desde que, la negociación
entre un club y un agente sin licencia debía ser considerado un acto nulo y
sin valor (conf. arts. 18 y 19 del “Reglamento Relativo a la Actividad de los
Agentes de Jugadores” (F.I.F.A.). Ello pues, vicia el objeto del contrato que
nos ocupa y lo invalida.
6) Aplicación del art. 1627 del Código Civil al caso
Desde otro ángulo, se plantea en autos la consideración del
derecho que pudiera asistirle a la actora a percibir una remuneración en los
términos del art. 1627 del Código Civil, siempre y cuando se hubiese
probado una actividad útil de su parte, que se hubiera traducido en beneficios
económicos para el demandado, independientemente de la falta de licencia.
Se sostiene que, de otro modo, se convalidaría un indebido enriquecimiento
sin causa a favor del demandado, quien habría recurrido a los servicios de un
representante o agente de jugadores para beneficiarse con las consecuencias
de su actuar.
En esta línea de ideas cabe señalar que en el contrato de marras
(copia de fs. 7/8) aparece enunciado que lo suscribe Global Foot Sports S.A.
a través de sus representantes, los Sres. Gerardo Pascual Zembrino y Claudio
Rafael Minniti y luce firmado sólo por Minniti, el 19 de diciembre de 2000.
Más allá de ello, en fs. 225 obra la contestación de oficio
emanada del Club Atlético Los Andes donde se informa que con fecha 31 de
junio (rectius: julio) de 2000 ese club celebró un contrato con su similar, el
Club Atlético Boca Juniors, por el cual se cedieron los derechos federativos
y económicos del jugador demandado y que en las tratativas intervino la
empresa Global Foot Sports S.A.
Sin embargo, de otro lado, los artículos periodísticos
acompañados informan que el Sr. Zembrino era el representante de
Rodríguez y que éste junto con una persona llamada Abel Moralejo habrían
llevado al jugador al Club Atlético Boca Juniors (véase copia del artículo
que se encuentra sin foliar entre fs. 75 y 76, segunda columna y fs. 78,
primer columna, antepenúltimo párrafo). Asimismo en otro artículo se
informa que el jugador fue llevado a Boca por Abel Moralejo y acompañado
por sus representantes Minitti y Zembrino (véase fs. 79, primer columna).
El testigo Salomón Ricardo Sabbag manifestó que Pablo Sabbag
era el representante de Rodríguez y que los vio juntos en la oficina que
compartía con el primero y que éste le dijo que arregló un contrato con Boca
para el jugador y que participó en su venta a un club ruso (véase fs. 248/50).
El testigo Dahbar señaló que no sabía quien llevó a Rodríguez a
Boca y que el Sr. Pablo Sabbag representaba al jugador en los contratos con
ese club (véase fs. 251, respuesta a la tercera pregunta).
En fs. 196/99 obra el contrato de cesión y transferencia de los
derechos económicos y federativos del jugador Rodríguez, suscripto entre el
Club Atlético Los Andes y el Club Atlético Boca Juniors, con la
conformidad del jugador y de sus padres, con fecha 31 de julio de 2000.
En fs. 207/208 el Club Atlético Boca Juniors informó que la
incorporación de Rodríguez al club se produjo el 1 de agosto de 2000 luego
de que el club adquiriera en forma definitiva sus derechos económicos y
federativos al Club Atlético los Andes. Asimismo informó que no existen
constancias en el club de que alguna persona que invistiera el carácter de
agente licenciado de AFA hubiera intervenido en su ingreso a la institución y
que durante el tiempo que integró el plantel profesional invocaron ante la
institución ser representantes del jugador el Sr. Claudio Minitti en primer
lugar y posteriormente, hasta la transferencia de sus derechos federativos, el
Sr. Pablo Martín Salomón Sabbag.
7) En este marco fáctico, no puede dilucidarse con claridad
quien, en definitiva, fue quien llevó al futbolista al Club Atlético Boca
Juniors, hecho este que posibilitó la carrera exitosa del profesional. Pareciera
que los Sres. Zembrino y Minitti, quienes serían sus representantes en ese
entonces, habrían tenido una participación al respecto y podría existir la
posibilidad de que hubieran actuado en nombre de la empresa Global Foot
Sports S.A., según lo que se desprende del informe ya referido brindado por
el Club Atlético Los Andes y teniendo en cuenta su calidad de socios
fundadores de la sociedad actora, aunque, estrictamente, quien detentaba la
representación de la sociedad en ese entonces sería el presidente del
directorio, Sr. Pizzolo (nótese que en el instrumento de constitución de la
sociedad, de fecha 1/12/1999 -véase fs. 211/16- se designó a éste presidente
del directorio y director suplente al Sr. Minitti).
Sin embargo, y esto resulta dirimente, se acreditó en autos que la
incorporación de Clemente Juan Rodríguez al Club Atlético Boca Juniors se
produjo el 31 de julio o 1 de agosto de 2000, esto es, con anterioridad a que
las partes se vincularan contractualmente, lo que acaeció recién el día 19
diciembre de 2000 con la suscripción del contrato de representación por cuyo
cumplimiento reclama la actora. Con ello, no puede pretenderse, por lo
menos con base en el contrato allegado en el sub lite, el reconocimiento de
una retribución por la actividad que se pudo haber realizado para la
incorporación del jugador al club que lo lanzó al éxito profesional.
8) Así las cosas, no habiéndose acreditado debidamente la
realización de ninguna actividad útil por parte de la actora en beneficio del
jugador, que amerite el reconocimiento del derecho a obtener una retribución
en los términos del art. 1627 del Código Civil, debe rechazarse el reclamo
pretendido por la accionante en este sentido.
Señálase que, con relación a los porcentajes sobre los contratos
de publicidad y explotación de la imagen personal del jugador, pretendidos
por la actora, el a quo juzgó que ninguna prueba fue arrimada en autos con
resultado favorable para acreditar la realización de gestiones de esa índole en
beneficio del demandado y la cuestión no ha sido materia de agravio (véanse
las contestaciones de oficio negativas obrantes a fs. 131, 146, 149).
9) Por último, aún si se entendiese que el contrato subsistiera en
la esfera privada de las partes, cabe destacar que no cabe imponerle al
jugador la cláusula penal establecida en el contrato de marras, prevista para
el caso de que éste realizase gestiones en competencia con las facultades
otorgadas a los representantes (cláusula sexta).
Ello así pues, no se ha acreditado en autos, en forma alguna, tal
extremo, no pudiéndose invocar a tal fin la transferencia del jugador a un
club de Rusia antes del vencimiento del contrato, toda vez que, la actora –
como ya se ha dicho- no estaba legitimada para ejercer la actividad necesaria
para concluir una transferencia del jugador entre clubes integrantes de
asociaciones de fútbol nacionales, a su vez éstas asociadas a la Federación
Internacional de Fútbol Asociado (F.I.F.A.) pues en ese marco, ya se lo ha
indicado, ese acto debería considerarse nulo y sin valor (arts. 18 y 19 del
“Reglamento relativo a la actividad de los agentes de jugadores” -F.I.F.A.-).
En este sentido cabe citar el art. 1160 del Código Civil, que
como es sabido, establece que “no pueden contratar (…) los que están
excluidos de poderlo hacer con personas determinadas, o respecto de cosas
especiales, ni aquéllos a quienes les fuese prohibido en las disposiciones
relativas a cada uno de los contratos”, que es lo que pareciera haber sucedido
en este caso, en que está vedado para la persona jurídica accionante la
posibilidad de comprometer sus servicios para asesorar u obrar como
“representante”, apoderado o agente de los intereses del jugador, del mismo
modo que no puede reclamarse el cumplimiento de obligaciones de éste
hacia quien, en definitiva, no era apto legalmente para efectuar tratativa o
intermediación en nombre suyo, tanto en el país como en el extranjero (conf.
CNCiv., Sala “A”, in re: “Interplayers S.A. v. Sosa, Roberto C.”,
6/12/2002).
8) Por todo lo expuesto, propicio en este Acuerdo:
Rechazar el recurso incoado por la parte actora y confirmar la
sentencia apelada, con costas de Alzada a la actora vencida (art. 68 CPCCN).
He aquí mi voto.
Por análogas razones los Sres. Jueces de Cámara Dres. Kölliker
Frers y Míguez adhieren al voto precedente.
Con lo que terminó este Acuerdo que firmaron los Señores
Jueces de Cámara Doctores: María Elsa Uzal, Isabel Míguez, Alfredo Arturo
Kölliker Frers. Ante mí: María Verónica Balbi. Es copia fiel del original que
corre a fs. del Libro Nro. 118 de Acuerdos Comerciales - Sala "A".
Buenos Aires, noviembre de 2008.-
Y VISTOS:
Por los fundamentos del Acuerdo precedente, se resuelve
rechazar el recurso incoado por la parte actora y confirmar la sentencia
apelada, con costas de Alzada a la actora vencida (art. 68 CPCCN). María
Elsa Uzal, Isabel Míguez, Alfredo Arturo Kölliker Frers. Ante mí: María
Verónica Balbi. Es copia fiel del original que corre a fs. de los autos
de la materia.