UNIVERSIDAD TÉCNICA DE ORURO
FACULTAD DE DERECHO, CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES
CARRERA CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL
2023
CONDICIONAMIENTO CLÁSICO
COMUNICACIÓN Y EDUCACIÓN SMS - 407
DOCENTE: Lic. Ricardo Choque
NOMBRES: Arellano Herrera Juan José
Ayza Morales Yessica
Gumucio Fiorilo Maite
Siles Veizaga María Elena
GESTIÓN: 2023
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TEORÍA ASOCIACIONISTA – CONDUCTISMO
CONDICIONAMIENTO CLÁSICO
1. INTRODUCCIÓN
La Teoría Asociacionista fue la base de una corriente psicológica muy importante:
el conductismo. La capacidad de asociación es básica a la hora de poder realizar
un aprendizaje. Podemos saber y reaccionar a determinados estímulos debido a
que somos capaces de vincular acontecimientos.
De una forma simple y genérica la teoría asociacionista se puede resumir como
aquella que propone que el conocimiento es adquirido por la experiencia,
vinculándose las sensaciones que nos produce la presencia e interacción con los
estímulos de forma mecánica y siempre que se reúnan una serie de requisitos
básicos conocidos como leyes de la asociación. Según se añaden nuevas
asociaciones, el pensamiento y la conducta se van volviendo cada vez más
complejos, pudiéndose explicar la actuación humana en base al aprendizaje de los
vínculos entre fenómenos.
La teoría asociacionista, especialmente desde el conductismo, ha sido aplicada
con gran frecuencia en el ámbito de la educación. Por aprendizaje asociativo se
entiende el proceso mediante el cual un sujeto es capaz de percibir la relación
existente entre dos hechos concretos a partir de la observación. Estas relaciones
pueden llegar a generalizarse a estímulos semejantes, a la vez que son
discriminativos en relación a otros fenómenos. Dicho de otro modo, la relación
captada es específica entre los dos sucesos, no observándose con otro tipo de
estímulos a menos que haya relaciones de semejanza con la situación original.
En este proceso de aprendizaje el sujeto es principalmente pasivo, captando la
relación entre estímulos y su intensidad debido a las características propias de los
sucesos en cuestión. Los procesos mentales tienen poca relevancia para la
realización de asociaciones, siendo más relevante el proceso de percepción de la
realidad.
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Si bien el aprendizaje asociativo resulta de gran utilidad en la consecución del
aprendizaje de conductas mecánicas, este tipo de aprendizaje tiene la desventaja
que el conocimiento o habilidad obtenido no tiene en cuenta la experiencia previa
o los diferentes procesos cognitivos que pueden mediar en el aprendizaje. El
sujeto recibe un conocimiento totalmente descontextualizado, en el que el
individuo no es capaz de poner en relación lo aprendido ahora con lo anterior.
Se aprende mediante repetición, sin permitirse que el sujeto elabore lo que
aprende y lo otorgue un sentido tanto al contenido a aprender como al propio
proceso de aprendizaje en sí. Para la teoría asociacionista el sujeto es un ser
pasivo que se limita a recibir y retener la estimulación externa, con lo que no se
tienen en cuenta aspectos intrapsíquicos como la motivación o las expectativas,
así como tampoco se trabaja desde la óptica de que diferentes personas pueden
tener diferentes perspectivas o habilidades de la misma situación.
2. EL CONDUCTISMO Y LA ASOCIACIÓN ENTRE ESTÍMULOS
Según Castillero O. (2017), la teoría de la asociación pasaría con el tiempo a ser
uno de los principales pilares del conductismo, el cual pretende investigar la
conducta humana de forma científica a partir de lo observable. Si bien el
conductismo obvia en su estudio del comportamiento humano los procesos
mentales al no ser estos directamente observables, esta corriente ha servido como
base a nuevas maneras de interpretar la psique humana, surgiendo otras escuelas
y paradigmas tanto de sus aciertos como de sus limitaciones e integrándose parte
de sus técnicas y creencias básicas.
El conductismo usa como base la teoría asociacionista al considerar que la
exposición a dos estímulos contiguos produce una vinculación entre ellos. Si un
estímulo produce un efecto en el organismo, se generará una respuesta concreta
hacia dicha estimulación. Si además de ello aparece un segundo estímulo en el
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momento o cerca del momento en que se produce un efecto, este estímulo será
ligado al primero, terminando por generar una respuesta semejante.
3. CONDICIONAMIENTO CLÁSICO
Una de las características más importantes de este tipo de aprendizaje es que
implica respuestas automáticas o reflejas, no conductas voluntarias (a diferencia
del Condicionamiento operante o instrumental). Se denominó "condicionamiento
clásico" a la creación de una conexión entre un estímulo nuevo y un reflejo ya
existente, por tanto, es un tipo de aprendizaje según el cual un estímulo
originalmente neutro, que no provoca una respuesta, llega a poder provocarla
gracias a la conexión asociativa de este estímulo con el estímulo que normalmente
provoca dicha respuesta.
El Condicionamiento clásico sentó las bases del conductismo, una de las escuelas
más importantes de la psicología, y nace como consecuencia de los estudios
Pavlov, un psicólogo ruso que se interesó por la fisiología de la digestión,
especialmente en los reflejos de salivación en perros.
Esta teoría tiene como máximos representantes a Iván Pavlov y Jhon Watsson, a
continuación, se desarrollará los aportes de ambos autores.
3.1. Condicionamiento – Iván Pavlov
La teoría del condicionamiento clásico deriva de los experimentos del fisiólogo
ruso Iván Pavlov, quien durante el estudio del aparato digestivo canino notó que
los animales salivaban al ser expuestos a estímulos asociados con la comida sin
que fuera necesaria la presencia física de esta.
El sonar de una campana o los pasos de los investigadores bastaban para
desencadenar un mecanismo fisiológico en los perros relacionado con la primera
fase de la digestión, lo que llevó a Pavlov a dirigir su investigación hacia una
importante conclusión científica: los perros salivaban al escuchar la campana
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porque habían aprendido que el sonido de esta precedía la alimentación, por lo
cual la respuesta inmediata a nivel orgánico era la preparación de las glándulas
salivales.
En este proceso de condicionamiento intervenían factores clave:
- El estímulo incondicionado (EI), que viene siendo aquel que produce
invariablemente una reacción (en este caso, la comida).
- La respuesta incondicionada (RI), que es provocada por el estímulo
incondicionado (la salivación).
- El estímulo condicionado (EC), que se considera neutro porque no produce
ninguna respuesta al menos que se haya dado el pareamiento (la
campana).
- La respuesta condicionada (RC), que es el resultado de mezclar el estímulo
incondicionado y el estímulo condicionado (comida + campana = salivación
al escuchar la campana).
Las investigaciones de Pavlov son una de las bases de las ciencias del
comportamiento. En sus investigaciones iniciales, Pavlov había observado que
tras poner alimentos en la boca de del perro que estaba investigando, éste
empezaba a segregar saliva procedente de determinadas glándulas. Pavlov
denominó este fenómeno como "reflejo de salivación".
Al realizar el experimento en repetidas ocasiones, observó que su presencia (la
del propio Pavlov) causaba que el perro empezara a segregar saliva sin tener la
comida presente, pues había aprendido que cuando Pavlov se presentaba en el
laboratorio, iba a recibir comida. Entonces, para poder saber si estaba en lo cierto,
puso un separador entre el perro y la comida, de esta manera el can no podía
visualizarla. El investigador introducía el alimento por una compuerta y registraba
la salivación del animal.
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Más adelante, Pavlov empezó a aplicar distintos estímulos (auditivos y visuales)
que entonces eran neutros, justo antes de servirle la comida al perro. Sus
resultados indicaron que, tras varias aplicaciones, el animal asociaba los estímulos
(ahora estímulos condicionados) con la comida. Pavlov llamó “reflejo
condicionado” a la salivación que se producía tras esta asociación.
3.2. Condicionamiento – Jhon B. Watson
El psicólogo estadounidense John B. Watson, uno de los impulsores del
conductismo, realizó un polémico experimento en 1919 para probar una serie de
hipótesis sobre el condicionamiento y la respuesta emocional de los seres
humanos —particularmente el miedo— ante diferentes estímulos. Un bebé de tan
solo 9 meses fue el sujeto del experimento: el pequeño Albert.
En el año 1913, John B. Watson presenta en la Universidad de Columbia “La
psicología tal como la ve el conductista”, conocido más tarde como el manifiesto
conductista. En él, Watson expone una serie de ideas que consolidan y unifican
las diferentes propuestas conductistas que se venían haciendo en los años
precedentes, entre ellos los famosos experimentos de Pavlov.
Watson consideraba que la psicología era una ciencia natural cuyo principal
objetivo debía ser la predicción y el control de la conducta. Inspirándose en otros
grandes estudiosos como Wuntz o Darwin, Watson consideró que la mente debía
ser ‘naturalizada’ negando su vertiente metafísica y dejando fuera conceptos como
la conciencia o el alma: los sentimientos, las emociones o los recuerdos eran
distintas formas de conducta y podían ser estudiados a través de “conductas
aprendidas observables”.
Tal y como lo definió años después Jacob Robert Kantor, psicólogo naturalista, el
conductismo renuncia a las doctrinas del alma, la mente o la conciencia para
centrarse en “el estudio de los organismos en interacción con sus ambientes”. Y
Watson tenía un plan para estudiar ‘un organismo en interacción con un ambiente’:
un bebé de 8 meses llamado Albert.
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3.2.1. Experimento del pequeño Albert
John B. Watson y su ayudante Rosalie Rayner se plantearon hacer un
experimento que llevara a un nuevo nivel los ensayos de Pavlov. Pero en vez de
un perro, se trabajaría con un bebé. Y en vez de hambre, se experimentaría con el
miedo.
Objetivos del experimento
Según se describe en el artículo publicado en 1920 por la pareja de psicólogos, los
objetivos del experimento del pequeño Albert eran los siguientes:
- ¿Puede condicionarse a un niño para que sienta miedo de un animal que
aparece simultáneamente con un ruido fuerte?
- ¿Se transferirá tal miedo a otros animales u objetos inanimados?
- ¿Cuánto persistirá tal miedo?
La selección del bebé
Para que el experimento se desarrollase en consonancia con los objetivos, se
precisaba un sujeto que aún no hubiera manifestado emociones muy intensas.
Desde luego que tenía que ser un ser humano de muy corta edad. Rayner acudió
a un orfanato y sugirió escoger al hijo de una de las nodrizas que había vivido en
un ambiente tranquilo sin muchos estímulos: se decía que apenas había llorado
desde que nació. Era perfecto para el experimento.
Toma de contacto con el pequeño Albert
Con menos de 9 meses, Watson y Rayner iniciaron el experimento con una
primera fase en la que expusieron al bebé una fogata y varios animales, pero
Albert no mostró ningún temor.
Sí lloró, no obstante, ante el ruido producto de golpear una lámina metálica con un
martillo, confirmando una de las hipótesis de Watson: el miedo —junto a la cólera
y el amor— son los tres sentimientos reconocibles en niños recién nacidos, siendo
el miedo condicionado especialmente por ruidos fuertes y falta de sustentación.
El pequeño Albert y la rata
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Dos meses después de la toma de contacto, Watson y Rayner pasaron a la fase
del miedo condicionado: comenzaron a mostrar diferentes estímulos a Albert para
comprobar si podían modificar su conducta, si podía ‘aprender el miedo’.
En concreto, mostraron una rata blanca de laboratorio que Albert quiso tocar, pero
cuando hizo varios intentos de acercarse a ella, Watson golpeó la barra metálica.
El bebé se echó hacia detrás y, cuando volvió a intentar tocar la rata, nuevo ruido
metálico. Albert lloró.
Albert aprendió el miedo
Durante varias semanas más, Albert continuó siendo sometido a diferentes ciclos
de experimentación que confirmaban los datos obtenidos en las primeras
jornadas. El bebé comenzó a llorar cuando veía a la rata sin necesidad de
escuchar el ruido metálico.
Tal y como explica Watson en su informe posterior: “En total, se dieron siete
estimulaciones conjuntas —ruido metálico y rata— para provocar la reacción
completa. No es improbable que, si el sonido hubiera sido mayor, el número de
estimulaciones conjuntas se hubiera reducido sustancialmente”.
Albert, el abrigo de foca y Santa Claus
Watson y Rayner habían conseguido el primero de los objetivos de su experimento
y fueron a por el segundo. Se le mostraron diferentes animales de pelo y otros
objetos inanimados como un abrigo de piel de foca y Albert lloró ante todos esos
estímulos.
En última instancia —y en una escena que fácilmente podría formar parte de una
película de terror— Watson apareció con una máscara y con una barba de Santa
Claus. El bebé se apartó atemorizado y llorando.
¿Watson se olvidó de desensibilizar al bebé?
El experimento no cumplió con su último objetivo, no estudió cuánto podía persistir
el miedo y, lo más importante, si se podía desarrollar una técnica experimental
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para eliminar la respuesta emocional continuada. Se dice que el mismo día que
Watson iba a comenzar la última fase del experimento, Albert dejó el hospital.
Se especula con que la madre retiró al niño del experimento, pero también se dice
que el psicólogo conocía la marcha del niño y no previó (o no quiso prever) este
hecho porque ya estaba conforme con haber cumplido los dos primeros objetivos
de su experimento que, al fin y al cabo, ya eran un éxito para fortalecer su teoría
conductista.
Críticas al experimento del pequeño Albert
Watson y Rayner fueron despedidos poco más tarde de la Universidad Johns
Hopkins, la cual financiaba el experimento, por el romance que ambos mantenían,
aunque a posteriori también se sugirió que la falta de ética del experimento podría
haber influido en su salida.
Las críticas al experimento no se hicieron esperar. No solo se censuraba la
crueldad de usar a un bebé para demostrar unas hipótesis, sino que se criticaba el
hecho de que Watson no terminara el ensayo tratando de eliminar el miedo
inducido al pequeño Albert cuya vida tras el experimento sigue siendo motivo de
investigación: ¿desarrolló una fobia a los animales con pelo… y nada más?
En última instancia, experimentos como este conducen a la reflexión sobre los
límites de la ciencia y de la soberbia y el ensimismamiento de (algunos) científicos.
Tal y como dijo una vez el físico teórico Lee Smolin: “En el fondo, los científicos
somos gente con suerte: podemos jugar a lo que queramos durante toda la vida”.
BIBLIOGRAFÍA
Hayek Friedrich A. (1959) LOS FUNDAMENTOS DE LA LIBERTAD. Unión
Editorial. Novena edición.