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Sentencia RC.000432 Sala de Casación Civil TSJ

Este documento presenta una decisión de la Sala de Casación Civil de Venezuela sobre un caso de acción merodeclarativa de existencia de relación concubinaria. La Sala declara el recurso de casación anunciado por la demandante como perecido por no haber presentado el escrito de formalización dentro del plazo establecido. Además, la Sala discute brevemente la figura de la casación de oficio.

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Sentencia RC.000432 Sala de Casación Civil TSJ

Este documento presenta una decisión de la Sala de Casación Civil de Venezuela sobre un caso de acción merodeclarativa de existencia de relación concubinaria. La Sala declara el recurso de casación anunciado por la demandante como perecido por no haber presentado el escrito de formalización dentro del plazo establecido. Además, la Sala discute brevemente la figura de la casación de oficio.

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html

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SALA DE CASACIÓN CIVIL


 
Exp. 2016-000982
 

Magistrado Ponente: GUILLERMO BLANCO VÁZQUEZ

En el juicio por acción merodeclarativa de existencia de relación concubinaria, seguido


ante el Tribunal Primero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la

Circunscripción Judicial del estado Bolivariano de Miranda por la ciudadana MORELA

CHIQUINQUIRÁ PÉREZ TERÁN, representada judicialmente por los abogados Jossue

Doménico Giglio Rivas y Gerson José Mendoza Donis, contra los ciudadanos FRANCISCO

VÁSQUEZ PÉRÉZ y MARDEN EMILIO VÁSQUEZ, representados judicialmente por el

abogado Eduardo José Cabrera Rodríguez; el Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil y del

Tránsito de la misma Circunscripción Judicial, dictó sentencia en fecha 20 de julio de 2016,

mediante la cual declaró la reposición de la causa al estado de admisión de la demanda a los


fines de que fuese llamados a juicio los ciudadanos Sofía Lili Vásquez Deveniseh, Marden

Eugenio Devenish, Pablo Emilio Vásquez Devenish y Elena Beatriz Vásquez de Zbinden, con
el propósito de integrar debidamente el litisconsorcio pasivo necesario. Sin condenatoria al

pago de las costas procesales.

Contra la precitada sentencia de alzada, ambas partes anunciaron recurso de casación,


los cuales fueron admitidos en fecha 25 de noviembre de 2016.

Una vez que se dio cuenta en Sala, se designó ponente al Magistrado Guillermo
Blanco Vázquez, quien con tal carácter suscribe la presente decisión.

En fecha 17 de enero de 2017, la parte demandada formalizó el recurso de casación


anunciado. No hubo impugnación.

Con ocasión de la elección de la nueva junta directiva de este Tribunal Supremo en

data de 24 de febrero de 2017, por su Sala Plena, para el período 2017-2019, se reconstituyó
esta Sala de Casación Civil en fecha 2 de marzo de 2017, por los Magistrados: Yván Darío

Bastardo Flores, Presidente; Francisco Ramón Velázquez Estévez, Vicepresidente; Guillermo


Blanco Vázquez, Vilma María Fernández González, Marisela Valentina Godoy Estaba;

Secretario, Ricardo Antonio Infante y Alguacil: Roldan Velásquez Durán.

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Siendo la oportunidad correspondiente, procede la Sala a decidir en los siguientes

términos:

PUNTO PREVIO

          Dispone el artículo 317 del Código de Procedimiento Civil, lo siguiente:

“…Admitido el recurso de casación, o declarado con lugar el de hecho,


comenzarán a correr, desde el día siguiente al vencimiento de los diez (10)
días que se dan para efectuar el anuncio en el primer caso, y el día
siguiente al de la declaratoria con lugar del recurso de hecho en el segundo
caso, un lapso de cuarenta (40) días, más el término de la distancia que se
haya fijado entre la sede del Tribunal que dictó la sentencia recurrida y la
capital de la República, computado en la misma forma, dentro del cual la
parte o partes recurrentes deberán consignar un escrito razonado, bien en
el Tribunal que admitió el recurso, si la consignación se efectúa antes del
expediente, o bien directamente en la Corte Suprema de Justicia, o por
órgano de cualquier juez que lo autentique, que contenga en el mismo orden
que se expresan, los siguientes requisitos:
1º La decisión o decisiones contra las cuales se recurre.
2º Los quebrantamientos u omisiones a que se refiere el ordinal 1º del artículo
313.
3º La denuncia de haberse incurrido en algunos o algunos de los casos
contemplados en el ordinal 2º del artículo 313, con expresión de las razones
que demuestren la existencia de la infracción, falsa aplicación o aplicación
errónea.
4º La especificación de las normas jurídicas que el Tribunal de última
instancia debió aplicar y no aplicó, para resolver la controversia, con
expresión de las razones que demuestren la aplicabilidad de dichas normas.
La recusación o inhibición que se proponga contra los Magistrados de la Corte
Suprema de Justicia no suspenderá el lapso de la formalización…” (Negrillas
de la Sala).
 

La norma precedentemente transcrita, dispone que la parte o partes recurrentes, deben

presentar su escrito de formalización dentro de los cuarenta (40) días, más el término de la
distancia que se haya determinado entre la sede del tribunal que dictó el fallo recurrido y la
capital de la República, contados a partir del último de los diez (10) días que se otorga para

el anuncio, incluso en los casos en que el escrito de formalización se presente por órgano de

cualquier juez o autoridad que lo autentique, estableciendo de esta forma una carga procesal
ineludible para el recurrente, so pena de ser declarado perecido dicho recurso.

En tal sentido, el artículo 325 del Código de Procedimiento Civil, dispone:

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“…Se declarará perecido el recurso, sin entrar a decidirlo, cuando la


formalización no se presente en el lapso señalado en el artículo 317, o no
llene los requisitos exigidos en el mismo artículo…”. (Negrillas de la Sala).
 

De tal modo, que al no cumplirse con la formalidad contemplada en dicha disposición,

como es la consignación del escrito de formalización dentro de la oportunidad establecida en

el artículo 317 del Código de Procedimiento Civil, el recurso extraordinario de casación se


declarará perecido, lo cual impide a la Sala entrar a resolver la controversia. (Vid. Sentencia

N° de fecha 16 de diciembre  de 2016, caso: Ynés María López contra el ciudadano  Orlando

Ramón Maestre Mata y otros, exp. N° 16-449).

En virtud de lo anterior, esta Sala procede en el presente caso, a declarar el efecto

previsto en el citado artículo 325 del Código de Procedimiento Civil, al verificarse que la
parte demandante aun cuando anunció recurso de casación contra la sentencia dictada por el

Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del

estado Bolivariano de Miranda tal y como consta folio 299 de la pieza 2 de 1 del expediente,

no presentó el correspondiente escrito de formalización. Por lo tanto, el recurso de casación


anunciado en fecha el 24 de noviembre de 2016 por la ciudadana Morela Chiquinquirá Pérez

Terán y admitido por el mencionado juzgado superior, debe ser declarado perecido, tal como

se hará en el dispositivo de esta sentencia. Así se decide.

CASACIÓN DE OFICIO

Al igual que todo lo relativo al recurso de casación, la casación en interés de la ley, -

prima mayor y cercana a la Casación de oficio-, nació en Francia, como una de las
innovaciones jurídicas que trajo consigo la Revolución Francesa. A través de ella, los

Comisarios del Rey, adscritos a los tribunales de casación, podían hacer notar que una

sentencia de última instancia vulneraba la ley y el tribunal, si lo constataba así, podía casarla

sin que ello tuviere repercusión sobre las partes del proceso en que se había dictado el fallo.
Es decir, no habría anulación, sino simple indicación sobre la violación para que fuese

tomado en cuenta en futuras decisiones de instancia.

En Venezuela, nuestra Sala de Casación Civil desde principios de siglo denota en sus

memorias la intención de algunos magistrados de dar entrada a instituciones de vanguardia

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casacional Arístides Rengel Romberg. Tratado de Derecho Procesal Civil Venezolano. Tomo
V. págs. 449 y 450), quien cita fallos del 26 de octubre de 1906 y 08 de octubre de 1917,

expresándose ya desde entonces, que la soberanía del fallo de instancia no era absoluta, sino

que tiene un límite y: “… la justa y acertada aplicación de la ley, es un deber para ésta
Corte, cada vez que se traspase el límite, de contener a los trasgresores dentro de las normas

legales…”. Y luego la incorporación de un llamado académico por parte de la Sala a las

instancias recurridas en “Interés de la Ley” (CPC de 1904), la cual fue seguida por el CPC de

1916, donde se insistió también en la casación en interés de la ley, específicamente en su


artículo 435, allí se señalaba que la Corte debía limitarse a considerar las infracciones

alegadas en el escrito de formalización, no pudiendo en consecuencia, entrar a decidir motu

proprio cualquier infracción no denunciada.

Esta terrible situación impedía que la Sala aunque detectara algún vicio, incluso que

afectara el orden público procesal, si no había sido denunciado por el recurrente, debía
abstenerse de pronunciarse sobre ello; sin embargo, el referido artículo 435 CPCD (1916), le

permitía a la extinta Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casación Civil, cuando encontrare

un quebrantamiento de alguna disposición legal expresa, o aplicando falsamente alguna ley, -

sin que tales infracciones se hubieren alegado- advertir a los jueces sentenciadores de tal
circunstancia, para conservar la integridad de la legislación y la uniformidad de la

jurisprudencia. Era entonces, la llamada “casación en interés de la Ley”.

Frente a esa disposición, buena parte de la doctrina nacional, criticó duramente su

utilidad por ser meramente orientativa y académica a la par que se reclamaba la

incorporación de la casación de oficio. Fue así, como el Código de Procedimiento Civil


vigente de 1986, incluyó la casación de oficio en el aparte 4° del artículo 320, que establece:

“…Podrá también la CSJ en su sentencia hacer pronunciamiento expreso,


para casar el fallo recurrido con base en las infracciones de orden público o
constitucionales que ella encontrare, aunque no se las haya denunciado…”.
 

La nueva casación, vino a consagrar una facultad de la Sala para casar de manera

oficiosa –inquisitiva- la recurrida, cuando encontrare una infracción de orden público y

constitucional “aunque no se haya delatado”. Reiterándose que la disposición contenida en el

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aparte 4° del artículo 320 CPC, no tiene antecedentes en nuestro país, sino la de su pariente
cercana, denominada: “Casación en Interés de la Ley”.

                  Ello, nos permite concluir, que en el nuevo Código Adjetivo o ritual de 1986,
contempla un régimen mixto, en el que sólo puede haber recurso de casación si una de las

partes (la que sufre gravamen en su posición procesal por la recurrida) lo anuncia y luego lo

formaliza, pero una vez interpuesto, la Sala de Casación puede anular el fallo por vicios no

denunciados, siempre que se trate de agravios a normas constitucionales o de orden público


procesal. De esta manera, el interés privado sigue teniendo prevalencia, pero se matiza por la

necesidad de proteger los intereses públicos.

                  No hay que olvidar nunca, que el recurso de casación, en general, se vincula a hechos

históricos trascendentales como la destrucción del Ancien Régime y la toma de la Bastilla,

bajo la inspiración de los postulados de: Libertad, Igualdad y Fraternidad de los filósofos
de la Ilustración francesa y del discurso de Maximilian Robespierre en 1790 y el Decreto o

Ley Fundacional de la Casación del 27 de noviembre, 1 diciembre de 1790, de donde se

extrae como tarea de la Casación, su defensa de los Derechos Fundamentales, allí, la casación

de oficio, juega un papel determinante, ya que con ella se defiende a su vez el principio de
legalidad y el debido proceso frente a la arbitrariedad de las decisiones judiciales en la

aplicación de la ley material o procesal, ejerciendo un papel inquisitivo de interdicción de la

arbitrariedad de las instancias que vulneren normas, principios, valores o garantías

constitucionales y el orden público.

          La Casación hoy, es un medio idóneo para la defensa de los derechos fundamentales, a

través, entre otras de la casación de oficio, -como señala Luis Armando Tolosa Villabona–

(Teoría y Técnica de la Casación. Ed. Doctrina y Ley. Bogotá – Colombia. 2008. Pág 73),

cuando expresa: “…independiente de que se haya o no invocado en Casación la protección de

los derechos fundamentales, el juez de casación tiene el deber de analizar si se han

adulterado o no las garantías y los derechos fundamentales, para aún de oficio casar, si
fuere procedente el fallo recurrido, por cuanto el juez de la casación, como cualquier otro,

está vinculado directamente con la Constitución…”. Por lo que, tratándose de derechos

fundamentales, para asegurar su vigencia y goce efectivos, debe la Sala de Casación aplicar

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oficiosamente la correspondiente norma, principio, valor o garantía constitucional,

positivizandolas, para pasar el ordenamiento procesal pre – constitucional por el

caleidoscopio constitucional sobrevenido en el tiempo, así en la formalización no se haya

invocado la delación.

No se trata de la eliminación de los vicios de forma y fondo del recurso o de su

naturaleza extraordinaria, sistemática, nomofiláctica y dispositiva, sino de un viraje radical,


a causa del nuevo orden constitucional, para que el juez o magistrado de la casación se

vincule directamente con la protección de las garantías y derechos fundamentales, inclusive

oficiosamente, sin delación de parte o aún con carencia de técnica de la delación.

                  Ello, parte del propio ideario Bolivariano, cuando en el discurso de Angostura (1 de

noviembre de 1817) el propio Libertador propusiera la creación de la Alta Corte Suprema de


Justicia, como “primera necesidad de la República”, acompañada de una Sala de Apelación y

Casación, ideario éste que vio luz, por primera vez, en el Congreso Constituyente de las

provincias del Alto Perú (Estado Plurinacional de Bolivia) de julio de 1826.

Así, la Sala de Casación Civil de éste Alto Tribunal, ha definido la institución de la

casación de oficio, como una facultad cuyo uso depende exclusivamente de la soberana
apreciación de las circunstancias del caso, por lo que no es cuestión que pueda ser solicitada

por las partes, ni lo que en ese sentido se manifieste por ellas dará lugar a pronunciamiento

alguno. Es una facultad que tiene la Sala de Casación Civil, cuando detecte la violación de

una norma de orden público procesal o de derecho constitucional, por lo que la iniciativa de

esta facultad no puede formar parte del recurso de casación formalizado por el recurrente, es

decir, no entra en el dispositivo o instancia de parte.

En definitiva, puede concluirse que, el Código Procesal de 1986, cambió el rostro

del desvencijado instituto político – procesal o sistema de casación civil, casi como si

presintiera la llegada evolutiva del Estado Democrático, Social de Derecho y de Justicia,

incorporando mecanismos como: la casación sin reenvío; la casación sobre los hechos y

la casación de oficio; sin duda la casación, junto con la libertad probatoria y algún

contencioso especial, fueron las grandes novedades y aportes de avanzada que aún

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continúan con vigencia actualizada en la litigación civil conforme a la Carta Política de

1999.

La Casación de oficio, sin embargo, sufrió alguna resistencia inicial de la doctrina


(Sarmiento Núñez, José Gabriel. Análisis Crítico a la Casación de Oficio. Ed Livrosca.

Caracas. 1996), cuando se pretendió entender como invasora del dispositivo casacionista (Ius

Litigatur), olvidándose del Ius Constitutionis, parte fundamental del origen de la casación

que se manifestaba cuando el iudex (Juez), cometía a través de una sentencia, una grave

injusticia, proveniente de un error trascendente e importante que conllevaba a una gravedad

política que no presenta ninguno de los demás errores en que puede incurrir el juez, pues se

consideraba un vicio que superaba el derecho subjetivo del particular y atacaba la vigencia
misma de la ley, vale decir, la infracción en el fallo o la sustanciación para su construcción

era superior al mero interés subjetivo, pues violentaba la autoridad del legislador y la unidad

y fundamento del Imperio.

Criterio éste, manifestado por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia,

en fallo del 9/5/01 N° 0625, donde expresó que: “…el derecho de defensa es de imposible
infracción cuando se ejerce la casación de oficio…”, porque la Sala no ha privado ni

limitado a la parte, cuando ejerce su facultad oficiosa – inquisitiva.

Cuando el Código ritual de 1987 entró en vigencia, tratadistas nacionales,

representantes de la avanzada procesal Venezolana como el co-autor del Proyecto de CPC,

doctor Leopoldo Márquez Añez, expresaban que este nuevo modelo otorgaba significativos
poderes y funciones a la Sala de Casación Civil, quitando muchas de las restricciones que le

estaban impuestas en virtud del principio dispositivo, para cumplir de manera adecuada su

función de custodia de las leyes, garantizando su observancia y uniformidad interpretativa y

así, por ésta vía, la unidad del derecho objetivo nacional, según términos de Salvatore Satta.

El instituto de la casación de oficio o casación oficiosa, -según reza la exposición de

motivos del CPC-, expresa buena parte de esta transformación de nuestro sistema jurídico
patrio, cuyos alcances verdaderos apenas comienzan a ser ponderados sin saberse, más allá

de la respectiva previsión normativa, cuánto de verdaderamente renovador conllevan las

nuevas potestades conferidas a la Sala a través del recurso, vigorizado ahora con las

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garantías, valores, principios, de la Carta Política de 1999, positivizados, que permiten

al recurso renovarse, cambiar su estructura y viejo ropaje desde su nacimiento en el


siglo decimonónico al Estado de Justicia Social que coloca al hombre como centro del

sistema de justicia para dar privilegio al derecho sustancial, de fondo.

Toda ésta transformación sirvió de fundamento para avanzar dentro de la

modernización del recurso de casación, y colocar la casación de oficio, en el 4° Párrafo del

artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, como facultad inquisitiva - oficiosa de
indicar infracciones, únicamente, trasgresoras del orden público y constitucional, sin que se

hayan denunciado, permitiendo al recurso y a la Sala de Casación servir mejor a la

satisfacción de las demandas de una sociedad, en mudanzas aceleradas que, no cabe

conformarse con lo “establecido”, porque en éstas horas se aguarda otra cosa ante la

sustitución del Estado Paleo – Legislativo al del Estado Social de Justicia, permitiendo

con su constitucionalidad aperturar el control de contrapesos procesales que vierte

constantemente la doctrina de la Sala Constitucional sobre el frente de


constitucionalidad, referido al acceso a la justicia, al debido proceso y a la tutela

judicial efectiva, dejándose atrás la aburrida rutina formalista que privilegia la

desestimación del recurso sobre la necesidad de dar la más justa respuesta al fondo, que

tiende a profundizar u oxigenar una prudente pero osada apertura que iluminará los

pasos futuros del recurso, una nueva concepción, un cambio radical en la labor de

juzgamiento casacional.

Con base en ello, en resguardo del legítimo derecho que tienen las partes a la defensa y

al libre acceso a los órganos de administración de justicia para ejercer el derecho a la tutela

efectiva de los mismos y el de petición, consagrado en los artículos 49, numeral 1, 26 y 51 de

la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, esta Sala de Casación Civil en

fallo de fecha 24 de febrero del 2000, expediente Nº 99-625, sentencia Nº 22, en el caso de la

Fundación para el Desarrollo del estado Guárico (FUNDAGUÁRICO) contra JOSÉ DEL

MILAGRO PADILLA SILVA, determinó que conforme con la disposición legal prevista en el
artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, y al principio constitucional establecido en

el artículo 257 de la preindicada Constitución, referido a que: “El proceso constituye un

instrumento fundamental para la realización de la justicia…”, tiene la prerrogativa para

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extender su examen hasta el fondo del litigio, sin formalismos, cuando a mutus propio detecte

la infracción de una norma de orden público y constitucional, “…aunque no se le haya

denunciado…”.

Del mismo modo, la Sala de Casación Civil ha dejado sentado, entre otras, en decisión
del 22 de mayo de 2001, Caso: Mortimer Ramón c/ Héctor José Florville Torrealba, que la

acumulación debe obedecer a la necesidad de evitar la eventualidad de fallos contrarios o

contradictorios en casos que, o bien son conexos, o existe entre ellos una relación de

accesoriedad o continencia.

En este sentido, ha sostenido que ella tiene como objetivo influir positivamente en la
celeridad, ahorrando tiempo y recursos al fallar en una sola sentencia asuntos en los que no

hay razón para que se ventilen en diferentes procesos. Sin embargo, debe verificarse si la

acumulación se ajusta a derecho, esto es, que se trate de pretensiones compatibles, que no se

contraríen o excluyan entre sí, y que puedan ser tramitadas en un mismo procedimiento.

En efecto, el artículo 341 del Código de Procedimiento Civil, dispone que el tribunal
admitirá la demanda “...si no es contraria al orden público, a las buenas costumbres o a

alguna disposición expresa de la Ley...”. De lo contrario deberá negar su admisión

expresando los motivos de su negativa.

Por su parte, el artículo 78 del Código de Procedimiento Civil, expresamente prohíbe la

concentración de pretensiones en una misma demanda, en los casos en que las pretensiones se

excluyan mutuamente o sean contrarias entre sí; cuando, por razón de la materia, no
correspondan al conocimiento del mismo tribunal, y en los casos en que los procedimientos

sean incompatibles. Así pues, toda acumulación de pretensiones realizada en contravención a

lo dispuesto por la mencionada ley adjetiva, es lo que la doctrina denomina inepta

acumulación de pretensiones.

Se entiende, entonces, que la acumulación de pretensiones incompatibles, no puede


darse en ningún caso, es decir, de forma simple o concurrente, ni de manera subsidiaria. Por

tanto, la inepta acumulación de pretensiones en los casos en que éstas se excluyan

mutuamente o cuyos procedimientos sean incompatibles, a juicio de la Sala, constituye causal

de inadmisibilidad de la demanda.

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En el caso concreto, la Sala encuentra que del libelo y su reforma se desprende que la

actora Morela Chiquinquirá Pérez Terán demandó a los ciudadanos Francisco Vásquez Pérez y

Marden Emilio Vásquez (en su carácter de hijos y herederos del ciudadano Marden Estelio
Vásquez), en los siguientes términos:

“…CAPITULO V
DE LA PRETENSIÓN DEDUCIDA
Por todas las consideraciones de hecho y de derecho anteriormente expuestas
ocurro ante su competente autoridad asistiendo a la ciudadana MORELLA
(Sic) CHIQUINQUIRÁ PEREZ (Sic) TERÁN, en su carácter de concubina,
para demandar como en efecto demando en este mismo acto, por ACCIÓN
MERO DECLARATIVA DE RECONCIMIENTO DE UNIÓN CONCUBINARIA,
a los ciudadanos FRANCISCO VASQUEZ (Sic) PEREZ (Sic) y MARDEN
EMILIO VASQUEZ (Sic), quienes son mayores de edad (…) en su carácter de
hijos y herederos del ciudadano MARDEN ESTELIO VASQUEZ (Sic), antes
identificado, con fundamento en las normas Ut (Sic) supra transcritas, para que
convengan o en su a ello, mediante sentencia definitiva sea declarado por este
Tribunal (Sic). 
PRIMERO: Se reconozca mediante pronunciamiento judicial, la unión
concubinaria sostenida entre la ciudadana MORELLA (Sic) CHIQUINQUIRÁ
PEREZ (Sic) TERÁN y el ciudadano MARDEN ESTELIO VASQUEZ (Sic)
CHACON (Sic), venezolano, mayor de edad (…).
SEGUNDO: Se establezca que la unión concubinaria sostenida entre los
ciudadanos MORELLA (Sic) CHIQUINQUIRÁ PEREZ (Sic) TERÁN y
MARDEN ESTELIO VASQUEZ (Sic) CHACON (Sic) ya identificados se inició
en 1989 y culminó en fecha diecinueve (19) de abril de 2013, día en que
falleció el mencionado concubino.
TERCERO: En consecuencia de la Declarativa de Concubinato sostenida entre
los ciudadanos MORELLA (Sic) CHIQUINQUIRÁ PEREZ (Sic) TERÁN y
MARDEN ESTELIO VASQUEZ (Sic) CHACON (Sic), antes identificado, la
concubina aquí asistida es acreedora de todos los derechos inherentes al
matrimonio, específicamente el correspondiente al Cincuenta por ciento (50%)
de gananciales concubinarias por ser de su propiedad y el Treinta y Tres Coma
Treinta y Tres por ciento (33,33%) de derechos hereditarios, fomentados en el
lapso antes mencionado, conforme a lo establecido en el artículo 77 de la
constitución (Sic) de la República Bolivariana de Venezuela.
(…Omissis…)
DE LA MEDIDA CAUTELAR
Con el objeto de preservar los bienes adquiridos durante la unión concubinaria
y por derecho sucesoral y jurando la urgencia del caso, pido a este honorable
Juzgado (Sic), se nos acuerde y decrete, la medida cautelar de PROHIBICIÓN
DE ENEJENAR Y GRAVAR, conforme a lo establecido en el ordinal 3 del
artículo 588 del Código de procedimiento Civil.
(…Omissis…)
DE LA ADMISIÓN

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Por último pido con todo respeto, que la presente demanda de ACCIÓN MERO
DECLARATIVA DE RECONOCIMIENTO DE UNIÓN COCUBINARIA, sea
admitida por el procedimiento ordinario de conformidad con el artículo 22 del
Código de procedimiento Civil, y sea sustanciada conforme a Derecho y
declarada con lugar…”. (Mayúsculas y negrillas del texto).
 

                  En ese orden de ideas, en la reforma de la demanda que cursa al folio 76 de la pieza 1

de 2 del expediente, la demandante expresó, lo siguiente:

“…Por error material involuntario se indicó en el primer párrafo del


CAPITULO II del TITULO I del escrito libelar relativo a LOS HECHOS, lo
siguiente:
“…lugar donde mantuvieron vida en común los Veintitrés (23) años de relación
concubinaria…”.
Siendo lo correcto:
“…lugar donde mantuvieron vida en común los Veinticinco (25) años de
relación concubinaria…”.
“SEGUNDO: Se establezca que la unión concubinaria sostenida entre los
ciudadanos MORELLA (Sic) CHIQUINQUIRÁ PEREZ (Sic) TERÁN y MARDEN
ESTELIO VASQUEZ (Sic) CHACON (Sic) ya identificados se inició el 30 de
noviembre de 1989 y culminó en fecha diecinueve (19) de abril de 2013, día en
que falleció el mencionado concubino.”
Finalmente solicito que el presente escrito sea agregado a los autos, admitido
y substanciado conforme a derecho, y apreciado en su justo valor probatorio al
momento del fallo definitivo y que en la definitiva se declare con lugar la
acción mero declarativa de reconocimiento de unión concubinaria que inició
este juicio…”. (Cursivas y mayúsculas del texto).

Tal como claramente se desprende de la transcripción del petitorio de la demanda y su


reforma, en la presente solicitud se acumularon tres pretensiones, a saber: la acción mero

declarativa de reconocimiento de unión concubinaria; la declaratoria de porcentajes


correspondientes a la comunidad de gananciales y derechos hereditarios y, el otorgamiento de

medidas cautelares de prohibición de enajenar y gravar sobre los bienes pertenecientes a la


comunidad concubinaria, las cuales no podían ser acumuladas en una misma demanda, pues

es necesario que se establezca en primer lugar judicialmente la existencia o no de la situación


de hecho, esto es, la unión concubinaria; y, una vez definitivamente firme esa decisión, de ser
favorable a la actora, entonces sí podría intentar la correspondiente partición de la

comunidad de gananciales.

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Sobre este supuesto en específico, la Sala Constitucional de este Tribunal Supremo de


Justicia, en sentencia N° 1.682 de fecha 15 de julio de 2005, con ocasión del recurso de

interpretación del artículo 77 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela,


estableció con carácter vinculante, lo siguiente:

“…Corresponde a esta Sala decidir el fondo de la presente interpretación del


artículo 77 de la Constitución, para lo cual se observa:
El artículo 77 constitucional reza “Las uniones estables entre un hombre y una
mujer que cumplan los requisitos establecidos en la ley producirán los mismos
efectos que el matrimonio”.
(…Omissis…)
Se trata de una situación fáctica que requiere de declaración judicial y que
la califica el juez, tomando en cuenta las condiciones de lo que debe
entenderse por una vida en común.
(…Omissis…)
Ahora bien, declarado judicialmente el concubinato, cualquiera de los
concubinos, en defensa de sus intereses, puede incoar la acción prevenida
en el artículo 171 del Código Civil en beneficio de los bienes comunes y
obtener la preservación de los mismos mediante las providencias que
decrete el juez.
Resulta importante para esta interpretación, dilucidar si es posible que entre
los concubinos o personas unidas, existe un régimen patrimonial distinto al de
la comunidad de bienes, tal como el previsto en el Código Civil en materia de
capitulaciones matrimoniales.
A juicio de esta Sala, ello es imposible, porque la esencia del concubinato o de
la unión estable no viene dada –como en el matrimonio- por un documento que
crea el vínculo, como lo es el acta de matrimonio, sino por la unión
permanente (estable) entre el hombre y la mujer, lo que requiere un transcurso
de tiempo (que ponderará el juez), el cual es el que califica la estabilidad
de la unión; y siendo ello así, a priori no puede existir una declaración
registrada de las partes constitutivas de la unión, en el sentido de cómo
manejarán los bienes que se obtengan durante ella.
(…Omissis…)
En los casos en que se incoen acciones sucesorales o alimentarias, o contra
terceros, sin que existe previamente una declaración judicial de la
existencia del concubinato o la unión estable, la demanda requerirá que se
declaren éstas previamente, por lo que en la misma deberá alegarse y
probarse tal condición.
Debido a los efectos y alcances señalados, la sentencia que declare la
unión, surtirá los efectos de las sentencias a que se refiere el ordinal 2° del
artículo 507 del Código Civil, el cual se aplicará en toda su extensión,
menos en lo referente a la necesidad de registro de la sentencia, lo cual no
está previsto –y por lo tanto carece de procedimiento- en la Ley…”
(Negrillas de la Sala).
 

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De la jurisprudencia transcrita, ya de vieja data, se desprende claramente que

constituye un requisito de impretermitible para poder solicitar la partición de una comunidad


de bienes proveniente de una unión estable de hecho, que tal situación fáctica haya sido

establecida y reconocida mediante sentencia judicial, debido a que éste será el documento
fehaciente mediante el cual se acredita la existencia de la comunidad.

En este sentido, esta Sala de Casación Civil, en la sentencia N° 175 de fecha 13 de


marzo de 2006, caso: Ingrid Reyes Centeno contra Roberto Jesús Blanco Colorado, en el

expediente N° 03-701 acogiendo y complementado la situación resuelta por la Sala


Constitucional con la interpretación del artículo 77 de la Constitución de la República

Bolivariana de Venezuela, expresó lo siguiente:

“… La Sala observa, que en el caso que nos ocupa se acumularon dos


pretensiones en el libelo de demanda: la acción merodeclarativa de
reconocimiento de unión concubinaria y la de partición de bienes de la
comunidad, que no podían ser acumuladas en una misma demanda, pues es
necesario que se establezca en primer lugar judicialmente la existencia o no de
la situación de hecho, esto es, la unión concubinaria; y, una vez
definitivamente firme esa decisión, es que podrían las partes solicitar la
partición de esa comunidad, de lo contrario el juez estaría incurriendo en un
exceso de jurisdicción…” (Negrillas de la Sala).
 

Sobre este mismo punto, en la sentencia N° de fecha 6 de junio de 2006  caso: Vestalia

De La Cruz Ron,  exp. N° 2005-102, esta Sala estableció que a los efectos de interponer la
acción de partición de comunidad concubinaria debía de manera impretermitible acompañarse
al libelo de la demanda la sentencia mero declarativa que declarase previamente la existencia

de la unión estable de hecho, expresándose en esa oportunidad lo siguiente:

“…Por aplicación de los anteriores criterios jurisprudenciales al caso de


marras, los cuales se reiteran en este fallo, si la demandante pretende partir
y liquidar los bienes habidos en la comunidad concubinaria que afirma
existió entre ella y su difunto concubino, ha debido acompañar al escrito
introductorio de la demanda copia certificada de la declaración judicial de
la existencia del mismo.
En ese orden de ideas, la Sala observa que, en el caso de autos, tanto en el
libelo de la demanda como en el escrito contentivo de su reforma, la actora
procedió a demandar lo siguiente (.…).
De la anterior transcripción se infiere, que mediante esta acción la parte
actora pretende la liquidación y partición de una comunidad concubinaria
que aún no ha sido calificada como tal por juez alguno; por consiguiente,
la presente demanda no debió ser admitida porque mal pueden liquidarse y

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partirse los bienes de una relación de hecho estable, como lo es el alegado


concubinato, que aún no ha sido reconocida judicialmente.
Es de destacar, que la actora se limita a exponer en sus escritos, libelo y su
reforma, conceptos del concubinato, cita artículos que regulan tal situación, y
termina pidiendo la liquidación y partición de la precitada comunidad
concubinaria.
Por consiguiente, sobre la base de las razones expuestas, en el dispositivo del
presente fallo, de manera expresa, positiva y precisa, la Sala casará de oficio
y sin reenvío la sentencia recurrida y anulará los autos de admisión de la
demanda original y de su reforma. Así se decide…”. (Negrillas de la Sala).
 

Ahora bien, en el presente caso, esta Sala observa que la presente controversia fue
intentada con posterioridad a los fallos de la Sala Constitucional y de esta Sala

precedentemente transcritos, motivo por el cual le es aplicable lo establecido en la referida


doctrina. Debe primero incoarse el procedimiento   para que la parte interesada obtenga una

declaratoria firme de la existencia de la unión estable de hecho o concubinato, pues se trata


de una situación fáctica que requiere declaración judicial y que la califica el juez, tomando

en cuenta las condiciones de lo que debe entenderse por una vida en común para poder,
posteriormente, intentar la partición de los bienes comunes que se adquirieron durante esa
unión -comunidad de gananciales- y la acción sucesoral.

De permitirse a una de las partes la posibilidad de incoar en una misma demanda la

acción mero declarativa de reconocimiento de unión concubinaria, la partición de la


comunidad de gananciales y la acción sucesoral, se le estaría lesionando a la otra parte
(herederos) su derecho de defensa, ya que es necesario –se repite- agotar un procedimiento

previo para obtener la sentencia favorable que servirá de instrumento fundamental para
intentar el otro juicio.

Todas estas razones conducen a esta Sala a casar de oficio y sin reenvío el fallo

recurrido, ya que las pretensiones acumuladas en el presente juicio, deben ser tramitadas a
través de procedimientos separados, uno precedido del otro.

El fundamento central de esta casación de oficio, estriba en que el juez superior


erróneamente declaró “…la REPOSICIÓN DE LA CAUSA a los fines de que sean llamados a

juicio a los ciudadanos SOFÍA LILI VASQUEZ DEVENISEH, MARDEN EUGENIO VASQUEZ
DEVENISH, PABLO EMILIO VASQUEZ DEVENISH y ELENA BETRIZ VASQUEZ DE

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ZBINDEN (…) para que conformen la relación jurídico procesal como codemandados…”,
cuando ha debido ser considerada “inadmisible”. Así se declara.

Lo anterior hace innecesario un nuevo pronunciamiento sobre el fondo del debate, de

conformidad con el artículo 320 del Código de Procedimiento Civil y, en consecuencia,


declarará en el dispositivo del presente fallo, la inadmisibilidad de la demanda incoada por la
parte actora, ciudadana  MORELA CHIQUINQUIRÁ PÉREZ TERÁN, contra los ciudadanos

FRANCISCO VÁSQUEZ PÉREZ y MARDEN EMILIO VÁSQUEZ, por infracción directa de


los artículos 341 y 78 del Código de Procedimiento Civil, anulándose por consiguiente el

auto de admisión de fecha 4 de diciembre de 2014, proferido por el Juzgado Primero de


Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, del Tránsito y Bancario de la Circunscripción

Judicial del estado Bolivariano de Miranda, así como todas las actuaciones posteriores al
mismo. Así se decide.

OBITER DICTUM

Dicho sea de paso, la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, es

consciente del conjunto de críticas que tanto la Doctrina como el Sistema de Justicia (Art.
253 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela), -entre los que se

encuentran los abogados y abogadas autorizados para el ejercicio profesional-, realizan a


diario al sistema de los recursos, a su innegable carga de formalismos y a su variable
eficacia, que no se ajusta, en muchas ocasiones, al desarrollo de la Teoría General de los

Recursos dentro de un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que entiende al


proceso con carácter instrumental para la búsqueda de la justicia, conforme a las modernas

corrientes del Derecho Procesal Civil.

En efecto, desde su creación a través de la Asamblea Constituyente Francesa por


Decreto del 27 de noviembre y 1° de diciembre de 1790, este recurso tenía por finalidad
invalidar todos los procedimientos cuya sustanciación haya quebrantado el derecho de

defensa y todas las sentencias que contengan una contravención expresa al texto de la Ley,
desde donde surgieron de inmediato críticas por sus funciones meramente negativas, esto es,

si se casaba la recurrida, no se podía decidir el fondo del asunto, no profería el fallo de


reemplazo, sino que debía remitir, enviar el proceso a través del reenvío al tribunal de la

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recurrida para que decidiera o profiriera el fallo de reemplazo, vale decir, no se analizaba el

fondo del asunto, sino que sólo se ventilaba el antagonismo sentencia – ley; tampoco se
permitía casar sobre los hechos y por último, dentro de las limitaciones del recurso de

casación, el poder de control era única y exclusivamente de la parte que recurría, respondía
sin lugar a dudas a un exacerbado principio dispositivo, que rinde culto al principio de
personalidad del recurso sin que los Magistrados del Tribunal, a pesar de observar la

violación de ley, pudieran intervenir en su control en beneficio de la Justicia, sino que era un
Magistrado pétreo, si, -de piedra-.

Se denota ya las diferencias entre el recurso de casación del ancien régime, donde “la
casación va naciendo como instrumento de batalla entre el poder real que mandaba y el

poder judicial que no obedecía”, que, llegada su creación por la revolución burguesa, el Juez
vuelve a quedar tan o más atado en su rebeldía para darle sentido a la Ley, por ello, -en esa

etapa histórica-, no se permite que los Magistrados casen de oficio, la revolución francesa,
consagra el recurso en interés individualista: “de parte”, cuando sus principios nacen,

negando el “efecto expansivo” del recurso que permitiría la actuación oficiosa –inquisitiva-
en búsqueda de la Justicia.

Esta tesis del entendimiento del “recurso de casación en interés de parte”, continúa su
desarrollo bajo las escuelas que subsiguientemente a la revolución francesa, consideraban al

proceso como un contrato, como un cuasi –contrato- como una relación jurídica o como una
situación jurídica, que veían su télesis en función del “ius litigatur” del derecho subjetivo

invocado por las partes; y, de no ser invocado el error de juzgamiento por éste, surgía la
presunción iure et de iure que el resto del Derecho aplicado lo había sido en forma debida,
limitando la Casación como recurso a la búsqueda de la verdad a la Justicia en suma,

obligándola a voltear su rostro en caso de conseguir un quebrantamiento en la premisa mayor


del fallo, en el error de derecho (Infracción de Ley), tanto en su interpretación como en su

aplicación o falta de aplicación.

Históricamente los fines de la casación, han estado revestidos del embrujo o de la propia
emoción de la revolución francesa (Hipervaloración de la Ley), llegándose a extremos de
exaltación en su concepción que conducen a concebirla casi como una institución extra-

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procesal, ideándose las frases más ingeniosas para calificarla: “Le Court de cassation et une
des institutions  judiciaires capitales de notre pays”; tal como lo hizo Schmidt, al definirla
como: “…un órgano de fiscalización jurídica que el Estado tiene a su servicio...” y Kohler la

califica como: “custodio de la ley”. Utilizándose otras frases como: “guardián supremo de la
[1]
ley ”; “intérprete máximo del derecho” y “corte reguladora de la jurisprudencia”.

Todo ello, sin permitir a los órganos encargados de ejercer la casación la posibilidad de
una casación oficiosa sobre la Ley, e impidiendo sus fines de Nomofiláctica (defensa de la

Ley) y del valor Dikelógico, de estar dentro de la concepción de Justicia.


Estas concepciones, recibieron profundas críticas, como expresa Satta (Satta, Salvattore.
Derecho Procesal Civil. T I. Ed. EJEA, Buenos Aires. 1971, pág. 453 y ss), según el cual,

forman parte de un sentimiento místico, en la utopía de la ley que presidió los denuedos de
los revolucionarios burgueses, dando origen a las elucubraciones que llevan a atribuir a la

casación una función política de custodia y conservación de la ley, que resaltan en el propio
texto procesal Italiano (CPC Italiano del 30 de enero de 1941), cuando en su artículo 65,

define la casación como: “órgano supremo de la justicia que asegura la exacta observancia
y la uniforme interpretación de la ley, y la unidad del derecho objetivo nacional”; frase

ésta, -según señala Satta-, producto de viejas consignas de la burguesía revolucionaria


francesa.
Se entendió a la casación como “custodit ipsos custodes”, de una naturaleza superior que

se encarga de fiscalizar la actividad propia de los fiscalizadores, para decidir si la conducta


de los jueces se desarrolló en el ámbito de legalidad (judex, judicando judica, secundum,

jus).
Esta circunstancia de calificación publicista o política del recurso, se mantuvo dentro de

los intensos estudios que sobre la casación realizó el maestro florentino Piero Calamandrei,
cuando en su definición del recurso expresó: “la casación es un instituto judicial consistente
en un órgano único del Estado (corte de casación) que, a fin de mantener la exactitud y la

uniformidad de la interpretación jurisprudencial dada por los tribunales al derecho


objetivo, examinará, solo en cuanto a la decisión de las cuestiones de derecho, las

sentencias de los jueces inferiores cuando las mismas son impugnadas por las partes

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interesadas mediante un remedio judicial (recurso de casación) utilizable solamente contra


las sentencias que contengan un error de derecho en la resolución de mérito”.

Por ello, el tema de la finalidad de la casación, es sin ninguna duda el prius de todo el
entendimiento de la posibilidad de casar de oficio o no por infracción de Ley, pues es el fin

el que permite entender el instituto de la casación, ya que sólo teniendo bien en claro su
télesis, estamos condicionados en fijar sus motivos, sus límites y trámite ritual, entendiendo,
que estos fines han variado en la historia, no son unívocos, ni han permanecido constantes,

variando del Estado Liberal de Derecho del CPC de 1986 al actual Estado Social de Derecho
y de Justicia, pues, como dice Jaime Guasp, si por casación se entiende un recurso limitado

a extremos jurídicos y a meras rescisiones, su fundamento entonces sí resulta discutible y en


éstas condiciones, -señala Serra Domínguez-, la situación es tan grave que no se debe vacilar

en afirmar que de continuar la técnica actual de la casación, sería mucho mejor suprimir
radicalmente el recurso (Juan Carlos Hitters. Fines de la Casación. Libro Homenaje a A.
Morellos. Ed Platense. Argentina. 1982. Pág 28).

Para Calamandrei, el interés privado se reconoce en tanto y en cuanto, coincida con aquél
especial interés colectivo que es la base de la institución, pero no más allá de él. El

particular que recurre, estimulado por su propio interés, se convierte, casi sin darse cuenta,
en un instrumento de utilidad colectiva del Estado, el cual, a cambio del servicio que el

recurrente presta a la conservación de un interés público, encuentra en la sentencia basada en


un error de derecho, la posibilidad de obtener una nueva resolución favorable a su interés
individual.

            Como puede observarse de la anterior definición, se maximiza el sentido público de la


integridad de la legislación y de la uniformidad de la jurisprudencia. Esta función proviene

indiscutiblemente del fin político que originariamente tuvo la casación bajo la inspiración,
como ya se dijo, del ideario de Maximilian Robespierre en mayo de 1879, que prohibía la

interpretación de las leyes por parte del poder judicial y mantener a la casación dentro del
poder legislativo. Todo ello bajo la inspiración de las ideas de Montesquieu y Rousseau que
proclaman la plenitud y hermetismo del ordenamiento jurídico; para que, posteriormente,

Calamandrei, encontrara ya dentro del poder judicial, la necesidad que generaba la casación
de la protección de la ley en sí misma, - lo cual genera un evidente contrasentido lo como lo

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diría Jaime Guasp -, para resguardar su texto literal de cualquier alteración o modificación

que pudieran realizar los tribunales al aplicarla o interpretarla. De allí, evidentemente la


finalidad nomofiláctica, de tutela, preservación y defensa de la ley. (René Molina.
Reflexiones sobre una nueva visión Constitucional del Proceso. Ed. Paredes. Caracas. 2008.

Nº 84).
Hay que destacar que dicha defensa de la ley cubre tanto a las normas sustantivas como

adjetivas y que busca mantener a los órganos de instancia del poder judicial dentro del marco
preciso de sus atribuciones y deberes, impidiendo que en sus fallos infrinjan la ley, para

mantener la igualdad de todos ante la ley, la cual se realiza a través, en forma de género de la
observancia por parte de los tribunales de instancia, de la doctrina estimatoria fijada por la
Sala en sus fallos (Art. 321 CPC), además a través del reenvío (Art. 322 1er párrafo) y en

forma de especie, por intermedio del error de interpretación (Art. 313 Ord 2º CPC).
Pero se mantiene limitado el control oficioso de la Ley, lo que no permitió, ni permite

hoy día, encontrar la función Dikelógica (“Dike” del griego Justicia. La Dikelogía es la
ciencia de la justicia y que se identifica con el fin del proceso. Art. 257 CRBV) al caso en

concreto; cuando en realidad, como expresa el procesalista español Caravantes, el objeto de


la casación no es tanto, principalmente, enmendar el perjuicio o agravio inferido a los
particulares con las sentencias ejecutoriadas, o el remediar la vulneración del interés privado,

cuanto el atender a la recta, verdadera, general y uniforme aplicación de las leyes o


doctrinas legales.

Manresa, atribuye al recurso de casación la misión de “enmendar el abuso, exceso o


agravio inferido por las sentencias firmes de los tribunales de apelación cuando han sido

dictadas contra Ley o doctrina legal, o con infracción de las formas y trámites más
esenciales del juicio”. Manuel de la Plaza, señala, por su parte, que la función de la
casación es imprimir una dirección única a la interpretación de las normas jurídicas,

cualesquiera que fuese su rango, cuidando de evitar que no se apliquen o fueren


indebidamente aplicadas, y se procure a la par, que so pretexto de interpretarlas, no se

desnaturalice por error en su alcance y sentido, de tal modo que, en el fondo no quedasen
infringidas; en definitiva, -señala De la Plaza-, su finalidad es la preocupación de velar por

el cumplimiento de la ley, expresión suprema de la norma jurídica.

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Más recientemente Taruffo Michelle (La Corte de Casación, entre la función de control

de legitimidad y la de instancia. Estudios de Derecho Procesal, en honor de Víctor Fairén


Guillén. Ed. Tirano Blanch. Valencia, España. 1990, Págs. 549 y ss), ha entrado abiertamente

a la polémica, al expresar que con la visión “nomófila” de la interpretación de la ley a una


concreta resolución, no se está poniendo en evidencia la violación de la norma de derecho en

sí considerada, sino más bien, como una lesión a una específica situación subjetiva
individual, privilegiándose, de este modo, las necesidades de la justicia al caso en concreto
sobre la verdadera uniformidad de la interpretación de la ley.

Para el maestro de la universidad de Pavia, en Italia, ver en la casación un fin subjetivo


de solución a un agravio en particular, hace que ésta se constituya en un modelo distinto al

objeto propio de la casación, acercándose así, a la revisión de tipo germánico, que controla la
legalidad al caso concreto, para concluir expresando que: “…de este modo, la Casación

termina por encontrarse en las antípodas del modelo “puro” delineado y previsto por
Calamandrei…”.
En Venezuela, partícipes de ésta tesis son los profesores Alirio Abreu Burelli; Luis

Aquiles Mejía (La Casación Civil. Ed. Alva. Caracas. 2000, Pág. 140) y René Molina; para
los primeros, la casación no se queda en la defensa de la ley, sino que además se extiende a la

defensa del derecho y la unificación de la jurisprudencia para garantizar la seguridad


jurídica, fijando al recurso de casación, los siguientes objetivos: 1) La protección de la ley

o función nomofiláctica: Donde debe imprimirse una dirección única a la interpretación de


las normas jurídicas, evitando que no se apliquen indebidamente y que al interpretarlas no se
desnaturalice por error en el alcance o en el contenido; pues el juez debe juzgar según

derecho (como garantía de que la ley se aplique en igual interpretación a todos: principio de
igualdad) “Judex judicando judica, secundumius. De tal manera que si se otorga un fallo, en

oposición formal con la ley, la presunción de su justicia desaparece, porque la ley, en debida
interpretación, debe ser la Justicia de los tribunales. He aquí el por qué la Sala de Casación,

a través del ejercicio del recurso por las partes, tiene la potestad de anular tales fallos; 2) La
unificación de la jurisprudencia o función uniformadora: Es la de tener una idea rectora

de los criterios de las instancias y de la propia Sala, evitando fallos de distintas zonas del
país con diversas motivaciones, creándose así, la jurisprudencia del Llano, o del Centro, o de

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la región zuliana u oriental.. De la misma manera que Justiniano o Napoleón codificaron con
una finalidad política de unidad, la interpretación de la ley como forma de unidad de la

jurisprudencia no puede quedar al capricho de las instancias que quebrante esa unidad
necesaria por razones de conveniencia social y aún política de tener la misma intención de
construir el Estado Social de Derecho y de Justicia (Art. 2 CRBV), y 3) La obtención de una

fiscalización jurídica del componente normativo estatal.


Para el tratadista Colombiano Humberto Murcia Ballén es deber del juez, al proferir los

fallos que ponen fin al proceso, hacerlo secundum ius, vale decir, que haya necesaria
coincidencia entre la voluntad que efectiva y realmente nace de la ley sustancial, cuyos

destinatarios primarios son los asociados y quienes, por tanto, están obligados a observarla y
la voluntad concreta que el juez declare en su fallo. Así, el juez debe al momento de
sentenciar: 1) comprobar los hechos del litigio. 2) calificar esos hechos a la luz de la norma

jurídica y 3) la deducción de las consecuencias legales de tales hechos calificados. Si yerra el


juez en uno de éstos actos, nace para el agraviado el recurso de casación.

Según Gómez de la Serna, de la escuela adjetiva ibérica, el interés público domina a la


ley; porque principalmente en consideración a él se otorga éste medio de impugnación. Otro

destacado procesalista de la escuela clásica española, en la casación, el profesor Arranzola,


expresa que: “…en nuestros tribunales sólo se atiende al interés de los litigantes, pero en el
Tribunal Supremo hay una cuestión más alta  que resolver: la interpretación judicial de la

ley, la uniformidad de la jurisprudencia en todos los tribunales de la monarquía


española…”.

Por su parte, el profesor venezolano René Molina Galicia, a pesar de sostener la misma
tesis, morigera la posición ortodoxa anterior, que sostiene como fin único la posición

publicista , agregando que: “ …la constitución de 1999, le asignó una labor jurisdiccional,
de manera que a los fines de consustanciarse con el nuevo arden jurídico que deriva de los

preceptos, principios, y garantías establecidas en la Constitución vigente, nuestra casación


debe abandonar el rol formal de velar por la preservación literal de la ley, para entrar en el
análisis fáctico del caso concreto y poder así determinar si el fallo sometido a su

consideración es justo, o no lo es …”.

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Esta tesis del profesor Molina Galicia, se identifica con la: “teoría de la equivalencia de
los fines de la casación”, sostenida en España por Vicente C, Guzmán Fluja (El Recurso de

Casación Civil. Ed. Tirant Monografías. España, Valencia. 1996, págs. 21 y ss), donde se
recoge que la moderna casación navega entre dos aguas bien distintas: la satisfacción del

interés del recurrente en la solución concreta del caso específico y el interés general en una
jurisprudencia uniforme. Es lo cierto que existen evidentes diferencias, desde el punto de

vista del método, entre juzgar según el modelo de “justicia generalizadora”, que sirve a la
finalidad uniformadora, y juzgar según el módulo de la “justicia individualizadora”, que
sirve al interés particular. La primera encomienda al juez juzgar un caso exclusivamente

según módulos universalmente obligatorios, reclamando un “tratamiento igual para casos

iguales”, conforme al respeto pleno de los postulados del principio de igualdad y de la


seguridad jurídica. La segunda busca por principio la ley propia del caso, “aunque hagan lo

mismo, no es necesariamente lo mismo”, y así igualdad y seguridad jurídica tienen sólo una

vigencia limitada.

Al cabo de un siglo de la obra de Calamandrei, no ha sido apagado el debate sobre la


esencia de la casación, sobre cuáles son sus fines y alternativas, sus condicionamientos, su

virtualidad práctica. El crepúsculo finisecular y el decenio que recién termina, son testigos

de una renovada disputa doctrinaria que trasciende al Estado de Derecho, para introducir a la
casación en el Estado Social de Justicia.

Ante tal dinámica de ideas y vertientes sobre la casación, es necesario, en criterio de la

Sala de Casación Civil, purificar la naturaleza jurídica del instituto, encuadrándola en los

límites del derecho constitucional y procesal de lo que debe ser la visión propiamente
constitucional del instituto, es decir, la de considerarla como un instrumento (recurso) para la

búsqueda de la justicia cuando en las instancias campee la inseguridad. Por ello, lejos de

entornar la puerta, la casación debe aperturarla a las nuevas creaciones. Lo contrario será
retornar a la casación pura.

En Venezuela, la Sala de Casación Civil, tiene un elogiable empeño que denota el laboreo

jurisprudencial para pergeñar un modelo superador de las críticas al actual modelo

casacionista, adscribiéndose a la tesis publicista del fin de la casación, expresando: “ …este


Alto Tribunal reitera que la función jurisdiccional de esta Sala al conocer de los recursos

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de casación, siempre estará dirigida a controlar la actividad jurisdiccional, pues su


objetivo es defender la aplicación del derecho y la unificación de la jurisprudencia como

garantía de la seguridad y certeza jurídica; aún en aquellos casos en los que esta Sala deba

revisar el juzgamiento de los hechos por los jueces de instancia…”. (SCC. Sentencia:

Nº00498 de 04/06/06).
Para algunos autores, verbi gratia, calificar el recurso de casación como mestizo, impuro

o inclusive bastardo, pudiera significar un desprecio a la institución adjetiva; para nosotros

en Iberoamérica, significa parte de nuestra esencia misma, lo que nos permite avanzar por
derroteros distintos que favorecen en la casación la espontaneidad y creatividad de nuestros

Magistrados, accediendo a un sano y esperado “activismo” de los jueces en la transformación

evolutiva y progresista del Derecho y la Justicia (finalidad Dikelógica – axiológica: Hacer

justicia, afirmar valores (Art. 2 CRBV, que propugna: como valores superiores de su
ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la

solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general la preeminencia de los

derechos humanos, la ética y el pluralismo político); pues, los que critican tal transformación
de recurso, son aquellos que descargan en el tribunal de casación el lamento de los límites de

sus potestades en casar, y la critican, a su vez, como un defectuoso producto de la legislación

procesal, predicando la necesidad de un retorno a la “ortodoxia jurisprudencial”, a la cual,

en la búsqueda de una sociedad igualitaria, jamás se retornará.


El carácter público del recurso de casación, -que es innegable-, participa del carácter

íntegramente público de las normas del derecho procesal en general y de la posibilidad dentro

de las facultades del Juez de la Casación de interpretar el alcance de las normas de manera
oficiosa si detecta un vicio.

No puede entenderse la moderna casación, siguiendo a autores como: Satta, Jaime Guasp,

Pedro Aragones Derecho Procesal Civil. Tomo II. Ed. Civitas. 2002, Madrid. Pág. 377., De la

Rúa De la Rúa, Fernando. El Recurso de Casación. Ed. V. de Zavalia. Buenos Aires. 1968,
Pág. 22) y Enrico T. Liebman (Liebman, Enrico Tulio. Manual de Derecho Procesal. Ed.

EJEA. Buenos Aires. 1980, pág.498), que ven en el Tribunal de la Casación que juzga de un

recurso por el cual se impugnan las sentencias viciadas por errores jurídicos, la verdadera
actividad como Sala, consistente en juzgar el fallo recurrido a través, únicamente, del

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prisma de la formalización, sujeta al impulso de parte, lo que limita y subordina aquella

pretendida tarea de uniformidad, pues, para los recurrentes el bien final del recurso, no es el
motor de su voluntad, indudablemente, ni esa es la razón por la que acuden al Tribunal

Supremo, ésta sólo resulta de obtener una decisión favorable que anule la recurrida y les abra

la compuerta para un nuevo fallo que, esta vez, les favorezca.


La contemplación del juego procesal de la casación, nos presenta a los particulares,

instando la actividad judicial, poniéndola en movimiento y aun señalándole a la Sala el

camino que ha de recorrer. Podría decirse, que en un sistema de Derecho liberal de la

casación, la legislación procesal confía a la actividad privada (de parte) para los fines
públicos; de tal manera que el interés individual de la sentencia errada se utiliza como

instrumento del interés público en la eliminación de la inexacta interpretación de la ley. Lo

importante, -para ésta doctrina individualista-, es resaltar que el pretendido interés de


uniformar e integrar la jurisprudencia y la interpretación de la ley, no existen objetivados y

abstractos en la casación, sin que previamente se entienda la subjetivación del interés en

recurrir de parte contra un acto del juez que lo grava y que, el recurrente entiende no se

corresponde con la ley.


Se ha transferido al interés de las partes el mantenimiento de la uniformidad de la

interpretación y la integridad de la Legislación, del plano de los fines al de los medios del

proceso, lo cual resulta absurdo a todas luces.


      En efecto, si bien, como afirma Manresa, se busca con el recurso la misión de

enmendar el agravio, el abuso o exceso inferido por las sentencias de los tribunales de la

apelación cuando han sido dictadas contra la ley, son arbitrarias o con infracción de las

formas y trámites esenciales al juicio, no es menos cierto, que el fin público no puede
cumplirse verdaderamente si el órgano de la casación no puede de manera oficiosa

entrar a conocer fuera de los límites particulares de la formalización, cualquier violación

de Ley que oficiosamente detecte.


Por su parte, el tratadista Colombiano LUIS ARMANDO TOLOSA VILLALONA (Teoría

y Técnica de la Casación. Ed. Doctrina y Ley LTDA, Bogotá. 2008. págs. 247, 248), ha

expresado su opinión de avanzada al reseñar sobre la casación de oficio, que: “…corresponde

al nuevo tipo de Casación, compatible con el Estado Constitucional, y Social de Derecho que

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impone a una Corte o Tribunal de Casación casar o anular un fallo recurrido si de la

demanda formulada oportunamente se deduce la violación de un valor o principio


constitucional, o un derecho fundamental, y que resulta aplicable en cualquier tipo de

casación u ordenamiento…”.

En Venezuela, el CPC de 1986, coloca la casación de oficio, en el 4° Párrafo del

artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, como facultad inquisitiva - oficiosa de
indicar infracciones, únicamente, trasgresoras del orden público y constitucional, sin que se

hayan denunciado, permitiendo al recurso y a la Sala de Casación servir mejor a la

satisfacción de las demandas de una sociedad, en mudanzas aceleradas que, no cabe


conformarse con lo “establecido”.

Sin embargo, en la Casación por Interés de Ley, del CPC de 1916, consagrada en el

artículo 435, parte in fine, se estableció: “…si del examen del asunto la Corte encontrare

que se ha quebrantado alguna disposición legal expresa, o aplicado falsamente alguna Ley,
sin que tales infracciones se hayan alegado, lo advertirá a los jueces sentenciadores para

conservar la integridad de la legislación y la uniformidad de la jurisprudencia.” Como

puede observarse claramente, si bien la casación en interés de Ley no hacía anulable el fallo,

pues sólo representaba una advertencia a la recurrida de cómo debía interpretarse


debidamente la Ley sustantiva, material, sí consagraba la posibilidad de lograr la unidad de

la interpretación de la legislación y por ende de la jurisprudencia, vale decir, se señalaba por

parte de la Corte la violación de Ley de manera oficiosa, aunque, se repite, no se anulaba el


fallo.

Por el contrario, el Código de Procedimiento Civil de 1986, consagra la casación de

oficio que anula el fallo de la recurrida pero sólo por violación del orden público o de

norma constitucional, dejando por fuera la posibilidad de que el recurso de casación


actúe debidamente para lograr su finalidad, unificar la interpretación de la ley, ya que

no permite la casación de oficio por violación expresa de Ley, quedándose corta tal

disposición, como sí lo hacía la casación por interés de Ley del Código de Procedimiento

Civil de 1916.

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Fue así, entonces, como el Código de Procedimiento Civil de 1987, incluyó la casación

de oficio solo por violación al orden público y Constitucional y no de las infracciones de

Ley, que son las que dieron origen al control de la casación como recurso.
En efecto, en el CPC de 1987, el aparte 4° del artículo 320, que establece:

“…Podrá también la CSJ en su sentencia hacer pronunciamiento expreso, para casar

el fallo recurrido con base en las infracciones de orden público o constitucionales que ella
encontrare, aunque no se las haya denunciado…”.

                  Ello, nos permite concluir, que en el nuevo CPC de 1987, se contempla una casación

de oficio, limitada a la percepción y establecimiento por parte de la Sala de Casación de las

violaciones al Orden Público y a las infracciones Constitucionales, lo cual, esta manera,


exalta a la casación venidera del Estado Liberal a controlar el interés privado que sigue

teniendo prevalencia, pero se matiza por la necesidad de proteger los intereses públicos los

nuevos fines que impregna la Carta Política a toda la Teoría General de los Recursos, en
especial el fin Dikelógico del proceso en general y de la Casación en particular.

                  En definitiva, no se puede seguir sosteniendo que la Casación de oficio proceda única

y exclusivamente sobre violaciones constitucionales y del orden público.

                  En Francia, el recurso de casación del Code de Procédure Civile, permite a la


Corte, en el artículo 620.2, casar la decisión atacada relevando de oficio un motivo de

puro derecho (motif de pur droit). Así lo expresa Vicente C, Guzmán Fluja (El Recurso de

Casación Civil. Ed. Tirant. Univ. Carlos III. Madrid.1995, pág. 131). Con ello, lo que se
hace es autorizar al órgano casacional francés para que pueda estimar el recurso de

casación empleando motivos distintos de los alegados por el recurrente, haciendo uso del

“iura novit curia “para poner de manifiesto los fundamentos jurídicos, sean o no de

orden público, que demuestren la falta de ajuste a derecho del fallo impugnado.
                  En Alemania los artículos 554 y 559 ZPO, la Corte Federal Alemana no está sujeta a

los motivos de casacón alegados (Revisiongrunde).      

Gran parte de la doctrina procesal de avanzada, encabezada por Ramón Escovar León
(La Casación Laboral Frente a la Civil: Dos Modos Diferentes de Interpretar el Derecho. Ed

Legis. Caracas. 2012. Pág 144), expresó: “…el fallo citado (SCS Sent. Del 16/03/00, aplicó

la casación de oficio, por cuanto el juez de mérito incurrió en errores in iudicando. Esta

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decisión corrobora la tesis, según la cual la casación de oficio puede atender a los errores

de juzgamiento y no sólo los de forma. Se observa la voluntad de dilucidar el fondo de la

controversia…”.
                  Quienes niegan a la casación de oficio por infracción de ley, expresan que se

violaría el derecho al establecer la Sala una interpretación que probablemente no había

sido discutido en la litis. A lo que cabe responder, con una interrogante: ¿Violaría el

derecho de defensa la cúspide cimera del derecho civil, representado por la Sala de
Casación Civil, cuando interpreta, buscando el fin público el verdadero sentido de la

Ley? Las partes dan los hechos y la Sala da el Derecho, el principio Iura Novit Curia (el

Juez sabe el Derecho) no se elimina en la casación, sino que obra en todo el andamiaje o
devenir del proceso.

                  Así, pues, si bien es cierto la casación de oficio constituyó un avance para el año de

1986, no es menos cierto que bajo la Carta Política de 1999, que establece en su artículo 257

que el proceso es un instrumento para la búsqueda de la “Justicia”, señalando exactamente


qué: “El proceso constituye un instrumento fundamental para la realización de la

justicia…”, hace necesaria la ampliación de la casación de oficio a las vulneraciones o

conculcaciones que generan el error de interpretación y la falta o falsa aplicación de ley, la


violación del derecho propiamente dicho cuando se aplica una norma no vigente o se niega

vigencia a una que sí lo está o se violenta una máxima de experiencia, pues si no es así,

entonces, ¿Cómo explicarnos que un fallo con errores de interpretación de la ley sustantiva

o de su aplicación o falta de aplicación pueda adquirir –además, bajo la mirada de la Sala,


carácter de cosa juzgada o res iudicata? Y, peor aún, pretender que de ese mismo fallo se

cumpla el derecho y la garantía de haber obtenido tutela judicial efectiva.

La exclusión de la casación de oficio sobre la violación o infracciones,


quebrantamientos de Ley, solo puede sustentarse sobre la base del Magistrado convidado de

piedra, como se dijo anteriormente, el Magistrado pétreo, que no pueda develar un error de

interpretación o de falta o falsa aplicación de Ley, pues está sometido a una camisa adjetiva

de fuerza medieval, al pretender limitarse la casación de oficio que, constituye la esencia y


finalidad misma, originaria, del recurso de casación; es decir, la establecida en el artículo

321 CPC, consistente en mantener la uniformidad de la interpretación de la Ley, su unidad,

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cuando dicho artículo reseña: “Los jueces de instancia procurarán acoger la doctrina de

casación establecida en casos análogos, para defender la integridad de la legislación y la

uniformidad de la jurisprudencia”.    

Esa misma conjugación o mistificación de finalidades, se encuentra claramente en el


Código de Procedimiento Civil Colombiano, cuando en su artículo 365, expresa los fines de

la casación, señalando: “El recurso de casación tiene por fin primordial unificar la

jurisprudencia nacional y proveer a la realización del derecho objetivo en los respectivos


proceso; además procura recuperar los agravios inferidos a las partes por la sentencia

proferida.” (Código publicado en el Diario Oficial Nº 33.150, del 21 de septiembre de 1970,

es decir, Decreto 2.019 de 1970, en el Diario Oficial Nº 33.215, 18 de diciembre de 1970; el

decreto 2.282 de 1989, en el Diario Oficial Nº 39.013, 7 de octubre de 1989 y, la ley 794 de
2003, en el Diario Oficial Nº 45.058, 09 de enero de 2003. Actualmente el Código General

del Proceso, Ley 1.564 del 12 de julio de 2012, en su artículo 333, define al recurso de

casación, como: “ El recurso extraordinario de casación tiene como fin defender la unidad
e integridad del ordenamiento jurídico, lograr la eficacia de los instrumentos

internacionales suscritos por Colombia en el derecho interno, proteger los derechos

constitucionales, controlar la legalidad de los fallos, unificar la jurisprudencia nacional y

reparar los agravios irrogados a las partes con ocasión de la providencia recurrida”.
Allí, se observa como la vanguardia del pensamiento procesal Colombiano, consagrada

en el moderno Código General del Proceso de 2012, consagra el interés público primigenio de

la casación y la defensa no sólo del orden público y constitucional, sino de la Ley, que es la
esencia y la naturaleza misma del recurso de casación, por lo que impedir el conocimiento

oficioso de las infracciones de ley es mutatis mutandi, tener una casación eunuco, impedida

de lograr su fin de Justicia.

Nos corresponde pues, sacar de circulación lo que pretende ser – y, constitucional y


legalmente no lo es-, como lo es considerar a la casación de oficio y su concepto, dentro de

la limitante extraordinaria y significativa de no conocer oficiosamente de las infracciones de

Ley, ello genera que se atente contra el propio concepto de Justicia, y encontraríamos una
colisión entre el artículo 320.4° CPC y el artículo 254 Constitucional que, además, cercenaría

al recurso de casación de perseguir su fin más importante que es la unidad del Derecho

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Objetivo, y la unidad de la jurisprudencia (Art. 321 CPC, supra citado), pues en puridad, de
no poderse casar de oficio por infracción de ley, quedaría firme el criterio de la recurrida y

habrían distintos criterios, teniendo el Magistrado Civil que dar la espalda y como la Themis

Griega vendarse los ojos ante la injusticia.


            Así la doctrina nacional, entre ellos, Carlos Portillo A (Manual de Casación Civil. Ed.

Vadell. Valencia. 2000, pág. 147 y 148), nos trae a colación dos fallos de vieja data que

representan en la extinta Sala de Casación la visión publicista. El primero de ellos de fecha

23 de octubre de 1882, recogido en las Memorias  de 1883, pág. 45, donde se señaló: “…el
objeto del recurso de casación es contener a los tribunales y jueces en la estricta

observancia de las leyes, impedir toda falsa aplicación de éstas y su errónea interpretación,

a la par que uniformar la jurisprudencia…” Y la segunda, de más reciente data 19 de agosto


de 1903, Memoria de 1904, Pág. 128, expresa: “…la misión de ésta Corte es mantener la

unidad de la legislación; y de ahí que no esté obligada a decidir acerca de la justicia o

injusticia de los fallos que se sometan a su examen…”.

Con base en ello, la casación de oficio en el Estado Social de Derecho y de Justicia,


no puede estar enclaustrada en el orden público y en la violación constitucional, sino

extenderse al control de la violación expresa de norma de Ley que atenta contra el

sistema de Justicia.
Se sostiene también, que modernamente, la casación ha perdido ese carácter supremo,

ante la revisión constitucional (336.10 CRBV), que genera carácter vinculante y que ejerce la

Sala Constitucional del alto Tribunal, lo cual hace de nuestra Casación sea una institución

impotente para mantener la uniformidad de la jurisprudencia y se da, al decir de Mattirollo,


el espectáculo desconsolador de interpretaciones opuestas entre las mismas entre la Sala y

sus instancias, pues al no poder casar el fallo desvinculado del contenido de la norma surge

un conflicto entre lo que es (criterio de la Instancia) y lo que debe ser (Doctrina estimatoria
de la Sala de Casación Civil), lográndose justamente el efecto contrario a lo que realmente

busca la casación.

De no considerarse la posibilidad de casar de oficio la violación de Ley, tendría que darse

cabida a otro recurso que permita tal control, lo cual sobredimensionaría con exceso de
remedios el block de los recursos.

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Por ende en la casación como control de legalidad debe haber holgura de control y no
restricción o constricciones al poder oficioso, la casación modernamente concebida en su

finalidad dikelógica constitucional debe ensancharse en vez de constreñirla, como diría

Bidart Campos.

De concebirse como hasta ahora se ha realizado, la casación quedaría presa de una


revisión constitucional (Art. 336.10 CRBV), pues el fallo de la casación civil no podría

casar de oficio un vicio no delatado, pero existente, y cuya indebida interpretación

atentaría contra el Estado Social de Justicia, pudiendo ser inmediatamente revisado por
la Sala Constitucional, la cual anulará sin lugar a dudas y debe hacerlo, dicho fallo,

creando un exceso de jurisdicción que pudo haber evitado la Sala de Casación Civil de

haber podido casar de oficio y, por el contrario, la permisión de la casación de oficio

sobre infracción de ley, permitiría erradicar enormemente la perención del recurso por
falta de técnica, ya que cuando se formalice sin técnica una infracción de fondo sobre la

cual recae la más exigente técnica de casación, la Sala podrá entrar a considerar

oficiosamente la infracción. Sin atisbo de duda, ello es una deuda del deber de impartir
justicia hacia el justiciable.

En éste punto, no podemos hacer lo que expresa Ortega y Gasset, en su: “España

Invertebrada”, cuando señaló: “son las cosas a veces de tal condición que juzgarlas con
sesgo optimista equivale a no haberse enterado”. Por ello, representa un desafío mayor,

actualizar el tema de la casación, en los más de doscientos años de su historia. Así, un

Tribunal de casación oficiosa que persiga efectivamente la violación del derecho que decide
el fondo, dirime o sustenta la controversia, sería, - según algunos expresan -, preferible al

actual sistema de casación, que muchas veces se convierte en “ …una inútil academia de

platónicos comentaristas…”.

La misma opinión, sostenía el maestro Cuenca, Humberto, en su texto del: “Curso de


Casación Civil” de 1962, cuando destacó: “…las Salas del Supremo Tribunal se han

convertido en académico recinto de retórica jurídica y de ejercicios silogísticos. Es una

casación rutinaria y viciosa, indiferente al calor humano, al drama del hombre y de la


miseria, al hervor que palpita en las páginas de los expedientes judiciales. Otras

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instituciones han recibido el influjo del hondo sacudimiento, pero la casación permanece

empozada. Todavía adherida a las exigencias que le dieron vida, a la uniformidad de la


jurisprudencia y a la integración legislativa…”

          Bajo el sistema actual de casación (CPC 1986), no ajustado a los valores

Constitucionales de 1999, de no permitirse la Casación de oficio sobre violación,


quebrantamiento o infracción de Ley en la recurrida, se dejaría con fuerza de cosa juzgada a un

fallo que contiene una voluntad concreta de la ley proclamada por el juez que no coincide, con la

voluntad real efectiva del Legislador, donde el defecto inherente a las premisas lógicas de la

norma incide erradamente en el dispositivo de la sentencia.


El juez yerra en la aplicación e interpretación de la norma y se produce una declaración

falsa de la voluntad de la Ley relativa a la cuestión controvertida, el Juez no decide

secundum ius en la premisa mayor (norma) y menor (hechos) del fallo. En estos vicios el
Jurisdicente excede el marco de los sentidos posibles de la norma. Se genera, como dice

Chiovenda, José un: “desconocimiento de la voluntad abstracta de la Ley”, o como dice

Fernando de la Rúa (El Recurso de Casación en el Derecho Positivo Argentino. Ed Zavalia.

Buenos Aires, 1968. pág 103) “…el juez ignora la existencia o se resiste a reconocer la
existencia de una norma jurídica en vigor…”.

¿Cómo podría pues, la casación en un Estado Social de Derecho y de Justicia, cerrar

los ojos y no conocer, ante tal infracción expresa de Ley y no declararla? ¿Puede la
casación civil renunciar a la verdad jurídica objetiva? La casación oficiosa de

infracciones de ley logra la reconciliación de la casación y la finalidad del proceso (Art. 257

CRBV), eliminando barreras ritualistas, caprichosas y decimonónicas que enervan una

verdadera y actual tutela judicial efectiva.


Sólo si se casa de oficio por infracción de Ley, la casación y la Sala de Casación Civil

adquieren la posibilidad de que el proceso cumpla su fin constitucional se supriman las

diferencias y se logre la igualdad verdadera en la aplicación de la Ley, sin permitir que


campee la arbitrariedad y el abuso e los fallos de las recurridas. El derecho

constitucional está en materia judicial al servicio de la primacía de la verdad jurídica

objetiva.

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La anulación oficiosa del fallo que violente la correcta interpretación, aplicación o falta

de aplicación, debe ser una conquista propia, de uso moderado, en casos que no exista otra
salida prudente o ponderada y donde sea manifiesta la expresa violación de Ley que atente

contra el orden constitucional o la verdadera intención del legislador al consagrar la norma.

Al margen del plano, estrictamente jurídico, más allá de su estructura procesal, siempre

fuera de su definición, ajena a su prístino concepto, puede buscarse su finalidad en la


aspiración del legislador de unificar la jurisprudencia para asegurar la unidad del derecho

objetivo, lo que se puede procurar sólo en la medida en que no se altere su esencial

naturaleza de recurso; esto es, limitándolo a la existencia de una concreta impugnación


propuesta por el particular interesado; lo cual permite dibujar los perfiles de una nueva

casación a partir de la sinceridad, el realismo y la necesidad de perfeccionar un modelo que

posibilite la eficacia de su ejercicio desde la óptica del consumidor del servicio, del litigante,

y no del operador que la maneja técnicamente.


De tal manera, a través de la captura de la verdadera naturaleza del recurso, se permite su

“oxigenación”, revitalizando un esquema legal que sigue siendo maleable, dúctil y

perfectible, colocándose en condiciones más adecuadas para que, con realismo mágico, sin
pragmatismos y mejor aptitud, la Sala de Casación Civil y su recurso de casación den

respuesta, independizándose de las cadenas doctrinarias clásicas, a la abigarrada

caracterización del campo litigioso en condiciones más ajustadas a los requerimientos del

presente, a los efectos de servir mejor a los modernos fines del proceso.
Con una Carta Política sobrevenida al Código Adjetivo, se permite al sistema de Justicia

escaparse de aquella acepción vertida por José Levitán (Recursos en el Proceso Civil y

Comercial. Ed. Astrea. Buenos Aires. 1986, pág. 87.), por demás conformista, anti-
procesalista y derrotero de los derechos humanos del proceso, cuando expresa que: “…

además, si a veces la injusticia en un proceso escapa de nuestro control, vemos otras

injusticias mucho más irritantes en la vida, que tampoco tienen solución…”. Alegato éste,

al cual el sistema procesal Venezolano, no se sumara jamás, pues el fin del proceso es la
Justicia y los Jueces y Magistrados, en nuestra labor diaria estamos empeñados en

alcanzarlo efectivamente.

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                  De acuerdo con este nuevo criterio, la Sala abandona la posición asumida en su

decisión de fecha 03 de agosto de 1988 (juicio Automotores La Entrada C.A., contra

Colectivos Negro Primero C.A.), y en consecuencia, declara que, en lo sucesivo, podrá la


Sala de Casación Civil, casar de oficio los fallos sometidos a su consideración, para lo

cual sólo es necesario que detecte en ellos infracciones de ley, de la recurrida, que

atenten, expresamente, en la errónea interpretación del contenido y alcance de


disposiciones de Ley, o se hayan aplicado falsamente o dejado de aplicar normas

jurídicas, violentando en su dispositivo decidir “secundum lege”, según la Ley,

ateniéndose siempre, claro está, a los postulados de los artículos 2, 26 y 254 de la Carta

Política de 1999, ampliándose así el sentido del artículo 320, 4to Párrafo del Código de
Procedimiento Civil vigente.

Sobre los anteriores basamentos doctrinarios, copilados de esta Máxima Instancia

Judicial Civil de la República Bolivariana de Venezuela, en apego al postulado constitucional


consagrado en el artículo 2 y 257 de nuestra vigente Carta Política, a través del cual, la

República Bolivariana de Venezuela se consagra como un Estado democrático y social de

Derecho y de Justicia, donde se interpreta los sistemas y recursos procesal como es el caso de la

casación, como un instrumento fundamental para la búsqueda de la Justicia y donde en recurso


de casación a los fines de mantener su finalidad esencial de ser garante de la Justicia, en defensa

de la integridad de la legislación y la uniformidad de la jurisprudencia, esta Máxima

Jurisdicción Civil, reconoce la obsolescencia contenida en la citada norma contenida en el


artículo 320 parágrafo 4to del Código de Procedimiento Civil, el cual se encuentra en

franco desafuero con nuestra novísima Constitución, y así lo declara.

En tal sentido, en atención a la nueva doctrina que acoge esta Máxima Instancia Civil,

en lo adelante la Sala de Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia podrá –a partir de

la publicación del presente fallo- pues con ello en modo alguno se viola la seguridad
jurídica de los justiciables ya que no se encuentran discutidos sus derechos adquiridos ni la

interpretación de normas jurídicas sustantivas (vid., sentencia N° 127 de fecha 3 de abril de

2013, caso: Freddy Antonio Ávila Chávez y otros contra María Eugenia Jiménez Jiménez,
expediente N° 2012-000729), casar de oficio el fallo recurrido en el cual se advierta la

infracción de la ley por falsa aplicación, errónea interpretación o falta de aplicación de

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una norma jurídica sustantiva -aunque no se le hubiere delatado- para establecer un

verdadero Estado de Derecho y Justicia que permita al recurso de casación cumplir con

su verdadero fin, relativo a la unificación de la interpretación de la legislación y de la


jurisprudencia, optando las Magistradas y Magistrados integrantes de esta Sala por

asegurar con preferencia la efectividad supremacía de nuestra Carta Política. Así se

decide.

D E C I S I Ó N

En mérito de las precedentes consideraciones, el Tribunal Supremo de Justicia, en Sala


de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República Bolivariana de

Venezuela y por autoridad de la ley, declara: 1) PERECIDO el recurso de casación anunciado

por la parte actora contra la sentencia dictada en fecha 25 de noviembre de 2016, por el

Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del


estado Bolivariano de Miranda. 2) CASA DE OFICIO la sentencia dictada el 20 de julio de

2016, por el Juzgado Superior en lo Civil, Mercantil y del Tránsito Circunscripción Judicial

del estado Bolivariano de Miranda. En consecuencia, se declara INADMISIBLE la demanda,


se ANULAN las actuaciones procesales incluyendo el auto de admisión de la demanda,

dictado en fecha 4 de diciembre de 2014, por Juzgado Primero de Primera Instancia en lo

Civil, Mercantil y del Tránsito de esa misma de la Circunscripción Judicial, así como todas

las actuaciones posteriores a dicho auto.

De conformidad con el artículo 320 del Código de Procedimiento Civil, se condena en

costas procesales a la ciudadana Morela Chiquinquirá Pérez Terán, por haberse declarado

perecido el recurso de casación. No se condena en costas procesales a los demandados

ciudadanos Francisco Vásquez Pérez y Marden Emilio Vásquez Pérez, por haberse casado de
oficio la sentencia recurrida.

Publíquese, regístrese y remítase el expediente al tribunal de la cognición, Tribunal

Primero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial

del estado Bolivariano de Miranda. Particípese la presente decisión al juzgado superior de origen
antes mencionado, de conformidad con la ley.

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Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil, del

Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los veintiocho (28) días del mes de junio de dos

mil diecisiete. Años: 207º de la Independencia y 158º de la Federación.

Presidente de la Sala,
 
______________________________
YVÁN DARÍO BASTARDO FLORES
Vicepresidente,
 
 
 
___________________________________________
FRANCISCO RAMÓN VELÁZQUEZ ESTÉVEZ
 
 
Magistrado Ponente,
 
 
__________________________________
GUILLERMO BLANCO VÁZQUEZ
 
 
Magistrada,
 
 
______________________________________
VILMA MARÍA FERNÁNDEZ GONZÁLEZ
 
 
Magistrada,
 
 
_______________________________________
MARISELA VALENTINA GODOY ESTABA
 
 La Secretaria,
 
 
_____________________________________
MARIAM JOSEFINA ALTUVE ARTEAGA
 
 
Exp. AA20-C-2016-000982
 
Nota: publicada en su fecha a las
 
La Secretaria,

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[1]
“Une sentinelleétabilepour le maintien des lois”

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