El Erizo
El Valor de La Generosidad
Había una vez un bosque donde vivía un erizo tan lleno de púas que ningún animal
salvaje osaba atacarle. Iba tranquilamente de un lado para otro, importándole muy poco ver
aparecer a la serpiente o al león. Nada podía contra él, porque sus púas podían herir a
cualquiera.
Sus amigos le envidiaban, porque ellos siempre tenían que huir al toparse con alguna
fiera.
Sin embargo, el erizo era muy generoso; se llevaba bien con todo el mundo y no le
importaba lo más mínimo regalar sus púas a quien se las pidiese. La última púa que le
quedaba se la dio al ratón. Este la quería para usarla para atacar al gato que le perseguía.
En esto llegó la serpiente. Al ver al erizo, se dispuso a comérselo. Este, tumbado
panza arriba, al sol, no se inmutó.
—Cada cual debe aceptar su destino con una sonrisa— acostumbraba a decir a sus
conocidos.
El erizo era bien consecuente con sus ideas. Cuando ya la serpiente se le acercaba,
todos los animales que habían obtenido una púa se abalanzaron sobre ella y la ahuyentaron.
La serpiente no volvió nunca más.
Entonces, el erizo agradeció a sus amigos su valiente gesto.
Este cuento pone de manifiesto un valor tan importante como es el de la generosidad.
Esta es la cualidad de aquellas personas que comparten sin esperar nada a cambio.
En esta ocasión, el personaje principal es un erizo que no duda en compartir su
mecanismo de defensa, las púas, con sus amigos del bosque. A pesar de que ello resulte un
peligro para su propia vida, él da más importancia al amor, la amistad y a la seguridad de sus
conocidos.