0% encontró este documento útil (0 votos)
81 vistas3 páginas

Genoud

Diego Genoud, hijo de Manuela Santucho quien fue secuestrada en 1976, declaró en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar. Agradeció poder testificar para reivindicar la lucha militante de su madre y su familia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Cargado por

gustavo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
81 vistas3 páginas

Genoud

Diego Genoud, hijo de Manuela Santucho quien fue secuestrada en 1976, declaró en el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en centros clandestinos de detención durante la última dictadura militar. Agradeció poder testificar para reivindicar la lucha militante de su madre y su familia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

Cargado por

gustavo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

NOTICIAS · 15 DE FEBRERO DE 2022

"AGRADEZCO LA POSIBILIDAD DE DECLARAR PARA REIVINDICAR LA LUCHA DE


MI VIEJA"

En una nueva audiencia del juicio oral y público por los crímenes perpetrados en el circuito
represivo de Pozo de Banfield, Quilmes y Brigada de Lanús, prestó testimonio Diego Genoud,
periodista e hijo de la desaparecida Manuela Santucho.

En la audiencia N° 55 del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en Pozo de Banfield,
Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús, declaró Diego Genoud, por el caso de su madre, Manuela
Santucho. A continuación, unos pasajes de tu testimonio.
“Mi nombre es Diego Genoud. Tengo 46 años. Trabajo como periodista. Mi vieja está desaparecida,
Manuela Albina Santucho, tenía 36 años cuando la secuestraron, el 13 de julio de 1976, en un
departamento de Buenos Aires, en la calle Warnes 735, junto con mi tía Cristina Navajas y Alicia
D’Ambra, otra compañera del Partido Revolucionario de los Trabajadores, donde militaban las tres.
Según testimonios y denuncias, Cristina y Alicia estaban embarazadas al momento del secuestro y
Abuelas de Plaza de Mayo, desde entonces, sigue buscando a esas nietas o nietos. Mi viejo, Alberto
Genoud, estuvo ocho años preso, entre 1974 y 1982, y a mí me criaron mis abuelos paternos en
Baradero, provincia de Buenos Aires”.
“Mi primo, Miguel Santucho, declaró en junio pasado (en este mismo juicio) y contó en detalle
cómo fue ese operativo. Hubo un llamado después del secuestro de un vecino o vecina, a la abuela
de mi primo Miguel, Nélida Gómez de Navajas, una histórica dirigente de Abuelas, y ella es la que
nos va a buscar. Nosotros éramos muy chicos: en ese departamento estábamos mi primo Miguel,
que era y sigue siendo más chico que yo, Camilo, que era mayor que Miguel, y yo, que tenía un año
y cuatro meses. Se llevaron a las tres mujeres, hay un llamado, y ahí tengo versiones
contradictorias. Miguel cuenta que fue Cristina la que llamó a su mamá, a Nélida. Lo cierto es que
Nélida nos fue a buscar, nos rescató de ese lugar donde estábamos abandonados, y a mí, poco
después, me llevan con mis tíos paternos, un hermano de mi viejo, mi viejo estaba preso, Raúl y su
esposa Marta, ellos son los que me tienen durante unos meses en Buenos Aires, y después me
trasladan a Baradero, de donde es oriunda mi familia paterna. Y ahí empiezo una nueva vida con mi
abuelo Raúl, su apodo era ‘Chocho’, y mi abuela Adela, que me crían. Estoy con ellos desde 1976
hasta 1993 que me vengo a Buenos Aires a vivir y a estudiar periodismo. Mis dos abuelos tuvieron
un rol muy importante, pero sobre todo mi abuela, Adela Copello Genoud, que además de criarme
seguía visitando a mi viejo, que estaba preso”.
“Quería agradecer la posibilidad de dar este testimonio. Primero agradecer a la Asociación de Ex
Detenidos Desaparecidos que me convocó como testigo y a todos los organismos que me contaron
cómo era este proceso. Es la primera vez que declaro en una causa así. La justicia, el poder judicial,
siempre me generó bastante desconfianza y rechazo. Nunca me sentí motivado a volcar mi
militancia o mis esfuerzos para tratar de que la justicia funcionara. Obviamente tengo una
convicción sobre qué sucedió, quiénes son los culpables del genocidio, quiénes fueron los
instigadores, y el poder judicial en bloque nunca me generó demasiada confianza, más allá de que
hay muchos hombres y mujeres valiosos que trabajan en la justicia. La veo más como una caja de
resonancia de las luchas sociales, y en ese contexto me interesa dar testimonio pero siempre en este
marco. Durante siete años milité en HIJOS, en lo que se llamaba ‘la mesa de escrache’, siempre
defendí otra noción de justicia, la justicia que surge desde abajo. Pero agradezco la posibilidad de
declarar para reivindicar la lucha de mi vieja, Manuela Santucho, que tantos años después me sigue
generando mucho orgullo”.

“Antes que víctimas, las y los 30 mil desaparecidos fueron militantes, asumieron un compromiso y
un riego, actuaron detrás de una convicción, pusieron el cuerpo en función de lo que pensaban y
participaron de una experiencia muy intensa. Reivindico esa lucha y esa militancia revolucionaria
de mi viejo, mi vieja y mi familia, dentro del PRT-ERP, una organización político-militar que eligió
la lucha armada en función de ese objetivo que era la lucha por el socialismo. A mí mismo me ha
costado encontrar el lugar de mi vieja en esa historia colectiva, poder traerla, reconocerla. Mientras
militaba en HIJOS, incluso antes, la historia de mi vieja, de Manuela Santucho, era una más. A eso
se suma que el PRT era un partido de izquierda, en un contexto de un país marcado por el
peronismo, y además mi vieja, Manuela, era la segunda mujer entre 10 hermanos hombres, los
hermanos Santucho. Ella había nacido en Buenos Aires, el origen de la familia está en Santiago del
Estero, y el nombre de ‘Roby’, Mario Roberto Santucho, y la trascendencia e importancia que
siempre tuvo, para su familia y para la historia argentina, me dificultó de alguna manera
encontrarme con mi vieja. Son muchos los caídos de la familia Santucho. Desaparecidos,
asesinados, presos, exiliados. Por eso yo les quiero contar quién era mi vieja antes del 13 de julio de
1976, antes del itinerario del horror que tuvo que atravesar”.
“Ella era la segunda mujer de diez hermanos. Fue la única mujer de los hermanos que militaba en el
Partido Revolucionario de los Trabajadores. Mujer, militante, abogada. Para esa generación
revolucionaria, alguien de 36 años, como tenía ella, ya era alguien grande, alguien con mucho
recorrido. Mi viejo salió de la cárcel en 1982, ahí lo conozco, y a mi familia materna recién en el
85, 86, cuando viajo a Santiago del Estero y conozco todo ese familión, muchos primos, tíos, ahora
sobrinos, sobrinas. Y ahí empecé a completar el álbum familiar y la historia de mi vieja. Me vino a
buscar su única hermana, Blanca, que me llevó en tren a Santiago y ahí estuve como dos meses y
volví hablando santiagueño con una tonada medio extraña, mal copiada, y me llamó la atención que
en Santiago le decían ‘Nenita’ a mi vieja, que no era un apodo que me resonara porque en mi casa
paterna, el nombre de mi vieja Manuela era Mariana, que era su nombre de guerra, y en Santiago
era Nenita y me contaron recuerdos de mucha dulzura, ternura, bondad, de alguien casi angelical, y
a mí me costó entender las curvas de su vida. Escribí una nota que me gustaría que se incorpore a la
causa, que cuenta un poco esto, Nenita, Mariana, la primavera, porque después, al final, se da una
situación, hace ya varios años, mi vieja había nacido el 23 de septiembre y muchos años después mi
hijo Vicente nació el mismo día. Es una historia que sigue presente, y me interesa rescatar su
militancia porque creo que está como perdida”.
“Mi vieja fue docente en Gramilla, un pueblo en Santiago del Estero, cerca de las Termas de Río
Hondo, trabajó también como asesora de la Fiscalía de Estado en Corrientes, se había recibido muy
joven de abogada, en algún momento vivía en una pensión, en Buenos Aires, y se plegó a los foros
de abogados que trabajaban en la defensa de los presos políticos a comienzos de los 70, formó parte
de la Asociación Gremial de Abogados, y ahí se integró al grupo donde estaban Rodolfo Ortega
Peña, Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Mattarolo, y por lo que me cuentan hizo un trabajo muy
intenso. Incluso hay un video que fue muy importante, que cambió mucho la manera de recordar a
mi vieja, un video que rescató el grupo de cine Mascaró, en una película que se llama Gaviotas
blindadas, donde mi vieja entra como abogada a una sala de audiencias, con Ana María Villarreal
de Santucho, ‘Sayo’, fusilada en Trelew, y en ese video mi vieja es muy joven, se ríe, y está también
con Amílcar Santucho que era el más grande los hermanos, también abogado de la familia, son unos
segundos de video, son las imágenes que tengo de ella, y están sus compañeros y compañeras, que
también van a poyarla a ‘Sayo’ en ese juicio. Por esos años ella conoce a mi viejo, alrededor de
1972, se casan en 1973, y ella después de la fuga de Trelew viaja a Cuba con las hijas de Roby, era
como un intento de que la familia de Roby estuviera a salvo después de la masacre de Trelew, y mi
vieja estuvo dos o tres meses y, por lo que dicen, se aburrió y quería venir a seguir militando, cosa
que hizo, después también volvieron las hijas de Roby… Y se integró al Diario El Mundo, que era

del Partido Revolucionario de los Trabajadores, una experiencia que duró pocos meses, fue
clausurada por el gobierno de Perón, era un diario que tiraba muchísimos ejemplares, 100 mil,
inconcebible para hoy. En el 74 mi viejo y mi vieja se van a vivir a Tucumán, el PRT quiere instalar
la guerrilla en el monte tucumano, lo hace, y mi viejo y mi vieja viven en la ciudad de Tucumán,
como parte de la actividad ‘legal’ del partido, por lo que sé mi vieja siempre fue abogada y
solamente en el final se integró a un equipo de comunicaciones militares, pero no se destacaba por
ser una militante de la guerrilla sino como abogada de presos políticos”.
“Una compañera de ellos, Susana Morales, exiliada en Canadá, me contó cosas muy lindas de ella.
Ella y mi vieja vivieron juntas en una casa en Hurlingham, en la previa del golpe, y mi vieja ya
estaba embarazada de mí, ya se le hinchaban las rodillas según dice Susana. Por su manera de vestir
también parecía más grande de lo que era, además de su estilo de perfil bajo, no sobreactuar, de no
hablar más de lo que se hace, que es como una enseñanza que me transmitieron mis viejos. Antes
me mandó una carta Susana en la que me contó más cosas. Hubo un año y cuatro meses en los que
vivimos juntos con mi vieja y también nueve meses en los que ella me cargaba mientras se
escapaba, mientras la perseguían a ella y a toda la familia, mientras mi viejo estaba preso, y esto me
hizo repensar mi relación con ella y valorar todavía más su ejemplo de mujer y militante. Y pienso
en cómo se encontró casi sola, con un embarazo de tres o cuatro meses, porque mi viejo fue preso
en septiembre del 74, pienso que deben haber sido meses difíciles para ella. Cuando llegó el golpe
mi vieja no se quiso ir al exilio como hizo gran parte de la familia Santucho, ella decidió quedarse a
esperar a mi viejo, pensando que podía salir en libertad en el corto plazo, no se imaginaba quizá el
proceso que comenzaba o sí e igual decidió quedarse, porque consideró que era su deber de mujer,
compañera, militante revolucionaria”.
“Ya secuestrada, en Autmotores Orletti, la obligan a leer la tapa de los diarios que daban la noticia
de la caída del Roby Santucho, en el marco de otra tortura muy fuerte que estaba sufirendo mi tío
Carlos, que estaba también en ese campo de concentración. De Orletti pasaron por Proto Banco, por
Pozo de Güemes y Pozo de Banfield, donde hay muchos testimonios de que las vieron a todas. En
Vesubio hay un sobreviviente que declaró que mamá le salvó la vida. Él había sido salvajemente
torturado y quería tomar agua y mi vieja lo alertó que iba camino a la muerte con un botellazo que
le tiró, y eso, haberle salvado la vida, es otro aspecto central de mi vieja, incluso en esas
condiciones tan inhumanas, todos los testimonios que conozco dan cuenta de su fortaleza en esas
situaciones, que daba ánimo, que buscaba mantener a las compañeras y compañeros dentro de una
unidad. Podía sobreponerse y mantenerse entera como para preocuparse por el estado de ánimo de
los demás”.
Tras esta declaración, fue el turno del sobrevivinte Fernando García, quien permaneció casi un mes
en el centro clandestino Pozo de Quilmes. El suyo, como todos los testimonios del juicio, se puede
ver en el canal de YouTube de La Retaguardia. El debate oral continuará la semana próxima.

También podría gustarte