POEMAS
DEL OLIVAR
¿Qué es un olivo? Ay olivar, mi olivar
¿Qué es un olivo? Ay olivar, mi olivar,
Un olivo olvidado y mal vendido;
es un viejo, viejo, viejo donde yo le oí cantar,
y es un niño y donde siempre he venido
con una rama en la frente tras mis largos recorridos,
y colgado en la cintura por cielo, por tierra y mar
un saquito todo lleno
de aceitunas. Mª Jesús Barquero
Rafael Alberti
Río salado Soneto para comer aceitunas
El río salado corre La aceituna, alimento oleaginoso,
por entre los olivares proviene de las ramas del olivo.
y en volandas trae el viento Es arte milenario su cultivo
un eco de soleares. y produce un aceite muy sabroso.
Las niñas de las huertas Como es generalmente apetitoso
van en camisa el fruto encarozado y nutritivo,
a bailar con el río en muchas ocasiones es motivo
como las ninfas. de atención especial de algún goloso.
Cuando salen del agua Tras ser en la salmuera procesado,
sus pies descalzos de su hueso en la boca es despojado
la tierra enrojecida y cruza la garganta con un ¡glup!
los va calzando.
El carozo, que no es apetecido,
Los flecos de sus camisas se expulsa al exterior con un soplido,
son agua salada y fría y el festín finaliza en un ¡stup!
y al secar su piel morena
dibujan blancas estrías
Mª Jesús Barquero Juan José Brazo
Querencia del olivo Los olivos
Yo quisiera estar siempre como tú, viejo olivo,,
enhiesto bajo el cielo azul de Andalucía, ¡Viejos olivos sedientos
como un Dios que se siente eternamente vivo, bajo el claro sol del día,
heraldo de una tierra que anuncia la alegría. olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
Sembraría en el viento estos versos que escribo,
para que todo el mundo oyera la armonía
del árbol de los sueños, del árbol sensitivo, ¡El campo andaluz, peinado
que sólo da frutos de amor y de poesía. por el sol canicular,
de loma en loma rayado
Quisiera mirar siempre la soledad del monte, de olivar y olivar!
la belleza sin fondo del mar del horizonte,
la tierra que me acoge, hermosa como un verso. Antonio Machado
Y levantar mis ramas al cielo como un grito,
para así proclamar mi dolor infinito,
cuando quieran cortarme, a todo el universo.
Antonio Casares
Amor de aceituna El olivo
Sombra de dorados cauces, Sin ver nunca un olivar
que suspiran a la luna,
con aromas de violeta jamás yo supe el motivo
y resonancias de azúcar. de por qué el anciano olivo
Mis sentimientos se pierden fue en mi memoria a enraizar.
entre las mil telarañas
de juventud y esperanzas,
contigo o sin ti, preciosa, Cuando en mi niñez pintaba
siempre, entre nardos de plata, troncos de nudos resecos,
se acongoja mi suspiro,
con el brillo de la espuma no sabía que era el eco
ansiosa de ser la playa. de un sentir que me marcaba.
¡Ay, entre el olivar!
se ocultan mi sentimientos Al pintar el árbol que amas
que no saben las gitanas,
ni lo acarician las brujas. lo colmas de frutas rojas,
yo dibujaba, sin hojas,
Ay, mis colinas de Úbeda,
olivos de secas ramas.
ay, de tus pechos, preciosa,
prohibidos como la droga.
En el mundo terrenal
Quiero volar entre olivos,
sereno en la noche oscura. -a buena fe lo ignoramos-
quizás un árbol tengamos
Quiero ver tu carne dulce
y sumirme en el deseo como un signo zodiacal.
de la eterna desventura.
Y no arrebatar mis sueños Tal vez posea el olivo
¡que no quiero estar despierto! un imán imperceptible,
Que mientras sueñe con ella que ha ce que sea imposible
mi corazón será eterno quedar de otro árbol cautivo.
y señor de las auroras.
Francisco Cuaresma Mercedes García Canalejas
Arbolé, arbolé Paisaje
El campo
Arbolé, arbolé
seco y verdé.
de olivos
La niña del bello rostro se abre y se cierra
está cogiendo aceituna. como un abanico.
Sobre el olivar
El viento, galán de torres, la hay un cielo hundido
prende por la cintura. y una lluvia oscura
Pasaron cuatro jinetes de luceros fríos.
sobre jacas andaluzas Tiembla junco y penumbra
con trajes de azul y verde, a la orilla del río.
con largas capas oscuras. Se riza el aire gris.
Los olivos,
Federico García Lorca están cargados
de gritos.
Una bandada
de pájaros cautivos,
que mueven sus larguísimas
colas en lo sombrío.
Federico García Lorca
Olivares La primavera ha venido
Bajo las ramas de este olivo
duerme hoy mi cuerpo, La primavera ha venido
bajo la protección de este sol. dejando en el olivar
Entre llantos amargos aquí un libro en cada nido.
me despedí de ella, Vivir leyendo, leyendo
que marchaba para volver dentro
de una semana. mientras la paz en el mundo
no se nos vaya muriendo.
En aceite de oliva bañaré
Paz, paz, paz para leer
mi cuerpo, entre olivos
volveré a soñar. un libro abierto en el alba
y otro al atardecer.
Si tan solo tuviese entre
mis manos ese aceite,
dejaría que por mero hecho Rafael Alberti
fuese un camino que me llevase
hacia olivares.
El viento desnuda sus ramas
y se deshace de su fruto,
que cae al suelo para poder
ser recogido y hacer el aceite
que comemos con el día a día.
Carlos Nebrera
Vega en calma Aceituneros. Miguel Hernández
Andaluces de Jaén,
Cielo gris, aceituneros altivos,
suelo rojo... decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?
De un olivo a otro
vuela el tordo. No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
(En la tarde hay un sapo sino la tierra callada,
de ceniza y de oro) el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
Suelo gris. y a los planetas unidos,
Cielo rojo... los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Quedó la luna enredada
Levántate, olivo cano,
en el olivar.
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
¡Quedó la luna olvidada! poderosa de cimiento.
Emilio Prados Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma ¿quién
quién amamantó los olivos?
Sobre el olivar,
se vio la lechuza Vuestra sangre, vuestra vida,
volar y volar. no la del explotador
que se enriqueció en la herida
Campo, campo, campo.
generosa del sudor.
Entre loas olivos,
los cortijos blancos. No la del terrateniente
Y la encina negra, que os sepultó en la pobreza,
a medio camino que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
de Úbeda a Baeza.
Árboles que vuestro afán
Antonio Machado consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.