Giovanna Rivero
Tierra fresca
de su tumba
Lo cotidiano y lo gótico, la
distopía y el realismo más
extremo: seis inquietantes
relatos que tienen mucho
que decir en la renovación
de la literatura fantástica
latinoamericana.
Candaya Narrativa, 72
Primera edición: febrero 2021
Diseño de la colección: Francesc
Fernández
Imagen de la cubierta: Francesc
Fernández
ISBN: 978-84-18504-24-2
21x14 cm; 176 págs.
PVP: 16
SINOPSIS: TIERRA FRESCA DE SU TUMBA
En los cuentos de Tierra fresca de su tumba aparecen pescadores que atraviesan los mares de
la muerte, niñas abandonadas en las estepas que encuentran en el góspel un puente hacia la
belleza, mujeres cuya demencia no es otra cosa que un corazón despedazado, ancianas
japonesas que cavan en un jardín para encontrar lo mejor y lo peor de sí mismas,
muchachos de una tribu del Canadá que se visten con pieles de animales para poder rugir
de nuevo. Personajes, en definitiva, que rasgan la delgada membrana de la vida ordinaria,
intentan tocar, con las manos extendidas de la infancia, la dimensión sensual del más allá y
se asoman peligrosamente a un abismo interior que acabara por devorarlos.
Seis historias de oscuridad luminosa que nos atraviesan como una herida, y que al final nos
hacen comprender las posibilidades del amor, la justicia y la esperanza, pero también, como
en «Un descenso al Maelstrom» de Edgar Allan Poe, la altura y la profundidad del abismo.
LA AUTORA: GIOVANNA RIVERO
Giovanna Rivero nació en Montero, Bolivia,
en 1972 y vive en Lake Mary, EEUU. Es
escritora y doctora en literatura
hispanoamericana.
Es autora de los libros de cuentos Las bestias
(1997, Premio Municipal Santa Cruz),
Contraluna (2005), Sangre dulce (2006), Niñas y
detectives (2009) y Para comerte mejor (2015,
Premio Dante Alighieri 2018).
Ha publicado cuatro novelas Las camaleonas
(2001), Tukzon (2008), Helena 2022 (2011) y 98
segundos sin sombra (2014, Premio Audiobook
Narration y llevada al cine por el director
boliviano Juan Pablo Richter). Entre sus libros juveniles destacan La dueña de nuestros sueños
(2005) y Lo más oscuro del bosque (2015, Libro recomendado del año por La Academia
Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil).
En 2004 participó del Iowa Writing Program y en 2007 recibió la beca Fulbright. En 2011
fue seleccionada por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara como uno de “Los 25
Secretos Literarios Mejor Guardados de América Latina” y en 2015 le otorgaron el Premio
Internacional de Cuento “Cosecha Eñe”.
LO QUE LA CRITICA HA DICHO DE LA OBRA DE LA AUTORA
“Una voz nueva, contundente, perturbadora, que, como espero que se vea en el futuro,
tiene mucho que decir en la renovación de la literatura fantástica sudamericana.” Luis
Manuel Ruiz, Diario de Sevilla.
“El gótico sobrenatural boliviano tiene una extraordinaria narradora de culto.” Silvina
Friera, Página 12
“Es una gran creadora de voces femeninas, de esas que arrastran al centro de una
sensibilidad sin moldes, como un torbellino.” Betina González. Revista Ñ, Clarín.
“Es una escritora de buena prosa, capaz de crear personajes poderosos y con una mirada
que desasosiega sobre las criaturas familiares.” Fernando Iwasaki, El Mercurio, Chile.
“Giovanna Rivero es maestra en llevar los límites de la realidad hasta sus últimas
consecuencias. La suya no es una observación delicada y atenta del presente, sino un retrato
bestial de todo lo que la realidad podría ofrecer si se desbordara, si dejáramos que todo se
saliera de cauce. El suyo es un realismo desbordado, un retrato del exceso: las palabras
vibran en la página, cada una inflamada de desesperación, locura o deseo.” Maria José
Navia, El Miami review.
“Rivero recrea paisajes a partir de pequeños detalles. Un movimiento de elipsis que sabe
detenerse en la brizna para hablar del bosque. Hay en estos cuentos un registro poético que
deslumbra. Pequeños latigazos del lenguaje. Un ruido de fondo que va por detrás, una
belleza difícil de explicar.” Eugenia Almeida, La voz del interior, Número Cero
“Rivero trabaja sus cuentos en un territorio flotante cuyo mapeo y territorio fluctúan desde
las ruinas de la modernidad periférica. Es aquello que crece y queda cuando un avance
tecnológico o científico baja a tierra y rápidamente vuelve a levantar vuelo; lo que crece a su
alrededor, salvaje y sin planificar, muchas veces a espaldas del Estado. Son los descartes de
la invasión cultural que tejen historias en la imaginación vernácula de una comunidad
generando una nueva construcción de identidad.” Fernando Krapp, Cuaderno WHR
“El estilo de Giovanna no podría compararlo con ningún otro autor, es diferente, es audaz
y convoca con una voz exclusiva, única, sin tapujos se refiere a la miseria humana, la lucha
por la sobrevivencia y la crueldad que se atraviesa en el camino de los personajes.” Maria
Cristina Botelho, Ramona Cultural.
“En todos los cuentos sentimos esta posibilidad expansiva de la vida. Seguir viviendo en
otros cuerpos, en otros mundos y reinos, en otras lógicas. Y esa posibilidad, nos susurra
Rivero desde el altar en un rezo al final del libro, está dada por la literatura, la ficción.”
Alba Balderrama, Opinión, Bolivia.
“Un lirismo feroz y frágil, destilado en una prosa que sondea los abismos del alma humana
y juega con las sugerencias de lo gótico y lo macabro, de la ciencia ficción, de la distopía,
del realismo más extremo: del fondo de un negro silencio se levantan los escombros y los
esqueletos de las vidas contadas por Giovanna Rivero.” Martina Panza, Altri Animali,
Italia.
“En Rivero los escenarios gótico fantásticos son un pretexto para emplazar verdades
demoledoras, realidades de hachazo, reflexiones que exudan introspección y agudeza que
muchas veces funcionan como cachetada y caricia que despierta y consuela a quien lee. (...)
La escritura de Giovanna Rivero es abisal. Es un precipicio al que el lector se entrega con
vértigo y dicha, sabiendo que esa caída libre es un viaje a un universo ulterior. De allí no se
regresa porque visitar las ficciones de esta autora es dejarse penetrar por ellas.” Lena Yau,
Revista Colofón.
“Giovanna Rivero en su texto reconstruye el gótico desde estos presupuestos y ofrece, al
mismo tiempo, una historia sobre la identidad, la soledad y la intolerancia.” Maielis
González, Libros Prohibidos.
“(...) Propone un modo de ver el mundo conocido desde el pensamiento mágico de la
cultura precolombina, lo sobrenatural de los relatos folclórico-maravillosos, el futurismo
desolador de la ciencia ficción, y lo siniestro y lo monstruoso del género gótico.” Tomás
Villegas, El diletante.
8 CLAVES SOBRE TIERRA FRESCA DE SU TUMBA
1. Giovanna Rivero es una de las voces más imaginativas e intensas del llamado “Nuevo
Realismo Gótico Latinoamericano”, en el que también se ha encuadrado a escritoras
como Marian Enríquez, Mónica Ojeda, Gabriela Ponce, Solange Rodríguez o Michelle
Roche. Aunque desde propuestas estéticas muy distintas, todas ellas se proponen
registrar los horrores y la violencia social en América Latina, a través de lo fantástico, lo
corporal, lo erótico y lo poético.
2. La publicación Tierra fresca de su tumba, la obra cumbre de Giovanna Rivero, es un acto
de reconocimiento a la más influyente escritora boliviana del momento y a una de las
voces que más tiene que decir en la actual renovación de la literatura fantástica
hispanoamericana. Giovanna Rivero es una escritora de larga trayectoria (este es su
décimo libro publicado) y estamos seguros que estos relatos extraordinarios, cargados
de furia simbólica que invita a reflexiones profundas, van a ser su consagración
definitiva en España.
3. Tierra fresca de su tumba se compone de seis relatos de belleza turbia, que abordan temas
muy perturbadores: el canibalismo, la legitimidad de la venganza de un pueblo, el
incesto como intento de supervivencia, la hechicería indígena frente a la sabiduría
japonesa, el cuerpo como un cadáver al que nos vamos acostumbrando… Son cuentos
que atraviesan al lector como una herida, pero que al final, sorprendentemente, nos
hacen comprender las posibilidades del amor, la justicia y la esperanza.
4. Tierra fresca de su tumba es una exploración de la fragilidad a través de sus personajes, a
menudo mujeres, que un día decidieron asomarse a su abismo interior y enfrentarse al
mundo, interponiendo como único escudo protector el propio cuerpo: niñas obesas o
prematuramente preñadas, mujeres cuya demencia no es otra cosa que un corazón
despedazado, ancianas japonesas que cavan en el jardín para encontrar lo mejor y lo
peor de sí mismas.
5. En Tierra fresca de su tumba, Giovanna Rivero intenta responder narrativamente a esta
pregunta: ¿Cómo nos enfrentamos a las pérdidas y a los sucesos más extraños que nos
rodean? Los pescadores que han regresado de mares envenenados dicen, por ejemplo,
que la muerte es sensual, que todo lo humedece. Las jóvenes revenants, por su parte,
seducen con sus explicaciones científicas sobre el comportamiento de las hormigas que
nos aproximan a una experiencia de vida. En Tierra fresca de su tumba todas las historias
se convierten en una búsqueda para encontrar asideros que nos permitan seguir
viviendo en un mundo enloquecido, que ataca a los más débiles constantemente.
6. En Tierra fresca de su tumba laten sutilmente algunos secretos de esa tierra profundamente
desconocida que es Bolivia, incluso cuando sus protagonistas atraviesan desesperados
las nieves de un territorio métis en Canadá. En las páginas de este libro conviven
personajes marginales, llenos de pobreza o demencia pero también de silenciosa poesía,
con la elegancia supersticiosa de las grullas de papel del arte japonés.
7. Tierra fresca de su tumba es un libro escrito casi en trance, en que lo fantástico, la magia, el
dolor y la belleza reclaman unos lectores especialmente sensibles y atentos a los
detalles: en ellos están algunas pistas de cómo resistir a los embates de un mundo
agreste que parece querer aniquilar todo lo que toca.
8. Giovanna Rivero posee una prosa delicada y conmovedora, que sorprende siempre por
su lirismo atroz. En Tierra fresca de su tumba se acerca sin que le tiemble el pulso a la más
terrible desnudez del alma, en que la muerte representa la parte más intensa del largo
trayecto humano.
FRAGMENTO DE TIERRA FRESCA DE SU TUMBA
LA MANSEDUMBRE
–¿Era caliente el líquido viscoso que te dejaron ahí?
–¿Caliente?
–Tibio. Viscoso. ¿Era un líquido como la clara del huevo? La clara, Elise,
cuando recié n quiebras el cascaró n…
–Sí. Creo que sí. No lo sé . Pensé que era sangre del mes.
–Y sin embargo no era. Era la semilla de un varó n.
–Sí, Pastor Jacob. Digo la verdad.
–La verdad siempre es má s grande que los siervos. Y má s si la sierva se ha
distraído, si no se ha cuidado como lo exige el Señ or. Nosotros vamos a determinar
cuá l es la verdad. Segú n hemos grabado en tu primer testimonio, tú estabas sumida
en un sopor extrañ o como si hubieras ofrecido tu voluntad al diablo.
–Yo jamá s le ofrecería mi voluntad al diablo, Pastor Jacob.
–No digas “jamá s”, Elise. Somos dé biles. Tú eres muy dé bil, ya ves.
–Yo estaba dormida, Pastor Jacob.
–Eso lo tenemos en cuenta.
–¿...Vendrá mi padre a la reunió n de los ministros?
–No. El hermano Walter Lowen no puede formar parte de la reunió n. Ya la
deshonra y la tribulació n lo tienen muy ocupado. Anda, Elise, dile a tu madre que
traiga las sá banas de esa noche, vamos a examinarlas. Que ya nadie las toque. Todo
es impuro ahora, ¿me entiendes?
–Sí, hermano Jacob.
II
Su padre la mira por unos segundos y luego aparta los ojos, avergonzado, piensa
Elise, o enojado. O ambas co- sas. De inmediato vuelve a ocuparse del tema que los
ha llevado hasta allí, hasta esa villa en los má rgenes de la vida. Ese conjunto de
casas no se parece en nada a la colonia. Son construcciones dispersas, obstinadas
en alcanzar algú n retazo de ese cielo sucio, sin pá jaros. Dos o tres horribles
edificios de ladrillo visto y ventanas mezquinas reinan en todo ese lodo. Elise mira
sus zapatos y piensa que debería quitá rselos, cuidarlos mejor por si el pie le crece.
Tiene quince, es cierto, pero ha escuchado que a su abuela Anna el pie le creció
hasta que tuvo su primer hijo, a los dieciocho. Ella es muy parecida a la vieja Anna:
los ojos casi transparentes, la frente redonda, como ideando soluciones o
alabanzas. A ella tambié n, cuando canta, se le brotan azules como riachuelos sub-
terrá neos las venas de las sienes. Eso es cantar con amor, dice su padre. O decía.
Porque despué s del ú ltimo turbió n el mundo se precipitó sobre ella.
Elise entiende palabras salpicadas del españ ol que su padre utiliza para
hacer las transacciones con el indio. “Tractor”, “luna” y “quinientos pesos” es lo que
Elise comprende. Aunque no está muy segura de la ú ltima. Tambié n podría ser
“quinientos quesos”. El añ o anterior, cuando el turbión de junio desbordó el río y
los cauces artificiales y ahogó sin un ápice de piedad las plantaciones de soya,
Walter Lowen, su padre, salió del paso aumentando la producción de queso. Ella le
rogó con humildad que le permitiera acompañarlo a la feria de Santa Cruz para
ayudarle a vender los quesos. Eran más de quinientos rectángulos perfectamente
cuajados, con la mejor leche, apenas dorados por los pocos rayos de sol que se
colaban entre las altas ventanas del galpón donde las mujeres se encargaban del
desmolde. Esa vez comprendió poco, casi nada, de lo que su padre hablaba con los
compradores. Algunos la miraban sin disimulo, tal vez elaborando razones
genéticas descabelladas para entender los inquietantes ojos albinos, y
murmuraban algo o le sonreían directamente. ¿Era bonita Elise? No precisamente,
pero tenía que agradecerle al Señor la composición definida de su rostro, la
manera en que el mentón se apretaba contra el labio inferior, un poco más grueso
que el superior, y que era lo que según la propia abuela Anna le exigía ser más
sencilla, protegerse mejor.
Protegerse. Contra el turbión que todo lo destruía a puro dentelladas de
electricidad y agua. Protegerse, sí, ¡contra los designios del Señor! Y que Walter
Lowen jamás la escuchara blasfemando así.
Aunque es probable que su padre también blasfemara. Lo había encontrado
llorando con ira en los cobertizos, mientras les prendía fuego a las sábanas
ensangrentadas cuando por fin se las devolvieron, después de días de discusión en
la reunión de ancianos y ministros. Y llorando cuando en medio de la noche, como
si fueran ladrones de lá mparas, de luces ajenas, subieron las cosas má s
importantes al buggy: el cofrecito oxidado con los ahorros, los bolsos con ropa, el
edredó n de cuidadosos tulipanes bordados en puntos rellenos tan gorditos que
provocaba tocarlos y tocarlos, los á lbumes y los casetes con las imá genes y las
voces de sus muertos. No eran ellos los que debían marcharse. Pero eran ellos los
que se marchaban. “No miren atrá s”, les ordenó Walter Lowen, y entonces ella
apoyó su cabeza cubierta ú nicamente con la pañ oleta sobre el hombro blando de
su madre y se concentró en el traqueteo del buggy que registraba, bajo sus ruedas
de hierro, cada bache, cada uno de los tajos que el turbió n había hendido en los
caminos. Su cabeza contra el pecho oloroso a suero, a cebolla y vainilla de su
madre, el deseo má s fuerte que su joven espíritu de dejar todo atrá s, de no mirar,
como exigía Walter Lowen, que repitió justamente eso, “no miren atrá s”, hasta que
la frase no tuvo sentido porque ya otro pueblo con sus tentaciones modernas
comenzó a prefigurarse inevitable en lo que debía ser el horizonte.