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Capitulo 3

Adolescencia y Psicopatía

Duelo por el cuerpo, la identidad y los padres infantiles


por ARMINDA ABERASTURY – ADOLFO DORNBUSCH – NÉSTOR GOLDSTEIN –
MAURICIO KNOBEL – GELA ROSENTHAL y EDUARDO SALAS

Arminda Aberastury, al investigar las perturbaciones y momentos de crisis durante la


adolescencia1, encontró que la definición del rol femenino o masculino en la unión y procreación y
los cambios corporales que se producen durante este proceso -aparición de los caracteres sexuales
secundarios- son el punto de partida de los cambios psicológicos y de adaptación social que
también lo caracterizan. Siguiendo sus ideas, establecimos las correlaciones entre este período de
la vida y las psicopatías, que aquí exponemos.

Tanto las modificaciones corporales incontrolables como los imperativos del mundo externo que
exigen al adolescente nuevas pautas de convivencia, son vividos al principio como una invasión.
Esto lo lleva como defensa a retener muchos de sus logros infantiles, aunque también coexiste el
placer y el afán de alcanzar su nuevo estatus. También lo conduce a un refugio en su mundo
interno para poder reconectarse con su pasado y desde allí enfrentar el futuro. Estos cambios, en
los que pierde su identidad de niño, implican la búsqueda de una nueva identidad que se va
construyendo en un plano consciente e inconsciente. El adolescente no quiere ser como
determinados adultos, pero en cambio elige a otros como ideales. El mundo interno construido
con las imagos paternas será el puente a través del cual elegirá y recibirá los estímulos para su
nueva identidad, Este mundo interno jugará en este momento el mismo rol que tuvo "el equipo"
(Spitz) en el momento de nacer; equipo que le permitirá enfrentar el mundo y adaptarse a él con
mayor o menor felicidad.* Un mundo interno bueno, buenas imagos paternas, ayudan a elaborar
la crisis de adolescencia tanto como las condiciones externas conflictivas y necesarias durante este
período.

* El equipo con el que el niño nace es el resultado: a) de lo que trae en los genes, b) de las
condiciones en las que lo engendraron, e) de la vida intrauterina, y d) de la calidad del trauma de
nacimiento.

1
Aberastury, A.: "La fase genital previa". Buenos Aires, Revista de Psicoanálisis, XXI, 3, págs. 203-213, 1964.
- "La existencia de la organización genital en el lactante". Revista Brasileira de Psicoanálise, 1, 1, pág. 18, 1967.
- "La importancia de la organización genital en la iniciación del complejo de Edipo temprano". Buenos Aires, Revista de
Psicoanálisis, XXVII, 1, págs. 5-25, 1970.
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 51
El adolescente se va modificando lentamente y ninguna premura interna o externa favorece esta
labor, pues como toda elaboración de duelo, exige tiempo para ser una verdadera elaboración y no
tomar las características de una negación maníaca. La patología de estos duelos emparenta la
adolescencia con la psicopatía y en ambas la conducta de los padres puede favorecer o no estas
negaciones, en cualquiera de los tres planos o en los tres. La pérdida que debe aceptar el
adolescente al hacer el duelo por el cuerpo es doble: la de su cuerpo de niño cuando los caracteres
sexuales secundarios lo ponen ante la evidencia de su nuevo estatus, y la aparición de la
menstruación en la niña y del semen en el varón, que les impone el testimonio de la definición
sexual y del rol que tendrán que asumir, no sólo en la unión con la pareja sino en la procreación.
Esto exige el abandono de la fantasía de doble sexo implícita en todo ser humano como
consecuencia de su bisexualidad básica.

En este período de la vida se repite el proceso que en la segunda mitad del primer año conduce al
niño al descubrimiento de sus genitales y a la búsqueda simbólica de la otra parte, búsqueda que
realiza a través de la actividad del juego con objetos del mundo exterior animados o inanimados.
Esta exploración que el niño hace del mundo buscando la otra parte -la pareja- tiene la finalidad de
elaborar la desaparición de la fantasía del otro sexo en sí mismo.

Se produce también en esa época una actividad masturbatoria intensa, que surge no sólo como un
intento de descargar las tensiones genitales, sino también para negar omnipotentemente que se
dispone de un solo sexo y que para la unión se necesita de la otra parte. Es por esa característica
de negación omnipotente de la realidad -la diferencia de sexos- que la masturbación deja siempre
un remanente de angustia aun cuando logre la descarga de tensiones.

En la pubertad, la aparición de una intensa actividad masturbatoria tiene nuevamente el


significado de una negación maníaca y se acompaña -como en el primer caso- de fantasías de
unión.

En la primera mitad del primer año estas fantasías se centran en la pareja de los padres y la escena
primaria toma las características de coito continuo. El adolescente suele fantasear con el objeto
amoroso y esta fantasía tiene la misma finalidad que el juego en el primer caso: elaborar la
necesidad de pareja, negada a través de la masturbación.

La elaboración del duelo conduce a la aceptación del rol que la pubertad le marca. Durante la labor
de duelo surgen defensas cuyo fin es negar la pérdida de la infancia.

La angustia y los estados de despersonalización que suelen acompañar a la menstruación com~


también a la aparición del semen, tienen el significado defensivo de no aceptar que es en el propio

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 52


cuerpo en el que se están produciendo estos cambios. Ante la evidencia creciente de los cambios,
se refuerza la necesidad de lograrlos.

La prueba de realidad del crecimiento de su cuerpo podría verbalizarse así: "No soy un niño, he
perdido mi condición de niño; mis padres no son los padres de un niño, sino los padres de un
adulto; yo tengo que comportarme como un adulto, tal como mi cuerpo."

El duelo frente al crecimiento implica al yo y al mundo externo, y los desniveles entre el


crecimiento del cuerpo y la aceptación psicológica de ese hecho son mayores cuando el cuerpo
cambia rápidamente, y se incrementa la angustia paranoide de ser invadido.

Un adolescente de 17 años analizado por Sara Hilda Gellon decía: "Hoy tuve por un minuto la
sensación de que entiendo cómo soy, pero ¡qué raro! no me veía con mi cuerpo sino como cuando
tenía 6 años."

Cuando la experiencia le dio pruebas de su crecimiento genital -embarazó a una mujer- comenzó a
sentirse aún más pequeño. Repetía durante sus sesiones refiriéndose a cualquier tipo de actividad
o actuación: "Yo no puedo hacer eso porque soy muy chico" y llegó a mentir conscientemente
sobre su edad atribuyéndose sólo 14 años en vez de 17.

El sentimiento de ser pequeño servía para negar la realidad de su desarrollo genital. Esta angustia
se incrementó porque debió apoyar a su pareja para que abortara. En una sesión de esa época
dice: "Ayer a la tarde fui a pedir la libreta y el empleado de la Universidad me dijo que parecía de
14. No me gusta que crean que soy chico, pero represento 14. Soy un chico que hago preguntas en
la Facultad, que 'jode', y por eso me tienen que aguantar. En el partido dicen que se justifica lo que
hago porque soy un chico." Ante la interpretación de que quiere sentirse chico para no pensar que
concibió un hijo responde: "Yo no tenía nada que ver, ella se lo hizo", negando la participación del
hombre en la gestación. Y a la interpretación de que ante la culpa que siente quiere pensar que
sólo ella tuvo el aborto, responde: "¿Qué quiere decir? ¡Yo sólo soy un chico que se acostó con A.!"

Sólo cuando el adolescente es capaz de aceptar simultáneamente los dos aspectos, el de niño y el
de adulto, puede empezar a aceptar en forma fluctuante los cambios de su cuerpo, y comienza a
surgir su nueva identidad. Ese largo proceso de búsqueda de identidad ocupa gran parte de su
energía y es la consecuencia de la pérdida de la identidad infantil que se produce cuando
comienzan los cambios corporales.

Es en esa búsqueda de identidad cuando aparecen patologías que pueden llevar a confundir
habitualmente una crisis con un cuadro psicopático (o, neurótico de diverso tipo, o aún psicótico),
en especial cuando surgen determinadas defensas utilizadas para eludir la depresión, como ser la
mala fe, la impostura, las identificaciones proyectivas masivas, la doble personalidad y las crisis de
despersonalización, las cuales, si se alcanza a elaborar los duelos señalados, resultan pasajeros.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 53


El psicópata -como muchos neuróticos o psicóticos-, en cambio, fracasa en la elaboración del duelo
y no llega a la identidad adulta manifestando muchos de estos síntomas sin modificación.

En el adolescente y en el psicópata la elección de vocación despierta angustias similares. Lo que


traba la decisión no es la falta de capacidades sino la dificultad de renunciar, porque elegir toma el
significado, no de adquirir algo, sino de perder lo otro.

Cuando el adolescente adquiere una identidad, acepta su cuerpo, y decide habitado, se enfrenta
con el mundo y lo usa de acuerdo con su sexo. La conducta genital no se expresa sólo en el acto
sexual sino en todas las actividades; por eso en el psicópata el fracaso de la identidad sexual se
expresa también en todos los campos, como por ejemplo en el de la vocación.

En cuanto al duelo por los roles diremos, tal como lo señala Zac en "El impostor", que en la
psicopatía, la simbiosis de roles identificados proyectivamente y asumidos total y masivamente en
forma cruzada es un mecanismo defensivo. Esto es similar a lo que hemos señalado en el cuerpo.
Esa simbiosis de los roles correspondería a la imposibilidad de asumir en su cuerpo la existencia de
un solo sexo y de defusionar la imagen de los padres adquiriendo una nueva forma de relación con
ellos.

En el adolescente, las modificaciones en su cuerpo lo llevan a la estructuración de un nuevo yo


corporal, a la búsqueda de su identidad y al cumplimiento de nuevos roles: "¿Quién soy yo hoy?",
"¿quién soy yo?, "si yo fuera usted", "¿yo soy como usted?", "¿yo soy como todos?", son las
preguntas que diariamente se formula el adolescente.

Tiene que dejar de ser a través de los padres para llegar a ser él mismo. En los casos de adquisición
precoz de identidad adulta, encontramos que es un ser "a través de alguien". Si queda detenido en
eso, se produce un debilitamiento de la identidad, similar al que se produce en el yo infantil
cuando recurre permanente o demasiado preferentemente a una determinada defensa, la
proyección, por ejemplo.

Del mismo modo, las ideologías precozmente adquiridas y mantenidas sin modificación adquieren
carácter defensivo. Los cambios de identidad, muchas veces velocísimos, son normales en el
desarrollo y sólo a través de ellos se llega a una ideología.

Lo que M. Baranger2 describe en su artículo sobre la mala fe es la mejor transcripción de lo que


acontece en el adolescente normal. "Existen en él una multiplicidad de identificaciones, no
sedimentadas, contemporáneas y contradictorias." El adolescente se presenta como varios
personajes, a veces ante los mismos padres, pero con más frecuencia ante diferentes personas del
mundo externo, que nos podrían dar de él versiones totalmente contradictorias sobre su madurez,

2
Baranger, M.: "Mala fe y omnipotencia". Revista Uruguaya de Psicoanálisis, V, n° 2-5, 1963
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 54
su bondad, su capacidad, su afectividad, su comportamiento, e incluso, en un mismo día, sobre su
aspecto físico.

Las fluctuaciones de identidad se experimentan también en los cambios bruscos, en las notables
variaciones producidas en pocas horas por el uso de diferentes vestimentas, más llamativas en la
niña adolescente, e igualmente notables también en el varón.

No sólo el adolescente padece este largo proceso sino que los padres tienen dificultades para
aceptar el crecimiento a consecuencia del sentimiento de rechazo que experimentan frente a la
genitalidad y a la libre expansión de la personalidad que surge de ella. Esta incomprensión y
rechazo se encuentran muchas veces enmascarados bajo la otorgación de una excesiva libertad
que el adolescente vive como abandono.

Éste siente la amenaza inminente de perder la dependencia infantil-si asume precozmente su rol
genital- en momentos en que esa dependencia es aún necesaria. Cuando la conducta de los padres
implica una incomprensión de las llamativamente polares fluctuaciones entre dependencia -
independencia, refugio en la fantasía-, afán de crecimiento, logros adultos -refugio en logros
infantiles-, se dificulta la labor del duelo, en la que son necesarios permanentes ensayos y pruebas
de pérdida y recuperación. Entre esos procesos incluimos: a) algunas técnicas defensivas como la
desvalorización de los objetos para eludir los sentimientos de dolor y pérdida. Este mecanismo es
el mismo en la adolescencia y en la psicopatía, pero en aquélla es sólo transitorio; b) la búsqueda
de figuras sustitutivas de los padres a través de las cuales se va elaborando el retiro de cargas. Esta
fragmentación de figuras paren tales sirve a las necesidades y disociación* de buenos y malos
aspectos paternos, maternos y fraternos, lo que trae apareado a veces trastornos de la identidad,
que en otros casos son una consecuencia de la previa fragmentación del yo, sumada a la utilización
de ideologías falsas tomadas en préstamo del adulto. Si pudiera lograr una independencia absoluta
de la autoridad paterna o materna se observaría que la rebeldía frente a los padres es posible sólo
cuando fluctúan con el sometimiento a otras figuras que los reemplacen.

Existe una marcada disociación entre la actitud frente a los padres y a los sustitutos. Vinculada con
este fenómeno se encuentra muchas veces la búsqueda de ideologías a través de figuras
sustitutivas paternas, que sin embargo no constituyen aún verdaderas ideologías. Tienen
solamente el carácter defensivo de las formaciones reactivas.

* No es una casualidad que en casi todas las escuelas del mundo la enseñanza primaria se imparte
en todo su transcurso por una figura central de maestro, y en la escuela secundaria, en cambio, se ofrece al
joven un maestro para cada asignatura, adaptándose a estas necesidades de la adolescencia.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 55


Todos estos procesos van aconteciendo en planos conscientes e inconscientes, y muchas veces
aunque conscientemente desean crecer en todos los planos y ser como los padres, algo les hace
temer la condición de adultos y reaccionan de un modo paradojal. Inhibiciones genitales,
impotencia, angustia frente a la genitalidad, les pueden despertar la necesidad de mantenerse
como niños aunque sus cuerpos les muestren que ya no lo son.

Cuando el drama se debate en este plano, cuanto más crece su cuerpo, más infantil se muestra el
adolescente.

Estos conflictos, nacidos sobre todo de la disociación entre el cambio corporal y el psicológico, lo
llevan a la necesidad de planificación característica de la adolescencia, que abarca desde el
problema religioso, o el de la ubicación del hombre frente al mundo, hasta los más minúsculos
hechos de la vida cotidiana. No puede hacer planes sobre su propio cuerpo o sobre sus
identidades, que muchas veces lo invaden tanto como el crecimiento corporal, y recurre entonces
a la planificación y a la verbalización, que cumple en este período el mismo fin defensivo que la
omnipotencia del pensamiento y la palabra entre el final del primer año de vida y el comienzo del
segundo.

Pronunciar la palabra es como realizar el acto, y para el adolescente, hablar de amor, o planificar
sobre su vida amorosa futura aparece como una defensa ante la acción que siente imposible desde
dentro o desde fuera. Está en pleno crecimiento pero es impotente aún para hacer un uso positivo
de sus logros, tanto en el plano genital, como en el de sus nuevas capacidades, que se desarrollan
en todos los planos.

El mundo externo, en su dificultad de aceptar el crecimiento genital, va poniendo vallas, o por lo


menos no facilita el libre ejercicio de su genitalidad, de sus capacidades económicas y prácticas en
general, lo que secundariamente refuerza las defensas que inicialmente erigió frente al
crecimiento.

La crisis puberal determina un autismo defensivo, y la impotencia despertada por la continua


frustración frente al mundo real externo dificulta su salida hacia ese mundo, y lo hace refugiar en
la planificación y en las ideologías. Circularmente, esa planificación y esas ideologías defensivas, si
se estabilizan, pueden aislarlo cada vez más del mundo.

El adolescente es un ser humano que rompe en gran parte sus conexiones con el mundo externo,
pero no porque esté enfermo, sino porque una de las manifestaciones de su crisis de crecimiento
es el alejamiento del mundo para refugiarse en un mundo interno que es seguro y conocido.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 56


Como en todo impulso de crecimiento, existe también el temor a lo nuevo. La maduración genital
lo pone frente a la evidencia de que posee un instrumento efector de su vida genital, fantaseada y
anhelada desde la segunda mitad del primer año, cuando con el desprendimiento del vínculo oral
con la madre se instala el triángulo edípico y el anhelo de recuperar a través de los genitales la
unión perdida boca-pecho. Mientras esta unión es fantaseada o realizada a través de la actividad
de juego o de la masturbación con fantasías omnipotentes de tener los dos sexos, la angustia es
mantenida a raya con métodos defensivos propios de la infancia. Pero cuando aparece el elemento
nuevo, la posibilidad de llevar a la acción lo que hasta entonces era fantasía, no sólo incrementa la
angustia, sino que ésta toma nuevas características que exigen también que se erijan nuevas
defensas.*

La omnipotencia de las ideas y la planificación son defensas que a esa edad están al servicio de la
adaptación a un nuevo rol. El incremento de la angustia, la debilidad del yo y mecanismos previos
de solución de conflictos por la acción que pueden llevar al adolescente a fugarse hacia una precoz
genitalidad, o a un tipo de actuación con apariencias de madurez temprana que encubre un
fracaso en la personificación.

En el primer caso nos vamos a encontrar con actuaciones psicopáticas que se evidencian en la
tendencia a la acción no planeada y que buscan encontrar en la acción misma el castigo por deseos
prohibidos. Por ejemplo, en adolescentes psicopáticos con tendencia al acting-out sexual se
encuentra el más alto porcentaje de contagio venéreo.

Vamos ahora a establecer comparaciones entre algunos de los rasgos que se consideran
característicos de las psicopatías y de la adolescencia, que se comprenden a la luz de la elaboración
de los duelos mencionados.

El psicópata necesita, generalmente, estar con gente; su forma de comunicación se da a través de


la acción y necesita de los otros para realizarla. Además, por miedo a conocer su interior busca
estar acompañado, para no sentir su propia soledad.

El adolescente, por el contrario, necesita estar solo y replegarse en su mundo interno. Le es


necesario este recogimiento para, desde allí, salir a actuar en el mundo exterior.

El autismo que se ha descripto como típico de la adolescencia lo conduce a una cierta torpeza en la
comprensión de lo que pasa a su alrededor; está más ocupado en conocerse que en conocer a los
demás .

* Se repite lo que en el plano oral aconteció cuando las fantasías canibalísticas, que eran sólo
fantasías, pasan, con la aparición de los dientes, a ser una realidad posible de ser realizada a través del
instrumento efector que es el diente. Este acontecimiento pone en marcha la genitalidad, una serie de
logros y también la adquisición de la palabra.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 57


El psicópata, por el contrario, tiene un insight defensivo sobre lo que el otro necesita y lo utiliza
para su manejo. En el psicópata es manifiesta la compulsión a actuar y la dificultad para pensar, y
la acción no tiene el valor instrumental de adquirir expenencia.

El adolescente piensa y habla mucho más que lo que actúa. Cree en la comunicación verbal y la
necesita. Se frustra si no es escuchado y comprendido. Cuando se produce un fracaso repetido en
esta comunicación verbal puede recurrir al lenguaje de acción yeso se hace muy evidente en la
compulsión a robar o a realizar pequeños actos delictivos; en ese momento, el adolescente entra
ya dentro de cierta psicopatía.

M. Klein fue la primera en señalar la fuente de sufrimiento que es, en el niño, la imposibilidad de
hablar para comunicarse, y cómo ese sufrimiento puede agudizarse cuando ha adquirido ya
algunas palabras pero no es comprendido en su medio3.

En la adolescencia, la comunicación verbal adquiere el singular significado de un preparativo para


la acción y como la palabra está investida de una omnipotencia similar a la que tenía en la infancia,
el hablar de amor equivale al amor mismo, y no ser atendido en sus comunicaciones verbales
implica ser desestimado en su capacidad de acción. Esto explicaría la susceptibilidad que
caracteriza al adolescente cuando no se lo escucha. El fracaso en esa comunicación puede
conducirlo a la acción.

En el caso de B., varón de 15 años, cuando perdió la esperanza de ser comprendido por sus padres,
empezó a escribir su diario íntimo y casi paralelamente comenzó a realizar pequeños robos que
describía en el mismo diario. Se las arregló de tal modo que este diario despertase la atención de
sus padres. A través de la confesión verbal del acto delictivo, la palabra recuperaba su perdido
valor de comunicación. Los padres relataban cómo este joven, que había terminado por estar
totalmente desconectado de ellos, que se les había transformado en un extraño, restableció la
conexión perdida a través de su diario.

La utilización de la palabra y el pensamiento como preparativos para la acción es una característica


del adolescente y cumple la misma función que el juego en la infancia: permitir la elaboración de la
realidad y adaptarse a ella.*

* Una de las formas en que el adolescente del que hemos hablado quiso negar su responsabilidad
fue el estudio del "determinismo filosófico": si todas las cosas en el mundo tienen un destino fijado de
antemano, él nunca hubiera podido impedir lo que ocurrió. En su desesperada necesidad de eludir la culpa,
llegó a formulaciones matemáticas que probaban lo ineludible de lo que está determinado en la naturaleza.

3
Klein, M.: El psicoanálisis de niños. Buenos Aires, Hormé, 23 ed., 1964
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 58
La identidad lograda al final de la adolescencia, si bien tiene su relación con las identificaciones del
pasado, incluye todas las del presente y también los ideales hacia los cuales tiende. El destino de
las identificaciones de la infancia dependerá no sólo de la elaboración interna que realiza el niño,
sino también de las pautas de conducta de la familia y de la sociedad. La formación de la identidad
comienza con la vida misma, pero el logro de la identidad sexual exige la libre experimentación, y
atraviesa fluctuaciones.* En ese sentido, los tabúes y prohibiciones sexuales y las inhibiciones
genitales de padres y maestros no sólo la retardan, sino que pueden conducir a su patología.

En un buen desarrollo, la aceptación de la vida conduce a una aceptación de la muerte como un


fenómeno dentro de la evolución, lleva a una mayor capacidad de amor y de goce y a una mayor
estabilidad de los logros. En cambio, si los sentimientos de pérdida están negados, como en el
psicópata, no existe el cuidado por el objeto ni por sí mismo, el afecto está negado y la capacidad
de goce en la vida, disminuida.

La elaboración del duelo por el cuerpo infantil y por la infancia del doble sexo conduce a la
identidad sexual adulta, a la búsqueda de pareja y a la creatividad. Cambia así la relación con los
padres adquiriendo ésta las características de las relaciones de objeto adultas.

El logro de la identidad y la independencia lo conduce a integrarse en el mundo adulto y a actuar


con una ideología coherente con sus actos .

El psicópata, por un fracaso en la elaboración de esos duelos, no alcanza la verdadera identidad y


la ideología que le permitirían alcanzar este nivel de adaptación creativa.

* Este tema está tratado más exhaustivamente en el capítulo sobre el Síndrome de la Adolescencia
Normal, de Knobel, y en el de Rosenthal y Knobel.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 59


La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 60
Arminda Aberastury. M. Knobel.
La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico.
México, Paidós educador, 2004. pp. 93-102.
Capitulo 4

Adolescencia y Psicopatía

Con especial referencia a las defensas


por ARMINDA ABERASTURY – ADOLFO DORNBUSCH – NÉSTOR GOLDSTEIN –
MAURICIO KNOBEL – GELA ROSENTHAL y EDUARDO SALAS

La idea de escribir este trabajo surgió en nuestro grupo de estudios, luego de la lectura de dos
historiales, uno de Betty Joseph4 y otro de Alberto Campo5, en los que describen el análisis de
adolescentes psicopáticos. Como en la adolescencia hallamos muchas de las perturbaciones que se
encuentran en la psicopatía, nos pareció interesante estudiar algunas de sus diferencias y
semejanzas, apoyándonos en estos casos ya conocidos. Mientras lo escribíamos surgió la idea de
incluir el material clínico de un adolescente analizado por Sara Hilda Gellon y controlado por
Arminda Aberastury* para mostrar, utilizando material clínico, algo de lo que teóricamente
describimos al hablar de adolescencia.

Como ya lo señalamos, los cambios corporales y psicológicos que se producen durante la pubertad
y la adolescencia obligan al sujeto a abandonar la identidad y los roles que caracterizaron su
estatus de niño. Esta renuncia exige una dolorosa y lenta labor de duelo que incluye el cuerpo, la
mente y las relaciones de objeto infantiles.

* Se trataba de un joven de 17 años que había empezado su vida sexual. Mantenía una
relación amorosa estable con una mujer casada, madre de tantos hijos como su propia madre. En
este caso pudimos comprobar -con claridad poco frecuente y mientras los estaba viviendo-Ios
procesos de duelo por la infancia que caracterizan a la adoiescencia. La elaboración depresiva del
embarazo y aborto que luego mencionamos nos permitió ver cómo se defendió de asumir la
paternidad. Al hacer consciente el duelo por el hijo perdido surgieron sentimientos de pérdida y
dolor no sólo por el hijo sino por su paternidad no cumplida.

4
Joseph, B.: “Some characteristics of the psychopathic personality”. International Journal of Psychoanalysis, XLI, 4-5,
1960
5
Campo, A.; El pensamiento y la culpa en la personalidad psicopática. Buenos Aires, A.P.A., 1963
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 61
Desde esta perspectiva, la adolescencia, analizada detenidamente en capítulos anteriores, es uno
de los grandes momentos en la vida del individuo en su relación con el mundo circundante.*

En vista de que los conceptos generales sobre psicopatías han sido publicados con todo detalle en
la obra Psicoanálisis de la manía y la psicopatía, editada por A. Rascovsky y D. Liberman,
pasaremos directamente a mostrar las relaciones entre las defensas usadas en la psicopatía y las
que surgen durante el desarrollo normal de la adolescencia. Puede señalarse, siguiendo a Betty
Joseph, que las defensas en las psicopatías son técnicas para eludir la depresión, la culpa y la
criminalidad, a lo que Campo agrega la tendencia al suicidio. Por medio de ellas el psicópata
consigue lo que parecería ser su objetivo fundamental: lograr un aparente equilibrio.**

Ya aquí podemos señalar que en la adolescencia la movilidad, multiplicidad e intercambiabilidad de


las defensas otorga, sólo transitoria y parcialmente -y en determinadas ocasiones- la apariencia de
equilibrio descripto en las psicopatías. Esto se logra y se pierde tantas veces como obtenga el yo
éxitos o fracasos transitorios en el establecimiento de la identidad.

Otra diferencia fundamental es el uso que ambos hacen del lenguaje. En el adolescente la palabra
es un medio básico de comunicación. En el psicópata ha perdido este valor instrumental, siendo
sustituida en parte por la acción. Si bien en el psicópata un daño en las funciones del yo, a
consecuencia del ejercicio repetido y rígido de determinadas defensas, puede traer como
consecuencia una compulsión a hablar, en este caso el lenguaje es más acción que comunicación.
Un especial trastorno del pensamiento -cuando el lenguaje pierde su valor de comunicación y
adaptación a la realidad- es la compulsión a actuar que puede invadir el campo del trabajo y del
aprendizaje. La finalidad de esta defensa es poder dominar la angustia de la espera.

* Los otros son el nacimiento, la instalación de la fase genital previa, alrededor del sexto mes de
vida, y al final del primer año con la aparición de la genitalidad, la bipedestación, la marcha y el lenguaje. La
importancia fundamental de estos cambios explica por qué ha sido necesaria la búsqueda de nombres que
caractericen el cambio de estatus de feto a infante, de infante a niño, de niño a adolescente y de
adolescente a adulto. En cada uno de ellos se impone la ruptura de una identidad y el logro de una nueva, a
través de una forma de conexión con los objetos.

** En su trabajo "Comentarios sobre el análisis de un psicópata", R. H. Etchegoyen describe en


diversas situaciones los distintos mecanismos defensivos que presentaba su pacien~ adolescente y hace
mención en especial a un tipo de defensa que denomina (según la sugerencia de Grinberg) "insight
defensivo" y que se agrega a los ya mencionados por Betty ]oseph y Alberto Campo.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 62


El adolescente que trató Betty Joseph la atacaba indiscriminadamente con el cuerpo o con
palabras, y este mismo impulso lo conducía a arañarse o desgarrarse el cuerpo. Este mecanismo es
subyacente a las actuaciones impulsivas suicidas, que también son frecuentes en este período. En
el terreno sexual, la huida hacia una acción que tiene el significado de una pseudogenitalidad
provoca también autoagresiones en el cuerpo y en la mente. En ambos casos la compulsión a
atacar o atacarse parece ser el producto de un inadecuado manejo de la función perceptiva del yo
y de la del control de la motricidad (al servicio de la autoconservación) por el uso imperfecto de
defensas cuya finalidad debería normalmente ser la de luchar contra la angustia para que ésta no
inunde al yo, permitiéndole funcionar libremente.

En el psicópata, a diferencia del adolescente, el aprendizaje no se logra a través de la acción,


porque ésta es usada como defensa. Mecanismos de proyección, negación y represión condicionan
trastornos en la memoria y en la relación con los objetos. Tanto la negación de la percepción como
la del vínculo con los objetos acarrea una verdadera locura de la percepción.

Alberto Campo estudia exhaustivamente las defensas que entran en juego para determinar en las
psicopatías el trastorno del pensamiento y la ausencia de la culpa. Señala que al negar la culpa se
está negando también el vínculo con el objeto. La negación del vínculo trae apareada la
imposibilidad de rehacer el objeto en la memoria, lo que inevitablemente trae un déficit en la
acumulación de experiencias. Al borrarse la experiencia se niega también cualquier
responsabilidad por el acto y éste, por lo tanto, no puede relacionarse con hechos nuevos, lo que
hace que el psicópata no pueda prever, porque la condición básica de toda previsión es el recuerdo
causal y fiel de la experiencia acumulada. El daño en la función mnémica se origina en el uso
excesivo de la represión y de la negación. Lo que habitualmente se señala en los psicópatas como
"incapacidad de tolerar tensiones" se explica quizás y es la expresión del fracaso del uso de
defensas que, al estar concentradas en el logro de un aparente equilibrio, descuidan el manejo más
útil de las mismas para el dominio de la ansiedad. Este equilibro aparente está muy relacionado
con la impostura, la mentira y la mala fe, modalidades todas del fracaso en la consecución de la
identidad, como se ha estudiado en otros trabajos.

El esfuerzo por querer controlar las tendencias destructivas puede llevar al paciente -junto con el
logro de este aparente equilibrio- a un aburrimiento o a una paralización, de lo que sólo logra
evadirse a través de la acción impulsiva, expresando en este síntoma la lucha entre la vida y la
muerte y su fracaso en el control de la motricidad. Tanto en el adolescente como en el psicópata la
acción puede ser una defensa contra la paralización, el aburrimiento y el deseo de muerte.

Como el pensamiento impone una demora y el yo del psicópata no sabe esperar, ignora los límites
de la acción y sus consecuencias, y se produce un trastorno en el pasaje del pensamiento a la
acción. En el adolescente, en cambio, el pensamiento es una preparación para el actuar. Después

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 63


de cada acción le queda como residuo una experiencia que enriquece el aprendizaje y de la que se
siente responsable.

Por supuesto, sería necesario investigar cuáles son los acontecimientos y cuál el período de la vida
en el que surge por primera vez este trastorno en la psicopatía. Pensamos que el punto de vista de
Melanie Klein6 sobre el origen del pensamiento arroja alguna luz sobre el problema. El
pensamiento es para ella el hijo espiritual tenido con los padres en el comienzo de la situación
edípica junto con la aparición del instinto. epistemofílico. Si en el psicópata -tal como lo hemos
señalado en el trabajo sobre duelo- existe una dificultad para llegar a la identidad sexual y una
fijación a la imagen de los padres en coito, la iniciación del complejo de Edipo y la génesis del
pensamiento estarían dificultados ya desde el principio.

Entre otros motivos desencadenantes incluimos también la duplicidad real de figuras maternas o
paternas cuando ambas realizan roles intercambiables o semejantes en la educación del niño
(madre-ama de leche, madre-abuela, madre-amante del padre, padreamante de la madre), porque
dificultan la integración de la imago de la madre y en consecuencia de la del padre.

En el caso citado por Campo se ve la actuación de un yo débil y un mal manejo de las defensas
desde el primer momento, ya que señala un retraso en la dentición -el primer diente apareció a los
ocho meses- y en la marcha -que se inició a los catorce meses-. Traumas posteriores: a) operación
de amígdalas a los cinco años, y b) golpes en las piernas, reforzaron los mecanismos defensivos.
Además, en este caso, la actitud retentiva y sobreprotectora de la madre que "le permitía ver el
mundo sólo por la ventana y bajo su vigilancia" trabó las relaciones con el padre desde el comienzo
del complejo de Edipo y ulteriormente con todos los objetos del mundo exterior. Las angustias
genitales y el sometimiento anal a la madre se hicieron evidentes en las febrículas -calenturas-, que
desaparecieron cuando ésta abandonó la costumbre de tomarle la temperatura rectal.

Este y otros casos nos llevaron a pensar que para investigar el punto de fijación de la psicopatía
sería imprescindible estudiar siempre las circunstancias y manejos defensivos que en el primer año
de vida dificultaron la elaboración del duelo por el pecho y el paso al padre, ya que el fracaso en el
logro de la identidad sexual es, como hemos visto, de fundamental importancia en este trastorno.
Otro hecho que nos hace pensar en la trascendencia de este momento del desarrollo para
encontrar el punto de fijación de la psicopatía es que la palabra -cuya sede es la boca- está
perturbada hasta el punto de ser suplida por la acción con todo el cuerpo 7.

También convendría estudiar, en la génesis de la dificultad para alcanzar la identidad sexual, los
acontecimientos que en la genitalidad temprana -luego del descubrimiento de los genitales-

6
Klein, M.: El psicoanálisis de niños. Buenos Aires, Hormé, 1964
7
Stoller, R.J.: “A contribution to the study of gender identity”. International Journal of Psychoanalysis, XXV, 2-3, 1964
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 64
pueden trabar su evolución. Se hace necesario así investigar detenidamente la exploración, la
exhibición, la masturbación, el juego, la identificación proyectiva con la pareja de los padres y el
predominio de situaciones internas o externas, que condicionan el uso de defensas que,
perturbando el desarrollo, permiten sin embargo mantener un equilibrio aparente.

En las psicopatías la identidad sexual está en conflicto porque no se ha resuelto en el curso del
desarrollo: el psicópata no ha elaborado adecuadamente el duelo por el otro sexo. Por eso la
escena primaria sigue teniendo un rol tan importante, como tan repetidamente lo señala Zac en su
trabajo sobre el impostor8.

La definición sexual impuesta por la pubertad trae como consecuencia una negación defensiva de
la diferenciación como intento de negar el necesario duelo por la otra parte. La escena primaria
vivida como un coito continuo tranquiliza al púber, la unión evita la pérdida. Unido al otro sexo
conservará, a la vez, sus genitales y los del otro. De esta manera satisface a través de la
identificación proyectiva la necesidad de unirse, y en su cuerpo la niega9.

En el psicópata y en el adolescente una defensa contra la intimidad sexual es poner distancia


(interna o externa) frente al sexo opuesto mediante un control fóbico. Pero el miedo y la
desconfianza iniciales llevan al adolescente a prepararse para la intimidad sexual mediante
pruebas de pérdida y recuperación de esa distancia, lo que en el psicópata es imposible porque la
acción no enriquece, ni siquiera mínimamente, este aprendizaje.

Una adolescente de 18 años tratada por Eduardo Salas planteó en una sesión la necesidad de irse
del grupo, porque consideraba muy superficial dicha terapia para los conflictos que ella quería
elaborar. Justamente en la sesión anterior uno de los integrantes había traído al grupo la narración
de cómo había excitado a su chica y qué actitudes había tomado ésta al sentir su orgasmo. La
paciente trataba de esta manera de poner distancia entre su propia excitación y la de la
protagonista del relato del otro. Por su parte éste contó el susto que se llevó al ver a su pareja
excitada y en orgasmo. Tanto lo había asustado que hacía una semana que no la veía y tenía miedo
de encontrarse con ella (evitación fóbica).*

* El adolescente tratado por Sara Hilda Gellon mostró estos mecanismos en una sesión que fue
estudiada exhaustivamente durante un control colectivo, pero la extensión del trabajo nos impide
exponerlo aquí. En la hora anterior a la del paciente venía una mujer joven con la que se encontraba cuando
llegaba temprano; empezó a llegar tarde para evitarla y fue esa evitación fóbica la que se estudió en detalle.

8
Zac, J.: “El impostor. Contribución al estudio de las psicopatías”. Buenos Aires, Revista de Psicoanálisis, XXI, 1, pág.
58, 1964
9
Campo, A.; El pensamiento y la culpa en la personalidad psicopática. Buenos Aires, A.P.A., 1963
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 65
También en la adolescencia, ante la inminencia y posibilidad del logro de unión genital, surgen
defensas propias para ese momento y para la ansiedad que provoca. Una de ellas es la
omnipotencia de las ideas. Mediante ella puede realizarse todo sin experimentar el peligro de la
prueba de realidad por la acción. Un adolescente que había hablado durante muchas sesiones de
sus actividades políticas en la facultad, dijo:

"Querían intervenir la facultad, los diarios nos criticaron porque hicimos el acto por los caídos el 9
de junio en las reuniones... " Cuando la analista le pidió que describiera las reuniones, dijo: "Esas
que hace Romero con otros en el salón grande con sillas tapizadas muy lindas. Yo nunca entré, lo vi
desde afuera." El salón a que se refería era el Consejo de la facultad, que a pesar de haberlo
mentado muchas veces, evidentemente desconocía. Al mostrársele así que no se atrevía a entrar
en el mundo de los grandes, comenzó a quebrársele la defensa estructurada -en este caso- bajo la
forma de una ideología política erigida contra una realidad que lo asustaba. El paciente dijo: "Es
cierto, no sé nada, creo que en el Consejo hasta hay estudiantes. R., un compañero de partido,
entró en la clase de Borges y le gritó: Yo no podría." La omnipotencia de las ideas y la planificación
son defensas que en ese período están al servicio de la adaptación a un nuevo rol.

La necesidad de experiencias amorosas y el temor a tenerlas pueden conducir al adolescente a


utilizar como defensa la compulsión a "devorar novelas" o a "devorar películas", intentando de
esta manera aprender a través de personajes lo que no logra realizar en la vida real. A veces se
refugia en una compulsión a extraer de los libros la experiencia que tampoco se atreve a investigar
en la vida real, y el estudio se transforma más en una defensa que en una sublimación. Una niña de
diez años* desplazó las ansiedades provocadas por los cambios corporales, que le sucedían en
forma rápida y continuada, a una desproporcionada preocupación por sus estudios, sintiéndose
obligada a obtener notas muy altas en todas las asignaturas. Conseguía sus calificaciones pero
sufriendo una gran preocupación, que no correspondía con la realidad. En la única materia donde
fallaba esta defensa era en geografía, materia dictada por un profesor, es decir por un sujeto de
distinto sexo que el suyo. Las dificultades estaban centradas en el recuerdo de los accidentados
bordes de los continentes. Asociaba golfos, bahías, penínsulas y demás irregularidades con su
propio cuerpo y los cambios que éste iba sufriendo con el crecimiento.

El miedo a la intimidad sexual entra en conflicto con la pujanza instintiva, que lo impele a la
investigación y a la unión, y el adolescente suele resolverlo con medidas defensivas que lo
conducen a actitudes fóbicas frente al otro sexo. Desde este punto de vista es importante estudiar
la relación del adolescente con el tiempo, y la necesidad que siente de precipitar las experiencias o
demorarlas, porque en este período existe una polaridad entre el sentirse extremadamente joven y
extremadamente viejo, sin tiempo ya para vivir.

* Tratada por Eduardo Salas.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 66


El dejarse morir, señalado por Grinberg10 como deseo de una parte del yo explica las crisis de
muerte y las fantasías suicidas en los adolescentes y confirma lo que Campo observa al estudiar las
defensas erigidas en las psicopatías. Ese deseo de morir puede transformarse en un suicidio real,
cuando fracasa el pensamiento y se llega a la acción. En estos casos, "ser" un suicida puede
transformarse en una elección de identidad (Erikson) con el mismo significado de la adquisición de
identidad a través del apellido, de la fortuna, de la fama de los padres, donde existe un verdadero
fracaso de la identidad, una muerte del propio yo.

Frente a la angustia que trae la difusión de la identidad en el adolescente y en el psicópatii, puede


surgir la búsqueda de una identidad totalitaria, como si el definitivo hecho de ser alguien o alguien
malo o incluso morirse en forma total y por elección libre fuera mejor que ser "más o menos
alguien... "11.

Esta misma angustia vinculada con el trastorno en la percepción del decurso del tiempo es la que
impulsa a un adolescente a iniciar precozmente su vida genital antes de haber elaborado su
identidad sexual, como si no pudiera esperar a que ésta llegue.

La misma premura en la búsqueda de la identidad total puede conducir a la adquisición de


ideologías que son sólo defensivas o, en muchos de los casos, prestadas por el adulto, pero no
auténticamente incorporadas al yo. Tanto la ideología como la identidad son necesidades del yo
adolescente para poder integrarse en el mundo del adulto: nueva situación en la que se siente
urgido por el desarrollo corporal. Con sus raíces en el pasado, cada ideología debe ser como la
imagen del cuerpo, una creación y no una dádiva ni un préstamo. "Una ideología -según Erikson-
debe ser un sistema coherente de imágenes, ideas e ideales compartidos que proveen a sus
participantes de una orientación total, coherente, sistemáticamente simplificada en el espacio, en
el tiempo, en los medios y en los fines." La adolescencia necesita basar sus rechazos y sus
aprobaciones en alternativas ideológicas relacionadas en forma vital con los límites existentes en la
formación de la identidad. Su adquisición exige un largo proceso, en el cual se va elaborando el
duelo de las ideologías sustitutivas de la relación con los padres. Es frecuente que los primeros
intentos tengan las características de una formación reactiva contra ellos o se asimilen totalmente
a los de una persona que constituye un ideal sustitutivo de los padres. La propia ideología surge a
la par de la identidad adulta. El logro de esta identidad es una meta a la que debe llegarse
asumiendo la creatividad en forma de paternidad o de maternidad tanto como de creatividad en el
mundo, y se logra a través de los duelos mencionados. Cuando el adolescente comienza a sentirse
cómodo en su propio cuerpo y cuando empieza a saber adónde va, tiene la certidumbre de
empezar a ser reconocido en su medio, adquiere una cierta conciencia tranquila de ese

10
Grinberg, L.: “El individuo frente a su identidad”. Buenos Aires, Revista de Psicoanálisis, XVIII, pág. 5, 1961
11
Erikson, E.: “El problema de la identidad del yo. Identidad y adolescencia”. Montevideo, Revista Uruguaya de
Psicoanálisis, V, 2-3, 1963
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 67
crecimiento y disminuye la intensidad de las defensas. Entonces sus logros se hacen más fáciles y
útiles. En el psicópata el fracaso en la elaboración del duelo de la infancia, en los tres planos
estudiados, le impide el logro de una identidad coherente y de una ideología verdadera, lo que le
imposibilita incluirse en el mundo y actuar en él adecuadamente. El psicópata actúa como si
tuviese los dos sexos; en consecuencia la elección de pareja pierde importancia y se refuerza el
interés por la pareja de los padres, y la confusión en su identidad lo lleva a no poder formarse una
ideología propia.*

* Comprendemos que éste es sólo un primer acercamiento al problema y que hay mucha literatura
sobre el tema que ha quedado fuera de este trabajo, pero era la forma de centrarlo en una hipótesis de
investigación que surgió –tal como hemos señalado al comienzo– de la lectura de dos historiales. Parte de
los trabajos elaborados y especialmente este capítulo, fueron concretados en un grupo de estudio dirigido
por A. Aberastury e integrado por Elsa Aidenberg, Delia Grad, Alicia Aslan de Marotta y Guillermo Rinaldi, a
quienes agradecemos sus valiosos aportes.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 68


Arminda Aberastury. M. Knobel.
La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico.
México, Paidós educador, 2004. pp. 103-112.
Capitulo 5

EL PENSAMIENTO EN EL ADOLESCENTE Y EN EL ADOLESCENTE PSICOPÁTICO


por GELA ROSENTHAL – MAURICIO KNOBEL

En este capítulo presentamos las ideas surgidas en un grupo de estudio dirigido por Arminda
Aberastury,* elaborando sus nociones y el material surgido en las discusiones del tema12,13.

Básicamente, el proceso de la adolescencia, tal como está definido en el capítulo sobre el Síndrome
de la Adolescencia Normal, basado en conceptos de Knobel14, implica un cierto grado de conducta
psicopática inherente a la evolución normal de esa etapa. La exageración en la intensidad o la
persistencia de estos fenómenos configura la psicopatía, en el sentido y gnosológico del término.

De acuerdo con A. Aberastury, en la adolescencia se puede observar la elaboración de tres duelos


fundamentales:

1) duelo por el cuerpo infantil;

2) duelo por la identidad y el rol infantil;

3) duelo por los padres de la infancia.

Veamos cómo estos tres duelos repercuten en la esfera del pensamiento .

* Grupo constituido por Arminda Aberastury, Adolfo Dombusch, Néstor Goldstein, Mauricio Knobel,
Gela Rosenthal y Eduardo Salas.

12
Aberastury, A.: "La fase genital previa". Buenos Aires, Revista de psicoanálisis, XXI, 3, págs. 203-213, 1964
13
Aberastury, A.: "La existencia de la organización genital en el lactante" . Revista Brasileira de Psicoanálise, 1, 1, pág.
18, 1967
14
Knobel, M.: "Psicología de la adolescencia". La Plata, Revista de la Universidad Nacional de La Plata, 16, enero-
diciembre, 1962
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 69
DUELO POR EL CUERPO INFANTIL

En virtud de las modificaciones biológicas características de la adolescencia, el individuo, en esta


etapa del desarrollo, se ve obligado a asistir pasivamente a toda una serie de modificaciones que
se operan en su propia estructura, creando un sentimiento de impotencia frente a esta realidad
concreta, que lo lleva a desplazar su rebeldía hacia la esfera del pensamiento. Éste se caracteriza,
entonces, por una tendencia al manejo omnipotente de las ideas frente al fracaso en el manejo de
la realidad externa. Vive en ese momento la pérdida de su cuerpo infantil con una mente aún en la
infancia y con un cuerpo que se va haciendo adulto. Esta contradicción produce un verdadero
fenómeno de despersonalización que domina el pensamiento del adolescente en los comienzos de
esta etapa, que se relaciona con la evolución misma del pensamiento. Las palabras son las
adquisiciones culturales transmitidas a los niños por los padres. La pérdida de los objetos reales se
va sustituyendo por símbolos verbales que son las palabras (pecho y madre reales se reemplazan
por las palabras correspondientes). Estos símbolos pueden manejarse omnipotentemente en su
sustitución fantaseada, y a medida que el pensamiento evoluciona, lo conceptual simbólico
reemplaza cada vez más a lo concreto real egocéntrico15. En el adolescente normal este manejo de
las idea les sirve también para sustituir la pérdida de su cuerpo infantil y la no adquisición de la
personalidad adulta, por símbolos intelectualizados de omnipotencia, reformas sociales y políticas,
religiosidad, en donde él no está directamente comprometido como persona física (ya que en este
estado se siente totalmente impotente e incómodo), sino como entidad pensante. Niega así su
cuerpo infantil perdido, y en fluctuaciones incesantes con la realidad, que lo ponen en relación con
sus padres, su familia y el mundo concreto que lo rodea y del cual depende, elabora esa pérdida y
va aceptando su nueva personalidad.

La despersonalización del adolescente implica una proyección en la esfera de una elucubración


altamente abstracta del pensamiento y explica la relación lábil con objetos reales a los que
rápidamente pierde, como pierde paulatina y progresivamente su cuerpo infantil.

"Esto nos permite seguir el equilibrio progresivo y comprender el papel específico de la vida
mental, el cual consiste en conquistar una movilidad y una reversibilidad completas, imposibles de
realizar en el plano orgánico"16.

Este proceso de despersonalización fluctuante en el adolescente normal puede por exageración en


su intensidad o por fijación evolutiva adquirir las características observadas en la psicopatía.

La simbolización fracasa, el símbolo y lo simbolizado se confunden y las ideas tratan de


desarrollarse en el "plano orgánico", que es lo que lleva a la acción en cortocircuito17. Aquí la

15
Piaget, J.: Psicología de la inteligencia. Buenos Aires, Psique, 1955
16
Piaget, J.: La formación del símbolo en el niño. México, Fondo de Cultura Económica,1961
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 70
confusión puede ser extrema y el adolescente niega su realidad biopsíquica comenzando a actuar
roles fantaseados que siente como verdaderos.

Todo el fenómeno del "impostor"18 o el de "si yo fuera usted" 19


caben en esta descripción. Esto
nos lleva al conflicto de identidades y al segundo duelo.

DUELO POR LA IDENTIDAD Y POR EL ROL INFANTIL

En la infancia, la relación de dependencia es la situación natural y lógica; el niño acepta su relativa


impotencia, la necesidad de que otros se hagan cargo de cierto tipo de funciones yoicas, y su yo se
va enriqueciendo mediante el proceso de proyección e introyección que configura la identificación.
En la adolescencia hay una confusión de roles, ya que al no poder mantener la dependencia infantil
y al no poder asumir la independencia adulta, el sujeto sufre un fracaso de personificación y así, el
adolescente delega en el grupo gran parte de sus atributos, y en los padres, la mayoría de las
obligaciones y responsabilidades. Recurre a este mecanismo esquizoideo quedando su propia
personalidad fuera de todo el proceso de pensamiento, con un manejo omnipotente; es la
irresponsabilidad típica del adolescente, ya que él entonces nada tiene que ver con nada y son
otros los que se hacen cargo del principio de realidad. Así nos podemos explicar una característica
típica de la adolescencia, la "falta de carácter", surgida de este fracaso de personificación, que a su
vez lo lleva a confrontaciones reverberantes con la realidad; un continuo comprobar y
experimentar con objetos del mundo real y de la fantasía que se confunden también,
permitiéndole a su vez despersonalizar a los seres humanos, tratándolos como objetos necesarios
para sus satisfacciones inmediatas. Esta desconsideración por seres y cosas del mundo real hace
que todas sus relaciones objetales adquieran un carácter, si bien intenso, sumamente lábil y fugaz,
lo cual explica la inestabilidad afectiva del adolescente, con sus crisis pasionales y sus brotes de
indiferencia absoluta. Aquí, la exclusión del pensamiento lógico, que surge del duelo por el rol
infantil, se convierte en la actuación afectiva, como el duelo por el cuerpo de la infancia se
convertía en la actuación motora. El manejo objetal, realizado de la manera descripta, lo lleva a
una serie de continuos cambios, a través de los cuales establecerá su identidad, siguiendo un
proceso lógico de maduración. En este desarrollo y, en parte, por los mecanismos de negación del
duelo y de identificación proyectiva con sus coetáneos y con sus padres, pasa por períodos de
confusión de identidad. El pensamiento, entonces, comienza a funcionar de acuerdo con las
características grupales, que le permiten una mayor estabilidad a través del apoyo y del
agrandamiento que significa el yo de los demás, con el que el sujeto se identifica.

17
Arieti, S.: "Psychopatic personality. Some views on its psychopathology and psychodinamics". Comprehensive
Psychiatry, IV, 5, pág. 301, 1963
18
Zac, J.: "El impostor. Contribución al estudio de la psicopatía". Buenos Aires, Revista de Psicoanálisis, XXI, 1, pág.
58, 1964
19
Klein, M.: "Sobre la identificación", en Klein, M. y otros: Nuevas direcciones en psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós,
1965
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 71
Esta sería una de las bases del fenómeno de las "barras", en donde el adolescente se siente
aparentemente tan seguro, adoptando roles cambiantes y participando de la actuación,
responsabilidad y culpas grupales son trasladadas a su propio proceso de pensamiento, en el cual
los afectos y los objetos depositarios de los mismos son también fragmentados y tratados con
prescindencia de una responsabilidad personal. Amor y odio, culpa, reparación, son
intermitentemente vividos con intensidad y rápidamente eliminados, para volver a ocupar
posteriormente el pensamiento, en ese proceso constante de aprendizaje que significa este juego
de manejo objetal y afectivo.

La exageración o fijación de este proceso por la no elaboración del duelo por la identidad y por el
rol infantil explica las conductas psicopáticas de desafecto y crueldad con el objeto e induce a la
actuación y falta de responsabilidad. El psicópata maneja a las personas como objetos, con
desconsideración y sin culpa, en forma permanente e intensa, así como el adolescente lo hace
transitoriamente en su evolución y con capacidad de rectificación. El cortocircuito afectivo, al
eliminar el pensamiento, donde la culpa puede elaborarse, permite el maltrato definitivo de los
objetos reales y fantaseados, creando en última instancia un empobrecimiento del yo, que trata de
mantenerse irrealmente en una situación infantil de irresponsabilidad, pero con aparente
independencia, a diferencia del adolescente normal, que tiene conflictos de dependencia pero que
puede reconocer la frustración. La imposibilidad de reconocer y aceptar la frustración obliga a
bloquear la culpa e inducir al grupo a la actuación sadomasoquista, no participando de la misma.
Puede hacerlo porque disocia pensamiento de afecto y utiliza el conocimiento de las necesidades
de los demás para provocar su actuación, satisfaciendo así, indiferentemente su apariencia, sus
propias ansiedades psicóticas.

El adolescente normal puede, en estas circunstancias, seguir los propósitos del psicópata, y
sucumbir en la acción, ya que participa intensa y honestamente de la misma. Es así que el conflicto
de identidad en el adolescente normal adquiere en el psicópata la modalidad de una mala fe
consciente, que lo lleva a expresiones de pensamiento cruel, desafectivo, ridiculizante de los
demás, como mecanismos de defensa frente a la culpa y al duelo por la infancia perdida, que no
pueden ser elaborados.

Normalmente, el adolescente va aceptando las pérdidas de su cuerpo infantil y de su rol infantil, al


mismo tiempo que va cambiando la imagen de sus padres infantiles, sustituyéndola por la de sus
padres actuales, en un tercer proceso de duelo.

DUELO POR LOS PADRES DE LA INFANCIA

La relación infantil y dependencia se va abandonando paulatina y dificultosamente. La impotencia


frente a los cambios corporales, las penurias de la identidad, el rol infantil en pugna con la nueva
identidad y sus expectativas sociales hacen que se recurra a un proceso de negación de los mismos

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 72


cambios, que concomitantemente se van operando en las figuras y las imágenes correspondientes
de los padres y en el vínculo con ellos, que por supuesto no permanecen pasivos en estas
circunstancias, ya que también tienen que elaborar la pérdida de la relación de sometimiento
infantil de sus hijos, produciéndose entonces una interacción de un doble duelo, que dificulta aun
más este aspecto de la adolescencia. Se pretende no sólo tener a los padres protectores y
controladores, sino que periódicamente se idealiza la relación con ellos, buscando un suministro
continuo que en forma imperiosa y urgente debe satisfacer las tendencias inmediatas, que
aparentemente facilitarían el logro de la independencia. El pensamiento se expresa aquí en forma
de contradicciones: es la necesidad inmediata del automóvil familiar (dependencia), para
mostrarse como adulto y dueño de la potencia familiar (seudoindependencia). La demanda
desconsiderada y a veces inoportuna de dinero (dependencia) para manejarse como un individuo
adulto y potente frente a los demás (seudoindependencia).

Las contradicciones de pensamiento de este tipo, tan frecuentes en la adolescencia, nos muestran
la falta de elaboración conceptual y la permanencia en niveles inferiores de este proceso. Esta
misma contradicción produce perplejidad en el manejo de las relaciones objetales parentales
internalizadas y rompe la comunicación con los padres reales externos, ahora totalmente
desubicados en el contexto de su personalidad. Figuras idealizadas deben sustituidos, y entonces el
adolescente se refugia en un mundo autista de meditación, análisis, elaboración de duelo, que le
permite proyectar en maestros, ídolos deportivos, artistas, amigos íntimos y su diario, la imagen
paterna idealizada. Esta soledad periódica del adolescente es activamente buscada por él, ya que
le facilita su conexión con los cambios internos en este proceso de pérdida y sustitución de los
mismos, que va a terminar enriqueciendo el yo. El diario que frecuentemente llevan los
adolescentes sirve para la externalización de los objetos internos y de sus vínculos, permitiendo el
control y cuidado de los mismos en el exterior. Esto facilita la elaboración de las relaciones
objetales perdidas, mediante la fijación de las mismas en su diario.

En el psicópata, los padres infantiles tienen vigencia real y permanente, y la pérdida del suministro
continuo acarrea frustraciones demasiado intensas para ser soportadas. Hay aquí una verdadera
"demencia de las percepciones"20, que le impide verificar la realidad y lo obliga a vivenciar la
frustración como una amenaza de muerte, de la que se defiende con una respuesta en
cortocircuito, en donde la percepción distorsionada actúa como causa desencadenante de un
efecto avasallador.

La negativa del automóvil, por ejemplo, obliga al robo del mismo (robo del pecho omnipotente y
frustrador). La falta de dinero puede llevar al acto delictivo o criminoso que facilite su obtención.
Hay percepción-acción, sin pensamiento.

20
Gruhle: Cit. en E. Mira y López: Manual de psiquiatría. Buenos Aires, El Ateneo, pág. 483, 1958
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 73
En vez de buscar la soledad que le permita la elaboración de la pérdida de los padres infantiles, la
evita constantemente, tratando de diluir su personalidad a través de identificaciones proyectivas
masivas con grupos de delincuentes o semi delincuentes, a los que hace actuar sus ansiedades. El
psicópata percibe el mundo externo como amenazador y frustrante, y en su respuesta apresurada
y angustiosa frente a esta amenaza utiliza su caudal intelectual para prescindir de la confrontación
crítica, y emplea tan sólo una racionalización más o menos coherente para explicar su conducta
desaprensiva y cruel, carente aparentemente de culpa, y la no necesidad de justificación, ya que
está permanentemente en la actitud de recibir el suministro continuo que el adolescente normal
sólo desea momentánea y periódicamente. El duelo por el cuerpo infantil perdido, por la identidad
y el rol infantil, y por los padres infantiles, lleva consigo, dentro del proceso del pensamiento, una
dificultad en la discriminación de la ubicación temporal del sujeto y de la identificación sexual del
mIsmo.

EL TIEMPO EN EL ADOLESCENTE

El adolescente entra en una crisis de temporalidad21. El niño tiene un concepto fenomenológico de


la limitación del espacio y le falta el concepto de tiempo, que es limitado para él. El adulto tiene la
noción de lo infinito espacial y la temporalidad del existir. En el adolescente esto se entremezcla y
confunde, presentando entonces el pensamiento del adolescente las contradicciones de
inmediatez o de relegación infinita frente a cualquier tipo de posibilidades de realización, a las que
pueden seguir sentimientos de impotencia absoluta. Es un verdadero estado caótico que por
momentos parecería indicar la invasión y predominancia de un tipo de pensamiento primario.

Éste va siendo sustituido por el juicio de realidad mediante la elaboración de los tres duelos
enunciados, que permite ubicar cuerpo, rol y padres infantiles en el pasado, aceptando el
transcurso del tiempo y, con éste, el concepto de muerte como proceso irreversible y natural
dentro del desarrollo.

En el psicópata, la atemporalidad se establece rígidamente en su pensamiento; posterga y exige sin


discriminación frente a la realidad, y actúa sin esta noción limitante, que permite la ubicación del
individuo en el mundo.

La periodicidad de pensamiento primario observada en el adolescente normal adquiere caracteres


de permanencia en el psicópata.

EL SEXO EN EL ADOLESCENTE

Freud22 estableció la importancia de los cambios puberales en el camino del autoerotismo a la

21
Merenciano, F. M.: Psicopatología de la adolescencia. Valencia, Metis, 1947
22
Freud, S.: "Una teoría sexual". Obras Completas. Madrid, Biblioteca Nueva, II, 1923
La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 74
sexualidad madura genital. Los cambios biológicos de la pubertad imponen la sexualidad genital al
individuo e intensifican la urgencia del duelo por el cuerpo infantil perdido, que implica también el
duelo por el sexo perdido.
En la segunda mitad del primer año de vida, de acuerdo con lo señalado por Arminda Aberastury,
el niño verifica su identidad sexual y, a través del juego, trata de elaborar la situación traumática
que significa la pérdida del otro sexo, recuperándolo de un modo simbólico a través de objetos. En
la pubertad, la definición de su capacidad creativa marca una nueva definición sexual en la
procreación, ya que sus genitales no sólo aceptan la unión de la pareja, sino también la capacidad
de crear. En la adolescencia se intenta recuperar infructuosamente el sexo perdido, mediante la
masturbación, que es una negación omnipotente de esta pérdida. El psicópata, en cambio,
permanece en una bisexualidad fantaseada que tiene para él todo el significado de la realidad
psíquica y que le impide relaciones amorosas de objeto y el logro de la pareja que busca, y que en
cambio sí puede obtener el adolescente normal. Éste pasa por momentos de confusión de sexos
que implican fantasías homosexuales, que son las que precisamente le permiten elaborar los
duelos inherentes a esta etapa del desarrollo.

RESUMEN

El pensamiento del adolescente está determinado por un proceso de triple duelo:

1) duelo por el cuerpo infantil;

2) duelo por la identidad y el rol infantil;

3) duelo por los padres de la infancia.

El duelo por la bisexualidad infantil perdida acompaña a estos tres procesos de duelo.

Se produce básicamente un cortocircuito del pensamiento, en el que se observa la exclusión de lo


conceptual lógico mediante la expresión a través de la acción.

El duelo por el cuerpo infantil perdido obliga a una expresión en la acción motora directa.

El duelo por la identidad y por el rol infantil permite la actuación afectiva desaprensiva, pasional o
llena de indiferencia, sin consideración racional alguna por los objetos.

El duelo por los padres de la infancia produce una distorsión de la percepción que facilita la
respuesta inmediata, global e irracional.

Esta triple situación trae consigo también la confusión sexual y de la temporalidad, que
caracterizan el pensamiento del adolescente.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 75


La elaboración incompleta de los duelos o la no elaboración de alguno de ellos producirá fijaciones
o exageraciones de estos procesos, que podrán ser identificados en la conducta psicopática, donde
adquieren modalidades de fijeza y de irreductibilidad, que, teniendo en cuenta estas
consideraciones, pueden ser modificadas mediante el tratamiento psicoanalítico.

La adolescencia normal - - Arminda Aberasturi et al. 76


Arminda Aberastury. M. Knobel.
La adolescencia normal. Un enfoque psicoanalítico.
México, Paidós educador, 2004. pp. 113-116.
Capitulo 6

EL ADOLESCENTE Y EL MUNDO ACTUAL


por Arminda Aberastury

A partir de principios de siglo, la adolescencia fue motivo de continuos estudios que progresaron
desde considerar solamente los problemas surgidos del despertar de la genitalidad hasta el estudio
de las estructuras de pensamiento que ubican al joven en el mundo de valores del adulto. La
psicología, la psiquiatría, el psicoanálisis, intentaron comprender y describir el significado de esta
crisis de crecimiento que se acompañaba de tanto sufrimiento, de tanta contradicción y de tanta
confusión. La sociología y la psicología social arrojaron luz sobre el problema y permitieron
vislumbrar la solución de algunos de sus problemas intrínsecos. En estas páginas hablamos tanto
del joven en crecimiento y sus problemas como del impacto que produce este crecimiento en el
ambiente adulto y en la sociedad adulta; y de las trabas que oponen a este crecimiento y a las
modificaciones que implica.

¿Cuáles son los motivos para que la sociedad no modifique sus rígidas estructuras y se empeñe en
mantenerlas aun cuando el individuo cambia? ¿Qué conflictos conscientes o inconscientes hacen
que los padres ignoren o no comprendan la evolución del hijo?

El problema muestra así otra cara -escondida hasta hoy bajo el disfraz de la adolescencia difícil-: es
la de una sociedad difícil, incomprensiva, hostil e inexorable a veces frente a la ola de crecimiento
lúcida y activa que le impone la evidencia de alguien que quiere actuar sobre el,mundo y
modificarlo bajo la acción de sus propias transformaciones.

El signo que caracteriza esta etapa es, desde el punto de vista del individuo, la necesidad del joven
de entrar a formar parte del mundo del adulto y los conflictos que surgen tienen su raíz en las
dificultades para ingresar en ese mundo y en las del adulto para dejar paso a esa nueva generación
que le impondrá una revisión crítica de sus logros y de su mundo de valores.

Literalmente, adolescencia (latín, adolescencia, ad: a, hacia + olescere: forma incoativa de olere,
crecer) significa la condición o el proceso de crecimiento. El término se aplica específicamente al
período de la vida comprendida entre la pubertad y el desarrollo completo del cuerpo, cuyos
límites se fijan, por lo general, entre los 13 y los 23 años en el hombre, pudiendo extenderse hasta
los 27 años.

Si bien suele incluirse a ambos sexos en el período comprendido entre los 13 y los 21 años, los
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hechos indican que en las adolescentes se extiende de los 12 a los 21, y en los varones de los 14 a
los 25 años en términos generales.

El crecimiento y modificaciones de su cuerpo al llegar a la pubertad -(latín, pubertas de púber:


adulto) capacidad de engendrar- imponen al adolescente un cambio de rol frente al mundo
exterior, y el mundo exterior se lo exige si él no lo asume. Esta exigencia del mundo exterior es
vivida como una invasión a su propia personalidad. Aunque él no quiera -sobre todo el adolescente
que cambia de golpe- es exigido como si fuese un adulto, y esa exigencia del mundo exterior por lo
general lo conduce -como defensa- a mantenerse en sus actitudes infantiles.

La característica de la adolescencia es que el niño, quiera o no, se ve obligado a entrar en el mundo


del adulto; y podríamos decir que primero entra a través del crecimiento y los cambios de su
cuerpo y mucho más tarde de sus capacidades y sus afectos. Es muy frecuente que a los 16, 17, o
18 años se muestren muy maduros, en algunos aspectos, pero paradójicamente inmaduros en
otros. Esto surge por un juego de defensas frente al nuevo rol y frente al cambio corporal que es
vivido como una irrupción incontrolable de un nuevo esquema corporal que le modifica su posición
frente al mundo externo y lo obliga a buscar nuevas pautas de convivencia. Lo que ha aprendido
como niño, en aprendizaje y en adaptación social ya no le sirve. El mundo externo y él mismo
exigen un cambio en toda su personalidad. Frente a esta invasión la primera reacción afectiva del
niño es un refugio en su mundo interno; es como si él quisiera reencontrarse con los aspectos de su
pasado para poder enfrentar después el futuro.

Si se aleja del mundo exterior y se refugia en el mundo interior, es para estar "seguro", porque en
todo el crecimiento existe un "impulso hacia lo desconocido y temor a lo desconocido". Ese refugio
en la infancia se debe no solamente a que le cuesta hacer el "duelo de la infancia" sino que la
infancia misma es lo que él conoce. Su rol frente al ambiente inmediato, o frente a la escuela,
frente a las bandas de compañeros es "un rol de niño", al cual él ya estaba adaptado desde muchos
años atrás.

Prima en ese momento una actitud crítica frente al mundo externo y a los adultos en general; él no
quiere ser como determinados adultos que rechaza con violencia y elige en cambio un ideal. El
mundo interno que ha sido desarrollado a través de toda su infancia identificándose con aspectos
de sus padres, maestros o figuras sustitutivas de ambos le servirá de "puente" para reconectarse
con un mundo externo que es nuevo para él, a consecuencia de su cambio de estatus. El duelo por
la infancia y por los padres de la infancia involucra al yo y al mundo externo. "No soy un niño, yo
mismo he perdido mi condición de niño; mis padres son los padres de un adulto y yo tengo que
comportarme como tal, como mi cuerpo, mi mente y la sociedad me lo exigen."

Es por eso que otro de los problemas centrales del adolescente es la búsqueda de su identidad.
Todos estos problemas son más graves actualmente, vivimos en un mundo en el que la tensión y la

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ansiedad creadas por la acumulación de los medios de destrucción representan una amenaza
permanente y sabemos que la estabilidad es el clima necesario para que un ser humano se
desarrolle normalmente. Necesitamos, hoy más que nunca, recurrir a todos los conocimientos
sobre el hombre y aplicados para encontrar la mejor forma de contrarrestar esta angustia de hoy
que al reforzar el temor a la muerte incrementa la que surge del crecimiento mismo.

En la formulación de las medidas para una higiene mental del adolescente -aunque la adolescencia
tiene el carácter universal que hemos señalado- deben admitirse caracteres propios y por lo tanto
medidas específicas en los distintos medios sociales y en especial en sociedades como las
latinoamericanas que están sufriendo, en diversos grados, una transformación: de la sociedad
tradicional a la sociedad moderna, técnica e industrializada, o de un mundo rural a la adaptación
de los avances del industrialismo y de la urbanización.

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