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Dudas de Fe: Tomás y Juan

El documento habla sobre la duda y cómo personas como Tomás y Juan el Bautista experimentaron momentos de duda pero buscaron respuestas que fortalecieron su fe. Alienta a los jóvenes a llevar sus dudas a Dios en busca de respuestas en vez de quedarse dudando.

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Dudas de Fe: Tomás y Juan

El documento habla sobre la duda y cómo personas como Tomás y Juan el Bautista experimentaron momentos de duda pero buscaron respuestas que fortalecieron su fe. Alienta a los jóvenes a llevar sus dudas a Dios en busca de respuestas en vez de quedarse dudando.

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Cuando dudas...

Tomás

OBJETIVO: Los jóvenes que han conocido de la Palabra, han experimentado una
relación con Jesús o han escuchado el mensaje ahora se ven inmersos en la duda al
ver/vivir diferentes escenarios. Familias enfermas, estudios truncados, vida social
limitada, caos en la sociedad, problemas familiares. Parece que Jesús está ausente y no
hay esperanza.

Una cosa que puede quebrarnos en la vida, es la duda... especialmente cuando


dudamos de Dios. Quizás, la persona más cercana a la palabra “duda”, sea el
discípulo de Jesús: Tomás. Muchos lo llaman el «inseguro Tomás», por lo que
sucedió en su encuentro con Jesús y los otros discípulos, después de la
resurrección. Hay dos encuentros en momentos diferentes pero similares que
registra la Escritura. Los vamos a ver a continuación.

La primera situación tuvo lugar cuando Jesús se apareció a los discípulos sin que
Tomás estuviera presente. La puerta estaba cerrada y ellos estaban reunidos, Jesús
repentinamente se encuentra en medio de ellos. Dice: La paz esté con ustedes,
luego muestra sus manos y su costado. Jesús también dice que los envía al mundo
como el Padre lo envió a Él. Jesús se va, y, después de este increíble evento, los
discípulos relatan la historia a Tomás. Su respuesta es lo que recordamos. Él dijo
que no creería a menos que viera las huellas que dejaron los clavos en sus manos,
y pudiera poner su dedo en los agujeros que dejaron los clavos y su mano en el
costado de Jesús, donde fue atravesado con una lanza en la cruz.

Ocho días después, ocurre el mismo escenario hasta el último detalle y Jesús
aparece nuevamente, esta vez con Tomás en la habitación. Jesús inmediatamente
invita a Tomás a mirar sus manos lastimadas, a extender la mano y tocar sus
heridas. Jesús dijo a Tomás: No seas incrédulo, sino creyente. El evangelio de Juan,
registra la respuesta de Tomás. Él no extendió la mano ni tocó a Jesús, sino que
inmediatamente se postró a sus pies y dijo: ¡Mi Señor y mi Dios!, Tomás
inmediatamente creyó.

El pastor Selwyn Hughes dijo: «Tomás tuvo un momento de duda, pero regresó del
lugar de debilidad para fortalecerse. Sus dudas se disiparon en un glorioso momento
de iluminación, esto también puede sucederte». Se ha dicho: duda de tus dudas y
cree en tus creencias. Tomás llevó sus dudas sobre Jesús, y Él lo hizo más fuerte
en su lugar roto. Su duda sobre Jesús se convirtió en una fe más profunda en Él.
Tomás no se quedó dudando, en cambio, tomó en serio la respuesta a su duda y
se convirtió en un gran seguidor de Cristo. ¿Qué pasa contigo cuando dudas?

Juan 20:19-29
Cuando dudas... Juan el bautista

OBJETIVO: Jóvenes que han enseñado la Palabra de Dios, que han compartido el
mensaje con familiares, amigos y que ahora ante la situación que se vive pueden dudar
de aquello que han enseñado. Jóvenes que quizás no saben como responder ante las
circunstancias y cuestionamientos de las personas a las que les han compartido.
Puede que sepas que Juan el bautista tuvo un momento de duda acerca de Jesús,
al igual que Tomás. Mateo registra ese momento en su evangelio, que ocurre algún
tiempo después de que Juan había bautizado a Jesús en el río Jordán, cuando inició
su ministerio. Jesús, había enviado a los discípulos a ir y compartir las noticias
acerca de Él. Jesús también fue a predicar en las diferentes ciudades. Juan fue
encarcelado y escuchó sobre las obras de Jesús mientras estaba en prisión. Juan
envía a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres el que había de venir, o
buscamos a otro?

Observa varias cosas que ocurrieron hasta ahora. Primero, Jesús está llevando a
cabo sus negocios aquí en la tierra, predicando y enseñando, que es lo que se
profetizó de Él. Segundo, Juan ha escuchado acerca de las obras de Jesús. Al igual
que Tomás, Juan oyó hablar de las obras, pero no las había visto por sí mismo.
Entonces, al igual que Tomás, Juan permanece en su duda, pero trabaja para
obtener la confirmación. Tercero, Juan no duda del que viene, simplemente quiere
confirmar que Jesús es el que había de venir.

Sus discípulos regresan e informan a Juan. Jesús dijo que transmitieran a Juan lo
que escucharon y vieron: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son
limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y los pobres reciben el evangelio.
De hecho, Juan, estando en prisión, estaba ciego, y ahora, debido al mensaje,
recupera la vista. Lo que Juan escuchó fue que Jesús estaba cumpliendo
milagrosamente las profecías acerca del Venidero, demostrando así que Él es el
Mesías. Jesús confirma a Juan, que lo que él atestiguó en el bautismo era verdad.
Su duda estaba sintonizada con la creencia.

El evangelista escocés Henry Drummond dijo una vez: «Cristo nunca dejó de
distinguir entre la duda y la incredulidad. La duda es que no puedo creer; la
incredulidad es qué no voy a creer. La duda es honesta; la incredulidad es
obstinación. La duda busca luz; la incredulidad se contenta con la oscuridad». La
duda que encuentra la luz se convierte en creencia. ¿Dudas de Jesús? ¡Lleva tu
duda a la luz del mundo y cree!

Mateo 11:1-6
Cuando dudas… buscas respuestas

OBJETIVO: Todos podemos experimentar la duda. Jóvenes que al caer en la duda no


encuentran la forma de volver a creer, ya sea porque sus oraciones no han sido
respondidas o porque ven como el entorno cada vez es peor. Llevar a los jóvenes a
entregar esas dudas a Dios y pedir con fe.

Samuel Coleridge dijo: «Nunca temas a la duda... si tienes la disposición para creer».
Selwyn Hughes comentó: «Las dudas pueden ser valiosas si nos motivan a buscar
profundamente las respuestas». ¿Tienes dudas sobre Dios, sobre Jesús? ¿Sobre tu fe?
Bienvenido al club... estás en buena compañía junto con Tomás y Juan el bautista, como
hemos visto. Utilizaron sus dudas para encontrar respuestas; y posteriormente, fortalecer
su fe en el lugar de ruptura. En este devocional veremos dos ejemplos finales, donde la
duda puede hacerte pasar de la fragilidad a la fortaleza.

En el libro de los Hechos, Pablo y Silas fueron a Berea y se dirigieron a la sinagoga


para enseñar a los judíos. Las Escrituras describen a los judíos de Berea de esta
manera: Tienen una mente justa, reciben la Palabra con prontitud, y escudriñan las
Escrituras diariamente para encontrar la verdad. Estos son buscadores, que tienen
la perspectiva correcta sobre la duda. Son escépticos que buscan la verdad, y la
reciben con disposición para creer. Escudriñan las Escrituras, encuentra la verdad,
y llegan a conclusiones. Las Escrituras nos dan el resultado o la recompensa por
esta búsqueda, ya que dice que muchos creyeron. La gracia de Dios se derrama
sobre aquellos que buscan respuestas a sus dudas con esta actitud de disposición
a creer.

Para esta mirada final a la duda, volvemos a Santiago, donde dice que debemos
preguntar con fe sin dudar porque quien duda, no recibirá nada del Señor. Nota la
actitud de preguntar, en fe, confiar en Dios para dar la respuesta y desear creer. La
pequeña palabra para “duda”, aquí se traduce literalmente como “debatir”. El Dr.
Dave Anderson dice: «Si vas a acudir a Dios en busca de sabiduría, entonces deja
de desatar tu propio discurso interno. Es al hombre que debate sus opciones
vociferantemente dentro de sí mismo, a quien se le dice que no espere nada. No
significa que debamos dejar de pensar en el juicio por completo. Significa que
debemos poner fin al furioso debate que se desarrolla en nuestros corazones».

Las dudas nos atacarán, pero eso no significa que debemos permitirles que nos
dominen. Aquellos que dudan y luchan por respuestas, resultan ser algunos de los
discípulos más fuertes de Cristo.

Santiago 1:2-8

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