Nota aclaratoria:
Este material ha sido
Murámonos, Federico
modificado de su
versión original para
su conservación y
restauración.
"Murámonos, Federico", Pre- berano, con sus afilados dientes
mio de la EDITORIAL COSTA de agua, de árboles inmensos, gi-
RICA y recientemente editada gantones de la eternidad. Refu-
por esta empresa nacional, es la giarse a su orilla para saborear
novela de un poeta y no de un la venganza, liquidar la inteli-
novelista. Joaquín Gutiérrez se León gencia en función de energía te-
revela en sus páginas en la ple- Pacheco lúricas que son la obra maestra
nitud artística de quien ha ma- de la creación, es un poco absur-
durado en el oficio de sentir, pen- do. En esta línea de visión de e-
sar y escribir. Es muy sugestivo sas regiones dejadas a la mano
el arte literario de este tico e- de la United Fruit es más huma-
rrante que ha saboreado la vida no Carlos_Luis Fallas, el novelis-
en los pétalos traviesos de la ta que rescató la Zona del A-
rosa de los huracanes y tormen- vo. Nadie se ve envejecer ante tlántico para la literatura costa-
tas mundiales de este siglo. El un espejo. Ahora nos da "Murá- rricense. Esto se debe a que Car-
zig zag del rayo violento que lo monos, Federico". los Fallas vivió en las ingles de
persigue ilumina su espíritu en En la nueva novela de Joa- aquella pasión de Dios, se agarró
el cual, sin embargo, la angus- quín Gutiérrez se esponja por con todos los sudores del tiempo
tia de existir no ha podido des- completo el sentimiento de los a su humedad, tan necesaria pa-
truir el buen humor. Vino gene- paisajes lejanos de su lejana ra el auge económico del trust.
roso con cuya embriaguez el juventud. Desgraciadamente el Fallas fue peón de finca, no in-
pasar de los días y las noches de Limón que nos pinta el novelis- telectual enfrentado a los proble-
nuestro sonambulismo propio y ta no existe sino en su imagina- mas ideológicos de la naturaleza.
del insomnio de los demás es un ción. El suyo no es un puerto de Joaquín Gutiérrez es más artis-
bien ipigualable. negociantes y politiqueros sin ta que Fallas. Sin embargo, am-
Hurga en el sentimiento nos- escrúpulos, sino una región psi- bos se codean, cada uno a su
tálgico de la tierra en que ente- cológica que se desborda en un manera, con la grandeza huma-
rraron su ombligo, Limón, pero deseo de estar siempre presente na en su lucha contra las ven-
cuya cosecha fue nula porque esa en la conciencia. Nada más. Los turas y calamidades del trópico.
tripa que nos une a las mujeres personajes son fuertes, pero se a- Uno lo hace en artista, el otro
y al humus siempre se pudre co- negan en un ambiente artificial. en hombre. El resultado son dos
mo una premonición de lo que Hasta tal punto es artificial el experiencias que se complemen-
le sucederá, andando el tiempo, ambiente de este romance que tan. Desde luego, esta comple-
al resto de nuestro cuerpo. Es comienza reflexivamente para mentaridad sucede cuando Fe-
inaudito el esfuerzo que realiza terminar en una nebulosa fúne- derico abandona la alcoba de do-
Joaquín Gutiérrez, que hace sus bre cuando Estebanita, la esposa ña Estabinita y se revuelca, con
años vive en Chile, por volver a del relato, se encierra en su lo- la mulata, ambos desnudos, co-
la tierra que lo sintió nacer. Pe- cura, en un cuarto limonense, mo sus instintos sin tapujos, fren-
ro el concepto que tiene de su para pensar en la muerte, para te al sol mañanero, en medio
tierra es muy particular, quizás analizar la muerte en función del ladrido de los perros, en el
demasiado particular, en las di- de su frustración sexual. Esta paisaje solitario donde el hom-
mensiones asfixiantes de este mujer obsesiva autoasedia la bre es capaz de respirar de nue-
trotamundos a quien Dios aven- muerte en todas sus reacciones vo el amanecer del mundo en un
tajó con unas piernas largas pa- frente a la vida. No ha conoci- resoplido bíblico.
ra que compruebe que es cierto do el amor, a pesar de que Fe- Se nota en la novela de Joa-
que existen los paralelos y me- derico la raptó allá en su juven- quin Gutiérrez una mezcla sa-
ridianos del planeta donde ago- tud, sino el semen que fecun- gaz de las técnicas de los actua-
nizamos sabrosamente. Para dó en su vientre dos seres débi- les novelistas latinoamericanos.
Joaquín Gutiérrez el único me- les, víctimas incesantes de su ob- Se dijera que el autor busca en
ridiano es el que pasa por Li- sesión fúnebre. Al final de su a- su obra una síntesis de las nue-
món. Es el meridiano que lo vio ventura no sabemos si murió, vas corrientes literarias. No se
crecer; que lo sintió rebelarse porque sólo mueren los que han deja dominar por ninguna de
contra todo y contra todos, que vivido. Federico, su marido, el ellas, quizás al escritor a que
le enseñó, como decía el novelis- fracasado voluntario que en su mayormente se acerca es Var-
ta Peruano Ciro Alegría, que "el fracaso busca la selva, es el po- gas Llosa, el de "La Casa Ver-
mundo es ancho y ajeno". Su o- bre diablo que pelea no se sa- de", por la simulteaneidad de los
bra fundamental nació bajo los be por qué, para quién ni cuán- tiempos del diálogo que Joa-
sobacos de una negra de Limón do. Todo es vago en sus vicisi- quín Gutiérrez transpone a las
o de Siquirres o de Matina. En tudes, aun su alzada frente a la reflexiones simultáneas de sus
sus capítulos suda el olor a bana- muerte. Su drama es una rimi- personajes y a sus soliloquios,
no podrido y son salados como niscencia tropical a lo Dostole- de los cuales no pueden escapar
la arena que pisó en los oríge- wski. Sólo que en Feredico, al estos esclavos de sus propias lo-
nes nebulosos de un país sin his- contrario de lo que acontece en curas. Busca también un tras-
toria, Critóbal Colón, cuando ya el alma de los personajes del no- mundo que le falla a causa del
en este charco se habían aman- velista ruso, está ausente en sen- debilitamiento de la trama no-
sado los caribes belicosos de o- timiento religioso sin estar pre- velística que enmarca en un si-
tras latitudes. sente el sentido pánico de la na- tio preciso de una provincia
Tres narraciones le ha dedica- turaleza tropical. Sólo hay una precisa de un pais preciso cuyos
do Joaquín Gutiérrez a Limón. escena en que este sentimiento delineamientos son oscuros. An-
En ellas su yo generoso se mira brutal atormenta a Federico, ya da tras esta localización por me-
como en un espejo narcisista. A en el acaso de su fracaso hu- dio de un lenguaje un poco co-
veces se piensa que es muy po- mano: su unión fría con la mu- loquial que a la larga arruina
sible que Joaquin Gutiérrez se lata que acepta el latigazo de la belleza de la narración y la
ame a sí mismo en su amor a sexo porque así debe de ser. reciedumbre de los personajes.
Limón más que en la nostalgía La escena final de esta fuer- Es innegable que en los escri-
de este puerto y esta región y za abandonada a sus propios tores latinoamericanos del mo-
donde pasó los años de su incon- recuerdos frente a la naturale- mento se nota, la influencia de
ciencia infantil. El más intere- za y al trust poderoso es épica. Valle Inclán que reveló, en las
sante de todos es "Puerto Li- Hay en esta forma de lucha con- entrañas del misterio de la len-
món". Es la novela del aburri- tra el imperio del banano un gua española, cierta grandeza
miento provinciano al cual ape- novedoso procedimiento frente que se halla viva en el "Libro
nas conmueve el movimiento al cual nadie puede nada porque del Buen Amor", en "La Celesti-
huelguístico de 1934 de la zona es la misma naturaleza la que se na" y en las páginas barrocas de
bananera, la primera huelga venga de los hombres y sus abs- Quevedo. En Joaquín Gutié-
campesina latinoamericana. Es tracciones económicas, que tra- rrez la influencia valleinclanes-
una novela fuerte con algunos tan de destruirla explotándola. ca es notable, sobre todo en las
episodios notables como la 1u- Federico sebe esto instintiva- escenas enfermizas en que ac-
cha del finquero perdido en su mente y actúa concretamente túa soñolientamente doña Este-
propio sudor, en las lluvias ter- para vengarse. Provoca la guerra banita en un Limón carcomido
cas y en el anhelo de dominar la de los hongos que producen la por el comején, el alcohol, la
naturaleza que, como todas 1as enfermedad que acaba con el humedad de la lluvias sin fin y
fuerzas tropicales, sólo obedece banano, contra el dólar esclavi- Mamita Yunai. Es algo muy ar-
al dólar del yanqui negrero. " La zante. La dignidad humana, co- tificial, pero profundamente be-
Hoja al Aire" es el vientecillo mo todas las manifestaciones de llo.
romántico, el soplo conformista Dios, cualesquiera que sean los Con sus limitaciones y sus re-
de la Meseta Central en los pai- métodos que se empleen para buscamientos idiomáticos, "Mu-
ses inamovibles del Mar Caribe. exaltarla, termina por triunfar. rámonos, Federico", de Joaquín
Ya en este poema en prosa, en El mismo Federico, al pensar en Gutiérrez, es una de las más au-
prosa magnífica por su erotis- su mujer enajenada por el culti- ténticas novelas costarricenses
mo sustancial, Limón comien- vo de la idea de la muerte, lo en que el autor se empeña, con
za a desaparecer para convertir- dice en la euforia de su vengan- elementos locales, por incoporar
se en una reminiscencia freudia- za: "¡Porque , sin dignidad, víc- nuestro país a Latinoamérica.
na. Joaquín Gutiérrez ha acari- tima mía, dolorosa mía, no vale Ojalá este escritor, que es un
ciado otros cuerpos, manoseado la pena vivir!" verdadero tico a fuerza de ser
nuevas ideas, visto nuevos hom- No entendemos muy bien es- un tipo universal, se radique
bres con su carga de tristezas a- te sentimiento pesimista en pai- en su Limón de todas las horas
pátridas. Es como un regreso a sajes febriles, húmedos, sexua- y cree, como lo hizo William
la emoción que una vez se vivió les. Las reflexiones de este soli- Faulkner en sus novelas, un
y luego se diluyó definitivamente tario de su propio desprecio, de mundo impenetrable y único. En
en una atmósfera tensa, aún la propia anulación de la volun- tal caso Limón dejaría de ser pa-
cuando esta atmósfera sea muy tad que, al negarse se transfor- ra él y para nosotros una pasión
limonense. Lo subjetivo tiene ma en terquedad, son sombrías literaria para convertirse en una
muy poco que veo con lo objeti- a orillas de un río rugiente, so- pasión humana.