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Este documento discute el comercio, la producción y la incorporación en el Océano Índico entre 1600 y 1900. Examina cómo el comercio en la región gradualmente dio paso a la producción a gran escala, transformando el Océano Índico en un espacio "moderno". Analiza este proceso en el sudeste asiático y la India, donde el comercio europeo inicialmente se centró debido a la riqueza de las especias. Explora cómo las ideas de Adam Smith y Karl Marx sobre el comercio y la producción pueden arro

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  • África oriental,
  • dinámicas de poder,
  • comercio de especias,
  • Océano Índico,
  • historia social,
  • desigualdades económicas,
  • tecnologías marítimas,
  • identidades culturales,
  • comercio de marfil,
  • interacciones transregionales
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Este documento discute el comercio, la producción y la incorporación en el Océano Índico entre 1600 y 1900. Examina cómo el comercio en la región gradualmente dio paso a la producción a gran escala, transformando el Océano Índico en un espacio "moderno". Analiza este proceso en el sudeste asiático y la India, donde el comercio europeo inicialmente se centró debido a la riqueza de las especias. Explora cómo las ideas de Adam Smith y Karl Marx sobre el comercio y la producción pueden arro

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  • África oriental,
  • dinámicas de poder,
  • comercio de especias,
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  • historia social,
  • desigualdades económicas,
  • tecnologías marítimas,
  • identidades culturales,
  • comercio de marfil,
  • interacciones transregionales

COMERCIO, PRODUCCIÓN E INCORPORACIÓN

El Océano Indico, 1600-1900 *

Eric Tagliacozzo 1
Traducción: Sergio Galiana

No es la conciencia de los hombres la que determina su existencia sino, por el


contrario, es su existencia social la que determina su conciencia. En una cierta etapa
de su desarrollo las fuerzas sociales de producción entran en conflicto con las
relaciones de producción existentes... 2

Los historiadores se han acercado al Océano Indico desde una gran variedad de puntos de
vista en sus intentos por explicar la historia moderna de este gran espacio marítimo.
Algunos estudiosos se concentraron en la predación como el tema vinculante, graficando
cómo la piratería conectó durante siglos un amplio rango de factores en esas aguas
peligrosas. 3 Otros se centraron en temas del medio ambiente, investigando cómo los
patrones de vientos, corrientes y el tiempo permitieron florecer el comercio en tan vasta,
oceánica, escala. Estos últimos se inspiraron en Braudel y trasplantaron sus aproximaciones
sobre el Mediterráneo a las realidades locales del Océano Indico, como el papel de los
ciclones y manglares, para ver en qué medida favorecían o dificultaban el comercio de
larga distancia. 4 Aún otros estudiosos han utilizados diferentes pistas, siguiendo las rutas de
commodities como especias o metales preciosos, o incluso centrándose en restos
arqueológicos dispersos en un intento por reunir historias trans-regionales a partir de los
residuos dejados por civilizaciones precedentes 5 . Todos estos vectores epistemológicos han
vertido luz sobre la región como un todo mediante diferentes herramientas y miradas, a
través de una variedad de técnicas de investigación.

*
En revista Itinerario 2002/1
1
Quiero agradecer a Bruce Mc Kim, James Scotty Robin Winks por la lectura de una versión anterior de este
artículo. También quiero agradecer a mis colegas Karen Graubart y Rachel Weil por las discusiones
comparativas sobre el Atlántico y a Kenichi Matsui por ayudarme a pensar sobre comportamientos análogos
en el Pacífico.
2
D. McLellan ed., Selected Writings/Karl Marx (Oxford 1977) 389
3
Vijay Lakshmi Labh, ‘Some Aspects of Piracy in the Indian Ocean During the Early Modern Period’,
Journal of Indian Ocean Studies 2/3 (1995) 259-269, y John Anderson, ‘Piracy and World History: an
Economic Perspective on Maritime Predation’ en C.R. Pennell, Bandits at Sea (Nueva York 1991) 82-105
4
T.S.S. Rao y Ray Griffiths, Understanding the Indian Ocean: Perspectives on Oceanography (París 1998);
Vivian Louis Forbes, The Maritime Boundaries of The Indian Ocean Region (Singapur 1995); S. Zahoor
Qasim, ‘The Indian Ocean and Cyclones’, Journal of Indian Ocean Studies 1/2 (1994) 30-40 y su ‘The Indian
Ocean and Mangroves’, Journal of Indian Ocean Studies 2/1 (1994) 1-10
5
M.N. Pearson, Spices in the Indian Ocean World (Ashgate 1996); Osmand Bopearachichi ed., Origin,
Evolution and Circulation of Foreign Coins in the Indian Ocean (Delhi 1988), Om Prakash, Precious Metals
and Commerce: The Dutch East India Companyand the Indian Ocean Trade (Ashgate 1994); C. Scholten, de
munten van de Nederlandsche gebiedsdeelen overzee, 1601-1948 (Amsterdam 1951); Jeremy Green,
‘Maritime Aspects of History and Archaeology in the Indian Ocean, Southeast Asia and East Asia’ en S.R.
Rao, The Role of Universities and Research Institutes in Marine Archaeology: Proceedings of the Third
Indian Conference of Marine Archaeology (Goa 1994); S.R. Rao ed., Recent Advances in Marine
Archaeology: Proceedings of the Second Indian Conference of Marine Archaeology (Goa 1991); Tom
Vosmer, ‘Marine Archaeology, Ethnography and History in the Indian Ocean: An Emerging Partnership’ en
Himanshu Prabha Ray, Archaeology of Seafaring (Delhi 1999).
Pese a la superposición en estos proyectos de investigación, aún no tenemos una
idea certera de cuándo, en los últimos 500 años, el comercio inició la fase hacia la
producción en escala sistémica y el Océano Indico comenzó a ser ‘moderno’ en el pleno
sentido del término. Por ‘moderno’ me refiero a la modernidad en el sentido descripto por
Eric Wolf: un conjunto de condiciones y procesos en el cual el mundo pasó a estar
relacionado a través de jerarquías crecientemente poderosas, especialmente en los dos
siglos pasados. 6 Adam Smith, en la década de 1770, sentía que el Océano Indico era un
sitio de enorme energía y flujo: vio al comercio empujado hacia adelante a lo largo de todas
sus costas por millones de manos entusiastas, pese a que ya había signos del desarrollo de
desigualdades. Smith sintió que este comercio masivo finalmente enredaría a todas las
naciones que participaban en sus caminos, sin importar los orígenes geográficos. 7 Karl
Marx, pensando acerca de este mismo espacio cerca de un siglo después, vio desplegarse un
panorama diferente ante sus ojos. La producción estaba desplazando al mercantilismo como
principio organizador del bienestar de la región, e Inglaterra en particular ya no deseaba
compartir los beneficios de la interacción. ‘En India’, escribió en el tercer volumen de El
Capital, ‘los ingleses aplicaron su poder político y económico directo como amos y
señores, para destruir esas pequeñas comunidades económicas (indígenas)’ 8 . Usaremos las
ideas de estos dos pensadores históricos como amplios contrastes en las páginas que siguen.
Las teorías y supuestos de Marx fueron llevadas aún más adelante en nuestro tiempo por
Michael Foucault, quien vio en estas transvaluaciones de poder un producto necesario de la
expansión europea del conocimiento, junto con la de sus mercados.9 ¿Cómo adquirió este
proceso una dimensión oceánica? ¿Por qué paso esto y por qué los cambios tuvieron lugar a
más o menos la misma velocidad en una amplia variedad de lugares? Estas son algunas de
las cuestiones que serán exploradas en este artículo.
Por supuesto que pensar acerca de las historias de grandes espacios globales, ya sea
terrestres o marítimos, no es nada nuevo. Los académicos han adoptado amplias visiones en
sus acercamientos a los océanos Atlántico y Pacífico, para dar sólo dos ejemplos. 10 Ya
existe una literatura sustancial sobre el Océano Indico como un sistema per se, mucha de la
cual fue iniciada por el importante trabajo de K.N. Chaudhuri en la década de 1980.11 Otros
estudiosos lo siguieron con notable éxito, realizando una crónica de los efectos del ‘período

6
Véase el argumento trazado por Eric Wolf en su Europe and the People Without History (Berkeley 1982)
[Hay traducción al castellano: Europa y la gente sin historia].
7
Adam Smith, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations I (Clarendon 1976) 223-224
[Hay traducción al castellano: Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones]; Ted
Benton, ‘Adam Smith and the Limits of Growth’ en Stephen Copley y Kathryn Sutherlands eds., Adam
Smith’s Wealth of Nations: New Interdisciplinary Essays (Manchester 1995) 144-170.
8
Karl Marx, Capital III (Nueva York 1976) 451 [Hay traducción al castellano: El Capital]
9
Véase Richard Mardsen, The Nature of Capital: Marx After Foucault (Londres 1999). Véase también una
interesante crítica de Foucault sobre la modernidad en Thomas Flynn, ‘Foucault and the Eclipse of Vision’ en
David Michael Levin, Modernity and Hegemony of Vision (Berkeley 1993) 273-286, especialmente 283.
10
La historia de los océanos, en particular, se transformó ahora un campo de investigación excitante y
multidisciplinario. Para el Atlántico, véase Paul Gilroy, The Black Atlantic: Modernity and Double
Consciousness (Cambridge 1993) y Peter Linebaugh y Marcus Reddiker, The Many-Headed Hydra: Sailors,
Slaves, Commoners and the Hidden History of the Revolutionary Atlantic (Boston 2000). Para el Pacífico,
véase Robert Borofsky ed., Remembrance of Pacific Pasts: An Invitation to Remake History (Honolulu 2000)
y Walter McDougall, Let the Sea Make a Noise: A History of the North Pacific from Magellan to MacArthur
(Nueva York 1993).
11
K.N. Chaudhuri, Trade and Civilization in the Indian Ocean: An Economic History from the Rise of Islam
to 1750 (Cambridge 1985).
de contacto’ y los siglos siguientes desde los puntos de vista económico, político y social. 12
Ciertamente también la religión ha sido crucial para pensar la historia de este océano, dado
que el budismo, el islam y finalmente el cristianismo contribuyeron a la difusión de ideas,
ideologías y aún pueblos de manera importante. Todas estas corrientes han sido parte de un
esfuerzo historiográfico más amplio, particularmente enérgico en los últimos veinte años,
para comprender cuándo, dónde y cómo tomaron forma las actuales configuraciones de la
economía política global. Immanuel Wallerstein fue la voz principal que dio forma a este
debate, pero ha sido acompañado por otros contribuyentes importantes, quienes lucharon
con sus teorías (y con las de cada uno de los otros) de una manera extremadamente
vigorosa. 13 Afortunada o desafortunadamente, la mayoría del calor y la luz generadas por
estos debates se dirigieron hacia las ramificaciones de la penetración europea en las esferas
de Asia oriental. El Océano Indico como un locus a examinar ha sido arrastrado hacia el
Pacífico Occidental pese a que no tiene que ser así necesariamente y, como argumentaré
más adelante, no debería serlo por buenas razones historiográficas.
Este artículo trata de re-centrar en las aguas del Océano Indico algunos de los
debates sobre los amplios efectos del ‘período de contacto’,. Nos concentraremos en relevar
los procesos de comercio y producción y cómo elementos del primero lentamente dieron
comienzo a una segunda fase en escalas regionales alrededor de este Océano. El trabajo
comienza con un examen de estas transvaluaciones en Asia sudoriental, donde se había
centrado la atención inicial de los europeos a causa de su riqueza y la fama del comercio
internacional de especias. El análisis se dirige luego hacia la India, dado que el
subcontinente se transformó gradualmente en el objetivo particular de las miras de
Inglaterra, repleto de promesas mercantiles (y, posteriormente, productivas). Finalmente
también será considerado el caso de Africa oriental, el tercer gran litoral del Océano Indico,
especialmente desde el punto de vista de Zanzíbar, donde estos cambios fueron fácilmente
reconocibles a lo largo de los últimos siglos. 14 El principal argumento de este artículo es
que la hegemonía europea en estas tres regiones fue lograda de una forma extremadamente
gradual, y a menudo no a punta de pistola. Es más, fue el difícil, pero en última instancia
persuasivo, manejo del control de los medios de producción regionales lo que realmente
alteró el flujo de siglos de historia del Océano Indico. ¿Cuáles fueron los mecanismos de
este proceso? ¿Dónde ocurrieron primero estos cambios, y bajo qué formas se expresaron?
Hubo varios competidores de distintos lugares implicados en el despliegue de estos efectos,

12
Denys Lombard y Jean aubin eds., Marchands et Hommes d’Affaires Asiatiques dans l’Océan Indien et la
Mer de la Chine 13-20 siècles (París 1988); Sanjay Surahmanyam, The Political Economy of Commerce:
Southern India 1500-1650 (Cambridge 1990); Kenneth McPherson, The Indian Ocean: A History of People
and the Sea (Delhi 1993).
13
Immanuel Wallerstein, The Capitalist World-Economy (Cambridge 1979) 1-36; Andre Gunder Frank,
ReOrient: Global Economy in the Asian Age (Berkeley 1998); David Landes, The Wealth and Poverty of
Nations: Why Some are So Rich, and Some So Poor (Nueva York 1998) [hay traducción al castellano: La
riqueza y la pobreza de las naciones]; Kenneth Pomeranz, The Great Divergence: Europe, China and the
Making of the Modern World Economy (Princeton 2000); A.J.R. Russell-Wood, ‘The Expansion of Europe
Revisited: The European Impact on World History and Global Interaction, 1450-1800’, Itinerario 23/1 (1994)
89-94.
14
Arabia, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico no son considerados aquí como costas separadas del Océano Indico,
pese a figuran así en los estudios sobre la India y especialmente el Africa oriental. Particularmente saqué
mucho provecho de la obra de R.J. Barendse; ver especialmente sus ‘reflexiones sobre los mares arábigos en
el siglo XVIII’, Itinerario 25/1 (2000) 25-50 y su libro The Arabian Seas: The Indian Ocean World of the
Seventeenth Century (Armonk 2000).
desde los portugueses, holandeses y franceses hasta los mercaderes indios (tanto hindúes
como musulmanes) que surcaron el ancho de estos mares. Estos actores, y algunos otros,
ayudaron a darle forma a los acontecimientos. Pero al final sólo Inglaterra tuvo los medios
para canalizar estas energías hacia fines productivos como Marx había predicho. Sin
embargo, esta tarea fue realizada de diferentes maneras en distintos lugares entre principios
del siglo XVIII y fines del siglo XIX. Ahora analizaremos las dinámicas de contacto,
control y subordinación en cada una de las tres macro regiones.

El Litoral Oriental: el Sudeste asiático


Entre 1600 y 1900 el Sudeste asiático experimentó una amplia variedad de
transiciones que fueron causadas directamente por la colisión de los mundos europeo e
indígena. Los resultados de este encuentro, sin embargo, fueron graduales: la hegemonía no
fue alcanzada con la llegada de los primeros barcos portugueses a principios del siglo XVI
y los poderes políticos y comerciales europeos no comenzaron a disfrutar de un verdadero
predominio en gran parte de la región sino después de alrededor de 350 años. Ante este
mosaico de intrusiones existían patrones locales de iniciativa, acción y respuesta. El
creciente absolutismo real de los primeros años de contacto, marcado por la expansión
territorial indígena, la centralización administrativa y el monopolio comercial de las clases
dominantes, dio paso luego a la subsunción y finalmente a la incorporación a medida que la
presencia europea se hacía más sólida. Adam Smith ya había sido un crítico de lo que veía
como los efectos deletéreos de las intervenciones occidentales en regiones de Asia
sudoriental a fines del siglo XVIII. 15 Marx fue incluso más jugoso en sus críticas noventa
años más tarde, cuando describió estas iniciativas regionales europeas como atrasadas y en
última instancia autodestructivas. 16 Lo que aún debe ser explicado en el desarrollo de estos
procesos es el papel real que desempeñó el comercio occidental en tanto estímulo para el
cambio histórico del sistema. ¿Cuáles fueron los resultados en el largo plazo del contacto
desde el punto de vista económico, político y de los modos de producción?
En su intento por utilizar las herramientas de Annales para el análisis de la historia
de Asia sudoriental, Anthony Reid consiguió delinear desde los comienzos de su
investigación diferentes perspectivas. 17 La primera de ellas es un amplio boceto de cómo
lucía la economía de la región durante la Era del Mercantilismo y el fortalecimiento del
poder europeo. Una población de veinte millones de personas en el sudeste asiático
comerciaba asiduamente entre sí, en su mayoría en los grandes ítems del comercio a granel
como arroz, pescado seco y sal. Los bienes extranjeros que entraron como nexos del
comercio durante los primeros contactos con los europeos encajaron en los sistemas locales
de cultura e intercambio, con el alcohol circulando junto al arrack * nativo, el tabaco con el
betel y con la incorporación de la porcelana china en las dotes y los rituales funerarios de
Borneo y las Filipinas meridionales. 18 Sin embargo, la llegada de los barcos europeos

15
Smith, The Wealth of Nations I, 91.
16
Marx, Capital III, 442.
17
Anthony Reid, Southwest Asia in the Age of Commerce: The Lands Beneath the Winds (New Haven 1988 y
1993).
*
Bebida alcohólica hecha a base de coco o arroz (N. del T.)
18
El tema sobre el que hace énfasis Reid de las commodities a granel había sido tomado por Jacob van Leur,
quien caracterizó ese comercio como ‘espléndido pero sin importancia’, ver J.C. Van Leur, Indonesian Trade
and Society: Essays in Asian Social and Economic History (La Haya 1955). Sobre el papel de las cerámicas
aceleró la incorporación de una variedad de otros bienes en la región, como textiles y
metales. Durante la etapa preindustrial la mayoría de las familias del sudeste asiático
intentaba ser, al menos parcialmente, autosuficiente en cuanto a la producción de ropa, pero
con los crecientes embarques de textiles provenientes de las costas de Coromandel en la
India sudoriental (vía la Compañía y barcos pertenecientes a los comerciantes del país * ) y
las aún más importantes exportaciones de la India Británica, las ropas extranjeras se
transformaron en el ítem más importante de gastos en la región. Esto tuvo, por supuesto,
enormes repercusiones para las industrias textiles del sudeste asiático, las cuales podían
producir a escala aldeana sólo mediante órdenes de comisionados como forma de
protección contra la escasez de alimentos. La creciente importación de metales también
produjo la difusión de productos como el hierro y el bronce –utilizados primero para la
guerra y luego para la agricultura– que penetraron en las comunidades locales en grandes
cantidades por primera vez. Sin embargo, este tipo de comercio fue una espada de doble
filo para los europeos: fantástico por sus beneficios potenciales pero letal si se volvía en
contra de los propios occidentales. 19
La dimensión militar de la llegada de los europeos también inició un cambio
sistémico en las sociedades del sudeste asiático, en tanto el fracaso en incorporar las
tecnologías marciales rápida y eficientemente probaría ser fatal de manera inmediata. Aquí,
las relaciones con el comercio son varias. El número de mercenarios especializados
empleados en el sudeste asiático se disparó luego de la conquista de Malaca en 1511, en su
mayoría comerciantes o aventureros extranjeros entrenados en el uso de armas de fuego.
Empezaron a ser utilizados ejércitos permanentes, en lugar de las cortes basadas en la
nobleza local, y los edificios de ladrillo y piedra (que los europeos pedían mantener
aparentemente como depósitos resistentes a incendios accidentales) fueron prohibidos, dado
que podían ser fácilmente fortificados contra el poder real. 20 Si las matrices demográfica,
cortesana e incluso arquitectónica de poder podían ser modificadas por el auge del
comercio europeo en la región, no debería causar sorpresa que los monarcas del sudeste
asiático usaran esos poderes para fortalecer el control sobre sus propios reinos en
expansión. Un perfecto ejemplo de esto son las expediciones de mosqueteros enviadas por
el sultán de Jambi en 1655 hacia su propio hinterland, imponiendo exacciones de pimienta
para no dejar de cumplir con los contratos de especias celebrados con la VOC (Verenigde

ver Barbara Harrison, Pusaka: Heirloom Jars of Borneo (Singapur 1986) y Roxanna Brown, The Ceramics of
South-East Asia: Their Dating and Identification (Singapur 1988) 57-79.
*
Country traders en el original. Comerciantes independientes de origen europeo establecidos en la India (N.
del T.)
19
Un barco holandés abandonado en el norte de Java en 1597 fue saqueado casi inmediatamente por docenas
de prahu locales; en 1609 tropas españolas en Mindanao removieron todos los cerrojos de una de sus propias
carabelas en ruinas para evitar que caigan en manos musulmanas. Un corolario interesante de este hambre por
metales en el sudeste asiático es que a menudo los locales podían pagar más por determinados metales de
acuerdo a índices de valor culturales. Esto ocurrió con las comunidades del Pasisir javanés donde, para la
manufactura de krisses (basados en los diseños arremolinados de níquel grabados en la hoja), el hierro níquel
de Sulawesi era preferido al hierro importado más barato traído por europeos y chinos. Véase Reid, Southeast
Asia in the Age of Commerce I, 107, 110.
20
Se rentaban mercenarios de Japón, Arabia, Holanda, Francia y Persia; ver Dhiravat da Pombejra,
‘Ayutthaya at the End of the Seventeenth Century: Was there a Shift to Isolation?’ en: anthony Reid ed.,
Southeast Asia in the Early modern Era: Trade, Power and Belief (Ithaca 1993)250-272; también Anthony
Reid, ‘Europe and Southeast Asia: the Military Balance’, James Cook University of North Queensland,
Occasional Paper #16 (Townsville 1982) 1.
Oostindische Compagnie – Compañía Holandesa de las Indias Orientales, N. del T.).
Mientras los holandeses se quejaban de que tierra, piedras y hollejo empezaban a aparecer
en grandes cantidades en sus cargamentos de pimienta, los plantadores del interior
expresaban su insatisfacción con las nuevas desigualdades de poder llevando a cabo este
tipo de acciones en gran escala. En los cuentos populares de Sumatra del siglo XVIII los
padres aconsejan a sus hijos ‘cortar madera o pescar antes que transformarse en deudores
(con el nuevo sistema de comercio obligatorio) del Rajá o de la Compañía’. 21
Es más, en la despiadada persecución del comercio de especias los europeos
prefiguraron muchos de los cambios en el comercio y la producción que barrieron el Asia
sudoriental de una forma más sistémica en siglos posteriores. Los holandeses fueron
particularmente enérgicos en sus intentos por controlar no sólo los radios comerciales de las
especias sino también las fuentes de producción. Parte de la población indígena de Makalu
en Indonesia oriental fue torturada, asesinada o deportada en el siglo XVII por estos
motivos, mientras que los competidores británicos fueron tratados apenas mejor. 22 Incluso
los británicos finalmente se tuvieron que reagrupar en otros lugares en la región y
comenzaron un sistema paralelo de tránsito con especias (principalmente nuez moscada) y
otras exportaciones agrícolas (incluyendo pimienta y gambier). 23 La cuestión importante
aquí es que las especias eran un importante punto de entrada en los circuitos locales de
comercio, intercambio y (a la larga) producción para los occidentales. Aunque había ciclos
de ganancia y de pérdida para estos procesos basados en la demanda, competencia y
sobreproducción, los europeos obtuvieron así una base en diferentes partes de la región para
explotar oportunidades comerciales que gradualmente se transformaron en oportunidades
de un carácter más coercitivo en su conjunto.
Finalmente, la influencia de los comerciantes occidentales también fomentó grandes
cambios en el terreno social en Asia sudoriental. Mientras que las esferas laborales
masculina y femenina no cambiaron drásticamente en la mayoría de las aldeas entre 1600 y
1900, la alta posición ocupada por las mujeres en las ciudades costeras empeoró
notablemente luego de la Era del Comercio. Gran parte de esta involución puede ser
atribuida a la naturaleza ‘cosmopolita’ de los puertos, donde los valores del Asia
sudoriental entraron en conflicto con las religiones mundiales de los comerciantes
extranjeros, las cuales otorgaban un lugar menos igualitario a las mujeres en el tejido
social. 24 En estos puertos multiétnicos, por ejemplo, la prostitución creció como respuesta a
esos valores importados recientemente, los cuales no sancionaban los casamientos
temporarios que habían sido una característica indígena de los principios de la Edad
Moderna. 25 Reid ve también en esas comunidades políglotas el desarrollo de clases

21
Véase Barbara Watson Andaya, ‘Cash-Cropping and Upstream/Downstream Tensions: The Case of Jambi
en the 17th and 18th-Centuries’ en: Reid ed., Southeast Asia in the Early Modern Era, 108.
22
Véase Leonard Andaya, The World of Makulu: Eeastern Indonesia in the Early Modern Period (Honolulu
1993); Chris van Frassen, ‘Ternate de Molukken en de Indonesische Archipiel’, Ph.D. Tesis, Leiden
University (2 vols.) 1987; y los capítulos dedicados a la historia antigua de Patricia Spyers, The Memory of
trade (Durham 2000).
23
John Bastin, ‘The Changing Balance of the Southeast Asian Pepper Trade’ en : Pearson, Spices in the
Indian Ocean World, 283-316.
24
Anthony Reid, ‘Islamization and Christianization in Southeast Asia: the Critical Phase, 1550-1650’ en:
Reid ed., Southeast Asia in the Early Modern Era, 151-179.
25
Para una instantánea de las dinámicas de género en los puertos de principios de la Edad Moderna ver los
ensayos en: Barbara Watson Andaya ed., Other Pasts: Womwn, Gender and History in Early Modern
Southeast Asia (Honolulu 2000).
comerciales de nouveau-riche que realizaban un consumo ostentoso y una incapacidad para
medir el status hereditario de diferentes personas (justamente a causa de su carácter
extranjero) que creó una nueva camarilla transnacional compuesta por gente de diversas
culturas. Una gran cantidad de datos confirman los cambios sistémicos producidos por la
explosión del comercio, como las divergentes tallas de los esqueletos de indígenas y
europeos a lo largo del tiempo (como un índice del aumento de la nutrición en este último
grupo de población), las crónicas indígenas, los cuadernos de bitácora de los barcos del
Asia sudoriental y los testigos oculares europeos, todos ellos comentando las epidemias de
peste. 26
Hacia los siglos XVIII y XIX la presencia británica en la región se fue ampliando en
las esferas tanto comercial como geopolítica. Esta actividad se centró, en su mayoría, en el
crucial estrecho de Malaca. Diana Lewis identificó los cuatro principales vectores del
movimiento británico en este período: la preocupación por adquirir el dominio de las rutas
marítimas; el intento por mantener un balance de poder favorable en Europa; la búsqueda
de mercados para la nueva capacidad industrial de la nación y el deseo de proteger la
aglomeración de territorios que se estaban convirtiendo en la India Británica. 27 Hasta
bastante avanzado el siglo XVII el conjunto de los gobernantes del sudeste asiático estaba
más preocupado por sus luchas intestinas que por la rivalidad europea, pero hacia la década
de 1760 la competencia anglo-holandesa en la región (centrada en las demandas británicas
de libre comercio y en la adquisición de bases como Penang en 1786) lanzó un nuevo
espectro de conquista territorial desconocido hasta ese entonces. 28 Las guerras napoleónicas
permitieron a los británicos invadir las Indias Orientales y llevar adelante su propio
comercio, pero el archipiélago fue cedido posteriormente a Holanda como una manera de
mantener al país en pie como un estado tapón entre las grandes potencias europeas. 29 El
Tratado anglo-holandés de 1824 marcó un antes y un después en la historia del estrecho de
Malaca: por primera vez el mundo malayoparlante fue escindido en distintos segmentos; las
islas pasaron a ser ‘legalmente’ holandesas y la península malaya una esfera de influencia
inglesa. En un terreno más práctico, el nuevo acuerdo espacial delineó las nuevas posturas
económicas y políticas basadas en la agenda del comercio británico. El estaño y otros
productos de los sultanatos malayos pasaron a ser más atractivos en la medida en que las
fuentes ubicadas más al sur en Indonesia se cerraron y las conexiones locales de poder se

26
Usando una serie de medidas a lo largo del tiempo, Reid yuxtapone una talla casi igual de 5’2” para
europeos y filipinos en el siglo XVII (basado en las excavaciones de Robert Fox en Catalangan) a un salto a
5’6” dado por los hombres europeos dos siglos después. La referencia cruzada de epidemias de enfermedades
entre las cuentas comerciales hikayats, sejarahs, chinas y japonesas y los apuntes náuticos de capitanes
europeos también es impresionante. Véase Robert Fox, ‘The Catalangan Excavations’, Philippine Studies 7, 3
(1959) 325-390 y Reid, Southeast Asia in the Age of Commerce I, 47-48, 61.
27
Los holandeses, comenzaron a decaer hacia el siglo XVIII. Véase Diana Lewis, Jan Compagnie in the
Straits of Malacca, 1641-1795 (Atenas 1995)
28
J.A. de Moor, ‘A “Very Unpleasant Relationship”: Trade and Strategies in the Eastern Seas, Anglo-Dutch
Relations in the Nineteenth Century From a Colonial Perspective’ en G.J.A. Raven y N.A.M. Rodger eds.,
Navies and Armies: The Anglo-Dutch Relationship in War and Peace 1688-1988 (Edimburgo 1990) 46-69.
29
J.H. Zeeman, De kustvaart in Nederelandsch-Indië, beschouwd in verband met het Londensch Tractaat van
17 Maart 1824 (Amsterdam 1936)
volvieron vitales para mantener la influencia sobre los crecientes ‘hinterlands británicos’
como Trengganu y Johor. 30
Trengganu es un interesante estudio de caso, y así como Reid se basó en la talla de
los esqueletos para su análisis sobre los amplios efectos del comercio europeo en la región,
Nicholas Tarling también apeló al uso de varios fenómenos pequeños –los cuales pueden
ser deformados en el macrocosmos– para iluminar amplios procesos a lo largo del tiempo.
El incidente desatado alrededor del junco Kim Eng Seng es un buen ejemplo de esto. En
1851 un junco chino de las afueras de Singapur destruyó varios prahus malayos en la costa
de Kelantan, luego el junco fue asediado por los cañoneros del Sultán, la tripulación
capturada y sumariamente ejecutada. Un investigación del gobierno de Singapur reveló que
el junco era un barco comercial que había sido fuertemente armado y, basándose en los
testimonios de la tripulación sobreviviente (escapada) de ambos lados, cada parte había,
probablemente, confundido a la otra con piratas. El incidente revela varias cuestiones.
Primero, que la piratería era muy frecuente en las costas malayas, en gran medida debido al
volumen creciente del comercio británico, en este caso con Singapur. En segundo lugar, los
papeles duales que eran desempeñados por comerciantes/piratas (como lo sugiere la masiva
orden que estaba llevando a cabo el Kim Eng Seng), así como que los habitantes costeros
indígenas estaban ávidos aprovechar todas las posibilidades de ingresos: piratería, comercio
o una mezcla de los dos. 31 El incidente con el Kim Eng Seng también sugiere los vectores
crecientemente complicados desarrollados entre derecho internacional, estrategia
diplomática, política y reparaciones como un intento hecho para arreglar todo el asunto.
Probablemente, una desinteresada moralidad no estaba entre los lugares más destacados de
la agenda de los comerciantes británicos cuando se quejaban al Singapore Free Press el 16
de julio de 1852: ‘Nuestro gobierno parece dispuesto a dejar a los comerciantes que
navegan fuera de este puerto a la voluntad de los rajás nativos, quienes pueden decidir
apropiarse de sus bienes y condenarlos a muerte acusándolos de cualquier cosa, aunque sea
de manera infundada’. 32 Quizás más relevante fue la compensación final demandada al
sultán de Trengganu: $11.190, de los cuales dos mil dólares correspondían a pérdidas
humanas y el resto ($9.090) por apropiación de la propiedad.
También podemos seguir los efectos del comercio inglés a través del tiempo,
cuando el dominio pasó a ser más importante que el libre comercio. Pese a que hubo un
continuum de intereses británicos en la región a lo largo del siglo XIX, la teoría y práctica
del imperio inglés de ultramar finalmente cambió desde un estricto mercantilismo al
idealizado libre comercio y finalmente a la captura imperial de tierras. Tradicionalmente
1870 ha sido considerado como una clara línea divisoria que dio lugar al ‘Alto
Colonialismo’ en la mayoría de la literatura. 33 Antes de esa época, la Compañía y la Corona
preferían la diplomacia antes que la violencia como la alternativa más barata para conseguir

30
Para un acercamiento al contexto histórico de estos procesos en Johor, véase Leonard Andaya, The
Kingdom of Johor, 1641-1728: a Study of Economic and Political Developments in the Straits of Malacca
(Kuala Lumpur 1975).
31
Esta ambigüedad entre piratería y comercio, hasta cierto punto, se refleja hoy en esas mismas aguas. Un
elevado porcentaje de embarcaciones que cometen actos de piratería en los estrechos de Malaca lo hacen en
forma ocasional, desarrollando el comercio como su actividad principal en otros momentos de sus viajes.
Tagliacozzo, 1990, notas de trabajo de campo, 239.
32
Nicholas Tarling, Imperial Britain in Southeast Asia (Kuala Lumpur 1975) 81.
33
Eric Hobsbawm, The Age of Empire 1875-1914 (Nueva York 1987) [Hay traducción al castellano: La era
del imperio, 1875-1914]
los mismos resultados: la expansión de los mercados. El libre comercio era lo mejor
simplemente porque Gran Bretaña era el principal comerciante: sus fábricas y factorías (en
Inglaterra e India) producían las mercaderías de exportación de mejor calidad, y sus barcos
transportaban bienes de una forma más barata y en un radio más extenso que cualquiera de
sus rivales. Penang (fundada en 1786) creció como resultado de esta filosofía librecambista
como lo hizo Singapur (fundada en 1819); posteriormente los intentos holandeses para
copiar estas políticas con puertos propios abiertos al libre comercio (en Riau, Makassar y
Ambón) fracasaron. De todas maneras, durante el siglo XIX Gran Bretaña comenzó a
perder sus ventajas competitivas frente a las nuevas potencias industriales como Alemania,
Japón y los Estados Unidos, un proceso que podría haber sido incluso más doloroso sin sus
mercados coloniales en expansión. La políticas centralizadas cambiaron: como lo señaló
Eric Wolf, a partir de ese momento la conquista de las áreas productoras de riquezas (las
tierras cultivables y los puertos de Malaya, por ejemplo) pasó a ser un imperativo, junto con
la protección de nuevos dominios potenciales como Australia. Como veremos, quienes en
forma inexorable llevaron adelante este proceso fueron los comerciantes privados británicos
en Asia, poniendo todo para ganar durante el despliegue del mismo. 34
Las relaciones británicas con Birmania durante el curso del siglo XIX confirman
muy bien esta hipótesis de las fases políticas y comerciales. A principios del siglo la visión
predominante que tenían los británicos de Birmania estaba vinculada a la seguridad de
Bengala: el comercio era deseable pero no un imperativo, y se juzgaban las posibilidades
comerciales existentes como importantes sólo en función del comercio con China pero no
por un potencial birmano innato. En 1824 una guerra fronteriza cedió Arakan y algunas
áreas para la creciente comunidad bengalí, pero sirvieron más para mostrar las enormes
posibilidades del comercio con Yunnan, como lo describieron numerosos viajeros
británicos en el interior. 35 Rubíes, ámbar, jade y teca circulaban por esas rutas, para no
mencionar el floreciente comercio de algodón que los británicos calculaban que vestía a
cuarenta millones de chinos a lo largo de la frontera sudoccidental del reino. Los
comerciantes locales ingleses basados en Arakan, Tenasserim, Singapur e India no tardaron
en oler esas oportunidades y a través de una campaña de presión concertada (y de la
manipulación de la situación comercial existente en Birmania, al punto que el prestigio
imperial debió flexionar sus músculos para proteger el honor nacional) exitosamente
llevaron a Londres a anexar la Baja Birmania en 1852. 36 Mientras que los birmanos trataron
de alejar más desastres a través de concesiones y una amistosa flexibilidad permitiendo
(aunque con lamentos) una extensiva exploración del territorio por los británicos, la
transición del comercio a la conquista cambió a gran velocidad hacia fines del siglo. 37 Gran
Bretaña vio las posibilidades de una ‘puerta trasera hacia China’ y las expediciones
34
Wolf, Europe and the People Without History; Anthony Webster, Gentleman Capitalists: British
Imperialism in South East Asia 1770-1890 (Londres 1998)
35
Andrew Turton, ‘Ethnography of Embassy: Anthropological Records of Diplomatic Encounters Between
Britain and Tai States in the Early Nineteenth Century’, South East Asia Research 5/2 (1997) 175.
36
Muchas de las ‘verdaderas’ iniciativas detrás de la campaña pueden ser vistas en pequeñas acciones que
fueron realizadas luego de la ocupación: por ejemplo, el corrimiento de cincuenta millas más al norte de lo
que originalmente había sido acordado de la nueva línea fronteriza que separaba a la Alta y Baja Birmania
para incluir valiosos bosques de teca. A.G. Pointon, The Bombay-Burma Trading Corporation (Southampton
1964) 12.
37
Véase la carta birmana traducida (probablemente en 1876) reproducida en: British Documents on Foreign
Affairs: Reports and Papers From the Foreign Office Confidential Print, Volumen E26 (Washington DC
1995) 104-105.
francesas por el Mekong con ojos atentos, y finalmente la Alta Birmania cayó en la década
de 1880.
Para seguir con el tema de la acción indígena y las respuestas a estos cambios en la
presencia comercial británica en el sudeste asiático, quizás es mejor terminar este tema de
causa y efecto con la una historia comparativamente exitosa: el caso de Siam. Aquí también
el patrón familiar de comercio europeo, abusos finales y amplio dominio podría haberse
desarrollado, pero no fue así debido a los caprichos de la geografía y a las perspicaces
maniobras reales. Igual que en la situación birmana, existían tensiones entre Londres y
Calcuta por un lado (quienes veían a Siam como potenciales aliados contra los birmanos y
como un valioso estado tapón contra los franceses) y el bloque de comerciantes británicos
en Asia (que permanentemente trataban de penetrar en el comercio sino-siamés y buscaban
implicar a Gran Bretaña en el cumplimiento de ese objetivo, si fuera necesario por la
fuerza). Aunque todos los elementos de la diplomacia de las cañoneras estuvieron presentes
tanto en Siam como en Birmania y China, el reino evitó la colonización directa. El precio
de esta libertad, sin embargo, fue la pérdida de su floreciente comercio con China y la de
mucha de su autonomía económica. 38 La sensibilidad del rey Mongkut (y de la poderosa
familia Bunnag) ante el cambiante panorama ideológico de las potencias europeas de la
región le permitió ver correctamente que la apertura económica –más que la xenofobia de
sus vecinos– era el único camino para la supervivencia de su reino. 39 Los voraces intereses
comerciales británicos de Asia recibieron sus mercados abiertos, y con ellos desapareció el
principal motivo (en este caso) para la dominación política. Europeos de distintas
nacionalidades llenaron la corte real como asesores y el arroz siamés salía de los puertos en
barcos británicos, pero la dorada corona del reino permaneció en la cabeza de
Chulalongkorn durante el cenit de la Era del Dominio. Este giro de los acontecimientos, a
la luz de cuatro siglos de comercio británico y europeo, era una situación tan prometedora
que cualquier poder político regional desearía asegurársela.

El litoral norte: el subcontinente indio


Un examen de los patrones de comercio e interacción entre europeos e indígenas en
India complementa y cambia los mismos en un grado considerable. ¿Cuán similares y cuán
diferentes fueron estos procesos en otro teatro del Océano Indico? Las líneas de contacto,
comercio y, en última instancia, coerción entre estas arenas regionales, ¿fueron análogas o
comparables? Para responder a estas preguntas necesitamos delinear los trazos dejados por
la dinámica de la historia a lo largo de la margen norte del ‘Océano de la India’, haciendo
una crónica del cambio desde la perspectiva braudeliana de la longue durée. Podemos
llevar la ecuación un paso más adelante y examinar cómo las semillas de poder, comercio y
dominación pasaron a relacionarse entre sí desde las primeras etapas de la llegada de los

38
Los juncos chinos cayeron de 400 por año a menos de 100 una década después del tratado de Bowring
(1856), mientras que el 87% del tonelaje siamés se realizó en barcos británicos en 1892. Un inglés
contemporáneo se jactaba de que los siameses llevaban el arroz a los molinos, pero que su parte en el proceso
económico terminaba ahí: la maquinaria era británica, las bolsas para embalaje se fabricaban en Calcuta, los
buques a vapor venían de Londres y los bancos y compañías aseguradoras que financiaban el conjunto de la
operación también eran británicos. Véase D.R. Sardesal, Trade and Expansion in Southeast Asia, 1830-1914
(Delhi 1977) 92-93. También Jennifer Cushman, Fields from the Sea: Chinese Junk trade with Siam during
the Late 18th and Early 19th Centuries (Ithaca 1993) e Ian Brown, The Elite and the Economy in Siam, 1890-
1920 (Oxford 1988).
39
Pasuk Phongpaichit y Chris Baker, Thailand: Economy and Politics (Kuala Lumpur 1995).
ingleses. Por último, necesitamos echar un vistazo a la naturaleza cambiante de las
relaciones entre indios y comerciantes occidentales a lo largo del tiempo y a cómo los
últimos fueron colocando a los primeros en una posición subordinada dentro de las nuevas
estructuras del imperio. La suma total de estos acercamientos es un retrato creciente de
asociación y cambio, así como de competencia y dominación –lo que Adam Smith
denominó la ‘incurablemente imperfecta’ evolución de la administración europea en la
India. 40 Marx, de la misma manera que en el caso del sudeste asiático, fue menos
compasivo en su análisis describiendo el desarrollo de estos procesos como la destrucción
de una completa forma de vida. 41
Una manera de analizar la evolución de las relaciones comerciales entre el
subcontinente y el mundo exterior es cronológicamente, siglo tras siglo, un modo de
análisis muy útil aunque un poco artificial. Pueden rastrearse aspectos del comercio
anteriores a la llegada de los europeos a través de distintos factores. Los monzones eran de
crucial importancia en la órbita del comercio internacional, dictando precios y
oportunidades a partir de los calendarios de llegada y partida de los barcos. 42 El
intercambio multicultural ya desempeñaba un papel central en la región, como lo
demuestran las listas de los visitantes de puertos como Calicut y Cochin en la ribera
sudoccidental del subcontinente. 43 El lugar de la India en la especialización de productos
también fue crucial, con sus textiles, especias y productos de lujo viajando hacia las
ciudades portuarias de las costas de este enorme océano. Esto se dio especialmente en la
Bahía de Bengala, donde grandes cantidades de ropas de algodón partieron de India oriental
hacia el sudeste asiático. El vínculo de las costas de la India fue por lo tanto más hacia
fuera que hacia el interior: como la mayoría de los otros puertos de esta extensa región
marítima, los litorales del Océano Indico tienen a menudo más cosas en común entre sí que
con sus respectivos hinterland inmediatos. Esto se ve particularmente en el aspecto de la
religión, donde el budismo theravada se expandió desde Sri Lanka hacia Birmania y Siam y
el Islam lo hizo desde Gujarat hasta la península malaya e Indonesia. La situación
geográfica intermedia de la India como ‘techo’ del océano, así como la confluencia de
vientos y mareas, aseguraron su importancia llevando a los barcos a sus puertos como
etapas intermedias en sus viajes interoceánicos.
El siglo XVI fue caracterizado por mucha de la antigua literatura como un período
cataclísmico por la llegada de los portugueses (con los consecuentes fuego y espada),
aunque ahora sabemos que se trató de algo mucho menor. 44 Los patrones globales de

40
Smith, The Wealth of Nations II, 638.
41
Marx, Capital, III, 452.
42
S.Z. Qazim, ‘Concepts of Tides, Navigation and Trade in Ancient India’, Journal of Indian Ocean Studies
8, 1/2 (2000) 97-102.
43
Arabes, persas, sirios, egipcios, magrebíes, sumatranos, peguanos y chinos son mencionados como
visitantes en estas ciudades; también pueden ser vistas evidencias de estas comunidades pre-europeas en
Cochin, en la sinagoga y la comunidad judía sobreviviente sobre la ‘Jew Town Road’ y en las redes de pesca
voladizas chinas (llevadas por los embajadores del Gran Khan en el siglo XIII) colgando en el puerto de
Cochin. Para más información sobre las tempranas relaciones marítimas en la India sudoccidental, véase
Haraprasad Ray, ‘Sino-Indian Historical Relations: Quilon and China’, Journal of Indian Ocean Studies 8 1/2
(2000) 116-128.
44
Para dos historias revisionistas, véase K.S. Matthew, ‘Trade in the Indian Ocean During the Sixteenth
Century and the Portuguese’ en: K.S. Matthew ed., Studies in Maritime History (Pondichery 1990) 13-28 y
Sanjay Subrahmanyam, ‘Profit at the Apostle’s Feet: The Portuguese Settlement of Mylapur in the Sixteenth
comercio indios y sus mecanismos no cambiaron universalmente durante este siglo.
Mientras los portugueses erigieron su sistema de cartaz (pases), el costo para los
comerciantes locales fue a veces mínimo: si bien muchos indios pagaron las tasas, aquellos
que operaban en áreas bajo una débil vigilancia portuguesa simplemente las evitaron en su
conjunto. Los Zamorines * de Calicut y los rajás de Cochin, Cannanore y Quilon (todos en
la costa malabar), por ejemplo, continuaron comerciando poniéndose efectivamente bajo el
paraguas de la ‘protección’ portuguesa cuando tenían que hacerlo, pero también
ignorándolos en otros momentos y lugares. La mayoría de los indios, especialmente los que
se encontraban bajo el dominio de los mogoles –los ingresos de éstos provenían
principalmente de la tierra y no del mar– no fueron afectados por las carabelas portuguesas.
El aforismo mogol ‘las guerras por mar son asunto de los mercaderes y no afectan el
prestigio del rey’ operó como un dogma en la corte real. 45 Pese a los enérgicos intentos
hechos por los portugueses en sentido contrario, la flota extranjera que se dirigía a Medio
Oriente y al sudeste asiático permaneció en gran medida en manos indígenas durante los
primeros años de la llegada de los europeos.
Fue sólo con el arribo en el siglo XVII de los más organizados holandeses e ingleses
que el balance del comercio indio comenzó a cambiar. Pero incluso aquí este cambio a
menudo benefició al comercio indio más que perjudicarlo. Aunque necesitamos tener en
cuenta todas las fuentes disponibles, los registros parecen indicar que la llegada de los
europeos del Norte funcionó inicialmente como un impulso positivo para el comercio
indígena proveyendo nuevos capitales, flota, tecnología marítima y mercados, todos para el
uso de los indios. De esta manera el comercio gujarati se extendió hasta Manila hacia 1660,
utilizando barcos y rutas marítimas británicos mientras que el capital gujarati financiaba los
viajes. 46 La diversidad del comercio y sus actores fue una característica de en este período
por región, religión y grupo lingüístico; así como por ocupación, como en el caso de los
marineros ingleses en barcos tamiles y bengalíes. Además, la caótica presencia de los
europeos auguró cambios en otros sentidos, como en el caso de la rivalidad anglo-
holandesa que puso en peligro la estabilidad de las rutas comerciales. El patronazgo
europeo aceleró también el ‘ciclo vital’ de las ciudades indias; el ascenso de Surat frente a
Cambay es un ejemplo de esto, aunque este proceso reconoce causas internacionales más
amplias, e incluso locales. 47 Pese a que los indios tuvieron que pagar por protección más a

Century’ en: Sanjay Subrahmanyam, Improvising Empire: Portuguese Trade and Settlement in the Bay of
Bengal (Delhi 1990) 47-67.
*
Casa gobernante hindú en Calicut (N. del T.)
45
M.N. Pearson, ‘India and the Indian Ocean in the Seventeenth Century’ en: Ashin Das Gupta y M.N.
Pearson, India and the Indian Ocean 1500-1800 (Calcuta 1987) 79; también Syed Hasan Askarai, ‘Mughal
Naval Weakness and Aurangzeb’s Attitude Towards the Traders and Pirates on the Western Coast’, Journal
of Indian Ocean Studies 2/3 (1995) 236-242.
46
Para una descripción de las diversidades duraderas de este comercio hacia Manila, incluso un siglo después,
véase Thomas y Mary McHale eds., The Journal of Nathaniel Bowditch in Manila, 1796 (New Haven 1962).
47
Uno aún puede sentir los efectos de esta dinámica en Cambay, que hoy es una ‘ciudad marginal’ comparada
con la más próspera Surat. Tagliacozzo, 1990 notas de campo, 380. La necesidad posterior de los mogoles de
contar con un puerto de tránsito dominante también benefició a Surat frente a Cambay, así como el auge de
los peregrinos comprometidos en el Hajj [peregrinación obligatoria a La Meca para los musulmanes, N. del
T.] (y el aumento del precio del café como commodity) durante el siglo XVII perjudicó a Mascate frente a
Moca en la Península Arábiga. Para algunas de las permutaciones del comercio en Gujarat, véase Shireen
Moosvi. ‘The Gujarat Ports and their Hinterland: The Economic Relationship’ en: Indu Banga ed., Ports and
their Hinterlands in India, 1700-1950 (Delhi 1992) 121-130; Aniruddha Ray, ‘Cambay and its Hinterland:
The Early Eighteenth Century’ in Banga, ed., Ports and their Hinterlands in India, 131-152 y Ashin Das
menudo que antes, los cascos europeos permitieron una mayor velocidad y seguridad
debido a una construcción de barcos más fuerte (clavos vs. tablas cosidas) y diseño de
barcos más liso. 48
En el siglo XVIII hubo cambios en una nueva dirección, negativa desde el punto de
vista de las opciones de los indios. Pese a que inicialmente el comercio europeo no lesionó
a la mayoría de los comerciantes locales, los armadores indios sufrieron un destino
diferente: como el tráfico fue realizado cada vez más mediante veleros extranjeros los fletes
indios se fueron reduciendo al perder en la competencia con los nuevos ‘comerciantes del
país’. Fue este heterogéneo bloque de intereses especiales el que colocó a los otrora
poderosos fleteros gujaratis fuera de las rutas internacionales de comercio y los relegó al
papel menor y subsidiario de comerciantes de cabotaje. 49 Esto fue así incluso para los
comerciantes locales anglo-indios –algunos de los cuales trabajaban para la Compañía y
otros eran ‘comerciantes libres’– quienes comenzaron a cambiar radicalmente la ‘extraña
mezcla mogol de despotismo, derechos tradicionales y equitativas libertades tradicionales’
que fue el sistema de comercio y producción prevaleciente en la India rural (mercaderes
portuarios – corredores – subcorredores – jefes locales – tejedores – cultivadores de índigo,
etcétera). 50 Podemos volver a esto en un momento, pero es precisamente en estas
mutaciones que vemos comenzar a borrarse las gradaciones realizadas por Eric Wolf entre
los modos de producción basados en el parentesco y en el capital. La mayoría de las veces
con la ayuda de los comerciantes locales, los occidentales fueron capaces de reorientar la
producción fuera de los destinos tradicionales y llevarla hacia los conductos de su propio
interés. 51 Surat, por ejemplo, pasó de ser una ciudad dedicada a la exportación de ropa e
índigo (hacia el Cercano Oriente) a un enclave de la Compañía dirigido hacia las
exportaciones a China. 52 La tradicional ‘escala mogol’ de producción en las zonas rurales
finalmente dejó de existir: los intermediarios indios salieron perdiendo frente a los
comerciantes del país, quienes contrataban a sus propios facilitadores como empleados
asalariados. A medida que avanzaba el siglo XVIII los europeos, y en particular los
británicos, fueron penetrando cada vez más en las zonas rurales, creando nuevos lazos de
dependencia comercial y productiva.
Este proceso de maduración de la dependencia y de los cambios en su evolución es
lo que debemos explorar aquí con más detalle. Poder y política también fueron parte de las
tareas más amplias del comercio británico. Igual que los portugueses, los ingleses no

Gupta, ‘The Merchants of Surat, 1700-1750’ en Edmund Leach y S.N. Mukherjee, Elites in South Asia
(Cambridge 1970).
48
Baldeo Sahai, Indian Shipping: A Historical Survey (Delhi 1996) 208-251.
49
Savitri Chandra, ‘Sea and Seafaring as Reflects in Hindi Literary Works During the 15th to 18th Centuries’
en Matthew ed., Studies in Maritime History, 84-91 y R. Tirumalai, ‘A Ship Song of the Late 18th Century in
Tamil’ en Matthew ed., Studies in Maritime History, 159-164.
50
Ashin Das Gupta, ‘India and the Indian Ocean in the Eighteenth Century’ en Das Gupta y Pearson, India
and the Indian Ocean, 136.
51
Sobre esta cuestión en forma amplia, véase Sugata Bose, Peasant Labour and Colonial Capital: Rural
Bengal Since 1770 (Cambridge 1993); Kum Kum Banerjee, ‘Grain Traders and the East India Company:
Patna and its Hinterland in the Late Eighteenth and Early Nineteenth Centuries’ en Sanjay Subrahmanyam
ed., Merchants, Markets and the State in Early Modern India (Delhi 1990) 163-189 y Lakshi Subramanian,
‘Western India in the Eighteenth Century: Ports, Inland Towns and States’ en Banga ed., Ports and their
Hinterlands in India, 153-180.
52
Dilbagh Singh y Ashok Rajshirke, ‘The Merchant Communities in Surat: Trade, Trade Practices and
Institutions in the Late Eighteenth Century’ en Banga ed., Ports and their Hinterlands in India, 181-198.
pusieron en marcha su camino hacia la dominación simplemente gracias a su poder de
fuego y tecnología superiores; esto es importante porque luego los británicos pasaron
realmente a sostenerse a partir de estas ventajas. Si bien debemos reconocer los principios
generales de la ‘revolución militar’ europea, el desequilibrio creado por este tipo de
avances –como en el caso del sudeste asiático– tuvo pocos efectos en la India hasta
mediados del siglo XVIII. 53 Simplemente había muy pocos soldados portugueses y
holandeses en el subcontinente como para producir cambios significativos en el comercio, y
cuando los ejércitos británicos aparecieron en masse fue principalmente para combatir a los
franceses. 54 Este fue el momento en que poder y comercio comenzaron a fusionarse
seriamente, cuando los rivales europeos fueron expulsados e Inglaterra se encontró por
primera vez en la posición de poder imponer sus programas para el comercio. Las acciones
y respuestas indias ante esta evolución no fueron de ninguna manera estáticas o poco
imaginativas: fueron incorporados los diseñadores de armas y adoptados mercenarios
europeos; un británico observaba que ‘difícilmente venga un barco (en la década de 1760)
que no venda a los indios cañones o armas pequeñas.’ 55 Las sangrientas batallas disputadas
por los británicos contra el navab de Bengala y el visir de Oudh en la década de 1760 y
contra Mysore y los marathas a fines del siglo XVIII fueron un testamento de esta situación
de cuasi equilibrio. Los gobernantes indios locales fueron en busca de aliados, llegando
incluso a los sultanes otomanos, diciéndoles que estos esfuerzos deberían materializarse
entre ‘hermanos musulmanes de acuerdo a las obligaciones impuestas por la religión y para
defender al Indostán.’ 56 Sin embargo este equilibrio cambió en el siglo XIX y las
capacidades británicas para reforzar el comercio –e imponer cambios estructurales–,
cuando la producción de armas se multiplicó en Europa y los costos de enviar tropas hacia
las colonias comenzaron a disminuir de manera significativa.
Algún tipo de ‘política’ verdaderamente integrada hacia el comercio indio antes de
1784 fue de hecho un concepto nebuloso. Antes de esta fecha la Compañía, el Home
Government y las presidencias individuales (Bombay, Bengala y Madrás) tomaban sus
decisiones con muy poca coordinación, pero en enero de ese año el London Board of
Control y el Gobernador General de la India establecieron un control más racional. Luego
de la desintegración del poder mogol y la expulsión de los franceses, los británicos –con
nuevos poderes de organización y la mano de obra necesaria para sostenerla– enfrentaron a
la India de una forma radicalmente distinta a la que habían tenido antes. Aunque que la
Compañía de Indias Orientales aún sostenía que no quería absorber territorios, brazos
significativos de la organización –el ejército, la marina y los intereses privados dentro de la
estructura de la Compañía– presionaban para este tipo de adquisiciones. El poder coercitivo

53
Ejércitos y navíos más grandes, una creciente especialización, códigos disciplinarios más estrictos y un
mayor control del estado fueron algunos de estos aspectos. Véase Geoffrey Parker, The Military Revolution:
Military Innovation and the Rise of the West, 1500-1800 (Cambridge 1996).
54
Sobre la presencia holandesa y francesa en India, véase H.K. s’Jacob, ‘De VOC en de Malabarkust in de
17de eeuw’ en M.A.P. Meilink-Roelofsz ed., De VOC in Aziëk (Bussum 1976) 85-99; Om Prakash, The
Dutch Factories in India, 1617-1623 (Delhi 1984); Indrani Ray ed., The French East India Company and the
Trade of the Indian Ocean (Calcuta 1999).
55
P.J. Marshall, Trade and Conquest: Studies on the Rise of British Dominance in India (Aldershot 1993) 27;
sobre los mercenarios, véase G.V. Scammell, ‘European Exiles, Renegades and Outlaws and the Maritime
Economy of Asia’ en: K.S. Matthew, Mariners, Merchant and Oceans: Studies in Maritime History (Delhi
1995) 121-142.
56
Véase la carta de Sultan Salim a Tipu Sultan del 20 de septiembre de 1798 reproducida en: Kabir Kausar
compilador, Secret Correspondence of Tipu Sultan (Nueva Delhi 1980) 253-265.
fue visto por estos intereses como clave para la estabilidad, el enriquecimiento y mayor
bienestar del Imperio. Estadísticamente 1784 parece ser un momento clave en el
crecimiento de las inversiones británicas, dado que la Compañía y sus agentes llevaron el
fantasma de la fuerza a sus negociaciones comerciales en las cortes indias. Los
comerciantes privados recogían ‘donaciones’ por colaborar en las luchas de sucesión
locales, mientras eran adelantados ‘regalos’ a los ingleses que ayudaban a establecer
campañas internas. Estos beneficios inicialmente tuvieron la forma de subvenciones sobre
ingresos y producción (como el caso de los pueblos de tejedores, los derechos de
recolección y los subsidios en las manufacturas de índigo), pero crecientemente pasaron a
tomar la forma de inversiones en tierras. 57 Hacia fines del siglo XIX las actitudes británicas
de laissez faire hacia el comercio cambiaron hacia un claro fomento de la administración
directa.
El caso de Oudh y sus alrededores captura la dinámica de este cambio en un
microcosmos muy útil. P.J. Marshall mostró como Oudh fue atacado por los británicos en
1764 y luego fueron anexadas amplias porciones de su territorio, en 1801. Incluso antes de
esta última fecha los mecanismos de dominación presionaban con una firme arremetida.
Los cultivadores de índigo y los tejedores de algodón de la provincia ya respondían a las
demandas de Calcuta hacia 1764, pero cada vez más estos productores fueron sucumbiendo
al yugo británico directo (o indirecto). 58 En 1765 Clive obtuvo el derecho de estacionar
tropas en Oudh para restaurar al visir en su trono, luego de lo cual demandó más subsidios
para tropas. Durante ese mismo año, el navab Nudjum-ul-Dowlah declaró que estaba
‘cortésmente agradecido de ceder a la Compañía Inglesa el diwan de Bengala, Behar
[Bihar] y Orissa’ a cambio de ingresos anuales que liquidaban todos sus gastos. 59 En 1773
un Residente de la Compañía se instaló en el gobierno de Oudh, originalmente para facilitar
un flujo similar de pagos desde allí. Mientras tanto, el propio visir pagaba los salarios de
los soldados de la Compañía, ostensiblemente como una protección contra los rivales
políticos y territoriales. El capital privado británico rápidamente sacó partido de esta
situación promisoria. El residente y sus sucesores (contra los dictados de la Compañía)
obtuvieron el monopolio de la producción de sal de roca, mientras que mercaderes libres
como John Scott comercializaban bienes, construían factorías y proveían a la Compañía
con textiles como subcontratistas. Hay muchas otras historias similares, pero el aspecto
importante aquí es el patrón: comerciantes del país que no se presentaban a las cortes del
visir, evadían el pago de sus ventas, construían sus propios monopolios locales y
establecían sus propios pactos con mercaderes y aristócratas locales. Si sentían que su
presencia estaba amenazada, siempre podían apelar a la protección de la Compañía.

57
Estas corrientes complicadas son bien tratadas en los siguientes trabajos: P.J. Marshall, ‘Private Trade in
the Indian Ocean Before 1800’ en: Das Gupta y Pearson, India and the Indian Ocean, 276-300; S.
Arasaratnam, ‘Weavers, Merchants and Company: The Handloom Industry in South-Eastern India 1750-
1790’ en: Subrahmanyam ed., Merchants, Markets and the State, 190-214; Bruce Watson, ‘Indian Merchants
and English Private Interests: 1659-1760’ en: Das Gupta y Pearson, India and the Indian Ocean, 301-316 y
Ashin Das Gupta, Merchants of Maritime India, 1500-1800 (Ashgate 1994) capítulo 14.
58
Los textiles bengalíes se vendían muy bien en Europa y América, con demandas de algodón que
desbordaban Oudh. Para 1800 se decía que ‘cada barco extranjero que importaba lingotes de oro o plata hacia
Calcuta, llevaba estos lingotes especialmente para los bienes de Oudh’. Véase Marshall, Trade and Conquest,
475-476. Véase también Joseph Brenning, ‘Textile Producers and Production in Late Seventeenth Century
Coromandel’ en: Subrahmanyam ed., Merchants, Markets and the State, 66-89.
59
‘Agreement between the Nabob Nudjum-ul-Dowlah and the Company, 12 de agosto de 1765’ en Barbara
Harlow y Mia Carter eds., Imperialism and Orientalism: A DocumentarySourcebbok (Oxford 1999) 6.
Pero, ¿cómo respondieron los comerciantes indios –quienes aparentemente fueron
los que perdieron más con estas penetraciones– al desarrollo de los nuevos parámetros del
comercio? Esta es una pregunta importante. Existieron enormes posibilidades de asociación
con los ingleses y holandeses durante el primer período de la presencia europea, cuando
comerciantes británicos e indios a menudo se complementaban para maximizar sus
respectivos beneficios. Los primeros comerciantes del país simplemente no tenían los
recursos suficientes como para comerciar por cuenta propia, y como la Compañía veía con
malos ojos cualquier tipo de actividad que compitiera con los objetivos de la organización,
los mercaderes ingleses se vieron forzados a buscar ayuda en otro lado. Los indios pasaron
a ser sus socios en una variedad de cargos –inversores, gerentes, agentes y banqueros– que
dirigían el comercio y el flujo de bienes hacia destinos que la Compañía ignoraba. 60 Estas
asociaciones existieron a menudo en los ‘intersticios’ de las actividades de la Compañía,
donde los Directores los dejaban florecer como líneas suplementarias de comercio. A
medida que pasaba el tiempo, estos espacios crecieron de hecho en una proporción enorme,
con hombres como el gobernador de Madrás, Elihu Yale, haciendo grandes sumas de
dinero en su mayoría en sociedad con mercaderes tamiles locales.61
El crecimiento de este comercio del país, y la expansión concomitante del poder
británico en el subcontinente que ya hemos explorado, ayudó a cambiar la naturaleza de la
cooperación en el siglo XVIII. Pero ‘ayudar’ y ‘causar’ son dos cosas diferentes: los
cambios más profundos, estructurales, ya eran desventajosos para el comercio indio a
mediados del siglo. La presión económica británica en el subcontiente se enfrentaba a una
competencia seriamente debilitada. Un ejemplo de esto fueron las nuevas desventajas
internacionales experimentadas por las compañías navieras de los musulmanes indios
cuando en medio del caos, los estados centro-orientales gravaron con pesadas exacciones
las tradicionales redes gujaratis, mientras los principales puertos de Asia sudoriental caían
bajo el control pan-cristiano. 62 La suerte del comercio británico se estaba moviendo en una
dirección exactamente opuesta en ese momento: concesiones cerca de Surat (1759), en
Malabar (ca. 1790), Penang (1786) y Bengkulu (ca. 1770) eran mercados ingleses en
expansión pese a la contracción causada. Además, también se establecieron en India nuevas
arterias de comercio entre posesiones británicas, como las oportunidades ampliadas para el
embarque de granos, legumbres, sal de piedra y bebidas espirituosas para los crecientes
ejércitos británicos. Las nuevas características de los barcos que llegaban a los principales
puertos indios registraron estos cambios. 63 Lo que es más difícil de certificar, aunque
parece ser bastante cierto, es que los comerciantes del país ingleses habían desarrollado un
cúmulo de conocimientos sobre el comercio local que se habían procurado de otros
previamente. Los socios indios que en su momento fueron vistos como iguales dejaron de
serlo, ya que no fueron más imprescindibles para el éxito de las operaciones británicas. 64

60
S. Arasaratnam, Maritime India in the Seventeenth Century (Delhi 1994) capítulo 7.
61
S. Arasaratnam, Maritime Trade, Society and European Influence in Southern Asia, 1600-1800 (Ashgate
1995) capítulo 3.
62
Patricia Risso, Merchants and Faith: Muslim Commerce and Culture in the Indian Ocean (Boulder 1995)
77-98.
63
El puerto de Calcuta registró en 1777 un total de 290 barcos mercantes privados británicos en y fuera del
puerto, con sólo un 5% del tráfico total de más de ochenta toneladas en manos de indios (nativos). Véase
Bruce Watson, Foundation for Empire: English trade in India 1659-1760 (Nueva Delhi 1980).
64
Holden Furber, Private Fortunes and Company Profits in the India Trade in the 18th Century (Aldershot
1997).
De todas maneras, borrar de la historia de mediados del siglo XVIII a los
mercaderes indios sería un verdadero error. La iniciativa de estos comerciantes encontró
nuevas maneras de sobrevivir, estableciendo incluso algunas sorprendentes sociedades.
Enfrentados a una marginalización a gran escala, a menudo los indios se asociaban a la
única constante que podían encontrar: la codicia de los comerciantes privados ingleses. Los
dictados, políticas y leyes de la Compañía y del emergente estado colonial fueron a menudo
una carga que debieron soportar los comerciantes del país, así como antes habían sofocado
a las clases mercantiles indígenas. Aquí aparecen las semillas de una nueva asociación. Los
comerciantes del país a menudo llevaban a los indios a maximizar sus ingresos contra la
Compañía a la que ostensiblemente servían mediante la fijación de sobreprecios, informes
falsos, coimas y sobrefacturación; una especie de ‘armas del más débil’65 Los comerciantes
privados también vendían a los mercaderes indios salvoconductos a escondidas para que
pudieran evadir sus propios impuestos: dado que sus bienes ahora estaban siendo dirigidos
hacia los cofres de la Compañía, los navabs no podían imponer exacciones. Los niveles de
cooperación en estas empresas se extendieron a lo largo de la India británica, desde los
oficiales de distrito más bajos hasta los gobernadores de las Presidencias y eran de una
‘infinita variedad, color y movimiento’. 66 Fue en esta complejidad nueva de relaciones en
el mundo imperial en expansión que el comercio indio encontró un nicho. 67 Alguna vez
socios, luego competidores y finalmente subordinados, el comercio indígena sobrevivió al
conjunto de estos cambios adaptándose –para peor o mejor– a las exigencias de los
tiempos.

El litoral occidental: las costas de Africa oriental


La costa oriental de Africa es el último escenario que vamos a explorar en nuestro
examen de la influencia occidental sobre el comercio y la producción en el Océano Indico.
Aquí, los temas salientes de la época eran análogos a los patrones que encontramos a lo
largo de las márgenes del Océano Indico: cambios en los centros de población costeros,
incorporación de un hinterland crecientemente importante y movimientos de pueblos
locales ya sean estos mercaderes, banyans * o esclavos. De todas maneras, algunas de las
tendencias principales pueden ser identificados como de importancia central para el caso
del Africa oriental. Quizás el primer y más importante caso es el de Zanzíbar, que comenzó
como una factoría omaní a fines del siglo XVII y gradualmente se fue desarrollando como

65
La frase, por supuesto, es de James Scott. Véase James Scott, Weapons of the Weak: Everyday Forms of
Peasant Resistance (New Haven 1985).
66
En Madrás, por ejemplo, el Gobernador del Fuerte St. George (Edward Winter) se asoció primero con el
comerciante Beri Timmanna, mientras que el Presidente de Surat George Oxenden mantuvo estrechas
relaciones con Bhinji Parak. In 1721 Hastings fue destituido por sus negociaciones privadas y también fue
interrogado su socio tamil Khrishnama Venkatapati. Si estaban bien conectados, los mercaderes indios podían
crecer mucho y ser extremadamente poderosos. Adiappa Narayan, dubash [intermediario, N. del T.] del
gobernador de Madrás Richard Benyon, hacía negociaciones para culíes indios, mercaderes de commodities,
otros dubashes, artesanos, chetties tamiles, dignatarios locales indios, residentes portugueses y la alta
sociedad del Madrás británico. Véase Watson, Foundation of Empire, 309-312.
67
Para las complejidades de estos nuevos arreglos, véase Om Prakash, ‘European Corporate Enterprises and
the Politics of Trade in India, 1600-1800’ en. R. Mukherjee y L. Subramanian, Politics and Trade in the
Indian Ocean World (Delhi 1998) 165-182 y Sanjay Subrahmanyam y C.A. Bayly, ‘Portfolio Capitalists and
the political Economy of Early Modern India’ en: Subrahmanyam ed., Merchants, Markets and the State, 242-
265.
*
Término con el que los primeros portugueses designaron a los mercaderes hindúes (N. del T.)
un imperio comercial de motu propio. Este salto fue logrado a través de políticas
mercantilistas, pero una vez establecido el ‘imperio’ zanzibarí sufrió cambios estructurales
fundamentales en el transcurso de los siglos XVIII y XIX. 68 Este proceso, relatado tanto
por los registros indígenas (como la ‘Historia Antigua de Dar es-Salaam’) como por los
documentos ingleses del período, estuvo inherentemente vinculado a las relaciones de
Zanzíbar con la India británica. 69 Desde una perspectiva más amplia, estos procesos
también estaban vinculados a la evolución del capitalismo global en general y a la
cambiante institución de la esclavitud en particular. Adam Smith estaba fascinado por estas
conexiones y escribió mucho acerca de esta extendida red africana. Smith sabía que el
futuro no sólo de Africa sino también de las Américas estaba vinculado a estas cuestiones,
y vio el fenómeno de la esclavitud africana como uno de los temas morales y económicos
más importantes de su tiempo. 70 La larga, extensa línea costera fue un escenario de
continuas guerras y desórdenes durante los siglos XVI y XVII. De una forma mayor que en
el resto del litoral índico, la presencia portuguesa probó ser no sólo fundamentalmente
desestabilizadora, sino también parte de un patrón secular de violencia y represalias entre
los diferentes actores que se disputaban las riquezas del comercio costero. Los árabes
omaníes se involucraron en estas contiendas, como lo hicieron los propios portugueses y las
comunidades africanas de la costa. Inicialmente Fort Jesús en Mombasa fue el punto focal
en estas peleas y tenemos buenos testimonios contemporáneos (tanto relatos de testigos
oculares como restos arqueológicos) que señalan la ferocidad de los asaltos por todos los
partidos. 71 Ya para 1698-1699 la discreta estación omaní en Zanzíbar emergía como un
nuevo factor importante en el comercio y la diplomacia regionales. La influencia de la
pequeña ciudad costera creció constantemente, de la misma manera que el siglo XVII se
volvió XVIII sólo un año más tarde. 72
Así como Zanzíbar pasó a estar cada vez más incorporado política y
económicamente a los circuitos de intercambio, sus relaciones productivas y sociales
básicas cambiaron para acomodarse a las nuevas realidades internacionales. Karl Marx y
Friedrich Engels hicieron comentarios acerca de estas transformaciones en el siglo XIX,
aunque este proceso venía ocurriendo desde hacía bastante tiempo. 73 Pese a que comerciaba
en nombre propio, Zanzíbar pasó a ser una ‘cinta transportadora’ entre los bienes y
mercados africanos y el Occidente industrializado. Dhows * y caravanas que alguna vez
fueron utilizados con fines predominantemente mercantilistas ahora tenían otros objetivos:
la compra de esclavos para poblar las plantaciones de clavo y alimentos bajo el control
zanzibarí, y el tráfico de marfil, que había alcanzado altos precios en Europa y

68
Para comentarios sobre Omán y Zanzíbar durante este período, véase R.J. Barendse, ‘Reflections on the
Arabian Seas in the Eighteenth Century’, Itinerario 25/1 (2001) 25-50. Sobre las civilizaciones swahilis de la
costa del Africa oriental que se desarrollaron a lo largo de los siglos como resultado de estos contactos
comerciales, véase Mark horton y John Middleton, The Swahili: The social Landscape of a Mercantile Society
(Oxford 1988) 5-26.
69
Para los primeros, véase ‘The Ancient history of Dar es-Salaam’ en: G.S.P. Freeman-Grenville, The East
African Coast: Select Documents From the First to the Earlier Nineteenth Century (Oxford 1962) 233-237.
70
Véase, por ejemplo, Smith, The Wealth of Nations II, 571, 578, 586-587, 939.
71
Véase, por ejemplo, el informe de Manuel de Faria y Sousa en. Zoe Marsh ed., East Africa Through
Contemporary Records (Cambridge 1961) 19-22.
72
Véase Michael Parson, Port Cities and Intruders: The Swahili Coast, India and Portugal in the Early
Modern Era (Baltimore 1998).
73
Véase Engels, especialmente en Marx, Capital III, 1047.
*
Embarcación pequeña utilizada en las costas del Africa oriental y el Golfo Pérsico (N. del T.)
Norteamérica. 74 Estos cambios en la naturaleza del imperio, por supuesto, también trajeron
repercusiones en los pueblos del interior, ya que las entidades más débiles fueron
despobladas y las más fuertes reorientaron su producción hacia las materias primas
deseadas (marfil, goma copal, etc.). Asimismo, en la propia metrópolis (en el caso de
Zanzíbar, frente a su propio hinterland africano) los cambios reorganizaron el tejido social
existente al tiempo que se desarrollaron nuevas jerarquías. Por ejemplo los indios, que
habían sido mercaderes importantes (aunque nunca predominantes) durante el antiguo
estado mercantilista, obtuvieron nuevas ventajas con sus asociaciones a los británicos en
detrimento de los mercaderes étnicamente árabes. A mediados del siglo XIX, los
gobernantes omaníes de Zanzíbar eran tan dependientes del poderío militar británico para
mantener la estabilidad tribal en Omán y del capital que los indios británicos traían del Raj,
que pudieron hacer poco para impedir los cambios que se avecinaban. 75 En 1862 Omán y
Zanzíbar se separaron formalmente para que los británicos pudieran controlar mejor a
ambos y en 1890 Zanzíbar fue proclamado un protectorado británico.
Estas amplias pinceladas sólo arrojan un poco de luz sobre las complejidades de la
transformación de Zanzíbar. En un momento diremos más acerca de la oposición con el
continente, pero es más útil tener primero una idea acerca de cómo este ‘nudo’
wallersteiniano fue cambiando antes de ir profundizando. En la década de 1770 el
monopolio holandés del clavo en Maluku fue roto y fueron llevadas semillas hasta
Mauricio y la costa oriental de Africa. Junto con el auge de la influencia británica sobre los
clanes omaníes en Zanzíbar y el Golfo Pérsico, la producción de clavo fue estimulada hasta
su potencial por unos mercados occidentales que no se saturaban. 76 Una parte importante
de la creciente influencia británica se debió a la nueva campaña en pos de la abolición de la
esclavitud, un movimiento que algunos académicos han identificado como parte de una
‘oleada humanitaria’, aunque había un motivo más profundo y era la penetración
económica. 77 Sabemos tanto por fuentes europeas como indígenas (como la ‘Historia
Antigua de Kilwa Kisiwani’) que un porcentaje sustancial de la clase mercantil zanzibarí
debe su origen al tráfico de esclavos, principalmente hacia Medio Oriente donde los
africanos eran utilizados como buscadores de perlas, en el ejército, como sirvientes y como

74
La compra de esclavos en Africa oriental, y en el Océano Indico en general, tenía una larga historia en este
sentido; véase S. Arasaratnam, ‘Slave Trade in the Indian Ocean in the Seventeenth Century’ en: Matthew,
Mariners, Merchants and Oceans, 195-208. También empezó a ser importante el papel de Estados Unidos en
las costas del Africa oriental, con sus mercaderes comprando grandes cantidades de marfil, goma copal y
otras commodities de regreso hacia Salem y otros puertos nororientales.
75
Iftikhar Ahmad Khan, ‘Merchant Shipping in the Arabian Sea – First Half of the 19th Century’, Journal of
Indian Ocean Studies 7 2/3 3 (2000) 163-173.
76
En primer lugar porque los holandeses exportaban sólo una fracción de los clavos que podían obtener de las
Indias, para mantener los precios artificialmente altos.
77
Este es uno de los lugares en donde las historias marxistas/nacionalistas como las elaboradas por Abdul
Sheriff (en su Slaves, Spices and Ivory in Zanzibar: The Integration of an East African Commercial
Enterprise into the World Economy 1770-1873 (Londres 1987)) parecen ligeramente torcidas. El autor sólo ve
maquinaciones en estos movimientos, con claros protagonistas (zanzibaríes) y antagonistas (ingleses) más que
una más realista gama de grises. Había ingleses que creían en las campañas antiesclavistas por sus
convicciones religiosas o por razones puramente humanitarias, sin estar envueltos en las políticas británicas
de comercio y expansión. Asimismo, había miembros de la élite africano-oriental que veían la esclavitud
como una ruta hacia su propia prosperidad material. En este estudio, por otra parte excelente, estos
claroscuros aparecen algo problemáticos.
concubinas. 78 Los dictados y convenciones británicos, como el Tratado de Moresby de
1822 que prohibía el tráfico de esclavos al sur del Cabo Delgado (actual Tanzania) y al este
de Diu (en India), pusieron a estos mercaderes en un aprieto. La solución para estos
hombres, y para Zanzíbar en su conjunto, fue la fusión de estas dos actividades (esclavitud
restringida y producción de clavo en expansión) en una nueva ideología: ‘los esclavos no
pueden ser exportados, pero sí el producto de su trabajo’. 79 El resultado fue la explosión de
la industria del clavo en las propias Zanzíbar y Pemba, con una política agrícola dirigida y
estimulada tanto por aristócratas como por el estado zanzibarí basada en la esclavitud. El
mismo Said Sultan tenía enormes parcelas de tierra dedicadas a la producción de clavo,
mientras sus hijos y concubinas lo seguían. También tenían inversiones allí comerciantes
caravaneros que recorrían el interior de Africa durante varias jornadas. Para 1834 existían
alrededor de cuatro mil árboles de clavo sólo en Kizimbani, de entre cinco y veinte pies de
altura, cuya cosecha rendía beneficios de cerca del 1.000 %.80 La fiebre por la ocupación de
tierras fue tan grande en las ‘regiones centrales’ de Pemba y Zanzíbar que la primera perdió
dos tercios de su superficie de bosques en el transcurso de una década, a lo que rápidamente
siguieron cambios demográficos y en las relaciones sociales en la isla. 81
El estímulo británico al cambio en el la zona continental frente a Zanzíbar fue
también muy fuerte. El auge de los puertos costeros tributarios como Kilwa Kivinge,
Bagomoyo y Pangani, todos los cuales actuaban como punto final de las caravanas y
centros de almacenamiento para los comerciantes zanzibaríes que penetraban hacia el
interior del continente, motivaron el desarrollo del comercio. Al mismo tiempo, las
exacciones de Zanzíbar y el control político sobre las costas norte y sur de su hinterland
directo (el Mrima) fueron relativamente débiles, basados en la posibilidad de esas regiones
de comerciar con quien quisieran si así lo deseaban. El estado zanzibarí alentó a sus
comerciantes a dirigirse hacia el interior, conociendo muy bien las ventajas que podrían

78
Compárese las narraciones del traficante esclavista francés Monsieur Morice (1776) con la de la crónica
Kilwa Kisiwani, ambas reproducidas en: Freeman-Grenville, The East African Coast, 191 y 223. La
esclavitud es claramente un acuerdo económico deseado por las dos partes, europeos (como Monsieur
Morice) y algunos swahilis. Véase también Shaikh al-Amin bin ‘Ali al Mazru’i, The History of the Mazru’i
Dynasty (Londres 1995).
79
Sheriff, Slaves, Spices and Ivory, 48.
80
El pequeño promedio de altura de estos árboles muestra que fueron plantados recientemente –y en masse– .
Para que sirva de comparación, en 1990 subí al volcán Ternate en el norte de Maluku para alcanzar el
Cengkeh Afu, un enorme árbol de clavo descripto en relatos portugueses y holandeses de la isla en el siglo
XVII. El árbol aún está en pie, cuatrocientos años después, y puede producir 600 kg. de clavos en la cosecha
de un solo año. Tagliacozzo, 1990, notas de campo, 451.
81
Para dos buenos análisis de estos comportamientos a través del tiempo, véase Edward Alpers, Ivory and
Slaves: The Changing Pattern of International Trade in East Central Africa to the Later Century (Boston
1975) y C.S. Nicholls, The Swahili Coast: Politics, Diplomacy and Trade on the East African Littoral, 1798-
1856 (Londres 1971). El panorama (en sentido geográfico y social) de Pemba cambió completamente en la
década 1830. Pemba fue el granero de Mombasa y Arabia al mismo tiempo, pero esto cambió cuando el
campesinado local fue expulsado de sus tierras comunales y fueron erigidas plantaciones por la élite de
Zanzíbar. Pese a que llevaron allí a miles de esclavos, los plantadores originales también fueron reclutados
con intentos de Said Sultan de expropiar su trabajo mediante los canales tradicionales de percepción del
tributo. En 1834 éste fue convertido en un impuesto per cápita, con los campesinos produciendo clavos para
poder pagar los impuestos en metálico instituidos desde el Istana de Zanzíbar en lugar de dedicarse a la
agricultura de subsistencia. Véase Sheriff, Slaves, Spices and Ivory, 55-59.
obtener de las ventas –especialmente de marfil– a Gran Bretaña y la India británica. 82 Para
fines de la década de 1850 el marfil ya constituía la mitad de las importaciones totales de
Zanzíbar. La adquisición de marfil en las fuentes fue luego complementada por un sistema
gradual de derechos fiscales, de manera que cuanto mayor era la distancia del centro de la
red económica de la isla se hallaban, menor era la carga impositiva que debían pagar. 83
Esto llevó cada vez más a los comerciantes zanzibaríes hacia el interior, donde muchos se
habían establecido y practicaban la agricultura, construyeron grandes establecimientos y
erigieron un sistema de postas comerciales, mientras adquirían mujeres como concubinas o
viudas de jefes locales durante este proceso. 84 Su aparición también implicó una
reconfiguración de las relaciones locales de poder, ya que los jefes tradicionales –quienes
en un primer momento habían aumentado su poder mediante la limpieza de la sabana para
que fuera posible la agricultura de subsistencia– fueron reemplazados por nuevos hombres
que tenían un mejor acceso al dinero efectivo de este comercio transcultural. En por lo
menos un caso, en Unyamwezi, estos cambios se correspondieron con un pase de la
organización matrilineal a una patrilineal. Este mismo pueblo, hacia 1890, también
reorientó sus energías productivas para transformarse en lo que Abdul Sheriff llama una
‘nación de porteadores’. Un tercio de los hombres Nyamwezi se enrolaban como
porteadores profesionales (pagazi) durante esta década, trasladando el marfil circundante
hacia las costas. 85
Durante estas transformaciones la posición de los indios étnicos también sufrió
cambios sustanciales. Aunque este proceso fue largo y muy complicado, los indios
zanzibaríes pasaron de ser esencialmente aliados de la clase mercantil omaní a caer bajo la
órbita de influencia británica. 86 Los banyans, como ya lo hemos visto en nuestra sección
sobre la ‘India’, proveyeron un vínculo esencial entre los capitales indígena y británico
durante el siglo XVIII en el subcontinente. En Africa oriental la relación funcionó de una
manera muy similar, con banyans (generalmente gujaratis de la casta mercantil vanya)
obteniendo una temprana ascendencia histórica, parcialmente debido a las prácticas
discriminatorias de los portugueses contra las empresas navieras musulmanas. 87 Fue

82
Acerca de las relaciones entre la costa y el interior, véase Parson, Port Cities and Intruders, 63-100 y
Richard Hall, Empires of the Monsoon: A History of the Indian Ocean and its Invaders (Londres 1996)
capítulos 26 y 50.
83
Para la evolución de estos procesos al norte de Zanzíbar en las costas de Kenya, véase Marguerite
Ylvisaker, Lamu in the Nineteenth Century: Land Trade and Politics (Boston 1979) y Sir John Gray, The
British in Mombasa, 1824-1826 (Nairobi 1957).
84
Un mercader gastó miles de dólares en su casa, que tenía las puertas y vigas talladas características de una
casa zanzibarí. Burton comentó que algunos comerciantes recibían dentro de ellas harenes de doscientas o
trescientas mujeres como un estímulo para atraer al comercio de esa manera. Véase R.F. Burton, The Lake
Regions of Central Africa I (Londres 1860) 270, 376 y R.F. Burton, Zanzibar: City, Island and Coast II
(Londres 1872) 297. También Mark Horton y John Middleton, The Swahili: The Social Landscape of a
Mercantile Society (Oxford 2000) 103-109.
85
Sheriff, Slaves, Spices and Ivory, 182. Lo que alguna vez había sido una actividad estacional se volvió una
actividad local de subsistencia: durante la década de 1890 entre 80 y 100.000 nyamwezi hicieron el viaje
hacia las costas como porteadores. Todos estos cambios, basados en la producción, la organización de género,
el liderazgo, etc., cuajan muy bien con la tesis de Eric Wolf acerca de los efectos del capitalismo en las
sociedades basadas en el linaje. Véase Wolf, Europe and the People Without History, 77-100.
86
M.N. Person, ‘Indians in East Africa: The Early Modern Period’ en: Mukherjee y Subramanian, Politics
and Trade, 227-249.
87
Véase, por ejemplo, Luis Federico Dias Antunes, ‘The Trade Activities of the Banyans in Mozambique:
Private Indian Dynamics in the Portuguese State Economy, 1686-1777’ en Matthew, Mariners, Merchants
necesario para los omaníes mantener lazos con estos comerciantes asiáticos por las amplias
redes que manejaban, y la ‘Historia Antigua de Dar es-Salaam’ nos dice que los indios eran
contribuyentes y a la vez utilizados como emisarios, lo que los volvía muy importante para
las élites gobernantes en todos los sentidos. 88 Durante las guerras civiles de la década de
1720 que llevaron al poder al clan Busaidi, Ahmed bin Said envió refuerzos a Africa
oriental en barcos pertenecientes a los mercaderes banyan, mientras que un siglo después el
gran Said Sultan también utilizó su ayuda durante el traslado de su centro de poder de
Mascate a Zanzíbar con los banyan ‘proveyéndole soldados y barcos armados extras en sus
guerras contra Mombasa’. 89 Incluso hacia mediados del siglo XIX los indios étnicos que
comerciaban en Zanzíbar disfrutaban de los mismos privilegios que los árabes omaníes
‘puros’ y algunos de ellos alcanzaron la posición de Jefe de Aduanas tanto en Zanzíbar
como en Mascate. 90
Estas relaciones comenzaron a cambiar a medida que los británicos ejercieron su
influencia sobre Zanzíbar de manera más fuerte a partir de mediados del siglo XIX. El
primer paso fue la introducción de la legislación que transformaba en ilegal la posesión de
esclavos para indios extranjeros cuyos hogares ancestrales estaban en partes del
subcontinente administradas ahora por Inglaterra. Estas leyes efectivamente dejaron las
plantaciones en manos de los clanes omaníes de Zanzíbar. Para evitar su ruina económica,
los indios invirtieron su capital en el comercio de marfil y goma copal alentado a estas
redes (que ya habían alcanzado el interior africano) a extenderse aún más. Así como la
legislación británica persiguió cada vez más firmemente tráfico ilegal de esclavos en la
costa a lo largo del siglo XIX, la clase de plantadores predominantemente árabe vio la
decadencia de sus plantaciones, cayendo en manos de prestamistas indios a causa de las
hipotecas. 91 La declinación de la economía de plantación basada en el trabajo esclavo,
concomitante con la expansión de la participación india en el comercio de cabotaje costero,
llevó a la comunidad india a un nuevo lugar de privilegio en un cambiante Zanzíbar. La
desconfianza entre los dos grupos étnicos, uno sólo de los cuales tenía acceso a las
municiones del estado, llevó a los comerciantes indios aún más al campo británico quienes
eran los únicos en quienes podían garantizar sus inversiones. De todas maneras, el imperio
de Zanzíbar estaba siendo efectivamente partido en ese momento a causa del interés
británico por mantener su poder político y económico tan difuso como fuera posible. 92
Mientras los banyans de la década de 1840 rechazaban la jurisdicción británica sobre sus
asuntos vinculados a los omaníes locales, para 1890 escribían cartas de agradecimiento al
residente de Su Majestad ‘por las seguridades dadas a nosotros en el respeto a nuestras
vidas, propiedades y comercio en este territorio extranjero.’ 93

and Oceans, 301-332. Comparado con India y el Sudeste Asiático, los portugueses tuvieron un éxito relativo
con estas tentativas en la costa oriental africana durante el período, pese a que aquí también su influencia fue
finalmente de corta duración (excepto en Mozambique).
88
‘Ancient History of Dar es-Salaam’, 234.
89
M. Reda Bhacker, trade and Empire in Muscat and Zanzibar: Roots of British Domination (Londres 1992)
71.
90
V.S. Sheth, ‘Dynamics of Indian Diaspora in East and South Africa’ Journal of Indian Ocean Studies 8/3
(2000) 217-227.
91
Hall, Empires of the Monsoon, capítulo 52.
92
W.E.F. Ward y L.W. White, East Africa: A Century of Change 1870-1970 (Nueva York 1972).
93
Bhacker, Trade and Empire, 178.
Manteniéndonos en la perspectiva global de Eric Wolf sobre los efectos de la
penetración del capital en el siglo XIX, es interesante ver como estas fluctuaciones en
Africa oriental provocaron transformaciones en la región de la metrópolis original: Omán.
El propio sultanato del Golfo sufrió una metamorfosis durante este período, y muchos de
los cambios más visibles podemos trazarlos a partir de la suerte de Zanzíbar. Industrias
enteras fueron desarrolladas para satisfacer a la periferia de Omán en expansión, que
posteriormente superó al Sultanato de Mascate en población y productividad. 94 Matrah
pasó a ser un enorme centro de tejidos en la década de 1830 produciendo en serie tanto
turbantes, sarongs y mantos para exportar a Africa, que un visitante inglés en 1836 comentó
que ‘difícilmente una choza no tenga una rueda de telar, con atareadas mujeres empleadas
tras ella.’ 95 Los gorros de algodón bordado conocidos como kofiyya se transformaron en un
clásico de esta industria, y finalmente fueron incorporados en los trajes oficiales nacionales
de Zanzíbar y Pemba. 96 De manera similar, los herreros de Batina y el interior omaní se
hicieron famosos por la producción y exportación de armas a Africa oriental, con las
gruesas y curvadas dagas indígenas jambiyya entrando en la élite de la sociedad zanzibarí
como un importante símbolo de status. Los teñidores de índigo de Ibri, Bahla, Firq y Sur
también encontraron un mercado en las costas africanas, como los carpinteros, los
fabricantes de sándalo y soga que podían levantar pedidos simplemente a causa de la
densidad de población de Zanzíbar, por oposición a las esparcidas comunidades del desierto
en el Golfo.
Finalmente, la esclavitud también debió haber sido retocada nuevamente, ya que el
costo humano detrás de muchas de estas transformaciones fue aparentemente alto. La trata
esclavista del Africa oriental nunca recibió tanta atención como la de Africa occidental, en
parte a causa de que las fuentes (especialmente americanas) son mucho más detalladas en
esta última, y en parte porque los números involucrados en el Africa occidental son mucho
más grandes en su conjunto. Sin embargo, una gran cantidad de esclavos de Africa oriental
fue enviada hacia medio Oriente, la factoría francesa de Kilwa (especialmente entre 1775 y
1800) y hacia las propias plantaciones de clavo de Zanzíbar entre los siglos XVII y XX. 97
Testimonios de primera mano como el del esclavo llamado Chengwimbe dado al reverendo
W.J. Rampley nos muestran cuán brutal fue este comercio en las costas del Africa oriental,
llena de emboscadas, separación de familias y amputaciones forzadas. 98 Es más, Esmond
Bradley Martin ha llegado a calcular en 3.000 el número de esclavos importados

94
Para el equilibrio entre Omán y Zanzíbar a través de los siglos, véase Patricia Risso, Oman and Muscat: An
Early Modern History (Nueva York 1986)
95
Bhacker, Trade and Empire, 133.
96
Viajeros británicos del siglo XIX comentaban que la mayoría de los hombres swahilis se vestían como
árabes poniéndose la kofiyya, hoy esas capas están siendo reemplazadas por otras más baratas producidas en
serie principalmente en China. En 1990 pude sacar fotos de negocios tradicionales de kofiyya en Zanzíbar,
Mombasa y Lamu donde los propietarios locales me dijeron que aún se vendían capas de la más alta calidad
procedentes del Cercano Oriente a los swahilis que pudieran pagar por ellas. Tagliacozzo, notas de campo,
1990, 623.
97
Dos de los mejores estudios sobre el desenlace de estos procesos son los de Frederick Cooper, From slaves
to Squatters: Plantation Labor and Agriculture in Zanzibar and Coastal Kenya, 1890-1925 (New Haven
1980) y Jonathan Glassman, Feasts and Riot: Revelry, Rebellion and Popular Consciousness on the Swahili
Coast, 1856-1888 (Londres 1995).
98
Véase el testimonio de Chengwimbe en: Marsh ed., East Africa Through Contemporary Records, 35-41.
Por supuesto, los relatos de misioneros deben ser leídos cuidadosamente a causa de los objetivos que
perseguían en sus visitas a esas costas.
anualmente por Zanzíbar entre 1770 y 1800, con cifras que se multiplicaban hacia 1830 y
alcanzando los 20.000 por año hacia 1860. 99 Sin embargo, la exportación de esclavos del
Africa oriental permaneció constante en 3.000 por año para todo este período y nos
muestran como la propia esclavitud se fue transformando en el siglo XIX en una actividad
local orientada hacia la producción. La trata dejó de ser la simple exportación de seres
humanos como un comercio de commodities. El estímulo británico al sistema del clavo bajo
los sultanes zanzibaríes indirectamente alentó este terrible comercio, pese a las
proclamaciones de Londres en contra de la trata esclavista. Algunos estudiosos han
sostenido que mucha de la pobreza existente en Africa oriental en el siglo XX es de hecho
un legado actual de esos cambios, como las políticas de despoblación y la producción
basada en plantaciones de monocultivos orientadas al mercado exterior en expansión. Si
bien hay lugar para otros factores en esta ecuación (como la sequía y los dictadores entre
otros), esta afirmación parece ser válida al menos parcialmente. A medida que los europeos
y el nuevo capitalismo hiper-agresivo que promovían barrió el Océano Indico entre 1600 y
1900, los asiáticos, indios y africanos fueron alcanzados por esta tormenta y lucharon para
sobrevivir. 100 Su forma de vida y sus sociedades cambiaron sensiblemente durante el
devenir de este proceso.

Conclusión
Con el paso de los siglos se produjeron importantes cambios en la economía política
de la región del Océano Indico. Las redes marítimas que surcaron estos mares continuaban
desempeñando un papel crucial en el comercio de larga distancia, pero hacia el siglo XIX
esto ocurría en el marco de fuerzas apremiantes más amplias. Adam Smith reconoció
tempranamente este cambio; en la década de 1770 describió en forma premonitoria el fin de
las luchas oceánicas que habían consumido a europeos e indígenas por varios siglos.101 Fue
claro para Smith e incluso más claro para Karl Marx, quien escribió casi un siglo más tarde,
que otras energías estaban naciendo. El gradual control que Inglaterra ejerció sobre los
medios de producción en numerosos litorales estratégicos cambió enormemente el espacio
comercial hacia mediados del siglo XIX. Las energías del comercio habían comenzado a
transformarse en un proceso de naturaleza más jerárquica. Como lo señaló Marx en el
volumen II de El Capital, ‘puede sonar cruel y triste decir esto, pero en India es [más fácil]
reemplazar un hombre que un buey’. 102 Esto no siempre ha sido así, pero los cambios que
trajo por el cambiante capitalismo-de-producción alteró las realidades del Océano Indico.
Las civilizaciones regionales ya no comerciaron más como iguales o casi iguales, sino
como actores en una jerarquía osificada. Esta jerarquía no experimentó cambios
significativos hasta las décadas centrales del siglo XX con la aparición de una serie de
nuevos estados independientes.
Aunque las compañías mercantiles europeas operaban en el siglo XVI sólo como
uno entre varios intereses comerciales posibles en los circuitos regionales y transregionales
del Océano Indico, como lo han señalado Om Prakash y otros, esta temprana presencia ya

99
Esmond Bradley Martin, Cargoes of the East: The Ports, Trade and Culture of the Arabian Seas and
Western Indian Ocean (Londres 1978) 29.
100
Para una discusión sobre Africa oriental y la economía mundial de principios del la Edad Moderna, véase
Pearson, Port, Cities and Intruders, 101-128.
101
Smith, The Wealth of Nations II, 631.
102
Marx, Capital II, 314.
contenía las semillas de capacidades coercitivas más amplias. 103 El potencial de moverse
desde el mercantilismo hacia algo más permanente, incluyendo el control parcial o total
sobre los medios locales de producción, fue expresado completamente por la Compañía
Inglesa de Indias Orientales y luego por la Corona Británica a medida que avanzaba el siglo
XIX. 104 Los franceses también intentaron dar este salto en determinados momentos y
determinados lugares, pero solo lo lograron en factorías muy dispersas (como Reunión,
Mauricio y las Seychelles) por lo que no funcionó realmente. 105 Los holandeses también
trataron de seguir este patrón, aunque sólo fueron exitosos en ese amplio pero remoto
rincón del Océano Indico conocido hoy como Indonesia. 106 Otros intentos por
competidores menores como los daneses también fueron llevados a cabo, pero estos
esfuerzos tuvieron menos posibilidades de hacer pie. 107 Lo más importante para señalar es
que en definitiva fueron los británicos los que estaban en verdaderas condiciones de dar el
salto del capitalismo mercantil al control sistémico de amplitud oceánica del capitalismo-
en-producción. En el amplio mundo marítimo del Océano Indico, con todos sus litorales
distantes pero conectados, no existían logros menores, aunque tardaran siglos en cumplirse.
Pese a este éxito, sería un error no identificar a los británicos simplemente como una
entre muchas otras diásporas de mercaderes, quienes finalmente ayudaron a dar forma a las
entrelazadas historias de estas costas alejadas. Ciertamente existieron otros, y muchos de
ellos fueron enfáticamente no europeos. Christine Dobbin demostró el alcance y la
amplitud de una variedad de lo que ella denomina ‘comunidades conjuntas’ en la
articulación de estos procesos, redes de actores que transportaban commodities,
intercambiaban ideas e influían economías políticas en gran escala. 108 Otros autores han
centrado su visión en comunidades determinadas de la diáspora (como los armenios) en
estas deliberaciones y subrayaron las contribuciones que hicieron estas poblaciones por sí
mismas. 109 Es posible ahora, historiográficamente, seleccionar clases de individuos que
hicieron sus rutas a través de estas redes, o hacer una crónica de los efectos de categorías de
viajeros como sacerdotes o escribas itinerantes y delinear sus papeles en el desarrollo de
estas historias. 110 Los ingleses posiblemente han hecho el trabajo más duro para alterar el
sentido de la evolución del comercio en el Océano Indico, pero de ninguna manera fueron
los únicos en manejar el martillo. Muchas manos tomaron este mango, y la maleabilidad de

103
Om Prakash ed., European Commercial Expansion in Early Modern Asia (Aldershot 1997).
104
John Keay, The Honourable Company: A History of the English East India Company (Nueva York 1991).
105
Yendo hacia atrás en el tiempo, véase Paul Bois et al., L’Ancre et la Croix du Sud: La Marine Française
dans l’Expansion Coloniale en Afrique Noire et dans l’Océan Indien, de 1815 à 1900 (Vincennes 1998);
Indrani Ray ed., The French East India Company and the Trade of the Indian Ocean (Calcuta 1999), Ananda
Abeydeera, ‘Anatomy of an Occupation: The Attempts of the French to Establish a Trading Settlement on the
Eastern Coast of Sri Lanka in 1672’ en: Giorgio Borsa, Trade and Politics in the Indian Ocean (Delhi 1990).
106
Nuevamente yendo hacia atrás, véase J. Steur, Herstel of ondergang: De voorstellen tot redres van de
VOC, 1740-1795 (Utrecht 1984) 17-27; Harm Stevens, De VOC in bedrijf, 1602-1799 (Amsterdam 1998) y
Femme Gaastra, Bewind en beleid bij de VOC, 1672-1702 (Amsterdam 1989).
107
Martin Krieger, ‘Danish Country Trade on the Indian Ocean in the 17th and 18th Centuries’ en K.S.
Matthew ed., Indian Ocean and Cultural Interaction, 1400-1800 (Pondichery 1996).
108
Christine Dobbin, Asian Entrepreneurial Minorities: Conjoint Communities in the Making of the World-
Economy, 1570-1940 (Londres 1996).
109
Vahe Baladouni y Margaret Makepeace eds., Armenian Merchants of the Early Seventeenth and Early
Eighteenth Centuries (Filadelfia 1998).
110
Charles Borges, ‘Intercultural Movements in the Indian Ocean Region: Churchmen, Travelers and
Chroniclers in Voyage and in Action’, en Matthew ed., Indian Ocean and Cultural Interaction; Karl
Haellquist ed., Asian Trade Routes: Continental and Maritime (Londres 1991).
la historia del Océano Indico de estos trescientos años fue modelada por los esfuerzos de
todos estos actores.

Common questions

Con tecnología de IA

Indian merchants played a significant role in the Oman-Zanzibar power dynamic by providing crucial economic and logistical support. Their trade networks facilitated the Sultanate of Oman’s economic expansion and the subsequent rise of Zanzibar as an important commercial center. Indian merchants helped transport troops and supplies during conflicts and supported key rulers like Said Sultan, thereby becoming integral to the power structures and even gaining influential positions within the administration in both Oman and Zanzibar .

Demographic shifts within port and inland towns in Western India, driven by increased British commercial activities, significantly transformed trade practices. The influx of people into burgeoning port cities like Surat altered traditional hierarchies and commerce by creating new markets and social dynamics. These changes facilitated the displacement of local traders by more competitive 'country merchants' aligned with European economic interests and prioritized exports to new markets over traditional trade routes, restructuring regional economies .

European military technology and strategy, while initially having limited effects due to the small number of troops and focus on French opposition, eventually impacted the Indian political landscape significantly in the late 18th century. British military incursions utilized advanced technology to subdue Indian rulers and reconfigure political allegiances. As British influence grew, local rulers adopted European military practices, including hiring European mercenaries and purchasing firearms, which altered the traditional balance of power. This facilitated the expansion of British territorial and economic influence in India .

European powers gradually achieved hegemony in Southeast Asia not immediately with the arrival of the Portuguese in the early 16th century, but after approximately 350 years of various interactions. Initially, there was a pattern of local resistance and initiatives where indigenous rulers consolidated power through territorial expansion, administrative centralization, and commercial monopolization by dominant classes . Over time, this approach gave way to subsumption and incorporation as European presence solidified. Major critics such as Adam Smith and Karl Marx noted the destructive nature and, at times, the counterproductive outcomes of these colonial interventions .

The presence of European shipping practices increasingly undermined traditional Indian shipping practices. Indian armadors, notably Gujarati merchants, lost their standing in international trade routes, being relegated to regional, coastal trading. This was due to increasing European dominance in international shipping using their own fleets, which marginalized Indian shipping. Furthermore, Western interests redirected production away from traditional destinations to routes better serving their economic goals, with local merchants being co-opted into this new system .

British colonial policies had profound impacts on production and trade dynamics in Indian rural areas during the 18th century by realigning agricultural and craft industries towards export-led production benefiting British economic interests. Traditional production modes, like the Mughal system of trading and cottage industries, were disrupted as British-aligned merchants began enforcing production quotas for textiles and other goods for export, marginalizing local producers and reshaping local economies to meet colonial demands .

The British abolition of the slave trade in East Africa had significant economic and social consequences by undermining the traditional mercantile elite whose wealth was tied to slave trafficking. This shift changed local economies that relied on slave labor for export agriculture and created new power dynamics favoring British-aligned groups and interests. The abolition movement drove the expansion of legitimate commerce in goods like cloves, aligning economic activities with global markets under colonial oversight, contributing to changes in societal and economic structures in East Africa .

Under European colonial pressures, traditional ivory, spice, and slave trades on the Swahili Coast were transformed, as colonial powers exerted control over lucrative trade in raw materials such as cloves to serve European markets. The British, in particular, leveraged naval power and commercial alliances to dominate these trades. The abolition of the slave trade further disintegrated local trading systems reliant on slave labor, forcing communities to realign economies towards cash crops demanded by colonial markets, thereby disrupting indigenous social and economic networks .

The British colonial influence in Zanzibar during the 19th century led to profound economic and structural transformations. The British control facilitated the formal separation of Oman and Zanzibar in 1862, which allowed stronger British oversight. Zanzibar became a major trading hub due to its increased production of desired raw materials such as cloves, coinciding with Britain’s colonial interests. Moreover, the slave trade, crucial to Zanzibar’s mercantile class, was increasingly targeted for abolition under purported humanitarian and economic motives by the British, transforming social and economic dynamics .

The integration of global markets adversely affected traditional coastal trading communities on the Swahili Coast by reorienting trade to favor commodities desired by European powers. This led to the decline of traditional industries and mercantile systems based on regional products and exchange networks. Communities increasingly focused on producing for export markets, such as cloves, while European naval and economic dominance restricted traditional trading autonomy. This shift disrupted socio-economic structures and transferred economic power to external actors .

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