La economía colonial y sus protagonistas, la explotación minera en Potosí, el
Caribe y la trata negrera por Iñaki Urribarri.
América ofreció para los peninsulares una oportunidad de desarrollo económico sin igual, basada sobre todo
en la extracción de metales preciosos como oro y plata. La presencia de los imperios indígenas favoreció a los
españoles en la consecución del oro y la plata. La principal actividad económica fue la minería, que durante los
siglos XVI y XVII se impulsó especialmente en el virreinato de Nueva España (Zacatecas; México) y en el
Virreinato de Perú (Potosí; Bolivia.). La Corona española se encargó de explotar las minas: daba la concesión
minera a cambio del quinto real, es decir, la quinta parte del metal precioso extraído era para la Corona. El
puerto ubicado en la ciudad de Sevilla en España era el único autorizado para recibir los metales preciosos
que salían de América.
Con respecto a la otra gran actividad económica, la agricultura, la tierra era propiedad del Rey y estaba
distribuida por las autoridades que lo representaban. Quienes la recibían tenían la obligación de trabajarla. Las
tierras fueron otorgadas por medio de Merced Real, Cabildos y por usurpaciones. La distribución de la tierra en
encomiendas generó problemas entre los encomenderos por la posesión. La encomienda fue una institución
mediante la cual los españoles ejercieron el control y estructuraron una organización sobre los indígenas. La
Corona cedió su derecho a los españoles asentados en América para repartirse la mano de obra indígena. El
indígena prestaba servicio personal al español administrador de las tierras llamado encomendero, a quien
tenía que pagarle el tributo en forma de trabajo, dinero y especies, pero el encomendero no era dueño del
indígena. Se suponía que, a cambio, el encomendero lo protegía y lo evangelizaba. La encomienda fue una
figura importante en el siglo XVI, pero con la muerte masiva de indígenas, fue perdiendo validez hasta que
este sistema fue derogado en el año de 1720. La forma como se distribuyó la tierra dio origen a las estancias
ganaderas, a las haciendas y a las fincas. Alrededor de las minas se organizaron las grandes haciendas cuya
actividad estaba dirigida a proveer de alimentos y animales de labor a los mineros. La hacienda producía todo
lo que necesitaba y a la vez consumía lo que producía. Para formar las haciendas, los indígenas fueron
despojados de sus tierras y explotada su mano de obra, a través de la encomienda.
Otra modalidad de trabajo fue la mita, que funcionó en las actividades agrícolas, oficios obreros, urbanos o
domésticos, pero sobre todo prevaleció en las minas. Fue un sistema de rotación forzosa de mano de obra
indígena con un sistema de turnos de trabajo. El corregidor del poblado decidía los turnos que tenían que
trabajar los indígenas durante al menos seis meses a cambio de un salario muy bajo. Como el trabajo era
forzado (se les obligaba a trabajar más de la cuenta, inclusive hasta la medianoche) y el trato inhumano,
muchos mitayos murieron por varios motivos: cambios de temperatura, aspiración de gases tóxicos,
intoxicación con mercurio, etc. La mita tuvo un impacto devastador sobre la población indígena, no sólo por la
cantidad de trabajadores que murieron, sino por la desarticulación de las comunidades ya que exigía de largos
desplazamientos de población por mucho tiempo, lo que se percibía en la falta de mano de obra en la
comunidad nativa para producir los alimentos necesarios para su supervivencia.
La explotación minera en Potosí.
La minería era la actividad preferida por los españoles debido a la riqueza y prestigio social que
proporcionaba. Los españoles peninsulares fueron los dueños de las empresas mientras que el
pesado, insalubre y peligroso trabajo en las minas fue realizado por los indios de repartimiento y los
trabajadores voluntarios, indios, mestizos y mulatos. El centro más importante a lo largo del siglo
XVII fue la región de Zacatecas (México). En la región andina el papel absolutamente protagónico lo
tuvo el Cerro Rico de Potosí.
Al principio, las minas de plata de Potosí experimentaban una baja productividad a causa del bajo
nivel técnico de explotación, esta primera técnica consistía en refinar el producto por medio de
sucesivas fundiciones de mineral. Pero todo cambió cuando se comenzó a implementar la nueva
técnica, denominada del azogue. El sistema del azogue consistía en fusionar la plata con mercurio, y
extender el mineral molido en un amplio patio para revolverlo por medio de mulas que lo pisaban. El
método del azogue producía plata más pura que el de fundición, pero requería de mayores
inversiones en equipo y materias primas, y el azogue era costoso y difícil de conseguir; así, sólo los
empresarios con grandes posibilidades de inversión podían recurrir a este procedimiento.
La minería desempeñaba otra importante función, que era la de impulsar a los demás sectores de la
economía. En efecto, los reales de minas eran los más importantes centros de consumo de
alimentos, animales, textiles, numerosas materias primas, como la sal, necesarias en el proceso
minero y, en general, de toda clase de mercancías. Los grupos sociales compuestos por españoles
de menor rango y criollos se abocaron a ejercer la profesión de mercaderes y comerciantes, capaces
de transportar los elementos hasta los puertos o de los puertos a las ciudades, comenzando a
obtener cada vez mayor importancia sobre todo en el virreinato de Nueva España. La crianza de las
mulas, como animal de carga, jugó un rol fundamental en el virreinato del Perú, para el transporte de
los productos hacia los puertos y las ciudades.
Pero el mayor problema fue la mano de obra de las minas. El rey de España impuso el trabajo
obligatorio a los indígenas del Perú, aduciendo que era el sucesor del emperador inca. Los
pobladores del Perú eran trabajadores, pero de sus propias tierras. Ahora, el rey de España, los
obligaba a ir a trabajar a las minas para extraer la plata de Potosí que España necesitaba. Este
trabajo era agotador. Muchos indígenas optaban por huir de sus comunidades hacia la selva o las
montañas, para escapar del poder español y en algunos casos organizar resistencias y ataques.
Pronto se manifestó el conocido fenómeno de la despoblación indígena: la represión de las
resistencias y revueltas, los malos tratos de que eran víctimas, las minas, las nuevas enfermedades
que trajeron los europeos, la desestructuración de la dinámica poblacional, diezmaron la población
local, en si fue el comienzo del fin.
El Caribe.
La esclavitud africana en América fue producto de una fatal combinación de circunstancias: falta de mano de
obra indígena por la extinción de esta población en muchas áreas americanas, necesidad de implementar
cultivos para la exportación debido al crecimiento de los mercados internacionales, urgencia de explotar
yacimientos mineros para incrementar la producción de metales, existencia de fuertes capitales para invertir y
más. Los esclavos africanos llegaron a América con la invasión española. En la fundación de las ciudades de
la costa Caribe, el número de negros era ya superior al de blancos. La introducción de esclavos en América
fue un monopolio de la Corona. La trata negrera puso en contacto comercial directo a tres continentes.
Fue lo que se ha llamado el comercio triangular. Una parte de los esclavos era cambiada por metal y otra parte
por productos coloniales, fundamentalmente azúcar; y todo ello llevado hasta Europa donde metales y
azucares eran fuertemente revalorizados. Se cerraba así el ciclo de este comercio triangular, de manera que
con poca inversión se alcanzaban gigantescos beneficios.
La otra punta del negocio: la trata negrera
La esclavitud africana en América fue producto de una fatal combinación de circunstancias: falta de mano
de obra indígena por la extinción de esta población en muchas áreas americanas, necesidad de implementar
cultivos para la exportación debido al crecimiento de los mercados internacionales, urgencia de explotar
yacimientos mineros para incrementar la producción de metales, existencia de fuertes capitales para invertir y
más. Los esclavos africanos llegaron a América con la invasión española. En la fundación de las ciudades de
la costa Caribe, el número de negros era ya superior al de blancos. La introducción de esclavos en América
fue un monopolio de la Corona. La trata negrera puso en contacto comercial directo a tres continentes. Fue
lo que se ha llamado el comercio triangular. Una parte de los esclavos era cambiada por metal y otra parte por
productos coloniales, fundamentalmente azúcar; y todo ello llevado hasta Europa donde metales y azúcares
eran fuertemente revalorizados. Se cerraba así el ciclo de este comercio triangular, de manera que con poca
inversión se alcanzaban gigantescos beneficios.
La sociedad colonial
Desde hace miles de años, América estaba poblada por muchos y muy diferentes pueblos. Los yámanas, los
guaraníes, los mapuches y los diaguitas, por ejemplo, son algunos de los pueblos que se habían asentado en
los territorios que actualmente integran la Argentina. A pesar de que ofrecieron resistencia a la conquista,
algunos pueblos fueron vencidos y dominados.
Otros lograron conservar sus tierras y su libertad. Los territorios americanos en los que vencieron los
españoles pasaron a depender del rey de España y los pueblos originarios que los ocupaban fueron obligados
a obedecer y a trabajar para los vencedores. Así, comenzó la etapa de la colonia.
Para organizar las colonias, los españoles fundaron ciudades. Eran pequeños caseríos donde se establecían
los conquistadores para controlar el territorio y organizar el trabajo de los indígenas. Con el tiempo, las
ciudades fueron creciendo y se organizaron virreinatos. Cada uno tenía una ciudad capital donde residía el
virrey, que era el representante del rey de España en América.
La sociedad colonial conformada a partir de la conquista estaba compuesta por dos grupos muy diferentes
entre sí: un grupo privilegiado integrado por europeos (los vencedores y sus descendientes) y los sectores
populares, subordinados a los primeros (los vencidos, o sea los indígenas y, luego, los esclavos africanos y
sus descendientes). El grupo privilegiado se llamó a sí mismo “gente decente” y denominó “bajo pueblo” o
“plebe” a los sectores populares.
La sociedad colonial duró 300 años. Con el correr del tiempo, las cosas fueron cambiando pero siempre los
españoles y sus familias conservaron sus privilegios y los indios, los esclavos y los “mezclados” (todos los
nacidos de la unión de indígenas, esclavos y blancos) hicieron los trabajos más pesados.
El Virreinato del Río de la Plata
Carlos III
El Virreinato del Río de la Plata fue creado en 1776 por orden de Carlos III. Si bien esta primera
fundación fue de carácter provisional, en 1778 se realiza la definitiva. Abarcó los actuales territorios de
Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay, partes del sur de Brasil y el norte de Chile. La capital fue situada
en Buenos Aires, fundada en 1580 por Juan de Garay bajo el nombre de La Santísima Trinidad y Puerto
de Santa María del Buen Ayre.
Buenos Aires tras su primera fundación
Las causas de la creación de este virreinato, surgen de la necesidad de la metrópolis de defender sus
posesiones al sur del continente de las ambiciones de otras potencias coloniales, como Inglaterra y
Portugal. Al encontrarse toda esta zona bajo administración del Virreinato del Perú, el tráfico entre Lima y
Buenos Aires era muy lento y hacia difícil organizar la defensa de Buenos Aires en caso de un eventual
ataque.
Mapa del Virreinato de la Plata.
El territorio se dividió en intendencias y gobernaciones, de acuerdo a las nuevas leyes dictadas tras la
Reforma Borbónica.
Los aborígenes, al igual que en el resto de la América ocupada, fueron repartidos entre distintos grupos
de terratenientes que con la excusa de la evangelización, los sometieron a todo tipo de trabajos forzados
en condiciones de esclavitud.
La economía en este virreinato seguía el modelo extractivo-exportador, y al igual que el resto de
virreinatos y la propia metrópolis, se mostró ajeno a la protoindustrialización surgida en el siglo XVIII y a
su posterior evolución. La ganadería, asentada principalmente en Buenos Aires constituyó una importante
actividad económica, cuya relevancia se mantiene en la zona hasta hoy en día. La minería no ocupaba el
lugar preferencial que poseía en el resto de virreinatos, la actividad minera en el Virreinato del Río de la
Plata se limitaba a una serie de yacimientos explotados en la actual Bolivia, sin embargo, desde el puerto
de Buenos Aires, se exportaban enormes cantidades de oro y plata llegadas, principalmente, del Alto
Perú. El comercio, centrado en la exportación de ganado y derivados, cereales, oro y plata, estaba
fuertemente regulado por la metrópolis, lo cual favoreció a la proliferación de actividades contrabandistas.
La actividad comercial estaba en manos de unos pocos españoles, los cuales a su vez, detentaban gran
parte del poder político.
Esclavo negro
del siglo XVI.
Los principales puestos políticos estaban ocupados por españoles, otros de menor importancia eran
asignados a criollos de buena posición. Pero al margen del reparto del poder, se encontraban indios,
negros y gauchos. Los aborígenes eran empleados en las minas y realizaban tareas en el campo,
mientras que otros, continuaban resistiéndose a la dominación foránea y la combatían con las armas en
noroeste del virreinato. Los negros, traídos bajo condiciones inhumanas desde el África Subsahariana,
eran importados desde su lugar de origen, o bien a realizar tareas domésticas en las residencias de las
familias más pudientes, o bien a trabajar en el campo. El gaucho, fruto de
Gaucho argentino.
1868
generaciones de mestizaje entre españoles, indios y criollos realizaba tareas rurales que requerían de
gran destreza, lo cual, a lo largo del tiempo y gracias también a la leyenda que gira en torno a sus
costumbres, cultura y modo de vida, hizo que ocupase un importante lugar en la formación de la identidad
nacional de la Argentina que surgiría tras la independencia y la disolución del Virreinato del Río de la
Plata.
LA AMÉRICA PORTUGUESA
El imperio portugués en su máxima
extensión.
A lo largo del siglo XV, Portugal realizó una serie de expediciones marítimas que rápidamente lo
posicionaron como una de las principales potencias navales y comerciales de la época. Bajo bandera
lusitana, navíos al mando de destacados navegantes como Bartolomeu Dias, Vasco da Gama o Pedro
Alvares Cabral arribaron por primera vez a tierras desconocidas para los europeos. Gracias a la
colonización de estas tierras, Portugal pudo construir un vasto imperio colonial que en su máxima
extensión abarcó territorios en la costa africana, Brasil y numerosas ciudades factoría repartidas a lo
largo y ancho de todo el mundo. Brasil, descubierto en 1500 por Pedro Alvares Cabral ocupó un lugar
privilegiado entre las colonias portuguesas, gracias a sus innumerables riquezas y a la inmensidad del
territorio que abarcaba.
LA AMÉRICA PORTUGUESA. BRASIL
El descubrimiento y posterior poblamiento por parte de los portugueses de las Islas Madeiras e Islas
Azores en 1425 y 1427 serviría a los lusos como bisagra, junto a sus posesiones en África occidental,
hacia América. Tras la llegada de las primeras expediciones españolas a América, Portugal, dentro del
marco del Tratado de Tordesillas, se sumó a la carrera. Es así, como el rey Manuel I financia una serie
de expediciones, una de ellas, la de Pedro Alvares Cabral.
Desembarco de Pedro Álvares Cabral en Porto Seguro, Brasil. 1500.
La expedición de Cabral arriba a costas brasileras por primera vez, en torno al 1500. Una vez tomados
los territorios en nombre de Portugal, Cabral partió hacia la India, dando lugar su descubrimiento a
nuevos viajes que se irían abriendo paso a lo largo del Brasil. De esta manera, comienzan las primeras
expediciones destinadas a abrirse paso a través del recién adquirido territorio y las primeras tomas de
contacto entre los nativos y los portugueses.
Mapa del Brasil. 1519.
En torno a mediados del siglo XVI, los portugueses ya habían alcanzado las líneas estipuladas en el
Tratado de Tordesillas, y dividido y repartido el territorio en capitanías generales. Pero todavía Brasil no
tenía la importancia que cobraría posteriormente. Los costos de las expediciones eran muy altos, debido
a lo enorme y complicado que resultaba el terreno, y los constantes ataques de los nativos en el interior
y los franceses en las costas ponían en grave peligro la hegemonía portuguesa en la zona.
Pero ya entrado el siglo XVII, la situación cambió. Con la consolidación administrativa y territorial de los
portugueses en la zona, Brasil entró en un período de expansión. Aumentó el número de ingenios
azucareros a la par que la extracción maderera, lo cual conllevó a un aumento del comercio. Pero con el
crecimiento del comercio, en un marco de fuertes restricciones aduaneras, floreció el contrabando. Hasta
ese entonces, el palo brasil, del cual se extraía un tinte rojizo empleado en artículos textiles, fue el
principal recurso natural de cuyo comercio se lucraban los portugueses, pero con la introducción de
mano de obra esclava, traída de África, la extracción de palo brasil fue ampliamente superada por el
azúcar procedente de los ingenios del noroeste de Brasil.
Esclavos africanos trabajando en un obraje.
En cuanto al trato que los portugueses dispensaban a los nativos, era más riguroso, si cabe, al que
sufrían por parte de los españoles. Eran frecuentes los ataques a las misiones jesuitas en la frontera,
donde capturaban a los nativos allí confinados para usarlos posteriormente como mano de obra esclava.
Ruinas de São Miguel das Missões, reducción jesuítica ubicada al sur de Brasil.
Pero en el caso de las relaciones entre portugueses y los aborígenes, existió una diferencia fundamental
con respecto a la que éstos tuvieron con los españoles, y es que mientras los españoles se encontraron
con grandes imperios como el inca o el azteca, los portugueses encontraron grupos pequeños y en la
mayoría de los casos aislados, que resistieron al invasor con mayor tenacidad que la que presentaron
incas y aztecas, ya que al tratarse estas últimas de civilizaciones sedentarias y más organizadas, les
resultó prácticamente imposible resistirse militarmente a los europeos una vez disueltos sus respectivos
imperios, mientras que a los pueblos nómades y menos estructurados como los del interior del Brasil les
resultó mucho más fácil y efectivo utilizar tácticas al estilo guerra de guerrillas, lo cual les permitió resistir
durante mucho más tiempo.
Marqués de Pombal, impulsor de las reformas ilustradas en Portugal.
Al igual que en la América española, Brasil, durante el siglo XVIII, experimentó una serie de reformas,
bajo el reinado de José I y alentadas éstas por el marqués de Pombal. Estas reformas fueron muy
similares a las aplicadas por los Borbones, y consistieron principalmente en la liberalización del
comercio, la centralización gubernamental con el traslado de la capital a Rio de Janeiro, se les concedió
libertad a los nativos que habían sido esclavizados y se expulsó a los jesuitas.
A comienzos del siglo XIX, con las Guerras Napoleónicas, Portugal trasladó su capital provisionalmente
a Rio de Janeiro, ya que Lisboa había sido ocupada por los franceses en 1807. Este hecho, junto con la
posterior elevación al estatus de reino, constituiría uno de los principales detonantes de la futura
independencia de Brasil, en 1822.