PRACTICO N 2
Creencias de las culturas
Aymaras, quecuas y guaraníes
CULTURA AYMARA
La antigua religiosidad aymara se basaba en dos pilares: lo agrícola y el culto a los muertos.
Dos dioses eran venerados para la producción agrícola: Tunupa que personificaba a los agentes
de la naturaleza que podían influir
positiva o negativamente
y Pachamama, la encargada de
propiciar la fertilidad en los campos.
El culto a los muertos se manifestó de
manera material con la construcción de
tumbas-templo ("chullpas") cuya
complejidad era conforme a la
importancia del difunto.
Los Achachilas son los espíritus
tutelares que protegen a los pueblos y Los monumentos funerarios o chullpas, eran
que encarnan la presencia de los construidos de acuerdo a la jerarquía del difunto.
antepasados. Habitan las montañas y Algunos eran de piedra cortada sin pulir y otros de
los cerros, cerca de las comunidades; adobe y greda mezclada con paja.
vigilando, compartiendo los
sufrimientos y dando bendiciones. Su veneración se mantiene en la actualidad.
Los dioses del mal eran los conocidos como Anchanchu, que habitaban cuevas, grutas, ríos y
lugares aislados. Los aymara evitaban pasar por los lugares que suponían pudieran residir.
Los Yatiris (palabra aymara: “maestro, guía, chamán, brujo, sanador, gurú, sabio…”), desde
tiempos inmemoriales, son los especialistas en relacionarse con los espíritus del mundo
aymara, además practican la medicina ritual.
Yatiris queman dulces, hierbas aromáticas, semillas y raíces pidiendo al cielo que propague las
lluvias.
Ritual realizado el
30 de noviembre de
2016 en El Alto,
Bolivia. La región
sufría la peor sequía
de los últimos 25
años.
La
El Solsticio de
Invierno, marca el
comienzo de un
nuevo año
andino: Machaq Mara, para los creyentes los años venideros serán de gran prosperidad para
quienes lo deseen. Los sacerdotes realizan rituales y agradecen a la Pachamama solicitando su
bendición.
TUNUPA
Tunupa es una de las divinidades
andinas más antiguas, en su máximo
apogeo se le veneró en el altiplano
alcanzando su auge durante el periodo
de los reinos aymaras. Con la llegada de
los Incas en algunos sitios fue
suplantado por Viracocha; en otros,
ambos cultos se amalgamaron.
Posteriormente, los misioneros católicos
los acomodaron a las necesidades de su
doctrina transformando el
binomio Tunupa-Viracocha en el apóstol
Santo Tomás.
La función de Tunupa era el
ordenamiento del mundo, personifica
varios agentes de la naturaleza como el
sol, el viento y las tormentas que
pueden influir, para bien o para mal, en
la producción agrícola. No solo
fecundaba la tierra, los rayos que
caían sobre el agua fecundaban los peces.
Según diferentes mitos Tunupa falleció cuando viajaba en balsa sobre el lago Titicaca o se fue
navegando.
Pachamama
Encargada de propiciar la fertilidad en los campos. La Pacha Mama, es un dios femenino,
que produce, que engendra.
Para los quechuas, Madre tierra, deidad máxima de los cerros peruanos, bolivianos, y del
noroeste Argentino. Pacha es universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que Mama es
madre.
La palabra "pacha" designó en un principio sólo un tiempo o edad del mundo, un cosmos
o universo, para pasar luego a referirse a un lugar o espacio, y a la misma tierra
generadora de la vida, ya como un símbolo de fecundidad.
La Pachamama es la madre de los cerros y
los hombres; la que madura los frutos y
multiplica el ganado, pudiendo conjurar
heladas y plagas y dar suerte en la caza.
Se la invoca también cuando sobrevienen
ciertas enfermedades o se está de viaje,
para no apunarse ni rezagarse en el
camino. Ayuda incluso a las tejedoras y
alfareros a concluir bien sus obras
artesanales.
Se la describe como una india de muy
baja estatura, cabezona y de grandes
pies, que lleva sombrero alón y calza
enormes ojotas. Vive en los cerros y a
menudo la acompaña un perro negro muy
bravo. La víbora es su lazo, y el
quirquincho su cerdo. Carga a veces
petacas de cuero llenas de oro y plata. Es
celosa, rencorosa y vengativa, pero si
alguien le cae en gracia lo favorece. Cuando se enoja, manda el trueno y la tormenta.
Interviene en todos los actos de la cría. Se aparece con frecuencia a los paisanos para
preguntarles qué andan haciendo por los cerros. A otros los visita en sus chozas para
agradecerles lo bien que han cuidado de su hacienda o el no haber matado a las crías de
las vicuñas, animales que protege de un modo especial.
Toda la naturaleza es el templo de la Pachamama, pero las apachetas (montículos
artificiales de piedras) conforman los centros
principales de su culto.
Anchanchu
También llamado Abchanchu. Generalmente habita las
cuevas y grutas del altiplano, también puede
encontrarse en ríos o en lugares aislados, los aymara
evitan pasar por los lugares que suponen pueda residir.
Se acerca a sus víctimas mediante el engaño, con sus
sonrisas y apariencia amistosa. Se puede presentar con
la apariencia de un anciano bondadoso, calvo y obeso o
como un duende o persona pequeña. Algunos lo han
descrito con nariz de cerdo y cuernos de becerro.
Aflige a los incautos con enfermedades mortales.
También se cree que chupa la sangre de sus víctimas
durante el sueño y que su presencia está acompañada por torbellinos.
No siempre las víctimas de Anchanchu mueren inmediatamente, los pocos que sobreviven lo
hacen temporalmente, morirán de extrañas enfermedades, son los "Anchanchun uñkata", "los
que han sido mirados por Anchanchu".
QUECHUAS
Diversas etnografías señalan que los pueblos Quechuas conciben un mundo tripartito: kay
pacha, uku pacha y hanan pacha, que pueden traducirse como el mundo de los seres
humanos, el mundo de abajo o más precisamente de “adentro”, y el mundo superior, de los
espíritus y seres poderosos, respectivamente.
Kay pacha, este mundo, es el mundo de los seres vivientes, de los humanos (runas) y de las
plantas y animales. Sin embargo, los mundos pueden conectarse, pues, en determinados
lugares del país existe la creencia de que existen puertas o pasos entre los mundos. Se
considera que algunos animales, como la serpiente (amaru), el toro o el sapo, pueden pasar de
uno a otro mundo (Gow & Condori, 1982).
Para los pueblos Quechuas existen seres poderosos y sobrenaturales, sobre todo, aquellos que
provienen del hanan o del uku pacha. Los más poderosos y difundidos son la pachamama,
los wamanis o apus, los santos y la mamacocha. La pachamama o madre tierra es
omnipresente y responsable de la fertilidad y del bienestar. Aunque no existe propiamente un
culto a la tierra, sí está presente en un sinnúmero de ritos propiciatorios vinculados a la
fertilidad y la buena fortuna productiva. La forma principal de atención a la pachamama es el
“pago”, la ofrenda enterrada en el suelo a manera propiciatoria pero también la ch’alla, el
derramamiento de alcohol previo a cualquier libación. La mamacocha representa la madre de
las aguas y tiene una función similar, aunque menos presente que la pachamama, está
vinculada a los lagos, los ríos y también a la provisión de la lluvia. Otros seres sobrenaturales
importantes son los Apus o Wamanis, o espíritus de los cerros, considerados como seres
independientes unos de otros, con conciencia y capacidad de actuar sobre la tierra y los seres
humanos y, en particular, sobre el ganado. Son considerados los seres tutelares de amplios
territorios bajo su influencia. Se considera que los individuos pueden eventualmente
comunicarse con los cerros y establecer pactos, por medio de curanderos especialistas (García,
1998; Gentile, 2012).
WAMANIS O APUS
Los apus (del quechua apu, "señor(a)") son montañas tenidas por vivientes desde épocas
preincaicas en varios pueblos de
los Andes (Ecuador, Chile, Perú y Bolivia principalmente),
a los cuales se les atribuye influencia directa sobre los
ciclos vitales de la región que dominan. 1 Tienen un
significado asociado a una divinidad, en algunas regiones
denominado «huamani»nota 1 a un personaje importante,
o a alguna de las montañas que de acuerdo con la
tradición preincaica de la zona andina tutelaban a los
habitantes de los valles que eran regados por aguas
provenientes de sus cumbres.2 Los apus son una especie
de «huaca» (santuario),3 pero a escala monumental
asociados a un huamani (provincia o región).4 En estos cerros tutelares o apus existían
estructuras o plataformas de piedra donde se desarrollaban diversos ritos específicamente en
los santuarios de altura como el Aconcagua, entre los que se cuentan sacrificios humanos
llamados Capacocha.
Los «apu huamani» regionales se caracterizaban por su altitud o por tener nieves perpetuas a
diferencia de los «apu huamani» locales, cerros o lomas que destacaban por sobre su entorno
como el cerro "San Cristóbal"5 de Lima y posiblemente el cerro Apukintu (Apoquindo) en
Santiago de Chile. Especialmente en estos últimos luego de la conquista española fueron
implantados elementos católicos, como la cruz cristiana, para borrar las ceremonias "paganas"
del imaginario colectivo.
Entre las tribus indígenas amazónicas del Perú se usa el término “apu" para designar a sus
líderes, a los que antes se les conocía como caciques o curacas. 6
Mama Cocha
La Mama Cocha (del quechua Mama madre y qucha cuerpo
de agua ''Madre de las Aguas'') en la mitología y religión inca
era la diosa de todas las aguas. Ella representaba al mar y
sus mareas, estaba relacionada con los lagos, ríos y las
fuentes de agua, y se consideraba que sus hijos eran
los manantiales.123 Comúnmente se le rendía culto para
calmar las aguas bravas y para obtener buena pesca.4 Era una
de las Cuatro Madres elementales; las otras tres eran
la Pachamama, Mama Nina y Mama Wayra. Además, Mama
Cocha, junto con Mama Quilla (La Luna) y Pachamama,
constituían la trinidad lunar entre los incas, representando las
tres fases lunares.[cita requerida]
Mama Cocha era reverenciada especialmente a lo largo de
toda la costa de los territorios actuales de Perú, Ecuador, Sur
de Colombia y Norte de Chile; donde la pesca era (y es)
esencial para la vida. Esta diosa también era venerada en los
poblados cercanos a lagos y lagunas. Una de la labores
principales de Mama Cocha consistía en proteger a las
poblaciones incas contra los maremotos y otros desastres
marítimos.
Esposa del dios supremo Viracocha y madre de Inti y Mama Quilla,1 Mama Cocha también era
la deidad que representaba todo lo que era femenino y, del mismo modo, daba equilibrio al
mundo conocido.5 A menudo se la identificaba con la misma agua de lluvia que cae para
fertilizar la tierra.[cita requerida]
Otro punto importante es que Mama Cocha habitaba el "mundo de arriba", es decir, el Hanan
Pacha. En el imperio Inca se concebía que el universo estaba compuesto por tres aspectos o
planos complementarios entre sí: Uku pacha (mundo de abajo), Kay pacha (mundo del
presente) y Hanan pacha (mundo de arriba). Mama Cocha habitaba el último junto con las
personas justas y con otros dioses incas como: Viracocha, Inti y Mama Quilla, entre otros.
[cita requerida]
Cuenta una antigua leyenda inca[¿cuál?] que Mama Cocha era hija del Sol y de la Luna. También
era hermana de "Inca" (el Hijo del Sol) y físicamente era descrita como una joven pálida y
hermosa, enviada desde el cielo con su hermano para enseñar a las personas a vivir y a
trabajar en paz y en amor. 2 Las personas, al conocerla, la reconocieron como su madre
protectora y bajo su guía y la de Inca hicieron casas y caminos, templos y fortalezas. Así
labraron la tierra, que al poco tiempo dio sus frutos. [cita requerida]
WIRACOCHA
Algunas veces también llamado Wiracocha, es el gran dios, el creador de la mitología pre-Inca
e Inca en la región andina de América del Sur.
Se dice que su nombre completo es Apu Qun Tiqsi Wiraqucha y Con-Tici (también deletreado
Kon-Tiki) Viracocha.
Wiracocha era una de las deidades más
importantes del Imperio Inca,
considerado como el creador de todas
las cosas o la sustancia de la que se da
origen a todas las cosas; estaba
íntimamente relacionado con el mar y el
inicio de la vida en el planeta.
Wiracocha era tan importante como el
dios sol (conoce más sobre la Fiesta del
Sol o “INTI RAYMI”) y el dios de las
tormentas.
En algunas representaciones se puede
apreciar a Wiracocha usando al sol como
corona, con un rayo en cada una de las
manos y las lágrimas en sus ojos en
forma de lluvia.
GUARANIES
La faceta espiritual del guaraní constituye uno de los aspectos más llamativos y
atrayentes de su cultura.
Desde el mismo momento de la conquista hispánica, llamo la atención de los
conquistadores y colonizadores el hecho de que los guaraní no poseyeran templos, ni
ídolos o imágenes para venerar, ni grandes centros ceremoniales.
No dudaron en concluir que se trataba de un pueblo sin ningún tipo de creencias
religiosas. La verdad era otra, la religiosidad existía y era profundamente espiritual, a tal
punto de no necesitar de templos ni de ídolos tallados.
Los nombres que hacen referencia a una divinidad que era concebida como invisible,
eterna, omnipresente y omnipotente:
Una entidad espiritual concreta y viviente que podía relacionarse con los hombres, por
ejemplo bajo la forma perceptible de Tupá, el trueno. Se manifestaba en la plenitud de la
naturaleza y del cosmos, pero nunca en una imagen material. Ñamandu no era el dios
exclusivo de los guaraníes, era el dios padre de todos los hombres.
Frente a Ñamandu, el padre bondadoso, el dador de vida y sustento del equilibrio del
orden universal, estaba la otra dimensión de la realidad espiritual, el MAL, expresado en
el concepto de Aña. Esta fuerza maléfica era la generadora de la muerte, la enfermedad,
la escasez de alimentos y las catástrofes naturales.
Para los guaraníes esta tierra y esta vida no eran la perfección. Existía un lugar donde
todo era perfecto, la Tierra sin Mal. La vida del hombre era un andar hacia aquel sitio, al
que se podía llegar luego de la muerte física, y en algunos casos excepcionales
corporalmente, sin pasar por el trance de la muerte. La Tierra sin Mal no constituía un
mito para los guaraníes. Era un lugar real, concreto, que se ubicaba imprecisamente
hacia el este, más allá del Gran Mar (océano Atlántico). Esta creencia en la Tierra sin
Mal generaba periódicamente grandes migraciones en su búsqueda, inspiradas por el
mesianismo de algunos chamanes o paye.
Creían en la inmortalidad del espíritu y en el hecho de que la muerte consistía en el acto
por el cual el alma o anguera abandonaba el cuerpo físico ya sin vida o te’ongue.
Muerto el individuo, sus familiares procedían a la destrucción de todas aquellas
pertenencias del mismo que pudieran retenerlo indebidamente en el mundo de los vivos.
Si el alma quedaba, por simpatía hacia algún objeto, en el mundo terrenal, se
transformaba en un angueru o alma en pena. El angueru o anguera inclusive, podía
manifestarse a los vivos bajo el aspecto de un póra o fantasma.
El difunto era enterrado en un japepo, una vasija de cerámica de dimensiones
considerables. El japepo no tenía una utilización específicamente fúnebre sino que
cumplía múltiples funciones.
Concebido por las manos alfareras de la mujer guaraní, servía para la cocción de los
alimentos, para la fermentación de las bebidas alcohólicas y para servirlas en los
agasajos, y luego finalizaba convertido en urna funeraria.
Existían dos formas de tratar al cadáver. Una consistía en dejar abandonado el cuerpo del
difunto durante algún tiempo prudencial en el monte, para que sufriera el proceso del
descarne. Luego, los huesos eran recogidos y depositados en el interior del japepo. Otra
forma era la de introducir el cadáver completo en el interior de la urna, acomodándolo
en una posición fetal.
La urna era enterrada en el mismo sector que ocupaban las viviendas. Junto al japepo se
depositaban otras pequeñas vasijas cerámicas que contenían alimentos y bebidas, ya que
se consideraba que en sus primeros estadios
de desprendimiento del mundo terrenal, el
alma aún conservaba ciertas apetencias
humanas.
Tupá,
Tupá, al que suele añadirse el apelativo ru ete
—padre verdadero— es quizá la divinidad
guaraní más conocida debido al uso que de ella
hicieron los jesuitas al elegirlo, por sus
características, como el dios a equipar con la
divinidad cristiana con fines evangelizadores.
Sin embargo, ni es el único dios, ni es tampoco
el primer dios del panteón de la mitología
guaraní. El error de interpretación de los
primeros misioneros originó esta confusión y, a
partir de ella, Tupá se fue enriquecido con
conceptos y transferencias de la teología
católica, hasta acabar por ser el dios supremo
de algunas comunidades guaraníes.
El antropólogo Nimuendajú dice que es el hijo predilecto de Ñandechy, la esposa del dios
supremo Ñamandu —Nuestro Padre Grande—.
El dios Tupá tiene distintos atributos: Tupá Jakaira, que cuida del mundo y de la gente y Tupá
Pochy, que no tolera el mal y no perdona al transgresor, cuando la ley no es respetada,
fulmina con sus rayos al culpable. Ambos dioses se consideran, a la vez, hijos y lugartenientes
de Tupá y, entonces, reciben el nombre de Tupá ra’y Kuéry y Tupá rekoe.
La pareja de Tupá es Tupá Chy Ete —chy ete = madre verdadera—, sin nombre propio, toma
de su pareja el apelativo y ocupa un lugar subalterno junto a él.
Tupá, señor de las aguas, las tormentas y los relámpagos, está supeditado a Karaí Ru Ete —
Karai Padre Verdadero—, al que obedece. Cuando Karaí llama a Tupá, este acude enseguida a
su presencia y entonces se pueden ver rayos en el cielo que van de oeste a este. Es decir, de la
morada de un dios a la del otro. Karaí da las órdenes y Tupá se encarga de que se cumplan.
Tupá también controla y tienen bajo su tutela todo lo que acontece en la Tierra y a lo que
habita sobre ella, y es el encargado, además, del envío de las almas de las personas. Mediante
sus rayos aniquila todo aquello que se desvía de las leyes dictadas por Karaí. La destrucción de
los rayos de Tupá alcanza por igual a animales, seres humanos, espíritus o lugares, ya que en la
Tierra todo posee un «genio» o «dueño» sensible de obrar mal.
ÑAMANDU
En la cosmogonía guaraní, al principio de los tiempos
solo existía el caos. Ese caos primigenio lo formaban
una tenue bruma —Tatachina— y los vientos. En
medio de ese caos se autocreó Ñamandu (Origen
Principio), al que también se conoce como Ñande
Ruvusu (Nuestro Padre Grande), Ñande Jara (Nuestro
dueño), Ñande Ru Tenonde (Nuestro Padre
Primero), Pa Pa Tenonde (El Último Último Primero),
Ñande Ru Pa Pa (Nuestro Padre Eterno), Ñande Ru Pa
Pa Mirí (Nuestro Pequeño Padre Eterno). Él fue el dios
que dio origen a los otros dioses. El primero y el
principio. Se trata de una divinidad invisible, eterna, omnipresente y omnipotente.
Ka'a Póra
Ka'a Póra (Caá Porá), EL ESPÍRITU DEL MONTE,
DUENDE DEL MONTE Y KA'A PORÃ ES MONTE
LINDO. Ka'a Póra (Caá Porá), extraño y
cambiante fantasma femenino de las selvas.
Hay que hacer una diferenciación, de según de
donde estemos hablando. Se trata de un ser,
tradicional de las selvas tropicales, en
concreto hay reseñas de él/ella, en las
fronteras entre Argentina, Brasil y Paraguaya.
En los dos primeros países, se la representa
como una bella mujer desnuda, reina de los animales de la selva. Con su belleza, cautiva
a los cazadores. Si ella los considera buenos, le ayudará en la caza, para que obtenga una
presa justa. Por el contrario, si no es así, hará que sus perros se revuelvan contra el
cazador, y este, cegado también por la belleza de la dama, acabará perdido en la selva
para siempre. Sin embargo, para la cultura guaraní, se trata de un ser, mitad hombre,
mitad monstruo, gigante, recubierto de pelo negro, con un gran mazo con el que golpea
al que se encuentre en su camino, sobretodo cazadores. Cuentan que fuma en una pipa
fabricada con el cráneo de un hombre. No tiene prejuicios en comer, ni animales ni
personas. Los hombres de la región le llamaban Kripandufua En otras leyendas, no mata
a animales, solo los hiere, y tiene como montura un pecarí. De una forma u otra, son 2
seres de la selva, que tratan de proteger a la selva del intrusismo del hombre.
BIBLIOGRAFIA
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%20aymara%20se,la%20fertilidad%20en%20los%20campos.
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[Link]#:~:text=La%20religi%C3%B3n%20guaran%C3%AD%20se%20podr
%C3%ADa,templos%2C%20pero%20s%C3%AD%20rituales%20claves .