0% encontró este documento útil (0 votos)
166 vistas360 páginas

Ocupación Preclásica en Coaxilote 1

La tesis analiza la ocupación preclásica en el sitio Coaxilote 1 cerca de Izúcar de Matamoros, Puebla. Se enfoca en la Estructura 3, una de las pocas viviendas del Preclásico Temprano excavadas en su totalidad en el altiplano central de México. La excavación reveló la planta completa de la estructura y entierros humanos asociados. El análisis de los materiales cerámicos y artefactos indica similitudes con otros sitios coetáneos y proporciona información sobre las

Cargado por

Adriana López
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
166 vistas360 páginas

Ocupación Preclásica en Coaxilote 1

La tesis analiza la ocupación preclásica en el sitio Coaxilote 1 cerca de Izúcar de Matamoros, Puebla. Se enfoca en la Estructura 3, una de las pocas viviendas del Preclásico Temprano excavadas en su totalidad en el altiplano central de México. La excavación reveló la planta completa de la estructura y entierros humanos asociados. El análisis de los materiales cerámicos y artefactos indica similitudes con otros sitios coetáneos y proporciona información sobre las

Cargado por

Adriana López
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

PROGRAMA DE MAESTRÍA Y DOCTORADO EN ESTUDIOS MESOAMERICANOS


FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES FILOLÓGICAS

LA OCUPACIÓN PRECLÁSICA DEL SITIO COAXILOTE 1, PUEBLA

TESIS
QUE PARA OPTAR POR EL GRADO DE:
MAESTRA EN ESTUDIOS MESOAMERICANOS

PRESENTA:
ADRIANA LÓPEZ HERNÁNDEZ

TUTORA:
DRA. ANN CYPHERS TOMIC
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES ANTROPOLÓGICAS, UNAM

CIUDAD DE MÉXICO, AGOSTO, 2022


Declaro conocer el Código de Ética de la Universidad Nacional Autónoma de México,

considerado en la Legislación Universitaria. Con base en las definiciones de integridad

y honestidad ahí contenidas, manifiesto que el presente trabajo es original y

enteramente de mi autoría. Las citas de otras obras y las referencias generales a otros

autores, se consignan con el crédito correspondiente.

2
A mis abuelitos María y Manuel y a mi tía Martha, siempre los llevaré en mi corazón.

3
AGRADECIMIENTOS

Desde el inicio de esta investigación, su desarrollo y culminación, conté con el apoyo de

diversas personas sin las que no hubiera sido posible concretarla y con quienes estoy

profundamente agradecida.

En primer lugar, quiero agradecer a la Dra. Ann Cyphers, por su interés en dirigir esta

investigación y su confianza, sus sugerencias y observaciones fueron fundamentales para

desarrollarla. Muchas gracias por su disposición a escuchar, la paciencia, apoyo y consejos

en los momentos difíciles.

A mis sinodales, el Arqlgo. Mario Córdova, por brindarme amablemente el acceso a

los materiales, así como por sus comentarios, a la Dra. Lynneth Lowe y al Dr. Felipe Ramírez,

por su interés, apoyo y comprensión cuando pasé un momento complicado durante la entrega

de los avances, por sus comentarios y sugerencias, y a la Dra. Rosa Reyna Robles, por sus

observaciones puntuales y recomendaciones.

Al inicio de este proceso, conté con el apoyo del Mtro. Tomás Pérez Suárez,

Coordinador del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas de la

UNAM, quien me orientó para la presentación de mi proyecto, así como del Dr. Luis Alva

Valdivia, del Instituto de Geofísica de la UNAM, quien tuvo la amabilidad y disposición de

proporcionarme bibliografía para el mismo.

A Rodrigo Bolaños, gracias por ser mi apoyo incondicional en todos los aspectos, por

tu paciencia y motivación desde el inicio de este proyecto, así como por asesorarme en lo

referente a los entierros humanos, patrones funerarios y tus recomendaciones bibliográficas.

A mi familia, mis papás, Rosa María y Juan Manuel y a mi hermana Gisel, quienes

siempre me alentaron para continuar, en los buenos y malos momentos, han sido un gran

soporte para mí durante este proceso y agradezco mucho poder contar con ustedes. Gracias
4
papá por hacer el gran esfuerzo de poder presenciar este momento. Gracias también,

Fernando, por ser un apoyo y por tus palabras de aliento.

Agradezco igualmente a mis amigos y colegas que me apoyaron incondicionalmente.

A Mercedes García Besné y Jaime Reséndiz, por quienes me animé a aventurarme en esta

investigación y me orientaron en la elaboración del proyecto. A J. Jesús Aguilar, quien me

asesoró con las figurillas, así como su apoyo, a Julio C. Ortega, que siempre me aconsejó y

motivó en todo el proceso. A mis compañeros de Chalcatzingo, Mónica Jiménez, Yesica

Hernández, Royma Gutiérrez, Viridiana Hernández, Nidelvia Marcelino, gracias por sus

sugerencias bibliográficas y resolver mis dudas cuando lo necesité. A Alfredo Fernández y

Gustavo Fernández, por las imágenes proporcionadas.

A mis compañeros de generación, Erika L. Robles, David Lázaro, Oscar Falcón, Zahira

Hipólito, Jorge Martínez y Chrystian Reyes, que, aunque la pandemia no nos permitió una

mayor convivencia, hemos mantenido el contacto. Agradezco mucho el haberlos conocido,

así como su apoyo, motivación y consejos.

A mis amigas y amigos, Andrea Vázquez, Sandra Vázquez, Adriana Castillo, Adriana

Meza, Brenda Aguirre, Cecilia Garelli, Manuel Reyna, Pablo Hernández, Mariana Navarro,

Laura Godínez, Cristina Beltrán y Paris Ferrand, por motivarme cada vez que les comentaba

de mi investigación.

A Gabriela Serrano, Marisela Guzmán y Abril Alarcón, quienes estuvieron presentes

en su inicio. Al Arqlgo. Alejandro Bautista de la Dirección de Registro Público de

Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, por su amable accesibilidad de permitirme

realizar los trámites de titulación, así como a mis compañeros Brenda Peregrino, Ulises Cano,

Carolina Rugerio, Ana Hernández, Iván Torres, Berenice Villanueva, Leonardo Ballesteros,

Yanire Martínez y Wanda Hernández, quienes me motivaron en la fase final de este proceso.
5
Finalmente agradezco al Programa de Posgrado en Estudios Mesoamericanos, quienes

me brindaron la oportunidad de desarrollar mi investigación, así como al Consejo Nacional

de Ciencia y Tecnología, sin cuya beca no hubiera podido realizarla.

6
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN .............................................................................................................................. 8

Objeto de estudio ...................................................................................................................... 8

Objetivo general ........................................................................................................................ 9

Objetivos particulares ............................................................................................................... 9

Planteamiento del problema ...................................................................................................... 9

Justificación ............................................................................................................................ 10

Hipótesis ................................................................................................................................. 11

ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS ......................................................................................... 15

MARCO TEÓRICO .......................................................................................................................... 68

MARCO GEOGRÁFICO ................................................................................................................. 86

COAXILOTE 1 ............................................................................................................................... 107

SECUENCIA OCUPACIONAL ..................................................................................................... 202

ANÁLISIS DE MATERIALES ...................................................................................................... 222

OBSERVACIONES FINALES ...................................................................................................... 300

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ............................................................................................ 318

7
INTRODUCCIÓN

La presente investigación trata acerca de un pequeño asentamiento prehispánico llamado

Coaxilote 1 cerca de Izúcar de Matamoros, Puebla, el cual tiene dos horizontes

ocupacionales, uno del Preclásico y el otro del Posclásico. Específicamente versa sobre la

unidad arquitectónica identificada como Estructura 3, la cual es significativa por ser de las

pocas viviendas del Preclásico Temprano en el altiplano central, que ha sido excavada en su

totalidad.

El descubrimiento del sitio arqueológico se llevó a cabo durante la fase de recorrido

de superficie del Proyecto de Salvamento Arqueológico, La Galarza, Puebla, en el año 2016

cuya excavación se efectuó en el año 2018. Dicho proyecto, bajo la dirección del Arqlgo.

Mario Córdova Tello, se originó por una obra de infraestructura gubernamental consistente

en el trazo y construcción de un libramiento que conecta al suroeste de Puebla con el centro

de Puebla, con la finalidad de evitar transitar dentro de la ciudad de Izúcar de Matamoros.

La exploración determinó la temporalidad de la ocupación con base en los materiales

cerámicos: se reconoció que la principal ocupación en el área de la Estructura 3 tuvo lugar

en el Preclásico Temprano con una breve ocupación posterior, del periodo Posclásico. Se

logró obtener la planta completa de la estructura y definir actividades asociadas, incluyendo

enterramientos humanos.

Objeto de estudio

El objeto de estudio es la denominada Estructura 3 correspondiente al Preclásico, en el sitio

Coaxilote 1, Puebla, específicamente su arquitectura, entierros y los artefactos que

conforman sus ofrendas.

8
Objetivo general

Identificar las similitudes y diferencias entre los materiales analizados y los de otros sitios

contemporáneos, así como por su disposición dentro del contexto arquitectónico.

Objetivos particulares

Dentro de los objetivos particulares de esta investigación se proponen realizar los siguientes:

1. Análisis de la arquitectura, es decir, identificación de muros, pisos, rellenos, entre

otros, sistema constructivo y secuencia estratigráfica.

2. Análisis del material arqueológico, consistente en descripción (pasta, acabado de

superficie, forma y decoración) y separación por tipos.

3. Análisis de entierros, donde se contempla, número, clase, tipo, forma, variedad, lado,

orientación.

4. Comparación de arquitectura con la de otros sitios.

5. Comparación de los materiales arqueológicos con los de otros sitios.

6. Comparación de los entierros con los de otros sitios (patrones funerarios).

7. Determinación de temporalidad mediante comparaciones con secuencias establecidas

y fundamentadas con excavaciones estratigráficas de otros sitios.

Planteamiento del problema

En las distintas investigaciones referentes al Preclásico Temprano en el Centro de México,

se ha planteado una problemática respecto a si el surgimiento, desarrollo y complejidad de

las sociedades asentadas en esta área se debió al contacto con otras culturas, como la Tlatilco,

la Olmeca o del Occidente de México, o si es un suceso independiente, proponiéndose

9
diversas hipótesis que apoyan una u otra vertiente. Este tema es relevante a la investigación

del sitio Coaxilote 1.

Se pretende evaluar la ubicación geográfica de Coaxilote 1 para determinar si ocupa un

lugar estratégico en el corredor de interacción que conecta el Centro de México con regiones

vecinas de Mesoamérica. A través del análisis de los materiales arqueológicos y su

comparación con los de otros sitios se propone examinar las evidencias de interacción con

sitios como Las Bocas, Chalcatzingo, Tlatilco y las culturas asentadas en las márgenes del

río Cuautla, en Morelos.

Por sus características, es decir, su ubicación, medio ambiente, la presencia de

arquitectura, entierros y las vasijas asociadas a los mismos, los depósitos culturales del sitio

ofrecen la oportunidad de describir y analizar la secuencia cronológica de la ocupación

Preclásica, a través del análisis de sus materiales y su correlación estratigráfica dentro del

contexto arquitectónico; por último, la excelencia de la preservación del contexto y de los

restos materiales permitirán la realización de una comparación detallada con otras

ocupaciones contemporáneas que hayan sido reportadas en la literatura.

Justificación

El sitio Coaxilote 1 es un poblado especial del Centro de México no solamente por su gran

antigüedad sino también por contar con la Estructura 3, un contexto único que permitirá

evaluar el impacto de las interacciones intra e interregionales dentro de una sola estructura

doméstica. Se enmarca dentro de la historia de las investigaciones arqueológicas en varios

sitios tempranos. Tiene la ventaja de que las fases tempranas del Preclásico Temprano en el

Centro de México han sido documentadas y verificadas en diferentes sitios arqueológicos

10
con depósitos estratificados. También las excavaciones en estos sitios han aportado

importantes evidencias sobre la vida social y económica de sus habitantes.

Hipótesis

La cultura material del sitio Coaxilote 1 indica la direccionalidad y temporalidad de sus

interacciones intra e interregionales con pueblos contemporáneos como, por ejemplo, la

“cultura Tlatilco” de la cuenca de México y del río Cuautla y con la cultura olmeca de la

costa sur del Golfo de México.

Los materiales arqueológicos reflejan aspectos culturales de la sociedad que los creó,

entonces la cultura material –que incluye arquitectura, entierros y ofrendas- del asentamiento

Preclásico en el sitio Coaxilote 1, manifestará rasgos culturales propios de la población que

habitó el área. Asimismo, al ubicarse dentro de una ruta importante de comunicación, estos

materiales arqueológicos reflejarán algún tipo de influencia –ya sea comercial, ideológica,

cultural, religiosa, entre otros- resultante de la interacción con otras poblaciones

contemporáneas.

Resumen de capítulos

El Capítulo I trata de los antecedentes de investigaciones referentes al estudio del Preclásico,

tanto en la Cuenca de México, como en los estados de Morelos y Puebla, donde se abarca la

época de las excavaciones pioneras de Vaillant en los años 30 en Zacatenco, Ticomán, El

Arbolillo y Gualupita, las cuatro temporadas de campo en Tlatilco, los trabajos en Tlapacoya,

Temamatla, Terremote-Tlatenco, Coapexco, San Pablo, Nexpa, Chalcatzingo, Zazacatla y

Las Bocas. A pesar de que en un inicio las exploraciones eran menos sistemáticas, sentaron

11
un precedente para las investigaciones de otros sitios Preclásicos que se realizaron

posteriormente. Con el tiempo se ha logrado afinar la cronología de este importante periodo,

así como ampliar el conocimiento acerca del modo de vida de las sociedades que se

desarrollaron en él, cuestiones que se detallan a lo largo de este capítulo.

En Capítulo II se desarrollan planteamientos de diversos autores que han efectuado

investigaciones bajo la corriente teórica antropológica de la Ecología Cultural y cómo es

también aplicada dentro de la Arqueología. Se aborda desde su planteamiento por Julian

Steward quien consideraba que había que entender cómo el ser humano se adapta a su

ambiente y cómo este influye igualmente en su cultura, sin privilegiar una u otra. Se aborda

la perspectiva materialista histórica de Marvin Harris y la que propusieron Lapka, Vávra y

Sokolíčková de considerar al paisaje en las investigaciones que abordan esta corriente teórica.

Dentro de su aplicación en la Arqueología se retoman los trabajos de Sanders en el Centro

de México y los de Emily Mc Clung, quienes hacen énfasis en la relación que el ser humano

tiene con su medio ambiente, situación que se manifiesta en su cultura material. Mc Clung

además, hace énfasis en considerar otras regiones de donde se pueden obtener recursos no

disponibles en el área próxima de un asentamiento.

El Capítulo III corresponde al Marco Geográfico del área donde se asienta Coaxilote

1, donde se desarrollan los aspectos geográficos y medioambientales que conforman esa

región, es decir, la fisiografía, medio ambiente, clima, geología, edafología e hidrografía, los

cuales otorgan a esta área, características específicas que fueron aprovechadas por la

población de Coaxilote 1. A este respecto cabe mencionar, que hacia esta porción del estado

de Puebla, se cuenta con un clima óptimo, así como recursos naturales e hídricos muy

prósperos para el desarrollo de las sociedades humanas desde época prehispánica hasta la

actualidad.
12
En el Capítulo IV, se hace una descripción general del sitio Coaxilote 1, tanto de su

ubicación, características del entorno, contexto arquitectónico tanto de las estructuras con

ocupación Posclásica como la que tiene ocupación Preclásica, estratigrafía y contexto

arqueológico de esta última y una definición de términos arquitectónicos que coinciden con

los identificados en el área de la Estructura 3. Este capítulo es muy extenso, pues se considera

que es importante tener una descripción detallada de cada componente para una mejor

interpretación del contexto, que además es complementado con múltiples imágenes y

dibujos. Al final del capítulo se hace una comparación de la arquitectura y el patrón funerario

con otros sitios contemporáneos del Centro de México.

El Capítulo V se desarrolla la secuencia estratigráfica del área de la Estructura 3 de

Coaxilote 1. Primero se explica la metodología empleada para la elaboración de dicha

secuencia, que fue la propuesta por Edward Harris. Para el sitio Coaxilote 1, se hizo el

diagrama “Matrix Harris” con la finalidad de entender las relaciones estratigráficas de los

elementos que conforman el contexto arqueológico y se renombraron los elementos

arqueológicos en números arábigos de manera que pudieran ser representados en el corte, las

plantas y el diagrama, los cuales se muestran en el capítulo. Cada fase se ilustra con una

planta donde se muestran los elementos arqueológicos que le corresponden.

El capítulo VI trata del proceso de análisis de las vasijas de ofrendas y las dos vasijas

aisladas, así como de las dos figurillas recabadas y su resultado. Primero se desarrolla la

metodología empleada para dicho análisis basada en las propuestas de Sistema Vajilla de

Popenoe de Hatch y Método Multiclasificatorio de Culbert y Rands y cómo se llevó a cabo,

tomando en cuenta los atributos de pasta, acabado de superficie, decoración y forma.

Posteriormente se identificaron cinco tipos cerámicos, los cuales fueron descritos y al final

de cada tipo se hizo una comparación con tipos similares reportados en sitios como Gualupita,
13
Nexpa, San Pablo, Chalcatzingo, Las Bocas, Zohapilco y Tlatilco, en algunos casos, sitios de

Guerrero como Teopantecuanitlán y Chilpancingo. Lo mismo se realizó con las figurillas

antropomorfas, cuya metodología de análisis se hizo con base en la propuesta de Rosa Reyna

Robles. Finalmente se hace una propuesta cronológica del asentamiento con base en las

vasijas asociadas a los entierros, las que se encontraron en la Ofrenda 6 y las aisladas, además

de una interpretación referente a los momentos de inhumación de los entierros.

El Capítulo VII consiste en las consideraciones finales resultantes del análisis y

comparación del contexto y los materiales arqueológicos de Coaxilote 1. Se hace una síntesis

de los resultados de cada capítulo, de manera que se da una propuesta que de una idea de

quienes eran los pobladores, cómo se relacionaron con el medio ambiente circundante, es

decir, el aprovechamiento de recursos a su alcance para su supervivencia, las interacciones

con otros sitios contemporáneos reflejados en la arquitectura, en sus materiales cerámicos y

en el patrón funerario, contextos que también definieron la identidad del este asentamiento.

Finalmente se hace una consideración respecto a aspectos ideológicos o religiosos de sus

pobladores.

14
I

ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS

En este capítulo se hará una revisión de las investigaciones arqueológicas que han abordado

el estudio del Preclásico en el Centro de México, específicamente de la Ciudad de México,

Estado de México, Morelos y Puebla. Si bien, se mencionan algunos sitios cuya ocupación

fue en el Preclásico Medio o Tardío, ello se hará debido a que es forzoso nombrarlos, porque

fueron elementales para el establecimiento de la cronología general de este periodo, como es

el caso de los trabajos pioneros de George Vaillant, por mencionar un ejemplo. Sin embargo,

se hará hincapié en los sitios que son contemporáneos con Coaxilote 1, cuya ocupación se

desarrolló a finales de Preclásico Temprano (1700- 1000 a.C.) e inicios del Medio (1000-850

a.C.).

Es importante señalar que en algunos apartados se menciona el término “Olmeca”,

debido a que es un concepto utilizado por la mayoría de los autores para definir una serie de

expresiones plásticas características, plasmadas en la cerámica, la lapidaria, escultura

monumental en piedra y la arquitectura, que se han tratado de explicar a través de dos

vertientes principales: la primera y más antigua que postula su procedencia a varias

poblaciones asentadas en la Costa del Golfo, específicamente el sur de Veracruz y Tabasco,

cuya influencia se extendió a diversas regiones de Mesoamérica, y la segunda aboga que se

trata de un “estilo Olmeca” considerado como un fenómeno “panmesoamericano” y

“multiétnico”. Grove afirmó que “el extenso complejo de motivos y figurillas, refleja un

sistema de creencias compartido que era elaborado, manipulado y enriquecido por muchas

sociedades del periodo Formativo en su historia, incluyendo los Olmecas…El estilo y sus

15
motivos (y las ideas que simbolizaban) aparentemente tuvieron orígenes múltiples, más que

ser la creación de una sola sociedad o región” (Grove, 1993: 88, 90).

Esta problemática se abordará en la parte final de este capítulo, por lo que a

continuación se enumeran los diversos trabajos arqueológicos concernientes al periodo

Preclásico y las contribuciones más importantes que cada académico aportó para una

comprensión más acertada desarrollo histórico del Centro de México en esta temporalidad.

Cabe mencionar que en la figura 1 se muestra la ubicación en el mapa de todos los sitios

descritos en este apartado, así como el sitio Coaxilote 1, que es del que trata esta

investigación.

16
Figura 1. Sitios del Preclásico en el Centro de México. Modificado de QGIS 3.18.1.

17
Primeros reportes

Los primeros hallazgos de asentamientos tempranos tuvieron lugar en los años de 1883 por

la Comisión Francesa y de 1885 por Holmes, sin que se profundizara en su estudio. Fue hasta

el año de 1907, que Zelia Nuttal identificó un nuevo tipo de figurillas debajo de la lava del

Pedregal de San Ángel, siendo este momento el que dio inicio a las investigaciones de las

culturas tempranas. Posteriormente, Manuel Gamio realizó excavaciones en Copilco en el

año de 1917, donde encontró figurillas similares a las que recolectó en los niveles bajos de

Azcapotzalco en 1909 y que indicaban una antigüedad considerable, proponiendo su

denominación como “Cultura Sub-Pedregalense” en vez de “arcaica” de “cerro” o “montaña”

como se les conocía (Gamio, 1920: 127, 143; Vaillant. 2009a: 20).

Diversos investigadores de la época hicieron estudios y propuestas respecto a estas

culturas, como Spinden quien sustentaba que la cultura “arcaica” era la base de todas las

civilizaciones posteriores como la azteca, maya, teotihuacana, etcétera. Otros fueron

Cummings, quien excavó Cuicuilco en 1923-1924; Kroeber, quien hizo un estudio de la

cerámica en 1925; Clarence Hay, quien hizo la primera división clasificatoria de las figurillas

preclásicas y Lothrop, quien realizó trabajos en El Salvador (Vaillant, 2009a: 21).

Debido a que se tenía mucho material de las culturas tempranas del Valle de México,

como las llamaba Vaillant, se decidió por parte del Dr. Wissler y de Clarence L. Hay,

encargar una excavación arqueológica en uno de los sitios donde se habían encontrado estos

materiales, de manera que pudieran estudiarlas y comprender mejor el proceso de cambio

entre éstas y las culturas que les sucedieron.

18
Zacatenco, Ticomán, El Arbolillo y Gualupita

Wissler y Hay encomendaron la labor de exploración arqueológica a George Vaillant quien

escogió al sitio de Zacatenco, para un primer acercamiento al estudio de estas culturas. Ahí

realizó dos temporadas de campo, una en 1927-1928 y la otra en 1928-1929 (Vaillant, 2009a:

13, 23-24).

Este sitio se localiza en la actual colonia San Pedro Zacatenco, de la alcaldía Álvaro

Obregón, en la Ciudad de México (figura 1). Vaillant abrió cinco trincheras a las que

denominó alfabéticamente A, B, C, D y E, donde solamente la C y la D tuvieron muros de

contención y en la C, cimientos de habitaciones. Como resultado del análisis de sus

materiales, pudo dividir la ocupación de Zacatenco en tres fases que son Temprano, Medio

y Tardío (Vaillant, 2009a: 25-36).

Identificó cada fase según los siguientes rasgos en cerámica y figurillas:

a) Zacatenco Temprano: cerámica Bayo o Rojo-Café, Bermeja, Negra, Negra

delgado, Blanco y Rojo, así como Blanco-Amarillo y Blanco sobre Rojo. Figurillas

C y D, donde dividió al grupo C en C1, C2, C3 y C4 (Vaillant, 2009a: 39-45, 49;

2009b: 17-19).

b) Zacatenco Medio: hay cerámica Bayo, Bermejo o Rojo, Rojo sobre Café, Blanco

Negro, Negro delgado y Negro sobre Rojo, Blanco sobre Rojo y surgen el Blanco-

Amarillo, Amarillo sobre Blanco, Blanco Granulado y Rojo sobre Amarillo, el

Rojo sobre Negro, Rojo Pulido, la loza Laca y la Anaranjado Fino. Se presentaron

las figurillas de los tipos A, B y F, donde las dos primeras se localizaron igualmente

en Copilco, por lo que consideró la fase Media de Zacatenco contemporánea con

ese sitio (Vaillant, 2009a: 49- 56; 2009b: 19-23).

19
c) Zacatenco Tardío: en cerámica se cuenta con los tipos Bayo, Bermejo, Blanco sobre

Café, Blanco granular, Blanco sobre Rojo, Rojo sobre Negro, Rojo sobre Amarillo,

Rojo sobre Café, Rojo Pulido y Naranja Fino. Dentro de las figurillas hay

ejemplares de los tipos E, G, I, H y L (Vaillant, 2009b: 23-26).

Posteriormente, de noviembre de 1929 a enero de 1930, Vaillant excavó el sitio de

Ticomán, localizado a casi 3 km en línea recta al noroeste de Zacatenco, en una península

del Cerro Chiquihuite, específicamente al suroeste del mismo (figura 1). Excavó trece

unidades, de las que cinco se proyectaron para fines estratigráficos y las restantes fueron

extensivas. Las trincheras se llamaron: Trinchera B Primera Excavación, Trinchera B

Segunda Excavación, Trinchera B Rama Noroeste, Trincheras D, E, A, C, F, G, H e I, Muro

Excavado Extensión Sur y Muro Excavado Extensión Este. Encontró un sistema de terrazas

de contención con posibles cimientos de casas u habitaciones en la Trinchera I en el Muro

Excavado Extensión Sur, un piso en esta misma área y entierros en todas las trincheras.

Identificó evidencia de ocupación correspondiente con los periodos Temprano y Medio de

Zacatenco (Vaillant, 2009b: 32-66).

Se dio cuenta que la ocupación de Ticomán era más reciente que la de Zacatenco,

además que fue más corta. El periodo temprano de Zacatenco en Ticomán, se evidenció por

la presencia de figurillas tipo C, mientras que el periodo Medio de Zacatenco, lo fue por las

figurillas A y B. Sin embargo, no se encontró la cerámica asociada a estos periodos junto con

las figurillas, por lo que concluyó que pudieron ser trasladadas desde el sitio El Arbolillo que

se localiza cerca de Ticomán (Vaillant, 2009b: 63).

Al igual que en Zacatenco, identificó tres fases que son Ticomán Temprano, Intermedio

y Tardío. En este punto cabe resaltar que, dentro de sus interpretaciones, consideró que en

Zacatenco se desarrollaron dos culturas, una que predominó en los periodos Temprano y
20
Medio y otra externa que lo habitó en el período Tardío. Esta última es la que es similar a la

ocupación de Ticomán con sus tres fases (Vaillant, 2009b: 163; Vaillant, 2009c: 13).

A continuación, se enlistan los componentes que distinguen cada fase (Vaillant, 2009b:

164-171):

a) Ticomán Temprano: cerámica Bayo, Rojo sobre Amarillo, Rojo sobre Amarillo

Inciso, Negro-Café, Roja, Blanca, Parda y Grisácea, así como figurillas tipo E.

b) Ticomán Intermedio: cerámica Bayo, Polícroma, Roja, Negro-Café, Blanca,

Grisácea y Parda, y figurillas G, I y L, con sus variantes.

c) Ticomán Tardío: cerámica Bayo, Polícroma, Roja y Negro-Café. En figurillas se

caracteriza la presencia del tipo H.

Vaillant se dio cuenta de la similitud de los materiales de Ticomán tardío con los de

Cuicuilco, por lo que propuso, se trataban de culturas contemporáneas con afinidad étnica

más no de identidad. Igualmente equiparó el parecido de las figurillas tipo H con las de

Chupícuaro, Guanajuato y a las de Morelos y Querétaro (2009b, 173-177).

Un tercer sitio excavado en la Cuenca de México fue El Arbolillo, ubicado a 1.75 km,

en línea recta, al norte de Ticomán, en la porción baja oeste del Cerro del Chiquihuite, donde

excavó doce trincheras, nombrándolas alfabéticamente de la A a la L (figura 1). En las

trincheras A, C y J, aunque se trató de un área de poca profundidad, descubrió entierros,

figurillas, fragmentos cerámicos y muros. De la trinchera I obtuvo fragmentos de figurillas,

entierros, y piedras derrumbadas. En las trincheras K, B, G y D, entierros, de los cuales varios

fueron teotihuacanos, fragmentos de figurillas, hojas y olotes de maíz carbonizados, lítica

pulida, una concentración de navajillas de obsidiana. Finalmente, las trincheras H, E, F, y L,

se abrieron con la finalidad de explorar los restos teotihuacanos identificados. En ellas se

encontraron entierros, una construcción ovalada con lajas de tepetate y lítica pulida, y a pesar
21
de que sí se encontró evidencia de ocupación teotihuacana, se concentró en estratos muy

erosionados, siendo mejor representada la de Zacatenco Medio (Vaillant, 2009c: 18-29).

Vaillant identificó tres periodos de ocupación:

a) El Arbolillo I: equivalente a Zacatenco Temprano e igualmente se trata de una

misma cultura que evoluciona de una fase a otra. En cerámica encontró “ollas con

cuello vago, la Loza Negra Gruesa, los cuencos Blanco sobre Rojo y la loza Blanca”

(Vaillant, 2009c: 13-18, 137). Dividió esta fase en El Arbolillo I Temprano con

figurillas de los tipos C1-2. C2, C3a, C3b y F temprano; El Arbolillo I Intermedio,

con los tipos C1-1 y C2 y El Arbolillo I Tardío con los tipos C1a, C1b, C3c, D1.

Atribuyó, además, una fase transicional entre El Arbolillo I y el II, donde identificó

figurillas de los tipos B-C, F-C (Vaillant, 2009c: 172).

b) El Arbolillo II: la equiparó con Zacatenco Medio y aunque mencionó que la

cerámica no es el mejor indicador temporal, por su poca variabilidad de una fase a

otra, identificó dentro de ésta las “ollas con cuello simple, lozas Negra Delgada,

Rojo sobre Blanco, Blanco-Amarilla y loza temprana Rojo sobre Amarillo”

(Vaillant, 2009c: 13-18, 137). Lo que ayudó a una mejor definición de esta, fue la

clasificación de las figurillas, encontrándose los tipos A, B, F y C5 (Vaillant, 2009c:

172).

c) El Arbolillo III: corresponde con una ocupación teotihuacana.

En enero de 1932, Vaillant junto con su esposa Suzannah, realizaron trabajos de

excavación en un predio en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, del cual tuvieron

conocimiento debido a que las señoritas Bourgeois recolectaron diversos materiales del

mismo, dentro de los que había algunos similares a los de Ticomán. El sitio es Gualupita,

22
localizado en la Tejería Vieja, una ladrillera del Barrio de Gualupita (Vaillant y Vaillant,

2009: 13, 17) (figura 1).

Abrió cuatro trincheras, A, B, C y D, identificando dos estratos de ocupación en las

trincheras A-D -Gualupita I y III- y tres en las B-C -Gualupita I, II y III-. Además, encontró

entierros, materiales como figurillas, lítica pulida, hueso y una estructura a la que denominó

Estructura I en la trinchera D (Vaillant y Vaillant, 2009: 20-26).

Cabe señalar que los Vaillant interpretaron las fases de Gualupita, con base en lo que

encontrado en la Cuenca de México. Se dieron cuenta que la cultura material de Gualupita I

era distinta a Zacatenco, El Arbolillo y Ticomán, y en Gualupita II identificaron elementos

que evolucionaron de Gualupita I, y otros similares a los de Ticomán, por lo que concluyeron

que los habitantes eran una mezcla de las personas que habitaron en Gualupita I con gente

externa con cultura Ticomán (Vaillant y Vaillant, 2009: 83).

Los materiales asociados a las fases identificadas son:

a) Gualupita I: presenta cerámica de Gualupita I donde hay ollas y cajetes para

almacenamiento, cerámica Negro-Café, Rojo sobre Café, Roja y Blanca. Los tipos

de figurillas identificados fueron los D1, D2, D3, K, O, C3, A, F, C5 (Vaillant y

Vaillant, 2009: 37, 85-87).

b) Gualupita II: en la cerámica comparte los mismos tipos locales que Gualupita I, y

algunos que además tienen un estilo Ticomán como Negro-Café, Rojo-Amarillo y

Pulido Rojo, además identificaron unos estilos de tipo Teotihuacano. Dentro de las

figurillas encuentran los tipos C9, E3, E4, G1, L2, H1, H3, H4a, H4c, H4d (Vaillant

y Vaillant, 2009: 37, 85-87).

c) Gualupita III: ya corresponde al periodo Posclásico, donde hay ejemplares de

cerámicas Tlahuicas (Vaillant y Vaillant, 2009: 84-84, 113, 123).


23
Vaillant y Vaillant hicieron una revisión de la colección de figurillas de las señoritas

Bourgeois y del Obispo Plancarte e identificaron tipos predominantes como los D, K, C9 y

H4, así como el C8 de Tenayo. Se dieron cuenta que los tipos D, K, O y D2 son de Morelos

y que se desarrollaron simultáneamente (Vaillant y Vaillant, 2009: 38, 80).

Aquí cabe hacer un paréntesis, para mencionar una exploración más reciente en

Gualupita. En el año 2002 se realizó un salvamento arqueológico en el predio Casino de la

Selva, ya que la empresa COSTCO DE MÉXICO S.A. DE C.V., construiría dos mega tiendas

en dicho terreno. Se realizó bajo la dirección de Mario Córdova Tello, donde las áreas a

intervenir se dividieron en tres: la zona alta, que fue pobre en materiales culturales; la media,

que presentó una mezcla de materiales, desde la época prehispánica hasta el momento de la

ocupación con el Casino de la Selva; y la baja, que fue donde Vaillant realizó sus

exploraciones en 1932. Esta sección mostraba las mismas características que las anteriores,

pero en el cuadrante 1C se encontraron los cimientos de una casa prehispánica, de la que

obtuvieron muestras para datación por C14, el cual arrojó una fecha de 900 a.C. (Sereno,

2007: 1, 3, 36-50, 110, 113).

Otra evidencia consistente en una plataforma sobre la que se construyeron casas

prehispánicas, fue encontrada en un área donde se construyó un paso a desnivel, ubicado

donde se encontraba el edificio de la Vieja Tejería, localizado a 4 m del cuadrante 1C del

Casino de la Selva. Este edificio afectó el contexto arqueológico prehispánico pues se

empataban las construcciones de esas épocas con las de la Tejería Vieja. Sin embargo, en

esta área no pudieron continuar la excavación por instrucciones de la dirección del INAH

(Sereno, 2007: 51, 55).

Volviendo a los trabajos de Vaillant, se considera que sus aportaciones pueden

resumirse en varios puntos: el primer intento de entender las sociedades que precedieron a
24
Teotihuacan, así como su ordenamiento temporal. Que su estudio le hizo darse cuenta que

no eran sociedades “arcaicas” sino que ya presentaban un grado de complejidad reflejado en

su cultura material, denominándolas por lo tanto como “Culturas Medias” y, como lo resalta

Niederberger (2018: 154-155), la división en dos grandes entidades definidas, que son las

Culturas medias inferiores o Copilco-Zacatenco y las Culturas medias superiores o

Cuicuilco-Ticomán. A continuación, se presenta una tabla con la secuencia temporal de estas

sociedades (Figura 2).

Zacatenco Ticomán El Arbolillo Gualupita

Ticomán
Tardío

Culturas Medias Zacatenco Ticomán Gualupita II


Superiores/Cuicuilco- Tardío Intermedio
Ticomán
Ticomán
Temprano

Zacatenco El Arbolillo II
Medio

El Arbolillo
Transición

Culturas Medias Gualupita I


Inferiores/Copilco- Zacatenco El Arbolillo I
Zacatenco Temprano Tardío

El Arbolillo I
Medio

El Arbolillo I
Temprano

Figura 2. Secuencia temporal de las “Culturas Medias” de Vaillant. Tomado y Modificado de


Vaillant y Vaillant, 2009: 172 y de Niederberger, 2018: 156.

25
Tlatilco

Las exploraciones arqueológicas en Tlatilco, comenzaron en el año de 1942, a cargo de

Miguel Covarrubias, quien se interesó por la diversidad de objetos en colecciones privadas

provenientes de este sitio localizado en la actual colonia San Luis Tlatilco, en el Municipio

de Naucalpan de Juárez, Estado de México (figura 1). La excavación correspondiente a la

primera temporada, fue llevada a cabo junto con Hugo Moedano Koer, donde se hicieron

unas trincheras o calas de exploración para determinar la temporalidad del sitio, al cual se le

ubicó dentro del período de las “Culturas arcaicas” o de las “Culturas Medias” como lo

definió Vaillant (García Moll, et al., 1991: 10-11; Ochoa, 1982: 7; Piña Chan, 1958: 5).

En la segunda temporada, de 1947 a 1950, dirigida igualmente por Covarrubias junto

con el entonces director del Museo Nacional de Antropología, Daniel Rubín de la Borbolla

y patrocinado por dicho museo y la Viking Foundation, se exploraron la Loma Atoto y el

cerro del Tepalcate, así como los sitios El Torito, Río Hondo, Cañitas, entre otros. La

exploración se enfocó en lo que Piña Chan denominó como el área del cementerio

prehispánico donde se encontraron 221 entierros humanos, se hicieron calas y pozos de

excavación, así como la exploración de fosas troncocónicas (García Moll, et al., 1991: 11;

Ochoa, 1982: 7; Piña Chan, 1958: 5-6).

Cabe mencionar que el interés principal de Covarrubias por estudiar Tlatilco, derivó de

la presencia de elementos de estilo “Olmeca” en sus objetos. En aquella época comenzaron

a realizarse excavaciones arqueológicas que arrojaron descubrimientos de dicha cultura en la

Costa del Golfo, siendo asociadas a monumentos y complejos arquitectónicos bien

planificados, lo que les atribuía un alto grado de desarrollo respecto a otros sitios

contemporáneos. Varios de los elementos que conforman este estilo son los motivos como la

cruz de San Andrés, la hendidura frontal, ojos almenados, boca felina, entre otros, que
26
Covarrubias identificó en algunos objetos de Tlatilco. Por ello, su principal objetivo era

explicar la existencia de este estilo en el Altiplano Central y concluyó que Tlatilco era un

sitio con presencia de una cultura local del tipo Zacatenco que fue conquistada y dominada

por un contingente olmeca proveniente de la Costa del Golfo (Ochoa, 1982: 2; Niederberger

2018: 171-188).

Varios investigadores apoyaron esta visión de Covarrubias, entre quienes se encontraba

Román Piña Chan, quien dirigió la tercera temporada de excavaciones, en el año de 1955.

Primero realizó un reconocimiento superficial por medio de fotografía aérea y después llevó

a cabo labores de recorrido de superficie para escoger las áreas de mayor potencial.

Posteriormente hizo excavaciones por niveles arbitrarios, que consistieron en pozos y

trincheras estratigráficas, calas de entierros y formaciones troncónicas, tanto en Tlatilco

como en la Loma de Atoto, ésta última ubicada al este del primero. Además, realizó

reconocimientos en las áreas circundantes, donde identificó y exploró el sitio Cerro de Los

Tepalcates. Por último, realizó análisis de radiocarbono de Tlatilco, Pirámide del Sol,

Zacatenco y Cerro del Tepalcate (Piña Chan, 1958: 11, 18-30, 35).

Piña Chan se refirió a este periodo de las “Culturas Medias” como Preclásico y lo

dividió en tres fases: Tlatilco Inferior, correspondiente con el Preclásico Inferior, Tlatilco

Transicional y Tlatilco Superior, correspondientes con el Preclásico Medio. En Tlatilco

Inferior, se encuentra la cerámica blanca pulida, negra pulida con incisiones y pintura roja,

cerámica de pintura blanca firme y figurillas C1-2, C3a, C1a y C3c. Tlatilco Transicional se

caracteriza por este estilo “Olmeca” que Piña Chan identificó por rasgos en la cerámica como

decoración excavada, rocker stamp o mecedora, motivos como manchas, encías y garras de

jaguar, entre otros, cerámica Negra, Rojo sobre Blanco, Grisácea, Blanco sobre Rojo y

figurillas D1 y D2. Para esta fase Piña Chan consideró que un grupo Olmeca de la Costa del
27
Golfo llegó a Tlatilco, donde residía una población campesina que poco a poco fue

mezclándose, situación que interpretó a partir de los materiales arqueológicos, como las

figurillas del tipo D. En Tlatilco Superior identificó cerámicas Blanco sobre Café, Rojo

Pulido, Café Rojizo, Bayo, Naranja Laca, Rojo sobre Café y figurillas A, B, C5 y C9 (Piña

Chan, 1958: 55-56).

En Loma de Atoto no encontró esta influencia “Olmeca” en los materiales, por lo que

infirió que en el momento del “contacto” entre los olmecas y la sociedad local, la población

todavía no se dispersaba completamente por el área. Sin embargo, debido al “impacto” que

tuvo ese contacto, propuso que una fracción de los pobladores locales se mudó hacia la Loma

de Atoto, preservando con ello su tradición alfarera (Piña Chan, 1958:73).

De los resultados de su datación por C14 dividió el periodo Preclásico en: Preclásico

Inferior cuya duración era de 1700 a 1100 a.C., el Medio, de 1100 a 600 a.C. y el Superior

de 600 a 100 a.C. Ubicó la ocupación de Tlatilco de 1450 a 600 a.C. y dentro de este rango,

colocó la “llegada” de los Olmecas a la Cuenca de México alrededor del año 1000 a.C. (Piña

Chan, 1958: 120).

Piña Chan (1958: 117) hizo comparaciones temporales con los sitios contemporáneos

excavados en la Cuenca de México, sitios de Morelos, Oaxaca, la Huasteca, la Costa del

Golfo y el Área Maya, llegando a las siguientes conclusiones:

a) Dentro del Preclásico Inferior colocó a Tlatilco Inferior, Zacatenco Inferior, El

Arbolillo I y las fases Las Charcas y Majadas de Kaminaljuyú.

b) En el Preclásico Medio situó a Tlatilco Transicional y Superior, Zacatenco Medio

Inferior y Superior, El Arbolillo II, Chalcatzingo Medio, Gualupita I, Atlihuayán,

periodos Mamom de Uaxactún y Arévalo y Majadas de Kaminaljuyú, periodos

Pavón, Ponce y Aguilar de la Huasteca y una porción de Monte Albán I y La Venta.


28
c) Dentro del Preclásico Superior consideró a Cuicuilco, Ticomán, Zacateco Superior,

Tlapacoya Superior, Cerro del Tepalcate, Teotihuacan I, Chalcatzingo Superior,

Gualupita II, La Venta, Tres Zapotes Medio, Monte Albán I y II, la Huasteca I y II,

periodos Miraflores de Kaminaljuyú y Chincanel de Uaxactún.

Como puede notarse, tanto Covarrubias como Piña Chan ajustaron temporalmente la

ocupación Tlatilco a Zacatenco y El Arbolillo, a pesar que, como observa Niederberger, en

Zacatenco no hubiera dichos materiales “Olmecas”, ello debido a que tanto él como otros

investigadores que concordaban con su idea, no concebían que un material tan estéticamente

bien elaborado, pudiera haber sido manufacturado por sociedades más antiguas y mucho

menos locales (Niederberger, 2018: 185-188).

La ausencia de objetos con estilo “Olmeca” en sitios excavados por Vaillant, llevó a

Tolstoy y Guénette a acuñar a dicha problemática como “El Problema Tlatilco”. Ellos

llevaron a cabo excavaciones en Tlatilco en 1963 con la finalidad de poder obtener datos más

acertados y poder afinar su temporalidad. Parece, sin embargo, que esta labor no pudo hacerse

como lo esperaban, debido al sistema de excavación por niveles arbitrarios, así como la

selección de unidades donde el material no arrojó datos que ayudaran a definirla. Aun así,

propusieron tres subfases que son Iglesia, Totolica y Atoto, colocando los materiales

asociados a entierros encontrados en la cala de Atoto, dentro de la última subfase, que

corresponde al Preclásico Superior (Niederberger, 2018: 201-203, García Moll, 1991: 14).

Porter cuestionó que hubiera ciertos elementos presentes en Tlatilco, ausentes en los

sitios de Vaillant, por lo que atribuyó estas diferencias a cuestiones cronológicas, más que de

estatus o etnicidad, colocando con ello la ocupación de Tlatilco entre Zacatenco Medio e

inicios de Ticomán. Asimismo, otra aportación valiosa fue la de Heizer quien identificó un

tercer estilo, además de los reconocidos estilos “Olmeca” y “Zacatenco”, al que denominó
29
como Tertium quid, el cual consiste en ciertas características distintivas en objetos cerámicos,

que posteriormente Grove identificó como “Cultura Tlatilco” o “Complejo Río Cuautla”

(Niederberger, 2018: 188, 206; Grove, 1974: 3-4).

La cuarta temporada se llevó a cabo de 1962 a 1969 bajo la dirección de Arturo

Romano, dividida en dos fases debido a que, en 1968, hubo una modificación en la

metodología de excavación, proponiéndose la remoción por estratos naturales y donde se

excavaron un total de 214 entierros. Su exploración tuvo dos objetivos, uno fue detener la

destrucción y el saqueo en el sitio y el otro fue la recuperación del material óseo. Además de

replantear la metodología de excavación, por vez primera se consideró el registro y ubicación

de unidades habitacionales con la finalidad de entender el sitio como una totalidad de

componentes que lo conformaban (García Moll, 1991: 11-12, 15: Ochoa, 1982: 14-17).

Diversos trabajos resultaron de esta segunda temporada como la tesis de Laporte de

1971, que trata de tipología de figurillas y cerámica de la primera fase de esta última

temporada; los de Arturo Romano de 1972 sobre deformación craneana y prácticas

funerarias; el de García Moll, de 1972 sobre cestería; el de Ochoa Salas de 1973 sobre

representaciones de culto fálico y de fertilidad; los de Patricia Ochoa, uno respecto a la

seriación de figurillas de 1971, y el de la secuencia cerámica de 1982; el trabajo de Álvarez

sobre la identificación de restos óseos faunísticos de 1977 y, por último, el catálogo de

entierros de Roberto García Moll, Daniel Juárez Cossío, Carmen Pijoan Aguade y María

Elena y Marcela Salas Cuesta, de 1991 (García Moll, 1991: 12; Ochoa, 1982: 5).

Tlapacoya

El sitio de Tlapacoya se localiza en un antiguo volcán andesítico al sureste de la Cuenca de

México, específicamente a aproximadamente 3.50 km al suroeste de Ixtapaluca y a


30
aproximadamente 4.30 km al norte de Chalco. Fue excavado en 1955 por Beatriz Barba de

Piña Chan y por Román Piña Chan en el área del basamento piramidal, donde se encontraron

tres tumbas y dos ofrendas con 150 vasijas. Determinaron que tuvo tres etapas constructivas,

cuya ocupación más antigua fue en el Preclásico Medio, constatado por la presencia de

materiales de tipo Ticomán y Zacatenco, así como una ocupación posterior en Preclásico

Tardío, con materiales de tipo Ticomán. A este respecto cabe señalar, que los componentes

“Olmecas” no fueron encontrados dentro de esta excavación, pero se comprobó su existencia

a través de vasijas en colecciones privadas. Debido a ello, determinaron que su ocupación

principal fue hacia el Preclásico Tardío, quedando el Medio evidenciado por los materiales

Zacatenco y que Barba de Piña Chan definió como una población campesina que fue

influenciada por grupos “Olmecas” foráneos (Niederberger, 1976: 17-18; 2018: 206-209).

Debido al interés que tenía Tolstoy en poder ajustar la cronología para el Preclásico en

la Cuenca de México, realizó una serie de pozos estratigráficos en El Arbolillo en 1965, en

Tlatilco como ya se mencionó con anterioridad, y en el cerro de Tlapacoya en un área que

denominó Ayotla, esta última en 1967. Tres objetivos fueron los que motivaron estos

trabajos: “1) perfeccionar las fases y el fechamiento absoluto, anteriores al periodo Cuicuilco-

Ticomán de la propuesta de Vaillant; 2) la ubicación relativa de Tlatilco en esa secuencia; y

3) conocer la naturaleza de las ocupaciones que precedieron los asentamientos iniciales de

El Abolillo y Zacatenco1” (Tolstoy y Paradis, 1970: 345).

En El Arbolillo, Tostoy y Paradis (1970:346-347) subdividieron la fase El Arbolillo I

en las subfases El Arbolillo y la Pastora, debido a que detectaron una variación en los

materiales entre una y otra, cuestión que Vaillant no pudo distinguir. Asimismo, renombraron

1
Traducción del inglés por quien suscribe esta investigación.

31
El Arbolillo II como Cuautepec. Como ya se mencionó con anterioridad, para Tlatilco

proponen las subfases Iglesia, Totolica y Atoto -las cuales son equivalentes a las de El

Arbolillo-, donde el inicio de la ocupación en el área de Atoto fue en la subfase Totolica.

Tlatilco, por su parte, es habitado en esta subfase y en la Atoto, además, se dieron cuenta que

el material de los entierros correspondía a la fase Ixtapaluca de Tlapacoya, es decir, que es

de mayor antigüedad.

En Ayotla (Tlapacoya), registran tres subfases, que son Ayotla, Justo y Bomba,

ubicados antes de la subfase Iglesia-El Arbolillo. Mencionan que las dos primeras son muy

parecidas y es donde se localizan los objetos de la cultura “Olmeca” de Veracruz, Oaxaca,

Puebla, Morelos y Chiapas, por lo que sugieren similitudes culturales entre los habitantes de

Tlatilco y los de Ayotla. La subfase Bomba la definen como una transición de Ayotla-Justo

a Iglesia-El Arbolillo. Es notorio que utilizan el nombre de subfases para los tres sitios, ya

que ellos consideraban que era una clasificación más fina, que permitía contrastar diferencias

entre los materiales, en vez de las amplias fases que eran utilizadas en la época (figura 3)

(Tolsoy y Paradis, 1970: 347-348).

Aun así, conservaron las grandes agrupaciones que propuso Vaillant: Copilco-

Zacatenco, Cuiculco-Ticomán, añadiendo una anterior a éstas que se denominaron

Ixtapaluca. Dentro de la última colocaron las subfases Ayotla-Justo, y Bomba realmente no

pudo ser definida, pues consideraban que podría ser ubicada a inicios de Zacatenco, aunque

no descartaban que perteneciera a Ixtapaluca. Respecto al “Estilo Tlatilco” o tertium quid

presente en las vasijas de los entierros de Tlatilco, lo ubicaron en la transición de Ixtapaluca

a Zacatenco y los consideraron provenientes de Morelos, con influencia del Occidente de

México y del área Andina (Tolsoy y Paradis, 1970: 349).

32
Figura 3. Cronología propuesta por Tolstoy y Paradis para el Preclásico en la Cuenca de
México. Tomado y Modificado de Tolstoy y Paradis, 1970: 348.

La importancia del trabajo de Tolstoy y Paradis, radica en que por vez primera el

asentamiento de Tlatilco se coloca temporalmente en una secuencia cronológica. Los

materiales que identificaron como “Olmecas”, que serían correspondientes con los entierros,

se ubicaron en la fase Ixtapaluca, mientras que los desechos en los rellenos indicaron una

ocupación que ya no presentaba el componente “Olmeca” y que era contemporánea a la fase

El Arbolillo, siendo en Tlatilco divida en Iglesia, Totolica y Atoto. Cabe señalar que no

lograron ubicar al “Estilo Tlatilco” en esta secuencia. Si bien hicieron una discusión respecto

a la presencia “Olmeca” en la Cuenca de México, solo se limitaron a proponer que existió

33
contacto constante y cercano entre Oaxaca, Veracruz y la Cuenca de México, evidenciado

por la similitud entre sus materiales (Tolstoy y Paradis, 1970: 350-351).

En el año de 1965, José Luis Lorenzo, quien era director del Departamento de

Prehistoria del INAH, realizó un proyecto de investigación interdisciplinario, con la finalidad

de poder rastrear las ocupaciones humanas desde finales del Pleistoceno. Como parte de esta

investigación, Christine Niederberger se encargó de dirigir una excavación arqueológica en

la milpa de Zohapilco, ubicada en la base este del cerro de Tlapacoya, en el año 1969

(Niederberger, 1976: 23, 33; 2018: 213).

Realizó una cala de 50 m de largo dividida en cuadros de un metro por un metro, con

orientación noreste-suroeste, ampliando cuadros al norte o al sur en áreas donde hubiera que

extenderse por la presencia de algún entierro o elemento arquitectónico. Debido a que se

tenía un interés en hacer un estudio paleoecológico, tomó muestras de restos vegetales y

animales que envió a los laboratorios de Paleozoología y Paleobotánica, del entontes

Departamento de Prehistoria del INAH. Asimismo, obtuvo nueve fechas de radiocarbono

provenientes de muestras de carbón, madera y materia orgánica (Niederberger, 1976: 34-36,

47).

Con este trabajo Niederberger logró identificar ocho fases de ocupación, donde realizó

una reconstrucción tanto del medio ambiente predominante para cada época, como la

identificación de características culturales que las distinguen una de otra (ver figura 26 del

capítulo VI). La primera fase es Playa, la cual subdividió en Playa 1 (5500-4500 a.C.) y

Playa 2 (4500-3500 a.C.). En esta fase se evidencia que la Cuenca de México no era un

territorio deshabitado en la época postpleistocénica, además se identificó el cambio de una

economía de recolección a una de producción, en un contexto de un “sedentarismo precoz”

como lo definió Niederberger, ya que, a diferencia de Tehuacán que contaba con un paisaje
34
semiárido, en la Cuenca constantemente se disponía de recursos explotables, como los

bosques, el medio lacustre y los suelos aluviales en todas las estaciones del año. Un rasgo

cultural característico es el uso de la técnica “Zohapilquense” para el tallado de andesitas,

basaltos y obsidiana, consistente en “desprender lascas de un núcleo poliédrico irregular por

percusión sucesiva de todas sus caras”. Además, obtuvo polen de Zea, lo que indicaba una

posible práctica de protección y selección de este grano (Niederberger, 1976: 249-252; 2018:

251-257).

La segunda fase fue denominada Zohapilco (2500-2000 a.C.), aquí se comenzó a

consolidar la agricultura y la manufactura de objetos cerámicos. Se recolectaron restos de

cultivo de plantas como chile, amaranto, calabaza, chayote y tomate y hubo un aumento de

tamaño y proporción de polen de Zea. Siguió existiendo la técnica “zohapilquense”, pero ya

se inició con la preparación de los núcleos para las navajillas prismáticas. Asimismo,

aumentaron las materias primas para la elaboración de objetos líticos y se identificó una

estandarización en los instrumentos de molienda. El único objeto de arcilla recuperado fue

una figurilla cilíndrica muy rudimentaria, denominada como figurilla “Zohapilco”

(Niederberger, 1976: 212-213, 253-256; 2018: 257-258).

Debido a que la siguiente ocupación se encontró en un estrato muy delgado, por lo

tanto, poco representado en comparación con otros niveles, decidió denominarlo como

Complejo Nevada o nivel cultural Nevada, cuya duración fue de 1450 a 1250 a.C. Dentro de

los materiales arqueológicos, la mayoría de la lítica fue elaborada en andesita, la cerámica se

representa por los tipos Chalco alisado, Tortuga Pulido, Volcán Pulido, Lago Rojo Fino y

Ventana Rojo sobre Bayo. Los ejemplares cerámicos tienen pared plana y superficies bien

pulidas, formas como cajetes hemisféricos, fondos planos, decoraciones como acanaladuras

modeladas en el cuerpo de vasijas, impresión de uña, pintura roja, decoración “en mecedora”
35
o decoración “incisa a la navaja” en fondos. Asimismo, se recabó un fragmento de figurilla

similar a la figurilla “Zohapilco” de la fase anterior. En este complejo parece cristalizarse el

modo de subsistencia basada parcialmente en la agricultura, como lo demuestran los

instrumentos líticos pulidos y los análisis de polen (Niederberger, 1976: 256-257; 2018: 258-

264).

Posterior al Complejo Nevada, se identificó la Fase Ayotla donde la producción de

maíz incrementó, así como la variedad de instrumentos de molienda. Se encontraron manos

de metate cortas y largas -estas últimas por vez primera- y diversidad de objetos, no solo para

moler granos, si no también, pigmentos para la elaboración de cerámica, así como variedades

para el trabajo de la madera. Igualmente destacan objetos de lítica pulida como las piedras

verdes. Respecto a lítica tallada, siguió predominando la técnica “Zohapilquense” pero ya se

tiene un incremento en la preparación de núcleos de obsidiana. Asimismo, aumentó el uso de

lítica proveniente de otros lugares, como la obsidiana, la calcedonia y el basalto. Dentro de

la cerámica diagnóstica de la fase están los tipos Tortuga Pulido temprano, Volcán Pulido,

Pilli Rojo sobre Bayo, Pilli Blanco, Pilli Rojo sobre Blanco, Valle Borde Negativo y Paloma

Negativo. Además, se presentan dos tipos foráneos que son el Atoyac Gris Fino y el

Tlapizahua Blanco. Las formas representativas son cajetes hemisféricos, bases planas,

tecomates de base plana, paredes rectas y bordes simples, decoraciones por incisiones anchas

con pasta seca e incisiones con pasa húmeda, así como el relleno de algunas incisiones con

cinabrio o hematita especular molidos. Cabe señalar que Niederberger sigue empleando el

término “Olmeca” pero no como anteriormente se usaba, donde se consideraba a una

población proveniente de la Costa del Golfo que llegó a conquistar la Cuenca de México,

sino como un conjunto estilístico que se desarrolló y se utilizó por diversas poblaciones

contemporáneas en Mesoamérica. Dentro de este conjunto se encuentran los motivos


36
decorativos Cruz de San Andrés, en forma de U, X o L, ojos almendrados, hendidura frontal,

entre otros. Respecto a las figurillas ya surgen los tipos D1, D2 y D3, así como las figurillas

C9, que ella renombró Pilli, ya que consideró que el grupo definido por Vaillant, tenía varios

ejemplares que no pertenecían al mismo (125-1000 a.C.) (Niederberger, 1976: 257-266;

2018: 264-273).

Posteriormente identificó la fase Manantial (1000-800 a.C.), que es donde se presentó

una mayor densidad poblacional en el sitio. Debido a los análisis de polen, pudo determinarse

el incremento de terrenos para cultivo, o asociados a actividades humanas, evidenciados por

la reducción de los bosques circundantes. Hubo un aumento de objetos de molienda, en lítica

tallada, incrementaron las obsidianas procedentes de diferentes fuentes foráneas y un

aumento en la manufactura de las puntas de proyectil. En cuanto a la cerámica se tienen

ejemplares de manufactura local, regional y foránea y destacan los tipos, Cesto Blanco

Temprano, Tortuga Pulido Tardío, Ixta Blanco, Túnel Pared Gruesa, Isla Negativo, Zoquiapa

doble engobe, Chilapa Naranja, Zacatón Borde Pintado y Pahuacán trícromo, y en los

foráneos, Golfo Gris, Tlapizahua Blanco y Puebla Rojo. Dentro de las formas se sigue

conservando las bases planas y paredes divergentes, los bordes son ensanchados, o tienen

protuberancias o collarines, hay vasijas arriñonadas, tecomates y una amplia gama de

botellones. En las decoraciones, se cuenta con incisiones de líneas flexibles, dos líneas

paralelas en el borde, fondos con motivo de estrella e incisiones con motivos naturalistas.

Niederberger consideró que aún se representan los motivos de estilo “Olmeca”

reinterpretados, dentro de los que se cuenta con la hendidura frontal, el perfil de hombre-

jaguar, mazorcas de maíz estilizadas y la cruz de San Andrés. Asimismo, se presentan

decoraciones rojo sobre bayo, acanaladuras, impresión de uñas, motivo de la garra

37
tlatilquense (panel Tlatilco), y punzonado. Las figurillas recabadas fueron los tipos D1, D2,

D3, D4, K, O, las Isla, Pahuacán y Tenayo (Niederberger, 1976: 266-273; 2018: 274-285).

La fase Tetelpan (800-700 a.C.) había sido definida como fase Zacatenco I, en el

trabajo de 1976, sin embargo, Niederberger decidió renombrarla, ya que el material

encontrado era distinto al recuperado por Vaillant. Es la última ocupación con alta densidad

poblacional para el sitio. Se identificó un cimiento de una casa cuya materia prima fue la toba

volcánica, así como dos bloques grandes que pudieron ser restos de muros de contención de

terrazas. También se detectó un deterioro en el clima, el cual se tornó más seco según

resultados del análisis de polen y de los sedimentos. Se registró un cambio en la lítica pulida,

que tiende a constituirse por manos de metates largas y metates anchos con grosor y peso

menor a las fases anteriores. Aumentó la cantidad de puntas de proyectil y los retoques en la

obsidiana. Dentro de la cerámica se tienen los tipos Aguada Alisado, El Arbolillo Arenoso,

Mesa sin Engobe, Ixta Blanco, Cesto Blanco Tardío y Anáhuac Blanco, Ixta Borde Naranja,

Zacatenco Rojo sobre Bayo, Zacatón Borde Blanco, Tenango Trícromo, Anáhuac Pulido y

Ocote Negro. Se presentan fondos convexos, así como vasijas hondas de fondo plano o

convexo con paredes divergentes y bordes muy evertidos, cajetes cerrados con cuellos

evertidos y cajetes arriñonados. La decoración es con pintura naranja, incisiones de arcos

amplios, grandes triángulos con líneas paralelas al interior, rombos, rectángulos, festones,

semicírculos y cruces en los bordes, líneas en zigzag o ligeramente onduladas, esgrafiado en

formas reticuladas y achuradas. El repertorio de figurillas es amplio, pero el tipo que

caracteriza a la fase es el C7. Cabe señalar que esta fase es ubicada previamente a la fase

Bomba de Tolstoy y Paradis (Niederberger, 1976: 273-274; 2018: 285-290).

La fase siguiente es Zacatenco (700-400 a.C.), donde hay una disminución del material

arqueológico. En la lítica pulida se conservaron características de la fase anterior pero


38
acentuadas, aumentaron las cantidades de raspadores y raederas de obsidiana y se

identificaron puntas de proyectil sin pedúnculo, con forma foliácea. En cerámica se

encontraron los tipos Anáhuac Pulido, Anáhuac Blanco, Ocote Negro, Zacatenco Rojo sobre

Bayo, Tláhuac Negativo, Mesa sin Engobe, Zaltepec Rojo, Tenango Trícromo y Cesto

Blanco Tardío. Las formas comunes son vasos cortos, cajetes arriñonados, cajetes en forma

de casquete con labio engrosado, cajetes de silueta compuesta y soportes trípodes. Las vasijas

fueron pintadas con pintura roja, mayormente en el borde, incisiones de estrellas

rudimentarias o motivos cuatripartitos en fondos, aunque ya se tiene una preferencia por

adornar el exterior de las paredes con motivos geométricos simples, como arcos, triángulos

y fajas de líneas paralelas. Se presentan figurillas C1/C2 y C3, como en los primeros niveles

de El Arbolillo y figurillas A, B y F en menor cantidad, correspondientes a Zacatenco Medio

(Niederberger, 1976: 274-276; 2018: 290-294).

La última ocupación es en la fase Ticomán, la cual no pudo datar por radiocarbono

debido a los escasos materiales arqueológicos que la conforman, clasificándolos como

Ticomán I-II. Dentro de la lítica tallada, identificó un aumento en la presencia de obsidiana

verde y es donde se presentaron mayores ejemplares de navajillas prismáticas retocadas, así

como puntas de proyectil con pedúnculo divergente. La cerámica representativa se conforma

de los tipos Tlapacoya Pulido, Tlapacoya Blanco Ticomán Rojo sobre Bayo y Ticomán Rojo.

Dentro de las formas hay orejeras de forma discoidal y borde cóncavo, la unión del cuerpo

de las ollas con su cuello es en un ángulo ortogonal, siluetas compuestas, soportes trípodes,

bordes muy evertidos. Las decoraciones pintadas son en el borde o con motivos en el cuerpo

delineados con una línea incisa. Finalmente, las figurillas identificadas fueron los tipos G, L,

E e I. Niederberger propuso que, en esta fase, el asentamiento se desplazó hacia el norte, en

39
el área de la pirámide excavada por Barba de Piña Chan, situación que comenzó a gestarse

dese la fase Zacatenco (Niederberger, 1976: 277-278; 2018: 294-296).

El gran aporte de Niederbeger fue una definición más precisa de la ocupación

Preclásica en la Cuenca de México, así como la reconstrucción paleoclimática, la propuesta

del desarrollo económico y social de la población de Zohapilco y su interacción con el medio

ambiente, así como los posibles contactos con los sitios contemporáneos en cada fase. Cabe

señalar que no logró colocar la fase Bomba, propuesta por Tolstoy y Paradis dentro de su

secuencia, debido a la escasez de materiales con características distintivas de la misma.

Asimismo, Di Castro y Cyphers (2006: 47-52) hacen una observación al

establecimiento de las fases Nevada (1350-1250 a.C.), correspondientes con los estratos 12

y 13 y Ayotla (1250-1000 a.C.) en los estratos 9, 10 y 11, pues estratigráficamente hay

inconsistencias que deben tomarse en consideración. A través del análisis del corte

estratigráfico de la cala excavada por Niederberger así como del análisis de la descripción de

cada estrato, detectaron que en realidad los estratos 9 y 12 corresponden a una sola capa, con

un par de lentículas correspondientes a los estratos 10 y 11 (ver figura 7 de Di Castro y

Cyphers, 2006: 49). En una redefinición de la secuencia, proponen que el complejo Nevada

se encontraría en el estrato 13, mientras que el 12 pasaría a la fase Ayotla. Esto anterior afecta

la secuencia de ocupación de Zohapilco y por lo tanto hay que tener en cuenta esta

inconsistencia al hacer comparaciones temporales para fases tempranas en otras regiones del

Centro de México.

Temamatla

El sitio ribereño de Temamatla se localiza al sureste de la Cuenca de México, en el municipio

de Temamatla, Chalco, Estado de México. Fue reportado por primera vez por Parsons en los
40
años 70 como sitio CH-MF-9, donde identificó materiales del Preclásico Medio, Tardío y

Terminal, así como muy poco material Posclásico. Resaltan dos estructuras alargadas

paralelas separadas, en lo que Parsons como una plaza, asentadas sobre uno de los ocho

montículos que conforman el asentamiento (Morelos y Serra, 1987: 152; Parsons, 1989: 169;

Ramírez, et al., 2000: 22-23).

Posteriormente, se inició un proyecto de investigación llamado “El hombre y sus

recursos al sur de la Cuenca de México”, bajo la dirección de Mari Carmen Serra Puche, del

que la exploración de Temamatla formó parte. Las labores de prospección arqueológica

iniciaron en 1986, a cargo de Luis Barba, quien aplicó diversas técnicas de prospección en el

sitio para identificar áreas de actividad y posibles construcciones. En 1987 se dio inicio con

las excavaciones arqueológicas para reconocer los contextos y contrastar la información

obtenida de la prospección. Lograron identificar cajones de relleno de una plataforma, una

unidad habitacional y objetos arqueológicos Posclásicos, una unidad habitacional y unos

apisonados del Preclásico -Medio, Tardío y Terminal-, cabe señalar que de estos contextos

arquitectónicos lograron identificar el sistema constructivo (Morelos y Serra, 1987: 153, 155-

156, 159; Ramírez, et al., 2000: 23-27).

La segunda temporada de excavación se efectuó en 1988, donde se continuaron

interviniendo áreas donde se descubrieron muros o estructuras en la temporada anterior. Los

depósitos arqueológicos, compuestos de arquitectura y entierros pertenecen a las fases

Zacatenco (700-400 a.C.) y Ticomán (400-200 a.C.). En la tercera temporada, que fue en

1989, las excavaciones se centraron en las estructuras y en el área próxima al lago. En una

de las estructuras se desenterró un cráneo y una ofrenda, asimismo, debido a la presencia de

figurillas con esferas debajo de los brazos, se infirió que el área era un Juego de Pelota, cuya

construcción comenzó en la fase Zacatenco. Hacia la porción norte del sitio continuaron las
41
excavaciones de la temporada anterior, en unidades habitacionales con entierros, del

Preclásico. La última temporada fue en 1991, donde se continuaron excavando las estructuras

principales, se intervino el área sur, donde se encontraron entierros, unidades habitacionales

y áreas de actividad muy definidas (Ramírez, et al., 2000: 27-31).

La ocupación más temprana del sitio es en la Fase Manantial (1000-800 a.C.), donde

se tienen los tipos cerámicos Chalco Alisado, Tunal Pared Gruesa, Tortuga Pulido Tardío,

Teutli Negro, Pilli Rojo, Pilli Blanco Tardío, Cesto Blanco Antiguo, Ixta Blanco, Pilli Rojo

sobre Blanco, Zacatón Borde Blanco, Chilapa Naranja, Paloma Negativo, Isla Negativo,

Manantial Blanco sobre Naranja, Laca Naranja, Coapexco Beige y Puebla Rojo, siendo

Manantial Blanco sobre Naranja y Coapexco Beige, foráneos. En la fase Tetelpan (800-700

a.C.) se identificaron los tipos Mesa sin Engobe, El Arbolillo Arenoso, Tortuga Pulido

Tetelpan, Ocote Negro, Tetelpan Rojo, Cesto Blanco Tardío, Ixta Blanco Tetelpan, Zacatón

Borde Blanco, Ixta Borde Naranja, Negro Borde Blanco, Naranja Laca, Atoyac Pulido, Golfo

Gris, Pavón Gris Fino, Quachilco Gris, Gris Metálico Oaxaca y Blanco Granular, los siete

últimos de procedencia externa (Ramírez, et al., 2000: 46-72).

En la fase Zacatenco (700-400 a.C.), se ubicaron los tipos Agua Alisado, Anáhuac

Pulido, Anáhuac Blanco, Cesto Blanco Zacatenco, Anáhuac Negro, Cuautepec Cursivo, El

Arbolillo Negro, Zaltepec Rojo, Zacatenco Rojo sobre Bayo, Zacatenco Rojo sobre Blanco,

Zacatenco Blanco sobre Rojo, Zacatón Borde Blanco, Pahuacán Tricromo, Tenango

Tricromo, Negro Laca, Cocción Diferencial Zacatenco Blanco sobre Café, Granular, Gris

Metálico Oaxaca, Peralta Naranja, Mingo Café Fino y Xochitengo Polícromo, estos tres

últimos foráneos. En la fase Ticomán (400-200 a.C.) se identificaron los tipos Mesa sin

Engobe Tardío, Agua Alisado Tardío, Ticomán Pulido, Ticomán Negro, Ticomán Rojo,

Ticomán Rojo sobre Bayo, Tlapacoya Blanco, Ticomán Rojo sobre Blanco, Ticomán Blanco
42
sobre Café, Ticomán Polícromo, Tláhuac Negativo, Laca Naranja. Finalmente, en la fase

Cuicuilco (200 a.C.-0) se cuenta con los tipos Mesa sin Engobe Terminal, Agua Alisado

Terminal, Cuicuilco Bayo, Cuicuilco Rojo, Cuicuilco Rojo sobre Bayo y Negativo Terminal

(Ramírez, et al., 2000: 73-126).

De todos los trabajos se resume que el sitio se asienta sobre una gran superficie que fue

nivelada en terrazas, cuya construcción comenzó desde el Preclásico Medio. La arquitectura

de mayor dimensión, así como el área ceremonial se edificaron al final de la fase Zacatenco.

Asimismo, se identificó una unidad habitacional asociada a un edificio público-ceremonial,

por lo que se consideró, se trataba de una habitación de élite cuya ocupación se extendió hasta

la fase Ticomán. Igualmente, se reconoció un área de producción de obsidiana, y áreas de

ofrendas con restos humanos en la porción ceremonial. También se pudo reconstruir el

aprovechamiento de recursos faunísticos a través de los restos recabados. A este respecto

cabe señalar, que el sitio se ubica en un lugar de transición de nichos ecológicos, por lo que

la variedad de recursos explotables era muy amplia. (Serra y Lazcano, 2009: 29-32).

Se planteó que Temamatla tuvo contacto con Chalcatzingo, pues son contemporáneos

y el primero se ubica dentro de una ruta que conecta al segundo con la Cuenca de México.

Para la fase Zacatenco el sitio es considerado como una “villa grande nucleada”, donde la

arquitectura ya muestra rastros de especialización de actividades. Para la fase Ticomán el

sitio es reconocido como un “centro local”, por lo tanto, es la época de su mayor esplendor,

donde ya se cuenta con arquitectura pública definida y una élite que lleva el control de la

sociedad (Ramírez, et al., 2000: 148; Serra y Lazcano, 2009: 32-33).

43
Terremote-Tlatenco

El sitio de Terremote-Tlatenco se localiza a 2 km al este de Amecameca. El primer reporte

de Terremote-Tlatenco fue realizado por Parsons en 1972 quien lo denominó bajo la clave

Xo-LF-2, donde identificó montículos de poca elevación en las aguas poco profundas del

lago de Chalco-Xochimilco. Dos de estos montículos ubicados hacia el sur fueron explorados

por Tolstoy quien encontró materiales de la fase Ayotla. Niederberger revisó los materiales

e identificó, además, ejemplares de la fase Manantial. (Serra y Sugiura, 1979: 43; Parsons,

1989: 174; Niederberger, 2018: 226-227).

Posteriormente se realizaron dos temporadas de campo, la primera de noviembre de

1976 a marzo de 1977 y la segunda de febrero a abril de 1978, bajo la dirección de Mari

Carmen Serra Puche. En la primera temporada se hizo un levantamiento topográfico y la

exploración de dos montículos al sur del sitio. En la segunda, se intervinieron otros dos

montículos “con características arquitectónicas distintas, lo que nos llevó a concluir que era

una estructura cívico religiosa” (Serra y Sugiura 1979: 35).

Como resultado de la investigación, Serra Puche y su equipo lograron identificar una

jerarquía social, ya que encontraron un montículo sobre una plataforma con características

distintas a los demás. Determinaron que los habitantes del sitio elaboraban cestería y textiles

y explotaban los recursos lacustres. Lograron establecer áreas de actividad, como las

destinadas a la especialización artesanal y determinar el sistema constructivo de los

montículos sobre los que se edificaban las habitaciones. Si bien identificaron materiales de

las fases Ayotla y Manantial, el auge de mayor población se dio en el Preclásico Tardío y

Terminal, o sea en la fase Ticomán (400-200 a.C.), donde se considera que se convierte en

un centro regional especializado con diferenciación social (Serra y Sugiura, 1979: 39-43, 46;

Serra y Lazcano, 2009: 26-28).


44
Coapexco

El sitio de Coapexco fue reportado por Parsons en 1972, quien lo identificó por dos

concentraciones de materiales que clasificó como dos pequeños sitios, separados 500 m uno

del otro, localizados a 2 km al este del poblado de Amecameca, en una de las estribaciones

de la Sierra Nevada. En 1973 Tolstoy realizó excavaciones en la zona que nombró como

“Cresta superior”, donde determinó que ambas concentraciones pertenecen a un mismo sitio,

prevaleciendo en superficie materiales de la fase Ixtapaluca. Antes de excavar, Paul Fish

reticuló el área con la finalidad de detectar las concentraciones materiales y el tipo de objetos

que se encontrarían, para corroborar si se trataban de unidades domésticas y poder determinar

la densidad poblacional de esa zona. Posteriormente se realizaron las calas sobre estas

concentraciones, para confirmar la información de la superficie (Tolstoy y Fish, 1975: 97-

100; Niederberger, 2018: 228-231).

La “Cresta superior” a su vez fue dividida en las secciones Campo 1 y Campo 2, a su

vez, el Campo 1 se subdividió en áreas 1, 2, y 3, donde se trazaron siete calas. Si bien, su

objetivo era poder hacer estimaciones poblacionales a través de los resultados de las

excavaciones, cotejados con las concentraciones materiales en superficie -clasificando a

Coapexco como una “villa grande dispersa”-, éstas tuvieron que hacerse sobre los resultados

de la excavación, ya que se dieron cuenta que no se puede hacer una estimación con los

materiales superficiales -como proponían Sanders, Parsons y Blanton-, porque no siempre se

encontrará una estructura debajo de una concentración, ya que distintos factores operan en

su disposición, factores que pueden presentarse en el momento de ocupación del sitio y/o

posterior al abandono del mismo. A pesar de que elaboran un estimado con los resultados de

su excavación, se dieron cuenta que no pudieron determinar cuántas estructuras pudieron ser

45
destinadas a funciones distintas a las de casa-habitación. (Tolstoy y Fish, 1975: 100-104;

Niederberger, 2018: 231).

En las áreas 1 y 2 se localizaron unidades habitacionales del posclásico y en el área 3

se encontraron tres unidades habitacionales del Preclásico temprano, denominadas

Estructuras 2, 3 y 4. La Estructura 4 mide entre 4 x 4 m y 6 x 7 m, tiene un piso de tierra

apisonada y aparentemente hay un patio, asociado a esta habitación. Se encontraron dos

agujeros de poste, así como restos de adobes. Cabe señala que no se menciona la presencia

de muros de piedra o cimientos. Se colocó cronológicamente en la fase Ayotla (Niederberger,

2018: 231-233).

San Pablo y Nexpa

Los sitios de San Pablo y Nexpa, en el estado de Morelos fueron explorados por David C.

Grove, quien identificó a San Pablo por vez primera en sus recorridos de superficie al oriente

del estado en 1966. El objetivo de su reconocimiento superficial fue identificar los sitios

Preclásicos en esta porción del estado de Morelos. San Pablo se localiza a aproximadamente

25 km al sureste de la ciudad de Cuautla, en una península al este del río Cuautla, donde

encontró materiales arqueológicos del Preclásico, Clásico y Posclásico, así como restos de

una iglesia sobre uno de los montículos localizados en el pueblo actual (Grove, 1970: 62;

1974: 8-9, 15).

En el año de 1967, realizó excavaciones de salvamento en San Pablo, en un montículo

con entierros perturbados por saqueo a las afueras del poblado cruzando el río, que él definió

como un área de entierros, denominando a este predio como La Juana, donde identificó

materiales de “estilo Olmeca” y de “estilo Tlatilco”. Asimismo, encontró otro montículo,

46
detrás del poblado al que denominó como Montículo-Panteón de San Pablo2, para

distinguirlo de los encontrados dispersos en el pueblo. En esta área reconoció materiales

similares a los de Tlatilco que él denominó como “cultura Tlatilco” o “Complejo Río

Cuautla” (Grove, 1970: 62; 1974: 7).

En el Montículo-Panteón de San Pablo, realizó cuatro pozos, donde encontró un muro

hecho de piedras de río que probablemente lo delimitaba al exterior, así como restos humanos

en mal estado -probablemente restos de entierros saqueados- y entierros con ofrendas. Debido

a la cantidad de entierros descubiertos, así como a la ausencia de fragmentos cerámicos que

indicaran actividad doméstica, Grove dedujo que era un montículo destinado como lugar de

enterramientos humanos, ya que hizo comparaciones con otros montículos mortuorios

reportados en otras áreas, aunque ninguno tan temprano como el de San Pablo (Grove, 1970:

63, 67).

Dentro de las consideraciones que Grove hizo respecto al material encontrado tanto en

el montículo La Juana como en el de San Pablo, atribuyó la ausencia del “estilo Olmeca” en

San Pablo, a una cuestión temporal más que de estatus, como se manejaba en ese momento.

Esta información la corroboró con dataciones de sitios como Tlatilco por Tolstoy y Guénette,

los centros ceremoniales Olmecas de la Costa del Golfo, por Coe y Diehl y Tlapacoya por

Tolstoy. Con estas comparaciones propuso que los sitios con material de “estilo Olmeca”

eran más tempranos a los que ubicó en la fase La Juana, mientras que los que presentan el

“estilo Tlatilco” son posteriores, correspondientes a la fase San Pablo (Grove, 1970: 69-70).

En 1969, Grove excavó otras áreas del poblado de San Pablo, donde solamente en

cuatro pozos ubicados al este del poblado, encontró contextos no alterados. Esto lo atribuyó

2
Traducción del inglés por quien suscribe esta investigación.

47
a que seguramente las ocupaciones del Clásico y Posclásico afectaron las construcciones del

Preclásico Temprano, cuya evidencia fue la mezcla de materiales en los rellenos de los

montículos. A su vez, subdividió la fase San Pablo en las subfases San Pablo A y San Pablo

B, por diferencia en los materiales líticos y cerámicos (Grove, 1974: 9, 12-13).

El sitio de Nexpa fue excavado el mismo año que San Pablo. Se ubica al oeste del río

Cuautla, aproximadamente a 15 km al suroeste de San Pablo y a aproximadamente 12 km al

sureste de la ciudad de Jojutla. La ocupación del Preclásico Temprano, se localiza

exactamente en la población actual, donde excavó tres puntos designados como Áreas A, B

y C, donde recolectó materiales arqueológicos, restos de fauna, polen, macro y microrestos

(Grove, 1974: 15-16, 18).

En el Área A, encontró fracciones de un muro asociado a concentraciones de carbón,

con restos de huesos y ceniza. A 1.10 m debajo de este muro se localizó otro que casi

desplantaba en la roca madre, el cual también tenía una concentración de ceniza en su esquina

oeste. Estas dos evidencias sugirieron que se trataba de contextos domésticos. Asimismo,

descubrió dos entierros con ofrendas cuyas vasijas son del tipo Las Juntas, Rojo sobre Bayo,

asociadas al Preclásico Medio (900-600 a.C.), los cuales intruyeron en los niveles del

Preclásico Temprano donde se ubicaban los muros (Grove, 1974: 18-21).

En esta área trazó una unidad de excavación que denominó NA-4, donde encontró un

muro con materiales del Preclásico Temprano y algunos probablemente del Medio, por lo

que consideró que estuvo en función en la transición del Preclásico Temprano al Medio.

Encontró tres entierros de niños asociados al muro, de los que solo uno contaba con una

vasija que no pudo situar en uno u otro periodo, pero que consideró como un ejemplar tardío

de la cerámica rojo sobre café del Preclásico Temprano. Además, encontró otros siete

48
entierros, que, junto con los niños, fueron colocados hacia la porción norte del muro (Grove,

1974: 22-27).

En el área C, no obtuvo un contexto como tal, debido a que estaba altamente saqueado,

pero obtuvo un perfil estratigráfico del sitio, donde identificó diez estratos naturales que le

ayudaron en el establecimiento de la secuencia cronológica del sitio. En el Área B excavó

dos pozos de sondeo donde solamente uno arrojó fragmentos cerámicos del Preclásico Medio

(Grove, 1974: 22).

Grove identificó las siguientes subfases, basadas en fechas de radiocarbono: La subfase

Nexpa Temprano (1350-1250 a.C.) -similar a la subfase La Juana del sitio San Pablo-, donde

las cerámicas son mayormente café oscuro, bases planas, cocción diferencial, pulimento a

palillos, incisión ancha y figurillas del tipo D2. Notó que había pocos tiestos con la

decoración de “mecedora” pero la situó para esta temporalidad ya que, en otras áreas de

Mesoamérica, especialmente en la costa sur del Pacífico, se encontraron vasijas con esta

decoración, así como sellos. Incluso atribuye ese motivo decorativo a esa región más que a

la Costa del Golfo, como se pensaba (Grove, 1974: 30-31, 48, 59).

En la subfase Nexpa Medio (1250-1050 a.C.) -correspondiente con la subfase San

Pablo A-, se presentan los engobes rojos con o sin hematita especular, bordes en rojo, líneas

pintadas en rojo delimitadas con incisión. Continúa el motivo en “mecedora”, los fondos

planos, algunas vasijas ya son hemisféricas, hay soportes de araña, figurillas D2 y figurillas

huecas. En la subfase Nexpa Tardío (1050-900 a.C.) -equivalente a la subfase San Pablo B-

hay un incremento en los tipos Madera fino y burdo, hay cajetes hemisféricos, las figurillas

sólidas son más burdas y hay decoración “excavada” (Grove, 1974: 32-33, 48).

Con base en estas exploraciones, Grove refutó los planteamientos de Piña Chan, quien

había excavado unos sondeos en los sitios Preclásicos de Olintepec, Chalcatzingo,


49
Xochimilcatzingo, Atlihuayán y Tlatizapán, de cuyos resultados, propuso a Morelos como el

lugar donde se originó la “Cultura Olmeca”, al igual que corregir su propuesta cronológica

consistente en la ubicación de esta cultura al final de Preclásico Medio. Grove logró

determinar que temporalmente, el “estilo Olmeca” se encontraba mayormente representado

en la subfase Nexpa Tardío, donde también aparecen los botellones del Complejo Río

Cuautla. Asimismo, identificó materiales que no son propios de la región y que sugieren

intercambios con otras regiones como las rocas ígneas para instrumentos de molienda,

piedras verdes, obsidiana, concha y hematita (Grove, 1970: 62-65; Grove, 1974: 38, 45).

Como se ha visto, Grove designó el término de “complejo estilístico Tlatilco”, “Cultura

Tlatilco” y “complejo Río Cuautla” como sinónimos, ya que hacía referencia a los rasgos

encontrados en las vasijas cerámicas o figurillas, similares a los encontrados en Tlatilco -rojo

sobre café, figurillas D, K y O- y que anteriormente Heizer los había definido como el tertium

quid. En específico designó a la variedad de formas de botellones asociados a entierros como

“Complejo Río Cuautla” entre los que hay carenados, de silueta compuesta y con asa de

estribo (Grove, 1974: 3-4).

Grove observó que en ese momento -tal vez hasta el día de hoy- había un exceso del

uso de la palabra “Olmeca” -como lo puntualizó igualmente Niederberger-, ya que en Tlatilco

había algunos entierros con vasijas que presentaban algunos rasgos de este estilo. Sin

embargo, no eran estadísticamente superiores a la cerámica característica de Tlatilco, por lo

que sugirió que este sitio no debía considerase Olmeca. Igualmente sucedió con los motivos

decorativos como el de “mecedora” o los sellos que, si bien se han encontrado en el área

Olmeca, no son lo suficientemente abundantes para afirmar que su procedencia es esa región.

Como se mencionó con anterioridad, él notó que el motivo “mecedora” es más antiguo en la

costa sur del Pacífico. Igualmente, consideraba que el material de los sitios del Centro de
50
México del Preclásico Temprano, guardaban mayor similitud con lugares como Colima o

Michoacán, incluso con lugares como el norte de Sudamérica. Finalmente consideró que

dentro de las culturas del Preclásico Temprano en el Centro de México hay una influencia

tanto de la Costa del Golfo como de la Costa del Pacífico, expresa en sus materiales, cuya

explicación puede deberse a intercambios de mercancías o “por el crecimiento poblacional

aunado a un incremento en la estratificación social” (Grove, 1974: 58-60).

Chalcatzingo

El sitio de Chalcatzingo se localiza en el valle del río Amatzinac a 3.5 km al este del poblado

de Jonacatepec, en el estado de Morelos. El primer reporte del sitio fue por parte de unos

exploradores en febrero de 1934 ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia, donde

mencionaron el hallazgo del relieve identificado con el nombre de “El Rey”. Este relieve fue

descubierto, según los pobladores de Chalcatzingo, por un rayo que cayó durante una fuerte

tormenta sobre la cima del cerro La Cantera, el cual deslavó parte de la ladera dejando

expuesto el relieve. En marzo del mismo año, Eulalia Guzmán acudió al sitio por un reporte

hecho al INAH por parte de una mujer que vivía en el área. Guzmán realizó dibujos y

descripciones de este relieve y de otros que ella numeró como 2, 6, 8 y 16, sin que pudiera

asociarlos a una cultura específica. Solamente pudo identificar materiales Teotihuacanos y

de las culturas “arcaicas” (Grove, 1987:1).

En el año de 1952, Piña Chan realizó once pozos de sondeos, de cuyos datos determinó

que Chalcatzingo originalmente era un poblado campesino, el cual coexistió con un grupo

“Olmeca” proveniente de la Costa del Golfo durante el Preclásico Medio. Asimismo, colocó

temporalmente a los relieves en el Preclásico Tardío. Otro de los trabajos asociados a estos

relieves es el catálogo que elaboró Carlo Gay en 1972, donde resalta su carácter mágico y
51
religioso, y determina que son anteriores a las ocupaciones de La Venta y San Lorenzo

(Grove, 1987:1; Cyphers, 1992: 19).

En los años de 1966 y 1967, David Grove realizó recorrido de superficie y recolección

de material en el sitio y en el año de 1972 comenzaron las excavaciones, bajo su dirección,

la de Raúl Arana y Jorge Angulo. Además de las excavaciones se hizo un reconocimiento de

superficie regional, recabó restos botánicos, polen, e hizo análisis químicos como química en

huesos, palinología y caracterización de materiales arqueológicos. Se llevaron a cabo

recorridos de superficie tanto en el sitio, como en sus alrededores, un mapeo del sitio y se

estableció una retícula. Hubo otras tres temporadas en 1973 y 1974, donde los trabajos se

concentraron en áreas habitacionales del Preclásico Medio y en 1976 donde se excavaron

áreas ya exploradas para corroborar su estratigrafía. A pesar de haber encontrado ocupaciones

del Clásico y Posclásico, su objetivo se enfocó en la del Preclásico (Grove, 1987: 2; Bugé,

1987: 17, 19; Grove y Cyphers, 1987: 21-22).

El sitio tiene como punto central a los cerros Delgado y La Cantera (también conocido

como Cerro Chalcatzingo). La ocupación del Preclásico se asentó en una serie de terrazas

artificiales ubicadas al pie de ambos cerros, aunque algunas fueron reocupadas en el Clásico

(Grove, et al., 1987: 12):

Los primeros rasgos arqueológicos…consisten en la plaza del Clásico Tardío con dos

montículos y un juego de pelota cercano. Éstos yacen en el límite norte de la terraza más grande

y alta. Los relieves famosos de Chalcatzingo se encuentran en la fachada del Cerro

Chalcatzingo y en una línea de rocas en la base de la ladera. Hay pinturas relativamente simples

en las caras de la roca justo debajo del paso que conecta los dos cerros, y pinturas y artefactos

en las cuevas en lo alto de las laderas del Cerro Delgado (Grove, et al., 1987: 13).3

3
Traducción del inglés por quien suscribe esta investigación.

52
Del resultado de la datación de 57 muestras para radiocarbono y del análisis de la

cerámica, se determinaron tres fases de ocupación para el Preclásico (ver figura 27 del

capítulo IV): la primera es la fase Amate (1500-1100 a.C.), la cual se divide en la subfase

Amate Temprana (1500-1250 a.C.) y Amate Tardía (1250-1100 a.C.). Desafortunadamente

no se obtuvo una muestra de carbón de un contexto Amate Temprano, pero sí en Amate

Tardío, por lo que su duración se ajustó al inicio en 1500 a.C. y su fin en 1100 a.C. En Amate

Temprano se presentan los tipos cerámicos Cuautla Rojo y Cuautla Café, Tadeo Burdo,

Arboleda Burdo, Atoyac Pulido sin Engobe, hay formas que se comparten con el Altiplano

Central y con otros lugares de Mesoamérica, como los fondos planos, tecomates, engobes

rojos y cafés, cajetes hemisféricos y decoraciones en fondos con motivo de molcajete. En

Amate Tardío, además de estos tipos aparecen el Veredas Gris y Del Prado Rosa, este último

probablemente proveniente del sitio Las Bocas en la región de Izúcar de Matamoros, Puebla

del cual resalta su alto contenido en mica. El tipo Veredas Gris es local, pero tiene elementos

iconográficos similares al tipo Calzadas de San Lorenzo. Igualmente se encontró cerámica

Caolín, aunque no se pudo determinar si es foráneo o local. Grove y Cyphers resaltan la

ausencia del “estilo Tlatilco” en Chalcatzingo, pues no encontraron botellones “exóticos”

completos, como en San Pablo y Nexpa o Tlatilco, por lo que sugirieron que probablemente

el sitio se ubicaba en una frontera con esta influencia. (Cyphers y Grove, 1987: 56-57;

Cyphers, 1992: 22-26).

La fase Barranca (1100-700 a.C.), se dividió en tres subfases: Barranca Temprano

(1100-1000 a.C.), donde continúan los tipos Cuautla Café y Cuautla Rojo, pero en menor

cantidad y aparecen los tipos Amatzinac Blanco, Negro con Borde Blanco, Tenango Café,

Peralta Anaranjado y Laca. En las formas predominan platos y ollas con “collar” en el
53
Tenango Café y ollas con cuello curvo-divergente del Peralta Anaranjado, el cual parece ser

un tipo local de Chalcatzingo. Igualmente se presenta el tipo Pavón Gris Fino, que es foráneo.

Se tienen cajetes arriñonados, disminuyen los tecomates y desaparecen los soportes. La

decoración en los fondos de los molcajetes, es en pseudo-molcajete, es decir, que en la fase

anterior sí cumplía la función de moler y en esta es simplemente un ornamento. Finalmente,

aunque continúan los fondos planos, ya comienzan a elaborarse los fondos ligeramente

redondeados. En Barranca Medio (1000-850 a.C.) se conservan casi todos los rasgos,

solamente hay ligeros cambios como la aparición de los tipos Manantial Anaranjado sobre

Blanco e Imitación Laca, del cajete con borde evertido del tipo Laca y el motivo decorativo

de “arcoíris” en el Amatzinac Blanco. En la fase Barranca Tardío (850-700 a.C.) aumenta la

cantidad del tipo Peralta Anaranjado y se conservan las formas de las subfases anteriores,

como cajetes hemisféricos, ollas con cuello curvo-divergente, platos, ollas con collar, cajetes

poco profundos, aparecen las charolas con pico y las formas tipo maceta. Aparece el tipo

Carrales Gris Burdo, que es un tipo local con formas exóticas (Cyphers y Grove, 1987: 57,

59; Cyphers, 1992: 27-30).

La fase Cantera (700-500 a.C.) fue datada con 24 fechas radiocarbónicas y se divide en

dos subfases: Cantera Temprano (700-600 a.C.) donde aumenta la frecuencia del Peralta

Anaranjado, así como la Carrales Gris Burdo y aparece el tipo Xochitengo Polícromo. En

Peralta Anaranjado y Tenango Café hay ollas con labios enrollados y cuellos cortos y

aparecen los cajetes de silueta compuesta y asas en las ollas. En el Amatzinac Blanco hay

incensarios tipo canasta, platos chicos poco profundos, diseños con motivo “raspada” en el

interior de bordes y cajetes con paredes muy curvas. En el tipo Carrales Gris Burdo se tiene

reborde basal y braseros con tres picos. En la subfase Cantera Tardío (600-500 a.C.) aparecen

tres tipos nuevos, que son el tipo Santa Clara Anaranjado, Amayuca Rojizo y Mingo Café
54
Fino, estos dos últimos ya se encuentran muy baja proporción desde la subfase Cantera

Temprano. Los tipos Laca y Negro con Borde Blanco, ya son poco frecuentes. Las formas

características son platos pequeños con poca profundidad y cantaritos, generalmente

asociados a entierros (Cyphers y Grove, 1987: 59-61; Cyphers, 1992: 30-31).

El trabajo que realizó Grove con su equipo en Chalcatzingo, fue un gran aporte al

entendimiento de este sitio y su relación con otros asentamientos contemporáneos a sus

distintas fases de ocupación. Si bien los contextos de la fase Amate fueron escasos, los

materiales arrojaron una ausencia de los rasgos que Grove clasificó como “cultura Tlatilco”,

al igual que en el sitio Las Bocas, por lo que Cyphers consideró que esta ausencia se debe a

que Chalcatzingo y Las Bocas son sitios que participan en una “esfera de interacción” distinta

a la de Tlatilco y los sitios como San Pablo y Nexpa. Chalcatzingo tuvo contactos con Las

Bocas, evidenciada por la presencia de la cerámica Del Prado Rosa, así como probablemente

con el sur del país donde se encontraron materiales similares a los de Chalcatzingo, lo que

indica interacciones entre distintas regiones. Igualmente, el tipo Veredas Gris comparte

algunos rasgos olmecas, pero son imitaciones, consideraron que el grado de contacto con la

región de la Costa del Golfo no era intenso ni directo. La obsidiana, por su parte, se obtenía

de la fuente Paredón, en el Estado de México. En esta fase se comenzó la construcción de las

Estructuras 4, 6c y 3 (Cyphers, 1992:153-156).

En la fase Barranca, hubo un incremento poblacional y probablemente se inició la

construcción de algunas terrazas. Solamente se excavó una estructura y se encontraron diez

entierros, donde se evidenció la diferenciación de acceso a los recursos foráneos. Hubo una

integración regional más intensa, pues varios sitios alrededor de Chalcatzingo comparten

rasgos culturales, entre ellos y con Chalcatzingo, además de encontrarse en diferentes nichos

55
ecológicos, que probablemente favorecieran a Chalcatzingo para el abastecimiento de

recursos (Cyphers, 1992: 156-158).

La fase Cantera fue la de mayor auge y, por consiguiente, Chalcatzingo puede

considerarse como un centro regional. Esta fase fue la que proporcionó la mayoría de los

datos “sobre los entierros, las casas, las actividades productivas, los productos de

intercambio, las variaciones en la dieta y los patrones de asentamiento” (Cyphers, 1992: 158).

Estos datos reflejaron diferencias sociales, tanto en los restos de casas de élite o del común

de la población, así como en los entierros y el acceso a distintos recursos. Asimismo, se

percibieron rasgos compartidos con los Olmecas de la Costa del Golfo presentes en sus

famosos relieves e incluso con lugares como la Costa sur del Pacífico, donde se tienen

elementos como los braseros de tres asas representados en relieves y en ambas regiones,

ejemplares en cerámica de estos braseros. Aun así, también se destacan rasgos exclusivos del

sitio como las cerámicas Pavón Gris Fino y Peralta Anaranjado. Además, se comparten

rasgos con sitios del sur de Mesoamérica como lo los altares circulares combinados con

estelas, cerámicas polícromas, anaranjadas y posibles comales. Se aprecia una relación

estrecha entre lo secular y lo religioso, siendo lo religioso, la zona donde se ubican los

relieves, en la ladera del cerro, y el área secular en las terrazas. Hirth y Grove propusieron

que Chalcatzingo funcionaba como un puerto, donde llegaban todo tipo de objetos y recursos

que eran redistribuidos a otras regiones (Hirth, 1978; Grove: 1987: 440-442; Cyphers, 1982:

389; 1992: 156-180).

Posteriormente se realizaron más trabajos de investigación en Chalcatzingo. En 1995

María Avilés realizó excavaciones para obtener información de las construcciones

monumentales más tempranas del sitio y su sistema constructivo. La excavación se llevó´a

cabo en la Terraza 6 en el montículo de la plataforma del Preclásico Temprano y otras áreas


56
que pudieran estar asociadas a él dentro de la misma terraza. Encontró que en la cima del

montículo había una serie de niveles de piso de arcilla y evidencia de postes, por lo que

concluyó que había una habitación sobre el mismo que pudo fungir como una residencia de

élite. Asimismo, en el pozo 2 encontró un piso correspondiente a lo que interpretó como una

casa de élite y excavó el monumento 32, consistente en otro relieve tallado en piedra (Avilés,

2005: 2, 4, 14-16).

Las siguientes exploraciones se efectuaron bajo la dirección de Mario Córdova Tello,

bajo el Proyecto arqueológico Chalcatzingo, cuyos objetivos son “la liberación, exploración

y consolidación de los monumentos, así como el análisis de los materiales cerámicos

recuperados en las excavaciones” (Córdova, et al., 2018: 10): en el año 2003 se excavó la

terraza 33, donde se construyó el museo comunitario; en 2009 se excavó el monumento 9; de

2010 a 2012 en el área donde se edificó la unidad de investigación en la Terraza 9 y en los

mismos años en la terraza 6, donde se identificaron tipos cerámicos nuevos de los periodos

Clásico (200-650 d.C.) y Epiclásico (650-900 d.C.) (Córdova, et al., 2013: 7-10, Córdova, et

al., 2018: S/N4).

Zazacatla

Desde el 2005, Giselle Canto, ha llevado a cabo diversos rescates arqueológicos en el

suroeste del estado de Morelos, bajo el proyecto “Registro, Conservación y Rescate del

patrimonio arqueológico del estado de Morelos”. Dentro de este proyecto ha podido

intervenir varios sitios con ocupación Preclásica, como son: Tlatenchi, en el municipio de

Jojutla en 2005, el cual fue fechado para el Preclásico Tardío (400-100 a.C.). un predio

4
Como es el borrador del informe técnico, no se encuentra numerado, pero es el apartado de las conclusiones.

57
localizado entre el cerro El Venado y la laguna de Tequesquitengo en 2005 y 2006, cuya

ocupación es desde el Preclásico Temprano, teniendo su auge en el Medio Tardío (800-400

a.C.), en el Epiclásico y Posclásico, y Las Juntas, en el municipio de Tlatlizapán en 2013

(Canto, et al., 2016: 10-12).

Uno de los sitios que intervino fue Zazacatla, el cual se localiza a 15 km al sur de la

ciudad de Cuernavaca, Morelos, en la cuenca del río Apatlaco y presenta una ocupación

desde el Preclásico Temprano al Medio, en el Epiclásico y el Posclásico. En él registró una

gran plataforma denominada Estructura de Lajas que tiene unos nichos en forma de V donde

fueron encontrados una escultura dentro de cada uno, similar al altar de lajas encontrada en

Chalcatzingo, también denominado como Monumento 22 y a las Estructuras 2 y 3 de

Teopantecuanitlán, Guerrero -los tres sitios comparten características en común y su apogeo

fue en el Preclásico Medio. Estas esculturas son representaciones de figuras humanas en

posición sedente con un tocado con hendidura en la parte superior, nariz ancha y las orillas

de la boca hacia abajo. La denominada como Monumento 1 fue tallada en andesita gris y el

Monumento 2 probablemente en toba volcánica. En la estructura 1-A, igualmente construida

de lajas, se encontraron otros dos nichos con los Monumentos 3 y 4, el 3 tallado en basalto,

donde se representó un ser sobrenatural del que se conserva cabeza y cuello, el Monumento

4, probablemente elaborado en estalagmita, igualmente representa una figura humana similar

a los Monumentos 1 y 2. Además se registraron otras cinco estructuras, teniendo el sitio seis

fases constructivas (Canto y Reséndiz, 2007-2008: 219; Canto y Castro, 2010: 77, 80, 83-86,

94; Canto, et al., 2011: 1804).

Canto definió tres complejos cerámicos para Zazacatla, los cuales comparó con las

fases de Niederbeger para Zohapilco y de Cyphers y Grove para Chalcatzingo. El primero es

el Complejo Caliza, que ubicó para finales del Preclásico Temprano (1250-1000 a.C.), donde
58
los materiales se dividen en dos grupos diferentes, a los que ella denomina como “Tradición

Tlatilco” y “Tradición Olmeca”. Cabe señala que estos materiales fueron recuperados de

rellenos de estructuras de la fase posterior, es decir, no se contó con un contexto primario de

esta fase. Dentro de la “Tradición Tlatilco”, que es la que predomina, identificó los tipos

cerámicos Rojo sobre Café Temprano Zazacatla, Rojo Temprano Zazacatla, Café Temprano

Zazacatla, Café Gualupita, Rojo Gualupita y Café Temprano Zazacatla Inciso. Dentro de la

“Tradición Olmeca”, donde se encuentran pocos ejemplares, clasifica los tipos Negro

Cocción Diferencial, Café Travertino y Café Oscuro Zazacatla (Canto y Reséndiz, 2007-

2008: 225-228; Canto, et al., 2011: 1806, 1809-1811).

El Complejo Salado corresponde a la primera mitad del Preclásico Medio (1000-800

a.C.), donde surgió un nuevo estilo Olmeca que desplaza a la de la fase anterior y a la

“Tradición Tlatilco”, por lo que se considera que Zazacatla se integró por completo a la

“Tradición Olmeca”. Predominan los engobes oscuros, aunque ya se presentan otros blancos,

siendo los tipos más representativos el Café Oscuro Zazacatla y el Alisado Zazacatla. Los

tipos con engobe blanco son Blanco Tlazala, Blanco Zazacatla y Blanco Salado. En esta fase

hay arquitectura asociada a escultura (Canto y Reséndiz, 2007-2008: 229-240; Canto, et al.,

2011: 1812-1815).

El Complejo Apatlaco se desarrolló en la segunda fase del Preclásico Medio (800-400

a.C.), donde se observan tres tradiciones cerámicas y una vajilla regional. La primera

tradición es la “Olmeca” conformada por dos estilos diferentes, uno representado por los

tipos cerámicos Amarillo Laca y Café Tequesquitengo y el otro, que es resultado de la

interacción de Chalcatzingo con Zazacatla, es el Blanco Apatlaco. La segunda tradición es la

nombrada como “Cuenca de México”, donde hay vasijas con dos y hasta tres colores, siendo

el tipo representativo el Rojo sobre Blanco Apatlaco. La tercera tradición se caracteriza por
59
tener una pasta arenosa, representada por el tipo Rojo sobre Anaranjado Arenoso, con otros

tipos similares como Negro sobre Granular, Rojo sobre Blanco Arenoso y Negro sobre

Blanco Arenoso. La vajilla regional es el tipo Rojo Desmoronable, ubicada también en

Olintepec y en Chalcatzingo (Canto y Reséndiz, 2007-2008: 240-247; Canto, et al., 2011:

1815-1818).

Respecto a lo “Olmeca”, Canto lo considera una tradición ya que, para ella, perdura a

lo largo de estas tres fases. Ella expone dos teorías que han tratado de explicar el “fenómeno

olmeca” en la cuenca de México -la que apoya la noción de que este fenómeno se originó en

la Costa del Golfo y fue difundido al resto de Mesoamérica y la que afirma que es un producto

del desarrollo de diversas sociedades contemporáneas en el momento en que comienzan a

establecerse jerarquías sociales-, sin que se incline por alguna de las dos visiones. Ella lo

considera como “un código de representación que tiene como principal objetivo el de

transmitir al observador una serie de textos que serán interpretados por él” (Canto y Reséndiz,

2007-2008: 221-223; Canto, et al., 2011: 1808-1818).

Para ella:

En un primer momento para el Preclásico Temprano se tenía una tradición cerámica Tlatilco

en la cual aparecieron vasijas de estilo diferente que corresponde a la tradición olmeca.

Posteriormente, esta tradición cerámica olmeca es asimilada por la totalidad de la población

siendo adaptada en el siguiente estilo en el Preclásico Medio Temprano, ese proceso que

Niedeberger observa claramente en Zohapilco y que ella denomina “paganización” de los

motivos olmecas. Y finalmente, una tercera fase, el Preclásico Medio Tardío, en la cual

aparecen dos estilos olmecas, indicadores de una división social en el grupo (Canto, et al.,

2011: 1809).

60
Las Bocas

Las Bocas es un sitio localizado en una planicie aluvial al pie del cerro Teponaztle, en el

paraje conocido como Caballo Pintado -razón por la cual Paillés lo llama Las Bocas-Caballo

Pintado-, en el poblado San José Las Bocas y a aproximadamente 7 km al este de la ciudad

de Izúcar de Matamoros, en el estado de Puebla. Este sitio es muy famoso, pues múltiples

objetos exhibidos en museos nacionales e internacionales y en colecciones privadas,

provienen de ahí, lo que le ha provocado ser víctima de saqueo constante (Paillés, 2003: 2-3;

2008: 15-16, 21).

En el año de 1967, Paillés reportó que Piña Chan y Otto Schöndube, realizaron

excavaciones en el sitio, sin que se entregara un informe oficial, solamente se le menciona

en el Boletín No. 27 del INAH. No fue hasta el año de 1996, cuando María de la Cruz Paillés

realizó una inspección con la finalidad de proponer una investigación arqueológica en este

sitio, siendo en 1997 llevado a cabo el recorrido de superficie y su delimitación. La segunda

temporada de campo fue en 1998, donde excavó pozos de sondeo en áreas que no estaban

saqueadas, encontrando pisos, cimientos de piedra, fogones, tierra quemada, hoyos de poste

y un basamento o plataforma de barro (Paillés, 2003: 4, 13; 2008: 20, 31-35).

En la tercera temporada, llevada a cabo en el año 2000, realizó excavaciones extensivas

en las áreas de sondeo que le proporcionaron información arqueológica de importancia. En

la Unidad 1, encontró un piso con hoyos de poste al cual le tomó muestra para análisis de

fosfatos. Asimismo, hacia el suroeste de la unidad encontró una porción de un alineamiento

de piedra, sin que realizara una excavación extensiva, ya que consideró que no era necesario

liberar el muro, debido a que no se podía consolidar y podía colapsarse posteriormente. A

1.10 m, se localizó un segundo piso que fechó para la fase Manantial (1000-800 a.C.).

Encontró una serie de piedras alineadas que identificó como un sistema de terrazas, del que
61
descubrió dos niveles que se encuentran encima del piso 2. Debajo de este piso, identificó

una serie de deposiciones, de las que una correspondía a un nivel donde abundaba pigmento

rojo, fechado en 1060 a.C., es decir, transición del Preclásico Temprano al Medio. Bajo esa

concentración de pigmento encontró el Entierro 2, asociado a un cajete, una figurilla

zoomorfa, una caja miniatura con pigmento rojo y lascas de obsidiana. En 2002 realizó otra

temporada de campo donde encontró una plataforma de barro escalonada, asentada en un

piso de barro en la Unidad 2, y otra plataforma de barro no escalonada en la Unidad 4 (Paillés,

2003: 4, 13, 19-22, 25-27, 30; 2008: 20, 35-39, 43, 47).

Dentro de los tipos cerámicos, la mayoría que identificó, los colocó temporalmente en

las fases Ayotla-Manantial y son los tipos Engobe Anaranjado, Gris Fino, Café Alisado

Pulido, Laca, Blanco Firme tipo Caolín, Blanco Firme, Rojo Especular, Rojo sobre Blanco,

Rojo sobre Bayo, Café Pulido, Negro Pulido y Cocción Diferencial. Dentro de la fase Ayotla

identificó el tipo Decoración al Negativo y Pasta Granular, y en la fase Manantial, clasificó

los tipos Blanco Fugitivo y Con Decoración Olmecoide. Las figurillas recabadas en las

excavaciones fueron los tipos Tigritas, que es un tipo local, D2, D1, D3, K, O, C9 y Baby

Face (Paillés y Velasquez, 2008: 51-77).

Paillés determinó que Las Bocas es una aldea agrícola, que estuvo ocupada desde la

fase Ayotla (1250-1000 a.C.) hasta la fase Manantial (1000-800 a.C.). Debido a que tomó

muestras para análisis de restos arqueobotánicos y arqueozoológicos pudo hacer una

reconstrucción paleoambiental y del aprovechamiento de especies vegetales y animales por

la población de Las Bocas. También consideró que se aprovecharon fuentes de materias

primas locales, para la elaboración de objetos de sílex y para la construcción. Determinó un

nivel de interacción regional con otras áreas, debido a la presencia de materiales como la

andesita para instrumentos de molienda, la concha y la obsidiana, que no se adquieren en el


62
área de Las Bocas. Consideró que este intercambio se refleja también en materiales como la

cerámica, donde se muestran diseños compartidos, como el motivo mecedora, la Cruz de San

Andrés, vasos, botellones, entre otros, así como las figurillas y los sellos. Hizo hincapié en

la ausencia de los rasgos característicos de la Cultura Tlatilco, pero resaltó la presencia de

aquellos que se comparten con sitios como Tlapacoya, considerando con ello que “Las Bocas

mantenía una relación directa con los sitios del Valle de México, formando una esfera que

compartía una serie de materiales e ideología durante las fases Ayotla y Manantial insertos

en la dinámica de lo que he denominado, el Momento Olmeca en Mesoamérica” (Paillés,

2008: 159-166).

Comentarios

Las diversas investigaciones con sus enfoques particulares en torno al Preclásico

Mesoamericano, iniciadas desde principios del siglo pasado, han arrojado información

importante acerca del modo de vida de las poblaciones asentadas en el Centro de México,

además que se ha logrado establecer una cronología cada vez más afinada sustentada en

fechas radiocarbónicas, como puede verse a lo largo de este apartado. Aún queda mucho

trabajo por hacer, pues a pesar de que es un periodo ampliamente investigado, todavía

presenta diversas problemáticas y los contextos no son tan abundantes como los del Clásico

y Posclásico, principalmente los del Preclásico Temprano.

Al inicio de este capítulo se hizo mención de lo “olmeca”, término que se ha utilizado

en los diversos apartados que componen su desarrollo. Hay dos vertientes que lo definen:

uno que lo considera como un estilo artístico y otro, como una o más culturas (Cyphers, 2018:

25).

63
Se comenzó a nombrar como Olmeca a un conjunto de materiales arqueológicos en

donde se plasmaron diversos motivos con un estilo particular -ceja flamígera, garra-ala,

figurillas huecas baby face, entre otros-, destacando los monumentos pétreos tallados. Ellos

se ubican en la costa sur del Golfo de México, a la que Bloom, La Farge, Beyer y Saville

denominaron como “zona metropolitana” o “zona nuclear olmeca”, que correspondía al área

donde se asentó el grupo olmeca histórico del cual tomaron su nombre (Cyphers, 2018: 25-

26, Niederberger, 2018: 612).

Como se ha visto con anterioridad en este capítulo, un problema fundamental fue

encontrar objetos “olmecas” fuera de la Costa del Golfo, en lugares como el Centro de

México, Oaxaca o Chiapas, entre otros, lo que generó una discusión respecto de su

procedencia. Incluso temporalmente, se identificaron antes en esas regiones que en la Costa

del Golfo, lo que generó hipótesis como la de Covarrubias, quien planteó que el origen de la

cultura olmeca había sido en el estado de Guerrero. Sin embargo, una vez que las

exploraciones en La Venta descubrieron objetos con este estilo, se fue adjudicando su origen

a la región del sur de Veracruz y Tabasco (Niederberger, 2018: 613).

Este hecho propició que varios investigadores como Coe, propusieran que los olmecas

de la Costa del Golfo, difundieron su arte a otras regiones de Mesoamérica, lo cual se

comprobaba por la presencia de objetos con este estilo en ellas. Durante mucho tiempo se

mantuvo esta visión respecto al origen de estas representaciones, que sería la visión de los

olmecas como una cultura dominante. Sin embargo, investigadores como Niederberger,

Grove, Flannery, entre otros comenzaron a criticar esta postura, proponiendo a lo olmeca

como un estilo:

Para el investigador que trabaja en la costa del Golfo, el término “olmeca” no plantea,

evidentemente, problema alguno… la dificultad de uso se vuelve mucho más acentuada para

64
el arqueólogo que trabaja fuera del área del Golfo: para él, sería conveniente usar dos términos

distintos para designar, por una parte, a los pueblos de la región del Golfo y, por otra, a la

civilización o la comunidad estilística a la cual éstos pertenecen. Sin embargo, el utillaje

taxonómico impuso otro criterio. Si un objeto de Guerrero, por ejemplo, ostenta el estilema de

la “cruz de San Andrés”, se le aplica el calificativo de olmeca y se le relaciona,

automáticamente y sin examen alguno, con una red de líneas centrífugas que parten todas de

un centro en la costa del Golfo, donde se ubica un pueblo arqueológico con el mismo nombre;

gracias al poder del verbo, el estilo olmeca ha llegado a ser el estilo y la creación de un pueblo

específico, sin que medie para ello demostración convincente alguna (Niederbeger, 2018: 631).

Surge entonces una nueva perspectiva que puede denominarse como multiregional o

panmesoamericana, la cual considera que las sociedades que se desarrollaron en el Preclásico

participaban en redes de intercambio de bienes, para subsanar la falta de ciertos materiales

en sus regiones (Grove, 1993: 87-88; Niedeberger, 2018: 336). Este intercambio, además de

ser económico, era ideológico, lo que generaba una simbiosis cultural, donde las sociedades

“no sólo manejan un conjunto de símbolos visuales, un sistema mítico y un campo semántico

comunes, sino también participan activamente en su codificación, su evolución y su

transmisión” (Niederberger, 2018: 649-651).

Todas las poblaciones, incluyendo la Olmeca, compartían un sistema único de

creencias y los orígenes de los estilos y los motivos, provenían de varias regiones, no de un

único centro (Grove, 1993: 90; Niederberger, 2018: 651).

Por su parte Cyphers tiene una perspectiva distinta respecto de este fenómeno.

Considera que, aunque las ideas de las poblaciones del Preclásico pudieron ser muy antiguas,

el hecho de materializarlas evidencia un cambio en el comportamiento de una sociedad

65
determinada, lo cual sucedió en el sur de la Costa del Golfo hacia el 1600 a.n.e., con las

primeras manifestaciones de vasijas esgrafiadas. Entre el 1400 y 1200 a.n.e., este

comportamiento se trasladó a monumentos pétreos, por lo que ella propone que esos hechos

demuestran el origen de la cultura olmeca en el sur de la Costa del Golfo, ya que no hay

evidencia de este tipo de objetos en otra región de Mesoamérica (2018: 27):

En contraste con sus vecinos, (los olmecas) se caracterizaron por tener sociedades estratificadas

insertas en sistemas políticos centralizados que estaban encabezados por gobernantes

hereditarios y divinos, quienes dominaron un territorio geográfico, fomentaron el intercambio

y comisionaron las imponentes obras artísticas. A lo largo de su historia, las sociedades

olmecas participaron en complejas redes de interacción con sus vecinos. El intercambio de

bienes y materiales es el testimonio más visible de estas redes en el registro arqueológico,

aunque la comunicación interregional se dio en múltiples esferas sociales. De esta manera,

durante el Preclásico Inferior y Medio una multitud de pueblos interrelacionados ocuparon

diversos ámbitos, cada uno con su propia identidad y trayectoria particular de desarrollo

(Cyphers, 2018:27).

Los pobladores de San Lorenzo, tenían redes de intercambio con regiones de Oaxaca,

Puebla, Guatemala, Chiapas, entre otros:

Los principales materiales y productos que se movilizaron a través de largas distancias marcan

los ejes principales de interacción en que participaron los olmecas y sus vecinos distantes. El

diferente desarrollo de estos últimos se manifiesta por la ausencia de arte y arquitectura

monumental en sus sitios. La comunicación se distingue por la aceptación, incorporación y

transformación de elementos que caracterizaban al pueblo más desarrollado por parte de los

vecinos de menor complejidad y también por interacciones interregionales en las cuales los

olmecas no figuran de manera directa (Cyphers, 2018: 57).

66
Los sitios que tuvieron o no contacto con San Lorenzo, también los tuvieron con otras

regiones, como el caso de Tlatilco, que comparte rasgos en sus materiales con el occidente

de México. Cada región mantuvo sus costumbres locales y adoptaron algunas creencias

foráneas, probablemente para hacer distinciones sociales dentro de cada una (Cyphers, 2018:

58).

Se consideró importante retomar el término olmeca y exponer los diferentes puntos de

vista que se han generado a lo largo de diversas investigaciones en torno a este término,

debido a su actual utilización para la clasificación de ciertos materiales arqueológicos que no

tienen relación alguna con un estilo olmeca. Tal es el caso de las figurillas de Tradición D2,

a las que se les ha atribuido manifestar una influencia olmeca, por el mechón con el que se

adornan algunas (Reyna Robles, 1971: 68), cuando no es el caso y dado que en el contexto

funerario de Coaxilote 1 se encontraron dos figurillas de dicha tradición, es importante

clarificarlo. No se ahonda más sobre este tema, ya que no es el objetivo del presente trabajo

y es una problemática que no ha tenido un consenso entre investigadores, por lo que seguirá

siendo tema de diversas propuestas y discusiones académicas.

67
II

MARCO TEÓRICO

En el presente capítulo se desarrolla la corriente teórica que guía a esta investigación, el cual

es la Ecología Cultural. En él se expondrán los diversos enfoques que ha tomado esta

corriente al aplicarla a varias investigaciones, y cómo ha ido transformando su perspectiva

desde que fue propuesta por primera vez por Steward, hasta épocas más recientes, donde se

considera al paisaje como un elemento fundamental para el entendimiento de la relación entre

las sociedades humanas y el medio ambiente, ya que es el escenario donde se desenvuelven

dichas sociedades.

Asimismo, se abordan los trabajos de dos investigadores, Sanders y Mc Clung, quienes

la aplican en la Arqueología. El primero, quien lo aplicó para su estudio en el Centro de

México, para el entendimiento del desarrollo social, económico y político de las poblaciones

que se asentaron en esta región y la segunda, quien propuso que además del medio ambiente

próximo en el que se encuentra un asentamiento, deben analizarse otras regiones y nichos

ecológicos que pudieron proveer de materias primas o de subsistencia que no se encontraban

en el área próxima de dicho asentamiento.

La Ecología Cultural

Es una corriente teórica propuesta por Julian Steward quien la planteó como una herramienta

metodológica que permite entender la forma en que ciertos cambios han ocurrido “en la

adaptación de una cultura a su medio ambiente” (Steward, 1955: 11); además “busca explicar

el origen de los rasgos culturales particulares y los patrones que caracterizan diferentes áreas,

en lugar de formular principios generales aplicables a cualquier situación cultural-ambiental”

(Steward, 1955: 6).

68
La Ecología Cultural surgió como una crítica a la forma en que los estudios ecológicos

humanos y sociales, y los antropológicos abordaron el estudio de la adaptación del ser

humano a su entorno geográfico, pues los primeros delegaron la cultura y sus variaciones a

un plano secundario, mientras que los segundos hicieron lo mismo con el medio ambiente

(Steward, 1955: 4).

La Ecología Cultural se distingue de la Ecología Humana o Social en que, como se

mencionó al principio de este apartado, no busca formular generalizaciones a situaciones

culturales-ambientales; ya dentro de los estudios antropológicos, se diferenció del

Relativismo y el Neoevolucionismo -que afirmaban que la cultura proviene de la cultura-, al

tomar en cuenta al medio ambiente como un factor extracultural que influye en la cultura

(Steward, 1955: 6). Esta corriente teórica derivó de dos vertientes de pensamiento

antropológico: la de los deterministas ambientales, quienes planteaban que el surgimiento de

la cultura se debió a “una acción mecánica de fuerzas naturales sobre la humanidad

puramente receptiva”. La otra vertiente era la de los posibilistas ambientales, quienes

formulaban que “las culturas actúan selectivamente, si no es que caprichosamente, sobre sus

medios ambientes, explotando algunas posibilidades mientras ignoran otras” (Shalins, 1964:

132, en Gunn, 1980: 19)5.

Respecto a la Ecología Humana o Social, Steward mencionó que se trata de una

subdisciplina de la ecología, más que de un medio para llegar a un propósito científico pues

no tiene claro sus objetivos, por lo que sugirió dos objetivos: “…primero entender las

funciones orgánicas y las variaciones genéticas del hombre en tanto especie biológica

solamente; y segundo determinar de qué manera la cultura es afectada por su adaptación al

5
Traducción del Inglés por quien suscribe esta investigación.

69
medio ambiente…” (Steward, 1955: 2). Él concibió a la cultura como una forma de explicar

la naturaleza de las sociedades humanas y observó que el desarrollo de vida de las mismas

no se genera solamente en un ámbito local, sino que se extiende más allá del medio físico

inmediato y del conjunto biológico (Steward, 1955: 3).

Dentro de esta corriente Steward planteó un problema y un método, donde el problema

consiste en preguntarse si las sociedades humanas se adaptan el medio ambiente de modo

particular o si pueden establecerse varios patrones de comportamiento (Steward, 1995: 6).

Además, propuso que dentro de cada cultura hay un “núcleo cultural” entendido como:

…aquella constelación de rasgos que están más estrechamente relacionados a las actividades

de subsistencia y a las relaciones económicas. Este núcleo incluye aquellos patrones sociales,

políticos y religiosos que empíricamente pueda establecerse que están estrechamente

relacionados con tales conjuntos. Un sinnúmero de otros rasgos podría tener una enorme

variabilidad potencial porque éstos están menos fuertemente ligados al núcleo. Estos últimos,

o rasgos secundarios, están determinados en gran medida por factores histórico-culturales por

innovaciones eventuales o difusión- y ellos dan la apariencia de una distinción externa con

respecto a otras culturas con núcleos similares. (Steward, 1995: 6).

Asimismo, propuso que las tecnologías se desarrollan según las condiciones medio

ambientales, y su cambio, conservación o reemplazo por otras, depende del “nivel cultural

de la sociedad y de sus posibilidades ambientales” (Steward, 1955: 7), además, se interesó

en el estudio de sus distintos usos e implicaciones sociales en diversos ambientes, es decir,

si sus adaptaciones culturales se adecúan a sus entornos ambientales, manifestándose en el

uso de la tecnología según las pautas sociales determinadas por estas dos variables (Steward,

1955: 7-8).

70
Dentro del método de la Ecología Cultural se proponen tres procedimientos que deben

contemplar el nivel y complejidad de la cultura, para poder establecer los procesos de

adaptación de ésta a su medio ambiente (Steward. 1955: 8-11):

1. “Hay que analizar la interrelación entre la tecnología explotativa o productiva y el

medio ambiente. Esta tecnología incluye una parte considerable de lo que

comúnmente se designa como “cultura material”, pero no todos los aspectos son de

igual importancia… las culturas más simples están más directamente condicionadas

por el entorno ambiental, que las más avanzadas” (Steward, 1955:.8-9).

2. “Las pautas de conducta asociadas a la explotación de un área particular por medio

de una tecnología particular deben analizarse”; a este respecto Steward refirió que el

uso de determinadas tecnologías no solamente depende de la historia cultural, o sea

de su invención y difusión, sino igualmente del medio ambiente, la flora y la fauna.

También hay que considerar las pautas de explotación, además de los hábitos para la

producción de alimentos y bienes, los medios para el transporte de las personas a las

fuentes de abastecimiento o el traslado de los alimentos hacia la gente (Steward, 1955:

8-10).

3. “Establecer hasta qué punto las pautas de comportamiento vinculadas a la explotación

del medio ambiente afectan otros aspectos de la cultura”. Hay que tomar en cuenta

los diversos factores como la tenencia de tierra, uso de suelo, patrones de

asentamiento, entre otros y analizarlos en conjunto para poder entender las relaciones

entre uno y otro, y con el medio ambiente (Steward. 1955: 10).

La Ecología Cultural como herramienta metodológica tiene la función de poder

“…establecer cómo han ocurrido ciertos cambios en la adaptación de una cultura a su medio

71
ambiente…” o sea “…si adaptaciones semejantes ocurren en ambientes semejantes…” por

lo que Steward planteó que si se requiere clasificar las culturas en tipos “…Entonces, los

tipos culturales deben concebirse como constelaciones de aspectos centrales que surgen a

partir de adaptaciones ambientales y que representan niveles de integración semejantes.”

(Steward, 1955: 11).

Para Steward la ecología cultural es una vertiente del evolucionismo multilineal, como

se manifiesta en su interés en poder identificar distintos patrones culturales de adaptación al

medio ambiente; sin embargo, Marvin Harris hizo un análisis de las propuestas de Steward

pues para él, lejos de estar relacionadas al evolucionismo multilineal, se asocian al

materialismo cultural el cual “…centra su atención en la interacción entre la conducta y el

entorno físico, establecida a través del organismo humano y de su aparato cultural. Al

proceder así se ajusta a la expectación de que la estructura del grupo y la ideología guarden

correspondencia con esas clases de condiciones materiales.” (Harris, 1981: 571). Harris

observó que el interés del materialismo cultural se empata con los tres procesos de adaptación

de una cultura al medio ambiente propuestos por Steward, expuestos previamente en este

apartado.

Asimismo, observó que los postulados de Steward tienen un antecedente histórico en

las propuestas de Marx (Harris, 1981: 568) y mencionó que su insistencia en la

multilinealidad fue para “disociar la ecología cultural del estigma político que recae sobre el

materialismo histórico” (Harris, 1981: 573).

Harris propuso que:

Para demostrar que la ecología cultural es un caso especial de materialismo cultural hay que

probar dos puntos: 1) que en la estrategia de la ecología cultural las variables tecnoecológicas

72
y tecnoeconómicas tienen prioridad en la investigación; 2) que esa prioridad se les otorga en

base a la hipótesis de que, en cualquier muestra diacrónica amplia de sistemas socioculturales,

la organización social y la ideología tienden a ser las variables dependientes (Harris, 1981:

570).

Harris planteó la existencia de generalizaciones nomotéticas, que son los patrones a los

que se refiere Steward, y quien los denomina como núcleo cultural, descrito previamente. “El

núcleo se presenta como esencial para la comprensión de la causalidad responsable de un

tipo dado, pero no llega a determinar los rasgos secundarios del tipo: éstos están determinados

por factores histórico-culturales fortuitos, esto es, por variables que no pueden tener cabida

en las generalizaciones nomotéticas” (Harris, 1981:572).

Dentro de los dos puntos expuestos párrafos anteriores, Harris determinó que “Steward

centra su atención en las semejanzas estructurales que resultan de la interacción entre hábitats

y culturas cuyos contenidos específicos enmascaran un ajuste ecológico fundamentalmente

semejante” (Harris, 1981: 577). Igualmente mencionó que “Steward no se limita

simplemente a decir que una particular combinación de tecnología y medio físico hace

posible que el hombre cree un tipo particular de organización social; todo el peso de su

argumento lo pone en insistir en que una relación tecnoecológica similar causa regularmente

un efecto similar…” (Harris, 1981, 578).

Identificó aspectos que corroboran esta inclinación al materialismo cultural en la obra

de Steward; desde que reconoció la forma de organización social de banda primitiva y su

explicación, donde distinguió “rasgos ecológicos comunes que dan origen al tipo general y

otros rasgos que dan origen a los subtipos”, independientemente de la diversidad en las

tecnologías y medios físicos asociados a estas sociedades (Harris, 1981: 577).

73
Otro trabajo que resaltó fue su estudio en el Sudoeste de Estados Unidos, acerca del

desarrollo de los patrilinajes de las tribus yuman del Río Colorado y los matrilinajes de los

indios pueblo, donde Steward mencionó que la evolución de los yuman de bandas

patrilineales a poblados conformados de varios patrilinajes, no se debió a la influencia de los

indios pueblo, sino por la introducción de la agricultura, que generó un incremento

demográfico, así como la presión de la guerra (Harris, 1981: 580). Además, destacó el uso

de la arqueología como herramienta para la elaboración de la secuencia de los indios pueblo,

en conjunto con datos recabados de la aplicación antropológica de campo (Harris, 1981: 580,

584). Finalmente concluyó que “Lo que Seward quiere decir realmente… es que, dado un

cierto conjunto de condiciones ecológicas y tecnológicas, y siempre que la muestra sea lo

bastante amplia, la transición de la banda al linaje alcanza un grado de probabilidad.” (Harris,

1981: 581).

Otro de los trabajos de Steward fue una comparación de los desarrollos del norte de

Perú y el centro de México, con el norte de China, Mesopotamia y Egipto donde identificó

una secuencia que abarcaba los siguientes estadios: “caza y recolección, agricultura

incipiente, periodo formativo, florescente regional y de conquistas cíclicas.” (Harris, 1981:

581). Además, que tomó las ideas de Wittfogel respecto a la Teoría Hidráulica (Harris, 1981:

581-582); ambos afirmaron que las sociedades de tipo hidráulico, o sea con sistemas de

irrigación, son propensas a pasar por los mismos estadios de evolución –hay que recordar

que Steward veía a la Ecología Cultural como una rama del evolucionismo multilineal- sin

importar dónde se presenten (Harris, 1981: 592).

Varios investigadores se han interesado por este enfoque teórico que, a lo largo del

tiempo ha ido ampliando aspectos a considerar dentro de los estudios ecológicos. Uno de

74
ellos es Michael Gunn, quien propuso diferentes enfoques dentro de la Ecología Cultural

(Gunn, 1980: 20):

1. Demografía y estructura poblacional. Se tienen que tomar en cuenta variables como

fertilidad, mortandad, nutrición, enfermedad, migración y organización. Gunn

propuso un término denominado como Capacidad de Carga que consiste en “…el

número óptimo de personas que un área particular de recursos puede soportar…”

(Gunn, 1980: 20).6

2. Patrón de subsistencia. Estos estudios se centran en la energía empleada para la

obtención de alimentos. Gunn quien citó a Richtsmeier (1978: 14) mencionó que,

dentro de la Ecología Cultural, los estudios de patrón de subsistencia tienen un

enfoque determinista pues:

1) la adaptación es vista como el mayor proceso en el cambio cultural y por lo tanto estos

estudios tienen un tono evolucionista, 2) el análisis se limita a la relación entre asuntos

medioambientales y de subsistencia, 3) la cultura y el medio ambiente están divididos en

porciones relevantes e irrelevantes y 4) la meta es descubrir modelos de causalidad lineal a

través de la descripción de relaciones que se obtengan entre variables relevantes (Gunn, 1980:

21).

Asimismo, dentro de esta variable se contempla el uso del suelo y la agricultura donde

debe tomarse en cuenta la “paleoecología del área, la cantidad demográfica y la

distribución poblacional, el nivel de tecnología, y la organización social…” (Gunn,

1980: 21).

6
Esta cita y las siguientes de Gunn fueron traducidas del inglés por quien suscribe esta investigación.

75
3. La organización social. Es un enfoque en el que Gunn no ahondó mucho porque

consideró que el análisis que se ha hecho dentro de la Ecología Cultural respecto a la

organización social, es muy particularista ya que toma en cuenta unas variables y

otras las descarta. Generalmente “…se basan en la creencia que las instituciones

socioculturales de las poblaciones…son procesos adaptativos de esas poblaciones al

medio ambiente circundante…” (Gunn, 1980: 21).

4. Comportamiento biológico humano. Anderson citado en Gunn (1980: 21) mencionó

que “Un entendimiento de la importancia de los factores biológicos en los orígenes

del comportamiento cultural ha hecho mucho para desarrollar nuestros conocimientos

de la evolución humana”.

5. Poblaciones humanas específicas y sus medios ambientes como sistemas. Ha habido

pocos trabajos descriptivos y analíticos sobre esta temática, siendo los más

importantes los de Conklin, Lee y Rappaport, aunque cabe señalar que tienen

deficiencias (Gunn, 1980: 22).

Dentro de los enfoques más recientes de la Ecología Cultural, se cuenta con el trabajo

de Miroslav Lapka, Jan Vávra y Zdenka Sokolíčková, quienes se encaminan en el estudio del

paisaje o ecología del paisaje. A su vez plantearon una nueva definición de la Ecología

76
Cultural “…como un acercamiento integrativo, que apunta a entender distintos aspectos de

la relación entre cultura y naturaleza…” (Lapka, et al., 2012: 19).7

Cabe señalar que ellos se enfocaron en el estudio del paisaje dentro de la Ecología

Cultural y redefinieron el planteamiento de Steward, pues si bien están de acuerdo con él,

ampliaron los alcances de los aspectos que deben considerarse en el análisis de la relación

entre cultura y naturaleza. En primer lugar, definieron que los estudios de la Ecología

Cultural deben ser integrativos y multidisicplinarios/pluridisciplinarios. Las definiciones de

multidisciplina las retomaron, en primer lugar, de Tress y colegas quienes propusieron que

se define “…por un tema amplio y varios objetivos de investigación de diferentes disciplinas.

Los participantes intercambian conocimientos, pero no cruzan los límites de cada uno…”

(Lapka, et al., 2012: 18) y, en segundo lugar, de Baumgätner y colegas quienes:

…distinguen entre multidisciplinariedad como disciplinas una al lado de la otra que se

esfuerzan por el mismo objetivo, pero no comparten conocimientos, y la división de trabajo

entre disciplinas, que demanda intercambio de resultados y datos por el bien de un resultado

común… Sin embargo, las barreras de los paradigmas no son cruzadas.” (Lapka, et al., 2012:

19).

La multidisciplinariedad se considera un sinónimo de pluridisciplinariedad, que es un

concepto retomado de Max Neef quien citado en Lapka, et al. (2012: 19), mencionó que se

trata de la “…cooperación entre disciplinas sin una coordinación desde un nivel jerárquico

mayor…”

7
Esta cita y las siguientes de Lapka, Vávra y Sokolíčková fueron traducidas del inglés por quien suscribe esta
investigación.

77
Respecto a que sea una disciplina integrativa, Lapka, Vávra y Sokolíčková,

coincidieron con la definición que da Axelsson quien mencionó que una investigación

integrativa es la “…que requiere integración entre distintos tipos de investigadores y/o partes

interesadas” (Axelsson, 2010, p.20 en Laptka, et al., 2012: 19).

En este sentido la Ecología Cultural se concibe como una corriente que busca integrar

a los investigadores de diversas disciplinas y a los no especialistas, de manera que se puedan

analizar y resolver conflictos derivados de la relación humanos-naturaleza tanto del pasado

como en el presente. Lapka y colaboradores coincidieron con Steward en que la relación del

ser humano con el ambiente se encuentra determinada por la economía y la tecnología, pero

no en su totalidad pues estos elementos junto con las normas, valores, ideas, objetos

materiales entre otros, forman parte de un sistema cultural complejo. Ello ocasiona que los

problemas ambientales se encuentren inmersos en este complejo y sea difícil reconocerlos;

también estuvieron de acuerdo con Steward en que, si una sociedad no es capaz de reconocer

los cambios, no podrá adaptarse y por lo tanto enfrentará grandes problemas (Lapka, et al.,

2012: 20).

Lo que es fundamental, es entender la relación humano-naturaleza de manera que

ambas partes tengan el mismo nivel de importancia, pues al darle más peso a una de las dos

partes no se puede entender completamente su interacción, ya que ambas se influyen entre

ellas (Lapka, et al., 2012: 21).

El paisaje entonces es un elemento importante a considerar dentro de la Ecología

Cultural, pues es donde interactúan los humanos con la naturaleza, es “…un lugar donde se

manifiesta... el diálogo humano-naturaleza… no podría haber un paisaje sin una percepción

(determinada culturalmente) del mismo.” (Lapka, 2018: 22). Para poder hacer una lectura del

78
medio ambiente, Lapka y colegas propusieron al paisaje como el elemento primordial para

hacerla (Lapka, et al., 2012: 21).

Dentro de la Arqueología se ha recurrido a la Ecología Cultural como eje orientador

para el estudio de las sociedades pretéritas. Sanders fue de los pioneros en implementarla en

la Cuenca de México, donde él tomó una región específica a la que llamó “área nuclear” que

abarca la Cuenca de México, el Valle de Morelos y la alta cuenca del río Atoyac-Nejapa en

Tlaxcala y Oeste de Puebla; en ella consideró que se propiciaron las condiciones perfectas

para el desarrollo de la civilización, entendida como una congregación humana urbanizada,

con estratificación social, organización política, entre otros elementos (Sanders, 1962: 38).

Sanders definió a la Ecología Cultural como el “estudio de la interacción de los

procesos culturales con el medio ambiente físico8”, y formuló tres principios que se enumeran

a continuación:

1) Cada medio ambiente ofrece a la ocupación humana un escenario distinto de retos, y

por ello, es de esperarse un conjunto diferente de respuestas culturales alternativas. Hay, por

supuesto, una superposición entre los retos y las soluciones culturales de un medio ambiente a

otro. Uno incluso puede decir que ciertas respuestas alternativas son más factibles de suceder

que otras. Algunas de estas respuestas pueden ser tecnológicas, otras sociales, y otras incluso

religiosas.

2) En respuesta a esos retos, la resolución cultural tiende a tomar el camino de la gran

eficiencia en la explotación del medio ambiente.

8
Esta cita y las que siguen de Sanders fueron traducidas del inglés por quien suscribe esta investigación

79
3) En el desarrollo de cualquier esquema conceptual en culturología, el medio ambiente

debe ser considerado como una parte activa e integrada del sistema cultural no como un factor

pasivo extra-cultural (Sanders, 1962: 34-35).

En su estudio, Sanders trató de entender la evolución de las sociedades desde sus

estados más primitivos como las aldeas, a centros urbanizados con una organización social

compleja, a través del estudio de las interacciones entre humanos y naturaleza. En un

principio, intentó el desarrollo cultural de las sociedades humanas del Viejo Mundo con las

del Nuevo Mundo, pero se dio cuenta que en Mesoamérica las condiciones ambientales no

se ajustan a los estándares que los investigadores de su tiempo establecieron como idóneos

para la conformación de las grandes civilizaciones (Sanders, 1962: 35-39).

Sanders intentó establecer los parámetros que permitieron el desarrollo de sociedades

urbanas, asociados con la explotación de los recursos de manera eficiente, de manera que

pudieran ser integrados en una sociedad de gran tamaño, donde la producción excedente sea

dominada por una pequeña porción de la sociedad, dando como resultado una estratificación

social (Sanders, 1962: 35). Igualmente las caracterizó como sociedades que son nucleadas,

entendiéndose como muy pobladas, de gran tamaño, donde ya se cuenta con especialización

en diversos oficios o actividades, así como una división de clases o estratificación (Sanders:

1962: 36-37).

En Mesoamérica él detectó dos tipos de ecosistema donde se desarrollaron las

sociedades urbanas:

(1) un patrón de Tierras Bajas con abundante lluvia, vegetación exuberante, densidad

poblacional más baja y poblaciones dispersas, con cultivos de quema y roza de alimentos

básicos y cultivo de huertos con cosechas comerciales, y (2), un patrón de Tierras Altas con

80
escasa lluvia, poca vegetación, poblaciones densas viviendo en comunidades nucleares grandes

y con agricultura intensiva (Sanders, 1962: 37-38).

Si bien, sus planteamientos son un tanto generales para encasillar a una sociedad urbana

en ellos, lo interesante de su investigación es la manera en que analizó la relación entre el

humano y el medio ambiente, a través de un estudio tanto del entorno, donde incluyó el clima,

vegetación, altitud, etcétera, como del aprovechamiento o disposición del mismo por el ser

humano y la manera de hacerlo. Dentro de este último punto, destacó al desarrollo

tecnológico como una forma en que el ser humano se provee de recursos, como lo fue la

invención y desarrollo de las diversas técnicas agrícolas, así como los sistemas de irrigación,

que al final dan pie a un crecimiento poblacional y por lo tanto a una complejidad de la

organización social (Sanders, 1962: 39-43).

Cabe señalar que no otorgó una prioridad a la tecnología o a la economía como factor

elemental de la evolución cultural como lo hace el materialismo histórico, sino que lo

atribuyó a la explotación de recursos y al crecimiento poblacional. Debido a ello recibió

críticas de diversos investigadores como Flannery y Marcus quienes abogaban más por un

enfoque sistémico, donde además se tomaran en cuenta variables como la ideología y la

organización política (Sanders, 1988: 34). A este respecto Sanders defendió su postura

afirmando que:

Nuestra estrategia, por lo tanto, enfatiza el cambio demográfico como determinante del cambio

institucional; no todos los componentes identificados del sistema son considerados de

significado explicativo similar, incluso cuando esos componentes están tan interrelacionados

que es difícil identificar cual “vino primero” (Sanders; 1988: 35).

81
Sanders intentó establecer el mismo modelo de estudio que aplicó en la Cuenca de

México a Monte Albán, con la finalidad de hacer una reconstrucción de los eventos que

provocaron el surgimiento de esta urbe en la actual región de Oaxaca, situación que no agradó

a la mayoría de los investigadores especialistas en el área, por lo que planteó diversas

cuestiones en defensa de su postura de manera que la Ecología Cultural fuera vista como una

alternativa para el análisis y comprensión del área (Sanders, 1988: 52-69). De hecho, afirmó

que:

Una revisión rápida de nuestra reconstrucción muestra que todos los procesos que

identificamos evolucionaron en una manera sistémica. Más allá, hay varios paralelismos entre

nuestra reconstrucción de los eventos y la situación en la Cuenca de México. En ambos casos

lidiamos con grandes procesos de evolución social, el crecimiento de grupos sociales,

segmentación interna, y centralización del poder político los cuales están ligados con la

explotación y control de los recursos… (Sanders, 1988: 52).

A su vez resumió su punto de vista en dos puntos:

(1) Las culturas son sistemas funcionales y se conforman de un número de aspectos –

tecnología, economía, organización social, religión, etc. Usando un término más Marxista, las

culturas están compuestas de infraestructuras, estructuras, y superestructuras. (2) Si las culturas

son sistemas, el cambio en alguno de los componentes puede tener un impacto en la totalidad

del sistema… los cambios en la infraestructura lógicamente pueden tener un efecto poderoso

en todo el sistema, y muchas de las características de la infraestructura pueden ser medidas en

términos cuantitativos… (Sanders, 1988: 73).

Emily McClung igualmente ha implementado la Ecología Cultural dentro de estudios

arqueológicos en diversos proyectos en México (McClung, 1984). Para ella “…uno de los

82
propósitos de la ecología cultural es considerar las formas de la cultura humana como las

adaptaciones que los humanos han hecho a las condiciones medioambientales (y ecológicas)”

(McClung, 1984: 5).

Dentro de los estudios antropológicos y arqueológicos que se guían a través de los

postulados de la Ecología Cultural, es fundamental comprender que los ambientes no

determinan o permiten un cierto nivel de organización, sino debe entenderse el motivo que

lleva a los humanos a reconocer y explotar el potencial de cierto tipo de medio ambiente, con

la finalidad de poder explicar las causas del desarrollo cultural de las sociedades (McClung,

1984: 13).

McClung coincidió con Flannery y Coe en que las sociedades humanas no se

desarrollan en un único medio ambiente, sino que son capaces de explotar recursos de

diferentes zonas ecológicas en una región, dentro de las que se encuentran lo que Flannery y

Coe denominaron como “micromedio ambientes”, consistentes en;

…el hábitat de recursos florísticos y faunísticos específicos… La productividad potencial de

las zonas ecológicas y sus subdivisiones, los micromedio ambientes, puede variar muy

ampliamente en términos de los tipos de recursos disponibles, su abundancia y accesibilidad.

Las condiciones tales como el tamaño, la base de subsistencia y nivel de tecnología de la

población influyen fuertemente en la productividad potencial de una región… (McClung, 1984:

14).

Diversos factores favorecen el desarrollo cultural, como la organización de grupos

sociales, el acceso de los recursos importantes, las actividades de subsistencia, así como los

de origen histórico y cultural, que a su vez definen el patrón de asentamiento de las

poblaciones (McClung, 1984: 16).

83
Otro punto a considerar dentro de la interacción humanos-naturaleza, es el potencial

ecológico de una región, o sea la capacidad que un área tiene para producir los recursos

suficientes para mantener una población –definición que coincide con el término de

Capacidad de Carga, propuesto por Gunn (Gunn, 1980: 20)-. Un factor fundamental dentro

del potencial ecológico de un área, es la productividad agrícola, aunque hay otros elementos

que también pueden determinarlo. Igualmente es importante considerar el excedente de

producción de ciertas sociedades, como lo menciona Sanders, de manera que hay que tomar

en cuenta las influencias y productividad de otras áreas. Además, no deben omitirse otros

factores como los socioculturales, los políticos y los socioeconómicos (McClung, 1984: 23).

“…Hay que determinar cuál es la base de recursos de la región, cuál es la proporción

disponible y cuál proporción está reconocida por la población” (McClung, 1984: 23).

Comentarios

Dentro de los objetivos de esta investigación se encuentra el poder conocer quiénes eran los

habitantes del sitio Coaxilote 1. Con quiénes, se hace referencia al tipo de sociedad que era,

es decir, entender por qué eligieron establecerse en esa área, conjeturar si tuvieron

interacciones con otras sociedades y comprender cómo fueron adaptándose al medio según

sus necesidades, y de igual manera cómo fueron modificándolo para los fines de su óptima

existencia. Por ello se considera que la Ecología Cultural es la herramienta necesaria que

ayudará a clarificar varios de estos puntos.

Si bien se sabe de las limitantes con las que se cuenta, como el hecho de que el área de

estudio es pequeña y que el contexto, aunque no alterado, se encuentra afectado por la erosión

del área así como por todos los factores que conlleva el paso del tiempo, se considera que se

puede hacer una interpretación bastante coherente a través del análisis del entorno donde se

84
desarrolló este asentamiento humano, de sus artefactos y la disposición de su contexto, así

como comparándolo con otros que existieron contemporáneamente, teniendo siempre

presente las características del medio ambiente donde se desenvolvió.

85
III

MARCO GEOGRÁFICO

Dentro de este capítulo se abordan los aspectos correspondientes al medio geográfico donde

se asienta el sitio arqueológico Coaxilote 1. Como referencia general se utiliza la ubicación

de acuerdo a la división por regiones económicas del Estado de Puebla, propuesta por la

actual administración, la cual divide el estado en 32 regiones (Gobierno del Estado de Puebla,

2019: 15-36). Por ello, el sitio Coaxilote 1 queda ubicado en la región socioeconómica 15,

Izúcar de Matamoros, del municipio de Tilapa, Puebla, según el Plan de Estatal de Desarrollo

del Estado de Puebla 2019-2024 (Gobierno del Estado de Puebla, 2019: 29), en la coordenada

geográfica UTM 552680 m E, 2062127 m N, a 1374 msnm (Córdova, et al., 2019a)9 (figura

4).

Los rasgos que definen el marco geográfico del área de estudio son su fisiografía, clima,

medio ambiente, edafología, geología e hidrografía. La consulta de diversos documentos y

páginas electrónicas, fueron auxiliares en la composición de las figuras que ilustran cada

apartado. Se utilizaron cartas con formato SHaPes File para el apartado de Edafología, donde

se usó el mapa edafológico desarrollado por la CONABIO en escala: 1: 1000 000; en

Hidrografía donde se recurrió a la información de la carta Red Hidrográfica, edición 2.0.

Cuenca del Río Atoyac. Región H. Balsas, escala 1:50 000, junto con la Carta Topográfica

E14B62, Izúcar de Matamoros, escala 1:50 000, ambas de INEGI y finalmente, en el apartado

de Medio Ambiente se consultó la Carta de uso del suelo y vegetación, serie IV, escala

9
Esta información se localiza en los Anexos del Informe de Excavación del Proyecto de Salvamento
Arqueológico, Libramiento La Galarza, Puebla, en la cédula para identificar y catalogar sitios arqueológicos,
del Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH.

86
1:250000 de INEGI. Todos ellos fueron auxiliares en la elaboración de mapas en el programa

QGIS 3.18.1.

Las figuras restantes fueron retomadas de otros documentos. En el apartado Fisiografía

se reprodujeron dos mapas del Anuario Estadístico del Estado de Puebla, del año 2017, uno

correspondiente a fisiografía y el otro a topoformas. Igualmente, de este documento se

reproducen los mapas de las Cuencas Hidrográficas y el de Climas. Las figuras del apartado

de Geología, fueron tomadas del estudio geológico que hizo el Servicio Geológico Mexicano

en la carta topográfica de Izúcar de Matamoros, E14-B62.

87
Figura 4. Mapa donde se muestra la ubicación de la Región 15, Izúcar de Matamoros. Imagen
modificada de [Link]

88
Fisiografía

El sitio Coaxilote 1 se ubica dentro de la provincia Sierra Madre del Sur, subprovincia

Llanuras Morelenses, según la Síntesis Geográfica del Estado de Puebla del año 2000

(INEGI, 2000: 23-25). Sin embargo, en el Anuario Estadístico y Geográfico de Puebla está

indicado dentro de la provincia fisiográfica Eje Neovolcánico, subprovincia Lagos y

Volcanes de Anáhuac (INEGI, 2017: Mapa 3), información corroborada en Gutiérrez

Herrera, et al., quienes citan el Anuario Estadístico y Geográfico de Puebla del año 1996 y

el Mapa Básico del Estado de Puebla, del Gobierno del Estado de Puebla, de 1997(Gutiérrez,

et al., 2003: 272). Por lo anterior se considera que esta segunda información es la más actual

y correcta al día de hoy. El sistema de topoformas de esta subprovincia se caracteriza por la

presencia de sierra, lomerío, meseta, llanura, valle y cañón, (INEGI, 2017: Cuadro 1.4),

siendo Coaxilote 1 ubicado en un lomerío rodeado de llanura al sur, oeste y norte y por un

valle al este (Figuras 5 y 6).

89
Figura 5. Imagen donde la estrella negra indica la ubicación de Coaxilote 1, dentro de
la Provincia X, Eje Neovolcánico, Subprovincia, Lagos y Volcanes del Anáhuac en
color café oscuro. Modificado de INEGI, 2017: Mapa 3.

90
Figura 6. Mapa donde se muestra el sistema de topoformas de Puebla y donde se
aprecian las que componen la Subprovincia de Lagos y Volcanes del Anáhuac.
Con una estrella negra se muestra la ubicación de Coaxilote 1 en un lomerío.
Modificado de INEGI, 2017: Mapa 4

91
Clima

El área presenta un clima cálido subhúmedo con lluvias en verano A(w) (INEGI, 2017: Mapa

7), con una temperatura media anual de 22.5 grados, una máxima de 30.5 grados y una

mínima de 14.4 grados, con una precipitación anual de 918.9 mm10, según datos de la

Estación 00021132 Izúcar de Matamoros (SMN), del periodo 1951-2010, ubicada en la

latitud 18°36’05’’ N, y longitud 098°28’05’’ W, a 1,297 msnm (SMN, 1951-2010) (figura

7).

10
Información tomada de la página electrónica del Servicio Meteorológico Nacional:
[Link]

92
Figura 7. Mapa donde se aparecía la predominancia de los climas Cálido y Semicálido
Subhúmedo con Lluvias en Verano en la Región de Izúcar de Matamoros. La
ubicación de Coaxilote 1 se muestra con una estrella negra. Modificado de INEGI,
2017: Mapa 7.

93
Geología

Coaxilote 1 se ubica en la Plataforma Morelos-Guerrero, asentado sobre roca intrusiva

vulcanoclástico-yeso (Teo Vc-Y) de la Formación Cuayuca. En la base la roca intrusiva se

compone por arenisca tobácea (vulcanoclástico) con yeso en la cima; en las partes donde no

se presenta el yeso, hay capas de travertino con lentes de sílice. Por debajo del travertino hay

horizontes de caliza arcillosa de origen lacustre y en ocasiones se encuentran horizontes de

limolita intercalados en las capas de arenisca o en las de yeso. La formación tiene una edad

de Eoceno-Oligoceno (Torres, et al., 2016: 18, 19, 30 y 31).

Al noreste del lomerío donde se ubica Coaxilote 1 se encuentra otra roca intrusiva

conglomerado polimíctico (Teo Cgp) del Grupo Balsas. Se conforma de depósitos de

conglomerado polimíctico que contiene fragmentos de pedernal, caliza, cuarcita, arenisca y

cuarzo dentro de una matriz areno-arcillosa con cemento calcáreo. También se compone en

menor medida de conglomerado oligomíctico, con fragmentos de caliza, en una matriz areno-

arcillosa con cementante calcáreo. La formación tiene una edad de Eoceno-Oligoceno

(Torres, et al., 18, 19, 32-34).

Al noroeste del área de asentamiento de Coaxilote 1, se encuentra una unidad de

caliza-dolomía (Kace Cz-Do) de la Formación Morelos, perteneciente a la Plataforma

Guerrero-Morelos. Tiene afloramientos de caliza y dolomía interestratificada, compuestas

por carbonato de calcio con nódulos y lentes de pedernal, así como restos fósiles de

foraminíferos. La formación tiene una edad de Albiano-Cenomaniano (Torres, et al., 18, 19,

24-26.).

Hay otras dos formaciones que corresponden al Cinturón Volcánico Transmexicano.

La primera se localiza al oeste del lomerío donde se asienta Coaxilote1, y es la andesita-

brecha volcánica (Tpl Qho A-BvDa) asociada al vulcanismo de dicho cinturón volcánico, en
94
específico a la formación de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Se constituye por

derrames de andesita y eventos piroclásticos que formaron una brecha de composición

dacítica e igualmente se presentan en forma de diques que cortan a las calizas de la Formación

Morelos y a la arenisca-lutita de la Formación Mexcala. Tiene una edad que va del Plioceno

al Holoceno (Torres, et al., 18, 19, 35-36).

La segunda formación, la cual se encuentra alrededor de todo el sistema de lomerío,

corresponde a un Lahar (Q Lh), que consiste en capas masivas extensas de lodos y material

piroclástico en forma de abanicos que se expanden hacia el sureste, provenientes del

Popocatépetl. Se conforma de fragmentos de andesita, dacita y basalto, dentro de material

arcillo-arenoso poco consolidado. Se designó su edad en el Cuaternario (Torres, et al., 18,

19, 37 y 38) (figuras 8 y 9).

95
Figura 8. Estratigrafía geológica de la Plataforma Guerrero-
Morelos. Tomado de Torres, 2016: 18.

96
Figura 9. Mapa geológico de la carta topográfica Izúcar de Matamoros, E14-B62. El
sitio Coaxilote 1 está marcado con la estrella negra, sobre una formación
Vulcanoclástico Yeso (Teo Vc-Y). Modificado de Torres, 2016: 19.

Edafología

El suelo que caracteriza el área donde se asienta Coaxilote 1 es de tipo Litosol (I) (también

denominado Leptosol), el cual tiene poca profundidad pues se encuentra limitados por un

estrato rocoso o por un suelo muy pedregoso o gravilloso. La topografía en la que se

encuentran es la que causa esta poca profundidad de los Litosoles, pues generalmente se

localizan en pendientes que no permiten su formación por acumulación y generalmente se

encuentran en zonas muy erosionadas; también pueden encontrarse en superficies planas de

roca lávica, donde apenas se está formando un suelo. La mayoría de los Litosoles son

aprovechados como tierras de pastoreo, como el caso del área de Coaxilote 1, sin embargo,
97
en algunos lugares se utilizan para el cultivo de cafetales o cítricos. (FAO, 2008: 83 y84;

FAO-UNESCO, 1976: 60; INEGI, 2000: 68).

Alrededor de esta formación edafológica se presentan otros suelos, siendo los más

próximos, el Vertisol Pélico y el Fluvisol Eútrico y los que siguen en proximidad, el Regosol

Calcárico, el Feozem Hálpico y la Rendzina.

Los Vertisoles (V) son suelos que principalmente se forman a partir de rocas volcánicas

y calcáreas y de los materiales aluviales y coluviales, que al intemperizarse forman materiales

finos como las arcillas, hay Vertisoles Crómicos y Vertisoles Pélicos, cuya diferencia reside

en la coloración, siendo parda para los primeros y muy oscura para los segundos. Su

característica principal es que son suelos muy arcillosos que contienen muchas arcillas

expandibles, por lo que en época de lluvia son muy plásticos y en secas se agrietan y

endurecen bastante, además que son tierras sumamente fértiles. Son utilizados tanto para

pastoreo como para cultivo de riego y temporal (FAO, 2008: 96 y 97; FAO-UNESCO, 1976:

66 y 67; INEGI, 2000: 71).

Los Fluvisoles (J) son suelos que se forman por depósitos aluviales recientes, que

pueden ser fluviales, marinos o lacustres, siendo predominantemente arenosos con algunas

gravas. Son suelos fértiles y se usan para el cultivo. Los Fluvisoles Eútricos son utilizados

para el cultivo de riego y temporal, por su alto contenido de nutrientes (FAO, 2008: 79 y 80;

FAO-UNESCO, 1976: 60; INEGI, 2000: 71).

Los Regosoles (R) son suelos con poca evolución en su perfil y generalmente

representan una fase inicial de la formación de muchos suelos. Se forman por materiales

residuales. aluviales o coluviales, no consolidados y suelen ser pedregosos o con gravas.

Algunos son usados para cultivo ya sea de temporal o por riego y otros para pastoreo,

asimismo, tienden a erosionarse. El Regosol Calcárico tiene naturaleza calcárea, es decir que
98
presenta cal y el Regosol Eútrico tiene una saturación de bases media a alta, ricos en piedra

pómez y arena volcánica (FAO, 2008: 91; FAO-UNESCO, 1976: 64; INEGI, 2000: 67 y 68).

Los Feozems o Phaeozems (H) son suelos oscuros ricos en materia orgánica, por lo

tanto, son ideales para la agricultura, así como para sembrar pastura para cría de ganado. Sin

embargo, suelen ser afectados por la erosión de agua o viento, por lo que deben ser protegidos

(FAO, 2008: 87; INEGI, 2000: 69).

Las Rendzinas (E) son suelos que se forman sobre rocas calizas, lutitas y

conglomerados u otros con abundante cantidad de carbonato de calcio, son ricos en materia

orgánica por lo que son muy fértiles. Se utilizan para la agricultura, aunque muchas veces se

ve dificultada por la erosión de los terrenos que se encuentran en pendiente, o por la

naturaleza rocosa sobre la que se forman (FAO-UNESCO, 1976: 58 y 59; INEGI, 2000: 70)

(figura 10).

Figura 10. Edafología en el área donde se asienta el sitio Coaxilote 1, el cual se


ubica en un Litosol. Modificado de INIFAP y CONABIO, 1995.

99
Hidrografía

Dentro de los recursos hidrológicos que tiene el área se encuentran aguas subterráneas y

superficiales. Los primeros corresponden a aguas que se filtran el subsuelo por las

características porosas y permeables de los mismos y que muchas veces afloran a la superficie

como manantiales y los segundos son los ríos, lagos, lagunas y arroyos. Dentro del país

existen 37 regiones hidrológicas, de las cuales cuatro se ubican en el estado de Puebla y son

RH18 Río Balsas, RH27 Ríos Tuxpan-Nautla, RH28 Río Papaloapan y RH26 Río Pánuco

(INEGI, 2000: 57).

El área de estudio que comprende esta investigación se localiza en la región hidrológica

RH 18 Río Balsas, que a su vez se subdivide en diez cuencas, de las cuales, cuatro se

encuentran en el Estado de Puebla: Río Atoyac (A), Río Balsas-Mezcala (B), Río Tlapaneco

(C) y Río Grande de Amacuzac (D). El sitio Coaxilote 1 se ubica en la Cuenca RH18A, Río

Atoyac, del que sobresale dicho río, que nace por la unión de los ríos San Martín o Frío,

ubicado en Puebla, y Zahuapan, localizado en Tlaxcala. Esta Cuenca también se subdivide

en las siguientes Subcuencas: (a) Río Atoyac-Tehuitzingo, (b) Atoyac-Balcón del Diablo, (c)

Presa Miguel Ávila Camacho, (d) Atoyac-San Martín Texmelucan, (e) Río Nexapa, (f) Río

Mixteco; (g) Río Acatlán, (h) Laguna de Totolcingo y J. Alceseca (INEGI, 2000: 57).

Coaxilote 1 se asienta en la Subcuenca RH18Ae: Río Nexapa. Dentro de la Zona

geohidrológica de explotación o acuífero, Atlixco-Izúcar de Matamoros, el cual consta de

depósitos aluviales con permeabilidad alta, derrames lávicos con mediana permeabilidad y

sedimentos lacustres (INEGI, 2000: 61). Los ríos Nexapa, Epatlán y Atila, con los afluentes

superficiales más importantes del acuífero. El río Nexapa, que es una corriente permanente,

nace en las faldas del Volcán Popocatépetl a 20 km al norte de Atlixco (CONAGUA, 2020:

6) (figuras 11 y 12).
100
Respecto a las aguas subterráneas, el acuífero presenta una permeabilidad, la cual es

más frecuente en las rocas calcáreas y las basálticas fracturadas, aunque se ha observado que

localmente algunos piroclásticos también la muestran (CONAGUA, 2020: 9). Una de las

características del área donde se asienta Coaxilote 1, es la presencia de un manantial, cuya

agua actualmente se encuentra entubada para abastecer a los poblados de Tilapa, San Félix

Rijo y Agua Dulce, como se muestra en la carta topográfica E14B62, además de la misma

barranca, que transporta una corriente de agua que es intermitente (INEGI, 1999) (figura 13).

101
Figura 11. Mapa donde se muestra la Región hidrográfica RH18, Río Balsas, Cuenca
A, Río Atoyac, Subcuenca e, Río Nexapa. La estrella negra indica la ubicación de
Coaxilote 1. Modificado de INEGI, 2017: Mapa 10.

102
Figura 12. Corrientes de agua permanentes o intermitentes que se ubican en el área de
Coaxilote 1, el cual está marcado en azul turquesa. Se aprecia el nombre de la barranca
donde se asienta y su respectiva corriente intermitente, así el área donde surge el manantial
(el número de identificación 146040739). Modificado de INEGI, 2010.

103
Manantial

Corriente que
desaparece

Acueducto
subterráneo

Figura 13. Carta topográfica E14B62, Izúcar de Matamoros,


1999, donde se muestra al sitio Coaxilote 1 en la estrella
negra, el manantial que surge en la barranca Coaxilote
plasmado con la simbología de la carta, la corriente
intermitente y el acueducto subterráneo que corresponde al
entubamiento de agua para abastecer a las poblaciones de
San Félix Rijo, Tilapa y Agua Dulce. Modificado de INEGI,
1999.

104
Medio Ambiente

El sitio Coaxilote 1 se localiza en un ecosistema de selva baja caducifolia, en donde la

vegetación presenta las siguientes características: pierde su follaje en época de secas, puede

alcanzar los 10 m de altura, los árboles comienzan a ramificarse muy próximos al suelo,

algunos desprenden sus cortezas en forma de láminas y la mayoría presenta troncos retorcidos

(INEGI, 2000: 77).

Según Rzedowski citado en la Síntesis Geográfica del Estado de Puebla, dentro de los

ejemplares arbóreos entre 8 a 10 m que pueden encontrarse se tienen Bursera longipes (Palo

mulato), Brusera glabrifolia (Copal), Brusela lancifolia (Aceitillo), Bursera bipinnata

(Copal santo), Bursera bicolor (Copal), Bursera fagaroides (Cuajilote azul), Bursera

schlechtendalii (Aceitillo) Bursera copallifera (Copal). Otras plantas son Lysiloma

tergemina, Plumeria acutifolia (Cacalosúchitl), Leucaena microcarpa (Guaje), ipomoea

arborescens (Casahuate blanco), Thevetia ovata (Huevo de toro), Myrtillocactus

geometrizans (Garambullo), Mimosa biuncifera (Garabatillo), y en arbustos no mayores a 2

m Phitecellobium acatiense (INEGI, 2000: 77; EncicloVida, CONABIO).

Dentro de la fauna se cuenta con mamíferos como Heteromys irroratus (Ratón

espinoso mexicano), Orthogeomys grandis (Tuza mayor), Glossophaga morenoi

(Murciélago lengüetón de Xiutepec), Baiomys musculus (Ratón pigmeo sureño), Bassariscus

astutus (Cacomixtle norteño) Didelphis virginiana (Tlacuache norteño), Natalus mexicanus

(Murciélago orejas de embudo), Mephitis macroura (Zorrillo listado sureño); reptiles como

Phrynosoma Taurus (Camaleón toro), Micrurus laticollaris (Coralillo del Balsas),

Aspidoscelis gularis (Huico pinto del noreste), Kinosternon integrum (Tortuga pecho

quebrado mexicana); insectos como Anartia fatima (Mariposa pavorreal con bandas blancas),

Syrbula montezuma (Montezuma´s Grasshopper), Centuroides limpidus (Alacrán del


103
Balsas), Cryptocephalus basalis, Tetraloniella donata, Agonum decorum; aves como Colinus

virginianus (Codorniz Cotuí), Molothrus aeneus (Tordo ojos rojos), Peucaea humeralis

(Zacatonero pecho negro), Quiscalus mexicanus (Zanate mexicano), Icterus pustulatus

(Calandria dorso rayado), Myozetetes similis (Luisito común), Passerina cyanea (Colorín

azul), Melanerpes hypopolius (Carpitero del Balsas), Icterus spurius (Calandria castaña),

Momotus mexicanus (Momoto corona canela), Glaucidium palmarum (Tecolote colimense),

Coragyps atratus (Zopilote común) y anfibios como Incillius perplexus (Sapo confuso),

Dryophytes euphorbiaceus (Rana de árbol de Los Altos del Sur), por mencionar algunos

ejemplares faunísticos de la región (EncicloVida, CONABIO) (figura 14).

Figura 14. Mapa con vegetación y uso de suelo del área de Izúcar de Matamoros, donde
Coaxilote 1 se asienta sobre un ecosistema de vegetación secundaria arbórea de Selva Baja
Caducifolia. Modificado de INEGI, 2016.

104
Comentarios

El sitio Coaxilote 1 se encuentra sobre un área con abundantes recursos hídricos, buenos

suelos para la siembra y un clima favorable. Se asienta sobre un lomerío en el cual se

construyeron terrazas donde se localizaron las estructuras prehispánicas, siendo la estructura

preclásica ubicada en la tercera terraza. En el siguiente capítulo se hace una descripción más

detallada de los contextos arqueológico y arquitectónico del sitio.

Estas terrazas pudieron ser cultivadas para el sustento de la población, aunque el suelo

característico, que es Litosol, no es muy adecuado por su poca profundidad y su tendencia a

erosionarse. En el caso de que el terreno próximo no fuera óptimo, hacia el oeste, a

aproximadamente 1.5 km de distancia se encuentra una llanura que se caracteriza por tener

un suelo de tipo Fluvisol Eútrico, cuyo alto contenido de nutrientes lo hace apto para el

cultivo. Asimismo, hacia el sur y al oriente se cuenta con un valle cuyos suelos, que son

Vertisoles Pélicos son muy fértiles e idóneos para el cultivo, ambos a aproximadamente 2

km de distancia.

La presencia del manantial es fundamental, pues los habitantes de Coaxilote 1

constantemente tuvieron agua a su disposición, asegurando con ello su subsistencia. Este

manantial seguramente proveyó de agua a diversas especies de animales que pudieron ser

consumidas por los pobladores, como roedores, cacomixtles, codornices entre otros, o

especies cuyas pieles o huesos pudieron ser utilizados para abrigo o herramientas. Asimismo,

tuvieron a su alcance variedades vegetales que igualmente pudieron ser explotadas, para

alimento, medicina, combustible o construcción. En toda el área circundante se encuentran

cuerpos de agua próximos, tanto cauces de agua de lluvia, como afluentes perennes, lo que

hace esta zona sumamente fértil y óptima para la supervivencia.

105
En cuanto a la conformación geológica del área, los pobladores pudieron acceder a

materiales para la construcción como el caso de las calizas, o para la elaboración de

herramientas, como en las zonas donde se localizan los nódulos de pedernal, ambas materias

primas accesibles en el lomerío donde se asienta el sitio y los que se ubican al norte. También,

en las áreas de depósito de Lahar y en la formación de andesita brecha-volcánica -el primero

localizado en las planicies y el segundo hacia el oeste del sitio-, pudieron recuperar andesitas

o basaltos que probablemente aprovecharon para la fabricación de piedras de molienda.

Los componentes geográficos de la región donde se ubica Coaxilote 1, son ideales para

el desarrollo de poblaciones humanas, pues su medio ambiente, hidrografía, clima,

vegetación, fauna y recursos minerales son abundantes. Si la gente no satisfacía sus

necesidades en las áreas inmediatas del sitio, podían hacerlo en las proximidades sin ir tan

lejos, aunque esto no quiere decir que no tuvieran contacto con poblaciones asentadas en

otras regiones, pues recursos como la obsidiana, seguramente fueron adquiridos a través de

intercambio con éstas. Sin embargo, a través de este análisis de su marco geográfico, puede

entenderse la importancia que tuvo esta área desde el Preclásico Temprano hasta el día de

hoy.

106
IV

COAXILOTE 1

En el presente capítulo se hace una descripción del sitio Coaxilote 1, su ubicación, su registro

y excavación. Se detallan los contextos que fueron encontrados, ya que hay dos momentos

de ocupación, una durante el Preclásico y la otra en el Posclásico. Cabe señalar que la

mención de los contextos posclásicos es muy superficial en comparación con la del

Preclásico, ya que esta última es la que interesa a esta investigación. Se mencionan los

componentes arqueológicos del área de la Estructura 3, consistentes en varios elementos

arquitectónicos que son descritos, su estratigrafía, dos vasijas aisladas, cinco entierros con

ofrenda y una ofrenda. Al final se hace una comparación con otros sitios contemporáneos,

tanto en el aspecto arquitectónico como en la práctica funeraria.

Es importante conocer la ubicación geográfica de Coaxilote 1, así como la disposición

de los elementos arquitectónicos con respecto al entorno, los materiales usados para la

construcción de la estructura y los alineamientos, el sistema constructivo, la disposición de

los entierros dentro del área de la Estructura 3 y la estratigrafía del área, ya que todo ello

proporciona información fundamental para la interpretación y entendimiento de la población

que se asentó en la ladera de esta barranca. Igualmente es primordial definir cada elemento

arquitectónico, ya que conocerlos permite conocer la función de cada uno dentro de este

espacio. Una discusión más amplia de la totalidad del área de la Estructura 3 se hará en el

último capítulo.

107
Ubicación y descripción general del Sitio Coaxilote 1

El sitio se ubica en la porción noreste del municipio de Tilapa, Puebla, a aproximadamente

6.40 km en línea recta, al noroeste de la ciudad de Izúcar de Matamoros (Figura 15). Para

llegar a Coaxilote 1 se toma la carretera Izúcar de Matamoros-Cuautla y se accede en la

desviación que lleva al poblado de Tepapayeca, donde se avanza aproximadamente 950 m,

para ingresar en un camino de terracería por el que se continúa con rumbo al noreste durante

3.5 km, hasta llegar a un área donde hace años hubo un manantial, cuya agua se encuentra

entubada en actualidad. Esta zona se identifica por la infraestructura del tubo de agua y por

un pequeño abrevadero para el ganado (Córdova, et al., 2019: 159-160) (Figura 16).

Figura 15. Ubicación del municipio de Tilapa. Tomado de INAFED:


[Link]

108
Figura 16. Camino de acceso al Sitio Coaxilote 1.

El sitio abarca ambas laderas de la Barranca Coaxilote11, de la que deriva su nombre,

cubriendo una extensión aproximada de 93,918 m2, sin embargo, solamente fue explorada la

porción de la ladera oeste donde pasaba el trazo del Libramiento La Galarza-Amatitlanes.

(Córdova, et al., 2019: 159) (figura 17).

11
Información consultada en la Carta Topográfica, Izúcar de Matamoros, Puebla, E14B62, Escala 1:50 000,
Datum ITRF92, INEGI, Dirección General de Geografía, 2 a Edición, 1998, 1ª Impresión, 1999.

109
Figura 17. Poligonal del Sitio Coaxilote 1

Proyecto de Salvamento Arqueológico, La Galarza, Puebla

Los trabajos arqueológicos en el sitio se realizaron como parte de la fase de recorrido de

superficie el Proyecto de Salvamento Arqueológico, La Galarza, Puebla, en el año 2016 y

fue excavado en la segunda fase en el año 2018. Dicho proyecto, bajo la dirección del Arqlgo.

Mario Córdova Tello, se efectuó debido a la construcción de un libramiento que conecta al

suroeste de Puebla con el centro de Puebla, con el propósito de canalizar el tránsito a las

afueras de la ciudad de Izúcar de Matamoros. Dicha infraestructura gubernamental iba a

afectar el sitio, pero en este tramo la carretera se proyectó más arriba del nivel original del

terreno, por lo que se determinó que el sitio quedara cubierto por los rellenos de cimentación

del libramiento.

110
La siguiente discusión abarca los trabajos de campo en los que participé como

arqueóloga a cargo, junto con el P.A. J Jesús Aguilar Munguía, en el recorrido de superficie,

donde se identificaron y registraron un total de seis sitios en los 14.844 km del trazo carretero;

junto con los P.A. J Jesús Aguilar Munguía, Israel Peña y el P.A.F. Rodrigo Bolaños Martínez

en las excavaciones, donde fui responsable de la excavación de los sitios “1. La Vía” y “4.

Coaxilote 1” y, finalmente, con los P.A. J Jesús Aguilar Munguía e Israel Peña Pascual en

análisis cerámico de dicho proyecto. Igualmente participé junto con los colaboradores

mencionados en la elaboración de los informes de recorrido de superficie, excavación y

análisis cerámico, los cuales son el punto de partida de la siguiente discusión (Córdova, et

al., 2016, Córdova, et al. 2019a, Córdova, et al., 2019b).

Durante la prospección arqueológica, se identificaron tres terrazas con abundante sílex

en la superficie y en menor cantidad fragmentos cerámicos. Además, hacia la zona más baja,

colindante con el camino de terracería, se encontró un montículo alargado de tierra con

presencia de materiales arqueológicos en su superficie, y en la Terraza 3 un alineamiento de

piedra. También fue muy notorio que, para delimitar las terrazas, fue recortada la roca que

conforma el cerro para crear una forma escalonada (Córdova, et al., 2016: 49) (figura 18).

111
Figura 18. Croquis levantado durante el recorrido de superficie. Tomado de Córdova, et al.,
2016: 46.

Ya en la fase de excavación arqueológica, se pudieron realizar recorridos por el área

tanto en la ladera oeste que se estaba interviniendo arqueológicamente, como en la oeste de

la barranca. En esta segunda, se identificaron cuatro terrazas y cuatro estructuras dispersas

en la ladera, una de las cuales se localiza en la terraza superior, sin embargo, no se pudo

realizar un croquis de esta zona debido a que la prioridad era la excavación sobre el trazo

carretero (Córdova, et al., 2019: 158, 160).

112
En la porción oeste de la barranca se contabilizaron un total de diez terrazas que fueron

numeradas respetando el orden dado a las identificadas en la prospección arqueológica. Éstas

se encuentran divididas por una escorrentía que va en dirección este-oeste, ubicándose al

norte de la misma las 1, 2, 3 y 4 y al sur las 5, 6, 7, 8, 9 y 10. La importancia del sitio se

destaca por la presencia del manantial de agua que probablemente proveía del vital líquido y

alimento a las sociedades prehispánicas, así como el acceso a la materia prima para

elaboración de herramientas, pues en el área se encontraron múltiples desechos de sílex

probablemente por la existencia de yacimientos cercanos, como se pudo apreciar en el mismo

cauce del manantial, donde los cantos aparentemente se conformaban de este material

(Córdova, et al., 2019: 160-162) (figura 19).

113
Figura 19. Terrazas identificadas en la ladera oeste del sitio Coaxilote 1. En la imagen
se aprecian las estructuras excavadas, donde la 3 es la que interesa a esta
investigación. Tomado y modificado de Córdova, et al., 2019a: 162.

114
Para la intervención arqueológica del sitio se estableció una retícula de cuadros de dos

por dos metros, ubicados en un cuadrante noroeste (NW) enumerados del cero en adelante

en dirección sur-norte y de igual manera de este a oeste. El banco de nivel del sitio se localizó

en la porción noreste en la coordenada geográfica 552657.117 m E, 2062197.276m N a

1,374.99 msnm. Se trazaron un total de siete calas de las cuales tres se convirtieron en

excavaciones extensivas, por la presencia de elementos arquitectónicos. En la Terraza 7 se

descubrieron las estructuras 1, 4 y 5 y en la Terraza 3 las estructuras 2 y 3. En un primer

acercamiento a los tiestos recabados de estas tres áreas, se determinó que las estructuras 1, 2,

4 y 5 pertenecen al Posclásico, mientras que la 3 corresponde al Preclásico Temprano y la

que interesa a esta investigación. (Córdova, et al., 2019: 15, 163) (figura 20).

115
Figura 20. Retícula, calas y extensivas excavadas; en estas últimas se cuenta con
vestigios estructurales en el norte, donde se ubica la estructura 2, en el centro, donde se
localizan las estructuras 3, 6 y 7 y en el sur, donde están las estructuras 1, 4 y 5.

116
Definición de términos

Durante la ocupación preclásica del sitio Coaxilote1, los habitantes hicieron varios tipos de

construcción que deben definirse de antemano. Incluyen los siguientes términos:

a) Alineamientos

b) Argamasa

c) Cajón de relleno

d) Estrato o capa

e) Estructura

f) Muro

g) Relleno

h) Terraza

La definición de los términos es importante, debido a que se hará referencia a ellos

durante la descripción de los componentes arquitectónicos de las distintas áreas de

excavación y es necesario que el lector pueda conocer a qué refiere cada uno, para poder

comprender la conformación de cada conjunto arquitectónico.

1. Alineamiento: es definido como un conjunto de cosas dispuestas en línea recta (Gendrop,

2001:14). En este sentido los elementos a los que se les designó este concepto

corresponden a un conjunto de piedras en dicha disposición, por lo que se considera

adecuado su empleo.

2. Argamasa o mortero: es una “mezcla constituida por un conglomerante, agregados y

agua, que se emplea en las obras de albañilería” (Gendrop, 2001: 141). En el sitio

Coaxilote 1 se conformó de una mezcla de arcilla que contenía 10% de limo, 40% de

arena y 50% de arcilla y pequeñas gravas (Córdova, et al., 2019: 181).


117
3. Cajón de relleno: es una serie de “…muros paralelos y perpendiculares dejando espacios

entre sí para contener el material de relleno…” el espacio entre muros depende del tipo

de espacio que se va a construir pues no todos requieren la misma compactación

(Morelos, 1993: 83).

4. Estrato o capa: como capa se entiende a una “Porción de determinadas cosas que se

extienden una sobre otra: de tierra, de estuco, de pintura, de material aislante o repelente

al agua, etcétera.” (Gendrop, 2001: 43). Respecto a los estratos se tienen tres conceptos;

uno es de Paul Gendrop quien lo define como una “Capa mineral, de espesor más o

menos uniforme, que constituye los terrenos sedimentarios.” (Gendrop, 2001: 86). Por

otro lado, Harris lo divide entre estrato antrópico que es el “estrato creado

deliberadamente por la acción humana y, por tanto, puede no responder a las leyes de

estratigrafía natural o geológica” y el estrato natural que “en yacimientos arqueológicos

se llama así al nivel formado por procesos geológicos” (Harris1991: 209).

5. Estructura: las estructuras pueden ser desde una habitación a un basamento piramidal,

también los altares y plataformas pueden considerarse dentro de este concepto. El

proceso de construcción de las habitaciones “…consiste en la distribución de apoyos

suficientes para soportar la cubierta y crear el espacio interior…” (Morelos, 1993: 88).

6. Muro: son los apoyos de recintos y habitaciones, pueden ser principales o secundarios

(Morelos, 1993: 96). También Paul Gendrop los define como “Pared o tapia. Por su

posición relativa y su función dentro del edificio, puede ser de fachada…posterior,

lateral o medio, intermedio de separación o divisorio, longitudinal o transversal… puede

tratarse de uno de carga…o, por el contrario, de uno de pantalla…” (Gendrop 2001: 142).

118
7. Relleno: los rellenos sirven para la construcción de estructuras, para su cimentación, y

“Puede ser de tierra, arena, cascajo, etc.; en cuanto a consistencia puede ser compactado

o bien de tierra floja (o de material de descarga)” (Gendrop, 2001: 178).

8. Terraza: debido a las características del terreno del sitio Coaxilote 1, se tomará el

concepto de Gendrop. Una primera definición la menciona como “Superficie plana que

corona cada cuerpo de un basamento piramidal escalonado,…en contraste con una

plataforma…no puede tener sino una, dos o tres de sus orillas libres, quedando al menos

uno de sus costados adosado a otro elemento” (Gendrop, 2001: 198), asimismo se retoma

la definición que hace de terraza de cultivo, pues por las características de Coaxilote 1,

parece adaptarse mejor aunque no necesariamente sean para el cultivo; postula que una

terraza es “Aquella que, en terrenos pedregosos y en declive, se logra mediante un

sencillo muro de contención destinado a retener un relleno de tierra, lo que permite las

labores agrícolas” (Gendrop, 2001: 198).

A continuación, primero se describen de manera general los contextos del Posclásico,

para dar una referencia de la deposición, ya que no se analizaron en la presente investigación.

Luego, en el siguiente apartado, se aborda el Preclásico.

Excavaciones en el Área Sur

Las estructuras 1, 4 y 5 ubicadas en la Terraza 7, al suroeste del área de excavación

arqueológica, consisten en cimientos de posibles habitaciones. La Estructura 1 es un

elemento arquitectónico de planta rectangular a la que le falta el muro este; mide 4.94 m de

este a oeste y 3.94 m de norte a sur, al interior tiene un muro divisorio. Se ubica a una

profundidad de 5.15 m a 6.02 m debajo del banco de nivel del sitio (Córdova, et al., 2019:185-

189) (figuras 21 y 22).


119
Figura 21. Dibujo de planta de las estructuras 1, 4 y 5 de la
Terraza 7.

120
Figura 22. Estructura 1 vista de oeste a este en la que se aprecian las dos hiladas que lo
conforman, así como el muro divisorio al interior.

La Estructura 4 se localiza al sur de la Estructura 1, es de planta rectangular con un eje

este-oeste de 2.84 m y de norte a sur de 3.08 m; carece del muro este debido a la pendiente

contigua de la terraza y se ubica a una profundidad de 5.82 a 6.41 m debajo del banco de

nivel general. Al sur se ubica la Estructura 5, que, al igual que las otras dos, tiene una planta

rectangular con un eje norte-sur de 3.74 m y de este a oeste de 2.53 m. Se encuentra a una

profundidad de 5.73 m a 6.48 m debajo del banco de nivel (Córdova, et al., 2019:189-193)

(figuras 23 y 24).

121
Figura 23. Vista de oeste a este de la Estructura 4, en la que se observa el sistema constructivo
consistente en piedras de menor tamaño, en comparación con la Estructura 1, y el relleno de
piedra que la conforma.

122
Figura 24. Al fondo se observa la Estructura 1, al centro la Estructura 4 y en primer plano la
Estructura 5, la cual se conforma de piedra de menor tamaño a diferencia de la Estructura 1,
además de que se aprecia su relleno a pesar de su bajo grado de conservación.

Cabe señalar que todas las estructuras presentan muros con una o dos hiladas, de piedra

caliza de doble cara, donde algunos fragmentos tienen vetas de una especie de pedernal rojizo

de baja calidad. Es interesante resaltar que no se encontraron entierros humanos o vasijas

completas en el área (Córdova, et al., 2019: 185-193).

123
Excavaciones en el Área Norte

En la Terraza 3, hacia la porción norte de la retícula de excavación, se descubrió la Estructura

2 con un estado de conservación bastante bajo. Este elemento arquitectónico consta de una

planta rectangular, con un eje norte-sur de 5.30 m y este-oeste de 2.25 m, localizado a una

profundidad de 8.09 a 8.60 m debajo del banco de nivel. Tiene varios tramos faltantes en los

muros que lo componen, los cuales son de doble cara y conservan una o dos hiladas de piedra.

Cabe mencionar, que en esta área se identificaron mayormente materiales del Posclásico,

pero llegaron a localizarse algunos del Preclásico Temprano. Dentro del contexto

arqueológico solamente se cuenta con una jarra miniatura del periodo Posclásico que

descansaba en una oquedad de la roca natural caliza que conforma el cerro (Córdova, et al.,

2019: 194-198) (figuras 25 y 26).

Figura 25. Dibujo de planta de la Estructura 2, ubicada en la Terraza 3.

124
Figura 26. Estructura 2 vista de oeste a este, donde se aprecia el grado alto de afectación que
presenta y los tramos faltantes de los muros que la conforman.

Excavaciones en el Área Central

El área central presenta vestigios de las estructuras 3, 6 y 7, de las que solamente la 3 se

excavó extensivamente.

Cuando comenzó a liberarse la Estructura 3, se descubrieron hacia su porción oeste dos

muros pertenecientes a otras dos estructuras que no fueron exploradas arqueológicamente,

por lo que no pudo determinarse su temporalidad. El muro perteneciente a la Estructura 6, se

encuentra específicamente hacia el noroeste respecto de la Estructura 3, en la Capa III, por

lo que se trata del muro este de la primera, con una longitud de 4.10 m, con ejemplares de

piedra caliza dispuestos en una hilada cuyas dimensiones son de 0.19 m por 0.26 m a 0.38 m

125
por 0.43 m, ubicado a una profundidad de 10.37 a 10.58 m debajo del banco de nivel. Por su

parte, la Estructura 7, localizada al suroeste de la Estructura 3, en la capa IIIA, consta de una

porción de 3.19 m de su muro este, con ejemplares de caliza dispuestos en una hilada, con

dimensiones que varían de 0.19 m por 0.22 m a 0.26 m por 0.42 m, localizados a una

profundidad de 11.18 a 11.44 m (Córdova, et al., 2019: 204) (figuras 34 y 35).

La Estructura 3 fue excavada bajo la supervisión de quien suscribe esta investigación.

Se localiza en la porción sur de la Terraza 3 y es el área de interés en esta investigación

debido a la temporalidad de sus materiales y el contexto del Preclásico Temprano. Es la única

área donde se encontraron enterramientos humanos asociados a ofrendas que presentan un

estado de conservación bajo.

Características de la Estructura 3

La Estructura 3 presenta un grado de afectación medio a alto debido a la erosión a que se

sometió a través del tiempo, incluso, una fracción del muro oeste estaba expuesta en la

superficie del terreno antes de su intervención. Solamente conserva dicho muro y una porción

del norte, sin embargo, por las concentraciones de piedra localizadas al este y sur, se pudo

proyectar su dimensión que es aproximadamente de 6.42 m en su eje norte-sur y 4.23 m de

este a oeste, ubicado a una profundidad de 10.56 a 10.79 m. Cabe señalar que tampoco se

encontraron pisos o un apisonado, por lo que se considera que los niveles de piso

corresponden con el cambio de una capa estratigráfica a otra (Córdova, et al., 2019: 198,

201) (figuras 27, 28 y 29).

126
Figura 27. Dibujo de planta del área de la Estructura 3 con los elementos
arquitectónicos identificados durante la excavación, E6: Estructura 6, E7: Estructura 7,
A1: Alineamiento 1, A2: Alineamiento 2, CR: Cajón de Relleno, R1: Relleno 1, R2:
Relleno 2, EC: Elemento Circular.

127
Figura 28. Dibujo de planta de la Estructura 3 con la proyección de su posible
dimensión, donde al sur se aprecian unas lajas pequeñas que pudieron ser parte de
su límite sur.

128
Figura 29. Fotografía aérea de la Estructura 3. Tomada por Gustavo y Alfredo Fernández.

El muro oeste tiene dos hiladas de piedra. La superior está conformada con lajas de

piedra caliza cuyas dimensiones son 0.12 por 0.13 m a 0.20 por 0.42 m y piedras más

pequeñas de tamaños que van de 0.12 por 0.21 m. Las piedras están dispuestas como un muro

de doble cara donde la parte exterior se compone de las lajas y la interior de las piedras

pequeñas. La inferior por su parte, se constituye igualmente de piedras calizas pequeñas

formando un muro de dos caras, cuyas dimensiones van de 0.11 por 0.12 m por a 0.20 por

0.23 m. Cabe señalar que las hiladas tienen dos sistemas constructivos distintos pues la

inferior no cuenta con lajas. Además, entre ambos niveles se tiene una separación de 0.05m,

por lo que el análisis de la secuencia estratigráfica ayudará a entender si la construcción de

estas dos hiladas se efectuó al mismo tiempo, o en momentos distintos (Córdova, et al., 2019:

198, 201) (figura 30).

129
Figura 30. Vista del muro oeste de la Estructura 3.

Del muro norte solamente se conserva una porción de 1.36 m, consistente en una hilada

de piedra ubicada a 1.18 m del muro oeste. Presenta las mismas características constructivas

que la hilada superior de este segundo. Hacia el este no se tiene muro, a pesar de que hay un

posible arreglo en cuatro hileras de piedra no bien definidas, no se logró determinar si se

trataba de un acceso escalonado o algún otro elemento arquitectónico, por lo que solamente

se consideró como un relleno (Córdova, et al., 2019: 200-202) (figuras 31 y 32).

130
Figura 31. Porción del muro norte de la Estructura 3.

131
Figura 32. Relleno ubicado en la sección este de la Estructura 3.

Finalmente, hacia el sur se localizaron un par de pequeñas lajas desplazadas de

dimensiones similares a las piedras pequeñas de los demás muros. Tal vez estas lajas

formaban parte del muro sur, ya ausente. Debido a que más allá de ellas no se encontraron

otras piedras, se propone que éste sea el límite sur de la estructura (Córdova, et al., 2019:

200-201) (figura 33).

Cabe señalar que no se cuenta con evidencia del sistema constructivo de los muros,

como restos de barro con impresiones vegetales o restos de adobe. Probablemente se

constituyeron de estos materiales, como se demuestra en las fases contemporáneas a

Coaxilote 1, de los sitios Chalcatzingo, Coapexco y Las Bocas, donde se reportan fragmentos

132
de barro u adobe asociados a las estructuras identificadas (Grove y Prindville, 1987: 68;

Tolstoy, 1989: 90; Paillés, 2008: 43).

Figura 33. Lajas desplazadas encontradas hacia la porción sur de la Estructura 3, que pudieron
pertenecer al límite o muro sur. La imagen corresponde a las fases iniciales de excavación en el
área.

Estructuras 6 y 7

Cuando se comenzó a liberar la Estructura 3, se descubrieron hacia su porción oeste dos

muros pertenecientes a otras dos estructuras que no fueron exploradas arqueológicamente. El

muro perteneciente a la Estructura 6 se encuentra hacia el noroeste respecto de la Estructura

3 en la Capa III, por lo que se trata del muro este de la primera, con una longitud de 4.10 m,

con ejemplares de piedra caliza dispuestos en una hilada cuyas dimensiones son de 0.19 por

0.26 m a 0.38 por 0.43 m, ubicado a una profundidad de 10.37 a 10.58 m. Por su parte, la

Estructura 7, localizada al suroeste de la Estructura 3 en la Capa IIIA, consta de una porción


133
de 3.19 m de su muro este, con ejemplares de caliza dispuestos en una hilada, con

dimensiones que varían de 0.19 por 0.22 m a 0.26 por 0.42 m, localizado a una profundidad

de 11.18 a 11.44 m (Córdova, et al., 2019: 204) (figuras 34 y 35).

Estructura 6

Estructura 3

Figura 34. En la imagen se muestra el muro este de la Estructura 6, localizado al noroeste de la


Estructura 3.

134
Estructura 3

Estructura 7

Figura 35. Muro este de la Estructura 7, ubicado al suroeste de la Estructura 3.

Cajón de relleno

Al interior de la Estructura 3 hay un elemento arquitectónico, identificado como Elemento 1,

compuesto de piedras que no presentan un trabajo en su superficie ni están acomodadas a

manera de muro, pero que conforman un elemento rectangular que pudo tener una función

similar a un cajón de relleno; sin embargo, no tiene muros bien conformados, sino solamente

es un acomodo de piedra dispuesto en esa forma. Las piedras que lo componen tienen

dimensiones aproximadas de 0.14 por 0.22 por 0.06 m, presentando un faltante hacia la

porción sur. Se ubica a 0.50 m del muro oeste de la Estructura 3 y tiene una dimensión este-

135
oeste de 1.89m, localizado a una profundidad de 10.97 a11.22 m (Córdova, et al., 2019: 201)

(figura 36).

Cajón de Relleno

Figura 36. Imagen donde se aprecia al centro de la Estructura 3 el acomodo de piedra como una
especie de cajón de relleno.

Rellenos

Con este nombre se denominó a las concentraciones de piedras con materiales arqueológicos

en el área. Cabe señalar que, aunque los estratos también son rellenos de nivelación, se

describirán en otro apartado.

Se localizó un relleno -Relleno 1- compuesto de piedras de forma subredondeada y

subangular, de dimensión aproximada de 0.11 por 0.15 m, que no presentan un acomodo

136
particular y que forman un manchón irregular hacia el Norte de la Estructura 3. El relleno se

ubica una profundidad de 10.86 a 11.01 m respecto del banco de nivel general del sitio (figura

37).

Figura 37. Relleno 1 de piedra ubicado al norte de la Estructura 3 en la Capa III.

El segundo relleno -Relleno 2- corresponde al amontonamiento de piedra en la porción

este de la Estructura 3; como se hizo mención anteriormente, este elemento pareciera tener

un acomodo de cuatro hileras de piedra en sentido este-oeste, sin embargo, no fue posible

determinar si se trataba de un muro colapsado, escalinata o algún otro tipo de construcción.

Este manchón de piedras de forma irregular tiene ejemplares de tamaños que van de 0.45 por

0.30 por 0.11 m a 0.25 por 0.18 por 0.13 m; la dimensión de todo el relleno es de 5.41 m de

norte a sur y de 1.86 m de este a oeste, ubicado a una profundidad de 11.17 a 11.62 m

(Córdova, et al., 2019: 202) (figura 38).

137
Figura 38. En imagen superior se aprecia la porción noreste del segundo relleno y en la inferior
la sección sureste donde se aprecia el acomodo de las piedras en hileras.

138
Alineamientos

La Estructura 3 se localiza en la Capa III y por debajo de ella se encuentra la Capa IIIA,

donde se ubicaron dos alineamientos que casi desplantan en la roca natural que conforma el

cerro. El Alineamiento 1, consta de tres piedras calizas de grandes dimensiones que van de

0.34 m por 0.21 m a 0.37 m por 0.45 m, dispuestas en sentido este-oeste, cuya cara da al sur.

En total el Alineamiento 1 mide 1.18 m de largo y se localiza a 11.23 m en su profundidad

mínima y a 11.47 m en la máxima (Córdova, et al., 2019: 203) (figura 39).

Figura 39. Vista de sur a norte del Alineamiento 1.

El Alineamiento 2, igualmente va en un sentido este-oeste y tiene una longitud de 2.00

m; se compone de piedras calizas pequeñas dispuestas en una hilada, con dimensiones de

139
0.20 m por 0.24 m y parece que no tienen trabajo de talla en su superficie. Se localiza a una

profundidad de 11.43 a 11.67 m respecto del banco de nivel general del sitio (Córdova, et al.,

2019: 203) (figuras 40 y 41).

Figura 40. Alineamiento 2 visto de sur a norte.

140
Alineamiento 1

Alineamiento 2

Figura 41. Ubicación de los Alineamientos 1 y 2 dentro de la Capa IIIA

Elemento circular

Es un elemento constructivo cuya función no pudo determinarse, que consta de piedras

calizas de tamaño aproximado a 0.15 m por 0.21 m dispuestas formando un círculo, cuyo

diámetro exterior es de 0.54 m. Al oeste se adosa lo que parece un pequeño alineamiento en

sentido norte-sur con una longitud de 0.77 m; ambos se localizan a una profundidad de 11.22

a 11.44 m y se conforman de ejemplares que van de 0.20 m por 0.13 m a 0.13 m por 0.04 m

(Córdova, et al., 2019: 206) (figura 42).

141
Figura 42. En la imagen superior se aprecia a detalle el Elemento Circular con las piedras
alineadas hacia su porción oeste. En la imagen inferior se ilustra su posición dentro del
contexto arquitectónico.

Estratos

Como estratos específicamente se habla de las capas de tierra identificadas, de donde se

recolectaron los materiales arqueológicos y donde se encontraban los elementos

arquitectónicos. En total se identificaron cuatro estratos denominados Capas I, III, IIIA y IX,

que se describen en la tabla que se presenta a continuación, Cabe señalar que se utiliza la

nomenclatura de la secuencia estratigráfica general del sitio, debido a que no todos los

142
estratos se hallaron en el área de la Estructura 3, por lo que la numeración se interrumpe

(Córdova, et al., 2019: 168-172) (figuras 43 y 44, y tabla 1):

Figura 43. Dibujo de planta donde se muestra la localización de los dibujos de corte.

143
Figura 44. Cortes de la excavación extensiva de la Estructura 3, donde se aprecia la estratigrafía del área. El superior, E-E’, va de sur a norte y
el inferior, F-F’ de oeste a este.

144
Capa I

Tiene color café oscuro, de textura areno-limosa, con compactación baja y plasticidad y

adherencia bajas. En seco se deshace en terrones de tamaño medio a arenilla y deja partículas

de arena en la mano. Contiene 70% de arena, 20% de limo y 10% de arcilla, además presenta

gravas en 15% y materiales arqueológicos en 60%. Al ser la capa superior se encuentra sobre

la capa III y las estructuras 3 y 6. A este respecto cabe hacer mención, que se considera que

este estrato es muy similar a la capa III, pero se hizo una distinción por su alto contenido en

materia vegetal.

Capa III

Es de color café y textura areno-limosa con compactación baja y adherencia y plasticidad

bajas. En seco se deshace en terrones medianos a chicos y deja arenilla en la mano. Se

conforma de 70% de arena, 20% de limo y 10% de arcilla. Contiene gravas en 30% y

materiales arqueológicos en 70%. Se localiza sobre la capa IIIA y debajo de la I.

Capa IIIA

Es de color gris, con textura limo-arenosa, compactación media a baja y plasticidad y

adherencia bajas. En seco se deshace en terrones chicos a arenilla y deja polvo en la mano.

Contiene arena en 30%, limo en 50% y arcilla en 20%. Presenta materiales arqueológicos en

70% y se encuentra sobre la capa IX y debajo de la capa III.

Capa IX

Esta capa corresponde a la roca madre. En el cuadro N66W30, se localizó un relleno

compuesto de fragmentos de la misma roca madre. Su color es rosa y tiene una textura limo-

arcillosa con compactación media a baja, adherencia alta y plasticidad media. Se deshace en

terrones chicos a arenilla y deja polvo en la mano. Tiene 20% de arena, 40% de limo y 40%

145
de arcilla y tiene bloques de la misma roca que presentan mayor dureza, con medidas de 5 a

8 cm.

Descripción del contexto arqueológico

Dentro del contexto arqueológico se encontraron dos vasijas aisladas, cinco entierros con

ofrenda, una ofrenda asociada a hueso y un manchón de carbón que se identificó como un

fogón, todo dentro de la Capa IIIA (figura 45).

146
Figura 45. Dibujo de planta de los entierros, la ofrenda y el fogón dentro del
contexto arquitectónico de la Estructura 3.

147
Las vasijas están semicompletas y se localizaron en la unidad de excavación N64W30,

sin que se encontraran asociadas a un elemento arquitectónico o a un entierro, fueron

designadas como Vasija 2 y Vasija 3, temporalmente son del Preclásico, ubicadas a una

profundidad de 11.46 a 11.55 m (Córdova, et al., 2019: 205) (figura 46).

Figura 46. Vasijas semicompletas dentro del contexto arqueológico


de la Estructura 3.

Respecto a los entierros, se ubicaron descansando sobre la roca natural caliza y, por lo

tanto, fueron cubiertos con la capa IIIA. En general se encontraron en posiciones extendidas

y todos con ofrenda, en donde resalta la particularidad de que la mayoría de las vasijas que

148
acompañan a los entierros son pequeñas, excepto en el Entierro 1 donde se tiene un botellón

de silueta compuesta (Córdova, et al., 2019: 205) (figura 47).

Ent. 4

Of. 6

Ent. 3
Ent. 5

Ent. 2
Ent. 1

Figura 47. Localización de los entierros, donde ya se habían recuperado los entierros 1 y 2.
Imagen tomada de Córdova, et al., 2019: 229.

Relativo a estas inhumaciones es interesante resaltar que se realizaron en un área que

correspondería al exterior de la Estructura 3, los Entierros 1, 2, 3 y 5, así como la Ofrenda 6

se ubican al sur de la misma y el Entierro 4 al poniente; si bien hacia el sur no se tiene una

delimitación exacta de la estructura, como se explicó en párrafos anteriores, con la

proyección que se hace de su límite, se puede saber que efectivamente se ubican hacia su

exterior. Una descripción más detallada de los entierros y ofrendas se hará en el siguiente

149
apartado, así como de cada vasija en el capítulo referente al análisis de materiales (Córdova,

et al., 2019: 205).

Asimismo, en la unidad N65W29 se localizó un manchón de carbón que inicialmente

se identificó como Fogón 1 (F1) a una profundidad de 11.22 a 11.44 m, pero su dimensión

que es de 0.25 por 0.27 m se considera pequeña para ser un elemento de este tipo, por lo que

no se descarta que pueda tratarse de un agujero de poste o algo similar, o inclusive resultado

de un evento no contemporáneo a la estructura. Cabe señalar que no se encontró algún hueso

u otro objeto al interior (Córdova, et al., 2019: 206) (figura 48).

Figura 48. Elemento identificado como Fogón 1.

150
Entierros y ofrendas

A continuación, se presenta una descripción de los entierros y la ofrenda Preclásicos

encontrados durante la excavación y los resultados obtenidos del análisis de material óseo,

llevado a cabo por el A.F. Rodrigo Bolaños Martínez (Córdova, et al., 2019a; Córdova, et

al., 2019b). Cabe señalar que el estrato donde se encontraban depositados los restos humanos,

tiene altas concentraciones de material calcáreo, lo que afectó su óptima conservación, ello

aunado a la abundancia de raíces que los fragmentaron (Córdova, et al., 2019a: 229; Córdova,

et al., 2019c: 26).

Entierro 1 (E1)

Durante la fase de excavación se encontraron restos de más de un individuo, pero se

desconocía con precisión cuántos estaban asociados pues no se estaban en una posición

anatómica, se ubicó a una profundidad de 11.45 a 11.66 m en los cuadrantes N64W30-31.

Toda vez que se realizó el análisis de laboratorio, se determinó que este entierro se conformó

por 4 individuos, los cuales se describen a continuación (Córdova, et al., 2019a: 230;

Córdova, et al., 2019c: 26) (Figura 49):

151
Figura 49. En las imágenes superiores se muestra al Entierro 1 al inicio y final de la excavación,
donde se aprecian los huesos de los diversos individuos que lo conforman. La imagen inferior
corresponde al dibujo de planta del Entierro 1, tomado y modificado de Córdova, et al., 2019: 231.

152
Individuo 1

Se trata de un individuo adulto que, debido al mal estado de conservación, no pudo

determinarse su sexo, ni edad. El entierro es de tipo directo, primario, individual, extendido,

variedad de cúbito ventral con orientación Este-Oeste, y perturbado. En su posición in situ,

los fémures eran los que se encontraban anatómicamente dispuestos, mientas que los demás

restos del individuo estaban dispersos. Ya en el laboratorio, al momento de armar el esqueleto

se identificaron fragmentos del cráneo, algunas piezas dentales, algunos fragmentos

correspondientes a la mandíbula, la clavícula derecha incompleta, los húmeros derecho e

izquierdo incompletos, el radio derecho incompleto, los dos fémures derecho e izquierdo

incompletos, las dos tibias incompletas y fragmentos de peroné tanto izquierdo como

derecho. Como se hizo mención con anterioridad, las características del terreno hacen que

presente un mal estado de conservación. A este individuo se encuentra asociada la ofrenda,

consistente en un botellón de silueta compuesta denominado como Ofrenda 1, localizado a

una profundidad de 11.47 a 11.58 m (Córdova, et al., 2019a: 230-232; Córdova, et al., 2019c:

26-28) (figura 50).

153
Figura 50. Individuo 1 del Entierro 1 en posición anatómica. Tomado de Córdova, et al., 2019:
28.

Individuo 2

En la excavación, sus restos se encontraron removidos, por lo que no se puede determinar su

posición; tampoco se trata de un entierro secundario ya que solamente están dispersos sin

que estén acomodados en un lugar específico, como sería en un entierro secundario. Dentro

del análisis de laboratorio se pudieron identificar los fémures izquierdo y derecho

incompletos del individuo, así como sus tibias. Debido al mal estado de conservación no fue

posible determinar su edad ni sexo, solamente que se trata de un adulto (Córdova, et al.,

2019c: 29-30) (figura 51).

154
Figura 51. Individuo 2 del Entierro 1 en posición anatómica. Tomado de
Córdova, et al., 2019: 29.

Individuo 3

De este individuo solamente se recuperó un fragmento del fémur derecho. Debido al alto

grado de erosión que presenta, no pudo determinarse su edad y sexo, únicamente que se trata

de un adulto (Córdova, et al., 2019c: 30-31) (figura 52).

155
Figura 52. Individuo 3 del Entierro 1 en posición anatómica. Tomado de
Córdova, et al., 2019: 31.

Individuo 4

Se encontraron algunas piezas dentales que corresponden a una dentadura mixta, es decir

residuales (coloquialmente conocidos como “de leche”) y permanentes, y aún se encontraban

en desarrollo. Se identificó el húmero derecho incompleto, el fémur derecho incompleto y la

tibia derecha incompleta. La edad del individuo es entre 6 y 9 años, por no pudo determinarse

su sexo por el bajo estado de conservación de los huesos. (Córdova, et al., 2019c: 31-33)

(figura 53).

156
Figura 53. Individuo 4 del Entierro 1 en posición anatómica. Tomado de
Córdova, et al., 2019: 32.

Entierro 2 (E2)

Este entierro se encuentra al Oeste del primero a una profundidad de 11.40 a 11.62 m, en la

unidad de excavación N64W31; es individual, primario, directo, de variedad decúbito dorsal,

de forma extendido, con orientación Norte-Sur y orientación facial al Sureste. Es probable

que la fosa de este individuo fuera estrecha ya que tiene pocos desplazamientos. Su brazo

derecho se encontró extendido y el izquierdo semiflexionado, y la mano sobre la cintura

pélvica. Tiene su cráneo incompleto y fragmentado, aunque con parte de la mandíbula; las

clavículas derecha e izquierda están incompletas, los omóplatos derecho e izquierdo están

incompletos, igualmente los húmeros, cúbitos y radios derechos e izquierdos están

incompletos, se encontraron algunos huesos de las manos derecha e izquierda; hay

fragmentos de costillas izquierdas y derechas, las vértebras cervicales, dorsales y lumbares,

sacro, iliacos derechos e izquierdos se encuentran incompletos, los fémures, tibias y peronés

izquierdos y derechos están incompletos. La edad no es posible determinarla por el grado de

157
afectación que presenta, pero se estima que es un adulto que probablemente sea de sexo

femenino (Córdova, et al., 2019a: 233-234; Córdova, et al., 2019c: 33-36) (figura 54).

Figura 54. Entierro 2 en excavación y en posición anatómica de laboratorio. Dibujo de planta


tomado y modificado de Córdova, et al., 2019: 234; imagen de laboratorio tomada de Córdova et
al., 2019: 35.

158
Presenta una ofrenda identificada como Ofrenda 2, consistente en 4 cajetes pequeños,

donde dos de ellos se colocaron en el parietal y frontal –del cráneo- y los otros dos junto al

coxal derecho. La vasija 1 se localizó de 11.42 a 11.51 m, la 2 de 11.43 a 11.50 m, la 3 de

11.46 a 11.54 m y la 4 de 11.46 a 11.54 m de profundidad (Córdova, et al., 2019a: 235).

Entierro 3 (E3)

Es un entierro primario, individual, directo, de forma extendido y variedad decúbito dorsal

con orientación general Este-Oeste, ubicado a una profundidad de 11.79 a 11.92 m, en las

unidades N64W29-30. Los restos del cráneo se encontraron aislados del esqueleto, pero sí

corresponden a su distribución anatómica. Además del cráneo incompleto, presenta el

húmero izquierdo incompleto, los radios derecho e izquierdo incompletos, el cúbito izquierdo

incompleto, algunos huesos de la mano derecha y de la izquierda, fragmentos de costillas, el

iliaco izquierdo incompleto, fémures, tibias y peronés derechos e izquierdos incompletos.

Para enterrar a esta persona, se afectó al entierro 5 pues su brazo izquierdo se encuentra

colocado sobre aquel individuo, del cual fue removido parte del cráneo. Debido a su estado

de conservación no pudo determinarse edad ni sexo, solamente que se trata de un adulto

(Córdova, et al., 2019a: 236-237; Córdova, et al., 2019c: 36-38) (figura 55).

159
Figura 55. Entierro 3 en excavación y en posición anatómica de laboratorio. Dibujo de planta tomado y
modificado de Córdova, et al., 2019: 237; imagen de laboratorio tomada de Córdova et al., 2019: 38.

160
Tiene asociada la Ofrenda 3 consistente en dos vasijas y una cuenta de piedra verde.

Una vasija consiste en un cajete pequeño colocado en la parte externa del fémur izquierdo

ubicado a una profundidad de 11.77 a 11.83 m; la otra consiste en una vasija antropomorfa

pequeña colocada sobre el cúbito y radio izquierdos, localizada a una profundidad de 11.81

a 11.88 m; finalmente la cuenta de piedra verde se ubicó en la parte distal del radio derecho

(Córdova, et al., 2019a: 238).

Entierro 4 (E4)

Es de tipo directo, primario, individual, de forma extendida y variedad decúbito dorsal con

orientación general Norte-Sur, y orientación facial al cenit, ubicado a 10.96 m a 11.09 m en

las unidades de excavación N66-67W31. El individuo presenta el cráneo con mandíbula

incompleta, las piezas dentales con desgaste, las clavículas derecha e izquierda incompletas,

los omóplatos derecho e izquierdo incompletos, el húmero, cúbito y radio derechos

incompletos, algunos huesos de la mano izquierda, la columna cervical y la columna dorsal

incompleta, las costillas izquierdas y derechas incompletas y el fémur derecho incompleto.

Probablemente la ausencia de las extremidades inferiores se deba a que pudo existir un

elemento constructivo que conectara a la Estructura 3 con la Estructura 6 ubicada al oeste de

ésta, por lo que, para la preparación del terreno para su construcción, tuvieron que removerse

dichas extremidades. Debido a su estado de conservación no pudo determinarse su edad por

lo que se determinó que es un adulto de sexo femenino (Córdova, et al., 2019a:239-240;

Córdova, et al., 2019c: 38-42) (figura 56).

161
Figura 56. Entierro 4 en excavación y en posición anatómica de laboratorio. Dibujo de planta e imagen
tomados y modificados de Córdova, et al., 2019: 240; imagen de laboratorio tomada de Córdova et al.,
2019: 41.

162
La ofrenda asociada es la Ofrenda 4 consistente en cuatro vasijas, una figurilla

antropomorfa y una cuenta de piedra verde. De las vasijas se tiene una olla pequeña a 3cm

del cráneo a una profundidad de 10.93 a 11.04 m, un cajete ubicado a 3cm del codo derecho

ubicado de 11.03 a 11.10 m, otros dos cajetes uno dentro de otro a 5 cm al oeste del fémur

derecho de 11.04 a 11.09 m de profundidad; la figurilla antropomorfa se localiza a un costado

del hombro derecho a una profundidad de 10.99 a 11.04 m y la cuenta de piedra verde en la

porción distal de la 5ª costilla izquierda (Córdova, et al., 2019a: 241).

Entierro 5 (E5)

Es de tipo primario, individual, directo, de forma extendido y variedad decúbito dorsal con

orientación general Este-Oeste y orientación facial al Norte, ubicado en la unidad N64W30

a una profundidad de 11.72 a 11.90 m. Se encontró su mandíbula, algunas piezas dentales, la

clavícula izquierda incompleta, el omóplato izquierdo incompleto, el húmero, cúbito y radio

izquierdos incompletos, algunos huesos de manos derecha e izquierda, las costillas derechas

e izquierdas incompletas, la columna cervical, dorsal y lumbar, los iliacos derecho e

izquierdo, el sacro, los fémures, tibias y peronés derechos e izquierdos incompletos y algunos

huesos de los pies derecho e izquierdo. El individuo es de posible sexo masculino y al

momento de su muerte tenía una edad de entre 18 a 25 años (Córdova, et al., 2019a: 242-

243; Córdova, et al., 2019c: 42-45) (Figura 57).

163
Figura 57. Entierro 5 en excavación y en posición anatómica de laboratorio. Dibujo de planta
tomado y modificado de Córdova, et al., 2019: 243; imagen de laboratorio tomada de Córdova
et al., 2019: 44.

164
Este entierro se encuentra perturbado por el Entierro 3, por lo que fueron removidos su

cráneo y su clavícula, omóplato, húmero, cúbito y radio derechos. Se encuentra asociado a la

Ofrenda 5 consistente en 4 vasijas y una navajilla de obsidiana. Las cuatro vasijas están

colocadas una encima de la otra y consisten en tres cajetes pequeños y un fragmento de vaso,

ubicadas a un costado de la tibia, peroné y pie izquierdos; asimismo, la navajilla de obsidiana

se colocó por debajo de la vasija 4. Las profundidades a las que se encontraron las vasijas

son: Vasija 1 de 11.69 a 11.75 m, Vasija 2 de 11.68 a 11.75 m, Vasija 3 de 11.66 a 11.74 m

y vasija 4 de 11.67 a 11.73 m (Córdova, et al., 2019a: 244).

Ofrenda 6 (O6)

Esta ofrenda se localiza al sur del elemento constructivo identificado como Alineamiento 2

en la unidad de excavación N60W30 a una profundidad de 11.62 a 11.75 m, y se conforma

de dos cajetes pequeños y fragmentos de hueso alrededor de ellos, uno por debajo de los

cajetes. En la fase de excavación se determinó que los huesos pertenecían a dos individuos,

de los que uno era un infante y los de adulto eran los que se encontraban debajo de los cajetes.

Sin embargo, en el análisis de laboratorio se constató que se trata de un solo individuo adulto

del cual solo se conservan fragmentos del omóplato, cúbito y peroné derechos, por lo que su

edad y sexo no pudieron ser determinados. Debido a que no se encontró en una posición

anatómica en campo no se le consideró un entierro, pero no se descarta que no lo sea, aunque

es difícil determinarlo por el alto grado de erosión que presentan los huesos, por lo que se

consideró pertinente clasificarlo solamente como ofrenda (Córdova, et al., 2019a: 245-247;

Córdova, et al., 2019c: 46-47) (figura 58).

165
Figura 58. Ofrenda 6 en excavación y restos óseos en laboratorio. Dibujo de planta e imagen
tomados y modificados de Córdova, et al., 2019: 246-247; imagen de laboratorio tomada de
Córdova et al., 2019: 47.

166
Comentarios

Debido a que este apartado es amplio respecto al contexto arqueológico, las consideraciones

y comparaciones con sitios contemporáneos se expresarán a continuación, siendo dividido

en dos subapartados, uno para la arquitectura y otro para los entierros.

Arquitectura

Como se ha mencionado con anterioridad, pocos han sido los contextos arquitectónicos

recuperados en excavaciones arqueológicas correspondientes al Preclásico Temprano.

Aunque sitios como Zohapilco, Tlatilco, San Pablo o Zazacatla, presentan materiales

correspondientes a esta temporalidad, los restos arquitectónicos están ausentes para las fases

que interesan a esta investigación, las cuales serían Ayotla (1250-1000 a.C.) y Manantial

(1000-800 a.C.), propuestas por Niederberger para Tlapacoya, o Amate Tardía (1250-1000

a.C.) y Barranca Temprano y Medio (1100-850 a.C.) propuestas por Cyphers para

Chalcatzingo.

Si bien en Tlatilco se encontraron restos de fosas troncocónicas y la evidencia de

escaleras y plataformas en los perfiles, como lo reportó Porter, no se encontraron restos de

muros, piedras careadas, adobes, fragmentos de bajareque, que indicaran formas,

dimensiones y sistemas constructivos de las habitaciones, aunque se sabe de su existencia

por la presencia de fogones, agujeros de poste y pisos de ocupación. Asimismo, en Zohapilco,

Niederberger encontró un conjunto de hogares correspondiente al a fase Zohapilco (2500-

2000 a.C.), una estructura horizontal y un cimiento, ambos fechados para la fase Zacatenco

1/Tetelpan (800-700 a.C.) (García Moll, 2000: 33; Niederberger, 1976: 237-245;

Niederberger, 2018: 206).

167
En Chalcatzingo se localizaron algunas construcciones correspondientes a las fases

Amate y Barranca. La Estructura 4 de la Plaza Central, tiene cinco etapas constructivas donde

la más antigua, etapa a, corresponde a la fase Amate, consistente en un montículo de tierra y

arcilla con una base de piedra careada, una altura de 2.2 m y longitud aproximada de 15 m.

Se registró una etapa b, que es un crecimiento hacia el sur y un añadido de 2 m de altura.

Asimismo, se identificó un pavimento de piedra que se extendía al sur unos 30 m. En la

misma Plaza Central al sureste de la Estructura 4, se localizó la Estructura 6, donde se

descubrieron varios muros probablemente pertenecientes a casas, de los cuales se encontró

uno de la fase Amate, cubierto por la Estructura 6b con una orientación de 5.5 NE, una altura

de 50 cm y 13.5 m de largo. Asociados a él se localizaron dos entierros de aves, un zanate y

un cuervo, el primero asociado a un botellón completo (figura 59). Una última construcción

de esta fase fue la Estructura 3 en la Terraza 6, consistente en una plataforma de piedra

careada de la que solamente se pudo exponer un tramo de 4 m de su porción este y que medía

1 m de alto. Como puede verse, solamente el muro cubierto por la Estructura 6b de la Plaza

Central, pudiera ser de una casa, aunque realmente no se pudo determinar su función, si bien

en planta parece similar a la Estructura 3 de Coaxilote 1, al no saber si realmente se trataba

de una habitación, no puede tomarse como un referente de comparación con Coaxilote 1

(Grove y Cyphers, 1987: 31-32, 36; Prindville y Grove, 1987: 63, 65).

168
Figura 59. Estructura 6b de la Plaza Central, donde se aprecia el muro de la fase Amate y su
similitud en planta con el sistema constructivo de la Estructura 3 de Coaxilote. Tomado y
modificado de Grove y Cyphers, 1987: 32.

Sin embargo, hay otro elemento arquitectónico de la fase Barranca Temprano que es

de corte doméstico en la Terraza 9-B, donde se localizó un cimiento de casa denominado

Estructura 1 con un área de 27.5 m2 y una orientación aproximada de 4.5 NE, conformada de

grandes piedras dispuestas una al lado de otra sin que formaran una superficie plana, en

algunas partes el muro es de doble cara, mientras que en otras es simple. Se identificaron tres

habitaciones con un posible nivel de piso sugerido por la presencia de múltiples fragmentos

cerámicos. Dentro de la estructura se encontraron elementos circulares de piedra con tierra

quemada, pero sin ceniza o carbón y pozos de desecho, así como tres entierros, dos de ellos,

el 63 y 64 consistentes en concentraciones de hueso y el 65 que fue intrusivo de la fase

Cantera por la vasija asociada al mismo. Pudo haber sido de bajareque ya que se localizaron

169
fragmentos de este material dispersos en la excavación. Otro elemento arquitectónico de esta

temporalidad corresponde a una construcción de carácter público, la Estructura 5 de la Plaza

Central, que tiene una altura de 2.6 m y aproximadamente 4 m de ancho, construida con

cantos rodados de río, su cara norte tiene una inclinación de 30°, mientras que su cara sur es

vertical. Estas estructuras no parecen coincidir con las características de Coaxilote 1, ya que

la Estructura 1 de T-9B tiene división de habitaciones y las piedras constructivas son mucho

más grandes (Grove y Cyphers, 1987: 25-26, 37; Prindville y Grove, 1987: 64, 67-68) (figura

60).

Figura 60. Estructura 1 de la Terraza 9B, donde se aprecian las grandes dimensiones de las
piedras que conforman la estructura. Tomado y Modificado Prindville y Grove, 1987: 68.

170
Otro sitio del estado de Morelos donde se presenta arquitectura doméstica de esta

temporalidad es Nexpa. Grove dividió sus excavaciones en tres áreas, A, B y C, donde en la

primera descubrió, en la unidad NA-1, dos series de muros distintas correspondientes a la

subfase Nexpa Medio (1250-1050 a.C.). El superior va en un sentido diagonal SE a NW del

pozo de excavación, donde se localizaron dos posibles fogones con fragmentos de hueso y

restos de ceniza y otro elemento de ceniza al este. El muro inferior, se extendía hasta la roca

madre y forma una esquina por la intersección con otro muro, igualmente se identificó ceniza

concentrada en la esquina oeste. Asimismo, en la unidad NA-2 se localizaron dos niveles de

muro también datados para el Preclásico Temprano, donde se descubrieron dos entierros del

Preclásico Medio intuyendo en este estrato (figura 61). Desafortunadamente en las fuentes

consultadas no se especifica el tipo de piedra utilizada para la construcción de estas unidades

domésticas, sin embargo, al igual que en Coaxilote 1, se tienen dos momentos de

constructivos, uno que cubre al otro, siendo el inferior desplantado sobre la roca madre. A

diferencia de Coaxilote 1, en Nexpa los muros parecen ser sencillos, como se muestra en las

plantas que se anexan en la figura 61 (Grove, 1974: 18-19, 32).

171
Figura 61. Dibujo de planta de los muros localizados en las unidades de excavación
NA-1 y NA-2 en Nexpa. Imagen tomada de Grove, 1974: 20.

172
En Gualupita, durante las excavaciones de salvamento del Casino de la Selva, se

encontraron tres muros de roca volcánica, unidos con lodo con un piso de arcilla en el

Cuadrante 1C, cuya datación por C14 fue de 900 a.C., es decir, al final de las fases que a esta

investigación interesan. Solo pudo liberarse una porción de esta habitación, que midió 11 m

de largo en un muro que corría de este a oeste y 2 m en otro que iba de norte a sur, cuyo

ancho de muros no sobrepasaba los 50 cm y con una profundidad de 79 cm. Sobre el piso de

arcilla se encontraron siete manchones dispersos de ceniza, que probablemente indicaban la

presencia de fogones y por lo tanto se determinó como un área destinada a la preparación de

alimentos. Además, cercano a la habitación se identificó un cimiento de forma ovalada que

medía 4 m de ancho, el cual fue definido como un posible cimiento de cuexcomate o granero

(figura 62). Esta estructura es probablemente de mayores proporciones a la Estructura 3 de

Coaxilote 1, ya que mide 11 m de largo, mientras que la de Coaxilote 1 es de

aproximadamente 6 m, por lo que la función pudo ser una determinante para su dimensión.

En Coaxilote no se encontraron restos de fogones (excepto el manchón de ceniza y carbón,

del que se duda, se trate de un fogón), ni mucho menos cimientos de un cuexcomate, por lo

que esta área debió ser destinada a otra función distinta a la preparación de alimentos (Sereno,

2007:84-89, 116-118).

173
Figura 62. Planta arquitectónica de los cimientos habitacionales encontrados en el Cuadrante 1C
dentro del predio Casino de la Selva (Gualupita). Tomado de Sereno, 2007: 85.

Coapexco, es otro sito de la Cuenca de México donde se descubrieron rastros de cuatro

casas del Preclásico Temprano, desafortunadamente no se trata de cimientos de piedra,

excepto la Estructura 5, sino de pisos con elementos asociados a actividades domésticas. La

Estructura 2 se localiza a 15 m al NW de la Estructura 3, es de planta rectangular con medidas

aproximadas de 3 x 5 m, asociada a un fogón exterior, que se conforma de piedra y cinco

pozos exteriores para desecho y almacenaje. La Estructura 5, se ubica a 8 m al oeste de la

174
Estructura 4, consistente en una esquina con piedra y fragmentos de adobe mezclados que

conforman un cimiento. La Estructura 3 se ubica al SW de la Estructura 4, consta de un piso

de arena y mide 4 x 3.3 m y se asocian a ella dos pozos interiores y dos exteriores, para

desecho o almacenaje, aunque uno de los interiores tenía un borde de arcilla, por lo que se

sugirió que podría tratarse de un horno, además al interior se tiene un fogón de piedras

verticales. La Estructura 4 mide 6 x 5.6 m con un piso de arcilla muy firme compuesto de

piedra pómez e inclusiones cerámicas. Probablemente tuvo una techumbre soportada con dos

postes en su entrada, además de estar asociada a once pozos de desecho o almacenaje, de los

cuales dos se encuentran al interior. Tiene forma trapezoidal y un patio con piso que se

extiende a 10 m hacia la pendiente, al oeste. A lo largo de la excavación de estas habitaciones

se recolectaron fragmentos de arcilla alisados y algunos con pintura rojo especular en la parte

externa, con impresiones de carrizos al interior, por lo que probablemente eran fragmentos

de las paredes de las casas (figura 63). El único elemento de comparación con la Estructura

3 de Coaxilote 1, es la dimensión de la Estructura 4 de Coapexco, así como la evidencia de

los agujeros de poste, que en el caso de Coaxilote 1 corresponde al Elemento Circular ubicado

al noreste (Tolstoy, 1989: 90).

175
Figura 63. Dibujo de planta de las cuatro estructuras del Preclásico Temprano, descubiertas en
el sitio de Coapexco. Tomado de Tolstoy, 1989: 91.

Un último sitio de la contemporáneo a la Estructura 3 de Coaxilote 1, es Las Bocas-

Caballo Pintado, donde se encontraron evidencias de unidades domésticas en la Unidad 1.

Paillés identificó tres tipos de construcciones en el sitio, la primera correspondiente a casas

con pisos de arcilla con fragmentos de caliza dispuestos sobre alineamientos de piedra

careada unida con barro. Ubicó dos niveles de piso a los que denominó Piso 1 que se

encuentra entre 40 a 60 cm de profundidad y el Piso 2, de 1.00 a 1.10 m de profundidad.

Sobre el Piso 1 encontró concentraciones de fragmentos de figurillas y cerámica, así como

desecho de obsidiana y hacia el norte un elemento compuesto de piedras calizas, lascas de

sílex, lítica pulida, obsidiana, cerámica, figurillas y cantos rodados y corresponde al

176
Preclásico Medio. El Piso 2 es específicamente de la fase Manantial, y asociado a esta fase

también identificó un horno de forma circular para la cocción de cerámica de la fase

Manantial, asociada a áreas con arcilla sin cocer o fragmentos de figurillas mal cocidas. Bajo

el Piso 2 encuentra una serie de deposiciones de arena con barro, fragmentos de figurillas y

cerámica y lascas de obsidiana y pedernal. A los 1.80 a 2.00 m localizó fragmentos de

bajareque con improntas de acacia, carbón y ceniza, huesos aislados y un piso conformado

por pigmento rojo a 2.40 m correspondientes a la transición del Preclásico Temprano a

Medio. Debajo de este nivel se localizó un entierro humano (figura 64) (Paillés, 2008: 36-39,

40-48).

Figura 64. Piso 2 de la Unidad 1, con cimiento de piedra caliza, del sitio Las Bocas-Caballo
Pintado. Tomado de Paillés, 2008: 40, 41.

177
El otro tipo de construcción consiste en lo que ella identifica como contenciones de

terrazas, las cuales fueron descubiertas al suroeste de la Unidad 1, consistentes en dos hiladas

de piedra caliza careada de 6 a 10 cm de espesor que se encontraban calzadas con pequeñas

lajas sobre las que se colocó un piso. En un nivel más bajo, a 50 o 60 cm de profundidad,

encontró otras dos hiladas de piedra de mayores dimensiones y de forma más irregular, que

desplantan al nivel del piso 2, ambas terrazas con orientación noroeste-sureste coincidente

con el desnivel natural de la terraza fluvial, fechadas para 1060 a.C. El tercer tipo de

construcción es una plataforma de barro escalonada asentada sobre una plataforma de barro

apisonado fechada para el Preclásico Medio (figura 65) (Paillés, 2008: 39-43, 47).

178
Figura 65. Imágenes donde se aprecia el muro de terraza, tanto en planta como en perfil
en la Unidad 1 de Las Bocas-Caballo Pintado. Tomado de Paillés, 2008: 46.

179
Como puede apreciarse, no hay muchos elementos arquitectónicos que puedan ser

comparados con construcciones domésticas contemporáneas a la Estructura 3 de Coaxilote

1, ya que varían en dimensiones, orientación, función y tipo de muros (es decir si son dobles

o sencillos), sin embargo, dentro de las diferencias hay una generalidad y ésta es el

aprovechamiento de materias primas locales, para la construcción de cimientos y pisos

(aunque estos últimos no se preservaron en Coaxilote 1), o sea, el uso de piedra y arcilla

locales para la edificación de las distintas estructuras. Si bien en la mayoría de los elementos

constructivos descritos se identificaron áreas de actividad, en la Estructura 3 de Coaxilote 1,

únicamente se tienen las áreas de depósito funerario, localizadas fuera del cimiento.

El sitio que mayor similitud presenta respecto a materiales constructivos es Las Bocas-

Caballo Pintado, ya que se utilizó piedra caliza para los cimientos. La descripción que hace

Paillés respecto al sistema constructivo de los muros que considera como cimientos de

contención de terrazas, se apega al sistema constructivo de la Estructura 3, aunque en el caso

de esta última es un muro de doble cara, mientras que los muros de Las Bocas parecen ser

sencillos. Un elemento peculiar dentro del contexto arquitectónico Preclásico de Coaxilote

1, es el Elemento Circular ubicado hacia el noreste de la Estructura 3, similar a otros

encontrados en el sitio de Temamatla, donde se tiene una ocupación desde el Preclásico

Medio al Terminal y evidencia del Posclásico, siendo identificados como agujeros para

postes como se aprecia en la figura 66, por lo que se considera que en Coaxilote 1, este

Elemento Circular pudo cumplir la misma función. Cabe señala que en Temamatla parece

que la mayoría de los elementos arquitectónicos corresponden a la segunda mitad de

Preclásico Medio y Terminal, aunque se tienen evidencias desde la fase Manantial:

Es probable que se rellenaran en un primer momento, sólo algunas secciones del sitio durante

las fases más tempranas, como Manantial (1000-800 a.C.) y Tetelpan (800-700 a.C.). A medida

180
que el asentamiento iba creciendo, se tuvieron que ir rellenando más espacios y nivelar más

superficies que se irían ocupando de acuerdo con las necesidades de la comunidad. Un nuevo

orden y desarrollo se observa para las fases Zacatenco y continúa hasta Ticomán, como lo

evidencian en sus artefactos, entierros y elementos arquitectónicos, además de la abundancia

en específico de la cerámica de estas épocas (Ramírez, et al., 2000: 33).

Figura 66. Elemento Circular correspondiente a un agujero de poste, encontrado en


Temamatla. Tomado de Morelos y Serra, 1987: 161.

Entierros

Al igual que con la arquitectura, hay ciertos sitios que presentan inhumaciones humanas y

otros donde no se preservaron o ya han sido objeto de saqueo. Dentro de los que aún

conservan estas evidencias, se encuentran Tlatilco, San Pablo, Nexpa, Chalcatzingo, Las

Bocas y Chilpancingo, los cuales se tomarán como comparativos respecto a prácticas

funerarias con Coaxilote 1.

181
Antes de adentrarse en comparaciones, se debe definir lo que es una Práctica Funeraria

y un Sistema de Enterramiento. El Sistema de Enterramiento es la disposición del cadáver

para su inhumación (Romano, 1974: 85):

Los entierros pueden ser directos o indirectos, primaros o secundarios, con ofrenda funeraria o

sin ella. Hay enterramientos de un solo individuo o de varios, o bien puede tratarse de

inhumaciones simultáneas en un mismo bulto funerario. También se considera la posición y

orientación dadas al cadáver al hacer la inhumación, pues eso explica prácticas rituales, o

simples costumbres cotidianas (Romano, 1974:86).

La Práctica Funeraria se entiende como “el conjunto de creencias, ritos, costumbres,

tradiciones y acciones que llevará a cabo la familia (o la comunidad en caso de tratarse de un

personaje público y de relevancia social) para con el fallecido de manera antemortem,

perimortem y posmortem” (Bolaños,2020: 37).

Las prácticas funerarias pueden brindar información de diversos aspectos de una

sociedad y del individuo inhumado. Un par de aspectos se reflejan a través del ritual

funerario, el primero es un punto de vista técnico y el segundo ritual. En el técnico se observa

lo concerniente al tratamiento del cuerpo y el ritual corresponde a diversos actos simbólicos

que pueden variar en dos formas: “en la de símbolos utilizados y en la del número y tipos de

referentes con significado simbólico” (Binford, 2011: 28).

Estos rituales o formas simbolizadas llevadas por medio de las prácticas funerarias,

pueden reflejar rasgos identitarios compartidos de una sociedad o una región, aunque también

pueden variar entre sociedades y regiones, pues cada una le otorga un significado diferente

que reflejan una identidad propia de cada comunidad. Igualmente, estas variaciones se

pueden deber a la complejidad de la sociedad que se está estudiando. Asimismo, existen dos

componentes a considerar en un hecho social como un ritual funerario, que es la “persona

182
social”, consistente en las identidades que tuvo el sujeto en vida que son reconocidas por la

sociedad al momento de morir y la segunda, las obligaciones que cada miembro de la

sociedad tenía con el individuo según su estatus (Binford, 2011: 29-30, 39). Como lo apuntó

Gluckman, “es necesario apuntar que no existe un significado concreto para los ritos

funerarios y su variación; la muerte crea una situación social distinta de acuerdo con el

estatus, la forma de morir, el propio individuo, y cada funeral implica la participación de

diferentes personas con comportamientos preestablecidos” (Gluckman, 1937: 124, como se

citó en Binford, 2011: 30).

Tres variables que ayudan a identificar estas distinciones son el tratamiento diferencial

del cuerpo del difunto, el lugar donde fue depositado y la diferencia entre el depósito

funerario. En la primera variable se contemplan la preparación, tratamiento y disposición del

cuerpo; en la segunda, la forma, orientación y localización de la ubicación y en la tercera, la

morfología del ajuar, cantidad y forma de los objetos (Binford, 2011: 36-37).

En Coaxilote 1, se han podido determinar patrones, a pesar de ser pocos individuos, así

como su bajo grado de preservación. La característica que comparten todos los entierros y la

ofrenda 6 es que tienen vasijas cerámicas asociadas, sin embargo, hay una variación entre las

vasijas pues la mayoría son pequeñas, excepto el botellón de silueta compuesta del Entierro

1 y el fragmento de vaso asociado al Entierro 5, que pudo ser un vaso completo y por su

dimensión, sugiere que era una vasija de mayores proporciones respecto a las demás.

Todos son entierros primarios, directos con posición extendida, aunque nuevamente

hay una variación el Entierro 1 pues tiene una posición en decúbito ventral, mientras que los

otros cuatro son en decúbito dorsal. Además, el Entierro 1 se encuentra asociado a restos

perturbados de otros tres individuos, por lo que probablemente ese espacio en particular fue

reutilizado varias veces.


183
Debido al estado de conservación bajo de los individuos, no pudo determinarse el sexo

de la mayoría, excepto de tres, de los que dos son femeninos (uno probable femenino), ambos

orientados en dirección norte-sur con cuatro vasijas asociadas a cada uno, aunque las formas

de éstas varían. Por ello podría sugerirse que un patrón funerario para las mujeres era

enterrarlas con orientación norte-sur, sin embargo, no quiere decir que fuera una generalidad

ya que la muestra también es pequeña para hacer una afirmación de este tipo.

Otra característica compartida entre individuos inhumados, en específico en los

Entierros 3 y 4, es la presencia de una figurilla antropomorfa, aunque ambas con

características distintas (una D2 y la otra, un posible precursor del Dios Viejo), pero con una

misma tradición estilística. Asimismo, es peculiar que ambos personajes tienen asociados

una cuenta de piedra verde en su contexto funerario, lo que los distingue de los demás. Por

desgracia no se puede saber si el Entierro 3 es femenino o masculino, por lo que no puede

determinarse si el sexo podría estar asociado a la presencia de estos dos tipos de objetos,

aunque pudieran fungir como distintivos de un rango social. También el Entierro 5, que es

masculino, tiene asociado una navajilla de obsidiana, que pudiera igualmente, ser un

distintivo de oficio o estatus.

La ubicación de la mayoría de los entierros es hacia el sur de la Estructura 3, en el

exterior, pero el Entierro 4, se localiza al oeste de esta estructura, específicamente entre la

Estructura 3 y la 6, por lo que una constante es la colocación de los cuerpos en el exterior de

las habitaciones, aunque el Entierro 4 no haya sido depositado en donde se localiza la mayoría

de los individuos. Esto anterior, igualmente puede deberse a una situación de estatus social

de la persona.

Una constante es que todos los restos óseos identificados, corresponden a adultos

excepto unos removidos por la colocación del Entierro 1, correspondientes a un infante entre
184
6 a 9 años. Igualmente, los huesos asociados a la Ofrenda 6, pudieron corresponder a un

entierro cuya ofrenda se conforma de las dos vasijas que la componen, ya que se trata del

mismo individuo, sin embargo, es difícil aseverar este planteamiento debido a que está muy

incompleto y los huesos no parecen tener una conexión anatómica. Asimismo, no se

considera que su inhumación haya sido en un mismo evento que los Entierros 5 o 3, ya que

no hay proximidad entre ellos ni forman parte de la misma fosa. Cabe señalar que, aunque

los Entierros 5 y 3 se encuentran a una misma profundidad, la disposición de los cuerpos

indica la afectación al Entierro 5 por parte del 3, ya que, para inhumar al segundo, se removió

parte del cráneo del primero, por lo que fueron eventos distintos.

Parece entonces que los patrones funerarios en Coaxilote 1 se pueden englobar en tres

constantes, que son la ubicación hacia el sur de la Estructura 3, la colocación de ofrenda, así

como la tendencia a la inhumación de adultos, con orientaciones norte-sur, oeste-este y este-

oeste. Es probable también, que hubiera un cambio de patrón funerario reflejado en el

Entierro 1, donde ya se colocó una vasija de mayor dimensión, como lo es el botellón de

silueta compuesta y la posición varió de ser decúbito dorsal a ser decúbito ventral. Debido a

que el botellón es considerado como un elemento tardío dentro del período que interesa a

esta investigación, es probable que este cambio se registrara al final del Preclásico Medio

Temprano.

Respecto a otros sitios contemporáneos se pueden apreciar algunas tendencias, aunque

en cada uno hay variaciones. En San Pablo, Grove descubrió dos entierros en el Montículo-

Panteón. El primero, aunque muy incompleto, parece que tiene una posición extendida con

la cabeza orientada al oeste y se encontraron asociados un botellón de silueta compuesta, rojo

sobre café al costado derecho de su cráneo y en su cuello un pendiente de concha

antropomorfo. El segundo igualmente estaba en posición extendida con la cabeza orientada


185
al este y asociados a él un cuello de botellón Río Cuautla, una figurilla hueca con vertedera

y un fragmento de obsidiana (Grove, 1970: 65-67) (figura 67).

Figura 67. Objetos asociados a los entierros encontrados en el Montículo-Panteón de San Pablo, a y b,
asociados al Entierro 1, c y d al Entierro 2. Tomado y modificado de Grove, 1970: 68.

En Nexpa, Grove llegó a la conclusión que el Entierro 5 correspondía a la subfase

Nexpa Temprano (1350-1250 a.C.) y los Entierros 4, 6, 7, 8 y 9 de la subfase Nexpa Medio

(1250-1050 a.C.). De éstos el 7 y el 9 son secundarios, y 4, 6 y 8 están en posición decúbito

dorsal extendido. El Entierro 5 se encuentra en posición decúbito ventral extendido y tiene

siete vasijas sobre el hombro derecho de las que destacan la cocción diferencial, la decoración

con motivo de “mecedora”, un tecomate y dos jarras carenadas con incisión. El 4 tiene

asociado un botellón rojo sobre café con boca tubular a la derecha de su cráneo y debajo de

él tiene una capa que él denominó como “falsa roca madre”, posiblemente es un hombre

adolescente. El Entierro 6 es posible femenino o un adolescente que tiene vasijas en ambos

costados de su cráneo y unos discos de concha. El Entierro 8, probablemente femenino, tiene

cinco vasijas asociadas, catorce cuentas de las que dos son de hueso y doce de piedra verde

186
y una figurilla D2, colocada boca abajo a la altura de su hombro izquierdo. Como puede verse

los entierros 4, 6 y 8 muestran un patrón funerario similar a los entierros de Coaxilote 1, en

especial el Entierro 8, que igualmente presenta una figurilla D2 colocada a la altura del

hombro de una mujer, como el Entierro 4 de Coaxilote 1 (Grove, 1974: 24-27, 34, 37) (figura

68).

187
Figura 68. La imagen superior muestra la disposición de los entierros excavados en
Nexpa, la inferior derecha muestra al Entierro 5 y la inferior derecha al Entierro 6.
Tomado y modificado de Grove, 1974: 28 y 29.

188
En Chalcatzingo la mayoría de los entierros corresponden a la fase Cantera, pero hay

diez que son de la fase Barranca, y son el 63, 64 y 65, localizados en la Terraza 9B, los 107,

109, 112 y 113 de la Terraza 25, el 149 en el Campo Norte 2, el 150 en el Campo Norte 5 y

el 159 en la estructura de la fase Barranca de la Terraza 29. Los entierros 63 y 64 de la Terraza

9B, estaban perturbados pero asociados a una vasija de Amatzinac Blanco, el entierro 65

estuvo asociado a una vasija Anaranjado Peralta, colocado en posición decúbito dorsal

extendido y su tumba fue marcada con tres piedras grandes, los tres pertenecientes a la fase

Barranca Tardío. Como se mencionó, en la Terraza 25 se encontraron entierros de la fase

Barranca en el interior del Altar y en el patio, al interior del altar se encontró un piso debajo

del cual se descubrieron los entierros 109 y 112, ambos en posición decúbito dorsal extendido

y el 112 con orientación norte-sur, sin ofrenda asociada. El entierro 109 se encontró asociado

a una cuenta tubular de jade. El entierro 107, ubicado dentro del pozo de desecho, fue

inhumado en posición decúbito dorsal extendido y tuvo como ofrenda una espina de

mantarraya y una jarra de Amatzinac Blanco. Del entierro 113 solamente se conservó la

porción de los miembros inferiores, los cuales tenían un acomodo en decúbito dorsal

extendido. Todos descansaban sobre la roca madre. El entierro 149 del Campo Norte 2 tuvo

fragmentos de un cantarito y fue colocado en posición decúbito dorsal extendido con los

brazos ligeramente flexionados y colocados sobre la pelvis. El entierro 150 del Campo Norte

5 le faltaba la porción inferior del cuerpo y se encontraba en posición decúbito dorsal

extendido. Finalmente, en entierro 159, fue colocado en posición decúbito ventral extendido

orientado de este a oeste. A pesar que a esta investigación interesa la subfase Barranca

Temprana y Media, en los entierros de Chalcatzingo parece que no hay un ejemplar

específicamente datado para esta subfase, si no que ya corresponden a Barranca Tardío (Fash,

189
1987: 85-86; Merry de Morales, 1987: 108-109; Merry de Morales, 1987: 466-467, 472-474;

479-480) (figura 69).

Figura 69. Entierros de la fase Barranca enmarcados en rojo, del área del altar en la Terraza
25. Tomado y Modificado de Fash, 1987: 83.

En el sitio Las Bocas, durante las exploraciones arqueológicas llevadas a cabo por

Paillés, encontró dos entierros: el Entierro 1 consistente en restos de un infante encontrados

en la superficie del Pozo II. El Entierro 2 fue localizado en la Unidad 1, consta de un

190
individuo masculino, adulto de aproximadamente 50 años de edad y una estatura de 1.70m,

colocado en posición decúbito dorsal extendido con las piernas semiflexionadas, donde se

acomodó la izquierda sobre la derecha, asociado a una ofrenda consistente en un cajete sin

decoración con manchas de quemaduras, una figurilla zoomorfa, lascas de obsidiana y una

caja miniatura con restos de pigmento rojo y datado en 1160 años a.C., o sea correspondiente

a la fase Ayotla. Este entierro presenta una posición similar a los de Coaxilote 1, excepto por

las piernas semiflexionadas, asimismo, el cajete asociado es similar en forma (aunque ella lo

clasifica como de pared curvo-convergente, se considera que es de pared recta abierta) y

tamaño a los asociados a las ofrendas de Coaxilote 1, aunque no presente decoración en el

fondo como los de este sitio (Paillés,2008: 49-50) (figura 70).

Figura 70. Entierro 2 con dos de sus tres elementos asociados. Nótese la forma y tamaño de la
vasija ofrendada. Tomado y Modificado de Paillés, 2008: 50.

191
En el sitio de Gualupita, Vaillant descubrió doce entierros, todos pertenecientes a

distintos periodos dentro del Preclásico, solamente el 7 y el 8 no pudieron ser colocados

temporalmente debido a que no hay vasijas asociadas a ellos que pudieran tener rasgos

distintivos de un periodo en particular. Los que tienen vasijas y que pertenecen a la

temporalidad que interesa a esta investigación, son los que denomina como Esqueleto 3,

Esqueleto 5, Esqueleto 9, Esqueleto 10 y Esqueleto 12. El Esqueleto 3 es un individuo al que

no pudo determinarle edad, sexo ni posición, que estuvo asociado a un botellón pequeño rojo

sobre amarillo y otro acanalado de mayor tamaño, ambos colocados cerca de la cabeza. El

Esqueleto 5, consta de un individuo adulto en posición extendido orientado al noroeste con

sus incisivos tallados, asociado a un botellón acanalado rojo sobre amarillo y una figurilla

C9. El Esqueleto 9, es un individuo en posición extendida, adulto joven con su cabeza al

sureste, asociado a siete vasijas cerámicas, cuatro figurillas D1, una pelota de hematita y

fragmentos de una ofrenda quemada. El Esqueleto 10, es un bebé, en posición decúbito

ventral extendido con la cabeza al suroeste, asociado a una olla pequeña rojo sobre amarillo

colocada en el hombro. Finalmente, el Esqueleto 12 está muy afectado por lo que solo pudo

determinarse que era un adulto asociado a un cajete posiblemente café. Nuevamente puede

apreciarse que se tiene una preferencia por colocar a los entierros en posiciones extendidas,

ya sea en decúbito dorsal o ventral, como en el caso de Coaxilote 1, asimismo, dentro de las

vasijas se cuenta con ejemplares con el “Panel Tlatilco” como en el Esqueleto 9 y una olla

pequeña asociada al Esqueleto 10, como en el Entierro 4 de Coaxilote 1, donde se tiene la

olla pequeña y la decoración “Panel Tlatilco en el Entierro 2. Igualmente, la vasija del

Esqueleto 12 tiene forma similar a las Vasijas 2 y 3 asociadas al Entierro 4 de Coaxilote 1

(Vaillant y Vaillant, 2009: 150-155) (figura 71).

192
c
a b

e
d

Figura 71. a) Esqueleto 5, b) Esqueleto 5, c) Esqueleto 10, d) Botellón asociado a Esqueleto 3, e)


Botellón y figurilla C9 de Esqueleto 5, f) Olla asociada a Esqueleto 10, g) cajete asociado a Esqueleto
12, h) cajete y figurillas D1 asociados a Esqueleto 9, Tomado y modificado de Vaillant y Vaillant,
2009: 43, 65, 93, 97 y 101.
193
Tlatilco, es el sitio con más evidencia de restos óseos humanos del Preclásico, donde

se recabaron alrededor de 450 entierros humanos en todas sus temporadas de campo, los que

presentan diversos sistemas de enterramiento entre los que se cuentan extendidos y

flexionados en variantes como decúbito ventral, dorsal, lateral derecho o izquierdo y

semiflexionados, además de una posición que se ha identificado como posición libre. Muchos

entierros presentan ofrendas compuestas de vasijas cerámicas, figurillas antropomorfas y

zoomorfas, objetos de lítica tallada y pulida, de asta, hueso y concha y cristales de hematita.

La mayoría se inhumó dentro de las casas, de manera directa, aunque hay algunos que fueron

colocados en fosas troncocónicas. Algunos fueron amortajados con textiles o petates e

incluso cubiertos con pintura roja, que pudo ser cinabrio o hematita. Los investigadores

pudieron determinar que en Tlatilco había dos grupos morfológicamente distintos, que

practicaban la deformación craneal en erecta y oblicua, así como la mutilación dental y tenían

un promedio de vida de 35 años. En Tlatilco puede encontrarse un sistema complejo funerario

(García Moll, 1999:21-23; 2000: 33, 35-36) (figura 72):

Un patrón definido para la elaboración del bulto mortuorio o funerario a base de petates; objetos

personales de distintos materiales dentro del bulto; objetos para funciones específicas que

acompañaban al muerto fuera del bulto mortuorio pero dentro de la fosa; enterramientos dentro

de las casas y cerca del lugar donde se hacía fuego; ausencia de representaciones de deidades

relacionadas con la muerte; entierros de perros para facilitar el tránsito al más allá; pintura roja,

asociada a la vida; cráneos-trofeo; canibalismo ritual, sacrificios y desde luego una clara

estratificación social, indicada por el tipo y la calidad de los objetos, así como por elementos

culturales entre los que se encuentran la deformación craneana y la mutilación dentaria (García

Moll, 1999: 23).

194
Dentro de los diversos estudios que se hicieron referentes a los restos óseos humanos

recuperados en Tlatilco, se encuentra el de Rosemary Joyce, quien hizo un análisis e

interpretación de los entierros femeninos en Tlatilco (Joyce, 2001). Ella propuso dar un giro

a la interpretación de los datos y tratar de ver el conjunto de elementos que conforman el

ritual funerario, desde antes de la muerte, durante y después, o sea, la práctica funeraria.

Identificó que los entierros estaban concentrados en grupos donde prevalecía una orientación,

que pudo haber seguido la orientación de los muros de la casa a la que estaban asociados -ya

sea que se encontraran en el interior o el exterior de ella-. Entre estos agrupamientos de

entierros identificó semejanzas y diferencias en el trato a los restos inhumados, por lo que

propuso que esto se debía a un reconocimiento de pertenencia a un grupo familiar donde el

trato a los difuntos era diferenciado de otros grupos, además que la forma de enterrar y hacer

ciertos rituales era también una forma de conservar un lazo con el difunto o difuntos de esa

familia, como el caso de los entierros secundarios, los cuales probablemente fueron

removidos de ese espacio para colocar un nuevo individuo, pero fueron dispuestos

nuevamente en esa área, ya que pudo haber sido una forma de reiterar la conexión entre los

antepasados con el difunto reciente y los vivos (Joyce, 2001: 13-18):

Debemos reconocer que las poblaciones enterradas como ésta son un lugar complejo para la

construcción de la memoria social por los sobrevivientes, que simultáneamente unen a algunos

de los que viven, los conectan con los muertos, y los diferencian de otros, tanto vivos como

muertos, como parientes o no parientes, iguales o no iguales, como individuos o como parte de

grupos corporativos…He resaltado tres temas que reaparecen continuamente en los reportes

etnográficos de ceremonias relacionadas con la muerte: la carga emocional de

embellecimiento, la importancia de la memoria y la conmemoración en el proceso de

convertirse en ancestro, y la contención potencial sobre la memoria del difunto; y la experiencia

195
individual y social de emociones de dolor, arrepentimiento y aceptación de la pérdida12 (Joyce,

2001: 21).

Si bien en Coaxilote 1, no puede hacerse una comparación entre grupos de entierros

debido a que solamente se cuenta con cinco individuos, hay regularidades que se manifiestan

de forma similar en Tlatilco, como es la posición extendida de los individuos y una

orientación que probablemente sigue la orientación del muro de la Estructura 3, la colocación

de ofrendas en las fosas y la ubicación de un área para inhumaciones, así como su

reutilización a lo largo del tiempo, como se manifiesta en el Entierro 1, el cual tiene evidencia

de restos humanos de otros individuos removidos.

12
Traducción del inglés por quien suscribe esta investigación.

196
Figura 72. Ejemplos de dos entierros y de objetos utilizados en el ritual funerario de
Tlatilco. Tomado y modificado de García Moll, et al., 1999: 99, 135, 184, 207, 257.

197
En Chilpancingo, Guerrero, Rosa Reyna Robles y Guadalupe Martínez Donjuan

llevaron a cabo un Rescate Arqueológico, donde descubrieron un total de nueve entierros, de

los cuales se identificaron primarios y secundarios, directos e indirectos. En la Tumba 1, que

consiste en una construcción de bóveda falsa, encontraron los restos de varios individuos,

constituyendose como un entierro secundario múltiple, los cuales estuvieron acompañados

de trece vasijas cerámicas, un par de orejeras de diorita verde, un fragmento de navajilla

prismática de obsidiana gris traslúcida, una cuenta de feldespato verde, un núcleo de

pedernal, un hacha miniatura de jadeíta y un diente mutilado. En la Cripta 1, reportaron un

entierro primario y uno secundario con dos vasijas asociadas y un colgante de magnetita. La

Cripta 2 contienía un entierro primario asociado a ocho vasijas, tres objetos de arcilla cruda

y un objeto plano de forma irregular. En la Cista 1, se encontró un entierro primario con

cuatro vasijas asociadas. En la Cista 2, se localizó un entierro secundario (Reyna y González,

1998: 31-52, 62-96, 125).

Dentro de los entierros directos, identificó al Entierro 1 como primario con una vasija

asociada, al Entierro 2 como secundario múltiple, al Entierro 3 como secundario y al Entierro

4 como secundario con dos vasijas asociadas (Reyna y González, 1998: 31-55, 102-105, 125).

Se considera que el único entierro que podría compararse con los de Coaxilote 1, es el

Entierro 1, pues es primario en decúbito dorsal y tiene un botellón asociado, el cual fue

colocado al poniente del cráneo, aunque su orientación no corresponde con los de Coaxilote

1, pues se encuentra dispuesto con una desviación noroeste-sureste y se encuentra perturbado

de la porción inferior. El botellón corresponde cronológicamente a la fase Manantial (1000-

800 a.C.) de Niederberger, al igual que el botellón del Entierro 1 de Coaxilote 1, pero cuyo

individuo se encuentra dispuesto en decúbito ventral (Reyna y González, 1998: 39, 103)

(figura 73).
198
Figura 73. Entierro 1 con su botellón asociado. Se aprecia el faltante de las extremidades
inferiores del individuo. Tomado y modificado de Reyna y González, 1998: 40, 103.

El entierro primario en la Cripta 1, presenta una postura decúbito ventral extendido,

con orientación este-oeste con dos vasijas asociadas, una en la cabeza y la otra a los pies. La

posición y orientación, es equiparable con el Entierro 1 de Coaxilote 1. Sin embargo, a pesar

de que cronológicamente corresponde a la fase Manatial, la posición de las vasijas, así como

su tipología, no corresponde con la de Coaxilote 1. Se considera que el entierro primario de

la Cripta 1, es en realidad un entierro directo, ya que la construcción es más pequeña que el

individuo, por lo que sus pies sobresalen de dicha estructura, entonces, estratigráficamente,

la Cripta se construyó en un evento posterior a la colocación del personaje, pues de otra forma

éste estaría colocado al nivel de desplante de las paredes de la Cripta, además que las fosas,

criptas, tumbas, etcétera suelen ser preparadas prevo a la inhumación de un individuo. Esto

199
no descarta que la Cripta 1 hubiera tenido una función funeraria, principalmente, porque toda

el área explorada se caracteriza por ser una zona de enterramientos humanos, solamente se

considera que no fue construída para el depósito de ese individuo (Reyna y González, 1998:

42-45, 80-81) (figura 74).

Figura 74. Entierros de la Cripta 1, con sus vasijas asociadas. En la imagen superior se
aprecia cómo los pies del entierro primario, se localizan por debajo de la cripta. Tomado y
Modificado de Reyna y González, 1998: 45, 80-81.

200
En la Cripta 2 igualmente se localiza un entierro primario, del que algunas de sus

vasijas asociadas, presentan características similares a las encontradas en el contexto

funerario de Coaxilote 1, como la forma y la dimensión, sin embargo, al ser dipuesto en una

cripta, no puede ser comparable con los entierros de Coaxilote 1, pues ninguno fue

encontrado dentro de alguna estructura arquitectónica funeraria (Reyna y González, 1998:

44, 47-48, 82-92) (figura 75).

Figura 75. Entierro en la Cripta 2, con los objetos asociados al individuo, de los que las
imágenes de las vasijas, se consideran similares a las de Coaxilote 1. Tomado y
Modificado de Reyna y González, 1998: 47, 82-86, 88.

201
V

SECUENCIA OCUPACIONAL

En este capítulo se desarrollará la secuencia estratigráfica del área que ocupa la Estructura 3

de Coaxilote 1, con base en la metodología propuesta por Edward Harris. Primero se

desarrolla su planteamiento metodológico y posteriormente se expone una propuesta de fases

de ocupación en el área Preclásica. Debido a que en campo se hizo un registro de cada

elemento y estrato, aquí se expone una tabla del nombre de cada uno y su equivalencia en

número arábigo la cual se utilizó para la elaboración de esta secuencia. Igualmente se

explican las fases de ocupación y se ejemplifican con los dibujos de planta donde se exponen

los elementos arqueológicos correspondientes a cada una.

Metodología de Análisis

Para realizar la secuencia ocupacional del sitio Coaxilote 1, se tomó el modelo propuesto por

Edward Harris con la finalidad de entender el orden de deposición de los estratos que

conformaron esta área. Cabe señalar que este sistema no fue aplicado durante la excavación

arqueológica, pero el registro detallado del contexto, por medio de los dibujos y las

profundidades de cada elemento arquitectónico y arqueológico, así como la relativa sencillez

estratigráfica del sitio, ayudaron a aplicarlo para la elaboración de su secuencia.

Para una mejor comprensión de la deposición estratigráfica de un sitio arqueológico,

Harris elaboró un diagrama denominado “Matrix Harris” el cual “se trata simplemente de un

modelo de exposición de las relaciones estratigráficas de un yacimiento” que “representa la

secuencia estratigráfica de un yacimiento”, entendiéndola como el “orden de la deposición

202
de los estratos y la creación de elementos interfaciales a través del paso del tiempo” (Harris,

1991:58).

Harris menciona que la estratigrafía arqueológica se basa en cuatro leyes, de las que

tres fueron retomadas de la geología y la última surgió de la misma práctica arqueológica

(Harris, 1991: 52-52):

1. Ley de superposición: corresponde al orden de deposición sucesiva que fueron

adquiriendo los estratos y su relación; asimismo deben tomarse en cuenta las interfacies

de estrato, que son elementos abstractos que igualmente se vinculan con los estratos a

través de su superposición, tanto con los que las cubren, como con los que ellas cubren

(Harris, 1991: 52-53). “Esta ley es, simplemente, la confirmación de las relaciones físicas

entre depósitos superpuestos, es decir, si uno reposa encima o debajo de otro y, por

consiguiente, si es más reciente o más antiguo” (Harris, 1991: 53).

2. Ley de horizontalidad original: su principio es que cada estrato que no sea sólido tiene

una deposición natural que tiende a la horizontalidad. En contextos arqueológicos, esta

ley puede ser aplicada precisamente a estratos que tengan un origen natural, donde siempre

deben considerarse condiciones terrestres o elementos como muros o fosas hechos por los

hombres, que alteran esta horizontalidad (Harris, 1991: 54-55). A este respecto cabe

señalar que pueden considerarse dentro de esta ley, no solamente los estratos naturales

sino también los culturales -como pueden ser rellenos de nivelación- que fueron colocados

horizontalmente y que pueden verse afectados por agentes similares a los que modifican

la disposición de los naturales.

203
3. Ley de continuidad original: cada estrato tiene una dimensión original, en el caso de los

horizontales, éstos se terminarán en una forma de cuña y en los verticales, como por

ejemplo los muros, se delimitan por el techo o el remate del mismo muro. Sin embargo,

existen factores denominados elementos interfaciales que pueden cortar la extensión

original de los estratos, por ejemplo, un estrato horizontal puede verse cortado por un

elemento vertical como un muro o una fosa; en el caso de los estratos verticales, estos se

ven cortados por el derrumbe de ese elemento arquitectónico, del cual solamente quedará

una porción de su base en el registro arqueológico (Harris, 1991: 56-57).

4. Ley de sucesión estratigráfica: en un contexto arqueológico puede haber más de una

secuencia estratigráfica, ya que la complejidad que implica la existencia de elementos

interfaciales, muros y rellenos, provoca una estratigrafía diversa. Todos los estratos tienen

un acomodo dentro del contexto y una relación con los demás estratos según su ubicación,

sin embargo, los rellenos de una fosa tienen su propia secuencia estratigráfica, la cual a su

vez se asocia con la secuencia general del área donde se encuentra.

Una unidad de estratificación arqueológica ocupa su lugar exacto en la secuencia

estratigráfica de un yacimiento, entre la más baja (o más antigua) de las unidades que la cubre y la

más alta (o más reciente) de todas las unidades a las que cubre, teniendo contacto físico con ambas,

y siendo redundante cualquier otra relación de superposición (Harris, 1991: 58).

Por este último principio es que Harris propuso el diagrama Matrix Harris, ya que en

él se asienta la secuencia estratigráfica de un asentamiento, como se mencionó con

anterioridad. Existen tres tipos de relaciones que se pueden dar entre las unidades

estratigráficas -que son los estratos-: a) “las unidades carecen de relación estratigráfica

(física) directa”; b) “están superpuestas”, y c) “las unidades están interrelacionadas –

204
equiparadas por el signo igual (=) , ya que se trata de partes separadas (a las que se dan

diferentes números en la excavación) de un depósito o interfacies que antaño fue un todo”

(Harris, 1991: 60) (figura 76).

Figura 76. Relaciones entre unidades estratigráficas. Tomado de Harris, 1991:


60.

Dentro de la elaboración de la secuencia estratigráfica no deben tomarse en cuenta los

artefactos contenidos en cada unidad, ya que solamente se busca el orden secuencial relativo

de los estratos y las unidades de estratificación (Harris, 1991: 63-64).

El proceso de estratificación se lleva a cabo por eventos de índole natural y humana;

dentro de los primeros se cuenta con procesos de erosión y deposición que van modificando

la superficie del terreno y dentro de los segundos, la construcción, excavación de fosas o

pozos, la colocación de rellenos constructivos, entre otros, que igualmente derivan en una

alteración. Dentro de los procesos de transformación producidos por el hombre se encuentra

la creación de la estratificación arqueológica, consistente en la generación de depósitos e

interfacies, entendiendo estas últimas como pozos o fosas creados a partir de la remoción de

tierra para la creación de un nuevo estrato (Harris, 1991: 70-71).

205
Ello da como resultado tres tipos de estratos: los horizontales o por deposición

sucesiva, “los elementos interfaciales” y los “estratos verticales” que se explicarán en el

apartado de “interfacies” (Harris, 1991: 75):

Estratos horizontales o deposición sucesiva

Ellos pueden deberse a acciones naturales o las derivadas por actividad humana; dentro de

los procesos naturales, los estratos y materiales dentro de ellos tenderán a la horizontalidad,

mientras que los depositados por acciones antrópicas, los cuales tendrán una disposición

arbitraria que puede ser horizontal, a los que Harris denomina como “estrato antrópico”, y

que consisten en rellenos para carreteras o casas, pisos o rellenos de fosas, pozos, etcétera, o

vertical, a los que llama como “estratos verticales” y corresponden a muros los cuales darán

lugar a una estratificación en la parte externa y otra distinta en la interna a lo largo del tiempo

(Harris, 1991: 75-77).

Los estratos descritos cuentan con los atributos descritos en los puntos 1 a 4 y no

comparten las características descritas en los puntos 5 y 6:

1. Una cara o superficie original: se denominan “estratos interfaciales” y consisten en

las caras o superficies de los estratos. En los estratos horizontales las caras serán superior e

inferior, mientras que los muros tendrán más de una cara, siendo la superior la que

generalmente se pierde en el tiempo por el derrumbe del mismo (Harris, 1991: 79).

2. Contornos del estrato: corresponde a la extensión de los estratos en sus dimensiones

horizontales y verticales, específicamente de los que se identifican en una sección o corte

dentro de una excavación arqueológica (Harris, 1991: 80) (figura 77).

206
3. Relieve de la superficie: consisten en líneas que muestran el relieve topográfico de

cada estrato cuyo registro se hace en dibujos de planta donde se plasman las cotas o las

profundidades de su superficie (Harris, 1991: 80) (figura77).

4. Volumen y masa: corresponde a la suma de la dimensión del contorno del estrato y

del relieve de su superficie (Harris, 1991: 80-81).

5. Posición estratigráfica: cada estrato tiene una posición dentro de la estratigrafía de un

sitio arqueológico, la cual responde a las leyes de la estratigrafía arqueológica y guarda una

relación interfacial con los demás estratos depositados en el área (Harris, 1991: 81).

6. Cronología: cada unidad de estratificación se formó en un periodo determinado, el

cual puede conocerse a través de los artefactos datables que se encuentren en ella. Este

atributo no es determinante en la elaboración de la secuencia estratigráfica ya que la

disposición de un estrato es única en el contexto (Harris, 1991: 81-82).

Figura 77. Imagen donde se muestran los contornos del estrato y el relieve de la
superficie. Tomado de Harris, 1991: 80.

207
Interfacies

Hay interfacies que se crean a partir de la deposición de los estratos y otras que se generan a

partir de su destrucción; las primeras corresponden con las superficies de los estratos y las

segundas son “superficies formadas a causa de la desaparición de una estratificación

preexistente” (Harris, 1991: 85). Las interfacies por deposición se denominan “intefacies de

estrato”, mientras que las de destrucción se conocen como “elementos interfaciales”.

1. Interfacies de estrato horizontales: son las superficies de los estratos que se han creado

horizontalmente y tienen su misma extensión; al registrarlas, generalmente se integran al

estrato por lo que conservan las mismas relaciones estratigráficas; asimismo, marcan el fin

de la creación de un depósito. Si el depósito se formó de manera rápida será contemporánea

al mismo, pero si fue de forma paulatina, su temporalidad corresponderá con el momento

final de formación del estrato, sin embargo, este proceso puede no ser homogéneo en toda

la superficie, pues hay unas secciones que quedarán en desuso y otras funcionando por un

tiempo indeterminado (Harris, 1991: 86-87) (figura 78).

Figura 78. Extensión de las superficies de los estratos horizontales.


Tomado de Harris, 1991: 87.

208
2. Interfacies de estrato verticales: corresponden a las superficies de estrato verticales, por

ejemplo, los muros o elementos que sean registrados en un dibujo de alzado. También

pueden tener superposiciones, pues un muro puede construirse encima de otro (Harris,

1991: 89-91) (Figura 79).

Figura 79. Dibujo de alzado donde se muestran las interfacies de estrato


verticales. Tomado de Harris, 1991: 88.

3. Elementos interfaciales horizontales: se originan a partir de la destrucción de un estrato y

tienen sus propias superficies y áreas, por lo tanto, sus relaciones estratigráficas son

independientes del depósito en el que se encuentran, así como sus límites y contornos.

Están asociados a los estratos verticales e indican su destrucción y solamente se presentan

donde hay restos de construcciones; generalmente son representados en dibujos de planta,

209
por ejemplo, en los muros o, mejor dicho, fracciones de muro o cimientos de los mismos.

Cabe señalar, que hay que tomar en cuenta que el muro pudo o no ser reutilizado por

ocupaciones posteriores al momento de hacer la matriz (Harris, 1991: 92-93) (figura 80).

Figura 80. Imagen donde se muestran los elementos interfaciales (13 y 19)
de los muros. Tomado de Harris, 1991: 94.

4. Elementos interfaciales verticales: al igual que los anteriores tienen sus propias relaciones

estratigráficas y su origen es debido a la destrucción de un estrato. Éstos se localizan en

la mayoría de los contextos arqueológicos y surgen por la excavación del terreno, su

registro comprende el agujero y los estratos de deposición que lo fueron rellenando. Los

primeros estratos que rellenan esta fosa se encontrarán en una posición inferior respecto

de otros contemporáneos que se localicen fuera de la misma y tendrán relación

estratigráfica y física con otros más antiguos a la creación del pozo. Sin embargo, su

relación es con el elemento interfacial vertical y dichos rellenos serán posteriores a la

creación del mismo; asimismo, su registro en dibujo se hace en una planta, donde

solamente se marca este elemento (Harris, 1991: 96-99) (Figura 81).

210
Figura 81. Ejemplo de dos elementos interfaciales verticales. Tomado de
Harris, 1991: 98.

Además de las interfacies descritas, existen otras dos que se explican a continuación:

5. Interfacies de período: la estratificación se divide en períodos de formación conformados

por varios elementos interfaciales e interfacies de estrato que estuvieron en uso

simultáneamente en un mismo momento (Harris, 1991: 100).

6. Interfacies de destrucción: es cuando los estratos y períodos han sido destruidos por

remoción o excavación; estas destrucciones merecen igual atención que las deposiciones

dentro del contexto arqueológico (Harris, 1991: 102-103).

Toda vez que se cuenta con la secuencia estratigráfica de un sitio arqueológico, se

dividirá en fases y períodos, entendidos como la división en bloques de estratos e interfacies,

en concordancia con su posición estratigráfica. Este proceso puede llevarse a cabo durante la

211
excavación, pero podrá ser modificado con el resultado del análisis de los materiales. Existirá

una “secuencia de fases” que es la agrupación de estratos e interfacies y la “secuencia de

períodos” que consiste en una agrupación más amplia de las secuencias de fases; asimismo

se deben considerar los momentos de extracción de material y de deposición (Harris, 1991:

159); “ La secuencia estratigráfica de un yacimiento arqueológico es una configuración única,

porque cada yacimiento es un monumento único en la historia, a pesar de que sus unidades

de estratificación sean formas repetitivas y no históricas” (Harris, 1991: 163).

Al hacer la correlación de los materiales con la secuencia estratigráfica, hay que tomar

en cuenta el modo en que fueron depositados en el contexto arqueológico, ya que pueden ser

“hallazgos originales”, o sea, que los objetos son contemporáneos con el depósito en el que

se encuentran; “hallazgos residuales”, que son artefactos elaborados en una época anterior

respecto al estrato donde se localizan; y “hallazgos infiltrados”, que corresponden a

materiales fabricados en una época posterior al estrato donde se ubican (Harris, 1991: 166).

Como se mencionó con anterioridad, al momento de la excavación no se realizó el

registro estratigráfico conforme a esta metodología, pero el registro y los datos obtenidos

permitieron la elaboración de la secuencia estratigráfica de Harris. Para este fin, se

renombraron los estratos e interfacies del contexto arqueológico de Coaxilote 1, los cuales

de adjuntan en la tabla 1; asimismo, los dibujos de corte -que fueron digitalizados en el

programa AutoCAD 2021- fueron complementados con la ubicación de cada elemento -como

entierros, la ofrenda y los rellenos-, que no fue agregado en los mismos debido a la ubicación

de los cortes en el momento de su elaboración. Además, se agregaron los dibujos de planta

de cada fase donde se plasma los elementos arqueológicos que la conforman. Finalmente, se

realizó la Matriz de Harris digitalmente con el programa Harris Matrix Composer v2.0b.

212
Secuencia Estratigráfica

La Estructura 3 se asienta sobre la tercera terraza de las diez que conforman la ladera este del

sitio Coaxilote 1. Según la disposición de su arquitectura y de sus demás componentes

arqueológicos, puede deducirse que tuvo dos fases de construcción y tal vez una tercera que

correspondería con los Rellenos 1 y 2 (figuras 82 y 83). A continuación, se hace un desglose

de la secuencia estratigráfica del sitio.

213
Tabla 1. En la tabla se expone la equivalencia del registro realizado en campo, en la columna de
Estrato y su equivalencia para la elaboración de la Secuencia Estratigráfica, en la columna de UE.

214
Figura 82. Cortes E-E´y F-F´ con la numeración de las unidades estratigráficas en color verde.

215
Figura 83. Secuencia estratigráfica del área de la Estructura 3, del sitio Coaxilote 1.

Primera fase

Consiste en la preparación del terreno para poder construir. Si bien, la terraza donde se asentó

el grupo humano no se encuentra nivelada en un plano completamente horizontal, sí es

bastante plana respecto de otras áreas. En su eje este-oeste tiene una desviación de 6°, siendo

el punto más alto al este y el bajo al oeste; asimismo, en el eje norte-sur tiene una desviación

de 2° donde la parte más alta es al norte y la baja al sur. Probablemente los pobladores

hicieron la nivelación desde la roca natural caliza, correspondiente a la UE G, y de ahí

comenzaron a rellenar para posteriormente, desplantar las construcciones (ver figura 82).

En un primer momento, debieron edificar el Alineamiento 1 (UE 21), colocando su

relleno identificado como UE 22 y que probablemente consistió en una estructura de la que

216
solamente se conserva una porción de su muro sur, así como la Estructura 7 (UE 18) con su

relleno UE19 y, finalmente, el Elemento Circular (UE 27), el cual pudo ser una contención

para poste, pero que en la actualidad no se conserva más que su relleno de tierra identificado

como UE 28 (figura 84).

Figura 84. Primer momento constructivo de la Primera Fase.

217
En un segundo momento pudieron haber construido el Alineamiento 2 (UE 24), con

su relleno UE 25; al igual que el Alineamiento 1, pudo tratarse de una estructura de la que

solamente se conserva una fracción de su muro sur. Igualmente, el fogón 1 (UE 30), que más

bien es un manchón de ceniza, pudo estar en uso para este segundo momento. Es probable

que el resto de los muros del Alineamiento 1 hayan sido desmontados o se hayan destruido

(figura 85).

Figura 85. Segundo momento constructivo de la Primera Fase.

218
Segunda fase

En un primer momento, se tapan los elementos constructivos descritos en la primera fase,

colocándose sobre ellos la UE 16, para dar pie a la construcción de la Estructura 3 (UE 9).

Al ser destruidas las construcciones pasadas, quedaron sus elementos interfaciales

horizontales, siendo la UE 20 del Alineamiento 1, la UE 23 del Alineamiento 2, la UE 26 del

Elemento Circular y la UE 17 de la Estructura 7.

Se edifica la Estructura 3 (UE 9), con su relleno UE 10, y en su interior se coloca el

Elemento 1 (UE 12), que, a pesar de ser registrado como cajón de relleno, no se sabe su

función, pues no tiene muros bien definidos y cuyo relleno se denominó UE 13; asimismo,

se construyó la Estructura 6 (UE 6), con su relleno UE 7. Los 5 entierros excavados con sus

ofrendas (UE 36, UE 39, UE 45, UE 48 y UE 51), la Ofrenda 6 (UE 42) y las vasijas 2 y 3

(UE 33), se encuentran asociados a este momento, pues aunque se encuentran en relación

estratigráfica con la primera fase, ya se localizan en la UE 16, que es la que cubre esa fase

para dar pie a esta segunda, además que la profundidad en la que fueron depositados, es más

idónea respecto a la altura en la que se asentó la Estructura 3, a diferencia de la de los

Alineamientos 1 y 2 y la Estructura 7 (figura 86).

219
Figura 86. Primer momento constructivo de la Segunda Fase.

Posteriormente viene un segundo momento de abandono donde ya dejan de estar en

uso las Estructuras 3 y 6, evidenciado por la destrucción de sus muros correspondientes a las

UE 8 y 5, así como del Elemento 1, identificada como UE 11.

220
Tercera fase

Se propone una tercera fase pues se localizaron los Rellenos 1 y 2 (UE 4 y 15), que parecen

intrusiones posteriores pues se detectan desde la Capa I (UE T). Queda determinar si estas

intrusiones son derivadas de la misma destrucción por abandono de la fase anterior, o

corresponden a intrusiones de la ocupación Posclásica del sitio (figura 87).

Figura 87. Tercera Fase constructiva de Coaxilote 1.

221
VI

ANÁLISIS DE MATERIALES

Inicialmente se había propuesto realizar los siguientes dos análisis del material arqueológico

de Coaxilote 1: 1) la clasificación de una muestra cerámica seleccionada del área de la

Estructura 3 de Coaxilote 1, y 2) el estudio de las vasijas y una figurilla asociadas a las

ofrendas identificadas y dos cuencos que estaban aislados en el contexto. No fue posible

lograr el primero por las complicaciones derivadas de la pandemia por Covid-19, ya que el

material se localiza en la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, en Morelos. Por fortuna se

pudo terminar el análisis de los artefactos restaurados previo a la contingencia, cuyos

resultados se muestran en este capítulo. Cabe señalar que para el establecimiento de la

temporalidad se tomaron como referencia principalmente las fases propuestas por

Niederberger para Zohapilco y las de Cyphers para Chalcatzingo, ya que los contextos

cuentan con fechamientos por radiocarbono. Complementariamente, se consideraron las

fases de Grove propuestas para Nexpa y San Pablo.

Vasijas cerámicas

Metodología

Para el análisis de las vasijas se utilizaron dos metodologías distintas, pero complementarias

para los fines de esta investigación. La primera es el Sistema Vajilla propuesto por Marion

Hatch de Popenoe y la segunda, es el Método Multiclasificatorio de Culbert y Rands. Ambos

surgieron como una alternativa al sistema Tipo-Variedad, pues lo consideraron insuficiente

para la correcta clasificación de la cerámica ya que privilegia los atributos de acabado de

superficie y decoración, sobre la pasta, lo que da como resultado una clasificación jerárquica,

que da prioridad a ambas características para definir un tipo. Con ello se dejan de lado

222
cuestiones como la intencionalidad del alfarero al momento de elaborar una vasija o la

fabricación de un tipo de vajilla por un determinado taller (Popenoe, 1993: 288-290; Culbert

y Rands, 2007: 182, 184-185).

Marion Popenoe de Hatch menciona que el Sistema Vajilla, en vez de considerar los

atributos cerámicos de acabado de superficie, decoración, pasta y forma de manera vertical

como en el Tipo-Variedad, lo hace horizontalmente, donde todos se analizan en términos de

categorías o vajillas que tienen una importancia equivalente, con lo cual la vajilla puede ser

vista como un todo integrado, donde los atributos se relacionan internamente, de manera que

un cambio o evolución en su estilo pueda ser detectado a través del tiempo (Popenoe, 1993:

288).

El concepto de Vajilla es similar al que se usa en el Tipo-Variedad, en el sentido que

correspondería a grupos conformados por tipos cerámicos los cuales se componen de

unidades más pequeñas: pasta, acabado de superficie, forma y decoración. A diferencia del

Tipo-Variedad, estos cuatro atributos son controlados en el Sistema Vajilla, donde solo se

ejerce control sobre acabado de superficie y decoración (Popenoe, 1993: 289-290).

El orden de análisis de los atributos en el sistema vajilla es el siguiente: “Primero se

busca definir la vajilla al seleccionar los tiestos por acabado de superficie, luego se intenta

mantener una uniformidad en la pasta. Después se examina la unidad para ver si el inventario

de formas es consistente. Finalmente se observa la decoración” (Popenoe 1993: 290).

Respecto a las formas, menciona que hay una confusión porque muchas veces los

artefactos son clasificados por la forma de acuerdo a su función, por lo que propone una

manera de abordar este atributo que va de lo general a lo particular, comenzando por

considerar las formas básicas que son cántaro, cuenco, vaso, plato y vasija con forma

restringida (figura 88). Después se encuentran las formas especiales que son candelero,
223
cucharón, florero, pato, botella, tecomate y pichel o jarro. Finalmente están las vasijas con

atributos funcionales que son: colador, comal, incensario, molcajete, olla, tinaja y urna.

Asimismo, en cada forma existen variantes en sus paredes, bases, soportes si los tienen,

bordes, etcétera. Para el análisis elaborado en la presente investigación, se utilizaron las

variantes de las formas propuestas por Popenoe de Hatch, (figuras 89 y 90).

Figura 88. Formas básicas para la clasificación de formas de los objetos cerámicos. Tomado de
Popenoe, 1993: 291.

224
Figura 89. Formas de vasijas según la propuesta de Popenoe de Hatch. Tomado de Popenoe,
1993: 295, 298).

225
Figura 90. Formas de bordes, paredes, soportes y bases. Tomado de Popenoe, 1993: 296-297.

226
El Método Multiclasificatorio surgió por las dificultades a las que se enfrentaron

Culbert y Rands en la clasificación de la cerámica de Tikal, por Culbert y de cerámica

proveniente de los trabajos de Rands en Chiapas y Tabasco, especialmente de Palenque,

donde determinaron que el atributo de la forma fue un indicador más preciso para la

clasificación de tipologías cerámicas, que el resto de los atributos. Debido a ello se dieron

cuenta que, dependiendo de las condiciones del material, es decir, su estado de conservación,

el contexto donde fueron recabados, entre otros, ciertos atributos serán los más adecuados

para elaborar las tipologías y establecer temporalidades, por lo que los cuatro -acabado de

superficie, pasta, forma y decoración si es que se tiene- deben ser contemplados en un mismo

nivel de importancia (Culbert y Rands 2007: 183-184).

Ellos proponen distintas maneras de abordar cada atributo. Culbert plantea una división

en la clasificación de las formas a las que considera una de las mejores maneras de definir

complejos cerámicos ya que cambian a través del tiempo. Una es por clases de formas que

“son grupos mayores definidos por tamaño y proporciones básicas… están cercanamente

relacionadas a la función de las vasijas”. La segunda es por formas, “que son subdivisiones

de las clases de formas (por ejemplo, jarra de boca amplia con cuello alto o jarra de boca

amplia con cuello corto, cilíndrica trípode o cilindro) basadas en características más

detalladas” 13 (Culbert y Rands 2007: 185).

Respecto a la pasta, ellos proponen que un estudio petrográfico y un análisis elemental

son los procesos ideales para el análisis de los componentes de la pasta, pero si no se cuenta

con ellos “al menos deben proporcionar una descripción visual simple de pasta, color, textura,

13
Los entrecomillados de las citas de Culbert y Rands son traducciones del inglés por quien suscribe esta
investigación.

227
la cantidad y apariencia general de las inclusiones y las pruebas con ácido para los carbonatos

(Culbert y Rands 2007: 186).

Con el acabado de superficie y la decoración consideran que debe contextualizarse la

porción donde es colocado el motivo decorativo en la vasija, y plantean que no es uno de los

atributos más fuertes a la hora de establecer tipologías, ya que es la forma en que el Tipo-

Variedad lo hace. Para ello hay que buscar las correlaciones entre los cuatro atributos que

componen a las vajillas, las que pueden hacerse a través de los porcentajes totales registrados

en las tablas de probabilidades. Es recomendable esperar que cada clasificación esté

terminada para hacer las correlaciones o hacer aproximaciones con los datos disponibles

(Culbert y Rands 2007: 189).

Si bien Marion Popenoe menciona un poco acerca de la confusión entre la clasificación

de las formas de las vasijas a través de su función, Culbert y Rands no ahondan en este

segundo aspecto, que se considera igualmente fundamental para el establecimiento de

tipologías cerámicas, pues es a través de este atributo que las vasijas debían fabricarse con

ciertas características. Hay veces en que las vasijas u otros artefactos son clasificados como

rituales, cuando pudieron tener otras funciones, o las vasijas de uso común también pudieron

formar parte de un contexto ritual, como es el caso de Coaxilote 1, donde se presentan

mayormente cajetes cuya función suele ser para servir alimentos, pero en este contexto

cumple además una función de ofrenda a un difunto -pudo contener igualmente algún

alimento para el individuo inhumado-.

228
Vasijas de Coaxilote 1

En la investigación de los materiales de Coaxilote 1, se analizaron un total de 16 vasijas de

las 18 registradas, ya que dos no están restauradas: la Vasija 3, de la unidad N64W30, Capa

IIIA y la Vasija 1 de la Ofrenda 6, por lo que no se incluyen en esta investigación.

Los atributos de las vasijas fueron contemplados en un mismo nivel de importancia al

momento de conformar los tipos cerámicos. Si bien, a la mayoría se le designó un nombre

conforme a su acabado de superficie, no quiere decir que a través de él se estableció el tipo,

ya que las formas, pastas y decoraciones también determinantes, además que algunas se

encuentran muy erosionadas, por lo que los otros atributos ayudaron en su clasificación.

Además, esta información se corroboró a través de comparaciones con vasijas de otros sitios

como Chalcatzingo, San Pablo, Nexpa, Zohapilco, Las Bocas, Gualupita, Tlatilco,

Teopantecuanitlán y Chilpancingo. El único tipo en el que sí predominó uno de los atributos

fue en el Pasta Burda, ya que es muy característica y se consideró relevante para su

establecimiento, sin que con ello se pormenorizaran los demás. Como ya se hizo mención, la

descripción de la forma de las vasijas fue retomada de la propuesta de Popenoe de Hatch (ver

figuras 89 y 90).

Para su análisis primeramente se hizo una separación por acabado de superficie, es

decir, si hay baño, engobe, pintura o si fueron pulidas, alisadas o bruñidas; posteriormente

por pasta haciendo una descripción de todos sus componentes macroscópicamente; luego su

forma y decoración si es que la presentaban y finalmente, se realizó una descripción de cada

una. Para la decoración, se tomó en cuenta si era incisa, pintada, esgrafiada, modelada,

etcétera y se le designó un número de Motivo Decorativo de acuerdo a un catálogo de motivos

que se tiene para Coaxilote 1, el cual puede consultarse en la sección de anexos de esta

investigación (Córdova, et al., 2019b: 229-305).


229
El orden como se presenta la información es el siguiente:

1) Descripción general de pastas

• Contenido de partículas no plásticas

• Tipo, tamaño y forma de partículas no-plásticas

• Selección de las partículas no-plásticas

• Tenacidad

• Porosidad

• Color

• Tipos en los que se presenta

• Comentarios:

2) Tipo cerámico

Vasija X

• Acabado de superficie

• Decoración

• Motivo decorativo

• Forma

• Pasta

• Tipo de vajilla

• Observaciones

3) Comentario del Tipo

4) Temporalidad

230
Cabe señalar que, al tratarse de vasijas completas, en cada tipo se hacen las

especificaciones de altura, diámetro, grosor de pared, ubicación en el contexto arqueológico

y estado de conservación, de cada una, así como el anexo de su fotografía. La visualización

de las pastas y acabado de superficie se hizo con ayuda de una lámpara con luz y lupa,

intercalando con luz natural; para la descripción de colores tanto en pasta como en superficie

se contó con una tabla Munsell.

Pastas

Como se mencionó con anterioridad, se había iniciado con un análisis de una muestra de

fragmentos cerámicos que no pudo continuarse por la contingencia sanitaria, donde uno de

los pasos que pudo completarse fue la separación por pastas. En las vasijas y las figurillas, la

identificación de pastas se hizo en las áreas que presentaban erosión, de manera que pudieron

compararse con los fragmentos cerámicos representativos de cada pasta. Para la descripción

de pastas se tomó como base el sistema aplicado en la Terraza 6, El Cazador, de la Zona

Arqueológica de Chalcatzingo (Córdova, et al., 2018: 48-49). Se consideraron cuatro

atributos:

1. Contenido de partículas no-plásticas. Pueden tratarse de los desgrasantes o de

partículas que acompañan a la arcilla al momento de su selección. Para determinarlas

se toman en cuenta los siguientes rangos:

• De 0 a 10%, no se observan partículas en el corte o éstas son mínimas.

• De 0 a 20%, la cantidad de partículas es baja.

• De 20 a 30%, las partículas son abundantes, sin saturar el corte.

• Más del 30%, las partículas saturan el corte.

231
2. Tipo y tamaño de partículas no-plásticas. Ya que no se hizo un análisis petrográfico

de las pastas, la descripción se hizo tomando en cuenta diversas características de las

partículas no-plásticas. Para el color se tomó en cuenta si eran negras, blancas, rojas,

anaranjadas, etcétera, así como si son brillantes u opacas. Respecto a la forma se

contemplaron formas redondeadas, subredondeadas o subangulares y cristalinas.

(figura 91).

3. Tenacidad. La tenacidad corresponde a la resistencia que un fragmento cerámico pone

al quitarle un fragmento con las pinzas. Cabe resaltar nuevamente que a las vasijas

no se les desprendió ningún fragmento para ver la pasa, sino que ésta se revisó en las

porciones erosionadas.

4. Porosidad. Cuando la apariencia del corte es densa tiene una porosidad baja, cuando

es abierta, la porosidad es alta.

Figura 91. Tabla de apreciación visual. Tomada de Córdova, et al., 2018: 50.

232
Dado que las vasijas no presentan todas las pastas que se registraron al inicio del

análisis para esta investigación, solamente se incluirán las identificadas en estos objetos. A

continuación, se presenta la descripción de las pastas registradas en el lote de vasijas

cerámicas.

Pastas en vasijas de Coaxilote 1

Pasta 4

- Contenido de partículas no plásticas: 10%

- Tipo, tamaño y forma de partículas no-plásticas: contiene limos y arenas finas en 40%,

de forma subredondeada, con color negro opaco, negro cristalino y traslúcidas

cristalinas; arenas medias en 35%, con forma subredondeadas blancas opacas y gris

opaco, sobresalen las de forma angular y subangular negras brillantes, subangulares

cristalinas traslúcidas y subredondeadas anaranjadas y amarillas; finalmente se compone

de arenas gruesas en 25% con forma subredondeada blanco opaco, amarillo y rosado, y

subangular cristalino traslúcido y blanco cristalino.

- Selección de las partículas no-plásticas: Pobremente seleccionado.

- Tenacidad: media a alta, con fractura regular y en algunos casos los fragmentos se

desmoronan.

- Porosidad: media, con poros pequeños y unos alargados que pueden medir hasta 3mm.

- Color: algunos fragmentos presentan núcleo de cocción mixta, es decir, mitad café y

beige o negro y café. Presentan colores negros (5Y 2.5/1), cafés (7.5YR 3/4, 5YR 3/3,

7.5YR 5/6) y beige (5YR 5/6).

- Tipos en los que se presenta: Café Pulido, Rojo Pulido, Rojo sobre Café Pulido y

Anaranjado Pulido. Se tiene en la mayoría de las vasijas. En la Vasija 2, de la unidad


233
N64W30; en las Vasijas 1, 2, 3 y 4 de la Ofrenda 2, Entierro 2; en las Vasijas 1 y 2 de la

Ofrenda 3, Entierro 3; en las Vasijas 1 y 4 y la figurilla antropomorfa de la Ofrenda 4,

Entierro 4; en las Vasijas 1, 3 y 4 de la Ofrenda 5, Entierro 5; y en la Vasija 2 de la

Ofrenda 6.

- Comentarios: Es la pasta que se presenta en más tipos, siendo el rasgo más característico,

la presencia de los fragmentos negros brillantes (figura 92).

Figura 92. Corte de los fragmentos cerámicos que pertenecen a la Pasta 4, donde se
aprecia las partículas no-plásticas color negro.

Pasta 8

- Contenido de partículas no plásticas: 45%

- Tipo, tamaño y forma de partículas no-plásticas: contiene limos, arenas finas y medias

en 20% de forma subredondeada gris opaco y blanco opaco; y arenas gruesas y gravas

234
en 80%, con formas angulares y subangulares blancas cristalinas, cristalinas traslúcidas,

rosadas cristalinas, negras brillantes y grises.

- Selección de las partículas no-plásticas: muy pobremente seleccionado.

- Tenacidad: baja, con fractura irregular. Se desmorona por lo burdo de la pasta.

- Porosidad: alta con poros que miden hasta 4mm.

- Color: algunos fragmentos presentan núcleo de cocción. Sus colores son anaranjado

(2.5YR 6/6, 2.5YR 4/8), gris (GLEY 1 6/N) y café (2.5Y 4/2; 5YR 6/4, 2.5YR 4/4).

- Tipos en los que se presenta: Pasta Burda. En la Vasija 1 de la Ofrenda 1, Entierro1; y

en las Vasijas 2 y 3 de la Ofrenda 4, Entierro 4.

- Comentarios: Es una pasta demasiado burda (figura 93).

Figura 93. Corte de los fragmentos cerámicos de la Pasta 8, donde se aprecia


lo burdo de la misma.

235
Pasta 9

- Contenido de partículas no-plásticas: 35%

- Tipo, tamaño y forma de partículas no-plásticas: limos y arenas finas en 80% de forma

subredondeada blancas opacas, anaranjadas y subangulares cristalinas traslúcidas;

arenas medias y gruesas en 20% de formas subredondeadas anaranjadas y amarillas, y

subangulares blancas cristalinas, cristalinas traslúcidas, negras y gris opaco.

- Selección de las partículas no-plásticas: bien seleccionado.

- Tenacidad: baja, tiene fractura irregular y se desmorona.

- Porosidad: media a baja con poros subredondeados que llegan a medir 1mm.

- Color: se encuentran fragmentos con núcleos de cocción en la misma proporción que los

cortes de un solo color. Se cuenta con tonos cafés (10YR 6/4), grises (5Y 4/1) y negros

(5Y 3/1, 5Y 2.5/1).

- Tipos en los que se presenta: Café Pulido. En la Vasija 2 de la Ofrenda 5, Entierro 5.

- Comentarios: Similar a pasta 5 pero menos burda (figura 94).

236
Figura 94. Corte de los fragmentos cerámicos de la Pasta 9, donde se aprecian
los fragmentos con núcleo de cocción y aquéllos que no lo tienen.

237
Tipología cerámica

Tipo Café Pulido

• Vasija 1, Ofrenda 2, entierro 2

Acabado de superficie: Tiene pulimento en el interior y el exterior. Se colocó un

engobe que va del color café claro (7.5YR 5/6), a café oscuro (5YR 3/1) y negro

(GLEY 1 2.5/N) debido al momento de la cocción de la vasija.

Decoración: En la parte exterior tiene una línea incisa que se encuentra alrededor del

borde; en la pared exterior presenta el motivo identificado como “Panel de Tlatilco”

que al interior tienen tres líneas inclinadas, todo a manera de incisión.

Motivo decorativo: 157.

Forma: Es un cajete de base convexa, pared curvo convergente, borde invertido y

labio biselado al interior.

Pasta: 4

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localizó junto al frontal y parietal izquierdo del Entierro

1 a una profundidad de 11.42 a 11.51 m (Córdova, et al., 2019a: 235) (ver figura 54

de capítulo IV). Presenta un buen estado de conservación, aunque tiene partes

erosionadas. Tiene un diámetro de 7.5 cm, una altura de 5.2 cm y un espesor de pared

de 0.6 cm (figura 95).

238
Figura 95. Vasija 1 de la Ofrenda 2. Se aprecian las incisiones en forma de “Panel de
Tlatilco” en su pared externa.

239
• Vasija 2, Ofrenda 2, Entierro 2

Acabado de superficie: Tiene una superficie pulida, además de presentar un engobe

que va de color café oscuro (7.5YR 4/2) a claro (5YR 6/4). En la base tiene una

coloración negruzca correspondiente a una nube de cocción.

Decoración: No presenta.

Motivo decorativo: No se le designó un número por no tener decoración.

Forma: Cajete de base convexa, pared curvo convergente, borde directo y labio

biselado al interior.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localiza a un costado de la porción frontal y parietal

izquierdo del Entierro 2 a una profundidad de 11.43 a 11.50 m (Córdova, et al., 2019:

235) (ver figura 54 de capítulo IV). Tiene un buen estado de conservación, aunque

ciertas secciones están erosionadas, además de tener un fragmento faltante en el

borde. Mide 7.6 cm de diámetro, 6.4 cm de altura y 0.6 cm de espesor de pared (Figura

96).

240
Figura 96. Vasija asociada a la Ofrenda 2, donde se aprecia su forma curvo
convergente.

241
• Vasija 3, Ofrenda 2, Entierro 2

Acabado de superficie: Su superficie es muy pulida, brilla sin que llegue a ser bruñida,

tanto al exterior como al interior. El color del engobe es café oscuro (5YR 5/1) aunque

en la base presenta una nube de cocción negruzca (7.5YR 3/1).

Decoración: En el fondo tiene el motivo de incisiones “pseudomolcajete” o “estera”.

Motivo decorativo: 158.

Forma: Cajete de base plana, con pared recta divergente, borde invertido y labio

adelgazado.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localiza junto a la cresta iliaca del coxal derecho del

Entierro 2 y dentro tenía a la Vasija 4. Se ubicó a una profundidad de 11.46 a 11.54

m (Córdova, et al., 2019: 235) (ver figura 54 de capítulo IV). Presenta un buen estado

de conservación y tiene 11.4 cm de diámetro, 4.2 cm de altura y 0.6 cm de espesor de

pared (figura 97).

242
Figura 97. Imagen donde se muestra la Vasija 3 que acompaña al Entierro 2. Se aprecia la
decoración de “pseudomolcajete” o “estera”.

243
• Vasija 4, Ofrenda 2, Entierro 2

Acabado de superficie: Tiene su superficie pulida tanto al exterior como al interior.

Presenta un engobe color anaranjado (2.5YR 7/6) aunque en su borde se presenta una

coloración café (2.5YR 3/1) a manera de nube de cocción que se encuentra en toda la

vasija.

Decoración: No tiene.

Motivo decorativo: No se le designó por no tener decoración.

Forma: Cajete con base convexa y pared curvo convergente, borde invertido y labio

redondeado.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se encontró junto a la cresta iliaca del coxal derecho del

Entierro 2, colocada dentro de la Vasija 3, a una profundidad de 11.46 a 11.54 m

(Córdova, et al., 2019: 235) (ver figura 54 de capítulo IV). Tiene un diámetro de 10.5

cm, una altura de 6.3 cm y un espesor de pared de 0.7 cm (figura 98).

244
Figura 98. Vasija 4 de la Ofrenda 2. Se logran ver las tonalidades anaranjadas y
negruzcas en su superficie.

245
• Vasija 1, Ofrenda 3, Entierro 3

Acabado de superficie: Se encuentra muy erosionada, pero en algunas secciones

puede verse la superficie pulida con engobe de color café-rojizo (2.5YR 5/4). En la

base tiene una nube de cocción.

Decoración: No presenta.

Motivo decorativo: No se le designó por no tener decoración.

Forma: Cajete miniatura de base convexa, de silueta compuesta, con borde directo y

labio redondeado.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localizó a una profundidad de 11.77 a 11.83 m en la

parte externa del tercio proximal del fémur izquierdo (Córdova, et al., 2019: 238) (ver

figura 55 del capítulo IV). Su estado de conservación es bajo y mide 5.7 cm de

diámetro, 4.3 cm de altura y 0.6 cm de espesor de pared (figura 99).

246
Figura 99. Vasija miniatura que acompañaba al Entierro 3. Se aprecia el alto
grado de erosión.

247
• Vasija 1, Ofrenda 5, Entierro 5

Acabado de superficie: Presenta pulimento tanto al interior como al exterior de la

vasija, de buena calidad que brilla sin ser bruñido. Su engobe tiene una coloración

que va del café claro al oscuro (5YR 5/4, 5YR 4/3), y en el interior tiene un área con

color rojizo (7.5R 3/6).

Decoración: Es una especie de cenefa en la parte superior de la vasija que se conforma

de dos líneas incisas que enmarcan un motivo en red. Debajo de la cenefa hay una

serie de triángulos incisos, dispuestos uno a un costado de otro, y en la parte interior

tienen una serie de líneas inclinadas paralelas, igualmente incisas.

Motivo decorativo: 160.

Forma: Es un fragmento de vaso de pared recta, borde evertido y labio biselado al

exterior.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Se localizó a un costado del pie y de la epífisis distal de la tibia y

peroné izquierdos al norte de las Vasija 2, a una profundidad de 10.69 a 11.75 m

(Córdova, et al., 2019: 244) (ver figura 57 del capítulo IV). Su estado de conservación

es bueno, aunque lamentablemente es un fragmento de la vasija. Tiene 13.5 cm de

diámetro y 0.6 cm de espesor de pared (Figura 100).

248
Figura 100. Fragmento de vaso que forma parte de la Ofrenda 5. Puede
apreciarse la decoración con cenefa y triángulos con líneas incisas al interior.

249
• Vasija 2, Ofrenda 5, Entierro 5

Acabado de superficie: Su superficie se encuentra pulida y tiene un engobe color

beige (10YR 5/3), que en ciertas partes se oscurece como resultado de la cocción. En

algunas secciones se aprecia sobre el engobe beige otro de color rojo (7.5R 4/6)

Decoración: Tiene una serie de triángulos incisos sin su base, que se conforman de

una línea doble, ubicados cerca del borde. Al interior de los triángulos hay líneas

incisas inclinadas paralelas entre sí.

Motivo decorativo: 161.

Forma: Tecomate de fondo convexo, silueta compuesta, de borde directo y labio

redondeado.

Pasta: 9.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Se encontró en el pie izquierdo y la epífisis distal de tibia y peroné

del mismo lado del Entierro 5, al sur de la Vasija uno y pareciera que sobre ella

colocaron las Vasijas 3 y 4. Se localiza a una profundidad de 11.68 a 11.75 m

(Córdova, et al., 2019: 244) (ver figura 57 de capítulo IV). Tiene un grado de

conservación bajo pues se encuentra muy fragmentada e incompleta, por lo que no

pudo restaurarse la forma completa. Tiene un diámetro de 9 cm y un espesor de pared

de 0.5 cm (figura 101).

250
Figura 101. Vasija 2 de la Ofrenda 5. En la imagen se aprecia el motivo
decorativo de triángulos con líneas incisas paralelas al interior.

251
• Vasija 3, Ofrenda 5, Entierro 5

Acabado de superficie: Se encuentra pulido al interior y al exterior por lo que su

superficie brilla sin que llegue a ser bruñido. Tiene un engobe color café claro (5YR

5/4) y en la parte superior de dos de las tres protuberancias ubicadas en su cuerpo, se

identificó una tonalidad rojiza (7.5R 4/8).

Decoración: A la mitad del cuerpo presenta tres protuberancias (espículas) alargadas

y aplanadas, separadas entre sí, colocadas por aplicación por pastillaje y modeladas

para integrarlas a la vasija, que miden de largo 2.5 cm, de ancho 1.2 cm y de espesor

0.6 cm. Como se mencionó en el acabado de superficie, se aprecia una tonalidad roja

en el engobe en su parte superior. Parece también, que tiene dos líneas incisas

paralelas debajo del borde en su parte exterior.

Motivo decorativo: 162.

Forma: Cajete de base convexa, pared curvo convergente, borde evertido y labio

redondeado.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localizó en el pie y la epífisis distal de la tibia y peroné

izquierdos del Entierro 5, a una profundidad de 11.66 a 11.74 m. Parece que se

encuentra colocada sobre la Vasija 2 y dentro de ella está dispuesta la Vasija 4

(Córdova, et al., 2019: 244) (ver figura 57 del capítulo IV). Está completa, aunque

tiene cierto grado de erosión. Mide 7.8 cm de diámetro, 8.3 cm de altura y 0.6 cm de

espesor de pared (figura 102).

252
Figura 102. Vasija 3 de la Ofrenda 5. Se aprecian las tres protuberancias en el
cuerpo de la vasija y su tonalidad rojiza en su parte superior.

253
Vasija 4, Ofrenda 5, Entierro 5

Acabado de superficie: Tiene pulimento al interior y al exterior, muy brillante sin que

sea bruñido. Su engobe tiene tonalidades que van de café (5YR 5/4) (7.5R 3/8) a

negro (5YR 2.5/1), esto último debido a una nube de cocción.

Decoración: No presenta

Motivo decorativo: No se le designó por no contar con decoración.

Forma: Cajete con base convexa, pared curvo convergente, borde invertido y labio

plano.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Se localizó a un costado de la epífisis distal de la tibia y el peroné

izquierdo, así como en el pie del mismo lado, a una profundidad de 11.67 a 11.73 m

(Córdova, et al., 2019: 244) (ver figura 57 del capítulo IV). Tiene buen estado de

conservación y mide 7.5 cm de diámetro, 5.1 cm de altura y 0.6 cm de espesor de

pared (figura 103).

254
Figura 103. Vasija 4 de la Ofrenda 5. Se nota el buen estado de conservación de su
superficie.

255
Comentario del tipo Café Pulido

Este tipo es similar al Tortuga Pulido reportado por Niederberger para Tlapacoya en las fases Ayotla

(1200-1000 a.C.) y Manantial (1000-800 a.C.) (Niederberger, 1976: 114-117, 166-169), aunque la

muestra de Coaxilote parece más al Tortuga Pulido de la fase Ayotla. Es igualmente similar al Tipo

Café Cuautla de Chalcatzingo en fases Amate Temprana (1500-1250 a.C.) y Tardía (1250-1100 a.C.),

reportado por Cyphers (1992: 34-38). Igualmente es similar al Café Pulido de Las Bocas, Puebla,

ubicado en las fases Ayotla-Manantial, registrado por Paillés y Velasquez (2008: 66-67). Finalmente

es similar al Café Oscuro y Claro de Tlatilco por Piña Chan (1958: 36-41), al Café Gualupita

reportado por Vaillant y Vaillant para el Sitio de Gualupita (2009: 88-99) y a los cajetes Rincón Fino

de Teopantecuanitlán (Reyna, 1996: 26-29). En estos sitios se reportan las formas de cajetes de

paredes divergentes con bases planas, los cajetes de base convexa con el borde invertido, tecomates,

vasos y decoraciones incisas con el motivo “panel Tlatilco” o los fondos con incisiones de

“pseudomolcajete”.

Temporalidad

Fases Ayotla (1200-1000 a.C.), Manantial (1000-800 a.C.) y Amate (1500-1100 a.C.).

256
Tipo Rojo Pulido

• Vasija 1, Ofrenda 4, Entierro 4

Acabado de superficie: Tiene una superficie muy pulida, que brilla sin que llegue a

ser bruñida, con un engobe de color rojo (7.5R 4/6). En la base puede verse una nube

de cocción que posteriormente fue cubierta con el engobe rojo. El pulimento y el

engobe solo se encuentran en el exterior.

Decoración: No tiene.

Motivo decorativo: No se le designó.

Forma: Olla miniatura de base convexa, pared curvo convergente, cuello recto, borde

directo y labio adelgazado.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localizó a 3 cm del parietal izquierdo a una profundidad

de 10.93 a 11.04 m (Córdova, et al., 2019: 241) (ver figura 56 del capítulo IV).

Presenta un buen estado de conservación y mide 5.1 cm de diámetro en el borde y 9.4

cm en el cuerpo, 10 cm de altura y 0.6 cm de espesor de pared (figura 104).

257
Figura 104. Olla miniatura encontrada en contexto con el Entierro 4.

258
Comentario del tipo Rojo Pulido

Es similar al tipo Largo Rojo Fino reportado por Niederberger para Zohapilco, en la forma

de la olla, aunque también puede pertenecer por el acabado de superficie a Pilli Rojo, sin

embargo, la forma del cuello de la olla no se reporta para este tipo. El Largo Rojo Fino se

encuentra dentro del Complejo Nevada (1400-1250 a.C.) y el Pilli Rojo tanto en Nevada

como en la fase Ayotla (1250-1000, a.C.) (Niederberger, 1976: 118-122, 171-172).

Asimismo, Cyphers lo registra como Cuautla Rojo para Chalcatzingo, que se registra su

mayor frecuencia en la fase Amate (1500-1100 a.C.) (Cyphers, 1992: 38-42). Paillés registra

un tipo llamado Cerámica Rojo Especular, al que compara con el Pilli Rojo de Niederberger

y el Rojo Pulido de Piña Chan, pero los ejemplares de Coaxilote 1 no tienen hematita

especular, por lo que probablemente no tenga asociación con el de Las Bocas (Paillés y

Velasquez, 2008: 62-63). Respecto a lo anterior se considera que puede coincidir con el Rojo

Pulido de Piña Chán para Tlatilco (Piña Chán, 1958: 48; Ochoa, 1982: 36-37) y al Rojo

Gualupita de Vaillant y Vaillant para Gualupita (Vaillant y Vaillant, 2009: 104-105).

Temporalidad

Fases Nevada y Ayotla (1400-1000 a.C.) y fase Amate (1500-1100 a.C.).

259
Tipo Rojo sobre Café Pulido

• Vasija 4, Ofrenda 4, Entierro 4

Acabado de superficie: Tanto su superficie exterior, como la interior se encuentran

pulidas, y tienen un engobe café (2.5YR 4/4).

Decoración: Presenta la decoración de motivo “estera” en el fondo, además de tener

un pigmento rojo (5R 3/6) en esta área.

Motivo decorativo: 159.

Forma: Cajete de pared recta divergente, base plana, con borde engrosado al exterior

y labio redondeado.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: La Vasija 4 se localizó a una profundidad de 11.04 a 11.09 m, a 5 cm

al oeste de los fragmentos del fémur derecho del Entierro 4 y dentro de ella se

localizaba la Vasija 3 (Córdova, et al., 2019: 241) (ver imagen 56 del capítulo IV).

Tiene un estado de conservación regular y mide 11 cm de diámetro, 4.5 cm de alto y

0.4 cm de espesor de pared (Figura 105).

260
Figura 105. Cajete que acompaña al Entierro 4. Puede verse su decoración incisa
en el fondo, con una tonalidad rojiza.

261
• Vasija 2, Ofrenda 6

Acabado de superficie: Su superficie se encuentra pulida tanto al interior como al

exterior, tiene un engobe color café (7.5YR 5/4) que brilla sin que llegue a ser

bruñido.

Decoración: En el fondo se plasmó el motivo de “pseudomolcajete” o “estera”

cubierto con pintura roja (7.5YR 3/6).

Motivo decorativo: 159.

Forma: Cajete con base plana, pared recta divergente, borde directo y labio biselado

al exterior.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se encontró a una profundidad de 11.62 a 11.75 m, al sur

del Alineamiento 2 y de la Vasija 1, asociado a huesos humanos (Córdova, et al.,

2019: 245) (ver figura 58, del capítulo IV). Su estado de conservación es bueno,

aunque no se encuentra completa, pues solamente se tiene alrededor de un 60%. Su

diámetro es de 12 cm, su altura de 4.5 cm y su espesor de pared de 0.6 cm (figura

106).

262
Figura 106. Cajete semicompleto que forma parte de la Ofrenda 6. Se aprecia el pigmento rojo
y la decoración incisa en el fondo.

263
Comentario del tipo Rojo sobre Café Pulido

Las formas siguen siendo similares a Cuautla Rojo y Cuautla Café de Chalcatzingo, de hecho,

Cyphers considera que el Rojo sobre Café que definió Piña Chan para ese sitio es el mismo

tipo que Cuautla Rojo, así como al Mapache Borde Rojo y Ventana Rojo sobre Bayo del

Complejo Nevada (1400-1250) de Zohapilco (Cyphers, 2008: 41). Debido a la forma de estos

cajetes, parece corresponder más con el Tipo Pilli Rojo sobre Bayo de Niederberger, pues,

aunque ella les denomina platos de las fases Nevada-Ayotla (1250-1000) tienen paredes

divergentes, con labios aplanados o redondeados, mientras que en el Ventana Rojo sobre

Bayo no lo considera (Niederberger, 1976: 122-123, 173-174). Niederberger registra el

motivo “estera” para la fase Manantial (1000-800 a.C.) en Tlapacoya en el tipo Tortuga

Pulido Tardío, en Pilli Rojo y Cesto Blanco (Niederberger, 1976: 116-177, 120-122, 132-

135, 169, 172, 183-184; Niederberger 2018: 468-480) y en Chalcatzingo, Cyphers los

identifica en la fase Barranca (1100-700 a.C.) dentro de los tipos Laca y Negro con Borde

Blanco (Cyphers, 1992: 77-84, 90-95). Asimismo, este tipo se encuentra en Tlatilco,

identificado como Rojo sobre Café (Piña Chan, 1958: 44-48), en Gualupita, como Rojo sobre

Café (Vaillant y Vaillant, 2009: 99-104, 106-107) y en Nexpa y San Pablo, donde Grove

identifica cajetes de paredes divergentes con el interior en rojo dentro la fase San Pablo A

(1250-1050 a.C.) (Grove, 1974: 78).

Temporalidad

Nevada (1400-1250 a.C.), Ayotla (1250-1000 a.C.), Manantial (100-800 a.C.); Amate

(1500-1100 a.C.), Barranca (1100-700 a.C.) y San Pablo A (1250-1050 a.C.). Aunque se

tiene presencia en todas estas fases, se considera que los ejemplares de Coaxilote 1

264
corresponden con las fases Manantial y Barranca, especialmente por la decoración incisa en

el fondo de las vasijas.

Tipo Anaranjado Pulido Preclásico

• Vasija 2, Unidad N64W30, Capa IIIA.

Acabado de superficie: Su superficie está muy pulida y brilla, más no llega a estar

bruñida; sobre ella colocaron un engobe rojo (2.5YR 4/8) que, en algunas partes como

la base, presenta un tono anaranjado (10R 5/8) y en ciertas porciones de la pared, es

café negruzco.

Decoración: tiene líneas incisas en la pared exterior, dispuestas en una doble línea

inclinada que se encuentra con otro par similar, pero en sentido opuesto, simulando

un triángulo sin su base. En el fondo presenta otras incisiones que parecen un rombo

o cuadrado con líneas curvas, con otras líneas al interior, pero no alcanza a apreciarse

el patrón completo porque se encuentra restaurada.

Motivo Decorativo: 163.

Forma: Es un cajete de base plana, pared divergente, borde evertido y labio

redondeado.

Pasta: 4

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localizó en la unidad N64W30 a una profundidad de

11.46 a 11.55 m (ver figura 46 del Capítulo IV). En general presenta un buen estado

de conservación, aunque con algunos faltantes Tiene un diámetro de 11.1 cm, una

altura de 4.4 cm y un espesor de pared de 0.8 cm (figura 107).

265
Figura 107. Vasija 2 de la unidad N64W30. Se aprecian las incisiones de línea doble al
exterior, en la imagen superior y las incisiones formando una especie de rombo en el fondo.

266
Comentarios del tipo Anaranjado Pulido Preclásico

Cabe señalar que a este tipo se le denominó Anaranjado Pulido Preclásico, ya que se cuenta

con un tipo Anaranjado Pulido que pertenece al Posclásico, que se presenta en las otras áreas

con estructuras de Coaxilote 1. Con respecto al acabado de superficie, solamente se encontró

un tipo similar en Las Bocas al que Paillés y Velasquez denominaron Cerámica Engobe

Anaranjado, ubicándola para las fases Nevada (1400-1250 a.C.) y Ayotla (1250-1000 a.C.)

(2008: 55-56). Las características es que posee un engobe grueso, las decoraciones incisas

con líneas más anchas, tanto al exterior como al interior. Aquí se considera, sin embargo, que

la decoración es más parecida al tipo Tortuga Pulido de Tlapacoya y se considera que, aunque

la decoración en el fondo no es propiamente en forma de “estrella”, puede ser una variante

simplificada que la población de Coaxilote 1 plasmó en esta vasija.

Temporalidad

Debido a la similitud con Tortuga Pulido, se considera que corresponde a la Fase Ayotla

(1250-1000 a.C.).

267
Tipo Pasta Burda

• Vasija 1, Ofrenda 1, Entierro 1

Acabado de superficie: Su superficie exterior se encuentra pulida y tiene un engobe

color anaranjado rojizo (2.5YR 5/6). Su base tiene una nube de cocción, por lo que

es de color negruzco. Es muy notorio que resaltan partículas del desgrasante, a pesar

del engobe, debido a que su pasta es muy burda.

Decoración: No presenta

Motivo decorativo: Como no tiene decoración, no se le designó un número.

Forma: Botellón de silueta compuesta. Aunque tiene una base convexa, sí presenta

un punto de apoyo en la parte central. Su cuello es recto, su borde evertido y el labio

redondeado.

Pasta: 8.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se encontró en la Ofrenda 1 del Entierro 1, entre los

fémures del Individuo 1, a la altura de las epífisis distales, a una profundidad de 11.47

a 11.58 m (Córdova, et al., 2019: 232) (ver figura 49 del capítulo IV). Presenta un

buen estado de conservación, aunque tiene algunas secciones erosionadas. Tiene un

diámetro en el primer cuerpo de 15 cm; en la parte media, que es la porción convexa

su diámetro es de 9.5 cm y en la parte superior de 14.4 cm. El cuello del botellón tiene

diámetro de 5.2 cm y del borde de 6.8 cm. Su altura es de 25.5 cm y su espesor de

pared de 0.7 cm (figura 108).

268
Figura 108. Dos vistas del botellón de silueta compuesta o acinturado de la Ofrenda 1. Resalta
que a pesar del engobe se notan algunas partículas blancas de la pasta, esto debido a que es muy
burda con inclusiones grandes.

269
• Vasija 2, Ofrenda 4, Entierro 4

Acabado de superficie: Su superficie tanto interna como externa es pulida con un

engobe color anaranjado (2.5YR 6/6), aunque en ciertas áreas del interior tiene

manchones oscuros. Al igual que la vasija anterior, sobresalen las partículas de

desgrasante por lo burdo de la pasta.

Decoración: En el fondo presenta la decoración de motivo de “estera”.

Motivo decorativo: 158.

Forma: Cajete de base plana, pared divergente, borde directo y labio redondeado.

Pasta: 8.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se localizó a 3cm al sur de la articulación del codo derecho

del Entierro 4, a una profundidad de 11.03 a 11.10 m (Córdova, et al., 2019: 241) (ver

figura 56 del capítulo IV). Su estado de conservación es bueno, aunque le faltan

algunos fragmentos. Tiene un diámetro de 13.6 cm, una altura de 5.8 cm y un espesor

de pared de 0.5 cm (figura 109).

270
Figura 109. Vasija 2 de la Ofrenda 4. En el fondo tiene el patrón de paneles
con líneas incisas.

271
• Vasija 3, Ofrenda 4, Entierro 4

Acabado de superficie: A pesar de que su superficie es pulida y con engobe, tanto al

exterior como al interior, resaltan las partículas de desgrasante, por conformarse de

una pasta muy burda. El color del desgrasante tiene tonos que van de anaranjado (10R

5/8 a café (5YR 5/4).

Decoración: No tiene.

Motivo decorativo: Al no tener decoración, no se le designó un número de motivo.

Forma: Cajete de base plana, con pared divergente, borde directo y labio redondeado.

Pasta: 8.

Tipo de Vajilla: Ritual

Observaciones: Esta vasija se encontraba dentro de la Vasija 4, ubicada a 5 cm al

oeste de los restos del fémur derecho, a una profundidad de 11.04 a 11.09 m (Córdova,

et al., 2019:241) (ver figura 56 del capítulo IV). Su estado de conservación es bueno

y mide 8.0 cm de diámetro, 3.8 cm de alto y 0.5 cm de espesor de pared (Figura 110).

272
Figura 110. Vasija 3 de la Ofrenda 4. Se aprecia su buen estado de
conservación y las inclusiones de gran tamaño de la pasta.

273
Comentarios del tipo Pasta Burda

A esta vajilla se le denominó como pasta burda, ya que ésta es uno de sus atributos muy

característicos que la distingue bastante de los demás. Fue reportado por vez primera en

Chalcatzingo por Cyphers, quien la denominó, Del Prado Rosa, y que la registra para las

fases Amate Tardía (1250-1100 a.C.) y Barraca Temprana (1100-1000 a.C.). Esta cerámica

la encontró en Las Bocas y da cuenta que fue importada a Chalcatzingo debido a la naturaleza

de su desgrasante; asimismo, encuentra similitudes entre Del Prado Rosa y la Cerámica Río

Salado Coarse de Tehuacán (Cyphers, 1992: 46-47). A su vez, Paillés la registra en Las

Bocas, como Cerámica tipo Pasta Granular donde la encontró en todos los niveles de

ocupación (Paillés y Velasquez, 2008: 52-55). Otro sitio donde se identificó y que no es del

Centro de México, es en Teopantecuanitlán, Guerrero, donde Rosa Reyna Robles tiene un

tipo llamado Tinajas Laminar que comparte las características con Del Prado Rosa, aunque

las formas de los cajetes de Coaxilote 1, son similares a las del tipo Rincón Fino de

Chilpancingo (Reyna, 1996: 85-90; 2005: 209-211; Reyna y González, 1998: 83-85, 88). Es

particular que el botellón de silueta compuesta se encuentre fabricado en esta pasta y acabado

de superficie, pues suelen ser de color café con pintura roja o simplemente cafés, como los

del Complejo Río Cuautla que reporta Grove, para Nexpa, que, aunque no provenían de

contextos controlados, los sitúa en la fase Nexpa Tardío (1050-900 a.C.) o San Pablo B

(1050-900 a.C.), es decir en la transición del Preclásico Temprano al Medio (Grove, 1974:

36). El mismo Grove reporta los botellones del Complejo Río Cuautla en Cacahuamilpa,

Guerrero, y en Olintepec y Tlatlizapán en Morelos; a este respecto cabe señala que los

botellones de este complejo presentan varias formas, siendo la silueta compuesta una de ellas

(Grove, 1974: 36, 56-57). Asimismo, estos botellones de silueta compuesta se localizaron en

Tlatilco (García Moll, et al., 1991: 194, 226, 233, 257, 258; Piña Chan, 1958: 74, 81, 88).
274
Temporalidad

Amate Tardía (1250-1100 a.C.) y Barraca Temprana (1100-1000 a.C.); fases Nexpa Tardío

(1050-900 a.C.) o San Pablo B (1050-900 a.C.).

Figurillas Antropomorfas

Metodología

La metodología para la clasificación de la figurilla, se guiará por la propuesta por Rosa Reyna

Robles, en su tesis de Licenciatura, donde hace un análisis de 15,000 figurillas del Preclásico

provenientes de colecciones privadas (cuya procedencia era de Tetelpan, D. F. y Tlapacoya,

Méx.) y de las bodegas del Museo Nacional de Antropología. Esta propuesta surge como una

alternativa a la que hicieran Clarence L. Hay y George Vaillant, la cual le resultó confusa por

la inconsistencia entre las ilustraciones y las descripciones (Reyna, 1971: S/N)14.

Para agrupar las figurillas, propuso hacerlo por Tradiciones, concepto retomado de la

clasificación que hizo Miguel Covarrubias para las figurillas de Tlatilco, y que se entiende

como “Un proceso técnico particular para manufacturar figurillas, aprendido y transmitido

de generación en generación y a través del tiempo y espacio, más los elementos físicos y

etnográficos que éstas representan” (Reyna, 1971: S/N).

Además, define otros tres conceptos, el de Complejo que es un “conjunto o

interrelación de dos o más Tradiciones”; Tipo, que es “un modelo que reúne los caracteres

esenciales de una Tradición, a la que pueden sumarse elementos de otras, y permanecer

constantes”; y finalmente Variante, que son las “modificaciones locales en los tipos (Reyna,

1971: S/N).

14
S/N: sin número de página, ya que esta información se encuentra en la Introducción.

275
El análisis que propone es estilístico donde considera “las técnicas utilizadas en su

manufactura, el aspecto físico y los adornos, tocados y vestidos, así como el aspecto

macroscópico de los barros usados, color, textura y acabados, complementándolos con los

datos cronológicos y estratigráficos que existen” (Reyna, 1971: S/N).

Rosa Reyna, menciona que existen seis tradiciones de figurillas preclásicas en el

Altiplano Central y su periferia, a las que identifica con dos grupos de pares: el primer par,

las C1 y C3, el segundo par, las D2 y K, el tercer par, las C9 y A. Además, identifica la

Tradición H que se registra para el Preclásico Superior o Tardío (Reyna, 1971: 40-41).

Identifica un proceso tecnológico en la elaboración en todas las tradiciones, excepto en

las figurillas A y las que son huecas, que son D3, K y Baby Face huecas. Este proceso los

artesanos:

formaban un tronco sólido de barro, al que iban agregando las extremidades, el volumen

de la cabeza, las facciones y el adorno. En algunos casos éstos son indicados por adiciones de

tiritas o pastillaje de barro, aplicadas a los sitios donde deben ir los ojos, nariz, barba y boca,

el tocado y el adorno algunas veces modelados ligeramente para suavizarlos y, finalmente,

punzonados o esgrafiados con algún instrumento, para indicar ojos y boca en las facciones y

ciertas cualidades en el adorno (Reyna, 1971: 41).

Posteriormente Reyna hace una autocrítica a su tesis de licenciatura, sobre todo en la

posición cronológica que atribuye a las figurillas, pues su material provenía mayormente de

colecciones particulares y museográficas, por lo que no arrojaban datos estratigráficos de

excavaciones controladas. Sin embargo, considera que sigue siendo de utilidad una

clasificación por Complejo, Tradición, Tipo y Variedad, para designarles una tipología

concreta. Además, se deben ubicar temporal y culturalmente a través de la consulta de fuentes

276
publicadas de otros especialistas y, finalmente, se debe llegar a una interpretación a través

del estudio sistemático y cuidadoso que pueda dar luz sobre su significado (Reyna, 1997:193-

194).

Propone contemplar más atributos de las figurillas para poder elaborar una clasificación

y tipología más precisa, donde deben tomarse en cuenta “la pasta (incluyendo el análisis

petrográfico), tipo de cocción, acabado de superficie, color, técnica de manufactura, técnicas,

diseños y lugar de aplicación de la decoración, dimensiones, etcétera”. Asimismo, la

descripción de la figurilla “debe ser minuciosa completa, e incluirá técnicas de modelado,

aplicación de pastillaje, incisión, punzonado, etcétera, así como proporción, postura de

cabeza y cuello, tronco y extremidades”. Además “la postura general y sexo pueden tomarse

como atributos por separado y, en su caso, las características y naturaleza de peinados tocados

y atuendos. La presencia de otros atributos relevantes y fácilmente detectables, como la

deformación craneana o la representación de personajes, deberán igualmente consignarse”

(Reyna, 1997: 197).

Debe mencionarse el universo total de figurillas sobre el que se trabaja para poder

obtener porcentaje de los atributos característicos de cada tipo y compararlos con los demás

grupos, de manera que se pueda identificar los que caracterizan al tipo. Además de la

elaboración de dibujos, cuadros cronológicos y estadísticos, planos y gráficas de distribución,

entre otros (Reyna, 1997: 197).

A continuación, se presenta la descripción, clasificación y ubicación cronológica de las

figurillas asociadas a los entierros 3 y 4.

277
Tradición D2

• Figurilla antropomorfa hueca, Ofrenda 3, Entierro 3

Acabado de superficie: Debido a que es modelada, su superficie es irregular y tiene

un baño del mismo color de la pasta, que es anaranjado (7.5YR 6/6). Sobre él fue

colocado un engobe color rojo (7.5R 4/6) en secciones del torso superior, hombro,

cuello, oreja, cabello y frente derechos.

Decoración: Tiene cuatro técnicas decorativas, que son incisión en manos, pies, ojos

y boca; pastillaje, en cabello, cejas, ojos, nariz, boca y orejas; modelado, para formar

el cuerpo-vasija, en la nariz y para suavizar los contornos de los pastillajes.

Forma: Figurilla hueca.

Pasta: 4.

Tipo de Vajilla: Ritual

Descripción: Se trata de una figurilla que representa a un individuo en posición

sedente, cuyo rostro se encuentra un poco girado a la derecha. La parte superior de la

cabeza sobresale del nivel de su cara, probablemente porque se trate del cabello del

individuo, el cual, a su vez tiene seis tiras de arcilla que van de la frente hacia la nuca,

tres que están en la porción derecha del cráneo, otras tres que están en la izquierda, y

en la parte central en el lado posterior del cráneo hay otra tira de menor tamaño que

nace desde la base del parietal hacia el occipital. Sus cejas son en forma de V y fueron

hechas igualmente por una tira de arcilla. Los ojos son unas tiras más anchas de arcilla

que fueron colocadas en forma de V invertida y en medio de ellas se hizo una incisión

con la misma forma para representar la apertura de los ojos. Su nariz es ancha de la

base y un poco levantada y a pesar que fue colocada por pastillaje, se integró con el

resto de la cara a través del modelado. Su boca es otra aplicación por pastillaje de
278
forma ovalada que igualmente tiene una incisión en la boca para representar su

apertura. El individuo tiene un prognatismo muy desarrollado. Sus orejas también se

aplicaron por pastillaje y son más abultadas hacia la parte superior y se van

adelgazando en su porción inferior, donde se unen con la cara. Solamente en la oreja

derecha se aprecia un punzonado en su parte central. Es muy notorio que la superficie

de la cara fue modelada con un objeto plano, de manera que los pastillajes de ojos,

boca ceja y cabello se demarcaran muy bien. El cuello es muy corto y sirvió para unir

la cabeza con el cuerpo-vasija. El cuerpo-vasija es un pequeño cuenco que hace la

forma del torso del individuo, y que, en este caso, tiene una condición de obesidad o

de alguna enfermedad que ocasiona ese volumen. Los brazos son dos tiras tubulares

que fueron pegadas desde los hombros, a lo largo de su torso, donde la mano derecha

descansa a la altura del pecho y la mano izquierda en el abdomen, ambas tienen

incisiones representando los dedos. El orificio de la vasija se encuentra en la parte

posterior del cuello del individuo, de manera que parece una persona jorobada. Las

piernas fueron hechas igualmente con un cilindro grueso de arcilla que fue

acomodado de manera que sus piernas quedaran cruzadas, quedando la izquierda por

detrás de la derecha. Esta aplicación fue colocada por debajo del cuerpo-vasija, sin

que fuera integrada a esta, pues es muy notoria la división entre ambas. Al igual que

las manos, en el pie derecho tiene incisiones que indican los dedos. Esta vasija

antropomorfa probablemente se colgaba, pues tiene un orificio a la altura de cada

axila.

Observaciones: Esta figurilla se localizó sobre el cúbito y radio izquierdos del

Entierro 3 a una profundidad de 11.81 a 1.88 m (Córdova, et al., 2019: 238) (ver

figura 55 del capítulo IV). Se encuentra muy erosionada, pero está completa y sus
279
rasgos están bien definidos. Mide 8.2 cm de alto, 6.8 cm de ancho y tiene un espesor

de pared de 0.4 cm. El orificio detrás de la cabeza tiene forma ovalada y mide 2.3 por

1.5 cm (figura 111).

280
Figura 111. Figurilla antropomorfa hueca que acompañaba al Entierro 4. Logran apreciarse las
diversas técnicas de decoración y su estado de conservación, así como la adición de brazos,
cabeza y piernas a la vasija-cuerpo.

281
• Figurilla antropomorfa, Ofrenda 4, Entierro 4

Acabado de superficie: Se encuentra muy erosionada, pero en algunas secciones se

aprecia un engobe color anaranjado (5YR 7/4) y su superficie es pulida.

Decoración: Tiene rastros de pintura roja (7.5R 3/8) en el labio superior, en el ojo

izquierdo y en la parte superior del brazo derecho. Además, tiene técnicas de

aplicación de pastillaje, en la parte frontal del lado izquierdo de la cabeza y en cejas,

ojos, boca, nariz y orejas; punzonado en ojos, ombligo, orejas y fosas nasales;

modelado, en todo el cuerpo al momento de formar la figurilla, es decir en la adición

de los brazos, piernas, la forma que se les fue dando y al torso y la cabeza también,

modelado en la nariz para integrarla a la cara y un ligero modelado en las aplicaciones

por pastillaje. Además; tiene la técnica de decoración de presión sobre pastillaje en

los ojos, la boca y el mechón de su frente; asimismo, presenta presión sobre la arcilla

en la parte que divide el abdomen de la pelvis, así como una incisión para marcar el

sexo y los glúteos de la figurilla, que va del vientre bajo al coxis.

Pasta: 4.

Descripción: Es una figurilla de sexo femenino cuya postura es de pie con los brazos

extendidos abiertos hacia los lados, los cuales son cortos, más anchos en la porción

que se adhiere al torso y más delgados hacia las manos, que no se encuentran

detalladas. Sus piernas son ligeramente cónicas, aunque un poco burdas y se aprecia

una protuberancia en la parte frontal cerca del pie, que puede representar las rodillas,

pues la parte inferior cambia de dirección respecto al resto de la pierna. Sus senos son

apenas perceptibles y fueron modelados, su abdomen es corto y se encuentra dividido

de la porción pélvica por una línea hecha por presión sobre la arcilla elaborada

probablemente con un objeto tubular alargado y delgado. Asimismo, su ombligo fue


282
marcado por otro objeto tubular, por medio de un punzonado. Como ya se ha

mencionado, tiene una especie de hendidura hecha probablemente con una especie de

gubia, que va desde la parte baja del vientre al coxis para marcar su sexo en la parte

anterior y en la posterior los glúteos. Si se mira de perfil, la figurilla es plana por la

parte de atrás desde la cabeza hasta la espalda baja, aunque sí hay una ligera curvatura

hacia la parte superior de los glúteos. Su cabeza es de forma oval hacia la parte

superior y en la inferior presenta ángulos donde se encuentra la mandíbula, su cuello

es corto y ancho. Da la apariencia de que la nariz fue colocada por pastillaje y

modelada para integrarla a la cara, donde se le hicieron dos punzonados, para

representar las fosas nasales, los cuales están asimétricos, de hecho, el orificio

izquierdo ya no se localiza exactamente en la nariz. La boca igualmente es un

pastillaje de forma ovalada, a la cual se le hizo una presión ligera con un objeto

tubular para representar su apertura y sus labios. Sus orejas son dos aplicaciones por

pastillaje un poco alargadas, que en su unión con el rostro tienen un punzonado cada

oreja, que fue hecho de forma inclinada. Los ojos son un tanto asimétricos; los dos

corresponden a aplicaciones por pastillaje ovaladas, que se dispusieron con una

inclinación, a las que se les hizo una ligera presión con un objeto tubular, de manera

que pueda representar los párpados y la apertura de sus ojos. El ojo derecho tiene un

punzonado en la parte central de esta apertura, sin embargo, el ojo izquierdo es el que

es un tanto deforme pues la apertura se localiza más arriba de la parte central de la

aplicación, por lo que el párpado inferior es más grande y abultado; igualmente, el

punzonado que indica la pupila o el ojo, se localiza hacia la parte superior izquierda,

no al centro. Las cejas igualmente son aplicaciones por pastillaje, pero son alargadas,

por lo que probablemente se elaboró una tira delgada de arcilla que fue partida en dos
283
partes para colocarlas encima de los ojos y son ligeramente curvas. Por último, en su

frente en la parte superior izquierda tiene una especie de mechón en forma de U muy

abierta con hendiduras verticales continuas de extremo a extremo, hechas por presión

con un objeto tubular, este mechón mide 2.4 cm de largo y 0.7cm de ancho.

Observaciones: Se localizó junto al hombro derecho del Entierro 4 a una profundidad

de 10.99 a 11.04 m (Córdova, et al., 2019: 241) (ver figura 56 del capítulo IV). Su

superficie se encuentra muy erosionada, pero está completa. Mide 13.4 cm de alto,

7.1 cm de ancho (de brazo a brazo) y tiene un espesor que va de 0.9 a 2.1 cm (figura

112).

284
Figura 112. Figurilla
antropomorfa de la
Tradición D2, que
acompañaba al
Entierro 4. Puede
apreciarse lo burdo de
su fabricación con
respecto a otras
figurillas de la misma
tradición.

285
Comentario de figurillas antropomorfas de Tradición D2

Rosa Reyna menciona que los tipos D2 y K pudieron tener su origen en la región cálida donde

colindan Morelos, Guerrero y Puebla (Reyna, 1971: 41). Se considera que, a pesar de que la

figurilla de Coaxilote 1 tiene rasgos muy burdos respecto a las que se han registrado en otros

sitios contemporáneos, pertenece a la Tradición D2, ya que muestra características similares

a las que describe Rosa Reyna. Estas figurillas:

Se caracterizan por su estilo de cuerpos gruesos y cortos en proporción a las cabezas grandes,

alargadas y planas. Los brazos estáticos son, por lo general, cortos y abiertos en posición

horizontal, con una notoria desviación hacia atrás cuando se muestran en movimiento… las

piernas son cortas también, de forma cónica y con un modelado simple en las variantes que

suponemos las formas originales… (Reyna , 1971: 64).

Aun así, Rosa Reyna reconoce que todas las variantes D2 tienen rasgos en común

como:

Cuerpos regordetes de extremidades cortas, tórax modelado-suave, pequeños senos, vientre

poco voluminoso y espalda cóncava, debida a la postura de los brazos y la prominencia de los

glúteos. Las cabezas son comúnmente trapezoidal, ya sea anchas de arriba o de abajo, y

alargadas…Los ojos y las bocas están indicadas por medio de cortes largos y delgados sobre

pastillaje (1971: 65).

Además de esos atributos menciona que las pupilas pueden ser marcadas con un

punzonado y en posición de V invertida. Respecto a la boca, pueden tener un piquete en el

centro o llevar marcas de dientes por medio de punzonados. Una de las características

sobresalientes son las cejas, tocados y orejas. Las cejas se representan por medio de una tira

en forma de V que puede ser continua o discontinua o una continua, dispuesta en forma

horizontal, aunque también pueden no presentar cejas. Asimismo, las orejas son dos tiras

286
largas que van de la altura de los ojos hasta casi llegar el mentón, en forma de gota con un

punzonado que indica la orejera. Igualmente, refiere al corte en la entrepierna para

representar su sexo, que va de la parte baja del vientre hasta el sacro-coxis, dándoles toque

más realista (Reyna, 1971: 64-66).

Menciona una serie de peinados, tocados y adornos característicos de las figurillas D2,

los cuales se representan por medio de esgrafiado e incisiones para el cabello, así como

diseños geométricos incisos, aplicaciones como adornos para el cabello, tiras que pueden

representar trenzas, chongos, peinados, tanto esgrafiados como por aplicación, mechones,

etcétera. Las que tienen tocado, generalmente no presentan cejas. Asimismo, es común que

no presenten adornos corporales, pero sí pintura corporal roja y amarilla (Reyna, 1971: 67-

68).

Como puede verse, la figurilla de la Ofrenda 4 de Coaxilote 1 presenta los atributos

que caracterizan a esta Tradición de figurillas, aunque tal vez sean un poco más burdos que

otros ejemplares encontrados en otros sitios, lo que puede ser un indicio de una variante local

de las D2. Estas figurillas se han reportado en Zohapilco, Gualupita, Chalcatzingo, Tlatilco,

Nexpa y San Pablo, y Teopantecuanitlán (Grove, 1974: 30, 32, 70-74; 1987: 258;

Niederberger, 1976: 222, 225; 2018: 389-392; Piña Chan.,1958: 53-55; Reyna, 1996: 131;

Vaillant y Vaillant, 2009: 38-44).

Cabe señalar que en la bibliografía consultada no se encontró ninguna figurilla antropomorfa

con las características de la asociada con la Ofrenda 3 de Coaxilote 1. Sin embargo, se

considera que algunos de los atributos de su rostro coinciden con las figurillas de la tradición

D2, como son el pastillaje en los ojos y boca a los que se les hace una incisión, las tiras de

arcilla que pueden representar trenzas, aunque en este ejemplar son cortas, y las cejas que

son una tira de arcilla colocada en forma de V. Asimismo, se hace una distinción entre el
287
cabello y la cara por medio de un abultamiento en la cabeza, como se aprecia en los

ejemplares de esta tradición (Reyna, 1971: 63-70). Aunque es común que a estas figurillas

no se les marquen los dedos de pies y manos con incisiones, esta característica se presenta en

la variante D3 de la Tradición D2 y Niederberger registra una en Zohapilco, que a su vez

también tiene los brazos flexionados (Niedeberger, 2018: 390), como la vasija de Coaxilote

1, por lo que se considera pertinente clasificarla dentro de esta Tradición. Algunas deidades

fueron representadas en figurillas de la Tradición D2, como las identificadas por Reyna, et

al. (1975: 223-224; 227-228), como el Dios Desollado-Diosa Desollada, los Magos y

Jugadores de Pelota, así como las diversas figurillas femeninas encontradas a en diversos

sitios del Altiplano Central.

Asimismo, se propone que esta figurilla pudiera tratarse de una representación muy

temprana del Viejo Dios del Fuego que posteriormente sería identificado como Huehueteotl

o Dios Viejo/Xiuhtecuhtli o Dios del Fuego, aunque también podría tratarse de una

materialización sobre la de idea de esta deidad, en el entendido que dentro de estas sociedades

su cosmovisión incluía el culto a las fuerzas naturales y los ancestros, siendo además en las

que se desarrollaron los atributos característicos de las deidades (Reyna, et al., 1975: 221) .

Representaciones del Dios Viejo se han registrado en el Preclásico Medio y Tardío en sitios

como Cuicuilco, Copilco, Ticomán, La Laguna, Nativitas -esta última era la más antigua,

pues se ubicó para el 800 a.n.e, en la región Puebla-Tlaxcala (Montero, 2004: 150-151)-,

etcétera, aunque ninguna tan temprana como el ejemplar de Coaxilote 1 (figura 113 a).

Se considera que tiene varios rasgos característicos de esta deidad como son su posición

sedente, frecuente en la mayoría de sus representaciones desde el Preclásico al Posclásico,

su postura encorvada y los brazos flexionados. En ejemplares tempranos como Copilco y

Cuicuilco, las vasijas y esculturas tienen elementos sobre la cabeza, que pudieran representar
288
cabello, como en el caso de la figurilla de Coaxilote 1 (figuras 113 b, c y d). Se estima que

tiene características más parecidas al ejemplar encontrado por Gamio en Copilco, pues sus

piernas están cruzadas una sobre otra, sus brazos a la altura de su vientre, como se ha

constatado en algunas representaciones del Centro de México, donde ambas manos se unen

cerca del ombligo (Montero, 2004: 123) -en Coaxilote, los brazos se apoyan en su torso y

pecho- y parece que el individuo también tiene prognatismo como la representación de

Coaxilote 1, aunque una gran diferencia es que el de Copilco no tiene un cuerpo que funge

como contenedor (figura 113 c). A pesar de que la mayoría de estas representaciones tienen

un brasero anexo en la parte posterior en las del Preclásico o encima de la cabeza para Clásico

y Posclásico, hay una del periodo Clásico cuyo cuerpo también funge como contenedor, y es

la vasija anaranjado delgado que se encuentra en Museo Nacional Smithsonian del Indio

Americano (figura 114).

289
a

c d

Figura 113. Representaciones Preclásicas de Huehuetéotl: a encontrada en Nativitas,


Tlaxcala, b y c en Cuicuilco y d en Copilco. Tomadas de Matos, 2002: 58-59, Montero,
2004: 150 y Carballo, 2007: 58.

290
Figura 114. Vasija efigie de Huehuetéotl, del periodo Clásico. Tomado de
Carballo, 2007: 59.

Asimismo, aunque el ejemplar de Coaxilote 1 tiene representadas las hendiduras de sus

ojos, parece que están entrecerrados, como las vasijas de Cuicuilco (figura 99 a y b). Una

característica de la figurilla de Coaxilote 1 es que no tiene marcas faciales que representen

arrugas, sin embargo, los ejemplares de La Laguna, Ticomán y Xalapasco, tampoco expresan

esta cualidad distintiva de la deidad -La Laguna, es por no encontrarse completa-, lo cual

pudiera deberse a que, en las figurillas de arcilla tempranas, aún no se estandarizaba la

necesidad de marcarlas. Se reitera que los atributos distintivos de cada deidad, se fueron

conformando a lo largo de tiempo, hasta llegar a las representaciones estandarizadas del

Clásico y Posclásico (figura 115) (Carballo, 2007: 59, Montero, 2204: 122).

291
a
b

Figura 115. Esculturas de piedra y barro de Huehuetéotl: a, encontrada en Ticomán;


b, recuperada en Xalapasco y c, en La Laguna. Tomado de Carballo, 2007: 57-58.

Lo que es característico de la representación de Coaxilote 1 es su pronunciado

prognatismo y su obesidad, los cuales pueden ser indicadores de algún padecimiento. Aunque

la vejez es un rasgo que caracteriza a esta deidad, tal vez en épocas tan tempranas se

representaba con alguna deformidad o padecimiento, y con el tiempo se fueron

estandarizando sus rasgos. Estas características que varían se aprecian en los ejemplares del

Preclásico aquí plasmados y posteriormente las convenciones se fueron estandarizando,


292
como en el Clásico y Posclásico, aunque de un periodo a otro también cambiaron (figura 116)

(Carballo, 2007: 56, 63).

a
b

Figura 116. Representaciones de Huehuetéotl en el periodo Clásico: a, Teotihuacan y


b, Cerro de las Mesas; en el Posclásico: c, Templo Mayor.

Así como hubo una modificación en las convenciones estilísticas para representarla en

los distintos periodos Mesoamericanos, seguramente cambió el significado que esta deidad

293
tenía para las sociedades, por lo que atribuir características y funciones a la figurilla de

Coaxilote 1 similares a los que diversos investigadores han interpretado para las

representaciones Clásicas y Posclásicas es arriesgado, debido a la gran distancia temporal

existente. Sin embargo, al ser una deidad antigua, se considera que algunos aspectos se

desarrollaron desde épocas tempranas, como su ritualidad en los ámbitos domésticos y la

figurilla de Coaxilote 1 lo corrobora, pues, aunque se encuentra en un contexto funerario, es

dentro de un espacio doméstico. Igualmente, su significado de renovación pudo originarse

en la época Preclásica debido a los periodos naturales de sequía y humedad, donde en la

primera seguramente había incendios, que causan la muerte de especies vegetales y animales.

Esta característica se conservó hasta el Posclásico como se expresa en el calendario Mexica,

donde Huehueteotl se encuentra asociado eventos a sequía y muerte, después de la cual

renace la vida, cuestión que igualmente se manifestaba en la ceremonia del Fuego Nuevo

(Matos, 2002: 62).

Temporalidad

Niederberger las registra en la Fase Manantial (1000-800 a.C.) (1976: 268-270; 2018: 389-

392).

Comentarios

Desgraciadamente por la cuestión de la pandemia por Covid-19, no fue posible concluir el

análisis de los fragmentos cerámicos provenientes de los rellenos constructivos, que

seguramente arrojarían una información más amplia, ya que se contaba con otros tipos

294
cerámicos con distintos acabados de superficie, pasta y decoración15. Sin embargo, no debe

desestimarse el pequeño universo de materiales del que se dispuso, pues se trata de objetos

completos y semicompletos que fueron depositados en un momento determinado en la

historia de esta pequeña localidad y que, en cierto modo, hacen más puntuales algunas

observaciones que se generaron derivadas de su análisis.

La primera de ellas es respecto a la temporalidad del sitio. Si bien se tienen rangos

temporales un poco amplios en algunos tipos, como el Rojo Pulido y Rojo sobre Café Pulido,

que se presentan desde la Fase Nevada de Zohapilco hasta Manantial, la mayoría se

concentran en la Fase Ayotla y en la Fase Manantial. Los rangos temporales amplios pueden

deberse a la persistencia de atributos a lo largo del tiempo, por lo que se considera que deben

acotarse a un momento específico en la historia del Preclásico Mesoamericano.

Si bien todos los atributos de las vasijas son importantes, se considera que hay unos

elementos que son muy específicos de determinadas temporalidades, como lo es el tipo

cerámico Pasta Burda, la forma del botellón de silueta compuesta, los fondos planos con

incisiones de cuatro paneles de líneas paralelas, el motivo “panel de Tlatilco” y la figurilla

de Tradición D2. Todos ellos se encuentran distribuidos temporalmente en las fases entre las

Fases Ayotla y Manantial, unos siendo exclusivos de la parte final de la Ayotla y la

Manantial, como el tipo Pasta Burda, el botellón de silueta compuesta, las incisiones en

paneles en el fondo de vasijas y la figurilla D2.

Derivado de lo anterior, puede sugerirse que la ocupación de Coaxilote 1 debió de ser

en las Fases Ayotla (1250-1000 a.C.) y Manantial (1000-800 a.C.). Haciendo un análisis de

15
Los materiales se albergan en la Zona Arqueológica de Chalcatzingo, Morelos. Debido a esta situación, el
Comité de quien suscribe esta investigación acordó que trabajara los materiales disponibles.

295
la distribución de las vasijas en los entierros, la Ofrenda 6, y la que se encontró dentro del

contexto arquitectónica asociada a otra no restaurada, puede inferirse lo siguiente:

• El entierro 5 corresponde a la fase Ayotla (1250-1000 a.C.) o Amate Tardío (1250-

1100 a.C.) y probablemente sea el más temprano, ya que todas sus vasijas son café

pulido y las formas y decorados como el “panel Tlatilco” se registran desde el inicio

de esta fase.

• El entierro 2, puede ser más tardío que el 5 y probablemente corresponda a la

transición de las fases Ayotla o Amate Tardío/Barranca Temprano (1250-1100

a.C./1100-1000 a.C.) a Manantial (1000-800 a.C.) o Barranca Medio (1000-850 a.C.).

• Los entierros 1, 3 y 4, y la Ofrenda 6, pueden pertenecer a la Fase Manantial (1000-

800 a.C.) o Barranca Temprano (1100-1000 a.C.) a Medio (1000-850 a.C.). Hay que

recordar que los botellones de silueta compuesta, forman parte del Complejo Río

Cuautla de Grove, donde los ubica en las Fases Nexpa Tardío (1050-900 a.C.) o San

Pablo B (1050-900 a.C.).

• La vasija aislada pertenece a la fase Ayotla (1250-1000 a.C.), pero

estratigráficamente se encuentra en niveles superiores a los entierros y la ofrenda, por

lo que no se encuentra asociado a ninguno. Una interpretación de esta situación se

presentará en las observaciones finales de esta investigación, donde se expondrán los

resultados del análisis en conjunto de todos los componentes de la ocupación

preclásica del sitio Coaxilote 1.

Para una mayor referencia de las temporalidades se anexan tres cronologías propuestas

por Niederbeger (figura 117), Cyphers (figura 118) y Grove (figura 119).

296
Figura 117. Cronología para el Preclásico, propuesta por Christine Niederberger.
Tomado de Niederberger, 2018: 310.

297
Figura 118. Cronología para el Preclásic. Tomado de Cyphers, 1992: 23.

298
Figura 119. Cronología para el Preclásico, propuesta por David Grove. Tomado de Grove,
1974: 53.

299
VII

OBSERVACIONES FINALES

El análisis del contexto y los materiales arqueológicos, así como del medio ambiente donde

se asentó la población Preclásica de Coaxilote 1, proporcionó información que permite

establecer aspectos generales que caracterizaron a sus habitantes, ello a pesar de ser un

contexto pequeño y con pocos elementos arquitectónicos y arqueológicos.

Como un primer aspecto a considerar, es el medio ambiente elegido. En general, esta

región del Estado de Puebla, se caracteriza por tener un clima cálido, abundantes recursos

hídricos y naturales. En específico, el área donde se asienta Coaxilote 1 presenta unas

características únicas que justifican su elección como un lugar de habitación, de entre las que

destaca el manantial, que proveía de agua constantemente a los pobladores, más la

proveniente de la Barranca Coaxilote durante la época de lluvias. Seguramente en ese arroyo,

se podía acceder a alimento, tanto especies acuáticas como terrestres, ya que estas últimas

seguramente se aproximaban a beber agua o igualmente a proveerse de alimento. El agua

además de servir como consumo y para la preparación de alimentos, seguramente se empleó

en la construcción, en la elaboración de vasijas cerámicas, figurillas, pigmentos, entre otros

usos.

Los habitantes de Coaxilote 1, aprovecharon ambas laderas de la barranca Coaxilote,

para establecer sus casas, siendo niveladas en terrazas sobre las que se asentaron estas

construcciones, cabe señalar que, si hubo un muro de contención de estas terrazas, no se

preservó. El entorno seguramente les brindó la materia prima necesaria para su construcción,

que en caso de la Estructura 3, se aprovechó la piedra caliza en la zona para su cimiento.

Asimismo, se accedió al sílex o pedernal, presente como lentes de sílex en la conformación

geomorfológica del lomerío donde se asienta, además que este material se ubica en otras

300
áreas de la región. En este punto cabe resaltar la abundante presencia de lascas de desecho

de este material dispersos en el asentamiento, por lo que probablemente una de las actividades

que pudo desarrollarse en este emplazamiento estuvo relacionada con el sílex, sin embargo,

futuras investigaciones darán luz sobre este aspecto. Dentro de la región hay andesita y

basalto, que probablemente fueron aprovechados para la elaboración de herramientas de

molienda.

El suelo de Coaxilote 1 no es muy propicio para el cultivo, aunque pudieron haberse

sembrado algunas especies para el consumo de los habitantes de la Estructura 3. Aun así, la

formación donde se encuentra Coaxilote 1 tiene alrededor suelos muy fértiles como los

Vertisoles, que son muy arcillosos, los Fluvisoles, que son un poco más arenosos, los

Feozems las Rendzinas. Al igual que pudieron ser terrenos ideales para el cultivo, pudieron

proporcionar la arcilla necesaria para la elaboración de vasijas cerámicas, figurillas, o arcilla

para construcción, tanto para las juntas de las piedras, como para los muros de las casas. Esto

aunado a otros suelos más arenosos, que pudieron proporcionar los desgrasantes necesarios

para la fabricación de los artefactos cerámicos.

La vegetación circundante seguramente fue aprovechada para la elaboración de

herramientas, fibras, como material constructivo, combustible, alimento y medicina. Por otro

lado, los huesos de animales y otras partes de sus cuerpos igualmente pudieron ser utilizados

como herramientas y vestimenta, pero por desgracia no se conservaron en el contexto.

Uno de los objetivos particulares de esta investigación fue hacer la descripción de los

elementos arquitectónicos del sitio y compararlos con los de otros asentamientos

contemporáneos. Por desgracia, pocos sitios temporalmente equivalentes presentan

arquitectura, además que varían en función, dimensiones, orientación y tipo de muro (dobles

o sencillos), sin embargo, el sitio que presenta mayor similitud es Las Bocas, en su sistema
301
constructivo, aunque en Las Bocas son muros sencillos mientras que en Coaxilote 1 son

dobles. También es un tanto similar a la arquitectura de Nexpa, en la unidad NA-2, donde

hay dos niveles de cimientos, aunque los muros son sencillos a diferencia de Coaxilote 1.

Asimismo, el sistema constructivo del Elemento Circular de Coaxilote 1, tiene similitud con

los agujeros de poste de Temamatla, aunque temporalmente no son contemporáneos, a pesar

que en este segundo se tiene evidencia de ocupación desde la fase Manantial.

Según Silvia Murillo (2002:55-79), plantea varios puntos a considerar sobre las

costumbres funerarias, ella lo aplica en su estudio sobre otopames, pero los identificó en las

fuentes etnohistóricas como Sahagún, Durán, De la Serna, Torquemada, entre otros. Aquí se

considera que pueden ser aplicados diversos patrones funerarios en Mesoamérica, como es

el caso de los entierros de Coaxilote 1.

Estos pasos son:

a) Tratamiento funerario del cuerpo: ella identificó en las fuentes etnohistóricas

varias formas de preparar el cuerpo, como lavarlo, cerrar sus ojos, se vestían según

su rango o adornados por su tipo de muerte, igualmente podían ser enterrados

directamente, en un fardo mortuorio, en un contenedor o cremados. En los otomíes

se hacía una serie de rituales antes de su enterramiento, como ponerlos frente a un

fogón y sentarlo después en otro lugar. Nuevamente en las fuentes se hace mención

de la disposición de los muertos al interior de las casas, en los patios o las

sementeras.

Aunque en Coaxilote 1, muchos de estos aspectos no pueden apreciarse, en

específico los rituales anteriores al fallecimiento, durante y después, hay algunos

que pueden inferirse. Si los individuos no fallecieron repentinamente, si no por

enfermedad, seguramente se llevaron a cabo una serie de rituales que lo prepararían


302
para el momento del deceso. Una vez que el individuo falleció, seguramente fue

lavado y vestido de acuerdo a su rango social dentro de la comunidad. Este proceso

pudo llevarse a cabo por medio de otros rituales y, asimismo, se preparó todo para

su inhumación, es decir la selección del lugar donde sería depositado, la

preparación de su ofrenda y la excavación de la fosa.

b) Posición social (en vida o al momento de la muerte): este aparatado se refiere al

estatus que tenía el fallecido en la sociedad a la que pertenecía, que se distingue por

la colocación de algunos materiales distintivos en la ofrenda, además de la cantidad

de objetos, aunque esto último no siempre es un determinante de estatus.

En Coaxilote 1 se considera que, al no haber más cuerpos inhumados en el área de

la Estructura 3, es probable que se seleccionaran ciertos individuos para ser

inhumados, es decir no cualquier persona podía enterrarse, por lo que esto ya les

brinda una posición social específica respecto de los demás habitantes. Todos,

excepto el Entierro 1, portan ofrendas consistentes en vasijas pequeñas, pero los

elementos que pueden ser distintivos de estatus entre los que se acompañan con

vasijas pequeñas, son las dos figurillas D2 y las cuentas de piedra verde, ya que

ambos son elementos muy particulares que fueron asociados con las personas a las

que se les depositaron. Probablemente la posición del Entierro 1 y su botellón,

pudieran ser un distintivo social, aunque también puede deberse a otros motivos,

como la adopción de otro patrón de enterramiento o por el tipo de muerte.

c) Tipo de muerte: el tratamiento y disposición del cuerpo dependía del tipo de muerte

que tenía el individuo, que podía ser ahogado, por un rayo, en la guerra, en parto,

por enfermedades, entre otros. El tipo de muerte igualmente podía ser determinado

por la sociedad según se comportó el individuo, es decir, si robó, fue adúltero o


303
sacrílego se le apedreaba, ahorcaba o despeñaba, como forma de castigo y su cuerpo

podía ser abandonado en la intemperie. Otro tipo de muerte establecido era el

sacrificio humano para determinadas deidades, que, según su naturaleza, se llevaba

a cabo de diversas formas.

En Coaxilote 1, no parece haber un distintivo para este punto, sin embargo,

probablemente la disposición del Entierro 1, que es en decúbito ventral extendido,

a diferencia de los demás individuos que están en decúbito dorsal extendido, así

como la colocación de un botellón de silueta compuesta, que además es

prácticamente la única vasija de tamaño estándar (aunque es probable que otra

vasija fuera el fragmento de vaso en el Entierro 5), pueda deberse al tipo de muerte

que tuvo el individuo.

d) Ofrenda: el tipo de ofrenda que se colocaba al difunto dependía de su posición

social, sexo, edad y tipo de muerte, y consistía en provisiones que acompañarían al

muerto en su largo camino. Estas podían ser alimentos, herramientas de trabajo,

perros, cuentas, figurillas, entre otros.

En Coaxilote 1 las ofrendas pudieran reflejar distinciones de estatus, como el caso

de los Entierros 3 y 4 que presentan figurillas de Tradición D2, una de las cuales es

probablemente sea una representación muy temprana del del Dios Viejo, y ambas

cuentan con una cuenta de piedra verde, material que seguramente solo pudo

pertenecer o ser portado por ciertas personas de la población residente. A su vez, el

Entierro 5, cuenta con una navajilla de obsidiana, que igualmente pudo fungir como

un distintivo de estatus o de oficio.

e) Rituales funerarios póstumos: posterior al enterramiento de los individuos, se

realizaban rituales que sucedían inmediatamente después de este evento y


304
continuaban durante algunos años, hasta que el difunto llegaba a su destino final.

Algunos consistían en dejar ofrendas donde estaban inhumados, otros en conservar

fémures u otras partes corporales como reliquias que ayudarían a los poseedores de

las mismas, las que eran adornadas y veneradas por muchos años, asimismo, en

caso de no tener un cuerpo para sepultar, se hacía un fardo funerario el cual era

simbólicamente enterrado.

En Coaxilote 1 no se tiene propiamente un marcador de este tipo de rituales

póstumos al enterramiento de los individuos, sin embargo, hay que considerar que

se recuperaron las Vasijas 2 y 3, que no se encuentran asociadas a restos humanos

o arquitectónicos, además que se ubican en el área que más se utilizó como depósito

funerario, por lo que tal vez estas vasijas pudieron fungir como una ofrenda

póstuma para alguno de los entierros registrados, o como marcador del área

destinada para sepultura. Si bien no se afirma que esta sea su función, podría ser

una explicación del porqué se localizan a una menor profundidad respecto de los

entierros ubicados dentro del mismo cuadro, así como su falta de asociación a restos

arquitectónicos o humanos.

Podría decirse entonces que el patrón funerario de Coaxilote 1 consiste en la

preferencia por enterrar adultos con orientación norte-sur, este-oeste u oeste-este, con una

ofrenda y por sepultarlos al sur de la Estructura 3. Seguramente a cada individuo se le

hicieron una serie de rituales, anteriores a su fallecimiento si se encontraba enfermo o se

sabía que fallecería, durante este evento y posterior al mismo. Estos rituales seguramente

dependieron de su estatus social, oficio o sexo, aunados a la propia cosmovisión del grupo,

este aspecto probablemente reflejado en la figurilla del precursor del Dios Viejo.
305
Aunque en el Preclásico no se tiene una estandarización en la disposición de los

entierros, puede verse en las comparaciones hechas con Tlatilco, Las Bocas y Nexpa, que

hay una tendencia a preferir la inhumación decúbito dorsal extendida, la colocación de

ofrendas, dentro de las que se encuentran vasijas que seguramente contenían alimentos,

líquidos u otros elementos perecederos, figurillas, objetos de obsidiana, pedernal o sílex,

entre otros, así como objetos ornamentales como cuentas de piedra verde o concha, orejeras,

entre otros, aunque también los hay sin ofrenda o elementos ornamentales. Igualmente, estos

entierros se ubican en el espacio doméstico, tanto al interior de casas como en patios,

siguiendo orientaciones norte-sur, sur-norte, este-oeste y oeste-este, y son depositados en

áreas que muchas veces son reutilizadas constantemente. Respecto a las vasijas, al menos en

los sitios del Preclásico Temprano a inicios del Medio, son de uso doméstico pues se han

encontrado fragmentos similares en rellenos, sin embargo, las vasijas de estilo Río Cuautla,

que incluye botellones exóticos y figurillas D y K, probablemente se encuentran asociadas a

un culto funerario (Cyphers, 1987, 94).

Cabe señalar que no se demerita la importancia de realizar el análisis de los fragmentos

cerámicos y demás artefactos en cada estrato, sin embargo, se considera que, al ser los

entierros eventos que se suscitaron una sola vez en un periodo determinado, son depósitos

primarios y por lo tanto las vasijas asociadas a los individuos inhumados, son objetos que

proporcionan una aproximación temporal confiable. Schiffer (1972: 160) considera a los

objetos asociados a los entierros humanos, como una fuente significativa de elementos

intactos en el contexto arqueológico. Asimismo, Jiménez afirma que “los procesos de

deposición primaria son los que aportan mayor información a los arqueólogos sobre el

contexto sistémico, o al menos los que lo hacen de manera directa” (2008: 129). Además,

Rosa Reyna Robles y Lauro González, citando a Niederberger (1998: 124), consideran que
306
“en ausencia de fechamientos absolutos, las características de la cerámica constituyen aún

una guía privilegiada para establecer cronologías relativas”.

Si bien, los demás materiales que quedan por estudiar, enriquecerán la información

aquí expuesta, éstos se consideran dentro de los depósitos secundarios, ya que se encuentran

dispersos en los rellenos constructivos, o en los rellenos posdeposicionales que se fueron

acumulando a través del tiempo. Retomando a Schiffer (1991: 40) “los procesos de formación

se definen como todos los eventos, actividades y procesos que afectan a los artefactos después

de su uso inicial en un tipo particular de actividad, y estos procesos pueden ser tanto

culturales como no culturales”16, entre los culturales se encuentran el reúso, que se da dentro

del contexto sistémico, consistente en el reciclaje de un objeto; el depósito cultural, es decir

el abandono, pérdida o desecho de artefactos y la disposición de los muertos, que marcan una

transformación de un contexto sistémico a uno arqueológico; la reclamación, donde los

objetos vuelven a entrar a un contexto sistémico, desde uno arqueológico; y el último es la

perturbación, que consiste en actividades que modifican la superficie terrestre, y se ejecutan

sobre un contexto arqueológico17. Dentro de estos procesos hay desechos primarios y

secundarios, los primeros corresponden a objetos que se desechan donde fueron utilizados,

los segundos a aquéllos desechados en un área distinta de donde se usaron, los cuales

mostrarán una mayor diversidad por contener desechos derivados de diversas actividades,

será poco probable encontrar un objeto completo e intacto y, además, si el sitio tuvo una

ocupación de varios años, esta variabilidad de artefactos será mayor. Hay una tercera

16
Traducción del idioma inglés, por quien suscribe esta investigación.
17
“El Contexto Sistémico etiqueta la condición de un elemento que está participando en un sistema de
comportamiento. El Contexto Arqueológico describe los materiales que pasaron a través de un sistema cultural
y que ahora son objeto de investigación de arqueólogos” (Schiffer, 1972: 157). Traducción del idioma inglés,
por quien suscribe esta investigación.

307
categoría consistente en desechos de facto, que son aquellos aun útiles, que se dejaron una

vez que el sitio fue abandonado (Schiffer, 1983: 681, 686; Schiffer, 1991: 40).

A su vez se tienen los procesos naturales que igualmente determinan el contexto

arqueológico, dentro de los que se tienen el deterioro de los artefactos por contacto con el

medio ambiente, la alteración de los sitios que incluyen afectaciones por pequeños

organismos, así como por grandes ciclos naturales y los procesos regionales, que son

modificaciones en los sitios por eventos como los aluviones o el crecimiento de la vegetación

(Schiffer, 1991: 40).

A pesar de que el asentamiento de la Estructura 3 es muy superficial, es evidente que

los procesos culturales y medioambientales posteriores al abandono durante el Preclásico y

la reocupación y abandono en el Posclásico, no afectaron estos contextos funerarios. Si bien,

se evidencian perturbaciones de tipo cultural en algunos individuos, éstos sucedieron durante

el Preclásico, sin dejar de obviar los mismos procesos tafonómicos que afectan a los restos

óseos. Surovell, et al., los describen de la siguiente manera:

Los procesos de formación culturales, incluyendo varias formas de movimiento de tierra,

también operan en la tierra superficial. Por lo tanto, los artefactos que se encuentran en las

superficies deben ser más susceptibles a un desplazamiento lateral y/o vertical, y los efectos de

los procesos de perturbación superficial deberían disminuir generalmente, según se encuentren

a mayor profundidad. Los artefactos podrán preservar su integridad espacial (definida como la

preservación de las relaciones espaciales entre artefactos) si están enterrados gentil y

rápidamente, consiguiendo una profundidad significativa (2005: 628).

En cambio, en algunas áreas de la Estructura 3, se encuentran materiales del Posclásico,

lo que demuestra la intrusión de éstos, ya sea por la reutilización del espacio o por su acarreo,

308
derivado de las características físicas del terreno18. “En asentamientos sedentarios,

especialmente aquéllos ocupados por varias décadas, las estructuras abandonadas son

generalmente usadas como receptáculos de deseño secundario”19 (Schiffer, 1983:692). Por

desgracia la Estructura 6 -localizada al Oeste de la Estructura 3- no pudo ser intervenida,

pero, en un supuesto de que fuera una construcción del Posclásico, materiales procedentes de

ésta, pudieron introducirse en la Estructura 3, pues, aunque las terrazas seguramente estaban

niveladas, con el paso del tiempo la erosión de la ladera pudo provocar la remoción de los

materiales hacia la misma. Por ello ser reitera la importancia de continuar con esta

investigación y poder complementar el análisis pertinente para un mejor entendimiento de

los procesos de deposición que introdujeron esos materiales en el contexto Preclásico.

Aquí, cabe hacer una aclaración. Al hacer referencia al abandono del asentamiento, no

se da por sentado un abandono repentino, sino que seguramente fue gradual, como sugiere

Jiménez, quien menciona la importancia de ver cómo un área es abandonada pues éste puede

contribuir a la destrucción total o parcial de la ocupación original. Asimismo, dentro de estos

procesos, pueden existir los “procesos de abandono ritual”, término propuesto por Schiffer y

LaMotta, consistentes en realizar ofrendas, en lugares donde los objetos no fueron utilizados,

igualmente estos objetos pudieron removerse de un contexto ritual, para ser utilizado con

otro fin. Esto podría igualmente explicar la presencia de las dos vasijas aisladas en la

Estructura 3, ya fuera que se trataran de ofrendas rituales durante el abandono, o que fueran

removidas de un contexto ritual, como algún entierro, para ser posteriormente reutilizadas y

dispuestas en un lugar distinto (2008: 130-131).

18
Consultar el Informe de Análisis Cerámico (Córdova et al., 2019: 263-301).
19
Traducción del idioma inglés por quien suscribe esta investigación.

309
La cerámica refleja las interacciones que tuvo Coaxilote 1 con otras regiones de

Mesoamérica, siendo el estilo que predomina el que Grove identifica como “Cultura

Tlatilco”, “Complejo Estilístico Tlatilco” o “Complejo Río Cuautla” que para él “se refiere

a un complejo de vasijas cerámicas que consisten básicamente en vasijas rojo sobre café en

la forma de botellones carenados, botellones acinturados y botellones con asa vertedera”20,

el cual incluye también la presencia de las figurillas D, K y O (1974: 4, 2010: 46).

Se identificaron varios tipos cerámicos en Coaxilote 1, los cuales fueron ubicados

temporalmente con base en las propuestas de Cyphers para Chalcatzingo y de Niederberger

para Zohapilco. Se sabe que las fases de Zohapilco tienen inconsistencias, específicamente

en el Complejo Nevada y la fase Ayotla, pues solo el estrato 13 correspondería al Complejo

Nevada, mientras que los estratos 9, 10, 11 y 12 a los Ayotla, según lo observaron Di Castro

y Cyphers y no como Niederberger lo propuso, donde colocó los estratos 12 y 13 dentro del

Complejo Nevada (2006: 47-52). Sin embargo, tomando en cuenta esta situación, se

considera que sigue siendo pertinente para los fines de esta investigación pues esta datación

se está cotejando con la que Cyphers propuso para Chalcatzingo, por lo que ambas se

complementan.

El tipo más representado es el Café Pulido con nueve vasijas, el cual se consideró

similar al Café Cuautla propuesto por Cyphers para Chalcatzingo y el Tortuga Pulido de

Niederberger para Zohapilco, ubicándolo en las fases Ayotla (1200-1000 a.C.), Manantial

(1000-800 a.C.) y Amate (1500-1100 a.C.). El tipo Rojo Pulido fue representado por una sola

vasija, que, si bien se colocó en el complejo Nevada y la fase Ayotla (1400-1000 a.C.) de

Zohapilco, tomando en cuenta las observaciones de Di Castro y Cyphers, es probable que

20
Traducción del inglés por quien suscribe esta investigación.

310
corresponda con la fase Ayotla, además que coincide con el Cuautla Rojo de Chalcatzingo,

correspondiente con la fase Amate (1500-1100 a.C.).

El tipo Rojo sobre Café Pulido se presenta en Chalcatzingo, clasificado dentro del

Cuautla Rojo, en Zohapilco como Pilli Rojo en la fase Ayotla, o a los tipos Mapache Borde

Rojo y Ventana Rojo sobre Bayo del Complejo Nevada. Nuevamente aquí se tiene la

disyuntiva temporal respecto a estas dos fases, sin embargo, se considera que un atributo

representativo es el fondo de “pseudomolcajete” que puede ser el atributo determinante de la

temporalidad de este tipo, que en Tlapacoya se ubica en la fase Manantial (1000-800) y en

Chalcatzingo en la fase Barranca (1000-700 a.C.). Lo interesante es que los fondos de

“pseudomolcajete” no se presentan en las cerámicas Rojo sobre Café de esos sitios, por

ejemplo, en Zohapilco se identificaron en los tipos Tortuga Pulido Tardío, Pilli Rojo y Cesto

Blanco, mientras que en Chalcatzingo en los tipos Laca y Borde Blanco, lo que puede

atribuirse a una adaptación local de este motivo decorativo con una vajilla específica de

Coaxilote 1. El tipo Anaranjado Pulido Preclásico, se consideró que presenta similitudes en

decoración con el tipo Tortuga Pulido de Tlapacoya, por lo que se ubicó temporalmente en

la fase Ayotla (1250-1000 a.C), ya que las incisiones al exterior son anchas y el fondo parece

ser una variante simplificada del motivo de “estrella”.

El tipo Pasta Burda es similar al reportado por Cyphers para Chalcatzingo como

cerámica foránea proveniente de Las Bocas, llamado Del Prado Rosa, el cual es una pasta

bastante burda. Es interesante cómo es que nuevamente se presenta la decoración de

“pseudomolcajete” en esta vajilla e igualmente el botellón de silueta compuesta, el cual tiene

una forma más tosca o burda, respecto a los encontrados en Nexpa, y en Tlatilco, que son de

una manufactura más fina, más pulida y en vajillas cafés o rojas sobre café, lo que

nuevamente indica una adopción de esta forma adaptada a la pasta local. Debido a estos dos
311
rasgos específicos se situó en Amate Tardío (1250-1100), Barranca Temprano (1100-1000

a.C.), Nexpa Tardío (1050-900 a.C.) y San Pablo B (1050-900 a.C.).

Como puede apreciarse, los contactos de Coaxilote 1 con otras regiones se manifiestan

en la adopción de los motivos decorativos o las formas cerámicas aplicados a su cerámica

local. Cabe señalar que, a pesar de localizarse muy próximo al sitio de Las Bocas, su cerámica

no es tan similar a la de este sitio, sino que comparte rasgos similares con la región del río

Cuautla y con Tlatilco. Ello puede deberse a propuesta de Cyphers que versa sobre esferas

de interacción cultural:

Los patrones distribucionales de los botellones exóticos dibujan una clara ruta de comunicación

e intercambio localizada que pasaba por el centro de Morelos para entrar en la parte norte de

Guerrero, con la finalidad de obtener el codiciado cinabrio que abundaba en la región de

Huahuaxtla y Huitzuco (González, 1944, Fries, 1960)21. Por consiguiente, el complejo del

material de la fase puede indicar que, debido a la ausencia de los objetos funerarios,

Chalcatzingo haya sido marginal a tal fenómeno. En apoyo a dicha hipótesis se puede notar

que los botellones exóticos están restringidos a la cuenca del río Cuautla. Cabe notar que Las

Bocas tampoco los tiene (1992: 154).

Asimismo, Grove propone, respecto a la cerámica de Tlatilco y Zohapilco que:

Las sociedades de las tierras altas a propósito crearon y mantuvieron ciertas similitudes y

diferencias en la cerámica para distinguirse de los “otros”. Aunque las áreas del este y oeste de

la Cuenca (de México) probablemente estaban en términos amistosos y constantemente tenían

interacciones económicas, las sociedades en esas dos regiones percibieron la necesidad de

expresar su división simbólicamente manteniendo dos conjuntos cerámicos relativamente

21
Al ser una cita textual, los autores citados por Cyphers se colocaron dentro del párrafo.

312
distintos. Mientras los poblados del oeste de la Cuenca parecen haber mantenido una filiación

“cerámica” con las aldeas del sur de Morelos, la cerámica de Zohapilco parece sugerir lazos

con los poblados del Valle de Izúcar de Matamoros, al oeste de Puebla (por ejemplo, el sitio

de Las Bocas), hacia el sureste (2000: 133-134)22.

Si bien Grove aquí refiere a pueblos del Valle de Izúcar de Matamoros, que es la región

donde se ubica Coaxilote 1, es evidente que específicamente se refiere a Las Bocas, y en su

momento él desconocía la presencia de Coaxilote 1, por lo que probablemente asumió que

otros grupos de esta temporalidad, pudieran estar afiliados a Las Bocas.

Coaxilote 1, participaría entonces dentro de la esfera de interacción en la que

participaron sitios como San Pablo, Nexpa, Tlatilco, entre otros que tienen dentro de sus

materiales los botellones conformas exóticas y figurillas de las tradiciones D, K y O. Al ser

un asentamiento pequeño, debió estar sujeto a uno más grande, el cual probablemente no

fuera Las Bocas, debido a la poca similitud de sus materiales cerámicos, aunque esto no

quiere decir que no tuvieran algún tipo de interacción.

Las relaciones con otras regiones, además de constatarse con materiales cerámicos,

como vasijas y figurillas, se infiere por la presencia de dos cuentas de piedra verde en los

Entierros 3 y 4 y por la obsidiana recabada, tanto en el Entierro 5, como en los rellenos

constructivos. Por desgracia no se ha realizado el análisis de estos objetos y por lo tanto no

se sabe su procedencia, pero es un dato que podrá obtenerse en futuras investigaciones. Las

interacciones pudieron propiciarse por las rutas naturales tanto terrestres como fluviales,

como los ríos Nexapa y Atila, ambos localizados a 4 km de Coaxilote 1, el primero hacia el

22
Traducción del inglés por quien suscribe esta investigación.

313
este, mientras que el segundo se localiza al oeste. Una característica de las poblaciones del

Preclásico Temprano era asentarse a lo largo de corredores naturales de comunicación, tanto

para abastecerse de recursos hídricos como para el uso como vía de comunicación que

pudieran servir para el intercambio (Grove, 1974: 62).

Si bien no puede conocerse la religión de los habitantes de Coaxilote 1 hay un par de

elementos que pueden sugerir una cosmovisión en estas poblaciones, y corresponden a las

figurillas asociadas a los Entierros 3 y 4. Una es la figurilla de Tradición D2 y la otra a la

posible representación del Dios Viejo o Huehuetéotl. Si bien no se sabe con certeza la función

de las figurillas de esta tradición, es una constante que se encuentran en entierros humanos,

aunque también se han recabado las cabezas o fragmentos de sus cuerpos en los rellenos

constructivos de los diversos asentamientos contemporáneos a Coaxilote 1. Sin embrago,

algunas de las interpretaciones de las funciones de las figurillas Preclásicas las refieren, como

representaciones que aluden a la fertilidad:

El pensamiento religioso durante este periodo evidencia el bajo nivel de desarrollo de las

fuerzas productivas. Su dependencia de los fenómenos naturales generó, sin duda, peculiares

ideaciones alrededor de la fertilidad vegetal que, aleatoria e incierta, debió ser la primeramente

comparada al ciclo reproductor humano susceptible de datación mediante el ménstruo, y

posteriormente regulada de acuerdo con cómputos selénicos. La presencia de la sangre

menstrual en asociación a las fases lunares, y éstas identificadas como determinantes de la

lluvia y la fertilidad humana y vegetal, integrarían un conjunto simbólico relacionado a

hierfoanías vegetales, posiblemente expresado en la serie luna -lluvia-fertilidad (Báez-Jorge,

1988: 159).

314
Cyphers (1987: 225-226), por su parte, considera que las figurillas femeninas podían

usarse en ritos de curación, en ritos de transición o que se relacionaban a sistemas de edades.

Si bien ella aplica esta propuesta a figurillas el Preclásico Medio en Chalcatzingo, puede ser

que alguna de estas aplicaciones pudiera efectuarse durante el Preclásico Temprano e inicios

del Medio.

Asimismo, Niederberger (2018: 367) considera que las figurillas se encuentran

asociadas al sistema ideológico de las sociedades del Preclásico, donde son:

Portadoras de mensajes y de símbolos, más que simples juguetes, las representaciones

antropomorfas y zoomorfas pueden expresar -a través de cánones y códigos claramente

definidos- distintos aspectos del universo de creencias y de la historia de una comunidad:

imágenes de acontecimientos, amuletos, personajes reales o convencionales, seres míticos,

jerarcas, deidades locales o ecuménicas.

Como manifestaciones particulares del sistema social y religioso, estas representaciones son

susceptibles de asumir -como lo ratifican numerosos ejemplos etnográficos amerindios-

funciones precisas en los rituales del ámbito doméstico, del linaje o de la comunidad, en los

juegos sagrados, los ritos de abundancia, el ceremonial de distintos gremios, o bien en el marco

de las practicas funerarias. En este último caso, ciertos grupos de figurillas, asociadas a las

sepulturas, pueden constituir el indicio de diferencias de estatus, acompañar o distraer al

difunto o poseer un valor apotropaico.

Si bien la función de la figurilla antropomorfa de la Tradición D2, asociada al Entierro

4, no puede ser del todo conocida, seguramente su asociación con el contexto funerario pudo

otorgar un estatus a la mujer a la que fue depositada, quien probablemente en vida, la utilizó

en algunos rituales propios de su cosmovisión.

315
Respecto a la representación del Dios Viejo/Huehuetéotl, al ser una deidad tutelar y

antigua, es muy probable que su culto se haya iniciado desde el Preclásico Temprano.

Montero propone que en la región de Puebla-Tlaxcala probablemente se originó el culto a

Huehuetéotl, en el periodo Preclásico Medio-Tardío (800-400 a.n.e), esto, por la

representación encontrada en el sitio de Nativitas en Tlaxcala. Sin embargo, el ejemplar de

Coaxilote 1 es más antiguo, aunque su presencia puede constatar que este culto sí pudo

originarse en la región de Puebla. Su culto pudo efectuarse en el ámbito doméstico, en donde

“el elemento base que transformaba los materiales al interior de los fogones pasó de tener un

carácter anímico y adquirió características humanas sin dejar de lado sus particularidades

divinas” (Montero, 2004: 323).

Asimismo, esta deidad se ha asociado a los volcanes y su poder destructivo cuando

hacen erupción. Este sentido pudo atribuirse a la figurilla de Coaxilote 1, pues el Popocatépetl

se encuentra a poca distancia del sitio y seguramente se encontraba en actividad en la época

en que el asentamiento estuvo ocupado. Además, los braseros, además de representar el cono

de los volcanes, servía para cocer alimentos, sahumar, calentar y alumbrar (Montero, 2004:

96, 113). Si bien la figurilla de Coaxilote 1 no tuvo esa función, sí pudo ser la representación

de un elemento natural como el cono de un volcán o dentro de ella pudo colocarse alguna

resina o algún otro elemento asociado al fuego, además, la figurilla del Dios Viejo

probablemente se portaba colgada debido a los dos orificios a la altura de las axilas.

Para finalizar puede resumirse que los habitantes de Coaxilote 1, eran una población

que se asentó en un área con amplios recursos naturales que aprovecharon para subsistir,

probablemente una de las actividades que realizaban se encontraba asociada al sílex,

participaron en una dinámica de contacto e intercambio durante el Preclásico, con diversas

regiones, que pudieron estar inmersas dentro de su misma esfera de interacción cultural
316
compartida por lugares como Nexpa, San Pablo o Tlatilco, o con áreas con distintas esferas,

como Chalcatzingo o Las Bocas. Los pobladores de Coaxilote 1 adoptaron diversos atributos

de la cerámica y figurillas antropomorfas, compartidas con los asentamientos dentro de su

esfera de interacción, resignificándolos en en sus materiales locales y compartieron una

cosmovisión donde las figurillas se utilizaban en diversos rituales, incluyendo el del

enterramiento y donde se profesaba el culto al Dios Viejo.

Esta investigación es un acercamiento inicial a un asentamiento que se desarrolló a

finales del Preclásico Temprano e inicios del Medio, por lo que futuras investigaciones

deberán efectuarse para ampliar los datos aquí expuestos, como es el caso de sus contactos

interregionales, reflejados en los rasgos estilísticos de sus materiales cerámicos, así como la

procedencia de la obsidiana o la piedra verde, o determinar si este asentamiento tuvo una

actividad relacionada con el procesamiento del pedernal, entre otros aspectos.

317
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Avilés, María (2005). La Arqueología del Formativo Temprano Chalcatzingo, Morelos,

México, 1995. Traducción por Silvia Sullivan. FAMSI.

[Link]

Báez-Jorge, Félix (1988). De la mujer y la tierra (Las figurillas femeninas del Preclásico y el

pensamiento religioso en Mesoamérica). La Palabra y el Hombre (68), (pp. 144-165).

Universidad Veracruzana.

[Link]

llowed=y

Binford, Lewis R. (2011). Las prácticas funerarias: su estudio y su potencial. Pyrenae: revista

de prehistòria i antiguitat de la Mediterrània Occidental. Vol. 42 (1), (pp. 11-47)

[Link]

Bolaños, Rodrigo (2020). Ser y quehacer de los muertos. En Laura Ledesma Gallegos, Mario

Córdova Tello y Carolina Meza Rodríguez (coords.). Jojutla y la Tlalnahua. Arqueología de

los Valles Morelenses (pp. 35-103).

Bugé, David E. (1987). Plant, Ecology and Paleoecology. En David Grove (Ed.), Ancient

Chalcatzingo (pp. 14-20). University of Texas Press.

Canto Aguilar, Giselle y Jaime F. Reséndiz Machón (2007-2008). Las tradiciones cerámicas

de Zazacatla durante el Preclásico. THULE (22/23-24/25), (pp. 219-260).


318
Canto Aguilar, Giselle y Víctor M. Castro Mendoza (2010). Zazacatla in the framework of

Olmec Mesoamerica. En J. Guernsey, J. E. Clark y B. Arroyo (eds.) The Place of Stone

Monuments: Context, use and meaning in Mesoamerica Preclassic transition. (pp.77-95).

Dumbarton Oaks.

Canto Aguilar, Giselle, Aiko Paola Lázaro Yamashiro, Georgia Yris Bravo López y Ana

Emma Peña Rodríguez (2011). Rescate arqueológico Zazacatla: Predio empresa “Cervezas

Modelo del Centro”, Xochitepec, Morelos. Segunda parte: clasificación de materiales

arqueológicos, A-cerámica. (pp. 294-). INAH.

Canto Aguilar, Giselle, Georgia Yris Bravo López, Ely del Carmen Jaime Rojas, Francisca

Minerva Martínez Olvera, Ana Emma Peña Rodríguez, Jaime Francisco Reséndiz Machón

(2016). Rescate arqueológico Coppel, San Mateo, Puente de Ixtla. Informe final. INAH.

Carballo, David M. (2007). Effigy vessels, religious integration, and the origins of the Central

Mexican pantheon. Ancient Mesoamerica, 18(1), (pp. 53-67). Cambridge University Press.

[Link]

Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) (2020). Actualización de la disponibilidad media

anual de agua en el acuífero Atlixco-Izúcar de Matamoros (2103), Estado de Puebla.

Subdirección General Técnica, Gerencia de Aguas Subterráneas.

[Link]

319
Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

EncicloVida. [Link] Consultado el 19 de abril de 2021.

Córdova Tello, Mario, Giselle Canto Aguilar, Carolina Meza Rodríguez, Royma N. Gutiérrez

García, Wendy Osorio Ceme, Omar Espinosa Severino, Gilberto Buitrago Sandoval,

Montserrat Zitlalxochitl Ramírez Bazán, Pamela Libertad Leyva Jasso, Gustavo Fernández

y Aguas, Alfredo Fernández Aguas (2013). Proyecto Arqueológico Chalcatzingo. Informe

2013. INAH.

Córdova Tello, Mario, J Jesús Aguilar Munguía y Adriana López Hernández (2016).

Proyecto de Salvamento Arqueológico, Libramiento La Galarza. Recorrido de Superficie.

INAH, Tomos I y II.

Córdova Tello, Mario, Viridiana Hernández Sánchez y Francisco Javier Martínez de Jesús

(2018). Informe de análisis de materiales cerámicos Terraza 6, El Cazador, Chalcatzingo,

Morelos. INAH. Borrador, Acervo Chalcatzingo.

Córdova Tello, Mario, J Jesús Aguilar Munguía, Rodrigo Bolaños Martínez, Adriana López

Hernández, Carolina Meza Rodríguez e Israel Peña Pascual (2019a). Proyecto de Salvamento

Arqueológico, Libramiento La Galarza, Puebla. Informe de Excavación. INAH.

Córdova Tello, Mario, J Jesús Aguilar Munguía, Adriana López Hernández, Israel Peña

Pascual (2019b). Proyecto de Salvamento Arqueológico, Libramiento La Galarza, Puebla.

Informe de Análisis Cerámico. INAH.


320
Culbert, T. Patrick y Robert L. Lands (2007). Multiple Classifications: An Alternative

Approach to the Investigation of Maya Ceramics. Latin American Antiquity, Vol 18 (2)

(pp.181-190). Cambridge University Press. [Link]

Cyphers Guillén, Ann (1982). The implications of dated monumental art from Chalcatzingo,

Morelos, Mexico. World Archaeology. Vol.13, (3), (pp. 382-393).

[Link]

Cyphers Tomic de Guillén, Ann Marie (1987). Las figurillas de Chalcatzingo, Morelos:

Estudio de Arte y Antropología. Tesis de Doctorado. UNAM.

Cyphers Guillén, Ann (1992). Chalcatzingo, Morelos. Estudio de cerámica y sociedad.

Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

Cyphers, Ann (2018). Los Olmecas y sus esferas de interacción. En María Teresa Uriarte

(Ed.), Olmecas, (pp. 25-78) UNAM, Jaca Book.

Cyphers Guillén, Ann y David C. Grove (1987). Chronology and Cultural Phases at

Chalcatzingo. En David C. Grove (Ed.), Ancient Chalcatzingo, (pp. 56-62) University of

Texas Press.

Di Castro Anna y Ann Cyphers (2006). Iconografía de la cerámica de San Lorenzo. Anales

del Instituto de Investigaciones Estéticas. (89) (pp. 29-58). UNAM

[Link]
321
Fash Jr., William (1987). The Altar and Associated Features. En David Grove (Ed.), Ancient

Chalcatzingo (pp. 83-94). University of Texas Press.

Gamio, Manuel (1920). Las excavaciones del Pedregal de San Ángel y la Cultura Arcaica

del Valle de México. American Anthropologist. Vol. 22 (2), new series, (pp. 127-143).

[Link]

García Moll, Roberto (1991). Tlatilco, Prácticas funerarias. Arqueología Mexicana. Vol. VII

(40) (pp. 20-23).

García Moll (2000). Orientaciones entre los entierros de Tlatilco IV, una aproximación.

Arqueología. (24) (pp. 29-41).

[Link]

García Moll, Roberto, Daniel Juárez Cossío, Carmen Pijoan Aguade, María Elena Salas

Cuesta y Marcela Salas Cuesta (1991). Catálogo de Entierros de San Luis Tlatilco, México.

Temporada IV. Serie Antropología Física-Arqueología, INAH.

Gendrop, Paul (2001). Diccionario de Arquitectura Mesoamericana. Trillas.

Gobierno de Puebla (S/F). Mapa de población por Región. Secretaría de Planeación y

finanzas. [Link]

322
Gobierno del Estado de Puebla (2019). Plan Estatal de Desarrollo, 2019-2014. Secretaría de

Gobernación, Orden Jurídico Poblano.

[Link]

Grove, David C. (1970). The San Pablo Pantheon Mound: A Middle Preclassic Site in

Morelos, México. American Antiquity, Vol. 35 (1), (pp. 62-73). doi:10.2307/278178

[Link]

Grove, David C. (1974). San Pablo, Nexpa, and the Early Formative Archaeology of

Morelos, México. Publications in Anthropology (12), Vanderbilt University.

Grove, David C. (1987). Introduction. En David C. Grove (Ed.). Ancient Chalcatzingo. (pp.

1-5), University of Texas Press.

Grove, David C. (1987). Chalcatzingo in a Broader Perspective. En David C. Grove (Ed.).

Ancient Chalcatzingo. (pp. 434-442), University of Texas Press.

Grove, David C. (1993). “Olmec” Horizons in Formative Period Mesoamerica: Diffusion or

Social Evolution? Don Stephen Rice (ed.), Latin American Horizons: a symposium at

dumbarton oaks, 11th and 12th, october 1996, (pp.83-111), Dumbarton Oaks Research

Library and Collection.

Grove, David C. (2000). The Preclassic Societies of the Central Highlands of Mesoamerica.

En R. Adams y M. MacLeod (Eds.). The Cambridge History of the Native Peoples of the
323
Americas. Vol. 2 (pp.122-155). Cambridge University Press. doi:

10.1017/CHOL9780521351652.0004

Grove, David C. (2010). Morelos, la cuna de la famosa cultura de Tlatilco (1200-900 a.C).

En Horacio Crespo (Dir.) y Sandra López Varela (Coord.). Historia de Morelos. Tierra,

gente, tiempos del Sur (pp. 43-66). Congreso del Estado de Morelos LI Legislatura,

Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Ayuntamiento de Cuernavaca, Instituto de

Cultura de Morelos.

Grove, David C. y Ann Cyphers Guillén (1987). The Excavations. En David C. Grove (Ed.).

Ancient Chalcatzingo (pp. 21-55), University of Texas Press.

Grove, David C., Kenneth G. Hirt y David E. Bugé (1987). The Physical and Cultural Setting.

En David C. Grove (Ed.). Ancient Chalcatzingo, (pp. 6-13), University of Texas Press.

Gunn, Michael C. (1980). Cultural Ecology: a brief overview. Nebraska Antrhropologist.

Vol. 5. University of Nebraska. [Link]

Harris, Edward C. (1991). Principios de estratigrafía arqueológica. Editorial Crítica.

Harris, Marvin (1996). El desarrollo de la Teoría Antropológica. Historia de las Teorías de

la Cultura. Siglo XXI editores.

324
Hirth, Kenneth (1978). Interregional Trade and the Formation of Prehistoric Gateway

Communities. American Antiquity. Vol. 43, (1), (pp. 35-45).

[Link]

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (1999). Carta Topográfica, Izúcar de

Matamoros, Puebla, E14B62, Escala 1: 50 000, Datum ITRF92. Dirección General de

Geografía, 2ª Edición 1998, 1ª impresión 1999.

[Link]

uctos/geografia/imagen_cartografica/1_50_000/[Link]

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2000). Síntesis Geográfica del Estado

de Puebla.

[Link]

ica+del+estado+de+puebla

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2010). Red Hidrográfica, escala 1:50

000- Cuencas, edición 2.0., Puebla, Clave de carta RH18A. Datum ITFR92, época 1988.0.

[Link]

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2016). Conjunto de datos vectoriales

de Uso de Suelo y Vegetación, escala 1:250 000. Serie VI (Capa Unión).

[Link]

xsl=/db/metadata/xsl/fgdc_html.xsl&_indent=no

325
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2019). Conjunto de datos vectoriales

de información topográfica E14B62 Izúcar de Matamoros, escala 1:50 000, datum ITFR08,

época 2010.0. [Link]

Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y Gobierno del Estado de Puebla

(2017). Anuario estadístico y geográfico de Puebla 2017.

[Link]

Instituto Nacional de Investigaciones Forestales y Agropecuarias (INIFAP) y Comisión

Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), (1995). Edafología.

Escalas 1:25000 y 1:1000000.

[Link]

xsl=/db/metadata/xsl/fgdc_html.xsl&_indent=no

Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal. Enciclopedia de los

Municipios y delegaciones de México. Estado de Puebla.

[Link]

Jiménez Jáimez, Victor (2008). El ciclo formativo del registro arqueológico. Una alternativa

a la dicotomía deposicional/posdeposicional. Zephyrus. Vol. 62 (pp.125-137).

[Link]

eologico_Una_alternativa_a_la_dicotomia_deposicionalposdeposicional

326
Joyce, Rose Mary A. (2001). Burying the Dead at Tlatilco: Social Memory and Social

Identities. Archeological Papers of the American Anthropological Association. Vol. 10 (pp.

12-26). [Link]

Lapka, Miloslav, Jan Vávra, Zdenka Sokolíčková (2012). Cultural Ecology: Contemporary

understanding of the relationship between humans and the eviroment. Journal of Landscape

Ecology. Vol 5 (2). DOI: 10.2478/v10285-012-0050-z

Matos Moctezuma, Eduardo (2002). Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli en el Centro de México.

Arqueología Mexicana, Vol. X (56) (pp. 58-63).

Merry de Morales, Marcia (1987). Chalcatzingo Burials as Indicators of Social Ranking. En

David Grove, Ancient Chalcatzingo. (pp. 95-113), University of Texas Press.

Merry de Morales, Marcia (1987). The Chalcatzingo Burials. En David Grove, Ancient

Chalcatzingo. (pp. 457-480). University of Texas Press.

McClung de Tapia, Emily (1984). Ecología y Cultura en Mesoamérica. Universidad

Nacional Autónoma de México. Serie Antropológica 30.

Montero Guzmán, María Donají (2004). Huehuetéotl: origen e interpretación de una deidad

tutelar durante el Formativo Terminal en Cantona, Puebla. Tesis Profesional, ENAH.

[Link]

n_de_una_deidad_tutelar_durante_el_Formativo_Terminal_en_Cantona_Puebla
327
Morelos G. Noel (1993). Procesos de producción de espacios y estructuras en Teotihuacan.

Instituto Nacional de Antropología e Historia. Colección científica (274).

Morelos García, Noel y Mari Carmen Serra Puche (1987). Temamatla, estudio de una

comunidad ribereña en el sur de la Cuenca de México: I. Anales de Antropología. Vol. 24 (1)

(pp. 143-168). Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

[Link]

89f453b66d0d%40sessionmgr103&bdata=Jmxhbmc9ZXMmc2l0ZT1lZHMtbGl2ZQ%3d%

3d#AN=clase.CLA01000013744&db=cat02031a

Munsell soil-color charts, with genuine Munsell color chips. 2009 year revised, 2015

production. Produces by Munsell color x-rite, 4300 44th Street, Grand Rapids, MI 49512.

Murillo Rodríguez, Silvia (2002). La vida a través de la muerte. CONACULTA-INAH.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) (2008).

Base referencial mundial del recurso suelo. Un marco conceptual para clasificación,

correlación y comunicación internacional. Informes sobre recursos mundiales de suelos.

(103). [Link]

Niederberger, Christine (1976). Zohapilco, cinco milenios de ocupación humana en un sitio

lacustre de la Cuenca de México. Colección Científica, Arqueología (30) INAH.

328
Niederberger-Betton, Christine (2018). Paleopaisajes y Arqueología pre-urbana de la

Cuenca de México. Tomos I y II. CEMCA, INAH, CONACULTA, UNAM, IIA.

Ochoa Castillo, Patricia (1982). Secuencia Cronológica de Tlatilco, Estado de México.

Temporada IV. Biblioteca Enciclopédica del Estado de México.

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, Organización

de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FAO-UNESCO) (1976).

Mapa Mundial de Suelos, 1:5 000 000. Vol. III. México y América Central.

[Link]

Paillés Hernández, María de la Cruz (2003). Proyecto arqueológico Las Bocas, Puebla.

FAMSI. [Link]

Paillés H., María de la Cruz (2008). Introducción. En María de la Cruz Paillés H. (Ed.). Las

Bocas, Puebla. Una aldea Preclásica en el Altiplano de México. (pp. 15-18), Colección

Científica, Serie Arqueología, INAH, Secretaría de Cultura del Estado de Puebla.

Paillés H., María de la Cruz (2008). Antecedentes de Investigación. En María de la Cruz

Paillés H. (Ed.). Las Bocas, Puebla. Una aldea Preclásica en el Altiplano de México. (pp.

19-20), Colección Científica, Serie Arqueología, INAH, Secretaría de Cultura del Estado de

Puebla.

329
Paillés H., María de la Cruz (2008). Localización y medio ambiente. En María de la Cruz

Paillés H. (Ed.). Las Bocas, Puebla. Una aldea Preclásica en el Altiplano de México. (pp.

21-30), Colección Científica, Serie Arqueología, INAH, Secretaría de Cultura del Estado de

Puebla.

Paillés H., María de la Cruz (2008). Trabajos de exploraciones arqueológicas. En María de

la Cruz Paillés H. (Ed.). Las Bocas, Puebla. Una aldea Preclásica en el Altiplano de México.

(pp. 31-50), Colección Científica, Serie Arqueología, INAH, Secretaría de Cultura del Estado

de Puebla.

Paillés H., María de la Cruz (2008). Consideraciones finales. En María de la Cruz Paillés H.

(Ed.). Las Bocas, Puebla. Una aldea Preclásica en el Altiplano de México. (pp. 159-166),

Colección Científica, Serie Arqueología, INAH, Secretaría de Cultura del Estado de Puebla.

Paillés H., María de la Cruz y Verónica Velásquez Sánchez-Hidalgo (2008). Cerámica. En

María de la Cruz Paillés H. (Ed.). Las Bocas, Puebla. Una aldea Preclásica en el Altiplano

de México. (pp. 51-82), Colección Científica, Serie Arqueología, INAH, Secretaría de

Cultura del Estado de Puebla.

Parsons, Jeffrey (1989). Arqueología regional en la Cuenca de México: una estrategia para

la investigación futura. Anales de Antropología. Vol.26 (1), (pp. 157-257) Instituto de

Investigaciones Antropológicas, UNAM.

[Link]

una-estrategia-para-la-investigacion-futura-Parsons
330
Piña Chán, Román (1958). Tlatilco 1. Serie investigaciones, INAH, SEP.

Popenoe de Hatch, Marion (1993). Análisis de la cerámica: Metodología “Vajilla”. Simposio

de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1989. (pp. 287-302). Museo Nacional de

Arqueología y Etnología.

Pridiville, Mary y David Grove (1987). The Settlement and Its Achitecture. En David Grove,

Ancient Chalcatzingo. (pp. 63-81), University of Texas Press.

Ramírez, Felipe, Lorena Gámez y Fernán González (2000). Cerámica de Temamatla. Mari

Carmen Serra Puche (coordinadora el proyecto). Instituto de Investigaciones Antropológicas,

UNAM. [Link]

Reyna Robles, Rosa M. (1971). Las figurillas preclásicas. Tesis profesional, Escuela

Nacional de Antropología e Historia, INAH-SEP.

Reyna Robles, Rosa María (1996). Cerámica de época olmeca en Teopantecuanitlán,

Guerrero. Colección Científica, Serie Arqueología, INAH.

Reyna Robles, Rosa M. (1997). A propósito de la necesidad de revisar la clasificación de las

figurillas preclásicas de Mesoamérica. En García Díaz, et al. (coord.), Homenaje a la Dra.

Beatriz Barba de Piña Chan. Colección Científica, Serie Arqueología, 343, INAH.

331
Reyna Robles, Rosa María (2005). Cerámicas del Formativo en Guerrero: Región Mezcala.

En Beatriz Leonor Merino Carrión y Ángel García Cook (Coords), La producción alfarera

en el México antiguo I (pp.179-226). Colección Científica, INAH.

Reyna, Rosa María, Olivia Torres Cabello, Fernando Robles Castellanos y Enrique Terrones

González (1975). Posibles representaciones de deidades en figurillas Preclásicas del

Altiplano. En Balance y Perspectiva de la Antropología de Mesoamérica y del Norte de

México, (pp. 221-230). XIII Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología.

Arqueología II. Xalapa.

Reyna Robles, Rosa Ma. y Lauro González Quintero (1998). Rescate arqueológico de un

espacio funerario de época olmeca en Chilpancingo, Guerrero. Colección Científica, Serie

Arqueología, INAH.

Romano, Arturo (1974). Sistema de Enterramientos. En Juan Comas, Samuel Fastlicht, Ma.

Teresa Jáen E., Sergio López A., Arturo Romano, Javier Romero, Carlos Serrano S.

Antropología Física, época prehispánica, INAH (pp. 83-112).

Sanders, William T. (1962). Cultural Ecology of Nuclear Mesoamerica. American

Anthropologist Vol. 64 (1). [Link]

Sanders, William T. y Deborah L. Nichols (1988). Ecological Theory and Cultural Evolution in

the Valley of Oaxaca. Current Anthropology. Vol. 29 (1). The University of Chicago Press.

[Link]
332
Schiffer, Michael B. (1972). Archaeological Context and Systemic Context. American Antiquity.

Vol. 37 (2), (pp. 156-165). Cambridge University Press.

[Link]

Schiffer, Michael B. (1983). Toward the Identification of Formation Processes. American

Antiquity. Vol. 48 (4), (pp. 675-706). Society for American Archaeology.

[Link]

Schiffer, Michael B. (1991). Los procesos de formación del registro arqueológico. Boletín de

Antopología Americana. (3), (pp. 39-45). Pan American Institute of Geography and History.

[Link]

Sereno Uribe, Juan Pablo (2007). Secuencia Ocupacional del Barrio de Gualupita. Tesis de

Licenciatura, ENAH.

Serra Puche, Mari Carmen y Yoko Sugiura Yamamoto (1979). Terremote-Tlatenco, D.F., un

asentamiento Formativo en el sur de la Cuenca de México. (Primera temporada). Anales de

Antropología. Vol. 16, (pp. 35-49). Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

[Link]

Serra Puche, Mari Carmen y J. Carlos Lazcano Arce (2009). Arqueología en el sur de la cuenca

de México. Diagnóstico y futuro. In memoriam W. T. Sanders. Cuicuilco. Vol. 16 (47), (pp. 19-

38). [Link]

333
Servicio Meteorológico Nacional (SMN) (1951-2010). Normales Climatológicas. Estado de

Puebla. Estación 00021132, Izúcar de Matamoros (SMN).

[Link]

Steward, Julian (1955). Capítulo II. El concepto y el método de la Ecología Cultural. Theory of

Culture Changes University of Illinois Press, Urbana. Obtenido de: Clásicos y Contemporáneos

en Antropología, CIESAS-UAM-UIA.

[Link]

EWARD_1955_El%20Concepto_yel_metodo.pdf

Surovell Todd. A., Nicole M. Waguespack, James H. Mayer, Marcel Kornfeld y George C. Frison

(2005). Geoarchaeology: An International Journal. Vol. 20 (6), (pp. 627-649).

[Link]

rsal_stratigraphy_and_radiocarbon_dating_at_the_Barger_Gulch_Locality_B_Folsom_Site_Mi

ddle_Park_Colorado

Tolstoy, Paul (1989). Coapexco and Tlatilco: sites with Olmec materials in the Basin of Mexico.

En Robert J. Sharer y David C. Grove (eds.), Regional Perspectives on the Olmec. (pp. 85-121,

345-376). Cambridge University Press.

Tolstoy Paul y Suzanne K. Fish (1975). Surface and subsurface evidence of community size at

Coapexco, Mexico. Journal of Field Archaeology. Vol. 2 (1/2), (pp. 97-104).

doi:10.2307/529620.

[Link]
334
Tolstoy, Paul y Louis Paradis (1970). Early and Middle Preclassic Culture in the Basin of Mexico.

Science, Vol. 167(3917), (pp. 344-351). [Link]

Torres Mendoza, Arturo, Javier Zárate López y Emilia Ramírez Velázquez (2016). Izúcar de

Matamoros, E14-B62, Escala 1:50,000. Estado de Puebla. Servicio Geológico Mexicano,

Subdirección de Geología, Gerencia de Geología y Geoquímica, Gerencia Regional Sur.

[Link]

Vaillant, George C. (2009a). Excavaciones en Zacatenco. INAH.

Vaillant, George C. (2009b). Excavaciones en Ticomán. INAH.

Vaillant, George C. (2009c). Excavaciones en El Arbolillo. INAH.

Vaillant, Suzannah B. y George C. Vaillant (2009). Excavaciones en Gualupita. INAH.

335
ANEXOS

336
CATÁLOGO DE MOTIVOS DECORATIVOS DEL SITIO COAXILOTE 1,

PUEBLA

A continuación, se presenta el catálogo de Motivos Decorativos del sitio Coaxilote 1. Cabe

señalar que la numeración no comienza desde el número uno, debido a que, dentro del

Proyecto de Salvamento Arqueológico, Libramiento La Galarza, Puebla, se juntaron los

motivos decorativos de los demás sitios intervenidos. Debido a que algunos tiestos

presentaban un alto grado de erosión, los Motivos Decorativos 55, 63, 67, 68, 69, 70, 72, 88,

104, 105 y 108 no están representados completamente.

337
Tipo Negro sobre Naranja

338
339
340
Tipo Azteca II

Tipo Azteca IV

341
Tipo Azteca III

342
Tipo Anaranjado Pulido Ceroso

343
Tipo Sellado al Interior

344
Tipo Negro sobre Rojo Pulido

345
Tipo Negro y Blanco sobre Rojo Pulido

Tipo Rojo sobre Café

346
347
348
349
350
Tipo Rojo sobre Café Inciso

351
352
Tipo Rojo sobre Café Acanalado

353
354
355
T

356
Tipo Negro y Rojo sobre Café Pulido Esgrafiado

Tipo Café Pulido

357
Tipo Pasta Burda

Tipo Rojo sobre Café Pulido

Tipo Anaranjado Pulido Preclásico

358

También podría gustarte