RESUMEN
CONTRATOS PARTE GENERAL
UNIDAD 3
Clasificación. Utilidad práctica.
La división por clases de los contratos (que, a su vez, impone una definición de cada
una) no sólo resulta de fundamental utilidad para una mejor comprensión de la
materia, sino que también se traduce en concretas consecuencias jurídicas al
momento de analizar sus efectos.
Clasificaciones legales en particular.
El CCC suministra varias clasificaciones legales de los contratos, adoptando el criterio
de las divisiones “pareadas”, es decir, de dos en dos oponiendo una a otra, de modo de
establecer una comparación que permita distinguirlas claramente.
Bilaterales y unilaterales.
Es la primera clasificación jurídica que nos ofrece el CCC en el art. 966, que dispone:
“Los contratos son unilaterales cuando una de las partes se obliga hacia la otra sin que
ésta quede obligada. Son bilaterales cuando las partes se obligan recíprocamente la
una hacia la otra. Las normas de los contratos bilaterales se aplican supletoriamente a
los contratos plurilaterales”.
Esta clasificación asienta su diferenciación a partir de la caracterización del contrato
como fuente de obligaciones; así, si ellas surgen para una sola de las partes, será
unilateral (por ejemplo, donación, mandato gratuito, renta vitalicia, fianza, mutuo,
comodato, deposito gratuito), o bien, si las obligaciones son reciprocas, se tratará de
un contrato bilateral (por ejemplo, compra y venta, permuta, cesión onerosa, locación,
mandato oneroso, etc.).
El concepto centra el criterio de clasificación en la existencia de una o dos partes
obligadas, pero no basta que en el contrato bilateral cada una de las partes resulte
obligada con una prestación, sino que es necesario que entre ambas exista un vínculo
de reciprocidad, de interdependencia, por lo que cada parte no está obligada a su
propia prestación, sin que sea debida la de la contraria; una resulta así presupuesto de
la otra.
Contratos bilaterales imperfectos.
Se admite en alguna doctrina la subclasificación de los contratos bilaterales en:
Perfectos: aquellos que desde su nacimiento engendran obligaciones
recíprocas;
Imperfectos: aquellos que, al momento de perfeccionarse, hacen nacer
obligaciones para una sola de las partes, pero que, en la etapa de ejecución,
también pueden hacer surgir para la otra, convirtiéndose de esta manera en
bilaterales.
Los bilaterales imperfectos son, en realidad, unilaterales, pues las obligaciones nacen
en momentos diferentes y no se encuentran en el nexo lógico de interdependencia.
Contratos plurilaterales.
Son aquellos contratos en los cuales pueden participar varias partes. Todas están
integradas bajo un mismo contrato.
EJEMPLO: contrato de sociedades.
Onerosos y gratuitos.
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Conforme a lo dispuesto por el art. 967, “Los contratos son a título oneroso cuando las
ventajas que procuran a una de las partes les son concedidas por una prestación que
ella ha hecho o se obliga a hacer a la otra. Son a título gratuito cuando aseguran a uno
o a otro de los contratantes alguna ventaja, independiente de toda prestación a su
cargo”.
La ventaja o provecho tiene que ser material, quedando excluidas las satisfacciones
puramente morales o de conciencia.
Conmutativos y aleatorios.
El codificador consagra esta clasificación en el art. 968 al disponer: “Los contratos a
título oneroso son conmutativos cuando las ventajas para todos los contratantes son
ciertas. Son aleatorios, cuando las ventajas o las pérdidas, para uno de ellos o para
todos, dependen de un acontecimiento incierto”.
Podemos decir que será conmutativo cuando las ventajas o pérdidas son conocidas por
las partes al momento de la celebración del negocio.
Contratos aleatorios por naturaleza o por voluntad de las partes.
Los contratos aleatorios pueden serlo por su propia naturaleza (como los contratos de
juego y apuesta, de rifa, etc.), o bien por la voluntad de las partes.
Por su parte, existen otros que, siendo naturalmente conmutativos, pueden dejar de
serlo en caso de que, refiriendo su objeto a una cosa futura, una de las partes tome el
riesgo de que la misma llegue o no. Existir o de que exista en mayor o menor cantidad.
Contratos aleatorios y contratos sujetos a condición.
En el contrato sujeto a condición, la eventualidad del hecho incierto gravita sobre la
existencia misma del vínculo, pudiendo determinar su nacimiento (si es suspensiva) o
su resolución (si es resolutoria). Ello, permite advertir que resulta independiente de las
ventajas o pérdidas que pudieren emanar de dicho negocio.
En el aleatorio quedan supeditadas al hecho incierto las ganancias o pérdidas, y no la
existencia o inexistencia del contrato o de las obligaciones que de él emergen, como
con la condición.
El contrato aleatorio existirá a la vida jurídica a partir del consentimiento o de él y de la
entrega de la cosa si fuere real; el condicional solo desde que la condición se cumpla.
Formales y no formales.
ARTICULO 969.- Los contratos para los cuales la ley exige una forma para su validez,
son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha. Cuando la forma requerida para los
contratos, lo es sólo para que éstos produzcan sus efectos propios, sin sanción de
nulidad, no quedan concluidos como tales mientras no se ha otorgado el instrumento
previsto, pero valen como contratos en los que las partes se obligaron a cumplir con la
expresada formalidad. Cuando la ley o las partes no imponen una forma determinada,
ésta debe constituir sólo un medio de prueba de la celebración del contrato.
Se consideran contratos no formales aquellos cuya validez no depende de la
observancia de solemnidades especificas establecidas en la ley, sino que basta para
consideraros válidos el acuerdo de voluntades, sea cual fuere su modo de expresión.
Rige plenamente el principio de la libertad de formas establecido por el art. 1015.
La mayoría de la doctrina distingue entre los contratos formales, aquellos en los que la
forma es exigida ad solemnitatem (absolutos y relativos) y aquellos en los que ella es
requerida ad probationem. Sin embargo, con sustento en lo dispuesto en el art. 969,
los contratos formales admiten la siguiente clasificación:
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Solemnes, pudiendo dicha solemnidad ser legal (por ej., art. 1552) o
convencional (art. 284 in fine). Son aquellos en los cuales la inobservancia de la
forma legal establecida no sólo provoca la nulidad del acto como tal, sino que
también lo priva de cualquier otro efecto. Si la forma está establecida y no se
cumple, aquél no nace, porque la solemnidad integra su sustancia; sin la forma
no hay acto.
Relativos (arts. 285 y 1018): en cuyo caso su omisión no impide la existencia del
contrato, sino que obligará al cumplimiento de la formalidad establecida;
Meramente probatorios y establecida a efectos de su comprobación (por ej.,
art. 1579).
Informativos: aquellos en los que debe cumplirse con los recaudos que
imponen los arts. 985 para los contratos celebrados por adhesión a condiciones
generales (arts. 1100, 1107, 1111, para los contratos de consumo) respecto de
toda contratación alcanzada por ella.
Nominados e innominados.
El art. 970 incorpora la clasificación de nominados e innominados que, según dicha
disposición, los contratos son nominados o innominados, según que la ley los regule
especialmente o no.
Un contrato es innominado porque no encaja en ninguno de los tipos contractuales
contemplados por la ley. EJEMPLO: streaming de Netflix.
Y un contrato es nominado cuando tiene:
Regulación expresa: por cuanto, no sólo será nominado cuando tenga una
regulación propia, directa, sino también cuando la tenga por remisión (ej.: en
cuanto a la cesión gratuita, el CCC remite a la regulación del contrato de
donación);
Completa: dado que no basta que uno o alguno de los elementos de un
contrato encaje en uno o en más de una figura típica para considerarlo tal, sino
que para ello la regulación del primero debe ser autosuficiente, sin tomar
elementos de varios contratos;
Unitaria: puesto que todos los elementos de un contrato típico deberán estar
comprendidos por una sola figura.
Ante la falta de regulación que caracteriza a los innominados, el art. 970 determina
qué normas le son aplicables. Están regidos, en el siguiente orden, por:
a) La voluntad de las partes;
b) Las normas generales sobre contratos y obligaciones;
c) Los usos y prácticas del lugar de celebración;
d) Las disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que son
compatibles y adecuan a su finalidad.
Otras clasificaciones. Contratos consensuales y reales en el CCC.
El CC de Vélez los definía como:
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Contratos consensuales: son los que quedan concluidos por el mero
consentimiento, sea o no formal. Se perfeccionan desde que las partes
manifiestan su consentimiento sobre los elementos esenciales.
Reales: los que quedan concluidos solo con la entrega de la cosa sobre la cual
versa el contrato. La “datio rei” o entrega debía sumarse necesariamente al
consentimiento para configurar acabadamente al contrato.
Art. 1140: Los contratos son consensuales o reales. Los contratos consensuales, sin
perjuicio de lo que se dispusiere sobre las formas de los contratos, quedan concluidos
para producir sus efectos propios, desde que las partes hubiesen recíprocamente
manifestado su consentimiento.
Art. 1141: Los contratos reales, para producir sus efectos propios, quedan concluidos
desde que una de las partes haya hecho a la otra tradición de las cosas sobre que
versare el contrato.
De acuerdo con el concepto expresado, los contratos reales requieren como condición
de su existencia la entrega de la cosa. El mero acuerdo de voluntades es ineficaz para
obligar a las partes. Pero esta categoría parece carecer de sentido en el derecho
moderno, en el que impera el principio de la autonomía de la voluntad; basta el
acuerdo de voluntades expresado en la forma señalada por la ley para que el contrato
tenga fuerza obligatoria, sin otro límite que la legitimidad de la causa y el objeto.
Por eso, el CCC ha suprimido esta clasificación.
Principales y accesorios.
Entre estos contratos hay una relación de subordinación. El principal puede existir por
sí solo; el otro es accesorio y su existencia no se concibe sin el principal, de tal modo
que, si éste fuera nulo o quedara rescindido o resuelto, también quedaría privado de
efectos el accesorio (el ejemplo típico de contrato accesorio es la fianza).
Ejecución instantánea, diferida, de tracto sucesivo.
Con respecto al momento del cumplimiento, los contratos pueden clasificarse de la
siguiente manera:
De ejecución inmediata: las partes cumplen con todos sus derechos y
obligaciones en el momento mismo del contrato (ej.: compraventa manual, en
el que la cosa y el precio se entregan en el mismo instante de contratar).
De ejecución diferida: las partes postergan el cumplimiento de sus obligaciones
para un momento o varios momentos ulteriores (ej.: venta hecha con condición
suspensiva o cuyo pago se pacta en varias cuotas, las que comienzan a vencer
al cabo de cierto tiempo pactado).
De ejecución instantánea: las partes cumplen sus obligaciones en un solo
instante, momento este que puede ser el de la celebración del contrato o
posterior a él.
De tracto sucesivo: las relaciones entre las partes se desenvuelven a través de
un período más o menos prolongado (ej.: contrato de prestación de servicios, la
locación, la sociedad, etc.). Dentro de esta especie deben ubicarse ciertos
contratos en los cuales una de las partes cumple todas sus obligaciones desde
el comienzo, quedando pendientes las de la otra parte (ej.: la venta a plazos en
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la que la cosa se entrega al contratar, quedando el precio para ser satisfecho en
cuotas periódicas hasta su extinción total).