Procedencia: Tribunal Supremo de Justicia - Sala de Casación Civil
Exp. 2016-000381
Magistrado Ponente: FRANCISCO RAMÓN VELÁZQUEZ ESTÉVEZ
En el juicio por resolución de contrato y anulación de asiento registral, intentado ante el
Juzgado Segundo de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Bancario, del Tránsito, Obligación
de Manutención y Constitucional de la Circunscripción Judicial del estado Trujillo, por el
ciudadano HUMBERTO ANTONIO SÁNCHEZ ROMERO, en su condición de cesionario de los
derechos litigiosos que le traspasara la demandante primigenia, ciudadana Elia Ramona Terán
de Herrera, representado judicialmente por el abogado Fernando Ruiz Flores, contra el
ciudadano ROGER DARÍO BRICEÑO CARREÑO, representado judicialmente por la
profesional del derecho Marilú Legon Pérez; el Juzgado Superior Civil, Mercantil y del Tránsito
de la referida Circunscripción Judicial, conociendo en apelación, dictó sentencia en fecha 3 de
marzo de 2016, mediante la cual declaró: 1) Sin lugar la demanda incoada por la demandante
primigenia; 2) Se desecha la oposición formulada por el demandado a la cesión de derechos
litigiosos que la demandante original, efectuó en favor del ciudadano Humberto Antonio
Sánchez Romero; 3) Se confirma la sentencia apelada proferida por el juzgado de cognición de
fecha 5 de mayo de 2015; 4) Se condena en costas al accionante de conformidad con las
previsiones del artículo 281 del Código de Procedimiento Civil.
Contra la precitada decisión, en fecha 15 de marzo de 2016, el abogado Fernando Ruiz Flores,
actuando en su carácter de apoderado judicial del cesionario de los derechos litigiosos y
demandante, anunció recurso extraordinario de casación, el cual fue admitido y oportunamente
formalizado. No hubo impugnación pertinente.
Concluida la sustanciación respectiva, le correspondió la ponencia al Magistrado FRANCISCO
RAMÓN VELÁZQUEZ ESTÉVEZ, quien con tal carácter suscribe el presente fallo y en
consecuencia pasa a decidirlo en los términos que a continuación se expresan:
PUNTO PREVIO
El formalizante como punto inicial del escrito de formalización presentado ante esta Sala de
Casación Civil en fecha 2 de mayo de 2016, solicitó que se pronunciara esta Sala sobre la
admisión o negativa del recurso, de igual forma solicitó la apertura del procedimiento
disciplinario que diera a lugar al juez superior con su correspondiente multa.
Indicando que el juez superior no emitió pronunciamiento sobre la admisión o negativa del
recurso de casación lo que hizo necesario la consignación del escrito de formalización ante
esta Sala.
Al respecto, señala el formalizante, que la sentencia recurrida se dictó el 3 de febrero de 2016,
y el recurso de casación fue anunciado por el actor en fecha 15 de marzo de 2016, por lo que,
a su decir, el primer día de despacho siguiente al vencimiento de los diez (10) días que se dan
para el anuncio correspondió al día dieciocho (18) de marzo de 2016, y el último día de
despacho se fijo el día 26 de abril de 2016, sin que el juzgado superior hubiere emitido
pronunciamiento sobre la admisión o negativa del recurso.
Ahora bien, observa la Sala que la sentencia recurrida se dictó en fecha 3 de marzo de 2016,
contrario a lo alegado por el formalizante, quien señala que dicha sentencia se dictó en fecha 3
de febrero de 2016.
Asimismo, la Sala pudo constatar que en fecha 26 de abril de 2016, el tribunal de alzada
señaló:
“…Vista la diligencia de fecha quince (15) de marzo del corriente año,
estampada por el abogado Fernando Ruiz Flores, inscrito en impreabogado
(sic) bajo el número 127.657, en su condición de apoderado judicial de la
parte actora, ciudadano Humberto Antonio Sánchez Romero, identificado
con cédula número 743.629, por medio de la cual anunció recurso de
casación contra el fallo proferido por este Tribunal (sic) el tres (3) de marzo
de dos mil dieciséis (2016), se ADMITE tal recurso no obstante de haber
sido anunciado antes de haberse cumplido el término de diferimiento para la
emisión del fallo; término ese venció el 31 de marzo de 2016. Por tanto, se
deja constancia de que el lapso para anunciar recurso de casación
comprendió los siguientes días de despacho: VIERNES 1; LUNES 4;
MARTES 5; MIERCOLES 6; JUEVES 7; LUNES 11; MARTES 12; JUEVES
14; MIÉRCOLES 20 Y JUEVES 21 DE ABRIL DE 2016; siendo el último día
para el anuncio del recurso, el correspondiente al día jueves veintiuno (21)
de abril de 2016. En consecuencia, remítase este expediente a la Sala de
Casación Civil del Tribunal Supremo de Justicia, con oficio…”. (Negrillas y
subrayado del transcrito).
Ahora bien, el artículo 315 del Código de Procedimiento Civil constriñe al juez a admitir o negar
totalmente el recurso extraordinario que se hubiere anunciado, en este sentido, visto que el
tribunal de alzada emitió pronunciamiento admitiendo el recurso extraordinario de casación y
ordenó la remisión del expediente a esta Sala dentro la oportunidad procesal correspondiente
de conformidad con la referida norma adjetiva, no es procedente la sanción solicitada por el
formalizante.
En consecuencia, se desestima la solicitud realizada por el formalizante, así se establece.
DENUNCIAS POR INFRACCIÓN DE LEY
ÚNICA
Conforme con lo establecido en el ordinal 2° del artículo 313 del Código de Procedimiento Civil,
se denuncia la infracción por falta de aplicación de los artículos 1354 del Código Civil y 506 del
Código de Procedimiento Civil.
Por vía de argumentación expresa el formalizante lo siguiente:
“…Con fundamento en el ordinal 2° del artículo 313c del Código de
Procedimiento Civil, denuncio la infracción por la recurrida de los artículos
1.354 del Código Civil y 506 del Código Civil (sic), principio jurídico y norma
adjetiva que regulan la distribución de la carga de la prueba, ambos por falta
de aplicación.
(…Omissis…)
Ciudadanos Magistrados, la recurrida incurrió en falta de aplicación de
dichas normas delatadas, (…), cuando asienta:
(…Omissis…)
Ciudadanos Magistrados, la decisión antes (sic) parcialmente transcrita
implica que la alzada señaló como conducta procesal que las partes en
cuanto a sus afirmaciones de hecho y probanzas, las siguientes:
Que la parte actora, mi representado cesionario de los derechos litigiosos de
la vendedora demandante ELIA RAMONA TERÁN de HERRERA, pretende
la resolución del contrato de compraventa con reserva de usufructo,
fundamentándose en la afirmación libelar de que pese a que el documento
contentivo de la compraventa se expresa que la compradora recibió ‘en ese
acto’ el precio de la negociación y en moneda de curso legal, sin embargo,
tal pago no se efectuó porque no se indica en qué acto se hizo realmente el
pago, ni en el documento se deja constancia del medio con que pudo
haberse efectuado el pago, inobservándose en tal sentido una norma de
rango sub legal conocida como la Circular (sic) N° 262-000171 de fecha 25
de febrero de 2.010, emanada del Servicio Autónomo de Registros y
Notarias (SAREN) dirigida a los Registradores y Notarios Públicos
instruyéndoles que los pagos entre particulares con ocasión de celebrar un
negocio jurídico que verse sobre un inmueble, sujetos a registros o
autenticación, se deben efectuar mediante cheques particulares o de
gerencia, depósitos bancarios, transferencias entre cuentas bancarias, no
pudiendo efectuarse tales pagos con dinero en efectivo. Como prueba de
esa afirmación de hecho negativo definido, que el pago del precio de la
compraventa no se efectuó y no lo recibió real y efectivamente la vendedora
porque en el documento de la compraventa ni se indicó en que “acto”
preciso se hizo el pago, pudiendo inferirse que fuere el acto del
otorgamiento, ni tampoco en dicho documento se dejó constancia del medio
o modalidad con que se pudo haber efectuado el pago, la parte actora
aportó con el libelo de la demanda y en el lapso probatorio del proceso lo
invocó, promovió e hizo valer, el documento público de la compraventa
protocolizado el 29 de noviembre de 2.010, en la Oficina de Registro Público
de los Municipios Trujillo, Pampan y Pampanito del Estado (sic) Trujillo.
Que el demandado, ciudadano ROGER DARÍO BRICEÑO CARREÑO, en
su escrito de contestación de la demanda, presentada en fecha 02 de
diciembre de 2.013, se excepcionó, afirmando y alegando como hechos
que acontecieron con ocasión de la compraventa del inmueble objeto de la
pretensión resolutoria, distintos a los fundantes de ésta del no pago del
precio por no constar en el documento el medio o la modalidad del mismo,
los siguientes:
1.- Que la vendedora del inmueble, esto es, la demandante original,
ciudadana Elia Ramona Terán de Herrera, solicitó el pago del precio de la
compraventa se hiciera con dinero en efectivo; 2.- Que ante tal solicitud, el
demandado Roger Darío Briceño Carreño contrató con un ciudadano de
nombre Vicente Ramón Bencomo Infante la obtención de un préstamo por el
mismo monto del precio de la negociación de la compraventa, cien mil
bolívares fuertes (Bs.F. 1000.000,oo); 3.- Que esta suma de Bs F.
100.000,oo, antes de trasladarse a la oficina de registro competente para
otorgar la compraventa, le fue entregada a la vendedora ELIA RAMONA
TERÁN de HERRERA, directamente por el prestamista VICENTE RAMÓN
BENCOMO INFANTE; Y, 4.- Que lo anterior explica que en el texto del
documento de la compraventa se dejase establecido que la vendedora
recibió el pago del precio de la negociación en moneda de curso legal en el
país.
Las disposiciones legales delatadas como infringidas debieron ser
observadas y aplicadas por la Alzada (sic) en la recurrida, porque regulan la
distribución de la carga de la prueba y establecen con precisión que
corresponden al actor probar los hechos constitutivos, es decir, aquellos que
crean o generan un derecho a su favor, y traslada la carga de la prueba al
demandado con relación a los hechos extintivos, modificativos e impeditivos,
situación ésta que ocurrió en el caso de autos, pues, la parte actora en su
libelo de demanda alegó el hecho negativo concreto y específico de no
haber recibido el precio de la compraventa por no haberse establecido en el
documento de la compraventa cuya resolución pretende el medio o
modalidad de pago del precio de la compraventa, ante lo cual y en escrito
de contestación a la demanda el demandado afirmó el hecho positivo y
específico de que la vendedora del inmueble, ciudadana Elia Ramona Terán
de Herrera, solicitó que el pago del precio de la compraventa se le hiciera
con dinero efectivo y, que ante tal solicitud, contrató con un ciudadano de
nombre Vicente Ramón Bencomo Infante la obtención de un préstamo por el
mismo monto del precio de la negociación de compraventa, cien mil
bolívares fuertes (Bs. F. 100.000,oo), y que esta suma de Bs F. 100.000,oo,
antes de trasladarse a la oficina de registro competente para otorgar la
compraventa, le fue entregada a la vendedora ELIA RAMONA TERÁN de
HERRERA, directamente por el prestamista VICENTE RAMÓN BENCOMO
INFANTE. De la motiva de la recurrida se observa que se estableció que el
actor afirmo (sic) que el (sic) demandado no cumplió con su obligación
principal en el contrato de compraventa con reserva de usufructo, lo cual fue
negado por el demandado en su escrito de contestación y como contra
alegación afirmó que por previa solicitud de la vendedora si pago a esta el
precio de la compraventa con dinero en efectivo proveniente de un préstamo
personal y que el mismo prestamista le hizo entrega del dinero en efectivo a
la vendedora momentos antes de trasladarse ambos a la Oficina de Registro
Público para otorgar el documento de la compraventa, de lo cual y conforme
con los principios que rigen la materia probatoria, al alegar la parte actora un
hecho negativo, no le corresponde a ella la carga de la prueba, sino que, es
a la otra parte a quien le corresponde demostrar el hecho afirmativo que
alegó para rechazar el hecho negativo, y que ello ha debido ser tomado en
cuenta por el sentenciador de la recurrida y aplicar la regla de distribución
de la carga de la prueba a que se contraen los artículos 1.354 del Código
Civil y 506 del Código de Procedimiento Civil.
De acuerdo con la sentencia recurrida se estableció que sólo promovió y
aportó pruebas la parte demandante y que el demandado no promovió
pruebas durante el lapso probatorio.
Si el Juez (sic) de la recurrida hubiera aplicado las referidas normas
jurídicas delatadas, sustantiva y adjetiva, que regulan la distribución de la
carga de la prueba, hubiera decidido que el demandado no pagó con
moneda de curso legal -“en este acto” como lo asienta el documento- por
medio de dinero en efectivo el precio de la compraventa con reserva de
usufructo del inmueble identificado en autos y, por tanto, no cumplió con su
obligación principal en el contrato de compraventa de marras, hubiera
declarado con lugar la apelación interpuesta por mi representado como
cesionario de los derechos litigiosos y sucesor de la vendedora
demandante, revocado la sentencia definitiva dictada por el sentenciador de
la primera instancia, declarado con lugar la demanda decretando la
resolución del contrato de la compraventa con reserva de usufructo y la
anulación del asiento registral que la contiene y, finalmente, hubiera
condenado en costas procesales a la parte demandada, por tanto, la
infracción por falta de aplicación de las normas delatadas como infringidas
fue determinante en el dispositivo de la sentencia recurrida.
(…Omissis…)
De las transcripciones realizadas supra se desprende que, tanto el artículo
1.354 del Código Civil como el artículo 506 del Código de Procedimiento
Civil, regulan la distribución de la carga de la prueba en el procedimiento, es
decir, nuestra legislación tanto sustantiva como procesal recoge la máxima
“incumbit probatio qui dicit, no qui negat” al prescribir que cada parte
debe probar sus respectivas alegaciones. Normas estas que, como antes
dije, el sentenciador de la recurrida no aplicó, siendo esa falta de aplicación
determinante en el dispositivo del fallo recurrido, pues de haberla aplicado
hubiere declarado que por cuanto la parte demandada no probó sus
afirmaciones de hecho alegadas como excepción frente a la afirmación
libelar del demandante, era procedente declarar con lugar la apelación,
revocado el fallo de la primera instancia, declarado con lugar la demanda y
condenado en costas al demandado…” (Subrayado, negrillas y cursivas de
la formalización).
La Sala para decidir, observa:
De la denuncia antes transcrita se desprende, que el formalizante le imputa a la recurrida la
falta de aplicación de los artículos 1.354 del Código Civil y 506 del Código de Procedimiento
Civil.
Asimismo, bajo este sustento arguye el formalizante que las disposiciones legales delatadas
como infringidas debieron ser aplicadas por el ad quem en la recurrida porque regulan la
distribución de la carga de la prueba.
En este sentido, señala el formalizante que “…la parte actora en su libelo alegó el hecho
negativo concreto y específico de no haber recibió el precio de la compraventa…” ante lo cual,
refiere el mismo, que en el escrito de contestación el demandado “…afirmó el hecho positivo y
específico de que la vendedora del inmueble, solicitó que el pago de la compraventa se le
hiciera con dinero efectivo…”.
Así bien, a su decir “…al alegar la parte actora un hecho negativo, no le corresponde a ella la
carga de la prueba, sino que es a la otra parte a quien le corresponde demostrar el hecho
afirmativo que alegó para rechazar el hecho negativo…”, considerando que ello ha debido ser
tomado en cuenta por el ad quem y aplicar las reglas de la distribución de la carga de la prueba
contenida en los artículos delatados como infringidos.
Por último, señala el formalizante que si el juez de la recurrida hubiera aplicado las referidas
normas jurídicas delatadas, hubiese llegado a la conclusión de que el demandado no pagó con
moneda de curso legal en “ese acto”, como lo asienta el documento “…por medio de dinero en
efectivo el precio de la compraventa…”, por tanto, a su decir, el demandado no cumplió con su
obligación principal en el contrato de compraventa, y así, resultó determinante la falta de
aplicación de las normas delatadas en el dispositivo del fallo.
Visto lo anterior, la Sala pasa a transcribir la parte pertinente del fallo de alzada, a fin de
verificar lo denunciado:
“…PRONUNCIAMIENTO SOBRE EL MÉRITO
La pretensión de la parte actora se fundamenta en la afirmación de
que, pese a que en el documento contentivo de la compraventa se
expresa que la vendedora recibió en ese acto el precio de la
negociación y en moneda de curso legal, sin embargo, tal pago no se
efectuó porque ni se indica en qué acto se hizo el pago, ni en el
documento se deja constancia del medio con que se pudo haber
efectuado el pago, habida cuenta de que conforme a circular número 262-
000171 de fecha 25 de febrero de 2010, dirigida por el Servicio Autónomo
de Registros y Notarías (SAREN) a los registradores y notarios se les
instruye que los pagos entre particulares con ocasión de celebrar un
negocio jurídico que verse sobre un inmueble se deben efectuar mediante
cheques particulares o de gerencia, depósitos bancarios, transferencias
entre cuentas bancarias, no pudiendo efectuarse tales pagos con dinero en
efectivo.
Para demostrar la pretensión de la actora, el sucesor de ésta por virtud
de la cesión de los derechos litigiosos que la demandante original le
hiciera antes de la contestación de la demanda, ciudadano Humberto
Antonio Sánchez Romero, por intermedio de apoderado y durante el
lapso de pruebas, promovió, invocó e hizo valer el instrumento público
fundamental de la demanda, que en copia certificada marcada con la
letra "A" produjo la demandante con el libelo de la demanda,
registrado por ante la Oficina de Registro Público de los Municipios
Trujillo, Pampán y Pampanito del Estado (sic) Trujillo, el 29 de
noviembre de 2010, bajo el número 2010.6181, Asiento Registral 2 del
Inmueble Matriculado con el número [Link].912, correspondiente
al Libro del Folio Real del año 2010, por medio del cual se celebró la
compraventa cuya resolución se demanda, entre dicha demandante
original y el demandado, a los fines de demostrar que dicha
demandante no recibió real y efectivamente el precio de la
compraventa y que el demandado no cumplió su obligación de pagar
tal precio, “...porque no se dejó constancia en dicho documento ni
tampoco lo hizo constar la Ciudadana (sic) Registradora (sic) Pública
(sic), (...) en la respectiva nota y firma del otorgamiento, la forma de
moneda de curso legal en que debió hacerse el pago, bien en billetes
emitidos por el Banco Central de Venezuela o en cualesquiera de los
instrumentos de pagos legalmente aceptados.” (sic).
Por su parte, el demandado en su contestación se excepciona
alegando que la vendedora del inmueble, esto es, la demandante
original, ciudadana Elia Ramona Terán de Herrera, solicitó que el pago
del precio de la compraventa se le hiciera con dinero efectivo, por lo
que él - el demandado - contrató con un ciudadano de nombre Vicente
Ramón Bencomo Infante la obtención de un préstamo por el mismo
monto del precio de la negociación de compraventa, cien mil bolívares
fuertes (Bs.F. 100.000,oo), suma esa que, antes de trasladarse a la
oficina de registro competente para otorgar la compraventa, le fue
entregada a la vendedora, directamente por el prestamista, lo que
explica que en el texto del documento de la compraventa se dejase
establecido que la vendedora recibió el pago del precio de la
negociación en moneda de curso legal en el país.
Con su escrito de contestación, el demandado consignó documento
privado fechado en Trujillo el 29 de noviembre de 2010 por medio del
cual se celebró contrato de préstamo entre el ciudadano Vicente Ramón
Bencomo Infante, como prestamista, y el hoy demandado ciudadano Róger
Darío Briceño Carreño, como prestatario.
De autos aparece que el demandado no promovió pruebas durante el lapso
probatorio.
Así las cosas, debe comenzar este tribunal de alzada por puntualizar
que en razón del principio de adquisición de la prueba por el proceso,
las documentales aportadas por ambas partes a estos autos, vale
decir, el instrumento público en que consta la aludida compraventa,
registrado en la Oficina de Registro Público de los Municipios Trujillo,
Pampán y Pampanito del Estado (sic) Trujillo, el 29 de noviembre de
2010, y el documento privado fechado en Trujillo, el 29 de noviembre
de 2010, contentivo de contrato de préstamo celebrado entre el
ciudadano Vicente Ramón Bencomo Infante, como prestamista, y el
hoy demandado, ciudadano Róger Darío Briceño Carreño, como
prestatario, constituyen los elementos de prueba sobre los cuales
centrará este Tribunal (sic) Superior (sic) la determinación y valoración
que de tales medios probatorios pasa a efectuar.
Así, es claro que el preindicado documento registrado el 29 de
noviembre de 2010 por ante la Oficina de Registro Público de los
Municipios Trujillo, Pampán y Pampanito del Estado (sic) Trujillo, el 29
de noviembre de 2010, bajo el número 2010.6181, Asiento (sic)
Registral (sic) 2 del Inmueble (sic) Matriculado (sic) con el número
[Link].912, correspondiente al Libro (sic) del Folio (sic) Real (sic)
del año 2010, es un instrumento público a tenor de lo dispuesto por el
artículo 1.357 del Código Civil, pues fue autorizado por la ciudadana
Registradora (sic) a cuyo cargo se encontraba tal Oficina (sic) de
Registro (sic) Público (sic), con las solemnidades legales, en el lugar
donde fue autorizado.
Ese documento público, hace plena fe entre las partes y frente a
terceros, mientras no sea declarado falso, de los hechos jurídicos que
el funcionario registral declara haber efectuado, visto u oído; y de la
verdad de las declaraciones formuladas por los otorgantes acerca de
la realización del hecho jurídico a que el instrumento se contrae, salvo,
en esta última hipótesis, que en los casos y con los medios permitidos
por la ley se demuestre la simulación, tal como lo prevén los artículos
1.359 y 1.360 del Código Civil.
En aplicación de las reglas de valoración de la prueba documental pública
señaladas en los dos párrafos que anteceden, al tantas veces citado
documento público de fecha 29 de noviembre de 2010, aprecia este Tribunal
(sic) Superior (sic) que con tal instrumento público quedan comprobados los
siguientes hechos: 1) Que la ciudadana Elia Ramona Terán, identificada con
cédula número 1.884.075, dio en venta al ciudadano Róger Darío Briceño
Carreño, identificado con cédula número 12.038.530, un apartamento
“...ubicado en la urbanización Parque Residencial El Prado, parcela
multifamiliar 1-M en el condominio número 1-M, EDIFICIO Apamate, planta
baja, signado con el número 0-04, jurisdicción del Municipio (sic) Pampanito
del Estado (sic) Trujillo.
(…Omissis…)
2) Que el precio de la compraventa se convino en la cantidad de cien mil
bolívares fuertes (Bs.F. 100.000,oo).
3) Que la vendedora recibió en ese acto, en moneda de curso legal, a su
entera y cabal satisfacción, el pago del precio de la compraventa.
4) Que con el otorgamiento del documento la vendedora pone al comprador
en posesión y propiedad del inmueble que le vende, menos en el derecho a
usufructuarlo, pues, se reserva tal usufructo hasta cuando ocurra su
fallecimiento.
5) Que la vendedora responde al comprador por saneamiento conforme a la
ley.
6) Que en la venta quedan comprendidos todos los bienes muebles que se
encuentran en el apartamento, incluyendo una cocina empotrada.
7) Que el comprador aceptó la venta en todos los términos y condiciones de
la misma.
Esta prueba instrumental de naturaleza pública, fue adquirida por el
presente proceso y, por tanto, surte los mismos efectos probatorios tanto
frente a la demandante original, ciudadana Elia Ramona Terán, como
respecto a su cesionario y sucesor en esta relación procesal, ciudadano
Humberto Antonio Sánchez Romero, y en cuanto al demandado, ciudadano
Róger Darío Briceño Carreño.
Establecido lo anterior y visto que la parte actora aduce que el
demandado no cumplió la obligación de pagar el precio por el cual la
demandante original le dio en venta el inmueble tantas veces señalado,
por no haberse señalado expresamente en el cuerpo del documento
contentivo de la negociación, cuál fue el medio de pago utilizado, vale
decir -utilizando las mismas expresiones de la demandante - si fue con
billetes emitidos por el Banco Central de Venezuela, o mediante
transferencia entre cuentas bancarias, o con depósito bancario, o con
cheque librado sobre cuenta particular, o con cheque de gerencia, aprecia
este sentenciador de alzada que es meridianamente claro el texto del
documento contentivo de la compraventa al expresar que el precio de
la negociación se pagó con moneda de curso legal, esto es, con
dinero, pues no otro medio de pago debe tenerse o considerarse como
moneda de curso legal, fuera del dinero, representado por los billetes y las
monedas propiamente dichas de diversa denominación que de forma
exclusiva y excluyente emite y acuña, respectivamente, el ente competente,
Banco Central de Venezuela y que de forma generalizada se designan con
la denominación común de moneda de curso legal.
(…Omissis…)
Por tanto, es evidente que en el documento en que se refleja la
compraventa en cuestión sí se expresa el medio de pago utilizado por
el comprador y aceptado por la vendedora para satisfacer o cumplir la
obligación a cargo del primero y a favor de la segunda, de pagar el
precio de la negociación, sin que sea válido el argumento de que por
no haberse señalado en tal documento que para el pago del precio se
empleó billetes, cheque de gerencia o cheque librado sobre una cuenta
particular, transferencia bancaria, o depósito bancario, deba
considerarse esa circunstancia como demostrativa de que el
comprador no pagó el precio y que, en correspondencia, la vendedora
no lo recibió; o bien porque no se indicó en cuál acto se pagó y se
recibió el precio, pues, es obvio que lo fue en el acto en que el
registrador autorizó el otorgamiento y la realización de todos los
hechos jurídicos que dicho funcionario registral presenció, vio u oyó,
en la fecha cuando y en el lugar donde los autorizó.
Cabe destacar que tampoco constituye una prueba de que el precio de la
compraventa no se satisfizo y que tampoco se recibió, el que la ciudadana
registradora aparentemente no hubiera atendido las instrucciones a que se
contrae la circular emanada de SAREN en punto a no autorizar
enajenaciones de inmuebles, si el precio ha de pagarse con dinero efectivo,
pues, precisamente dicha funcionaria da fe de que el precio fue pagado por
el comprador con moneda de curso legal y de que la vendedora lo recibió a
su entera y cabal satisfacción (…)
(…Omissis…)
En ese orden de ideas se aprecia que el documento privado de marras
contiene un contrato de préstamo celebrado en Trujillo, el 29 de noviembre
de 2010, por virtud del cual el ciudadano Vicente Ramón Bencomo Infante
dio en calidad de préstamo al ciudadano Róger Darío Briceño Carreño la
suma de cien mil bolívares fuertes (Bs.F. 100.000,oo). En el texto de tal
contrato se deja establecido que el prestamista hizo entrega a la ciudadana
Elia Ramona Terán la cantidad de cien mil bolívares fuertes (Bs.F.
100.000,oo) “...para el pago de la compra de un apartamento de su
propiedad ubicado en la Urbanización (sic) Parque Residencial El
Prado, parcela multifamiliar 1-M en el condominio número 1M, Edificio
(sic) Apamate, planta baja, signado bajo el número 0-04 jurisdicción del
Municipio (sic) Pampanito del Estado (sic) Trujillo, cuyas medidas y
linderos doy aqui (sic) por reproducidos, cuyo documento será
Registrado (sic) el dia (sic) de hoy por la Oficina de registro público de
los Municipios Trujillo, Pampan y Pampanito Estado (sic) Trujillo,...”
(sic).
La declaración del prestamista vertida en el contrato de préstamo, a través
de la cual se hace alusión a la demandante de autos, en el sentido de que
entregó a ésta la expresada suma de dinero para el pago del precio de la
compraventa del referido apartamento, por encontrarse recogida en un
documento privado y por referirse de forma expresa a la demandante de
autos, hacía necesaria que tal declaración del tercero ajeno a este proceso,
vale decir, del prestamista, fuera ratificada por la vía testimonial para
permitir así el control de tal probanza a la parte actora, cosa que no se hizo,
por lo que tal documento privado debe desecharse.
No obstante, considera este tribunal de alzada que pese a que el
demandado no aportó ningún otro medio probatorio a este proceso,
fuera del señalado documento privado cuya eficacia probatoria queda
desechada, sin embargo, ello no significa que en el sub lite no haya
quedado comprobada la excepción del demandado, toda vez que, al
haber sido adquirido por el proceso el documento público contentivo
de la compraventa en cuestión, ciertamente, la eficacia probatoria de
tal prueba documental, por ser de naturaleza pública, surte efectos
frente a la demandante original y otorgante del mismo como vendedora
y respecto del demandado también otorgante como comprador, y
frente al tercero cesionario de los derechos litigiosos que la
demandante primigenia le traspasó; documento público que, de cierto,
no puede ser desvirtuado, modificado o complementado por
documento privado sino por otro documento público, tal como lo prevé
el único aparte del artículo 1.924 del Código Civil, y por tanto, sirve tal
documento público para desvirtuar por sí mismo la pretensión de la
parte actora.
Hecha la determinación y valoración de las pruebas aportadas a este
proceso, en los términos señalados en los párrafos que anteceden,
considera este Tribunal (sic) Superior (sic) que la parte actora no alcanzó a
demostrar que el demandado hubiera incumplido su obligación de pagar el
precio de la compraventa cuya resolución pretende, por lo que la presente
demanda no ha lugar en derecho. Así se decide…”. (Negrillas de la
sentencia) (Subrayado y negrillas de la Sala).
De la recurrida se precisa que el juzgador de alzada determinó que en razón del principio de
adquisición de la prueba por el proceso, el instrumento público en que consta la aludida
compraventa, registrado en la Oficina de Registro Público de los Municipios Trujillo, Pampán y
Pampanito del estado Trujillo, el 29 de noviembre de 2010, hace plena fe entre las partes y
frente a terceros, mientras no sea declarado falso, de los hechos jurídicos que el funcionario
registral declara haber efectuado, visto u oído; y de la verdad de las declaraciones formuladas
por los otorgantes acerca de la realización del hecho jurídico a que el instrumento se contrae.
Asimismo, del transcrito de la recurrida se desprende que la parte actora aduce que el
demandado no cumplió la obligación de pagar el precio por el cual la demandante original le dio
en venta el inmueble, por no haberse señalado expresamente en el documento de la
compraventa, cuál fue el medio de pago utilizado.
Al respecto, el ad quem consideró que del texto del documento contentivo de la compraventa al
expresar que el precio de la negociación se pagó con moneda de curso legal, concluyó con ello
que, sí se expresó el medio de pago utilizado por el comprador y aceptado por la vendedora
para satisfacer o cumplir la obligación a cargo del comprador (demandado), lo cual constituía el
pago del precio de la compraventa.
Ahora bien, respecto al vicio de falta de aplicación de una norma, reiteradamente esta Sala ha
sostenido qué ocurre cuando el juez no emplea una norma jurídica, expresa vigente, aplicable y
subsumible la cual resulta idónea para la resolución de la controversia planteada, dando lugar a
una sentencia injusta y susceptible de nulidad, pues de haberla aplicado cambiaría
esencialmente el dispositivo
Por su parte, los artículos denunciados por el formalizante como no aplicados, señalan lo
siguiente:
“…Artículo 1.354.- Quien pida la ejecución de una obligación debe probarla,
y quien pretenda que ha sido libertado de ella debe por su parte probar el
pago o el hecho que ha producido la extinción de su obligación”.
“Artículo 506.- Las partes tienen la carga de probar sus respectivas
afirmaciones de hecho. Quien pida la ejecución de una obligación debe
probarla, y quien pretenda que ha sido libertado de ella, debe por su parte
probar el pago o el hecho extintivo de la obligación.
Los hechos notorios no son objeto de prueba…”.
De las normas antes transcritas, se tiene que los artículos 1.354 del Código Civil y 506 del
Código de Procedimiento Civil, denunciados por los recurrentes como no aplicados por la ad
quem, establecen la obligación que tienen las partes procesales de demostrar o comprobar sus
respectivas afirmaciones de hecho de acuerdo con los distintos medios probatorios previstos en
el ordenamiento jurídico.
De igual manera, las normas denunciadas establecen que la carga de la prueba constituye un
imperativo del propio interés de cada litigante, por tanto una vez que el actor formula sus
afirmaciones de hecho si las mismas son aceptadas por el demandado, no hay nada que
probar; no obstante, si el demandado niega y rechaza lo alegado por su contraparte, recae
sobre el demandante la carga de la prueba.
De modo que, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 506 del Código de Procedimiento
Civil, los alegatos planteados por las partes pueden consistir tanto en afirmaciones como en
negaciones respecto de determinados hechos.
Expuesto lo anterior, en el sub iudice, se verifica en el escrito de contestación al fondo de la
demanda de fecha 2 de diciembre de 2013, que corre inserto en los folios 58 al 60, la
accionada expone, lo siguiente:
“…Rechazo y contradigo en tanto los hechos como en el derecho la
temeraria demanda, por cuanto la misma no se ajusta tangible de lo
acontecido siendo cierto que en el año 2010 le compre a la ciudadana ELIA
RAMONA TERÁN DE HERRERA (…) un apartamento de su propiedad
ubicado en la urbanización Parque Residencial el Prado, parcela
multifamiliar 1-M en el condominio 1-M. edificio Apamate, Planta (sic) Baja
(sic), signado bajo el N° 04 (…) cuando acudimos para la redacción y
legalización del presente documento, mi Abogada (sic) Asistente (sic) en
este acto da fe de que ambos acudimos por ante su oficina conjuntamente
con el profesor VICENTE RAMÓN BENCOMO INFANTE (…) y ella, nos dijo
que para proceder a dejar sentado el usufructo en la presente venta se tenía
que cumplir con la protocolización por ante la Oficina de Registro
Inmobiliario del Estado (sic) Trujillo, lo cual ello lo presento (sic) como
aparece marcado con la Letra (sic) “B” en este expediente en fecha 16 de
Agosto (sic) del año 2010, y fue la parte demandante (…) que solicito (sic)
que el pago se realizara en dinero efectivo y el día que se protocolizo el
documento marcado con la letra “A” fecha 29 de Noviembre (sic) de 2010 en
presencia de la referida abogada y del ciudadano: VICENTE RAMÓN
BENCOMO INFANTE, ya identificado, se le entrego (sic) el pago
correspondiente ya que él me hizo préstamo personal para el pago del
inmueble cuyo documento aparece en el expediente marcado con la letra
“A”, y cuyo contrato de préstamo presento, con letra “A” con este escrito (…)
Siendo Dos (sic) (2) documentos protocolizados ante la Oficina (sic)
Subalterna (sic) que para ese año se cumplieron con todos los requisitos
tanto de la venta como de sus respectivos requisitos pretende a esta altura
decir que no se pago es insólito ya que ella conjuntamente conmigo al
mismo tiempo acudimos por ante la respectiva oficina y una vez leído el
presente documento procedimos a la firma y me fue entregado el original de
dicho documento público cumpliendo con las obligaciones de comprador el
cual es pagar el precio…”. (Negrillas del escrito de contestación).
(Subrayado de la Sala).
Ahora bien, la Sala puede constatar del escrito de contestación que la accionada, alega que la
vendedora primigenia ciudadana Elia Ramona Terán de Herrera solicitó que el pago se hiciera
en dinero efectivo y el día que se protocolizó el documento marcado con la letra “A” fecha 29 de
noviembre de 2010.
Asimismo, la accionada refiere que la demandante “…dijo que para proceder a dejar sentado
el usufructo en la presente venta se tenía que cumplir con la protocolización por ante la Oficina
de Registro Inmobiliario del estado Trujillo, lo cual lo presentó la demandante, como aparece
marcado con la letra “B” en este expediente en fecha 16 de agosto del año 2010, y en este acto
promovió la demandada documento privado marcado con la letra “A”, contentivo de contrato de
préstamo…”.
Así las cosas, de la lectura de la recurrida la Sala observa, que el tribunal de alzada a pesar
que el demandado no aportó ningún otro medio probatorio al proceso, distinto del señalado
documento privado el cual se desechó, no obstante a ello, el ad quem consideró que en el sub
lite quedado probada la excepción del demandado, toda vez que, al haber sido adquirido por el
proceso el documento público contentivo de la compraventa en cuestión, ciertamente, la
eficacia probatoria de tal prueba documental, por su naturaleza pública, surte efectos frente a
los otorgantes, la demandante primigenia, como vendedora y respecto del demandado, como
comprador, y frente al tercero cesionario de los derechos litigiosos que la demandante original
le traspasó.
Al respecto, resulta oportuno referirse al principio de la comunidad de la carga de la prueba,
con relación al mismo, la Sala estableció entre otras en sentencia N° RNyC-523, de fecha 7 de
agosto de 2014, caso: Condominio del Centro Comercial Plaza Las Américas, etapa I, contra
Inversiones 3RS, C.A. expediente 14-004, estableció siguiente:
“…Conforme al principio de comunidad de la prueba, una vez incorporada la
prueba al proceso deja de pertenecer al litigante que la ha producido para
transformarse en común, que es la denominada “comunidad de la prueba”;
cada parte puede aprovecharse, indistintamente, tanto de su prueba como
de la producida por la contraparte y, a su vez, el juez puede utilizar las
resultas probatorias aun para fines diferentes de aquellos que contemplan
las partes que las producen, de modo que el juez puede valorarlas
libremente, conforme a las reglas de la sana crítica, hasta en beneficio del
adversario de aquella parte que ha producido la prueba.(Sent. S.C.C. de
fecha 22-10-2009, caso: Inversiones ARM & ARM 007, C.A., contra 6025
Hotel Corporation, C.A.).
De lo anterior se colige que las pruebas incorporadas al proceso no
pertenecen a su promovente sino que pertenecen al proceso mismo, por lo
que cada una de las partes puede hacer valer tales pruebas…”.
Así bien, tal como lo consideró el ad quem y se desprende del criterio jurisprudencial supra
transcrito según el principio de adquisición procesal, una vez incorporada la prueba al proceso,
deja de pertenecer al litigante que la ha producido, y se consideran adquiridas por el proceso,
para transformarse en común, que es la denominada “comunidad de la prueba”; cada parte
puede aprovecharse, indistintamente, de su prueba como de la producida por la contraparte, y
a su vez, el juez puede utilizar las resultas probatorias aún para fines diferentes de aquellos
que contemplan las partes que la producen.
En este sentido, el juez puede valorar las pruebas aportadas al proceso libremente, conforme a
las reglas de la sana crítica, aún en beneficio del adversario de aquella parte que ha producido
la prueba.
Así las cosas, contrario a lo delatado por el formalizante, no hubo ilegal inversión de la carga de
la prueba, pues el juez superior dio por probado el cumplimiento de la obligación del
demandado concerniente al (pago del precio), con el documento público contentivo de la
compraventa, registrado en la Oficina de Registro Público de los Municipios Trujillo, Pampán y
Pampanito del estado Trujillo, el 29 de noviembre de 2010, aportado por la parte actora al
proceso.
En consecuencia, y no encontrado la Sala que el formalizante lograra demostrar la falta de
aplicación de los artículos 506 del Código de Procedimiento Civil y 1.354 del Código Civil, se
debe que desestimar la presente denuncia. Así se establece.
DECISIÓN
Por las razones antes expuestas, el Tribunal Supremo de Justicia de la República Bolivariana
de Venezuela, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República
Bolivariana de Venezuela y por autoridad de la ley, declara: SIN LUGAR el recurso
extraordinario de casación anunciado y formalizado por la parte demandante, contra la
sentencia dictada por el Juzgado Superior Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción
Judicial del estado Trujillo, en fecha 3 de marzo de 2016.
Se impone al recurrente al pago de las costas procesales del recurso, de conformidad con lo
establecido en el artículo 320 del Código de Procedimiento Civil.
Publíquese, regístrese y remítase el expediente al tribunal de la causa, Juzgado Segundo de
Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Bancario, del Tránsito, Obligación de Manutención y
Constitucional de la Circunscripción Judicial del estado Trujillo. Particípese esta remisión al
juzgado superior de origen, ya mencionado.
Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil del Tribunal
Supremo de Justicia, en Caracas, a los veinticuatro (24) días del mes de noviembre de dos mil
dieciséis. Años: 206º de la Independencia y 157º de la Federación.
Presidente de la Sala,
GUILLERMO BLANCO VÁZQUEZ
Vicepresidente-Ponente,
FRANCISCO RAMÓN VELÁZQUEZ ESTÉVEZ
Magistrada,
MARISELA VALENTINA GODOY ESTABA
Magistrada,
VILMA MARÍA FERNÁNDEZ GONZÁLEZ
Magistrado,
YVÁN DARÍO BASTARDO FLORES
Secretaria temporal,
YARITZA BONILLA JAIMES
Exp.: Nº AA20-C-2016-000381
Nota: Publicada en su fecha a las
Secretaria temporal,