Tespís de Icaria y la Literatura Griega
Tespís de Icaria y la Literatura Griega
La Grecia Clásica
La literatura de la antigüedad y de los tiempos medios que ha llegado hasta nosotros es la supervivencia de
un gran naufragio.
En la literatura griega clásica es necesaria y fundamental la distinción entre la literatura de transmisión oral y
la de transmisión escrita.
El siglo VIII a. C. es la fecha aproximada de los inicios de la literatura griega clásica. La obra más antigua
sería “La Ilíada”. Luego cristalizaron el drama, la poesía y la prosa (en sus diferentes modalidades) y el
diálogo filosófico de Platón.
La extinción de esta literatura se sitúa en los siglos IV y V d. de C. en la época del emperador Justiniano.
La literatura griega clásica suele dividirse en tres períodos: los dos primeros constituían la época más
creativa y vital; el tercero, la época imitativa.
El primer período es el primitivo o preático y va desde la época de Homero (siglos XII-VII a. de C.) hasta el
500 a de C. Se desarrollaron entonces los principales géneros poéticos (épico, elegíaco, yámbico y lírico o
mélico) y surgió la prosa filosófica (Anaximandro, Heráclito de Efeso).
El genio Griego se revela por sus primeras grandes creaciones literarias: las dos epopeyas de la Ilíada (de
Ilión, nombre antiguo de Troya) y la Odisea (poema de Odiseo, al que los latinos llamaron Ulises), atribuidas
amas por la tradición al aedo, ciego y errante, de nombre Homero.
Estas dos obras presuponen, por la madurez del estilo y el flexible manejo del hexámetro (verso grecolatino),
una arraigada tradición poética. Se observa en los temas (caída de Troya, vinculada a la conquista griega de
la Eólide), en la intervención personal de los dioses implicados en la lucha y en el uso de una lengua
artificiosa, mezcla de jónico y eólico. Se nota también que en ambas epopeyas Homero describe una época
para él muy remota.
Homero, La Odisea
Homero, La Odisea
Tras una invocación a la musa, el poeta afirma que se propone cantar las peripecias y navegaciones de
Odiseo (Ulises), rey de la isla de Ítaca, desde que emprendió el regreso de Troya, ya conquistada por los
griegos, hasta llegar a su patria. Hacía siete años que estaba retenido en una isla por la ninfa Calipso y los
dioses deciden que lo deje partir. Ateneas (Minerva) va a Ítaca para que Telémaco, hijo de Odiseo, emprenda
la búsqueda del padre. Una caterva de ambiciosos pretendientes a la mano de Penélope, la fiel esposa de
Odiseo, esperan vanamente que ésta acceda casarse con uno de ello y mientras tanto devoran su patrimonio
(I).
Telémaco se dispone a emprender el viaje, sabe de la suerte de Odiseo (II); en Pilos visita al anciano
Néstor, que nada sabe de la muerte de Odiseo (III) y en Esparta es acogido por Menelao y Helena, que ya
saben que Odiseo está retenido en la isla de Calipso (IV).
Por orden de los Dioses, Calipso deja partir a Odiseo, quien se construye una almadía para volver a Ítaca (V);
pero una tempestad lo arroja a la isla de los feacios, donde reina Alcinoo, padre de la doncella Nausícaa,
quienes lo reciben muy hospitalariamente y la agasajan (VI y VII). Celebran un banquete en honor de Odiseo,
en el cual el aedo ciego Demódoco recita canto épicos (VIII). Luego Odiseo cuenta sus aventuras desde que
salió de Troya con sus compañeros, narración cuyos principales episodios son el del cruel Polífemo, burlado
por la astucia de Odiseo (IX), el de los odres llenos de viento, el de los letrígones y el de la maga Circe, que
convierte en cerdos algunos de los compañeros del héroe (X). Explica éste a los feacios su descenso a los
infiernos, donde habló con su madre y con héroes griegos de la guerra de Troya (XI), la aventura de las
sirena, su naufragio y arribo a la isla de Calipso (XII).
Marinos feacios llevan a Odiseo a su patria, Ítaca (XIII), donde encuentra al porquerizo Eumeo, que no lo
reconoce, aunque es fiel a su recuerdo y cree que no lo verá nunca más (XIV). Telémaco regresa a Ítaca y en
la cabaña de Eumeo encuentra a Odiseo, que se da a conocer y le da consejos sobre el plan que piensa
seguir (XVI). Odiseo, vestido de mendigo, llega a su palacio y sólo es reconocido por su viejo perro Argos,
que hacia veinte años que no lo había visto y que muere después de reencontrarlo. Los pretendientes
maltratan a Odiseo (XVII), y éste se entrevista con Penélope, sin darse a conocer, aunque su vieja nodriza
Euriclea, al lavarle los pies, se da cuenta de su verdadera personalidad gracias a una cicatriz, pero él le
impone silencio. Penélope manifiesta que se casará con aquel de sus pretendientes que mejor maneje el
arco que fue de Odiseo (XIX); y ellos prosiguen con sus excesos (XX), hasta que se hace la prueba y sólo
Odiseo es capaz de tensar el arco (XXI). Odiseo y Telémaco proceden a la matanza de los pretendientes
(XXII), y finalmente Penélope reconoce a su marido (XXIII). Odiseo visita a su padre, el viejo Laertes y tras
una turbulenta asamblea se restablece la paz en Ítaca (XXIV).
Argument La Odisea cuenta el retorno de Odiseo, otro de los héroes griegos, después de la toma de Troya.
o En su patria, la pequeña isla de Itaca, en el Jónico, su esposa Penélope y su hijo Telémaco le
esperan impacientes, asediados por los nobles de la isla que pretenden casarse con ella y
convertirse así en reyes. Telémaco le busca en vano por las cortes de Grecia. En tanto Odiseo está detenido
en una isla por la ninfa Calipso, que le da su amor y le promete una vida inmortal. Pero él prefiere su
pequeña isla y su mujer terrena. A través de peligros sin cuento, luchando con valor y astucia contra
monstruos como el Cíclope o las Sirenas, contra la hechicera Circe, que convierte a sus compañeros en
cerdos. Todo esto lo pone el poeta en boca del propio Odiseo, en el banquete con que le obsequia el rey de
los feacios, Alcinoo. De allí regresa a Itaca y reconquista su trono y su mujer tras matar a los pretendientes
con su ingenio y valor.
Los méritos de la Odisea son diferentes. En lugar de ser una tragedia de pasiones
Valoración
heroicas construida sobre un fondo de saga semi-histórico, es un relato del triunfo de un
general
hombre sobre la adversidad en un mundo fantástico. Odiseo de Itaca presumiblemente es
una figura histórica, mas nada de cuanto le acontece en la obra puede considerarse, en rigor, como hecho
histórico. Los episodios en los que se ve envuelto hubieran sido igualmente emocionantes con independencia
de quien fuera el protagonista, príncipe o campesino. Una de las conclusiones más convincentes de la
investigación homérica es que se ha incluido al personaje un conjunto de aventuras marinas (quizá
procedentes de la leyenda de los Argonautas). La Iliada es un gran poema épico tradicional. El tema de la
Odisea es un nostos ("regreso") heroico y se refiere a una época de paz (la postguerra troyana). El relato es
de mayor duración espacio-temporal que el de la Iliada, pero el poeta le da una estructura consistente al
plantear los diez años de correrías en forma de narración en primera persona en boca de Ulises,
concentrando así su propia narración en primera persona en boca de Ulises. Tres son los grandes
argumentos, al final todos entrelazados: Ulises en el mar, los pretendientes en Itaca y el viaje de Telémaco
en busca de noticias sobre su padre.
El esquema del Son los temas del cuento tradicional los que conforman la obra: muchas de sus ideas
cuento narrativas (como escapar de un gigante (TEXTO 8: Homero Odisea IX, 360-98), o el
odre de los vientos, o la bella princesa Nausicaa que ayuda al héroe, cif. TEXTO 6:
Homero Odisea VI, 110-85) son comunes a diferentes tradiciones populares de todo el mundo. El éxito en
empresas aparentemente imposibles está bien ejemplificado. Un personaje de cuento popular es el
tramposo, y Ulises (el polytropos Odysseús, "Odiseo el de las muchas vueltas o muchos trucos"), más que
Hermes o Sísifo, es un buen ejemplo. Las ideas ingeniosas como el motivo de "Nadie" en el episodio de
Cíclope (TEXTO 8: Homero Odisea IX, 360-98) o el de ocultar la muerte a los pretendientes son especialidad
del tramposo. La esposa que se quita de en medio a los pretendientes con un truco (hilar y deshilar) también
es usual. A veces los temas se repiten, como el de la ninfa o maga (Calipso, Circe) que retiene al héroe. El
cuento también exige un arquetípico final feliz y así es como concluye el poema. El centro del poema lo
constituyen las aventuras marinas que, como decimos, relata el propio Odiseo en primera persona como en
casi todos los cuentos fantásticos (Eneas, Simbad, Dante, Cirano, Gulliver, Münchausen). El redomado
aventurero, el guerrero épico es también un hábil narrador. De esta forma Odiseo resulta un nuevo
paradigma heroico. Héroe solitario, aventurero errante fiado no en sus armas ni en su fuerza atlética, sino en
su astucia y su seducción. Seductor de magas y princesas, maestro en el manejo de las palabras, disfrazado
de mendigo cuando la ocasión lo requiere, es un personaje más complejo que cualquier otro héroe antiguo.
Homero. La Ilíada
Homero, La Ilíada
Tras una invocación a la musa, el poeta afirma que se propone cantar la cólera de Aquileo (Aquiles). Crises,
sacerdote de Apolo, se presenta en el campamento de los griegos, o aqueos, que cercan la ciudad de Troya
(Ilíon) y pide al jefe supremo de los ejércitos de los ejércitos, Agamenón, que le permita rescatar a su hija
Criseida, que ha sido cautivada. Agamenón se niega a ello, lo que provoca la indignación de Apolo, que
castiga al ejército sitiador con una epidemia; pero el adivino Calcante declara que no cesará hasta que
Criseida sea devuelta a su padre.
Agamenón accede, pero exige que, en compensación, se le entregue a Briseida, joven esclava de Aquileo,
lo que suscita una violenta disputa entre ambos, a consecuencia de la cual Aquileo decide retirarse de la
guerra contra Troya y se aparta a la orilla del mar; y su madre, la diosa Tetis, consigue de Zeus (Júpiter),
padre de los dioses, que prometa conceder la victoria a los troyanos para vengar a su hijo, lo que irrita a Hera
(Juno), esposa del Dios (I).
Se disponen a luchar en campo abierto griegos y troyanos, pero se decide que la contienda se resuelva en
un combate singular entre Paris (o Alejandro), el raptor de Helena y el marido de ésta, Menelao, hermano de
Agamenón (II). Cuando Paris está a punto de ser vencido, la diosa Afrodita (Venus), partidaria de los
troyanos, lo salva prodigiosamente (III).
El troyano Pándaro rompe la tregua (IV) y en la lucha realiza grandes hazañas el griego Diomedes, que
quiere a Afrodita, pero Ares (Martes) lo ayuda (V). Sigue Diomedes realizando proezas y entra en la batalla el
troyano Héctor, hermano de Paris, tras despedirse de su esposa Andrómaca, que presagia su muerte (VI).
Hazañas de Héctor, que combate con el griego Ayante (VII), hasta que Zeus ordena a los dioses que no
intervengan en la contienda (VIII).
Ante la difícil situación de los griegos, los jefes de éstos Ayante, Odiseo (Ulises) y Fénix visitan a Aquiles en
su retiro de la playa y le piden que se reincorpore a la lucha, a lo que se niega (IX). Hazañas de Odiseo y
Diomedes en el campo Troyano (X) y de Agamenón que tiene que retirarse herido. Los griegos retroceden
(XI); se guerrea junto al muro (XII) y al lado de las naves griegas (XIII). Ayante consigue imponerse a Héctor
y los griegos quedan vencedores (XIV). Los troyanos huyen y Héctor decide prender fuego a las naves
griegas (XV), pero los aleja de ellas Patroclo, que viste la armadura que le ha dejado su gran amigo Aquileo y
que manda las tropas de éste.
Rechaza a los troyanos hasta Troya, pero Héctor le da muerte (XVI). Lucha en torno del cadáver de Patroclo,
que los griegos consiguen retirar (XVII), y gran dolor de Aquileo al saber el fin de su amigo. Tetis, madre de
aquél, encarga al Dios Hefesto (Vulcano) que le fabrique una nueva armadura (XVIII). Aquileo, despechado
por la muerte de su amigo Patroclo, decide volver a la lucha y se reconcilia con los griegos, previa devolución
de su esclava Briseida (XIX). Zeus permite que los dioses vuelvan a intervenir en la lucha y batallan Aquileo
con los troyanos Eneas y Héctor (XX).
Grandes hazañas de Aquileo y Apolo logra con un engaño salvar a los troyanos (XXI). Aquileo persigue a
Héctor en torno de las murallas de Troya y finalmente, ayudado por la diosa Atenea (Minerva) lo mata
(XXXII). En honor de Patroclo los griegos celebran ceremonias funerales y juegos atléticos (XXIII). Priamo,
rey de Troya, va a la tienda de Aquileo para pedirle que le entregue el cadáver de su hijo Héctor, a fin de
tributarle honras fúnebres y Aquileo, aunque antes ha ultrajado el cuerpo del vencido y lo ha arrastrado
ignominiosamente, ahora apaciguado lo devuelve al padre. Se celebran los funerales de Héctor (XXIV).
Está formada y escrita en versos griegos, es decir por silabas largas seguidas posteriormente de dos silaba
breves (o hexámetro dactílicos). Se divide en 24 cantos o rapsodias con 15.639 versos. Los cantos están
enumerados en alfabetos jónicos, mezclado de dialectos eólico y ático.
La Ilíada esta compuesta principalmente por el dialecto de la Grecia antiguo, que se hablaba en las islas del
Egeo y en los asentamientos costeros de Asia Menor, ahora la Turquía moderna. Algunos estudiosos
concluyen que el poeta provenía de algún lugar del mundo griego oriental.
Sin embargo, lo más probable es que el poeta eligió el dialecto jónico porque lo consideró más apropiado
para el gran estilo y gran alcance de su trabajo. Un poco más tarde, la literatura griega sugiere que los poetas
variaban los dialectos de sus poemas de acuerdo con los temas que trataban y podían escribir en dialectos
que en realidad no hablaban.
Las epopeyas de Homero son panhelénicas (que abarcan toda Grecia) en espíritu y usan formas de otros
muchos dialectos. Esto sugiere que Homero adaptó sus poemas al dialecto que mejor complementara sus
ideas.
La Ilíada es una de las obras literarias de la antigua Grecia que ha sucumbido en los tiempos, continuando
con vigencia. Es una epopeya griega, el poema e historia (aparentemente real) más antiguo escrito en el
mundo. Esta obra esta adjudicada a Homero.
La Ilíada es el canto de Ilión, lo que se conoce como el nombre de Troya, entonces se podría decir que es el
canto de Troya. La obra trata de una guerra entre dios pueblos enemigos recitada en forma de poema. Esa
guerra tan famosa de llamo guerra de Troya, pero la obra en específico habla solo de unos días de la guerra.
Una novela famosa que te podría interesar es La Guerra y la Paz.
Asociado siempre a Homero como exponente de la antigua poesía griega, Hesíodo vivió aproximadamente
entre los años 850 y 800 a de C. y según parece tenía un pleito con su hermano por la herencia paterna.
Una de sus obras es el poema didáctico Los trabajos y los días, en el que discurre sobre el origen de la
injusticia y nos transmite luego una serie de instrucciones sobre la labranza y el arte de navegar, a las que
acompañan máximas de índole moral y religiosas y un calendario de los días propicios y adversos.
En la Teogonía, dispuso las genealogías de los dioses a partir del primer orden visile engendrado del Caos.
Después de la épica
Tras la épica y los llamados himnos homéricos (dedicados a Apolo, Afrodita, etc,) aparece una poesía más
personal y reflexiva, lírica vinculada a un cierto cambio de mentalidad, a una honda evolución moral y
fechada en el s. VII a de C. Se la ha relacionado con un gradual proceso democrático por centrarse
principalmente en el individuo y en sus aspiraciones personales.
Por su temática y procedimientos cabe distinguir tres tipos de poesía: La elegíaca (marcial erótica, gnómica y
funeral), la yámbica y la lírica o mélica (inseparable de la música).
Poesía Elegíaca
Parece que el término “elegía” es de origen oriental y en un comienzo se aplicó a un canto lleno de
melancolía, en especial a una endecha fúnebre, con acompañamiento de flauta. Su significado fue
ampliándose hasta llegar a incluir aires belicosos o guerreros (elegía erótica de Mimnermo de Esmirna),
gnómicas (Solón, Tognis de Megara) y funerales (epitafios de Simónides de Ceos a los caídos en Maratón y
en las Termópilas, 480 [Link] C.) Alternaron en la elegía el hexámetro heroico y el pentámetro: juntos dieron el
dístico elegíaco.
Poesía yámbica
Fue contemporánea de la elegía y el mito la relaciona con la joven Yambe, hija de Pan y de Eco, que hizo
sonreír a Deméter con sus burlas algo obscenas. Es la poesía de la sátira y el debate o controversia y se
atribuyó su invento a Arquíloco de Paros (670 a de C.), que contrapuso sus predilecciones a los valores
comunitarios.
Los griegos llamaron mélica a la poesía inseparable de la música. Más tarde se impuso el término lírica para
designarla. Dos fueron las escuelas líricas: la eolia (monódica y personal) y la doria (coral y nacional). La
cítara o lira y la flauta eran los instrumentos para acompañar la voz. Su representantes fueron: Alceo de
Mitilene (610-580 a. de C.) y Safo de Lesbos (610-565 a. de C.) con su oda a Afrodita, la Venus romana).
A la lírica coral pertenecen el peán (himno destinado a Apolo o a Artemisa), el prosodio (para el ritual), el
partenio, elelogio, el epinicio, el treno, el epitalamio y el himeneo (destinados a bodas).
Nacido en Tebas hacia 520 a. de C. Disfrutó de reputación panhelénica. Los fragmentos de él conservados
prueban su versatilidad y maestría: al triunfo olímpico están consagrados 44 epinicios (odas olímpicas, pitias,
nemeas e ístmicas, según los juegos a que hacen referencia). El poeta relaciona en ellas la ocasión que le
inspira con mitos o leyendas heroicas y de su conjunción extrae una enseñanza moral.
La palabra “drama” significa algo “hecho”, “ejecutado”(deriva del verbo griego que se traduce por “obrar”,
“hacer”) y en Grecia se aplicó a la tragedia y a la comedia.
En principio aparece la tragedia, que Aristóteles derivó del ditirambo y del satirikon (danza o pieza teatral a
base de sátiras) en Poética, aunque lo único cierto es su vinculación al culto del Dios Dionisio y a su rito de
carácter agrario.
Entre la tragedia y la comedia se insertó el drama satírico, en el que actuaban héroes y sátiros. El núcleo del
principio del teatro riego se encuentra, según parece, en el diálogo mantenido entre el coro y el exarconte
(jefe del coro que canta o recita como solista)
Hacia 530 a. de C., Tespis de Icaria, en Ática, introdujo en el diálogo un actor (hypokrites), que dialogaba a
su vez con el exarconte o corifeo.
Era hijo de un gran terrateniente, combatió a los persas en Maratón y Salamina y estuvo un tiempo en la
corte de Hierón de Siracusa. Llevó a la escena un segundo actor y quitó importancia al coro para dársela al
diálogo, lo que contribuyo al auge de la tragedia. También inauguró la costumbre de presentar una tetralogía
(tres tragedias y un drama satírico).
De Esquilo se han conservado: Las Suplicantes, Los Persas, Los Siete contra Tebas, Prometeo encadenado,
Argamenón, Las Coéforas y Las Euménides. Estas tres últimas obras constituyen la Orestíada, una de las
cimas del teatro universal. Lo sublime y lo grandioso acontecen en el teatro de Esquilo sobre un trasfondo
religioso y con un estilo metafórico y sentencioso sorprendentemente vivo.
La Orestíada
LA ORESTÍADA DE ESQUILO
Cada tragedia posee su unidad propia, pero existe una unidad superior que a todas las une. El tema en
común es la sangre con que se rescata la sangre derramada.
La Orestíada es una historia dividida en tres libros, los cuales presentan argumentos distintos.
Agamenón:
Menelao y su hermano Agamenón reúnen un ejército de más de cien hombres para lograr conquistar Troya y
vengarse del secuestro de Elena. Sin embargo, la diosa Artemis logra impedir los vientos en contra de las
embarcaciones del ejército a la hora de partir, exigiéndole el sacrificio de Ifigenia, su
hija.
Mientras Agamenón regresa de la guerra de Troya, Egisto trata de ocupar su puesto. Se inicia con la escena
en el que el vigía, en lo alto del palacio, espera la fogata que a de anunciar la caída de Troya; diez años han
pasado cuando al fin descubre a lo lejos la iluminaria, su alegría solo dura un instante, porque conoce los
abominables secretos de la casa y sabe del culpable amor entre Clitemnestra y Egisto. Luego de diez años,
Agamenón regresa victorioso de Troya al entrar en su palacio, Casandra (la cautiva Troyana) predice su
muerte. Después se oyen gritos del rey moribundo cuando su esposa lo asesina como venganza por el
asesinato de la hija en común, uniéndose a ella su primo hermano y amante Egisto. Clitemnestra aparece y
cuenta lo que acaba de hacer. El motivo del crimen ha sido la venganza porque Agamenón sacrifico a su hija
Ifigenia, también porque ante los muros de Troya deseo a Crispida y porqué en la nave, no tuvo reparos en
compartir su lecho con la profeta troyana Casandra. La esposa lo había matado después de haberle
preparado el baño. A su lado yace también el cadáver de Casandra.
De esta forma Egisto, no solo apoyo a Clitemnestra, sino que también vengó el fallecimiento de sus
hermanos por parte del padre de Agamenón. Sin embargo, una profecía sobre la muerte de Agamenón será
vengada por su hijo, Orestes.
Las Coéforas:
El libro inicia con la visita de Orestes a la tumba de su padre, en donde también se encuentra su hermana
con otras esclavas, las cuales le estaban realizando ofrendas funerarias para Agamenón. Orestes y su primo
Pilades se encuentran ante la tumba de Agamenón.
Aparece el coro de doncellas, las Coéforas entre las cuales se encuentra Electra. En ese momento, los dos
toman la decisión de vengarse de Egisto y su madre por el asesinato de su padre, pero las furias, quienes
eran una figura vengadora de los crímenes de sangre del reino, toman la decisión de perseguir a Orestes y
hacerlo recordar crueles recuerdos y actos que hizo hasta ese momento. A causa de su crimen es
perseguido por las erinias (divinidades vengativas nacidas de la tierra regada de la sangre de Urano, cuando
este fue mutilado por Cronos). Cuando se dispone a salir ve a unas mujeres vestidas de negro y con muchas
serpientes enrolladas en la cabeza. Son las erinias, las furias, que han llegado en su busca. Solo el, Orestes,
las puede ver, por lo cual huye rápidamente, estas se alimentan de sangre humana.
Las Euménides:
Orestes protegido por Apolo huye de Delfos a Atenas , para solicitarle ayuda al Dios Apolo, quien lo envía a
Atenas para que la diosa le solucione de alguna forma sus problemas, iniciando el primer tribunal de justicia
democrático, en donde será juzgado por el Areópago (significa colina de Ares) que Atenea establece
especialmente para la circunstancia. La diosa Atenea buscara los jueces para el tribunal escogiendo entre
los ciudadanos más dignos de Atenas. Las Euménides (coro de erinias) amenazan a Orestes diciéndole que
ni Apolo ni la fuerza de Atenea lograran salvarlo. Orestes había llegado al areópago y se había abrazado a la
estatua de Atenea en busca de ayuda.
Al presentarse ante ellos, Orestes es absuelto del crimen que cometió hacia su madre y Egisto por falta de
votos. Toma la decisión de cambiar su nombre a Euménides y empezó a dedicarse a hacer felices a cada
uno de los matrimonios que lo honraran. En tanto, instalado el tribunal, Apolo manifiesta que participara como
testigo ya que Orestes cometió el crimen por instigación suya. Las acusadoras erinias (que están
representadas por el coro) hacen el uso de la palabra pero señalan que Clitemnestra había cometido un
doble crimen.
Ante las palabras elocuentes y sustentadoras de Orestes, Atenea invita a los jueces a emitir un sufragio
equitativo.
Además señala que este tribunal dictara para siempre sus sentencias al pueblo de Egea (toda Grecia) en
casos de crímenes cometidos.
Realizado el sufragio, Atenea es la última en emitir su voto y lo hace a favor de Orestes. Atenea: el acusado
queda absuelto de su delito; el número de votos es igual por ambas partes (ocurre que para que Orestes
salga libre de culpas había bastado con que obtenga, la mitad de los votos). Sin embargo, Atenea con su
boto había dirimido a favor de Orestes. En medio de una alegría, Orestes agradece a Palas, Apolo y el gran
Zeus.
Las ancianas erinas son instadas por Atenea para que abandonen su ira encendida y su posible venganza
contra la ciudad de Atenas, ya que se sienten humilladas por el fallo.
Así las erinias se convertirán en la protectora de Atenas, en Euménides (benévolas). Atenea las apacigua
ofreciéndoles desde ya los eternos honores que les harán los ciudadanos atenienses, en caso de aceptar.
Las Euménides aceptan y desean la paz, una larga vida y prosperidad a Atenas.
Agamenón: Es el esposo de Clitemnestra, padre de Orestes y Electra, Rey de Argos, así como
también quien lleva a cabo el sacrificio de Ifigenia, su hija. Su esposa lo asesina en el primer libro de
esta trilogía.
Clitemnestra: Es la amante de Egisto y esposa de Agamenón, a quien asesina por venganza y como
ayuda de su amante para que ostente el cargo de Rey de Argos. Luego, es asesinada por su hijo.
Egisto: Amante de Clitemnestra y primo-hermano de Agamenón. Adquiere el puesto de Rey por diez
años luego de la muerte de Agamenón, termina siendo asesinado por Orestes.
Orestes: es el hijo varón de Agamenón y quien mato a Egisto y Clitemnestra, por lo que es
enjuiciado en Atenas para determinar su culpabilidad y si el castigo que posee es el debido. Es
encontrado inocente por el jurado, absolviéndolo y convirtiéndolo en héroe.
Electra: Es la hija de Clitemnestra y Agamenón, además, es quien incita al asesinato de su madre y
Egisto por parte de su hermano.
Esta trilogía muestra la lucha que existe por el poder y los problemas que se presentaban en la Grecia
Antigua, ante el nivel social que poseía cada una de las personas. Así como también, la lucha entre las
generaciones por el honor y poder familiar. Por otro lado, se da a conocer los pocos derechos que poseía la
mujer de la época y la autoridad que los hombres tenían sobre estas y la ciudad donde se encontraban.
Sófocles de Colono
SÓFOCLES DE COLONO:
Es el segundo de los trágicos griegos. Fue competidos de Esquilo y vivió entre 495 y 405 a. de C y colaboró
en la obra de Pericles.
Llevó a la escena un tercer actor, acrecentó el coro y dio un mayor relieve a la escenografía (el decorado
pictórico). En sus trilogías dramáticas cada pieza escénica mantiene su autonomía respecto de las otras.
Compuso Antígonas, Áyax, Traquinias, Electra, Filoctetes, Edipo Rey, Edipo en Colono. Estas dos
últimas forman una trilogía con la primera (Antígonas) en la que aparece este personaje femenino como fruto
de la relación incestuosa de Edipo con su madre Yocasta.
Sófocles contrapone a lo sublime y grandioso una ironía dramática nacida del contraste entre lo real y lo
imaginario subjetivo (caso de Edipo Rey): contrastadas aparecen las figuras de Antígona y su hermana
Ismene, de Edipo y Yocasta, de Odiseo y Áyax.
EDIPO REY
Cuando Edipo llegó a Tebas, resolvió el acertijo que planteó la Esfinge y liberó a la ciudad del terrorismo de
esta bestia. En agradecimiento por la liberación, los tebanos convirtieron a Edipo en el heredero del trono del
rey Layo, que había sido asesinado recientemente. Edipo tomó como esposa a su viuda Yocasta. Con el
correr de los años, procreó cuatro hijos con ella. Ahora, de repente, la ciudad parece estar bajo una
maldición.
Puesto que, según el oráculo, solo el castigo del asesino de Layo puede anular la maldición, Edipo empieza
de inmediato la investigación correspondiente. El único sobreviviente del conflicto en el que Layo encontró la
muerte informó, en aquel entonces, que habían sido atacados por una banda de ladrones numéricamente
superior. Pero Creonte no había podido seguir el asunto debido a las dificultades causadas por la Esfinge.
Edipo se dirige al coro –que representa a los más ancianos de los tebanos– y les pide su ayuda para aclarar
el regicidio. El coro implora ayuda a los dioses para la condenación del perpetrador. Edipo le promete al
asesino que, si se entrega, lo dejará vivir y solo lo enviará al exilio, mientras que amenaza con castigar a
quien aloje al asesino o mantenga trato con él, y maldice al propio asesino si no se entrega. Se compromete
a hacer todo lo que esté a su alcance para que la investigación tenga éxito.
El corifeo propone que consulten al vidente ciego Tiresias, ya que él conoce la voluntad de los dioses. Edipo
contesta que, por consejo de Creonte, ya había mandado llamar al vidente. Pero cuando este llega, al
principio se niega a revelar sus conocimientos. Insinúa que así sería mejor para Edipo. Solo cuando Edipo lo
acusa de complicidad en el asesinato de Layo, Tiresias rompe su silencio: revela que nadie más que el
propio Edipo es el perpetrador al que buscan. Edipo rechaza esta acusación como una provocación. Tiresias
le dice, además, que vive en incesto con Yocasta. En consecuencia, Edipo sospecha de una conspiración de
Creonte para derrocarlo. Pone en duda el don visionario de Tiresias: después de todo, a pesar de sus
habilidades, Tiresias no había logrado liberar a la ciudad de la Esfinge, sino que fue él mismo, Edipo, quien lo
había conseguido. Tiresias responde a Edipo que es él quien está verdaderamente ciego y le pronostica un
amargo final. El vidente se va y deja la profecía de que el asesino de Layo es alguien nacido en Tebas, que
es culpable de parricidio e incesto y que eso se revelará ese mismo día. Pero incluso el coro no le da crédito;
después de todo, Edipo liberó a los ciudadanos de la Esfinge y se aferran a él en tanto no se pruebe
claramente su culpabilidad. Además, no pueden imaginar cómo un hombre con tanta inteligencia y virtud,
como lo es Edipo, podría ser condenado por semejante atrocidad.
Creonte se defiende de la acusación de haber fraguado una intriga en contra de Edipo. Mientras tanto, Edipo
piensa que es extraño que Layo lleve tantos años muerto y que ahora sea acusado repentinamente de su
muerte por el vidente. Además, habían consultado al vidente por consejo de Creonte. Creonte responde que,
como cuñado del rey, había tenido bastante poder e influencia sin tener que cargar con el lastre del puesto
del rey. No sabía por qué tenían que acusarlo de planes más ambiciosos. El tiempo demostrará quién es
inocente. Pero Edipo se mantiene en sus acusaciones. Entonces, aparece Yocasta para mediar en el pleito
entre su esposo y su hermano. Tanto ella como el coro le piden a Edipo que cese su ataque contra Creonte.
Pero Yocasta también quiere saber qué provocó toda la disputa. Edipo le relata la acusación del vidente y
sus sospechas sobre Creonte. A lo cual Yocasta le asegura que el arte de la profecía humana no es
confiable. Le admite que también a su anterior esposo Layo le habían profetizado que lo mataría su hijo; en
cambio, lo habían matado unos ladrones en un cruce de caminos. Añade que el hijo, al que la pareja real
había abandonado en aquel entonces por temor al oráculo, de todos modos no habría podido sobrevivir con
los pies atravesados y atados. Así evitaron que fuera parricida. Cuando Edipo se entera de la muerte de Layo
en un cruce de caminos, lo invade un extraño presentimiento. Le pregunta a Yocasta por el lugar del hecho,
el aspecto de Layo y el número de sus acompañantes. Con cada respuesta, Edipo suspira profundamente.
Le cuenta a Yocasta de sus dudas sobre su origen, de su viaje a Delfos y también de la disputa mortal por el
derecho de paso. Edipo empieza a ver claro la realidad: él mismo es el asesino de Layo. Ahora quiere irse de
Tebas, pero no desea regresar a Corinto, para no convertirse ahí en el asesino de su padre y el esposo de su
madre. Pero Yocasta tranquiliza a Edipo: el criado, que en ese entonces escapó del conflicto, habló frente a
la ciudad reunida de una banda completa de ladrones que había atacado a los viajeros. Una vez más surge
en Edipo la esperanza de que el asesinato de Layo y su propia pelea en el cruce de caminos sean dos
sucesos diferentes. Yocasta quiere dar por satisfecha la investigación, pero Edipo insiste en mandar llamar a
ese sirviente. Por propio deseo, a ese sirviente lo habían empleado como pastor muy lejos de la ciudad
después de que Edipo sucediera a Layo. Entonces aparece otra vez el coro, que habla en defensa de la
omnipotencia de los dioses: con toda seguridad, un criminal no podría escapar de su justo castigo. En caso
contrario, sería inútil servir a los dioses. Si la predicción de los dioses hecha a través del oráculo con
respecto a Layo no se cumpliera, eso significaría una desgraciada pérdida de poder para los dioses.
Se presenta un mensajero de Corinto y le anuncia a Edipo que los corintios quieren designarlo rey, ya que
su padre Pólibo ha muerto a causa de su vejez. Yocasta está encantada, porque ahora Edipo ya no tiene que
temer el parricidio profetizado. En general, piensa, las predicciones de los videntes resultarían cada vez más
engañosas y sin sentido. Pero Edipo aun teme que, en Corinto, al menos pueda perpetrar incesto con su
madre Mérope. El mensajero de Corinto le explica que él no es hijo biológico de la pareja real. Relata que fue
él mismo quien, en ese entonces, llevó al bebé Edipo con la pareja sin hijos. Al niño se lo había dado un
pastor, un criado de Layo. Según se comprobó, se trata del mismo pastor al que Edipo había mandado llamar
y que fue el único que sobrevivió a la lucha en la que Layo perdió la vida. Yocasta le implora a Edipo que no
prosiga con el asunto; pero él insiste en traer claridad sobre su origen y ella entra apurada al palacio. El coro
expresa la esperanza de que el origen de Edipo sea noble, incluso quizá divino.
Entonces traen al pastor tebano, el antiguo criado de Layo. Si bien reconoce al mensajero corintio, al
principio quiere evitar que este cuente la vieja historia sobre el bebé. Después de muchos ruegos y bajo
amenazas, relata lo que aconteció en ese entonces: el oráculo de Delfos le había profetizado a Layo que un
día sería asesinado por su propio hijo. La propia reina Yocasta le había entregado a su hijo recién nacido al
criado para que lo abandonara. Los tobillos del niño habían sido perforados y le habían atado los pies. La
madre quería enviar a su propio hijo a la ruina, porque esperaba evitar así el parricidio profetizado. El criado
compasivo le entregó al niño a un pastor de Corinto porque creía que la fatal profecía no podría cumplirse
debido a la gran distancia. Edipo reconoce ahora las relaciones: en realidad, él había matado a su padre
Layo y había tomado por esposa a su madre Yocasta. El coro lamenta el destino de Edipo, representativo de
la suerte de todas las personas: todos los que agradecen su suerte viven en una ilusión, de la cual algún día
tendrán un duro despertar.
El escalofriante final
Un criado informa lo sucedido en el palacio real de Tebas después de estas revelaciones: Yocasta se suicidó.
Corrió hacia el palacio, desesperada y tirando de sus cabellos se dirigió hacia el dormitorio y cerró la puerta
tras de sí. Ahí, le reclamó su destino al difunto Layo. Después, Edipo entró en el palacio con gran agitación,
exigió una espada y preguntó por Yocasta. Ninguno de los hombres quiso darle información, pero los dioses
deben haberle mostrado el camino. Impetuosamente abrió la doble puerta del dormitorio y allí encontró a
Yocasta, ahorcada. Con un fuerte grito, soltó a la mujer de la cuerda y la tendió en el suelo. Después tomó
los broches de oro de su túnica y se sacó los ojos con ellos. Gritó que sus ojos ya no podían ver el mal que
se había cernido sobre él y que él mismo había causado. Una y otra vez se picó los ojos hasta que la sangre
le corría a raudales por la barba. Edipo y Yocasta fueron alguna vez realmente felices, comenta el criado,
pero ahora solo les ha quedado la deshonra y el sufrimiento.
El ciego Edipo es conducido fuera del palacio. Acatando su propio veredicto sobre el asesino de Layo, Edipo
exige ahora que lo expulsen de Tebas. El coro se lamenta al ver a Edipo que se había infligido sufrimiento
adicional cegándose a sí mismo. Edipo insiste en que no tenía otra opción y preferiría también ser sordo.
Cuando aparece Creonte, que mientras tanto se ha apoderado del gobierno de Tebas, Edipo le pide que lo
destierre del país. Pero Creonte quiere esperar primero el veredicto del dios Apolo. Edipo le pide que cuide a
sus dos hijas, Antígona e Ismene; sus hijos podrían cuidarse a sí mismos, pues son hombres. Cuando
Creonte le lleva a las niñas, Edipo las abraza y lamenta su destino deshonroso, antes de que las conduzcan
de regreso a casa.
El coro advierte que se reflexione sobre el destino de Edipo, quien pudo resolver el enigma de la Esfinge,
obtuvo mucho poder, fue envidiado por todos y ahora ha tenido que sufrir semejante desgracia. Ningún
mortal debería considerarse dichoso hasta que llegue al final su vida sin haber sufrido.
Estructura y estilo
La tragedia de Edipo rey fue concebida de acuerdo con un esquema básico: en seis episodios, cada uno de
los cuales es interrumpido por las canciones del coro.
Antígona
Antígona, es la hija de Edipo y de Yocasta, hermana de Ismene, Polinices y Eteocles. Fue en compañía de
su padre, cuando estando ciego se marchaba a Colono.
Entonces, su hijo menor de nombre Eteocles, manifiesta que el reino le pertenece únicamente a él,
aprovechó para enviar al exilio a su propio hermano mayor Polinices. Más tarde Polinices, arremetió contra
Tebas en compañía de una gran tropa, sin embargo, ninguno de los hijos venció debido a que se asesinaron
ellos mismos durante la contienda.
Siendo Creonte, el hermano de Yocasta, el nuevo rey de Tebas, anuncia que Eteocles, quien era un rey de
Tebas, hijo de Edipo y Yocasta, hermano de Polinices, fuera sepultado con todos los honores de héroe, al
tanto que el cuerpo sin vida de Polinices fuera lanzado en un lugar aparte que se descompusiera y se lo
engulleron los perros, el castigo por intentar sepultar el cadáver es la muerte.
Pero, luego el hijo de Creonte, Hemón, interviene para que Antígona sea liberada siendo que él está
comprometido para contraer matrimonio con ella, a pesar de que su soberbio padre actúa con sarcasmo y no
toma en cuenta sus angustias. Hemón, el hijo de Creonte y de Eurídice, en un estado de enfado se fuga, se
siente herido y burlado de la forma de cómo lo trata su propio padre. Repentinamente Creonte, cambia de
parecer, anunciando que sólo ejecutará a Antígona, porque a Ismene la considera inocente, mientras que su
hermana es trasladada lejos de la ciudad de Tebas, para enterrarla en una cueva y que muriera de hambre.
Al tanto que Antígona está pasando por este sufrimiento, Tiresias un adivino ciego de la ciudad de Tebas,
alerta a Creonte que los dioses están profundamente enfurecidos, debido a que no ha permitido que
Polinices sea enterrado, y además que los perros y pájaros que comen la carne del cadáver, sean usadas
luego para sacrificios. Lo que trae como castigo que el hijo de Creonte fallece repentinamente, lo que el
profeta Tiresias le augura. Creonte se burla descaradamente del profeta, no admite ningún consejo, diciendo
que Tiresias quiere asustarlo. Al final admite darle sepultura al hombre asesinado después que el Coro de
miembros tebanos le recuerda que el profeta Tiresias jamás se había equivocado en sus anuncios.
Estando angustiado por su hijo, Creonte acude a limpiar el cuerpo sin vida de Polinices, y comienza a realizar
rituales funerarios, entre los que crema los restos del cuerpo. Enseguida se marcha para darle libertad a
Antígona, en la cueva donde estaba encerrada, pero, es muy tarde para impedir una tragedia: ella se asesinó
ahorcándose con una cuerda, Hemón está llorando amargamente debajo de su
cuerpo. Luego, de arremeter contra Creonte, Hemón procede a darle puñaladas a
su propio cuerpo y fallece agarrado del cuerpo frío sin vida de Antígona. Creonte, desconsolado retorna al
palacio, donde se entera que su esposa Eurídice, se ha suicidado, al saber la muerte de su hijo.
Creonte fue trasladado por sus ciudadanos a un lugar apartado, donde se lamenta y anhela ser liberado del
dolor que tan sólo la muerte puede calmar.
Es el tercer gran griego, vivió entre 480 y 406 a. de C., fue discípulo del filósofo Anaxágora y vivió sus últimos
años en la corte macedónica de Aquelao.
De Eurípides se conservan diecisiete tragedias y un drama satírico (Cíclopes). Sobresalen: Medea, Hipólito,
Ión, Ifigenia en Áulide, Ifigenia en Táuride y Bacantes.
ARISTÓFANES: la comedia
Caracteriza a grandes rasgos la comedia el hecho de tener un final feliz y su gran exponente en Grecia fue
Aristófanes, que vivió entre 448 y 380 a. de C., Sus obras fueron: Los acarnienses, Los caballeros, Las
nubes, Las avispas, La paz, Las aves, Lisístrata, Las ranas, Tesmoforias, Asamblea de mujeres y Pluto.
Esta antigua comedia se define por su carácter político y personalista y en ella se ridiculiza al demagogo
Cleón (Los caballeros), al trágico Eurípides (Las ranas) y al filósofo Sócrates (Las nubes). Aristófanes alterna
lo burlesco y lírico porque poseía un gran dominio de la lengua ática.
Del siglo VI data la aparición de la prosa en Jonia: compilaciones de geografía e historia. Los “logógrafos”
Hecateo de Mileto y Helánico de Mitilene son los primeros autores de importancia. En verso escribieron
Jenófanes, Parménides y Empédocles; en prosa Heráclito (aforismos), Anaxágoras, Anaximandro y
Anaxímenes: todos encuadrados en el marco de la filosofía presocrática.
El primer historiador griego es Heródoto de Halicarnaso (484- 426 a. de C.), fue amigo de Sófocles y de
Pericles. Su Historia, dividida en nueve libros, trata de las luchas entre griegos y persas.
Cicerón lo bautizó “padre de la historia” y en su enfoque predomina la idea de la némesis (indignación de los
dioses).
Edipo Rey
EDIPO REY
Cómo llegó Edipo a Tebas
El
niño Edipo se crió como el heredero del trono del reino de Corinto. Un día, un corintio borracho le dijo que
probablemente no era el hijo biológico del rey Pólibo. En vista de que este y su esposa Mérope le
testimoniaron su gran amor, pero al mismo tiempo solo dieron respuestas evasivas a las preguntas sobre su
origen, Edipo viajó en secreto al oráculo de Delfos en busca de la verdad acerca de su nacimiento y
ascendencia. Pero en lugar de responder a la pregunta sobre su origen, el oráculo le profetizó cosas terribles:
será culpable de parricidio y de incesto con su madre. Horrorizado, decidió no regresar más a Corinto para
evitar así el cumplimiento de la profecía del oráculo y, en cambio, viajó en dirección a Tebas. En el camino
hacia allá, en una disputa sobre el derecho de paso, mató a un viajero rico desconocido y a su acompañante.
Solo un sirviente pudo escapar de él. Cuando Edipo llegó a Tebas, resolvió el acertijo que planteó la Esfinge
y liberó a la ciudad del terrorismo de esta bestia. En agradecimiento por la liberación, los tebanos convirtieron
a Edipo en el heredero del trono del rey Layo, que había sido asesinado recientemente. Edipo tomó como
esposa a su viuda Yocasta. Con el correr de los años, procreó cuatro hijos con ella. Ahora, de repente, la
ciudad parece estar bajo una maldición.
Puesto que, según el oráculo, solo el castigo del asesino de Layo puede anular la maldición, Edipo empieza
de inmediato la investigación correspondiente. El único sobreviviente del conflicto en el que Layo encontró la
muerte informó, en aquel entonces, que habían sido atacados por una banda de ladrones numéricamente
superior. Pero Creonte no había podido seguir el asunto debido a las dificultades causadas por la Esfinge.
Edipo se dirige al coro –que representa a los más ancianos de los tebanos– y les pide su ayuda para aclarar
el regicidio. El coro implora ayuda a los dioses para la condenación del perpetrador. Edipo le promete al
asesino que, si se entrega, lo dejará vivir y solo lo enviará al exilio, mientras que amenaza con castigar a
quien aloje al asesino o mantenga trato con él, y maldice al propio asesino si no se entrega. Se compromete
a hacer todo lo que esté a su alcance para que la investigación tenga éxito.
El corifeo propone que consulten al vidente ciego Tiresias, ya que él conoce la voluntad de los dioses. Edipo
contesta que, por consejo de Creonte, ya había mandado llamar al vidente. Pero cuando este llega, al
principio se niega a revelar sus conocimientos. Insinúa que así sería mejor para Edipo. Solo cuando Edipo lo
acusa de complicidad en el asesinato de Layo, Tiresias rompe su silencio: revela que nadie más que el
propio Edipo es el perpetrador al que buscan. Edipo rechaza esta acusación como una provocación. Tiresias
le dice, además, que vive en incesto con Yocasta. En consecuencia, Edipo sospecha de una conspiración de
Creonte para derrocarlo. Pone en duda el don visionario de Tiresias: después de todo, a pesar de sus
habilidades, Tiresias no había logrado liberar a la ciudad de la Esfinge, sino que fue él mismo, Edipo, quien lo
había conseguido. Tiresias responde a Edipo que es él quien está verdaderamente ciego y le pronostica un
amargo final. El vidente se va y deja la profecía de que el asesino de Layo es alguien nacido en Tebas, que
es culpable de parricidio e incesto y que eso se revelará ese mismo día. Pero incluso el coro no le da crédito;
después de todo, Edipo liberó a los ciudadanos de la Esfinge y se aferran a él en tanto no se pruebe
claramente su culpabilidad. Además, no pueden imaginar cómo un hombre con tanta inteligencia y virtud,
como lo es Edipo, podría ser condenado por semejante atrocidad.
Creonte se defiende de la acusación de haber fraguado una intriga en contra de Edipo. Mientras tanto, Edipo
piensa que es extraño que Layo lleve tantos años muerto y que ahora sea acusado repentinamente de su
muerte por el vidente. Además, habían consultado al vidente por consejo de Creonte. Creonte responde que,
como cuñado del rey, había tenido bastante poder e influencia sin tener que cargar con el lastre del puesto
del rey. No sabía por qué tenían que acusarlo de planes más ambiciosos. El tiempo demostrará quién es
inocente. Pero Edipo se mantiene en sus acusaciones. Entonces, aparece Yocasta para mediar en el pleito
entre su esposo y su hermano. Tanto ella como el coro le piden a Edipo que cese su ataque contra Creonte.
Pero Yocasta también quiere saber qué provocó toda la disputa. Edipo le relata la acusación del vidente y
sus sospechas sobre Creonte. A lo cual Yocasta le asegura que el arte de la profecía humana no es
confiable. Le admite que también a su anterior esposo Layo le habían profetizado que lo mataría su hijo; en
cambio, lo habían matado unos ladrones en un cruce de caminos. Añade que el hijo, al que la pareja real
había abandonado en aquel entonces por temor al oráculo, de todos modos no habría podido sobrevivir con
los pies atravesados y atados. Así evitaron que fuera parricida. Cuando Edipo se entera de la muerte de Layo
en un cruce de caminos, lo invade un extraño presentimiento. Le pregunta a Yocasta por el lugar del hecho,
el aspecto de Layo y el número de sus acompañantes. Con cada respuesta, Edipo suspira profundamente.
Le cuenta a Yocasta de sus dudas sobre su origen, de su viaje a Delfos y también de la disputa mortal por el
derecho de paso. Edipo empieza a ver claro la realidad: él mismo es el asesino de Layo. Ahora quiere irse de
Tebas, pero no desea regresar a Corinto, para no convertirse ahí en el asesino de su padre y el esposo de su
madre. Pero Yocasta tranquiliza a Edipo: el criado, que en ese entonces escapó del conflicto, habló frente a
la ciudad reunida de una banda completa de ladrones que había atacado a los viajeros. Una vez más surge
en Edipo la esperanza de que el asesinato de Layo y su propia pelea en el cruce de caminos sean dos
sucesos diferentes. Yocasta quiere dar por satisfecha la investigación, pero Edipo insiste en mandar llamar a
ese sirviente. Por propio deseo, a ese sirviente lo habían empleado como pastor muy lejos de la ciudad
después de que Edipo sucediera a Layo. Entonces aparece otra vez el coro, que habla en defensa de la
omnipotencia de los dioses: con toda seguridad, un criminal no podría escapar de su justo castigo. En caso
contrario, sería inútil servir a los dioses. Si la predicción de los dioses hecha a través del oráculo con
respecto a Layo no se cumpliera, eso significaría una desgraciada pérdida de poder para los dioses.
Mensaje de Corinto
Se presenta un mensajero de Corinto y le anuncia a Edipo que los corintios quieren designarlo rey, ya que
su padre Pólibo ha muerto a causa de su vejez. Yocasta está encantada, porque ahora Edipo ya no tiene que
temer el parricidio profetizado. En general, piensa, las predicciones de los videntes resultarían cada vez más
engañosas y sin sentido. Pero Edipo aun teme que, en Corinto, al menos pueda perpetrar incesto con su
madre Mérope. El mensajero de Corinto le explica que él no es hijo biológico de la pareja real. Relata que fue
él mismo quien, en ese entonces, llevó al bebé Edipo con la pareja sin hijos. Al niño se lo había dado un
pastor, un criado de Layo. Según se comprobó, se trata del mismo pastor al que Edipo había mandado llamar
y que fue el único que sobrevivió a la lucha en la que Layo perdió la vida. Yocasta le implora a Edipo que no
prosiga con el asunto; pero él insiste en traer claridad sobre su origen y ella entra apurada al palacio. El coro
expresa la esperanza de que el origen de Edipo sea noble, incluso quizá divino.
Entonces traen al pastor tebano, el antiguo criado de Layo. Si bien reconoce al mensajero corintio, al
principio quiere evitar que este cuente la vieja historia sobre el bebé. Después de muchos ruegos y bajo
amenazas, relata lo que aconteció en ese entonces: el oráculo de Delfos le había profetizado a Layo que un
día sería asesinado por su propio hijo. La propia reina Yocasta le había entregado a su hijo recién nacido al
criado para que lo abandonara. Los tobillos del niño habían sido perforados y le habían atado los pies. La
madre quería enviar a su propio hijo a la ruina, porque esperaba evitar así el parricidio profetizado. El criado
compasivo le entregó al niño a un pastor de Corinto porque creía que la fatal profecía no podría cumplirse
debido a la gran distancia. Edipo reconoce ahora las relaciones: en realidad, él había matado a su padre
Layo y había tomado por esposa a su madre Yocasta. El coro lamenta el destino de Edipo, representativo de
la suerte de todas las personas: todos los que agradecen su suerte viven en una ilusión, de la cual algún día
tendrán un duro despertar.
El escalofriante final
Un criado
informa lo sucedido en el palacio real de Tebas después de estas revelaciones: Yocasta se suicidó. Corrió
hacia el palacio, desesperada y tirando de sus cabellos se dirigió hacia el dormitorio y cerró la puerta tras de
sí. Ahí, le reclamó su destino al difunto Layo. Después, Edipo entró en el palacio con gran agitación, exigió
una espada y preguntó por Yocasta. Ninguno de los hombres quiso darle información, pero los dioses deben
haberle mostrado el camino. Impetuosamente abrió la doble puerta del dormitorio y allí encontró a Yocasta,
ahorcada. Con un fuerte grito, soltó a la mujer de la cuerda y la tendió en el suelo. Después tomó los broches
de oro de su túnica y se sacó los ojos con ellos. Gritó que sus ojos ya no podían ver el mal que se había
cernido sobre él y que él mismo había causado. Una y otra vez se picó los ojos hasta que la sangre le corría
a raudales por la barba. Edipo y Yocasta fueron alguna vez realmente felices, comenta el criado, pero ahora
solo les ha quedado la deshonra y el sufrimiento. El ciego Edipo es conducido fuera del palacio. Acatando su
propio veredicto sobre el asesino de Layo, Edipo exige ahora que lo expulsen de Tebas. El coro se lamenta
al ver a Edipo que se había infligido sufrimiento adicional cegándose a sí mismo. Edipo insiste en que no
tenía otra opción y preferiría también ser sordo. Cuando aparece Creonte, que mientras tanto se ha
apoderado del gobierno de Tebas, Edipo le pide que lo destierre del país. Pero Creonte quiere esperar
primero el veredicto del dios Apolo. Edipo le pide que cuide a sus dos hijas, Antígona e Ismene; sus hijos
podrían cuidarse a sí mismos, pues son hombres. Cuando Creonte le lleva a las niñas, Edipo las abraza y
lamenta su destino deshonroso, antes de que las conduzcan de regreso a casa. El coro advierte que se
reflexione sobre el destino de Edipo, quien pudo resolver el enigma de la Esfinge, obtuvo mucho poder, fue
envidiado por todos y ahora ha tenido que sufrir semejante desgracia. Ningún mortal debería considerarse
dichoso hasta que llegue al final su vida sin haber sufrido.
Estructura y estilo
La tragedia de Edipo rey fue concebida de acuerdo con un esquema básico: en seis episodios, cada uno de
los cuales es interrumpido por las canciones del coro.
Los sofistas fueron los primeros que trataron la oratoria como género artístico y la incluyeron en sus planes
de estudio.
De los diez oradores del llamado “canon alejandrino” sobresalen Lisias, Isócrates Demóstenes. Este último el
mayor orador griego y alcanzó la fama a través de sus Filipicas (arengas dirigidas contra el macedoniense
Filipo en competencia con Esquines.
FILOSOFÍA Y LITERATURA
Platón supo fundir poesía y prosa, dialéctica y alegoría como procedimientos para acercarse a la verdad.
Fundó en 387 a. de C. su escuela de la Academia y dejó como legado los “diálogos socráticos” (relacionados
con la figura de Sócrates) y los “diálogos metafísicos”, alcanzando la mayor perfección en Fedón, Banquete,
Fedro, Gorgias y Apología. De la sociedad ideal, Platón trata en República y Leyes.
Aristóteles estudió en Atenas con Platón y cuidó de la educación de Alejandro Magno. Circunstancias
políticas lo obligaron a dejar Atenas donde había creado la escuela llamada “peripatética”. Dueño de un
saber enciclopédico, abordó casi todas las materias, de la física a la estética, y en “Poética” definió la poesía
como rama de la mímesis (imitación). En su teoría de la tragedia fijó el término katharsis para definir su
efecto como purificación de la piedad y el terror humano. Su estilo contrasta con el de Platón por su
sobriedad.
El Teatro
EL TEATRO
El Teatro griego o el Drama griego es una tradición teatral que floreció en la antigua Grecia entre los años
600 y 200 a. de C.. La ciudad-estado de Atenas, donde residía el poder político y militar de Grecia durante
este período, fue el epicentro del antiguo teatro griego. La tragedia ateniense, la comedia y las obras de
teatro sátiro fueron algunas de las primeras formas de teatro que surgieron en el mundo y que han tenido un
impacto duradero en el drama y la cultura occidental.
El Teatro griego proviene de los festivales de la Antigua Grecia, dedicados al culto de Dionisio, el dios griego
de la fertilidad y el vino. Esta tradición es probablemente correcta, ya que el drama ateniense se produjo en el
Dionísia, un festival anual en honor a Dionisio. Sin embargo, es imposible saber a ciencia cierta cómo los
rituales de fertilidad se convirtieron en tragedia y comedia.
Aristóteles realiza las primeras teorías sobre los orígenes del teatro griego. Afirma que la tragedia
evolucionó a partir de los ditirambos, canciones cantadas en alabanza a Dionisio en el festival Dionísia que
se celebraba cada año. Los ditirambos comenzaron como improvisación frenética, pero en el 600 a de C. el
poeta Orión habla del desarrollo del ditirambo en una narración formalizada cantada por un coro.
Luego, en el año 500 [Link] C. un poeta llamado Tespis creó un nuevo estilo en el que un actor en solitario
llevaba a cabo los discursos de los personajes de la narración, usando máscaras para diferenciar a los
personajes. El actor hablaba y actuaba como si él fuera el personaje, y se relacionaba con el coro, que
actuaban como narradores y comentaristas. Tespis por tanto, se considera el primer actor griego, y su estilo
de teatro se conoce como tragedia, que significa “canción de cabra, tal vez refiriéndose a las cabras
sacrificadas a Dionisio antes de las presentaciones, o por las pieles de cabra usadas por los artistas
intérpretes o ejecutantes.
El nuevo estilo de Tespis pasó a formar parte de las celebraciones oficiales de las fiestas dionisíacas. En 534
a. de C. los concursos anuales para la mejor tragedia fueron instituidos en festival. En 471 a. de C. el
dramaturgo Esquilo introdujo un segundo actor, lo que hizo posible el diálogo entre los personajes en el
escenario.
Después, alrededor de 468 a. de C. Sófocles introdujo un tercer actor haciendo situaciones dramáticas más
complejas. Tres actores se convirtieron posteriormente en la convención forma, y los tres actores usaban
distintas máscaras para interpretar varios personajes.
Aunque había muchos dramaturgos en esta época, sólo el trabajo de cuatro dramaturgos ha sobrevivido en
forma de obras de teatro completas. Todos son de Atenas. Estos son los dramaturgos trágicos: Esquilo,
Sófocles y Eurípides – y el escritor cómico Aristófanes. Sus obras de teatro, junto con algunas fuentes
secundarias tales como las de Aristóteles, son la base de lo que se sabe sobre el teatro griego.
El poder de Atenas declinó tras su derrota en la Guerra del Peloponeso. A pesar de sus tradiciones teatrales
parecían haber perdido su vitalidad, el teatro griego continuó en el período helenístico (el período posterior a
la conquista de Alejandro Magno en el siglo IV a. de C.). Sin embargo, la principal forma de teatro helenístico
no fue la tragedia, sino la “la nueva comedia”, farsas cómicas sobre la vida de los ciudadanos comunes.
Sólo conserva las obras del dramaturgo Menandro. Una de las contribuciones más importantes de la nueva
comedia fue su influencia en la comedia romana, influencia que se puede ver en las obras sobrevivientes de
Plauto y Terencio. La tragedia y la comedia eran vistos como géneros completamente distintos y nunca se
fusionaron. Las obras sátiras trataban asuntos mitológicos, pero con otro enfoque.
Los edificios del teatro griego se llamaban Theatron. Los teatros eran estructuras grandes y al aire libre
construidas en las laderas de las colinas. Se componían de tres elementos principales: la orquesta, la
escena, y la audiencia. La pieza central del teatro era la orquesta, o “lugar de baile”, una gran área circular o
rectangular. La orquesta era el sitio de las actuaciones corales, los ritos religiosos, y, posiblemente, la
actuación. Un altar dedicado a Dionisio era situado en el centro de la orquesta.
PLAUTO:
Fue el más popular de los comediógrafos romanos y de él se conservan veinte comedias, más o menos
completas: Anfitrión (de tema mitológico), Asinaria, Aulularia o Comedia de la olla, Captivi, Curculio o el
gorgojo, Bacchides, Menaechmi o Los mellizos, Mostellaria o La comedia de los fantasmas, Rudens o La
cuerda, Pséudolo o Trompicon y Miles gloriosus o El soldado fanfarrón.
TERENCIO:
Su primer comedia, Andria,se presentó con ocasión de los Ludi Megalenses (fiestas anuales en el mes de
abril) del año 166 y al igual que Hecyra y La suegra no atrajo a los espectadores. Tuvieron más éxito:
Eunuco, El verdugo de sí mismo, Phormio y su mejor pieza cómica Adelphoe o Los hermanos.
PERIODO HELENÍSTICO
PERIODO HELENÍSTICO
Las conquistas de Alejandro Magno propagaron la cultura griega por toda el área mediterránea oriental y a su
muerte se fragmentó el imperio en varias monarquías, con lo que surgieron nuevos focos de irradiación
cultural: Alejandría, Antioquía, Tarsos y Pérgamo, etc. con el empleo de un dialecto común, de base ática, la
coiné o Koiné (variedad de la lengua griega utilizada en el mundo helenístico).
En el período helenístico los escritores, marginando el uso del habla popular, se decantaron hacia un
aticismo purista. Alejandría pasó de ser entonces la capital intelectual helenística y en ella fundaron los
Ptolomeos los célebres museos y bibliotecas de Alejandría.
La poesía alejandrina
Lo formal y lo artificioso predomina en la poesía alejandrina, cultivada sobre todo por autores eruditos y
elitistas. En el epigrama rivalizaron Asclepíades de Samos y Leónidas de Tarento. A Apolonio de
Rodas (S. III a de C.) se debe la epopeya Los Argonautas y de éste fue un adversario Calímaco, autor de
Himnos, de una obra etiológica (Aitia) y de notables epigramas.
Junto a Apolonio y a Calímaco destaca la figura de Teócrito de Siracusa, que fundó el Género bucólico con
sus Idilios, una obra maestra de la que uno de los imitadores fue Virgilio, poesía de refinada composición
métrica y estilística.
Otros poetas alejandrinos importantes son: Arato de Soles, Filetes de Cos, Herondas, Bión de Esmirna y
Moscos de Siracusa.