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Amor y Destino Incaico

El cuento narra la historia de Ritti-Kimiy, hermano del Inca Túpac Inca Yupanqui, quien se enamora de una virgen del Sol. Sin embargo, el Inca se casa con la virgen, por lo que Ritti-Kimiy, lleno de dolor, guía a su rebaño sagrado hacia las montañas nevadas, donde él y su rebaño son convertidos en nieve por el Sol. Cada vez que el Sol derrite la nieve, son las lágrimas eternas de Ritti-Kimiy.

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Amor y Destino Incaico

El cuento narra la historia de Ritti-Kimiy, hermano del Inca Túpac Inca Yupanqui, quien se enamora de una virgen del Sol. Sin embargo, el Inca se casa con la virgen, por lo que Ritti-Kimiy, lleno de dolor, guía a su rebaño sagrado hacia las montañas nevadas, donde él y su rebaño son convertidos en nieve por el Sol. Cada vez que el Sol derrite la nieve, son las lágrimas eternas de Ritti-Kimiy.

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El Pastor y el Rebaño de Nieve

Abraham Valdelomar

textos.info
Biblioteca digital abierta
Texto núm. 4647

Título: El Pastor y el Rebaño de Nieve


Autor: Abraham Valdelomar
Etiquetas: Cuento

Editor: Edu Robsy


Fecha de creación: 3 de mayo de 2020
Fecha de modificación: 3 de mayo de 2020

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I
Era el reinado de Túpac Inca Yupanqui. Ritti-Kimiy, hermano del Inca, era
uno de sus favoritos. Usaba flechas y armas iguales a las suyas y departía
por las tardes con su noble hermano. Eran todos felices en el reino. Pacric
había hecho conquistas para el Inca, había cogido animales rarísimos para
sus salones y piedras preciosas para su llauto. Una tarde, los dos nobles
hermanos miraban descender el Sol sobre la mar lejana, desde la terraza
del palacio real. El cielo se vestía de un color rojo encendido que ardía
sobre el mar.

Miraban atentamente cómo se hundía el Sol sin ocultarse tras de las nubes,
lo cual era un feliz presagio para el Inca. Ya iba a ocultarse el astro. Una
nubecilla dorada se acercó demasiado. El Inca palideció. Ahora se alejaba,
y los nobles observaban presas de una excitación intensa y febril. Ya
faltaban minutos, segundos, ahora...

–¡Por fin!

–¡La felicidad te espera!

–Contento y feliz estoy. Pídeme ahora lo que quieras y hoy te lo


concederé...

–¿Me concederás, señor y hermano, lo que te pida hoy?...

–¡Te lo concederé! ¡Habla!

–Quiero ver a las vírgenes del Sol...

El Inca palideció. Aquello era una audacia sin límites. No había precedente
de pedido semejante y al que se hubiera atrevido a formularlo lo habría
hecho ahorcar en la plaza pública.

2
–No me has pedido riqueza, ni castillos, ni estados, ni haciendas, ni
honores. No te has detenido a pedir un rebaño de oro ni una mujer de mis
salas, ni uno de mis esclavos. ¿Por qué me pides aquello que nadie ha
pedido nunca? ¿Por qué quieren ver tus ojos lo que no vieron jamás los
humanos ojos? Pídeme lo que quieras. Tuyas son mis riquezas, mis
esclavos, mis concubinas, mis armas y mis trajes, mis ovejas y mis
rebaños. Pero no pidas, noble hermano, lo que no te he de conceder.

–Hijo del Sol, tú me lo has prometido. Tú no negarás que me prometiste lo


que quisiera. Puedes negarte a cumplir y hacer que me ahorquen en tu
presencia, pero si los hombres engañan, no se engañan los dioses. Tú no
querrás engañar a los dioses. Tú cumplirás tus palabras. Tú me lo has
prometido, Hijo del Sol.

El Inca se sintió vencido. Ensombrecióse su rostro y dijo mirando fijamente


en el suelo:

–¡Sea!

3
II
Eran las cuatro, y el noble entró: no debía hablar a las escogidas, pero
podía visitar todos los recintos y ver a todas las vírgenes. Sus ojos se
encantaron. Se miraron y comulgaron bajo la misma idea.

El Inca lo hizo pastor de los rebaños del Sol y tomó a la virgen por esposa.

–¿De dónde vienes?

–De la Ciudad Sagrada.

–¿Conoces al noble Rama, hermano del Inca?

–Hace muchos años que cuida, lejos de la ciudad, los rebaños del Sol.

–¿Qué hay en el reino?

–Hay fiesta. El Inca ha tomado por esposa a Yipay, virgen del Sol.

Siguió su camino. Se encontró con un correo.

–¿De dónde vienes?

–De la Ciudad del Oro.

–¿Qué hay en la Ciudad?

–Hay fiestas. El Inca toma hoy una nueva mujer...

Siguió adelante todavía. Se encontró con un anciano.

–¿De dónde vienes?

–De la Ciudad del Inca.

–¿Qué hay en la ciudad?

–Se desposa una virgen del Sol.

Entonces, el alma despedazada, el dolor en los ojos, temblorosas las


manos, tornó a la loma sin llegar a la Ciudad. Al regresar, tropieza con una
comitiva.

4
–¿Dónde vais?...

–Vamos al Cuzco: se casa la virgen del Sol. Estos son los presentes del
Curacazgo...

Entonces se fue al cerro y tornóse siniestro. Llegó a su terrado y guió sus


sagrados rebaños hacia la nieve de las montañas lejanas. Ascendía,
ascendía. Los corderos agrupábanse, mansos y blancos, y subían
silenciosamente, mansamente, insensiblemente; cubrían la loma, llegaban
a la cúspide, descendían y subían otro cerro más alto. Un día, dos días. Por
fin, llegaron a un nevado virgen. Ya él tenía las manos heladas, la lengua
endurecida. El frío le entraba en los huesos, además no se había
alimentado. El Sol hería de lleno y reverberaba.

Entonces cogió un cordero, para cometer el horrible crimen de degollarlo y


vengarse del Inca, su hermano y rival. Quería manchar con sangre roja las
nieves perpetuas. El Sol se apercibió de su intento y cuando, en la cúspide,
en medio del rebaño sagrado, se preparaba el sacrificio, el Sol se ocultó
rápidamente, una tempestad se desencadenó y cayó nieve, nieve, nieve
blanca. Cuando volvió a salir el Sol, estaban convertidos en nieve el pastor
y su rebaño.

Él amaba tanto y tan puramente a la virgen, que el Sol no pudo vencer su


amor y su dolor, y, cuando sale, contra su voluntad, sus rayos derriten
siempre un poco de la estatua de nieve, y el agua corre desde la cabeza
del enamorado y va luego al cauce, después al arroyo, al riachuelo,
después al río y luego al mar y se difunde por el mundo: son las lágrimas
que llora el enamorado. Y llora siempre que sale el Sol. Cuando subas al
cerro y veas la nieve de cerca sobre la cúspide, encontrarás el rebaño
blanco convertido en nieve, y, en el centro, el pobre pastor. Aquel amante
no ha vuelto al mundo y llorará eternamente, mientras haya nieve, mientras
haya montañas, mientras salga el Sol y haga correr sus lágrimas.

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Abraham Valdelomar

Pedro Abraham Valdelomar Pinto (Ica, 27 de abril de 1888-Ayacucho, 3 de


noviembre de 1919), también mencionado como el Conde de Lemos, fue
un narrador, poeta, periodista, dibujante, ensayista y dramaturgo peruano.
Es considerado uno de los principales cuentistas del Perú, junto con Julio
Ramón Ribeyro.

Sus cuentos se publicaron en revistas y periódicos de la época, y él mismo


los organizó en dos libros: El caballero Carmelo (Lima, 1918) y Los hijos del
Sol (póstumo, Lima,1921). En ellos se encuentran los primeros testimonios
del cuento neocriollo peruano, de rasgos posmodernistas, que marcaron el

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punto de partida de la narrativa moderna del Perú. En el cuento El caballero
Carmelo, que da nombre a su primer libro de cuentos, se utiliza un
vocabulario arcaico y una retórica propia de las novelas de caballerías para
narrar la triste historia de un gallo de pelea, relato nostálgico ambientado en
Pisco, durante la infancia del autor. En Los hijos del Sol, busca su
inspiración en el pasado histórico del Perú, remontándose a la época de los
incas.

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