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Guión-Romeo y Julieta

El fraile Lorenzo encuentra a Romeo muerto junto a Julieta en el mausoleo de los Capuleto, después de que Romeo matase a Paris en una pelea. Julieta se despierta y, al ver a Romeo y Paris muertos y no poder vivir sin Romeo, se suicida apuñalándose con la daga de Romeo.

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Guión-Romeo y Julieta

El fraile Lorenzo encuentra a Romeo muerto junto a Julieta en el mausoleo de los Capuleto, después de que Romeo matase a Paris en una pelea. Julieta se despierta y, al ver a Romeo y Paris muertos y no poder vivir sin Romeo, se suicida apuñalándose con la daga de Romeo.

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(Se abre el telón)

(Celda de Fray Lorenzo. Entra Fray Juan)

Fray Juan.-santo fraile franciscano! ¡Hermano!

(Entra Fray Lorenzo)

Fray Lorenzo.-Ésa debe ser la voz del fraile Juan. Bien venido de Mantua. ¿Qué dice Romeo? O, si
su parecer está escrito, deme su carta.

Fray Juan.-Fui a buscar a un hermano descalzo de nuestra Orden, para que me acompañara a
visitar a los enfermos en esta ciudad, y al encontrarlo, los inspectores de salud, sospechando que
ambos habíamos estado en una casa donde reinaba la infección de la peste, sellaron las puertas y
no nos permitieron salir, de modo que mi diligencia a Mantua fue suspendida.

Fray Lorenzo. ¿Quién llevó entonces mi carta a Romeo?

Fray Juan. -No pude enviarla aquí se la devuelvo-ni conseguir un mensajero para que la trajera, tan
temerosos estaban de la infección.

Fray Lorenzo-azar desdichado! Por mi hermandad religiosa, la carta no era trivial sino de suma y
querida importancia, y descuidarla puede causar mucho daño. Fray Juan, vaya a buscar una
palanca de hierro y tráigamela enseguida a mi celda.

Fray Juan. -Hermano, iré a traerla. (Sale.)

Fray Lorenzo. Ahora debo ir solo al mausoleo. Dentro de tres horas despertará la bella Julieta. Me
reprochará mucho que Romeo no se haya enterado de lo ocurrido: pero escribiré nuevamente a
Mantua y la esconderé en mi celda hasta que venga Romeo... pobre cadáver viviente, encerrado
en la tumba de un muerto! (Sale.)

(Se cierra el telón)

Escena III

(Un cementerio, donde hay un mausoleo que pertenece a los Capuleto. Entran Paris y su paje con
flores)

Paris. -Dame tu antorcha, muchacho. Ve y quédate lejos. Pero apágala, porque no quiero que me
vean. Tírate debajo de aquellos tejos y pega tu oído a la tierra hueca. Así, ningún pie hollará el
cementerio (cuya tierra está suelta, informe, por el cavado de las tumbas) sin que lo escuches.
Sílbame entonces como señal de que alguien se acerca. Dame esas flores. Haz como te digo, ve.
Paje. (Aparte.)-Me siento un poco preocupado de quedarme solo aquí en el cementerio, pero me
arriesgaré. (Se retira.)

Paris-Dulce flor, con flores riego tu lecho nupcial (qué dolor! Tu dosel es de polvo y piedras), que
rociaré cada noche con agua perfumada, o si carezco de ella, con lágrimas destiladas por mis
quejidos. Las exequias que para ti reservo consisten en regar tu tumba y llorar cada noche. (Silba
el muchacho.) El muchacho me avisa que alguien se aproxima. ¿Qué maldito pie vaga por este
rumbo para interrumpir mis exequias y mi ceremonia de amor verdadero esta noche? ¿Qué, con
una antorcha? Escóndeme, noche, por un momento. (Se retira.)

(Entran Romeo y Baltasar con una antorcha, una piqueta y una barra de hierro)

Romeo.-Dame esa piqueta y la palanca de hierro. Espera, toma esta carta. Mañana temprano
entrégasela a mi padre y señor. Dame la luz. Por tu vida te ordeno que, no importa lo que
escuches o veas, te mantengas lejos y no interrumpas lo que haga. ¿Por qué desciendo a este
lecho de muerte? En parte es para contemplar el rostro de mi señora, pero principalmente para
tomar de su dedo muerto un precioso anillo, un anillo que debo usar en un asunto importante. Por
lo tanto, vete. Y si tú, curioso, vuelves para espiar lo que intento hacer, por el cielo te juro que te
descuartizaré miembro por miembro y esparciré tus restos por este cementerio hambriento. El
tiempo y mis propósitos son salvajes, más feroces e inexorables que los tigres hambrientos o el
mar rugiente.

Baltasar.-Me iré, señor, y no lo molestaré.

Romeo.-Así me demostrarás tu amistad. Toma esto. Vive y sé feliz. Adiós, buen amigo.

Baltasar. (Aparte.)-Por eso mismo, me ocultaré aquí cerca. Me asusta su semblante y sospecho sus
intenciones. (Se retira.)

Romeo.-Tú, detestable estómago, útero de muerte, que te saciaste con el bocado más querido de
la tierra, así fuerzo tus quijadas podridas para que se abran, y para compensarte te hartaré con
más comida (Romeo abre la tumba tumba.)

Paris-Este es el arrogante Montesco desterrado que asesinó al primo de mi amor por cuyo dolor se
supone que murió la bella criatura-y aquí viene a hacer alguna tropelía con los cuerpos difuntos.
Lo apresaré. ¡Detén tu herramienta profanadora, vil Montesco! ¿Puede proseguir la venganza aun
después de la muerte? Villano maldito, te apresaré. Obedece y ven conmigo, porque debes morir.

Romeo-Verdaderamente debo morir y por eso vine aquí. Joven bueno y gentil, no tientes a un
hombre desesperado. Desaparece y déjame solo. Piensa en estos que han partido, que ellos te
asusten. Te ruego, joven, que no cargues otro pecado sobre mi cabeza incitándome a la furia.
¡Vete! Por el cielo, te amo más que a mí mismo, porque vine hasta aquí armado contra mí mismo.
No te quedes, vete. Vive y di luego que la clemencia hacia un loco te exhortó a huir.

Paris. -Rechazo tus cargos solemnes y te apreso aquí por criminal.

Romeo. -¿Vas a provocarme? ¡Entonces toma esto, muchacho!

(Pelean Romeo y París)

Paje. -iOh, Dios, están peleando! Llamaré al vigilante. (Sale.)

( Cae Paris.)

Paris. -¡Oh, estoy muerto! Si eres piadoso, abre la tumba y colócame junto a Julieta! (Muere.)

Romeo. -Por mi Dios, lo haré. Examinemos este rostro. El pariente de Mercucio, el noble conde
Paris! ¿Qué me dijo mi criado cuando mi alma sacudida no le prestaba atención mientras
cabalgábamos? Me decía que Paris hubiera desposado a Julieta. ¿Me lo dijo o lo soñé? ¿O estoy
loco y, al oír hablar de Julieta, lo creí así? ¡Oh, dame tu mano, ya que has escrito conmigo en el
libro de la acre desgracia! Te sepultaré en una tumba triunfal. ¿Una tumba? Oh, no, una linterna,
joven asesinado, porque aquí yace Julieta y su belleza hace de esta bóveda un salón de fiesta lleno
de luz. Muerte, quédate allí, enterrada por un muerto. Con qué frecuencia cuando los hombres
están a punto de morir se han sentido felices! Lo que sus cuidadores llaman un relámpago antes
de la muer te, ¿Cómo puedo llamar a esto un relámpago? iOh, mi amor, mi esposa! La muerte, que
ahora ha sorbido la miel de tu aliento, no ha tenido poder sobre tu belleza. Tú no estás
conquistada. La insignia de la belleza todavía es carmesí en tus labios y en tus mejillas, y la
bandera pálida de la muerte no está izada aquí. Teobaldo, ¿yaces tú en esta mortaja sangrienta?
Oh, ¿qué mayor favor puedo hacerte que con la mano que partió en dos tu juventud quebrar la de
él que fue tu enemigo? ¡Perdóname, primo! Ay, querida Julieta, ¿por qué eres tan bella aún?
¿Debo creer que la muerte etérea está enamorada y que siendo un magro monstruo aborrecido te
guarda aquí en la oscuridad para que seas su amante? Por temor a eso me quedaré contigo y
nunca ya partiré de este lecho de noche lóbrega. Aquí, aquí permaneceré con los gusanos que son
tus doncellas. Oh, aquí estableceré mi morada eterna y apartaré de esta carne cansada del mundo
la opresión de las estrellas desfavorables. ¡Ojos, miren por última vez! ¡Brazos, den su último
abrazo! ¡Y ustedes labios, puertas del aliento, sellen con un beso honrado el pacto eterno con la
muerte acaparadora! ¡Ven, amargo conductor! ¡Ven! ¡Tú, piloto desesperado, estréllate enseguida
contra las rocas precipitadas con tu barca mareada! ¡Por mi amada! (Bebe.) ¡Un auténtico
boticario! (Cae.)

(Se cierra el telón)

(Se abre el telón)

(Entra Fray Lorenzo con una linterna)

Fray Lorenzo. -¡Ayúdame, San Francisco! ¡Con qué frecuencia mis viejos pies han tropezado esta
noche con las tumbas! ¿Quién está ahí?

Baltasar. Aquí hay alguien amigo, que lo conoce bien.

Fray Lorenzo.-¡Dios te bendiga! Dime, mi buen amigo ¿qué antorcha es aquella que vanamente
presta su luz a las larvas y las calaveras sin ojos? Según lo que distingo, brilla en el mausoleo de los
Capuleto

Baltasar-Así es, santo varón, y allí está mi amo, al que usted aprecia.

Fray Lorenzo-¿Quién?

Baltasar- Romeo.

Fray Lorenzo. -¿Cuánto hace que está allí?

Baltasar.-Media hora.

Fray Lorenzo.-Ven conmigo a la bóveda.


Baltasar. No me atrevo, señor. Mi amo cree que me he marchado y terriblemente me amenazó de
muerte si me quedaba a ver sus propósitos.

Fray Lorenzo.-Quédate entonces; iré solo. El miedo me sobrecoge. ¡Oh! Mucho temo algún suceso
desgraciado.

Baltasar.-Mientras dormía debajo de este tejo, soñé que mi amo peleaba con otro y que lo
mataba.

Fray Lorenzo.-romeo! ¡Ay! ¡Ay! ¿De quién es la sangre que tiñe la entrada pétrea de este sepulcro?
(Entra a la tumba.) iRomeo! ¡Oh, pálido! ¿Quién más? ¿Qué, Paris también? ¿Y bañado en sangre?
¡Ay! ¡Qué despiadada hora es la culpable de este lamentable azar! La dama se estremece.

( se levanta)

Julieta. -¡Oh, fraile consolador! ¿Dónde está mi señor? Recuerdo bien dónde debía estar y aquí
estoy. ¿Dónde está mi Romeo?

Fray Lorenzo. Of un ruido. Señora, salgamos de este nido de muerte, contagio y sueño falso. Un
poder más gran de, al que no podemos contradecir, ha frustrado nuestros propósitos. Vamos,
salgamos. El esposo de tu corazón yace muerto allí, y también Paris. Ven, te ubicaré entre la her
mandad de las santas religiosas. No me hagas preguntas, porque el vigilante se acerca. Vamos,
ven, buena Julieta. No me atrevo a quedarme más tiempo.

Julieta.- Vaya, marchase de aquí, porque yo no iré. (Sale Fray Lorenzo) ¿Qué hay aquí? ¿Un frasco
encerrado en la mano de mi leal amor? Veneno, veo, ha sido la causa de su prematuro fin. iOh,
avaro! ¿Te lo bebiste todo y no me dejaste una gota amiga que me ayudara?

Vigilante principal. (Dentro.)-Guíame, muchacho. ¿Por dónde?

Julieta. ¿Qué? ¿Ruidos? Seré breve entonces. iOh, daga oportuna! (Arrebata la daga de Romeo.)
¡Ésta es tu vaina! Herrúmbrate aquí y déjame morir. (Se apuñala y cae.)

(Se cierra el telón)

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