EL PLAN DE DIOS PARA LOS PADRES
Gen 1,26.-8 El plan de Dios para los padres
Dios, como Padre de toda la raza humana, no solo nos creó sino
juntamente con ello diseño un plan para la paternidad, para que todos
los padres lo pusiéramos en práctica con nuestros hijos:
• Nos dio una identidad (imagen y semejanza de Él)
Dios habló de prosperidad sobre nuestras vidas cuando nos creó,
ello implicaba que se iba a cumplir que nos fuera bien en la vida.
▪ Aunque la caída provocó la maldición (Gen 3. 16-19), en Cristo Jesús
todas las cosas fueron restauradas (Lucas 19.10), para que esa
bendición nos alcanzará de nuevo a los que hemos creído en el Señor
Jesucristo.
La bendición divina con frecuencia aparece vinculada con el don de
la fecundidad (Génesis 17.16-20, 22.17, 26:12 y 24, 28:3) y la
fecundidad implica abundancia.
LEER: Deuteronomio 6,1-9
Lo más importante en la educación de los hijos e hijas es:
a) Amar al Señor con todo nuestro ser
b) Temer al Señor
c) Que conozcamos Su Palabra Constantes y perseverantes.
d) Que la pongamos por obra nosotros, los padres para ellos a su vez
transmitirlos a sus hijos.
e) Que se las enseñemos a nuestros hijos constantemente
La Palabra de Dios, vayan a donde vayan, debe tener prioridad en la
educación y aprendizaje de nuestros hijos sobre cualquier otra cosa
--> ellos aprenderán, por el ejemplo que nosotros mismos les demos,
de nada servirán las palabras, si no ven en nuestro comportar que lo
primero para nosotros es Dios.
La prioridad que debe tener Dios en sus vidas, ello les traerá felicidad
Si para nosotros la educación y el conocimiento mundano tienen más
importancia que la Palabra de Dios en la educación de nuestros hijos
e hijas, las cosas terrenales van a tener más importancia en la vida de
ellos que Dios.
La iglesia, son elementos de ayuda para la formación bíblica y
cristiana de nuestros hijos, pero la responsabilidad básica y
fundamental es de nosotros los padres --> no podemos evadirla -->
por los frutos de la vida de nuestros hijos se va a conocer la calidad
de nuestra paternidad.
Nosotros, los padres, modelamos a nuestros hijos a Dios, nuestro
padre….cómo?
Con buena relación entre nosotros como matrimonio y con una
buena relación con Dios.
Con la oración constante en nuestra vida Dios los proveerá de fe y así
verán un mundo con positivismo a pesar de cualquier adversidad
Enseñarles que Dios no es un Dios de Castigo si no que el
constantemente nos está moldeando, aun en la adversidad él tiene
siempre algo que enseñarnos.
Ciertamente que la futura buena o mala conducta de un hijo depende de si
ha sido criado bien o de modo insuficiente. La naturaleza por sí misma
enseña a cada padre a atender a la educación de su descendencia. Dios le
da hijos, no para que puedan asistir a la familia, sino para que crezcan en
el temor de Dios, y sean conducidos por el camino de la salvación eterna.
“Tenemos, dice San Juan Crisóstomo, un gran depósito en los niños,
atendámosles con gran cuidado”.
Los hijos no han sido otorgados a los padres como un regalo del que se
pueda disponer como les plazca. Los hijos les han sido confiados y si se
pierden por negligencia, los padres deberán rendir cuentas a Dios.
Un Padre de la Iglesia dijo que en el día del juicio los padres tendrán que
rendir cuentas por todos los pecados de sus hijos (Nota de la Redacción:
se entiende que de los derivados de una mala o incompleta formación,
pues hay casos excepcionales de hijos muy bien educados que, a pesar
de ello, viven como si no hubiesen tenido buena formación religiosa). Así
es que aquel que enseña a su hijo a vivir en el bien, tendrá una feliz y
tranquila muerte. El que instruye a su hijo… cuando llegue la muerte no
sentirá pena, porque deja a los suyos un defensor frente a sus enemigos.
(Eclesiástico 30, 3, 5) Y podrá salvar su alma por medio de sus hijos, es
decir, por la formación virtuosa que les dio. (La mujer) “Se salvará
mediante su maternidad”. (1Tim. 2:15)
Por otro lado, una difícil y triste muerte tendrán aquellos quienes
solamente trabajaron para incrementar sus posesiones o multiplicar los
honores familiares, o aquellos que sólo trabajaron para dejar a sus hijos
comodidad y placeres y no les procuraron valores morales. San Pablo dice
que aquellos padres son peores que infieles. Quien no se preocupa de lo
suyo, principalmente de los de su casa, ha renegado de la Fe, y es peor
que un infiel. (1Tim.5: 8).
Aunque los padres lleven una vida de piedad y continua oración, y
comunión diaria, se condenan si por negligencia descuidan la educación
de sus hijos. San Alfonso hace hincapié en la educación moral de los hijos
como un deber esencial. Un descuido en esto es de una gravedad extrema
que puede comprometer nuestra salvación. Una omisión en este sentido
deberá ser confesada y reparada en la mayor medida posible, buscando
resarcir el daño causado por medio de los consejos, el ejemplo y la oración
por los hijos, para que alcancemos el perdón de Dios por tan grave daño).
Si todos los padres cumplieran con su deber de vigilar la formación de sus
hijos, tendríamos muy pocos crímenes. Por la mala educación que los
padres dan a su descendencia, hacen que sus hijos, dice San Juan
Crisóstomo, caigan en graves vicios; y los entregan así al verdugo.
Así sucedió en un pueblo: un padre quien fuera la causa de todas las
irregularidades de su hijo, fue justamente castigado por sus crímenes con
gran severidad, más aún que sus hijos. Gran infortunio es para los hijos
tener padres viciosos, incapaces de inculcar en sus hijos el temor a Dios.
Aquellos que ven a sus hijos con malas compañías y en riñas, y en lugar
de corregirles y castigarles, les toman compasión y dicen: “¿Qué puedo
hacer? Son jóvenes, esperemos que cuando maduren se alejen de ello”.
¡Qué palabras tan débiles, qué educación tan cruel! ¿En verdad, esperan
que cuando los hijos maduren lleguen a ser santos? Escuchad lo que
Salomón dice: Mostrad al niño el camino que debe seguir, y se mantendrá
en él aun en la vejez. (Prov. 22:6) Sus huesos, dice el santo Job, se
llenarán con los vicios de su juventud, y dormirán con él en el polvo.
(Job.20:11)
Cuando una persona joven ha vivido con malos hábitos, los llevará a la
tumba. Las impurezas, blasfemias y odios, a los que se acostumbró en su
juventud, lo acompañarán hasta la tumba, y dormirán con él hasta que sus
huesos sean reducidos a cenizas.
Corrige a tu hijo mientras haya esperanza; si no, tú serás el responsable
de su muerte (Prov. 19:18) Es muy sencillo, cuando son pequeños,
entrenar a los hijos en la virtud, pero cuando llegan a la madurez, es igual
de difícil corregirles, si han adoptado los hábitos del vicio.
San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia