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El Discurso de La Republica: Del Hecho Nacional A La Conciencia de España

Este documento discute la idea de destino nacional y cómo se forman las naciones. Argumenta que los pueblos no tienen un destino predeterminado y que factores como el clima y la geografía han influido en su desarrollo, pero no lo determinan. También señala que las naciones surgen a partir de acontecimientos históricos, no por mitos o voluntades divinas.
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Este documento discute la idea de destino nacional y cómo se forman las naciones. Argumenta que los pueblos no tienen un destino predeterminado y que factores como el clima y la geografía han influido en su desarrollo, pero no lo determinan. También señala que las naciones surgen a partir de acontecimientos históricos, no por mitos o voluntades divinas.
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DEL HECHO NACIONAL A LA CONCIENCIA DE ESPAÑA

O
EL DISCURSO DE LA REPUBLICA

Carlos García - Mauriño Ramirez


Viaducto Marquina, 7 - 6.° H
Teléfono 985 24 07 24
33004 - OVIEDO

Grandes Temas/31
Serie La Tribuna
cas y de sus culturas morales, sin que la libertad interior de
sus miembros individuales ni la fatalidad de sus destinos La idea de destino aparece en la humanidad a toro
colectivos havan tenido mucho que decir en esas grandes pasado. Y es para los pueblos como una vieja «carabina» para
mutaciones. el amor. Acompaña y sigue, pero no precede nunca, a la
Además de las pasiones colectivas que orientan en una gloria de las jóvenes pasiones que lo convocan. Las ciencias
comunidad la conducta gregaria de los individuos, libres o neurológicas no han podido encontrar en el cerebro esa
esclavos, que la integran, desde siempre se ha sabido, aun- misteriosa mezcla de azar, destino y carácter que, según
que Montesquieu lo dijera con mejor elocuencia, que el Dilthey, definía la vida humana. Entre la predeterminación
clima y las condiciones ecológicas del medio ambiente han física y la autonomía moral se aprieta el estrecho campo que
desempeñado un papel decisivo en el desarrollo discreta- la historia de la materia universal dea a las acciones colecti-
vas de los hombres. Más poderosas, pero aún menos libres,
mente desigual de la humanidad y en la formación de las
en los pueblos y en las naciones que en los seres individuales.
naciones. España es una síntesis estatal del poder humano, El derecho a la libre determinación de los pueblos, en el
como cualquier otra nación. Pero su particular identidad sentido de la autodeterminación personal -que también
histórica ha sido configurada de modo decisivo por la histo- encierra, salvo en Dios, un contrasentido profundo--, es una
ria natural de los habitantes de una península orillada por el pura fantasía de la mente mítica y un disparate histórico.
mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Concibamos la libertad como liberación de algo o como
Esto no quiere decir que en las indiferentes estrellas del poder para algo, como libertad «de» o como libertad «para»,
firmamento, o en los egoístas genes de la materia viva, esté a los pueblos rara vez se les presenta la oportunidad, o
escrita la historia, dichosa o desdichada, de los pueblos, sienten la necesidad, de ser libres agentes de su propia na-
como está en el código genético la biografía animal de las ción. Esa es la leyenda de los mitos fundadores. Pero la
personas. Por ello, porque no está predeterminada, España historia real es menos heroica.
no ha sido, no es y no será una unidad de destino nacional Cuando el nomadismo de los cazadores cedió las pautas
en lo universal, como pretendió el imperial consenso fran- de la evolución cultural al sedentarismo de los agricultores,
quista; y porque no es un producto de la voluntad de los los pueblos se convirtieron en naciones, es decir, en lugar
españoles, España tampoco puede ser una pluralidad de común de nacimiento, vida y enterramiento de las gene-
destinos particulares en lo común europeo, como pretende raciones. Y desde entonces, son ellas v los acontecimientos los
el posmoderno consenso juancarlista. que hacen a los pueblos y no, como en los mitos antiguos,
Las naciones, como las personas individuales, no tienen los pueblos a las naciones. Y tan nacionales son las acrópolis
un destino histórico predeterminado. Aparte de los condi- como las necrópolis, los vivos como sus muertos, los mu-
cionamientos ecológicos, ningún pueblo está llamado por seos como las escuelas. las fábricas como las iglesias, las
Dios a una tierra de promisión. Ni tampoco está predestina- mercancías como el espíritu de las fiestas o ferias locales.
do a cumplir ninguna misión histórica. No tienen un destino Las naciones son meros hechos de existencia colectiva
racial, como el interpretado por Hitler para la nación alema- que cada generación impone, sin preguntar a las siguientes,
na; ni un destino manifiesto, como el visionado por ciertos con la familia, la religión v el paisaje donde nace. Y no hav
presidentes de Estados Unidos a partir del general lackson en ellas nada de misterioso o de enigmático. Los españoles
(1830); ni un destino latente, como el sondeado en los abis- se sienten españoles no porque «están en», sino porque «son
mos del alma nacional por el general De Gaulle o la señora de» España. Y no como fruto de su libre determinación
Thatcher. personal o de la de sus padres. Ni, por supuesto, de la

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