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Mitos y Leyendas de Perú

Este documento presenta dos leyendas tradicionales peruanas. La primera leyenda, "La charla de los cerros y el huaycaroj", trata sobre una pareja que se pierde en la montaña durante una tormenta y escucha a dos cerros que hablan y se refieren a un guardián llamado huaycaroj que los protege. La segunda leyenda, "El Tunche", describe a un fantasma endemoniado que vaga por la selva silbando y trae mala suerte o muerte a quienes lo escuchan. También incluye una breve
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Mitos y Leyendas de Perú

Este documento presenta dos leyendas tradicionales peruanas. La primera leyenda, "La charla de los cerros y el huaycaroj", trata sobre una pareja que se pierde en la montaña durante una tormenta y escucha a dos cerros que hablan y se refieren a un guardián llamado huaycaroj que los protege. La segunda leyenda, "El Tunche", describe a un fantasma endemoniado que vaga por la selva silbando y trae mala suerte o muerte a quienes lo escuchan. También incluye una breve
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"Año del Fortalecimiento de la Soberanía Nacional"

ESPECIALIDAD MATEMATICA

TEMA:
MITOS Y LEYENDAS
CURSO:
LITERATURA Y SOCIEDAD EN CONTEXTOS DIVERSOS

PROFESOR:
Mag. Mirko Efrain Espinoza Valdivia
INTEGRANTE:

1. Anthony Kevin Coronel Mendoza


2. Erica Tadeo Patricio
3. Alan José Sánchez Aquize
4. George Donato Santos Navarro
5. Jenrry Zamalloa Mamani
6. Nestor Reynaldo Monter Rayo

SECCIÓN Y CICCLO:

V -- A

2022
Leyenda
LA CHARLA DE LOS CERROS Y EL HUAYCAROJ

En cierta ocasión, viajaban una pareja de esposos desde la ciudad de Huacrachuco con
dirección al anexo de Ishpinco; como no habían calculado la hora, dado que en aquellos tiempos
no conocían reloj; era pues muy tarde. Cuando estuvieron a media subida del cerro, es decir por
la zona de Pumacueva se iba oscureciendo, y en pleno cerro de Shampumay les cayó la noche, sin
saber ni por donde moverse; pues no tenían linternas que dicho de paso no conocían ni en sueños.
Como ya no veían optaron por acurrucarse contra de una lajita cueveada cerca del camino y, para
mala suerte todo se cubrió de nube y empezó a llover.
La esposa le reprochaba duro a su esposo: ¡Viejo zonzo! yo te dije vamos quedarnos en
Quillabamba, tú dijibas no, vamos no má, tay es solalto, llegamos a Pagarina al primo Mamerto,
ahí nos quedaremos; hoy nos vamos morir de frío y mojados en esta puna ¡Su tojro no sabes ni
pensar!… El viejo no decía nada, calladito no más se mantenía encogidito como el gato y, de pronto
el sueño como nunca los acosaba a ambos.
Pasó la lluvia, la señora para no dormirse sacó su pillaca (bolsa) de coca y se puso a
chacchar ¡Vaya qué amargar de coca! ¡Qué shumpear de hojas! muy preocupada despertó a su
marido que cabeceaba dormitando: ¡Viejo, vieeejooo despierta, despierta! ¡Calea! ¡No sé qué nos
va pasar! mi coca no me arma para nadita, nadita ¡Taititudios de repennte viene el pishtaco de
Pumacuevaa! El viejo al escuchar la palabra pishtaco, dio un salto que su cabeza se fue tronar en
la laja: ¡Aayayau mi cabeza! dijo sobándose con fuerza; luego asustado preguntó a su señora ¿Por
dónde ya está el pishtaco? - No hay pishtaco, le dijo su esposa; pero mi coca me dice que algo
malo nos va pasar, si no es el pishtaco, dolor de estómago hualgo (de repente) nos puede matar en
este frío ¡O qué será pues!¡Ya no duermas, caleea! ¡Saca el chafarango!
Ambos echaban sus “bolos”, nombrando: ¿Vendrá el pishtaco? Nada, no viene; otro bolo
¿Nos dolerá el estómago? Nada; botaban sus “ajchos” y armaban nuevos “bolos” y otra
“nombrada” ¿Nos caerá el rayo? Tampoco ¡De repente estamos en la cueva de los chachas o
ahuelos! Ohh, sus callapas les salió de “pechito y de frente”, ¡Virgenmaríapurísima, este lugar es
jueyo! ¡A dónde nos vamos! ¡Hay que ladearnos de este sitio!
Era aproximadamente las doce de la noche; no sabían ni a dónde irse, cuando estaban a
punto de salir, escucharon una voz muy potente como un trueno que venía de una banda del cerro
San Cristóbal que está sobre el anexo de Ishpinco, que decía: ¡Uuuuooooooo! ¡Uuuuuoooooo! A
escasos metros de ellos salió otra voz fuertísima y clarísima contestando: ¿Imata munankyy?
¿Imata ninkyy? (¿Quéee dices? ¿Qué quieres?) – El cerro San Cristóbal dio la orden: ¡watacuy arii!
¡Manea yaaa! (¡Amarra yaaa!) – El cerro Shampumay donde estaban esta pareja, contestó:
¡Manash puedinstsuuu! (¡No se pueeedee!)- El cerro San Cristóbal insiste: ¿Imapaa? (¿Por quéee?) -
Shampumay le dice: ¡Canku allish amun, allim guardian huaycarojjjj! (tiene un buen amo, buen
guardián huaycarojj) - San Cristóbal respondió: ¡Ayyy caraay, ama yaqacuyy! (¡No los molestes
enntoonnceess!)
La pareja muy aturdidos, habían escuchado la “charla de los cerros” ¡Y unos cerros
quechueros! Cuando todo volvió a la normalidad, de nuevo se pusieron a la “caleada” (masticar
coca); qué lindo les armó su coca, “dulce, dulce todavía”, dijeron entonces: ¡Ya pasamos del
peligro! ¡Los chachas de estos cerros no querían encantar! ¡Qué miedo taita Diosito!
En seguida se preguntaban ¿Qué será ese Huaycaroj? ¡Ese nos ha guardado, nos ha
defendido de los ahuelos! En eso, el viejo se recordó que lo único que tenía en uno de sus “bolsicos”
era un envoltorio de hojas de chincho o huacatay seco y triturado, condimento que casi toda la
gente de aquel tiempo hacía andar por dónde ellos iban, porque era como un amuleto que lo
defendería del arco Putuco, del arco blanco, del arco negro, del arco barroso y de la brujería,
principalmente salva de los brebajes que te pueden dar en la comida. Esta creencia tuvo seriedad
cuando sucedió la siguiente anécdota: Cierta ocasión uno de los padres de esta pareja se fue a un
pueblito llamado Pilanco en Pataz región La Libertad a ver sus chacras y sembríos, cuando estaba
pasando por el camino, salió la señora socia y alpatidaria quien muy amablemente le llamó: ¡Don
Juancito, don Juancito véngaste, véngaste, para tomar el desayunito! Diciéndole así salió hasta el
camino, logrando llevarlo casi a las malas hasta su casa, en donde le sirvió una sopa de chochoca
con unos dulces camotes y ricos porotos. Don Juan, algo sospechó y apresurado sacó su chincho
molido, espolvoreó sobre la sopa y cuando estuvo a punto de poner la primera cucharada a la
boca, se llevó una grandísima sorpresa, en presencia de toda la gente que allí estaban ¡La sopa se
convirtió en un tremendo sapo sentado en el plato! ¡Virgen santísima, qué es esto! dijeron todos,
otros se corrieron despavoridos, rezando el Padre Nuestro. Don Juan muy sulfurado dijo: ¡Esto es
obra de brujería carajo! bruja con ser bruja no sabe lo que lo va pasar ¡Ya veraá! Sacó su cuchilla
marca Toro y despedazó al sapo y lo quemó hasta convertirlo en cenizas; a la señora lo amarró
como a puerca y lo llevó ante las autoridades del lugar, con todos los testigos que habían
presenciado este misterioso y espantoso acontecimiento. En plena plaza pública le aplicaron
severos castigos, en donde la señora declaró que, efectivamente lo había echado brebaje en la sopa
para que don Juan muera dentro de los cuatro meses, hinchándose como un sapo, para que ella se
quede con sus chacras que él todos los años le daba en calidad de alpartidaria.
A partir de aquella vez, esta noticia se cundió, se expandió por todos los rincones y se hizo
muy popular, no dejar para nada su envoltorio de chincho seco y molido y, en donde los invitaban
a comer, lo primero era echar tal condimento a la comida y se servían feliz de la vida.
Ahora, pues dicen que el chincho (huaycaroj), no solo es remedio contra los males del arco,
contra los brebajes, sino también para evitar los encantos y los males del “Chacha ahuelo” que
por las noches hablaban sin recelo.
AUTOR : Lic. Merarí Salazar Campos.
FUENTE : Damiana Campos Morales. Mi madre de 85 años. Natural del anexo de Ishpinco,
distrito de Huacrachuco, provincia Marañón.

El Tunche
Los lugareños de aquí de la comunidad nativa de Nuevo Mundo distrito de Megantoni, provincia
de la Convención, departamento Cusco, dicen que el Tunche, es el fantasma de un hombre
atormentado y que ahora, vaga totalmente endemoniado entre las trochas de la exótica selva,
acercándose lentamente a sus víctimas sin emitir sonido alguno y, cuando ya está cerca de aquellos
que andan solos por el camino, silba, anunciando la muerte del que lo escucha.
Cuenta la leyenda que su alma endemoniada, que se hace presente a través del sonido en forma de
un silbido de ave, vaga por las noches oscuras de la selva Convenciana, como alma en pena.
Unos dicen que es un ave, otros dicen que es un brujo o un espíritu del mal “diablo” que goza
aterrorizando a la gente.
Pero nadie lo ha visto, y todos lo reconocen con temor cuando en plena oscuridad lanza al aire un
silbido penetrante “fin….fin…fin…” que por instantes se pierde en el monte a lo lejos, pero vuelve
a silbar ya sobre el techo de una casa o a la orilla del río.
Todo es tan rápido que la gente sólo atina a persignarse o rezar, porque existe la creencia de que
cuando silva con insistencia por los alrededores de un pueblo, anuncia malos presagios y cuando
lo hace sobre una casa, enfermedad o muerte.
Los nativos que conocen la leyenda dicen que si oyes el silbido del Tunche, debes tener mucho
cuidado. Nunca debes decir que no oyes nada. Si lo haces, su desgarrador silbido sólo se hará más
fuerte sintiendo como su presencia se te acerca cada vez más.
Hagas lo que hagas, nunca le debes responder su silbido. Si lo haces, el Tunche vendrá por ti a
matarte de la forma más horrible imaginable.
Burlarse del Tunche o insultarlo, puede costarle caro al atrevido, ya que lo hará enfurecer y
entonces atacará con mayor insistencia, silbando… silbando… lo perseguirá tanto que hasta el
más valiente terminará entrando en pánico, y podrá llevarlo a la locura o muerte.
Aquellos pocos que se han salvado de morir llevados por el Tunche, han perdido la razón; de
repente por la aparición o al endemoniado silbido de su presencia.
Nadie sabe exactamente lo que es, pero lo que si tienen varias versiones en común es que el Tunche
es un ser mítico que vive en la selva peruana, capaz de adoptar cualquier forma con la finalidad
de seducir y lograr que lo sigan
Sobre el destino de las víctimas es incierto, no se sabe si los abandona a su suerte y mueren de
hambre o devorados por algún otro animal, o son devorados por el mismo Tunche. Muchos hemos
visto o sentido presencias extrañas, sin embargo, el mal puede tener diferentes formas.

HISTORIA DE " EL DEGOLLADITO " MOLLENDO

Esta es una historia que ocurrió en la ciudad de Mollendo, Arequipa en el año 1914.
La ciudad de Mollendo localizada al sur del Perú en la región de Arequipa tiene cercanía con la
población chilena, debido a la zona fronteriza con dicho país sureño, así mismo guarda estrecha
relación con el vecino País debido al comercio, minería y actividad turística.
Cuenta la historia que allá por el año de 1912, Don Rospicio Rodríguez, natural de Chala,
provincia de Caravelí (Arequipa) ganó significativa suma de dinero en las salitreras de Tarapacá.
Al decretar el Gobierno chileno la salida de los peruanos que trabajaban en dichas minas, don
Rospicio regresó al Perú estableciéndose en Mollendo.
La gente que lo conoció comentaba que don Rospicio era una persona muy amable, siempre alegre;
llevándose de lo más ameno con los lugareños Mollendinos, a Don Rospicio le gustaba exhibir
anillos y unos hermosos relojes de pulsera con cadena de oro. Siempre era una persona que le
gustaba portar joyas como parte de su personalidad.
El 1ro de enero de 1914, don Rospicio encontró horrible muerte. En tan significativa fecha
universal de año nuevo, después de haber libado licor en una cantina ubicada en la calle Tambo,
5ta cuadra (hoy Dean Valdivia), con un amigo a quien conoció en Chile, siendo ya muy de noche,
y frente a la puerta principal de nuestro cementerio, el desleal amigo lo asesinó, degollándolo con
un corvo con la finalidad de robarle sus joyas y dinero que tenía en libras esterlinas.
Al día siguiente la noticia causó gran revuelo en la población de Mollendo. Autoridades y curiosos
se hicieron presentes y vieron con estupor la cabeza cercenada del cuerpo del infortunado Rospicio.
A los pocos días el asesino fue capturado en los baños "La Aguadita".
En el año de 1923, el Presbítero Juan "Tata" Arenas y el Capellán del Hospital "El Carmen",
Rvdo., Padre Jesús M. Del Carpio, con asistencia de autoridades y
devotos celebraron una misa en el mismo lugar de los hechos, con
ocasión de la exhumación y traslado de los restos mortales de don
Rospicio al interior del Cementerio.
El "Degolladito", como se le conoce desde entonces, es parte de la fé
católica de Mollendo. Sus devotos visitan su tumba los días lunes y
el 2 de noviembre de cada año es venerado masivamente, porque el
alma del "Degolladito" para muchos de sus creyentes, es milagrosa.
Esta es una historia real que se trasmite de generación en generación
a la población Mollendina, es así como este hecho se mantiene
presente hoy en día captando la atención de grandes y chicos,
dejándonos una gran lección de siempre ser precavidos, a cuidarse
en todo momento y estar siempre alerta ante cualquier peligro que se
nos pueda presentar. La historia de este Señor forma parte de la
tradición de la localidad de Mollendo el cual siempre se mantendrá
vigente por el significado que dejo a la población de Mollendo.
LA LEYENDA DEL ILUCÁN Y CHAPARRY
Interrumpiendo el verdor de la flora silvestre, la base del cerro Ilucán ostenta dos blanquísimas
manchas de granulada arena, cuyo origen no explicado todavía por la ciencia inspiró en la fantasía
popular una bella leyenda.
El animismo atributo al Ilucán ha sido asociada al cerro Chaparry, alejado contrafuerte de los
Andes en la caldeada aridez de Chongoyape domina la gris faja de arena que delimita el mar.
Chaparry, cerro costero, centro de encantamientos a donde acuden, hoy como ayer, los brujos y
curanderos que dicen conversar con los espíritus malignos demandando su ayuda para hechizar al
prójimo o exhortándolo para dejar el cuerpo poseído de la víctima que no encuentra en los recursos
de la ciencia el remedio para la cura de sus males.
Ilucán cumbre serrana, “cerro de gentiles” que se sepultaron con todos sus seres que creían de
magia ya aparecidos, poblado en su interior por misterioso seres que creían vacas “ñumes” (con
una sola asta) y comen maíz azul y papas sin sal.
Cerros de encantamientos y de misterios: Ilucán, revestido de plantas; Chaparry, caldeado de
arena; símbolos de la sierra y de la costa peruana del norte, debieron prender el fuego imaginativo
el pueblo para formar con ellos la leyenda del origen de esta zona.
El rodar incesante de millares de siglos guardaba el sueño de dos grandes colosos recostados en
un extenso campo de uniforme llanura. Sueño secular, imperturbable, indiferente a la monotonía
inalterable del ambiente. Tal era el sueño del Chaparry y el Ilucán, en el hecho caldeado de la
pampa, envuelta en dilatados horizontes.
Transcurría así el tiempo con gesto inalterable, hasta que una mañana, al sacudir violento de la
tierra y el ronco bramido furioso, sobresaltándose del sueño los dos cerros.
Alguna mutación se advertía en el ambiente. El límite del mar se había apropiado por el oeste,
mientras al oriente grandes elevaciones recortaban el antes nivelado y monótono horizonte.
Recordando su serena gravedad, comentaron el caso intercambiando ideas. Se hacía necesario
asumir el control de aquellos elementos y delimitar los dominios de los dos.
Deliberado el caso, convinieron en una competencia. Abrirían dos gigantescos pozos que debían
llenar con agua de mar. Aquel que consiguiera aventajar al otro llenando primero el suyo, sería el
dueño de la costa y el mar.
Al efecto debían servirse de dos grandes vasijas de arcilla colocadas a distancia conveniente. Al
despuntar el alba del otro día, partirían a una señal convenida, cogerían la suya y empezarían el
acarreo del líquido elemento.
Concertando el asunto, se durmieron de nuevo.
Pero he aquí que antes de la media noche despertó Chaparry y comenzó a llenar en silencio su
cuenca adelantando bastante se tarea, se acercó antes del alba y despertó a su compañero que sin
advertir la falsedad de la jugada, se apresuró a la partida.
Antes del mediodía, Chaparry dio por terminada la jornada, ante el asombro de su contendor que,
malhumorado y sudoroso, aceptó con su silencio lo pactado.
A su paso crujieron los montes. Su aliento poderoso cubrió el cielo de nubes. Sus ojos de fuego
dispararon centellas y su voz potente se hizo trueno provocando violenta tempestad.
Las lluvias torrenciales fecundaron la tierra y brotó el vigoroso verdor en todas partes. Al abrigo
del denso follaje, surgieron en quebradas y montañas todos los animales. Y, finalmente, el hombre
aparece en el bosque de árboles bordados por líquenes y
tuyos que, a manera de densa cabellera, recubre la pétrea
cabeza del gran cerro.
Y allí asentó el Ilucán su poderío que domina el panorama
de Cutervo, conservando por recuerdo milenario sus dos
blancos arenales, dos puñados de arena, en los pliegues
severos de su manto.
(Salomón Vílchez Murga).
LEYEND DE ACHCAY (Huánuco)

Érase una vez el día más triste de un trabajador de Garu, éste se fue a trabajar al lugar denominado
Acobamba, frente a Chacabamba. Justo en este día que no era laborable para toda la gente de
Garu (se celebraba el día de los Yaros, el 24 de junio). El trabajador no respetó el mencionado
día,ya que con sus dos toros se encontraba trabajando o arando pero antes que se inicie el trabaja
los toros le dijeron al dueño: tayta kanan junaqa fiyumi aruy (señor, hoy es malo trabajar), entonces
les contestó el señor: Ustedes no saben. Luego comenzó a trabajar, horas después a su frente de
éste trabajador venía una señora vestida de rojo llamada Achkay, ésta señora cruzaba el río
Marañón sujetando las aguas con su hilado; tan pronto como la observó, la mujer se le acercó al
trabajador y cuando estuvo a su lado y le dijo: tayta japaloykiqa imanirtaq arunky? (señor ¿por
qué trabajas solo?), el señor contestó: nuqaqa japallamy aru! (¡yo solo trabajo), y luego la señora
dijo: yanapaykullashayky ary chauraja? (entonces ¿te ayudo?), tras esta contestación el hombre
se mostró inalterable y continuó su labor. Al cabo de unos segundo la señora no tardó enreaccionar
sacándole el testículo izquierdo y empezó a comérselo aun chorreandode sangre; pese a este acto
inhumano el trabajador no dio muestras de dolenciasolo atinó a darse cuenta que le faltaba un
testículo; entonces dijo señoraespere un rato y cuide los toros ya que a hacer mis necesidades,
durante estetiempo el trabajador aprovechó para darse a la fuga a Garu pues en este lugarse
realizaba una gran cantidad de gente. El señor comenzó a contar su desgracia, y tan pronto como
lo hacía minutos después llegó la señora buscándolo a él, preguntando: quwacata rikashkanky
chula runta kamy karqaq; entonces los hombres le dijeron: busca a su esposo – allí está – entonces
la señora se dirigió hacia él y comenzó a llorar el trabajador; enseguida prepararon un hueco
profundo, agua caliente, piedras calientes, y en el hueco cruzaron manteles entre palos y le dijeron:
siéntate allí para que tomes matrimonio,la señora obediente de tal proposición se sentó y cayó al
hueco, enseguida lo llenaron de piedras, agua caliente y más tierra y desapareció la mujer.

Fuente: Recogida por el Lic. Luis Marino Serrano Anticona


LEYENDA DEL NATIVO DORMIDO EN VAQUERIA - CHANCHAMAYO
Cuenta la leyenda que, en una comunidad cafetalera y ganadera, vivió un joven esclavo llamado
antami que escapó de su amo y se perdió entre los bosques. para alimentarse pescaba en el río
chanchamayo y un día, divisó a una hija de español, que caminaba lentamente (parecía cansada)
al borde del río. cuando desfallecía antami la salvó y la llevó a su comunidad.
El curaca desterró a antami y a la joven pues consideraban una abominación la mezcla de su raza
con la blanca. Sin embargo, antami se había enamorado de la joven y de su destierro en los
frondosos bosques demoraron cerca de dos años en salir.
Fue así que esta joven pareja se enamoró, antami se convirtió en el protector de la muchacha y
prometieron casarse ante los ojos del dios de la selva. el dios dijo: “antes de la noche de luna llena
encontradme en este cerro. por cuanto me habéis invocado, debéis cumplir vuestra promesa.”
La joven pareja se alejó por un tiempo pues la española deseaba ver a su familia de nuevo. así
pues, pasó una noche, luego dos, y la última noche, de luna llena, antami esperaba a su amada,
pero no llegaba.
La muchacha, por su parte había sido retenida por su familia en cuanto supo que quería casarse
con un indígena. cuando en la noche de luna llena, al fin logró escapar, pero nunca llegó a tiempo.
la pareja no cumplió la promesa con el dios de la selva. no imponía castigos, pero era solemne en
sus decisiones y mandatos.
Sucedió que el cuerpo de antami se petrificó y hoy observamos su perfil en las colinas en forma de
un “nativo dormido”. el cuerpo de la muchacha española lo observamos como la “bella
durmiente” en tingo maría.
El espíritu de la joven española tuvo su morada en la flor y el de antami, en el colibrí. por ello es
que el colibrí siempre acompaña a la flor.

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