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LA POSESION Genesis

1) La posesión es el poder de hecho que una persona ejerce sobre una cosa con la intención de retenerla y disponer de ella como si fuera el propietario. 2) Existen diversas teorías sobre la naturaleza jurídica de la posesión, si es un hecho o un derecho. 3) La posesión tiene un doble carácter, es un hecho material pero el derecho le otorga protección y consecuencias jurídicas.

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LA POSESION Genesis

1) La posesión es el poder de hecho que una persona ejerce sobre una cosa con la intención de retenerla y disponer de ella como si fuera el propietario. 2) Existen diversas teorías sobre la naturaleza jurídica de la posesión, si es un hecho o un derecho. 3) La posesión tiene un doble carácter, es un hecho material pero el derecho le otorga protección y consecuencias jurídicas.

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INTRODUCCION

La posesión es un derecho real por naturaleza, por esencia y magnitud. Es el


aprovechamiento directo, de hecho, o derecho, del valor de uso o disfrute de
una cosa, que el titular del derecho sobre una cosa lleva a cabo actos y
comportamientos sobre ella que constituyen la puesta en ejercicio de su
derecho; de esta manera, la posesión se presenta como el prius de tal ejercicio,
pues ante todo debe poseerla, en la misma línea, Mejorada nos dice que la
posesión es un derecho real que surge del comportamiento.

En la situación posesoria, lo que el derecho toma en cuenta es la apariencia


externa, del mismo modo teniendo en cuenta lo que dice, La posesión vendría
a ser el poder de hecho del hombre sobre el bien, es decir es el derecho real
que establece una relación directa e inmediata de dominación
exclusiva (uso y goce, o sea, aprovechamiento económico) entre una
persona y un bien con autonomía y prescindencia de la titularidad (derecho) a
ella. Es un derecho de carácter provisional.
LA POSESION

La palabra possidere, de donde possessio se deriva, contiene a su vez la


palabra sedere o sentarse, sentarse o asentarse en una cosa, de ahí la
definición de posesión como el poder de hecho que una persona ejerce sobre
una cosa, con la intención de retenerla y disponer de ella como si fuera
propietario. Esta situación de hecho, al ser contemplada por el derecho,
adquiere relevancia jurídica, como veremos más adelante.

La propiedad entraña un poder jurídico sobre las cosas. La posesión un poder


meramente material. Posesión es el poder físico que se ejerce sobre una cosa,
con intención de manejarse como verdadero propietario de ella.

La posesión consiste, en el hecho de tener bajo nuestro poder una cosa, con la
intención de conducirse con ella, como verdadero propietario.

Del concepto anterior, se deduce:

a) Que la posesión es un hecho. Se sostiene que la propiedad es el derecho


que se tiene sobre la cosa. Cuando se dice que una persona es propietaria de
una cosa, nos referimos a un vínculo puramente conceptual de titularidad
jurídica entre la persona y la cosa. Es decir, que en virtud del título que
asiste al propietario, la propiedad es un poder jurídico al que va
unida la disposición de la cosa. En cambio, cuando se está en posesión de
una cosa, efectivamente -tiene la cosa en su poder-, que de hecho la cosa esta
a su disposición, que se sirve de ella -poseedor-. Implica la posesión, por
tanto, una relación de potestad entre una persona y una cosa. Al
poseedor, le es suficiente el ejercicio del derecho para obtener protección
posesoria, ya que tiene la intención de someter la cosa al ejercicio de un
derecho de propiedad, pues se comporta como dueño con ella. La posesión,
pues, es el poder físico que se ejerce sobre la cosa, poder que está valorado
en sí misma, independientemente de que sea o no conforme a derecho.

b) Que el objeto de la posesión es toda cosa corporal in commercium.

c) Que el poseedor tiene el goce y el disfrute de la cosa, con independencia


jurídica y económica.
d) Que la cuestión de la legitimidad e ilegitimidad es ajena a la esencia misma
de la posesión.

e) Que el poseedor se comporta con la cosa, como propietario de la misma.

f) Que la propiedad implica la posesión, pero ambas pueden existir


separadamente:

1) Propiedad sin posesión: cuando la cosa se encuentra en poder de un


tercero, que la retiene con ánimo de dueño.

2) Posesión sin propiedad: cuando se tiene la cosa sin ánimo de dueño, sin el
derecho a su propiedad.

NATURALEZA JURÍDICA

¿Es la posesión un hecho o un derecho?

Algunos sostienen que la posesión es un hecho amparado por el ordenamiento


jurídico, otros, como lHERING, exponente de la doctrina objetiva de la
posesión, afirman que la posesión es un derecho, integrado por un interés el
cual es el elemento sustancial y el amparo jurídico al mismo, sus medios de
defensa. Este gran jurisconsulto es el creador de la teoría del interés. Según su
concepción, la posesión determina la relación jurídica entre el
poseedor y la cosa poseída, colocándose así al lado de su propiedad y de
ello deduce, como conclusión, que la protección o defensa de la posesión debe
ser entendida como un complemento necesario de la protección de la
propiedad. Es así que, siendo los “derechos jurídicamente protegidos y,
actuando la posesión como fuente de interés, ésta se configura como un
derecho que reclama protección y debe ser defendida”.

SAVIGNY, por su parte, señala que la posesión, en su esencia, es un hecho,


porque se funda en circunstancias materiales, sin las cuales la misma no
existiría, por tanto, su violación no constituye una trasgresión al orden
jurídico, pero a su vez expresa que, por sus consecuencias jurídicas, participa
de la naturaleza de un derecho. Admite entonces, que la posesión entra en el
dominio del derecho (no sólo en razón de sus efectos, sino como causa
determinante de los mismos. Ha sido llamada teoría subjetiva de la posesión.
Diversas Figuras de la Posesión

Posesión y Tenencia

Tenencia: Se hace necesario distinguir la tenencia de la posesión. Cuando se


reúnen el corpus y el ánimus genérico solamente, esto es, que puede tenerse
materialmente la cosa sin ánimo de dueña, se denomina tenencia. La tenencia
es una mera detentación. Se le ha llamado también posesión natural, como
ocurre en el caso del arrendatario y depositario, quienes son poseedores
precaristas. El que ejerce la detentación, no posee para sí ni en su propio
nombre: sino a nombre de otro, no estando protegidos por los interdictos
posesorios. Para SAVIGNY, la posesión natural se identifica con la posesión ad
interdicta.

Posesión: Cuando se reúnen en el sujeto los tres elementos, el corpus, el


ánimus genérico y el ánimus domini, nos encontramos ante la posesión
jurídica, la cual se identifica con la posesión ad usucapionem, esto es, la
posesión jurídico-civil. Tales poseedores defienden la posesión
mediante los interdictos, o sea que son los verdaderos poseedores, poseen
para sí y en su propio nombre.

Idea de la posesión jurídica: doble carácter de la misma

Creemos que la posesión en su sentido jurídico puede ser definida. El ejercicio


internacional y en nombre propio de un derecho real, abstracción hecha de si el
que lo verifica tiene o no facultad para ello. Examinando los términos de la
definición, aparece quiénes tienen o no posesión jurídica y el doble carácter de
ésta.

Ejercicio intencional

Decimos el ejercicio intencional; porque la posesión jurídica requiere dos


elementos: uno externo, que es tener a nuestra disposición en todo o en parte
la cosa sobre la cual versa el derecho (corpus); y otro interno, que consiste en
la intención de ejercitar el derecho (animus). Así, por ejemplo, el dueño de un
campo no posee el tesoro que en él se halla enterrado y cuya existencia ignora.

De un derecho real
Sólo donde existe una relación directa del hombre con las cosas se concibe la
posesión y se hace necesaria la defensa especial que ella reclama por medio
de los interdictos para que los derechos se encuentren debidamente
garantidos. Así vinieron las leyes a reconocer posesión, no solamente en el
ejercicio del derecho de propiedad, sino de servidumbre, de prenda, de
enfiteusis, de superficie, de precario que hubiera obtenido la posesión del
concedente, y de secuestro. Algunos textos mencionan la possessio libertatis y
libertinatis; mas no porque pueda defenderse por medio de interdictos sino para
declarar a quien incumbe la prueba cuando en juicio se litigue acerca del
estado.

En nombre propio

Pues, aunque se ejecuten actos que suponen un derecho real, no constituyen


posesión jurídica cuando se practican en nombre ajeno.

Abstracción hecha de si el que lo verifica tiene o no facultad para ello

La posesión es un estado de hecho, independientemente de la manera por la


cual se haya adquirido. Nihil commune habet proprietas cum possessione, nec
possessio, et proprietas misceri debent, decían los jurisconsultos; y, siendo
cosas enteramente distintas, podían corresponder a diferentes personas, y
cabía reclamar por separado la posesión, aunque se hubiera demandado ya la
propiedad.

Lejos de ser extraño, es indispensable que la ley proteja el simple ejercicio


externo de un derecho, sin averiguar previamente los títulos en virtud de los
cuales se ejerce; porque sólo al Estado corresponde apreciar las infracciones
de las reglas de derecho: y todo el que por su propia autoridad despoje al
poseedor, ejecuta una acción reprobada que la ley no puede tolerar,
cualesquiera que sean los títulos del que así perturba el orden social. Los
derechos más legítimamente adquiridos se encontrarían a merced de la fuerza
o astucia, si la ley no hiciera respetar la posesión.

Las doctrinas que preceden nos muestran el doble carácter que tiene la
posesión jurídica:
1.º En sí misma es un hecho. Siendo un hecho, la ley no puede crearlo: facti
autem causae infactae nulla Constitutione fieri possunt.

2.º Pero con ser un hecho, plurimum ex jure possessio mutuatur... quia
possessio non tantum corporis sed juris est, nos dice Papiniano; y en efecto,
más adelante veremos que la ley reglamenta aquel hecho, determinando
quiénes y cómo pueden adquirir y perder la posesión, y las cosas que pueden
ser poseídas.

Ahora bien, ¿constituye un derecho la posesión? Se niega comúnmente a la


posesión el carácter de derecho, porque no goza de protección tan completa y
absoluta como los verdaderos derechos; pues la acción que produce sólo
puede entablarse contra la persona que perturba, de lo cual se infiere que su
fin no es tanto proteger al poseedor como reprimir el desmán del perturbador.
Alegan otros en sentido opuesto, que todo derecho tiene sus limitaciones, y
que los mismos romanos emplean frecuentemente la locución ius possessionis.
Lo cierto es que la posesión se encuentra legalmente garantida, y que produce
las acciones oportunas, ya para la defensiva, ya para la ofensiva, según la
clase a que pertenezca, como vamos a ver.

Clases de posesión jurídica: sus efectos respectivos

La ley patrocina más o menos la posesión según la manera con que haya sido
adquirida y según la persuasión que acerca de ella tenga el poseedor.

Posesión injusta o viciosa y posesión justa o no viciosa

Según la manera con que haya sido adquirida, se clasifica la posesión en


injusta o viciosa y justa o no viciosa. Se denomina injusta o viciosa la que se
adquiere o vi, o clam, o precario. Se llama, por el contrario, justa o no viciosa la
que carece de todos estos vicios.

Posee vi el que, mediante la fuerza o la intimidación, expulsa al poseedor


anterior, o le inhabilita para la resistencia, o le impide entrar en la finca de que
se apoderó en su ausencia; pero no el que se vale de la fuerza para
conservarse en la posesión que ya tenía.
Posee clam el que ha entrado en la posesión ocultamente, ignorándole aquél
que podía contradecirle, para evitar que se opusiera. Si la posesión se hallaba
abandonada, vacua, la adquiere el nuevo poseedor por más que sea viciosa:
en otro caso, el nuevo poseedor anterior conserva la posesión mientras no se
le impida por fuerza o miedo volver a ella; pues entonces la pierde, y el cesante
de la fuerza o del miedo posee vi.

Posee, últimamente, precario el que tiene en su poder un objeto cuyo uso se le


concedió a ruego suyo y durante la voluntad de quien le otorgó la concesión.
Esta posesión es justa mientras el dueño no la reclama; pero deja de serlo tan
luego como la pide.

A pesar de la considerable diferencia que media entre la posesión justa o


injusta, nos dice Paulo, siguiendo el dictamen de Labeón, in summa
possessionis, non multum interest juste quis, an injuste possideat. ¿Significa
esto que la ley mira con igual favor ambas clases de posesión? Cuando se
trata de la defensiva, las equipara ciertamente. No puede permitirse que nadie
arrebate por la fuerza una posesión justa o injusta. Cualesquiera que sean los
títulos del despojante, debe hacerlos valer ante la autoridad pública, sin
tomarse la justicia por sí mismo. La ley mantiene el statu quo mientras se
ventilan en juicio las pretensiones de cada uno: de aquí el llamarse a toda
posesión jurídica possessio ad interdicta.

Posesión de buena fe y posesión de mala fe

Según la persuasión en que esté el poseedor. Se llama de buena fe la posesión


cuando el poseedor se halla persuadido de que le corresponde legítimamente;
y de mala fe, cuando falta esta convicción.

Ahora bien, la posesión que además de ser justa es de buena fe, goza de una
doble ventaja: como justa, da derecho a la defensiva, por medio de los
interdictos, contra toda agresión, según hemos visto; y como de buena fe, da
derecho a la ofensiva, es decir, produce una acción llamada publiciana, en
virtud de la cual el poseedor puede vindicar la cosa de cualquiera que la tenga
sin título o con título inferior al suyo, como veremos en el tratado de Acciones.
De otra parte, el que posee con buena fe hace suyos los frutos que vaya
percibiendo; y si continúa en la posesión durante los plazos que la ley señala
para usucapir, llega a ser propietario; todo lo cual hallaremos consignado
respectivamente en este mismo Título y en el VI inmediato. Tal es el motivo de
llamarse a la posesión de buena fe possessio ad usucapionem.

Condiciones necesarias para la adquisición de la posesión

Siendo la posesión un hecho, parece que el legislador no debería fijar reglas


sobre ella, supuesto que no puede cambiar las leyes físicas; pero como es un
hecho que produce efectos jurídicos, necesita determinar las condiciones que
deben concurrir en el sujeto, objeto y manera de adquirirla si ha de dispensarle
su protección.

Dos principios dominan en esta materia:

1.º Adipiscimur possessionem corpore et animo; neque per se animo, aut per
se corpore. Ya sabemos que el animus consiste en la intención de poseer, y el
corpus en que la cosa se halle bajo nuestro poder, de manera que nos sea
dado disponer en todo o en parte de ella.

2.º Nemo sibi causam possessionis mutare potest. El que ha obtenido la


posesión animo et corpore en determinado concepto, no cambia el título de su
posesión con sólo formar el propósito de poseer para lo sucesivo en concepto
distinto, mientras no abandone la posesión que tenía y la adquiera nuevamente
por otro título. Es una consecuencia del anterior; porque no basta el animus,
sino que se necesita el corpus, para adquirir una nueva posesión.

Veamos la aplicación de estos principios al sujeto, objeto y manera de adquirir


la posesión, donde observaremos el tránsito del materialismo al espiritualismo.

Sujeto

Debiendo existir el animus possidendi para que haya posesión, no podían


adquirir ésta los que carecían de inteligencia o de voluntad, en cuyo caso se
encontraban:

1.º El furioso.

2.º El infante; pero llegó a reconocérsele capacidad de comenzar a poseer con


autoridad del tutor; lo cual se admitió utilitatis causa, a pesar de que el infante
no tenía conocimiento del acto.
3.º El pupilo, a no ser con autoridad del tutor; y aun sin ella, cuando ya tenía
inteligencia.

4.º Los hijos de familia, en beneficio propio; mas fueron reputados capaces a
medida que se introdujeron los peculios.

5.º Los esclavos, en nombre suyo, como destituidos de personalidad jurídica.

6.º Los prisioneros de guerra, porque ellos mismos eran poseídos; ni adquirían
la posesión de los objetos que, durante la cautividad, se proporcionasen sus
hijos o esclavos, no siendo ex causa peculii.

7.º Las personas jurídicas, quia uni consentire non possunt; pero con el tiempo
vino a reconocérseles capacidad.

8.º Ninguno por medio de persona extraña, pues se trataba de un acto


personalísimo; más tarde, sin embargo se admite la representación ratione
utilitatis et juris prudentia.

Necesitándose que el animus possidendi vaya acompañado del corpus, o sea


del poder físico sobre la cosa, resulta que varias personas no pueden poseer a
la vez y en totalidad un mismo objeto; porque si bien muchas pueden formar
intención de poseerle, es imposible que de hecho se encuentre en poder de
cada una de ellas.

Objeto

Al principio únicamente podían ser objeto de verdadera posesión las cosas


corporales, no las incorporales; pero se admitió en las servidumbres una quasi-
possessio.

No se reconoce posesión sobre las cosas que se halla extra commercium; y,


como tales, sobre las sagradas, religiosas y hombres libres.

Manera de adquirirla

El hecho por el cual se adquiere la posesión, debe reunir el animus y el corpus,


en los términos siguientes:

Animus
Cuando adquirimos la posesión por nosotros mismos, basta que medie nuestra
propia intención.

Cuando la adquirimos por una tercera persona, se necesita:

1.º Que haya intención por nuestra parte.

2.º Que nuestro representante sea capaz de adquirir la posesión.

3.º Que la intención de nuestro representante sea adquirir la posesión para


nosotros; porque si se propone adquirirla para sí o para un tercero, no somos
poseedores.

Corpus

No basta la intención de poseer que tengamos nosotros o nuestro


representante; se necesita que uno ú otro practiquemos un acto capaz de
poner la cosa a nuestra disposición; esto es la aprehensión.

Las condiciones de este acto varían según las circunstancias de la cosa cuya
posesión intentamos conseguir; pueden ser cuatro muy distintas, y que existen
formas progresivamente más rigurosas.

Si la cosa pertenece al mismo sujeto que va en lo sucesivo a continuar


poseyendo en nuestro nombre, adquirimos la posesión con sólo que él declare
que se constituye poseedor a nuestro nombre para en adelante, por más que
siga teniendo el objeto en su poder. Basta, pues, el animus, porque la
aprehensión sería imposible. A este acto suele denominarse constitutum
possessorium.

Si la cosa pertenece a un tercero, y este se halla conforme en transferirnos la


posesión, el acto se llama tradición; y como se limita a recibir una posesión ya
creada que voluntariamente se nos entrega, puede practicarse en formas muy
sencillas, como veremos en este Título.

Si la cosa es nullius, tratamos ya de establecer una posesión que no existía y


que deben respetar los demás hombres a quienes privamos del derecho que
tenían a poseerla; luego el acto debe revestir un carácter de publicidad
suficiente para que todos tengan conocimiento de la nueva posesión. Se
denomina ocupación, y de ella trataremos más adelante.
Por último, si la cosa es ajena y el poseedor no ha consentido entregarla, el
acto necesita ser de condiciones bastantes a producir la pérdida de la posesión
creada y el establecimiento de una nueva; los casos en que esto sucede
pertenecen al extremo que sigue a continuación.

Cómo se pierde la posesión

Una vez adquirida la posesión animo et corpore, según acabamos de exponer,


la conservamos mientras subsistan reunidas estas dos condiciones, y se
entiende que permanecen hasta que o renunciemos a nuestro propósito, o
acontezca algo que nos impida disponer de la cosa, sin que sea necesario
renovar la intención y ejercitar nuestro poder incesantemente; tamdiu retinetur,
quamdiu non amittitur.

La perdemos, por el contrario, cuando desaparece una de aquellas condiciones


o ambas a la vez. Veamos los casos en que esto sucede, ya por parte del
poseedor o de su representante, ya del objeto poseído, ya del hecho que
ejecute una tercera persona.

De parte del poseedor o de su representante

La influencia del animus y del corpus en conservar y perder la posesión es muy


diferente, según poseamos por nosotros mismos o por medio del
representante.

Posesión en nombre propio

Falta del animus

Existe desde que formamos el propósito de no poseer en lo sucesivo. Fíjese


bien, sin embargo, que no es suficiente al efecto tener más o menos
abandonada u olvidada la posesión, sino que es necesario: 1.º Haber resuelto
positivamente no volver a poseer. 2.º Que esta resolución se acredite, sin que
baste presumirla.

Falta del corpus

La produce todo acontecimiento que nos coloque en la imposibilidad física o


legal para disponer de la cosa; v. gr., la pérdida del objeto en términos que
ignoremos su paradero; la fuga de los animales, según su clase, etcétera.
Falta del animus y del corpus

En cualquiera de los casos siguientes:

1.º Cuando fallece el poseedor, y sus herederos no adquirirán la posesión con


sólo añadir la herencia.

2.º Cuando cae en esclavitud o cautiverio. Si el cautivo vuelve a la ciudad, se


entiende que conservó, durante su cautiverio, la posesión de los objetos que ya
poseían sus hijos o esclavos antes de la cautividad.

3.º Cuando abandona el objeto, derelictio, aunque sea hijo de la necesidad; v.


gr., cuando le arroja al mar para aligerar la nave y evitar un naufragio, si bien
conserva el dominio.

4.º Cuando entrega voluntariamente el objeto a otra persona, traditio.

Posesión por medio de representante

El animus de nuestro representante influye poderosamente cuando se trata de


adquirir la posesión, según hemos visto, pero carece de toda importancia para
perderla. Una vez adquirida, el animus reside en nosotros, y el corpus en
nuestro representante; es un instrumento de que nos valemos para poseer,
ministerium praestat nostrae possessioni.

Consecuencias de este principio son:

1.ª Que no perdemos la posesión, aunque falte la voluntad de nuestro


representante, sea que muera, o pierda la razón, o de cualquier otro modo se
constituya incapaz.

2.ª Que tampoco la perdemos porque nuestro representante forme intención de


poseer en nombre suyo, pues nemo sibi causam possessionis mutare potest.

3.ª Que la conservamos igualmente, aunque nuestro representante la


abandone o facilite a un tercero la entrada en ella, mientras éste no nos
desposea por algunos de los medios que veremos en el extremo siguiente.

Pero si nuestra posesión no depende de la existencia o cambio de voluntad en


nuestro representante, porque el animus reside en nosotros, podemos perderla
cuando el que nos representa ejecute algún acto que constituya una
desposesión corpore, porque éste se lo hemos confiado. Perdemos, pues, la
posesión:

1.º Cuando el mismo representante nos la usurpa; v. gr., el depositario sustrae


la cosa depositada, contrectatio.

2.º Cuando entrega la cosa a otro que se propone adquirirla para sí, como
sucede en caso de venta.

De parte del objeto

Perdemos la posesión:

1.º Si la cosa perece o pasa a estar fuera del comercio; v. gr., el terreno se
hace religioso o le ocupa el río o el mar.

2.º Si la cosa es transformada en otra especie distinta, como si de lana se hace


un vestido.

De parte de una tercera persona

Debemos distinguir tres casos: 1.º Si tenemos abandonada la posesión. 2.º Si


poseemos por nosotros mismos. 3.º Si poseemos por representante.

Cuando tenemos abandonada la posesión, la adquiere el que se apodera de


ella, por más que sea viciosa, como dijimos en la posesión obtenida clam.

Cuando poseemos por nosotros mismos, no perdemos la posesión por el solo


hecho de que un tercero ocupe en todo o en parte el objeto durante nuestra
ausencia, pues continuamos poseyendo animo; es necesario que se haya
apoderado empleando la fuerza, o aprisionándonos, o haciéndonos huir, o
impidiendo que entremos en la finca, o que, teniendo conocimiento de la
ocupación, nos abstengamos por miedo de entrar en ella.

Cuando ejercemos la posesión por medio de representante, la perdemos


siempre que a éste se le priva de ella por cualquiera de los medios que
acabamos de enumerar, aunque nosotros ignoremos el despojo, pero en tanto
que nuestro representante conserve la posesión, no se pierde para nosotros,
aunque personalmente seamos expulsados.

Dos advertencias para concluir:


1.ª En los casos expresados perdemos la posesión, bien el causante del
despojo continúe en ella, bien la haya abandonado y apoderándose un tercero.

2.ª Podemos emplear la fuerza para defender o recuperar (confestim, non ex


intervalo), la posesión, que por la fuerza trata de quitársenos o de que se nos
ha privado, y en este segundo caso se entiende que no la hemos perdido; mas
si nos aquietamos, la perdemos y necesitamos utilizar los medios legales para
recobrarla.

Interdictos posesorios

Hay tres clases de interdictos referentes a la posesión: de adquirirla


(adipiscendae), de conservarla (retinendae), y de recobrarla (recuperandae).

Los de adquirirla no corresponden a este lugar; pues su objeto no es defender


una posesión que se nos lesiona o quita, sino alcanzar de nuevo la que no
teníamos; ya los estudiaremos en sus respectivos Títulos.

Aquí sólo expondremos los de conservar y de recuperar, fundados en la


posesión que ya tenemos, manifestando: 1.º La doctrina común a los dos; 2.º
La especial de cada uno de ellos; 3.º Su aplicación a las servidumbres.

Doctrina común a los interdictos de conservar y de recuperar la posesión

Los dos corresponden a todo el que poseía jurídicamente cuando se ejercitan,


bien su posesión fuera justa, bien injusta; porque el fin de ambos es hacer
respetar el statu quo e impedir que nadie se tome la justicia por su mano.

Los dos proceden únicamente contra el individuo que turba o despoja; porque
son acciones personales y de carácter penal: los herederos, cuando no
poseen, sólo pueden ser reconvenidos en cuanto les hubiese aprovechado la
posesión de su antecesor. El hecho de la perturbación o despojo debe haberse
verificado con pretensión de negar la posesión al demandante; cuando no
medió semejante intención y sólo se le perturba materialmente, se utiliza la
acción de la ley Aquilia o la que proceda según el caso.

Los dos necesitan entablarse dentro del año, contado desde que se sufrió la
perturbación o el despojo. Transcurrido el año, solamente puede reclamarse
aquello en que se haya enriquecido el perturbador o despojante.
Doctrina especial referente a los interdictos de conservar la posesión

Antiguamente se utilizaban para conservar la posesión dos interdictos


diferentes en sus nombres, requisitos y procedimientos: el uti possidetis cuando
se trataba de cosas raíces; el utrubi, cuando de muebles. Después, aunque se
conservaron los nombres, fueron regidos por unas mismas disposiciones.

Puede ejercitarle todo el que se ve perturbado en la posesión y también sus


herederos, ya con el fin de que se le mantenga en el pleno goce de ella; ya
como juicio previo a la reivindicación para determinar quién ha de considerarse
demandante y quién demandado; ya finalmente, aun después que se ha
entablado la acción reivindicatoria cuando el demandado posee vi, clam o
precario, pues, como dice Ulpiano, non videtur possessioni renunciasse, qui
rem vindicavit, en cuyo caso equivale a un interdicto de recuperar.

Triunfando el demandante, se condena al demandado a que cese en la


perturbación, indemnice los perjuicios y restituya los frutos producidos desde la
contestación a la demanda.

Doctrina especial referente a los interdictos de recobrar la posesión

Tienen lugar cuando el demandante ha sido privado de su posesión


injustamente; y como es injusta toda posesión obtenida vi, clam o precario, se
otorgaron interdictos para cada uno de estos casos.

Posesión obtenida VI

Se concede el interdicto unde vi al poseedor que por vías de hecho o


intimidación grave ha sido expulsado de un inmueble, o le abandonó por miedo
tomando posesión el causante. No se utiliza respecto a las cosas muebles,
porque, según Ulpiano, éstas pueden reclamarse por otras acciones como la
de hurto y robo.

Procede contra los que realizaron, promovieron o ratificaron la expulsión,


aunque no posean de presente ni aun siquiera hubiesen retenido la posesión
en el momento del despojo. Pero no contra el que se halle poseyendo, si no
contribuyó a la expulsión: contra éste se ejercitará la acción reivindicatoria o la
publiciana.
El demandado podrá solamente alegar la excepción de haber transcurrido el
año concedido para reclamar; pero no que la posesión del demandante fuera
injusta, porque spoliatus ante omnia restituendus.

Su efecto es condenar al demandado a la restitución del inmueble con los


muebles que en él se hallasen cuando verificó el despojo, a la devolución de
los frutos que desde entonces hubiera producido y a la indemnización de
perjuicios. Si la restitución es imposible, será condenado a pagar el valor de las
cosas, aunque hubiesen perecido fortuitamente, y a indemnizar los perjuicios
ocasionados y las ventajas de que ha privado al demandante, bajo juramento
de éste, pero regulado por el juez.

Para castigar con mayor rigor el despojo, establecieron los emperadores


Valentiniano, Teodosio y Arcadio que si el despojante era dueño del objeto, se
devolviese al poseedor, quedando privado del dominio, y caso de no ser dueño,
le devolviera y abonase además su valor. Disposición más ventajosa para el
despojado que el interdicto unde vi.

Posesión obtenida CLAM

En algún tiempo se otorgó el interdicto de clandestina possessione al que


hubiera sido privado de la posesión clandestinamente; pero, admitido el
principio de que en este caso el poseedor anterior conserva la posesión
mientras no se le impida por fuerza o miedo volver a ella, según hemos dicho,
ya no procedió más interdicto que el unde vi.

Posesión obtenida PRECARIO

El que tiene en su poder un objeto, cuyo uso se le otorgó a ruego suyo y


durante la voluntad del concedente, debe restituirle a éste apenas lo exija. Si
rehusa la devolución, el concedente y sus herederos pueden utilizar para
conseguirla el interdicto de precario contra el concesionario y sus sucesores.

El demandado no puede oponer ni aun la excepción de no haber transcurrido el


plazo por el cual se le concedió: podrá sólo aducir ser dueño del objeto y
haberle recibido en precario por ignorancia.

Prosperando el interdicto, se condena al demandado a la restitución del objeto


e indemnización correspondiente; y no siendo posible, a todos los perjuicios
que haya sufrido el demandante por no habérsele devuelto el mismo día en que
se ejercitó el interdicto.

El concesionario es responsable del dolo y culpa lata mientras no se le reclama


el objeto; más tan luego como se le exige la devolución, su responsabilidad es
la de un deudor moroso. Los herederos responden solamente del dolo de su
antecesor en cuanto ellos se hayan enriquecido.

Interdictos que pueden utilizarse para conservar y recobrar las servidumbres

Las servidumbres personales autorizan para usar los interdictos de conservar y


de recuperar; porque su cuasi-posesión es tan manifiesta y ostensible como la
posesión de las cosas corporales.

Para la defensa de las urbanas, que confieren un ius habendi, puede utilizarse
el interdicto de conservar su posesión que se confunde con la del predio
dominante.

Por último, las rústicas, que sólo constituyen un ius faciendi, únicamente
facultad para ejercitar los interdictos especiales en beneficio de las
servidumbres de paso y de aguas; porque nada tienen en común con la
posesión corporal del predio dominante.
BIBLIOGRAFIA

https://www.derechoromano.es/2017/12/posesion-instituciones-justiniano.html

Libro de Derecho Romano: Marta Morineau

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