0% encontró este documento útil (0 votos)
77 vistas82 páginas

Módulo II

Este documento presenta el programa académico del Módulo II del curso de ingreso 2023 de la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional de Jujuy. El módulo se centra en la introducción a las ciencias sociales y se llevará a cabo del 19 al 23 de junio de 2023. Incluye seis temas a cubrir y una bibliografía recomendada. También detalla los docentes a cargo, las fechas de evaluación y recuperatorio.

Cargado por

Mauro Flores
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
77 vistas82 páginas

Módulo II

Este documento presenta el programa académico del Módulo II del curso de ingreso 2023 de la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional de Jujuy. El módulo se centra en la introducción a las ciencias sociales y se llevará a cabo del 19 al 23 de junio de 2023. Incluye seis temas a cubrir y una bibliografía recomendada. También detalla los docentes a cargo, las fechas de evaluación y recuperatorio.

Cargado por

Mauro Flores
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNIVERSIDAD NACIONAL DE JUJUY

Escuela Superior de Ciencias Jurídicas y Políticas

CURSO
DE
INGRESO
2023

Carrera: ABOGACÍA
Módulo II
Módulo II: Introducción a las Ciencias Sociales
Fecha: 19 al 23 de junio de 2023.
Evaluación: 24 de junio de 2023
Recuperatorio: 28 de junio de 2023
Equipo docente:
Dr. Fernando Sadir
Ab. Darío Raúl Melano
Programa académico:
1. Historia de las Ciencias Sociales
2. El conocimiento científico en las Ciencias Sociales
3. Estado, Derecho, Democracia y Ciencias Sociales
4. Las Ciencias Jurídicas y las Ciencias Sociales
5. El papel de las Ciencias Sociales en Jujuy
6. El papel de la Abogacía en Jujuy

Bibliografía
CENICACELAYA, María de las Nieves. El conocimiento científico y las ciencias sociales.
MARUCCI, Roberto Carlos; Paris, Sandra Silvina; Ramírez, Lautaro Martín. Las ciencias
jurídicas y las ciencias sociales: aportes para su análisis.
PIÑERO, María Teresa. Introducción a las ciencias desde perspectiva histórica.
PIÑERO, María Teresa. Introducción al Estado, Derecho, Democracia y ciudadanía
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 55

Sección I

INTRODUCCIÓN A LAS CIENCIAS DESDE PERSPECTIVA HISTORICA


Maria Teresa Piñero

1. INTRODUCCIÓN
La palabra ciencia goza, sin duda de un gran prestigio, y quizás esto se deba a que nuestras condiciones de
vida parecen asociarse, de una u otra manera, a ella. Desde la cura a determinadas enfermedades, los avances en
las comunicaciones, las prevenciones sobre los desastres ambientales, la conquista del espacio, hasta los estudios
sobre los condicionantes de la decisión del voto eleccionario, nos dan la pauta de cuanto tiene que ver la ciencia
con nuestra vida diaria. Y cuanta seguridad nos proporciona que se siga investigando y logrando avanzar en la
explicación de los procesos naturales, y en alguna medida en el de los humanos y sociales.

En cuanto a la importancia del tema ciencia en esta materia o en esta carrera, diremos que reside en que los
parámetros de la ciencia establecen reglas para poder generar un tipo de conocimiento distinto a la mera opinión
que podemos tener sobre algún tema (en nuestro caso, por ejemplo sobre las leyes), un tipo de conocimiento
bastante seguro que admita una justificación racional o empírica de sus enunciados.

Sabemos y conocemos que la ciencia nos rodea, pero nos cuesta un poco entrar en el universo mismo que la
palabra ciencia convoca. Sin duda que poder definirla también nos daría mucha seguridad, ya que nos permitiría
poner en palabras algo que intuimos conocer y que se nos pide que transmitamos. Pues bien, vayamos por partes.
Es esta necesidad de seguridad la que hizo que hombres en algún lugar y en algún tiempo, trataran de des-
cribir y explicar, a través del lenguaje (gestual, hablado o escrito) lo que ocurría a su alrededor en el mundo de la
naturaleza. Esa naturaleza que a veces los perjudicaba con huracanes, volcanes o sequías y otras los gratificaba
con lluvias, cosechas abundantes y materiales nobles, se presentaba como un enigma a develar.
Cuando el hombre pudo conocer porqué ocurrían ciertos fenómenos, pudo prever cuándo ocurrirían y así
tomar los recaudos necesarios. El comienzo de la ciencia se vincula a la necesidad de los hombres de protegerse
de la naturaleza o de aprovechar sus bondades; en definitiva de obtener seguridad.
Hace sólo unos tres siglos que los hombres de ciencia han comenzado a entender el lenguaje de la natu-
raleza, aunque las tentativas de hacerlo son tan antiguas como el pensamiento humano. En esta búsqueda de
seguridad, el hombre fue recorriendo un largo camino, construyendo instrumentos y métodos para develar las
claves del dominio de la naturaleza, y lo fue haciendo en determinados contextos históricos, sociales políticos
que condicionaban su búsqueda. De igual manera ocurrió, cuando aparecen las llamadas ciencias sociales, así
sentar las bases científicas de lo social tuvo su recorrido, no exento de discusiones y por cierto, no concluido,
sino en construcción y debate.
Por lo tanto, si hay posibilidades de hablar de algún tipo de conocimiento racional, cierto y bastante seguro,
podemos decir que habría algún tipo de progreso en el conocimiento científico. Y si hay progreso en la ciencia
podemos suponer que habrá solución a los problemas de los hombres y mejor calidad de vida.
Ahora bien, la importancia también se vincula al lugar que ocupa la ciencia en el mundo contemporáneo.
Carlos Lista (1992, 3) sostiene que la ciencia constituye, en el mundo contemporáneo, una muy importante
fuente de validación y legitimación del conocimiento y de las decisiones basadas en él, es decir es una fuente de
poder, como lo fue la religión cristiana en la edad media europea cuando constituía el paradigma dominante para
describir, explicar y predecir la realidad. Por lo tanto no es inocente calificar de científico a algún conocimiento.
Así las ciencias constituyen un «saber especializado» que dota de autoridad a las decisiones que tomen
quienes deben servirse de él. Y esto tiene que ver con nuestra vida cotidiana, tanto como los tubos de ensayo y
56 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

los laboratorios, a los que frecuentemente asociamos con la palabra ciencia. Pensemos en la economía o en la
política, que involucran medidas que están orientadas, guiadas o determinadas por algún tipo de saber teórico
al respecto. Estas dos disciplinas han creado un «saber especializado» que sirve de base para el diagnóstico y
adopción de políticas concretas.
A pesar de tanto consenso sobre el valor de la ciencia, esta es cuestionada, sin embargo, por autores dedi-
cados a ella. Por ejemplo Feyerabend afirma que la ciencia ya demostró su poder cuando en la historia venció al
mito, a la religión y a la brujería; pero esto no hace que sea la mejor forma de conocimiento; por ello no puede
excluir otras formas cognoscitivas para la resolución de los problemas humanos.

2. DESARROLLO DE LAS CIENCIAS

1. Concepción clásica de las ciencias

a. Concepción griega
Nos ubicamos en el período de gestación de la ciencia; siglo VI A. C. en Grecia en razón de que aquí encon-
tramos, desde nuestra visión occidental, un esfuerzo sistemático del hombre griego por acceder al conocimiento
verdadero, por encontrar explicaciones racionales y por justificar las afirmaciones que realizaban no quedándose
en los hechos individuales.
El pensador griego busca distinguir el conocimiento cierto y seguro del mudable y contingente. Así, Aristó-
teles diferencia dos grados del saber: experiencia y ciencia. La experiencia es un tipo de conocimiento mudable
y contingente que está ligado a lo individual, a lo que ocurre con respecto a fenómenos aislados, que sólo puede
describir lo que ocurre, y sobre lo que puede lograrse un conocimiento inseguro y opinable.
¿Cómo se constituía ese otro grado del saber que era el conocimiento científico o la ciencia?
Para entender esa concepción de la constitución de la ciencia, hay que tener en cuenta que:

La complejidad de los fenómenos naturales se explicaba partiendo de cierto número de ideas y relaciones simples
y fundamentales.
En la base del conocimiento había principios primeros de la ciencia, evidentes por sí mismos, a los que se conocía
por una especie de intuición, de los cuales se podían deducir otras verdades, usando las leyes y reglas del razona-
miento correcto que la lógica proporciona.
Este era un procedimiento aplicable a todas las ramas del saber, en las que la lógica y la matemática ocupaban
un lugar fundamental ya que proporcionaban los instrumentos, para aplicar la razón en la deducción de verdades
más particulares.

Para aclarar lo afirmado anteriormente tomaremos un principio que Aristóteles enuncia en su libro Mecánica:
El cuerpo en movimiento se detiene cuando la fuerza que lo empuja deja de actuar.
Veremos cómo este principio nos sirve para ejemplificar la concepción clásica de ciencia.

A Aristóteles se le atribuyen cientos de libros, Los griegos vivían pensando filosóficamente


los que no han sido todos encontrados y hay acerca de todo lo que los rodeaba, a tal punto
muchos no conservados. Se dedicó, como era que un tema muy popular en la Antigüedad era
común en la época, a casi todas las ramas del la burla que se hacía de los filósofos, especial-
saber: lógica, biología, física, política, ética, mente en el teatro, ya que se los caracterizaba
zoología, etc. En la Edad Media sus obras no se caminando ensimismados, pensando en la
difunden por Europa, luego entre los siglos XII constitución del mundo y cayendo en un pozo
y XIII se las recupera en traducciones árabes ciego (Guibourg, 1986)
y se expanden con éxito en el mundo, siendo
influyentes en todo el pensamiento occidental.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 57

Este principio no es totalmente verdadero, al menos no en todas las posibilidades que brinda esa relación
entre el movimiento de un cuerpo y la fuerza que sobre él se ejerce. Después de Aristóteles se avanza sobre el
estudio del “movimiento” de los cuerpos, que es todo un tema en física, y es Galileo quien establece distinciones
que le permitieron a Newton formular el llamado “principio de inercia” que nosotros aprendemos en la escuela y
que en un esquema absolutamente simplificado nos llevaría a decir: que aquél cuerpo del principio aristotélico,
puede seguir en movimiento aun cuando la fuerza que lo impulsaba ha dejado de actuar, justamente por inenercia.
La pregunta que no dejaron de hacerse los científicos y los filósofos de la ciencia es: ¿cómo pudo mantenerse
aquella afirmación aristotélica si era falsa?
Según Einstein e Infeld (1939) la perpetuación de este error pudo deberse a que éste era considerado uno
de aquellos primeros principios de la ciencia que no necesitaban demostración y de los cuales podrían deducirse
otros más específicos.
A su vez este principio del movimiento aristotélico, indiscutible, tuvo sus derivaciones en otros errores que
duraron años.
Por ejemplo, Aristóteles sostuvo que: la Tierra era inmóvil y era el centro del universo. ¿Cómo pudo suceder
que hasta Copérnico, 1800 años después, se mantuviera este principio? Kuhn (1993) sostiene que tuvo vigencia
porque se relaciona de manera coherente con otros principios aristotélicos. En efecto, Aristóteles creía que, en
ausencia de fuerzas externas provenientes de los cielos, todos los elementos de la tierra permanecían en reposo
en la parte de la región terrestre que era natural a él: la tierra estaba naturalmente quieta en el centro y puesto
que la astronomía y la física de la tierra no son ciencias independientes, la tesis de una tierra fija en el centro del
universo implicaba una física del reposo y viceversa (Uba XXI, 1996:24).
Pero cuidado, que esto no implicaba que la observación no tuviera nada que ver para Aristóteles, al contrario,
ocupaba un lugar importante, a diferencia de Platón, para quien lo que realmente ocurría en el mundo real estaba
viciado, ya que el auténtico saber, el de la estética, la ética y ciencia se encontraba en el “mundo de las ideas”.

Para la concepción clásica, el conocimiento científico es un tipo de conocimiento cierto y demostrativo de las
cosas por sus causas; que versa sobre lo universal y necesario presente en dichas cosas. Se estimaba que era
posible conocer el orden natural en las cosas de la naturaleza, de allí que el conocimiento obtenido se considerara
cierto (en el sentido de certeza).

Así, nos dice Klimovsky (1994), que si se le hubiese preguntado a Aristóteles cómo captar las leyes de la
dinámica, habría contestado que había que sentarse en el puerto del Pireo, observar cómo se mueven los barcos y
consignar la relación que hay entre la velocidad que adquieren en relación con la fuerza que los impulsa, que se
estima por el número de remeros que emplea cada nave. Esto no obstaba a que se siguiera afirmando que estaba
en la naturaleza de los cuerpos el moverse siendo esto un principio general que no necesitaba demostración.
De aquí podemos enumerar tres condiciones de lo que a partir de Aristóteles podría ser definido como ese
tipo de conocimiento específico que se llamaría científico;

1. La ciencia es un tipo de conocimiento de lo «universal», que resume lo que ocurre en todos los casos
bajo las mismas condiciones. Por ejemplo en el ámbito de la física, a Aristóteles le interesaba estudiar el
comportamiento de todos los cuerpos cuando se detenía la fuerza extraña que lo impulsaban y para poder
explicar esta relación no podía detenerse en sólo lo que ocurría en un cuerpo en particular cuando se
quitaba la fuerza que lo empujaba.
Pero debemos ser cautelosos y no asignarle ambiciones propias del hombre moderno a Aristóteles; tanto
a este como a todos los hombres de ciencia clásicos, no les preocupaba el hecho de que era necesario estudiar
empíricamente una gran cantidad de casos para poder llegar a sostener algún principio universal, del tipo: «Todos
los x son y», como sí fue vital desde la modernidad.
58 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

Aristóteles consideraba la investigación científica como una progresión que iba de las observaciones a los prin-
cipios generales, para luego volver a las observaciones.

En la antigüedad la universalidad se ligaba a la esencia de las cosas, a lo necesario (en tanto no puede ser
de otra manera), a una esencia propia de las cosas que configuraba un orden de la naturaleza que era inmutable
y permanecía como tal por más que se estudiara el comportamiento de pocos o muchos cuerpos en condiciones
similares. Así, por ejemplo el hecho de que los cuerpos se muevan en ciertas condiciones, como dijimos, presu-
pone el primer principio de que está en la naturaleza de los cuerpos el moverse.

2. La ciencia es un conocimiento por sus «causas», la ciencia no se limita a describir las cosas que ocurren
sino la causa de esto. La ciencia se constituye en cuanto se indague el «por qué» ocurren determinados
fenómenos, cuando pueda explicarse, en el ejemplo de la inercia, porqué el cuerpo no se detiene cuando
deja de actuar sobre él una fuerza extraña.
Entre las causas, que enumera Aristóteles, hay una que adquiere singular importancia; la llamada causa final,
que implicaba que la ciencia no sólo averiguaba el por qué ocurrían los fenómenos sino para qué. Era necesario
investigar «con el fin de qué» ocurrían los fenómenos.
Por ejemplo, los cuerpos no sujetos se mueven hacia la tierra con el fin de alcanzar su lugar natural es con-
siderada una afirmación aristotélica de carácter finalista o teleológica.

3. La ciencia justifica sus afirmaciones, da explicaciones de ello y demuestra lo que afirma. Esta demostra-
ción, que es dar pruebas de la afirmación que se realiza, en esta concepción clásica se logra desprendiendo
unas verdades científicas de las otras más generales y primeras, a través del razonamiento lógico, utilizando
el método deductivo.

El contexto del pensamiento clásico


Es interesante pensar cómo la forma de vida, la cultura, el tipo de relaciones entre los griegos y entre estos y
sus enemigos, así como tantas otras cuestiones no tan teóricas como el concepto de ciencia, sino más bien prácti-
cas, como la dinámica de la vida misma, pueden alimentar una forma específica de pensar sobre el conocimiento.
La cosmovisión de la época permitía relacionar los distintos aspectos y grados del saber; no había una dis-
tinción tajante entre objetos de estudio y métodos de trabajo, ya que lo importante era la búsqueda de la verdad.
Y esto se entendía que perfeccionaba al ciudadano del Estado, ya que este problema era fundamental para el
hombre griego, cuyo pensamiento era primordialmente filosófico político. Este era precisamente el motivo para
dedicarse a la ciencia.
Así también, esta búsqueda de la verdad y la concepción sobre los aspectos sociales griegos se vinculan
a una jerarquía en las ciencias. En efecto veamos que Aristóteles distingue tres tipos de ciencia; teoréticas,
prácticas y productivas. Las primeras incluyen un grupo del saber que hoy abarcaría las ciencias puras: ma-
temática, física, biología. Las segundas son las ciencias del hacer relacionadas con la provisión de normas para
la conducta humana; la ética, el derecho y la política. Luego vienen las ciencias productivas que serían como
ciencia aplicada o técnica. Estas eran las más desprestigiadas ya que correspondían a los trabajos prácticos, que
eran propios de los esclavos.
Esta desvalorización del «hacer» correspondiente a los esclavos, puede dar una pista de porque la ciencia
clásica no tuvo gravitación sobre el desarrollo de las técnicas, salvo algunas cuestiones puntuales. En cambio
las ciencias de la contemplación le correspondían al hombre libre, que era el ciudadano; aquel dedicado a la
búsqueda de la verdad en sus diferentes formas y alejado de los trabajos manuales inferiores. Estos hombres
eran los encargados de pensar sobre las mejores normas para lograr el mejor Estado, que era la finalidad que
orientaba la política del griego.
Y como de derecho es de lo que más hablaremos durante estos años, debemos decir que, en algunas épocas
históricas de Grecia, los ciudadanos griegos participaban en la creación del derecho cuando se reunían en las
asambleas (ellos fueron los padres de la democracia directa).
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 59

La aplicación de la ley también quedaba en manos de los ciudadanos, los que reunidos en Tribunales decidían
qué pena aplicar a quien hubiese violado la ley. Cada persona se representaba a sí misma frente a los tribunales
y esgrimía su defensa; no existía la figura del abogado y tampoco tenían juristas con una especial preparación
técnica; carecían del profesional del derecho.
El derecho romano fue el elemento cohesionante de todo el imperio romano, y con él surgieron especialistas
y técnicos, como los magistrados y los jurisconsultos.

b. Concepción medieval de ciencia

Durante la última parte de la Edad Antigua, y toda la Edad Media (que comienza cuando cae el Imperio romano
de Occidente), continúa la cosmovisión deductivista, en el sentido de considerar que hay primeros principios de
los cuales se deducen otras verdades, pero su base filosófica es el teocentrismo (Dios en el centro y en el comienzo
de todo) que ubica a la teología en la cúspide del conocimiento.
Esto da lugar al llamado iusnaturalismo que tendrá virtual importancia en la conformación del derecho y los
estudios sobre el derecho. El iusnaturalismo teológico es una concepción, que en el derecho, supone que éste debe
formarse sobre la base de un derecho natural compuesto por principios morales cuya fuente es Dios.

El pensamiento de la Edad Media


La razón de este subtítulo está en que no compartimos la opinión que sostiene que durante la Edad Media hay
un oscurecimiento de las ciencias. Por el contrario, estimamos que es un período de transición en el que se van
sentando las bases del pensamiento científico moderno, a través de la reflexión entre lo teológico y lo racional.
Desde el siglo V d. C. hasta el siglo X d. C el único saber legítimo es aquél que se vincula al orden natural
establecido por Dios. Desde la aparición del cristianismo en occidente queda relegada la pregunta sobre los fenó-
menos naturales en tanto no puedan encontrar la última respuesta en la teología. Como la fuente del conocimiento
es Dios, éste se obtiene a través de los textos religiosos, por ello desaparecen los escritos que no fueran acordes
a la cristiandad (entre ellos los griegos).
Estos primeros principios están construidos por verdades incuestionables y reñidas con la razón; la fuente
de autoridad es Dios, si hay alguna ciencia es la fundada en esos principios, cualquier otra es censurada, incluso
con la muerte.
Los que pretendían hacer ciencia debían dedicarse al comentario de los textos clásicos y si había conflictos
de posturas, la cuestión se resolvía recurriendo a la cita de algún pasaje de los textos canónicos. Imaginemos lo
difícil que podía ser esto, ya que había colisión de primeros principios entre ambas posturas, por ejemplo, para
Aristóteles el mundo era eterno e increado, todo lo contrario que para el cristianismo.

Umberto Eco retrata toda esta perspectiva medieval en su libro de novela El nombre de la rosa (1993), y así le
hace decir al sacerdote Jorge: “...Antes mirábamos el cielo, otorgando sólo una mirada de disgusto al barro de
la materia; ahora miramos la tierra, y sólo creemos en el cielo por el testimonio de la tierra. Cada palabra del
filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo”.

Quien intenta realizar la síntesis en el siglo XIII entre el pensamiento laico del aristotelismo y el cristiano,
fue Santo Tomás de Aquino, cuya autoridad es reconocida por la Iglesia. El autor, entre tantos aportes, trata de
conciliar la fe y la razón teniendo como base el pensamiento cristiano, así sostendrá que la «fe es la plena rea-
lización de la razón».
Esta recuperación del saber se debe también e impulsa a su vez, a la creación de las primeras universidades
europeas (Padua, Oxford, París) y la de Bologna en Italia (siglo XII), dedicada al Derecho, que la mencionamos
en tanto se vincula a nuestro objeto de estudio. Esta nace para poner orden en la confusión legislativa que había
por efecto de la invasión de los pueblos llamados bárbaros, que originaba una superposición de normas jurídicas
árabes y romanas.
60 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

La creación de las Universidades, en tanto “centros del pensar”, contribuyen a la gran ruptura del “saber
cristiano” fundado en la fe; ya que fue inevitable que fluyeran otros tipos de preguntas sobre el conocimiento.
Poco a poco, la razón y la pregunta sobre “lo observable” comienzan a imponerse, así como la indagación sobre
métodos racionales para trabajar y avanzar científicamente. En este sentido es en la Universidad de Padua entre
los siglos XIV y XVI donde aparece una teoría metodológica que simboliza la fusión entre la fe y la búsqueda
de lo racional. Esta teoría según Needham (1972) incluía varias fases, siendo la primera la selección, entre los
fenómenos en discusión, de caracteres que parezcan comunes a todos ellos. La enumeración completa se consi-
deraba innecesaria por la fe en la uniformidad de la naturaleza, como parte de la obra divina.
El ejemplo clásico de los dos tipos de saberes- el de la fe y el de la búsqueda racional- lo vemos en el relato
de la reunión entre aquel astrónomo escolástico (educado en las doctrinas de Santo Tomás) y Galileo, hombre
de «ideas modernas». Según cuentan, éste le ofreció al escolástico que mirara por su telescopio las lunas de
Júpiter, que acababa de descubrir. El hombre se negó; adujo que las lunas de Júpiter no podían existir, dado que
no figuraban en el tratado de astronomía de Aristóteles, y que si el telescopio dejaba verlas era porque debía ser
un instrumento diabólico (Guibourg, 1986: 184).

3. CONCEPCIÓN MODERNA DE LAS CIENCIAS


Cuando decimos período clásico de la ciencia lo hacemos sobre todo para diferenciarlo del período moderno
que constituyó una verdadera revolución en todos los campos y que dio el puntapié a la creación de los méto-
dos y conceptos que hasta hoy nos parecen formar parte de nuestro concepto de ciencia. Es decir la idea que el
conocimiento científico es un tipo de conocimiento cierto, seguro, verificable, sistemático, objetivo y metódico
como acostumbramos a estudiar y por lo tanto a pensar, nace en esta época.
Podríamos decir que desde el siglo XVI y más específicamente en el XVII, el mundo asiste a una serie
de cambios tan profundos en todos los niveles que serían imposibles describir en pocas palabras. Durante este
período llamado del Renacimiento tardío, ubicado en la Edad Moderna, las condiciones sociales y culturales
estaban maduras para que aconteciera lo que se llama el giro copernicano» en la ciencia, que hace referencia a
un modo de pensar totalmente distinto al que le precedía.
Las grandes protagonistas son las ciencias exactas y naturales, pero también se piensa en el hombre y en
lo social, aunque no separado de la ciencia natural todavía, sino fundido con ella. Ni tampoco alcanzando un
grado de sistematicidad que pudiera distinguir las disciplinas sociales entre sí. En las preguntas sobre el hombre
y lo social la influencia de la racionalidad de la modernidad se da bajo la forma combinada del iusnaturalismo
racionalista y los principios empiristas que se imponían en las ciencias naturales y más que nada en la física.
Hasta el momento las preguntas de los filósofos sobre aspectos sociales o humanos desde la modernidad,
se ven ampliamente influenciados por el iusnaturalismo racionalista que consiste en la creencia de un orden
compuesto por primeros principios que el hombre puede conocer por medio de su razón. No hay distinción ta-
jante entre ciencias sociales y naturales, es todo un gran conglomerado de preguntas sobre el orden social, que
al estimarse que pueden deducirse de reglas de la razón es también un orden natural.
Sistematicemos ciertas características de ciencia desde la modernidad:
1. Valorización del saber racional; por oposición al teocentrismo de la Edad Media el hombre moderno
confía sólo en su razón, ésta y la experiencia serán las guías para hacer ciencia.
Y cómo no habría de ser así, si su razón le habría las puertas a un universo dominable y maravilloso!
Desde el descubrimiento de América, los grandes avances en la física; como la caída de los cuerpos de
Galileo, el sistema heliocéntrico de Copérnico y muchos otros que incluso le antecedieron, le demuestran
al hombre que no hay conocimiento cierto y seguro para siempre. El hombre debe dudar y su razón le
dará la guía para avanzar en el conocimiento.
2. Creación de la técnica; desde el siglo XV hay un auge de la aplicación del conocimiento para obtener
beneficios. La ciencia no se orienta a la búsqueda de una verdad filosófica como en los griegos o en la
Edad Media, sino que ahora el moderno resuelve problemas mediante el saber. Desde el surgimiento de
la imprenta que facilita la transmisión del saber y por ende su difusión, hasta el telescopio que permite
el progreso de la astronomía, como la cartografía que posibilita el descubrimiento de América.
3. Perfección de los métodos para hacer ciencia; el método experimental y el matemático proporcionarán
al moderno la posibilidad de controlar la naturaleza y de conocer sus leyes. Hay un interés por dominar
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 61

la naturaleza objetiva y encontrar sus regularidades, así se pueden establecer leyes que permiten predecir
los fenómenos naturales.
4. Institucionalización de la ciencia, o sea, creación de los espacios para hacer ciencia, discutirla y difundirla.
Se forman las sociedades científicas donde se concentraba la discusión «seria» sobre los descubrimientos
y nuevas teorías. Desde aquí se difunden con velocidad, gracias a la imprenta, las ideas científicas a una
sociedad que está generando una mentalidad receptiva a este tipo de saber. Es más, que se entusiasma y
está dispuesta a utilizarlo, así van apareciendo los primeros tratados técnicos como: «De la Pirotechnia»
de Biringuccio en 1540, «De Re Metallica» de Agrícola, con temas de minería y la metalurgia (Pro ciencia
CONICET, 1996).
5. Distinción entre disciplinas científicas: El moderno intenta establecer el objeto que será estudiado. Las
ciencias naturales y exactas comienzan a delimitarse claramente, cada una desarrollando sus técnicas de
trabajo, delineando el empleo instrumental de su disciplina y los límites de su objeto de estudio.

3.a. El contexto de la ciencia moderna


Se considera que este proceso en el conocimiento encuentra su marco en profundos cambios políticos,
sociales y económicos en la Europa Occidental que definen no sólo una nueva concepción de la ciencia sino
un nuevo modo de concebir al mundo natural y social por oposición a la antigüedad y a la Edad media. Estos
cambios se reflejan en:

Aspectos sociales
Desde un punto de vista social es con la modernidad que aparece una nueva clase social: la burguesía, nacida
al amparo de un nuevo modo de producción: el capitalismo, el que es estimulado por los grandes descubrimien-
tos del siglo XV y XVI y por la explotación del mundo colonial. Es esta nueva clase, la burguesa, quién, con su
actividad comercial por medio del dinero, participa de la creación de riqueza necesaria para el funcionamiento
del Estado (nueva forma de organización política). Así cuando comienza el desarrollo urbano y la valorización
de la técnica se convierten en una fuente importante de ingresos que también es aprovechada por el burgués y
alentada por los monarcas (que son en esta época los gobernantes del Estado), ya que son éstos los que cuentan
con el capital necesario para las inversiones que demanda el crecimiento de la industria naciente. De esta manera
son protegidos los hombres de ciencia, quienes con su saber permiten la creación de la técnica y la aplicación
del conocimiento científico a estas nuevas industrias.

Aspectos político-jurídicos
Desde el punto de vista político en el siglo XVI se organizan los Estados, así por primera vez hay un centro
unitario de acción y decisión política que cohesiona a todos los hombres bajo una forma jurídica que los iguala
formalmente. Este cambio en lo jurídico, se contrapone a lo que ocurría en la Edad Media en la que no había
unificación legislativa y la aplicación de las leyes dependía del estamento feudal al que se perteneciera. Así, por
ejemplo los soberanos podían reconocer derechos especiales por medio de las llamadas cartas o fueros, pero sólo
a un grupo feudal en razón de la relación que lo uniera con el mismo, y emanada como una concesión unilateral
sin intervención legislativa ni extensible necesariamente a todos los hombres.
Cuando se crea el Estado, este asume el monopolio de la coacción física organizada, o sea, que es el único
autorizado a crear la ley y aplicar sanciones a quienes no la cumplan destruyéndose la malla de concesiones
unilaterales, y estableciéndose el principio de igualdad ante la ley de todos los hombres sujetos a ella. Las leyes
creadas por este primer modelo de Estado, el absolutista, son hechas a la medida de las necesidades del burgués;
aseguran el derecho de propiedad, de circular libremente, libertad de contratación etc.

Aspectos económicos
Desde el punto de vista económico comienza a desarrollarse el capitalismo, convirtiéndose el intercambio
comercial por medio del dinero en la principal fuente de poder de la modernidad; lo que consolida el poder de esta
62 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

clase social; la burguesía, que impondrá su propias pautas sociales y económicas, en alianza con la monarquía,
todos derechos que definen su poder y protagonismo en esta época.
La ciencia florece bajo las manos de los señores burgueses y crece para engrandecer este nuevo Estado al que
puede dotar no sólo de poderío económico por sus grandes aportes al ámbito militar y de navegación, sino también
de prestigio, ya que en esta época renacentista y moderna la ciencia es otra fuente de poder para los Estados.
El poder en decadencia de la Iglesia, cuya filosofía teocéntrica es desplazada por el antropocentrismo, no
implica que los hombres no creyeran en Dios o que los pensadores racionalistas fueran ateos, pero si que el
triunfador en la lucha medieval por el control político entre Iglesia y poderes políticos terrenales, que duró siglos,
fueron estos últimos. Y la razón ocupó el lugar que durante mucho tiempo ocupó la religión.

En los siglos posteriores, XVIII y XIX, acontecen nuevos hechos y más descubrimientos y más explicaciones,
se van refinando los instrumentos para dominar y para explicar a la naturaleza, y se va generalizando la idea
inductivista de ciencia que da lugar al llamado modelo naturalista de ciencia que en el ámbito específico de lo
social veremos como el modelo positivista de ciencia.

2.d - La aparición de las ciencias sociales


Las ciencias sociales, que tienen como objeto al hombre y sus producciones, (tema que se desarrolla a con-
tinuación), recorrieron un largo camino hasta dar por sentada su existencia como brazo de las ciencias empíricas.
El hombre siempre se ha preguntado por su psique, sus motivaciones y su cultura, pero en la Edad Media la
reducción a la teología impedía que esas cavilaciones adquirieran sistematicidad.
A comienzos de la modernidad el hombre está maravillado por la física; le permite ordenar el mundo natural,
y los grandes logros obtenidos en este campo hacen que cuando aparece una nueva disciplina social tenga como
modelo aquella prestigiosa disciplina y se le imponga un “plan de investigación” que debe ser cumplido bajo
pena de no ser calificada de científica.
El orden en la naturaleza se estaba logrando, era hora de preguntarse por el orden en la sociedad.
Pero como sucede en todos los ámbitos, para que haya preguntas debe existir curiosidad crítica, y así sucede
con el nacimiento de las disciplinas sociales, que vienen a cuestionar el orden dado en la sociedad europea del
siglo XVIII y sobre todo en el XIX.
Podemos decir que hasta la Revolución Francesa (1789) la sociedad no constituía un auténtico problema,
todavía era posible una visión monolítica, sin graves conflictos sobre la sociedad misma. Pero cuando la sociedad
europea entra en crisis, cuyo exponente es la revolución con sus efectos, la sociedad se convirtió en un grave
problema para sí misma a nivel de la práctica y se hizo evidente la ignorancia teórica sobre esta (Mardones, 1991).
En efecto, la revolución evidenció el poder del absolutismo del monarca y las diferencias sociales profundas
que comenzaron a surgir por efecto del capitalismo burgués. A partir de la revolución se difundieron los ideales
de los derechos del hombre y los límites al poder del gobierno.
En este proceso debemos citar en el siglo XIX la Revolución Industrial que implica una unión entre cien-
cia-técnica y progreso industrial. Los hombre conocen una verdadera revolución tecnológica que apareja la
industrialización en los países europeos centrales. Las maquinarias posibilitan una nueva forma de producción
industrial que se acompaña de una nueva forma de trabajar de los hombres; en conjunto y en serie.
La producción artesanal está siendo, poco a poco, suplantada por la producción en masa de manufacturas,
lo que no puede dejar de generar impactos a nivel social. En efecto, la producción es organizada por el dueño
capitalista (perteneciente a la clase burguesa) que impone sus condiciones de trabaja a un grupo de asalariados
que ven en las máquinas a sus competidores.
Entonces no todo es buenaventura; pues si bien hay un crecimiento técnico impresionante que capacitó y
alivió el trabajo humano, que permitió la difusión de educación, cultura y mejores condiciones de vidas; no es
menos cierto que estas condiciones lo eran sólo para ciertos grupos, porque la gran masa de trabajadores que
había crecido atraídos del campo a la ciudad por la industria, vivía en condiciones de explotación.
De allí que hay un fuerte cuestionamiento a las condiciones de vida que aparejaba ese progreso técnico, que
llevó a la sociedad intelectual a preguntarse por un nuevo equilibrio social.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 63

El hecho es que estos dos momentos, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial, dejan abierto el
camino para un impulso a las ciencias del hombre y fundamentalmente para las que conciernen a la sociedad.
Comienza a estudiarse, a partir del siglo XIX, de manera sistemática el hombre, su lenguaje, sus costumbres, las
instituciones que va creando, su cultura.
Los hechos históricos tienen importancia en la configuración de las ciencias sociales porque, de una u otra
manera, si el objeto de estas disciplinas es el hombre y la sociedad, estas ciencias nacían para explicarlos, des-
cribirlos, transformarlos o simplemente justificarlos.
La ciencia social nace simultáneamente en las obras de Comte y de Marx; el primero dio paso al posi-
tivismo y a partir de Marx se forma una línea de pensamiento llamada crítico-dialéctica. Ambos modelos
–positivista y dialéctico- son igualmente antiguos. Esta vecindad en el tiempo explica la similitud de algunos
de sus presupuestos: por ejemplo la consideración del carácter objetivo de la realidad social y la confianza
en los logros de la razón científica para transformar las sociedades. Aunque ambos con teorías muy distintas
y fines políticos diversos; así para Marx las nuevas fuerzas de la ciencia harían posible que la clase obrera
se librara del sistema opresor del capitalismo. Para Comte y sus seguidores, la ciencia positiva promovería
el progreso y formas más racionales de vida.
Ambas concepciones se originan en contextos diferentes; en Francia, Comte crea en el siglo XIX la socio-
logía bajo el modelo estricto de las ciencias naturales respondiendo al modelo de la física ya que ésta había sido
la “ordenadora” del mundo.
En Alemania no hay un desarrollo del naturalismo tan fuerte y surgen otras corrientes que se oponen al po-
sitivismo naturalista, algunas de ellas tendrán como base al marxismo, otras compartirán sólo algunos puntos.
Luego veremos el pensamiento alemán del historicismo.

2.d.1. Las ciencias sociales positivas bajo el modelo naturalista


Porqué las ciencias sociales, bajo el modelo naturalista, aspiraban a encontrar su modelo en las naturales?.
La respuesta podría ser que son estas las que proporcionan el ejemplo más claro del progreso de la ciencia
a través del dominio de los fenómenos que logran.
Por ello a la sociología, en principio se la llama “física social”, siguiendo el modelo de la física natural,
por lo que al conjunto de características que definen a las ciencias en ese momento se lo designa como modelo
naturalista de ciencia. Modelo que adquiere gran prestigio e importancia por sus posibilidades explicativas y
que se consolida en el siglo XIX bajo el nombre de empirismo o positivismo.
Todas las disciplinas sociales se llaman “ciencias positivas” bajo este modelo y se van formando bajo los
presupuestos que les permitirían ser consideradas “verdaderas ciencias”; que implicaba;
1- Utilizar el mismo método que las ciencias naturales: esto es tener como base y fin la experiencia, poder
matematizar si fuera posible y cuantificar (medir) sus objetos de estudio.
Dentro de las posibilidades que brinda el método general de comprobación empírica, el método más utilizado
sería el inductivo que propone partir de la observación de casos singulares para poder obtener una conclusión
fundadamente general.
2-Un conocimiento absolutamente objetivo, esto es que no presente dudas sobre la certeza de haber alcanzado
la verdad. Esto se logra con el cumplimiento exhaustivo del método científico, lo que garantiza la rigurosidad
de las conclusiones (también se desarrolla en la segunda parte).
3-Separación entre hechos y valores; los hechos despojados de valoraciones del investigador son el objeto
de estas ciencias. El investigador debe ser neutral, no comprometerse en la investigación, sino ser objetivo. El
campo de los valores es extracientífico.
4-Establecimiento de leyes: es decir encontrar las reglas constantes e invariables de las cosas. En el ámbito de
las ciencias sociales implicaba encontrar regularidades en las conductas humanas, en los fenómenos sociales, en
los procesos políticos y en todos los campos de estudios sociales a fin de establecer normas generales científicas
que permitieran predicciones en esos ámbitos.
64 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

2.d.2. El positivismo en las ciencias sociales


El siglo XX con una influencia fuerte de la tradición naturalista en las ciencias sociales, implicó alejarse de
la reflexión especulativa y filosófica, y aumentar el optimismo acerca de los resultados que podrían esperarse en
cuanto se lograra un firme fundamento científico y empírico.
Se afianzó firmemente la cosmovisión inductivista de la ciencia, esto implicaba que en la base del conoci-
miento ya no hay verdades indemostrables, ni sólo cognoscibles por la razón; la concepción inductivista pone
en la base del conocimiento la experiencia, única fuente segura del aprehender.
Pero debemos aclarar que el positivismo es un concepto escurridizo que incluye en su seno variadas corrientes.
Por eso distinguiremos entre la aparición del primer positivismo y luego el que reformuló Popper.
Aproximadamente en 1920 aparece el denominado Círculo de Viena para la comprensión científica del
mundo, formado por filósofos y científicos, preocupados fundamentalmente por la búsqueda de los límites de la
ciencia. El primer objetivo era distinguirla de la metafísica y de la filosofía.
Se impulsa para este fin estudios filosóficos del lenguaje, el que a través de la lógica sería el instrumento
más perfecto para constituir un lenguaje científico técnico.
Estos llamados positivistas lógicos establecen dos criterios de verdad para los enunciados científicos:
la verdad lógico-formal, que implica la dependencia de la corrección del conocimiento respecto de las
reglas de la lógica formal.
Y la llamada verdad fáctica que significa contrastar los enunciados científicos con la realidad a la cual
se refieren.
La importancia de esto es que proporciona instrumentos para distinguir la ciencia, ya que científico es sólo
aquel análisis de la realidad que trabaje estos dos aspectos; la relación lógico-matemática y la verificación em-
pírica. El conocimiento científico presupone ambos tipos de verdad, pero la verificación empírica es la última
prueba que debe pasar todo enunciado científico, considerando que la observación directa por medio de los
sentidos es la base del conocer.
Los positivistas lógicos más conocidos fueron; Russel, el primer Wittgenstein, Carnap, y también forma de
esta concepción un autor que es uno de los pilares de los estudios sobre el derecho, al que volverán una y otra
vez a lo largo de la carrera: Hans Kelsen.
La ciencia quedó encorsetada en criterios tan rígidos por efecto de las exigencias positivistas, que fue dentro
del mismo positivismo donde surgieron figuras llamadas “neopositivistas” que rectificaron ciertas cuestiones,
como Popper, Nagel y Hempel, que son tomados hoy como paradigmas teóricos cuando se trata de hablar de
ciencia. En la actualidad, en general, los positivistas son post-Popper, es decir admiten ciertos presupuestos del
positivismo, pero luego de haber pasado por el cedazo de las incorporaciones y rectificaciones de filósofos de la
ciencia más flexibles como Popper. Este autor es uno de los principales críticos del positivismo duro; estableció
un nuevo paradigma científico que permitió adaptar el positivismo a las ciencias sociales, ya que las exigencias
positivistas sólo eran aplicables a las naturales.
Así, afirma que nuestro saber es desde el comienzo, conjetural, hipotético, siempre sometido a revi-
sión. Por ello que el concepto de hipótesis aparece como el eje central de la ciencia neo-positivista. No hay
comprobación acabada ni definitiva, sólo hipótesis y conjeturas. Su primer pregunta apunta a cuestionar el
método inductivo: Cómo comprobar todos los casos que exige el empirismo o inductivismo para estimar
verificada una afirmación científica?
Dirá, entonces, que la ciencia no es posesión de la verdad sino búsqueda incesante de la misma, porque la
ciencia comienza con problemas, lo que implica destruir la idea positivista de que los hechos están fuera del
mundo personal y a la espera de ser conocidos y aprehendidos.
Popper legará a la historia de las ciencias sociales la idea de que no hay una realidad objetiva fuera del in-
vestigador y que toda mirada sobre la realidad presupone una interpretación previa y posterior sobre la misma.
En cuanto a la neutralidad valorativa del investigador, que para los positivistas es fundamental para lograr
un conocimiento no teñido de valores ni motivaciones personales, por lo tanto objetivo, es reformulado con los
aportes de estos neopositivistas. A partir de Popper se estima que lo decisivo no es la actitud del investigador
para lograr conocimiento objetivo, sino que, en el contexto de justificación, los logros obtenidos por el inves-
tigador sean posibles de ser controlados intersubjetivamente, es decir que sean otros investigadores o personas
con conocimiento para hacerlo, los que evalúen críticamente los resultados alcanzados.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 65

Es interesante observar cómo una concepción de ciencia, por más que pretenda estar totalmente al margen
de los contextos sociales, tiene sin embargo su relación con ella. Es el caso también del positivismo, que no sólo
implicó un gran crecimiento a nivel de las ciencias, sino que tuvo efectos académico políticos muy importantes,
a partir de los cuales la ciencia define su ámbito de pertenencia, separado de los valores e ideologías.
En efecto, en Europa, cuando nace el positivismo, se difundían mitos ideológicos que daban lugar a los to-
talitarismos, que se iban expandiendo en forma creciente. Estos mitos: la raza, el partido, el Estado, se entendían
como enunciados científicos en la sociedad europea y contra estos, el positivismo erige el arma de lo científico;
como una forma de quitar la irracionalidad y evitar que la ciencia sea utilizada como justificativo intelectual de
aberraciones políticas (Pinto, 1995).

2.e. Las alternativas antipositivistas


Durante el siglo XIX y XX el hombre no descansa, pone en duda y critica los supuestos positivistas sobre
los cuales se están construyendo las llamadas “ciencias sociales”. Así surgen diversas tendencias intelectuales
opuestas al positivismo, que agrupan a historiadores, filósofos y científicos que sostienen la necesidad de no
confinar las ciencias sociales a la comparación con las naturales.
Los debates que inauguran estas nuevas tendencias giran alrededor de la noción que el hombre es un producto
cultural, imposible de ser estudiado como un ser natural, por ello requiere de una metodología sustancialmente
diferente a las de las ciencias naturales.
Entre estas líneas que reaccionan frente al modelo positivista, podemos mencionar el pensamiento alemán
del historicismo que surge en Alemania, donde el clima intelectual y político en el siglo XIX era distinto al de
Francia, en el cual la influencia del racionalismo positivista era notoria.
En Alemania durante la segunda mitad del siglo XIX, el desarrollo del capitalismo, el afianzamiento
de la burguesía en el poder y la unificación nacional, se daban con mayor lentitud que en los otros países. A
ello se habría de agregar más tarde el auge del marxismo con un profundo cuestionamiento al capitalismo,
todo lo cual contribuyó a crear un clima de incertidumbre y menor confianza en una ciencia social positi-
vamente fundada (Lista, 1992: 19).
Surgen, al igual que los del Círculo de Viena, hombres de diversas disciplinas y líneas de pensamiento,
pero unidos por la empresa común de refundar las ciencias sociales con otras bases: Max Weber, Von  Ranke,
Windelband, Dilthey, Droyser, etc.
Entre ellos, Dilthey en su obra Introducción a las ciencias del espíritu (1956) marca las diferencias en el
objeto y  en  el método entre las ciencias naturales y las sociales.
Sostiene que el campo de investigación de las ciencias naturales es la naturaleza, o sea lo externo y ajeno
al hombre, el medio. El campo de las ciencias del espíritu (así las llama), en cambio es un producto del espíritu
humano; la cultura, tal como ha sido creada históricamente por el hombre. De ahí que las formas de conocimiento
de ambos campos, así como las actitudes de los investigadores respecto de ellos, sean radicalmente diferentes;
en las ciencias naturales se trata de explicar lo que sucede en el mundo. En cambio en las ciencias del espíritu, el
mundo cultural histórico constituye fundamentalmente un mundo humano, propio del hombre, en el que puede
darse un proceso interno de comprensión, sólo posible desde la propia experiencia humana.
En definitiva, el investigador y la realidad investigada en las ciencias del espíritu pertenecen al mismo universo;
lo que se da es una unidad objeto-sujeto que permite la comprensión desde dentro de los fenómenos históricos.
El hombre puede comprender su mundo histórico-social porque forma parte de él. Las ciencias naturales han de
limitarse a la explicación de los fenómenos externos, esto es, al estudio de la causalidad.
Todas las posiciones que de allí surgieron configuran un modelo de ciencia distinto y explícitamente opuesto
al positivismo, con una metodología propia, que busca dotar a las ciencias sociales o humanas de un estatuto
científico propio.
Se aspira a comprender al objeto de estudio y esto permite justificar la existencia de las ciencias humanas
o del espíritu; el hecho de que en estas ciencias el objeto de estudio es el mundo del hombre, algo creado histó-
ricamente por el mismo. Por esta razón no se puede desvincular el investigador y la realidad investigada en las
ciencias humanas; o dicho de otra manera; aquí se basa la identidad sujeto-objeto, típica de las ciencias del hombre.
Esta comprensión o hermenéutica, como se la llama, haciendo alusión a lo que esta significa: interpretar,
aspira a captar el significado de los actos y fenómenos sociales; he allí el verdadero papel del investigador social.
66 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

Se parte de la singularidad y riqueza de los hechos del mundo de la vida, hechos básicamente irrepetibles que
no pueden ser reducidos a leyes empíricas, como pretendían los positivistas.
Para estas corrientes el sentido de los procesos o fenómenos sociales no se adquieren sólo con la observación,
porque la observación misma da lugar a interpretación acerca de su sentido. Así sostiene Agulla (1998,15) que:
Observemos el lanzamiento de una jabalina. Se trata de un movimiento observable, pero en realidad puede ser
tanto un acto de guerra (hecho por un guerrero), como un ejercicio de caza (hecho por un cazador) o una prueba
deportiva (hecha por un atleta) o un ritual religioso (hecho por un hechicero). Como se advierte en el ejemplo
citado, lo que sea el simple lanzamiento de una jabalina (un movimiento observable) depende de la adscripción
de un sentido a ese movimiento físico. Y ese sentido que se adscribe depende de una definición socialmente
condicionada por una situación histórica con toda su carga cultural (normas, pautas, valores, tradiciones, ins-
tituciones, etc.) que, evidentemente, definen tanto la aprehensión del comportamiento humano históricamente
relevante, como su descripción fenoménica.
Las diferentes reacciones al positivismo se desarrollan en distintas direcciones y van adquiriendo identidades
y nombre más específicos en las distintas disciplinas; surgen las líneas de los fenomenólogos, los interpretativistas,
así como los críticos- dialécticos (autores que sólo toman algunos aspectos de Marx), y otras líneas y autores.
Las líneas de pensamiento no son susceptibles de caracterización tan rígida, ya que los autores van adop-
tando diversos presupuestos pertenecientes a líneas originariamente distintas. Nosotros optamos por describir el
pensamiento alemán del historicismo en su versión hermenéutica, como alternativa al modelo positivista, pero
no son los únicos que se formaron. Por ejemplo, Marx no puede ser incluido en ninguna de las categorías dadas,
ni llamarlo antipositivista ni ubicarlo como hermenéutico, pero algunas líneas de la crítica-dialéctica que él
inaugura, adoptan ciertos presupuestos suyos, más la hermenéutica más una crítica al positivismo.
Estas posiciones también tendrán influencia en el ámbito de lo jurídico, constituyendo distintas maneras de
concebir al derecho y a los estudios sobre el mismo. Aparecerán tendencias alternativas en los estudios del dere-
cho que adoptarán presupuestos hermenéuticos, otros marxistas, otros combinados con el positivismo. Nosotros
luego veremos un enfoque crítico sobre el derecho.

2.f. Un desacuerdo básico


Podemos apreciar que desde el momento en que aparecen las ciencias sociales ya no podemos hablar de un
único modelo de ciencia, sino de diferentes formas de concebirla de acuerdo a los paradigmas, cosmovisiones
o concepciones.
El esquema cerrado y organizado del período clásico y moderno de ciencia cede lugar a la multiplicidad
cuando se trata de hablar de concepciones contemporáneas de ciencia.
Como vemos, las ciencias sociales han sido siempre, desde su nacimiento, objeto permanente de discusiones
entre los filósofos de la ciencia. Están aquellos que le niegan a las ciencias sociales el carácter de “ciencias”
esgrimiendo razones varias; que nunca alcanzaron el rigor explicativo de las naturales, que no pueden predecir
y mucho menos formular leyes, etc.
Otros filósofos defienden su cientificidad, y a otros no les parece relevante la polémica.
Dentro de las distintas disciplinas se generan también debates; en nuestro campo del derecho hay líneas de
pensamiento que sostienen que los estudios sobre el derecho no constituyen una ciencia, y están quienes admiten
su condición de tal, aunque concomitantemente se presentan distintos modelos de ciencia jurídica. Debemos decir
que en este siglo también se están dando discusiones epistemológicas en el campo de las ciencias naturales, con
cuestionamientos que hasta hace poco eran sólo del ámbito de las ciencias sociales.
Si el desacuerdo fuera sólo de palabras, uno podría hacer como uno de los padres del sicoanálisis, Lacan,
que se negaba llamar a sus estudios sicológicos “ciencia” y los designaba con el nombre de “prácticas”. El
problema es, y volvemos a la introducción de este tema, el valor que tiene la ciencia, desde la modernidad. Y
el prestigio y poder que otorga la cobertura científica de las afirmaciones que se realizan. Incluso la ecología
encuentra resistencia a su calificación de disciplina científica (y eso que no es una ciencia social...todavía). Las
razones pueden ser muy valederas, pero se debe evaluar que el día que se la reconozca como ciencia, tendrá que
concedérsele un lugar especial en el mundo que hasta hoy no tiene.
El hombre crea su cultura; esto es, transforma la naturaleza con un sentido, y a través del conocimiento
de sus producciones podemos conocer al hombre mismo, pues se trata de estudiar un ser cultural que va cons-
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 67

tituyendo sus propias condiciones de vida; sus costumbres, su derecho, tradiciones, símbolos etc. Quien crea
cultura es quien la estudia, y es esta fusión la que ha provocado numerosas polémicas acerca de su efecto sobre
la imparcialidad de las investigaciones.
Es claro que las características humanas definen un objeto de estudio diferente a los animales y a cualquier
ser vivo, lo que hace imposible controlar sus comportamientos con inflexibilidad. Mientras un físico puede
predecir con certeza qué sucederá con determinados metales expuestos al calor, un sociólogo no puede hacer lo
mismo con un fenómeno o acontecimiento social.
Esto ha llevado a que en la actualidad, desde Popper en adelante, no haya filósofos de la ciencia que aspiren
lograr que la conducta humana, los fenómenos sociales, los procesos políticos y todo lo que pueda ser estudia-
do como producto humano, pueda ser abordado bajo el supuesto de encontrar y poder enunciar regularidades
ciertas que pudieran ser contenidas en “Leyes” y en grado sumo en “Teorías” al estilo de las ciencias naturales.
Nagel (1968), filósofo de la ciencia, sostiene que habitualmente en las ciencias empíricas nos atenemos a
explicaciones probabilísticas en las que las premisas explicativas contienen una suposición estadística acerca de
alguna clase de elementos. Las generalizaciones que se pueden obtener no pueden ser universales, como en las
ciencias naturales. Se conforman, entonces, probabilidades estadísticas que tratan de expliqar los fenómenos
sociales con métodos propios de las ciencias sociales.
Pero debemos dejar en claro que estas cuestiones deben leerse en el marco de una discusión, porque no para
todos los epistemólogos, o científicos o filósofos de la ciencia es importante la cuestión de la “cientificidad” de
la ciencia sociales en comparación con las naturales. Muy por el contrario, les parece una discusión fútil.
El hecho es que las ciencias sociales no dejan de ser un campo de batalla de filósofos, epistemólogos y cien-
tíficos que discuten y reelaboran sus propias estrategias para acercarse de la mejor manera a su objeto de estudio.
1. Una de las alternativas antipositivistas
Durante el siglo XIX y XX el hombre no descansa, pone en duda y critica los supuestos positivistas sobre
los cuales se están construyendo las llamadas «ciencias sociales». Así surgen diversas tendencias intelectuales
opuestas al positivismo, que agrupan a historiadores, filósofos y científicos que sostienen la necesidad de no
confinar las ciencias sociales a la comparación con las naturales.
Los debates que inauguran estas nuevas tendencias giran alrededor de la noción que el hombre es un producto
cultural, imposible de ser estudiado como un ser natural, por ello requiere de una metodología sustancialmente
diferente a las de las ciencias naturales.
Las diferentes reacciones al positivismo se desarrollan en distintas direcciones y van adquiriendo identidades
y nombres más específicos en las distintas disciplinas: surgen las líneas de los fenomenólogos, los interpretati-
vistas y otras líneas de pensamiento como la de la escuela de Frankfurt que si bien tienen una base marxista, se
oponen al determinismo materialista del mismo y desarrollan una línea de trabajo antipositivista.

TEORÍA CRÍTICA - La Escuela de Frankfurt 1


La denominación «teoría crítica» surge para caracterizar la labor de un conjunto de intelectuales en los años
treinta y cuarenta, así como su proyección en una segunda e incluso en una tercera generación de pensadores
alemanes unidos por varias cuestiones. El programa propuesto por Horkheimer en su discurso de toma de posesión
de la Dirección del Centro en 1930, que nucleaba a estos pensadores, tenía la pretensión de fundar una teoría
interdisciplinaria, caracterizada por un compromiso práctico. No obstante, la validez de una concepción unitaria,
con presupuestos teóricos homogéneos entre los autores de esta Escuela, ha sido cuestionada por algunos de los
principales historiadores de la misma. Por ello sería más adecuado referir-se a la existencia de diferentes «teorías
críticas» en el marco de la tradición generada por el Instituto (Colom González, 1992).
Esta escuela adquiere su verdadera difusión en los años 60 del siglo XX y constituye una propuesta básica
de construir, a partir de la convergencia de varias disciplinas, una teoría satisfactoria de la sociedad capitalista
de la modernidad, sin ocultar sus fallas y anomalías.
Hay una primera generación de autores formada por Adorno, Horkheimer, Marcuse, Benjamín. Y una segunda
generación, como Offe y Habermas.

1
Las ideas aquí expuestas son una síntesis adaptada para este texto de las ideas sobre la Escuela de Frankfurt contenidas en: Bonetto,
M. S., Piñero, M. T. El Conocimiento de la política. Advocatus. 2000.
68 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

El punto de convergencia común entre las diversas propuestas dentro de esta Escuela, es la de construir
una teoría crítica de la sociedad que dé cuenta del dominio y la opresión, unido a un compromiso práctico en
la construcción de una sociedad más humana. Esto surge de los cuestionamientos que realizan sus seguidores a
las condiciones socio económicas del capitalismo en general y en particular en las que vivían los hombres en la
época en que escribían, que consideraban en contradicción con los ideales de libertad y justicia que ya estaban
universalmente concientizados.
Si bien estos autores reconocen algunos supuestos del marxismo, se alejan de muchos otros que postula
esa corriente. Le adjudican al marxismo de los años 20 y 30 el destino de haber quedado reducido a ser
funcional al estalinismo ruso.
Aunque la definición epistemológica de la teoría crítica aparece con claridad en un ensayo de Horkheimer
de 1937 titulado "Teoría tradicional y teoría critica", ya es claro desde sus inicios que esta perspectiva busca
apartarse del modelo positivista en las ciencias sociales. Proponen un compromiso práctico desde una perspec-
tiva teórica orintada a construir una sociedad más racional y humana, alejándose de la neutralidad y distancia
propuesta por aquella.
La teoría crítica de esta Escuela se define como una unidad de teoría y praxis. Esto es así porque su crítica
sólo puede lograrse, si en cuanto teoría, es capaz de responder a las necesidades reales de los hombres en un
momento histórico determinado y a la vez penetrar en la conciencia de unos hombres dispuestos a la actuación
práctica. Por ello la teoría se propone contribuir al develamiento de las condiciones de opresión en que se desen-
vuelve la existencia humana a fin de contribuir a la transformación del sistema socio-económico. Comprensión
y transformación son aspectos inseparables de la teoría crítica.
Le critican al positivismo el haber llegado a una fetichización de la ciencia construida bajo el imperio
de la «racionalidad instrumental», lo que los lleva a adorar más los procedimientos metodológicos que los
resultados que pudieran obtenerse por la aplicación de la ciencia. Al contrario de aquella postura, la teoría
crítica mantiene su vinculación con el propio objeto de estudio en el cual se genera: los hombres en cuanto
productores de sus formas históricas de vida, y busca superar el establecimiento de un distanciamiento entre
sujeto y objeto propio del positivismo.
Consideran que sólo se puede lograr con un cambio en el teórico (el sujeto cognoscente) para que reconcilie
la actividad intelectual con un compromiso práctico (para la mejora del orden social).
Como este es el nudo de la propuesta, es necesario dejar en claro que la teoría crítica es siempre conscien-
te de la inserción de sus presupuestos epistemológicos en la teoría. A diferencia de otras posturas que poseen
dichos presupuestos en sus teorías pero los oscurecen, niegan incluirlos en sus abordajes o desconocen el real
significado que estos tienen.
Según Horkheimer la comprensión y transformación de la sociedad son aspectos inseparables. Por ello no se
puede analizar la sociedad existente como puro objeto externo, como un dato cuyo mecanismo de funcionamien-
to hubiera que descubrir y describir. Por el contrario entienden que se debe perforar esa «costra exterior» para
poder mirar y dar cuenta de una sociedad que va produciendo ella misma sus formas de vida y que si construye
relaciones económicas y sociales alienadas e inhumanas, son los hombres mismos los que deben transformarlas.
Un punto importante es la transformación que debe realizarse en la manera de pensar a las ciencias sociales.
Horkheimer planteó ya en la década del 30 que en la situación de las ciencias sociales existía una limitación que
provenía de la separación tajante que se había establecido (sobre todo por el positivismo) entre investigación
científica y el pensamiento filosófico. Ésta separación hizo que quedara por un lado el conocimiento empírico
de la realidad (tal como lo proponía el positivismo, para ser considerado científico) y por el otro la filosofía, que
indaga sobre los valores, la ética y las esencias, y que quedó convertida en una mera especulación porque su tipo
de reflexión se independizó de toda referencia a la realidad histórica-empírica.

Podemos apreciar que desde el momento en que aparecen las ciencias sociales ya no podemos hablar de un
único modelo de ciencia, sino de diferentes formas de concebirla de acuerdo a los paradigmas, cosmovisiones
o concepciones.

Esta separación anuló toda posibilidad de que las ciencias sociales pudieran ser críticas, en el sentido de
servir para evaluar críticamente la calidad, dirección y destino de la vida pública. Por eso la teoría crítica apunta
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 69

a crear una teoría que integre más de una disciplina en su propia formulación como teoría, uniendo la teoría y la
praxis, la evaluación sobre valores y la investigación.
La Escuela hace converger a las distintas disciplinas para dar cuenta de los problemas de la sociedad en su
verdadera complejidad y dimensión, tanto la política hasta el psicoanálisis son pertinentes para explicarla y así
poder coadyuvar a transformarla. Pero hay un especial interés en dejar en claro el papel que le corresponde a la
filosofía, ya que ésta ha sido la disciplina más antigua y la que menos fecundamente ha servido para contribuir
a la existencia práctica e histórica de la sociedad.
Incluso Habermas sostiene que la función primordial de la filosofía en este tiempo, y es por ella que man-
tiene una cierta legitimidad, es política: "Sí, necesitamos de la filosofía como fundamento de la crítica de las
estructuras establecidas de poder".
Algunos de sus supuestos generales de esta corriente de pensamiento son:
1. 1. La diversidad y multidimensionalidad de lo social y humano. Por ello desecha el monismo metodo-
lógico del positivismo. La teoría crítica no acepta proceder en las ciencias sociales conforme al modelo de las
ciencias naturales, pues el hombre no es un objeto de estudio como las materias de la naturaleza. Está dotado de
lenguaje, libertad y cultura. Es a su vez en su singularidad y subjetividad donde reside la riqueza de su estudio
y las posibilidades de emanciparse de las condiciones opresivas de [Link] historicidad.
Parten del carácter contextual de la sociedad, por ello ésta no puede ser estudiada de manera abstracta como
si se tratara de un objeto externo atemporal, ahistórico. Cada sociedad tiene su historia y sus peculiares formas
de relaciones.
1. La comprensión o hermenéutica es el método en general, en que deben abordarse los objetos sociales.
Se aspira a comprender el sentido de los procesos y acciones sociales. Estos están constituidos por acto y
sentido unidos de manera indisociable, por ello para poder estudiarlos no se puede proceder a la manera
positivista abordando sólo la exterioridad del acto como si fuera un "dato de la realidad".
2. El papel clave que juega la filosofía como integra-da a una teoría general de la sociedad que sirva así
«como el elemento reflexivo de la actividad social práctica e histórica». La filosofía como crítica no
puede ser otra cosa que teoría crítica de la sociedad.
3. El concepto eje es el de conflicto, el que está latente en las sociedades, ya que no se realizan los va-
lores de libertad e igualdad de manera completa por efecto de las hegemonías sociales (la supremacía
y dominio sobre la vida que ejercen los que tienen poder para hacer que sus intereses sean valorados
como los más relevantes).
4. Tienen un interés práctico que los guía: «mejorar radicalmente por medio de la teoría, la existencia
humana», es decir transformar, para ello le asignan valores a la teoría y no temen afirmar la conexión
existente entre el conocimiento y el interés. A diferencia del positivismo que plantea la neutralidad
axiológica en el estudio de la realidad, y que estima posible deslindar el trabajo científico del interés de
los sujetos cognoscentes.
5. La fusión entre sujeto cognoscente y objeto cognoscibles consideran que es imposible y además inútil
la separación entre el que investiga y lo investigado pues es imposible que el hombre pueda establecer
distancia de lo social ya que está estudiando aquello que es parte de su propia producción. Además esta
fusión no es vivida como una limitación, como la plantean algunos neopositivistas como Popper, sino
que es entendida como una fusión de signo positivo. En razón de ello sostiene Adorno "únicamente a
quien sea capaz de imaginarse una sociedad distinta de la existente podrá ésta convertírsele en proble-
ma...".
6. La teoría debe ser práctica, transformadora e interdisciplinaria. Es necesario una teoría que sea transdis-
ciplinaria para abordar los procesos de la sociedad en sus distintas dimensiones, que proceda hermenéu-
ticamente a fin de aprehender su complejidad real, que se comprometa en una práctica transformadora
de los conflictos sociales, siendo su misión más importante la crítica social.

Destacaron el papel positivo de la ideología ya que pusieron en relación los procesos sociales con su poli-
ticidad (por lo de la hegemonía del poder) con las teorías y su historicidad. Ahora bien, para llegar a pensar en
distintas maneras de realizar investigaciones científicas, fue necesario recorrer el camino de modelo rígidos, el
pensamiento actual surge por reformular, reaccionar y plantear otras alternativas a aquellos modelos.
70 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

BIBLIOGRAFÍA
Einstein, A, Infeld, L. (1939). La física, aventura del pensamiento. Editorial Losada. Buenos Aires
Guibourg, R. y otros. (1986). Introducción al conocimiento científico. 2ª edición. Eudeba. Buenos Aires.
Hempel, C. (1075). Confirmación, Inducción y Creencia racional. Editorial Paidos. Buenos Aires Introducción al
pensamiento científico.
Klimovsky, G. (1994). Las desventuras del conocimiento científico. Una introducción a la epistemología. AZ editora.
Buenos Aires.
Lista, C. (1992). Cuadernos de Sociología. Editorial Atenea. Córdoba.
Mardones, J. (1991). Filosofía de las ciencias humanas y sociales. Editorial Anthropos. España.
Nagel, E. (1968). La estructura de la ciencia. Problemas de la lógica de la investigación científica. Editorial Paidos.
Buenos Aires s/año de 1a edición.
Needham, J. 1972). “Las matemáticas y la ciencia en China y en Occidente» en: Barnes, Kuhn, Merton y otros. Es-
tudios sobre la sociología de la ciencia. Editorial Alianza Universidad. Madrid.
Popper, K. (1972). Conocimiento Objetivo. Editorial Tecnos. Madrid. 1974. 1ª ed. Pro CIENCIA-CONICET. Programa
de Perfeccionamiento Docente. (1996). Módulo de Pensamiento Científico.
Publicación Universidad de Buenos Aires. UBA XXI. Módulos de aprendizaje (1996). Introducción al pensamiento
científico. Editorial Universitaria de Buenos Aires.
CAPÍTULO IV

EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Y LAS CIENCIAS SOCIALES


MARÍA DE LAS NIEVES CENICACELAYA*

* Abogada, Magister en Derechos Humanos y Doctora en Ciencias Jurídicas


y Sociales (UNLP). Profesor Adjunto Ordinario Derecho Constitucional. Docente-
Investigador Cat. II.

109
SUMARIO: I. El conocimiento Científico y los métodos de investigación.- 1. Nociones
preliminares.- 2. El conocimiento científico. Sus características.- 3. Explorar, describir,
explicar, predecir.- 4. Los campos disciplinares.- 5. El proceso de investigación científica.-
6. Los métodos de investigación.- 7. Los métodos cuantitativos y cualitativos.-II. La
investigación científica en la Universidad.- 1. Antecedentes.- 2. La investigación en el
campo del Derecho.- 3. La investigación en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.-
III. El perfil del abogado docente-investigador.- IV. Bibliografía.

I. El conocimiento Científico y los métodos de investigación


1. Nociones preliminares
La palabra ciencia es un término ambiguo, ya que tanto puede
referirse a un proceso cuanto al resultado del mismo. En el primer sentido,
equivale a investigación científica, es decir, a una búsqueda metódica de
la verdad; mientras que en el segundo, alude al producto que resulta de
esa investigación metódica (Sarlo, 1993).
Precisamente, según la Real Academia Española de la Lengua,
investigar significa buscar datos de manera ordenada y sistemática para
obtener conocimientos nuevos o para encontrar aplicaciones nuevas a
los conocimientos existentes.
En este sentido, Samaja entiende que la investigación científica es
eso que hacen los científicos cuando investigan con la intención de
producir conocimiento por el conocimiento mismo (por el simple placer
que proporciona la contemplación de lo desconocido o la resolución de
los enigmas que se le plantean a nuestra conciencia), o para producir
conocimientos por las prácticas que de ellos se pueden extraer. Un
producto científico es, entonces, el resultado de descubrimientos de hechos
relevantes y de regularidades que los clasifican o los vinculan, así como de
las argumentaciones destinadas a defender la efectividad de los hechos
descubiertos y la validez de las regularidades encontradas (Samaja, 2006).
Desde el punto de vista de los fines que el investigador pretende
que tengan las conclusiones a las que arribe, las investigaciones suelen
clasificarse en dos grandes tipos: puras y aplicadas. Son investigaciones
puras aquellas en que los conocimientos no se obtienen con el objeto de
utilizarlos de un modo inmediato, aunque sus resultados, eventualmente,
puedan ser empleados para fines concretos en un futuro más o menos
próximo. En tanto, las investigaciones aplicadas persiguen fines más directos
e inmediatos. Ambos tipos son modelos ideales y, por ello, muchas veces
se realizan estudios que combinan ambas. Además, no son contrapuestas

111
ni están desligadas entre sí; por el contrario, no puede concebirse ni
entenderse plenamente una sin el concurso de la otra. (Sabino, 1992).
El reconocido filósofo argentino Mario Bunge, egresado de la
Universidad Nacional de La Plata, aunque residente en Canadá hace más
de medio siglo, en una de sus más conocidas obras, postula una primera
gran división, entre ciencias formales o ideales (entre las que se halla la
matemática) y ciencias fácticas o materiales (naturales y sociales).
A partir de allí nos advierte que, mientras los enunciados de las
primeras consisten en relaciones entre signos, los de las segundas se
refieren a sucesos y procesos; y que, en cuanto al método por medio del
cual se ponen a prueba sus enunciados, mientras a las ciencias formales
les basta con la lógica, las ciencias fácticas necesitan de la observación y/o
el experimento. A su vez, que las ciencias formales demuestran o prueban;
mientras que las ciencias fácticas verifican (confirman o disconfirman)
hipótesis que, en su mayoría, son provisionales. La demostración es
completa y final; por el contrario, la verificación es incompleta y por eso
temporaria (Bunge, 1997).
En un momento de la historia de la humanidad apareció un modo
de conocer, de entender y explicar las cosas y los fenómenos naturales
y sociales que se distinguió por sobreponer a las creencias (doxa) el
examen de ellas, con el fin de dar a conocer los fundamentos de su
validez y también los límites de su eficacia. Este modo de conocimiento
fue denominado en la antigua Grecia episteme, en contraposición a la
aludida doxa. Esta idea griega de episteme es análoga a nuestra noción
actual de conocimiento científico (Samaja, 2006).
El científico descubre y expone respuestas a cuestiones que él cree
relevantes, y que ponen en cuestión sus creencias básicas (Samaja, 2006).
Y para ello se requiere una importante motivación, dedicación, esfuerzo,
preocupación y voluntad (Gordillo, 2001).

2. El conocimiento científico. Sus características


Bunge también sostiene que el conocimiento que alcanzan las ciencias
naturales (por ejemplo, la biología) y sociales (sociología) posee dos rasgos
íntimamente vinculados: racionalidad y objetividad. Que es racional significa:
• que está constituido por conceptos, juicios y raciocinios y no
por sensaciones, imágenes, pautas de conducta, etc. Tanto el punto de
partida como el punto final del trabajo del científico son ideas;
• que esas ideas pueden combinarse de acuerdo con algún conjunto
de reglas lógicas con el fin de producir nuevas ideas.
• que esas ideas no se acumulan de manera caótica o, simplemente,
cronológica, sino que se organizan en sistemas de ideas (teorías).
Y es objetivo porque:
• concuerda aproximadamente con su objeto. Vale decir que busca
alcanzar la verdad fáctica;
• verifica si las ideas se adaptan a los hechos, recurriendo a la observación
y al experimento, lo cual es controlable y hasta cierto punto reproducible.
A su vez, nos proporciona una suerte de listado (inventario) de caracteres
que identifican a este conocimiento científico (Bunge, 1997). A saber:
• Fáctico. La ciencia intenta describir los hechos tal como son,
independientemente de su valor emocional o comercial.
• Trasciende los hechos. El sentido común parte de los hechos y se
atiene a ellos. En cambio, la investigación científica no se limita a los
hechos observados; por el contrario, los científicos “exprimen” la realidad
a fin de ir más allá de las apariencias. Para ello, seleccionan los hechos que
consideran relevantes, controlan hechos y, en lo posible, los reproducen.
• Analítico. La investigación científica aborda problemas circunscriptos,
uno a uno, y trata de descomponerlo todo en elementos.
• Especializado. Consecuencia de lo anterior, no obstante la unidad
del método científico, su aplicación depende, en gran medida, del asunto
a investigar, como veremos luego.
• Claro y preciso. A la inversa del conocimiento ordinario que es
vago, impreciso, inexacto y superficial, el conocimiento científico procura
la precisión; y aunque nunca está enteramente libre de vaguedades, se
las ingenia para mejorar la exactitud; y a pesar de que nunca está del
todo libre de error, posee una técnica única para encontrar errores y para
sacar provecho de ellos.
• Comunicable. Brinda información a quien ha sido entrenado para
entenderla. La comunicabilidad es posible gracias a la precisión; y es, a su vez,
una condición necesaria para poder verificar los datos empíricos y las hipótesis.
• Verificable. Las hipótesis científicas deben ser capaces de aprobar
el examen de la experiencia. El científico inventa conjeturas -fundadas de
alguna manera en el saber adquirido- que pueden ser cautas o audaces,

113
simples o complejas; pero que, en todo caso, deben ser puestas a prueba
a través de la observación o la experimentación.
• Metódico. Como ya dijimos, el investigador no actúa de manera
errática sino planificada; aunque no se excluye el azar. Además, el trabajo
de investigación se funda siempre sobre el conocimiento anterior. El
método científico no provee recetas infalibles para encontrar la verdad;
sólo contiene un conjunto de prescripciones falibles (perfectibles) para el
planeamiento de observaciones y experimentos, para la interpretación
de sus resultados, y para el planteo mismo de los problemas.
• Sistemático. La ciencia no es un agregado de informaciones
inconexas, sino un sistema de ideas conectadas lógicamente entre sí.
• General. Ubica los hechos singulares en pautas generales; los
enunciados particulares en esquemas amplios. El científico se ocupa del
hecho singular en la medida en que éste es miembro de una clase.
• Legal. Inserta los hechos singulares en pautas generales llamadas
“leyes”, naturales o sociales, según el caso.
• Explicativo. El científico no se conforma con meras descripciones.
Se pregunta, además, cómo son las cosas, y procura responder por qué
ocurren los hechos como ocurren y no de otra manera. La explicación
científica se efectúa siempre en términos de leyes. Hay diversos tipos
de leyes científicas y, por consiguiente, hay una variedad de tipos
de explicación científica. Las explicaciones científicas se corrigen o
descartan sin cesar, porque hay verdades parciales y errores parciales; y
hay aproximaciones buenas y otras malas. Las explicaciones científicas
no son finales pero son perfectibles.
• Predictivo: La predicción científica –al revés de la profecía- se funda
sobre leyes e informaciones específicas fidedignas, relativas al estado
de cosas actual o pasado. Puede fracasar porque los enunciados de las
leyes sean inexactos o porque la información disponible sea imprecisa.
Ahora bien, aunque una profecía resulte exitosa, no es un aporte al
conocimiento teórico; mientras que una predicción científica fallida
puede contribuir a él.
• Abierto. Siempre es posible que pueda surgir una nueva situación
(nuevas informaciones o nuevos trabajos teóricos) en que nuestras ideas,
por firmemente establecidas que parezcan, resulten inadecuadas en
algún sentido. En la ciencia, incluso hasta los principios más generales y
seguros son postulados que pueden ser corregidos o reemplazados. La
114
ciencia es abierta porque es falible y por consiguiente capaz de progresar.
• Útil. La ciencia es eficaz en la provisión de herramientas para
el bien y para el mal. La utilidad de la ciencia es una consecuencia de
su objetividad; sin proponerse necesariamente alcanzar resultados
aplicables, la investigación necesariamente los provee.
En relación con lo anterior, aclara que cuando a la ciencia se la aplica al
mejoramiento del medio natural y artificial, a la invención y manufactura
de bienes materiales y culturales, la ciencia se convierte en tecnología
(Bunge, 1997).

3. Explorar, describir, explicar, predecir


Antes de ponerse a investigar, todo científico parte de la idea de que
su objeto de estudio puede ser investigado; aunque esto puede significar
diferentes cosas, según sean sus pretensiones en relación al tipo de
conocimiento que espera obtener al finalizar su trabajo.
Ello nos lleva a distinguir investigaciones de índole:
• Exploratorias. Son las que pretenden dar una visión general y sólo
aproximada del objeto de estudio. Ellas son frecuentes cuando no hay
suficientes estudios previos y cuando aún es difícil formular hipótesis precisas
o de cierta generalidad. También, cuando aparece un nuevo fenómeno
que, precisamente por su novedad, no admite todavía una descripción
sistemática, o cuando los recursos de que dispone el investigador resultan
insuficientes como para emprender un trabajo más profundo.
• Descriptivas. Su intención es identificar los elementos
componentes y las características fundamentales del objeto de estudio.
Estas investigaciones permiten poner de manifiesto la estructura o el
comportamiento del fenómeno estudiado.
• Explicativas. Su preocupación es determinar los orígenes, los modos
de existencia, el desarrollo, o las causas de un determinado fenómeno.
Su objetivo, por lo tanto, es conocer por qué suceden ciertos hechos,
analizando las relaciones causales existentes o, al menos, las condiciones en
que ellos se producen. Este es el tipo de investigación que más profundiza
el conocimiento de la realidad, aunque es necesario reconocer que los
tipos anteriores, casi siempre, constituyen los pasos previos indispensables.
Además, la investigación no tiene por qué reducirse a uno solo de estos
tipos, pudiendo llevarse a cabo trabajos exploratorio-descriptivos o

115
descriptivos-explicativos, de acuerdo a la naturaleza del problema y al
estado de los conocimientos del objeto de estudio (Sabino, 1992).
• Predictivas. Intenta –no siempre con éxito- trascender los hechos de
la experiencia imaginando cómo puede haber sido el pasado y cómo podrá
ser el futuro. No pretende la certeza. Se caracteriza por su perfectibilidad.

4. Los campos disciplinares


La ciencia es “fraccionada” en campos disciplinares.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu llama campo al universo en el
que se incluyen los agentes y las instituciones que producen, reproducen
o difunden el arte, la literatura, la ciencia (Bourdieu, 2000).
Los campos disciplinares constituyen grupos de gestión del conocimiento
muy diversificados y singulares, cada uno con sus formas, instituciones,
tradiciones, hábitos, etc. Cada campo disciplinar se distingue por tener un
objeto particular de estudio, conocimiento especializado sobre él, teorías
y conceptos que lo organizan, un lenguaje especializado y método
propio. Burton Clark explica que se trata de “paquetes de conocimiento”
que tienen cada uno sus propias características, no sólo en la enseñanza y
la investigación, sino también en las prácticas (Orler y Atela, 2014). En este
sentido, el campo del Derecho aparece bien diferenciado de otros campos
disciplinares, como los de la Sociología, la Antropología o la Economía.
Esos campos disciplinares suelen verse reflejados en el modo en el que
las instituciones universitarias organizan administrativamente la oferta
académica, ya sea “compartimentalizándola” en lo que, en nuestro ámbito
denominamos “Facultades”1 o “Escuelas”,2 sea agrupando campos afines
en “Departamentos”3.

1
La Universidad Nacional de La Plata cuenta, además de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Sociales con otras dieciséis unidades académicas: Arquitectura y Urbanis-
mo, Bellas Artes, Ciencias Agrarias y Forestales, Ciencias Astronómicas y Geofísicas,
Ciencias Económicas, Ciencias Exactas, Ciencias Médicas, Ciencias Naturales y Museo,
Ciencias Veterinarias, Humanidades y Ciencias de la Educación, Informática, Ingenie-
ría, Odontología, Periodismo y Comunicación Social, Psicología y Trabajo Social.
2
La Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires está
organizada en tres Escuelas: Tecnología, Ciencias Agrarias, Naturales y Ambienta-
les, y Ciencias Económicas y Jurídicas.
3
La Universidad Nacional de Luján se compone de cuatro Departamentos:
Ciencias Básicas, Ciencias Sociales, Educación y Tecnología.

116
No obstante la diversificación de la ciencia actual, con múltiples
campos disciplinares con objeto y métodos propios, cada vez se hace más
imperioso que las investigaciones científicas trasciendan los límites de una
sola disciplina (Orler y Atela, 2014), yendo hacia una interdisciplinariedad
en la que exista acercamiento, diálogo e integración de distintos
campos o, más aún, hacia la transdisciplinariedad como búsqueda de
un análisis integrado a partir de un paradigma general sobre el cual
pueden trabajar investigadores de diferentes disciplinas (Kaplan, 1989).

5. El proceso de investigación científica


Todo proceso de investigación científica forma parte de un desarrollo
más vasto, el de la historia en la que se genera todo producto científico
y a la que todo producto retorna como una condición de los nuevos
procesos. Es que siempre que se inicia un proceso de investigación
científica, ya nos encontramos con condiciones de realización que
son resultado de procesos anteriores, productos de la cultura general
y de logros científicos anteriores (hipótesis previas, teorías previas,
técnicas previas, etc.) que funcionan como "materias primeras" de
la investigación actual. Y, a la vez, cuando un conocimiento científico
egresa del proceso de investigación, inmediatamente se transforma en
condiciones de investigación para nuevos procesos, respecto de nuevos
objetos. Así, los conocimientos científicos a la par que son resultados de
la investigación científica, son condiciones y medios de otro proceso de
investigación (Samaja, 2006).
En este proceso se pueden distinguir cuatro momentos (Sabino,
1992). El primer momento que es el que utiliza el investigador para
ordenar y sistematizar sus inquietudes, formular sus preguntas y
elaborar organizadamente los conocimientos que constituyen el
punto de partida del proceso de investigación. Revisa lo que ya se
conoce respecto al problema que se ha planteado y define qué es lo
que quiere saber y con respecto a que hechos. Es el momento lógico.
El segundo momento el investigador fija su estrategia ante los hechos
que va a estudiar; elabora los sistemas de comprobación, las estrategias
teórico-metodológicas y los métodos que van a utilizar. Es el momento
metodológico. El tercer momento, está destinado a decidir las técnicas
más adecuadas para recolectar la información, y hacer la tabulación, la
codificación y el procesamiento de la misma. Es el momento técnico. Y
finalmente, se inicia una nueva fase que tiene como propósito realizar
una nueva elaboración teórica en función de los datos adquiridos,

117
cerrando el ciclo del conocimiento, aunque no definitivamente. Este es
el cuarto momento, el momento teórico.

6. Los métodos de investigación


Como dijimos, para logar un conocimiento de naturaleza científica
hay que seguir determinados procedimientos; no es posible obtener
un conocimiento racional, sistemático y organizado actuando de
cualquier modo, sino que es necesario seguir un método, un camino
que nos aproxime a esa determinada meta. El método científico, por
lo tanto, es el procedimiento o conjunto de procedimientos que se
utilizan para obtener conocimiento científico (Sabino, 1992). Así, el
método diferencia a la ciencia de otras formas de conocimiento como
la filosofía o el arte, permitiendo obtener y a la vez justificar (probar) el
conocimiento que es resultado del proceso de investigación científica
(Kunz y Cardinaux, 2003). O, dicho de otra manera, el método científico es
el conjunto de procedimientos por los cuales se plantean los problemas
científicos y se ponen a prueba las hipótesis científicas (Bunge, 1997).
De este modo, se puede distinguir el método como:
• Modo de descubrimiento. Sería el conjunto de acciones destinadas
al descubrimiento o adquisición de nueva información. Ejemplos: ¿Cuál es
el procedimiento más idóneo para tutelar los derechos constitucionales?;
¿Qué incidencia tiene el sistema electoral en el sistema de partidos
políticos?; ¿Qué reformas habría que implementar para facilitar el acceso
a la justicia?
• Modo de validación. Sería el conjunto de acciones dirigidas a
avalar el conocimiento. Ejemplo: ¿Cuáles son las pruebas con que puedo
justificar semejante afirmación?
Los métodos, entonces, pueden usarse tanto para averiguar
cómo es realmente el objeto investigado, cuanto para probar que
el objeto es tal como lo expresa el conocimiento al que arribamos
producto de nuestra investigación. De todos modos, Samaja no cree
que sea sostenible una separación absoluta entre ambos modos del
método. Por el contrario, por la compleja dialéctica existente entre los
procedimientos de descubrimiento y los de validación, los métodos de
investigación científica siempre se presentan como una combinación de
procedimientos destinados a descubrir y de procedimientos destinados
a validar (Samaja, 2006).

118
Como no existe un solo método universal, útil y uniforme para
todos los campos disciplinares y objetos de conocimiento, los autores
contemporáneos prefieren hablar de “métodos de investigación” –en
plural- ya que esa pluralidad permite asumir una comprensión plural
del conocimiento (Orler y Atela, 2014).
Además, un método correcto en un cierto campo disciplinar puede
resultar inadecuado en otro campo distinto y conducirnos a resultados
incorrectos (Moisset de Espanés, 1984). En el caso del Derecho, por
ejemplo, si bien se trata de un objeto que puede ser concebido de
distintos modos, no puede serlo de cualquier manera. Ello significa
que la coherencia teórica y la rigurosidad metodológica resultan
irremplazables (Orler y Atela, 2014).
Así, si bien es necesario romper lo que Pierre Bourdieu denomina
“fetichismo”, “imperialismo”, “absolutismo” y “sectarismo” metodológicos,
que sólo entorpecen los procesos investigativos, tampoco es posible
apostar por un “anarquismo metodológico” que consistiría en que “todo
vale” (Feyerabend, 1989). Por el contrario de lo que se trata es de utilizar
una “batería de métodos” que deben corresponder al problema que se
tiene entre manos y de reflexionar constantemente sobre ellos en el
mismo momento en el cual se acude a ellos para resolver una cuestión
en particular (Bourdieu, 2000).

7. Los métodos cuantitativos y cualitativos


El asunto a investigar siempre antecede al método; nunca se
procede, al contrario. En otras palabras, no se decide sobre la elección
de un método sin antes haber definido el objeto de investigación.
Los dos grandes métodos de investigación, desde la Grecia antigua
hasta la actualidad son los métodos cuantitativos y los métodos
cualitativos, dos caminos distintos para acceder al conocimiento que
pueden ser recorridos de manera independiente (si la naturaleza de la
investigación exige que se emplee un método o el otro) o combinada
(Lopera Quiroz, 2009)
Sólo para hacer una aproximación muy inicial a esta cuestión, y
dejando de lado mayores complejidades que exceden el propósito de
estas páginas, podemos decir que:
• Los métodos cuantitativos se dirigen a obtener información
numérica, estadística (porcentajes, índices, tasas); se utilizan para producir

119
información respecto de universos más extensos, aunque de un modo
más superficial. Por ejemplo, en relación a todos los ingresantes de este
año a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP podríamos querer
saber qué porcentaje es de La Plata y su región, del resto de la Provincia
de Buenos Aires, de otras provincias o del extranjero. Ello nos daría
información acerca de su procedencia geográfica y nada más.
• Los métodos cualitativos se usan para producir información
alfabética, que tiene forma de descripción densa; se utilizan para producir
información respecto de pocos casos, pero profundizando mucho más.
Tomando el mismo universo anterior, podríamos entrevistar a algunos
para indagar sobre aspectos más sustanciales en relación a su opción por
nuestra Facultad. Para ello deberíamos elegir, mediante procedimientos
estadísticos una parte significativa de todo el universo y las conclusiones
que se obtienen para este grupo se pueden proyectar luego a la totalidad
del universo teniendo en cuenta un margen de error conocido y limitado
previamente por el investigador.

II. La investigación científica en la Universidad


Uno de los mayores desafíos de un país es el impulso a la investigación
con el fin de abordar los problemas sociales de manera sistemática y sobre
todo ofrecer alternativas se soluciones pertinentes y viables. En esa tarea
le incumbe a la Universidad un rol estelar.
Si la Universidad se limitara sólo a brindar información, sus egresados
sólo serían, a lo sumo, buenos técnicos. Si, en cambio, tiende a despertar
en quienes estudian en ella la curiosidad por develar la verdad, además de
técnicos, formará investigadores que contribuirán al avance de la ciencia
y permitirán que el país progrese. Si así fuese, decía acertadamente el
Premio Nobel 1947, Bernardo Houssay, la mera información se convertiría
en una auténtica formación (Moisset de Espanés, 1984).
De la universidad se espera y exige que de una más y mejor preparación
científica y técnica y que produzca más y mejores conocimientos e
innovaciones sin que ello signifique enclaustramiento, neutralidad o
indiferencia hacia los problemas de la sociedad en la que está inserta
(Kaplan, 1989).
En este sentido, la Conferencia Regional de Educación Superior
(CRES 2008) celebrada en Cartagena de Indias, Colombia, bajo el
patrocinio de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para
120
la Educación, la Ciencia y la Cultura) se enmarcó en la concepción de la
educación superior –entre la que se encuentra la universitaria- como
bien público y como instrumento estratégico de desarrollo sustentable
y de la cooperación interinstitucional e internacional como prácticas de
integración regional. En la Declaración de la CRES 2008 se reconoce a la
enseñanza y al conocimiento como un bien público universal, propio e
inherente a la condición humana de todos los individuos, pero al mismo
tiempo como una obligación de los Estados. Asimismo, se expresa la
necesidad de desarrollar y propiciar la formación científica y una actividad
científica fundada en las necesidades sociales, promover la difusión de la
información científica, poner el conocimiento al alcance de todos y que
las universidades velen por que sus programas en todos los campos se
centren tanto en la educación como en la investigación y en la sinergia
entre ambas.

1. Antecedentes
Hoy nadie duda de que la investigación condiciona fuertemente la
legitimación de la Universidad moderna, porque no podría existir –o perdurar-
la labor docente sin la retroalimentación que le proporciona la investigación
científica; tampoco podría cumplirse con la finalidad de la extensión si no es
enfrentando nuevos desafíos y procurando solucionar nuevos problemas de
la comunidad en la que está inserta; ni preservarse el capital cultural si no
fuera por la formación de nuevos científicos (Sarlo, 1993).
La Universidad pública, en particular, debe estrechar los vínculos entre
la investigación y la extensión, a través de lo que Boaventura de Sousa
Santos denomina “investigación-acción” en la que los intereses sociales
están articulados con los de los investigadores y la producción del
conocimiento científico se halla estrechamente ligada a la satisfacción de
las necesidades de los grupos desaventajados que no tienen poder para
hacer valer sus demandas o realizar sus derechos (Cardinaux, 2008).
La enseñanza y la investigación han estado ligadas en la tradición
universitaria argentina sobre todo a partir de la reforma universitaria de
1918, uno de cuyos objetivos era transformar una enseñanza basada en
clases magistrales por otra en la que el alumno se transformara en el sujeto
activo de aquélla (Cardinaux, 2008). El movimiento reformista reforzó,
además, la articulación entre docencia, investigación y extensión, los
tres pilares que comprenden la producción, reproducción y distribución
del conocimiento, que había sido el elemento distintivo que, desde sus

121
orígenes, Joaquín V. González quiso imprimir a la universidad platense al
nacionalizarse en 1905 (González y Marano, 2008) y que la diferenciaban
de las otras dos ya existentes -Universidad de Córdoba y Universidad de
Buenos Aires, en orden cronológico de aparición- que aún privilegiaban el
rol profesionalista de sus egresados.
El modelo reformista comprometido con la producción y el
desarrollo científico prendió hondamente en Argentina – y también
en el resto de América Latina- cuyas universidades comenzaron a crear
centros e institutos de investigación que alcanzaron en muchos casos
reconocimiento y prestigio internacional. Sin embargo, las frecuentes
disrupciones del orden constitucional que se sucedieron en nuestro
país durante el siglo XX, con sus consecuencias de censura, cesantías,
y hasta exilio de docentes e investigadores, impidieron por años que
hubiese significativos progresos en materia científico-académica en
nuestras universidades nacionales. Hasta el momento de la recuperación
democrática en 1983, como dos rara avis se pueden señalar los períodos
que van desde 1918 a 1930 y de 1958 a 1966 en los que docencia e
investigación alcanzaron niveles de calidad.
La legislación vigente en nuestro país4 establece, entre los fines de la
educación superior, promover la generación y desarrollo del conocimiento
en todas sus formas (artículo 3) y promover el desarrollo de la investigación
y las creaciones artísticas, contribuyendo al desarrollo científico, tecnológico
y cultural de la Nación (artículo 4). En tanto que, en relación a las funciones
básicas de las instituciones universitarias, establece que les incumbe
promover y desarrollar la investigación científica y tecnológica (artículo 28).
El proceso de investigación científica supone necesariamente una
infraestructura mínima para que pueda desarrollarse. Son salas de
lectura, bibliotecas, laboratorios, observatorios, pero no sólo esto, sino
también relaciones sociales y normas institucionales que responden a
una concepción acerca de lo que es la ciencia y la investigación (Samaja,
2006). No obstante reconocer asimetrías en relación a países y disciplinas,
en las principales universidades de América Latina la investigación
ha tenido un notable desarrollo en los últimos años del siglo XX. Ello
implica su expansión cuantitativa y cualitativa; incremento de personal,
organizaciones y espacios involucrados; mejoramiento de los recursos, de
la productividad y de la significación; ampliación de los campos; aumento

4
Ley 24.521, Educación Superior (B.O. 10-08-1995).

122
de los esfuerzos y de los resultados (Kaplan, 1989).
2. La investigación en el campo del Derecho
El Estatuto de la Universidad Nacional de La Plata aprobado en 2008,
fiel a los principios reformistas que constituyen una marca de identidad de
la institución, desde su Preámbulo y su primer artículo parte reconociendo
entre sus funciones primordiales -junto a la enseñanza y la extensión- el
desarrollo y fomento de la investigación científica -básica, humanística,
artística y aplicada-. Este pilar será luego explicitado al establecer que “la
Universidad reconoce como una de sus funciones primordiales el desarrollo
y fomento de la investigación sobre todas las formas generadoras de
conocimiento. Acordará en consecuencia las máximas facilidades para
su realización y estimulará los trabajos de investigación que realicen los
miembros de su personal docente, graduados y estudiantes. Acordará
becas y/o subsidios y mantendrá intercambios con otras universidades,
ámbitos generadores de conocimiento, centros científicos y culturales
del país y del extranjero”.5 Y, a continuación, en relación a la transferencia,
consigna que se entiende por tal “la actividad creativa originada a partir
de la investigación aplicada a requerimientos específicos que combina los
conocimientos existentes o que se generan con el fin de solucionar un
problema o temática específica, generando así nuevas manifestaciones
sociales, culturales, naturales y/o técnicas que se transfieren al medio”6
En relación a lo que a nosotros nos atañe, el campo del Derecho, debemos
que la investigación jurídica es tan importante como en otros campos
disciplinares, permitiéndonos encontrar soluciones a un problema jurídico,
o explicaciones para entender mejor un instituto, o incluso, crear nuevas
instituciones que procuren una mejor regulación de las relaciones sociales.
La dogmática jurídica –sobre todo en América Latina- ha sido y es aún
hegemónica a la hora de investigar en el campo del Derecho, visualizando
a éste como un conjunto de normas que integran un sistema coherente e
integrado, exento de lagunas y antinomias; como una estructura autónoma
(Witker, 2008). Dentro de este paradigma lo único que importa es que el
precepto jurídico haya sido formulado por determinado órgano estatal
ajustándose a procedimientos preestablecidos y que esas normas sean
acatadas por determinado grupo social en un momento dado, dejando
de lado consideraciones de tipo teleológicas, acerca de si, procura –o no-

5
Artículo 15, Estatuto UNLP, 2008.
6
Artículo 16, Estatuto UNLP, 2008.

123
la realización de ciertos valores (libertad, igualdad, justicia, solidaridad).
En este sentido, el investigador sólo realiza una tarea mecánica,
describiendo la realidad neutralmente, como un objeto previamente
dado. Es decir, el objeto de la investigación jurídica en este modelo es
el orden jurídico vigente, en el presente o en el pasado, pretendiendo el
investigador sólo sistematizar las normas jurídicas positivas para su mejor
interpretación y aplicación.
Por el contrario, una investigación socio-jurídica estudia el Derecho
teniendo en cuenta las realidades sociales que éste regula; cómo opera
el derecho en la realidad social, evaluando su obediencia o violación, los
problemas que intentó resolver o los objetivos tenidos en mira al momento
de su adopción; cómo se vive, cómo se percibe, cómo se construye, cómo
se reproduce. Esta concepción tiene en cuenta que la regulación jurídica
de una conducta social no puede limitarse a una norma jurídica sin tener
en cuenta otras variables (Witker, 2008)
Así, por ejemplo, un delito es un fenómeno social muy complejo
que merece un abordaje multi, inter o transdisciplinario que no se puede
reducir a la sola descripción de una conducta que hace el Código Penal.
La Criminología, la Sociología, la Antropología y la Psicología, la Filosofía,
entre otras disciplinas, deberán hacer su aporte al Derecho.
Desagregando lo que más arriba dijimos en relación a los distintos
tipos de investigación en general, siguiendo a Witker podríamos distinguir
investigaciones jurídicas de diversa índole:
• Exploratoria. Podríamos indagar, por ejemplo, sobre el rol de los
comuneros en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
• Descriptiva. La investigación podría dedicarse a identificar las
atribuciones del Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires.
• Comparativa. En este caso, por ejemplo, se podría cotejar
semejanzas y diferencias entre el Jefe de Gobierno de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires y los gobernadores provinciales.
• Explicativa. Se podría tener como objetivo determinar las causas
de las declaraciones de estado de sitio en el último cuarto de siglo.
• Predictiva / proyectiva. Se investigarían, por ejemplo, los cambios
en el Código Nacional Electoral para las elecciones de 2017. En
relación a estos dos últimos tipos, se diferencia la investigación
predictiva en la que se predice cual será el marco legal probable
de la investigación proyectiva en la que se propone un marco
legal deseable (Witker, 2008).

3. La investigación en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales


Parafraseando al célebre jurista uruguayo Eduardo Couture se podría
afirmar que una Facultad de Derecho que no se interese por la investigación
será cada día menos una Facultad de Derecho (Sarlo 1993). Así lo entiende
el Consejo Permanente de Decanos de las Facultades de Derecho de las
Universidades Públicas de Argentina, quien en un documento de hace
ya más de una década7 afirmó que las universidades que “…reducen su
actividad a la enseñanza y no producen conocimiento…” no son tales, y
que “…utilizan esta denominación de manera ilegítima…”.
Pero además de ser necesario e imperioso investigar, también lo es
formar investigadores. En este sentido, el citado Consejo de Decanos
sostiene que la investigación tiene que ocupar un importante lugar en
nuestras facultades, las que deben promover y ejecutar actividades
de investigación en clara sintonía con lo estipulado por la Ley 24.521
-Educación Superior- que, entre otros objetivos, como ya dijimos, establece
formar científicos y promover la investigación en aras de contribuir al
desarrollo científico, tecnológico y cultural del país (Orler, 2009).
La necesidad de fortalecer la investigación en la Universidad en general,
y en las Facultades de Derecho en particular por un lado se justifica en que
ello contribuirá decididamente a la superación general del sistema jurídico
y a la calidad de las instituciones (Morello, 2005). Por otra parte, se basa
no sólo en razones de índole normativa -legislativa o estatutaria, como ya
referimos- sino también democráticas, tanto porque los descubrimientos
científicos pueden aportar a mejorar la toma de decisiones públicas cuanto
porque también colaboran en la formación de ciudadanos pensantes
y críticos y, de este modo, contribuyen a una deliberación pública más
robusta, esencial para una democracia, como dijo el jurista norteamericano
Owen Fiss al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de
Buenos Aires en 2011 (Alegre, Buis y Maisley, 2011).

7
“Estándares para la Autoevaluación de la Gestión Institucional y las Funciones
de la Enseñanza-Docencia, de Investigación Científica y de Extensión Universitaria de
las Facultades de Derecho de las Universidades Publicas” del 29-05-2004.

125
Como dijimos, desde los inicios mismos de la Universidad Nacional de
la Plata hubo en ella una fuerte vinculación entre enseñanza e investigación.
Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en otras unidades académicas
-Facultades de Ciencias Exactas o Ciencias Naturales, por ejemplo- la
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, se orientó más hacia la formación
de un profesional liberal, preparado fundamentalmente para litigar. En los
años que van desde mediados de los 50 a mediados de los 60 del siglo
anterior, hubo una revalorización de la investigación que, nuevamente
perdería relevancia con el golpe militar de 1966 y la intervención a la
Universidad (González y Marano, 2008).
Hasta hace unos veinte años, la investigación en nuestra Facultad fue
una tarea marginal, no formal y más sujeta a iniciativas individuales que a
una política institucional, que seguía apuntando casi exclusivamente a la
formación de abogados litigantes, funcionarios judiciales o magistrados
(Salanueva, 2007). Y si bien todavía en nuestra Facultad ello no constituye
un eje central (Salanueva y González, 2008), cada vez más docentes
están involucrados en actividades de investigación; algunos además
participando a la vez en proyectos de extensión universitaria que incluyen
alumnos y docentes de otras unidades académicas (González, 2007).
La coordinación de esas actividades de investigación está a cargo de la
Secretaría de Investigación Científica creada por la Facultad en 1992 y que
funciona coordinadamente con la Secretaría de Ciencia y Técnica de la
Universidad, la que, a su vez, se vincula con los organismos competentes
de la esfera nacional, entre otros: Ministerio de Educación, Secretaría de
Políticas Universitarias, Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación
Productiva, CONICET -Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Tecnológicas-, Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.
A su turno, la Comisión de Investigación Científica que funciona desde
1999 dictamina sobre las solicitudes de incentivos a la investigación
que formulan los docentes-investigadores, los informes de mayores
dedicaciones que deben presentar bienalmente los docentes-
investigadores, las becas que otorgan distintos organismos y con distintos
fines, y los informes de los Institutos que funcionan en la Facultad, algunos
de los cuales realizan variadas actividades académicas y/o científicas,
y cuya coordinación también se encuentra a cargo de la Secretaría de
Investigación Científica.
Asimismo, funciona dentro de dicha Secretaría la Dirección de
Seminarios que gestiona los Seminarios de Grado que –en sus diversas

126
modalidades- constituyen una instancia más del plan de estudios que
los alumnos de la carrera de Abogacía deben transitar para graduarse
y cuyo objetivo principal reside, según la normativa vigente, en iniciar
a los estudiantes en la tarea científica estimulando la investigación, el
pensamiento crítico, la creatividad y el rigor metodológico.
Es que si, como venimos diciendo, las universidades deben producir
conocimiento científico, para ello es preciso antes producir científicos. Los
alumnos universitarios son potenciales científicos y por ello, en el proceso
de enseñanza-aprendizaje deben encontrar espacios que les permitan
comportarse como sujetos activos capaces de aumentar o refutar la masa
de conocimientos disponible (Cardinaux, 2008). Los seminarios de grado
y distintos programas de becas para investigación contribuyen a lograr
esos objetivos.
En el mismo sentido, y con vistas al futuro cercano, el nuevo Plan de
Estudios, ya aprobado por el Consejo Directivo de nuestra Facultad y
que entrará en vigencia próximamente, contempla, por un lado, desde
el inicio, brindar a los estudiantes nociones epistemológicas básicas para
abordar la carrera de Abogacía; y por otro, al final del trayecto educativo
y como orientación específica, se incluyen seminarios de metodología
de la investigación científica y de técnicas de investigación jurídica que
apuntan a un nuevo perfil del egresado como constructor de ciencia.

III. El perfil del abogado docente-investigador


Los egresados de la carrera de abogacía tienen múltiples incumbencias.
Esto es, pueden desempeñarse una vez obtenido el título habilitante que
otorga la Universidad, a modo de ejemplo, como abogado litigante, en
forma autónoma o trabajando en relación de dependencia en un estudio
jurídico, en una empresa, en un sindicato, en una ONG; como juez; como
fiscal; como defensor oficial; como mediador; como funcionario público
en tareas de gestión o de asesoramiento en organismos nacionales -del
Estado federal, provincial o municipal- o internacionales.
Además, podrán ejercer la docencia, en los niveles secundario y
terciario en asignaturas relacionadas con sus saberes, y también, claro
está, en la universidad, en distintos cargos, a los que, por regla, y conforme
al ideario reformista, se accede por concurso.

127
Y también convertirse en investigador científico del campo del Derecho,
y por ello es que Facultad debe ofrecer desde la formación de grado
herramientas básicas para que se puedan desplegar esas vocaciones
(Cardinaux, 2008).
Con el mismo objetivo, en nuestra Facultad en los últimos años se ha
fomentado la participación de estudiantes y recién graduados en proyectos
de investigación, de modo que trabajando junto a investigadores ya
formados vayan adquiriendo las habilidades requeridas.
Ahora bien, en sentido estricto, cuando hablamos de un abogado
“Docente-Investigador” nos referimos a aquellos docentes universitarios
que además de cumplir con sus tareas de enseñanza —reproducción del
conocimiento ya existente— también integran proyectos de investigación
—producción de conocimiento nuevo— en la universidad o en cualquier
institución de investigación de ámbito nacional, como el CONICET, por
ejemplo, o provincial, como la CIC, en la Provincia de Buenos Aires (Orler
y Atela, 2014).
En 1993, por Decreto 2427 del Poder Ejecutivo Nacional se creó el
Programa de Incentivos a Docentes e Investigadores que consiste en un
sistema de pago de adicionales a la retribución salarial a los docentes
universitarios que realizan investigación, categorizar a los mencionados
docentes, otorgarles mayores dedicaciones y promover la formación de
equipos de investigación que ejecuten proyectos que son evaluados por
pares internos y externos (González, 2007).
Sus objetivos declarados fueron: incrementar la investigación en
el ámbito de las universidades nacionales; promover la creación y
fortalecimiento de grupos de investigación y fomentar una mayor
dedicación de las plantas docentes a la actividad académica. Y más
allá de las numerosas críticas que el Programa ha merecido, desde su
implementación en el año 1994 el número de docentes involucrados en
proyectos de investigación ha ido aumentando considerablemente en
todo el país. A esa tendencia no escapa nuestra Universidad ni nuestra
Facultad.
La obtención de una categoría de docente investigador -en orden
decreciente de I a V, según su CV- es condición necesaria para incorporarse
formalmente al Programa siendo muy valorada en el ámbito académico,
porque representa el aval de los pares evaluadores respecto a la posición
del docente-investigador y el reconocimiento de su prestigio académico.

128
La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales cuenta hoy día con ciento seis
docentes- investigadores categorizados. Entre los docentes-investigadores
formados, cuatro alcanzaron la Categoría I y trece la Categoría II. Hay
veinticinco docentes-investigadores en formación superior con Categoría
III; y entre los docentes-investigadores en formación inicial, veinticuatro
tienen Categoría IV y cuarenta Categoría V.
Como en la generación, interpretación y aplicación del fenómeno
jurídico convergen diversos saberes (Witker, 2008), cada vez es más
frecuente que a los equipos de investigación que desarrollan su tarea en
la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales se incorporen investigadores
provenientes de disciplinas extrajurídicas (González, 2007).
Los proyectos actualmente en curso comprenden variadas temáticas
como: acceso a la justicia, administración de justicia, violencia de género,
participación ciudadana, desarrollo local, derechos humanos, agua y
ambiente, política exterior argentina, integración regional, propiedad
intelectual.

129
IV. Bibliografía
ALEGRE, Marcelo, BUIS, Emiliano y MAISLEY, Nahuel. “Los nuevos
programas y políticas en materia de investigación en la Facultad de Derecho
de la Universidad de Buenos Aires y su fundamento jurídico y democrático”
en Academia, Revista sobre Enseñanza del Derecho, Año 9, Número 18,
Facultad de Derecho, Universidad de Buenos Aires, 2011, pp. 11-32.
BOURDIEU, Pierre. Los usos sociales de la ciencia. Nueva Visión, Buenos
Aires, 2000.
BUNGE, Mario. La ciencia su método y su filosofía, Sudamericana,
Buenos Aires, 1997.
CARDINAUX, Nancy. “La articulación entre enseñanza e investigación
del Derecho” en ORLER, José y VARELA, Sebastián. Metodología de la
investigación científica en el campo del Derecho, Edulp, La Plata, 2008,
pp. 179-196
FEYERABEND, Paul. Contra el método, Ariel, Barcelona, 1989.
GOLDSCHMIDT, Werner. “La investigación en el derecho” en Revista
Notarial, Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires, Año 92,
Nro. 883, Noviembre-Diciembre 1985, pp. 1177-1179.
GONZÁLEZ, Manuela. “Tres pilares a sostener: docencia, investigación y
extensión” en Anales, Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales,
Universidad Nacional de La Plata, Año 4, Nro. 37, 2007, pp. 681-690.
GONZÁLEZ, Manuela y MARANO, María Gabriela. “La Facultad de
Derecho entre la profesión y la investigación. Una mirada histórica entre
los modelos de formación jurídica” en Anales, Revista de la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional de La Plata, Año 5, Nro.
38, 2008, pp. 654-667.
GORDILLO, Agustín. El método en Derecho, Civitas, Madrid, 2001.
KAPLAN, Marcos. “La investigación en ciencias humanas y sociales
en la universidad latinoamericana” en Boletín Mexicano de Derecho
Comparado, Universidad Nacional Autónoma de México, Año XXII, Nro.
65, mayo-agosto 1989, pp. 449-496.
KUNZ, Ana y CARDINAUX, Nancy. Investigar en Derecho. Guía para
estudiantes y tesistas, Departamento de Publicaciones, Facultad de
Derecho, Universidad de Buenos Aires, 2003.

130
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 7

Sección I

INTRODUCCIÓN AL ESTADO, DERECHO, DEMOCRACIA Y CIUDADANÍA


María Teresa Piñero *

Como bien lo expresa el título de este primer tema, se trata de una introducción a los conceptos,
las reflexiones teóricas y los sucesos históricos que dan marco al estudio del Estado, las condiciones de
“estatidad” y el constitucionalismo. Desde esa perspectiva, se focaliza la consideración del Estado y de
la democracia, en su relación con el derecho.
Se entiende al Estado, en el sentido de organización político-social de carácter unitario, que pro-
duce el derecho-nuestro objeto de estudio- producto de la cultura de Occidente que se plasma a partir
del Renacimiento, en la Modernidad. Pero ese proceso refiere a Europa, y aunque influyó en nuestras
formaciones socio político estatales, otra es la historia de la formación del Estado en América Latina.
Por ello se complejiza su concepto incorporando sucesos como la constitución de los Estado–Nación
que evidencian “identidades” (lazos de cultura, de tradición, de valores), impulsando una concepción del
Estado que va más allá de una organización político-social que concentra el poder de manera unitaria y
cuyos efectos son de relevancia para la comprensión de las instituciones de la democracia.

El fenómeno del Estado es complejo. Graciarena (1984, 41) nos acerca unas aristas de esta complejidad
preguntando: ¿es el Estado solamente una institución con su burocracia y sus funcionarios encargados de fun-
ciones harto específicas, como la policía, la defensa, la justicia, etc., o es un concepto jurídicamente definido,
afín al de la soberanía o equivalente al del orden público, o, en una perspectiva sociológica, un ámbito en el
que se enfrentan diferentes fuerzas sociales? ¿Es consustancial con la sociedad, con el conjunto de los procesos
políticos, sociales y económicos, o constituye una entidad aparte, hija de la sociedad pero situada por encima
de ella? ¿Es el Estado necesariamente territorial? ¿En qué se diferencia del poder político? ¿Y del gobierno?
¿Y del sistema político? ¿Pueden calificarse como Estado todas las formas de dominación política, desde los
cacicazgos de las sociedades primitivas hasta el Estado contemporáneo, pasando por la polis de la Grecia an-
tigua, la feudalidad europea, los imperios históricos y las monarquías absolutistas? En la literatura filosófica y
sociológica, el Estado ha recibido una u otra de las acepciones contenidas en estas interrogaciones.

1. ESTADO. Definición. Importancia


El Estado es la institución central desde la modernidad en los países occidentales en tanto se constituyó
en la forma política legítima de organizar por medio de instituciones a la sociedad. En el largo proceso de
construcción histórica de los Estados, que fue dando lugar a un poder político unitario y centralizado, por
oposición a las unidades territoriales con poder fragmentado típico de la edad Media, se fue constituyendo
en la forma aceptada de construir el orden social por medio de una estructura política generadora de reglas
coactivas para todos los que están dentro de su territorio. Esa forma unitaria y centralizadora de poder que
adoptó es posible de pensarla, siguiendo a Heller, si trabajamos el concepto de Estado como organización1.

Profesora titular Cát. "A" IECA.


*

Una organización se caracteriza por tener miembros, un plan y órganos. Pero lo interesante es que el concepto de organización habla
1

de una dinámica en la que los tres elementos que lo caracterizan se funden al interactuar de modo tal que la organización adquiere
8 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

En este sentido podemos definir al Estado como organización política y social de base territorial y soberana que
por medio de un ordenamiento normativo (el derecho) articula las relaciones sociales
Los ELEMENTOS del Estado, en tanto condiciones para su existencia -, están presentes en esta definición:
territorio, derecho, pueblo y poder. El Estado como toda organización tiene miembros (en este caso el pueblo),
un plan (su Derecho Positivo), un espacio físico (territorio). Como toda organización se dirige hacia la unidad de
acción, es decir organiza las actividades de las personas ajustándolas hacia la unificación para que sea cumplido
el plan de esa organización.
El plan ordenador mayor de todo Estado es su Constitución Nacional, allí se establecen las reglas generales
de existencia del Estado, sus características y las formas de prescripción de los comportamientos. Para visuali-
zar esto en la práctica, pensemos cómo constantemente estamos “ajustando” nuestras acciones en la dirección
marcada por el Estado (pagamos los impuestos, hacemos el servicio militar (cuando es obligatorio), limpiamos
nuestros espacios baldíos, asistimos a la escuela, allí aprendemos según un modelo de enseñanza pautado, etc.).
La unidad es posible gracias al derecho, principal organizador de la vida social.
El Estado comparte las características y dinámica de la cualquier organización, pero es una organización
singular, primero porque detenta el monopolio de la coacción de las leyes, (lo que veremos que se vincula a la
idea de soberanía), leyes que son susceptibles de ser potencialmente obligatorias para toda la sociedad.
En segundo término, como es la organización con capacidad para fijar las reglas generales y las normas en
el sistema político-social operando y gobernando el sistema socioeconómico en su conjunto y fijando las formas
en la que los individuos se relacionarán entre sí, hace que los ciudadanos, en lo individual y lo social, no puedan
evitar pertenecer a él (a menos que emigren y adopten otra nacionalidad).

2. ELEMENTOS DEL ESTADO


Analicemos los ELEMENTOS2 de esta organización llamada Estado
1. Población: está constituida por la totalidad de los seres humanos que habitan el territorio del Estado, hayan
o no nacido en él, los que se encuentran regidos por un derecho. El término población es utilizado más usualmente
para referirse a cuestiones demográficas o estadísticas, respecto de los habitantes del [Link] cambio hablamos
de PUEBLO para designar al grupo humano unido por elementos comunes. Estos elementos son de carácter
objetivo: el estar ligados por un mismo derecho, habitar el mismo territorio, compartir tradiciones, lengua, una
historia común, etc. El carácter subjetivo hace referencia a un sentido de pertenencia, vivido como tal por las
personas. Esto hace que el pueblo sea una estructura histórica, vivenciada y reactualizada constantemente.
A veces se habla de pueblo identificándolo con nación, nosotros seguiremos a Heller en su distinción: La
idea de NACIÓN tiene su origen en los acontecimientos de la Revolución Francesa en el siglo XVIII y a partir de
allí adquirió un sentido más político que el de pueblo, haciendo referencia al pueblo (con los elementos objetivos
y subjetivos mencionados) con una voluntad política relativamente unitaria de construir un Estado o de tener
una incidencia decisiva en él. Como ejemplos, podemos mencionar al pueblo vasco, el que puede entenderse
como una nación dentro de un Estado, pugnando por que se le reconozca como [Link]én las naciones de la
ex Yugoslavia que luchaban por un Estado que respetara sus diferencias.
El concepto de pueblo y de nación son relativos, pues puestos a reflexionar podemos preguntarnos ¿cuán
extendido y fuerte debe ser ese sentido de pertenencia para poder incluir en el concepto de pueblo a la totalidad
de los habitantes de un Estado o de un grupo? ¿Todos los habitantes de un Estado viven de la misma manera
el sentido de pertenencia y se sienten conectados con la misma intensidad? Cuándo hablamos de tradiciones
comunes: ¿podemos considerarlas homogéneas?
Estas reflexiones han dado lugar a que algunos autores estimen que los conceptos de pueblo y nación, han
adquirido un carácter romántico ya que por evocar al pueblo en alzas en la Revolución Francesa dispuesto a
luchar por su libertad, los lleva a absolutizar dicho concepto, desconociendo la heterogeneidad de los grupos

una entidad propia, así Estado tiene una presencia y entidad más allá de los elementos que lo componen. Piensen en un club, en una
Iglesia como organizaciones.
No hay acuerdo entre los autores acerca de cuántos son los elementos de la organización estatal. Jellinek. por ejemplo considera que
2

son tres: población, territorio y poder. Bidart Campos le agrega el gobierno. Fayt distingue entre elementos esenciales (población,
territorio, poder y derecho) elementos modales (soberanía e imperio de la lev) (Justo López, 1987).
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 9

humanos, y el carácter conflictivo de la misma sociedad que ponen en cuestión la idea de unidad a la que evoca
el concepto de nación.
A menudo se ha definido al Estado como “nación jurídicamente organizada” y esto es incorrecto puesto
que presupone que al Estado le precede una nación, es decir grupo unido por los elementos de carácter objetivo
y subjetivo mencionados que pueda llamarse “pueblo” y que además tenga una voluntad política relativamente
unitaria, que pueda designarlo como “nación”. En la realidad vemos que pueden existir naciones sin Estado como
por ejemplo, gran parte del pueblo judío antes de la constitución del Estado de Israel.
Pueden existir Estados con varios pueblos o el Estado con su fuerza integradora hacer de varios pue-
blos uno sólo como ocurrió al comienzo de la constitución de los Estados-Nación. Esto en la actualidad
es relativo por la fuerza de las democracias y el avance en los derechos vinculados a las diversidades y
pluralidades de los ciudadanos y los pueblos.
No obstante el concepto de nación integra los discursos políticos en general como manera de convocar a la
unidad social. Desde ese punto de vista apela a integrar en contextos de crisis.
2. Territorio: comprende todo el ámbito físico donde el Estado ejerce su soberanía, donde tiene jurisdicción
y donde posee dominio, incluyendo el suelo, el subsuelo, las aguas, el espacio. El territorio fija los límites de
la soberanía de los Estados siendo el ámbito de validez del orden jurídico estatal. La base territorial marca que
la competencia de poder del Estado no tiene límites dentro de su territorio, alcanza por igual a ciudadanos y a
extranjeros y a residentes permanentes o transitorios.
3. Poder: cuando hablamos del poder del Estado nos referimos a esa capacidad de actuar de manera unitaria
del Estado y que surge de la organización como un todo. De esta unidad de acción surge la capacidad de ejercer
influencia, de mandar en forma eficaz, de hacer que se cumplan las normas. Este poder en el Estado como en toda
organización, se despliega hacia adentro, hacia sus ciudadanos; y hacia afuera, hacia el exterior (otros Estados,
organizaciones, etc).
Claro que hay grados de poder, así hay Estados que obviamente tienen más poder que otros, tanto a nivel
interno como externo. Si buscamos las razones de la superioridad de poder de un Estado sobre otro, advertimos
que la respuesta no es simple, ya que no puede ser atribuida causalmente a uno de los elementos del Estado, sino
a la combinación de una manera determinada de esos elementos desde un punto de vista político e histórico. Por
ejemplo: ¿Qué es lo que hace que EEUU tenga más poder que Argentina?: ¿la capacidad de sus gobernantes?
¿Las características de su pueblo? ¿las raíces de su historia? ¿el tipo de derecho que orienta de una manera deter-
minada las conductas de sus ciudadanos? ¿la riqueza de su territorio?, la unidad de su clase política que dividida
entre demócratas y republicanos adoptan siempre decisiones que no cambian una forma de sistema político?
Podemos decir que una suerte de articulación política en la historia entre sus elementos, es lo que produce un
efecto determinado de poder.
Esta combinación de sus elementos de una manera determinada en la historia de cada país, y que se evi-
dencia en las formas de actuación del Estado, hace que podamos decir que tal o cual Estado tiene poder y sin
embargo buscando las razones de tal poder, no lo podríamos encontrar en uno sólo de los elementos tomado en
forma aislada.
Otra cosa es el poder del gobierno: el gobierno se refiere al grupo de personas que en un momento, toma
las decisiones políticas que son potencialmente obligatorias para toda la sociedad. Constituye el poder político
institucionalizado. El Estado ordena y regula la vida de los habitantes a través del gobierno, que actúa por me-
dio de las distintas instituciones que lo componen. El gobierno es el órgano de toda organización, encargado de
“acomodar” las acciones de los hombres hacia la unidad según el plan de esa organización. Este órgano es quien
representa hacia el exterior esa unidad del Estado (por ejemplo, cuando ante los organismos internacionales,
aparece el “Estado Argentino” actuando de una manera determinada, y no los ciudadanos en forma individual).
El poder tiene dos dimensiones fundamentales: legalidad y legitimidad.
Legalidad: decimos que el poder es legal cuando ha sido conferido y es ejercido en el marco de un derecho
preexistente.
Este derecho confiere poder al gobernante, por un lado porque su lugar institucional le otorga autoridad,
ya que se supone que su poder le ha sido conferido por normas jurídicas. El poder, así su titularidad y ejercicio
están sometido a normas jurídicas preconstituidas.
Por otra parte, las normas jurídicas confieren poder ya que permiten orientar las acciones de los hombres,
y para ello cuenta con la amenaza de la sanción que las normas prevén. Así el poder político depende del poder
de las normas jurídicas.
10 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

La legitimidad tiene dos niveles:


Legitimación: se refiere al consenso o aceptación de la sociedad, surge de la capacidad del poder po-
lítico de generarlo por medio del consentimiento voluntario o inconsciente de los miembros del Estado. Es
crucial para un gobierno que grandes sectores de su pueblo crean que tiene autoridad y que es apro-
piado que deba tenerla. La forma de lograr el poder por este medio, depende de las cuestiones políticas,
económicas, sociales contextualizadas a una dinámica específica; así ciertas políticas del gobierno, tanto como
el carisma y la capacidad de conducción del gobernante, la adecuación de las normas jurídicas a las expec-
tativas de los grupos sociales y otras cuestiones pueden generar legitimación, esto es adhesión, consenso3.

Legitimidad
legitimación
aceptación,
consenso

“legítimo”
vinculado a una
valoración ética

La legitimación es una cuestión de grados. No todos en un Estado estarán siempre de acuerdo, esto implicaría
que las sociedades son homogéneas y carecen de conflictos, lo que no es real.
Ahora bien, podemos dar un paso más e interrogarnos sobre otra cuestión vinculada al tema y que suscita
debate en los filósofos y sociólogos políticos: ¿Que un gobierno cuente con apoyo social (que puede deberse al
miedo, la indiferencia, la aceptación consciente, la costumbre, cuestiones sicológicas personales o colectivas o
al apoyo decidido y voluntario), convierte en “legítimo” al gobierno?
Aquí lo legítimo se entiende como lo “justo”, es decir como vinculado a valores sociales, y allí entramos
en otro problema y es decidir que es lo “justo” en relación a lo que hace ese gobernante y además quién decide
lo que es “justo”.
Para resumir, diremos entonces que de acuerdo con Garzón Valdéz (1986) es necesario distinguir la “legiti-
mación” de “lo legítimo”, lo primero se refiere a la adhesión fáctica de la sociedad o de un grupo al gobernante,
o al sistema político general, lo que puede deberse a innumerables causas. Y lo legítimo implica juzgar con con-
tenidos éticos ese sistema o la actividad de los que mandan. Para el autor es “legítimo” cuando se respetan los
derechos humanos, sin los cuales no es posible pensar ningún plan de vida para ningún hombre en el mundo.
Para englobar ambos conceptos que hemos desarrollado, el de la legitimación y lo relativo a “lo legí-
timo” usaremos el término legitimidad.
Esta dimensión de la legitimidad es sumamente importante, por dos razones. Una porque ni el Estado ni el
poder político pueden sostenerse por mucho tiempo apelando exclusivamente a la amenaza de la fuerza coac-
tiva del derecho, o bien si logran hacerlo, es probable que no puedan hacer cumplir todos los objetivos que se
propongan. Necesitan tener grados de aprobación, consenso, acuerdo social.
Segundo, porque allí donde se termina la legitimación o la calificación de “lo legítimo” comienza el tema
del derecho de resistencia, el de rebelión, revolución, o como quiera llamarse a las distintas manifestaciones del
descontento popular. Esto puede encauzarse por vías institucionales democráticas previstas por cada ordenamiento
jurídico, o bien ser espontáneas con diferentes consecuencias o bien ser reprimidas como en los autoritarismos.
Entonces la legitimidad es un recurso para explicar tanto el mantenimiento como la efectividad del poder
y el poder que pueden tener los grupos sociales. La legalidad y legitimidad hacen a la esencia del poder pues
permiten lograr de manera efectiva y duradera la unidad de acción para cumplir el plan de la organización.

Utilizo los términos adhesión, consenso, aceptación en forma indiscriminada, a fin de que sirva sólo para hacer una pequeña introduc-
3

ción a la cuestión, pero tanto en la ciencia política, jurídica, como en la sociología se plantean grandes distinciones sobre estos temas,
así como debates interesantes, pero su abordaje excedería los objetivos de este trabajo.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 11

La distinción entre el poder del Estado y el poder del gobierno tiene gran importancia e impacto en
las relaciones entre gobernados y gobernantes. Un gobernante tiene poder en el Estado, pero no del Estado
(que es el poder que surge de la organización estatal como un todo), ya que su poder es coyuntural y sujeto
siempre a revisión.
En los Estados democráticos los ciudadanos cuentan con las instituciones de la democracia participativa,
como elecciones, revocatoria, plebiscito etc. y con recursos jurídicos para controlar y poner límites al poder del
gobierno. Pero aún en los Estados autoritarios tampoco el gobernante tiene el poder del Estado, ya que su poder
siempre encuentra límites en las relaciones efectivas de poder en la sociedad (otros grupos de poder nacionales o
internacionales que constituyen fuerzas con las que el poder que pretende ser absoluto deberá negociar o atender).
Esto no es un detalle menor en tanto intentamos resaltar que el valor de las democracias reside en ser un
instrumento interpelador al poder.
El cuarto elemento es el derecho, núcleo de nuestros estudios
4. Derecho: Cuando hablamos de Derecho nos referimos al Positivo, esto es al conjunto de normas jurídicas
creadas por el Estado para organizar la actuación del Estado y la sociedad. El Estado es la organización que tiene
el monopolio legal de la fuerza, en tanto es el único que puede aplicarla cuando no se cumple el derecho, y esta
fuerza coactiva del derecho le permite orientar las conductas de los individuos, a los fines de articular las rela-
ciones sociales. Así derecho, sociedad y Estado se implican recíprocamente. El derecho, entonces, está presente
en todo tipo de Estado, organizando sus elementos, dándole una determinada estructura e imprimiéndole una
dinámica particular a las relaciones.
Dentro del Estado, para el gobierno el derecho es el modo habitual de su expresión, su lenguaje mismo, el
medio esencial de su actividad.

Derecho Público-Derecho Privado


En un Estado de Derecho, el Estado está constituido y funciona como una organización y dentro de él, los
individuos y sus decisiones, representan y actualizan las competencias y facultades de órganos y cargos. A estos
fines se requiere la sanción de normas generales que establezcan y regulen dichas competencias y facultades.
Así el Estado se preocupa constantemente por la coordinación y dirección de sus propios actos, a través de ese
tipo de mecanismos. Como efecto de este proceso se produce la sanción de un vasto cuerpo de Derecho Público.
La otra dimensión del orden jurídico, el Derecho privado, no da directivas para el funcionamiento de los
órganos estatales, sino que más bien, fija marcos para la actividad autónoma de individuos que procuran satisfacer
sus intereses privados. Pero también al tomar esas disposiciones el Estado establece qué intereses son dignos de
apoyo, y en qué condiciones puede procurarse la satisfacción de esos intereses. Así también las consecuencias
que se derivan de las transacciones de ese tipo. También el Estado fija los deberes y las prerrogativas que surgen
de la propiedad de bienes y otros derechos, o del posicionamiento en roles de parentesco. Así en tanto se cumplan
las condiciones fijadas en términos generales por las leyes, se dice que los individuos tienen derechos, deberes
y obligaciones y deben someterse a determinadas modificaciones en sus relaciones mutuas.
Pero si todo derecho positivo es modificable, siempre es posible que la nueva legislación destruya derechos
establecidos o perturbe a sus poseedores en su uso. Para evitarlo, ciertos principios legales sustantivos, se es-
tablecen en una posición legal más elevada, como normas “constitucionales”, negándose validez a las normas
que se le opongan.
Por otra parte, los ciudadanos gozan de derechos en la esfera pública, del mismo modo que en la privada, y los
órganos estatales tienen prohibido atentar contra esos derechos. El ciudadano está sometido al poder del Estado,
pero de una manera limitada, y posee la garantía de sus derechos frente a cualquier intento de abuso del poder.
Respecto a la sociedad, el derecho cumple las funciones de instrumento de control, ya que encausa las con-
ductas en aras de la convivencia y de cambio social ya que puede coadyuvar a que el grupo o sociedad se vaya
transformando a través del modelamiento de las conductas individuales o grupales.
Por medio de estas funciones el derecho articula las relaciones sociales de una manera determinada, poniendo
algún tipo de “orden” entre los distintos intereses contrapuestos, y a menudo conflictivos en la sociedad. Si ese
orden es justo o no es un debate interesante, esto es lo que hará que esa aspiración de toda organización, que es
lograr el “bien común” de sus miembros se haga realidad. La ley de matrimonio igualitario en Argentina por
12 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

ejemplo vino a legalizar situaciones que antes eran objeto de discriminación y censura, y vemos como a unos años
de su implementación, ha comenzado a legitimarse el discurso del matrimonio entre personas del mismo sexo.
El derecho es un vehículo importante de los valores, ya sea reflejando los existentes en la sociedad, ya
creándolos o transformándolos al establecerlos como contenidos obligatorios de las normas jurídicas a cumplir.

3. CAPACIDADES DEL ESTADO


En orden a pensar con mayor profundidad el papel del Estado y el derecho en la vida social nos referimos
a las capacidades del Estado en tanto sus disposiciones a la acción que deben estar presentes y ser reconstruidas
todo el tiempo. Para esa reflexión tengamos en cuenta primero que el Estado presupone, o “es”:
1- Un conjunto de burocracias jerárquicas, generalmente organizaciones complejas que tienen legalmente
asignadas responsabilidades apuntadas a lograr o proteger algún aspecto del bien o interés público,
general.
2-- Un sistema legal en tanto entramado de reglas legalmente sancionadas que penetran y co-determinan
numerosas relaciones sociales
3- Foco de identidad colectiva distintiva, una invitación a pensar el “nosotros” y
4- Filtro que regula los espacios y fronteras que median entre el interior y exterior del territorio, del mer-
cado y de la población. “Algunos de estos espacios son celosamente controlados, otros nunca tuvieron
barreras y otros han sido erosionados por los vientos de la globalización. Pero todo estado intenta, o
dice intentar, establecer filtros para el bienestar de su población y de los agentes económicos que operan
en su territorio. Se trata aquí de la capacidad de filtraje, de cada estado, que se supone inteligente y
realmente apuntada al bien público” O´Donnell (1993:163-184)
Esta última dimensión adquiere mayor relevancia en el caso de Estados más vulnerables a las influencias
externas (veremos luego el punto de la necesaria idea de decolonización) como el Argentino y muchos otros,
cuyos ciclos económicos dependen de los impulsados y direccionados por los Estados centrales o más poderosos
y las políticas que deciden en relación a éstos. Así ser filtro implica que el Estado debe medir y evaluar con cla-
ridad estratégica ideológica ( de forma subordinada o con vocación de autonomía) el modo de vinculación con
el “exterior” es decir, con las instituciones, Estados y actores transnacionales capaces de incidir en sus políticas
nacionales.
Lo expone muy claro Oszlak (2020, 32)
“Los Estados nacionales, que hace mucho dejaron atrás su etapa de formación y consolidación, han visto
modificarse sus fronteras con el mercado, la sociedad civil, las instancias subnacionales de gobierno y la co-
munidad de naciones. Se ha acentuado la tendencia hacia la internacionalización de los estados nacionales,
que subordina su capacidad de decisión autónoma a acuerdos y compromisos con otros estados. Los grandes
temas que hoy conforman la agenda internacional –como los flujos migratorios masivos de capitales y perso-
nas, la degradación del medio ambiente, los acuerdos tarifarios, la corrupción, el tráfico de drogas, la invasión
mediática o los vaivenes bursátiles– ignoran las fronteras nacionales e influyen en forma directa sobre la vida
cotidiana y el propio destino de los países. La globalización ha borrado esas fronteras y ha hecho más compleja
la tarea de gobernar”.
Según O’ Donnell (2010) es necesario recalcar que las ciencias sociales han destacado en exceso el tema
que el Estado está dominado por el conjunto de sus burocracias, y así ha abierto el espacio para las corrientes
políticas neoliberales que demonizan al Estado, y no evidencian su posición frente a las relaciones sociales que
del entramado legal del mismo surgen.
Advierte que el Estado es un conjunto de instituciones pero también de relaciones sociales, y en este orden
afirma” es un error asimilar el Estado al aparato estatal, o al sector público, o al conjunto de burocracias
públicas. No cabe duda de que ellas forman parte del Estado, pero no son el Estado en su totalidad. El Estado
también es, y no menos fundamentalmente, un conjunto de relaciones sociales que establece un cierto orden y en
última instancia lo respalda con una garantía coactiva centralizada, sobre un territorio dado. Muchas de estas
relaciones se formalizan en un sistema legal surgido del Estado y respaldado por él. El sistema legal es una di-
mensión constitutiva del Estado y del orden que éste establece y garantiza en cierto territorio” (O’Donnell, 2004).
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 13

El Estado aparece como garantía de ciertas relaciones sociales, pero no es una garantía externa ni a posteriori
sino que es una garantía intrínseca y constitutiva de las mismas. El Estado es garante de un tipo de relaciones
sociales. Así las políticas públicas abren espacios para que se establezca una forma de relacionamiento social.
Por ejemplo podemos pensar en nuestro país leyes y/o políticas públicas como el matrimonio igualitario, los
planes sociales, las retenciones agropecuarias, el grado de financiamiento a la educación pública y muchas otras
medidas que se constituyen como ordenadoras de modos de establecer vínculos sociales y el Estado al legislarlas
se convierte en propulsor y garante de los intereses y derechos que de ellas se desprenden
Oscar Oszlak (1999), analiza al Estado en tanto aparato institucional y relación social y las formas en que
se constituyen a lo largo de la historia en un contexto particular. De tal modo el Estado es estudiado en tanto
los atributos que va desarrollando en ese proceso, como capacidades de institucionalizar autoridad, diversificar
su control, internalizar la identidad colectiva y externalizar su poder. Esas capacidades se van adquiriendo en
un proceso histórico complejo, que entrecruza dimensiones sociales, políticas y económicas. Un Estado no se
construye por decreto, ya que su formación es un aspecto constitutivo del proceso de construcción de la sociedad.

Las capacidades mínimas que debe tener un Estado son:

1. Capacidad de Institucionalizar la autoridad: imponiendo una estructura de poder político que asegure el
monopolio de la coacción física legítima, para ello requiere la creación de un derecho positivo. Podemos
pensar en los poderes institucionalizados en el Estado (autoridades establecidas en la Constitución)
2. Capacidad de Diversificar su control: creando para tal fin instituciones públicas con cierto grado de
profesionalización y control centralizado sobre sus actividades, con reconocida legitimidad para extraer
establemente recursos de la sociedad. Así incluimos a la Administración Pública general del Estado;
desde la AFIP, Aduana, Fuerzas Armadas, Rentas, etc.
3. Capacidad de Internalizar una identidad colectiva, mediante la emisión de símbolos que refuercen los
sentimientos de pertenencia y solidaridad social, que por un lado brinde un mecanismo ideológico de
control, y por otro facilite la comunicación entre los miembros de la sociedad creando un marco común
de referencia. Aquí nos acercamos a los conceptos problemáticos de “pueblo” y “nación”.
4. Capacidad de Externalizar su poder: obteniendo reconocimiento como unidad soberana dentro de un
sistema de relaciones interestatales. Concepto vinculado a soberanía externa. El reconocimiento formal
de la existencia de un Estado por sus pares, es la manifestación más clara de la externalidad de su poder,
pero podemos pensar otras que hablan sobre los grados de su poder: la firma de tratados internacionales,
la participación de los Estados como miembros de organizaciones internacionales, en la ONU, en la
OMC, la posibilidad de obtener préstamos internacionales, etc.

3.a. Soberanía: Externa e Interna


Un elemento vinculado al derecho es la SOBERANÍA y que distingue al Estado de cualquier otra organi-
zación. Consiste en el poder de ordenación territorial supremo y exclusivo.
El Estado es la única organización que tiene soberanía en tanto tiene el máximo poder de dictar leyes que
sean obligatorios para todos (no como en otro tipo de organizaciones, como en un club, por ejemplo que las
normas que lo regulan sólo son obligatorias para quienes han decidido pertenecer al club).
Las palabras que mejor sintetizan a la soberanía Interna son autonomía y autodeterminación. Estos con-
ceptos se desarrollan en dos ámbitos, el interno: y aquí soberanía implica la capacidad del Estado de imponer
el derecho y de resolver cualquier conflicto que altere la paz dentro de su territorio. Esto significa que ningún
grupo humano en el Estado puede tener un poder superior al del Estado mismo.
La soberanía Externa es la referida a los espacios internacionales; así soberanía, en un sentido tradicional
implica el reconocimiento de que los Estados deben ser iguales e independientes, que pueden gobernar y decidir
sobre sus políticas y que ningún otro Estado puede avasallar su competencia sobre su territorio y su población.
Los problemas limítrofes entre Estados vecinos son casos que involucran la Soberanía territorial en su ámbito
externo. La historia está plagada de ejemplos de Estados que reclaman y pelean por territorios que cada uno de
ellos considera propios de su poder soberano. Algunos resolvieron estos conflictos por cauces de negociación y
otros sencillamente por la fuerza.
14 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

En la actualidad por efecto de la globalización, los Estados están cada vez más interconectados y por lo
tanto el poder actuar de manera totalmente autónoma es limitado; de allí que muchos autores sostengan que está
en crisis el concepto tradicional de soberanía. Así hoy se habla de pérdida de soberanía en un aspecto político,
cuando determinadas decisiones políticas que se toman en un país y que afectan a sus ciudadanos, están condi-
cionadas por organismos externos o por acciones de otros Estados.
Un tema importante vinculado a la soberanía es que en los Estados Democráticos se considera que el porta-
dor de la soberanía es el pueblo, de allí que se habla de soberanía popular. Esto implica que si bien la soberanía
como poder máximo es inherente al concepto de Estado, y que en determinados momentos es el gobierno el que
ejerce dicha soberanía en casos puntualmente conflictivos, es el pueblo el que le reconoce el derecho de ejercerlo
y tiene el control sobre el mismo a través de los mecanismos democráticos: elecciones, consultas populares,
plebiscitos y otros propios de la democracia representativa.

3.b. Constitución Nacional. Plan de la organización llamada Estado


Por medio del derecho de la organización podemos hacer un recorrido sobre el plan de esa organización y
sobre los valores que el grupo social tiene o que se pretenden construir. El plan integral de la organización estatal
se encuentra en su Constitución Nacional, allí están fijados sus objetivos, los valores que conformarán las normas
de su pueblo y por lo tanto la manera en qué se relacionarán los distintos elementos del Estado.

La constitución de la nación argentina


La estructura de la Constitución
La Constitución de una Nación es:

Ley escrita de carácter supremo, a la que deben subordinarse todas las demás leyes, porque enuncia
los derechos de los habitantes del Estado y establece la forma de organización del Gobierno.
La que le otorga identidad a una nación, permitiéndole que se diferencie de otra nación.
La forma de organización social y política, con la separación y el control de los órganos del Estado
para evitar el abuso del poder.
La que refleja un conjunto de valores y creencias que se consideran deseables para organizar la vida
en la sociedad.

Nuestra Constitución Nacional se compone de un Preámbulo y de dos partes bien distintivas

ESTRUCTURA DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL

PREÁMBULO PARTE PARTE


Establece los grandes principios y DOGMÁTICA ORGÁNICA
objetivos que tuvieron los consti- Contiene las declaraciones, los Establece la organización del
tuyentes al redactarlo en 1853. derechos y las garantías de los ciu- gobierno como órgano del
Comprende los valores funda- dadanos. Las declaraciones son los Estado
mentales a los que la sociedad enunciados mediante los cuales se
argentina debe aspirar: LA PAZ, sientan las bases de la organización
LA JUSTICIA, LA SOLIDARI- del país
DAD, LA LIBERTAD
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 15

Las autoridades de la nación


La Constitución Nacional Argentina establece en su art. I° la forma de gobierno representativa,
republicana y federal.
Representativa significa que el gobernante no es el titular del poder, sino que el poder reside en el
pueblo. Por eso ejerciendo la soberanía popular elige a quienes ocupan los órganos de gobierno; sus re-
presentantes. Forma de gobierno republicana significa que todo lo que hace al gobierno de la comunidad
pertenece a todos sus miembros (res pública viene del latín: cosa común) y se asocia con democracia
(gobierno del pueblo) y es federal porque las provincias conservan cierta autonomía.
En una república, el poder se encuentra dividido en tres órganos, el PODER LEGISLATIVO, EL
PODER EJECUTIVO Y EL PODER JUDICIAL, cada uno con sus funciones e independientes uno de
los otros. La división de poderes tiene la finalidad de evitar la concentración de poder en un órgano y el
ejercicio abusivo del mismo.
Poder Legislativo: encargado de la función legislativa, es decir establecer las normas generales y
abstractas que organizan la vida de la sociedad, estableciendo derechos y obligaciones de sus integrantes.
Poder Ejecutivo: encargado de la función administrativa o ejecutiva, que se manifiesta en la facili-
tación, organización y mejor distribución de los recursos necesarios para que el grupo como tal logre sus
objetivos y para ello procura el cumplimiento de las normas generales establecidas por el poder legislativo.
Tiene también algunas funciones legislativas.
Poder Judicial: encargado de la función jurisdiccional, es decir de hacer cumplir (incluso por la fuerza)
las normas establecidas como obligatorias en una sociedad cuando ellas no son acatadas o cuando surgen
conflictos respecto de la aplicación de las mismas para el discernimiento de derechos y obligaciones de
los involucrados.

4. DEMOCRACIA
La palabra democracia es usada en varios sentidos. En primer lugar, y en su forma más utilizada desde la
antigüedad, hace referencia a una forma de gobierno, es decir a quién gobierna. Los griegos, quienes en el mundo
occidental instauraron la democracia como forma de gobierno, cuya época de esplendor fue en el siglo V A.c.
llamaban democracia al gobierno del pueblo. El mismo vocablo proporciona ese significado; así demos significa
“pueblo” y kratos “autoridad”.
En el origen mismo del vocablo se impone vincular democracia a un modo de convivencia dentro del grupo
con actitudes y comportamientos adecuados; así el diálogo, la deliberación, el debate, la búsqueda del consenso,
el respeto por el otro, la libertad en sus diferentes formas, la igualdad, la tolerancia, etc., son valores ínsitos a la
idea de democracia. Cuando se habla de “sociedades democráticas” se hace referencia justamente a este estilo de
convivencia que se irradia en las prácticas organizativas, en las instituciones y en las personas en su vida diaria,
trascendiendo la idea de forma de gobierno.
A pesar de esto, como la palabra democracia no siempre fue entendida de la misma manera, a menudo se
presentaron objeciones a su sentido 4. Por ello dentro del pensamiento político el problema de la clasificación de
las formas de gobierno y el de la determinación de cuál es la mejor ha sido una cuestión central (¿monarquía?
¿aristocracia? ¿república? etc.).
Robert Dahl, un estudioso de la democracia, afirma que si bien el término democracia parece muy claro,
sus dos componentes plantean dos problemas básicos: qué o quiénes constituyen el pueblo y qué significa que
ellos gobiernan. Por ejemplo, no todo el pueblo, tal como lo entendemos hoy, participaba de la democracia en
Grecia, así si bien constituye el primer ejemplo de una sociedad que delibera explícitamente sobre sus leyes y
participa en su construcción, el concepto de pueblo estaba restringido ya que sólo eran ciudadanos los varones
adultos libres atenienses, estando excluidas las mujeres, los esclavos y los extranjeros.
El concepto de quiénes integran el pueblo es central, así a lo largo de la historia vemos que la lucha de los
grupos sociales ha sido por la conformación de un concepto inclusivo de democracia y esto iba de la mano de la
ampliación de los derechos de los hombres. Desde la Revolución Francesa en adelante se instituye la idea de que

4
Algunos autores tildaban a la democracia como exceso de populismo.
16 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

los derechos van unidos a una ampliación de la ciudadanía para poder participar en el gobierno. Los primeros
derechos reclamados y reconocidos estuvieron vinculados a la realización de los ideales de libertad y de igualdad,
frente a la opresión del poder absoluto.
Sólo quienes cumplían determinados requisitos sociales y económicos para el ejercicio efectivo de la ciu-
dadanía, tales como: propiedad, ingreso, educación, gozaban de esos derechos. Un hito importante lo constituye
la lucha por modificar el llamado voto censitario, por el cual sólo los propietarios, contribuyentes impositivos,
podían elegir y ser elegidos. Las luchas obreras del siglo XIX ven en el reconocimiento al derecho de asociación
y en la extensión del derecho de sufragio las armas para la obtención de las mejoras sociales, así el voto universal
será una de las grandes conquistas de la humanidad en la extensión de la democracia.
Como forma de gobierno, la palabra democracia hace referencia, entonces, a que el poder político perte-
nece en derecho a la población adulta toda y no a un grupo específico y limitado de gente. Se considera que el
poder político deriva de la soberanía popular y que quienes ejercen dicho poder político son los representantes
del pueblo elegidos en elecciones (democracia representativa). Así la democracia aparece como un método para
determinar la voluntad de la mayoría; y esto según Bobbio (1989) es una definición formal de democracia,
porque no nos dice nada acerca del contenido efectivo que luego puede ser instaurado y desarrollado según ese
método, a lo que debe contraponerse una definición sustancial de la democracia que se refiere al contenido de
las decisiones, a los derechos que se reconocen a la ciudadanía. Más derechos, más democracia.
El régimen democrático como régimen político es un concepto más amplio y dinámico que el de forma de
gobierno. Si bien hay diferentes versiones sobre su significado, en general podemos decir que el concepto de
régimen político se refiere a los patrones y reglas formales e informales que determinan las “modalidades reales”
de acceso y ejercicio del poder político. Nitti (Justo López, 1996, 178) afirma “Aun cuando las organizaciones
formales sean las mismas, la vida política, los actores, los modos de interpretar y aplicar la ley y las costumbres
son distintas”. De aquí que la naturaleza de un régimen político resulte no sólo de su organización, sino también,
y sobre todo, del modo como se traduzca esta organización en la realidad”.
Pongamos un ejemplo de un elemento del régimen político argentino: las llamadas “listas sábanas” . Estas se
arman sobre una regla formal del régimen político de acceso al poder de los candidatos de los partidos políticos
(está regulada por el sistema electoral de nuestro país), ahora bien, la forma en que se eligen los candidatos para
integrar las listas sábanas dentro de cada partido, puede estar determinada por una regla formal (si hay internas
partidarias reguladas por una norma jurídica) o puede constituir una regla informal si no la hay y la práctica
determina la forma de elegir los candidatos, y ambas formas son integrantes de la dinámica del régimen político
de un país
Entonces, el régimen político tiene que ver con los sistemas de representación, las modalidades de división
y/o superposición de poderes, las formas de organización de los intereses, las maneras de interpretar y aplicar el
derecho, los conjuntos de derechos y obligaciones asociados con la ciudadanía, entre otras cuestiones.
Sólo un régimen democrático puede asegurar grados reales y aceptables de representatividad de quienes
temporalmente ejerzan el poder político, esa representatividad está dada por la relación entre mayoría y minoría
que establezcan los sistemas electorales en un determinado lugar y que como régimen deben garantizar el acceso
de las minorías al poder.
Aquellos que votan son los mismos que tienen derechos a ser electos: los ciudadanos políticos. Los derechos
políticos son la puerta de acceso a la democracia y la puerta de entrada para el resto de los derechos pues implican
básicamente el derecho a la participación en la toma de decisiones (así cuantos más derechos o extensos sean
los políticos más posibilidades habrá que los ciudadanos puedan luchar por la ampliación o real vigencia de sus
derechos civiles y sociales).
República y Democracia no son sinónimos.

5. CIUDADANIA
La noción de ciudadanía más extendida ha sido la que desarrolló Thomas Marshall en su obra clásica llamada
Citizenship and social Class publicada en 1950, para quien la ciudadanía es aquel estatus que se concede a los
miembros de pleno derecho de una comunidad. Sus beneficiarios son iguales en cuanto a los derechos y obliga-
ciones. En su argumento básico sostuvo que la ciudadanía habría evolucionado a lo largo del tiempo a través de
la creciente adquisición de derechos como una especie de marcha por etapas: los siglos XVIII (Derechos Civiles);
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 17

siglo XIX (Derechos Políticos) y siglo XX (Derechos Sociales) y describió cómo esa evolución histórica de la
ciudadanía y de los derechos se manifestaba entonces en derechos civiles, políticos y sociales. Así se habla de
ciudadanía civil, política y social según el ciclo histórico en que dichos derechos se reconocían.
Entonces ser ciudadana o ciudadano significa ser miembro pleno de una comunidad, tener los mismos
derechos que los demás y las mismas oportunidades de influir en el destino de la comunidad, y asimismo su-
pone obligaciones que es lo que hace posible el ejercicio de los derechos. La ciudadanía se manifiesta (se hace
posible) a partir de tres dimensiones diferenciadas: primero, por pertenecer a una comunidad que es fuente de
identidad colectiva (nacional). Segundo, por la capacidad que tenemos de ser agentes participantes y decisorios
en las instituciones políticas. Tercero, porque supone cierto estatus legal (FARO DEMOCRATICO 2020. INE
E IIJ-UNAM).
Cuando aparecen los Estados del Bienestar se instituye la idea de que la ampliación de derechos que pre-
supone, implica una obligación de hacer por parte del Estado, es decir un compromiso firme de intervenir en
planes y estrategias y fondos para garantizar esos derechos sociales. Este modelo de Estado implicó un mayor
compromiso con la pregunta sobre la justicia redistributiva (es decir el modo en que se entendía justa la distribu-
ción en la sociedad de lo que ella misma produce) y su alcance al momento de distribuir las cargas y beneficios
entre los ciudadanos. Entonces aparece, siguiendo a Marshall la tensión entre la ciudadanía ideal y la real, que
surge de observar que los derechos sociales no se reconocen en la vida real con un sentido igualitario o que se
recortan según periodos políticos o que se restringen según condiciones etarias u otras situaciones.
En ese marco el desconocimiento de los derechos sociales, que son los que emancipan a las personas de las
necesidades materiales básicas, está construyendo en vastos sectores una ciudadanía “asistida”. Según Bustelo
(1998) la ciudadanía asistida y la ciudadanía emancipada son dos modelos que hoy se enfrentan para la cons-
trucción de los procesos políticos en la región, aunque es claro que estos no existen en estado puro, sino como
aproximaciones a su realización dependiendo del lugar que se le otorgue a lo privado y a la esfera pública. El
modelo de la ciudadanía asistida implica que se acompaña con recursos del Estado o privados a quienes lo ne-
cesitan según criterios políticos. De modo que están sujetos a la disponibilidad de recursos y más que derechos
son prestaciones sociales puntuales.
Por eso se enfrenta al modelo de ciudadanía emancipada, la cual reconoce otra tradición conceptual, desde
el originario pensamiento socialista de la construcción del “Estado de Bienestar” hasta los modelos nacionales
populares en nuestra región. En esta tradición se reivindica la igualdad social, entendida como equidad y el dere-
cho a tener igualdad de oportunidades en el marco de una justicia redistributiva. No se rechaza la individualidad,
pero se postula una idea de sociedad y de una esfera pública, en las cuales son importantes las libertades pero se
requiere más igualdad. Debemos recordar que América Latina es una de las regiones más desiguales del mundo,
en la que la polarización de la riqueza y de la pobreza alcanza niveles intolerables. Esta polarización es capaz
de producir grados importantes de injusticia social, frustración y violencia.
Por ello siguiendo a Bustelo (1998) la construcción de la ciudadanía en América Latina debe equivaler a
una agenda más igualitaria. Y para ello se requiere el predominio del poder democrático para lograr un nuevo
paradigma político – social de inclusión, frente a la, hasta ahora, determinante influencia del poder económico,
globalizado y nacional. Esto requiere considerar a los derechos sociales como elementos fundamentales del
proyecto de construcción de una democracia participativa, y a la política como un instrumento de su realización
(Bustelo, 1998).
Creemos que resulta interesante pensar en este momento donde se habla de los “discursos del odio entre
ciudadanos” reflexionar sobre el modo en que vivimos nuestra condición de ciudadanos en la relación con “el
otro”.En este sentido, como afirma Duchastel ( 2004, 93), “si la ciudadanía es un lazo que supone obligaciones
mutuas entre personas categorialmente definidas y un Estado, la identidad “ciudadano” describe la experiencia
y la representación pública de ese lazo. Una identidad semejante no surge de una invención deliberada, ni de las
implicancias ineluctables de un principio general, sino de la acumulación histórica de negociaciones continuas”.
Nos vamos reconociendo entre los miembros de una comunidad como ciudadanos a partir de la aceptación y
valoración de unos y otros.
Este proceso de reconocimiento de los sujetos ciudadanos entre sí es clave para la conformación del espacio
público, allí donde el ciudadano debe resignar algo de sus intereses individualistas para construir el espacio co-
mún. Si la sociedad política requiere para su constitución de la energía del sujeto y de un compromiso colectivo,
el sujeto en una dimensión antropológica, requiere conformarse existencialmente en este espacio público como
reaseguro de su necesidad de ser percibido y aprobado. En la noción de Arendt, siguiendo a Honneth (2009) el
18 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

sujeto individual sólo está en condiciones de experimentarse como un ser libre cuando aprende a comprometerse
de una manera activa en la discusión pública de los asuntos políticos, y sobre la falla en este orden, aparece la
dominación totalitaria. Los movimientos totalitarios (que pretenden dirigir y conformar la totalidad de la vida de
las personas) fundan su dominación construyendo una ideología colectiva que produce un sentido de enemigo,
al que se convoca a derribar. El espacio público no es reconocido como vida fructífera y de construcción demo-
crática de los ciudadanos sino como resignación de las libertades individuales.
Requerimos ser reconocidos por el otro para la formación de la vida en común. La noción de reconocimiento
como eje constitutivo existencial de los sujetos para la vida colectiva, desarrollada por Alex Honneth (2009)
en su teoría crítica, nos interesa en tanto permite destacar la centralidad del tipo de reconocimiento social que
permite pensar en una “formación atinada de la identidad” (pág. 267). No es ocasión en este trabajo dar cuenta
de la profunda elaboración del autor al respecto, pero sí recalcar la importancia de la dimensión necesariamente
orientada y reflexiva que deben tener los procesos de construcción de la identidad ciudadana, y en ese marco
podemos pensar en cómo operan los procesos educativos que los tienen como eje. En este sentido Honneth ha
tenido especial preocupación por proponer una teoría del reconocimiento social, que en los sistemas democráticos
occidentales entiende que sólo pueden asentarse en procesos formativos (por ejemplo los educativos) “que se
impulsen como detección de las propiedades de valor de otras personas de forma racional” (Honneth, 2009:38)
garantizado y propulsado institucionalmente.
Como ejemplo de procesos formativos institucionales destinados a orientar el tipo de propiedades de valor
que las personas debíamos reconocer en los otros, citamos los manuales de formación del ciudadano, llamados
de “Formación moral y cívica” de la época de la dictadura militar de 1976. Algunos de estos manuales instalaron
la figura del “subversivo” que hacía referencia a quien podía ser el “subvertidor” de valores del orden moral,
cristiano y neoliberal en lo económico que propugnaba la dictadura militar. Esta figura fue creada para legitimar
la persecución y desaparición de todo aquel que pareciera sospechoso, y se encomendaba a los compañeros de las
escuelas a estar atentos al posible subversivo. Eran manuales de estudio que ofrecían un tipo de reconocimiento
ciudadano que hermanaba en el temor, la sospecha y la violencia, estableciendo patrones de reconocimiento
claves: por ejemplo así se decía que cuando un compañero hablaba de la pobreza podía resultar sospechoso de
subversivo (Piñero, 2010)
Así en uno de esos manuales Luchenio (1981, 158) afirma que entre las causas de la “subversión” está
el hecho que…”..los jóvenes, impulsados por sus espontáneas ansias de superar algunos males que nos
aquejan, pueden ser conducidos, sin que ellos lo adviertan, por caminos que llevan a vulnerar nuestra
idiosincrasia y a proponer soluciones ficticias a esos males que, por lo demás, son comunes a toda sociedad
humana (pobreza, indigencia, etc)”.
Y en otro texto se podía definir de manera contundente“Se llama subversión a toda acción clandestina o
abierta, insidiosa o violenta, que busca la alteración o destrucción de los principios morales y la forma de vida
de un pueblo, con la finalidad de preparar con ello la toma del poder, o con la de imponer desde el poder una
nueva forma de vida basada en una escala de valores distintas” …La acción subversiva se dirige, sobre todo, a
la conciencia y a la moral para afectar los principios que rigen al hombre” (Kechichián, 1981: 188-189)
En este sentido, la formación de los jóvenes se presentaba como clave pues debían aprender a distinguir a lo
que denominaban el ser nacional (cristiano, liberal, defensor de las tradiciones militares, de la patria, la familia
patriarcal, heterosexual, no marxista, no cuestionador y otros arquetipos) y contraponerlo al subversivo. El tono
aleccionador y amenazante de los manuales condensa la intención de convertir al “otro” en un sospechoso.
¿Qué aprendiste en los textos dirigidos a tu formación sobre el “ser ciudadano argentino”?
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 19

6. PROCESO HISTÓRICO DE FORMACIÓN DEL ESTADO EN EUROPA Y SUS TRANSFOR-


MACIONES: MODELOS DE ESTADO5

6.a. Proceso de su conformación


El Estado6, en el sentido de organización político- social de carácter unitario, es un producto de la cultura
de Occidente que se plasma a partir del Renacimiento, en la Modernidad. Con anterioridad a esta época no
puede hablarse propiamente de “Estado”. Existió, obviamente, la relación gobernantes-gobernados, pero se dio
de una manera muy diferente si la comparamos con la que se efectiviza en la actualidad; esto quiere decir que
las organizaciones políticas antiguas, como la de los griegos y medievales, como la de los romanos, fueron muy
distintas a la que posteriormente -y hasta nuestros días se denominaría “Estado”.
Pero además hablamos de la constitución de los Estado-Nación, esto implica que las nuevas organizaciones
políticas que surgirán en Europa, no se limitarán a concentrar el poder de manera unitaria, sino que en función
de ese objetivo, impulsan lazos culturales, de tradición, de valores en el grupo humano, respecto de los grupos
étnicos existentes, dando paso, en un largo proceso que se evidencia a partir del siglo XVIII, a la idea de “Nación”.
Entre el paso de la Edad media y el Renacimiento se producen múltiples procesos históricos, políticos,
económicos etc. que transforman la idea de cómo organizar la vida de los grupos humanos. En la Edad media
los pueblos y ciudades eran unidades relativamente autónomas con su propia forma de organización, y sus redes
de poder (llamadas poliarquías), estructuradas por el llamado feudalismo7que impedían, que en la práctica, el
Emperador (máxima figura simbólica de poder político de la época) ejerciera un control y dominio sobre todos
sus territorios y las personas que la habitaban y lo trabajaban.
No había un derecho unitario ya que por las sucesivas invasiones de los pueblos entre si, había dispersión
jurídica. Además no existía una burocracia, en el sentido de funcionarios organizados con roles definidos que
cumplieran funciones pautadas por el Estado para organizar la vida social.
Como señala Heller (1934, 145), la palabra “Estado” designa certeramente una cosa totalmente nueva
porque a partir del Renacimiento y en el continente europeo, las poliarquías, que hasta entonces tenían un
carácter impreciso en lo territorial y cuya coerción era floja e intermitente, se convierten en 1. unidades de
poder continuas y claramente organizadas, con un solo ejército que era permanente, 2. una única y compe-
tente jerarquía de funcionarios y 3. un orden jurídico unitario, imponiendo además a los súbditos el deber
de obediencia con carácter general.
“A consecuencia de la concentración de los instrumentos de mando (militares, burocráticos y eco-
nómicos) en una unidad de acción política -fenómeno que se produce primeramente en el norte de Italia
debido al más temprano desarrollo que alcanza allí la economía monetaria-, surge aquel monismo de
poder, relativamente estático, que diferencia de manera característica al Estado de la Edad Moderna del
territorio medieval” (Heller, 1934:40)
La economía mercantilista primero y luego decididamente capitalista es un vestor clave para concentrar el
poder de esta nueva organización, lo que se logra finalmente a través de la alianza entre el monarca y la nueva
clase social: la burguesía, formada en el marco de los nuevos valores “modernos”, y sujetos preciados de la rueda
económica capitalista (eran los que compraban y vendían). La burguesía clamó por un gobierno fuerte, ante la
inseguridad provocada por los constantes problemas entre los nobles y la monarquía, y por ello se acercaron al
rey. A su vez, éste encontró en la burguesía una nueva fuente de financiamiento sustituyendo a la antigua nobleza
que cumplía ese papel, pero que lo hacía a cambio de férreos controles que le quitaban poder al monarca.
Esta concentración de poder caracteriza al Estado como una unidad de dominación independiente en lo exterior
e interior, que actúa de modo continuo con medios de poder propios y claramente delimitada tanto territorial como
socialmente; es decir, operando independientemente sobre personas determinadas en un territorio determinado.

5
Extraido de Bonetto - Piñero (2015)
6
Se afirma que fue Maquiavelo quien introdujo en la literatura científica la voz Estado en el siglo XVI.
7
El feudalismo se caracterizó por la existencia de estructuras creadas por los “señores” (podían ser condes, barones, duques, príncipes,
etc.) que poseían poder sobre determinados territorios donde establecían una relación de vasallaje entre el señor y sus vasallos. El
señor era una autoridad que brindaba protección y acceso a una porción de tierra, y recibía a cambio la lealtad absoluta de los vasallos
y su apoyo para las luchas.
20 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

Aparece concomitantemente, la idea de una pluralidad de Estados soberanos, coexistiendo con una igual
consideración jurídica; a diferencia de la Edad media en que todas las formaciones políticas de Europa se con-
sideraban más bien subordinadas al Emperador.

6.b. Estado Absolutista


Como organización nueva hablamos del Estado, siendo la monarquía absoluta el tipo de gobierno predomi-
nante en Europa entre los siglos XVI y XVII, tipificando la forma de Estado Absolutista, siendo ejemplos de
su tipo de gobierno el representado por los Reyes Católicos en España, Enrique VIII en Inglaterra y Luis XIV en
Francia. En este período, en la práctica Estado y soberano son una sola cosa. La monarquía justificaba su poder
en la tradición que lo consideraba como de origen divino: esto significó la creencia generalizada de que la con-
centración de poder en la persona del monarca le está legada por Dios, y que sólo ante él responde por sus actos.
Para la formación de esta nueva organización unitaria, desde el punto de vista jurídico fue muy importante la
idea de un derecho único, frente a la disgregación jurídica, la falta de codificación y la inseguridad en el derecho
que caracterizaba los períodos anteriores. Por ello se toma al Derecho Romano, sistematizado por la burocracia
justiniana que comienza a expandirse como “derecho cierto” desde fines del siglo XV. Esto trajo la necesidad de
encomendar la justicia a funcionarios especializados formados en el Derecho Romano en las Universidades del
norte de Italia. Estos funcionarios permitieron la creación de una jurisdicción relativamente previsible basada
en normas racionales, viniendo a crear el concepto de seguridad jurídica, puntal del nuevo Estado, sustitu-
yendo a los tribunales integrados por personas sin preparación, quienes juzgaban según el sentido jurídico y los
precedentes. La codificación y la profesionalización de la función de aplicar y ejecutar el derecho, eliminaron la
idea del “derecho del más fuerte”, e hicieron posible la concentración del ejercicio legítimo del poder físico en
el Estado, fenómeno que, con razón, se señala como una característica típica del Estado moderno.
Pero en la práctica esta nueva seguridad jurídica que significaba “igualdad de los hombres frente a la ley”,
tenía sus implicancias, así sostiene Heller (1934, 153):

“La concentración de los medios de dominación y especialmente de la creación jurídica, en las


manos del rey absoluto de una unidad jurídica, iban de hecho acompañadas necesariamente de una
mayor igualdad jurídica formal. Esta igualdad jurídica que, en su aspecto político, no significaba al
principio otra cosa sino que los súbditos todos, sin distinción de clase o nacimiento carecían de derechos
políticos frente al rey, expresa luego, además, que la ley del monarca es igualmente obligatoria para
todos los súbditos”.

6.c. Estado de Derecho

6.c.1. Estado de Derecho liberal. Estado social de Derecho


En los siglos posteriores se producen serias reacciones sociales a este poder absoluto del monarca, cuestio-
nando el desconocimiento de los derechos de las personas, la falta de participación política y representatividad
en el poder, así como la imposición autoritaria de un modelo de sociedad.
Paralelamente, se presenta un crecimiento de los pensadores políticos que problematizan el orden político
y social existente, y proponen otras formas de entender a la sociedad y al Estado, introduciendo nuevos temas,
que provocan una ruptura con la forma de pensar de la Edad Media; como la legitimidad del poder, el consenso
de los individuos como sustancia de las obligaciones, el derecho de resistencia política ante la autoridad,
la soberanía del pueblo, y otras cuestiones8.
El núcleo del pensamiento sigue la tendencia moderna de propender a la construcción racional del
orden social, que permita la limitación del poder y el aseguramiento de algunos derechos de las personas.
En el cuerpo teórico de la época comienza un traslado desde la “soberanía del monarca” (identificado con
el Estado) a la “soberanía del pueblo”.

8
Aunque con variantes entre sí, nos referimos a Bodín, Hobbes, Locke, Rousseau y otros.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 21

Tanto las demandas sociales, el nuevo pensamiento teórico, como la reacción de los gobernantes atendiendo
a estas demandas o siéndoles impuestas por la fuerza, hacen que en un lento proceso, se vaya transformando el
Estado y su derecho.
Poco a poco se va construyendo el Estado de Derecho, a partir del siglo XVIII y fundamentalmente afianzán-
dose a lo largo del siglo XIX. Nueva forma de Estado, que si bien conserva las características del Estado Moderno
como organización, da cuenta del cambio de época que surgen de los estallidos y demandas de los burgueses.
Las llamadas “revoluciones burguesas” atacan el poder y reclaman los derechos individuales. Se van creando las
instituciones necesarias y nuevas para dar cabida a estas demandas sociales, por medio del “constitucionalismo”.
Este fue un movimiento que propugnó establecer en un documento (las Constituciones) la sujeción del Estado
a la ley asegurando para ello protección de los derechos individuales de las personas y la división de poderes,
como elementos puntales del Estado de Derecho.
La idea básica es que el derecho debe limitar el ejercicio del poder en las sociedades y para ello se instituyen
normas jurídicas que organicen y limiten el poder del Estado y además que aseguren garantías jurídicas para el
ejercicio real de los derechos individuales. La democracia comienza a construirse, aunque con serios desafíos
y limitaciones.
El hecho histórico que hace extender este movimiento por todo el mundo europeo occidental, es la Revolu-
ción Francesa. Así en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea
Constituyente en 1789 dada por los «Representantes del pueblo francés constituido en Asamblea Nacional», se
establecen los principios sobre los cuales se asienta todo Estado de derecho: «La sociedad en que la garantía
de los derechos no está asegurada ni la separación de poderes determinada carece de Constitución» (art. 16)9.
Es necesario que nos detengamos un poco en la formación del Estado de Derecho, ya que las características
que allí lo identifican, son las que hoy aún perviven.
Las Constituciones de la época, nacidas al calor del “constitucionalismo” que como dijimos configurarán el
instrumento organizador del Estado de Derecho, contienen:
1. Primacía de la ley que regula toda actividad estatal, tanto la esfera ejecutiva como jurisdiccional: entién-
dase ley en sentido formal, o sea elaborada por los órganos legislativos del Estado; en las democracias
liberales, por el Parlamento. Los ciudadanos son iguales, formalmente, ante la ley. Esta ley es entendida
como manifestación de la soberanía popular, o sea es el pueblo quien elige a sus representantes para
crearla y aplicarla.
2. Un sistema jerárquico de normas que realiza la seguridad jurídica y que se concreta en el rango diverso
de las distintas normas y en su correspondiente ámbito de validez.
3. Legalidad de la administración, estableciéndose el sistema de recursos correspondientes ante ella.
4. Separación de poderes como garantía de la libertad o freno de posibles abusos. Esta separación se in-
terpreta de maneras distintas y es receptada con modalidades diferentes en las constituciones.
5. Reconocimiento de la personalidad jurídica del Estado, que mantiene relaciones jurídicas con los ciu-
dadanos.
6. Reconocimiento y garantía de los derechos fundamentales que se incorporan al orden constitucional.
7. Control de constitucionalidad de las leyes. Este control se efectúa de distintas maneras según los sis-
temas políticos, pero en todos existe el principio de que los órganos constituidos (Poder Legislativo,
Ejecutivo y Judicial) nada pueden disponer que contraríe a la Constitución; esto se denomina “principio
de supremacía constitucional”.

A este primer modelo de Estado de Derecho se lo designa con el nombre “Estado de Derecho Liberal” ya
que su aparición estuvo acompañada por una corriente de pensamiento que fue cuestionador del poder absoluto
y de sus pretensiones divinas, que pretendió restringir los poderes del Estado y defender los valores de la tole-
rancia y el respeto por la vida privada; fue defensor de los Estados constitucionales, de la propiedad privada y
de la economía de mercado competitivo (Pinto, 1995:147).

9
Las disposiciones más importantes que constituyen la base ideológica del ideario de la revolución son: El objeto de toda asociación
política es la conservación de los derechos del hombre, La libertad consiste en hacer todo lo que no perjudique a otro, Los límites a
la libertad sólo pueden provenir de la ley, Debido proceso legal, Libertad de expresión y conciencia, Repartición proporcional de las
cargas públicas, La propiedad es un derecho inviolable y sagrado.
22 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

Este liberalismo era la expresión ideológica de la clase burguesa; así los derechos considerados “naturales”:
vida libertad y propiedad privada y sus derivados: participación política, igualdad ante la ley, libertad de contratar,
de asociación, de domicilio etc., estaban cortados a la medida de las necesidades del señor burgués.
Entonces se vinculan íntimamente en su origen y desarrollo las formas del Estado de derecho y del
Estado liberal. El Estado de derecho comienza siendo, y lo será durante todo el siglo XIX y primeros de-
cenios del XX, Estado liberal de derecho, es decir expresión jurídica del liberalismo (Díaz, 1996).
Indudablemente que el Estado de Derecho significó un avance importante en términos de reconocimiento
de derechos y en participación popular, pero esto no permite afirmar que se vivía ya en democracia.
El Estado de Derecho Liberal no debe identificarse con la democracia. La democracia, en su sentido más
primitivo y generalizado (que algunos llaman “formal”) implica el reconocimiento institucional de la participa-
ción del pueblo en el poder a través del sufragio universal, y esto fue un largo proceso en la historia signado por
las luchas de los pueblos por obtener este derecho. El sufragio universal se generaliza después de la Segunda
Guerra Mundial, siempre que contemos sólo a los varones, pues la inclusión de las mujeres con su derecho a
voto, fue bastante después.
Pero tampoco el Estado de derecho debe identificarse con el Estado liberal, éste es una modalidad de aquél,
pero no lo agota. Por ello podemos hablar luego de otro modelo de Estado, “Estado Social de Derecho” o
“Estado del Bienestar”, que surge a partir de la crisis del año 1930 y se extiende después de la Segunda Guerra
Mundial, y que conserva la idea básica de ajustar el actuar del Estado y la sociedad al derecho, la de poner límites
al poder y asegurar derechos básicos de las personas, más otras cuestiones que vemos a continuación.
El Estado del Bienestar (Welfare State) encuentra sus raíces en las luchas obreras del siglo XIX contra los
efectos de la revolución industrial, en tanto entendido como emergente del modelo burgués de priorizar el capital
por sobre el trabajo. Es en el siglo XIX cuando comienza a observarse que el “libre” juego del mercado lejos de
satisfacer las demandas de la sociedad, produce una creciente desigualdad económica y social, pero no es hasta
después de la Segunda Guerra Mundial que se habla del Estado del bienestar.
Se puede sostener atendiendo sólo a los hitos más importantes que, históricamente, la confluencia combi-
nada del sufragio universal, la Primera Guerra Mundial, la crisis económica de 1929 y la presión creciente del
movimiento obrero provocan el colapso del Estado liberal. Esto puede comprenderse, ya que la acumulación de
estos cuatro factores debía tornar necesariamente inviable la estructura jurídico-política de ese Estado liberal,
basada en el sufragio de las clases poseedoras y con competencias restringidas. Además debemos contar con la
influencia del marxismo, la aparición y consolidación de la socialdemocracia y el socialcristianismo como opcio-
nes democráticas transformadoras del orden social, y que encuentran gran anclaje en los gobiernos europeos10.
Así como los liberales habían señalado reiteradamente, la implementación del sufragio universal implicaba
el peligro de que acabaran determinando la constitución política del Estado las clases desposeídas. En la realidad,
su efectivización paulatina erosionó las bases del modelo liberal, que sólo podía funcionar coherentemente en
el marco de una democracia restringida.
Es de destacar que, en el período comprendido entre las dos guerras mundiales se produce también la crisis
económica de 1930, sus problemáticos efectos y un extensísimo paro obrero, con la consiguiente profundización
de las luchas sociales y sus efectos en las instituciones políticas. Asimismo se inició en este período la insta-
lación de los totalitarismos (fascismo- nazismo), el hundimiento de la idea misma del Estado de derecho y la
consiguiente catástrofe de la Guerra Mundial.

Con mayor precisión, se puede decir que la formulación de la concepción del «Estado social de derecho» corresponde a Hermann
10

Heller, quien a su militancia socialdemócrata unía la condición de ser uno de los más destacados estadistas de teoría política y del
Estado entre los años veinte y treinta (García Pelayo, 1980).

Heller admite ya en esa época que el Estado de derecho y la posibilidad misma de un sistema democrático se encontraban en crisis,
ya que la hegemonía de los intereses de los estratos dominantes los habían convertido en sistemas que no significaban nada y eran
incapaces de oponerse a los dos frentes en que se desplegaba la irracionalidad. Por una parte, la irracionalidad del sistema capitalista
y sus consecuencias, no sólo económicas, sino también sociales y políticas negativas, las cuales el Estado formal de derecho encubría.
Y por otra parte, el peligro de la instauración de la irracionalidad fascista. Para este autor, la solución no residía en el abandono del
Estado de derecho, sino en otorgarle a éste un contenido económico y social, realizando dentro de su marco un nuevo orden laboral
y de distribución de bienes. En síntesis, sostenía una alternativa válida y superadora de la anarquía económica y a la inequidad e
injusticia del Estado liberal y de la dictadura fascista (Heller, 1991).
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 23

Este modelo de Estado se caracterizó por incluir la cuestión social en la agenda del Estado e institucionali-
zarla mediante el llamado “constitucionalismo social”, corriente de pensamiento que promovió las reformas de
las constituciones de los Estados para incluir los derechos de los trabajadores.
Pero además significó un viraje ideológico respecto del anterior modelo de Estado, ya que las reformas
presuponían un Estado fuertemente interventor en lo económico, en lo jurídico, en lo social, a fin de lograr un
equilibrio más justo en la sociedad, ya que presupone que el anterior modelo de Estado era inequitativo en la
distribución de la riqueza. Esto propone grandes diferencias con el modelo anterior de corte liberal, en que el
Estado debía minimizarse y dejar el equilibrio de la sociedad sujeto a las reglas del mercado.
En el Estado de bienestar el poder político se emplea para modificar con medios legislativos y administrativos
el juego de las fuerzas del mercado en tres aspectos:
a. Garantizando a los individuos y a las familias una renta mínima.
b. Reduciendo la inseguridad social, instrumentando los medios para que cada ciudadano pueda hacer
frente a difíciles coyunturas (enfermedad, vejez, paro, etcétera).
c. Garantizando a todos las mejores prestaciones posibles en relación a un conjunto de servicios.

Se estableció como una obligación de Estado llevar a cabo las acciones que aseguren al hombre las posibi-
lidades de existencia que no puede asegurarse por sí mismo. La satisfacción de las condiciones básicas de exis-
tencia y la esperanza de una mejora constante de tales condiciones constituyen el fundamento de la legitimidad
del sistema y el logro del consenso.
Este modelo de Estado entra en crisis en la década del 70 por numerosos acontecimientos; se trató de una
crisis económica generalizada que disminuyó las posibilidades de prestaciones amplias del Estado, y que llevó a
que los países tomaran diversas opciones políticas de distintos cursos. En algunos se instituyó el neoliberalismo,
siendo Thatcher en Inglaterra y Reagan en Estados Unidos los ejemplos a expandir de la salida neoliberal a la
crisis. En otros se profundizó con reformas, el modelo socialdemócrata típico del Estado del Bienestar, como
Austria, Suecia, Finlandia etc.
En América Latina en general, debemos aplicar otras categorías de análisis, pues no podemos decir que se
hayan replicado los modelos europeos sin distinciones, por el contrario las historias fueron muy distintas desde
la propia constitución del Estado. En general el modelo del bienestar en la región fue llamado modelo “nacio-
nal-popular” para hacer referencia a las particulares características de su implementación, así también debemos
decir que frente a la crisis de este modelo, en general se adoptaron salidas de corte neoliberal, especialmente
durante los años noventa.

Modelos de estado

Estado Moderno Absolutista


Estado de Derecho

Estado Liberal de Derecho


Estado Social de Derecho
Estado postsocial

7. FORMACIÓN DEL ESTADO NACIÓN EN AMERICA LATINA


Graciarena (1984, 41) advierte sobre la necesidad de historizar como un medio para hacer frente al presente
y poder construir un futuro “…… El sentido unitario del Estado sólo se percibe claramente en una dimensión
histórica, ya que es a partir de sus orígenes y diversos procesos formativos como se puede llegar al descubri-
miento de su condición de órgano supremo del poder nacional, con los rasgos que lo caracterizan en el presente
y también con los problemas de arrastre que trae consigo de su pasado singular.
24 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

Si se pretende avanzar hacia algún grado de entendimiento de lo que puede ser una crisis de Estado, la
dimensión histórica constituye una perspectiva insoslayable”.
Entendemos que el proceso de construcción del Estado Nación en la región latinoamericana, y específicamente
argentina ha sido distinto al europeo. Se pueden marcar muchas diferencias; desde el origen de las poblaciones,
la inexistencia de monarquías y de una burguesía en estas tierras, hasta el hecho de que nuestras primeras insti-
tuciones de gobierno-las que nos organizaron- eran foráneas, pues tomaron como su inspiración la de las socie-
dades en las que la elite ilustrada se había formado (la europea y norteamericana). Y muchas otras cuestiones.
Pero las diferencias pueden ser sólo anecdóticas sino tenemos claridad de nuestra posición al tratarlas.
Si pretendemos explicar nuestras realidades debemos estudiar nuestras especificidades descartando el pen-
samiento eurocéntrico, esto es aquel que resulta de sostener que el progreso y el desarrollo de un pueblo
debe ser analizado, explicado y diseñado de acuerdo a los cánones de lo que, según ese pensamiento, se
estiman “los países desarrollados”.
Seguimos a Bonetto (2015) cuando sostiene que para abordar la cuestión estatal en Latinoamérica hay que
considerar la condición periférica de ésta y vincularla con la característica colonial de su emergencia. “Nadie
escapa a esta experiencia, los nativos originarios, llamados indígenas, los mestizos, criollos, los descendientes de
los barcos, nadie escapa a este acontecimiento violento de instauración de institucionalización, de dominación,
de configuración societal y de aculturación11 que es la vivencia múltiple de la colonialidad” (Prada Alcoreza,
2011:4, op. Cit. Bonetto).
Por ello, la estructura de poder nacional se organizó sobre el eje colonial. La descolonización sólo hubiera
podido ser alcanzada por un proceso de democratización de la sociedad y el Estado, situación que no se produjo en
la región. Esta estrategia, se diferencia de la constitución del Estado Nación europeo, construido como expresión
de una tendencial homogenización de la población y cierto paulatino grado de democratización.
Revisando los análisis sobre el tema desde los enfoques de la descolonización12, se advierte, que en América
Latina, la perspectiva eurocéntrica fue adoptada por los grupos dominantes como propia, esto los llevó a imponer
el modelo europeo de formación del Estado –Nación para estructuras de poder organizadas alrededor de rela-
ciones coloniales de conformaciones distintas a las europeas, con otros conflictos de dominación y resistencia.
Estas consideraciones nos abren camino para sostener, coincidiendo con Prada Alcoreza (2010), que el Estado
en la región ha sido el gran instrumento de colonización desde la conformación de los aparatos administrativos
coloniales hasta las formas más modernas de Estados republicanos. Por otra parte, el problema colonial no es,
como algunos sostienen, sólo privativo de las sociedades con fuerte densidad demográfica indígena. La acultura-
ción la sufren las sociedades sin importar las diferencias étnicas, impacta al prescribir modelos europeos para el
análisis de los Estados regionales, e impedir pensar desde la propia y diferente identidad. La introducción de la
lógica eurocéntrica que lo hizo posible, le da sus formas de existencia todavía hoy, en la colonialidad del poder,
pero sobre todo del saber y del ser.
El colonialismo implicó instaurar instituciones para organizar nuestro territorio que provenían de distintas
tradiciones y que se ordenaron para que se cumpliera la función que se entendía serviría para “desarrollar”, para
construir el hombre nuevo que sustituyera lo que se entendía “atraso civilizatorio” referido a lo que se designaba
como la inmadurez de los hombres y mujeres que se encontraban en los dominios colonizados.
Una perspectiva que nos permite pensar el modo en que el dominio colonial instituyó los procesos de forma-
ción del Estado argentino es analizando las tensiones que se producían a su interior y que tenían que ver con la
forma en que América, por efecto de la colonialidad construía sus redes sociales e institucionales para dar curso
al proceso económico social de integración al mercado mundial.

Aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o
11

aspectos de la misma). Los individuos se adaptan, es decir se aculturan, incorporando elementos de otra cultura. Una de las causas
externas tradicionales ha sido la colonización. Así comienza a incorporarse por efecto de la dominación la cultura de los dominadores.
12
Los enfoques de la decolonización apuntan a reflexionar críticamente sobre los modos sociales que se impusieron en los países
colonizados por efectos de la colonización. El colonialismo imprime una matriz de configuración social y política que surge de ele-
mentos que lo identifican: racismo, autoritarismo, despojos, sexismo, violencia, y otros. Más específicamente es un término utilizado
principalmente por un movimiento emergente de América Latina que aborda la modernidad bajo una forma de teoría crítica aplicada
a los pueblos colonizados. La descolonialidadaborda el proceso histórico de emancipación de los pueblos colonizados y el término
también refiere a estrategias políticas, históricas, sociales y pedagógicas que tengan como objetivo producir la descolonización de los
pueblos y de su pensar bajo matrices colonizadas. Al respecto vease la propuesta de Crisafulli en DDHH sobre la decolonialidad, la
deconstrucción y la no neutralidad como herramientas para la descolonización.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 25

La colonización en América implicó que los dominios-los territorios y sus pueblos originarios- se convirtieran
en espacios para el mercado externo según los patrones de división del trabajo internacional. Así América debía
ser el gran mercado de recursos naturales y productos primarios, para proveer lo necesario para la industrialización
europea y satisfacer las necesidades establecidas como prioritarias según los patrones de dominación colonial.
Por eso desde la perspectiva decolonial Europa no podría haber sido sin su historia colonizadora. Se constituye
como tal a partirde que la colonización fue la condición de posibilidad de su existencia y grandeza.
Oscar Oszlak, (1985) en su trabajo “La formación del Estado argentino”, aborda las maneras en que en
Argentina se desarrollaron las capacidades básicas, que reconoce constitutivas de la forma Estado, y que en la
dinámica de la historia se siguen formando no libre de tensiones.
Acostumbramos a pensar en el concepto de nación como un pueblo que tiene un cierto grado de organicidad
u organización, pero existen otras definiciones de nación que atiende no a su supuesta unidad, sino que por el
contrario aparece como una idea problemática pues según Oszlak “La Nación” tanto en el continente europeo
como en el argentino se construyó a partir del funcionamiento de la economía de mercado. Y esto trae ciertos
efectos sobre la idea de nación.
De allí que advierte el autor, que en la nación se evidencian dos planos: el plano material: las múltiples
relaciones sociales surgidas de la diferenciación de sus intereses en base a las relaciones capitalistas (entre tantas
relaciones podemos mencionar: entre productores y consumidores, entre empleados y empleadores, entre cam-
pesinos y arrendatarios, entre los productores rurales y los empresarios del puerto, etc ).
Y por otro lado el plano ideal, referido a la creación de símbolos y valores generadores de sentimientos de
pertenencia, que tienden un “arco de solidaridades” (según expresión de O’Donnell) por encima de los variados
y antagónicos intereses de la nación que surge de su sentido material. Por ejemplo, el delantal blanco en las
escuelas es un símbolo de la unidad y construcción de la Nación argentina. La obligación del delantal blanco en
las escuelas en Argentina, a partir de la ley de educación laica, intentaba crear un sentido de igualdad entre los
alumnos que permitía eludir las diferencias de clase económica entre ellos y de origen (nacionales e inmigrantes).
Uniformaba la diversidad.
Entre algunos de los temas problemáticos en la constitución de nuestro estado-nación, Oszlak considera
que la identificación con la lucha emancipadora presente en los primeros años posteriores a la independencia
fue un precario componente idealista de la nación (plano ideal) insuficiente para producir condiciones estables
de integración nacional.
En cuanto a la base material de la nación, estima que recién comenzó a conformarse con el surgimiento de
oportunidades para la incorporación de las economías locales al sistema capitalista mundial y el consecuente
desarrollo de intereses diferenciados e interdependientes generados por tales oportunidades. Esto generó un
patrón de relaciones sociales que marcó la vida de los Estado en la región.

“Elementos tan variados como el desarrollo relativo de las fuerzas productivas, los recursos
naturales disponibles, el tipo de relaciones de producción establecidas, la estructura de clases
resultante o la inserción de la sociedad en la trama de las relaciones económicas internaciona-
les, contribuyen en diverso grado a su conformación y le dan una especificidad a ese Estado y
sociedad” (Oszlak: 1999, 14).

Esto presupone organizar relaciones que serán problemáticas, por ello cuando se habla de Nación como
“pueblo unido” se está falseando una realidad, y es que, siguiendo a Oszlak, la nación se construyó sobre
el eje de las diferenciaciones de intereses capitalistas en un espacio. Y esto impide pensar un cuerpo unido
y homogéneo, pues, desde el principio de la formación del Estado, la economía se constituyó en una arena
de negociación y conflicto.
El ideario liberal, aunque en distintas versiones, proveyó gran parte del fundamento normativo de la cons-
trucción del Estado Nación argentino. En toda la región de América Latina desde sus orígenes los gobiernos
independentistas se fundaron sobre el principio de la soberanía del pueblo y la idea de república representativa,
pero al momento de construir las instituciones locales estas adquirieron una dinámica que dependía del modo
en que se asimilaron esas ideas. A partir de ese marco inicial y durante el transcurso del siglo XIX se fue cons-
truyendo el Estado Nacional.
26 Ciclo 2023 - Tomo II - Cátedra A

Morse (1982) entiende que la recepción del liberalismo resultó particularmente problemática en estos mundos
colonizados, ya que era ajeno a su cultura política. Y a diferencia de angloamérica, el liberalismo y la democracia
no interactuaron directamente, ni produjeron uniones estables.
El liberalismo fue asumido por los sectores dominantes como programa selectivo o como estrategia económi-
ca, pero no como modo de vida política. La primacía del pensamiento de Locke en la clase dirigente, formadora
de las primeras instituciones independentistas en la región, dan cuenta de ello. En la tradición liberal, a partir
de Locke, el derecho privado y el derecho público están definidos a partir de un derecho individual fundante: el
derecho a la propiedad privada. Pero no se absorbe del pensamiento de ese autor cuestiones claves del liberalismo
como la participación y tolerancia.
Por su parte la democracia en América Latina tuvo diversas expresiones, a veces con incipientes manifes-
taciones populares, con pocos desenlaces felices y escasas formulaciones de proyectos ideológicamentes co-
herentes. En la cultura política local el liberalismo termina siendo compatible con la jerarquía y la adscripción,
por el colonialismo externo e interno (el reproducido por las elites dirigentes) y no se extendió a universalizar
el mensaje de los derechos igualitarios y de la participación política igualitaria.
Así la construcción del Estado y la Nación se constituyeron como campos problemáticos, ya que a la preten-
sión de imposición de la anterior concepción por las clases dominantes, se oponen visiones diferentes las cuales
resisten, alcanzar triunfos parciales y en definitiva constituyen una cultura política y un proyecto alternativo al
dominante, lo cual produce un escenario conflictivo entre el orden jurídico institucional establecido y las acciones
de vastos sectores sociales.
El siglo XIX fortalecerá considerablemente la tradición constitucionalista, alcanzando caracteres casi míticos
en las nuevas naciones de América Latina, donde la rápida sanción de constituciones hizo abrigar la ilusión de que
de ellas dependía la formación y el arraigo del Estado que, en su momento, fueron poco más que creaciones en el
papel, pero no estructuraciones reales de un orden político concreto basado en una estructura social compuesta por
clases sociales, regiones, etnias, y otras dimensiones relevantes de una formación histórica (Graciarena, 1984: 41)

BIBLIOGRAFÍA CITADA
Bonetto, M.S. y Piñero M.T. (2015) El Estado y sus modelos histórico-políticos en Europa y Latinoamérica. Ed.
Advocatus. Córdoba.
Bustelo, E. (2001) “Expansión de la ciudadanía y construcción democrática” en Bustelo, E y Minujin, A (editores).
Todos Entran. Propuesta para sociedades incluyentes. UNICEF-Santillana, Bs. As.
Duchastel, Jules (2004)”La ciudadanía en las sociedades contemporáneas: entre globalización y reinvindicaciones
democráticas” en: Bonetto, MS-Piñero, MT. Coord. Ciudadanía y Costos sociales; los nuevos marcos de regu-
lación. Oñati printed. Ed. Dykinson. España.
García Pelayo M. (1980): Las transformaciones del Estado contemporáneo, Alianza. Madrid.
Garzón Valdéz, Ernesto (1986) El concepto de estabilidad de los sistemas jurídicos. Centro de Estudios Constitucio-
nales, Madrid.
Graciarena, j. (1984) “El Estado latinoamericano en perspectiva”. En: revista Pensamiento Iberoamericano N° [Link]-
ro-Junio 1984 Revista patrocinada por el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) de España y la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL) de las Naciones Unidas.
Heller. H. (1934) Teoría del Estado. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
Honneth, Axel (2009) Crítica del agravio Moral. Patologías de la sociedad contemporánea. Argentina. Fondo de
Cultura Económica.
Justo López, M. (1987) Introducción a los Estudios Políticos. Depalma. Buenos Aires, Volumen I.
Kechichián, Roberto “Formación Moral y Cívica” ed. Kapelusz, edición de 1981. Primera edición 1978. Buenos Aires.
Luchenio, Angela “Formación Moral y Cívica” ed. Stella, edición de 1981. Primera edición 1978. Buenos Aires.
Morse, R. (1982) El espejo de Próspero. México. Siglo XXI editores.
O’Donnell G., Lazzetta O. y Cullellj (comp.) (2004): Democracia, desarrollo humano y ciudadanía. Reflexiones sobre
la calidad de la democracia en América Latina, Homo Sapiens Ediciones. Argentina.
O°Donnell, Guillermo (1993) “Acerca del Estado, la democratización y algunos problemas conceptuales: una pers-
pectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas”, en Desarrollo Económico, Vol. 33 N° 130,
Buenos Aires, pp. 163-184.
Introducción a los Estudios de la Carrera de Abogacía 27

Oszlak, Oscar (1999) La formación del Estado Argentino. Ed. de Belgrano, Bs. As.
- (2020) El Estado en la era exponencial. INNAP. CLAD: CEDES. BS. As.
Piñero, María T. (2010) “Educar al soberano argentino en tiempos de dictadura” en Chaves Palacios, J. (coord.) La
Larga memoria de la dictadura en Iberoamérica. Argentina, Chile y España, Editorial Prometeo-Aecid (España),
Buenos Aires, págs. 269-293, ISBN: 978-987-574-379-3.
CAPÍTULO V
LAS CIENCIAS JURÌDICAS Y LAS CIENCIAS SOCIALES:
APORTES PARA SU ANÁLISIS

ROBERTO CARLOS MARUCCI* - SANDRA SILVINA PARIS**


LAUTARO MARTÍN RAMIREZ***


*Abogado (FCJyS-UNLP). Profesor Adjunto Ordinario de Historia Constitucional,
Cátedra II. Ex Director Ejecutivo con el cargo de Coordinador de las materias del primer
año de la carrera de abogacía de la Secretaria de Asuntos Académicos, Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata en el período 2007
- 2013.
**Abogada (FCJyS-UNLP). Profesora Adjunta Ordinaria de Introducción al
Derecho, Cátedra II. Ex Secretaria de Asuntos Académicos de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Sociales en el período 2012-2014.
***Abogado (FCJyS-UNLP). Magister en Integración Latinoamericana y
Especialista en Políticas de Integración (FCJyS-UNLP). Diploma Internacional de
postgrado Derecho, Economía y Política en Perspectiva comparada Unión Europea
y MERCOSUR, (Universitá degli Studio di Bari - UNLP). Diploma Trade and Development
(American University). Investigador categoría IV (CONEAU). Jefe de Trabajos Prácticos
Ordinario de Economía Política (Cátedra I) y Profesor Titular Interino de la asignatura:
“Introducción al Estudio de las Ciencias Sociales” (FCJyS-UNLP). Ex Director del Curso
de Adaptación Universitaria y Materias de Primer Año en el período 2013-2016 de
la Secretaría de Asuntos Académicos (FCJyS-UNLP). Actualmente se desempeña
además como Prosecretario de Planificación y Desarrollo de Plan Estratégico (FCJyS-
UNLP) y Director del Observatorio de Relaciones Económicas Internacionales de la
Secretaria de Extensión de la misma Casa de Estudios.

133
SUMARIO: I. Introducción. - II. Las Ciencias Sociales. - III. Los Fenómenos Sociales. - IV.
Clasificación de las Ciencias Sociales. - V. Problemáticas de las Ciencias Sociales. - VI. Las
Ciencias Jurídicas y las Ciencias Sociales. - VII. Enfoques metodológicos de las Ciencias
Jurídicas dentro de las Ciencias Sociales. - VIII. Relaciones de las Ciencias Jurídicas con
otras Ciencias Sociales. - IX Conclusiones.- X. Bibliografía.

I. Introducción
La importancia del tema de “la ciencia” en esta materia reside en
que los parámetros de la misma establecen reglas para poder generar
diferentes tipos de conocimientos distintos respecto de la mera opinión
que podemos tener sobre algún tema -en nuestro caso, por ejemplo,
sobre las leyes-, un tipo de conocimiento bastante seguro que admita
una justificación racional o empírica de sus enunciados.

En otro capítulo hemos estudiado sobre el conocimiento científico,


los métodos de investigación y los campos disciplinares1. Retomaremos
desde esta última perspectiva.

Las Ciencias Sociales, tienen como objeto al hombre y sus


producciones, han recorrido un largo camino hasta dar por sentada
su existencia como nexo de las ciencias empíricas. Intentan conocer
mejor las relaciones que las personas y los grupos sociales mantienen
entre sí, cuales son las razones que guían sus acciones, los cambios y las
permanencias que se dan a lo largo del tiempo, las formas en que las
sociedades transforman la naturaleza y organizan territorios, el desarrollo
de las culturas en el presente y en el pasado, como así también las
distintas formas de organización del poder político.

El hombre siempre se ha preguntado por su psique, sus motivaciones


y su cultura. Pero es a partir de la Revolución Francesa -1789- y la Revolución
Industrial -siglo XIX-, cuando se abre el camino para un impulso a las
ciencias del hombre y fundamentalmente para las que conciernen a la
sociedad. Tanto es así, que a partir del siglo XIX comienza a estudiarse
de manera sistemática el hombre, su lenguaje, sus costumbres y las
instituciones que va creando.

Los hechos históricos tienen importancia en la configuración de las

1
Cenicacelaya, María de las Nieves; El conocimiento científico y las ciencias so-
ciales; en Introducción al estudio de las ciencias jurídicas y sociales. Curso de adaptación
universitaria, La Plata, 2016, p. 81 ss.

135
Ciencias Sociales porque, de una u otra manera, si el objeto de estas
ciencias es el hombre y la sociedad, ellas nacieron para explicarlos,
describirlos, transformarlos o justificarlos.

La Ciencia Social nació simultáneamente en las obras de Auguste


Comte -1798-1857- y de Karl Marx -1818-1883-; el primero dio paso
al positivismo y a partir del segundo se formó la línea de pensamiento
denominada crítico-dialéctica. Esta coexistencia temporal, explica la
similitud de algunos de sus presupuestos: por ejemplo, la consideración
del carácter objetivo de la realidad social y la confianza en los logros
de la razón científica para transformar las sociedades. Si bien ambos
presentaron teorías muy distintas y fines políticos diversos: para Marx las
nuevas fuerzas de la ciencia harían posible que la clase obrera se librara
del sistema opresor del capitalismo; empero, para Comte la ciencia
positiva promovería el progreso y formas más racionales de vida.

Así, comenzó el estudio del ser humano en tanto animal social. Todas
las Ciencias Sociales toman como base el estudio del hombre como
ser social, es decir, el estudio de sus colectividades, aunque cada una
de ellas haga diferente énfasis sobre sus diversos aspectos. Mientras
la Economía analiza los procesos de producción, trueque, cambio y
consumo de bienes y servicios en virtud de los cuales una determinada
sociedad atiende sus necesidades; la Historia estudia la evolución y las
transformaciones de la sociedad a través del tiempo; la Ciencia Política
describe la distribución, los cambios y los conflictos del poder dentro
del mundo social y; la Sociología investiga la estructura, los procesos y la
naturaleza de la sociedad humana en general.2

Por su parte la Ciencia Jurídica, en tanto se ocupa del hombre como


ser cultural y de uno de sus productos en particular, el Derecho; por lo
que se ubica como un saber de las Ciencias Sociales.

Entender el Derecho como una práctica social implica que debe ser
concebido como un momento dentro de una estructura social, nunca
aislado de la historicidad de la cual surgió. Analizar al Derecho es tomarlo
desde su anclaje en una historia política, social, económica, cultural,
etc., ya que solo desde allí es posible hacer una lectura no reduccionista
del fenómeno jurídico, integrado a la realidad de la que surge, con sus

2
Cabrera, Martín L. “Sociología: ¿qué es y por qué se estudia?”, en Introducción al
estudio de las ciencias jurídicas y sociales. Curso de adaptación universitaria, La Plata,
2012, p. 134.

136
múltiples conflictos e intereses diversos.

Resulta conveniente dejar en claro, que ello no siempre se entendió ni


se entiende de ese modo. Primero, el iusnaturalismo teológico, propio de
la Edad Media y cuyo principal exponente lo encontramos en Tomás de
Aquino (1224-1275), sostuvo que el Derecho Natural es aquella parte del
orden eterno del universo originado en Dios y que es asequible a la razón
humana. Segundo, cuando se privilegia la razón, esta concepción clásica
se la conoce como racionalista. Para el iusnaturalimo racionalista, el
Derecho Natural no deriva de los mandatos de Dios sino de la naturaleza
de la razón humana. El mundo es un sistema ordenado regido por leyes
universales y necesarias y, el hombre es un ser racional, es decir, dotado
de una facultad que el permite conocer y comprender aquellas leyes.

Sin embargo, el gran cambio producido en las ciencias en el


período moderno, trastoca el proceso de validación y justificación del
conocimiento. Ya no se piensa solamente en principios de los cuales
se deducen otros conocimientos; sino también de la observación y
experimentación, dando origen al empirismo.

Frente a esta concepción, que se afianzará durante los siglos XVIII y


XIX, las ciencias sociales serán protagonistas en el modelo naturalista
de ciencia o empirista intentando encontrar una explicación causal de
los fenómenos, en el sentido de “como” suceden (para ello observan y
experimentan) y privilegiando un interés práctico con ansias de controlar
la naturaleza. El mundo pasa a ser un conjunto de hechos descriptibles,
que no se conocen mediante la intuición sino por la experiencia.

Entonces ¿dónde encuadran las investigaciones jurídicas en este


paradigma? El movimiento codificador3 del Derecho Privado4 que se
produjo en Europa a principios del siglo XIX, logró cierta unidad en el
derecho positivo, permitiendo la sistematización jurídica y el fomento de
la investigación científica.

Pero en el campo jurídico se producirá una diferencia substancial.


Pues, es difícil identificar las normas con hechos, porque si bien el derecho
positivo depende de hechos, no se identifica con ellos. Los hechos perte-

3
Código: cuerpo ordenado y sistemático de normas jurídicas que se refieren a
una especialización del derecho y estructurado de acuerdo a un método.
4
Entiéndase por Derecho Privado al referido a las normas que reglamentan las
diferentes relaciones y actividades de los particulares entre sí.

137
necen al campo del ser, pero cuando el legislador decide que hechos se
traslada al campo jurídico y les imputa consecuencias jurídicas, estamos
en el campo del deber ser; aparece entonces el principio de imputación que
es distinto al principio de causalidad de las ciencias fácticas. En el campo
del deber ser, a determinados hechos se le deben atribuir determinadas
consecuencias jurídicas que el legislador estableció.5

Esta alternativa significa cambiar el sentido del vocablo derecho y


preguntarse, qué se entiende por derecho (aludiendo al derecho positivo,
al derecho que existe) pero sin confundirlo con los hechos en los cuales
se origina. Esto da lugar a una corriente de pensamiento denominada
positivismo jurídico, cuyo mayor exponente teórico y filósofo fue Hans
Kelsen (1881-1973).

Para esta concepción, la labor solo se considerará científica, si se


limita el jurista a describir normas (dictadas de acuerdo al procedimiento
establecido y por los órganos competentes para ello), sin valorarlas como
justas o injustas, ni si se acatan o no y, prescindiendo de cuestiones
políticas o históricas.

Como se aprecia de lo estudiado precedentemente, no hay una


sola manera de concebir al derecho, ya que este no es algo dado, sino
una construcción humana y por lo tanto académicos como operadores
(jueces y abogados) pueden tener diferentes visiones sobre el mismo.

Como ha señalado el Doctor Carlos Pettoruti: “… nos quedaríamos


con un armazón sin sentido si solamente limitamos nuestro estudio a
los aspectos formales o estructurales, sin tener en cuenta la realidad o el
contexto en el cual las normas se aplican y la valoración o motivaciones que
éstas representan”. 6

Retomado el concepto de historicidad del derecho, podemos sostener


que este es un fenómeno social que penetra en la vida aun antes de nacer
y tiene efectos después de la muerte. Asimismo, organiza y da sentido
a aspectos relativos a la constitución biológica del grupo y define la
estructura familiar, las relaciones societarias, el derecho de propiedad, etc.

5
Este tema se profundizará en la materia Introducción al Derecho.
6
Pettoruti, Carlos E.: ¿Qué es el derecho?, en Introducción al estudio de las cien-
cias jurídicas y sociales. Curso de adaptación universitaria, La Plata, 2015, p. 110.

138
Entonces, las normas jurídicas resultan solo una dimensión de un objeto
complejo, que es el derecho. Para dar cuenta de lo jurídico es necesario
primero pensarlo como una instancia de la vida social y política del grupo.
Se debe incluir en su enfoque una interacción de las distintas disciplinas
que con su aporte nos ayuden a comprender el fenómeno jurídico.

Empero, el derecho no es neutral, sino que condensa en su creación,


aplicación y uso por parte de los operadores, determinadas relaciones de
poder. Esto no se refiere a la obviedad de que el Estado tiene los poderes
para crearlo y aplicarlo, sino que no hay que desconocer la trama de
relaciones políticas, económicas y sociales que promovieron la sanción
de una ley por los órganos del gobierno.

En consecuencia, puede sostenerse que el derecho es básicamente una


práctica social impregnada de politicidad, que se articula con los valores
del grupo cultural, tanto en su creación, aplicación e interpretación.

Esbozado lo anterior, nos adentramos en el estudio y el análisis de las


Ciencias Sociales y su vinculación con las Ciencias Jurídicas.

II. Las Ciencias Sociales


Sin perjuicio que pueda existir una idea, sobre el concepto de las
Ciencias Sociales, la amplitud del término ha provocado divergencias
entre las distintas escuelas de pensamiento.

Al ser ello así, junto al término Ciencias Sociales “han aparecido


recientemente empleados como equivalentes otras, tales como Ciencias
Humanas, Ciencias del Hombre, Ciencias Culturales, además de la de Ciencia
Social”7 , resultando que para algunos autores la distinción, por ejemplo,
entre Ciencias Sociales y Ciencias Humanas es más o menos arbitraria; en tanto
que para otros como Lévi- Strauss8 la propia expresión de Ciencias Sociales
contiene un pleonasmo9, ya que al declararse sociales dan a entender que se

7
González Hernández, A.: Didáctica de las Ciencias Sociales, Barcelona, CEAC,
1980, p. 5.
8
Claude Lévi-Strauss fue un antropólogo y etnólogo francés, una de las grandes
figuras de su disciplina en la segunda mitad del siglo XX.
9
Un pleonasmo (del griego πλεονασμός pleonasmós; de πλέον, pléon más, dema-
siado) es una expresión en la que aparecen uno o más términos redundantes (por
ejemplo: sal para fuera).

139
ocupan del hombre, y lógicamente, si son humanas en principio, son
automáticamente sociales; por eso opina que el criterio de distinción
entre Ciencias Sociales y Humanas es solamente de orden práctico10.

Analizando las diferencias entre las ciencias sociales y las ciencias


de la naturaleza, tal vez nos iremos aproximando al objetivo. Primero,
reparemos en su objeto: las primeras estudian la interacción entre los
individuos y las colectividades, mientras que las segundas se dedican
al estudio de los componentes físicos y del funcionamiento de los seres
vivos y su entorno.

Otra diferencia importante estriba en que para las ciencias de la


naturaleza el sujeto y el objeto de estudio están separados, en tanto
que en las ciencias sociales el objeto de estudio y el sujeto que lo
realiza coinciden. Esta diferencia cuestiona el carácter científico de las
ciencias sociales, ya que es difícil que el ser humano pueda conseguir un
conocimiento objetivo de la realidad social que él mismo genera.

Sin embargo, y dada la necesidad de ofrecer una conceptualización al


lector, entendemos que: “Las Ciencias Sociales son disciplinas intelectuales
que estudian al hombre como ser social por medio del método científico.
Es su enfoque hacia el hombre como miembro de la sociedad y sobre los
grupos y las sociedades que forma, lo que distingue las ciencias sociales de
las ciencias físicas y biológicas”11.

III. Los Fenómenos Sociales


Diverges se refiere a aquellas como las: “ciencias de los fenómenos
sociales” y opina que esta definición es la más general y la más neutra,
pese a lo cual, no está exenta de críticas dada la amplitud que existe
acerca de la noción de fenómeno social. Los cuales, según el mismo
autor, se caracterizan por lo siguiente:

1) El carácter colectivo, es decir los hechos comunes a varios


individuos. Pero toda colectividad es un conjunto de relaciones entre
individuos y, en definitiva, las acciones colectivas son pensadas y llevadas
a cabo por unos hombres. De ahí, la oposición existente, desde el origen
de la Sociología, entre dos tendencias: la primera acentúa el carácter
colectivo y considera a los grupos como realidades propias y distintas de
los individuos que las componen; la segunda, por el contrario, insiste en
el hecho de que son éstos los que piensan y actúan, y reduce lo colectivo
a lo interindividual.
140
2) Algunos fenómenos sociales, como la distribución de las materias
primas o un determinado tratado de alianza, etc. existen fuera de las
conciencias y, por lo tanto, poseen un carácter objetivo. Otros, por el
contrario, son solo representaciones colectivas (estudio de la opinión
pública, de las creencias políticas y religiosas, etc.) y no existen fuera
de las conciencias, por lo que, aunque se ha llegado a introducir cierta
objetividad en su estudio al tratarlos parcialmente como “cosas”, no es
posible suprimir totalmente la subjetividad del observador.

3) Carácter general relativo, a causa de la singularidad de los


acontecimientos históricos. No obstante, hay que hacer notar, ante todo,
que los acontecimientos pueden ser objeto de cotejos y comparaciones
que introducen, en la singularidad, un cierto carácter general.

4) Carácter positivo. La ciencia es positiva porque estudia lo que es,


no lo que debe ser. La distinción de lo positivo y de lo no positivo es la
del ser y del deber ser. A la noción de fenómeno positivo se opone la
de “valor”, pues valorar un hecho consiste en realizar sobre él un juicio,
que no se emite en función de la realidad, de lo que es, sino en función
de una determinada concepción del deber ser. Casi todos los fenómenos
sociales son valores en mayor o menor grado, por eso no resulta posible
que las Ciencias Sociales dejen de estudiar los valores. Estos, no obstante,
pueden estudiarse de forma positiva considerándolos como hechos.
Así, por ejemplo, las concepciones del bien y del mal, de lo justo y de
lo injusto, de lo bello y de lo feo, todos los cuales constituyen juicios
positivos en cuanto expresan creencias de un grupo, y el observador no
adopta frente a ellos una postura determinada.

Por otra parte, otros autores definen a las Ciencias Sociales “como
aquellas materias que tratan el estudio del hombre y de sus relaciones con
los demás hombres y el medio ambiente”12.

Sin embargo, la existencia de tantas definiciones trae como


consecuencia una gran variedad de clasificaciones, las cuales ofrecen
diferentes dificultades. A dichas clasificaciones se aboca el acápite siguiente.

12
Fernández Ochoa, C. - Ardit Llopis, M. T. y Rubio Aparicio M. J., Las Ciencias
Sociales ¿Cómo se plantean?, Madrid, Narcea, 1982, p. 7.

141
.
IV. Clasificación de las Ciencias Sociales
Tomaremos la clasificación que realizara Jean Piaget13, sobre las
Ciencias Sociales, pues, tiene la ventaja de organizar el conocimiento, así
como también incluye una serie de disciplinas relativamente recientes.
Conforme a ello, dicho autor clasifica a las Ciencias Sociales en cuatro
categorías: 1) Ciencias Nomotéticas; 2) Ciencias Históricas; 3) Ciencias
Jurídicas; y 4) Ciencias Filosóficas. A continuación, se verá el contenido
de cada una de ellas.

1) Ciencias Nomotéticas: Para Piaget, estas Ciencias son aquellas que


intentan establecer leyes, por lo tanto, una característica propia de estas
ciencias es la elaboración o búsqueda de aquellas. A esta característica se
suman otras dos fundamentales que son la utilización del método de la
experimentación y la tendencia a dirigir investigaciones solo sobre pocas
variables a la vez. Las disciplinas que comprende este primer grupo serían
las siguientes: a) la Antropología Cultural; b) la Sociología; c) la Psicología;
d) la Estética Experimental; e) la Lingüística; f ) la Economía Política; g) la
Econometría; h) la Demografía; i) la Cibernética; j) la Lógica Simbólica; k)
la Epistemología Científica; l) la Historia (cuando busca explicación de las
sucesiones históricas).

2) Ciencias Históricas: Estas son definidas como aquellas disciplinas


que tienen por objeto reconstruir y comprender el desarrollo de todas
las manifestaciones de la vida social a través del tiempo. Para el autor, la
Historia abarca todo aquello que tiene importancia en la vida colectiva,
tanto en sus sectores aislados como en sus interdependencias. Dentro de
este grupo se encontrarían las disciplinas relativas a: a) la Historia; b) la
Filología; c) la Crítica Literaria.

3) Ciencias Jurídicas: Este tercer grupo conforma el mundo dominado


por los problemas de las normas, de modo que una “ley” en el sentido
jurídico del término es un sistema de obligaciones y atribuciones. En
otras palabras, una norma se distingue por su misma obligatoriedad
de las relaciones más o menos generales buscadas por las Ciencias
Nomotéticas bajo el nombre de “leyes”. Lo propio de una norma es

13
Jean William Fritz Piaget (Neuchâtel, 1896- Ginebra 1980 fue un epistemólogo,
psicólogo y biólogo suizo, considerado como el padre de la epistemología genésica
(genésica, esto es, relativa a la génesis), famoso por sus aportes al estudio de la infan-
cia y por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia.

142
prescribir un cierto número de atribuciones y de obligaciones que siguen
siendo válidas aun en el caso de que el sujeto las viole o no haga uso
de ellas. Empero, entre las Ciencias Jurídicas y las demás no existe una
delimitación perfecta. Por ejemplo, la Historia del Derecho, en tanto que
historia de las instituciones jurídicas, no es ya una disciplina normativa,
sino un análisis de las realidades que han sido admitidas como normas
por las sociedades consideradas, siendo para el propio historiador del
derecho unos hechos históricos más. Esta dualidad de puntos de vista
entre lo que es norma para el sujeto y lo que es hecho para el observador
se presenta con más claridad, por ejemplo, en la Sociología Jurídica, cuyo
objeto es analizar los hechos sociales relacionados con la constitución y el
funcionamiento de las normas. Dentro de estas se encuentra la disciplina
conocida como “Derecho”.

4) Ciencias Filosóficas: Este cuarto grupo para Piaget es difícil de


clasificar, debido a que entre los autores que se dedican a ellas reina
cierto desacuerdo respecto al alcance, la extensión e incluso la unidad
de las ramas que conviene reunir bajo este término. Lo que sí se puede
afirmar es que la Filosofía propone alcanzar una coordinación general de
los valores humanos. Dentro de estas se encontrarían: a) la Moral; b) la
Metafísica; c) la Teoría general del conocimiento; entre otras.

V. Problemáticas de las Ciencias Sociales14


Las Ciencias Sociales estudian la realidad social con el propósito de
comprender y explicar la vida de la sociedad en sus múltiples aspectos. Es
decir, intentan conocer mejor las relaciones que las personas o los grupos
sociales tienen y mantienen entre sí, las razones que guían sus acciones,
los cambios y las permanencias que se dan a lo largo del tiempo, las
formas en que las sociedades transforman la naturaleza y organizan
territorios, el desarrollo de las culturas en el presente y en el pasado, las
distintas formas de organización del poder político15.

14
A los fines del presente acápite se ha tomado como referencia, Alonso, M. E.
et al, Ciencias Sociales EGB Tercer Ciclo, Colección Libros y más, Aique Ed., 2014, p. 25.
15
Alonso, M. E. et al, Op. Cit. p. 26.

143
Por lo anterior, los problemas que comparten las Ciencias Sociales se
vinculan a las siguientes características:

• Incluyen variedad de elementos (sociales, políticos, económicos,


culturales, ambientales, tecnológicos) que se interrelacionan
entre sí.
• Involucran numerosas personas o instituciones (individuos,
empresas, asociaciones, gobernantes). Cada grupo o sector
defiende sus propios intereses y puntos de vista. Por eso, cada
grupo o cada actor social, generalmente, define de modo diferente
el problema y, en consecuencia, propone caminos distintos para
solucionarlo.
• Tienen múltiples causas, es decir, no es posible explicar el problema
apelando a una única razón. En general, las explicaciones se
elaboran teniendo en cuenta esta multiplicidad de motivos que
desencadenaron el problema.
• Pueden afectar los territorios y a los habitantes de distintos
países. Por ejemplo, una nube toxica emitida desde un lugar
puede producir daños en zonas muy alejadas. Del mismo modo,
una decisión tomada por los bancos de un país puede afectar la
economía de un gran conjunto de países.
• Pueden articular tiempos diferentes. Verbigracia, un conflicto
armado puede manifestarse en el presente, pero sus causas,
probablemente, pueden rastrearse desde mucho tiempo atrás.
Además, el conflicto tendrá efectos directos o indirectos en el
futuro.
• No tienen una única respuesta ni una única solución. Por eso
precisan del aporte de múltiples ciencias y saberes para su
comprensión y explicación.
Por estas características, los problemas que estudian las Ciencias
Sociales enfrentan a los investigadores y analistas con situaciones
difíciles de resolver o solucionar y, muchas veces, se trata de verdaderas
encrucijadas.

VI. Las Ciencias Jurídicas y las Ciencias Sociales


Las Ciencias Jurídicas como integrante de las Ciencias Sociales, han

144
seguido en parte los marcos conceptuales antes mencionados. Empero,
en el contexto del dualismo epistemológico16, será que tiene lugar la
obra de Hans Kelsen, Teoría Pura del Derecho, la que sentará las bases de
la corriente de pensamiento conocida como positivismo jurídico.

Desde una perspectiva objetiva y avalorativa, esta corriente sostiene


que el objeto de estudio del Derecho es la norma, considerándola como
hecho y no como valor. Al respecto, considera que en el mundo del
Derecho existen hechos, a los cuales se los considera jurídicos, es decir
que se requiere en primer término la identificación de un hecho que
ocurre en el tiempo y, luego la significación jurídica que se le da a ese
hecho, acciones complementarias entre sí. Conforme a ello, la norma es
la que dota de sentido objetivo los actos humanos, funcionando como
un esquema de explicación de la realidad jurídica, en el cual se ordena,
permite o autoriza un comportamiento humano. Por lo tanto, la norma
se configura como un objeto independiente del sujeto, de cómo ésta la
vive, de cuál es su sentimiento o su conciencia del deber, sin importar el
hecho psíquico.

En concordancia con lo anterior, Bobbio sostiene que: “el positivismo


jurídico surge como consecuencia del esfuerzo por convertir al derecho en
una auténtica ciencia, que posea los mismos caracteres de las ciencias físico-
matemáticas, naturales y sociales”17, entre ellos la neutralidad valorativa,
es decir la rigurosa exclusión del juicio de valor (toma de posición frente a
la realidad), del horizonte científico, quien debe formular exclusivamente
juicios de hecho (conocimiento acerca de la realidad), obteniendo con
ello un conocimiento puramente objetivo de la realidad. Al respecto,
Austin sostuvo que: “Por tanto el positivismo jurídico asume una actitud
científica frente al derecho porque, estudia el derecho tal como es y no como
debiera ser. El positivismo jurídico consiste pues, en el estudio del derecho
como hecho y no como valor”18.

16
Ya Platón defendía un dualismo epistemológico, es decir, afirmaba que exis-
ten dos tipos de conocimiento. Kelsen, en cambio, criticaba en muchas de sus obras
las diversas manifestaciones del pensamiento dualista, porque según él contradice el
postulado de la unidad de objeto de conocimiento, que le parece esencial desde el
punto de vista epistemológico.
17
Bobbio, N., El positivismo jurídico. Lecciones de Filosofía del Derecho reunidas por
el Dr. Nello Mora, trad. de Rafael de Asís y Andrea Greppi, Madrid, Debate, 1998, p. 145.
18
Ibídem.

145
Así las cosas, frente a un profesional que investiga el Derecho, desde
la corriente positivista, se le indicaría que, si quiere abordar una labor
científica y específica conjunta, tendría que limitarse a describir normas
dictadas por órganos competentes y de acuerdo con procedimientos
establecidos; no obstante, no debería valorarlas como justas o injustas o
verificar si se acatan o no (elemento sociológico), como tampoco analizar
cuestiones políticas, ideológicas o históricas.

Por lo tanto, el positivismo jurídico, creado a la luz del positivismo


científico durante el siglo XIX y principios del XX, ha propiciado un
aislamiento de las Ciencias Jurídicas del resto de las Ciencias Sociales.

Si bien, esta corriente fue la que logró determinar el objeto de las


Ciencias Jurídicas, lo cierto es que posteriormente hubo otras corrientes
que brindaron diferentes aportes a esta disciplina, las cuales, si bien fueron
abordadas por otros autores de la presente obra, corresponde recordarlas
someramente. Tal es el caso del realismo jurídico, el cual puede definirse
como aquella concepción del derecho en la que prevalecen elementos
conductuales entre los normativos. Sin embargo, dentro de esta Escuela
existen diferentes vertientes, tales como el realismo norteamericano, el
realismo europeo y el realismo escandinavo, presentando este último un
mayor desarrollo metodológico, cuyo representante es Alf Ross19. Parte
de la premisa de que el Derecho se concibe al mismo tiempo como un
fenómeno susceptible de observación en el mundo de los hechos y
como norma obligatoria en el plano axiológico; a la vez, como algo físico
y como ideal, como algo que existe y algo que vale, como un fenómeno
y como una proposición20. Según la tesis del profesor danés, el derecho
vigente es el conjunto de directivas que probablemente los tribunales
tomarán en cuenta en sus decisiones judiciales, las proposiciones de
la ciencia del derecho constituyen en última instancia predicciones
acerca de qué directivas serán aplicadas por los jueces. Para formular
tales predicciones, los juristas pueden valerse de los aportes de otras
ciencias, como la sociología o la psicología, las cuales pueden suministrar
datos acerca del contexto social, económico, etc., que rodea a los jueces,

19
Alf Niels Christian Ross (1899-1979) fue un filósofo del Derecho danés, for-
midable representante del Realismo Jurídico Escandinavo, corriente que postula la
representación del Derecho vista desde un punto de vista realista y sociológica. Su
principal aporte se resume en su obra Hacia una ciencia realista del derecho.
20
Smith, Juan Carlos, El desarrollo de las concepciones iusfilosóficas, 2da. Ed, Abe-
ledo – Perrot, Buenos Aires, 1992.

146
permitiendo mayor certeza en los juicios de probabilidad relativa a sus
futuras decisiones21.

Una tercera corriente denominada Tridimensionalismo Jurídico


integra al objeto del derecho a diversos factores y dimensiones que
interactúan dentro de aquel. El fundamento se encuentra en el resultado
de la verificación objetiva de la consistencia factico-axiológica-normativa
en cualquier momento de la experiencia jurídica. Para esta, la norma es
una realidad cultural en donde el hecho y el valor se implican y la norma
aparece como proceso culminante dentro de la experiencia jurídica,
objetivizando y seleccionando un hecho social en función de ciertos
valores derivados del contexto histórico y cultural.

En este orden de ideas, el Tridimensionalismo Jurídico establece una


postura epistemológica diferente al positivismo que permite tender
puentes, entre el Derecho y las Ciencias Sociales tanto epistemológicos
en términos de la teorías científicas propositivas, constructivistas
o interpretacionistas, como metodológicos para aplicar enfoques
cuantitativos y cualitativos, pues al reconocer distintos factores, las
diversas dimensiones que constituyen al derecho, permiten el desarrollo
tanto de investigaciones de corte dogmático o filosófico, así como
también de corte sociológico22.

VII. Enfoques metodológicos de las Ciencias Jurídicas dentro de


las Ciencias Sociales
En razón de los enfoques metodológicos que predominan en las
Ciencias Sociales, tales como el cuantitativismo y el cualitativismo, ambos
son pasibles de ser aplicados al campo jurídico, conservando diferencias
cada uno de ellos en este ámbito. Al respecto, debe destacarse que el
enfoque cuantitativo privilegia las investigaciones dogmáticas del derecho
que procesan el interior de un sistema normativo, en otras palabras, al
derecho como estructura. Mientras que el enfoque cualitativo de una
investigación científica privilegia el contexto y el funcionamiento de las
normas e instituciones jurídico-sociales, es decir, visualiza al derecho como

21
Nino, Carlos Santiago, Introducción al análisis del derecho, 2da. Edición amplia-
da y revisada, 10ª reimpresión, Editorial Astrea, Buenos Aires, 2000.
22
Witker, J., Las ciencias sociales y el derecho, Biblioteca Jurídica Virtual del Insti-
tuto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, 2014.

147
fenómeno y como función (eficacia y efectividad de las normas) en la
realidad social. Si bien dichas diferencias son las principales, existen otras
en razón de las características de dichos métodos, las cuales se exponen
a continuación y han sido determinadas por Witker23 :

a) Mide la mayor o menor validez de las normas jurídicas;

b) Analiza las expresiones semióticas de las leyes;

c) Utiliza la jurisprudencia con criterios estadísticos;

Cuantitativismo d) Su proceso investigativo es secuencial;

e) El método es esencialmente hipotético-deductivo;

f) Busca, replica, predice o propone resultados;

g) Utiliza técnicas de investigación documental.

a) Observa el derecho como fenómeno social;

b) Los significados los extrae de datos;

c) Su método es inductivo;

Cualitativismo d) Analiza la realidad subjetiva;

e) Su proceso de investigación no tiene secuencia lineal;

f) Contextualiza el fenómeno jurídico (texto-contexto);

g) Utiliza técnica de investigación de campo.

De esta manera el enfoque cuantitativista se ubica en el campo de


la conciencia cognitiva que visualiza al mundo jurídico como un objeto
totalmente separado del observador-investigador jurídico. Mientras
que el cualitativismo permite utilizar los conceptos de indeterminación
que potencia la tarea de a investigación jurídica posibilitando pasar de
la realidad cristalizada propia de la conciencia cognitiva a la conciencia
lucida o crítica portadora de nuevos conocimientos con perspectivas
23
Witker, J., Op. Cit. pp. 355 y 356.

148
transformadoras de sujetos históricos y no de meros actores sociales24

VIII. Relaciones de las Ciencias Jurídicas con otras Ciencias Sociales


Conociendo el objeto, los métodos de la disciplina jurídica, veamos,
por último, que relación encuentra la misma con las demás ramas de las
Ciencias Sociales.

A) Con la Sociología: Tanto la Sociología como el Derecho son ciencias


de reciente creación. Empero, ambas disciplinas fueron objeto de
estudio en la antigüedad, en Grecia y en Roma para lograr determinar
que era la sociedad, su origen y sus distintas etapas del desarrollo de la
misma. Su vinculación principal estriba en la medida que la sociedad va
evolucionando, esta va creando normas para su regulación en pos de la
convivencia armónica. Comte es conocido como el padre de la Sociología
dado que en el volumen IV de obra Filosofía Positiva le dio el nombra a
esta disciplina. Actualmente, la Sociología es conceptualizada por una
variada terminología, pero todas ellas coinciden en señalar que su objeto
de estudio son los hechos sociales en su conjunto y las agrupaciones,
tratando de determinar las leyes que rigen su evolución. La Sociología
Jurídica por su parte, estudia los procesos que condicionan el cambio
o el desarrollo del objeto del Derecho. Por ello, se considera a esta
última como una disciplina tendiente a explicar los fenómenos jurídicos
considerados como hechos sociales. Por lo tanto, las normas jurídicas y las
leyes se dictan frente a necesidades y exigencias de los grupos sociales.

B) Con la Economía: La Economía es una Ciencia Social y por lo tanto


aporta al jurista datos valiosos para la construcción jurídica, que no
pueden ser ignorados en la investigación ni en la elaboración normativa
del derecho. La Economía estudia el proceso de producción de los bienes
para la satisfacción de las necesidades del hombre, investigando los
principios, las leyes, las actividades, los hechos económicos, entre otros.
Conceptualmente se puede definir a la Economía como: “Ciencia que
estudia las relaciones sociales que los hombres establecen entre si cuando
producen bienes materiales y de servicios con el propósito de satisfacer sus
necesidades físicas y sociales básicas.” En consecuencia, estudia las diversas
leyes y formas de explotación, producción y desarrollo de recursos
naturales y humanos en el proceso de creación de la riqueza social. El
fenómeno económico no puede ser ajeno, por su parte, a las relaciones
jurídicas. La norma jurídica es indispensable para garantizar una justa y
24
Witker J., La investigación jurídica, 2da. Ed. México, UNAM, 2011, pp. 26 y 27.

149
conveniente distribución de la riqueza, de modo que también llegue a
quienes participen en dicho sistema como a los sectores más necesitados.
Para el jurista hoy es imprescindible el conocimiento de los principios
básicos de la economía, de la estructura y problemas fundamentales
de ésta disciplina donde existen relacionamientos entre la economía
nacional y la internacional. La Ciencia Económica tiene sus propias raíces
y sus momentos históricos, así como también sus conceptos.

C) Con la Historia: La Historia es una ciencia narrativa que se ocupa de


las descripciones de los relatos de acontecimientos pasados memorables
o que de alguna manera han influido en la vida del hombre en la actualidad,
en dicho sentido, pueden citarse las fuentes del derecho más antiguas,
tales como la Ley de las Doce Tablas, que fue promulgada en Roma en el
Siglo V, El Código de Napoleón, etc. Asimismo, se vincula con la Historia
del Derecho, la cual es la rama aplicada a la investigación, explicación
e interpretación de las instituciones y sistemas jurídicos del pasado. El
estudio de la norma y de las instituciones a través del tiempo es el objeto
de esta disciplina; así como también la investigación del pasado jurídico
de una sociedad determinada. Para llegar al conocimiento del pasado
jurídico, el investigador acude a las fuentes de conocimiento que pueden
ser: a) Fuentes jurídicas, como las leyes, el derecho consuetudinario,
las obras doctrinarias, los expedientes administrativos y judiciales, y en
general el derecho vigente de un determinado momento histórico; b)
Fuentes no jurídicas, como las obras literarias de la época, las misivas, etc.

D) Con la Teoría del Estado: Esta teoría investiga los principios


abstractos válidos en todas las situaciones acerca del Estado. En cuanto a
las relaciones de la Teoría del Estado con el Derecho basta mencionar que
las ciencias políticas se presentan como fundamentales para el desarrollo
del Derecho Público, especialmente aquel denominado “Derecho
Constitucional” y “Derecho Administrativo”, interesándole a éste aquellas
ramas que regulan las relaciones derivadas de los fenómenos políticos
del poder.

E) Con la Ciencia Política: Atento a que la Ciencia Política estudia los


fenómenos políticos y el propio Estado, encuentra fundamento en que
el Derecho tiene lugar a raíz de aquél, así como permea su organización.
Conforme a ello, ésta Ciencia se ocupa de los fenómenos políticos entre
los cuales deben señalarse al Estado como al más importante, seguido
del modo en que se distribuye el poder dentro del mismo, la forma de
gobierno, la soberanía, la organización política, los partidos políticos, los
grupos de presión, etc. Estudia también las formas de gobierno.

150
F) Con la Antropología: La Antropología es la ciencia social que estudia
al hombre en sus aspectos físicos, biológicos, sociales y culturales de una
forma integrada. Analiza el origen y las formas de vida de los primeros
hombres sobre el mundo, su evolución hacia formas más complejas de
vida social, la formación de primeras sociedades tribales, en su lento
desarrollo hacia el establecimiento del Estado y de las sociedades. Su
relación con el Derecho se encuentra en la “Antropología Jurídica” que:
“es la rama de la Antropología que se encarga de estudiar los sistemas
normativos de control que tiene cualquier sociedad”.

IX. Conclusiones

Tal como se observa, las Ciencias Sociales dentro de las cuales se


insertan las Ciencias Jurídicas, comparten los métodos de investigación,
pero difieren en relación al objeto que cada una de ellas abarca. En
este sentido, la incorporación de esta asignatura al nuevo Plan de
Estudios como la primera que deberán estudiar los alumnos, exhibe su
importancia en torno a que contextualiza las materias que continúan
como correlativas dentro del primer año.

No debe perderse de vista que esta materia denominada: “Introducción


al Estudio de las Ciencias Sociales” tiene por objeto el recorrido de los
alumnos por los diferentes conceptos, ofreciéndoles las vinculaciones
existentes entre las ciencias jurídicas y las sociales, así como sus
interrelaciones con la Historia, la Sociología, la Economía y la Ciencia
Política. Si bien dichos contenidos se desarrollan en mayor profundidad
a lo largo de los diferentes capítulos que integran esta obra, lo cierto es
que en este trabajo hemos esbozado los principales lineamientos de las
Ciencias Sociales y su relación con las Ciencias Jurídicas. Binomio que
no puede dejar de ser estudiado en esta asignatura, toda vez que la
denominación que ha recibido esta Casa de Estudios, es la de “Facultad
de Ciencias Jurídicas y Sociales”, de ahí la importancia del estudio de las
Ciencias Jurídicas, contextualizadas dentro de las Ciencias Sociales, que
es el lugar a partir del cual se avanzó en su autonomía científica.

151
X. Bibliografía

BOBBIO, N. (1998), El positivismo jurídico. Lecciones de Filosofía del


Derecho reunidas por el Dr. Nello Mora, trad. de Rafael de Asís y Andrea
Greppi, Madrid, Debate.

CABRERA, Martín L. (2012), “Sociología: ¿qué es y por qué se estudia?”,


en Introducción al estudio de las ciencias jurídicas y sociales. Curso de
adaptación universitaria, La Plata.

CENICACELAYA, María de las Nieves (2016), El conocimiento científico


y las ciencias sociales; en Introducción al estudio de las ciencias jurídicas
y sociales. Curso de adaptación universitaria, La Plata.

FERNÁNDEZ OCHOA, C. - ARDIT LLOPIS, M. T. y Rubio Aparicio M. J.,


(1982), Las Ciencias Sociales ¿Cómo se plantean?, Madrid, Narcea.

GONZÁLEZ HERNÁNDEZ, A. (1980), Didáctica de las Ciencias Sociales,


Barcelona, CEAC.

GROSS, R. E., MESSICHK, R., CHAPIN, J.R. y Sutherland, J. (1983),


Ciencias Sociales. Programas actualizados de enseñanza, México, Limusa.

LLOPIS, J. y CARRAL, C. (1982), Las Ciencias Sociales en el aula,


Madrid, Nacea.

NINO, Carlos Santiago (2000), Introducción al análisis del derecho,


2da. Edición ampliada y revisada, 10ª reimpresión, Editorial Astrea,
Buenos Aires.

PETTORUTI, Carlos E. (2015) ¿Qué es el derecho?, en Introducción


al estudio de las ciencias jurídicas y sociales. Curso de adaptación
universitaria, La Plata.

SMITH, Juan Carlos (1992), El desarrollo de las concepciones


iusfilosóficas, 2da. Ed, Abeledo – Perrot, Buenos Aires.

WITKER J. (2011), La investigación jurídica, 2da. Ed. México, UNAM.

______ (2014), Las ciencias sociales y el derecho, Biblioteca Jurídica


Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

152

También podría gustarte