0% encontró este documento útil (0 votos)
147 vistas9 páginas

El Soldado Sonajera y el Diablo

Este documento narra la historia de un soldado llamado Sonajera. Después de años de servicio en la guerra, regresa a su pueblo natal solo para ser rechazado por su familia. Luego, hace un trato con el diablo para recibir una bolsa llena de dinero a cambio de su alma, pero con la condición de que si muere dentro de los próximos tres años, el diablo no podrá reclamar su alma. A partir de entonces, Sonajera viaja por el país ayudando a la gente con su dinero, aunque

Cargado por

el crac
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
147 vistas9 páginas

El Soldado Sonajera y el Diablo

Este documento narra la historia de un soldado llamado Sonajera. Después de años de servicio en la guerra, regresa a su pueblo natal solo para ser rechazado por su familia. Luego, hace un trato con el diablo para recibir una bolsa llena de dinero a cambio de su alma, pero con la condición de que si muere dentro de los próximos tres años, el diablo no podrá reclamar su alma. A partir de entonces, Sonajera viaja por el país ayudando a la gente con su dinero, aunque

Cargado por

el crac
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Berta Elena Vidal de Battini *

(República Argentina)

El soldado sonajera (San Luis)

Había en la campaña un matrimonio, y este matrimonio era muy unido.


Después de algunos años tuvieron cuatro hijos, tres varones y una niña.
Esta familia era muy querida en el lugar.
Con los años, los hijos ya eran grandes. El mayor tenía veinte años y el
último catorce. Que se llevaban dos años entre ellos.
Bueno... Por casualidá viene una guerra, adonde tuvieron que llevar mucha
gente. Entonce vienen a llevarle los hijos varones a esta familia, pero
como el padre era un hombre tan güeno, consiguió entregar un solo hijo, el
mayor. Quedaron los otros dos varones y la niña.
Durante el tiempo que duró la guerra, como doce años, el hijo que jue a la
guerra no se comunicaba con los padres. Nada supieron de él, por nadie.
Durante estos años, vino la mala suerte que falleció la madre, y después
de tres años, que falleció el padre. Entonce los hermanos abrieron el
juicio sucesorio, y se repartieron entre los tres, dandoló por muerto al
hermano soldado. Algunos de ellos se casaron.
Como a los trece años lo dan de baja al soldado. Viniendo el hermano con
el sobrenombre de Soldado Sonajera, que le habían puesto en el ejército,
porque era un genio muy 665alegre y muy güen soldado. Y le habían
dado permiso como güeno y como güen tirador, y le habían regalado la ropa
y el fusil. Entonce llegó a su casa. 'Taban los dos hermanos, y no lo
quisieron reconocer. Y no le dieron nada de la herencia, siendo que se
habían encontrado muy bien los padres. Al verse despreciado se jue para
otros lugares. A los tiempos, andaba muy pobre, con la ropa de milico284
toda hecha pedazo, y siempre con su fusil al hombro.
Sucedió que una vez había caminado mucho, y muchos días, y no encontraba
trabajo. Un buen día que sigue un camino atravesando una quebrada. Iba muy
cansado, y había un montecito a la orilla del camino, y se abre, y dentra
al monte285, y se pone a dormir la siesta en una sombra muy linda que
había. Serían más u menos como las cuatro, cuando se siente removido por
una persona. Se sienta al momento y que ve a un hombre muy bien vestido,
de negro, y le dice:
-Yo soy el diablo. ¿Y qué hacés acá, Sonajera?
-Acá 'toy durmiendo -quesque le dice él.
-¿Me vendís tu alma? Si me la vendís, no estarás más con esas hilachas y
muerto di hambre.
Entonce el soldado se queda pensando un momento, y le dice:
-No vendo mi alma, busco trabajo.
Entonce le contesta el diablo:
-No vas a encontrar ningún conchabo. 'Tán lejos los pueblos. Vamos a hacer
un trato y te compro el alma. Entonce le dice el soldado:
-¿Cómo es el trato?
666
-Ahora -le dice el diablo- te daré la plata que quedrás por tu alma, y
tendrás tres años para que la difrutís. Y pasados los tres años vendré yo
para llevarte.
Entonce el soldado que era muy vivo le contestó así:
-Si durante los tres años yo me muero, no me podrás llevar. Así que si
vivo, yo me quedaré con mi alma y vos te quedarás con lo que me has dado.
-Bueno -le dice el diablo-, a ver, vos que sos tan güen tirador, mirá -le
dice- a distancia de dos cuadras viene un oso, tirale. Vamos a ver si
sabís tirar. A ver si lo matás.
El soldado levantó l'arma, apuntó y le hizo un disparo tan certero que lo
dejó muerto.
-Bueno -le dice el diablo-, veo que sos un soldado de primera, y tirador.
Lo mismo. Ahora vamos hasta donde 'tá el oso.
Ya llegaron a donde 'taba el animal muerto, y le dice el diablo:
-Sacale el cuero.
Ya el soldado en un momentito le saca el cuero, muy bien.
-Bueno -le dice el diablo- ya veo que sos muy enteramente guapo286.
Cerramos el trato. Tomá -le dice- este saco. Tiene tres bolsillos. Uno
tiene esterlinas di oro, otro, patacones de plata, y el otro, níquel. Vos
sacás el dinero que necesitás y nunca se te va acabar... Ahora, no tendrás
más casa ni más abrigo que este cuero di oso, que vas a llevar. No te
podís cortar el pelo, las uñas, ni lavarte la cara.
Bueno... Una vez de cerrar el trato, desapareció el diablo y quedó el
soldado con una bolsa repleta de dinero. 667Siguió su viaje.
Después de haber caminado un día entero, encontró una casa. Se allegó,
pidió que comer. Estuvo dos días descansando áhi. Le ofertaron cama, y les
dio las gracias, porque tenía el cuero para dormir muy tranquilo. Se
retiró, y al retirarse, metió la mano al bolsillo y les dejó un puñado de
esterlinas di oro y otro puñado de plata. Los dueños de casa, que eran
gente del campo muy pobre, no hallaban con qué agradecerle aquel regalo
que les había hecho este soldado. Así pasó el tiempo vagando por el mundo,
más u menos como un año. Al principio, en las casas ande llegaba lo
recibían muy bien porque él les hacía regalos. Pero después del año, mucha
gente le disparaban porque se le había criado el pelo, tenía las uñas muy
largas y andaba muy mugriento, así que empezó a sufrir un poco. Cuando
llegaba a una casa, por áhi, la gente le disparaba y se escondían. Pero
él, con buenas palabras les hablaba cariñosamente. Conseguía amansarlos y
que lo recibieran. Él les decía que no le tuvieran miedo, que era un
hombre güeno, y que si él andaba así, era una promesa que tenía que
cumplir durante tres años, que la había hecho durante la guerra, que si
había estado muy enfermo, a punto de morir, por una herida que había
recibido. Y a medida que él les conversaba, la gente volvía, y lo recibían
en la casa. Y él les volvía a hacer regalos de dinero. Y él les pedía que
hicieran promesa de que durante esos años no se muriera él. Y durante esos
tres años, como la gente de la campaña era tan güena y devota, pedían a
Dios y a los santos de su devoción que no se muriera él.
Una vez andando él, lo agarró una gran lluvia, y un gran temporal. Y se
allega a una casa que encontró, y pidió alojamiento. La casualidá que
había sido un hotel. El hotelero no lo quería recibir al principio, al ver
un hombre que parecía un animal. Y le dijeron todos los que habían ido al
hotel, que si recibía a ese hombre se iban a mandar a mudar. Lo tomaron
por un animal, que andaba huyendo de la autoridá. Entonce él habla con el
hotelero y le dice:
668
-Mire, señor, la tormenta; no hallo donde irme. Yo soy un hombre güeno. Si
usté me ve con esta vestidura, es por una promesa que tengo. Yo le pagaré
bien lo que usté cobre y daré muy güena propina.
A medida que iba conversando, el hotelero le tomó un poco de confianza y
le dijo:
-Bueno, amigo, le daré permiso en un galponcito al lado de la cocina.
-Bueno, amigo, 'tá muy bien.
Le pusieron una mesita, y este soldado, que era bastante comilón, pidió
que le trajieran un pavo que había visto en una fiambrera, y unas botellas
de oporto.
El hotelero quedó suspenso por un momento. Lo miró de pie a cabeza, y al
verle la facha que tenía, le dice:
-Amigo, ¿sabe usté lo que cuesta eso?
Entonce Sonajera, que era muy vivo, le dice:
-Amigo, sirva sin miedo que yo pago lo que cueste.
Y mete la mano al bolsillo, Sonajera, y saca un puñado de esterlinas y las
pone sobre la mesa. Y le dice:
-Aquí tiene para que se pague, y si falta dinero me lo dice.
Al ver esto, el hotelero más pronto que corriendo le trajo el pavo y las
botellas de licor, y lo comenzó a servir como si juese un rey.
Después que comió todo y tomó, le dijo al hotelero:
-Amigo, falta para darle el resto.
-No, no -le dice el hotelero-, me ha dado demasiado. Me parece un poco
tarde, le voy a hacer la cama.
-No -le dice el soldado-, yo no acostumbro cama. Con este cuero que tengo,
me basta.
669
Tendió su cuero en un rincón del galpón y se acurrucó como si juera un
perro, muy tranquilo.
El hotelero jue y contó cómo era este soldado, y todos le dijieron que era
muy sospechoso y que había que ponerle centinela, esa noche, para que lo
vigilara. El hotelero les dijo que se vía que era güeno, sinó que cumpla
una promesa.
Sonajera, bien comido y bebido, durmió como un lirón. Al otro día, a
primera hora, pide café, desayuno, y pregunta al hotelero qué se le debe.
Entonce el hotelero dijo que ya 'taba pago, y muy agradecido de lo que le
dio demás. Entonce el Soldado dio las gracias por todas las atenciones que
había recibido, y mete la mano al bolsillo y saca un puñado de esterlinas
y otro puñado de patacones de plata, y le dice:
-Esto es de propia para los empleados que usté tiene. Y le dijo que si
algún día volvía por áhi, no le tuvieran miedo y le dieran hospitalidá. Y
se despidió muy contento. El hotelero no hacía otra cosa que conversar de
este soldado tan rico que nadie sabía de dónde había salido.
Sigue andando este soldado, de pueblo en pueblo. Ya había salvado dos años
y medio, y no moría. Lo que sí, que él sufría al llegar a algunas casas,
porque disparaban al verle la facha.
Una vez, andando, llega de casualidá, que también lo pilló un gran
torbellino, y llegó a una fonda a pedir alojamiento. Se lo negaron al
principio, pero él sacó un puñado de oro y le contó al dueño que anda así
porque había hecho una promesa. Le dio permiso que se quedara. Comió, y
cuando le quisieron hacer la cama, él dijo:
-No, con este cuero me basta.
Tendió su cuero en un rincón y se quedó dormido profundamente. Serían como
las cuatro de la mañana, cuando 670se descolgó un aguacero, un
torbellino con rayos y centellas. Se despierta Sonajera, se sienta en el
cuero y está mirando cómo se descargaba la tormenta, cuando siente entre
la lluvia y el viento unos lamentos y como llantos. Se levanta, pone toda
su atención, y descubre que al lado, de la pieza de la par, era diande
salían los lamentos. Se arrima, pone el óido por una rajadura de la puerta
y devisa un hombre vecino de la fonda, que era un gran estanciero, que él
era el que se lamentaba. Gólpia la puerta. El hombre sale, y él le dice:
-Soy el Soldado Sonajera. Vengo a ver qué le pasa. A ver si soy útil para
servirle en algo. No me tenga miedo. El hombre cuando lo vio pegó un
grito, pero él le dice:
-No se asuste, soy hombre como usté, sinó que tengo una promesa de ir en
esta forma. Soy un hombre de güen corazón, vengo a ayudarlo.
Entonce al estanciero se le pasó el miedo, y lo hace pasar para adentro.
Le pone una sía 4, y se ponen los dos a conversar. Entonce' el Soldado le
dice:
-Cuentemé porque está tan afligido.
Entonce el estanciero le dice que él es el más rico de ese lugar, y que
por malos negocios había fundido todo lo que tenía. Y que había hecho una
hipoteca, y que no tenía cómo pagar, y que esa mañana misma iba a venir el
martillero, y le iba a rematar todo, y lo iba a hechar de su casa. Entonce
Sonajera, con sonrisa, le dice que no se aflija por eso, y que cuánto era
lo que necesitaba. El estanciero no le quería decir, como lo vía en esa
facha, pensaba que era un infeliz. Sonajera se dio cuenta que el hombre le
desconfiaba y le dice de nuevo:
-Diga amigo lo que precise, que yo se lo puedo facilitar.
671
Y el estanciero le dice:
-Son muchos miles, amigo, lo que yo preciso.
-'Tá bien -dice Sonajera-, eso a mí no me asusta.
Y mete la mano al bolsillo y empieza a echar puñados de esterlinas arriba
de la mesa. Formó un montón como si juera di oro, y le dice:
-Diga, amigo, si 'stá bien. Cuente, y diga si algo le falta.
El estanciero lo miraba con unos ojos tamaños, que no le cabían en el
cuero, al ver salvados los bienes que le iban a rematar. Ya contó el
dinero, y lo que acabó, se paró y le dio un abrazo el estanciero y le
dice:
-Mi güen amigo, yo no tengo conque pagarle. Veo que es un hombre de gran
corazón y se lo agradezco en nombre de Dios. Todo esto sobra de lo que yo
tengo que pagar.
-Bueno, bueno -le dijo Sonajera-. Le hí hecho un bien, y en todas partes
que ando, hago todo el bien que puedo. 'Taba tan contento el estanciero,
que le dijo que lo quería llevar a su estancia y presentarle su familia.
-Si es de su gusto lo acompañaré -dice el Soldado.
En eso ven que amanecía. El estanciero acomodó el dinero. Pagaron lo que
debían y salieron.
-Tengo mi surke287, vamos, soldado -le dice el estanciero.
Ya 'staba listo el surke y emprendieron la marcha. Y ya llegaron a la
estancia, y el estanciero le dijo que se quedara unos días a descansar. El
estanciero tenía tres hijas hermosas. Sonajera que no era lerdo, dijo que
bueno, y se 672quedó por unos días. Después de una semana de
estadía, Sonajera emprendió el viaje. Al despedirse Sonajera, y al darle
el estanciero las gracias, le preguntó que si era soltero. Sonajera le
dijo que sí, que era soltero. Entonce el estanciero le dijo que si no
quería que le diera una de sus hijas. Él le dijo que con mucho gusto, pero
que ninguna de sus hijas lo iba a querer así como andaba. El estanciero
llamó a las tres hijas y les preguntó que cuál quería casarse con
Sonajera. Las dos mayores dijieron que ellas no, y entonce la menor
contestó:
-Usté, papá, me ha dicho que es un hombre de gran corazón, y por lo que ha
hecho con usté, yo lo quiero.
Al Soldado Sonajera ya le había llenado el ojo la menor, así que al oír
esto se puso muy contento y dijo que quería dejarle un recuerdo. Y mete la
mano al bolsillo y saca un anillo, y saca una lima y lo corta al medio. Y
le dice:
-Éste es nuestro compromiso -y le da la mitá a la niña. Y la otra mitá la
guarda él.
Le dijo Sonajera que le falta un año de la promesa, y que después de eso
volvería para cumplir su palabra. Y se jue. Ya se encontraba un poco
cansado de la vida que hacía. Todos disparaban de él, pero como él era tan
de buen corazón, que a todos ayudaba y les daba todo el dinero que
necesitaban para que remediaran sus necesidades, todos rogaban por él.
Bueno... Por fin llegó un momento en que le faltaba nada más que un mes
para encontrarse con el diablo. En esa fecha se jue a unas sierras, y áhi
había visto unas piedras muy grandes, con unas rajaduras projundas. Y como
ya llegaba el plazo, empieza a llenar las rajaduras con monedas di oro,
para quedarse con algo, porque ya tenía que entregar todo al diablo. Echó
muchísimo oro y tapó todo muy bien, con mucha paja. Y siguió su marcha al
punto ande tenía que encontrarse con el diablo. A los tres días 673
llegó. Ya los 'staba esperando el diablo. En cuanto se encontraron, se
saludaron, y le dice el diablo:
-¡Hombre, me ha embromado? Ha sido como un fierro de resistente para las
tentaciones. Yo le he puesto muchas trampas, pero las ha resistido y no ha
cáido, así que su alma anda con Dios. Usté ha sido muy vivo amigo. Ha
salíu ganando. Entreguemé lo mío.
Sonajera le entregó el cuero de oso y el saco, y el malo le devolvió el
fusil. Y se depidieron.
-Bueno -le dice el diablo-, en otra ocasión puede ser que los viamos.
-Bueno, amigo -le dice el Soldado Sonajera-, le falta una cosa. Me tiene
que cortar el pelo y las uñas.
-Manos a la obra -dijo el diablo.
Y se puso a trabajar y le cortó muy bien el pelo y las uñas. Entonce cada
uno se jue a su destino.
Se jue Sonajera a su escondite ande tenía el dinero. Sacó un poco y se
dirigió para la ciudá. En la ciudá jue a una gran tienda, y se compró ropa
de lo mejor. Se jue a una posada, y áhi quedó esa noche. Al día siguiente
se jue a una gran fábrica ande vendían carruajes. Se compró unos arneses
muy buenos y un carruaje lujosísimo. Se jue a una estancia y se compró
cuatro caballos negros, de lo mejor que había. Volvió a comprar ropa, de
todo, y se jue en su carruaje a su escondite. Cargó todo el oro y siguió
viaje a la casa de la niña. Cerca de la casa, en una ciudá, llega a una
peluquería y se hace afeitar y pelar de nuevo y se hace perfumar. El
Soldado Sonajera era muy güen mozo, así que parecía un príncipe con tanto
lujo como iba.
Sigue viaje y al día siguiente llega a la casa de la niña. Golpea las
manos. Las primeras que salieron jueron las dos niñas mayores, lo que
vieron este carruaje tan lujoso. 674Entonce les dice él que era de
otro pueblo y que si le podían dar alojamiento por ese día. Entonce salió
el padre y lo vio y le dieron alojamiento. Lo atendieron muy bien. Lo
invitaron a almorzar. Las dos niñas mayores no más salían, y se arreglaban
cada cual mejor, presumiendo para ver la que caiba en gracia. Al fin,
Sonajera, le pregunta al padre que si no tenía otra hija. Le dijo que sí,
que tenía otra menor que anda por áhi, que hacía las cosas, y que no le
gustaba salir cuando llegaba gente.
-Hagalá salir, señor -le dice-, que la quisiera conocer.
El señor le dijo que bueno, y jue y la llamó a la niña. Y como era
obediente, condecendió y vino. Ya estuvieron conversando mucho. Las
mayores, cuando vieron esto, se jueron a cambiar de traje y a arreglarse
más para conquistar a este mozo tan rico. Sonajera le dijo a la niña que
si podía casarse.
Ella le dijo que no, porque tenía un compromiso. Y entonce él le dice:
-Pero, la pueden engañar. ¡Cómo puede tener confianza! ¡Vaya a saber si el
que usté espera vuelve más!
-No -le dice ella-, no creo que me engañe. Se trata de un mozo muy de buen
corazón y serio.
Entonce el joven le pide a la niña un poco de agua. Sale la niña y le trae
una copa di agua. El mozo se toma la mitá de l'agua. En la mitá que queda
pone la parte del anillo que él tiene, y le devuelve la copa. La niña
sale, y cuando se apercibe que hay una mitá de anillo, la saca y la mide
con la de ella y ve que era el anillo del compromiso, y dentra corriendo,
y lo abraza al padre y le dice:
-¡Papá! ¡Papá! ¡Éste es mi novio!
-¿Y cómo sabís? -le dice el padre.
-Aca 'tá la mitá del anillo.
675
Entonce el padre lo abraza al joven y le dice:
-Veo que es un hombre de buen corazón y de palabra. Ha cumplido como manda
Dios.
Y de ese momento se pusieron en preparativos para el casorio. Al oír bulla
y alegría aparecen las otras dos hermanas. Querían morirse de ver cómo era
el joven que ellas habían despreciado, tan güen mozo, tan simpático y tan
rico. Y así jue que a los tres días, la menor y el joven se casaron. Hubo
una fiesta muy grande y hermosa, y vinieron muchísima gente de todas
partes, hasta de lugares lejos. Trajieron muy buenos músicos de la ciudá.
La casa de este señor estanciero 'taba al pie de una loma, y atrás de la
casa corría un río muy grande y hondo. El baile 'taba muy entusiasmado, y
serían las dos de la mañana, cuando llega un señor muy bien arreglado
montando una mula negra, y pide hablar con el señor Juan Gómez, éste era
el nombre verdadero del Soldado Sonajera. Entonce el recién venido le
dice:
-¿Me conoce?
-Si -le dice Sonajera-. Sos el diablo.
-Bueno, te vengo a dar las gracias por el negocio que himos hecho. Hi
salíu ganando. En lugar de llevarme una alma, me llevo dos. Tus dos
cuñadas se acaban de tirar al río y mueren ahugadas.
Sonajera dentró muy callado, para que pudieran seguir el baile, pero 'taba
muy triste. Cuando se terminó el baile, al otro día, empezaron a buscar
las dos niñas mayores, pero no las encontraban en ninguna parte. Como
Sonajera ya lo sabía, mandó a unos piones a buscarlas al río, a ver si se
habrían caido. A los tres días las hallaron en el río, lejos. Se hizo un
gran entierro y todos rogaron para que Dios las perdonara.
El Soldado Sonajera, que ya se le decía por su propio nombre, señor Juan
Gómez, vivió feliz y dichoso con su esposa, por muchísimos años.
676
Al tiempo de despedirse, uno de los piones que 'taba en el baile, halló
una cosa que brillaba. La alzó creyendo que era un brillante, pero era un
poroto, para que usté me cuente otro.

Amador V. Olivera, 68 años. San Luis. Capital, 1947.


El narrador, hombre del pueblo, sabe muchos cuentos antiguos y tiene fama
de tener una gran memoria y buen arte para decirlos.

* Tomado de Cuentos y Leyendas Populares de la Argentina, de Berta Elena Vidal de


Battini.
Dada la vastedad de ésta enjundiosa obra la Biblioteca Virtual Universal, sin perjuicio
de presentarla en sus cinco volúmenes, adopta el método de ofrecerla también dividida
para favorecer la búsqueda del lector.
En cada uno de los cuentos la autora menciona al narrador original, del cual extrajo la
versión.

2009 - Reservados todos los derechos


Permitido el uso sin fines comerciales

____________________________________

Facilitado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Súmese como voluntario o donante , para promover el crecimiento y la difusión de la


Biblioteca Virtual Universal [Link]

Si se advierte algún tipo de error, o desea realizar alguna sugerencia le solicitamos visite
el siguiente enlace. [Link]/comentario

También podría gustarte