El arbitraje es el medio de solución mas antigua en al historia de la humanidad.
Hoy en
día se constituye en una alternativa afectiva frente a la morosidad de los jueces estatales
y presenta grandes beneficios en el ámbito del derecho comercial y del derecho
internacional.
En la Edad Media el arbitraje toma impulso de la mano de la evolución del derecho
comercial. El arbitraje comienza a ser el mecanismo idóneo para resolver disputas entre
comerciantes.
A partir de la Revolución francesa y de la aparición de los códigos de comercio nacionales
la figura del arbitraje es reglamentada en los diferentes ordenamientos jurídicos.
Asimismo, cabe señalar que el laudo arbitral no es, de ninguna manera, una acción
mecánica que realice el tribunal arbitral. El laudo implica una actividad de razonamiento
lógico-jurídico sobre todo lo actuado, con el objeto de que el resultado se plasme en una
resolución denominada laudo arbitral.
En la Ley de Mediación, Conciliación y Arbitraje nos define que el Laudo significa verificar
En el Art. 60 nos especifica que el laudo se pronunciará por escrito y deberá indicar:
1.- Lugar y fecha;
2.- Nombres, nacionalidad, domicilio y generales de las partes y de los árbitros;
3.- La cuestión sometida a arbitraje y una síntesis de las alegaciones y conclusiones de
las partes;
4.- La valoración de las pruebas practicadas, si se tratare de arbitraje en derecho o su
fundamentación, en caso de arbitraje en equidad;
5.- La resolución deberá ser clara, precisa y congruente con las demandas y demás
pretensiones deducidas oportunamente en el pleito, haciendo las declaraciones que éstas
exijan, condenando o absolviendo al demandado, y decidiendo todos los puntos litigiosos
que hayan sido objeto del debate. Cuando éstos hubieren sido varios, se hará, con la
debida separación, el pronunciamiento correspondiente a cada uno de ellos; guardando el
orden lógico que corresponde;
6.- La determinación de las costas del proceso, si las hubiere; y,
7.- Las firmas de todos los miembros del Tribunal Arbitral o de la mayoría de ellos.
Efectos
Art. 63.- El laudo arbitral firme tiene la misma fuerza y validez de una sentencia judicial
ejecutoriada y pasada en autoridad de cosa juzgada; se tendrá por notificado a las partes
en la audiencia que los árbitros citarán para efectos de dictarlo, bien sea que ellas asistan
o no a dicha audiencia. Del laudo se entregará copia auténtica a cada una de las partes.
Aclaración, Corrección o Adición
Art. 64.- El laudo estará sujeto a aclaración, corrección o adición y será firme una vez
concluidas tales diligencias, cuando fuere el caso.
Dentro de los cinco días hábiles siguientes a la notificación del laudo a las partes, éstas
podrán pedir aclaración de su parte resolutiva; adición, para el evento de que algún
extremo de la litis se hubiera quedado sin resolver o, corrección del mismo, por errores de
cálculo, de copia o tipográfico, o los árbitros oficiosamente llevarla a cabo. El Tribunal
deberá aclarar, complementar o corregir el laudo, si fuere del caso, dentro de un plazo no
mayor de siete días hábiles contados a partir de la solicitud respectiva. Contra cualquiera
de las decisiones a que se refiere este Artículo no cabe recurso alguno.
Art. 66-A.- EL LAUDO ARBITRAL PRONUNCIADO EN EL ARBITRAJE EN DERECHO
ES APELABLE CON EFECTO SUSPENSIVO, DENTRO DE LOS SIETE DÍAS HÁBILES
SIGUIENTES A LA NOTIFICACIÓN DEL MISMO O DE LA PROVIDENCIA POR MEDIO
DE LA CUAL SE ACLARA, CORRIGE O ADICIONA, PARA ANTE LAS CÁMARAS DE
SEGUNDA INSTANCIA CON COMPETENCIA EN MATERIA CIVIL, DEL DOMICILIO DEL
DEMANDADO O EL DE CUALQUIERA DE ELLOS SI SON VARIOS.
EN LOS DEMÁS, EN CUANTO A LA TRAMITACIÓN DEL RECURSO SE ESTARÁ EN
LO APLICABLE, A LO REGULADO POR EL DERECHO COMÚN.
CONTRA LA PROVIDENCIA DE LA CÁMARA DE SEGUNDA INSTANCIA NO CABRÁ
RECURSO ALGUNO.(2)
Causales
Art. 68.- Las únicas causales del recuso de nulidad del laudo son las siguientes:
1.- La nulidad absoluta del convenio arbitral proveniente de objeto o causa ilícitos. Los
demás motivos de nulidad absoluta o relativa solo podrán invocarse cuando hayan sido
alegados en el proceso arbitral y no se hayan saneado o convalidado en el transcurso del
mismo.
2.- No haberse constituido el Tribunal Arbitral en forma legal, siempre que esta causal
haya sido alegada de modo expreso desde la iniciación del Trámite Arbitral.
3.- No haberse hecho las notificaciones en la forma prevista en esta ley, salvo que de la
actuación procesal se deduzca que el interesado conoció o debió conocer la providencia.
4.- Cuando sin fundamento legal se dejaren de decretar pruebas oportunamente
solicitadas o se hayan dejado de practicar las diligencias necesarias para evacuarlas,
siempre que tales omisiones tengan incidencia en la decisión y el interesado las hubiere
reclamado en la forma y tiempo debidos, salvo el caso contemplado en el Artículo 55
inciso quinto de esta ley.
5.- Haberse pronunciado el laudo después del vencimiento del término fijado para el
proceso arbitral o sus prórrogas.
6.- Haberse fallado en equidad debiendo ser en derecho, siempre que esta circunstancia
aparezca manifiesta en el laudo.
7.- Contener la parte resolutiva del laudo errores aritméticos o disposiciones
contradictorias, siempre que se hayan alegado oportunamente ante el Tribunal Arbitral y
no hubieren sido corregidas.
8.- Haberse recaído el laudo sobre puntos no sujetos a la decisión de los árbitros o
haberse concedido más de lo pedido.
Asimismo, cabe señalar que el laudo arbitral no es, de ninguna manera, una acción
mecánica que realice el tribunal arbitral. El laudo implica una actividad de razonamiento
lógico-jurídico (en el caso de un arbitraje de conciencia, se podrá prescindir del aspecto
jurídico) sobre todo lo actuado, con el objeto de que el resultado se plasme en una
resolución denominada laudo arbitral.
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Por su parte, señalan Fouchard, Gaillard y Goldman, que el laudo arbitral puede ser
definido como una decisión definitiva por parte de los árbitros respecto de todo o parte de
la disputa sometida a su conocimiento, sea que se refiera al fondo de la controversia, a la
competencia de los árbitros o a temas de procedimientos, siempre y cuando esa decisión
sea, como ya se indicó, definitiva.
Como sabemos la institución arbitral es un medio privado de solución de conflictos en
virtud del cual, las partes de una determinada relación jurídica (sea contractual o
extracontractual) acuerdan someter sus diferencias, ya vencidas o futuras, al juicio de
terceros imparciales denominados árbitros y cuyo fallo puede ser irrecurrible.3
CODIGO DE COMERCIO
SECCION "E"
A RBITRA JE
Art. 66.- En las escrituras constitutivas de sociedades de personas, los socios deben
determinar si los conflictos que surjan entre ellos en la interpretación del contrato social o
con motivo de los negocios sociales, se resolverán por los tribunales comunes o por
árbitros. Si no se dispone nada al respecto, se entiende que los socios aceptan someter
dichos conflictos al fallo arbitral.
Los asuntos concernientes a la disolución y liquidación de la sociedad, a la modificación
del pacto social, a la exclusión o separación de socios y a la estructura jurídica de la
sociedad, no quedan sometidos a arbitraje, salvo que el compromiso se pactare después
de surgido el conflicto.
EL PROCEDIMIENTO ARBITRAL A QUE SE REFIERE EL PRESENTE ARTÍCULO
SERÁ TRAMITADO DE CONFORMIDAD CON LO ESTABLECIDO EN LA LEY DE
MEDIACIÓN, CONCILIACIÓN Y ARBITRAJE. (20)
Codigo procesal
Competencia para la ejecución de títulos nacionales
Art. 561.-
Para la ejecución de los laudos arbitrales será competente el Juez de Primera Instancia
que debió conocer de la controversia si no hubiera habido arbitraje. (2)
Competencia para el reconocimiento
Art. 557.- Para el reconocimiento de las sentencias, otras resoluciones judiciales y laudos
arbitrales procedentes del extranjero será competente la Sala de lo Civil de la Corte
Suprema de Justicia. (2)
la inversión que las partes hacen en el arbitraje puede verse frustrada si no existen los
mecanismos legales para lograr la integración de un panel arbitral, proteger los bienes o
recursos controvertidos, o materializar el laudo en las distintas jurisdiccio- nes. Es aquí
donde surge el juez como un actor clave dentro del proceso arbitral.
El rol del juez en el arbitraje se hace patente en distintos momentos del proceso arbitral;
por ejemplo, interviene en la constitución del tribunal arbitral cuando las partes se nieguen
a nombrar a sus árbitros y no se prevea una institución que pueda designarlos. Es
también el juez quien resuelve sobre la remoción, recusación o sustitución de árbitros y la
delimitación de los puntos concretos que se someterán a la decisión de los árbitros.
Asimismo, es el juez quien brinda su imperium para la ejecución forzosa de deci- siones
arbitrales y medidas cautelares; o cuando deban practicarse pruebas que no puedan
obtenerse voluntariamente, y es él quien puede declarar la nulidad del laudo y otorgar el
exequátur.
En esencia, las metas del árbitro y el juez son seme- jantes, por lo que es fundamental
que exista un buen entendimiento del rol de cada uno en los procesos legales, así como
una comprensión del alcance y límites del papel que desempeñan, de la autonomía de la
que gozan en sus respectivas esferas de acción, y de cómo deben uno y otro aplicar los
instrumentos jurídicos interna- cionales en armonía con la jurisprudencia y práctica
arbitral.
Desde ese ángulo, el rol del árbitro es similar al del juez: las partes presentan su caso,
prueban los hechos y sobre esa base se decide una controversia. Ambos métodos buscan
facilitar una justicia pronta y cumplida y tienen características úni- cas que ofrecer. Se
recurre a los árbitros cuando las partes desean ser juzgadas por individuos seleccionados
por su propia voluntad y en los que depositan una confianza personal, y a los jueces
cuando es necesario invocar el poder del Estado para asegurar que los resultados legales
se hagan eficaces.
No hay lugar para los celos. Los jueces y árbitros persiguen el mismo objetivo, el cual es
proporcionar una justicia decente como un derecho de los que les acuden. En una buena
cultura legal, los jueces y los árbitros se miran con simpatía, como compañeros de equipo
en lugar de adversarios. Cada uno tiene algo único que ofrecer: los ciudadanos recurren a
los árbitros cuando desean ser juzgados por per- sonas en las que depositan una
confianza personal, y a los jueces cuando es nece- sario invocar el poder del Estado para
asegurar que los resultados legales se hagan eficaces. Pero, al fin de cuentas, sus metas
son iguales, y es esencial que tengan un buen entendimiento del rol del otro en los
procesos del derecho.
Una razón de ello es la confianza que tienen las partes en la fiabilidad del proceso arbitral
para que se cumplan las obligaciones contrac- tuales, lo cual incentiva a las partes a
resolver las disputas de forma voluntaria. Sobre la base de esta confianza, los
intercambios económicos internacionales pue- den llevarse a cabo de una forma que
propicia el desarrollo internacional a largo plazo, a través de la finanza, la inversión, la
empresa conjunta, y la transferencia de tecnología a través de fronteras.
Al mismo tiempo, una jurisdicción que apoya el arbitraje no es una en que los laudos son
completamente intocables; ello indicaría un grado de indiferencia que invita al abuso.
Existen buenas anulaciones de laudos en casos en que las cortes pueden demostrar
injusticia o la violación del orden público. Los proponentes concienzudos del arbitraje, por
lo tanto, no consideran que su proyecto sea una insurrección heroica contra las cortes y
los jueces.
Los laudos tienen “fuerza de sentencia definitiva” y su ejecución se cum- plirá en la misma
forma que las sentencias judiciales nacionales o extran- jeras, “según sus leyes
procesales respectivas y lo que establecen los trata- dos internacionales” (artículo cuarto).
Nada se dice acerca del concepto de “sentencia definitiva” ni de la prioridad de la fuente
convencional como lo hiciera más tarde en la CIDIP II (1979) en la Convención sobre
Normas Generales de Derecho Internacional Privado.
Estos casos son: nulidad o extinción de la cláusula compromisoria; fraude o coacción en
la expedición del laudo; exceso de poderes de los árbitros u omisión de tratar alguno de
los puntos controvertidos; vicio esencial del procedimiento o que el laudo se haya
pronunciado fuera del plazo señalado por las partes; negación del laudo como resolución
final y definitiva a la controversia; y finalmente cuando los términos del laudo sean
contradictorios a tal punto que no puedan ejecutarse.