LAS MOSCAS Y LA MIEL
Esopo
Al verla disfrutar de bocado tras bocado, un grupo de moscas
que pasaba por allí se acercó. Tentadas por el delicioso olor,
se prepararon para descender sobre la miel. “¡Alto!”, gritó la
mosca que había llegado primero. “¡Esta miel es solo mía y de
nadie más! ¡Yo la vi primero y no quiero compartirla con
nadie!”.
Érase una vez una mosca que encontró un panal, del cual se
había derramado toda su miel. Tentada por el delicioso
aroma, se abalanzó sobre la miel y comenzó a nadar en ella,
deleitándose con su dulce sabor.
En ese momento, la mosca se hundió en una zona donde la
miel era demasiado densa y espesa, y para salvarse pidió
auxilio a sus amigas. Finalmente, para demostrarle que no era
bueno tener rencor ni ser egoístas, sus amigas la ayudaron a
salir y, gracias a eso, se salvó.
Moraleja: “Para disfrutar plenamente de lo que tenemos,
debemos aprender a compartir”.
Una de las moscas que sobrevolaban la miel, sorprendida por
esta actitud tan egoísta, le contestó: “Siempre compartimos
todo lo que encontramos, ¿por qué esta vez tiene que ser
diferente?”. La mosca no les prestó atención y, caprichosa,
siguió nadando. “Ya necesitarás de nuestra ayuda”,
contestaron las moscas, que se dieron vuelta y comenzaron a
marcharse.
GUÍA DE SISTEMATIZACIÓN
“Leemos la fábula en orden”
Objetivo Leer comprensivamente una fábula.
Identificar la secuencia narrativa de una fábula a partir de marcadores textuales.
Instrucciones:
1. Lee la fábula en voz alta siguiendo las indicaciones que te dará tu
profesora.
2. Subraya o destaca las palabras que te ayudaron a descubrir el orden de
los acontecimientos.
3. Encierra los párrafos que corresponden al: inicio, desarrollo y desenlace
de la historia.
4. Archiva esta guía en tu carpeta de lenguaje.
LAS MOSCAS Y LA MIEL
Esopo
Érase una vez una mosca que encontró un
panal, del cual se había derramado toda su
miel. Tentada por el delicioso aroma, se
abalanzó sobre la miel y comenzó a nadar en
ella, deleitándose con su dulce sabor.
Al verla disfrutar de bocado tras bocado, un
grupo de moscas que pasaba por allí se acercó.
Tentadas por el delicioso olor, se prepararon
para descender sobre la miel. “¡Alto!”, gritó la
mosca que había llegado primero. “¡Esta miel es solo mía y de nadie más! ¡Yo la
vi primero y no quiero compartirla con nadie!”.
Una de las moscas que sobrevolaban la miel, sorprendida por esta actitud tan
egoísta, le contestó: “Siempre compartimos todo lo que encontramos, ¿por qué
esta vez tiene que ser diferente?”. La mosca no les prestó atención y, caprichosa,
siguió nadando. “Ya necesitarás de nuestra ayuda”, contestaron las moscas, que
se dieron vuelta y comenzaron a marcharse.
En ese momento, la mosca se hundió en una zona donde la miel era demasiado
densa y espesa, y para salvarse pidió auxilio a sus amigas. Finalmente, para
demostrarle que no era bueno tener rencor ni ser egoístas, sus amigas la
ayudaron a salir y, gracias a eso, se salvó.
Moraleja: “Para disfrutar plenamente de lo que tenemos, debemos aprender a
compartir”.