I.
PROCESOS COGNITIVOS BÁSICOS:
PRIMERAS ADAPTACIONES AL AMBIENTE.
En la vida cotidiana solemos conceder más importancia a los procesos psicológicos
superiores (aprendizaje, lenguaje, pensamiento y otros similares) que a los inferiores (sensación,
percepción y atención). Esto se debe a que estos últimos suelen estar subordinados a los primeros.
Es decir, la actividad perceptiva o atencional se enmarca en actividades más complejas. Por otro
lado, en cualquier organismo, humano o animal, la actividad psicológica es un flujo continuo que,
en general, comienza en la sensación y la percepción y termina en una representación o
conocimiento, o también en un comportamiento. Es decir, la acción o conocimiento del organismo
habitualmente consiste en un devenir sin cortes, aunque en las investigaciones se los divida en
partes que pueden ser estudiadas científicamente según los diversos procesos psicológicos. Así, en
nuestra actividad de todos los días no resulta fácil diferenciar la percepción de otros fenómenos
más complejos como, por ejemplo, la memoria o la inteligencia. Cuando percibimos una
información nueva, realizamos una interpretación que depende de lo que recordamos o de cómo
apliquemos nuestras habilidades intelectuales.
Por tanto, nuestra percepción de algo se ve influida por la manera en que recordamos,
pensamos, etc. Pero eso no resta importancia a la percepción y a la atención en el funcionamiento
psicológico de una persona, ni al papel que tienen en sí mismas, incluso con cierta autonomía del
resto de los procesos psicológicos.
SENSACIÓN Y PERCEPCIÓN
Habitualmente se cree que la percepción es una copia de la realidad, es decir, que nuestro
sistema fisiológico recibe los estímulos tal y como se dan en la realidad, algo así como una especie
de fotocopia de los aspectos que percibimos de nuestro entorno. Sin embargo, eso no sucede casi
nunca, ya que la percepción implica un proceso de interpretación de la información que nos rodea,
y en eso se distingue de la sensación.
Se entiende por sensación a la mera interacción entre los estímulos del medio y nuestros
receptores fisiológicos. La llegada de esos estímulos a nuestro sistema sensorial puede ser caótica
o más o menos organizada, en fases o a la vez, rápida o lenta; pero el proceso psicológico encargado
de darle sentido, en una primera interacción con ellos, es la percepción.
La sensación es la operación psíquica más elemental que nos da la primera información del
mundo interno y externo, que es captada por un “órgano sensorial específico”, y que tiende a
Procesos Psicológicos Básicos
producir la adaptación de nuestra conducta global al medio, en el momento presente. Para
realizarse, la sensación necesita:
• Un estímulo que afecta a un órgano apto para captarlo.
• Un órgano sensorial específico para cada tipo de estímulo. A estos órganos los llamamos
directamente sentidos.
• La capacidad de estos órganos para: aceptar el estímulo y transformarlo en energía, lo que
produce la excitación.
• Una vía nerviosa sensible llamada “aferente” que es la encargada de llevar a los centros del
sistema nervioso central la información, codificada como excitación nerviosa o impulso
eléctrico.
• El sistema nervioso central que por medio de localizaciones especializadas recibe ese código
de excitación nerviosa, y lo decodifica para producir la experiencia propia de la sensación.
La experiencia de las sensaciones se organiza entonces, a partir de:
La computación de toda la información para organizar una respuesta del
organismo.
Para dar esa respuesta necesitará una vía nerviosa motora, es decir, capaz ya no de
transmitir la información del estímulo recibido (vía nerviosa sensitiva), sino de transmitir la orden
de acción, el impulso motor. Como ésta actúa en dirección de salida del cerebro hacia los órganos,
se la llama también eferente, por contraposición con la otra vía sensitiva.
Finalmente, mencionamos también al órgano que recibe y ejecuta la orden motriz
organizada por el cerebro, uno en particular o todo el organismo, dependiendo del estímulo en
cuestión.
A los cinco sentidos tradicionalmente conocidos, los seres humanos debemos agregarle
otros dos:
• el sentido cenestésico (que nos permite captar las sensaciones de movimientos y velocidad
del cuerpo, la tensión muscular, fuerza y resistencia, y el peso del cuerpo);
• y el sentido propioceptivo (vinculado con las sensaciones internas de nuestro propio
cuerpo, tales como hambre, sed, dolor de estómago, bienestar, etc.)
De esta
manera, podemos decir que la modalidad es la especificidad de cada tipo de sensaciones. Así
distinguimos entre olfativas, gustativas, etc., mientras que la cualidad se refiere a lo más típico de
la sensación, captado por la función cerebral, y que no siempre es posible describir de forma directa.
La cualidad tiene una referencia inmediata y particular a la captación de cada receptor. Esto se hace
destacable en las cualidades del gusto.
3 La experiencia de ser en el mundo
La primera característica que reconocemos de la sensación se refiere a la fuerza con que
nos impresiona. Esta cualidad está vinculada tanto al estímulo como a los condicionantes de la
persona. En ciertos estados de ánimo estamos inclinados a sentir con mayor o menor amplitud un
mismo estímulo (dolor de cabeza y luminosidad). Esto tiene importancia para el equilibrio y la
armonía en nuestra captación de la realidad, y para el ajuste armonioso de nuestras relaciones
interpersonales.
La duración depende de la persistencia de la presencia del estímulo; pero también está
relacionada con la intensidad. Un estímulo muy intenso puede producir una sensación que persista
por más tiempo.
UMBRAL DE SENSACIÓN
Para que la sensación sea posible, se necesita un mínimo de intensidad del estímulo, al igual
que un máximo tolerable. Llamamos umbral absoluto al mínimo y máximo que se requiere del
estímulo para que la sensación sea posible.
Para captar una variación dentro de la misma sensación, debe existir un mínimo de
variación la intensidad del estímulo, indispensable para a ser captada por el órgano correspondiente
como una sensación diferente. Llamamos umbral relativo o diferencial a esa variación
indispensable del estímulo para que el sentido pueda captar la sensación como de otra calidad o
intensidad.
A diferencia de la sensación, la percepción consiste en la captación y reconocimiento
consciente del objeto o del hecho presente, con sus cualidades y por su nombre. Dicho de otro
modo, la percepción implica:
• El estímulo sensible de un objeto o hecho presente (interno o externo)
• La transmisión por la vía sensible nerviosa al centro nervioso correspondiente. Su
decodificación para convertirlo en la “imagen específica”
• Su captación a nivel consciente que permite su “reconocimiento” y comprensión,
que depende a su vez de la experiencia anterior de la persona, de su estado de
ánimo, de sus intereses, etc.
• Para, finalmente, definirla y darle el nombre correspondiente.
El hombre es el único que puede nombrar las cosas porque es el único que puede
comprenderlas y definirlas. Y por eso es también el único que puede compararlas y hacer juicios. Y
el único que puede comprender las conductas y gobernarlas conscientemente. La percepción es la
mediadora de estas dos capacidades humanas: la capacidad de elaborar juicios de verdad o de valor
y la capacidad de seleccionar y dirigir sus conductas.
La percepción consiste, entonces, en la captación de la información a través de nuestros
sentidos y su posterior procesamiento para darle un significado. Los procesos de la percepción
implican la decodificación cerebral y encontrar algún sentido a la información que se está
recibiendo, de forma que se pueda operar con ella o almacenarse. Para ello debemos considerar
tres aspectos: cómo recibimos la información, cómo agrupamos sus diferentes aspectos para
determinar lo que representan, y la forma de combinar lo anterior con nuestros conocimientos
Procesos Psicológicos Básicos
previos para que nos resulte comprensible. La percepción es selectiva, constructiva e
interpretativa.
Ahora bien, la percepción se diferencia claramente de los demás fenómenos psicológicos
como la memoria, el pensamiento y otros, aunque comparte con ellos la capacidad humana de
otorgar sentido al mundo externo e interno. Básicamente encontramos dos tipos de estímulos:
Proximales: son los estímulos que se reflejan en los receptores sensoriales y que, a su vez,
depende de las características físicas de los receptores. Los seres humanos, por ejemplo,
no llegamos a oír determinadas frecuencias sonoras que sí son percibidas, por ejemplo, por
perros y delfines. Dichos estímulos nunca serán proximales para nosotros.
Distales: son los que se registran finalmente en nuestro sistema neurológico y sobre el que
el funcionamiento perceptivo lleva a cabo algún tipo de modificación o interpretación. Por
ejemplo, cuando estamos viendo a una persona, se refleja su imagen al revés en nuestra
retina, como sucede en una cámara de fotos. Sin embargo, el funcionamiento de nuestro
sistema perceptivo ajusta esa imagen para “colocarla” en la posición en la que está
realmente.
La percepción, sin embargo, no depende por completo de la información que está
presente, la que captemos por nuestros sentidos; está sesgada por las expectativas, esperanzas,
miedos, necesidades y recuerdos que componen nuestro mundo interno.
Distinguimos tres tipos de percepción según el tipo de objetos percibidos:
Percepción real o percepción de un objeto físico, por ejemplo de una moneda o de un lápiz
para escribir.
Percepción personal o percepción de una persona, como la percepción de Juan. El objeto
percibido es a su vez, perceptor (me percibe a mí)
Percepción social o percepción de grupos y realidades sociales, por ejemplo la percepción
de los inmigrantes, percepción de la Iglesia Católica, etc.
A medida que vamos recibiendo los estímulos, integramos en su decodificación tres tipos
de procesos asociados que hacen a la percepción final. Estos son el proceso sensorial, el proceso
afectivo y el proceso simbólico.
EL PROCESO SENSORIAL:
Hemos dicho que nada llega a nuestro conocimiento sin antes pasar por nuestros
sentidos. El primer contacto con la realidad se produce siempre a partir de las sensaciones. La
sensación constituye la fase inicial en la recepción de la información y se produce cuando el órgano
de un sentido (receptor) es estimulado por una energía física (calor, olor, etc.). El órgano capta esta
energía y la transmite por los nervios mediante las conexiones sinápticas. Los seres humanos
recibimos la información a través de los sentidos. Tenemos cinco sentidos que usamos para recibir
información del mundo exterior: vista, oído, gusto, tacto y olfato (exteroceptores). Pero también
tenemos otros que reciben información procedente del interior de nuestro organismo
(interceptores) y los propioceptores, que nos advierten del movimiento, es decir, nos permiten
5 La experiencia de ser en el mundo
sentir nuestros músculos y articulaciones. Este último sentido lo damos por supuesto, pero si alguna
vez hemos intentado andar cuando “se nos durmió el pie”, nos habremos dado cuenta de lo difícil
que resulta el movimiento si se carece de información sobre el contacto del pie con el suelo.
EL PROCESO SIMBÓLICO:
La percepción implica una estructuración de la realidad, es decir, se debe interpretar y
organizar la información recibida a través de los sentidos. Los objetos que nos rodean sólo cobran
significado cuando son percibidos, y este proceso implica simbolización; cada cosa percibida se
asocia a un determinado concepto. Por ejemplo, cuando vemos un perro, nuestros procesos
receptivos nos permiten distinguir un objeto con determinadas características de estructura, color,
tamaño, etc., que resalta en el campo perceptivo que le rodea. Simultáneamente, percibimos que
es un “perro“. El concepto de perro es asociado a propiedades que sobrepasan la información que
proporcionan los estímulos sensoriales (sensaciones).
EL PROCESO AFECTIVO:
Para entender nuestras relaciones con el mundo que nos rodea no podemos olvidarnos
de nuestra forma de ser, así como de la experiencia que hemos tenido anteriormente con todas las
cosas. En los procesos de percepción está implicada toda nuestra persona. La percepción de un
perro puede resultarnos “agradable” o “desagradable”, según hayan sido nuestros contactos
anteriores con ellos.
Finalmente, debemos hablar de otros tres tipos de percepción que hacen a la totalidad de
la experiencia de ser en el mundo, ya que la percepción abarca mucho más que el aquí y ahora, por
esta misma capacidad antes nombrada que tiene el ser humano de nombrar y significar todo cuanto
ocurra a su alrededor.
Procesos Psicológicos Básicos
LA PERCEPCIÓN DEL MOVIMIENTO.
Es útil tener en cuenta que el movimiento es siempre relativo: el objeto que se mueve es
captado en tal circunstancia por su relación con otro que está quieto. Esto, a su vez, explica que
cuando dos objetos, como únicos referentes entre sí, se mueven en la misma dirección y a la misma
velocidad, no se percibe el movimiento.
Otro aspecto para destacar es el del umbral mínimo, sin el cual no llegamos a percibir
movimiento; el umbral diferencial, sin el cual no percibimos la aceleración o la desaceleración; y el
umbral máximo, más allá del cual la velocidad del objeto no nos permite captar “su presencia, ni su
movimiento”, porque nuestros sentidos no tienen la agudeza suficiente.
LA PERCEPCIÓN DEL ESPACIO.
Teniendo en cuenta nuestro condicionamiento biológico, podemos observar que contamos
con dos ojos justamente para poder percibir el espacio en su tridimensionalidad. Cuando se pierde
la visión total de uno de los dos ojos, no se pueden captar con precisión ni la distancia ni el espesor
de los cuerpos. Sin embargo, nuestro sistema nervioso desarrolla mecanismos compensatorios en
estos casos.
En la captación del espacio interviene siempre la perspectiva tanto geométrica como aérea.
La perspectiva geométrica nos permite captar la distancia a través de la deformación o
empequeñecimiento de los objetos a medida que se alejan de nosotros. La perspectiva aérea nos
permite captar la degradación de la integridad y de la tonalidad del color, debida a la mayor o menor
capa de aire que se nos atraviesa a medida que nos alejamos del objeto.
En ambos casos, siempre actúa el principio de constancia de las formas y los tamaños.
LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO.
Porque las cosas están y se mantienen en movimiento, es que podemos apreciar el paso del
tiempo. Sin el movimiento, sería imposible reconocer la existencia del tiempo, o medirlo de alguna
forma. El tiempo existe por el movimiento, que siempre tiene lugar en algún espacio.
Nuestra condición de seres humanos (biológicos, psicológicos y sociales), nos lleva a tres
percepciones diferentes de nuestra existencia.
• El tiempo biológico: por ejemplo, la noche como tiempo de descanso
• El tiempo cronológico: determinado por nuestro estudio y medición del tiempo desde un
punto de vista totalmente teórico-objetivo. Es el tiempo que medimos con los relojes.
• El tiempo personal o subjetivo: el tiempo vivenciado por cada quien según sus intereses,
valores y estados emocionales. Es el tiempo según la significación que adquiere para quien
lo vive. Y no coincide con ninguno de los anteriores.
La teoría cognitiva comenzó a desarrollarse en la década de los 70 dentro de la Psicología
Cognitiva. La percepción se incluye dentro de un campo más amplio, el de la cognición; y se
encuentra completamente interrelacionada con otros procesos mentales superiores, como la
memoria o la toma de decisiones. Se sostiene, entonces, que las personas tenemos unos esquemas
cognitivos previos que han sido grabados en nuestra memoria y adquiridos en un aprendizaje
7 La experiencia de ser en el mundo
anterior. De esta forma, la percepción se explica como un proceso anticipatorio por parte del sujeto,
ya que se adapta a unos esquemas cognitivos que están grabados en la memoria y que ha sido
aprendidos previamente. La percepción es, por tanto, un proceso constructivo. Lo que esta teoría
propone es que la persona aprende a percibir y, como resultado de ese aprendizaje, se crean
esquemas cognitivos en el cerebro que, posteriormente, condicionan la futura percepción de la
realidad. Estos esquemas no sólo se aprenden, también se asocian a una palabra o a un conjunto
de palabras, y será a través de esos esquemas mentales y de los vocablos que los designan cómo se
otorgará significado a los objetos que percibimos.
La percepción de cualquier persona se encuentra muy ligada a su atención. Es decir, la
actividad cognitiva comienza con la percepción probablemente no tendrá continuidad si no se
activa el proceso atencional. Esta diferencia se manifiesta cuando decimos que no es lo mismo “ver”
que “mirar”. Es decir, la percepción se diferencia de la atención porque esta última implica una
cierta intencionalidad. Se suele definir la atención como “un mecanismo que pone en marcha una
serie de procesos u operaciones gracias a los cuales somos más receptivos a los sucesos del
ambiente y llevamos a cabo una gran cantidad de tareas de forma más eficaz.
Para algunos autores, la ATENCIÓN es la focalización de la conciencia: la capacidad de
dirigir la conciencia hacia un estímulo que la requiera concentrando sobre él toda la actividad
consciente. Los animales no atienden a la totalidad de estímulos que les llegan, ya que la capacidad
del cerebro para procesar es limitada. Cuando paseamos, por ejemplo, la cantidad de estímulos que
impacta sobre nuestros sentidos es casi ilimitada; sin embargo, en cada momento, nuestro cerebro
sólo es consciente de una parte de ellos.
Algunos autores conceden al factor afectivo un papel fundamental en la génesis del proceso
atencional; las personas prestan su atención a lo que les interesa. Centran en el interés la causa del
proceso de atención.
En el acto de atender se produce un mecanismo de detención, un mecanismo motor: una
inmovilización activa como adaptación sensorial adecuada. De ahí que los fenómenos motores sean
factores indispensables de la atención. Los factores auxiliares que la atención moviliza son:
• El recuerdo
• Las expectativas (el estado de alerta)
• La voluntad.
En la atención intervienen varios factores determinantes.
• La intensidad del estímulo. A mayor intensidad del estímulo, mayor capacidad de atención.
• Las modalidades de la estimulación. Predominan algunas modalidades sobre otras.
• La situación espacial de los estímulos y su proximidad.
• El corte de un estímulo continuado o intermitente que era de ritmo regular.
• La aparición de un estímulo desconocido, nuevo o imprevisto.
• El contraste o la oposición de estímulos.
Procesos Psicológicos Básicos
Factores individuales o personales:
• Fatiga mental o sueño
• Ciertos alimentos y o fármacos
• Condiciones ambientales
• Falta de oxígeno
• Oscilaciones individuales durante el día (teniendo en cuenta el momento y la hora)
• El momento evolutivo: infancia, adolescencia, adultez.
• La atención humana es un fenómeno muy complejo y puede ser de variados tipos.
Se han hecho clasificaciones de las distintas modalidades de la atención según diferentes
criterios. Así, se distingue entre atención selectiva o dividida, según atendamos a un solo conjunto
de estímulos o a varios al mismo tiempo. Por ejemplo, estamos usando una atención dividida
cuando escuchamos música y estudiamos al mismo tiempo. En cambio, una atención selectiva es
un procesamiento atencional seriado, es decir, prestamos atención primero a un estímulo, y cuando
terminamos con él pasamos al siguiente y así sucesivamente (primero estudiamos, luego
escuchamos música y después chateamos).
En el caso de la atención dividida, estamos usando un procesamiento en paralelo:
atendemos a las dos cosas al mismo tiempo, oscilando entre el predominio de una y otra; por esta
razón, por ejemplo, cuando estamos escuchando música mientras estudiamos, de pronto nos
damos cuenta de que el playlist se acabó, y volvemos a empezar el reproductor, alejándonos
brevemente del estudio. Este procesamiento sólo es posible gracias a una ventaja adaptativa que
consiste en la flexibilidad de nuestra atención. Esta flexibilidad permite a un organismo concentrado
en una tarea defenderse de algún elemento amenazante, pero también es cierto que existen
diferencias individuales muy notables al respecto, de forma que algunas personas son mucho más
eficaces practicando un tipo de atención que otras.
Según el objeto, la atención se puede dirigir a aspectos externos a nosotros mismos,
como los estímulos mencionados anteriormente, pero también a cuestiones internas, ya sean de
tipo propioceptivo (sensaciones internas o que tengan que ver con nuestros recuerdos,
sentimientos o cuestiones similares.
Las modalidades sensoriales implicadas más habitualmente en la atención suelen ser la
visual y la auditiva. Pero obviamente, los seres humanos también podemos atender en relación con
otras modalidades sensoriales como las relacionadas con el gusto, el olfato, el tacto o la
propiocepción.
Si estamos ejerciendo un control para concentrar nuestra atención en una cuestión o
situación particular por ejemplo, una determinada jugada de un partido de fútbol, se habla de
atención concentrada. Pero si, por el contrario, nuestra atención está poco focalizada y se dirige al
contexto general que nos rodea, se trata de atención dispersa o difusa.
Por otro lado, la atención, igual que la percepción y otros procesos psicológicos, puede ser
voluntaria o involuntaria. Cuando se produce de forma automatizada o por un hábito establecido,
se trata de atención involuntaria. Mientras que es voluntaria sólo cuando es conscientemente
dirigida hacia algún estímulo en particular.
9 La experiencia de ser en el mundo
Finalmente podemos distinguir entre atención conciente e inconciente, según esté presente
la voluntad del sujeto al momento de atender.
FUNCIONES DE LA ATENCIÓN
La atención tiene relación con el resto de los procesos cognitivos (percepción, memoria,
inteligencia) y afectivos (motivación y emoción), y ejerce una función de control sobre ellos. Si no
atendemos a una información, será imposible que la recordemos o la comprendamos; y si no
atendemos adecuadamente a un objeto afectivo, será muy difícil que nos motive o nos emociones.
Algunas funciones de la atención son:
• Aumentar la posibilidad de recibir los estímulos y sucesos del ambiente, así como los
propioceptivos.
• Contribuir a una progresiva objetivación de la realidad interna y externa.
• Facilitar el funcionamiento de otros procesos psicológicos, de los que a veces es condición
casi indispensable.
• Contribuir a ejecutar eficazmente las tareas que nos encontramos en nuestra interacción
con la realidad, sobre todo aquellas que requieren esfuerzo.
FASES DE LA ATENCIÓN.
Por regla general, los procesos atencionales suelen tener tres fases: inicio, mantenimiento
y cese.
• Inicio: se produce al desencadenarse un cambio en la estimulación ambiental, de tal
manera que los receptores sensoriales se orientan hacia una fuente de estimulación. Hay
casos en que este inicio se debe a una acción voluntaria de la persona, independientemente
de la calidad del estímulo. En esta fase también se incluye la selección de las estrategias
atencionales adecuadas para la tarea que pretendemos realizar.
• Mantenimiento: durante esta fase debemos focalizar la atención en el objeto durante un
cierto tiempo que es variable, después de los 4 o 5 segundos que dura la fase de inicio. Es
decisivo que la duración de esta segunda fase sea adecuada a la tarea que se pretende
realizar. Influyen en esta fase, también, la intensidad, frecuencia y ritmo de los estímulos.
Si son intensos, desencadenan una respuesta de orientación intensa y, de esta manera, se
termina produciendo menos habituación, lo que contribuye a mantener la atención.
• Cese: es el período en que se interrumpe la actividad atencional. Puede ser brusca o
paulatina, dependiendo o no de la voluntad del sujeto atencional.
Procesos Psicológicos Básicos
TRASTORNOS DE LA PERCEPCIÓN.
Los trastornos más comunes son las llamadas pseudopercepciones, que consisten en percibir
objetos que en realidad no existen, o existen con una apariencia impropia de ellos. Entre estas, las
más comunes son las alucinaciones y las ilusiones.
Alucinaciones
Son las percepciones sin objeto, es decir, una alucinación consiste en “percibir” un objeto que no
existe. El sujeto cree que percibe (oye voces, ve imágenes, huele diferentes sustancias), pero se
trata de percepciones erróneas, que a pesar de ser percibidas como una auténtica realidad, no
tienen ninguna base cierta. El sujeto vive la alucinación como un acontecimiento externo para él,
lo vive como extraño, pero no puede evitarlo y pasa a formar parte central de su vida.
Este hecho posee una fuerza irresistible de convencimiento para el enfermo que lo sufre; la
convicción es tan intensa que en ocasiones se la obedece ciegamente.
Es de notar el carácter de corporeidad que posee la alucinación: por ejemplo, un sujeto que padece
alucinaciones auditivas, no sólo oye voces, sino que éstas pueden proceder de distintos sitios, por
lo que se da vuelta para un lado y otro buscando escuchar mejor.
Ilusiones
Se caracterizan por la existencia del objeto en la realidad, pero que es percibido deformado,
distorsionado o alterado respecto a su forma original. Por tanto, las ilusiones son percepciones
falsas debidas a determinadas características del estímulo o bien a limitaciones de nuestros órganos
sensoriales.