Caso 3:
En base a un estudio detallado del fallo, responda las siguientes consignas:
a) Defina los hechos y cuál es el conflicto.
b) ¿Cómo de administra el condominio? ¿Cómo se toman las decisiones?
c) ¿Qué facultades tienen los condóminos?
d) ¿Cuáles son los fundamentos de la decisión? ¿Es justa?
e) ¿Sería la misma con el Código Civil y Comercial?
Texto Completo:
Mendoza, agosto 17 de 2010.
Antecedentes:
A fs. 16/30 vta., la demandada Denver S.A., por apoderado, plantea recursos de
Inconstitucionalidad y Casación en contra de la sentencia dictada a fs. 250/254 de los
autos 135.910/31.969, caratulados: "Barrancos, Noemí G. v. Denver S.A s/ desalojo" por
la Cuarta Cámara de Apelaciones de la Primera Circunscripción Judicial.
A fs. 36 se admiten, formalmente, los recursos deducidos y se ordena correr tras-lado a
la parte contraria. A fs. 41/54 contesta traslado la contraria, solicitando el rechazo del
recurso, con costas.
A fs. 62/63 vta., corre agregado el dictamen del Sr. Procurador General, quien por las
razones que expone, aconseja el rechazo de los recursos deducidos.
A fs. 66 se llama al acuerdo para sentencia y a fs. 67 se deja constancia del orden de
estudio en la causa por parte de los señores Ministros del Tribunal.
De conformidad con lo establecido en el art. 160 Ver Texto de la Const. Prov. Mendoza,
esta Sala se plantea las siguientes cuestiones a resolver:
1ª.-: ¿Son procedentes los recursos de Incons-titucionalidad y Casación interpuestos?
2ª.-: En su caso, ¿qué solución corresponde?
3ª.-: Costas.
A la primera cuestión el Dr. Nanclares, dijo:
La Sra. Barrancos inicia demanda por desalojo por vencimiento de contrato en contra
de Denver S.A., por un inmueble del cual es condómina. Relata, que el Sr. Félix
Barrancos, junto a sus hermanos Juana y José Barrancos, eran condóminos del
inmueble locado. Que los tres condóminos originales fueron luego sustituidos y el
inmueble pasó a pertenecer a la Sociedad Española de Beneficencia y Mutualidad
Hospital Español de Mendoza en un 33,30% por legado de la Sra. Juana Barrancos; a
los Sres. José Daniel, Carlos Alberto y Adriana Barrancos en un 33,35% por venta
efectuada por José Barran-cos; y a los sucesores del Sr. Félix Barrancos en un 33,35%
conforme constancia de los autos N. 135.470, caratulados: "Barrancos Félix Ángel
p/Sucesión" del Décimo Primer Juzgado Civil, donde se dictó declaratoria a favor de su
esposa Norma Ernestina de Barrancos y de sus hijos Ernesto Félix y Noemí Graciela
Barrancos, o presentante de autos, y que fuera nombrada administradora de la
sucesión. En enero de 2.003 los actuales condóminos alquilaron el inmueble a DENVER
S.A. por un plazo de tres años, venciendo el contrato el 31 de diciembre de 2.005.
Cuando estaba por finalizar el contrato, los sucesores de Félix Barrancos expresamente
manifestaron su decisión de no renovar el vínculo. En fecha 15 de marzo de 2006, los
sucesores de Félix Barrancos intimaron a la demandada a proceder al desalojo. La
accionada contestó el emplazamiento, alegando que habían celebrado un nuevo
contrato con el resto de los condóminos, y reconociendo que éste no había sido
suscripto por la administradora definitiva de la sucesión de Félix Barrancos. Que
habiendo vencido el contrato de locación celebrado en enero de 2.003, la acción de
desalojo resulta procedente.
El demandado, al contestar demanda, se opone al desalojo por cuanto sostiene que
existe un nuevo contrato de locación, suscripto en el mes de enero de 2.006.
El juez de primera instancia hace lugar al desalojo planteado, entiende que el contrato
original se encuentra vencido y que el nuevo contrato no le es oponible a la actora.
Señala también que la expresión de la accionada en los alegatos donde alude que el
31 de diciembre de 2.008 desocuparía el inmueble, debe entenderse como un
allanamiento.
Dicha sentencia es apelada por los demandados ante la Cuarta Cámara de
Apelaciones, siendo rechazado su recurso y confirmada la sentencia de primera
instancia. Sostiene la Cámara, conforme doctrina que cita que, el contrato de locación
que no ha sido celebrado por todos los condóminos es de ningún valor, pues en el
condominio rige el art. 2680 Ver Texto del CCiv., según el cual ninguno de los
condóminos puede comportarse como el exclusivo señor de la cosa, prescindiendo de
la voluntad o el consentimiento de los otros propietarios. Agrega que para que pueda
darse en arrendamiento un bien que se halla en condominio, se necesita un acuerdo
de todos los condóminos, ello sin perjuicio de la aplicación del principio de la mayoría,
dispuesta por los Arts. 2700 Ver Texto y 2703 Ver Texto a 2706 Ver Texto que rige para
los supuestos de administración de la cosa común. Para que se aplique este principio,
deben estar presentes todos los condóminos y la mayoría se rige por el principio del
capital, computando la cuota parte que atañe a cada condómino. Que, en el caso, la
actora no suscribió el contrato celebrado en enero de 2.006, ni la prórroga de enero de
2.009, por lo que, conforme lo dispuesto por los arts. 1512 Ver Texto y 2682 Ver
Texto CCiv., dicho contrato y su prórroga le resultan inoponibles. Además, no existe
constancia de que haya existido reunión de los condóminos a los efectos de deliberar
y decidir sobre el contrato celebrado en enero de 2.006, por lo que no resulta factible
la aplicación de los arts. 2699 Ver Texto y 2700 Ver Texto CCiv. Agrega, finalmente, que
con la prórroga celebrada en enero de 2.009, la demandada viola el principio de la
buena fe procesal.
En contra de dicha sentencia, la parte demandada interpone recursos de Inconsti-
tucionalidad y Casación ante esta Sede.
II.- El recurso de inconstitucionalidad interpuesto.
El recurrente funda su libelo en los incisos tres y cuatro del art. 150 Ver Texto del CPCC
Mendoza. Señala que la sentencia dictada ha violado su derecho de defensa al
apoyarse en un hecho que no formó parte de la litis trabada, toda vez que la actora no
invocó la nulidad del contrato fundada en la falta de representación de los herederos
condóminos, sino en el vencimiento del contrato celebrado por la mayoría de los
condóminos. Agrega que la sentencia es arbitraria, cuando atribuye a su parte mala fe
procesal por el ejercicio legítimo de su facultad de contratar la prórroga del contrato
de locación con la mayoría de los condóminos. Sostiene que la invocación de que no
existía mayoría en la decisión de los condóminos es un hecho que no fue invocado por
la parte actora en la instancia inicial.
III.- El recurso de casación interpuesto.
Sostiene el recurrente que la sentencia dictada ha aplicado erróneamente el art.
1196 Ver Texto del CCiv. y el art. 22 Ver Texto del CPCC Mendoza al sostener que
contraría la buena fe procesal haber prorrogado el contrato de locación originario.
Agrega que se han aplicado erróneamente los arts. 1512 Ver Texto y 2682 Ver
Texto del CCiv. al requerir la unanimidad a los efectos de la locación de un inmueble
sujeto al régimen de condominio. Señala también que se ha dejado de aplicar lo
dispuesto por los arts. 2699 Ver Texto y 2700 Ver Texto CCiv., en cuanto establecen
que la mayoría de los condóminos tendrá derecho a decidir sobre el modo de
administración de la cosa. En definitiva, solicita a este Tribunal que declare que la
mayoría del condominio tiene derecho a locar el inmueble.
IV.- Solución al caso:
Teniendo en cuenta las cuestiones fácticas y jurídicas implicadas en la resolución de la
presente causa, razones de orden metodológico aconsejan el tratamiento conjunto de
los recursos interpuestos.
La cuestión a decidir consiste en determinar si resulta arbitraria o normativamente
incorrecta una sentencia que hace lugar al desalojo planteado por uno de los
condóminos, teniendo en cuenta que el nuevo contrato de locación invocado por el
inquilino, no ha sido suscripto ni consentido por el accionante, pero sí ha sido
suscripto por la mayoría de los condóminos.
Este Tribunal, ha tenido oportunidad de expedirse respecto a la particularidad de los
contratos de arrendamientos cuando la cosa se encuentra en condominio, en los autos
"Elizalde de Mazzuca, Etelvina y otro v. Igarzabal de Hadid, María Ver Texto " (fecha
18/04/1991, JA 1991-III-575). La solución a la que se arribó en aquellos obrados, no
resulta de aplicación plena al caso, por cuanto en ellos, a diferencia del presente, quien
pedía la nulidad del contrato de locación no era el condómino omitido, sino el mismo
inquilino. No obstante, los lineamientos doctrinarios allí citados servirán para una
mejor comprensión de lo que debe resolverse en estos. Se dijo allí lo siguiente:
"1) Las normas en juego:
El art. 1512 Ver Texto dispone: "El copropietario de una cosa indivisa no puede
arrendarla, ni aún en la parte que le pertenece, sin consentimiento de los demás
partícipes". Concordantemente, el art. 2682 Ver Texto dice: "El condómino no puede
enajenar, constituir servidumbres, ni hipotecas con perjuicio del derecho de los
copropietarios. El arrendamiento o el alquiler hecho por alguno de ellos, es de ningún
valor".
2) Posiciones asumidas:
El litigante interpreta ambas normas con este alcance: la locación celebrada por el
condómino es nula y la nulidad puede ser invocada no sólo por los otros condóminos
sino también por el inquilino. La Cámara, por el contrario, afirma que no operándose
las mayorías necesarias para los actos de administración en el condominio, la locación
es nula, de nulidad relativa, establecida sólo en favor del resto de los condóminos; en
con-secuencia, no puede ser denunciada por el arrendatario, quien sólo tiene una
acción de daños y perjuicios en el supuesto de que un copropietario reclame la nulidad
del acto.
3) La doctrina francesa citada como fuente del Código Civil Argentino:
Vélez Sarsfield menciona las obras de los franceses Troplong, Duranton y Aubry et Rau
en la nota al art. 1512 Ver Texto CCiv. ¿Qué posición tomaron estos autores?
Dice Troplong, recordando a Merlin, Duvergier y Zacharie: la regla es que ninguno de
los copropietarios puede convenir el alquiler de la cosa común sin el asentimiento de
los otros pues sería abrir las puertas a los más grandes abusos del derecho de
propiedad si uno solo pudiese comprometer la voluntad de los otros comuneros; una
de las partes podría, mediante alquileres bajísimos, compensados en acuerdos secretos
con el inquilino, gravar para el futuro la cosa indivisa, haciéndola prácticamente
improductiva, de modo tal de presionar económicamente al condómino que no
participó. Por eso se concluye en que la parte que no fue consultada podría demandar
la nulidad del acto, dejándose a salvo el derecho del arrendatario a reclamar los daños
y perjuicios. No obstante, la regla no es absoluta, pues un condómino podría por ej.,
en casos de urgencia o ausencia del otro comunero, renovar un contrato de
arrendamiento, sin el consentimiento del otro, con el fin de evitar que los bienes
queden en situación de improductividad; el copropietario se encontraría, en
circunstancias semejantes, en la misma posición que un gestor de negocios y el juez
no podría hacer lugar a una pretensión caprichosa de la par-te que no figuró en el
contrato (Troplong, M., "Le droit civil expliqué suivant lordre des articles du code. De
lenchange et du louage", t. 1., Paris, ed. Hingray, 1852, n. 100).
Aubry et Rau, con cita de Merlin, Duranton, Duvergier, Demolombe, Zacharie y
Troplong, dicen que el copropietario de una cosa indivisa no puede alquilarla, ni aún
en la parte que le corresponde, sin el consentimiento de los otros comuneros, quienes
esta-rían autorizados a demandar la anulación total del arrendamiento que se celebró
sin su concurso (Aubry et Rau, "Cours de Droit Civil francais dapres la méthode de
Zacharie", at 4, París, ed. Marchal et Billard, 1871, n. 364).
Duranton se expresa en términos muy similares: Uno de los copropietarios no puede,
salvo el consentimiento de los otros, alquilar la cosa común; los copropietarios podrían
demandar la anulación salvo el derecho del inquilino contra el arrendador, si hubiese
lugar (Duranton, "Cours de Droit franÇais", 4ª ed. t. 17; París, ed. Thorel, 1844, n. 55).
¿Qué conclusión podría extraerse de los textos resumidos? En mi opinión, que la
doctrina inspiradora del codificador interpreta las normas francesas en consonancia
con el principio de que ninguno de los condóminos puede actuar sobre la cosa común
en perjuicio del resto de los comuneros. Por eso, en principio, son ellos los que están
auto-rizados a denunciar la ineficacia del acto que los perjudica.
De alguna manera, en esa línea de pensamiento, quizás hoy tendría mayor rigor
técnico afirmar que estos arrendamientos son inoponibles a los copropietarios que no
prestaron su consentimiento. Los mismos Aubry et Rau nos hablan de un
arrendamiento no oponible a los otros condóminos (Aubry et Rau, ob. cit., t. 2, n. 221,
p. 407).
No obstante, no debe ignorarse que doctrina francesa del siglo pasado afirmó que la
nulidad podía ser solicitada también por el inquilino. Así por ej., se lee en la obra de
Laurent:
"El inquilino también tiene el derecho de reclamar la nulidad del arrendatario, porque
en realidad, esta locación, es un contrato sobre la cosa de otro, arrendamiento que es
nulo aún para el inquilino" (Laurent, "Principes de Droit Civil francais", 5ª ed., t. 25,
Bruxelles, París, 1893, n. 44).
Pero en la jurisprudencia gala de nuestros días comienza a abrirse paso la tesis según
la cual, siendo el arrendamiento un acto de administración, no requiere del con-
sentimiento de la unanimidad (Para el estado actual ver, Delhay, Francis, "La nature
juridique de lindivision", París, ed. Pichon, 1968, ns. 212 y ss).
4) La doctrina nacional:
Esta última tendencia de la jurisprudencia francesa es la que predomina en el moderno
derecho argentino. Dice Jorge Alterini en magistral síntesis: "Si bien desde Segovia
cierta doctrina ha exigido el acuerdo unánime también para los actos de
administración, en realidad quedan encuadrados en el régimen de las mayorías que
para la administración de la cosa común regulan los arts. 2699 Ver Texto y ss. En esta
medida, no obstante que es irreprochable la previsión del art. 2682 Ver Texto in fine en
torno a que el arrendamiento o el alquiler hecho por alguno de ellos es de ningún
valor, ello no implica que sea menester el acuerdo unánime para ese tipo de actos,
sino que bastará la mayoría absoluta de valor prevista por la ley (art. 2699 Ver Texto ,
2700 Ver Texto , 2704 Ver Texto , 2705 Ver Texto ). Con estas pautas debe entenderse
el art. 1512 Ver Texto para el caso de locación sobre la cosa común". En cuanto a la
naturaleza del arrendamiento celebrado sin tales mayorías, el autor estima que se trata
de un acto in-oponible a los otros comuneros, (Alterini, Jorge H., en Llambías-Alterini,
"Código Civil anotado", Ed. Abeledo-Perrot, 1981, Bs. As., p. 515).
Otros autores coinciden con esta solución y aclaran que, aunque respecto de los otros
condóminos, se trata de un supuesto de inoponibilidad, a veces este remedio no
alcanza y el comunero invocará la nulidad; por ej., si quiere enajenar y tiene interés en
dar seguridad jurídica al adquirente, solicitará la declaración de nulidad del
arrendamiento realizado sin su consentimiento; insisten en que se trata, en todo caso,
de una nulidad relativa (ver Papaño, Kiper, Dillon, Causse, "Derechos Reales", t. 1.,
Ed. Depalma, Bs. As., 1989, p. 313).
Atilio A. Alterini dice en su comentario al art. 1512 Ver Texto CCiv. anotado y dirigido
por Llambías, ya citado: "Como vimos, el alquiler de la cosa común dado por uno de
los condóminos es juzgado de ningún valor. Tal significa, por lo pronto, la anulabilidad
relativa de la locación concertada entre locador y locatario y puede articularla
cualquiera de los demás condóminos; pero respecto a los demás condóminos se
plantea una hipótesis de inoponibilidad. Va de suyo que el locatario de buena fe tiene
derecho a re-clamar indemnización al locador" (Alterini, Atilio A., ob. cit., t.3, vol. B,
1985, p. 1512
En la doctrina clásica argentina se expresan opiniones semejantes. Así por ej., para
Salvat, es nulo el arrendamiento contratado por uno de los copropietarios sin el
asentimiento de los otros, quienes, por consiguiente, estarían autorizados para hacer
de-clarar la nulidad, salvo que expresa o tácitamente los hubiesen consentido o
ratificado (Salvat, Ray-mundo, "Tratado de Derecho Civil Argentino. Derechos Reales",
t. 3, Bs. As., TEA, 1959, n. 1255).
Las expresiones de Machado no me parecen del todo claras, pues luego de afirmar
que lo que la ley prohíbe es que se perjudique a los de-más condóminos, luego dice
que la nulidad del arriendo de una cosa indivisa puede ser demandada por cualquiera
de los contratantes (Machado, "Exposición y comentario del Código Civil argentino", 2ª
ed., t. 7, Bs. As., 1920, p. 90, comentario al art. 2682 Ver Texto ) y en su comentario al
art. 1512 Ver Texto , después de explicar que cualquiera de los condóminos
disconformes puede pedir la nulidad del contrato de locación, se refiere al derecho del
inquilino perjudicado a reclamar los daños y perjuicios y a su falta de legitimación para
pedir la división del condominio (ob. cit., t. 4, 1917, p. 256).
Más modernamente, Rezzónico y Clavell Borrás se han sumado a la idea de que el
derecho del inquilino se limita a reclamar los daños y perjuicios (Rezzónico, Luis M.,
"Estudio de los contratos en nuestro Derecho Civil", 2ª ed., Ed. Depalma, Bs. As., 1959,
p. 121; Clavell Borrás, Javier, "El contrato de locación urbana en el Código Civil", Bs. As.,
ed. Coperadora, 1978, p. 129.)
Llerena, en cambio, siguiendo a Laurent dice que "la nulidad puede ser demandada
por los copropietarios que no arrendaron y también por el locatario, que no conocía el
condominio. Pero no puede ser alegado por los mismos que intervinieron conociendo
el vicio" (art. 1047 Ver Texto CCiv.) (Llerena, Baldomero, "Concordancias y comentarios
del Cód. Civil argentino", 3ª ed., Bs. As., ed. La Facultad, 1930, p. 492).
Spota (autor citado por el recurrente), luego de sostener enfáticamente que "re-cae
sobre el condómino la incapacidad jurídica de ser arrendador de la cosa común",
explicita que el contrato resulta purificable pues los demás condóminos pueden
prestar aprobación a lo concertado; esta aprobación significa el asentimiento previo, o
sea, la autorización (Spota, "Instituciones de Derecho Civil, Contratos", t. 2,
Ed. Depalma, Bs. As., 1974, p. 168)".
Aplicación de estas doctrinas al caso de autos:
Conforme surge de los lineamientos vertidos, puede concluirse que el arrendamiento
celebrado por uno de los condóminos, sin el consentimiento de los demás, es cuanto
menos inoponible a los omitidos. Ello no significa que se requiera unanimidad en la
toma de la decisión, basta con la mayoría absoluta de valores que dispone la ley en los
arts. 2699 Ver Texto y sgtes. del CCiv.
Respecto a esto último, la Cámara sostiene que la unanimidad en el "quórum" resulta
un requisito ineludible conforme lo dispone el art. 2703 Ver Texto CCiv. Sin ese
requisito, no puede aplicarse el régimen de las mayorías regulado en el art. 2699 Ver
Texto que invoca el recurrente. Señala expresamente que "No existe constancia en la
causa de que haya existido reunión de los condóminos a los efectos de deliberar y
decidir sobre el contrato celebrado en enero de 2.006".
Dicho argumento resulta esencial para la dilucidación de la causa. En efecto, el
recurrente no logra conmover el razonamiento recurrido, por cuanto no ha probado
que haya existido reunión alguna de condóminos para deliberar sobre el contrato del
2.006 y, mucho menos, que se haya logrado la unanimidad en el quórum a la que
aluden los jueces de Cámara.
Aún cuando la interpretación que la Cámara acuerda al art. 2703 Ver Texto CCiv. pueda
resultar rigurosa, el recurrente debería haber intentado, cuanto menos, acreditar que
todos los condóminos fueron debidamente citados para concurrir a una reunión en la
cual se deliberó sobre el futuro del inmueble (ver al respecto, Llambías, Alterini
"Código Civil anotado", t. IV-A, Ed. Abeledo-Perrot, p. 558).
Sus agravios se dirigen a demostrar que cuenta con la mayoría absoluta de valor en el
consentimiento de los condóminos, pero no rebate el argumento decisivo de la
Cámara en cuanto considera que, previo a analizar si existe o no mayoría absoluta de
valor, debe haberse realizado una reunión a la que hayan concurrido "todos" los
condóminos o sus legítimos representantes.
Al fundar el recurso de Inconstitucionalidad, sostiene que este tema de las mayorías no
ha sido tratado en primera instancia, lo que tornaría arbitrario el pronunciamiento. No
obstante, de la simple compulsa del escrito de demanda, se advierte que los acto-res
destacan que "nunca tuvo lugar una reunión o asamblea de los condóminos en la cual
se planteara cuál sería el destino que se daría al bien..." y que "los otros condóminos
celebraron un nuevo contrato de locación sin su intervención, consentimiento o
conocimiento" (ver fs. 22).
En el recurso de Casación, señala que la Cámara no aplicó lo dispuesto por los arts.
2699 Ver Texto y 2700 Ver Texto del CCiv. respecto a la validez de lo decidido por la
mayoría de los condóminos y que aplicó erróneamente lo dispuesto por los
arts. 1512 Ver Texto y 2682 Ver Texto CCiv. No obstante, nada dice de la unanimidad
que exige el art. 2703 Ver Texto y que pondera la sentencia para recién allí, reunidos
todos los condóminos, poder valorar la decisión de la mayoría.
Asimismo, tampoco cuestiona el quejoso lo señalado por la Cámara respecto a que, en
la reunión celebrada en enero de 2.009, no concurrieron todos los condóminos y que,
si bien asistió el administrador de la sucesión (aquí recurrido), éste solo tiene
facultades conservatorias y carece de facultades para obligar al resto de los herederos.
Más allá de que se comparta o no dicho criterio, lo cierto es que el recurrente no lo
rebate adecuadamente, no explica ni otorga fundamentos para considerar que la
administradora de la sucesión pudo comprometer a los herederos en la reunión de la
que da cuenta el acta obrante a fs. 235, y lograr así la unanimidad en el quórum que le
exige la Cámara, conforme lo dispuesto por el art. 2703 Ver Texto CCiv.
Los demás agravios referidos a la buena o mala fe procesal con la que actuó el
demandado carecen de relevancia, por cuanto ninguna sanción les ha sido aplicada
como consecuencia de su conducta. Simplemente se ha ordenado el desalojo del
inmueble, pero no por la conducta procesal de los demandados, sino porque el nuevo
contrato de locación celebrado resulta inoponible frente a los actores.
Finalmente, advierto que la prórroga de la locación, celebrada en enero de 2.009, fue
pactada por el plazo de un año, con vencimiento el 31 de diciembre de 2.009, por lo
que, a la fecha de esta sentencia, los recurrentes carecen de un contrato que legitime
de algún modo, con o sin mayorías, su permanencia en el inmueble. Por lo que, el
desalojo por vencimiento del contrato resulta innegable.
En virtud de lo expuesto, si mi voto resulta compartido por mis distinguidos co-legas
de Sala, corresponde el rechazo de los recursos interpuestos y la confirmación de la
sentencia recurrida.
Así voto.
A la misma cuestión los Dres. Romano y Llorente, adhieren al voto que antecede.
A la segunda cuestión, el Dr. Nanclares, dijo:
Atento lo resuelto en la cuestión anterior, corresponde rechazar los recursos de
Inconstitucionalidad y Casación interpuestos y, en consecuencia, confirmar la sentencia
dictada a fs. 250/254 de los autos 135.910/31.969, caratulados: "Barrancos, Noemí G. v.
DENVER S.A. s/ desalojo" por la Cuarta Cámara de Apelaciones de la Primera
Circunscripción Judicial.
Así voto.
Sobre la misma cuestión los Dres. Romano y Llorente, adhieren al voto que antecede.
A la tercera cuestión, el Dr. Nanclares, dijo:
Atento lo resuelto en las cuestiones anteriores, corresponde imponer las costas ante
esta instancia a la parte recurrente vencida. (arts. 36 Ver Texto y 148 Ver Texto CPCC
Mendoza).
Así voto.
Sobre la misma cuestión los Dres. Romano y Llorente, adhieren al voto que antecede.
Por el mérito que resulta del acuerdo precedente, la Sala Primera de la
Excma. Suprema Corte de Justicia, fallando en definitiva, resuelve:
I.- Rechazar los recursos de Inconstitucionalidad y Casación interpuestos a fs. 16/30
vta., y en consecuencia, confirmar la sentencia dictada a fs. 250/254 de los autos
135.910/31.969, caratulados: "Barrancos Noemí G. v. DENVER S.A. s/ desalojo" por la
Cuarta Cámara de Apelaciones de la Primera Circunscripción Judicial.
II.- Imponer las costas al recurrente vencido.
III.- Regular los honorarios profesionales por los recursos de In-constitucionalidad y
Casación interpuestos, de la siguiente manera: Dr. Antonio Jaime Logrippo, en la suma
de pesos $ ...; Dr. Antonio Eduardo LOGRIPPO, en la suma de pesos $ ...; Dr. Carlos
Alberto Parellada, en la suma de pesos $ ... y Dr. Sergio Raúl Parellada, en la suma de
pesos $ .... (arts. 15 Ver Texto y 31 Ver Texto Ley 3641).
IV. Dar a la suma de pesos ciento veintiocho ($ 128), de la que da cuenta las boletas de
depósito obrantes a fs. 1 y 2, el destino previsto por el art. 47 inc. 4 Ver Texto del CPCC
Mendoza.
Notifíquese. Ofíciese.- Jorge H. Nanclares.- Fernando Romano.- Pedro J. Llorente.