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Histologia

Este documento presenta una introducción a las técnicas histológicas para preparar tejidos para su observación microscópica. Explica los procesos de obtención de muestras, fijación, inclusión, corte, tinción y observación, y cómo estas técnicas buscan preservar las características de los tejidos tal como se encontraban en vida. También describe los diferentes tipos de técnicas histológicas, como las vitales, supravitales y postvitales, y cómo la selección de técnic
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Histologia

Este documento presenta una introducción a las técnicas histológicas para preparar tejidos para su observación microscópica. Explica los procesos de obtención de muestras, fijación, inclusión, corte, tinción y observación, y cómo estas técnicas buscan preservar las características de los tejidos tal como se encontraban en vida. También describe los diferentes tipos de técnicas histológicas, como las vitales, supravitales y postvitales, y cómo la selección de técnic
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REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACION UNIVERSITARIA

UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL ROMULO GALLEGOS

PROGRAMA MEDICINA

AREA: CIENCIAS DE LA SALUD

SAN JUAN DE LOS MORROS – ESTADO GUARICO.

Principios de la
Histología

Facilitador: Autor:

Lunimar Mendoza. Luis Pérez


Skarlet Amaro
Karlianny Amaro
Ralianny Bolívar
Daniel Márquez
Robert Acosta
Sección # 3

Altagracia de Orituco junio 2023.

INTRODUCCION
En esta investigación dedicada a las técnicas histológicas vamos a
describir los procedimientos experimentales necesarios para obtener secciones
teñidas y listas para observar al microscopio partiendo de tejidos vivos extraídos
de un animal o de una planta. Por tanto, dedicaremos espacios a la obtención,
fijación, inclusión, corte, tinción y observación de los tejidos.

La mayoría de las técnicas histológicas van encaminadas a preparar el


tejido para su observación con el microscopio, bien sea éste óptico o electrónico.
Ello es debido a dos razones: a) Que la composición de los tejidos, salvo contadas
ocasiones, no tienen contraste ni colores que permitan diferenciar sus
estructuras de una manera clara y b) que la mayoría de las estructuras tisulares y
celulares no se pueden discriminar a simple vista sino con la ayuda de los
microscopios. Por ello hay que procesar las muestras, primero para que no se
deterioren y después para resaltar sus estructuras y poder estudiarlas en detalle.

Existen procedimientos rápidos y simples para la observación de tejidos y


células vivas que reciben el nombre de vitales. Los intravitales permiten la
observación dentro del cuerpo. Por ejemplo, la observación del flujo sanguíneo
en capilares del sistema circulatorio. Otra forma de observar células o tejidos
vivos es mediante las técnicas histológicas supravitales, en las que las células y
los tejidos se mantienen o se hacen crecer fuera del organismo, como es el caso
de los cultivos de células y de tejidos in vitro.

Las técnicas histológicas postvitales son aquellas en las que las células
mueren durante el proceso, pero las características morfológicas y moleculares
que poseían en estado vivo se conservan lo mejor posible, lo que depende del
tipo de técnica empleada. El objetivo de toda técnica histológica es observar y
estudiar la estructura general o detallada de los diferentes componentes
tisulares. Estas características observadas deberían ser iguales a las que poseían
los tejidos en su estado vivo. Aunque las técnicas histológicas actuales están
diseñadas para disminuir al máximo las alteraciones de las características de los
tejidos durante su aplicación, todas las técnicas introducen modificaciones más o
menos importantes que pueden afectar de manera diferencial a diferentes
componentes tisulares. Estas alteraciones se llaman artefactos y tenemos que
tenerlos en cuenta a la hora de interpretar lo que observamos en el microscopio.

A lo largo de la historia de la ciencia se ha puesto a punto una gran variedad de


técnicas histológicas. Algunas de ellas son generales y se utilizan para una
evaluación global de las muestras, mientras que otras son más específicas y
permiten la identificación y estudio de estructuras determinadas. Algo a tener en
cuenta es que la selección de la técnica y sus variantes depende básicamente del
tejido que queramos observar y de lo que queramos estudiar en él. Por ejemplo,
no es lo mismo estudiar un tejido animal que uno vegetal, o trabajar con tejido
óseo que con tejido nervioso. En las siguientes investigación vamos a presentar
las técnicas más generales usadas comúnmente en los laboratorios de histología.

Denominamos proceso histológico a una serie de métodos y técnicas


utilizados para poder estudiar las características morfológicas y moleculares de
los tejidos. Hay diversos caminos para estudiar los tejidos, es decir, diversas
series de técnicas que se utilizarán dependiendo de qué característica deseemos
observar.

El proceso histológico comienza con la obtención del tejido objeto de


estudio. En el caso de los tejidos vegetales directamente se toman muestras
de los distintos órganos que componen el cuerpo de la planta, mientras que
para los tejidos animales podemos optar por dos opciones: coger una porción
del tejido u órgano y procesarla o procesar primero el animal completo y
luego extraer la muestra que nos interese. En cualquier caso las muestras son
habitualmente fijadas. Fijar un tejido es como hacer una fotografía de dicho
tejido, se lleva a cabo para mantener las estructuras celulares y moleculares
inalterables durante el procesamiento posterior y con una organización lo
más parecida posible a como se encontraban en la muestra viva. La fijación
más habitual se lleva a cabo con unas soluciones líquidas
denominadas fijadores. También podemos fijar las moléculas de los tejidos
por congelación rápida. La fijación por congelación se emplea cuando la
fijación química o los procesos histológicos posteriores alteran las
características de la muestra que queremos estudiar, por ejemplo una
molécula sensible a dichos tratamientos.

Tras la fijación es habitual incluir el tejido para posteriormente obtener


secciones. Cuanto más delgada queramos que sea nuestra sección más
tenemos que endurecer nuestra muestra. Esto se consigue embebiendo el
tejido con sustancias líquidas que posteriormente polimerizarán (resinas) o se
volverán consistentes (ceras). También se puede conseguir el mismo efecto
mediante congelación rápida. Cortes más gruesos de 40 µm se pueden cortar
sin necesidad de inclusión usando el vibratomo o microtomos de congelación.
Los medios de inclusión no son normalmente hidrosolubles por lo que
tendremos que sustituir el agua de los tejidos por solventes orgánicos
liposolubles y posteriormente sustituirlos por el medio de inclusión.

Para el caso de algunas muestras es necesario hacer un tratamiento


previo a la fijación. Por ejemplo, el tejido óseo contiene minerales que
dificultan su procesamiento. En este caso se suele someter a un proceso
de descalcificación, tras el cual se prosigue con la inclusión de las muestras.

Tras la inclusión o la congelación se procede a cortar los tejidos, es decir,


obtener secciones. Existen diferentes aparatos de corte que permiten
conseguir secciones de distinto grosor: ultrafinas (del orden de nm), semifinas
(de 0.5 a 2 µm), finas (entre unas 3 y 10 µm) y gruesas (mayores a 10 µm).
Habitualmente las secciones se procesan para poder observarlas y estudiarlas,
aunque ciertos tipos de microscopía, por ejemplo con contraste de fase,
permiten observar secciones de tejidos sin procesar. Normalmente las
secciones se tiñen con colorantes que son hidrosolubles, por lo que hay que
eliminar el medio de inclusión para que los colorantes pueden unirse al tejido.
Las secciones ultrafinas (observadas con el microscopio electrónico) o
semifinas (observadas con el microscopio óptico) se pueden contrastar con
metales pesados o con colorantes, respectivamente, sin necesidad de eliminar
el medio de inclusión. Las secciones obtenidas a partir de muestras
congeladas se puede procesar u observar una vez llevadas a temperatura
ambiente.

Los tejidos procesados se observan con los microscopios. Existen dos


tipos básicos de microscopios: óptico y electrónico. Los primeros ofrecen una
gran versatilidad en cuanto a modos de observar los tejidos: campo claro,
contraste de fase, polarización o contraste de interferencia diferencial,
mientras que los segundos permiten un gran poder de resolución, pudiéndose
observar características ultraestructurales como membranas celulares o
incluso complejos moleculares.

Como dijimos al comienzo existen múltiples variaciones sobre este


esquema general de procesamiento histológico. Por ejemplo, se pueden
observar tejidos con el microscopio electrónico de barrido sin necesidad de
incluir ni cortar, pero sólo observaremos superficies. Si queremos cuantificar
nuestros resultados, por ejemplo, número de células de una estructura,
tendremos que hacer un muestreo sistemático y aleatorio de la muestra,
según los principios de la estereología. Ello requerirá unas condiciones previas
para que cada célula tenga la misma probabilidad de ser observada. De igual
modo, si queremos observar muestras gruesas o muy gruesas puede ser
buena idea someter a esas muestras a un proceso de aclarado antes de su
observación.

TÉCNICAS HISTOLÓGICAS

FIJACIÓN

Todos los tejidos, bien cuando se extraen de un organismo, o bien


cuando muere el organismo en el que están, sufren dos tipos de procesos
degradativos: autolisis por acción de enzimas intracelulares, es decir,
autodigestión, y putrefacción por acción bacteriana. Además, el
procesamiento histológico posterior del tejido para poner de manifiesto y
observar determinadas estructuras supone una metodología que puede
degradar o alterar las estructuras tisulares. Fijar un tejido es preservar sus
características morfológicas y moleculares lo más parecidas posibles a las que
poseía en su estado vivo. O dicho de otra manera, la fijación disminuye los
cambios en los tejidos desde que se obtienen hasta que se observan, tanto en
organización estructural como en composición química. Es como hacer una
fotografía del tejido vivo para poder observarla, tras algún tratamiento, con el
microscopio. Una buena fijación es importante porque de ello depende una
interpretación correcta la observación tisular. Puede ser la diferencia entre un
buen y un mal diagnóstico de una patología, basado en diferencias en la
organización del tejido o en las características de los núcleos de las células.

La fijación mata a las células y debe evitar la autolisis, proteger a los


tejidos frente a ataques bacterianos, insolubilizar elementos solubles que se
quieren estudiar, y evitar distorsiones y retracciones tisulares que afecten al
volumen o a la morfología. Además, debe preparar al tejido para poder llevar
a cabo técnicas específicas posteriores, si es necesario, y mantener las
características del tejido en procesos histológicos como las inclusiones.
Además, la fijación endurece las muestras, con lo que tejidos muy blandos
pueden ser cortados más fácilmente, hace las celulas resitentes al daño y
deformaciones por soluciones hipo e hiperosmóticas, previene la putrefacción
de los tejidos, y reduce el riesgo de ataque por patógenos de los tejidos
fijados.

Hay fijadores físicos, que son calor o congelación, y químicos, que son
aquellos que forman enlaces químicos con moléculas del tejido. Cada uno
tiene sus ventajas e inconvenientes. Los más usados hoy en día para
microscopía óptica y electrónica son los fijadores químicos.

El método ideal de fijación química es por perfusión. Para ello se


introduce el fijador a través del sistema vascular, asegurando de esta manera
que todas las células del órgano perfundido reciben el fijados casi
instantáneamente y al mismo tiempo. Obviamente esto se puede hacer en
animales de experimentación. Sin embargo, para biopsias o para plantas el
método de fijación es la inmersión, es decir, sumergir la muestra en el fijador,
el cual llegará a todas las partes de la muestra por difusión.

No existe un fijador universal, ni un método de fijación único. Incluso


podemos usar varios fijadores secuencialmente según nuestras necesidades.
La elección depende de las características fijadoras que necesitemos, tanto
por el tipo de tejido como por la técnica posterior a la fijación que queramos
aplicar. Por ejemplo, si queremos estudiar actividades enzimáticas debemos
usar un fijador que no nos altere el centro activo de las enzimas en las que
estamos interesados, y quizá para ello tengamos que sacrificar en cierta
medida la morfología tisular. La mayoría de los fijadores no preservan los
lípidos, los cuales permanecerán en el tejido mientras no usemos disolventes.
Así, si queremos estudiar la ultraestructura celular debemos usar fijadores
que fijen los lípidos y que por tanto protejan a las membranas celulares
durante el procesamiento de inclusión en resinas, que conlleva el uso de
solventes orgánicos. Asimismo, la mayoría de los fijadores no fijan los
carbohidratos pero éstos permanecen en el tejido porque están unidos a las
proteínas. Por otra parte, si queremos teñir un determinado componente
celular con muy poca afinidad por los colorantes quizá debamos usar un
fijador que lo modifique para que sea reconocido más fácilmente por los
colorantes.

En cualquier caso hay características de los fijadores químicos que


tenemos que tener en cuenta antes de su uso:

Velocidad de penetración. El proceso de fijación ha de ser rápido y la


velocidad de difusión de la sustancia fijadora en los tejidos es un factor
determinante. En la fijación por inmersión este parámetro condiciona el
tamaño de la pieza que queramos fijar, más pequeña cuanto menor sea la
velocidad de difusión del fijador empleado. También determina el tiempo de
fijación, mayor cuanto menor tiempo de difusión.

Velocidad de fijación. Esta característica no dependen de la velocidad de


difusión sino de las propiedades químicas del fijador y condiciona el tiempo
que debe permanecer el tejido en contacto con el fijador. Téngase en cuenta
que la fijación es una reacción química.

Endurecimiento. Los fijadores generalmente endurecen los tejidos, lo


cual depende del tipo de fijador y del tiempo que el tejido haya estado
expuesto a él.

Ósmosis y pH. Es indispensable evitar cambios de volumen en la células


producidos por una osmolaridad del fijador diferente a la del tejido. Por tanto,
en muchas ocasiones hay que equilibrar la osmolaridad de las soluciones
fijadoras y la de los tejidos a fijar. No es necesario añadir sustancias
complejas. Por ejemplo, para los tejidos de animales terrestres basta con
añadir 0.9 % de cloruro sódico. Son sales que no afectan a la capacidad del
fijador. Normalmente se suelen usar soluciones amortiguadoras que
mantienen un pH semejante al del tejido e isoosmóticas con dicho tejido.
Temperatura. La fijación a temperaturas más altas que la temperatura
ambiente suelen incrementar la velocidad de fijación del tejido, pero también
acelerar la degradación del tejido que todavía no ha sido fijado.

Efecto mordiente. Algunas estructuras tisulares son difíciles de teñir


puesto que tienen poca apetencia por los colorantes. Esta apetencia puede
ser incrementada con un tratamiento previo. Algunos fijadores, además de
fijar, modifican químicamente a ciertas estructuras celulares para que
posteriormente puedan unirse a ellas los colorantes. Este este tipo de
modificación química se le denomina efecto mordiente.

Artefactos. Una artefacto es cualquier alteración introducida en eltejido


consecuencia del proceso histológico. La fijación podría decirse que es el paso
que más influye en el procesamiento histológico. Al contrario que la tinción o
una pobre inclusión en parafina, la fijación es irreversible. Los procesos de
fijación, dependiendo del fijador o del método de fijación, pueden acarrear
alteraciones tisulares tales como variaciones morfológicas, cristalización de
compuestos, desplazamiento de sustancias, etcétera. Estos cambios pueden
producirse por las características del fijador o por un mal uso de éste. En
cualquier caso deben tenerse en cuenta para no describir como
características tisulares lo que es una alteración introducida durante la
fijación. Una consecuencia frecuente son las retracciones o encogimientos de
la muestra, lo cual se puede comprobar midiendo la muestra antes y después
de la fijación. No debe asumirse que las posibles alteraciones afecten a todos
los tejidos o estructuras por igual.

MÉTODOS de FIJACIÓN

Existen diferentes formas de fijar los tejidos dependiendo del tipo de


fijador, de la estructura a fijar y de lo queramos observar. Los métodos de
fijación se pueden clasificar en dos tipos: físicos y químicos.
Físicos

Los fijadores físicos se basan bien en una congelación muy rápida del
tejido o bien en la aplicación de calor elevado. Se utilizan cuando los fijadores
químicos alteran las estructuras que queremos observar, cuando necesitamos
una fijación muy rápida, o cuando el tipo de tejido y la técnica que usaremos
lo requieran.

Existen variantes a la técnica de congelación como son la criodesecación


o liofilización y la criosustitución. La criodesecación parte de tejido
previamente congelado al que posteriormente se le sublima el hielo, es decir,
el agua pasa de estado sólido a gaseoso sin pasar por estado líquido. Al
eliminar el agua se impide que se den reacciones químicas, por lo que,
además de la fijación, este método preserva el tejido en el tiempo. La
criosustitución también parte de tejido congelado pero en este caso se
produce una sustitución lenta del hielo por una solución fijadora. Con ello se
posibilita una fijación química sobre un material que no ha sufrido deterioro
puesto que está congelado.

La fijación por calor no es frecuente en histología, puesto que produce


deterioros de los tejidos. Su efecto es la coagulación de proteínas y disolución
de lípidos. Sin embargo, se emplea para la observación de microorganismos,
ya que preserva la forma de éstos y sirve para su identificación. Hoy en día,
sin embargo, se suele emplear el calor como un complemento a la fijación
química. Así, las muestras inmersas en un fijador se introducen en un
microondas y se llevan hasta temperaturas de unos 55 ºC. Esta temperatura
no produce artefactos y tiene dos ventajas: incrementa la velocidad de
fijación y reduce el tiempo fijación desde varias horas o días a decenas de
minutos. El uso del microondas permite que el calor sea homogéneo en toda
la muestra de forma inmediata (si se hiciera en un baño caliente habría un
gradiente de calor en la muestra desde la parte externa a la más interna). Se
cree que el incremento de la velocidad de fijación se debe sólo al calor
generado y no al efecto directo de las microondas. Las microondas se pueden
usar también para otros pasos del proceso histológico como la tinción.

Químicos

Los métodos químicos utilizan soluciones acuosas compuestas por


moléculas fijadoras que establecen puentes entre las moléculas del tejido,
manteniéndolas en sus lugares originales e impidiendo su degradación. Hay
que considerar que los fijadores químicos afectan en mayor o menor medida
al tejido, tanto física como químicamente. Los efectos físicos suelen ser
retracciones o distensiones, y la mayoría endurecen el tejido. Hay dos
métodos básicos de fijación con fijadores químicos: inmersión y perfusión. En
cualquier caso el fijador debe llegar a todas las partes el tejido lo más
rápidamente posible.

Inmersión

En el método de inmersión las piezas de tejido se sumergen en la


solución fijadora. En algunos casos se necesitan fijar extensiones de sangre o
cortes por congelación sin fijación previa. En estos casos siempre se fijan por
inmersión en la sustancia fijadora. Cuando se fija por inmersión hay que tener
en cuenta algunas precauciones.

1) Las piezas de tejido no deberían superar los 0.5 cm de espesor para


que el fijador alcance el interior de la pieza antes de que ésta comience a
deteriorarse. La velocidad de penetración del fijador depende de cada fijador
y de las características del tejido. Esta velocidad nos condicionará el tamaño
de la muestra. Para fijadores lentos se recomiendan piezas de 0.2 cm de
tamaño. Esto también se ve afectado por el tipo de tejido. Por ejemplo, si es
poroso o con grandes espacios la difusión del fijador será más rápida.

2) El volumen recomendado de fijador es de 10 a 20 veces superior al


volumen de la pieza.
3) La osmolaridad del tejido y de la solución fijadora deben estar
equilibradas.

4) El pH del fijador debe ser próximo al fisiológico.

5) El tiempo de fijación, para una mismo tipo de muestra, depende de


cada tipo de fijador: velocidad de difusión y velocidad de fijación (la rapidez e
intensidad con la que establece puentes o coagula proteínas). Debe ser
suficiente para que la muestra quede bien fijada pero no excesivo para evitar
deterioros o alteraciones del tejido. Una agitación suave durante la fijación
ayuda a la penetración del fijador y disminuye el tiempo. En general no se
recomiendan fijaciones mayores de 24 horas, excepto en algunos casos como
el formaldehído, para el que se puede emplear una semana de fijación.

Perfusión

Por este procedimiento la solución fijadora se introduce a través del


sistema circulatorio por el cual accede a todas las células del tejido gracias a la
red de capilares. Mediante este método se puede fijar un animal completo
introduciendo la solución fijadora a través del ventrículo izquierdo del
corazón. El fijador llegará a todas las células irrigadas por el sistema
circulatorio (circuito corporal) y bombeado por una bomba peristáltica. Si se
quieren fijar los pulmones habría que introducir el fijador por el ventrículo
derecho. También podemos fijar un único órgano en el caso de que podamos
introducir la solución fijadora en la arteria principal que irriga dicho órgano.
La perfusión no siempre es posible como en la mayoría de las biopsias o en los
tejidos vegetales. El método de fijación por perfusión es mucho más efectivo
que el de inmersión ya que la solución fijadora llega rápidamente a escasa
distancia de todas las células de la estructura perfundida.
FIJADORES

Existen multitud de fijadores en los manuales de técnicas histológicas.


Los fijadores químicos son los más frecuentemente empleados, bien
compuestos por un solo tipo de sustancia fijadora o con mezclas de varias de
ellas. Los fijadores se pueden clasificar en dos grandes grupos según su
acción sobre el tejido: los coagulantes y los que establecen enlaces cruzados.
Los primeros, al extraer agua de los tejidos producen coagulación y
desnaturalización de las proteínas, sobre todo las de la matriz extracelular,
mientras que los segundos establecen enlaces químicos entre moléculas del
tejido. Los fijadores que tienen como base al alcohol son desnaturalizantes,
tales como el Bouin o el Carnoy, mientras que el formaldehído o el
glutaraldehído establecen enlaces. También se preparan soluciones mixtas de
ambos tipos de fijadores.

Otra clasificación de los fijadores es según sean aditivos o no aditivos. Los


primeros tienen moléculas o iones que se combinan con las moléculas del
tejido y formarán parte de él en los pasos sucesivos del procesamiento. Estos
son sobre todo los que establecen enlaces y algunos coaguladores. Los no
aditivos son aquellos que tras llevar a cabo su función es eliminada en pasos
posteriores, como es el caso del alcohol o el ácido acético. La mayoría de las
sustancias fijadoras son tóxicas por inhalación o por contacto, algunas de ellas
cancerígenas. Hay que seguir las indicaciones de seguridad para su manejo y
utilización.

Fijadores simples

Etanol, metanol, acetona

El etanol, metanol, acetona fijan por deshidratación y coagulación de las


proteínas, sobre todo las citosólicas. Extraen los lípidos de los tejidos, pero no
afectan a los carbohidratos. El metanol es mejor fijador que el etanol puesto
que no causa tanto endurecimiento del tejido y aporta una mejor
preservación. En general, son buenos fijadores de muestras de pequeño
tamaño, y preservan bien algunas proteínas como las enzimas, también
glucógeno, y pigmentos. Se usan frecuentemente para para fijar las
extensiones citológicas o secciones de criostato obtenidas de tejido no fijado.
Debido a que deshidratan, a la vez que fijan, se pueden usar también como un
conservante de las muestras. Tienen algunos inconvenientes como producir
endurecimiento y la retracción de los tejidos, muy evidentes en bloques de
tejido muy grandes. Carecen de efecto mordiente.

Ácido Acético

El ácido acético no fija directamente a las proteínas sino que su proceso


de fijación consiste en cambiar el estado coloidal de las proteínas. Se utiliza a
una concentración que varía entre el 1 y el 5 %. Es el fijador ideal para ácidos
nucleicos y nucleoproteínas. Como inconvenientes cabe destacar la
destrucción de las mitocondrias y mala fijación de membranas y citoplasma.
Se suele usar en combinación con otros fijadores. Ejemplos: Bouin, FAA
(formol, ácido acético y alcohol). En las mezclas de fijadores también es capaz
de contrarrestar los artefactos que pueden introducir el etanol o el ácido
pícrico.

Cloruro O Sulfato De Zinc

El cloruro de zinc se utilizó inicialmente como fijador único, pero más


tarde pasó a ser un componente de mezclas fijadoras. Se emplea
normalmente en combinación con el paraformaldehído. El cloruro de zinc
ayuda a la fijación y preserva la antigenicidad si se necesita el tejido para
pruebas inmunocitoquímicas, ya que contrarresta el enmascaramiento de
antígenos que se atribuye al paraformaldehído. Las sales de zinc han
sustituido progresivamente a las sales de mercurio usadas tradicionalmente
en las mezclas fijadoras. Es importante señalar que el fijador no se prepara en
sales de fostato, como es habitual, y tras la fijación ha de eliminarse el zinc
mediante lavados en agua destilada.

Ácido Pícrico

La fijación por ácido pícrico se produce gracias a que las sales del tipo
picrato coagulan las proteínas de los tejidos. Se suele usar del 2 al 15 % de
una solución saturada de ácido pícrico. Preserva bien la estructura celular, no
produce retracciones cuando el tiempo de fijación es óptimo, preserva bien
glucógeno y lípidos. Es un buen fijador para tinciones generales puesto que
tiene efecto mordiente y favorece la unión de algunos colorantes. Hay que
eliminarlo completamente antes de proceder a la inclusión en ceras como la
parafina puesto que dificulta la penetración de la parafina. Se suele usar
combinado con otros fijadores. Ejemplos: Bouin.

Formaldehído

El formaldehído es un fijador ampliamente usado por la buena


preservación del tejido, actúa como conservante, produce poca retracción
tisular, es compatible con la mayoría de las técnicas y tinciones histológicas,
incluidas las de inmunocitoquímica e hibridación de ácidos ribonucleicos. El
formaldehído se une a grupos funcionales de las proteínas formando grupos
hemiacetales. Esta unión hace que muchos enzimas queden inactivas, lo que
ayuda a evitar la degradación del tejido por las enzimas hidrolíticas. Los
grupos a los que se une son amino, sulfidrilos, guanidilos, grupos hidroxilos
alifáticos, etcétera. La unión a uno de estos grupos produce un grupo
hidroximetileno. Es el hidroximetileno el que reacciona con grupos de otra, o
de la misma proteína para la formación de puentes. El formaldehído preserva
bien los lípidos, sobre todo si se añade a la solución fijadora iones de calcio
(reducen la solubilidad de los fosfolípidos), y no reacciona con los
carbohidratos.
Glutaraldehído

El glutaraldehído es uno de los fijadores más usados. En solución


polimeriza formando dímeros y trímeros. Los grupos aldehídos que quedan
dentro en la molécula polimerizada reaccionan con los grupos aminos de los
aminoácidos de las proteínas, formando puentes entre las moléculas de los
tejidos. Los grupos aldehídos de los extremos, sin embargo, quedan libres, y
es importante anularlos para evitar falsos positivos (por ejemplo, evitando
que se unan los anticuerpos durante la inmunocitoquímica o que se unan los
aldheídos del reactivo de Schiff). Por tanto, es una buena práctica eliminarlos,
lo que se puede hacer mediante la incubación en borohidruro de sodio al 1 %.
Sin embargo, no se recomienda para inclusiones en parafina puesto que
dificulta la obtención de secciones. Hay que tener cuidado con su baja
penetración tisular y puede producir retracciones. Se usa en soluciones
tamponadas isotónicas y normalmente en combinación con el formaldehído.

A lo largo de la historia de la histología se han usado otros tipos de


aldehídos como fijadores, muchos de los cuales han dejado de usarse. Por
ejemplo, el hidrato de cloral para el sistema nervioso, la acroleína, muy tóxico
y usado para microscopía electrónica, o el glioxal.

Tetróxido De Osmio

El tetróxido de osmio es uno de los fijadores más antiguos, se usa desde


al menos 1865. En solución penetra poco en los bloques de tejido, y se
recomiendan tamaños no mayores de 0.5 o 1 mm. Se puede usar tanto en
solución como en vapor. No produce artefactos pero hace a las muestras de
tejido frágiles. Forma puentes entre los enlaces insaturados de las cadenas de
ácidos grasos de los lípidos de las membranas celulares. Las hace insolubles,
oscuras y opaca a los electrones. Por eso se emplea habitualmente para las
observaciones con el microscopio electrónico, ya que preserva y oscurece las
membranas celulares. Pero también se usa en microscopía óptica para
estudiar las grasas insaturadas, para observar los tractos de mielina, y es
necesario para las impregnaciones argénticas como el método de Golgi. Por
su fuerte carácter oxidante no se usa para tinciones convencionales puesto
que impide la unión al tejido de los colorantes aniónicos. Actualmente se usa
mucho tras la fijación de las muestras con formaldehído o glutaraldehído, y
antes de deshidratar dichas muestras, para su observación al microscopio
electrónico.

Mezclas fijadoras

La mayor parte de los procesos de fijación usan varias sustancias


fijadoras, bien mezcladas en la solución acuosa inicial o utilizadas
sucesivamente en el tiempo. Con ello se aprovechan las ventajas de cada una
de ellas y se pueden contrarrestar sus desventajas. Hay multitud de formas de
usar los diferentes fijadores, tanto en sus componentes como en las
proporciones de éstos, dependiendo de las necesidades posteriores, es decir,
qué tipo de tejido queremos fijar y qué queremos ver de dicho tejido. Junto
con las sustancias fijadoras también se añaden a las mezclas otros
componentes que afectan a otros parámetros como la osmolaridad o el pH de
la solución. Por ejemplo, en la mayoría de los casos las sustancias fijadoras se
disuelven en soluciones tamponadas para controlar osmolaridad y pH, de
manera que no se afecte a la estructura del tejido. Pero también con otros
propósitos, como por ejemplo el etilén glicol que se añade a los fijadores para
obtener secciones por congelación y además evita la difusión de las enzimas.

Algunas combinaciones usadas frecuentemente porque tienen unas


propiedades de fijación que las hace apropiadas para las observación de una
gran variedad de tejidos y para el uso de diversas de técnicas de tinción.

Líquido de Bouin

La solución de Bouin está formada por ácido pícrico, formaldehído y


ácido acético glacial. Es una solución muy utilizada para el procesamiento de
tejidos que se incluirán en parafina y a cuyas secciones se le pueden aplicar
un amplio espectro de tinciones. Es muy útil para tejidos blandos y
embriones, y preserva bien el núcleo y el glucógeno.

Solución de Clarke

Está solución está compuesta por etanol y ácido acético glacial (3:1). Fue
una de las primeras soluciones fijadoras usadas, buena para muestras que se
incluirán en parafina.

Carnoy

El Carnoy es un buen fijador para el glucógeno, para los hidratos de


carbono simples y para las proteínas fibrosas. Es bueno para visualizar los
ácidos nucleicos, aunque no la morfología nuclear, y destaca los grumos de
Nissl del sistema nervioso. Puede producir retracciones tisulares. Está
formado por etanol absoluto, cloroformo y ácido acético glacial.

Mezclas con formaldehído

El formaldehído es quizá el fijador más usado hoy en día, tanto para


técnicas histológicas comunes como para otras como la inmunocitoquímica o
la hibridación de ácidos nucleicos. Lo más frecuente es utilizarlo en solución al
4 % junto con otros fijadores. Se suele disolver en soluciones tamponadas que
tienen una osmolaridad similar a la del tejido que se pretende fijar. Para
fijaciones de tejidos destinados a microscopía electrónica se suelen utilizar
soluciones fijadoras que contienen formaldehído y glutaraldehído.
Glutaraldehído-tetróxido de osmio.

Inclusión
Una vez fijado el tejido tenemos que procesarlo para su observación con
el microscopio. Ello implica hacer secciones para teñirlas primero y
posteriormente observarlas. Normalmente se procede al endurecimiento de
la muestra para poder obtener dichas secciones.

La congelación de los tejidos previamente fijados permite la obtención de


secciones que pueden ir desde unas 50 µm hasta decenas de nm de grosor,
para lo que se utilizan diferentes aparatos: microtomo de congelación para
secciones de decenas de µm, criostato para secciones de entre 5 y 20 µm y
ultracriotomo para secciones ultrafinas del orden de nm. Para evitar los daños
que se producen durante los procesos de congelación, como la formación de
cristales de hielo que nos agujerean los tejidos, se pueden usar diversas
soluciones.

a) Anticongelantes que impidan la formación de cristales, siendo el


crioprotector más usado la sacarosa al 30 %, aunque también se usa el dimetil
sulfóxido, el glicerol, etilén glicol y otros. La elección de uno u otro depende
del tipo de muestra y de la técnica que se vaya a usar.

b) Una congelación lo más rápida posible, por ejemplo, con nitrógeno


líquido. Cuanto más rápida es la congelación menores son las dimensiones de
los cristales de agua formados, y menores los daños en el tejido. En la
práctica, las observaciones a microscopía electrónica requieren de ambos:
anticongelantes y congelación muy rápida.

La inclusión es el método más común de endurecer el tejido y consiste en


infiltrar la muestra con sustancias líquidas que tras un proceso de
polimerización o enfriamiento se solidifican, sin afectar a las características
del tejido. Este procedimiento se introdujo a mediados del siglo XIX. Con ello
se consigue obtener cortes del orden de µm a nm, según el medio de
inclusión, sin que el tejido se rompa o se deteriore. Además, son un buen
método para preservar las muestras durante largos periodos de tiempo.
Existen diferentes sustancias o medios de inclusión dependiendo del grosor
del corte y de la técnica que necesitemos realizar. La mayoría de estas
sustancias no son hidrosolubles, es decir, no son miscibles con el agua, luego
si queremos que la sustancia en la que vamos a incluir ocupe todo el tejido
tenemos que eliminar el agua y sustituirla por un líquido miscible con dicha
sustancia. Si una muestra no está completamente embebida en el medio de
inclusión se deteriorará y la obtención de secciones homogéneas será
imposible.

Inclusión En Parafina

Para la inclusión de muestras que han de observarse con el microscopio


óptico se utiliza sobre todo la parafina, y en menor medida la celoidina, como
medio de inclusión. Vamos a describir los pasos para la inclusión en parafina
de muestras de tejido previamente fijadas.

La parafina es una sustancia de aspecto ceroso que está formada por


mezclas de hidrocarburos saturados. A temperatura ambiente es sólida y su
punto de fusión puede variar entre 40 °C y 70 °C según la composición de la
mezcla de hidrocarburos. Así, parafinas más duras a temperatura ambiente
tienen un punto de fusión mayor, mientras que las más blandas uno menor.
Es recomendable una dureza mayor para incluir muestras más duras. Las
parafinas más usadas tienen un punto de fusión en torno a los 60 °C.
Podemos también modificar las características de las parafinas añadiendo
sustancias para variar su dureza, viscosidad, fragilidad, etcétera.

La inclusión en celoidina se emplea menos actualmente. La ceolidina se


disuelve en partes iguales de alcohol absoluto y éter. A esta solución se
transfieren las muestras desde el etanol absoluto. A medida que se evaporan
el alcohol y el éter se hace más densa la celoidina. Finalmente se endurece
con cloroformo y se mantienen en 80% de etanol. El proceso de inclusión es
más largo que el de parafina pero las muestras se endurecen más y provoca
menos retracción y deterioro.
Inclusión En Resina

Para la observación de la ultraestructura celular es necesario hacer


secciones de tejido muy delgadas, del orden de nanómetros, denominadas
ultrafinas, y usar un microscopio electrónico de transmisión para su
observación. La obtención de secciones ultrafinas implica que tenemos que
endurecer enormemente el tejido. Esto se puede conseguir mediante
congelación, obteniendo entonces las secciones con un ultracriotomo. Sin
embargo, lo más frecuente es incluir el tejido en un material de alta dureza
como son las resinas de tipo epoxy, o en menor medida las resinas acrílicas
como el metacrilato. Ambas se infiltran en el tejido en forma líquida y
posteriormente polimerizan sin afectar a la ultraestructura celular.

El procedimiento estándar de inclusión en resinas tipo epoxy es similar al


descrito para la inclusión en parafina con algunas modificaciones. Así, los
pasos que se siguen son fijación de las muestras por inmersión o perfusión,
deshidratación, líquido intermediario, infiltración y polimerización en el
medio de inclusión. Algunos medios de inclusión de tipo acrílico, por ejemplo
la resina LR White, son parcialmente miscibles con el agua por lo que no es
necesario deshidratar completamente la muestra ni emplear el líquido
intermediario. La polimerización de las resinas epoxy es por calor a 60 ºC,
mientras que otras como el metacrilato es con luz ultravioleta a bajas
temperaturas. Las resina acrícilicas son buenas para estudios citoquímicos.

En las inclusiones en resinas tipo epoxy, normalmente para muestras que


se observarán en el microscopio electrónico, se suelen tener en cuenta las
siguientes recomendaciones:

a) Las soluciones fijadoras suelen contener glutaraldehído y es necesaria


una postfijación posterior en tetróxido de osmio. Con ello nos aseguramos
una fuerte fijación para preservar la ultraestructura celular y que no
perderemos los lípidos que forman las membranas celulares durante el
proceso de inclusión, gracias al tetróxido de osmio.
b) Partimos de tamaños de muestras mucho más pequeñas, de unos
pocos milímetros, puesto que no nos interesa ver la organización general del
tejido sino detalles del mismo. Si queremos observar zonas diferentes de un
órgano es conveniente hacer bloques de muestra pequeños e independientes
de cada una de ellas.

c) Las resinas más comúnmente usadas para la inclusión no son


hidrosolubles, por lo que tenemos que sustituir el agua del tejido por un
solvente orgánico que sea miscible con la resina. Para ello se deshidrata el
tejido mediante incubaciones sucesivas en gradaciones crecientes de etanol o
acetona. Como líquido intermediario entre la acetona pura o el etanol de 100°
y las resinas se suele utilizar el óxido de propileno.

d) El endurecimiento del medio de inclusión, la resina, no es por


enfriamiento sino por polimerización, normalmente a 60 °C.

e) Al medio de inclusión, la resina, se le añaden aceleradores y


plastificantes que regulan las características de la polimerización y la dureza
de la resina polimerizada. Las resinas tipo epoxy son las más usadas puesto
que aportan una mayor homogeneidad en las polimerización y más facilidad a
la hora de obtener secciones regulares. Por el contrario las resinas acrílicas
presentan algunos inconvenientes y hay que ser muy cuidadosos a la hora de
elegir las condiciones de polimerización, obtención y tratamiento de los
cortes ultrafinos.

Corte

Las características tisulares y celulares finas se observan con los


microscopios. Sin embargo, con estos aparatos sólo se pueden observar
muestras de tejido que tengan un grosor muy pequeño, ya que de no ser así
hay problemas de difusión y penetración de la luz en el caso de los
microscopios ópticos y de penetración de los electrones en el caso del
microscopio electrónico de transmisión. Por tanto tenemos que hacer
secciones de los tejidos que queremos estudiar, las cuales pueden ir desde un
grosor de decenas de nanómetros (nm) hasta centenares de micrómetros
(µm). Algunos tejidos como los de las plantas, por sus características
celulares, permiten su observación en secciones de cientos de µm de grosor.
Otros tipos de muestras, como la sangre o los cultivos celulares, pueden
observarse directamente puesto que las células se extienden en una capa de
una o unas pocas células de grosor.

Como hemos mencionado en las páginas anteriores, podemos decir que


cuanto más delgada queramos hacer una sección de tejido más endurecido ha
de estar dicho tejido antes de seccionarlo. La dureza de los tejidos depende
de sus características (por ejemplo, las paredes celulares hacen que las
plantas tengan tejidos duros), de la fijación que hayamos realizado y sobre
todo del material en el que hayamos incluido dicho tejido. Una manera más
directa de endurecer el tejido es mediante la congelación.

Los aparatos mecánicos para hacer secciones se denominan microtomos.


Existen diferentes tipos según el grosor que queramos conseguir en nuestras
secciones, según el medio de inclusión en el que se encuentre el tejido y
según el proceso de endurecimiento de la muestra: por congelación o por
inclusión.

Tinción

Los tejidos animales son en su gran mayoría incoloros, excepto aquellos


que poseen algún tipo de pigmento como la hemoglobina de la sangre o la
melanina de la epidermis. En las plantas, sin embargo, existe una mayor
variedad de pigmentos naturales que permiten su observación directa con el
microscopio óptico, a lo que también ayuda la presencia de las paredes
celulares, las cuales facilitan la delimitación celular y la discriminación entre
diferentes tejidos. Cuando se inventaron los primeros microscopios hubo que
descubrir cómo teñir los tejidos para poder desentrañar sus características
morfológicas. Se observó que algunos pigmentos como el carmín o la eosina,
disueltos en agua, se unían a determinados componentes de los tejidos. La
expansión de la industria textil en el siglo XIX y su necesidad de colorear las
telas provocó un rápido desarrollo de los tintes o pigmentos. Muchas de estas
sustancias fueron usadas como colorantes en la histología de los animales y
de las plantas desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, cuando se ha
alcanzado un enorme desarrollo y perfeccionamiento de nuevas técnicas y
moléculas sintéticas que se usan según las necesidades del investigador.

Con la llegada de la biología molecular se han puesto en marcha otras


técnicas mucho más sofisticadas para observar elementos celulares, entre las
que se pueden destacar aquellas que usan anticuerpos, inmunohistoquímicas,
las que usan sondas de ADN o ARN, hibridaciones "in situ", o más sofisticadas
aún como las que mediante el diseño de animales transgénicos permiten
identificar y observar a las células que expresan un determinado gen, incluso
en el organismos vivo, gracias a la fluorescencia de la proteína verde
fluorescente (GFP). La preparación de los tejidos para obtener una mejor
tinción o marcaje también se ha mejorado enormemente. Por ejemplo,
seleccionando fijadores específicos, permeabilización de muestras gruesas de
tejidos, técnicas de corte sofisticadas y muchos otros avances.

No vamos a describir con detalle las técnicas más complejas, al menos no


en estas páginas básicas, sino las más comunes, las que se suelen emplear en
un laboratorio para el estudio general de los tejidos. Dividiremos el conjunto
de técnicas histológicas en cinco categorías.

a) Tinciones generales. Aquellas que usan sustancias coloreadas que se


unen a componentes tisulares por afinidad electro-química.

b) Histoquímica. Son aquellas técnicas de tinción que implican la


modificación química de algunas moléculas tisulares para posteriormente
ponerlas de manifiesto con colorantes. En este apartado incluiremos también
a los métodos de tinción basados en la capacidad catalítica de algunas
enzimas presentes en los tejidos que queremos estudiar.
c) Lectinas. Las lectinas son dominios de proteínas, como las selectinas,
que son capaces de reconocer glúcidos que forman parte de polisacáridos.
Tienen una gran especificidad y se usan para determinar el tipo de glúcido
que aparece en las glicoproteínas de las células o de la matriz extracelular de
los diferentes tejidos o como marcadores de estructuras tisulares.

d) Inmunohistoquímica o inmunocitoquímica. Es una técnica histológica


muy potente basada en la alta especificidad de la unión de los anticuerpos a
los antígenos contra los que se produjeron. Estos antígenos pueden ser
cualquier molécula tisular que, purificada en inyectada en un animal, sea
capaz de desarrollar una respuesta inmune. Estos anticuerpos añadidos a una
sección de tejido reconocerán y se unirán específicamente a dicha molécula.

e) Hibridación. Es una técnica basada en la unión complementaria de las


bases de ácidos nucleicos (adenina con la timina, o con el uracilo, y de la
guanina con al citosina). Esto hace que dos cadenas complementarias de
ácidos nucleicos se unan entre sí de forma muy específica, es decir, hibriden.
Siguiendo este principio se pueden sintetizar sondas marcadas, cadenas de
ADN o ARN con una secuencia de bases determinada que llevan una molécula
unida para poder detectarlas. La secuencia de bases de la sonda es
complementaria a otra que está presente en la célula, normalmente en forma
de ARN mensajero. Así, podemos observar qué células expresan un
determinado gen.

La mayoría de los tejidos, sobre todo los de los animales, son incoloros y
por ello necesitamos teñirlos para observar sus características morfológicas con
el microscopio óptico. Ello se consigue con el uso de los colorantes, sustancias
coloreadas que son capaces de unirse de manera más o menos específica a
estructuras del tejido aportándoles color. Estas tinciones se realizan
habitualmente sobre secciones de tejido, siendo las más utilizadas las secciones
obtenidas a partir de inclusiones en parafina u obtenidas en el criostato.

Colorantes

La molécula de un colorante tiene normalmente dos componentes


importantes: uno que aporta el color, denominado cromógeno, y otro que
posibilita la unión a elementos del tejido denominado auxocromo.
El cromóforo es la organización molecular dentro del cromógeno responsable
de la absorción de un espectro determinado de longitudes de onda. El
auxocromo que se une al cromógeno puede influir en su coloración y muchos
colorantes tienen más de un grupo auxocrómico. El auxocromo puede ser un
grupo ionizable, un grupo que reacciona químicamente con iones metálicos
(mordientes) o puede reaccionar químicamente con el sustrato, en este caso
el tejido. Los colorantes son normalmente hidrosolubles, aunque hay
colorantes que carecen de grupos ionizables y sirven para teñir sustancias
grasas, como gotas de lípidos.

Según la naturaleza química del cromóforo hay varios tipos de


colorantes: nitrosos, ozoicos, derivados de la antroquinona, derivados de la
acridina, derivados de iminas quinónicas, derivados de diferrilmetano y
triferrilmetano, derivados del xanteno y derivados de las talocianinas.

Según la naturaleza química del radical auxocromo los colorantes se


clasifican en:

Básicos: son sales en las que la base, normalmente una amina, aporta el
color, mientras que la parte ácida es incolora. Es decir, son colorantes
catiónicos. Tienen apetencia por sustancias ácidas del tejido como el ADN o
ciertos componentes de la matriz extracelular como los glicosaminoglicanos.
La unión es por atracción eléctrica. Así, ponen de manifiesto el núcleo y el
ARN, sobre todo el ARN ribosómico presente en los ribosomas por ser muy
abundante, así como ciertas matrices extracelulares ricas en componentes
ácidos. Ejemplos de colorantes básicos son la tionina, safranina, azul de
toluidina, el azul de metileno o la hematoxilina.

Ácidos: son sales con el anión coloreado y la base incolora. Son derivados
de grupos sulfónicos, carboxilos o hidroxilos fenólicos. Tienen apetencia por
sustancias básicas, sobre todo estructuras proteicas localizadas en el
citoplasma celular y también por el colágeno de la matriz extracelular. La
unión es por atracción eléctrica. Ejemplos de colorantes ácidos son la fucsina
ácida, verde rápido, naranja G o la eosina.

Colorantes mordientes: son aquellos que se usan en combinación con


sales metálicas, que actúan como mordiente. Estas sales se pueden emplear
junto con el colorante, antes o después. En algunos casos el colorante
mordiente puede ser también aniónico o, menos frecuentemente, catiónico.
Normalmente se emplean para teñir los núcleos. Por ejemplo, la hematoxilina
férrica de Heidenhain.

Neutros: poseen una porción ácida y otra básica, ambas con capacidad
para aportar color. Por tanto un mismo colorante puede teñir tanto las partes
básicas como las ácidas de los tejidos. Por ejemplo, el eosinato de azul de
metileno.

Indiferentes o hidrofóbicos: realmente no se unen a elementos de los


tejidos por afinidad química sino porque se disuelven en ellos. Por ejemplo, el
colorante Sudán se disuelve en los lípidos y por tanto teñirá a las gotas de
lípidos, especialmente en los adipocitos.

Los colorantes usados en histología se emplean a muy altas


concentraciones y la cantidad que se une al tejido es realmente pequeña. Por
eso, una solución de colorantes se puede usar muchas veces sin que se agote.
La manera en cómo se consigue una tinción adecuada se puede dividir en dos
tipos: progresiva y regresiva.

La tinción progresiva consiste en obtener una coloración adecuada


controlando el tiempo de la sección en el colorante, de modo que a más
tiempo más coloración. La tinción regresiva consiste en la eliminación lenta de
colorante de una tinción que ha sido teñida en exceso. Esta eliminación se
consigue normalmente con soluciones alcohólicas y al proceso se le denomina
desteñido. La concentración de la solución y tiempo de diferenciación nos
aporta la coloración adecuada.
En algunas ocasiones necesitamos resaltar elementos tisulares de
manera específica y para ello usamos colorantes que tienen apetencia por
dichas estructuras. Por ejemplo, la tinción denominada azán contiene
azocarmín y naranja-anilina-ácido acético que tiñen los núcleos de rojo y
sobre todo destaca el conectivo intensamente teñido de azul. Otra tinción
combinada es el tricrómio de Mallory que tiñe el colágeno de verde y las
células musculares de rojo.

Cuando un colorante se une al tejido y aporta un color diferente al que


tiene en solución se dice que ha ocurrido un fenómeno de metacromasia.
Esto se debe a que las propiedades de absorción de la luz del colorante
cambian al unirse a componentes celulares. Por ejemplo, el azul de toluidina
se vuelve púrpura cuando se une a ciertos gránulos de los mastocitos. Cuando
el colorante unido al tejido tiene el mismo color que en solución se
denomina ortocromasia.

Hematoxilina-eosina

Una de las tinciones más comúnmente usada en histología es la


hematoxilina-eosina sobre cortes de parafina. Como vemos se usa un colorante
básico (hematoxilina) y otro ácido (eosina) para teñir de diferente color a las
estructuras ácidas y básicas de la célula. Antes de proceder a la tinción, si
partimos de cortes de parafina, tenemos que llevar a cabo unos tratamientos
previos sobre las secciones como es el desparafinado y la hidratación, puesto
que estos colorantes son hidrosolubles. Si partimos de cortes de criostato esto
no es necesario.

Semifinos

Cuando se procesa material para microscopía electrónica es necesario a


veces hacerse una idea de qué zona del tejido vamos a cortar. Téngase en cuenta
que el área de una sección para observar con el microscopio electrónico es muy
pequeña. Además, el proceso de osmificación que ha de llevarse a cabo
previamente a la inclusión acarrea el oscurecimiento del tejido, con lo que
dificulta aún más la orientación de la muestra. Por ello es frecuente hacer
secciones de 0,5 a 1 µm de grosor con el ultramicrotomo, denominadas
secciones semifinas, para orientarnos en la muestra y seleccionar la zona a partir
de la cual haremos las secciones ultrafinas. Los semifinos suelen tener áreas más
grandes que las que posteriormente vamos a usar para la obtención de las
secciones ultrafinas. El colorante usado para teñir secciones semifinas es
normalmente el azul de toluidina, el cual puede infiltrase en la resina calentada
en una plancha y llegar hasta el tejido.

Microscopía electrónica

Contraste de ultrafinos. Aunque las secciones para microscopía


electrónica se pueden observar directamente con el microscopio electrónico, se
suelen tratar previamente con metales pesados en un proceso denominado
contraste, obteniendo así una imagen óptima de la ultraestructura celular. El
contraste no es una tinción, puesto que no aporta color a la muestra, pero sí es
un proceso habitual para poder observar los componentes ultraestructurales de
la célula. Téngase en cuenta que en la microscopía electrónica lo importante no
es añadir sustancias coloreadas sino moléculas que puedan interferir en el
camino de los electrones emitidos por el microscopio y que chocan contra la
muestra. Los metales pesados unidos al tejido impedirán que pasen los
electrones y por tanto se verá una zona negra en la pantalla fosforescente,
mientras que en aquellas zonas de la célula donde no estén estos metales
dejarán pasar los electrones y provocarán áreas luminosas en dicha pantalla. Por
ello todas las imágenes originales de microscopía electrónica son en blanco y
negro, aunque se puedan colorear posteriormente con un ordenador.
CONCLUSION

Lo interesante del estudio de la historia en cualquier campo es ver la


evolución y los cambios que ocurren en el transcurso de la vida. Aplicado a la
medicina, se puede comprobar que las hipótesis son aprobadas o son
rechazadas, por lo que los adelantos históricos estudiados han refutado teorías
en las que se creían anteriormente. Sin olvidar que el desarrollo de la histología
como ciencia requería de los avances tecnológicos de cada época, así como el
interés de los investigadores por conocer el porque de las cosas y dar una
explicación materialista de la conformación corporal, todo esto nace de la
necesidad de estudiar el origen de las enfermedades y posibles tratamientos.

La observación es el primer paso del método científico, siendo importante


en el estudio de las ciencias y por ende de la histología ya que nos ayuda a
describir las estructuras que forman parte de un todo, comenzando desde
componentes microscópicos. Por esta razón el instrumento más importante para
el desarrollo de la histología fue el microscopio que desde tiempos de Malpighi,
Hooke y Leeuwenhoek se viene empleando para el estudio de estructuras
celulares y tisulares para el posterior estudio de órganos y sistemas. Sin duda
que la invención del microscopio electrónico dio un impulso radical en el avance
de las ciencias en general, expandiendo el desarrollo de la biología celular y
molecular, relacionadas con la histología.

La histología humana es la ciencia encargada del estudio de los tejidos


humanos y se identifica a veces con lo que se ha llamado anatomía microscópica
porque su estudio va más allá de los tejidos, por ello se relaciona con otras
ciencias como la citología, bioquímica y genética. El desarrollo de la histología
como ciencia data desde el siglo V a. C., cuando los filósofos describían
empíricamente la conformación corporal de líquidos y humores. Años después el
despliegue de la anatomía como ciencia y la invención del microscopio
permitieron que se desarrolle el estudio microscópico, lo que llevó a avances
importantes en la histología. Actualmente la histología como ciencia es necesaria
para el entendimiento de las funciones normales del organismo, por lo tanto es
una pieza primordial en los planes de estudio de las carreras de las Ciencias de la
Salud.

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